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CAPÍTULO 6

Ser madre

Nuestro objetivo es que cada niño o niña se sienta seguro y querido, en una relación estable con su padre/madre u otra persona responsable. Un niño o niña necesita tener constante refuerzo, confianza y apoyo.


“MÁS QUE UN TRABAJO, ESTO ES UNA OPCIÓN DE VIDA” Marta Lilián Díaz, madre referente de Florida*

“Soy divorciada y tengo dos hijos grandes, de 32 y 29 años. La razón fundamental por la que entré en Aldeas es que me gusta trabajar con niños, y mi trabajo previo siempre giró en torno a ello, a cuidar niños. Pese a que vivía en Florida, nunca había estado en Aldeas, ni conocía exactamente cuál era su esquema de funcionamiento. Lo único que sabía era que trabajaba con niños, y ese era nuestro punto en común. Luego llegó un momento en que me venía bien un trabajo, y me informaron que se estaba necesitando gente en Aldeas. Bárbaro, justo lo que me gusta, pensé. Inmediatamente me comuniqué con la oficina de Aldeas y me anunciaron que me iban a llamar. Y así fue. Me llamaron, me presenté, me hicieron la primera entrevista, me derivaron a la psicóloga, y así transcurrieron todas las etapas, hasta que me aceptaron. Confieso que me costó adaptarme porque hasta ese entonces yo era una persona que nunca había salido a trabajar fuera de casa. Me costó mucho, sí, pero valió la pena, ¡si habrá valido! Lo logré, en buena parte, gracias a algunas compañeras, porque en esta tarea siempre surgen tropiezos, por la propia situación de la Casa, por ese equilibrio de malabaristas que a veces amenaza con caerse, pero las compañeras te alientan, te aconsejan y una sigue adelante y supera la situación. Y para la próxima ya tenés ese aprendizaje, pero surgirá otro problema y requerirás, de nuevo, el apoyo de tus compañeras, del mismo modo que yo las apoyo a ellas. Mi familia era y es muy grande, se compone de

padre, madre y cinco hermanos más. Mis padres han fallecido, pero siempre hubo un excelente vínculo familiar. Incluso yo hubiera querido tener más hijos, pero la situación económica me lo desaconsejaba. Tal vez fue por eso que siempre cuidé niños en casa, fui tutora de otros niños en mi propia casa, con el apoyo incondicional de mis dos hijos. En mi casa en Aldeas tengo ocho niños, que van desde los cuatro a los 18 años, saltando de dos en dos años. Tengo para divertirme... Si fuera a calificarlos con dos palabras diría que son niños amorosos. Hace cuatro años que estoy como madre, pero estuve otros cuatro como tía fija con la madre anterior en otra Casa. De aquella generación, todos ya se independizaron de la Aldea, con quienes establecimos tan buen vínculo, que permanentemente regresan de visita. Vienen a ver a quien fue su madre pero también a ver quién fue su tía, yo. Yo no considero que esto sea un trabajo sino que es una opción de vida. Hoy en día esta es mi casa. Y esta casa es mi responsabilidad. Claro que el vínculo no se logra de un día para el otro, sino que se gana con el correr de los días y de los años. Por eso al principio se me hacía difícil. Cuando el vínculo se consolida, experimentás una sensación de plenitud, lo que hace que a una le encante este trabajo, esta opción de vida, donde todo cobra un sentido armónico. Hoy por hoy tengo un solo niño de la generación anterior, que venía de otra madre referente: todos los otros los recibí yo, y por eso me siento especialmente responsable por ellos.


EL FUTURO La responsabilidad es mayor porque siempre hay que mirar al futuro. Frecuentemente ellos se refieren al pasado, en especial los que entran ya grandecitos, con una carga más pesada, y lo que yo hago cuando recurrentemente quieren regresar al pasado, es transmitirles que ‘eso ya fue’, que ‘no va a volver a pasar’, ‘ahora tenemos que mirar hacia delante, tratar de estudiar, ser alguien en la vida’, porque esa es la única fortuna que se llevan de todos nosotros y de Aldeas. ‘Y mientras yo esté, los voy a apoyar siempre’, y el día que no esté en Aldeas, pero esté viva, los apoyaré igual, con la misma energía, porque yo vivo acá en Florida, ellos saben dónde es mi casa y les transmito que pueden contar conmigo para todo y para siempre. Esto me surge del corazón, porque a estos gurises los siento como míos. Lo que más me gratifica de esta opción de vida es percibir que vale la pena, es reconocer los resultados, ahí, cerquita. Empieza con los buenos modales de estos niños, luego se experimenta su cariño, se advierte lo estudiosos que son, cómo se tornan cada día más responsables, que salieron de buena madera. Mi corazón explota de felicidad cuando a fin de año veo que todos pasan de clase, y lo hacen con buenas notas. Siempre les digo que para mí nunca encontrarán un mejor regalo que pasar de clase. Me emociona ver que son niños respetuosos. Y me gusta que la casa siempre esté prolija, esté limpia. Y todo esto se logra sin que yo jamás haya alzado la voz. Como estos niños se respetan entre ellos, yo también los respeto, y ellos a mí, y

se genera este vínculo de respeto mutuo. Para lograr ese vínculo, es fundamental acompañarlos siempre; ellos están haciendo los deberes y yo estoy sentada a su lado; si necesitan algo, yo estoy ahí. Me llaman ‘tía’, menos el chiquito que lo agarré de un año de edad que me dice ‘vos sos mi mami’, y yo le respondo ‘sí, mi amor’. Pero siempre les digo que me llamen como les diga su corazoncito. Ellos tienen mamá, y para mí, ‘mamá’, es una palabra sagrada. Yo no sé el tiempo que voy a estar acá en Aldeas, puedo estar muchos años, puedo llegar a ser abuela estando acá dentro, como puede ser que eso no ocurra, uno no sabe cómo será su destino. Y si me llaman ‘mamá’ y un día me tengo que ir por cualquier motivo, no quiero que eso se convierta en otro abandono para ellos. Entonces que me llamen como ellos quieran, o mejor dicho como lo sientan. Tanto se los he explicado, que lo tienen muy claro. Yo sé que si me tuviera que ir, sería algo extremadamente doloroso para ambas partes, pero siempre se los estoy advirtiendo, aunque sé que solo una enfermedad me puede apartar de aquí. Entonces les agrego que eventualmente en un futuro me puedo tener que ir, porque mi cabecita no me da más, pero que aunque no esté físicamente en esta casa, yo voy a estar siempre a su lado y lo que necesiten van a ir a mi casa y me van a encontrar. Entonces ellos sonríen y se sienten seguros. Me gratifica verlos crecer. Y cuando los que se fueron vienen a visitar a las ‘tías viejas’, como ellos nos llaman, el corazón me vibra. Y yo creo que es por eso que son buenos estudiantes, es por eso que la inmensa mayoría sale adelante, porque ese vínculo es positivo, es incondicional.


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LAS GUERRERAS Mi familia biológica me viene a visitar a la Aldea, a pesar de que mis hijos no viven en Florida. Mi hija es docente y vive en Atlántida, no es casada ni tiene hijos. El varón vive en Empalme Olmos, es casado y tiene dos hijitos. Todos vienen, y yo tengo adoración por mis nietos. Yo les digo que van a ser unos aldeanos más. El bebé cumple un año y el varoncito tiene seis. Mis nietos no solo se integran con los niños de la Aldea sino que los adoran. Pero también con mis nietos aprendo una cosa: con ellos el vínculo es diferente porque los veo de cuando en cuando. Entonces no hay celos porque prácticamente no están conmigo. Mi relación con los independizados es muy buena. Cada uno tiene su vida. Cristina, que fue la última que egresó, está muy bien, trabajando. Antes de irse, hizo todo un proceso de independización, acá en Aldeas, costó pero lo hizo, porque ella se crió en Aldeas. Nadie la sacó de un día para el otro, sino que todo fue muy gradual, se le fue explicando cómo sería el proceso, paso a paso. Cuando empezó a trabajar, le fui diciendo que empezáramos a comprar cositas, porque ella algún día iría a vivir sola. ‘Vamos a empezar a comprar cositas para la casa, porque cuesta mucho y no se hace de un día para el otro’, le decía. Cuando se fue de acá, se fue con todas las cositas que había comprado, por lo menos las cosas fundamentales para una casa digna. Y está muy bien, es la encargada en un supermercado. Otra independizada es María, hermana de Cristina, que está estudiando Medicina en Montevideo. Otra independizada también trabaja en un supermercado, y siempre viene. Hay otra independizada que en realidad muy bien no le ha ido en la vida, pero la va peleando, y la garra la aprendió acá.

A una mujer que quiera entrar a Aldeas como madre referente le diría que, si quiere a los niños, este es un trabajo encantador, fascinante, que te sorprende todos los días. Pero tiene que querer mucho a los niños. Respetarlos mucho. Trabajar mucho con ellos para sacar buena gente”.


“UNA REPRODUCE ACÁ LO QUE VIVIÓ CON SU FAMILIA” Doris Lapasta - Madre referente de Florida* “Entré en Aldeas Infantiles el 26 de agosto de 1997, con 40 años de edad, y el 26 de diciembre de ese mismo año me pusieron como tía fija. En marzo del año siguiente empecé como madre referente. Ser madre de Aldeas me gratifica y me colma de diferentes maneras, en primer lugar por la constatación de que el esfuerzo vale la pena, lo ves en los resultados a largo plazo, con la gurisada que se ha ido, que ya se ha independizado, que hemos ayudado a crecer. Como todo en la vida, tenés muchas alegrías y muchas decepciones, pero a pesar de los sinsabores, siempre seguís apostando, porque una alegría achica las frustraciones. Acá no hay ni blanco ni negro, sino muchos matices, por eso seguimos apoyando y cada vez me siento más comprometida. Cuando llegué a esta Casa, habían ocho niños, de los cuales varios eran grandes, (entre 15 y 19 años). Al poco tiempo se me fueron algunos, porque Aldeas creó la primera Casa afuera, para los mayores, adonde iban los jóvenes que estaban en proceso de independizarse, se llamaba ‘comunidad’. Se le da un lugar en el que se lo sigue apoyando y acompañando, hasta que logra su independización. Ahora tengo seis niños, una niña de tres años, Mariana, Felipe de cuatro años, Eduardo de seis, César de 13, Lara que la próxima semana cumple 14 y Matías de 16. Tengo dos puntas, los más grandes hace ocho años que están conmigo y los tres pequeños, un año. Esta es mi familia de Aldeas, que no es como

cualquier familia. Vienen con una mochila muy pesada. A la larga, uno de los tropiezos que obstruye su fluir en la vida, es el abandono que sufrieron, porque quieras o no, es fuerte para cualquier ser humano. Por mejor que se sientan aquí conmigo, en mi falda, les falta la madre que les dio la vida, que es su mamá. Por eso ahora Aldeas trata de reinsertarlos con su familia biológica. El vínculo que mantenemos con los independizados es bueno, tengo hijos independizados casados o en parejas, que tienen sus propios pichones. El que tengo sin pichones, es el que está en España. Tengo uno viviendo en Toledo y otro en Pando, el de To1edo es militar, estuvo en el Congo, llegó y vino a visitarnos, con su esposa e hijo. Yo estudié hasta cuarto año de liceo e hice el curso de enfermería, tarea que nunca ejercí, viví con mis padres que fallecieron con 15 días de diferencia, eso hizo que mi casa me quedara grande y vacía. Mi compañera de trabajo me motivó para venir a Aldeas, y aquí estoy. Mi vida cambió, se volvió a colmar y a llenar con esta familia tan especial. A veces pienso que les pido mucho a mis niños, y razono que el día que se vayan, no me van a tener a cualquier hora ni en cualquier momento como ahora. No podré apoyarlos como ahora, pero los sigo acompañando. Por eso es lindo que las madres pasen mucho tiempo en una casa. Porque al irse al poco tiempo, es otro abandono para ellos.


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MI FAMILIA

Es difícil encontrar una madre de Aldeas que no tenga buenos recuerdos de su propia familia y generalmente compruebo que vienen de familias grandes. Esto es una constatación, no lo leí en ningún libro, nadie me lo dijo. Y por eso digo que de cierta forma una reproduce acá lo vivido con su familia. Si lo viviste bien, te gusta este trabajo, porque querés reproducir eso que a ti te hizo tanto bien. En mis tiempos de descanso tengo a mi pareja, comparto en familia, me gusta viajar. Muchas veces los niños de ahora vienen con problemas diferentes a la generación anterior, mucho peor en cierto sentido. Son varias generaciones sin familia. Además tenemos el tema de la droga, que es un veneno que mina todo. ¿Qué es esta tarea? Sin duda es difícil de definir. Algunas cosas las tengo bien claras. El que viene acá por un sueldo, está errado. Hay gente que piensa que como es un trabajo, se puede priorizar el sueldo, pero esto es una familia, te tenés que entregar íntegramente. Hay un montón de cosas y siempre los estoy desafiando, apoyando, exigiendo, pidiéndoles más, y diciéndoles, ¡dale para delante! que el futuro depende de vos, pero acá te preparás”.

* Doris Lapasta tiene 52 años de edad. Durante las horas que duró esta entrevista, Matías, de 16 años y César, de 13, estuvieron presentes, sentados a sus pies, sin perder detalle de lo que ella relataba. A veces, sin que nadie le pidiera, Matías se incorporaba y traía café, o agua. Cuando salgo de la Casa, camino cien metros rumbo a la salida, y de pronto veo venir a César, a la carrera, en mi dirección. ‘Te olvidaste de esto’, me dice, y me entrega mi birome, que efectivamente había olvidado en la casa. ‘¿Doris te mandó?’, le pregunto. El niño me mira desconcertado. ‘No, ¿por qué habría de hacerlo?’.

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Testimonio de una Independizada

ÁNGELA SILVA: “Una familia de amor” Tengo 30 años. Después que salí de Aldeas, formé una miniempresa de carros de panchos ambulante en Florida. Trabajamos yo y mi pareja, somos los patrones y tenemos gente trabajando con nosotros a quienes le damos la mercadería. Vivo en pareja desde hace once años. Tengo tres hijas, la mayor de 12, otra va a cumplir 11 y la más chica de seis. Nací en el departamento de Florida, en un pueblito. Ingresé a Aldeas a los ocho años. Por lo que tengo entendido éramos tres hermanos, mi padre, mi madre y yo. Mi padre falleció y mi madre sufría ataques epilépticos, estuvo muy grave e internada. Como no podía con nosotros, nos llevó a lo que era el Iname, hoy Inau, pero también le hablaron de Aldeas. Los tres hermanos no podíamos entrar, entonces hablaron para que entrara yo y los otros dos fueron al Iname. Mi madre enseguida falleció, cuando yo hacía tres o cuatro meses que había ingresado a Aldeas. Tengo muy buenos recuerdos de mi familia. Éramos muy humildes pero me acuerdo que mi madre se preocupaba por nosotros. Cuando me dijeron que me iban a llevar a Aldeas me gustó porque en ese entones andábamos como perros de la calle, sin dueño. A mi madre yo hacía meses que no la veía porque vivía internada. En Aldeas estuve diez años. Muy pronto me adapté a Aldeas y había formado un vínculo con mi madre referente. Todo era mucho mejor de lo que yo tenía. Ingresé en la Casa Paraná, después vinieron cinco chicos más y a los tres años, otros dos. Al principio nos costó a todos acostumbrarnos a los dos más nuevos, pero tengo buen vínculo con todos ellos. Incluso ahora tengo más vínculos con mis hermanos de Aldeas que con mis hermanos de sangre. En ese tiempo pasaron dos madres referentes y fue con la ultima, Dora Pimienta, con quien más me vinculé. Nos llevamos impecable, hasta el día de hoy siempre que voy a Aldeas, la voy a visitar. El otro día la fui a buscar para que conociera mi casa. Dora es mi madre, no me tuvo pero es mi madre. Ella se podrá ir

de la Aldea, incluso a siempre pensé pero si hijas, el lugar ideal par al Inau, ni con los tíos, A veces cuando me que es una familia don en las venas. Es más que tiene la misma s familia de amor. Siempre digo que n malo que me pasa sac pasó. Esa actitud la ap Después cuando me fu cosas, no sé si como a de sacar lo bueno. Hice hasta tercero d como para tirar mante andan todos bien ves pasada nos mudamos vivir dignamente y com Personalmente yo c propia madre biológica madre, pero al no tene Aldeas. Tenés todo, te la posibilidad de estu niños en el mundo no l lugar para estar solo, cama, o sea tenés tod Yo estoy tremenda Aldeas. Y cuando van Dora que es la abuela eso nunca perdí el Montevideo, y abuela, sé qué sería hoy de m


a otro país, pero seguirá siendo mi madre. Yo i yo llegara a faltar, o les faltara el padre a mis ra ir a vivir es Aldeas. No lo pongo en duda. Ni , ni con los abuelos. e preguntan qué es Aldeas yo trato de explicar nde no precisás que te corra la misma sangre s familia Aldeas muchas veces que un familiar sangre. Es más que familia biológica, es una

no hay mal que por bien no venga. De todo lo co lo bueno. Lo malo lo dejo atrás. Lo que pasó, prendí en Aldeas, porque antes no era tan así. ui criando, fui adquiriendo ese modo de ver las autodefensa, pero lo malo lo dejo de lado y trato

de UTU. Lo que ganamos con la empresa no es eca al techo, pero comemos todos los días, stidos, nos compramos un terreno, la semana s porque hicimos una casa, o sea, nos da para mer dignamente. creo que lo mejor para cada niño es vivir con su a, yo daría lo que no tuviera para vivir con mi er a mi madre, el mejor lugar me parece que es enés que aprovechar lo que te brinda. Te brinda udiar, tenés un plato de comida que muchos lo tienen, tenés un lugar donde estar, tenés un para estar acompañado, agua calentita, una do. amente agradecida de haberme criado en n mis hijas de visita, se quedan en la casa de a de ellas, la llaman abuela, es mi familia y por vínculo. Sé que tengo tíos de sangre en pero mi familia está en Aldeas y sin Aldeas no mí”.


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CAPĂ?TULO 7

Familia

Independiente de su procedencia e historia, cada niĂąo y niĂąa debe vivir en una familia que lo apoye para desarrollar y alcanzar todo su potencial.


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