Issuu on Google+

SAN MIGUEL DE TUCUMAN, DOMINGO 2 DE JUNIO DE 2013

2 Hace medio siglo, Roberto J. García, colaborador de esta página, advertía la trascendencia que tendría Rayuela.

3 El 11 de septiembre de 1966, Julio Cortázar escribió un artículo exquisito para estas páginas. Hoy lo reeditamos.

5 a SECCION

R a y 50añosdespués uela Renovadora y audaz, fenómeno de ventas y objeto de estudio ineludible para la crítica, marcó a una generación para luego ser adoptada por las siguientes. ¿Cómo se leyó en su momento y cómo se lee hoy la novela más influyente de las letras argentinas? Ofrecemos múltiples enfoques para un libro poliédrico que se convirtió en un hito de la literatura de habla hispana. Reproducimos un fragmento del comentario publicado en estas páginas hace medio siglo y un texto de Julio Cortázar de los 60, exclusivo para este suplemento.

DESBORDANDO HACIA LA VIDA DESDE LA TIERRA AL CIELO POR MATILDE SÁNCHEZ

POR WILLY BOUILLON

Para LA GACETA – BUENOS AIRES

Para LA GACETA – BUENOS AIRES

En junio se cumple medio siglo de la publicación de Rayuela, la novela de Julio Cortázar que, junto con otras editadas en la década de 1960, marca el ingreso torrencial de la literatura latinoamericana en el canon occidental. Este conjunto de novelas conformarán lo que se conoce como boom latinoamericano. Esta fabulosa simultaneidad editorial, alentada por el marketing espontáneo y coincidente que le prestarán la revolución cubana y las insurrecciones de orientación socialista, desencadena una ola inédita de lectura. Rayuela modernizó los procedimientos literarios pero también los códigos de la vida cotidiana. Es la novela argentina que más influyó en nuestra literatura y en autores de las más variadas tradiciones. Uno de sus efectos singulares es que, siendo un relato innovador y por lo tanto de lectura exigente, tuvo al mismo tiempo un impacto tremendamente popular. La novela desbordó hacia la vida y hacia las costumbres. Menos de una década después de haber sido publicada, los cuentos de su relegada colección Bestiario (editada en 1951 y dormida en un depósito editorial), entraban en la currícula escolar para convertirse en modelo del cuento fantástico argentino. © LA GACETA

Leí Rayuela a los 22 años, lo releí a los 40 y ahora se me reaparece en la edición de Alfaguara, celebratoria del cincuentenario de su primera publicación en la Argentina. Dos de las 100 mejores novelas del siglo XX, según una selección hecha por intelectuales españoles para el suplemento literario del diario El Mundo, son la obra mayor de Cortázar y Cien años de soledad, de García Márquez. Ambos llegaron a los lectores en la misma década, la de 1960. Lo remarcable de Rayuela es nada menos que la totalidad de su estructura, concebida a partir de la intención de un escritor dirigida a reconquistar literariamente una realidad que percibía situada mucho más allá de la planteada y expuesta por las costumbres y la vida cotidiana. ¿Al modo del Joyce de Ulises? No, al modo de Cortázar, que logra dar identidad insoslayable al conjunto de sus personajes centrales con París y Buenos Aires de trasfondo. Pero también resaltan las originalidades múltiples de la obra, entre ellas, la posibilidad de ser abordada a partir de cualquier tramo; la reproducción (a veces lúdica o jocosa, otras con el más serio de los propósitos) de episodios del más diverso origen); la pugna constante de los opuestos, como el humor y la melancolía o la angustia que plantea la existencia frente a la obstinación en encontrarle un sentido reivindicatorio en una palabra o un pequeño gesto. O la creatividad abrumadora que propone su capítulo 68, en el que se describe un episodio erótico utilizando el gíglico, un lenguaje inexistente que a primera vista parece un jeroglífico egipcio pero que recorrido con atención termina siendo perfectamente comprensible. No vamos a contar la trama de esta formidable novela –a cuyo final se ha agregado un muy valioso texto documental del mismo Cortázar, referido a cómo fue concebida y las alternativas del trabajo que le insumió-, porque ella está librada a la sensibilidad y al recorrido bibliófilo que ha tenido cada uno. Aunque, sabedores de que no son éstos tiempos en que cualquiera encara la aventura de afrontar casi 600 páginas, asumimos la responsabilidad de animarse a ir cubriendo los espacios que van desde la tierra al cielo de este juego de niños. Dibujado por alguien que lo fue a su manera y que sumó a ello la madurez de un creador inquieto, único e irrepetible. © LA GACETA

Matilde Sánchez – Escritora. Editora de contenidos del diario Clarín.

EL LIBRO DE MI GENERACIÓN POR SERGIO RAMÍREZ Para LA GACETA - MANAGUA La lectura de los cuentos de Cortázar fue para mí un deslumbramiento. Bestiario, Todos los fuegos el fuego. Pero la llegada de Rayuela me resultó trascendental. Fue el libro de mi generación. Es curioso porque no era un libro político, y nosotros éramos muy políticos. Rayuela enseñaba la ruptura del statu quo, de la vanidad, de la burguesía, de los que se toman en serio. Por eso fue un libro muy popular en mi generación. Lo empiezo a releer y lo veo como un clásico, que es por lo que un libro sobrevive. Rayuela es de los más importantes de mi generación. © LA GACETA Sergio Ramírez – Escritor. Ex vicepresidente de Nicaragua.

Willy G. Bouillon – Escritor. Periodista y crítico del diario La Nación.

EL LECTOR CÓMPLICE POR CARMEN PERILLI Para LA GACETA - TUCUMÁN Rayuela es un laberinto mágico que nos invita a perdernos y a encontrarnos, armando puentes entre el lado de acá y el lado de allá; la escritura y la lectura; la tierra y el cielo. Un libro concebido como un espacio que se multiplica en muchos libros; que invita al lector a formar parte del acto poético, a construir su propia travesía. El narrador afirma categóricamente: “Por lo que a mí respecta, me pregunto si alguna vez conseguiré hacer sentir que el verdadero y único personaje que me interesa es el lector, en la medida en que algo de lo que escribo debería contribuir a mutarlo, a desplazarlo, a extrañarlo, a enajenarlo”. La novela no permite la indiferencia ni la inmovilidad. Desde el primer instante incluye a los lectores dentro de la ficción. De acuerdo a sus postulados se trata de “Hacer del lector un cómplice, un camarada de camino. Simultanearlo, puesto que la lectura abolirá el tiempo del lector y lo trasladará al del autor. Así podrá llegar a ser copartícipe y copaciente de la experiencia por la que pasa el novelista, en el mismo momento y en la misma forma”. Gran parte de la conmoción que produjo y produce Rayuela se debe a la constante lúdica, a su condición de escritura producida en el juego como rito de pasaje que ofrece la posibilidad de acceder a un mundo diferente, con sus propias reglas, alejado de los tediosos territorios de lo cotidiano, de “la Gran Costumbre”. Continúa en la página 4...

MODELO PARA ARMAR POR IRENE BENITO Para LA GACETA - TUCUMÁN Rayuela fue la obra maestra que sigue siendo desde el momento mismo en que se encontró con los lectores. Así lo percibió Roberto J. García, el colaborador de LA GACETA Literaria que firma un comentario sobre el libro (“Cortázar y el fin de la aventura”) en la edición del 1 de marzo de 1964. “Cuando una literatura narrativa ha tocado los extremos de Rayuela se hace necesario observar con algún detenimiento el proceso que culmina en esa obra”, afirma. Este lúcido suicida (¿Cortázar? ¿Oliveira? ¿Los dos?) no es tal, sino un valioso índice de época. Y a este siglo XX, lleno de caminos potenciales y de sendas abandonadas. no lo definen las formas, sino la ausencia de una fe capaz de sostener esas formas. Pienso que es allí donde se inserta el pensamiento generador de Cortázar, en la intuición del fin de una aventura espiritual que parece signar su labor literaria más significativa, hasta mostrarse en plenitud en Rayuela. Continúa en la página 2...


2

LA GACETA

LITERARIA DOMINGO 2 DE JUNIO DE 2013

CRÍTICAS DE LIBROS / LA GACETA LITERARIA / ENSAYOS / LA GACETA LITERARIA / CLÁSICOS / LA GACETA LITERARIA

E

La crítica de hace medio siglo

S P E C I A L O R TA Z A R

C

RAYUELA - EDICIÓN CONMEMORATIVA - 50 AÑOS

$ 150

ALFAGUARA (632 PÁGINAS)

Renovadora de herramientas narrativas y buscadora de la raíz de la poesía, Rayuela (soñada por Julio Cortázar en 1958 y publicada en 1963) siguió siendo leída con curiosidad, asombro o devoción. Llega a los lectores hoy, en su 50 aniversario, con un apéndice donde Cortázar mismo cuenta la historia de este gran libro.

62/MODELO PARA ARMAR

$ 135

ALFAGUARA (328 PÁGINAS)

Publicado cinco años después de la aparición de Rayuela, este libro es la notable realización de una idea de novela que es esbozada por el personaje Morelli en el capítulo 62 de la gran novela de Cortázar. El texto lleva al extremo uno de los proyectos más ambiciosos del autor.

LIBRO DE MANUEL

$ 135

ALFAGUARA (400 PÁGINAS)

Es su gran novela política. Condensa su interés por los movimientos revolucionarios de fines de los 60 y de principios de los 70. Puede leerse como un desplazamiento natural de los personajes y los temas de Rayuela hacia las urgencias y los fervores de un mundo convulsionado.

CASA TOMADA Y OTROS CUENTOS

$ 49

ALFAGUARA(184 PÁGINAS)

Esta es una antología que reúne muchos de los más logrados cuentos de Julio Cortázar. Se trata, concretamente, de “Lejana”, “Continuidad de los parques”, “Los venenos”, “La noche boca arriba”, “Instrucciones para dar cuerda al reloj”, “Simulacros” y “Conducta en los velorios”.

TODOS LOS FUEGOS EL FUEGO

$ 59

ALFAGUARA (192 PÁGINAS)

Publicado en 1966, este volumen ofrece cuentos emblemáticos de Cortázar: Desde la exasperada metáfora de las relaciones humanas que es “La autopista del sur” hasta la maestría de “El otro cielo”. También integran el libro: “La salud de los enfermos”, “Reunión” y “La señorita Cora”, entre otros.

BESTIARIO

$ 110

ALFAGUARA (212 PÁGINAS)

Se trata nada menos que del primer libro de relatos que Julio Cortázar publica con su auténtico nombre. La envidiable maestría de estos cuentos, que hablan de los objetos y de los hechos cotidianos, consiste en que pasan a la dimensión de la pesadilla o de la revelación de una manera tan natural como imperceptible.

ONDACULTURAL.ORG

NOVELA RAYUELA JULIO CORTÁZAR (Sudamericana - Buenos Aires) Este lúcido suicida (Julio Cortázar) no es tal, sino un valioso índice de época. Y a este siglo XX lleno de caminos potenciales y de sendas abandonadas no lo definen las formas, sino la ausencia de una fe capaz de sostener esas formas. Pienso que es allí donde se inserta el pensamiento generador de Cortázar, en la intuición del fin de una aventura espiritual que se muestra en plenitud en Rayuela. Leyendo sus libros, ficciones que transcurren entre riberas de fantasía y sueño que sólo tocan la realidad para darla vuelta y exponerla en su absurdo vacío, he sentido esa búsqueda afanosa de una verdad que pueda elevarse por encima de todas las verdades menoscabadas. Cortázar logra adecuar la novela a una función de medio, no ya como un fin en sí misma. En último término, el escritor trata de crear la convicción de que cada lector, cada ser, es el más vívido, el más importante de los personajes-actores posibles o, lo que es lo mismo, y dicho de un modo necesariamente metafórico, de trasladar el mundo cerrado de la novela al orden abierto y universal de la poesía. Ambición posible, probada, que no anula la literatura precedente sino que la enriquece, pese a que la búsqueda del nuevo orden con que Cortázar ejercita esta literatura no constituye en el fondo más que una nueva evasión de la que debe tenerse conciencia. © LA GACETA

ROBERTO J. GARCÍA ◆

OCTAEDRO ALFAGUARA (89 PÁGINAS)

$ 89

Este es un fragmento de la nota publicada en estas páginas, el 1 de marzo de 1964, sobre la novela que conmovía al mundo literario

Publicado un año después del polémico Libro de Manuel, este volumen de cuentos combina lo político y lo social. “Liliana llorando”, “Los pasos en las huellas”, “Manuscrito hallado en el bolsillo”, “Verano”, “Ahí pero dónde, cómo” y “Las fases de Severo” son algunos de los relatos.

Rayuela OTRAS MIRADAS según Fuentes y Vargas Llosa ◆

Por Alina Diaconú

PARA LA GACETA - BUENOS AIRES HISTORIAS DE CRONOPIOS Y DE FAMAS

$ 90

ALFAGUARA (182 PÁGINAS)

Libro legendario en el que Cortázar apuesta al máximo a la imaginación. Para algunos críticos, Historias de cronopios y de famas -junto a otros tres libros de Gabriel García Márquez, de Mario Vargas Llosa y de Carlos Fuentes- inauguró el boom latinoamericano a principios de los 60.

UN TAL LUCAS

$ 89

ALFAGUARA (216 PÁGINAS)

Publicado en 1979, este texto es considerado como una suerte de segunda parte de Historias de cronopios y de famas. Bajo el nombre de Lucas se oculta en realidad un tal Julio, que se explaya sobre sus pianistas favoritos, la vida de algunos artistas excéntricos, el amor y los amigos.

LAS ARMAS SECRETAS

$ 79

ALFAGUARA (240 PÁGINAS)

En este volumen de cuentos, que fue publicado en 1959, se encuentran reunidos “Cartas de mamá”, “Los buenos servicios”, “Las babas del diablo”, “El perseguidor” y, por supuesto, el texto que le da el título al libro. Aquí ya se encuentran sembradas las semillas de lo que será Rayuela.

EL PERSEGUIDOR

$ 166

ALIANZA (90 PÁGINAS)

Recrea los últimos días de ese saxofonista de jazz tan mítico como virtuoso que fue Charlie Parker. Se trata de una historia verdaderamente fascinante, narrada con un estilo impar que sondea y descubre los abismos de la condición humana. Una obra sumamente recomendable para el público juvenil.

LOS PREMIOS

$ 150

ALFAGUARA (472 PÁGINAS)

La ilusión de un corte con la vida anterior incita a este grupo de hombres y mujeres a lanzarse a la exploración del enigma y al conocimiento mutuo. Y lo hacen con el aplicado entusiasmo de un juego con la libertad que sólo Cortázar sabe concederles a sus personajes.

FUNDACIONAL. La novela latinoamericana también es posible y pensable porque Julio Cortázar escribió Rayuela.

En La Nación, Carlos Fuentes escribió en 2002 un sentido artículo sobre Cortázar: “Rayuela es uno de los grandes manifiestos de la modernidad latinoamericana, en ella vemos todas nuestras grandezas y todas nuestras miserias, nuestras deudas y nuestras oportunidades. Diálogo de humores, añadiría yo, pues sin el sentido del humor no es posible entender a Julio Cortázar (…) Le dio sentido a nuestra modernidad porque la hizo crítica e inclusiva, jamás satisfecha o exclusiva, permitiéndonos pervivir en la aventura de lo nuevo”. Mario Vargas Llosa es el autor del prólogo a los Cuentos completos de Cortázar, editados por Alfaguara, y en ese sentido el texto titulado La Trompeta de Deyá habla de su cofrade, también a instancias de su muerte. En cuanto a su escritura, Vargas Llosa reflexiona así: “Desde Rayuela, los locos ocupan un lugar central en la obra de Cortázar. Pero la locura asoma en ella de manera engañosa, sin las acostumbradas reverberaciones de amenaza o tragedia, más bien como un desfuerzo risueño y algo tierno, manifestación de la absurdidad esencial que anida en el mundo detrás de sus máscaras de racionalidad y sensatez. Los piantados de Cortázar son entrañables y casi siempre benignos, seres obsesionados con disparatados proyectos lingüísticos, literarios, sociales, políticos, éticos, para -como Ceferino Pérez- reordenar y reclasificar la existencia de acuerdo con delirantes nomenclaturas”. © LA GACETA Alina Diaconú – Novelista y ensayista.

DRAMA

“No todos alcanzan el éxito que obtuvo Cortázar con Rayuela: sólo Puig y Borges lograron después, al mismo tiempo, la consagración crítica y la aceptación del mercado… Ese lugar desplazado y negativo (…) del escritor enfrentado con la realidad se ve trastornado, obviamente, por el éxito. Podría pensarse que el mayor drama de Cortázar fue el éxito que siguió a la publicación de Rayuela”. Ricardo Piglia

ADELANTADO “Rayuela abrió la narrativa en español a numerosos experimentos que le siguieron. Sin esa vía abierta por Rayuela, sería impensable la novela latinoamericana, en la amplia tradición que va desde Manuel Puig a Alan Pauls, o de Guillermo Cabrera Infante a Bolaño”. Graciela Speranza

CARRERA DEPLORABLE “A propósito de una de las cosas más feas que hizo Cortázar en su vida, el prólogo para la edición de la Biblioteca Ayacucho de los cuentos

de Felisberto Hernández, un prólogo paternalista, condescendiente, en el que prácticamente viene a decir que el mayor mérito del escritor uruguayo fue anunciarlo a él, cuando en verdad Felisberto es un escritor genial al que Cortázar no podría aspirar siquiera a lustrarle los zapatos. Sus cuentos son buenas artesanías, algunas extraordinariamente logradas, como ‘Casa tomada’, pero son cuentos que persiguen siempre el efecto inmediato. Y luego, el resto de la carrera literaria de Cortázar es auténticamente deplorable”. César Aira

DUDA “Hay una pregunta -imposible de responder- que de todos modos alguien podría hacerse. Estos es, si ciertas condiciones permitieron que Rayuela apareciera en el tiempo y en el lugar adecuados para la eufórica recepción del público; o si, por el contrario, la novela de Cortázar no sólo creó a sus propios lectores -y los sigue creando medio siglo después- sino que además enseñó a muchísimos de ellos a leer la novela moderna.” Aníbal Jarkowski

MODELO PARA ARMAR ... Viene de la página 1. Leyendo sus libros, ficciones que transcurren entre riberas de fantasía y sueño que sólo tocan la realidad para darla vuelta y mostrarla en su absurdo vacío, he sentido esa búsqueda afanosa de una verdad que pueda elevarse por encima de todas las verdades menoscabadas, la búsqueda de una fe que renueve la comunicación humana y de sentido a una nueva ventura del espíritu.

Estantería rota Rayuela se adelantó cuatro años a Cien años de soledad, de García Márquez. “En América Latina, los editores de golpe empezaron a confiar en los escritores de sus propios países. Esos libros, por razones que no soy yo quien debe juzgarlas, comenzaron a abrirse camino en la conciencia latinoamericana. Un día, digamos entre los años 50 y 55, de repente, se empezó a hablar, pero se empezó a hablar mucho y cada vez más. Eso que se llama bola de nieve. Se empezó a hablar de Miguel Ángel Asturias, de Carlos Fuentes, de Mario Vargas Llosa, de mí y de Alejo Carpentier... Y es entonces cuando empezaron a venir los editores, no antes. Ojo, el Boom, en su plano comercial, empezó después”, recuerda el propio Cortázar en

una entrevista con Hugo Guerrero Marthineitz, en abril de 1973. ¿Por qué Rayuela rompió la estantería? Mucho se ha escrito sobre ese fenómeno y aún así, medio siglo después, vale la pena ensayar una respuesta modesta. Hay en esta novela una exaltación maravillosa de vidas y seres cotidianos, una especie de mirada más-allá-de-loobvio-y-evidente que “celestializa” lo terrenal, como observa tempranamente Roberto J. García. Oliveira es único y no, lo mismo que la Maga, Talita, Traveler y el resto del elenco. O más bien dicen y piensan cosas únicas a partir de situaciones corrientes de tal modo que cualquiera puede ponerse en su piel y sentirse a gusto (o identificado) con esas elucubraciones. Es un salto a las honduras de la conciencia y los sentidos, donde existe un cielo, el de Rayuela, cuya perfección consiste en desconocer la palabra “excluidos”. © LA GACETA Irene Benito – Periodista de LA GACETA. Una versión más extensa de este texto fue publicado originalmente en el número XXXV de la revista DIXI (He dicho).


LA GACETA

LITERARIA DOMINGO 2 DE JUNIO DE 2013

3

ENSAYOS / LA GACETA LITERARIA / BIOGRAFÍAS / LA GACETA LITERARIA / JOYAS PERIODÍSTICAS / LA GACETA LITERARIA

SEGÚN PASAN LOS AÑOS

1914 El 26 de agosto nace en Bruselas (su padre era funcionario del Consulado argentino en Bélgica).

1918 Pasa su infancia y adolescencia en Buenos Aires.

1935 Obtiene el título de Profesor Normal en Letras. Luego trabajará como maestro en Chivilcoy y Bolívar.

1938 Publica, con el seudónimo Julio Denis, el libro de sonetos Presencia.

1946

Acerca de la manera de viajar de Atenas al Cabo Sunion * ◆

Por Julio Cortázar

L

nica de los laboratorios donde se ensayan los alucinógenos, que teje telas aberrantes con agujeros, zurcidos y remiendos. La memoria nos teje y atrapa a la vez con arreglo a un esquema del que no se participa lúcidamente; jamás deberíamos hablar de nuestra memoria, porque si algo tiene es que no es nuestra; trabaja por su cuenta, nos ayuda engañándonos o quizá nos engaña para ayudarnos; en todo caso de Atenas se viaja a Cabo Sunion en un autocar destartalado, y eso me lo explicó en París mi amigo Carlos Courau, cronopio infatigable si los hay. Me lo explicó junto con otros itinerarios griegos, cediendo al placer de todo viajero que al narrar su periplo lo rehace y al mismo tiempo saborea un viaje vicario, el que hará ese amigo al que ahora le está explicando cómo se va desde Atenas a Cabo Sunion. Tres viajes en uno, el real pero ya transcurrido, el imaginario pero presente en la palabra, y el que otro hará en el futuro siguiendo las huellas del pasado y a base de los consejos del presente, es decir que el autocar salía de una plaza ateniense hacia las diez de la mañana y convenía llegar con tiempo porque se llenaba de pasajeros locales y de turistas. Ya esa noche, en ese recuento de andanzas y monumentos, la araña eligió extrañamente, porque al fin y al cabo, qué demonios, el relato que me había hecho Carlos de su llegada a Delfos, o el viaje por mar hasta las Cícladas, o la playa de Míconos al atardecer, cualquiera de los cien episodios que abarcaban Olimpia y Mistra, la visión del canal de Corinto y la hospitalidad de los pastores, era más interesante e incita-

dor que el modesto consejo de llegar con tiempo a una plaza polvorienta para tomar un autocar sin peligro de quedarse sin asiento entre cestas de gallinas y marines de quijadas paleolíticas. La araña escuchó todo y de esa secuencia de imágenes, perfumes y plintos fijó para siempre la visión imaginaria que yo me hacía de una plaza a la que había que llegar temprano de un autocar esperando bajo los árboles. Fui a Grecia un mes después, y vino el día en que busqué la plaza que naturalmente no se parecía en nada a la de mi imaginación. En el momento no comparé, la realidad exterior invade a codazos la conciencia, el lugar que ocupa un árbol no deja sitio para más, el autocar era destartalado como había dicho Carlos pero no se asemejaba al que yo había visto tan claramente mientras él lo nombraba; por suerte había asientos libres, vi Cabo Sunion, busqué la firma de Byron en el templo de Poseidón, en un tramo solitario de la costa escuché el ruido fofo de un pulpo que un pescador estrellaba una y otra vez contra las rocas. Entonces de vuelta en París, pasó esto: cuando conté mi viaje y se habló del paseo a Cabo Sunion, lo que vi mientras narraba mi partida fue la plaza de Carlos y el autocar de Carlos. Primero me divirtió, después me sorprendí; a solas, cuando pude rehacer la experiencia, traté de ver aplicadamente el verdadero escenario de esa banal partida. Recordé fragmentos, una pareja de labriegos que viajaban en el asiento de al lado, pero el autocar seguía siendo el otro, el de Carlos, y cuando reconstruya mi llegada a la

plaza y mi espera (Carlos había hablado de los vendedores de pistacho y del calor) lo único que veía sin esfuerzo, lo único realmente verdadero era esa otra plaza que había ocurrido en mi casa de París mientras se la escuchaba a Carlos y el autocar de esa plaza Esperaba en mitad de la cuadra bajo los árboles que la protegían del sol quemante, y no en una esquina como yo sabía ahora que estaba la mañana en que lo tomé para ir a Cabo Sunion. Han pasado diez años, y las imágenes de un rápido mes en Grecia se han ido adelgazando, se reducen cada vez más a algunos momentos que eligieron mi corazón y la araña. Está la noche de Delfos en que sentí lo numinoso y no supe morir, es decir nacer; están las horas altas de Mecenas, la escalinata de Faistos, y las minucias que la araña guarda en cumplimiento de una figura que se nos escapa, el dibujo de un mediocre fragmento de mosaico en el puerto romano de Delos, el perfume de un helado en una calleja de Placca. Y además está el viaje de Atenas a Cabo Sunion, y sigue siendo la plaza de Carlos y el autocar de Carlos, inventados una noche en París mientras él me aconsejaba llegar con tiempo para encontrar asiento; son su plaza y su autocar; y los que busqué y conocí en Atenas no existen para mí, desalojados, desmentidos por esos fantasmas más fuertes que el mundo, inventándolo por adelantado para destruirlo mejor en su último reducto, la falsa ciudadela del recuerdo. © LA GACETA * Publicado en LA GACETA Literaria el 11 de septiembre de 1966.

Leer a Cortázar hoy ◆

Por Fabián Soberón

PARA LA GACETA - TUCUMAN Hacia 1977, en una entrevista realizada por la televisión española, Cortázar declaró, asombrado, que su novela Rayuela era leída copiosamente por los jóvenes de los países latinoamericanos. En la misma entrevista, dijo que adhería a la causa revolucionaria y que estaba interesado en que su literatura reflejara esa búsqueda en la política. Era evidente, por esos años, que los jóvenes entusiastas que lo leían asociaban las aventuras de la Maga a la rebeldía política y la lucha contra la burguesía. Tres décadas después de su muerte, Cortázar sigue siendo un autor central para la literatura argentina.

Antes fue referente de aquella generación que politizó la literatura. Hoy, los lectores y escritores han modificado los modos de leer y percibir su obra. Eduardo Berti, en un ensayo reciente, escribió que “en los últimos años se ha instalado la opinión de que las novelas de Cortázar no han envejecido de forma tan digna o saludable como su obra cuentística”. Aunque Berti no comparte la idea, creo que esa opinión se ha extendido a una zona importante de la crítica y de los escritores argentinos. Si pensamos en los lectores no especializados, la obra de Cortázar si-

gue motivando adhesiones fervorosas. Jóvenes y adultos frecuentan sus páginas y encuentran en su obra un motivo de felicidad. Pero al menos una parte de esos lectores entiende hoy que sus cuentos -antes que las novelas- son una entrada inmejorable a su obra. Prefieren los cuentos de Bestiario antes que las novelas Los premios o El Libro de Manuel. Creo que la efervescencia por Rayuela ha disminuido. Sólo quedan los rayos de ese pasado fulgor. Rayuela ya no es el único modelo de novela o de antinovela para los lectores de nuestro tiempo. Cuando se publicó, el “Tablero de dirección” fue leído como

1950 Su novela El examen es rechazada por la editorial Losada (se publicará en 1986).

1951 Publica Bestiario. Obtiene una beca del gobierno francés y se instala definitivamente en París.

PARA LA GACETA - PARÍS a memoria juega con su propio contenido un oscuro juego del que cualquier tratado de psicología aporta pruebas ejemplares. Arritmia del hombre y su memoria, que a veces se queda atrás y otras finge un espejo impecable que la confrontación parece desmentir con escándalo. Cuando Diaghilev volvió a montar los ballets rusos, algunos críticos le reprocharon que los decorados de Petrushka hubieran perdido su deslumbrante policromía original: eran los mismos, perfectamente conservados. Bakst se vio obligado a levantar los tonos para ponerlos a la par de una memoria apoteósica. Usted que va a las cinematecas, ¿cómo se entiende con su recuerdo de las películas de Pabst, de Dreyer, de Lupu Pick? Curioso eco que almacena sus réplicas que arreglo a otra acústica que la de la conciencia o esperanza; el salón de los bustos romanos de la memoria suele prodigar sátrapas persas o, más sutilmente, en el rostro de Cómodo o Giordano se instala una sonrisa que viene de un daguerrotipo de Nadar o de un marfil carolingio, cuando no de una tía que nos daba galletitas con oporto en Tandil. El supuesto archivo de las fotocopias devuelve extrañas criaturas; el verde paraíso de los amores de infancia que rememora Baudelaire es, para muchos, un futuro al revés, un anverso de esperanza frente al gris purgatorio de los amores adultos, y en esa singulosa inversión que ayuda a creer que no se vivió demasiado mal puesto que al menos hubo un lejano edén y una dicha inocente, la memoria semeja la araña esquizofré-

Publica el cuento Casa tomada en la revista Los Anales de Buenos Aires, dirigida por Jorge Luis Borges.

1953 Se casa con Aurora Bernárdez.

1960 Publica Los Premios.

1962 Publica Historias de Cronopios y de Famas. Hasta este año, su obra tiene un reducido círculo de lectores conformado por escritores amigos, críticos y estudiantes.

1963 El 28 de junio se publica Rayuela. Cortázar, con 49 años y siete libros publicados (ninguno de los cuales había sido reeditado), se encamina hacia su consagración, después de cierta controversia inicial, en la crítica y en el mercado. Después de la primera tirada de 3.000 ejemplares de la editorial Sudamericana, impulsada por el mítico Paco Porrúa, la novela comienza a reeditarse y termina alcanzando un grado inusitado de popularidad.

1968

una innovación ejemplar. Hoy esa pretendida libertad es percibida como un mero alarde o un sonoro totalitarismo. Clásico, escribió Borges, es un libro que eligen progresivamente las sucesivas generaciones de lectores. A pesar de los vaivenes en los modos de apropiación, la obra de Cortázar pervive en la memoria de los lectores. Y sus luces y sombras laten de modo diverso en el presente de la literatura. © LA GACETA Fabián Soberón - Escritor y docente de la UNT.

Publica 62/ Modelo para Armar.

1973 Publica Libro de Manuel.

1980 Publica Queremos tanto a Glenda.

1983 Hace su último viaje a la Argentina.

1984 Muere el 12 de febrero, en París.


4

LA GACETA

LITERARIA DOMINGO 2 DE JUNIO DE 2013

Cartografías del Cronopio Como si se tratara de Rayuela, Buenos Aires puede ser leída de manera azarosa. Perderse de modo voluntario entre sus innumerables calles es la consigna para quien desee advertir en ella el rastro de su narrativa. Esta ciudad es un hojaldre de distintas estéticas temporales y recorrerla literariamente resulta una delicia ◆

Por Marsolaire Quintana

PARA LA GACETA - BUENOS AIRES PROCESAMIENTO DE IMAGEN LA GACETA

J

ulio Cortázar sigue siendo un referente de la literatura argentina contemporánea. Aunque él mismo contribuyó en la formación de su imagen mítica, algunos de sus admiradores -similares a los personajes del Club de la Serpiente- han incentivado una especie de culto que los moviliza a emprender un viaje a su obra a través de las ciudades en donde vivió. Su estampa ha estado muy vinculada a la vida parisina y por esta razón el turista literario suele desestimar al Cortázar porteño. Sin embargo, hay razones para pensar en la capital argentina como el sitio en donde el escritor entra por primera vez hacia lo fantástico y se inserta en un mundo de galerías, pasajes, cruces entre esquinas y avenidas monumentales. Abriendo Buenos Aires al azar, uno puede situarse en medio de la Plaza Miserere, en Balvanera. Se le conoce también como Plaza Once por estar frente a la estación homónima del Ferrocarril Sarmiento. Sitio de encuentro y de comercio desde inicios del siglo XIX, confluyen allí las avenidas Pueyrredón y Rivadavia. La plaza tiene en su centro el mausoleo de Bernardino Rivadavia, obra del escultor Rodrigo Yrurtia, representando la única tumba de un prócer argentino en un contexto similar. Se siente el eco del antiguo café en el que Delia Mañara, la inquietante envenenadora de novios de “Circe” (Bestiario), toma helado por las tardes veraniegas. Posiblemente se trate de “La Perla”, en donde jóvenes escritores como Jorge Luis Borges, en la década de 1920, se reúnen para escuchar hablar a Macedonio Fernández. En “La escuela de noche” (Deshoras), Cortázar ubica a Nito y a Toto tomando “un cinzano con bitter”, en los años de 1930, mientras planifican una incursión nocturna al recinto en el que estudian. De hecho, a pocas cuadras de Plaza Miserere se encuentra la Escuela Normal Mariano Acosta, sobre la calle General Urquiza 277. Aquí Cortázar se gradúa como profesor normal en Letras en 1935. El gran edificio data de 1889 y está rodeado en la actualidad por numerosas pensiones familiares. En esta obra del arquitecto italiano Francesco Tamburini, artífice de la Casa Rosada y del Teatro Colón, pueden verse las altísimas rejas por donde Toto huye despavorido de su aventura juvenil. Otra vez puede abrirse al azar el inmenso libro urbano y encontrarse, a tan sólo diez cuadras, con el barrio de Almagro. En la intersección de las avenidas Medrano y Castro Barros, interrumpida abruptamente por la avenida Rivadavia, se abre un abanico de confiterías y cocheras. Para Mario, el otro protagonista

“PARÍS ES UNA ENORME METÁFORA” Desvincularse de la presencia parisina en la obra de Julio Cortázar es imposible. El escritor comienza a esbozar la ciudad en su libro Las armas secretas. En la rue de Richelieu, en pleno barrio del Palais Royal, el protagonista de “Cartas a mamá” recuerda el caserón familiar de Flores y el café de San Martín y Corrientes. También en la ruta que, desde la capital francesa hasta la comuna de Saint-Cloud, emprende en auto la Madame Francinet de “Los buenos oficios”. Cada año decenas de sus lectores viajan a la Ciudad Luz, entre otros motivos, para sentirse un poco partícipes de Rayuela. Su cartografía ha sido dibujada por muchos de ellos. Hay una París-Rayuela conformada, entre de “Circe”, este cruce era el puente que posibilitaba una vida singular. Es fácil imaginarlo tomar la merienda en el “Café Las Violetas”, fundado en 1884. Provisto de hermosos vitraux y un techo de doble altura ricamente decorado provee a sus comensales de una de las meriendas más alucinantes acompañada de una copa de champagne. Al salir de allí y caminando hacia Almagro, es posible toparse en la estación Loria del Subte A con Claudia y Medrano, protagonistas de Los Premios, la primera novela del escritor y antecedente preclaro de Rayuela. Para Medrano el viaje de diez minutos que la separan de la estación Perú lo ayudan a refrescarse, mientras hojea con avidez el diario Crítica. Antes, sin embargo, el navegante literario puede desembarcar para visitar el Monumento de los Dos Congresos. Esta obra del arquitecto paisajista Car-

incontables lugares, por el Pont Marie, desde donde Oliveira ve el amanecer bajo la lluvia helada; o la pequeña librería de la rue de Verneuil, a donde La Maga juega con un gato; o el Carrefour de l’Odéon, sitio en donde Horacio come hamburguesas. Por último, es obligatorio el paseo por la Galerie Vivienne, en el número 6 de la calle homónima. Diseñada por François Jean Delannoy, se abrió al público en 1826. En su entrada por la rue des Petits-Champs hay unas cariátides que sostienen un bello balcón, muy parecidas a las del Pasaje Güemes. En el segmento de la rue de la Banque, se encuentra la extraordinaria Librairie Ancienne Moderne, una de las favoritas del escritor.

los Thays fue aprobada para conmemorar el Centenario de la Independencia argentina en 1910. El espectáculo visual que produce el conjunto, integrado por las tres plazas –del Congreso, Lorea, y Mariano Moreno– refleja el proyecto urbano pensado para la capital del país que, por aquellos años, parecía invencible. Como un buque encallado en Callao con Rivadavia, restalla contra el cielo la silueta de la torre emblemática de la Confitería El Molino, obra del arquitecto Francisco Gianotti. En un banco situado frente a éste Oliveira, de Rayuela, rumia sus alucinaciones con la Maga. Se levanta y camina sin rumbo hasta la avenida Corrientes al 1.300, frente a la pizzería Los Inmortales o tal vez Güerrín, luego continúa ensimismado y Cortázar lo incita a cruzar hacia Libertad. Apenas se dobla hacia esta calle de angostas veredas aparecen los avisos de

joyerías que venden y compran oro. La libertad dorada culmina al llegar al cero en la nomenclatura y luego Salta, como en la rayuela, hacia avenida de Mayo. En esta intersección puede hallarse al hombre sin cabeza de “Acefalía” (Historia de cronopios y de famas) buscando recuperar alguno de los sentidos perdidos, allí donde “proliferan las frituras originadas en los restaurantes españoles”. Es factible que el propio escritor haya devorado la ensalada de pulpo y gambas o la paella del Restaurante Hispano, abierto desde 1957. Ya sobre avenida de Mayo se abre la estación Lima del subte. En uno de los coches La Brugeoise, descontinuados hace dos meses, viaja Carlos López, el alter ego de Cortázar en Los Premios. Al bajarse, entra al bar London City para conversar con el doctor Restelli mientras bebe una Quilmes Cristal. Cuando salga de ahí cualquier lector podría ima-

ginarse un extraño cruce entre él y el hermano de Irene, de “Casa Tomada” (Bestiario), que en la ventana de su casa de Rodríguez Peña decidió recorrer las librerías cercanas por si hay alguna novedad en literatura francesa. Si se le ocurriera lo mismo que al protagonista de “El otro cielo” (Todos los fuegos el fuego) pudiera buscar esos libros en algún escaparate de la parisina Galerie Vivienne, a la que se entraba en la ficción por alguno de los dos accesos del Pasaje Güemes. Diseñado también por Gianotti, su techo está coronado por una cúpula redonda vidriada y cuenta, entre otros muchos detalles, con pilastras de mármol Boticcino en su corredor. La rica ornamentación crea, en efecto, la sensación de ser esa “cueva del tesoro” en la que convive una simultaneidad de tiempos. Tal vez la belleza de este viaducto, hacia otras realidades, induzca al turista literario a querer atravesarlo. Por tal motivo Cortázar solía señalar que los pasajes eran su patria. Y esto tan sólo puede entenderse si se camina por Agronomía, como Clara en “Ómnibus” (Bestiario), saboreando el sol “roto por islas de sombra” que producen los árboles enfilados, entre Tinogasta y Zamudio, como columnas vegetales. En el departamento 3°-7 de Artigas 3246, barrio de Rawson, residió entre 1934 y 1951 con su madre y su hermana Ofelia, tras su infancia en Banfield. Al visitar el barrio que contextualizó su juventud se comprende lo fantástico en su narrativa. Las manzanas están atravesadas por el capricho de calles que dibujan, precisamente, una especie de rayuela. Así estos pasadizos, labrados también por jardines sinuosos, contienen salidas inesperadas y retornos sorpresivos. El conjunto formado por el edificio, la plazoleta situada en frente y la serie de casas contiguas, aluden de manera directa a la periferia parisina. Puede afirmarse, entonces, que la París de Cortázar expresada en el distrito en donde escogió vivir hasta su muerte es, en verdad, la recreación del pequeño oasis de Agronomía. Para el lector cortazariano la ruta porteña de su narrativa implica, ciertamente, una vuelta al día en 80 mundos, en donde se recorren otras Geografías. También puede significar navegar hasta La otra orilla o cruzar Las puertas del cielo. Por eso se viaja, por la solitaria necesidad del tránsito hacia otros registros. También por el sentimiento de no estar del todo en un mismo sitio, tal como lo planteó en toda su obra y en su propia existencia el Cronopio Mayor. © LA GACETA Marsolaire Quintana – Periodista venezolana. Licenciada en Letras.

EL LECTOR CÓMPLICE POR CARMEN PERILLI Para LA GACETA - TUCUMÁN ... Viene de página 1. “¿Encontraría a la Maga?”. Es la frase inicial que dibuja el gesto que surca el libro: la búsqueda. La Maga es La Mujer o la Literatura, figura mitológica, enigmática e inalcanzable. Horacio Oliveira, el torturado y diletante intelectual, remite a otros personajes de la obra de Julio Cortázar como Johnny el saxofonista de El perseguidor. Desarraigados y partidos, viven en combate con el mundo que los rodea, se enfrentan con la pesadilla de la realidad e intentan encontrar los agujeros que les permitan escapar de ese mundo gris y repetitivo. Héroes fallidos de la modernidad, no cumplieron con sus mandatos y deambulan solitarios y desesperados. El escritor sella un pacto de complicidad con sus lectores, especialmente con aquellos jóvenes que, en poco tiempo, echaron a andar por las calles a La Maga y a Oliveira, recitando de memoria el famoso capítulo 7 o hablando en gíglico, milagroso efecto de una escritura hermética que pone en juego todo el horizonte cultural europeo de la época, al mismo tiempo que los relatos que circularán en nuestra cultura nacional. Rayuela postula una curiosa relación entre ficción y teoría; narrativa, poema y ensayo; creación y crítica. A pesar de su voluminosa presencia ataca la idea de totalidad y de representatividad ya que apuesta a la condición fragmentaria de lo real y al fracaso de toda

búsqueda de absoluto. La pregunta por el sentido de la literatura y el lenguaje se convierte en mecanismo de la narración. El libro se mira en el acto de hacerse, de modo narcisista; la literatura juzga su propia posibilidad. La irrupción de vastas zonas ensayísticas amenaza con quebrar el ritmo de la ficción.

Rompecabezas La anécdota se centra en la historia de Oliveira y la Maga en París y en la de sus dobles Traveler y Talita en Buenos Aires disolviéndose en conversaciones. Los climas pueden ser asfixiantes y hasta siniestros como en el capítulo de la muerte del Bebé Rocamadour. La obra es un rompecabezas, un modelo para armar, collage de textos propios y ajenos, montados irónicamente, cuya significación depende del choque que se produce entre ellos. Davi Arrigucci habla de una poética de la destrucción, una contranarrativa que, como el escorpión, se muerde la cola casi hasta su aniquilación. La palabra se destruye y se renueva con neologismos que arman nuevas lenguas La parodia y la ironía son los recursos fundamentales de una escritura que duda sobre la posibilidad misma de la literatura, que se sostiene en la incertidumbre de la pregunta. “¿Por qué escribo esto? No tengo ideas claras, ni siquiera tengo ideas. Hay jirones, impulsos, bloques, y todo busca una forma, entonces

entra en juego el ritmo y yo escribo dentro de ese ritmo, escribo por él, movido por él y no por eso que llaman el pensamiento y que hace la prosa, literaria u otra... Escribir es dibujar mi mandala y a la vez recorrerlo, inventar una purificación purificándose; tarea de pobre shamán blanco con calzoncillos de nylon”. Cortázar propone la aceptación de una permanente dualidad, en la que se vislumbra un nuevo orden. Un mundo otro en el que las cosas sean y no sean al mismo tiempo, en el que la maravilla quede a la vuelta a la esquina como en los cenáculos surrealistas. Se trata de encontrar la salida al agotado racionalismo occidental. En el espacio de la literatura se debaten las posibles salidas a un mundo absurdo. La nostalgia del paraíso está simbolizada por el cielo de la rayuela -“¿Qué es en el fondo esa historia de encontrar un reino milenario, un edén, un otro mundo? Todo lo que se escribe en estos tiempos y que vale la pena leer está orientado hacia la nostalgia. Complejo de la Arcadia, retorno al gran útero, back to Adam, le bon sauvage (y van...) Paraíso perdido, perdido por buscarte, yo, sin luz para siempre”. El centro puede estar en París o Buenos Aires. Los dos pueden ser el paraíso y el infierno a la vez, unidos por un hilo tenue o por puentes precarios. Siempre podemos perdernos en la lucidez o en la locura. “Sólo en sueños, en la poesía, en el juego -encender una vela, andar con ella por el corredor- nos asomamos a veces

a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos.” Al poeta le queda un único camino: la magia de las palabras. El jazz como leitmotiv nos ayuda a dar cuenta de la estructura novelesca. Oliveira monologa sobre el carácter primitivo y universal de una música que alude y soslaya y hasta anticipa un mundo donde reinan la indeterminación, la improvisación y la ambigüedad. La narración sigue ese ritmo, el hilo central se pierde una y otra vez, dando lugar a las improvisaciones. El autor, eximio ejecutante, introduce movimientos inesperados, variaciones deslumbrantes. Julio Cortázar desafía a los lectores a renunciar a toda propuesta estética convencional, ataca los dogmatismos. Por un lado logra que el mundo entre en el libro pero, por el otro hace de este el mundo. En 1963 declara “¡Cuidado con la fácil demagogia de exigir una literatura accesible a todo el mundo! Muchos de los que la apoyan no tienen otra razón para hacerlo que la de su evidente incapacidad para comprender una literatura de mayor alcance...” Rayuela seduce pero al mismo tiempo exige que los lectores se le entreguen totalmente. Quizá es por eso que seguimos pasando de página en página por el solo placer de saltar del cielo a la tierra, de la tierra al cielo y así infinitamente. © LA GACETA Carmen Perilli – Profesora de Literatura Hispanoamericana de la UNT.


02 06 2013 Literaria La Gaceta