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LA NOCHE DEL DUENDE PUCK Era muy tarde y fuera estaba todo muy oscuro, desde su cama el Duende Puck apenas podía ver la silueta del gran roble que había en su patio. No podía dormir, algo en su interior rebullía y daba vueltas impidiendo que llegara el sueño, ese mismo “algo” que le decía que debía estar despierto para lo que estaba a punto de suceder. Un fuerte ruido en el exterior le hizo saltar de la cama. Algo había caído en el patio junto al roble, algo grande, muy grande. Despacito se acercó a la puerta, la abrió un poco, lo suficiente para ver que es lo que había fuera… una gran bola luminosa estaba junto a su árbol y es más, ¡parecía que estaba llorando! Con cuidado se acercó a ella, ¡era una estrella! -

¡Ay, ay que daño! – gimoteaba el caído astro Buenas noches, Estrellita soy el Duende Puck y esta es mi casa, ¿qué te ha pasado? ¡Ay Puck! Estaba en el cielo brillando, me he acercado mucho al borde para poder veros mejor y me he caído… ¡¿Ay y ahora como vuelvo a subir?! ¿No puedes volar? ¡Pero bueno! ¿me has visto alas?, ¿tengo cara de gorrión?, señor Puck, soy una estrella, la más bonita y brillante del cielo, yo no vuelo, yo me asomo al filo del cielo cuando llega la noche y hago que todo os sea más bonito. Perdón, perdón Estrellita no quería ofenderte. Y tus hermanas, te habrán visto caerte, ¿no? No había nadie hoy, nos tocaba librar, por eso la noche era tan oscura.

Una lágrima resbaló por la cara de la estrella, se la veía realmente triste y asustada, a Puck le dio mucha pena verla así, le encantaba contemplar el cielo estrellado, tenía que ayudarla como fuera. -

¡Tengo una idea! En mi casa guardo un tirachinas, puedo lanzarte hacia el cielo con toda la fuerza que tengo ¡Ay! Estás loco Puck, ¿y si me caigo otra vez? Podría volver a hacerme daño ¡Ay, ay! Bueno, bueno descartamos el tirachinas… ¡Tengo otra idea! Mi amigo Fénix puede volar muy, muy alto, él podría llevarte de nuevo al cielo. ¿Un pájaro?, no sé, no sé…suelen estar sucios… Pero bueno Estrellita, ¿quieres o no quieres volver a casa? La noche avanza muy deprisa y la mañana está a punto de llegar. ¡Ay…! Tienes razón, si el Sol sale tendré problemas, no se lleva bien con las estrellas. Busca a tu amigo el pájaro.

Puck corrió lo más deprisa que pudo hasta el nido de Fénix. No le hizo mucha gracia que lo despertaran a esas horas y mucho menos cuando se enteró que era para ayudar a una de esas engreídas estrellas que lo miraban tan mal cuando volaba cerca del Balcón del Cielo. Sólo aceptó porque se lo pedía su amigo Puck, por él haría cualquier cosa. Legaron junto a la estrella cuando el horizonte empezaba a teñirse de color naranja, la señal de que el Sol empezaba a despertarse.


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Bueno Estrellita, me ha gustado conocerte aunque sea en estas circunstancias. A mí también me ha gustado conocerte Duende Puck, no olvidaré todo lo que has hecho por mí. No olvides mirar esta noche al cielo, brillaré el doble por ti

Puck vio como Fénix y la Estrellita se alejaban en lo que quedaba de oscuridad, huyendo a toda velocidad de la luz del alba que comenzaba a despertar al valle. Esa noche Puck esperó sentado en la hierba hasta que empezaron a salir las estrellas, era una noche preciosa. En ese momento apareció su estrella, no tenía dudas, era realmente la más bonita y luminosa de todas. Se la quedó mirando durante horas y allá a lo lejos le pareció ver como le sonreía.


LA NOCHE DEL DUENDE PUCK (Laura Tome)