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s inimaginable la adrenalina que debe sentir un cantante cuando se apodera del escenario. Tomo distancia, y en mis recuerdos me remonto a la adolescencia donde soñaba con ser un rockstar. Entiendo que este sueño es de los más recurrentes, pero en aquel momento era tan potente la idea, que era defendida ante amigos, padres y decanos. Adrián es la imagen del sueño cumplido. Tenerlo enfrente es como un día de examen, donde mis sueños y anhelos adolescentes descubrirán si valió la pena todo el tiempo que les dediqué.

Un rata de familia

El viejo contento, pero él siempre dijo: «Dejen que él decida qué hacer», pero la realidad es que hoy están los dos orgullosos. Me pide fotos firmadas para amigos... yo le firmo y él lleva la foto y por ahí come en algún lado... hace el canje. Está cobrando la indemnización, y si yo de esta manera puedo devolverles todo lo que me dieron está bien.Y mis hermanos igual, están conmigo, me ayudan y me acompañan.

Momentos de soledad

Hubo un tiempo en el que desapareciste, ¿Qué pasó?

Me fui de Rata y paré, tuve que empezar de cero. Y hubo como una desaparición de la figura de Barilari en los medios, fue allá por el ‘95. Mi mujer decía: «che, pero no te viene a saludar nadie, ¿qué es lo que pasa?» Yo creo que eso les molestaba más a los que me rodeaban que a mí mismo. Creo que llegué a tener hasta un cierto halo de paz; porque está bueno que la gente te reconozca, pero no está bueno que la gente te absorba y te invada.

Estoy casado y tengo dos hijos, 20 años va a cumplir el más grande y 13 el más chico. Así como cambia todo, uno va creciendo... y si bien ellos odiaban lo que yo hacía hace diez años, hoy están orgullosos; de hecho mi hijo ha trabajado conmigo en sonido, es baterista, y hoy lleva contento el cartel de Barilari. La gente me pregunta, «¿che, pero alguno de ellos canta?» Y no, la verdad que ninguno canta y no está mal que no lo hagan. Que se hagan ellos mismos, y que definan su vida musical.

A mí me encantaría en algún momento tener una gran producción donde pudiera hacer un gran evento para chicos que necesiten comida y ropa. Me refiero a que la gente traiga grandes cantidades. Cuando digo «un gran evento» me refiero a algo sin tanta burocracia, sin tantas trabas para que las cosas lleguen, para que la gente pueda venir, para que una empresa o un gran sponsor puedan donar una cantidad de dinero y se puedan hacer obras para chicos, hospitales...

¿Viven tus viejos?

Sí, mi vieja es insoportable. Es la típica madre que dice: «¿Usted sabe quién soy yo?» Es maravillosa, es terrible... ella quería que yo fuera médico o artista, y lo logró. Fue la culpable de haber cumplido su propio sueño. Me acompañó varias veces a canales de televisión. No solo ella, toda la familia siempre ayudó, pero ella era el eje principal. 20 - Anfibia

¿Tenés ese nivel de intimidad y confianza con tu mujer?

Sí, porque todo esto que pasamos nos ayudó a abrirnos, a hablar las cosas. Así como cuando yo me iba y ellos quedaban solos para hacer lo que quisieran en libertad, eligieron estar al lado de mí me entendieron y mis hijos fueron superándolo y creciendo.

¿Si te dieran a elegir algún sueño con respecto a lo laboral?


Rata Blanca

yo solo

La gente te tiene muy identificado con Rata, cuando haces alguna producción solista, ¿cómo separás el tema?

Y sí, es difícil, bastante difícil, a mí la verdad que no me pesa para nada ser el cantante de Rata Blanca, lo voy a seguir siendo hasta cuando me vaya y cuando sea mucho más grande y la banda ya no exista. Lo que pasa es que cuando yo trabajo de solitario trato de utilizar mi nombre y apellido y de hacerle entender a la gente que aparte de ser un cantante de rock también tengo una vida anterior a Rata Blanca, y una vida posterior a Rata Blanca. Entonces, uno pone el nombre y el apellido y trata de hacer cosas diferentes, ni pienso en el negocio. Si quiero sacar un disco lo hago pensando en hacer algo como la gente, que me satisfaga a mí porque es algo personal y algo que yo no hago en Rata Blanca. Entonces trabajo para mí, no trabajo para una banda. Doy mi opinión, lo produzco y hago lo que a mí me gusta; una vez que ese disco está terminado y lo entrego ya pasa para otro lado, es parte de un negocio donde obviamente yo voy a participar, pero lo que más me interesa es que la gente conozca otra faceta.

¿Tienen algún proyecto?

Empezamos a grabar en febrero un nuevo disco, porque es necesario, obviamente. El disco anterior: «La llave de la puerta secreta», lleva tres años y ya lo presentamos en casi toda Latinoamérica y Europa, nos quedó Estados Unidos.Y ya necesitamos nosotros un disco nuevo, si no se hace muy repetitivo y tedioso. La grabación va a llevar un poco más de un mes, casi dos meses seguramente. Porque hay una preproducción armada pero ahora hay que darle forma.

¿Cómo vienen tus últimos proyectos?

El último disco, «Canciones Doradas», lo presenté hace pocos días. Tengo muchos invitados como: Ángel Mahler que tocó el piano, Adrián Otero, de Memphis, Juanchi, Patricio... Las cosas se fueron dando, yo ni pensaba hacer un disco de covers y me lo propusieron y esto fue tomando forma de a poco. Había una canción que yo no podía cantar, porque no me salía, entonces dije: esta tiene que cantarla Adrián Otero, y él me enseñó a cantarla y así se fueron sumando las cosas y fueron saliendo. Siempre desde este punto: «lo voy a hacer porque tengo ganas».

Con la garganta caliente y la cabeza fria Yo soy una persona común y silvestre que siempre digo que el día que me baje del escenario voy a andar como cualquier hijo de buen vecino. Igual me gusta que me saluden por la calle y firmar autógrafos... pero voy a andar como cualquier persona. Yo trabajo y atiendo al público y me dicen «¿usted qué hace acá?», «y bueno, laburo». Era muy duro al principio, pero después lo aprendí y lo asumí, y me hizo bien asumir el rol: cuando yo canto, canto, y cuando trabajo, trabajo... y cuando ando en bicicleta, ando en bicicleta. No puedo estar pensando todo el tiempo que soy artista de rock y que no puedo andar por la calle... no, sería una locura. Creo que a medida que la charla avanza estoy un poco más cerca de Adrián que del cantante. Así es que, como en un examen, me voy relajando Anfibia - 21


y, no sin asombro, descubro que los tiempos de descontrol e irresponsabilidad no corren por la vereda de Adrián. De la mano de este descubrimiento se resquebraja la figura del póster de mi cuarto adolescente. Tal vez sea que los rockeros argentinos están un poco devaluados o que he pasado mucho tiempo frente al televisor. ¿Importa la imagen o la imagen no es nada? Está bien, cuando hice la publicidad del pelo sabía a lo que me enfrentaba... pero me dije: «si yo soy artista, ¿por qué no puedo tener el pelo bien cuidado?» Acá estaba la cuestión del ego, ahí funcionaba el ego: «sí, quiero tener pelo», y no me fue mal, me fue muy bien. Soy artista y tengo que mantener una imagen, después que digan lo que quieran... está todo muy bien, pero yo elegí hacerlo, eso lo tengo muy claro.

Llamando las cosas por su nombre

¿Vos creés en Dios?

Bueno, creo en un Dios. Evidentemente, es mi forma de sostenerme en la fe. Si bien yo digo que Dios es vida, porque hablar de Dios es hablar de la vida; lo que me hace temer mucho es que Dios nos está soltando de alguna manera. Me da la sensación que está diciendo: «bueno, se van a 22 - Anfibia

tener que arreglar solos, muchachos, yo hasta acá hice y no la entienden», una cosa así. Pero yo creo en un Dios porque sino no podría estar de pie. Cada mañana me levanto y agradezco el hecho de poder levantarme... y voy a laburar, y me quejo como todo el mundo y me peleo, como todo el mundo, pero agradezco llegar a mi casa, ver a mis hijos y levantarme al otro día de nuevo. Hay un Dios que hace que todo siga funcionando, de alguna manera, pero a su vez nos está diciendo: «yo no puedo más con esto, el mundo es de ustedes, arreglen ustedes, háganse responsables». Él nos puso acá, es nuestra casa ¿no? De lo que pasa en mi casa yo soy responsable, y en alguna forma, creo que todos somos responsables. ¿Vos no le echás la culpa a Dios de todo lo malo? No, olvidémonos de esto. Yo no puedo hacer cargo de todo a Dios. Somos nosotros los que construimos este mundo, de alguna manera, y somos nosotros los que lo utilizamos y quienes lo malgastamos. Yo creo en Dios porque necesito tener fe en la vida, como defiendo la vida estoy defendiendo a Dios, porque para mí Dios es vida. Levantarme y ver a mis hijos, ver a mi mujer, poder hacer lo que Dios me dio, me dio esta voz; yo agradezco que me haya dado el don de poder cantar y poder utilizarlo, llegar a la gente y vivir de esto. Yo no creo en Dios como un ser o un ente que tenga maldad. Los seres humanos

somos totalmente responsables de lo que hacemos en esta tierra. Nosotros somos artífices de nuestra realidad, de nuestro destino. Si yo, como ser humano, tomo decisiones propias y estoy cometiendo un error tan grave que puedo llegar a cometer un flagelo tan grande como el HIV, es una decisión personal, es el libre albedrío. ¿Y si vos tuvieras, en algún momento, que reclamarle algo a Dios? ¿Qué le reclamarías, por ejemplo? Fabulando, le reclamaría no haberle quitado al ser humano el chip de la guerra. Si supuestamente lo hizo perfecto, pero esto me trae mucha duda. Entonces digo ¿por qué no hizo un poquito más y sacó el chip del poder, la fama o el dinero? Con sacar alguno, yo creo que hubiéramos sido un poquito mejor.Yo creo que si todo el mundo se manejara sin querer el poder...

¿Cómo ves a los cristianos, que les criticarías?

Yo he tenido amigos fanáticos y creo que todo extremo es malo. Yo no creo en los edificios, no creo en las esculturas, no sé rezarle a una escultura, las esculturas las hace el hombre. Quizás alguna vez me encontrás rezando en un lugar totalmente inusual, en un avión, por ejemplo. Entonces, si hoy la iglesia perdió adeptos es porque no hizo las cosas como debería, podría haberlas hecho de otra manera. Tengo que convencer a la gente, no diciendo, sino haciendo.


¿Creés que Dios se equivocó en algo, con respecto a la humanidad?

En el fondo de mi ser yo creo que no se equivocó.Yo creo que Dios creó, a su modo, y nos dio esta libertad, y me parece que es justo que nos haya dado esa responsabilidad. Porque somos nosotros los que estamos acá y los que estamos haciendo este mundo, o deshaciéndolo, y es una lástima que no intervenga nuevamente, pero mira si dice: «ma si, vamos a hacerla corta, ¡revienten!». Supongamos que Dios te vio preocupado por estas cosas y te concede una entrevista ¿Qué cosas te gustaría saber? Hoy por hoy le preguntaría por qué siento que nos está soltando. Siento que en algún momento se preocupó más por la raza. Hoy me da la impresión de que no, como si tuviera otro mundo para solucionar. Porque veo que solos no vamos a poder, me da la sensación de que vamos derecho a un delirio. Le pediría un poco más de su compañía y seguramente él contestaría: «no es mi culpa, es culpa de ustedes que se alejaron de mí», obviamente, porque la gente ya no cree. Pero a veces yo pienso que con creer no se llega a destino, hay que hacer también. Creo en tal cosa y tengo que hacerla.

Silbando bajito Termino mi evaluación y me doy cuenta que esta tensión solo era provocada por una imagen deformada que yo había idealizado de un hombre. Bueno, con mejor cabello que yo, pero somos similares. Esta visita guiada al interior de un cantante tan conocido, me dejó ver que nuestros ojos son permeables a la misma realidad. ¿Cómo es posible, entonces, que ante estos matices que vemos, les demos —a veces— destinos distintos? Me resulta inevitable recordar las palabras de Felipe al etíope, «¿entiendes lo que lees?»; creo que nosotros —el brazo de Dios en la tierra— debemos seguir preguntando estas cosas. Pero la mayoría de la gente nunca ha leído la Palabra de Dios y por esto creen que Dios es algo o alguien que padece las limitaciones o patologías de un ser humano. De nosotros depende mostrar el alcance de nuestro Padre al resto del planeta que ve de lejos a su Creador. Debemos asumir que somos los voceros acreditados de un Dios vivo y misericordioso, lleno de amor para todos y tan accesible como un sí. En los tiempos que vivimos, muchas veces, las luces de los escenarios (plataforma) dejan iluminar menos a Dios que a los que dicen hablar de él. Respiremos hondo, y pensemos; ¿con que evangelizamos? Nunca olvidemos que el Señor respalda su Palabra y a su iglesia. Esta trabajosa tarea de cambiar errores, de asumir debilidades, de quitar caretas de hipocresía hará, sin dudas, que resplandezca sólo el que tiene luz propia. Desde el origen de todo lo creado Dios ha estado cerca de su creación, y hoy sigue siendo igual. Ojo, el que no junta, desparrama.

Fernando Viggiani

fernandoviggiani@anfibiarevista.com.ar

24 - Anfibia

Entrevista a Adrían Barilari  

Nota al cantante de Rata Blanca

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