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23 Del 12 al 18 de junio de 2010

El Gallinero EL ARROZAL

Tribuna libre

Manuel Gil Mellado Secretario General de FETE-UGT-Córdoba.

Noventa y siete días

proximadamente nueve meses al año, de lunes a viernes, recorro caminando el mismo itinerario. Comienza al final de Jesús Rescatado, casi llegando a Cañero, y finaliza en Cruz Conde. Tardo en el trayecto exactamente veintidós minutos y es una autovía humana con su propia banda sonora. Cada tramo del viaje puede representarse a través de una persona con la que me cruzo y, gracias a mi MP3, con un grupo de música que la sostiene. En el inventario de mis últimos nueve meses están recogidos, entre otros, los siguientes apuntes: En el bando humano, La niña de la tienda de telefonía móvil, El autista sonriente de la cafetería Salazar, el opositor comprador de churros , el profesor de escuela con husky y bufanda y la expendedora adorable del 20 minutos; en el lado musical Midlake, The Wedding Present, The Go-betweens, The Jayhawks y The Organ. El lunes siete de Junio, tras noventa y siete días sin realizar mi expedición de veintidós minutos, volví a calzarme los zapatos de trabajo y reanudé mi camino. Eso sí, en la misma intersección de la chica de la telefonía, en lugar de ésta, ha aparecido una postadolescente distinta, cajera de supermercado, que usa unas ray ban wayfarer de imitación; el autista ya no está, aunque lo imagino con un nuevo amigo silencioso tomando un batido; del opositor, ni rastro: debió aprobar; la expendedora adorable fue sustituida por otra menos eficiente y, por supuesto, infinitamente menos encantadora; en cuanto al maestro, rezo con devoción porque no fuera interino, porque ya no lo veo. Sin embargo, la música no ha cambiado. Por suerte o desgracia escucho básicamente lo mismo. En definitiva, el siete de junio de dos mil diez he descubierto algo terrible: La miseria moral del desempleo es aún mayor y más sutil de lo que sospechaba. Esos noventa y siete días en mi casa me han separado para siempre de algunas vidas que durante veintidós minutos me han acompañado en mi camino durante doscientos sesenta y ocho días, sin tan siquiera poderme despedir de ellas. Afortunadamente, me queda la música.

A

Adolfo Carrillo

Sobre la huelga de funcionarios l 8 de junio los empleados públicos fuimos a la huelga en contra de los recortes impuestos por el Gobierno y porque no podemos permanecer impasibles ante el recorte de derechos más importante efectuado en estos 30 años de democracia. Protestamos no tanto porque nos tocan el bolsillo injusta e ilegalmente, sino porque nos tocan nuestra dignidad como trabajadores. La campaña mediática en contra de los funcionarios, alentada tanto por el Gobierno como por la oposición, es totalmente injusta. Funcionario puede ser cualquiera, es sólo cuestión de estudiar una carrera, prepararse unas oposiciones durante varios años y competir con unos cientos, a veces miles de opositores para obtener una plaza. Y, una vez conseguida, iniciar una errática carrera por distintas localidades, incluso fuera de tu provincia durante muchos años, a veces toda tu vida laboral, para ganar sueldos que en un 60% de los casos no superan los 1.500 euros. Cualquiera puede ser maestro, profesor, juez, inspector de policía, de hacienda, de sanidad, médico, bombero, administrativo… y por ello no hay ni que envidiarlo ni que denostarlo, porque todos podemos serlo. Algunos se llevarían un chasco con el sueldo (el 40 % apenas son mileuristas); con la tan envidiada estabilidad, cuando en algunas administraciones las tasas de interinidad superan el 25%; y con el “excesivo número de funcionarios” cuando se viera más solo o sola que la una. En ningún caso su número, su ratio, se acerca a las medias de las administraciones europeas de nuestro entorno, ni las sustituciones por enfermedad, ni a partir de ahora las tasas de reposición. Así pues, que no nos utilicen ni como escudo, ni como arma arrojadiza para desviar la atención, porque los enemigos no somos los empleados públicos, sino una administración “derrochona”, incapaz de encontrar soluciones estructurales, a un modelo económico obsoleto desde hace años, y una oposición que con un cinismo total no apoya ni las medidas que han propugnado ellos mismos. El mal funcionamiento de las instituciones y administraciones, su excesiva politización, no es fruto de los empleados públicos, sino de la mediocridad de la dinámica política de estos últimos años. En el caso que más cerca nos toca,

E

Instantánea de la manifestación de funcionarios del día 8./Foto: José Huertos.

la enseñanza, no hay más fracaso escolar en secundaria, ni más abandonos en la universidad, gracias a la vocación y a la abnegación del colectivo docente, porque a los políticos –da igual del signo que sean– se les llena la boca de educación, pero a la hora de poner recursos e invertir en formación (la educación es una inversión, no un gasto) se les va la fuerza por la boca. No son conscientes de que la inmensa mayoría de empleos actuales precisan de una cualificación, imaginémonos que pasará dentro de 10 años con nuestros recursos humanos si no somos capaces de darles una formación, además de académica, a lo largo de la vida. En nuestro sector se necesitan más maestros, profesores, más personal de administración y servicios para que los centros educativos puedan hacer frente a la excesiva burocratización y, sobre todo, a unos servicios complementarios, como aulas matinales, comedor, etc. que las familias necesitan. Lo más valioso que poseen las administraciones –central, autonómica y local– son sus empleados, su capital humano, y es gracias a ellos que se presta un servicio público de calidad. Con medidas como éstas lo que se consigue es desmotivar y crispar a quienes tienen la noble tarea de prestar ser-

Vocalista del grupo Deneuve

EL SEMANARIO LaCalledeCórdoba

vicios esenciales a la sociedad, y lo hacen, las más de las veces, gracias a una vocación a prueba de decretazos. Nosotros estamos dispuestos a asumir el sacrificio necesario para salir de una crisis que no hemos provocado. Ya lo habíamos hecho en septiembre del año pasado, con un Acuerdo 2010-2012 que apenas subía el 0,3% porque éramos conscientes de las dificultades económicas. Las mismas que ocho meses después convierten unilateralmente en papel mojado dicho Acuerdo, pasando por encima del derecho de los empleados públicos a la negociación colectiva, a negociar nuestras condiciones de trabajo al amparo del Estatuto Básico de Empleados Públicos, que es todavía más grave que el recorte económico. Parecería que todo vale, que los convenios y acuerdos, que los compromisos a fin de cuentas, se puedan romper unilateralmente. Y esto nos genera una desconfianza en nuestro Estado de Derecho. Estamos dispuestos, como decía, a asumir nuestra parte, pero también a que se reparta entre todos y todas, que además sea temporal, y que los empleados públicos podamos recuperar en un futuro nuestro poder adquisitivo, como habíamos firmado en el Acuerdo del 25 de septiembre de 2009.

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El Semanario La Calle de Córdoba - Nº 617  

Edición impresa número 617 de El Semanario La Calle de Córdoba.

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