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■ MAR DEL PLATA ■ DOMINGO 13 DE JUNIO DE 2010

MCGUFFIN, DISCUTIDO RECURSO DE LOS GUIONISTAS

Acerca de Lost y la teoría de la deslealtad en un texto de ficción ¿Puede una obra concluir sin resolver sus conflictos dramáticos? ¿O acaso los conflictos puestos en primer plano no siempre son los más relevantes? ¿Es más importante el destino que el viaje? El polémico final de Lost, una de las ficciones más impactantes de la historia.

Claro está, al concluir Lost el 25 de mayo pasado, quienes estaban ansiosos de que les resolvieran los enigmas se quedaron más “Perdidos” que los propios protagonistas al iniciar la serie. Lo que la desilusión no les permitió ver -tal vez en algunos días puedan distanciarse del “dolor” y lo entiendan- es que lo más importante de Lost estuvo en el trayecto de los personajes, ese trayecto que los millones de espectadores disfrutaron hasta el éxtasis. BORGES, POE Y SARAMAGO

Por Fernando del Rio fernandodelrio@lacapitalmdq.com.ar

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uando cualquier novato o aficionado a la escritura decide dar un paso más allá y asiste a un taller literario descubre que en una de las primeras clases le hablan de la lealtad. Un buen coordinador deja de lado cuestiones técnicas originarias (se supone que los concurrentes conocen la ortografía, semántica, sintaxis, etc.) y refiere al principal elemento a saber: el pacto entre el escritor y el lector. Tecnicismos más o menos, significa que quien cuenta una historia debe ser leal y no aventajar al lector por el hecho de conocer de antemano la sustancia narrada. Ocultar información de manera deliberada, utilizar a personajes para mentir con el fin de someter al lector a un falso suspenso o, en especial, infringir las reglas que el universo de la ficción debe cumplir son muestras de esa deslealtad mencionada. Todo esto viene a cuenta de un fenómeno de orden planetario ocurrido en los últimos tiempos con una ficción que intentaré analizar en este artículo. Se trata de la serie Lost, o en su traducción al castellano, Perdidos, que hace unas semanas llegó a su fin y puso en debate el aspecto central de la introducción: la lealtad de sus creadores-escritores.

Millones de personas la han visto y más millones aún, no. Por lo cual es necesario un resumen. La serie se comenzó a transmitir por televisión en 2004 y culminó, luego de seis temporadas, en 2010. El mayor porcentaje de seguidores la consumió por Internet, ya sea visitando páginas web relacionadas donde ofrecían los capítulos o sea descargando los videos y viéndolos en sus propios televisores. Fue una serie pionera y revolucionaria en varios aspectos, muchos de ellos vinculados a la ficción propiamente dicha. Por ejemplo, los autores cruzaron realidad y ficción al extremo de borronear el límite entre ambas. Elementos de ficción se insertaron en la realidad (páginas web de empresas referidas en la serie, teoremas matemáticos mencionados como verdaderos y “ratificados” en internet) y de la realidad, en la ficción. Todo esto condujo a que la serie fuera debatida de modo perma-

nente, sin interrupciones, desde su segunda temporada por millones de fans. Se debatió la ficción, el sueño de cualquiera escritor. La trama es tan compleja que es difícil de explicar y puede eludirse en este intento de análisis. Solo debería decirse que a lo largo de todo el relato, los escritores fueron manteniendo la tensión narrativa por medio de un recurso que, finalmente, decepcionó a millones. Pues bien, para ilustrar lo mejor posible esta cuestión vale decir que los escritores de Lost recurrieron a la técnica del McGuffin, definida así por su principal usuario, Alfred Hitchcock. Un McGuffin es un elemento narrativo que aparenta ser de relevancia cuando en realidad actúa como justificación de la trama principal. Por ejemplo, una película podría iniciarse con la necesidad de parte de un aficionado al fútbol de saber el resultado de cierto partido. Ese partido parece un misterio, ya que no se lo halla en ningún

registro, pero este aficionado inicia un periplo, una odisea (precisamente) para conseguir datos. En medio de la historia muchas personas le dicen que sí, que conocer ese resultado lo hará especial, que cuando lo encuentre ni se imagina lo que le pasará… La película llega a su fin con el protagonista atropellado por un camión. ¿Y el resultado? ¿Me mantuvieron en vilo toda la película para no definir nada?, se preguntan los espectadores desilusionados. Ocurre que la película no se trataba de ese partido, sino de la búsqueda. La serie Lost llevó al extremo la utilización de McGuffins, ya que no solo lo hizo sino que lo hizo de manera consecutiva, simultánea, fractal. Hubo temporadas completas que giraban en torno a ciertos misterios jamás resuelto, pero que, de manera invisible para muchos, permitían el desarrollo y crecimiento de los personajes. Y si hay McGuffins, no hay deslealtad, sino técnica.

Las 8 preguntas para Verónica Sukaczer (*)

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¿Qué error le molesta más advertir en un texto literario y cuál es el último que halló en el libro que está leyendo o que acaba de leer? -No me molestan tanto las erra-

tas en cuanto a ortografía porque quiero sospechar (soy ingenua) que son errores tipográficos y no verdaderos errores de ortografía (que abomino). Ahora estoy leyendo obras de lingüística en las que raramente hay errores. El que no

puedo dejar pasar es el del libro “Mal de familia”, de Ediciones de la Flor, del cual soy autora y en el que mi apellido salió mal escrito en la ficha bibliográfica. Eso sí es mala suerte.

*Verónica Sukaczer nació en 1968 en la ciudad de Buenos Aires, es periodista y escritora. Algunas de sus obras son: “Nunca confíes en una computadora”, “Hay que ser animal”, “El inventor de puertas”, “Mal de familia”, “Nunca salgas desconectado”.

Borges explicó alguna vez aquello de la historia principal y la secundaria. Se puede contar sobre algo sin hacerlo explícito. La omisión muchas veces es mejor y quien tiene la capacidad de ver los espacios vacíos se olvida de las formas que los originan. Es inevitable ver esas formas, pero también es fatal el destino a desaparecer con las que fueron concebidas. En Lost lo que estaba a la vista era lo encriptado y lo oculto, lo evidente. Como aquel genial cuento de Edgar Allan Poe, Carta Robada en donde se logra esconder una carta en el lugar más sencillo, en donde nadie buscaría por lógica y sentido común. Es una tentación insoportable puntualizar algunos aspectos de la trama de Lost y, pensándolo mejor, puede contribuir a la eficacia del mensaje. Por ejemplo, los sobrevivientes del vuelo Oceanic 815 caen en una isla donde suceden cosas extrañas. O, aparecen números recurrentes el 4, 8, 15, 16, 23 y 42. Es más, esa serie numérica le hace ganar la lotería a un protagonista, sirve para impedir que explote la isla al ingresarlos en una computadora cada 108 minutos (108 es igual a la suma de todos los números de la serie) e incluso terminan siendo los números de los candidatos a reemplazar a una especie de divinidad que protege la isla. Por momentos los escritores hicieron desaparecer cualquier otro número: el 7, el 9 y el 0 no parecen formar parte de Lost. (Continúa en página 4)


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RECIENTE NOVEDAD DE EUDEM

El mundo en tinieblas

De la letra a la imagen Por Eduardo Balestena ebalestena@yahoo.com.ar

Por Sebastián Chilano

Las historias extraordinarias tienen varias formas de ser contadas. Yo prefiero dos. O hacerlo con una neutralidad implícita desde el inicio, o con una cercanía tan familiar como infantil. Así el mundo puede desmoronarse mientras un padre discute con su hijo adolescente, como también puede hundirse mientras el paisaje se desglosa párrafo tras párrafo hacia un estallido apocalíptico. Eso fue lo primero que me vino a la mente al ver la noticia por la televisión del café. El café tiene una pelota de fútbol como cartel y dicen que se inauguró para 1978. Por eso se llama “Mundial” Me gusta porque tiene televisores viejos, con culo, como las verdaderas mujeres, no como esos televisores “plasma” que se parecen tanto a las anoréxicas. En el café, la imagen, dependiendo de la hora del día, está o en un noticiero, o en un partido, o en la lotería nacional. Eso sí, no importa en que canal esté, todo se tiene que ver sin volumen. La verdad es una noticia muda. Pero no quiero hablar del café ni del silencio, sino de la noticia que vi. Cómo habrá sido de importante que le habían subido el volumen al televisor y el cronista indicaba que el país tenía un nuevo ministro de economía. La otra vez que recuerdo haber escuchado el sonido de la televisión del café Mundial fue cuando vi el partido del repechaje de Australia-Argentina para entrar en el mundial de 1994. En resumen, porque ya todos los saben, el presidente en un mismo día anunció al país el pago de los intereses de los intereses de la deuda externa y le tomó juramento a un pulcro Diablo. Asombrados, todos en el café vimos como el otrora rey del azufre y las tinieblas se convertía así en un asesor más. –Ya no les alcanza con agregar al gobierno actores, jugadoras de hockey, poetisas, o inmigrantes ilegales a las listas de diputados y senadores. No, tenían que dar un paso más –me dijo el mozo. Asentí, en silencio. Lo segundo que pensé al ver la noticia fue que el Papa debía estar muy ocupado para no haber aceptado la oferta, porque seguro que antes se lo ofrecieron a Él, y lo tercero que pensé –lo que más me regocijó, también– fue imaginar la consternación de los hermenéuticos al dejar en evidencia su desconocimiento sobre los versos de San Juan y recordar el vacío de sus profecías, ya sin importancia. En todo el mundo, movidos por el celo, sucedería lo mismo: miles, millones de ángeles descenderían desde el cielo y se posarían en una y en todas las ciudades buscando que los gobiernos les dieran cargos importantes, ministerios y seguridad privada. Es como si comenzara el fin del mundo y no supiéramos que hacer, si temer, agradecer o seguir bebiendo bebidas blancas bien destiladas. Todo el día se habló de lo mismo. Cada pasajero que se subió al taxi me recordó la asunción del Diablo o me pidió que sintonizara alguna radio de noticias para volver a escuchar la misma vieja novedad repetida. Se convirtió en una adicción, cada 30 minutos volver a escuchar. “Sí, juro” por la patria, no por Dios ni sobre los santos evangelios. El último pasajero del día se quejó tras escuchar el informativo y me pidió que detuviera el taxi antes de la dirección que me había indicado. –¿Qué pasa? –le pregunté. –¿Qué me va a pasar? –dijo mientras me pagaba el precio justo del tacómetro–. Soy ateo. –¿Y eso que tiene que ver? –Todo. A partir de ahora, para mí el mundo ya no es un lugar seguro –contestó. (Continúa la próxima semana)

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l conjunto de ensayos que componen el volumen “De la letra a la imagen. Narrativas posfranquistas en sus versiones fílmicas” (Marta Ferrari, editora, Eudem, 2007) instala una reflexión múltiple: acerca de la relación entre literatura y cine, entre la de novelas y filmes que abordan la Guerra Civil Española y la posguerra, y en tercer lugar sobre los mecanismos de las narraciones en sí mismos, y en último sobre los modos de transitar o construir la memoria. De este modo, los trabajos “‘Recordar olvidando’: cine y narrativa en la España posfranquista”, de Marta Ferrari; “Sujetos de la memoria: ¿Quién narra hoy el pasado bélico?, de Laura Scarano; “Volver del olvido. Sombras legendarias en Luna de lobos, de Julio Llamazares, de Gabriela Genovese; “Sobre éxitos y derrotas: El pianista, de Manuel Vázquez Montalbán”, de Marta Ferrari; “La lengua de las mariposas de Manuel Rivas y de José Luís Cuerda: dos formas de narrar el pasado”, de Diego Rubiolo, en primer lugar nos deparan una paradoja: el cine no es una expresión subalterna y la literatura no es el centro del mundo de las narraciones, pero entre un 80 y un 85 por ciento de los filmes provienen de obras literarias. UNA EXPLORACIÓN DE CÓDIGOS La relación letra-imagen es compleja y elusiva. No hay para ella una fórmula ni una sola respuesta. Un filme puede ser fiel a una lectura y a las posibilidades expresivas de un texto sin serlo a su literalidad, o tomar elementos de una novela y trabajar en un campo de significado propio; o por el contrario ser fiel a la letra y asumir todas las posibilidades de un texto desde un lenguaje visual autónomo capaz de valerse de ese texto para ser imagen. Esta imagen es intraducible, tanto como el texto es múltiple. Una no puede ser reducida a las palabras y otro no puede renunciar a la ambivalencia entre el sonido y el sentido. No obstante ser un medio autónomo, en general, cuando las películas se apartan del sentido de una novela, sufren esa pérdida aunque valgan como lenguaje visual en sí mismo. Marta Ferrari cita las palabras de Jean Jaques Annaud, director de la película El nombre de la rosa, quien se refiere a la historia como a un palimpsesto en el cual sobre las huellas de una escritura anterior se superpone otra. Las primeras, raspadas y suprimidas, o bien de algún modo subsistentes, son el sostén de otro texto. Pareciera que la propia literatura es eso: escribir sobre huellas borradas por el tiempo y rescatadas por la memoria. Sin huellas previas no hay escritura. En el caso de letra e imagen, lo que queda de la letra son los significados que la letra dejó, que subsisten aunque ellas ya no estén, cuando se han convertido en diálogos, escenas y espacios concretos: “…cuando un lector lee un texto lo que hace es imaginar

la historia que se le cuenta, lo que equivale a decir que ‘pone en imágenes’ el mundo ficcional narrado. Toda transposición resulta así una versión, una visualización y una interpretación posible entre muchas otras” (pág. 15). Un filme es una lectura, pero una capaz aportar su propia impronta. HISTORIA QUE TERMINA MAL La transición española, que se volcó a subvencionar muchas producciones que implicaron llevar a la pantalla versiones de clásicos literarios, no dio cuenta del pasado violento ni de la represión. Este silencio parece haber suscitado distintos modos de pensar y resignificar ese pasado. De las varias obras abordadas vamos a tomar, en esta oportunidad, la novela Soldados de Salamina, de Javier Cercas. En ella, son citados los versos de Gil de Biedma: “De todas las historias de la Historia sin duda la más triste es la de España, porque termina mal”. Las historias, es decir las peripecias individuales que merecen ser contadas, son las de los que perdieron la guerra y ganaron el anonimato. La narración trabaja en el cruce entre dos de los muchos relatos individuales y la guerra como hecho total. La novela –y la película a la que es transpuesta, dirigida por David Trueba- se apoya en construir la memoria desde dos historias individuales que se oponen pero transcurren una en función de otra. En el caso de Sánchez Mazas (cuya peripecia al sobrevivir a un fusilamiento da inicio a la obra) termina mal al ser confrontada al agotamiento de aquello en lo que se creyó, y la otra (la de Miralles, que pudo ser quien le salvó la vida) al llevar irremisiblemente unidos el heroísmo, la pérdida y el anonimato. Laura Scarano señala que la narración bélica, vista como antagonismo de vencedores y vencidos, es una especie de código de la narración de la especie pero en este caso se trabaja desde las semejanzas que tienen esos opuestos. El relato incluye entrevistas, testimonios, documentos, diálogos: todos los modos de excavar el pasado son a la vez medios legítimos para la narración y borran las fronteras formales de cómo narrar, o subsumen el narrar en el

recodar y en el investigar. Al hacerlo, lo más mínimo se convierte en una gesta ignorada, verdadera épica del anonimato, la búsqueda de olvido y de sentido y el encuentro final con un interlocutor válido que es quien nos presenta la historia que, de algún modo, nos estaba destinada: mientras no la olvidemos, el sacrificio no habrá sido en vano. Los registros de la narración también son distintos en cada espacio: primero es el relato de investigación por parte del narrador, de pronto inmerso en develar los pasos de un personaje oscuro –Sánchez Mazas- , fundador de la falange, cultor de la violencia, pero él mismo un cobarde. No obstante, es en la introducción del escritor chileno Roberto Bolaño (que en una película de resultados fluctuantes irremediablemente se pierde) cuando fluye una historia más inesperada, captada en un tono más emocional, uno que da cuenta de un relato que nunca había sido contado: la de aquéllos que al retirarse de la España republicana terminaron peleando en la Segunda Guerra Mundial, y a quienes nadie recuerda. Dice Miralles, ilustre derrotado, verdadero protagonista inesperado de la novela de Cercas: “Cuando salí hacia el frente en el 36 iban conmigo otros muchachos… como yo; muy jóvenes, casi unos niños… Ninguno de ellos sobrevivió… ¿Sabe? Desde que terminó la guerra no ha pasado un día sin que piense en ellos… Ninguno probó las cosas buenas de la vida: ninguno tuvo una mujer para él solo, ninguno conoció la maravilla de tener un hijo y de que su hijo, de tres o cuatro años de edad, se metiera en su cama, entre su mujer y él, un domingo por la mañana, en una habitación con mucho sol” (Javier Cercas, Soldados de Salamina, pág. 197/198, Tusquets, 2009). LAS PALABRAS Y LAS COSAS Los ensayos terminan siendo un modo de pensar un horror tan hondo que sólo caben para aprehenderlo distintos modos de narrar, en novelas muy diferentes entre sí, y en su transposición a imágenes, también muy diferentes, a veces con respecto a las novelas y relatos. También son el acto de asumir que la resignificación del pasado y su exploración (y explotación) editorial, son selectivos: valga para ello pensar que los mismos aparatos editoriales que consagraron y construyeron estos “éxitos” estuvieron cerrados para otras historias, como la del exilio infantil en la Guerra Civil Española, tal como lo narró César Payá Valera, un exiliado que escribió además series de artículos, en Los niños españoles de Morelia, un libro editado por El Colegio de Jalisco, que varias editoriales españolas rechazaron. A los exiliados se les negó el lugar, el regreso, luego los beneficios sociales (reconocidos tras una larga lucha) y también la memoria. Quizás, después de todo, termine siendo la industria la que nos diga qué recordar, cuándo y cómo ■ http://lapalabrainconclusa-literatura.blogspot.com

Las 8 preguntas para Verónica Sukaczer

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¿Qué situación de su vida cotidiana encontró reflejada con sorpresiva exactitud en un libro, una película, una canción o cualquier otra obra de arte?

-Hay un libro de ciencia ficción, “Muero por dentro” de

Robert Silverberg. Se trata de un hombre con el poder de leer los pensamientos de los demás, que un día nota que su poder comienza a desaparecer. Entonces se pregunta quién será él cuando no tenga esa diferencia que siempre detestó. Cómo se definirá cuando sea como todos los demás (que era

justamente lo que él deseaba). Son las mismas preguntas que yo me hago en relación a mi hipoacusia. Si de pronto se me ofreciera la oportunidad de escuchar bien,¿cómo me definiría?


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MARÍA ROSA YORIO, DE LOS ‘70 A HOY

“No soy la Yoko Ono argentina” te hacen reflexionar y buscar internamente. Los ‘80 fueron una época complicada, se vivía bastante de fiesta y sin mucho manual, no había manual para saber qué hacer después de la fiesta. Gracias a Dios siempre pude seguir saliendo a cantar”, confiesa sin nostalgias del tiempo pasado, más bien muy segura de que “los logros en el hoy no funcionarían en el día de ayer”. De aquella etapa conserva, asimismo, la necesidad de seguir recluyéndose en su departamento del barrio porteño de Palermo, vecindario que también comparte con Charly. “Mi casa es mi spa”, dice y habla de sus plantas, del sol y de la vista al río de La Plata, los elementos que la hacen renacer. Además, en su casa están “mis discos” y su otra pasión: la pintura, que logró convertirla en una artista fauvista. Sus obras escupen color por todos lados. Sin embargo, adentro de esas íntimas cuatro paredes algunas cosas están ausentes: la televisión y los teléfonos celulares, por ejemplo. Apostar a vivir desconectada es la manera que encontró para seguir siendo rebelde.

Testigo directa de los primeros años del rock nacional, la cantante habla de su búsqueda espiritual, de sus ataques de pánico, de las fiestas de los `80 y de su rebeldía actual. “La buena lectura te acerca invariablemente a la espiritualidad”, asegura.

“P

oné que no soy la Yoko Ono argentina, nada que ver”, pide la cantante María Rosa Yorio, ex mujer de Charly García, madre de su hijo Migue y también ex mujer de Nito Mestre. La “dama del rock”, como la llamaron alguna vez por ser una de las primeras mujeres en involucrarse en aquel movimiento musical, pasó recientemente por Mar del Plata para actuar junto a músicos locales y ofrecer un taller de respiración. Aquí desmintió que su relación con Mestre haya sido el motivo de separación del legendario grupo fundacional del rock vernáculo, “Sui Generis”, que integraron Nito y Charly en la década del `70. “Mi relación con Nito fue durante la última etapa de Los Desconocidos de Siempre (banda que se gestó a finales de los ‘70)”, evoca esta mujer “sensual”, “divertida” y “cálida”, los tres adjetivos que elige para hablar de ella misma. María Rosa -que desarrolló una carrera en la docencia de canto y que, además, se dedica a la pintura- parece haber cambiado el desenfreno de los `70 y`80 por un camino interior que la pone muy cerca de los grandes maestros de la espiritualidad, desde Cristo y Ghandi a la Madre Teresa y al papa Juan XXIII. “Lo espiritual se irradia, no hace falta hablarlo, eso se irradia, se lleva, por eso pudimos mantener una relación de amistad todos estos años con Charly”, asegura. “Al pensarse como centro del universo, el ser humano pensó que podía usar y abusar (de la naturaleza) y eso se ve en la manera en que vivimos -señala-. Yo creo que los seres humanos somos una unidad, que todo es de todos, creo que existe la ley del karma, que lo que va vuelve, tarde o temprano. Los grandes espiritualistas de la historia hablaron de lo mismo: de

CUANDO TE ROBEN “PEDÍ PERDÓN”

Divertida, sensual y cálida, así se define María Rosa Yorio. amar al prójimo, de ser humildes, de no ostentar, no al exceso de bienes materiales, respetar los ritos y observar la naturaleza”. Autora de discos como “Rodillas” y “Puertos”, que pronto verán una reedición, y también de “Mandando todo a Singapur”, Yorio cuenta que este camino espiritual empezó a desandarlo de la mano de una educación infantil que siempre hizo eje en lo artístico. “La buena lectura te acerca invariablemente a la espiritualidad, aunque hay mucha gente que lee y que no es espiritual, es verdad. Hay cosas misteriosas, es posible que yo haya tenido otras encarnaciones en otras vidas y que haya conocido a un ser espiritual importante, no lo sé, esas cosas son misteriosas y es mejor que así lo sean, esas cosas son como el silencio, trabajan sin que se note que trabajan”. Convencida de que el arte y la música son una celebración para el ser humano, la cantante recuerda que

los ataques de pánico que sufrió en la década del ‘80 también ayudaron a profundizar esa búsqueda interior. “Esos ataques hacen que te guardes,

“Soy parte de este mundo y tengo que llevarme con él -sigue-, siento amor por la vida, pero sin dudas hay cosas que pasan que son muy tristes. Hace años se hablaba de la gente que estaba tirada en las calles de Nueva York. ‘Mirá la gente que pasa al lado de ellos y siguen caminando, qué indiferencia’, se decía. Y ahora es así en Buenos Aires. Somos indiferentes a la gente que está en la calle, a los chicos que están en la calle, cuando ese chico que está en la calle es tu hijo también. Por eso cuando te roben no sólo entregá lo que te piden, sino pedí perdón. Es que somos responsables de eso, por más que vos no seas la persona directa (que generó la delincuencia)”. -¿Considera que para el músi-

co actual la música sigue siendo una celebración? -Para el músico sigue siéndolo, supongo que para todos, aunque ahora ya no lo es a nivel masivo. Ya sabemos que todo lo que concierne a la industria del entretenimiento pasa mucho por el sexo. Parece mentira que esté diciéndolo yo que fui una de las primeras que me saqué fotos en Playboy, fui sensual y lo soy para cantar. Pero me parece que ahora las chicas tienen que ser prostitutas prácticamente para cantar, el target que vende es ése y es triste, porque sabemos que hay mucho abuso infantil. Esta es una sociedad híper sexuada que no tiene mucha conciencia de a lo que puede llevar eso. Pero el amor que ponen los chicos al cantar es el mismo. Tengo un instituto de canto y veo el amor que ponen las jovencitas. En dos o tres años van a aparecer un montón de mujeres, la pasión es la misma, la pasión del músico de rock es la misma, cambian las circunstancias, las manera, los formatos. -¿Sigue siendo la “Dama del rock”? -Son títulos, muchas veces el periodismo tiene que titular y conseguir un título que sea lindo y que haga que la persona siga leyendo la nota, lo que no me parece mal, pero bueno, está bien, no me llevo ni bien ni mal. Yo soy una cantante pop, me considero una cantante pop que también puede cantar otras cosas. -¿Cómo lo ve a Charly García, después de la recuperación? -Nos tenemos muchísimo afecto, siempre nos vimos, somos vecinos. Estamos muy contentos, siempre jorobaban con que Charly era Dios, ahora está hecho una divinidad, es hermoso verlo cómo está, es maravilloso. Ahora puedo contar más con él, porque si bien Migue es grande, siempre uno tiene que estar, si por cualquier cosa lo tengo que llamar sé que puedo contar con él y que él puede contar con nosotros, podemos hablar. Para uno que ha tenido que lidiar con momentos tan complicados, está bueno ■

Primeros años del rock: entre ghetto y aguantadero “Era muy chica, había salido de la secundaria y conocí a estos jóvenes. Yo tenía mucha información, porque tuve una educación artística importante en mi casa. Me gustaba mucho la música clásica y la poesía. Fui a verlo a Charly y evidentemente la música de Sui Generis tenía mucho de poesía y mucho de música clásica, porque Charly era un concertista de piano, y me gustó mucho. Fue así que nos conocimos. Yo ya cantaba canciones en francés o cosas de

Piazzolla. Pero nunca fui corista de Sui Generis, lo primero que hice fue grabar unos coros en el disco de David Lebón e hice unos gritos en el disco Instituciones, en la parte de ‘El señor Tijeras’ y en ‘La máquina de hacer pájaros’. Con Nito hicimos ‘Cómo mata el viento norte’, pero mi real comienzo fue grabando ‘Quiero ser, quiero ver, quiero entrar’ para Por Sui Gieco, en un estudio de grabación impresionante, el estudio Fonalex”, recuerda María Rosa Yorio.

Y sigue: “Para mí era natural salir del colegio e ir a los escenarios a grabar, se vivía como algo natural, como también se vivía natural el hecho de estar en un país represivo, vivir sin demasiada libertad. Fue una época compleja, yo tampoco puedo decir que todo tiempo pasado fue mejor, porque fue una época en la que a nivel artístico éramos un ghetto y éramos perseguidos. Cuando lo fui a ver a Charly por primera vez eso era casi un aguantadero” ■

Las 8 preguntas para Verónica Sukaczer

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¿De qué lugar, personaje común o circunstancia en general que ofrece Mar del Plata se apropiaría para incorporarlo como pasaje central de alguna de sus obras?

-De todos los recuerdos de verano de mi infancia que suceden en Mar del Plata. Mis abuelos maternos y paternos tenían departamentos y allí veraneábamos cada año. Yo adoraba comer en Montecatini en esos banquitos sin respaldo.

Ir a la pequeña vuelta al mundo de Sacoa (en el subsuelo de la galería). Navegar en cisnes en Parque Camet. Mi infancia es en parte marplatense.


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Acerca de Lost y la teoría de...

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CORREGIDOR ACABA DE EDITAR “CUENTOS SELECTOS”

(fotografía de autor)

Un escritor singular: Felisberto Hernández La singular obra de quien constituye uno de los nombres más interesantes de la literatura latinoamericana del siglo XX vuelve a ponerse en circulación a partir de la nueva antología “Cuentos selectos” de Corregidor. Por M.P.P

L (Viene de página 1) Lo cierto es que la trama avanzó acumulando esos misterios sin resolver (Humo negro, viajes en el tiempo, luz celestial, Los otros, Experimento Dharma), aunque la importancia de esos misterios fue hija de la angustia de los televidentes más que de la necesidad narrativa de los mismos escritores. En Lost todo se magnificó, por esa decisión de escribir de manera fractal, bifurcada, de jugar con el tiempo, de entrelazar todo. Entonces los seguidores se enfocaron en esa historia “1” y no se dieron cuenta de que se construía, al mismo tiempo, una historia “2”. Los guionistas de Lost cerraron la historia haciendo atropellar al protagonista por un camión. Algunos pequeños misterios dejaron de serlos porque los explicaron, aunque no hubiera sucedido nada si no lo hacían. Todos querían saber qué era esa isla, por qué sucedía allí lo que sucedía, pero la isla fue el McGuffin más grande de la historia de la narrativa. Dentro de esa isla, otros miles de McGuffins (osos polares, rueda electromagnética, bucles temporales…) y como todo McGuffin al final desapareció. La complejidad de Lost se reduce a nada cuando a la serie se la analiza así. A tal punto que dejan de impor-

tar mágicamente todos los misterios. La isla en el pacífico podría haber sido un Shopping latinoamericano, porque lo que los creadores de Lost querían contar era otra cosa. Querían desarrollar las relaciones personales entre los protagonistas. Puede ser real que en medio de la trama los guionistas hayan cambiado, pero el resultado final es indiscutible para quienes conocen un poco de técnicas de escritura literaria de ficción, en cualquiera de sus géneros. Al final, los protagonistas se reúnen en un templo religioso, ya muertos, para pasar a la eternidad. Pero lo hacen de una manera determinada: eligen pasar la eternidad con las personas que quieren, y ese querer se fundamenta en las vivencias derivadas del accidente del Oceanic 815. Finalmente están Encontrados, no Perdidos. Eso me recuerda casi de manera literal al genial portugués José Saramago, que en su libro “La Caverna” escribió años atrás algo parecido. La hija del alfarero protagonista de la novela descubre un perro en la casa de campo, un perro que aparece por ahí. Entonces lo decide adoptar y le pide al padre que le asigne un nombre: “Tal vez a éste le llame Perdido”. Y la hija lo corrige: “Hay otro que le

sentaría mejor, Encontrado”. El padre finalmente aprueba: “Sí me parece una buena idea, estaba perdido y ha sido encontrado”. EL FIN El final de Lost, ese que a muchos les dejó un sabor amargo, justifica toda la trama, no la explica. El final físico no siempre es el final. Hay muchos ejemplos en la literatura donde los finales no existen desde el punto de vista narrativo tal como uno está acostumbrado a percibirlos. Recientemente se publicó, para goce del mundo entero, Principiantes, la versión original de “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, de Raymond Carver. Sus cuentos, pasados o no por la tijera de Gordon Lish, son eso: historias con finales que parecen no serlos, pero que operan para concluir la conformación de los personajes y no de los episodios. Los millones de seguidores de Lost que reniegan del final de la serie no son conscientes de que la causa que los lleva a la insatisfacción es lo que, por el contrario, tendría que anularla. Están insatisfechos o disgustados en el “final” porque en el “trayecto” estuvieron satisfechos o gustosos. Y de eso se trató esta ficción tan peculiar. Del viaje ■

a obra de Felisberto Hernández (19021964), escritor y pianista uruguayo, desconcierta por su singularidad. Sus relatos, bajo un tono aparentemente ingenuo, descolocan e inquietan y advierten sobre otras maneras de percibir la realidad. Así como lo menciona Gustavo Lespada en el prólogo de “Cuentos Selectos” (Corregidor), la nueva antología de la obra del autor, Hernández se verá atraído por lo “que no sabe”, por “las zonas laterales del pensamiento”, proponiendo “un registro que desdeña certezas y estereotipos”. Entre los rasgos más característicos de su narrativa se encuentran la animación de objetos, la cosificación de lo humano, la fragmentación del cuerpo, el lugar de privilegio otorgado al mundo infantil, los dobles y duplicaciones, el humor absurdo, lo onírico, todo ello según “un enfoque enmarcado y fragmentario” que Lespada relaciona con la lógica del montaje de la estética cinematográfica.

Si bien su original literatura no fue valorada en su momento por el público lector, no sucedió así con importantes figuras como Ítalo Calvino quien lo caracterizó como un “francotirador” que desafía toda clasificación y todo marco-, Juan Carlos Onetti y Julio Cortázar, prologuista en el año 1975 de una antología francesa de sus cuentos. De la misma manera hubo críticos muy importantes como Angel Rama o José Pedro Díaz que han colaborado notablemente en los estudios sobre la obra del autor. Precisamente Angel Rama fue el encargado de ordenar y dividir su narrativa en tres etapas bien diferenciadas. La primera está conformada por sus primeros cuatro textos: “Fulano de tal” (1925), “Libro sin tapas” (1929), “La cara de Ana” (1930) y “La envenenada” (1931), todas ellas publicaciones muy precarias, impresas en el Uruguay. La segunda fue denominada “etapa memorialista” y está integrada por sus relatos más extensos: “Por los tiempos de Clemente Colling” (1942), “El caballo perdido” (1943) y “Tierras de la memoria” (escrita casi en su totalidad en 1943, pero publicada póstumamente en 1966) donde emplea como material al recuerdo, pero tal como lo afirma José Pedro Díaz “no para trabajar sobre lo recordado, sino sobre los modos de su evocación, sobre la relación de su presente sobre lo evocado, sobre el modo de asirlo que dispone”. Finalmente la última etapa, donde vuelve a los relatos breves, la conforma el libro de cuentos “Nadie encendía las lámparas” (1947) y los textos publicados posteriormente. En este período se intenta alcanzar la representación de percepciones o visiones que re-

basan los límites de la poética realista y muchas veces han sido denominados de modo erróneo (a falta de una mejor etiqueta, como ya reflexionó Cortázar) relatos fantásticos. Hace pocos días Corregidor ha publicado “Cuentos selectos”, una antología prologada y seleccionada por Gustavo Lespada, investigador argentino estudioso de la obra de Hernández. La antología está compuesta por distintos textos correspondientes a la segunda y tercera etapa ya señaladas. De la segunda etapa se ha seleccionado “para representar la trilogía de la memoria”, en palabras de Lespada, “El caballo perdido” (1943) y dos textos breves, “La pelota” (1945) y “Mi primera maestra” (fragmento de “Tierras de la memoria”). De la tercera etapa se ha reproducido en su totalidad “Nadie encendía las lámparas” (1947) junto a cuatro desopilantes relatos: “Mur” (1948), “El cocodrilo” (1949), “Lucrecia” (1952) y “La casa inundada” (1960). El último nombre de la selección es la “Explicación falsa de mis cuentos” (1955), un breve texto que fue publicado por primera vez en la revista La Licorne en Montevideo. Allí Felisberto afirma que sus cuentos “no tienen estructuras lógicas” y que “no conocen sus leyes, aunque profundamente las tengan y la conciencia no las alcance”. Es decir, admite un orden en sus textos, pero un orden regido por una lógica distinta de la tradicional, que responde a las rupturas tributarias de las vanguardias. Ante la pregunta de cómo escribía sus relatos, Hernández respondió con este texto que lejos de ser una “explicación” constituye otro relato, “una ficción acerca de sus ficciones”, como lo declara Gustavo Lespada. Esta antología resulta una gran oportunidad para aquellos lectores que aún no hayan ingresado en el singular y misterioso mundo de Felisberto Hernández, sin lugar a dudas uno de los narradores más originales de la literatura latinoamericana ■

Las 8 preguntas para Verónica Sukaczer

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¿Cuál es el mejor diálogo que recuerda entre dos personajes de ficción?

- Elijo una pequeña muestra, pero en realidad acá debería aparecer un libro completo: “Groucho&Chico, abogados”

de los Hermanos Marx. Groucho: -Ravelli, ¿se da usted cuenta de que llega media hora tarde? Chico: -No pude evitarlo, Mr. Flywheel. Me caí rodando por las escaleras.

Groucho: -¿Me va a decir que le costó media hora bajar rodando las escaleras? No me creo ese cuento. Chico: -Muy bien, si no se cree ese cuento, le contaré otro...

Algo pop debe haber en el ambiente Egresado y docente de la Escuela de Artes Visuales Martín Malharro, Yamandú Rodríguez cuenta cómo nació su proyecto fotográfico basado en el cuerpo humano y con el que propone construir “el repertorio de una época”.

tografíe de su cuerpo, algunas no posan sin ropas, otras quieren determi-

nada vestimenta (una quiso salir con el vestido que perteneció a su abuela,

Por Yamandú Rodríguez

Y

o pintaba cuadros hasta que un día me di cuenta de que no me alcanzaba con los cuadros: necesitaba registrar la imagen de otra forma. Este proyecto fotográfico no tiene nombre, trabajo en él desde 2004 ó 2005 y ya tengo unas 150 mil fotos sacadas. Mi idea es trabajar con el cuerpo humano, un tema que está en el arte desde hace cerca de 500 años, o más. Fotografío a chicas, modelos no profesionales a las que contacto por internet (por medio de mi fotolog, de MySpace o de avisos que aparecieron en revistas y diarios). Depende de las modelos van apareciendo diferentes cosas: hay chicas que me dicen qué les interesa que fo-

por ejemplo). Ellas mismas se producen. Y así el aspecto va surgiendo de las fantasías de la persona y también de mis ideas. Decidí no fotografiar rostros, me interesa otro tipo de gestualidad, sin necesidad de recurrir al rostro o a los ojos, que es lo que siempre vi en los trabajos sobre cuerpo humano. Entonces aparece el anonimato. Mis fotos son como un juego entre lo amateur y la obra de arte que se presenta en lugares profesionales. Ya se vieron en muestras que se realizaron en Lituania, en Londres, en Milán, en Nueva York y en Mar del Plata. Pretendo seguir con este proyecto durante treinta años. Por eso puede entenderse como un proyecto sociológico o de investigación: es también una compilación de la moda, de lo fashion y del entorno (las fotografías las saco en las casas de las mismas chicas). Creo que serán un testimonio de lo que se usa, una suerte de repertorio de época. En el futuro voy a poder decir “en el 2010, en el 2010 se usaba esto o lo otro”. Algunas fotos resultan muy coloridas: hay épocas que son más coloridas que otras. Tienen algo pop. Debe haber algo pop en el ambiente, o por lo menos algo pop se está generando en mi cabeza ■

Las 8 preguntas para Verónica Sukaczer

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Si le permitieran ingresar en una ficción y ayudar a un personaje, ¿cuál sería y qué haría?

-Iría a la casa de la familia March, y les diría: en el capítulo tal de la continuación de “Mujercitas”, Beth se muere. He leído ese libro infinidad de veces, y Beth siempre se

muere en el mismo capítulo. ¿¿¿Pueden hacer algo, por favor??? Y luego les pasaría, de contrabando, una dosis de penicilina.


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C U LT U R A Grandes libros, pequeños lectores EL JURAMENTO DE LOS CENTENERA. Lydia Carreras de Sosa Buenos Aires, Edelvives. 2009 Por Elena Stapich Integrante de la ONG Jitanjáfora (*)

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a novela está narrada en el cruce de dos géneros: una historia de inmigrantes (a la manera de Memorias de Vladimir, de Perla Suez o Stéfano, de María Teresa Andruetto) y el relato policial de investigación, hipotético-deductivo. Es que, por si fueran pocas las penurias de los inmigrantes, cinco de los hermanos Centenera salen de España r u m b o a América, pero cuando desembarcan en Buenos Aires quedan cuatro. María, la hermana menor, discapacitada, desaparece en el barco el día antes de llegar. Hay una búsqueda desesperada e inútil. El título alude a la imposición del hermano mayor: no volver a hablar de la hermana desaparecida, seguir viviendo como si nada hubiera ocurrido. No contarle ni siquiera a Lupe, la hermana casada que quedó en el pueblo. Las cartas de Lupe son conmovedoras por lo que dice, por lo que calla y por lo que ig-

nora: “En la próxima carta quiero ver una línea de cada uno de vosotros para asegurarme de que no habéis olvidado como se sujeta el lápiz. María me dibujará una flor junto a su nombre, ¿verdad?” Pero a Josep, el narrador-protagonista, se le hace demasiado pesada la carga y comparte con alguien su secreto. Sin haberla pedido, encontrará ayuda y el enigma comenzará a desenredarse siguiendo los códigos del policial: habrá varios sospechosos y un final inesperado. Si bien hay un personaje que cumple la función de detective, el lector es convocado a formular su propia hipótesis y para ello algunos indicios se van deslizando a lo largo de la narración. El suspenso crece y se hace difícil abandonar la lectura sin conocer el desenlace. La autora ha encontrado para la voz narrativa un registro verosímil, sin saturar el texto con anacronismos y términos peninsulares que hubieran introducido una distancia lingüística difícil de salvar para los lectores juveniles ■ (*) Jitanjáfora es una ONG marplatense dedicada a la promoción de la lectura y la escritura.

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Estación Mandioca: sello editorial y propuesta didáctica Por Sebastián Jorgi

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e trata de un nuevo sello editorial, con publicaciones de clásicos (Drácula, de Bram Stoker) y antologías de cuentistas también ya clásicos (Cuentos en acción, que compendia a Lugones, Soriano, Cortázar, Bradbur y, Walsh, Anderson Imbert y Quiroga). El proyecto y dirección editorial está a cargo de Raúl González, la Dirección de ediciones, Judith Rasnosky, la dirección de Arte, Valeria Bisutti y la directora de la colección es Karina Echevarría. Además de un equipo de traductores, caricaturistas e ilustradores, que hacen de sus colecciones un exponencial muestrario estético. Fue con miras a una serie de trabajos sobre literatura infanto-juvenil que he contactado a este nuevo sello. Y sí: pensemos en Julio Verne, en Emilio Salgari, en Edgar Allan Poe, en relecturas necesarias que nos atrajo siendo recién salidos de la infancia, aún entrando en la adolescencia. Y por qué no más hacia la adultez…¿cuál es el límite de la literatura infanto-juvenil? Más allá de disquisiciones sobre el tema, lo importante en este caso es que Estación Mandioca en sus publicaciones contextualiza épocas, historia de la literatura, biografías de los autores antologados y paralelos con otros, cuadros de movimientos literarios y propuestas de análisis estilístico y argumental de las piezas, de manera que el ámbito resultará propicio para maestras y profesoras. Y si digo “maestras y profesoras” es porque tampoco debe haber un límite

cortante entre un pibe de 10 - 11 años y otros de 14 - 15. (Recuerdo haber leído Los tres mosqueteros y El señor de Ballantrae a los 11 u 12 años). En suma, la propuesta didáctica para primaria y secundaria, está muy bien asentada en es-

Un análisis sobre el parque de la Villa Victoria “Análisis paisajístico del Parque de Villa Victoria Ocampo Mar del Plata”, Patricia Crowder, Editorial Martin, 104 páginas

E

l parque de Villa Victoria Ocampo es un emblema del paisaje cultural de Mar del Plata. En el libro se pone en valor el diseño realizado por el ingeniero Manuel Silvio Ocampo, padre de la famosa escritora Victoria Ocampo, a comienzos de la segunda década del siglo pasado. La perfección de ese diseño, según el análisis de la autora, posiciona al ingeniero Ocampo como uno de los mejores paisajistas que tuvo el

país, si bien su especialidad fue la ingeniería civil. Se analizan por primera vez en el ámbito del paisajismo de parques privados, las variables que consideró Ocampo para el diseño de su parque: Marco contextual social a principios del siglo XX, estilos constructivos, condiciones topográficas, características climáticas, profundo conocimiento sobre plantas. La autora descubre ocho niveles de vegetación que van desde los cubresuelos hasta los árboles de primera magnitud, mapeo de texturas, texturas visuales, diseño y mantenimiento conteniendo además una excelente propuesta para revitalizar y potenciar su uso urbano. Este diseño, según la autora, dio el pun-

tapié inicial para caracterizar a la zona que hoy conocemos como Barrio Los Troncos. La autora es especialista en análisis paisajístico, (Univ. Torcuato Di Tella) y graduada en Planeamiento del Paisaje (UNLP). Es miembro de la International Association Landscape Ecology (IALE). Publicó en 2005 “Mar del Plata: Fragilidad costera” (Ed. Martin) ■

Las 8 preguntas para Verónica Sukaczer

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) ¿Recuerda haber robado un libro alguna vez? ¿Cuál o cuáles?

-No, nunca me he animado. Una vez robé una cereza en una frutería y mi mamá me retó de tal manera que luego se la di a una de mis hermanas para que se la comiera (cosa que

hizo sin culpa alguna).

tas colecciones, con dibujos y fotos que ponen “en clima” como en las historietas. Una propuesta didáctica, para docentes y no docentes, ediciones con fino gusto estético. Enhorabuena ■


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C U LT U R A

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■ Lecturas

■ El anaquel de los usados

Semana del 7 al 13 de junio de 2010 Fuente: Cámara de Libreros del Sudeste de la provincia de Buenos Aires.

Los libros más vendidos de la semana

“¿Me haces el favor de bajar otra vez de la estantería el libro de antes?” (Stephen King en Mientras Escribo)

FICCION 1 “SIETE VIDAS”. 2 “VENGANZA EN SEVILLA”. 3 “200 AÑOS DE POESÍA ARGENTINA”

John Grisham. Matilde Asensi. Antología a cargo de Jorge Monteleone.

Plaza y Janés. $69. Planeta. $59. Alfaguara. $149.

NO FICCION

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uede estar ajado. Descangallado y hasta mordisqueado por roedores. Alguno hasta tenga rastros de la torpeza de un lector enviciado que cierta noche dejó caer la taza de café sobre él. Nada de eso le restará el valor de la compañía, del texto amigo. Los libros usados son parte de la religión a la que se someten aquellos que buscan ampliar su pensamiento.

Librería Maya, sita en Olavarría 3148, tiene en venta “Las Cruzadas”, de Hillaire Belloc, en edición del año 1951 de Emece Editores S.A. Por 50 pesos el lector entendido podrá acceder a Belloc, un historiador de universal renombre, para quien el Gólgota representa la tragedia más honda y dolorosa de la humanidad; Las Cruzadas, el drama más cruento y de consecuencias más lamentables para la civilización cristiana. No se puede soslayar que Belloc es, ante todo, un católico fervoroso. Para él, las Cruzadas no significan otra cosa que la culminación de un pleito secular entre la cristiandad y el islamismo, pleito que el mismo Belloc no piensa todavía que haya terminado. En Compacto (25 de mayo 3152), dos rarezas a un precio irrisorio. Por un lado, “Stendhal enamorado”, un pequeño libro de 157 páginas editado en el año 2000 por Errepar. Consiste en textos brevísimo del amor observados con una mirada analítica de rigor cuasi científico de parte del autor de “Rojo y Negro.” “El libro que sigue explica sencillamente, razonablemente, matemáticamente, por decirlo así, los diversos sentimientos que se suceden unos a otros y cuyo conjunto se denomina la pasión del amor”, reza el prólogo. La otra propuesta de Compacto, es un volumen que analiza “En la Sangre”, la novela de Eugenio Cambaceres. Es un estudio que forma parte de la colección publicada en 1994 por Editorial Plus Ultra y no sólo permite disfrutar de la obra de Cambaceres, sino además aporta un contenido de gran valor. Tiene entre sus apéndices un cuadro de época, la vida de Cambaceres, el juicio de varios estudiosos y una carta literaria sobre el naturalismo, entre otros textos. Tiene un total de 246 páginas. Cada libro tiene un precio de 3 pesos. En el local 30 de la galería ubicada en Santa Fe 1828 está Libros Mariano, donde hay dos clásicos. De Jorge Amado, “Teresa Batista cansada de Guerra”, una novela que editorial Losada ofreció en 1979 en la que resultó ser su novena edición. Se trata de una de las obras principales en la producción de un clásico como ya es Amado. Este ejemplar de 508 páginas tiene un valor de 26 pesos. Junto a él, una joya para quienes gustan de la literatura francesa. Con traducción de Silvina Bulrrich, Memorias de una joven informal, la biografía de Simone de Beauvoir. De editorial Sudamericana, la quinta edición apareció en 1966 para un libro de 387 páginas que se puede conseguir por 34 pesos. Más que librería es un anticuario doméstico, el local ubicado en 3 de febrero 3165 y en cuyos anaqueles se observan extraños ejemplares de libros y revistas. Uno que se destaca es “La vida dura” de Mark Twain, editado por Lauro en 1944, que ofrece un nuevo texto del primer gran escritor del oeste estadounidense. Con tapa dura, traducción de Pedro Elías y 391 páginas, tiene un costo de 30 pesos ■

Homenaje a Sobrón La Biblioteca Municipal de Escritores Marplatenses informó que se realizará hoy a las 18 un homenaje al escritor Luis María Sobrón, con motivo de conmemorarse el Día del Escritor. Será en el centro cultural de Smata, en 9 de Julio 3276. El acto contará con la disertación de la profesora Alba Fede, que se referirá a la obra del

escritor. Habrá una ronda de lectura de poemas de su autoría por parte de escritores de la ciudad. Al mismo tiempo, estarán en exposición los libros del poeta que pertenecen a la colección de la biblioteca, en el hall de entrada al Centro Cultural hasta el 18 de junio, y en la Biblioteca Pública Municipal Leopoldo Marechal ■

1 “EL LEGADO DE MANDELA”. Richard Stengel. 2 “HISTORIA DE UNA BIBLIOTECA”. Tomás Abraham. De Platón a Nietzsche. 3 “DISFRUTAR”. Ignacio Trujillo.

Temas de hoy. $57. Sudamericana. $75. Vergara. $49.

RECOMENDADOS 1 “EL ÁNGEL NEGRO”. Vida de Carlos Robledo Puch. 2 “FILOSOFÍA Y NACIÓN”. 3 “UN LEÓN LLAMADO CHRISTIAN”.

Rodolfo Palacios.

Aguilar. $59.

José Pablo Feinmann. Anthony Bourke y John Rendall.

Seix Barral. $35. Plaza y Janés. $59.

Recomendados:

Extracto de “El ángel negro”, de Rodolfo Palacios

C

onocí a Robledo Puch la mañana del viernes 18 de julio de 2008. Hasta ese día se había negado a mis insistentes pedidos de entrevista gestionados ante el Servicio Penitenciario Bonaerense. Su respuesta era siempre la misma: “No quiero saber nada con los periodistas”. Había pruebas de sobra para demostrar su odio a la prensa. Un día, durante una visita de

los medios y las autoridades penitenciarias por los pabellones de la cárcel, un funcionario le preguntó al preso más famoso del penal si quería dar alguna nota. Robledo respondió: -Odio a los periodistas porque por culpa de ellos mi madre intentó suicidarse. La destruyeron. -Si cambia de opinión, me avisale propuso el funcionario. -¡Espere, espere, se me ocurrió

una idea!- exclamó Robledo-. Voy a hablar con el periodista que tenga los huevos para hacer algo que me obligaron a hacer varias veces... -¿Qué es? -Arrodillarse y lamer el fondo del inodoro que acabo de usar. Hasta que quede bien limpito. Casi diez años después de esa anécdota logré que Robledo me recibiera sin necesidad de limpiar el baño de su celda ■

Recuerdo de lecturas vincule a sus afectos. A partir de tener un incidente autobiográfico al observar la cubierta de una historieta de Mickey Mouse, su neurólogo y su esposa lo convencen de que abandone Milán y se recluya un tiempo en el viejo caserón de las colinas piamontesas en el que pasó algunos años de su infancia, donde conserva sus primeros libros, revistas, discos y afiches de películas. A partir de allí, se desarrolla, en mí opinión, la mejor ficción de Eco. Bodoni comienza a recuperar lo que le falta de memoria utilizando aquellos indicios desconocidos como elementos a interpretar. Entonces, de a poco, comienza a tener un pasado, pero un pasado posible entre infinitos senderos que se bifurcan, situación que lo desplaza a otra búsqueda: la de una identidad. Y para finalizar, el comien-

Por Leo Huebe

Estas no son reseñas de libros sino recuerdos de lecturas. Han sido escritos en mesas de bares, sin un soporte electrónico enfrente ni una biblioteca cercana. Cualquier corrección, comentario o sugerencia serán bien considerados en leohuebe@yahoo.com: En uno de los capítulos de la sexta temporada de la serie “Lost”, Sun-Hwa Kwon se golpea la cabeza contra un árbol y se desmaya. Cuando recupera el conocimiento ha perdido la facultad de hablar el inglés (aunque lo entiende y lo escribe) y sólo puede comunicarse en coreano. Giambattista Bodoni, murmuré, ya que en ese momento recordé al amnésico en el que se centra la novela de Umberto Eco, “La misteriosa llama de la reina Loana”. A diferencia de Sun, Bodoni, alias Yambo, lo que pierde es la memoria explícita episódica o autobiográfica, la más ligada a las emociones, la que relaciona el presente con el pasado. O sea: sabe cepillarse los dien-

tes, recuerda párrafos enteros de los libros que ha leído y reconoce las señas de los incunables que hay en los estantes de su librería de anticuario, pero no logra recordar nada que se

zo: -¿Y usted cómo se llama? -Espere, lo tengo en la punta de la lengua. Todo empezó así ■

Las 8 preguntas para Verónica Sukaczer

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Un extraño hongo se esparce por su biblioteca y consume de manera irrefrenable los libros. Sólo dispone de unos segundos para actuar y salvar a tres de ellos. Lo que usted hace para ganar tiempo es arro-

jar a la voracidad del hongo a otros tres libros. ¿Cuáles serían los sacrificados y cuáles los salvados? -Me niego a quemar libros. Ni siquiera los que detesto. Así

que lanzo al fuego a algún escritor en vez de a sus libros y rescato alguna antología de poesía, “Cien años de soledad” y “Antología de la literatura fantástica” de Ocampo, Borges, Bioy Casares.


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C U LT U R A

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Escritores que dejan de escribir, lectores que no quieren leer

Cenáculo.14

Por Fernando Cermelo (*)

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esde hace unos años, algunos novelistas y críticos literarios están prestando atención a aquellos autores que escribieron muy pocos libros o los que en un momento decidieron dejar de hacerlo. Aparece así una lista de autores parcos, caprichosos, silenciosos, cuya marca distintiva es una obra de pocos pero importantes libros. Parte del misterio de esos escritores que dejaron de escribir, por propia decisión o por haber muerto jóvenes -entre cuyos nombres estarían Rimbaud, Rulfo, Salinger, Wittgenstein, Valery Larbaud, Robert Walser, Lampedusa- consiste en imaginar qué más hubiesen escrito, cómo hubieran sido aquellas obras que tal vez imaginaron y que nunca realizaron. Y sus lectores esperan siempre el milagro de nuevos libros, de historias desconocidas y ya imposibles. Los buenos lectores sienten que, a pesar del gran regalo que fueron sus textos, el mundo (pero sobre todo ellos mismos), pierde algo. Tienen la inquietud de haber perdido algo que en realidad nunca existió. De esta lista de escritores, que se podría considerar casi obligatoria de lectores exquisitos, podrían surgir dos más: una de los escritores que en algún momento “casi” dejan de escribir, y otra (más antipática pero tal vez más útil) de aquellos escritores que, en un momento de su vida literaria, hubieran hecho mejor en dejar de hacerlo. La lista de los autores que casi dejan de escribir incluiría el nombre de grandes escritores que en un momento, antes de publicar sus obras más importantes, se enfrentaron a la encrucijada de dedicar su vida a la literatura o a otra cosa. Muchísimos, entre otros Faulkner, Pavese, Flaubert, Kafka, Carver, Proust, se plantearon en algún momento si valdría la pena dedicar una vida al ejercicio de la literatura. Alguien dijo que convertirse en escritor es haber respondido más o menos bien a la pregunta de por qué escribir. De la respuesta a esa pregunta surgieron El sonido y la furia, Madame Bovary, El Castillo, En busca del tiempo perdido. De la lista de los otros autores, no podemos dar nombres. Valga como diferencia entre una y otra lista, la tristeza de los lectores al no poder leer ninguna novela

Por Luciano W. Franco

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Franz Kafka.

Juan Rulfo.

Lampedusa. más de, supongamos, Juan Rulfo, y el desencanto al leer un libro más de aquel autor que tanto nos había gustado en los años ochenta. En el primer caso se trata de la imposibilidad de leer lo que no existe, en el segundo, de la decepción de que el autor tan admirado, el autor que había escrito tan buenos libros, ya no vuelva a hacerlo. De unos lamentamos los libros que no escribieron, de otros los que siguen escribiendo. Por supuesto que todas estas imperti-

nencias y provocaciones están planteadas desde un lugar muy seguro: el lugar del Lector. Personaje que no arriesga nada, personaje que se siente con derecho a criticar obras que exigieron por parte de sus creadores tiempo y quizás desconocidos sacrificios. Pero es también un personaje ubicuo y atemporal que ha logrado que muchas obras sigan existiendo. Un ignorante o un sarcástico (los límites a veces no son muy precisos) diría que el mundo no sería muy distinto sin los grandes libros. O que el hecho de que muchas personas no lo lean, no hace que el mundo sea mejor o peor. Qué importancia tendría si Shakespeare hubiese dejado de escribir antes de haber creado al príncipe Hamlet, al traidor Macbeth o al loco Lear, si nadie se acuerda de ellos o no se leen. Qué cambiaría en el mundo si Moby Dick no existiera. Pero los lectores (los verdaderos lectores) creen que el mundo sí es distinto con esos libros. Por eso se deprimen ante la ausencia de libros que no se pudieron escribir. La sola posibilidad de la existencia de Moby Dick o del Quijote, la expectativa del encuentro del libro con su lector, y sobre todo, la lectura y recuerdo de esas historias, justifican una parte importante de la gran Historia y a veces una o varias vidas ■ (*) Licenciado en Letras y profesor de Literatura en varios Institutos de Mar del Plata. Escribe artículos y cuentos para varias revistas.

Madre sin hombre Por Raúl Alonso

Te conducirás con subterfugios no siempre claros no siempre ajenos cotejarás a menudo hados y prejuicios engendrarás vacíos sobre vacíos y tendrás pavura de ellos al final de cada día gozarás de coraje renacido no siempre confirmado no siempre propio tendrás ilusiones de acero

agua y papel glacé engendrarás juegos sobre rondas y serás feliz por ellos al final de cada día trabajarás silenciosa y pétrea pero siempre silenciarás en ocasiones y otras tantas gritarás lucha erigirás estandartes largos como años engendrarás hombres sobre niños te hallarás altiva por ellos al final de tus días.

os reunimos para hablar y sostener los códigos que a su vez nos sostienen. ¿Cómo explicar esto? Desde nuestra óptica -que es la óptica abarcativa- hay cantidades de experiencias, avatares, vicisitudes en las vidas de los hombres, lo que no hay es tiempo. Porque no tiene sentido medir el tiempo, al menos para nosotros. Cuando la vida es finita, el discurrir debe ser segmentado, explicado, ordenado. Sin embargo, no es necesario para los que poseen el don de la vida eterna. Quienes profesan con más fervor su amor por los dioses podrán argumentar que se han ganado la vida eterna, pero eso es un error. Lo que se ganan, en todo caso, es la eternidad durante la muerte, que es algo muy distinto. Seria muy sencillo para nosotros ser más claros en ciertas cosas: por ejemplo, la muerte. Pero nos divierten tanto las fantasías que el hombre ha ideado respecto a que le ocurre cuando fallece y, a la vez, es tan saludable para ejercitar la imaginación que se necesita en otras instancias, que no nos involucramos. Igualmente, de la muerte voy a hablar más adelante. Ahora estaba tratando de expresarme en lenguaje escrito en relación al Cenáculo. Decía que al tiempo no lo advertimos, como sucede con toda criatura eterna. El antes, el ahora y el después ni siquiera nos sirven para establecer un orden. Por todo esto no puedo decir que desde hace un tiempo nos reunimos, aunque a favor de un entendimiento mejor debo expresarlo de esa manera: desde hace un tiempo nos encontramos (no son nuevos encuentros, es siempre el mismo) y entonces hablamos. ¿Dónde? El espacio es infinito, por lo que no hay bordes ni sectores distinguidos en perjuicio de otros menos beneficiados. Es un verdadero inconcino. El arriba y el abajo se modifica con el solo reposicionamiento del cuerpo. Bueno, llamémosle cuerpo. Es en verdad, la manera en la que enfocamos o visualizamos. Para que el lector tenga una idea más cercana a sí mismo de lo que pretendo transmitir, desde un lugar inubicable surge nuestra percepción y moviéndonos es que cambiamos ese lugar. Esto es más complicado de lo que pude imaginar. Cuando me arroje a la tarea de utilizar un medio humano -la escritura- para contar sobre mi forma de hacer las cosas, nunca sospeche siquiera que me encontraría tan limitado. En la Tierra, en la vida propiamente dicha, podemos aparecer por cualquier sitio, romper lo que para los hombres son barreras infranqueables, como la materialidad. En el espacio que el cielo nos brinda tampoco hay afueras ni adentros, ni arribas ni abajos, ni antes ni ahora. Creo haber sido claro y si no lo fui se me agotan los recursos que no sean aquéllos que se manifiestan por medio del embrujo. Y no quiero apelar todavía a esos artilugios. Prefiero la ambigüedad a una nueva intervención. En definitiva, en aquel lugar impreciso es donde nos reunimos. No falta nadie. Todos los de mi tipo están allí. Y reina la concordia por propia definición de cada uno de nosotros. Después del partido de fútbol -o antes, o quizás durantedestacaron la manera en que resolví la paradoja del arquero que rogaba por su valla invicta y el delantero implacable, que nunca fallaba. También analizamos el alto nivel de intervencionismo al que estamos obligados, dada la proliferación de malas acciones de los hombres. Nosotros realizamos actos consecutivos. Por decir algo: en el reciente Cenáculo se trató el tema de mi intervención el partido de fútbol y luego, después, posteriormente, se celebró la audaz y expeditiva manipulación de otro de nosotros en el nacimiento koala en cautiverio. Todos se sorprendieron en el zoológico porque se aferraban a la ciencia y decían que la tomografía había mostrado un solo bebé. Pero mi compañero colocó uno entre la paja y las piernas de la mamá. Bueno, pero decía que fue después, por lo cual alguna relación con el tiempo tenemos casi parecida a la de ustedes. Si no, nos volveríamos locos ■

Las 8 preguntas para Verónica Sukaczer

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Se le concede la extraordinaria excepción de hacerle una única pregunta a uno de sus tantos escritores predilectos. ¿Qué le preguntaría?

-Debido a varias experiencias traumáticas y/o frustrantes, he aprendido con los años a separar la imagen del escritor de su obra. No me interesa la persona. Me niego a conocer a los

escritores cuyos libros adoro. No hay preguntas. Sin comentarios.

13junio  

BORGES, POE Y SARAMAGO Por Fernando del Rio fernandodelrio@lacapitalmdq.com.ar *Verónica Sukaczer nació en 1968 en la ciudad de Buenos Aires...

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