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Laberinto

David Toscana Un toque de locura página 2 Armando González Torres Ante los dioses injustos página 3 Raquel Castro Entrevista con Linda Wolfsgruber página 8 Avelina Lésper Cómo destruir un museo página 12

N.o 491

sábado 10 de noviembre de 2012

Rogelio Cuéllar

“Soy fotógrafo, y nada más” Pilar Jiménez Trejo Página 4 IGLESIA DE SANTA MARÍA TONANTZINTLA / ALDOUS HUXLEY

MILENIO

Aldous Huxley fotógrafo José Antonio Rodríguez Página 6


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MILENIO

antesala DE CULTO

ESPECIAL

Un toque de locura

Slawomir Mrozek

La moraleja subversiva

TOSCANADAS ESPECIAL

David Toscana dtoscana@gmail.com

C

uando Dmitri Karamázov toma una troika rumbo a Mókroye, pudo charlar con el cochero de igual modo como hoy lo hacemos con los taxistas: qué calor, ganó el Necaxa, cuánto tráfico; sin embargo, sus arrebatos lo llevan a encadenar una idea tras otra, hasta que termina preguntándole si lo perdona. “¿Yo qué tengo que perdonarle a usted?”, responde el cochero. “¡Usted a mí nada me ha hecho!” “No”, interviene Dmitri, “por todos, por todos, tú solo, ahora mismo, aquí, en el camino, ¿me perdonas por todos? ¡Habla, alma sencilla!” Algo hierve en su cabeza y ese hervor produce un elenco de emociones difíciles de descifrar. A cada página sorprende la mente y el corazón de los Karamázov, de Katerina Ivanovna, de Grúshenka, de Sansónov, de Smerdiákov. El dinero, la carne, el alcohol, los celos, el amor, el deseo, la piedad, la fe, la incredulidad, la estupidez, la sabiduría… se mezclan en un caldo que solo Dostoievski sabe preparar. “Y no de desesperación he de llorar”, proclama Iván Karamázov, “sino sencillamente porque seré feliz derramando esas lágrimas. De mi propio fervor me embriagaré… Aquí no se trata de la inteligencia ni de la lógica: aquí amas con lo más íntimo, con las entrañas; amas tus primeras fuerzas juveniles”. “Yo habría consentido en matarme en el vientre de mi madre antes que venir al mundo”, dice Smerdiákov. “Usted ríe como una chiquilla, mientras en sus adentros piensa como una mártir”, le dice Alíoscha a Lise. Katerina Ivanovna necesita a Dmitri “para estar contemplando siempre su heroísmo de lealtad y recriminándole a él su traición”. Parlamentos que no caben en una película, pues en ellas el amor es meramente: te amo o te odio; los estados de ánimo son: estoy triste o estoy feliz. Nietzsche hubiese detestado Hollywood, y en cambio amaba las novelas de Dostoievski.

Penélope Córdova b fegari13@gmail.com

“Es el único sicólogo de quien tengo algo que aprender”, aseguró. Bonito aprendizaje, dirán los detractores de Nietzsche y recordarán que murió loco. Ellos, detractores ordinarios. Él, bendita locura. La pregunta que brota es: ¿acaso el mundo dostoievskiano lo creó Dostoievski o es que así se las gastaba el alma de los moradores de aquella época y lugar? Si es una invención, ¡qué gran invención! Pero si fue mera observación aguda, cuán pobre se ha vuelto nuestra psique educada en la moral sin contrastes; en la superficialidad del cine; en el blanco y negro de las telenovelas, en el monótono sermón dominical, en la chabacanería del presente donde el gran pecado es romper la norma. Hay que leer y releer a Dostoievski para huir de una existencia de pacotilla, para darnos el lujo de amar por razones desusadas, de odiar a alguien por su peinado, de aceptar o rechazar a dios por razones espirituales y no de costumbre, de pecar por conciencia. En fin, hay que darnos una cuota de dostoievskización, o raskolnikovización o karamazovización o como le quieran llamar. Olvídense de ensayos intelectuales sobre Dostoievski, su tratamiento del tiempo, los problemas de su poética o el qué sé yo estructural. Dostoievski es grande porque cada vez que lo leemos nos trastorna, nos empuja hacia la locura. Y locura es lo que necesitan las almas para no ser almas muertas. L

E

n la lucha contra la estupidez, el aburrimiento de vivir y la conservación de la esperanza, existe una línea entre lo lacrimoso y la socarronería. La historia ha obligado a los polacos a tomarse las tragedias con cinismo, a concebir belleza en lo terrible y a reírse en cada tropiezo. El humor polaco, en este caso engendrado por la pluma de Slawomir Mrozek, se caracteriza por la convicción de que, rebasado el límite de lo grotesco, solo existe la carcajada. Leer a Slawomir Mrozek, nacido en 1930 en una ciudad cerca de Cracovia, requiere un estómago fuerte. La subversión mediante el humor, según la experiencia del autor de Tango, se ejerce desde varias trincheras: el periodismo, el teatro, la caricatura política, la narrativa. Inconforme con la carrera de Arquitectura y con la de Bellas Artes, desertó para integrarse a las filas de la prensa polaca. Durante algunos años, a pesar de sus escritos, Mrozek fue más conocido por su trabajo como dibujante. Censurado en Polonia y exiliado durante poco más de tres décadas a causa de sus denuncias en Le Monde, vivió en varios países; entre ellos, Francia y México. Finalmente regresó a Polonia en 1997, en medio de un gran reconocimiento gestado, en gran medida, fuera de su propio país. Cuando no se burla de la mentalidad polaca, tan proclive al heroísmo y a la melancolía pomposa, una buena parte de la obra de Mrozek encarna, bajo situaciones absurdas, varias preguntas producto de las lecciones aprendidas a la fuerza durante la lucha por la supervivencia. ¿Hasta dónde es capaz de llegar

el hombre para hacer cumplir las reglas de un método que demuestra una y otra vez ser erróneo? ¿Quién, a estas alturas, puede todavía pensar que la “civilización” nos salva de la maldad y de la estupidez? ¿En qué momento el provocador sin motivo comenzó a sentirse revolucionario? ¿Dónde quedó la verdadera rebelión? A la manera de las mejores parodias y análisis sociales, disfrazados, claro está, de novelas de aventuras, la ficción de Mrozek demuestra por qué es probable que un culto y educado simio, a medio camino entre el primate y el humano, consciente de su gradual pero rápida conversión en este último, decida regresar a su selva natal en Sumatra para “deshumanizarse” y conservar voluntariamente su estado originario. Esto sucede en Huida hacia el sur, donde Mefisto Kovalsky, un estafador que va de pueblo en pueblo prometiendo presentar a un tal Godot (que, por supuesto, no existe), pierde a su mascota amaestrada para robar, y decide ir en su busca para cobrar venganza. Al final de cada relato, el también autor de La vida difícil y La mosca, escupe una especie de moraleja más bien torcida, como aquella que le exige a uno gritar, después de reírse un buen rato: ¡El emperador está desnudo! La fe ciega en las normas despierta una mirada de desconfianza en el observador lúcido, pues sabe que así se alimenta el totalitarismo. Además, las conciencias limpias no existen, y de haberlas, como diría Jerzy Lec, otro genio polaco del humor, es porque nunca se han usado. Llegados a este punto, el sarcasmo es la única espada que corta sin necesidad de ser desenvainada.L

EX LIBRIS

BITÁCORA PSICOTRÓPICA

Lucrecia de Collatia bEKO

Xavier Velasco

Lo peor no es obligarse a guardar silencio, sino pagar las cuotas de almacenaje.

MILENIO b LABERINTO b Dirección: José Luis Martínez S. Edición: Alicia Quiñones Coedición: Roberto Pliego Arte y diseño: Salvador Vázquez Mejía


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LABERINTO

antesala

Epigraikus

Ante los dioses injustos

El juego de palabras y la ironía caracterizan a estos haikus inspirados en seres que provienen de la zoología fantástica POESÍA

ESCOLIOS ESPECIAL

Miguel Flores Ramírez

Animalada

Animal cósmico Cargado de congojas                                    Vicente Huidobro

Es el zoóbito sombra por venir y cuervo en la nieve ◆◆◆ Los zoóbitos picotean ácidas moronas del pan inacabable ◆◆◆ Los artrópodos cangrejos dibujan en la arena son más bien arteópodos ◆◆◆ Las medusas con sus paracaídas abiertos ¿se equivocaron de aires? ◆◆◆ Chanchos marranos cerdos cochinos semejantes puercos ◆◆◆ ¿Serán las esfinges especies de quimera los fénix de la tierra?

◆◆◆ No se andan por las ramas con tacones dorados las solhetairas   ◆◆◆ Las ostras no se aburren en su entierro: cogen cogen cogen

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scritor y académico, Miguel Flores Ramírez (Cuernavaca, Morelos, 1938) es autor de los libros Las primeras notas del laúd (UNAM, 1977), Garabato (Claves Latinoamericanas, 1986) y Artefactos (El Tucán de Virginia, 1984), entre otros. Heriberto Yépez, en el postfacio a Galineatías (2009), comentó que sus textos “han inventado un ritmo propio que incluye un vocabulario donde realiza una sonora cacería de imágenes que rozan la broma y el koan: poesía que es malabar verbal, artefacto extraño y barullo lúdico”. Los poemas que aquí publicamos pertenecen a su más reciente volumen: Epigraikus.

El filósofo Robert Nozick

Armando González Torres agonzale79@yahoo.com.mx

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n muchos individuos justos, que profesan alguna fe religiosa, se reproduce invariablemente el estupor de Job ante la experiencia del mal y la desgracia propia o ajena. ¿Cómo compaginar el triunfo de la maldad, o la aflicción inmerecida, con los atributos de un Dios bueno? ¿Cómo mantener una relación afable con dioses aparentemente crueles e injustos? En sus pequeños, heréticos y reveladores ensayos de teología recreativa, incluidos en sus Meditaciones sobre la vida, el filósofo Robert Nozick (1938-2002) dice que la adoración y la fe, por más fervientes que sean, requieren ciertas contraprestaciones pragmáticas, pues el exceso de mal puede poner en peligro el contrato con Dios. Porque un creyente no es un masoquista o un estúpido. Por eso, como sugiere Nozick, la teología tiene como objetivos indagar en la naturaleza de Dios, mostrar que es un objeto adecuado y plausible de adoración y que su culto tiene visos de elección racional. Así, aunque al final prescriba una fe sin preguntas, la teología cumple la función de brindar razones para abandonar la razón. Con erudición y exigente humor, Nozick enumera y evalúa muy diversas explicaciones teológicas para el mal, por mencionar solo unos ejemplos: la “pedagógica” que señala que el mal es una especie de escuela de almas donde conociéndolo y enfrentándolo, se ejercita el libre albedrío donado por Dios,

se gana sabiduría y fortaleza, el mundo adquiere dignidad y el propio Dios se ilustra en torno al fenómeno del mal; la de la “tensión de los atributos” que reza que el mal nace de la tensión entre diversas virtudes de Dios, que son buenas en sí mismas, pero que pueden entrar en colisión por su interacción (por ejemplo los atributos de justicia y misericordia, que, siendo ambos buenos, suelen generar conflicto, pues la justicia busca remediar el pasado y la misericordia el futuro); la del “Dios dividido” que dice que hay mal porque una parte de Dios no deseaba crear al mundo, sino solo orientarse a la contemplación, mientras que otra parte sí deseaba forjar el mundo y el mal es residuo de la parte divina que rehusó la creación. En estas visiones, la desarmonía de lo divino implica la desarmonía del mundo y revela una noción más vulnerable, pero también más entrañable, de lo divino. Para Nozick una explicación teológica aceptable en torno al mal debe responder a cuestiones elementales del sentido común: a) debe reconciliar los atributos divinos con la existencia del mal; b) debe poder decírsele a la víctima de algún mal, sin ofender su inteligencia, ni su sensibilidad; c) debe contener una respuesta satisfactoria en lo que atañe a la relación filial con Dios y responder la pregunta recurrente (¿por qué, si nos ama y descendemos de él, nos flagela?); d) no tiene que dejar intacto a Dios y debe comunicar si sufre alguna debilidad y e) debe revelar a un ser cercano y digno de amarse o, al menos, digno de que el creyente se solidarice con sus carencias. L

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fotografía JORGE CARBALLO

Rogelio Cuéllar

“Soy fotógrafo, y nada más” A unos días de recibir el Premio Fernando Benítez de la FIL de Guadalajara, el artista visual conversa aquí sobre su infancia, los primeros pasos en el periodismo cultural y los secretos del desnudo y el retrato ENTREVISTA Pilar Jiménez Trejo

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ogelio Cuéllar (Ciudad de México, 1950) descubrió la belleza de la luz a los cinco años cuando su mamá, Esperanza, se casó con Ignacio Cuéllar: “Ese día hicieron una comida en la casa donde vivíamos, en la calle de Tokio, en la Portales, y yo estaba tan feliz por la fiesta que de pronto advertí la luz que entraba al jardín a través de un pirul… El paisaje me pareció tan bello que le dije a quien fue mi padre por más de dos años: ‘¡Qué bonito, se me antoja hacer una jota fría!’ Yo aún no sabía pronunciar la palabra fotografía”. Allí la memoria de Cuéllar, Premio Fernando Benítez 2012 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, se detiene para precisar: “Nachito me registró a los 6 años; me dio identidad y nombre: Rogelio Cuéllar García. Él era Ignacio Cuéllar Luna, un técnico de los Estudios Clasa, que fue mi papá dos o tres años y que me traía bolsas con los carretes con los que enrollaban las películas. Esos fueron mis Meccano, mis Lego, mi infancia. Además, me llevaba los stills de las cintas que se estrenaban: fotografías que él colocaba debajo del vidrio de la mesa donde comíamos y con las que fui construyendo un álbum personal”. El fotógrafo, que recibirá el próximo 2 de diciembre un homenaje nacional por su aportación al periodismo cultural tras 45 años de trabajo y pasión por retratar a los creadores de México y el mundo, recuerda a su imagen paterna: “Mi mamá decidió correr un día a Nachito, y en la entrada de la vecindad donde vivíamos, sobre un barril de madera, puso todas sus cosas: trajes, camisas, zapatos, cepillo de dientes y una fotoescultura ovalada suya, vestido con traje y corbata; una imagen por la que mi madre había pagado semanalmente 5 pesos durante un año. Al ver la foto, mientras él tomaba sus cosas, corrí para decirle: ‘Papá, ¿me la das’? Su respuesta fue un rotundo ‘¡No!’ ”. La emoción de Cuéllar se detiene en esas imágenes que almacena la memoria: “No extraño a papá, extraño aquella foto de alguien a quien nunca volví a ver. Quizá por eso ahora soy un coleccionista obsesivo de fotoesculturas; tengo casi 200. No tengo al papá, pero tengo su apellido —Cuéllar—, y no tengo las imágenes que me regaló, pero de una manera u otra él me dio lo que soy. Desde

que leí Pedro Páramo entendí la obsesión por la búsqueda del padre. Esa foto de Nachito es mi gran hueco, y en estos días he pensado que su presencia definió mi destino”. Aprendiz de dibujante, este fotógrafo no niega que prefiere el blanco y negro y su infinita gama de grises. Recuerda sus inicios: “Tenía 17 o 18 años y quería ser pintor. Entonces entré a estudiar en la Prepa 5, una escuela rodeada de establos y repleta de porros, donde en los primeros meses me quitaban los lápices o me robaban el suéter. Pronto supe que eso no me gustaba, así que a la par decidí buscar una escuela de publicidad y encontré una en el Centro de la ciudad. Iba por las noches y me enseñaban cómo hacer márgenes y tipografía; tampoco era lo que quería. Entonces descubrí la Academia de San Carlos y asistí a clases sin estar inscrito. Allí comencé a dibujar y aprendí a hacer sombras, pero no me salían”. En la preparatoria hizo su primer viaje de prácticas al Bajío. “Y le pedí a mi cuñada, la esposa de mi hermano Rigoberto Reynoso Cisneros (que me llevaba veinte años y nunca supe de dónde saco mi mamá esos apellidos porque legalmente no éramos nada), que me prestara una cámara y me dio una Kodak cuadradita, de las que se veía por la imagen por arriba. Paralelamente, había comenzado a trabajar en la imprenta Rojas, en calzada de Tlalpan y Villa de Cortés, donde conocí a José Rosales Trevilla, jefe de litografía y quien vio ese primer rollo que revelé al volver de la práctica. Creyó ver algo interesante en esas imágenes, y fue quien me regaló mi primera cámara, una Pentax, que pagó a crédito durante un año en Foto Regis”. Muy pronto Cuéllar empezó a trabajar de free lance y ofreció sus imágenes a diarios y revistas. A

los 20 años tuvo su primera exposición: La vuelta al día en 80 rollos. Ricardo Garibay definió así al joven creador: “La fotografía es un arte, y es un artista el fotógrafo; probablemente el más actual de los artistas, que nos enseña no cómo es el mundo sino qué es el mundo, literatura en entraña… Todo esto representa y explica a Rogelio Cuéllar, notable ya y adolescente todavía, si acaso entrado apenas en la primera juventud, nacido en la Ciudad de México hace apenas 20 años, estudiante de periodismo”.

Soy un fotógrafo callejero. Sigo andando por la calle con mi cámara como desde hace 45 años que inicié en el periodismo Este estudiante de la Carlos Septién García apenas cursaba el primer año de la carrera cuando en 1973 ganó el Premio Nacional de Periodismo, tras lograr imágenes de la toma de Rectoría que hicieron Mario Falcón y Miguel Castro Bustos con otros porros, cuando Pablo González Casanova era rector de la UNAM. Ni los fotógrafos de Excélsior, que entonces dirigía Julio Scherer, habían logrado tal hazaña. Eso consiguió que Revista de Revistas, que dirigía Vicente Leñero, publicara sus fotos, e ingresó al grupo de periodistas que fundaría la revista Proceso, y años más tarde el diario La Jornada. El camino de Rogelio Cuéllar siempre estuvo en el periodismo cultural: “Comencé a trabajar en Difusión Cultural de la UNAM que dirigía Gastón García Cantú. Allí escuché los primeros conciertos, vi las primeras obras de teatro, conocí la danza: el universo se me abrió. No tenía bagaje cultural pero siempre


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LABERINTO

fotografía guardaba una frase que mi madre, una analfabeta que llegó a la capital procedente de Tequila, Jalisco, a trabajar de sirvienta, me dijo: ‘Hijo, júntate con personas que sepan más que tú y siempre trae un peso en la bolsa’. Son recomendaciones que nunca he olvidado”. No recuerda con precisión la fecha pero sí sabe que dedicó su primer retrato a Vicente Rojo, que en esos años expuso en la Casa del Lago. Tímido él, Rogelio le dijo: “Maestro, ¿le puedo hacer una retratito”? Y él dijo “Sí”, y se puso a mirar hacia el infinito. “Me puede mirar”, le pidió, y lo miró. Hizo clic, y en ese momento hubo algo, se cruzaron las miradas y sintió la fuerza del instante. “Intuí que era muy importante; 45 años después lo entiendo: si no hay ese diálogo de miradas, no hay retrato. Es mi teoría y mi tesis con las cuales trabajo: me pongo la Hazel Black, que es cuadrada, en la panza y cuando digo ‘Mírame’ me preguntan: ‘¿Miro a la cámara o te miro a ti’? Pido que me miren a mí. Si no hay diálogo de miradas no hay retrato; puede haber una espléndida foto, pero el retrato es el diálogo de los ojos”. ¿Quizá de ese encuentro con Vicente Rojo, pintor pero también diseñador, viene tu preocupación por la composición? Desde los 22 años comencé a entender que la fotografía es un texto que tiene su propia gramática, que se llama, ahora lo sé, sintaxis de la imagen. Y esto me lleva a otra decisión en mi trabajo que ha sido apostar por el blanco y negro ante el color. Mis primeras fotos de color fueron en Pátzcuaro, el Día de Muertos, y cuando las vi encontré matices hermosos en los colores pero no era lo que yo había visto. En cambio, el blanco y negro sí lo veo. Y quiero precisar: no es porque sea daltónico, sino que para mí el blanco y negro es la síntesis de la luz, porque la veo en blanco y negro y con una gama de grises. Y en el desnudo no se diga, allí logro adivinar cómo la luz cubre el cuerpo.   En el desnudo, la mirada no es un requisito… Es cierto, porque el desnudo es un paisaje, y mi disciplina es recorrer con mi mirada y con la luz el cuerpo o los cuerpos. Mi búsqueda en el desnudo es tocar las fibras más sutiles entre el erotismo y la pornografía. Es una hojita como de cebolla: si la brinco ya es pornografía. Mi aspiración es tener fotos con una fuerza erótica que logre ver la humedad de los cuerpos, el sudor… No me interesan los cuerpos de gimnasio, me interesan los normales, cotidianos. Y la mirada no me interesa; si no aparece el rostro no es por autocensura o pudor, es porque la mirada es muy fuerte. En el desnudo no hay mirada, salvo la mía. El Homenaje Nacional de Periodismo Cultural fue otorgado por primera vez hace veinte años al periodista, escritor, historiador y antropólogo Fernando Benítez, y ha sido recibido por personajes como Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, José Emilio Pacheco, Vicente Leñero, Paco Ignacio Taibo I, José de la Colina, Emmanuel Carballo, Héctor García, Ignacio Solares y Guillermo Sheridan, entre los creadores a los que la cámara de Cuéllar ha fotografiado sin obviar a ninguno de los veinte galardonados hasta ahora. Para el autor de centenares de retratos, este reconocimiento significa entrar a una dimensión que es un gran compromiso: “Lo acepto y además me emociona porque no tendré que ir a recogerlo acompañado por una enfermera en minifalda, en silla de ruedas, o con oxígeno a un lado y bacinica del otro. A mis 62 años es un portento de reconocimiento y un compromiso que me obliga a trabajar mejor con mi lenguaje personal”.   ¿Y cuál es ese lenguaje personal que te distingue? La vehemencia. Soy un fotógrafo callejero. Sigo andando por la calle con mi cámara a ver qué encuentro, como desde hace 45 años que inicié en el periodismo. He estudiado a muchos fotógrafos y tengo influencias de todos ellos, pasando por Manuel Álvarez Bravo, Cecil Beaton, Joel-Peter Witkin, Tina Modotti, Edward Weston, Cartier Bresson, Nacho López, Héctor García, Rodrigo Moya y Lola Álvarez Bravo. Los fotógrafos periodistas no me aceptan como foto-periodista; y los creadores de fotografía de autor tampoco me aceptan entre los suyos. Mi definición es que soy únicamente fotógrafo, y en ello están mi profesión, mi lenguaje, mi disciplina y mis sueños. L

Mónica González

“No todas las historias tienen un final feliz” La ganadora del Premio Nacional de Periodismo en la categoría de Reportaje gráfico recuerda el origen de la serie, publicada en la revista M Semanal, que le valió esa distinción, en la cual retrata el dolor que ha dejado la guerra contra el narcotráfico ENTREVISTA UNA MUESTRA DE SU TRABAJO PARA M SEMANAL / MÓNICA GONZÁLEZ

MARTÍN SALAS

José Pablo Salas

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l martes 6 de noviembre Mónica González fue reconocida con el Premio Nacional de Periodismo 2011 en la categoría de fotografía, por el reportaje “Geografía del dolor”, publicado en M Semanal. A través de imágenes de las víctimas y de postales que les escriben sus familiares tras su desaparición, Mónica une la tragedia de las víctimas de la guerra contra el narcotráfico y la desesperanza de quienes padecen en vida la impunidad y las amenazas que sufren tras haber perdido a un familiar. De la importancia de recuperar estas historias y su reciente reconocimiento, Mónica González habla en la siguiente entrevista. ¿De dónde surge "Geografía del dolor"? Empezó con el cuestionamiento de que no toda la gente que moría de forma violenta estaba relacionada con el narcotráfico y de que tampoco había buenos y malos. Después cubrí las caravanas del Movimiento por la Paz de Javier Sicilia y, en algún momento, una amiga que estaba de vacaciones quería mandarme una postal y me pidió que le enviara una del lugar donde me encontraba. Le contesté que anímicamente no me sentía bien por la situación del país y por las historias y testimonios que estaba escuchando. En ese momento se me ocurrió que detrás de la postal los remitentes escribieran sobre sus familiares desaparecidos, sobre su nombre, una familia, que era un papá, una mamá, una hija, un hijo y que esas personas se fueron, pero no se fueron como deberíamos irnos todos, sino que les fueron arrebatadas, y algunos se quedaron en esa ausencia, en ese lugar, en ese arrebato de sus familiares. ¿Cuál es la importancia de seguir contando estas historias? Para mí era muy importante que se supieran de la mano de la misma gente que las está viviendo. Mi objetivo era hacer un memorial, porque creo que extrayendo estos casos se puede aportar un poco. Escuché una conferencia de una chica chilena y una chica argentina que habían realizado un trabajo artístico sobre la dictadura en sus países, y decían algo muy importante: “Si como pueblo apuestas a la memoria, después, dentro de muchos años, podemos evitar que estas tragedias se repitan”. ¿Por qué escoges la fotografía para captar este tipo de experiencias? La fotografía del niño de Durango es una

imagen que nunca voy a olvidar. Ahí es donde creo que se refleja el poder de una imagen pues no tienes que adjuntarle nada. A pesar de que él llena la postal, creo que es importante verlo ahí, ver que tiene siete años, que trae una paleta en su mano, que trae los ojos llorosos porque acaba de hablar con Javier Sicilia, así como lo habíamos visto los que íbamos en la caravana, en ese atardecer, con ese cielo tan bonito. Te deja sin palabras porque es la realidad. No estamos inventando ni construyendo nada, es él y tiene siete años. ¿A través de este tipo de testimonios fotográficos sólo se retrata la realidad, o puede cambiarse? Yo creo que se puede cambiar; no de inmediato, pero tal vez si les contamos a los demás estas historias y apostamos a recuperarlas se pueda hacer un cambio. Hay algo que aprendí durante la marcha: a escuchar. Yo vivo de la imagen y sé hacer fotografías, pero de repente se acercaban señoras a contarme su historia y hay que intentar que se escuche lo que están viviendo. Es un doble reto hacer que con una fotografía te detengas, voltees la cara y mires, porque la gente está tan saturada de cosas que pueden ignorarla o no prestarle atención. Esa es la importancia de la imagen: se queda. ¿Por qué era relevante que la gente sostuviera una fotografía de su familiar desaparecido o muerto? Porque es lo único que les queda. Normalmente los familiares de las personas desaparecidas llevan la fotografía de la víctima y para mí significa una doble connotación porque yo vivo de la fotografía. En el caso de los que murieron, es una manera de mostrar la última imagen que queda de ellos y en el caso de los desaparecidos es la última esperanza de encontrarlos. ¿Qué significa para ti este reconocimiento? Tengo sentimientos encontrados. Por una parte es un proyecto muy difícil y yo hubiera dado lo que fuera para que esta gente no viviera eso. Pero como periodista hay que contarlo y no todas las historias tienen un final feliz. Es un reconocimiento a las víctimas, a la lucha que hacen y es, para mí, el comienzo de un cierre de estos temas. Es un ciclo que sigue, pero que va avanzando con distintos proyectos que aún tengo. L


LABERINTO

Corrida de toros en Etla, Oaxaca

Aldous Huxley,

fotógrafo

El gran explorador del futuro viajó a México en 1932. De sus andanzas nació un libro raro, esquivo, que muestra una de sus facetas menos atendidas José Antonio Rodríguez

P

ara 1933 Aldous Huxley es ya un autor con renombre. Libros comoContrapunto (1928) y Un mundo feliz (1932), además de una veintena de títulos en su haber, lo mantienen merecidamente en la escena pública. Y por si fuera poco, en ese año emprende un largo viaje junto con su esposa Marie Nys por el Caribe, Guatemala y México, de donde resultará un nuevo libro, Beyond the Mexique bay, publicado simultáneamente en 1934 en Estados Unidos (Harper & Brother) y Londres (Chatto & Windus). Un libro de viajes de una repercusión sin igual: Harper hará una reedición el mismo año de su salida y en Londres se sucederán las reediciones en 1936, 1939 y hasta finales de la década de los años sesenta, por lo menos. Por su lado, la Librairie Plon lo traducirá al francés en 1935. Lo que llama la atención de las últimas ediciones es que ya no contuvieron las esenciales fotografías que aparecieron cuando el libro fue publicado por primera vez. Y curiosamente también, con toda la celebridad que adquirió el libro, hoy poco se sabe de él (Sudamericana lo publicó en español en 1980 y Edhasa en 1986 como Más allá del Golfo de México, ambas ediciones imposibles de hallar). Libro de gran repercusión en su tiempo (Penguin Books, que lo editó en 1955, lo difundió como “uno de los principales libros de viajes de los años treinta”), actualmente solo es estudiado por un puñado de académicos que han preferido retomar sus duros testimonios escritos sobre el país sin abordar las imágenes fotográficas. Acaso porque también las primeras ediciones no pueden conseguirse. Por varias razones, las imágenes fueron necesarias para Huxley. Y esto lo deja muy claro desde el inicio de su libro al insertar una advertencia al lector: “El número de página debajo de cada subtítulo [de las fotografías] se refiere al pasaje correspondiente en el texto”; esto es, las imágenes (31 en total) narraban junto con el texto y se insertaron, a manera de portafolio, en medio del libro. Poderosas imágenes, finamente impresas, que por un lado hablan de un Huxley atento a las nuevas estructuras visuales de las vanguardias fotográficas de los años treinta y que por otro dejan testimonio documental del viaje mismo (sus andanzas en México a lomo de mula, digamos). Desde su viaje a España, en 1928, existen testimonios de que Marie y Aldous, viajeros empedernidos, utilizaron la fotografía. Y eso volverán a hacer pocos años después cuando viajen a Centroamérica y México,

en donde Huxley pondrá en práctica los registros fotográficos desde el momento mismo en que aborden el buque Britannic que los llevaría a una tierra para ellos extraña, cuando Huxley estaba en proceso de superar la debilidad visual que lo aquejaba desde los 16 años. Fue ese un viaje muy largo que iniciaron en Barbados, pasando por Caracas, Jamaica, Belice hasta llegar a Guatemala, de donde partirán hacia México para entrar por Puerto Ángel. Por alguna razón que no explica Huxley, las imágenes publicadas son de Guatemala y nuestro país. Huxley era un viajero ilustrado. Para entonces ha leído a todos los trotamundos que le precedieron por estas tierras, de John L. Stephen a Alfred Maudslay en su viaje a Guatemala, y, por supuesto, a su amigo D. H. Lawrence, sustancial inspirador del viaje a estas regiones. Con todo, “mi conocimiento —escribe— de la historia de América Central había sido derivado principalmente de los libros de viajes y, por tanto, es desigual en extremo”. Acaso su referencia a Maudslay —arqueólogo, escritor y fotógrafo— sea una pista para entender el uso de la fotografía en su libro. En 1899 el arqueólogo, junto con su esposa Annie, habían publicado un hermoso libro, A glimpse at Guatemala, en donde recurrieron a la foto a lo largo de la narración. Acaso por ello Huxley sabía a qué mundo iba a enfrentarse. De ahí la necesidad de la fotografía. Pero los duros testimonios que vierte sobre el país no se quedan atrás de las opiniones posteriores que Evelyn Waugh o Graham Greene, paisanos de Huxley, difundirán sobre México. Huxley escribe sobre el país “pre-industrial” al que ha llegado y hace comparaciones, para él muy adecuadas con respecto a México: “la Inglaterra victoriana, en las afueras de sus aldeas, las casas de campo y el barrio gentil de las grandes ciudades, era una tierra de indescriptible fealdad y miseria. Para escapar de él, Karl Marx salió hacia el futuro

Mitla, ruinas e iglesia

con imaginación revolucionaria”. Y agrega: “Pero en México el pasado pre-industrial sigue existiendo, es contemporáneo de la depresión industrial más allá de la frontera. Aquí los Ruskin y Morris de la modernidad de Nueva York no tienen que usar su imaginación para reconstruir las características de una forma de vida desaparecida. Solo tienen que caminar a la oficina más cercana de la aerolínea Pan-American y comprar un boleto. En pocas horas se encontrarán en medio de una sociedad campesina del siglo XV”. Ya desde ahí se adivinarán sus subsiguientes consideraciones. Para Huxley, otros escritores viajeros por estas tierras, que emiten juicios de “extravagante admiración hacia todo lo mexicano o lo indio en México”, especialmente los vecinos americanos, solo “toman el tren o el avión y, una vez hecho el viaje al sur, regresan con la imprudencia de afirmar que los indios mexicanos son genuinos nobles salvajes”. Pero el caso es que él tampoco se sustrae de ello. Porque en sus propias palabras y siguiendo a Stuart Chase: “las virtudes de las sociedades civilizadas [de donde él proviene] son más altas que las de las sociedades primitivas”, o sea México. Y reflexiona: “Muchas primitivas virtudes son obviamente incompatibles con el urbanismo y la


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de portada FOTOS: ALDOUS HUXLEY

Cholula, San Francisco Acatepec, Puebla

Aldous Huxley Beyond the Mexique bay Harper & Brothers EU, 1934

industrialización… con la autoconciencia individual, con la educación en método científico y con un alto nivel de prosperidad material”. Para él, en aquel 1933, estábamos bien donde estábamos. Si ya desde ahí a Huxley no le gustaba el país mucho menos la gente. Un pasaje testimonial en Etla, Oaxaca, pinta a Huxley de cuerpo entero. A raíz de un concurso de belleza, ironiza sobre las vestimentas y las concursantes: “Su belleza les hubiera ganado todos los premios en cualquier feria ganadera, ¡qué grosor de carnes! Y ¿alguna vez han mirado los ojos del buey ganador? Como una advertencia terrible, la madre de uno de estos ejemplares estaba sentada al lado de su hija. Las bellezas eran monstruosas, pero jóvenes; pero la juventud, incluso de un monstruo, es hasta cierto punto encantadora. Los estigmas de inconciencia, de la estupidez, de la obstinación de bovino aún no estaban muy profundamente marcados en esos rostros todavía adolescentes”. En varios testimonios de su paso por la zona, Huxley continúa sin mayor recato. Por eso para el historiador José N. Iturriaga, esto “parece contradictorio con su libro Las puertas de la percepción inspirado en Oaxaca”. Ciertamente incomprensible, pero Huxley viaja a México con su

mentalidad eurocentrista. Una carga en el equipaje que trae consigo, con todo y su saber, de la cual no se deshace. Y este es el libro de gran éxito que vieron, y leyeron, los lectores anglosajones para asomarse, desde Estados Unidos o Europa, a México. Las imágenes poco dicen del pensamiento de Aldous Huxley. Porque estas muestran más fascinación que repudio. Una solemnidad inunda sus contenidos. Paradójicamente, una respetuosa mirada hacia las personas y sus rituales. Acaso por ello Beyond the Mexique bay es un libro cargado de contradicciones. Porque no es la misma persona que trabajó con las fotografías que quien escribió los testimonios de viaje. Algo de ello dejó ver el reseñista Arthur Ruhl en The Saturday Review of Literature (abril de 1934) apenas aparecido el libro: “Mr. Huxley, se ve, es capaz de hablar bien en sentido estricto, así como de ser sorprendente y desesperante. Para otras cosas, las escenas alientan esa actitud platónica que él mismo maneja en otro sentido. Los mayas y mexicanos son tan exóticos como para todavía pedir que se dé el exhibicionismo intelectual”. No nos hacía mucho el favor este reseñista, pero sí dejó entrever de dónde provenía Huxley y a qué universo indígena tan extraño se enfrentó. L

En el camino de Progreso a Miahuatlán, Oaxaca


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MILENIO

en librerías LINDA WOLFSGRUBER

Un dinosaurio que juega a ser niño

Linda Wolfsgruber

“Las imágenes enriquecen la historia”

Irene Selser Lucas, el dinosaurio feliz Libros para imaginar México, 2011 33 pp.

RESEÑA Cecilia Gómez

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mocionalidad desnuda como una entraña llamó Gabriela Mistral a esa herida que la poesía deja en el alma de un lector. Esta especie de encantamiento es aún más profunda y fundacional cuando se trata de libros para niños. Mistral también reflexionó sobre cuán pasajeras son aquellas historias que privilegian lo primario en vez de lo elemental, y el chiste en lugar de la gracia. El reciente libro de Irene Selser, Lucas, un dinosaurio feliz, recuerda las ideas de la poeta chilena. En él, humor, inteligencia y realismo se combinan para llevarnos a una serie de reflexiones: la vida es equilibrio e imaginación; la vida es, antes que nada, un sueño, una realidad que se construye. La idea surgió en 2011, cuando paleontólogos mexicanos confirmaron el hallazgo de once pisadas de un dinosaurio “Pico de Pato” con una antigüedad de 70 millones de años, en el estado de Sonora. Descubrieron que eran vegetarianos y que no todos eran gigantes. Escrita en verso libre, esta historia es también un homenaje a la famosa minificción de Augusto Monterroso —“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”—. Así, el niño Tomy despierta y el dinosaurio —Lucas— con el que creyó haber soñado, duerme plácidamente al pie de su cama. Para Lucas, la vida en este siglo XXI es un constante reto. Ahora su pico es chato —se ha adaptado a la comida “contemporánea” y hasta a alguna que otra golosina—. No concibe que los chicos de hoy consuman tanta chatarra, y no da crédito a la contaminación ni a los millones de automóviles que existen en las metrópolis. La saturación de ruidos y la basura le hacen recordar cuando, en los viejos tiempos, los cielos se pusieron negros y el mundo se transformó radicalmente. Lucas debe sobrevivir a un nuevo problema: el calentamiento global. ¿Qué hará Lucas en la Ciudad de México?, ¿qué hará Tomy con él? De estas preguntas se desprende la anécdota del poema. Tomy no pierde el tiempo y después de revisar sus libros de biología emite un llamado por Facebook a sus amigos, “Los buscadinosaurios”: Eva de Argentina; Clara Isabel de Colombia; Charly Darwin de Ecuador; Claudia Lú de Nicaragua y Pedro, el niño poeta, de España. Para escribir este libro, Selser se adentró en la naturaleza de un niño, en su cotidianidad siempre llena de una fantasía en constante crecimiento, así como en las palabras, una forma de jugar con el universo. Por ello, eligió la poesía como la vía de una historia fantástica y con héroes de carne y hueso: las palabras vuelven a la historia un juego. Selser no es complaciente con sus personajes y presenta con equilibrio los temas que encontramos a lo largo del poema, entre ellos las reuniones del G20, las diferencias religiosas, ideológicas y de costumbres en Iberoamérica. Lucas, el dinosaurio feliz es la primera entrega de la saga. La segunda, ya en preparación, tendrá como escenario principal Alaska. L Lucas, el dinosaurio feliz se presentará hoy, a las 11 de la mañana, en el Foro 2 del Cenart, con la participación de Miguel Felipe Rodríguez Ortiz y la autora.

ENTREVISTA Raquel Castro

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anadora de numerosos premios, particularmente en Austria, su país natal, y en el resto de Europa; ilustradora de autores clásicos y modernos, incluyendo en 2009 al mexicano Antonio Ventura; artista con decenas de exposiciones individuales y colectivas, Linda Wolfsgruber, con un estilo inconfundible, es una figura pujante en el campo de la ilustración. Con motivo de su presencia en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil, sostuvimos con ella —por correo electrónico— la siguiente conversación. Cuéntanos de tus comienzos como artista. ¿Cuáles fueron tus influencias durante tus años de formación? Comencé a trabajar como ilustradora tras estudiar pintura y gráfica en Italia. Hice mis primeros libros con Gino Alberto, quien era mi esposo y es todavía mi amigo. También me entrené como tipógrafa en Munich, y desde allí me interesó el arte de hacer libros. Mi mejor influencia en todos mis años como ilustradora y pintora fue, y es todavía, ver arte en museos y galerías. Me gusta estudiar arte antiguo y contemporáneo... y amo los libros. ¿Un artista necesita un conjunto particular de habilidades para trabajar en libros para niños y jóvenes? ¿Cuáles serían? Si como artista se busca trabajar en este tipo de libros, es necesario tener mucho contacto con niños: pintando, dibujando, mirando libros y jugando, de manera que podamos hacer mejor nuestro trabajo; el intercambio es importante. Pero para el trabajo artístico he encontrado que debo lidiar únicamente conmigo: necesito saber y sentir cuándo una imagen es buena y cuándo es mejor rehacerla. Quiero decir que en el nivel artístico yo soy la que enseña a los niños, pero en el nivel intuitivo y creativo podemos aprender muchísimo de ellos. ¿Qué nos puedes decir de la experiencia de trabajar a partir de textos hechos por otras personas? ¿Te comunicas con ellos en algún punto de tu propio proceso creativo, o incluso antes, o trabajas enteramente por tu cuenta? Depende: a veces sí, a veces no. Usualmente recibo el texto, la historia, del editor, y me comunico con él. Pero también hay ocasiones en las que he trabajado con un escritor. ¿Cuál es el proyecto que te ha dado más satisfacciones y por qué? No puedo decir que, en retrospectiva, tal o cual libro haya sido el mejor para mí, pero la mayor satisfacción que siento está en la fase de trabajar en un nuevo libro, cuando mi experiencia y mi instinto tienen oportunidad de unirse: es un gran momento de sorpresas. Has ganado muchos premios y tienes excelente reputación como artista e ilustradora. ¿Cómo te ves a ti misma en este punto de tu carrera y cuáles son tus planes o ambiciones para el futuro? Estoy muy feliz de que mi trabajo haya sido reconocido

con muchos premios. Tengo la sensación agradable de que se me aprecia y eso me confirma que puedo seguir trabajando como hasta ahora. También es un placer trabajar en otros proyectos: en este momento trabajo en dos nuevos libros para niños y mi siguiente exposición será en la Ciudad de México. Además, el año que viene tendré una exposición en Italia, en una galería construida en una prisión. Allí exhibiré trabajos en papel y grabados. También estás muy activa impartiendo talleres artísticos. Cuéntanos algo de esa experiencia. ¿De qué forma se relaciona con tu trabajo como artista? Trabajo mucho con estudiantes pero también con niños. Desde hace unos quince años doy un taller en Italia, en la Escuela Internacional de Ilustración en Sarmede, y para mí es algo maravilloso pues aprendo y puedo compartir experiencias. El intercambio con los estudiantes es una experiencia enriquecedora para todos. Algunos escritores piensan que los libros ilustrados entorpecen la imaginación de los niños, porque les imponen una sola imagen de una historia. Otros, por el contrario, piensan que las ilustraciones impulsan la imaginación. ¿Qué piensas de esto, y cómo eliges qué momentos o personajes de una historia vas a ilustrar? Sólo hace falta que pensemos en la historia del arte, por ejemplo en la obra de Giotto, para entender la importancia de las imágenes entre las personas que aún no saben leer. Pensemos en los niños pequeños que apenas empiezan a leer: las imágenes en los libros son insustituibles. Las imágenes estimulan la curiosidad, las imágenes enriquecen la historia. Yo trato de conocer la historia como un todo y luego ilustrar los momentos interesantes, tal vez los momentos clave. Algunas de mis decisiones se basan en el sentimiento. Otras, tal vez, en qué tanto se describe o no alguna cosa. Si contara la historia exactamente con las mismas imágenes que ya se narran el libro sería aburrido. A veces trato de ilustrar lo que no se cuenta. ¿Qué consejo les darías a los jóvenes aspirantes a ilustrador? Que aprendan tantas técnicas como sea posible; que dibujen cada día. El dibujo es la base para convertirse en ilustrador. Siempre hay que ver muchos libros y obras de arte en los museos, porque la computadora no puede nunca mostrar la pintura tal como es: hay que estar frente a ella. La curiosidad necesaria para probar y disfrutar, y divertirse en el trabajo, son lo más importante. L Linda Wolfsgruber estará presente hoy, a las 18:00 horas, en la inauguración de la muestra de su obra Balance de un mundo imaginario, en la Galería La Esmeralda, de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado del Cenart. La exposición permanecerá hasta el 24 de noviembre. Una selección de su obra puede verse en su sitio web, en alemán: http://www.lindawolfsgruber.at/


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LABERINTO

en librerías

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scritos entre 1953 y 2007, estos ensayos, por fin reunidos, confi rman el lugar protagónico de René Girard —que está por cumplir 90 años— dentro de la crítica literaria. De Chretien de Troyes a Michel Butor, pasando por Cervantes, Shakespeare, Racine, hasta Marivaux y Malraux, exploran las tensiones entre el amor romántico —de estirpe caballeresca— y el deseo sexual. La ley universal de la literatura occidental, dice Girard, es la frustración. Procuramos a quien nos rechaza y rechazamos a quien expresa abiertamente su deseo. “Los únicos objetos —escribe— que siguen siendo permanentemente deseables son los inaccesibles”, los mismos que ejercen tanto poder de atracción

Antología poética Antonio Cisneros Fondo de Cultura Económica México, 2012 206 pp.

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on edición y prólogo de Peter Elmore, esta antología recorre más de cuatro décadas de la obra de uno de los mayores poetas latinoamericanos, Antonio Cisneros, quien nació en Lima el 27 de diciembre de 1942 y murió en la misma ciudad el pasado 6 de

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econocido como uno de los poetas más rigurosos que ha dado no sólo nuestro país sino la lengua española, Alí Chumacero —es una desgracia— no deja de ser un fenómeno local aunque un despistado participante hable de “la casi universal admiración sentida por su obra en verso”. Por la brevedad de su obra poética, parece que se ha dicho todo sobre ella pero, como la de todo verdadero artista, en realidad es inagotable en cuanto a las interpretaciones que puede sugerir. A partir de Heidegger, Dante, Rilke y Blanchot, dos de los participantes realizan una lectura fi losófica. Son destacables los textos que valoran el trabajo de Alí Chumacero como critico y editor.

El abogado del narco Harel Farfán Ediciones B México, 2012 267 pp.

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osé Lorenzana es un abogado cualquiera. Su carrera comienza como la de todo profesionista mexicano: con dificultades para el ascenso. El poder, las balas y el dinero lo seducen. Su carrera, de un momento a otro, cambia vertiginosamente al hacerse cargo de los asuntos de Amado Carillo

Geometrías del deseo René Girard Sexto Piso México, 2012 124 pp. que no pueden ser doblegados. A partir de esta certeza, Girard arriesga lecturas originales de algunos autores y obras paradigmáticos. Vale la pena asistir a las tundas que se lleva el psicoanálisis, con Freud a la cabeza.

octubre. Reconocido con premios como el Pablo Neruda en 2010, su poesía —dice Elmore— es como una crónica de viaje. “De la distancia y los encuentros, así como de los hallazgos y los extravíos, da cuenta una escritura que se orienta en las aguas —con frecuencia agitadas— de la historia comunitaria y personal”, precisa Elmore. Esta colección comienza con David (1962), dejando fuera la plaquette Destierro, publicada en 1961, y culmina con Un crucero a las islas Galápagos (nuevos cantos marianos), de 2005, su último libro. El volumen también incluye una muy útil “Bibliografía selecta” acerca del autor de Canto ceremonial contra un oso hormiguero.

En la orilla del silencio Varios autores Fondo Editorial Tierra Adentro México, 2012 128 pp. En esta última actividad, es de notar que en la producción de la colección Breviarios del FCE participó realizando traducciones del inglés, francés y alemán. El responsable bien pudo haber dado cuenta de algunos títulos.

Fuentes, mejor conocido como “El Señor de los Cielos”, jefe del Cártel de Ciudad Juárez. Lorenzana debe aprender el juego sucio del crimen organizado, debe aprender a meditar cada decisión, en medio está su vida. Para él, la lealtad se mide según el nivel de habilidad para solucionar la vida de un criminal. Entre otras cosas, el abogado debe recuperar el cuerpo de Carillo Fuentes de la Semefo y entregarlo a su familia. De no hacerlo, es hombre muerto. Con una escritura sencilla, la novela El abogado del narco transcurre en una atmósfera de negocios millonarios, drogas, poder, jets privados y fiestas con los personajes políticos más influyentes de nuestro país.

FELICITACIÓN PASCUAL BORZELLI IGLESIAS

Laberinto felicita a sus colaboradoras Adriana Malvido y Mónica González por haber obtenido el Premio Nacional de Periodismo en las categorías de Entrevista y Reportaje gráfico, respectivamente. Adriana Malvido y Mónica González con el arquitecto Fernando González Gortázar el pasado lunes 22 de octubre.

En recuerdo de El loco impuro LOS PAISAJES INVISIBLES ESPECIAL

Iván Ríos Gascón www.ivanriosgascon.wodrpress.com

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ras una mirada implacable al laboratorio de la altanería científica, Roberto Calasso anotó en El loco impuro: “Para liberarse de Dios no basta con matarlo. Aunque el gesto sea fulmíneo, la agonía se extiende por años y años, porque Dios tiene una relación caprichosa con el tiempo”, idea que prosigue a una cita de Nietzsche de La gaya ciencia, el epigrama 288, donde el filósofo alemán se explaya sobre los estados de ánimo elevados, instantes de sublimidad de los que el hombre por incrédulo, por incauto u ordinario suele renegar o, peor aún, acostumbra a reducir a efímeros relámpagos de gracia. Qué razón tiene Calasso cuando afirma que la divinidad mantiene una relación caprichosa con el tiempo y más certero es Friedrich Nietzsche, que se ocupó de desentrañar la miseria del espíritu, la maldición del animal que ríe: “Las enfermedades, sobre todo las nerviosas y cerebrales, son signos de que falta la fuerza defensiva de la naturaleza fuerte; sucede incluso con la irritabilidad, de forma que el placer y el desplacer se convierten en problemas de primera magnitud” (La voluntad de poder, epigrama 43) ya que, curiosamente, cuando experimentó la epifanía de El loco impuro, Calasso escarbaba en las Memorias de un enfermo de nervios, de Daniel Paul Schreber, ese alienado que a finales del siglo XIX pasó una penosa temporada en centros psiquiátricos hasta terminar en el Hospital Mental de Sonnenstein, a cargo del profesor Paul Emile Flechsig, su par y enemigo histórico ya que ambos, como más tarde Sigmund Freud, se empeñarían en urdir el óbito de Dios. En aquella lejana ópera prima, Roberto Calasso esbozó el temperamento de lo que iba a ser su bitácora intelectual, un espacio inabarcable donde el

arte y el pensamiento se bifurcan como una enredadera milenaria: el mundo de las ideas también es circular; la sensibilidad, la inspiración, provienen de un contacto inevitable con el mito, las trampas de la fe y la incertidumbre, el artista es un ser ignoto, quizás es por eso que hasta un sueño puede esbozar la hagiografía de todo un siglo. ¿Qué es la locura sino una revelación sutil o ensordecedora? ¿Qué es la poesía sino un soplo quimérico, el mensaje telepático que alumbra o atormenta, que desgarra el temperamento hasta allanar la voluntad de recrear al universo? La obsesión totalizadora marcó el pulso en la escritura de Calasso. Aquel demente libertino, descifrado por su mirada rigurosa, advirtió la caída de un imperio, trazó las líneas de una lengua, el futuro a la sombra del alma en extinción, o quizá sea mejor decir que en la exhaustiva reconstrucción del delito primigenio (Schreber confesó en sus Memorias que existe un lenguaje propio de los nervios, imbuido por los rayos divinos que poseen a los durmientes) surge lenta, paulatinamente, la metempsicosis de Occidente. El Ser Supremo, dijo Schreber, acostumbraba tratar con los cadáveres. Después se hizo presente en las visiones y las voces que atormentaban a los vivos, aquellos que el kitsch designó como profetas, como videntes o poetas. Y es ahí donde se comete el crimen: la violenta intervención del doctor Fleschig en el cerebro de los locos suprimirá las posibilidades de transmigración espiritual, borrará la insólita aventura en los vestíbulos del cielo. Por fortuna, muchos se salvaron. Jean Paul, Hegel, Gerard de Nerval o Antonin Artaud. El loco impuro es la venturosa encarnación del orden escindido, la revuelta o la emancipación a través del viento paráclito, diría Michel Tournier, que propulsa a la cultura. L


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MILENIO

teatro CORTESÍA PRODUCCIÓN

La pieza se presenta en el teatro El Galeón, sábados y domingos a las 13:00 horas

Sacrificio y renovación La maizada recrea uno de los mitos prehispánicos más antiguos y con más poder de sugestión en nuestra cultura CRÍTICA Alegría Martínez alegriamtz@gmail.com

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pegada a nuestras tradiciones, a una leyenda que nos habla de nuestro alimento esencial, su valor y su origen, La maizada es una obra con sentido del humor que no le teme a las palabras ni a su significado, que las pone en su preciso lugar y hace que resalte su brillo o su oscuridad sin recelo de los oídos jóvenes, los inocentes o los adultos. Escrita por David Olguín y llevada a escena por Clarissa Malheiros, La maizada es una de las pocas

obras dirigidas a jóvenes espectadores, que parte de un trabajo riguroso, honesto y de calidad, tanto en el texto dramático como en cada uno de los lenguajes que se desarrollan sobre el escenario. Inspirado en una narración oral de la comunidad tzoque-popoluca, el autor estructura esta historia sobre el nacimiento del maíz dentro de un ciclo en el que se hacen presentes el fuego, el rayo, lo invisible y lo visible; inicio de una etapa, metáfora de un comienzo en el que las contradicciones, la unión de los opuestos y el instinto de supervivencia conllevan el cierre de ciclos de vida que plantea nuevos desafíos.

La magia del reflejo, el arriba, el abajo, la simbiosis de bien y mal, son planteados por el autor y resueltos por la directora mediante imágenes, proyecciones y la interpretación de los actores que encarnan brujos hambrientos o un rayo macho que, sin doblar del todo su brazo, sabe perder. Todo ello entre circunstancias en las que tienen cabida los equívocos por olvido, la decepción y la esperanza. David Olguín vuelca su conocimiento dramatúrgico, su talento como director, su sensibilidad y sentido común en el texto dramático que Clarissa Malheiros y la compañía Máquina de Teatro transforman en una memorable experiencia escénica, plástica y sonora. Los personajes, animales conocidos o seres de ficción, se transforman en figuras fantásticas de movilidad extraordinaria. Muñecos confeccionados con hoja de palma, de elote, tela de manta o algodón en gamas de alegre colorido, y personajes con rostros expresivos o cubiertos bajo una inmensa maraña de zacate, son diseño y realización de Carlos Brown, quien domina la dificultad de utilizar materiales orgánicos para crear, por ejemplo, una inmensa lagartija, un armadillo o un puerco gigantesco, entre otros personajes que emergen con la magia de nuestros artesanos, bajo la flexibilidad y el extraordinario manejo corporal de actores en grupos de dos o de tres. Los actores cantan, interpretan y tocan instrumentos, inundan la sala con notas de son y letras que nos remiten a nuestra tradición musical: las andanzas del santo niño del maíz, que cruza paisajes de arena proyectados al fondo del escenario, en el que se recrea el lago y su reflejo, o la sombra de su madre que lo sacrifica para que los hombres tengan alimento. Juliana Faesler y Sergio F. López Vigueras diseñaron la escenografía y la iluminación. Huacales y mazorcas crean un sembradío de maíz, y una tela metálica bajo luz azul conforma un claro de agua. Una verja de púas anuncia los límites. Imaginación y creatividad al servicio de una obra en la que cada diseño es una propuesta artística. Natyeli Flores, Paula Watson, Francisco Pita, Alejandro Camacho M., Eduardo Tanús, Andrés Tena, Paola Arrioja, Cecilia Ramírez e Itzel Aparicio dan vida con todo su cuerpo, su voz y sus pies desnudos a muñecos que requieren ser manipulados y construidos por dos o más actores en coordinación y ensamblaje perfectos para que el personaje cumpla sin tropiezo con su tránsito por parajes en los que habitan seres de un tamaño, un andar, una complexión y una presencia mayores a los comúnmente esperados. Arturo López Pío de Proyecciones Cineamano, Alma Gutiérrez en la asistencia de dirección, Salomé Tovar, como asistente de producción, Paula Watson en la música y Alejandro Camacho Márquez en la producción ejecutiva de La Máquina de Teatro completan el sólido equipo que hace de La maizada un buen espectáculo que rompe la barrera de la edad. Quienes acudan al teatro a ver esta obra conservarán la imagen del sacrificio y la renovación, abrazarán personajes cuyo rostro puede emerger de un sombrero y cuyas patas son esos cilindros de palma llamados “atrapa novios”, mientras el santo niño del maíz es un joven con espíritu guerrero y pelo de elote, un hombrecito erguido, que elige su lugar y acepta su destino por el bien de los demás, muy cerca de la trampa del abismo, siempre al acecho. L

LA PUERTA ESTRECHA ESPECIAL

El exilio de Tarzán Alicia Quiñones aquinonescontacto@gmail.com

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arzán es un pobre diablo que carga con la muerte de su hijo. En su vejez arrastra los malos humores y las culpas por los abusos de poder. Ha tenido que dejar la selva, donde su vida tuvo sentido. Ahora llega a un hotel con su Jane, lejos de casa, donde nadie lo conoce, pero en el que creen su historia de emperador, de líder. A este Tarzán perdedor ya no le importa casi nada, solo necesita resolver el martirio que le produce el recuerdo de su hijo, con quien sueña, a quien cree encontrar en la oscuridad, a quien desea explicarle que su muerte solo fue un accidente: se le pasó la mano. Titulada originalmente King Kong Palace o el exilio de Tarzán, esta pieza teatral fue escrita por uno de los dramaturgos actuales más importantes de Latinoamérica: Marco Antonio de la Parra (Chile, 1953). Novelista, dramaturgo, pedagogo, teórico y ensayista, De la Parra es uno de esos escritores a los que el devenir político le resulta tan atroz que se convierte en uno de los motivos principales de su creación. Su literatura guarda una relación directa con la historia de su país, con la identidad social y con temas como la lealtad y las problemáticas generadas por los valores de la

sociedad. Por ello es que en esta historia fársica especula sobre los últimos días del dictador chileno Augusto Pinochet y su familia, o la de cualquier dictador “tercermundista”. Una buena parte de sus libros, sobre todo los que escribió en su juventud, están marcados por la mirada de una generación que truncó sus sueños y anhelos, según De la Parra, por una dramaturgia que presenta “personajes postcatrástrofe”: políticos venidos a menos, profesionistas frustrados, parejas infieles; personajes cuya cotidianidad se mueve entre el amor y la venganza, el sometimiento y el deseo de libertad, en la dualidad, la esperanza y la decepción. De la Parra publicó en México, en 2005, Carta a un joven dramaturgo, una serie de recomendaciones y un diálogo con los escritores dramáticos que comienzan una trayectoria, pero también la suma de conocimientos sobre este oficio. El libro es un acta de principios, una carta de creencias sobre el teatro, sobre la realidad y el realismo dentro de la ficción; principios aplicables casi a cualquier género literario. Basado en King Kong Palace, el director y dramaturgo mexicano Antonio Zúñiga ha llevado a escena esta historia contextualizada a la realidad mexicana, titulada De hombres, reyes y gorilas, que se reestrena el próximo 24 de noviembre en el Centro Cultural Carretera 45 Teatro, ubicado en Juan Lucas Lassaga 122, colonia Obrera. Con este intenso y destacable montaje, bajo la dirección de Rafael Covarrubias, se llevará a cabo la apertura de este nuevo foro independiente. Un

Una escena de la puesta dirigida por Rafael Covarrubias

proyecto que dará salida a nuevas propuestas teatrales y una opción en la cartelera cultural para los amantes del teatro. Las actuaciones de Rodolfo Nevares, Margarita Ozano, Abraham Jurado, María José Venegas, Christian Cortés, Manuel Domínguez, Bruno Benítez, Rodrigo Corea, Luis Ubaldo Moren, Cesar Ríos Legaspi, Carlos Valencia y Pila Padilla, hacen que esta puesta, dotada de una serie de irrealidades, de dolor y de un buen sentido del humor, proponga una mirada hacia las frustraciones de un hombre y la lucha por el poder en México. La puerta estrecha se ha cerrado. L


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LABERINTO

cine Pablo Larraín

“Nuestras sociedades no están acostumbradas a ganar” No se concentra en los días en que los ciudadanos chilenos debían elegir la permanencia o el retiro de Augusto Pinochet ESPECIAL

Pinochet y sé que hay varios directores interesados en el tema. Toda esa especie de revisionismo me parece positivo pero en lo que a mí respecta no me veo filmándola, al menos en el futuro inmediato. Usted era poco más que un niño cuando sucedió el plebiscito. ¿Qué tanto de su memoria influyó a la hora de recrear la atmósfera de la película? De hecho, tenía doce años. Me acuerdo más del fervor que había en las calle que de la importancia de la elección que se iba a tomar. El país estaba divido y la televisión tenía un rol preponderante. No era como hoy, en que existe Internet, los diarios, varias cadenas televisivas. A mediados de los años ochenta sólo había tres canales, que eran nuestra ventana al mundo y a las noticias. Por lo tanto, lo que pasó durante los 27 días de campaña marcó un antes y un después. La campaña del “No” dio voz a una parte importante de la población que nunca antes había podido expresarse o reunir de manera libre y espontánea. Uno de mis objetivos fue rescatar y mostrar la efervescencia de aquella época. Alfredo Castro, actor de su película, formó parte de la campaña del “No”. ¿Su testimonio contribuyó al guión? Varia gente que participó en la película estuvo presente en la campaña. Fue curioso porque actores como Alfredo interpretaron a defensores del “Sí”. Sus conocimientos me permitieron darle un toque documental a la historia. Gracias a su participación pudimos abrir una ventana que nos permitió encontrar la verdad de aquellos días. Todos los elementos se conjugaron para construir una película muy auténtica. Poder contar con los mismos rostros que participaron hace veinticuatro años contribuyó a que la película no solo fuera un documento histórico sino a que tuviera vida propia.

Gael García en el papel de René Saavedra

ENTREVISTA Carlos Jordán gonzalezjordan@gmail.com

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l 5 de octubre de 1988 el régimen militar chileno convocó a un plebiscito. El objetivo era decidir sobre la continuidad o el rechazo a la dictadura. A partir de aquella experiencia Antonio Skármeta escribió su obra de teatro El plebiscito, que provocó No, la nueva entrega de Pablo Larraín. La cinta protagonizada por Gael García Bernal, quien da vida al publicista René Saavedra, rememora la importancia de la televisión durante las campañas. A propósito de su estreno en México y luego de inaugurar el Festival Internacional de Cine de Morelia, el director habla en entrevista.

¿Cómo se dio el proceso de adaptar la obra de Skármeta? La obra de teatro de Skármeta sucede en una agencia de publicidad, donde trabajan dos personas. Una apoya la campaña del “Sí” y otra la del “No”. Eso fue lo que tomamos; el resto, como el desarrollo de los personajes, el entorno y buena parte de los diálogos, corrió por nuestra cuenta. ¿No es el fin de su revisión a la dictadura pinochetista? Nunca imaginé que haría tres películas sobre la dictadura. No fue un plan preconcebido. Sin embargo, ahora estoy pensando en otras temáticas. Si bien es cierto que aún falta mucho por contar sobre aquellos años, ya es hora de que me concentre en otras cosas. Aún falta una película realista sobre la historia de

¿Por qué se concentró en la campaña por televisión, y no en lo que sucedió en las calles? Lo más importante fueron las cápsulas televisivas. A partir de esa plataforma la gente captó el mensaje. Fue ahí donde se decidió transmitir una sensación de ilusión y alegría, aun teniendo todas las posibilidades de apoyarse en lo que había sucedido: desde los abusos a los derechos humanos hasta la violación de libertades personales y colectivas. Decidieron no mirar al pasado y en cambio hacer una campaña positiva. Invitaron a pensar en Chile de otra forma, como un lugar donde no imperara el miedo. Se les decía: “Si ustedes votan hoy, vendrán cosas alegres”. Se despojaron de la solemnidad y ofrecieron una felicidad verdadera, apelaron al estado de ánimo y consiguieron un fenómeno televisivo sin precedente. Por eso me concentré en ese espectro. Sin embargo, el personaje del publicista René Saavedra es ambiguo. Usa el entorno político lo mismo para la campaña del “No” que para vender una telenovela. Entiendo esa lectura, pero es que él es un joven que regresa al país tras años de exilio. La misma campaña del “No” lo reconecta con su entorno. No creo que sea un personaje ambiguo, simplemente utiliza sus conocimientos en un área para aplicarlos a la causa en la que cree. En realidad esta es la historia de un grupo de gente común que se organiza y se convence de que puede derrocar a un dictador por una vía democrática. Creo que fue una lección insólita para Chile, pero también para Latinoamérica, ya que nuestras sociedades no están acostumbradas a ganar o tener finales felices. En ese sentido no me interesaba hacer un tratado histórico sino una lectura sobre nosotros. L

HOMBRE DE CELULOIDE ESPECIAL

Anti-Edipo Fernando Zamora @fernandovzamora

L

ife during wartime tiene un mensaje críptico, pero si uno se pregunta a qué guerra refiere el título encontrará que el autor afirma que, más que los pedófilos, en esta sociedad están enfermos los “normales”. No hay en la moral políticamente reinante un discurso más incendiario, pero Solondz ha sabido cultivar su prestigio con la lucidez de una diva y desde que irrumpió en el arte con Welcome to the dollhouse (1995) ha ido desarrollando sus argumentos como un ajedrecista. Life during wartime solo puede ser entendida como parte de un corpus y particularmente en conjunción con Happiness (1998). En Happiness las cuestiones abiertas por Solondz estaban azucaradas con cinismo. Lo que hoy dice es puramente poético. En torno al tabú del niño como objeto sexual, Solondz ha logrado lo que Almodóvar no pudo: recrear a un pedófilo que respira y tiene sangre; uno que cuestiona al hijo a quien no destrozó la vida y que es recordado con nostalgia por el hijo menor. El filme está basado en estos dos puntos de vista: el criminal que sale de la cárcel y no sabe en qué

momento recaerá y el hijo que escribe su ensayo sobre el significado de volverse adulto. Timmy prepara su bar mitzvah y no es casual, me parece, que el trasfondo de esta búsqueda del padre y el hijo suceda con un rito religioso como trasfondo. Es la ausencia de certezas; es la “muerte de Dios” en el sentido nietzscheano (una tragedia y no un aleluya) la que da razón al vacío de todos estos seres: sus fantasmas, su necesidad de ser amados y esta obsesiva confusión entre el sexo y el amor. Durante mucho tiempo pensé que Solondz era un cínico más. Uno que escandaliza como quien envuelve la “mierda de artista” o busca en el siglo XXI el sentido de un cuadro hecho de manchas rojas. No lo es. Solondz forma parte de una generación de cineastas que busca con seriedad la razón del arte en un capitalismo en el que todo vale lo mismo. Si en Muerte en Venecia la irrupción del adolescente servía a Gustav para demostrar que la belleza se da en el aquí y ahora, en Life during wartime la irrupción del pedófilo tiene como función demostrar que sin al menos un valor absoluto (eso que en Solondz es la persecución del “happiness”) nada tiene sentido. Sin al menos una piedra angular sobre la que asentar los juicios, la moral del pedófilo es en todo equivalente a la del ama de casa que busca rehacer su vida con un hombre normal. Tampoco es casual que el niño tenga tantas preguntas con respecto al terrorismo ni tampoco que el hijo mayor del pedófilo esté buscando demostrar

Life during wartime (Del perdón al olvido). Dirección Todd Solondz. Guión Todd Solondz. Música Vivaldi. Fotografía Edward Lachman. Con Allison Janney, Shirley Henderson, Michael K. Williams, Michael Lemer y Dylan Ridley Snyder. Estados Unidos, 2009 que la función principal del sexo entre los seres humanos es evitar la violencia y no la reproducción. En esta obra, Solondz lanza un sutil manifiesto que dice que la felicidad existe y que por tanto el bien existe. Si esto fuera cierto, sería válido el amor de estos niños por su padre por más que este fuese un degenerado y entenderíamos que el final tiene la contundencia de un anti-Edipo en esta sociedad que poco sabe de moral bergmaniana. L


12 b sábado 10 de noviembre de 2012

MILENIO

varia ESPECIAL

AVELINA LÉSPER

El PRI Bueno y los intelectuales

Cómo destruir un museo

ARCHIVO HACHE

CASTA DIVA

Heriberto Yépez hyepez.blogspot.com

I

gnacio Sánchez Prado afirma que Krauze y EZLN, el 132 y Aguilar Camín, AMLO y Salinas, son emanaciones de una “matriz liberal”. Según él, la cultura política mexicana (y sus intelectuales) es presa del liberalismo. Esa “matriz liberal” dicta que incluso oposición y grupos rebeldes idolatren al “Estado de derecho”. De acuerdo a su tesis, el llamado al orden liberal se traduce, por ejemplo, en que cada vez que el panorama es negro alguien cite la Constitución. “Si hemos de discutir la promesa, o la imposibilidad, de una política radical en México, creo que aquí se encuentra el obstáculo fundamental: el impasse de un Estado de derecho absoluto que domestica cualquier pensamiento político desde su persistente e infinita reivindicación”. Sánchez Prado es autor de Naciones intelectuales: las fundaciones de la modernidad literaria mexicana (1917-1959); editor de varios volúmenes y profesor de Washington University St. Louis. Su texto sobre la matriz liberal, y muchos otros, pueden consultarse en www.ignaciosanchezprado. blogspot.com Sánchez Prado es uno de los analistas más interesantes de este momento. Sus intervenciones son clave. Gusta de la polémica, y la ejerce dentro de las convenciones de la prosa académica, lo cual fortalece su seriedad analítica, y a veces domestica e institucionaliza su pensamiento. En la expresión “matriz” liberal se asoma un error epistemológico: la hipóstasis.

Al hacer emanar de una constitución ideológica mexicana toda expresión cultural que analiza para su tesis, Sánchez Prado repite la lógica que critica. Decreta que revolucionarios e institucionales son uno. Para Sánchez Prado la jaula de la melancolía liberal no ha tenido afuera. Además, su modelo es centrípeto y deja fuera circunstancias materiales. Compara textos, sin sus contextos. ¿De verdad es idéntico signo una indígena pidiendo se cumpla la Constitución y el enaltecimiento del Estado de derecho desde Los Pinos? Al señalar que los opositores usen los mismos signos de sus opresores también liberales, ¿Sánchez Prado lamenta la falta de política radical o prepara una sutil apología de su imposibilidad? La ambigüedad de su postura política lo pone a la derecha de la discusión. Su postura arriesga ser un diagnóstico fatalista de que por más que los mexicanos lo intentan, al final del día terminan volviendo al redil liberal, al PRI Bueno. Sánchez Prado se ríe de los “liberales”, como un Zizek que, sin embargo, descree de Marx. Critica el liberalismo del PRI con la ideología del PRI: todo cabe aquí. Al hacerlo sin política radical, elegir como blanco preferido la izquierda y opositores del gobierno y al ser marcadamente más benévolo con los intelectuales más cercanos al gobierno, la crítica de Sánchez Prado contra los “liberales” se mantiene dentro de la ironía neoconservadora. L

Avelina Lésper www.avelinalesper.com.mx

L

a larga remodelación por la que pasó el museo Tamayo fue una demostración sustancial de sus valores y una reafirmación de intenciones. Es un museo de y para curadores. Atentando contra la sensibilidad social, y en consonancia con la demagogia y el autoritarismo del arte contemporáneo, una sala lleva el nombre de Carlos Hank Rhon porque se supone que él patrocina su mantenimiento. Rufino Tamayo, como recompensa a su labor artística y a la donación de la colección permanente de este museo, tiene esta sala que ocupa, aproximadamente, la quinta parte del espacio museístico para que su obra sea expuesta. Gracias a la decisión de hacer ostentoso y visible el nombre de tan importante patrocinador podemos ver cómo con el arte no solo se lava dinero, también se lavan nombres. El delirio de las contradicciones sigue en el resto de las salas. La obra de Ryan Gander, que para su exhibición se bastaba con tres metros cuadrados, tiene un espacio de más de 200 metros. Esta megalomanía muestra, entre otras cosas, asientos de bicicleta y una obra de “protesta” que supone una “crítica a la comercialización del arte”. La siguiente sala exhibe una curaduría frívola y neurótica de Julieta González que versa sobre “Obras de artistas que abordan de manera retrospectiva las visiones del futuro de la modernidad” y “Los imaginarios predictivos”. Omito la lista de artistas que emparienta a Henry Moore con Julieta Aranda. Es una ley que en este tipo de exposiciones los artistas sean intercambiables y sirvan para decorar las ideas del curador. Con una posición supersticiosa, basada en mitos televisivos de masas, con visión de comic book adolescente de post guerra tipo Atomic attack, Atomic war y weird future, de nulo rigor científico o histórico, esta mega reunión de objetos, videos y obras del acervo es manipulada para ilustrar un discurso curatorial digno de la ignorancia sectaria que hoy representa el Tea Party. No muestra ni analiza los orígenes y consecuencias de esa paranoia social, de

las personas y gobiernos que alimentaron el odio al otro, del verdadero impacto de la Guerra Fría, y el prejuicio y la desconfianza a la ciencia que se implantó. La sucesión de salas atiborradas de cosas, fotos, libros, recortes, post it, difunde leyendas colectivas sin tocar las guerras reales e intereses que detonaron esta paranoia, ni las verdaderas problemáticas que existen hoy y que fueron advertidas desde hace décadas: la nueva generación de golpes de Estado impuestos gracias a la crisis provocada por los bancos. Se queda en su literatura de comic book, un discurso facilísimo que sirve para dos propósitos: insertar obras que tienen que ver poco o nada con el tema y evadir a la realidad, literalmente buscando marcianos sin ver lo que ya está aquí. Mientras la sala de Gander es el vacío de obras y de ideas, en estas salas se congestionan los objetos y el vacío de ideas serias. En la sala de consulta del museo están las dos carpetas curatoriales de esta exposición con sus textos de deficiente prosa y argumentos superficiales. En otra sala una exposición decorativa, con un tapete rojo, llamada Primer acto, y otra que se llama Nueva matemática, que, entre otras cosas, trata de demostrar la científica idea de la existencia del diablo. Me pregunto por qué la obra de Tamayo tiene que convivir con la arrogancia y la banalidad curatorial, quién o cómo decidieron entregar este museo, uno más, a este tipo de exposiciones sin sustento intelectual ni estético. Estamos saturados de estas exposiciones. Los museos de la UNAM y la gran mayoría del INBA están dedicados a validar a los curadores como autoridades del arte. Lo que demuestra la catadura de quienes manejan y exponen en este museo es la pasividad ante el nombre de Hank Rhon en una de las salas. Todas las exposiciones son de pseudo protesta, panfletarias, cargadas de contenido de aspiración filosófica, y ante tremendo nombre en la entrada sus grandilocuentes denuncias guardan silencio. ¡Bravo! Así se hace. El dinero no tiene ética. Les pido que cada vez que pongan sus exposiciones con intenciones políticas, sociales y morales, recuerden en dónde están y quién los patrocina. L

Laberinto No. 491  

Suplemento cultural de Milenio Diario.

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