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SUMARIO EL

4 EXILIO ESPAÑOL

DOSIER: E XPULS ADOS EL

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EXILIO CIENTÍFICO DE

DE LA TIERRA

1939:

8

EL

ALGUNAS NOTAS

REGRESO EDITORIAL DE SENDER

EL ARTE

12

PAÍS DEL OLVIDO

19

Y COMPROMISO: JOSEP

ACARICIAR

23

LA IDEA: JOSÉ

RENAU

GAOS

SINGLADURAS EL LUZ

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EXILIO REPUBLICANO ESPAÑOL

28

LEJANA DE

CONSTRUYENDO

MARÍA ZAMBRANO

30

MUNDOS NUEVOS: JOSEP

33

LLUÍS SERT

JOSÉ ALCUBIERRE MEMORIA EN

DEL FUTURO

35

UN CENTENARIO DEL ANARCOSINDICALISMO

HERRAMIENTAS MAUTHAUSEN,

41

MAYO DE

2010:

LABERINTOS EL

UN VIAJE DE MEMORIA

RECOMIENDA

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GUARDIÁN ENTRE EL CENTENO

48

JOHN MAYALL´S

USA UNION

50

POR-VENIR: CRISTINA GRANDE

PORTADA: ESPEJO 6PETIT. ALMALÉ - BONDÍA. BEGOÑA DIEZ, JULIO GARCÍA, JOSÉ GIMÉNEZ CORBATÓN, FERNANDO MARCO Y ANA TOMÁS. COLABORADORES: JAVIER ALMALÉ, JESÚS BONDÍA, JOSÉ M. COBOS BUENO, PABLO CUELLO MARÍN, ALEJANDRO R. DÍEZ TORRE, DANIEL GARCÍA ARANA, JULIO GARCÍA CAPARRÓS, CRISTINA GARCÍA MIGUEL, DAVID GONZÁLEZ MARTÍN, MARIANO GRACIA SÁNCHEZ, CRISTINA GRANDE, CLARA JAUME SANTERO, ALBERTO JUNCOSA OLIVERA, FERNANDO MARCO MELERO, MARÍA ÁNGELES NAVAL, LUIS ANTONIO PALACIO PILACÉS, SANDRA PALLARÉS NAVARRO, OLGA PUEYO DOLADER, DIANA VEGA LÓPEZ. EDITA: INSTITUTO DE EDUCACIÓN SECUNDARIA ÉLAIOS. ANDADOR PILAR CUARTERO, 3. 50018 ZARAGOZA. DISEÑO Y MAQUETACIÓN: MAGHENTA, S.L. IMPRESIÓN: TALLERES EDITORIALES COMETA, S.A. DEPÓSITO LEGAL: Z-1363-2000. ISSN: 1577-5011. CONSEJO

DE REDACCIÓN:


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Editorial

El exilio español Tras la caída de Barcelona el 26 de enero de 1939, entre finales de ese mes y principios de febrero de 1939, un gran contingente de población se dirigió al departamento francés de Pirineos Orientales huyendo del horror. Procedían de lugares diversos de la geografía española, fue la mayor diáspora de la historia de España, imágenes en blanco y negro que hemos visto en tantas fotografías reflejando ese éxodo de dolor, la huida hacia Francia como única tabla de salvación. La imagen de Machado pobre y desvalido escapando con su madre anciana hacia Collioure y muriendo solitario a los pocos días de su llegada a Francia, puede ser la fotografía de nuestro drama, aunque la lista de hombres y mujeres sea interminable. Eran cientos de miles de personas forzadas a abandonar su tierra, perdida con tristeza y con valor, para pasar andando la frontera y dejar todo lo que había sido su vida. Se veían obligados a exiliarse por motivos ideológicos y por miedo a las represalias, el conjunto era heterogéneo en cuanto situación social, profesional y adscripción política. Francia no fue el único país que acogió a los exiliados españoles, pero sí que junto a México fue el fundamental, aunque hubo también otros: Inglaterra, Rusia, Bélgica y el norte de África. Desde Francia algunos partieron en trenes hacia los puertos franceses para llegar a América. También, como relata Luis Antonio Palacio en su artículo, los que no contaron con una posible vía de escape por tierra intentaron una huida desesperada por mar o por aire. El horror no terminaba con el abandono y el sufrimiento del viaje, les esperaban campos de concentración como Gurs o Argelès-sur-Mer, “un infierno sobre la arena” como describiría Robert Capa, donde los alambres de espino, el frío, el hambre, la falta de higiene, el maltrato y la separación de sus familiares marcaron su nueva vida de nostalgia y amargura al otro lado de la frontera o del mar. Las fuerzas franquistas en abril de 1939 habían provocado un éxodo dantesco con “sus gritos bárbaros de victoria”, como diría María Zambrano, además de dolor por la derrota, por los muertos y por el desarraigo. Una pérdida demasiado dura para España y para todos, proscritos sus más ilustres hijos. Pero para mantener el horror de la dictadura era preciso también acabar con la cultura, llevar a cabo las purgas por las Comisiones Depuradoras, lo que supondría una España de mediocridad durante largo tiempo, por muchos de nosotros conocida y padecida. Al recuerdo de este periodo tan triste y cruel de nuestra historia y lo que supuso para muchos ciudadanos, ya fueran ciudadanos de a pie, escritores, artistas, científicos o intelectuales como Sender, José Gaos, Josep Renau o María Zambrano hemos querido dedicar este nuevo número de LABERINTOS. 4


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SILUETAS

EL EXILIO CIENTÍFICO DE 1939: ALGUNAS NOTAS JOSÉ M. COBOS BUENO UNIVERSIDAD DE EXTREMADURA

Monumento a Claudio Sánchez Albornoz.

INTRODUCCIÓN Es casi una constante en la Historia de la Humanidad que lo que no se consigue con la razón o las urnas se alcanza con las armas. Además es un hecho digno de mención que cuando tal evento se da lo primero que se hace es acabar con la cultura, por mejor decir, con los saberes. Bajo este prisma queremos reflexionar sobre lo acontecido en España a partir del año 1939. Sirva como prólogo que cuando los sublevados, fascistas, constituyen gobierno en Burgos, una de las primeras decisiones será constituir, 7 de diciembre de 1936 (BOE, 10 de diciembre de 1936), la Comisión Depuradora de Cultura y Enseñanza que, presidida por el poeta del régimen José María Pemán, pondrá en marcha una Ley Orgánica, cuyo texto lo firmará el

referido fascista y en cuyo preámbulo se dice: “El carácter de la depuración que hoy se persigue no es sólo punitivo, sino también preventivo. Es necesario garantizar a los españoles, que con las armas en la mano y sin regateos de sacrificios y sangre salvan la causa de la civilización, que no se volverá a tolerar, ni menos a proteger y subvencionar a los envenenadores del alma popular, primeros y mayores responsables de todos los crímenes y destrucciones que sobrecogen al mundo y han sembrado en la mayoría de los hogares honrados de España. Compete a las Comisiones Depuradoras (…) proponer la separación inexorable de sus funciones magistrales de cuantos directa o indirectamente han contribuido a sostener y propagar a los partidos, idearios e instituciones del llamado «Frente Popular». Los individuos que integran esas hordas revolucionarias, cuyos desmanes tanto espanto causan, sencillamente son los hijos espirituales de 5


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fortaleza -tan «unificadamente falangista», vista desde fuera- del Estado Español de la Victoria”.

Monumento a Blas Cabrera Felipe en el Instituto de Canarias de San Cristóbal de La Laguna (foto: E. Gracia).

catedráticos y profesores que, a través de instituciones como la llamada «Libre de Enseñanza», forjaron generaciones incrédulas y anárquicas (…) Si todos cuantos forman parte de las Comisiones Depuradores se compenetran de esta manera de pensar y la transmiten en patriótico contagio a aquellos que han de coadyuvar a su labor con sus informes (…) veremos amanecer el alborada jubilosa de un nuevo Siglo de Oro para gloria de la cristiandad, de la civilización de España”. ¡Cuántos españoles ilusos confiaron en que nos les “pasaría nada”! y, o se quedaron o volvieron de Francia. Nada más terminar la guerra, no se dará una ley de reconciliación, no, todo lo contrario. Así Pedro Laín, tan poco sospechoso de izquierdoso, cuenta el relevo y los vientos que entraron en el sector de la educación–investigación: “En agosto de 1939 cayó don Pedro Sainz Rodríguez, ministro de Educación del primer gobierno del Régimen; para él y para su íntimo colaborador don José Pemartín, doble y vidriosa gloria: haber proseguido sin mayores contemplaciones la «depuración» iniciada en 1937 por las Juntas Técnicas y haber dado al país su no por olvidada menos memorable ley de Enseñanza Media. Por las razones que fueran se eligió para sustituirle al cedista, acto seguido cedo–falangista, José Ibáñez Martín, y como consecuencia de vinculaciones personales cuyo detalle no conozco, a la vez que se cubrían las apariencias frente al falangismo ortodoxo llevando a Antonio Tovar a la dirección general de Enseñanza Técnica, José María Albareda era llamado para fundar, organizar y dirigir la institución que pronto iba a llamarse Consejo Superior de Investigaciones Científicas. No poco le ayudó en su tarea Alfredo Sánchez Bella. El recién nacido Opus Dei iniciaba así su penetración en la 6

Pedro Laín Entralgo, Mariano Hormigón dice de él, “íntimamente vinculado, entonces y después, al mundo de esa ciencia”, dice: “Mientras tanto, desde el Ministerio de Educación Nacional y a través del naciente Consejo Superior de Investigaciones Científicas se acometía la empresa de la reconstrucción intelectual de España -tan urgente, después del atroz desmoche que el exilio y la depuración habían creado en nuestros cuadros universitarios, científicos y literarios- con un criterio directamente opuesto al nuestro: continuó implacable tal depuración y deliberada y sistemáticamente se prescindió de los mejores, si estos parecían ser mínimamente sospechosos de liberalismo y republicanismo, o si por debajo de su nivel había candidatos a un tiempo derechistas y ambiciosos”. (Y añade a pie de página: “Se decía: ¿Quién es masón? El que va por delante en el escalafón”). Los ejemplos menudean y sangran... Al frente del Instituto Cajal, nuestro más prestigioso centro científico, no se puso a Tello o a Fernando de Castro, ambos discípulos directos de don Santiago y disponibles ambos en Madrid, sino -entre otros- al enólogo Marcilla, persona excelente y técnico muy competente en lo suyo, pero tan alejado del trato con las células de Purkinje, valga este ejemplo, como del cerebelo pueda estarlo el vino. Los estudios físicos no fueron encomendados a Julio Palacios, católico y monárquico, dicho sea en inciso, y a Miguel Catalán, espectroscopista de renombre universal, sino a José María Otero Navascués, óptico muy estimable, desde luego, mas no comparable entonces con los dos maestros antes mencionados… En Barcelona, el enorme vacío creado por la ausencia de Augusto Pi y Suñer fue habitado por la incipiente y escasa fisiología de Jiménez Vargas, miembro del Opus Dei. ¿Para qué seguir?”. Ahora bien, todo el esfuerzo realizado en los primeros años del siglo XX para incardinar la ciencia española al concierto internacional, tal como se entiende, se verá descabezado. Había que volver de nuevo a la más pura tradición y por lo tanto a la recuperación del principio y bandera que durante

Einstein en Madrid,1923.


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tantos años se enarboló: construcción del imperio hacia Dios y por ende reserva espiritual de Europa. En este contexto la ciencia y los saberes que eran comunes en los países civilizados no interesaban más que a esas corrientes “liberales” que conformarán lo que posteriormente serán los “judeo–masones–rojos”. Se había conseguido crear Institutos de Investigación punteros en Europa, nuestros científicos eran equiparables al resto de los países más avanzados. Sirva como muestra que Blas Cabrera Felipe fue nombrado, propuesto por M. Curie y A. Einstein, miembro del Solvay Councils of Physisc (MARAGE; WALLENBORN, 1999), el órgano de investigación más importante del mundo. Además Académico correspondiente de la Academia de Ciencia de París; Secretario del Comité Internacional de Pesas y medidas, se había integrado en 1921, de 1933 a 1941.

Hernando, de la Facultad de Medicina de Madrid; Enrique Díez-Canedo y Juan de la Encina, críticos de arte; Adolfo Salazar y Jesús Bal y Gay, musicólogos. Desde el 10 de mayo al 27 de julio de 1939 llegaron a México un total de 5781 españoles, viajando en los barcos: Flande, Sinaia, Ipanema, Mexique, etc. Cuando el profesor Giral nos da una lista, 223, de científicos en el exilio, 136 se encuentran ubicados en México. Estos científicos, nada más llegar, además de dedicarse a la enseñanza en diversos centros, fundamentalmente en la Universidad Autónoma de México, crearán laboratorios y, lo que es más importante, intentarán incardinar sus investigaciones en el ámbito mexicano (GIRAL, 1994).

EXILIO CIENTÍFICO DE 1939 Desde del comienzo de la sublevación fascista se crearán organizaciones, algunas existían en apoyo a la República, en defensa del Frente Popular: FOARE, La Casa de España en México (posteriormente pasará a llamarse El Colegio de España), Society for the Protection Science and Learning en Londres (SPSL). El propio gobierno republicano, una vez establecido en Francia, creará el Servicio de Evacuación de los Republicanos Españoles (SERE) y en México Prieto creará la Junta de Ayuda a los Republicanos Españoles (JARE), dependiendo de las Cortes Españolas en el exilio. Los propios profesores españoles en el exilio crearán Unión de Profesores Universitarios Españoles en el Extranjero (U.P.U.E.E.). Aunque el exilio comenzará para algunos en el año 1937, el mayor éxodo de españoles se dará en 1939. En este año saldrán de los puertos franceses varios barcos, financiados por el SERE, a diversas Repúblicas Americanas, Chile, Argentina, Santo Domingo y en particular México. En México D.F. existirá un Comité Técnico de Ayuda a los Republicanos Españoles (CTARE), dirigido por José Puche, que se encargará de desarrollar un programa industrial, agrícola y educativo para estos exiliados (BARATAS, 1999). Todos los autores coinciden en el dato de que el mayor contingente de Científicos recalará en México. Este exilio se había iniciado a partir del año 1937 con la contratación por La casa de España de Ramón Menéndez Pidal, Tomás Navarro Tomás, Claudio Sánchez Albornoz, Dámaso Alonso y José Fernández Montesinos, del Centro de Estudios Históricos de Madrid; José Gaos, Rector de la Universidad Central de Madrid y profesor en Filosofía; Joaquín Xirau, decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Barcelona; doctor Pío del Río Ortega (sic: Hortega), director del Instituto de Cáncer, de Madrid; doctores Gustavo (sic: Gonzalo) Lafora y Teófilo

Julio Palacios.

El 1 de marzo de 1940 aparece el primer número de la Revista CIENCIA, con el subtítulo Revista hispanoamericana de ciencias puras y aplicadas, que servirá de vehículo de transmisión de las investigaciones que realizan, aunque abierta a todo el mundo científico. Dirigida por Ignacio Bolívar, entre la redacción y el consejo de redacción contamos 30 exiliados, prácticamente todos habían pertenecido a alguno de los laboratorios creados por la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. 18 eran catedráticos de Universidad, 3 rectores y 3 decanos. 14 residían en México; en Colombia y Venezuela vivirán 3; en Inglaterra, Estados Unidos de América y Francia, 2 y en Argentina, Cuba, República Dominicana y Canadá 1 exiliado. (BARONA, 2010). Estos datos nos ponen de manifiesto la diáspora científica, de forma que México se verá beneficiada, por otro lado siempre reconocido, por la presencia de todos estos científicos de proyección universal. 7


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EL REGRESO EDITORIAL DE SENDER EN 1965 (UN EPISODIO DE EXILIO Y CULTURA ESPAÑOLA) MARÍA ÁNGELES NAVAL UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA

Buscando materiales en Barcelona sobre el primer viaje de Sender a la España de Franco encontré esta fotografía del Diario de Barcelona en que aparece un Sender anciano pero exultante, un Sender aclamado. Tenemos una imagen de escritor muy poco corriente en nuestros días: los periodistas no esperan a los escritores al pie del avión para llenar con su foto la primera página de sus periódicos. El ilusionante regreso de Sender plasmado en esta fotografía se transformó pronto en decepción. Sender no conectó con las expectativas que la nueva izquierda política española tenía puestas en el regreso del excombatiente republicano. Este viaje de Sender fue decepcionante para él y para quienes en potencia debían sentirse políticamente apoyados con el regreso de un hombre notable del bando que perdió la guerra civil. Sender muestra alegría en esa foto. No se puede sustraer al entusiasmo del recibimiento. Pero ese 8

recibimiento, la sonrisa de Sender, el gesto triunfal, la sensación de que el escritor regresaba en loor de multitudes se deshizo al día siguiente en el salón de la Biblioteca de Cataluña, en cuanto Sender hubo pronunciado su primera conferencia en España después de treinta y cinco años de exilio forzoso. En Zaragoza esta decepción quedó plasmada en las páginas del número 43 (15-6-1974) de Andalán. En las páginas del periódico zaragozano el regreso de Sender quedó representado mediante unas caricaturas en las que el escritor aparece como una marioneta manejada por la rama financiera del Opus Dei. En las líneas que siguen voy a recordar algunos datos sobre el que sería el primer acto del viaje de Sender en 1974: el regreso editorial a partir de 1965. El relato del viaje de 1974 queda aplazado para otra entrega, no es la materia directa de estas páginas. Pero


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creo que estas ilustraciones relacionadas con la vuelta de Sender en 1974 obligan a una lectura en perspectiva, obligan al matiz político y sentimental, eliminan la lectura plana, lineal y didáctica de las fuerzas de progreso que intervinieron en la España de la Transición. En este primer capítulo de los regresos de Sender a la península, el capítulo del regreso editorial, se dejan ver ya complicados sentimientos humanos. La correspondencia intercambiada entre Sender y Maurín nos deja entrever la amalgama ideológicoafectiva que acompañaba a cualquier relación de Sender con la España de Franco. Espero que entre los datos documentales señalados a continuación se filtren también esos sentimientos humanos porque son el preludio de ese viaje frustrante de Sender a España y de su exilio definitivo.1 EL REGRESO EDITORIAL DE SENDER (1965). SENDER Y MAURÍN HABLAN DE SU TIERRA Primera de acero (1937) y Contraataque (1938) fueron las últimas entregas narrativas de Sender publicadas en España hasta 1965. El paréntesis fue de casi 30 años durante los cuales Sender escribió sus novelas más significativas. La idea de volver a editar con empresas peninsulares es anterior a 1965. El año 1952, el de la aparición de El verdugo afable, es un año importante para Sender porque comenzó a escribir artículos periodísticos por encargo de Joaquín Maurín para ser distribuidos en América por ALA. La idea de publicar en España aparece pronto en la correspondencia de Maurín y Sender. También en las cartas intercambiadas con José Manuel Blecua Sender habla de reanudar sus relaciones comerciales con empresas editoriales en las que ya había publicado antes de la guerra. El 13 de febrero de 1952 Sender pedía a Blecua que intentara averiguar en Espasa–Calpe si su nombre “seguía siendo un tabú para ellos”.2

Estas tentativas contrastan con la postura mantenida por Sender al filo de 1954: cuando intervino en la polémica sobre la posibilidad de tender puentes entre el exilio y la península manifestó respeto por algunos intelectuales del interior, en concreto el grupo de Insula, pero se reafirmó en que “el puente no existe ni existirá en las condiciones presentes”.3 Como no podía haber sido de otro modo, las relaciones de un exiliado de larga duración con su patria se hacen complejas. Cuestiones ideológicas, gestiones profesionales y pulsiones vitales tejen una red difícil de recorrer en un solo sentido. Ese mismo año de 1954 ante la próxima publicación de Hipogrifo violento Sender empieza a pensar en ver editadas las tres primeras novelas de Crónica del alba en España. En junio de 1955 Maurín se ofrece a hacer gestiones en la península con el editor barcelonés José Janés. La operación se dio por fracasada a comienzos de 1955.4 La idea de publicar Crónica del Alba en una editorial catalana no fructificó hasta diez años después, en el verano de 1964.5 El 3 de julio de 1964 Maurín escribe a Sender diciendo que habría que volver a probar fortuna, sobre todo considerando el éxito que estaba teniendo Sender en otros países europeos:6 Se me acude que convendría de nuevo probar fortuna en España con Crónica del alba. Las cosas han cambiado considerablemente desde la primera vez que hicimos el ensayo, y hay ahora posibilidades de tener éxito. Si, en efecto, se editara, el libro produciría una revolución en los medios literarios, y te daría pesetas, hoy moneda fuerte. Estoy en relación con un buen editor de Barcelona, y podría proponerle el affaire. Si te decides, contéstame sin pérdida de tiempo, y exploraré el terreno.7

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Estas observaciones forman parte de un estudio de la literatura del exilio en el contexto de la Transición a través del caso de Ramón J. Sender y se enmarcan en el proyecto de investigación dirigido por José Luis Calvo Carilla, “La novela española en la Transición” (FF12009-12027). Las siguientes páginas también están en relación con mi libro, Cuestión de memoria. Estudios sobre Ramón J. Sender, Luis Cernuda y Francisco Ayala, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2010. En cuanto al viaje de Sender en 1974, aquellos que no recuerden haber vivido el episodio de la conferencia de Sender en el Ateneo zaragozano pueden consultar: J. Vived Mairal, Ramón J. Sender. Biografía, Madrid, Páginas de Espuma, 2002, pp.575-591. Una crónica completa, pero no muy interesante, del viaje se encuentra en el libro de Luz Campana, Veintiún días con Sender en España, Barcelona, Destino, 1976. En el número 43 de Andalán puede leerse la versión de la juventud izquierdista zaragozana de la época: el viaje de Sender, patrocinado por Bankunión y el Banco Atlántico, rama financiera del Opus Dei, se vio como un gesto político que beneficiaba al gobierno de España y a la política de nueva imagen aperturista del régimen que en cultura promovían Pío Cabanillas y Ricardo de la Cierva. Estas páginas de Laberintos son parte de mi artículo “El regreso de Sender (1965-1974). Un episodio de exilio y cultura española en los años 70”, Lluis Meseger (ed.), Exili i cultura. Actes del congrès. Universitat Jaume I (Castelló) 1-4 desembre del 2009, Universitat Jaume I-Fundació Max Aub, en prensa. 2 Cfr. J.C. Mainer, “Para la historia cordial del exilio: Correspondencia entre R. J. Sender y J. M. Blecua (1947-1954)”, La filología en el purgatorio, Barcelona, Crítica, 2003, p.: 133: “Si los ve usted cuando vaya por allí quiere preguntarles? Yo podría darles tres o cuatro títulos políticamente neutros para la colección Austral”. 3 Apud Aznar Soler “El puente imposible: el lugar de Sender en la polémica sobre el exilio español de 1939”, Juan Carlos Ara y Fermín Gil (eds.) El lugar de Sender Actas del I Congreso sobre Ramón J. Sender (Huesca, 3-7 de abril de 1995), IEA -IFC, 1997, p. 291. 4 Cfr. Correspondencia pp. 218-248. 5 En el artículo de Manuel L. Abellán se encuentran datos sobre los intentos de publicar a Sender en España: “Una recepción privilegiada de la obra de Sender: La inspección de libros” en Juan Carlos Ara y Fermín Gil Encabo (eds.), cit. sup., pp. 431-441. 6 En carta del 30 de mayo de 1964 le cuenta Sender a Maurín noticias sobre el interés editorial por su obra en diferentes lugares del mundo: “En Alemania acaba de salir Dark Wedding en alemán. En Stockolm sale estos días el Lugar de un hombre. En Milán (Einaudi Editore) Before Noon y en la revista japonesa Sekai –“The World”- Réquiem por un campesino español.” La cita en Correspondencia Ramón J. Sender J. Maurín (1952-1973) (ed. Francisco Caudet), Madrid, Ediciones de la Torre, 1995, p. 545. En adelante, Correspondencia. 7 Correspondencia, p. 548.

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A Sender le parece bien la idea. Y la ve apoyada porque tiene noticias de que en España hay interés por su obra y de que en Barcelona se están escribiendo tesis sobre él. El 9 de julio de 1964 Maurín escribe a Delos–Aymá de Barcelona sobre la publicación de Crónica del alba.8 Sender continúa muy animado con las noticias de Europa: Te gustará saber que Crónica del alba (la trilogía) está teniendo éxito en Italia -es best seller número uno-. Einaudi está contento y están ya traduciendo las otras tres novelas que forman la segunda parte. Parece que Italia va a ser mi patria literaria a falta de España. Einaudi, que tuvo un incidente grave con Fraga Iribarne, se siente feliz dándole en cara al ministerio de Propaganda franquista con mi libro. Tanto mejor.9 El 10 de septiembre escribe Maurín a la editorial catalana las condiciones del contrato, en el caso, que ven probable, de que Crónica pase la censura.10 En febrero de 1965 recibe Maurín la noticia del editor diciendo que Crónica del alba se editará en España. Ese mismo año Destino publicó El bandido adolescente. “Que las ediciones Destino -dice Maurín a Sender- se dispongan a publicar una novela tuya es una magnífica señal. Ya estás de nuevo en España, literariamente hablando”.11 Al hilo de estas gestiones Sender empieza a pensar en la vuelta a España como una posibilidad más cierta que antes. Lo hace con una intensidad mayor que a mediados de los cincuenta, cuando escribió, por ejemplo, el prólogo de Los cinco libros de Ariadna. Menciona que el estar vivo Franco y en el poder es lo que le retrae. Maurín, por el contrario, comenta el ejemplo de Casona: “A mí me parece muy bien que Casona haya regresado a España -sin hacer ninguna concesión a nadie- y que sus comedias se estrenen y tengan mucho éxito. La misma lógica aplico a tu caso”.12 Maurín se muestra muy posibilista en relación con la vuelta personal y editorial de Sender (incluso le aconseja anticiparse a la censura y sustituir él de antemano las páginas del prólogo inicial de Crónica del alba). En cambio, el novelista parece tener 8

las ideas claras. Escribe el 16 de julio de 1964: “Sí, yo iría a España, pero no estando Franco en el pináculo. Sería, algo como una deserción. Cuando caiga -aunque le suceda Muñoz Grandes- iré. No antes”.13 Sender por estas fechas es ya un señor entrado en años y aquejado de asma. El invierno de 1964 había sido muy duro para Sender desde el punto de vista de la salud. Le cansaba el tanque de oxígeno y las visitas al hospital. Ya en primavera, el 15 mayo de 1965, le escribe a Maurín que “Si no he hecho algo irreparable es porque me queda un raro fondo de catolicismo…” Y añade: “No creo que yo ni la vida que uno vive merezca tantas complejidades. Aunque me gustaría ver en qué acaba todo esto de Franco”.14 El 20 del mismo mes, comentando la próxima reedición en España de El bandido adolescente, Mister Witt en el cantón, Bizancio y ValleInclán y la dificultad de la tragedia escribe: “No hay duda de que aquello cambia. Yo pienso incluso en la posibilidad de volver pero no lo haré mientras Paquete esté en el pináculo ya que es una vieja cuestión de principios.”.15 Entre 1964 y 1965 Sender recibe cada vez más noticias de España relativas al éxito de su obra: recortes de prensa, ofertas de revistas para publicar o incluso le comunican que se inician tesis doctorales sobre su obra. De la lectura de la Correspondencia con Maurín se desprende satisfacción y cierta perplejidad causadas por ese interés y atención españoles. El regreso editorial que se produce en vida de Franco es bueno y ha sido deseado, pero tiene algo de confuso. Sin duda, todo ha durado demasiado: Franco, el exilio, el silencio editorial. Finalmente, aflorará la dificultad del excombatiente republicano, del excomunista, y luego antisoviético, para entender la mecánica de la cultura en la España de mediados de los sesenta y de los años siguientes. Sender será incapaz de sortear los vericuetos ideológicos y sociológicos de la España a la que intentó regresar buscando un clima propicio para su asma y un acomodo próximo al mundo de su infancia. En diciembre de 1965 aparecen las reseñas de El bandido adolescente de Valle–Inclán o la dificultad de la tragedia

Ibidem, p. 549. Ibídem, p. 552. 10 Francisco Caudet transcribe en Correspondencia, p. 555, nota 98 parte de la carta de Delos-Aymá. 11 Ibídem p. 569. Véase un repaso de las primeras ediciones y reediciones de Sender en la España de Franco: Imán (1930): Destino, Áncora y Delfín, 1976. Crónica del alba (1942) En España sale la serie completa en la Editorial Delos-Aymá de Sant Cugat del Vallés entre 1965-1966. Se editan las 9 novelas de la serie en tres tomos (las 7 primeras novelas habían sido ya publicadas entre 1942 y 1963). La editorial catalana edita en España las 7 ya publicadas y las dos últimas. La edición de bolsillo en Alianza es de 1971. Réquiem por un campesino español, 1960 (Mosén Millán 1953). En España la publica Destino, 1974. La luna y los perros (1962): Destino, 1969. La tesis de Nancy (1962): Magisterio Español, 1968. Carolus Rex (1963): Destino, 1971. El bandido adolescente (1965), Primera edición en Destino. Tres novelas teresianas (1967). Primera edición en Destino. Las criaturas saturnianas (1968). Primera edición en Destino. En la vida de Ignacio Morel (1969). Premio Planeta. Las Tres Sorores 1974: remodelación de Siete domingos rojos (1932). Cfr. E. Espadas, A lo largo de una escritura. Ramón J. Sender. Guía bibliográfica, Huesca, IEA, 2002. 12 Correspondencia, p. 549. 13 Ibídem, p.551. 14 Ibídem, p.570. 15 Ibídem, p.571. 9

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y en enero las de la edición barcelonesa de Crónica del alba.16 Este regreso editorial y esta acogida permiten a Maurín introducir artículos de Sender en la prensa peninsular. Fue el Diario de Barcelona el primero que admitió las colaboraciones periodísticas de Sender ofrecidas por ALA. En enero Maurín está entusiasmado con la reseña de La Vanguardia: El comentario del firmante del artículo -ya tenía nombre periodístico en tiempos de la Repúblicano puede ser más elogioso. ¡Y en La Vanguardia! Ha llegado la hora de tu apoteosis en España. Acabarán por editarte incluso aquello que tiene un sabor literario antirrégimen. Es cuestión de tiempo.17 Maurín hace en la misma carta un comentario sociopolítico acerca de la aceptación de la literatura de Sender y de otros exiliados: Le pregunté -a Victor de la Serna- a qué atribuía tu éxito y el de Casona en la España de ahora. Contestó: “La gente está cansada de lo que ha producido la lieratura interior en los últimos treinta años, y tiene interés en ver lo que han escrito los españoles que han vivido fuera de España.”

novela española contemporánea escritos por G. Torrente Ballester, J. L. Alborg o J. Marra López. Este último y Julia Uceda venían reseñando en Ínsula las publicaciones de Sender al menos desde 1962, año de aparición de La novela española contemporánea de Eugenio de Nora. La carta de Maurín que acabo de citar lleva fecha del 22 de enero de 1966 y tiene un final a manera de “cuento de la lechera” que deja traslucir la conciencia de que el regreso soñado es más bien eso, un sueño: Dijo V. de la S. que Casona en el último año había ganado en España seis millones de pesetas, con su teatro. Ya te dije en una carta anterior que tú serás millonario en pesetas. Además te harán académico y te levantarán un monumento en alguna plazuela de Huesca… Me gustará asistir a la inauguración… Allí nos encontraremos… La foto del Diario de Barcelona parece el principio de la realización del sueño de Maurín. Pero las caricaturas de Andalán, pocos días después, muestran que España era también el país donde los sueños se corrompen.

Eso es lo que dijo V. de la S. -pero a mi juicio hay algo más: refleja una protesta contra la literatura del régimen y una simpatía evidente por aquellos que han estado al margen y en contra del régimen. Es un buen síntoma que va ligado a la protesta estudiantil y demás manifestaciones de la nueva generación-. De una manera o de otra, los dos tienen razón, Maurín y Víctor de la Serna. Aunque la verdad fue que el regreso de los exiliados a la España de los jóvenes y al mundo reivindicativo y estudiantil de entonces no fue una realidad en la mayoría de los casos. No lo fue en el terreno político y tampoco del todo en el literario. De lo que no cabe duda es de que en los años sesenta se asiste a lo que Rafael Conte denominó el “boom” de la literatura del exilio. Y no hay que olvidar que cuando Sender vuelve a ser editado en España su obra ya había sido comentada en los panoramas de 16

Gonzalo Fernández de la Mora “Valle-Inclán y la dificultad de la tragedia de Ramón J. Sender”, ABC, 30-12-1965. Esta crírica es reticente y no acaba de poner bien el libro. Además contiene este significativo comentario: “En el ralo y anémico paisaje de la narrativa española allende fronteras, Sender es, sin duda, la única figura robusta y considerable”. Otras críticas más profesionales y más en sintonía con la situación de apertura: Melchor Fernández Almagro, “Crítica. El bandido adolescente de Ramón J. Sender”, ABC, 16-12-1965; Juan Ramón Masoliver, “En el recobramiento de excepcional novelista”, La Vanguardia, 6-1-1966; Carlos Luis Álvarez, “Crítica literaria. Crónica del alba por Ramón J. Sender, Blanco y negro, 26-2-1966; José-Carlos Mainer, “Actualidad de Sender”, Ínsula, 231 (febrero, 1966). 17 Correspondencia, pág. 592.

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EN EL PAÍS DEL OLVIDO EL EXILIO ESPAÑOL EN EL NORTE DE ÁFRICA LUIS ANTONIO PALACIO PILACÉS “Para mí fue una experiencia extraordinaria. No lo cambiaría por nada en el mundo. El ambiente en el cual vivíamos, los hombres que he conocido… Con todos los defectos que podían tener, de los cuales soy consciente, ¿eh?, pero nunca he visto hombres como ellos. ¡Eran hombres extraordinarios! ¡Extraordinarios! Tenían un poder de adaptación y de saber hacer frente a la vida… Y luego el comportamiento entre ellos, aparte de las rencillas y todo eso, que es lo perfectamente humano. He oído cosas a veces que podían desvalorizar un poco todo eso, pero siempre ha habido algo que…” Floreal Giménez Aguilera Aix-en-Provence (Francia), 2 de diciembre de 2008

Estupenda fotografía de la cabina de una de las locomotoras del ferrocarril Transahariano. En el extremo dcha. Angel Marín, de Zaragoza, en el extremo izqda. Jorge Juan, de Alcalá de Gurrea (Huesca).

De todas las innumerables peripecias atravesadas por los exiliados españoles tras la Guerra Civil, pocas han sido tan reiteradamente ignoradas por nuestra historiografía como las protagonizadas por los hombres y mujeres que al término de la contienda buscaron refugio en las colonias francesas del norte de África. Muchas personas ignoran incluso el hecho de que la retirada de Cataluña no marcó el punto final de la contienda, como quizá puedan inducir a pensar las tristemente célebres imágenes de la riada humana que encaminó sus pasos hacia la frontera huyendo desesperadamente del avance franquista. En realidad 12

en ese enorme éxodo sólo participarían aquellos que se vieron arrinconados en territorio catalán por la ofensiva rebelde que partió en dos el territorio republicano en la primavera de 1938. Quienes quedaron atrapados en la zona central por la fulgurante irrupción del enemigo no tuvieron la fortuna de contar con una posible vía de escape por tierra: en adelante a ellos sólo les quedó la opción de rendirse al enemigo, hacerse matar en una resistencia numantina o intentar una desesperada huida por vía aérea o marítima en la que nunca pudieron participar los cientos de miles de personas amenazadas.


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de los ciudadanos franceses, nadie quedaría al margen de la catástrofe que arrasaba España. A ello coadyuvaron los numerosos incidentes violentos relacionados con el enfrentamiento que tuvieron lugar frente a sus costas o en el corazón mismo de las ciudades norteafricanas.

Ficha de Faustino Gascón, de Maella (Zaragoza), uno de los más de 300 “niños de la guerra” que serían enviados al norte de África por las autoridades republicanas.

Frente a las últimas costas republicanas, las tierras del norte de África que aguardaban expectantes la resolución del conflicto presentaban una estructura socio–política muy distinta de la actual. Los extensos departamentos de Argelia eran considerados a todos los efectos parte integrante de Francia y en ellos residía una amplia comunidad de colonos europeos que incluía varias decenas de miles de emigrantes españoles; Túnez era un protectorado francés que mantenía apenas nominalmente la autoridad suprema del Bey, del mismo modo que el Sultán de Marruecos conservaba teóricamente su poder sobre las diversas áreas bajo protectorado español o francés en que había sido dividido el país, sin excluir la ciudad de Tánger y su entorno inmediato, en la práctica un enclave internacional administrado por los cónsules de las potencias occidentales. La guerra civil había dividido profundamente a las comunidades españolas del norte de África, muy importantes en ciudades como Orán, Tánger o Casablanca. En el remolino de emociones desatado por la conflagración numerosos emigrantes corrieron a enrolarse en las fuerzas antifascistas, dispuestos a defender la libertad y el futuro del país que un día habían dejado a sus espaldas, o acogieron a alguno de los más de trescientos niños evacuados a África desde la zona republicana. La guerra provocó asimismo serias tensiones internas en la compleja sociedad colonial: desde los fascistas de origen italiano hasta los nacionalistas árabes que veían con simpatía la lucha de la República, pasando por la dividida opinión

Acostumbradas desde las décadas finales del siglo XIX a recibir exiliados políticos españoles, las tierras del África del Norte Francesa (AFN) acogieron de modo natural a cientos de refugiados en los primeros meses de la guerra. Entre ellos se contaban por un igual simpatizantes de la izquierda huidos de Andalucía y las islas Canarias o personas acomodadas que se sentían amenazadas por la revolución desatada en la retaguardia republicana. Las autoridades francesas les atendieron correctamente y facilitaron su pronto regreso a la zona que ellos prefirieron. Sus simpatías iniciales por el gobierno legal fueron tornándose en un cauteloso distanciamiento conforme las fuerzas fascistas avanzaron en la península; a partir de la primavera de 1938 trazaron planes para una posible llegada masiva de refugiados en caso de derrumbamiento de la zona republicana. Sorprendentemente la inmensa marea humana huida a Francia en febrero de 1939 no les hizo replantearse la idoneidad de las modestas medidas aprobadas. A lo largo de ese mes el goteo de refugiados que huían hacia las costas africanas empezó a convertirse en un pequeño torrente con la llegada a Argelia de embarcaciones de todos los calados. El pánico cundía y muchas personas consideraban llegado el momento del sálvese quien pueda. La impresión de desastre inminente se agudizó a partir del 27 de febrero con el reconocimiento del Gobierno de Franco por parte de Francia e Inglaterra, un movimiento diplomático que reavivó las tensiones ideológicas entre los españoles de lugares como Tánger o Casablanca. Temiendo por su futuro numerosos funcionarios y refugiados españoles comenzaron a abandonar la Zona Internacional buscando refugio seguro en el Marruecos francés. Los acontecimientos se precipitaron a partir del 5 de marzo con la rebelión de los partidarios de sustituir al Gobierno del presidente Juan Negrín -respaldado por el PCE- por una Junta representativa presidida por el coronel Casado que debía negociar con Burgos las condiciones de rendición. El detonante fue el nombramiento del comunista Francisco Galán como jefe de la base naval de Cartagena. Los combates se complicaron con la sorpresiva irrupción de la quinta columna franquista, decidida a apoderarse de la base para facilitar el desembarco de una fuerza expedicionaria rebelde. En medio de la confusión el almirante Miguel Buiza ordenó que los buques de la flota republicana abandonasen el puerto y pusiesen rumbo a Bizerta 13


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(Túnez), incurriendo técnicamente en una grave falta de deserción. Componían la flotilla tres cruceros, ocho destructores y un submarino que transportaban a bordo un total de 4.093 personas: 3.346 tripulantes, 635 militares de tierra y 122 civiles, incluidas 21 mujeres y 4 niños. Salvo estos últimos y el centenar escaso de hombres que quedaron de guardia en los buques todos fueron alojados en una explotación de fosfatos abandonada de Maknassy, en el centro del país. Parte de ellos serían enviados poco después a una nueva granja agrícola que pretendía establecerse en Kasserine dentro de los ambiciosos planes de colonización del residente general francés Eric Labonne.1 La partida de la flota marcó el verdadero inicio de la gran corriente de fugitivos que en las siguientes semanas buscaron refugio en el norte de África. El inminente colapso republicano impulsó a cientos de personas a arrojarse al mar y toda la franja costera que se extendía entre Orán y Argel fue testigo de la llegada de barcos como el Tramontana, Aljibe nº 2, Winnipeg S.A.C.Z., El-Kantara, FI, V18, L’Armoricière, el Seabakspray, etc. Nombres y siglas que se convertirían para sus ocupantes en sinónimo de salvación. De sobras es conocido el caos que se desató entre los miles de personas que abarrotaban el puerto de Alicante cuando pudieron comprobar que la anunciada llegada de buques de evacuación no iba a producirse jamás. Sólo unos pocos navíos lograron zarpar y burlar el bloqueo franquista para depositar a sus ocupantes en el puerto de Orán, donde el abad Gabriel Lambert,

7 de febrero de 1940. El refugiado Luis Clavería, de Zaragoza, junto a varios conocidos de origen italiano y árabe en Kasserine (Túnez).

alcalde y ferviente admirador de Franco y de Mussolini, intentó cerrarles las puertas de la ciudad usando todo tipo de artimañas. Buques como el Lezardieux o el African Trader transportaron a cientos de personas hacia la salvación, pero la palma se la llevó el británico Stanbrook, el último en abandonar la rada de Alicante con unos tres mil pasajeros que abarrotaron hasta el último rincón de la sentina del buque. Esa desesperada huida se extendió a los puertos menores, donde la gente aprovechó todo aquello que podía flotar. Así se salvó un pequeño grupo de combatientes aragoneses que escaparon desde el puerto de Villajoyosa a bordo de unos pesqueros listos para el desguace. Simultáneamente decenas de aviones militares atestados de pasajeros despegaron de los

Grupo de internos españoles en Camp Morand. En primera fila, segundo por la izquierda, Santos Sarraseca, de Gurrea de Gállego (Huesca). 1

De esos 4.093 fugitivos un total de 2.357 decidieron correr el riego de regresar a España cuando a finales de mes el almirante Salvador Moreno se presentó en Bizerta al mando de una flotilla para hacerse cargo de la escuadra.

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últimos aeródromos republicanos rumbo al campo de aviación oranés de La Senia. La gran oleada concluyó el 1 de abril con la derrota final de la República, pero en los meses siguientes algunos soldados leales que habían conseguido ocultarse en los bosques de la península o de las Baleares lograron tocar tierra en Argelia tras hacerse con una barca -a veces usando la amenaza de sus armas- y cientos de refugiados llegaron desde Francia a bordo de buques de línea. Se trataba de personas con familiares residentes en el norte de África dispuestos a acogerlos y a hacerse cargo de su manutención. La cifra total de quienes alcanzaron el AFN durante ese trágico periodo sigue sujeta a controversia y presenta grandes contrastes según las fuentes consultadas; en nuestra opinión, según los documentos relativos a los campos de concentración, resulta difícil creer que pudiera superar la de unos 7.000 manejada por los autores más prudentes. Los trabajos que elevan su número hasta los 30.000 carecen de toda verosimilitud. Las autoridades francesas intentaron forzar el retorno a España de los refugiados impidiendo que descendiesen a tierra, a veces durante semanas enteras, pero esa estrategia no funcionó: en su conjunto formaban un colectivo mucho más firme e ideologizado que la masa humana huida en febrero desde Cataluña, pues se contaba entre ellos una proporción mucho más elevada de militares y cuadros medios republicanos. En vista de la inutilidad de sus presiones las autoridades permitieron que parte de ellos se establecieran en un campamento improvisado en el puerto, desde donde se inició su traslado a los primeros campos que se abrieron en Argelia. Los dos grandes recintos destinados a los hombres serían Suzzoni y Camp Morand, mientras que gran parte de las mujeres, niños y ancianos fueron a Carnot, al igual que los anteriores en la región de Orleansville (Argel). Con el paso de los meses grupos más específicos de refugiados irían a parar a campos diferenciados: en el caso de los intelectuales, al de Cherchell, en el de los mutilados de guerra, al de Fouka-Marina. Otros recintos menores se abrieron en Relizane, Beni-Hindel o Ben Chicao. Su internamiento indignó a los españoles. Muchos lograron dejar los campos y seguir viaje hacia México, su verdadero objetivo. Pequeños contingentes partieron igualmente hacia la República Dominicana, la URSS o Chile abriendo un nuevo capítulo en sus aventuras vitales. Quienes no podían contar con esa posibilidad tampoco estaban dispuestos a ser tratados de un modo tan innoble, así que las fugas comenzaron ya en los mismos puertos de acogida. A todo lo largo y ancho del AFN centenares de españoles huyeron de 2

los campos durante los cuatro años siguientes, aunque sólo una pequeña parte de ellos lograron esquivar la persecución policial gracias a documentos falsos. Algunos dejaron atrás los campos tras avenirse de mala gana a firmar su enrolamiento en la Legión Extranjera por un periodo de cinco años; poco después, con la guerra rugiendo ya en los campos europeos, otros se alistaron por toda la duración del conflicto en los Regimientos de Marcha de Voluntarios Extranjeros. La mayoría de ellos se vieron obligados a permanecer en los campos o en los centros de acogida, donde reactivaron sus organizaciones y pusieron en marcha su propia microsociedad, tolerada mal que bien por las autoridades galas. La suspicacia de éstas hacia los refugiados, considerados en su conjunto como peligrosos revolucionarios, se trocó en abierta hostilidad a raíz del Pacto Germano–Soviético del 23 de agosto de 1939. A partir de entonces los comunistas españoles pasaron además a ser contemplados como potenciales agentes de la Alemania nazi, con la que un enfrentamiento bélico parecía cosa inminente. El problema estribaba en que para los franceses todos los refugiados sin excepción eran comunistas, a despecho de las diferencias que separaban a los militantes del PCE de los del resto de las tendencias políticas del exilio. En esas vísperas bélicas los franceses rechazaron múltiples ofertas de los españoles, dispuestos a colaborar en la medida de sus posibilidades contra el enemigo alemán. La cerrazón gala llegó al increíble extremo de rechazar a profesionales de la medicina bien cualificados debido a simples criterios ideológicos. Poco después del estallido del conflicto en Europa se pusieron en marcha en el AFN las Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE) que venían funcionando en Francia desde la primavera. Un total de 12 compañías integraron el 8º Regimiento que operaría en el norte de África. En un primer momento se concentraron en el este de Argelia y el territorio tunecino, donde reforzarían las fortificaciones -la línea Mareth- de la frontera con la colonia italiana de Libia, pero pronto sus efectivos fueron destinados en masa a las obras del ferrocarril Transahariano. Se trataba de un viejo y ambicioso proyecto destinado a unir las colonias galas del Magreb y del Golfo de Guinea abandonado dos décadas atrás y cuya reanudación parecía factible gracias al empleo de la mano de obra barata de los refugiados. La enorme zona de obras se extendió a ambos lados de la línea fronteriza imaginaria que separaba Marruecos de Argelia y los campamentos se establecieron en torno a las ciudades de Bou-Arfa y Colomb Béchar.2

Tras la derrota francesa de junio de 1940 serían sustituidas por las Agrupaciones de Trabajadores Extranjeros (GTE), prácticamente similares a las anteriores CTE.

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La situación de los refugiados experimentaría un súbito agravamiento a raíz de la aplastante derrota francesa de junio de 1940. El armisticio estipuló que las regiones francesas no ocupadas directamente por las tropas germanas quedaran bajo administración de un nuevo gobierno de inspiración fascista dirigido por el general Pétain, a la sazón embajador francés en Madrid. Las colonias del AFN acataron sin rechistar esos humillantes términos, ignorando deliberadamente el llamamiento a la resistencia efectuado desde Londres por el general De Gaulle. El nuevo gobierno con sede en Vichy colaboró abiertamente con los nazis y entre sus tristes logros se contó la deportación a los campos de exterminio de varios miles de republicanos españoles. Entre 1941 y 1942 millares más serán desterrados al desierto sahariano y amontonados en el nuevo campo de Djelfa, donde los abusos fueron tan terribles que cientos de ellos solicitaron voluntariamente la repatriación a España, una amenazadora opción rechazada enérgicamente hasta entonces por el grueso de los expatriados. Haciendo gala de un cinismo sin igual, el propio régimen de Franco elevó una queja ante Vichy en relación a los malos tratos sufridos por los españoles internados en el lugar. La política oficial hacia los refugiados se endureció: en la zona de obras del Transahariano se abrieron brutales campos de castigo -Hadjerat M`Guil, Aïn el Ourka y Méridja- y la policía persiguió con saña a los refugiados que, burlando las órdenes de reintegrarse a los campos, permanecían ocultos en las ciudades. Muchos dieron con sus huesos en prisiones como Lambese, Barberousse -donde cientos de presos morirían a causa del tifus- o Berroughaia; en esta última numerosos reclusos serían asesinados mediante el uso de inyecciones de gasolina, tal y como los nazis acostumbrarían a hacer en sus propios campos europeos.3 El trato reservado a los internados en las compañías de trabajo se endureció y el hambre y los malos tratos se convirtieron en norma habitual. Como en Francia, los españoles encabezaron en el AFN la resistencia contra las autoridades colaboracionistas: varios de nuestros compatriotas pagarían con su vida su participación en tareas opositoras clandestinas y centenares más serían deportados a campos y prisiones en condiciones inhumanas. Entre los procesamientos colectivos de aquellos años destacará el “Proceso de Argel”, del que serán víctimas una veintena de refugiados. Es de destacar el relevante papel jugado por las mujeres en el movimiento de resistencia: desde ancianas como Antonia García 3

Escudero, detenida en Casablanca por acoger a los fugados de los campos, a chicas tan jóvenes como Sofía García, a quien las torturas sufridas en las comisarías de Argel acabarán por costarle la vida pocos años después. No será mejor la suerte de los exiliados que habían buscado refugio en Tánger, ocupada por las fuerzas de Franco en junio de 1940 aprovechando el vacío provocado por la debacle francesa. Muchos se habían visto atrapados al término de la guerra ante la imposibilidad legal de abandonar la ciudad sin un salvoconducto expedido por el consulado español, ahora bajo control fascista. Temiendo correr su misma suerte miles de personas abandonaron Gibraltar e intentaron ganar el Marruecos francés. Las reclamaciones españolas sobre ambos territorios y el Oranesado subían de tono y la aparente inminencia de un ataque hispano-alemán arrojó sobre Casablanca una nueva oleada de buques atestados de refugiados. Los menos lograrán encontrar acomodo en casa de antiguos residentes; en cuanto al resto, los hombres irán a parar al campo de Missour, las minas de Oued Zem o el Transahariano, mientras que las mujeres, niños y hombres no aptos para el trabajo lo harán a los nuevos campos de Sidi el Ayachi o Aïn el Chok. El afán por escapar hacia América se incrementó provocando roces esporádicos con las jefaturas del exilio, que priorizaban comprensiblemente a quienes abandonaban el continente europeo. La entrega a España de expatriados como el anarcosindicalista Cipriano Mera agravó el temor. En un esfuerzo por esquivar la represión los refugiados pusieron en marcha diversas redes de evasión, como la que en Uxda y Casablanca atenderá a quienes huían de los campos, y abrieron casas de seguridad como las de Saint Joseph Vannier o villa Digli, en Argel, que finalmente serán detectadas y clausuradas por la policía. La vuelta de tuerca decisiva llegó para el AFN con la Operación Torch -el desembarco aliado del 8 de noviembre de 1942- y la contrarréplica alemana sobre territorio tunecino. Durante los seis meses siguientes los refugiados de Túnez iban a verse sometidos a la ocupación nazi y a las tribulaciones de una gran batalla que culminó con la expulsión de las fuerzas del Eje de la orilla meridional del Mediterráneo.4 Sus compañeros de Marruecos y Argelia fueron liberados de lo peor de la opresión vichysta, pero en algunos casos transcurrieron meses antes de ser liberados de los campos. La mayoría optó entonces por estable-

Tras la liberación del norte de África sólo dos de los peores esbirros del régimen vichysta, Xavier Santucci y Otto Riepp, del campo de Méridja, serán fusilados por su responsabilidad en diversos crímenes. El resto se librará con pequeñas penas de prisión o sin ser procesados en absoluto. 4 A pesar de su precaria situación militar los alemanes encontraron el medio de deportar al campo de concentración alemán de Sachsenhausen al refugiado Felipe Noguerol Otero en abril de 1943. Otros dos exiliados republicanos fueron asesinados por esos días por la policía vichysta y uno más murió durante un bombardeo aéreo aliado sobre el puerto de Sousse.

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cerse en las ciudades, si bien no faltó quienes prefirieron enrolarse en unidades aliadas como los Pioneros Británicos o los míticos Cuerpos Francos de África. La liberación del Magreb reunió a los refugiados del AFN con sus compañeros que desde el final de la guerra se habían ido alistando en fuerzas francesas o británicas a las que los avatares de la guerra habían situado temporalmente a uno y otro lado del frente. El destino los había conducido desde Gabón hasta Siria, desde el norte de Noruega a las abrasadoras arenas del Chad, dejando atrás en su prodigioso periplo las tumbas de innumerables camaradas.5 Con el norte de África ya liberado los exiliados españoles se entregaron a una formidable eclosión de activismo, convencidos de que los días de Franco estaban contados. Las antiguas casas de la República reabrieron sus puertas, los clubs juveniles multiplicaron sus actos públicos, el nuevo Círculo García Lorca de Argel alcanzó una extraordinaria reputación cultural… Un activismo espoleado por la furia que provocaban las ejecuciones de opositores en España y que no excluyó el envío de armas a los guerrilleros que operaban en las serranías mediante el uso de embarcaciones salidas desde las costas norteafricanas. Gran parte de los españoles habían pasado a prestar servicios en cuarteles y campos de aviación aliados y no les resultó compli-

cado escamotear las armas que pronto iban a hacer falta -de eso estaban convencidos- para la liberación de España. Otra forma de lucha particularmente eficaz será el envío de material propagandístico a la península por medio de los marineros de los barcos hispanos que atracaban en los puertos de la región. La evacuación española de Tánger resucitó también a la oposición antifranquista del enclave, que en 1949 sufrirá la convulsión provocada por el secuestro con engaños de casi una veintena de refugiados por parte de agentes al servicio del Gobierno de Madrid. Ese dinamismo del exilio español fue contemplado con simpatía en un primer momento por las nuevas autoridades francesas, pero con el término de la guerra su entusiasmo se enfriará rápidamente y el mantenimiento de las buenas relaciones con Madrid se convertirá en una prioridad para la política exterior gala. El final de la historia lo conocemos de sobra: las condenas internacionales ineficaces, la perenne división interna del exilio español, el abandono de la causa republicana por unas potencias occidentales que priorizaron la estabilidad del Mediterráneo Occidental... La Guerra Fría contra el nuevo enemigo soviético destruyó las expectativas del exilio español. En el marco de esa histeria anticomunista se producirá en 1950 la Operación BoleroPaprika, en la que varios centenares de activistas extranjeros, en su mayor parte españoles, serán deportados a

Detrás de los mokhazenis, primero por la dcha. el zaragozano Angel Marín. Por el aspecto de los refugiados el escenario podría ser la estación de ferrocarril de Boghari. 5 En los años cincuenta las filas de la Legión Extranjera se nutrieron con numerosos emigrantes económicos españoles atrapados en la frontera

franco-española y forzados a alistarse bajo la miserable amenaza de ser deportados en el acto.

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los departamentos franceses de Córcega y Argelia. Se tratará del último colectivo de exiliados hispanos que se establecieron temporalmente en el AFN, aunque casi todos ellos salieron para el este de Europa antes de que se cumpliera un año de su llegada, que por cierto desataría una profunda crisis en las relaciones entre Argel y París. En adelante el exilio español en el AFN ya sólo se nutrió del constante goteo de desertores huidos de las miserables condiciones de vida que padecían en las unidades militares estacionadas en el Rif o de los batallones de castigo donde se pudrían centenares de presos, en ocasiones condenados por motivos políticos. Tampoco faltaron los familiares de los exiliados que se trasladaron legal o ilegalmente hasta el Magreb para reunirse con los suyos. A menudo los refugiados tuvieron que resignarse a arreglar formalmente sus papeles con los consulados franquistas a fin de facilitar su llegada. Por desgracia sus cuitas no acabarían con ese amargo chantaje, pues quienes se habían establecido en el norte de África estaban destinados a sufrir en carne propia las sangrientas convulsiones del final del imperio colonial francés. Al término de la guerra mundial los movimientos nacionalistas árabes no estaban dispuestos a contemplar impertérritos cómo París retomaba el control efectivo de sus colonias como si nada especial hubiera ocurrido en el mundo. La violencia se adueñó gradualmente de Marruecos y Túnez desde el inicio de los años cincuenta. En Argelia la insurrección armada estalló en noviembre de 1954 dando inicio a un conflicto terriblemente sangriento. Con la única excepción de los comunistas, que apoyaron sin fisuras esas luchas nacionales, los exiliados españoles sufrieron las consecuencias de esa deriva violenta de los acontecimientos sumidos en una cierta confusión, pues si bien aborrecían el maximalismo racista de los colonos tampoco podían identificarse con una estrategia basada en el terrorismo indiscriminado contra la población de origen europeo. En los tres países algunos refugiados se convirtieron en víctimas inocentes de esa clase de violencia; en Argelia, a la amenaza del terrorismo se sumó además la desconfianza de los colonos franceses -los “pieds noirs”- hacia un colectivo de cuya lealtad a la causa de Francia dudaban. Esos conflictos supusieron un golpe mortal para la comunidad del exilio español en el norte de África. Atemorizados por la feroz violencia y por lo que pudiera depararles el futuro en un nuevo Magreb árabe e independiente, miles de refugiados partieron hacia Francia, América y otros destinos. Sólo en los últimos días de la Argelia francesa, en julio de 1962, hasta dos millares de ellos abandonaron el país. Fieles a sí mismos hasta el final, pocos fueron los que 18

optaron por retornar a la España de Franco. Quienes prefirieron quedarse tuvieron que enfrentarse a los problemas de unas jóvenes naciones en las que el optimismo de los primeros días no tardó en desvanecerse: los conflictos fronterizos, las conjuras palaciegas y una economía asolada por la guerra destruyeron rápidamente todo sueño de prosperidad y justicia social. La política tendente a sustituir a los técnicos y trabajadores de origen europeo por mano de obra nativa incrementó los problemas de los refugiados, por aquel entonces reducidos a pequeñas comunidades sólo destacables en Orán y Casablanca. Durante los años sesenta el exilio español en el AFN se convirtió en una sombra de lo que un día había sido, lo cual no impediría que en lugares como Rabat o Casablanca siguiera activo en los locales del Círculo Ibérico y el club Armonía. Más frecuentados casi por la segunda generación del exilio que por los viejos refugiados, se transformaron en los últimos testigos de una lucha a la que el tiempo arrastraba inexorablemente a su fin. Hasta el último día siguió el lento goteo de quienes abandonaban África, pero casi todos los que partieron ya en los años setenta regresaron a España, deseosos de pasar en casa sus últimos días. Por poderosa que fuera la impronta que esas tierras hubieran dejado en su alma, la esperanza en un futuro regreso a España había estado siempre tan presente en sus vidas que cerraron su etapa africana casi sin mirar atrás. Se podría decir que la historia del exilio español es básicamente la historia de un terrible fracaso fruto de unas circunstancias internacionales adversas, al que sus propias filas no dejaron de contribuir con su incapacidad para protagonizar una acción opositora conjunta. La historia de los refugiados en el norte de África es además de eso la historia de un largo olvido. Carentes entre sus filas de los grandes nombres del exilio, alejados físicamente de los centros de decisión y debate, nuestros expatriados norteafricanos se sintieron siempre relegados a un frustrante papel secundario. Para los últimos hombres y mujeres del exilio esos años finales en África estuvieron teñidos de una doble nostalgia: la siempre renovada por una España ideal y luchadora convertida casi en un mito y la de los compañeros idos, la de las voces desaparecidas. Como si nada de todo lo vivido hubiera sido real, en cuestión de pocos años todo rastro de presencia española se desvaneció de las calles de Orán, Argel, Túnez o Casablanca; muy lejos, en las limpias extensiones del Sahara la arena cubrió por un igual los raíles de aquel ferrocarril nacido de un sueño y las tumbas de quienes murieron en los campos. De su inapelable veredicto sólo se salvó la intangible voz de la memoria, recuperada hoy en estas páginas para nuestros lectores y nuestro patrimonio colectivo.


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ARTE Y COMPROMISO: JOSEP RENAU FERNANDO MARCO MELERO IES ÉLAIOS

Hijo de un pintor y restaurador del mismo nombre, Josep Renau (1907-1982) estudió Bellas Artes en Valencia, su ciudad natal, al tiempo que recibía las influencias de las tendencias que por aquel entonces dominaban el panorama artístico : el art decó y las primeras vanguardias, desde el fovismo hasta el futurismo. Tras haber realizado algunas exposiciones, decidió abandonar la pintura de caballete (paisajes, naturalezas muertas y retratos), para dedicarse a la ilustración, el diseño gráfico y la cartelería en todas sus facetas, dejando patente esta decisión en distintos textos teóricos en los que reflexiona sobre la función de la obra artística, influido sin duda por la literatura marxista, en particular por la obra de Plejánov El arte y la vida social, y por un grupo de artistas alemanes social y políticamente comprometidos como Raoul Hausmann, Hannah Höch y George Grosz, que utilizaban técnicas rompe-

doras como el collage o el fotomontaje y en especial por John Heartfield, a quien consideraría como su maestro. Además de su faceta como artista, Renau desde su juventud estuvo muy interesado en las cuestiones políticas, y la llegada de la Segunda República hizo posible que muchas de sus inquietudes sociales se canalizasen ingresando en 1931 en el Partido Comunista de España. Su activismo político y su presencia pública fueron notables, especialmente durante la guerra civil. El 31 de julio de 1936, poco después del golpe militar, asume la dirección junto a Max Aub del periódico La verdad, diario de unificación del PSOE y el PCE. El 6 de septiembre es nombrado director de Bellas Artes del Ministerio de Instrucción Pública, desde el cual lleva a cabo una gran actividad: designa a Pablo Picasso como 19


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director del museo del Prado, coordina la defensa del Tesoro Artístico: crea el Consejo Nacional del Teatro y el Consejo Central de la Música, promueve las Milicias de la Cultura, la Alianza de Intelectuales en defensa de la cultura… y todo ello sin abandonar su oficio de cartelista gráfico. En 1937 coordina junto a Max Aub y José Gaos la organización del Pabellón Español de la Exposición de París, que destacará por su vanguardista diseño arquitectónico, obra del arquitecto Josep Lluís Sert, y por la gran calidad y variedad de las obras que en él se expusieron (Miró, Julio González, Albert Calder, etc.), entre ellas el Guernica de Picasso, encargo que le hizo el propio Renau en nombre del Gobierno Republicano. El trabajo de Renau, que contó con la colaboración de Buñuel, Alberti, Antonio Machado, León Felipe, Alejo

Carpentier, entre otros, fue un éxito para la República, convirtiéndose el pabellón en una de las iniciativas más importantes de apoyo a la causa republicana al mostrar el empeño de la España republicana por defender la cultura y la libertad frente a la España del crucifijo, la espada y la ignorancia. En abril de 1938, con el cambio de gobierno, cesa como Director General de Bellas Artes y se hace cargo de la propaganda gráfica del Estado Mayor Central del Ejército de la República Española. En febrero de 1939 logra escapar de Barcelona poco antes de su toma por las tropas franquistas, refugiándose en Francia con su familia. Allí es recluido en el campo de concentración de Argelès–sur–Mer logrando al poco tiempo, con la ayuda de Picasso, instalarse provisionalmente en Toulouse. En mayo consigue un visado para embarcar con su familia en el vapor Vendamm rumbo a Nueva York, y desde allí se traslada en autobús hasta la frontera mexicana, aprovechando la hospitalidad de uno de los pocos países que se había solidarizado con la República Española.

The American Way of Life: “Pax americana” (1962). 1

La posguerra y el exilio no cambiaron el trabajo de Renau ni su orientación política. Continuó ilustrando libros, pintando carteles y desarrollando una activa militancia política comunista. En su etapa de exilio mexicano, que se inició en mayo de 1939 y que se prolongó casi dos décadas, llevó a cabo una intensa actividad artística: se relacionó con los grandes muralistas del país como Álvaro Siqueiros y Diego Rivera, diseñó portadas para revistas y libros, creó el Estudio Imagen, desde donde se dedicó al diseño gráfico comercial, 1 etc. Pero si por algo alcanzó cierta celebridad y reconocimiento público fue por los diseños de los numerosísimos carteles de cine con que inundó las ciudades, pueblos y aldeas de México. Desde un punto de vista cuantitativo no hay duda de que los carteles cinematográficos

Tan interesante como la pintura mural son los óleos que Renau realizó entre 1939 y 1947, única época en su larga vida en la que cultivó la pintura de caballete, aunque ciertamente de un modo parcial y como para desintoxicarse de su rutinario trabajo como cartelista y diseñador gráfico. Son las aproximadamente cuarenta pinturas de caballete de estos ocho años, que serán por ello un breve episodio artístico en la larga vida profesional de Renau y que participan de un mismo espíritu vanguardista que lindan a menudo con la abstracción.

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fueron en México, con gran diferencia, su principal labor artística y su principal sustento y medio de vida pero también su principal y más amarga claudicación estética. Concebidos en gran medida para apoyar y vender películas mexicanas y españolas de amoríos banales, con guiones melodramáticos y realizaciones vulgares, Renau casi siempre se limitó a responder a las exigencias de las productoras y distribuidoras cinematográficas como un artesano hábil y cumplidor, pero sin apenas potencia creativa. En realidad, apenas le dieron opción. Cuando intentaba salirse del corsé creativo que le imponían las empresas cinematográficas era llamado al orden. En 1958 decide trasladarse a la República Democrática Alemana, en plena época de la Guerra Fría y de cambio de ciclo político en México, posiblemente buscando la estabilidad económica y la posibilidad de publicar sus trabajos, sobre todo “The American way of life”. Renau se instala en Berlín Este, en la RDA, donde vivirá hasta su muerte en 1982. Allí trabaja para el Estado socialista, sin las obligaciones comerciales del pasado, poniendo su talento al servicio de las necesidades políticas del socialismo alemán y de la lucha internacionalista, sin olvidar el combate contra la dictadura franquista. Colabora con la televisión alemana, ilustra los avances científicos de los países socialistas, sigue realizando fotomontajes y crea pinturas muralistas, como las que hizo en Halle y en Erfurt.

“No soy un pintor comunista sino un comunista pintor”, decía Renau. Esta frase resume su postura en relación al hecho artístico y a la función del arte, reflexiones que plasmó en libros como Función social del cartel publicitario, publicado en 1937, La batalla per una nova cultura, y Arte en peligro 1936-1939, publicados pocos años antes de su muerte, entre otros textos. El arte era un instrumento más en la aventura de cambiar el mundo, de transformar la historia humana. No le preocupaban ni los circuitos artísticos convencionales, ni los museos destinados a la función de ser “almacenes del arte del pasado”, sino el presente, aunque no por ello desdeñase, ni mucho menos, las aportaciones de los grandes artistas de siglos anteriores, como puede verse en sus ensayos, sobre Leonardo, Goya o sobre los grabados italianos del Renacimiento. Son conocidas las grandes prevenciones ideológicas de Renau frente a las obras de arte únicas, no reproducibles y transportables, susceptibles de cosificarse en mercancía, de convertirse en bienes muebles, en producto especulativo. Justamente su interés por el cartel, el grabado, la ilustración gráfica, el fotomontaje, la fotografía, el cine y la pintura mural, en definitiva, su gusto por el arte de reproducción masiva, sin aura, provenía en gran medida de sus fuertes convicciones ideológicas marxistas, según las cuales el arte comercializable y las exposiciones de pintura eran parte del engranaje mercantilista burgués, del que había que huir siempre que fuera posible.2

El 6 de agosto de 1976 visita España por primera vez desde su exilio. Su primera muestra tras el regreso a España la realiza en Gerona, en 1977, a la que siguen otras en Valencia y Madrid. Inicia una serie de trabajos y colaboraciones: carteles, ensayos, conferencias, publica libros y también se crea en 1978 la fundación que lleva su nombre, a la que dona su legado artístico, legado que en estos momentos se encuentra depositado en el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM). El 11 de octubre de 1982 fallece en el hospital de la Charité, en Berlín Este.

Seguramente, si hubiera que destacar alguna obra dentro de la ingente producción de Renau ésta sería la serie “Fata Morgana USA : The American Way of Life”.3 La concepción de la serie como un gran conjunto y no como obras sueltas, la incorporación del color en el fotomontaje de significación política que hasta entonces eran siempre en blanco y negro (de hecho John Heartfield puso muchas objeciones a la utilización que Renau hacía del color) y la calidad de la composición de las imágenes la convierten en una referencia obligada en el arte del fotomontaje del

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Renau dejó escritos una serie de ensayos sobre el arte del siglo XX de un notable valor. En síntesis sus ideas son las siguientes: a) La creación artística debe estar al servicio de la construcción de una nueva sociedad comunista. b) La etapa histórica de la creación individual, de la pintura de caballete, acabó a principios del siglo XX con las vanguardias, que pronto demostraron su esterilidad estética y social al dejarse arrastrar por la tromba del mercado del arte. c) El trabajo de creación artística en el mundo presente (el suyo) y el futuro se hará mayoritariamente en grupos, en colectivo. Ejemplo de ello es el muralismo. Pero también el cine considerado como un instrumento pedagógico y artístico, el vídeo (que en la ancianidad de Renau empezaba a ser utilizado por los artistas) y la cibernética, lo que hoy conocemos por arte digital y arte online, que Renau tuvo la agudeza de vislumbrar cuando los ordenadores eran monstruos que llenaban decenas de metros cuadrados de superficie y tenían memoria de mosquito. d) La formación de los artistas nuevos tiene que ser semejante a la de los artistas del Renacimiento: completa, variada, sometida a la disciplina de talleres dirigidos por hombres y mujeres de experiencia y méritos probados y, si ello es posible, de moralidad intachable, abnegados, infatigables. e) Los artistas que se entreguen al mercado del arte están condenados, en el mejor de los casos (si triunfan, si obtienen reconocimiento, algo aleatorio) a la enajenación, a la alienación de su persona y de su obra. Y en el peor de los casos (si no colocan su producción en el mercado) a sufrir como excluidos del paraíso y a ganarse la vida de un modo ingrato, precario y todavía más enajenante. Fragmentos significativos de sus trabajos teóricos pueden leerse en http://www.nodulo.org/ec/2008/n076p01.htm 3 Fata Morgana, es decir: hada Morgana, era la hermanastra del Rey Arturo. Renau utiliza metafóricamente su nombre para denunciar el espejismo y la hipocresía del llamado “modo de vida americano”. Mientras Estados Unidos proyectaba al mundo una imagen idealizada, coloreada y brillante (el glamur de Hollywood, el hombre en la Luna, sus presidentes...) la realidad en el interior de su país (la caza de brujas, la censura, el Ku Klux Klan, la pena de muerte...) y en el resto del mundo (Hiroshima, Vietnam, Corea, Cuba...) era otra muy distinta.

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siglo XX. Se trata de una obra muy extensa en el tiempo y en el espacio, ya que se inició a finales de los cuarenta en México (los primeros fotomontajes están datados en 1949) y no se dio por terminada hasta 1976, cuando fue presentada en el pabellón español de la Bienal de Venecia con la estructura, orden y numeración definitiva con que ahora la conocemos. Es probable que su ambiciosa concepción primaria (alcanzaba en los provectos originales nada menos que 197 fotomontajes divididos en doce grandes apartados temáticos) ya estuviera establecida antes de dar el salto al Berlín comunista. De los 69 fotomontajes de que consta la serie definitiva casi las dos terceras partes fueron creados en México. En ella construye una visión de los Estados Unidos donde el racismo, el sexismo, la brutalidad y la arrogancia sobre el Tercer Mundo son los temas principales. Como la Fata Morgana, Estados Unidos nos presenta mediante los distintos medios de comunicación de masas engañosas visiones del paraíso, un idealizado American Way of Life , aunque detrás esté el infierno, parece decirnos Renau con este título y con sus fotomontajes como la “Pax americana”, donde el rostro de la Estatua de la Libertad neoyorquina es una calavera de la que surgen serpientes y cuyo brazo sostiene no una antorcha sino un misil U.S. ARMY o en el “Happy End” donde sobre el beso hollywodiano de una pareja cuelga el cadáver ahorcado de un negro norteamericano víctima del racismo.

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La serie The American Way of Life se convirtió en una referencia esencial para las vanguardías artisticas antifranquistas de finales de los 50 y los 60. En ella Renau anunció muchas de las tendencias que después confluyeron en el neorrealismo y en el pop-art español, que no por casualidad adoptó un evidente compromiso político, a diferencia del rumbo que siguió en otros países europeos esa tendencia artística. Es el caso del movimiento de Estampa Popular que se movió en el ámbito del realismo social, cuyo carácter social y voluntad transformadora los llevó a dedicarse con preferencia al grabado, ya que ello les permitía vender a precios más bajos que la pintura y funcionar al margen de los circuitos habituales del comercio de arte y las galerías; o el del Equipo Crónica, cuya propuesta artística va acompañada de un espíritu crítico respecto a la situación política y social de aquella época. Recordemos que El panfleto, de 1973, una de las obras emblemáticas del Equipo Crónica, está dedicado a Renau, y en él aparecen desde referencias a la iconografía popular mexicana hasta el cartelismo de la guerra civil española, pasando por homenajes a Grosz. Cartelista, pintor, diseñador gráfico, muralista, escritor, fotomontador e introductor del fotomontaje político en España y en el resto del mundo, Josep Renau se revela en la actualidad como una de las figuras clave de la cultura española y del arte del siglo XX.

The American Way of Life: “Happy End” (1965).


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ACARICIAR LA IDEA: JOSÉ GAOS (1900-1969) JULIO GARCÍA CAPARRÓS IES ÉLAIOS

En un sentido general no hay herida más profunda entre las que nos depara la melancolía que aquella del exilio. Es como si la historia nos hubiese condenado a la profesión de echar de menos, pero no hay sindicato alguno para los especialistas en echar de menos, así que la aventura resulta tanto más dolorosa por lo que tiene de individual e incomunicable. Por eso nos parece tanto más llamativa la serena revisión que el filósofo José Gaos hace de su propia condición, no ya como exiliado sino como trasterrado.1 El exilio es estar fuera igual que el desterrado lo está de la tierra. En cambio Gaos encuentra refugio y nueva tierra en México; lo hace desde 1938 a 1969. Y así nos lo hace saber en sus Confesiones profesio-

nales veinte años después de su partida: “México me parecía ya mi destino, un destino que, desde luego, aceptaba hasta con entusiasmo”.2 Habría mucho que decir sobre esta admisión que es además afirmativa. Por ejemplo sobre el vínculo de la misma con la “profesionalidad” de su confesión y, por lo tanto, con la profesión misma del filósofo. No es por casualidad que Gaos se preguntase, a propósito de la Lebenswelt de Husserl (que él prefiere traducir como el “mundo de la vida corriente”), si lo concreto ha de darse como eidos o esencia o, si por el contrario, la única forma de objetivar lo concreto es la autobiografía y el habla en primera persona.3 En cierto

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Ver ABELLÁN, José Luis: Una meditación sobre el “desgarro”(a propósito de José Gaos), en Anales del Seminario de Historia de la Filosofía nº 18. Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 2001, pp. 201-206. 2 GAOS, José: Confesiones profesionales, en La filosofía de la filosofía. Crítica, Barcelona, 1989, p. 24. 3 GAOS, José: La Lebenswelt de Husserl, en SERRANO DEL HARO, Agustín, ed.: La posibilidad de la Fenomenología. Editorial Complutense, Madrid, 1997, p. 331.

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modo la pregunta por la patria o la tierra de un pensador tiene algo de peligrosa agramaticalidad. Es a fin de cuentas de su maestro Husserl la idea del filósofo como “funcionario de la humanidad”, lo que nos pone en el borde de lo cosmo-político en tanto que ámbito del pensar. El profesional del pensamiento no se conforma con menos que el cosmos o mundo, pero no en tanto que errar planetario sino como polis u orden dialógico. Ahora bien, y contra el otro extremo de la imposición o del discurso de la bota, no hay filosofía sino desde la singularidad. San Agustín escribe cartas de amor a Dios y Descartes novelas. Esto es lo que los hace vigorosamente universales. Cuando contrastamos el sincero elogio de Gaos hacia Manuel García Morente (“Mi primer verdadero maestro en filosofía (…) por ciertos aspectos y en cierto sentido, incluso, el mayor”), con la Orden Ministerial de febrero de 1939, con la que se le despoja de la cátedra universitaria a José Gaos por “la evidencia de sus conductas perniciosas para el país”, nos preguntamos nosotros mismos si el filósofo no ha dado con el paradójico secreto de una autobiografía eidética. La guerra civil y la dictadura fascista dejan a Gaos y a García Morente en dos lados antagónicos, pero en su revisión de este acontecimiento no se percibe ni una sombra de tristeza ni la comezón del fracaso. El rigor técnico de quien acaso fuera el mejor cultor de la filosofía fenomenológica de su época española es además una disposición ética. Gaos el pensador y Gaos hombre son la misma persona. Sobre el sentido de su afirmación, de su sí decisivo incluso a lo peor que le ocurriera, me atrevo a sugerir la lectura de un texto muy complejo en el que se propone el estudio de la negación; nada menos que sobre el significado de “no” cuando decimos “x no existe”. La negación de la presencia o existencia fenoménica llama por su parte a la existencia metafísica so pena de incurrir en contradicción.4 Por lo mismo rechaza la negatividad de la llamada filosofía existencialista: “En cuanto a la filosofía ¿podría consistir en otra cosa que en dar razón? ¿Podría consistir en no dar razón? ¿Cabría una filosofía que se reduzca al mero atenerse a los hechos sin razón, sin sentido? (…) Lo que hay de fenomenológico y de trascendental en el existencialismo de nuestros días es esencialismo. Subrepticiamente, e incongruentemente, se han reintroducido o se mantuvieron las razones, las esencias”.5 Es obvio que Martin Heidegger, a quien Gaos traduce, es cualquier cosa 4

menos existencialista en este insensato sentido. Alguien que afina el oído a la distinción entre existentiell y existenzial o entre Zeitlichkeit y Temporalität, por señalar sólo dos ejemplos,6 no puede ignorar que Heidegger nada tiene que ver con esa especie de nihilismo descriptivo con el que, caricaturescamente o no, identifica al existencialismo. La sola pregunta “¿Qué es?” (Was ist?) excede el plano óptico -la mera clausura del “esto es lo que hay”- para apuntar al abrirse ontológico del pensamiento. Y este cuidado por el lenguaje, que ambos comparten, es también parte de la profesión; si se quiere, de eso concreto que se hace acontecimiento o singularidad antes que mera individualidad.7 La verdad es que Gaos, traductor monumental de Husserl y Heidegger, está muy lejos de ser portavoz obediente de uno y de otro. En el terreno de la fenomenología está claramente del lado de la objetividad eidética frente a la deriva idealista husserliana. Así se manifiesta ya en sus trabajos académicos de 1929 a 1933, aquellos que le llevarían a ejercer la docencia universitaria primero en Zaragoza y después en Madrid.8 ¿Qué es lo que hay? ¿En qué consiste ese haber, dónde tiene su consistencia? Este es el tema de la fenomenología para Gaos, adoptado incluso de manera unilateral, y que hoy es objeto de un análisis a la vez respetuoso y crítico dentro de la escena fenomenológica de ultramar.9 Del mismo modo sostuvo una relación intelectual con Ortega que excede en mucho a la del paciente y por lo general poco combativo discipulado.10 Ahora bien, si fuese preciso iniciarse en el pensamiento de José Gaos y el lector no estuviese familiarizado con las arideces del método husserliano, nuestra recomendación sería su ensayo sobre la caricia.11 ¿Qué es la caricia? ¿En qué consiste acariciar? Puede que éstas no sean unas preguntas entre otras. Como si estuviese inscrita en la filía del filósofo la ineluctable necesidad de acariciar la idea o la esencia, y por lo tanto de modo superlativo fuese el pensar también un acariciar la idea de la caricia. Pero sería injusto no reconocer aquí lo que hay de problemático o de perspectiva decisoria. Para empezar que hablamos de filía y no de eros, por lo que una protesta como la de Jean-Luc Marion resulta al mismo tiempo veraz y desviada con respecto a nuestra pregunta: “Podemos imaginar ahora la insuficiencia del tema demasiado

GAOS, José: La negación, en Filosofía de la filosofía, p. 237. GAOS, José: Existencialismo y esencialismo, en Filosofía de la filosofía, p. 165. 6 GAOS, José: Introducción a El ser y el tiempo de Martin Heidegger. Fondo de Cultura Económica, México, D. F., 1977, pp. 188 y 149. 7 A propósito de este cuidado de Heidegger, fenomenológico de parte a parte, ver RODRÍGUEZ SUÁREZ, Luisa Paz: Sentido y ser en Heidegger. Una aproximación al problema del lenguaje. Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 2004. 8 GAOS, José: Introducción a la fenomenología seguida de La crítica al psicologismo de Husserl. Encuentro, Madrid, 2007. 9 Ver ZIRIÓN QUIJANO, Antonio: Historia de la fenomenología en México. Jitanjáfora, Morelia, 2003. 10 Ver las ya mencionadas Confesiones profesionales, así como RODRIGUEZ NEIRA, Teófilo: José Gaos: la idea del mundo, en El basilisco nº 16. Oviedo, 1984, pp. 75-76. 11 La caricia, en Filosofía de la filosofía, pp. 124-150. 5

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común de la caricia, superficial en todos los sentidos. La erotización que suscita la carne no depende de ningún tacto, simplemente menos posesivo, menos prensil y menos predador”.12 La suavidad, la lentitud de caricia no cogen nada para Gaos -con todas las ambigüedades que tiene “coger” entre dos mundos de la lengua española- sino que acogen. Aunque sólo de pasada me resulta forzoso indicar hasta qué punto el trasterrado es acariciado por la tierra que le da acogida, así como el hecho de que la provisionalidad -o el salto hacia otra cosa que parece estar en el secreto de la caricia erótica- puede convertirse en estado definitivo. Lo provisional se hace profesional y esta confianza (de ahí la confesión) es profesión o acto de fe filosófica. ¿En qué se fía la filosofía? ¿De qué hace profesión? Pues no de otra cosa u orden que el suscitado, de acuerdo con José Gaos, por la caricia misma, si bien reconoce que ella no agota la elección o decisión. La caricia vendría a revelar que en el humano hay, además del amor sexual y el orden natural, un amor de otro orden, sobrenatural. Es preciso aclarar que lo sobrenatural no viene delimitado como concepto sólo por lo milagroso o por aquello que parece violar las leyes de la física, sino que también puede, y en realidad así lo hace la mayoría de las veces por lo que concierne al interés filosófico, referirse a un fenómeno del todo natural al que se le añade el trabajo o la modificación debida al espíritu.13 Aceptando que dicha trascendencia no sea externa sino interna e íntima al humano, todavía tendríamos que decidir si se trata de un orden sobrenatural sobrehumano o de un orden sobrenatural humano. El pensador es el amigo íntimo de dicha trascendencia, pero que así resta indecidible. No lo sabemos todo de nuestro confidente y, en cierto modo, nos confiamos a él precisamente por ese invencible no todo de nuestro saber. Frente al agnosticismo naturalista el filósofo sería el agnóstico trascendente; acaso uno del tipo que pudiese hallar reposo en estos versos de Rilke de la segunda elegía duinesa: “Acordaos de las manos, / cómo descansan sin apretar, aunque en los torsos esté la fuerza. / Esos señores de sí mismos sabían con eso: Hasta aquí llegamos, / esto es lo nuestro, tocarnos así: más reciamente / nos aprietan los dioses. / Pero eso es cosa de los dioses”.14 En la estela napolitana que resuena en el poema Orfeo se separa de Eurídice pero también la toma; toma de ella la verdad de su separación. José Gaos -el asturiano de Albaña, el republicano y el socialista, el trasterrado- toma la verdad de lo español en el instante de separarse. Frente a una idea mezquina y excluyente viene a ser acariciado por otra idea, acogido en ella. No nos concierne a nosotros el juicio, pero seguro que el filósofo no recibe menos de lo que - “como un destino”- da. Y lo que dio fue mucho. 12

MARION, Jean–Luc: El fenómeno erótico. Ediciones literales/ El cuenco de plata, Buenos Aires, 2005, p. 140. Ver MANCUSO, Vito: La vita autentica. Raffaello Cortina Editore, Milano, 2009, p. 118. 14 RILKE: Elegías de Duino. Lumen, Barcelona, 1980, p. 39. 13

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EL EXILIO REPUBLICANO ESPAÑOL PABLO CUELLO MARÍN - DAVID GONZÁLEZ MARTÍN 2º DE BACHILLERATO

La Guerra Civil española ha sido uno de los sucesos más significativos de nuestra historia más reciente por ser un conflicto fratricida, por ser la antesala de una guerra mayor, por la gran movilidad demográfica que conllevó y por ser el comienzo de una etapa oscura, entre otras muchas cosas. Nosotros queremos recordar a todos aquellos que se vieron obligados a abandonar su país, para tratar de salvar su vida, abordando el tema del exilio. El exilio republicano español fue el desplazamiento masivo de población, tanto civil como militar a causa de la Guerra Civil hacia países cuyos regímenes eran contrarios al fascismo o de habla española; véase Francia, de carácter democrático, la URSS, comunista o Argentina, bajo la dictadura de Perón, entre otros. Los motivos que llevaron al exilio a un gran número de partidarios republicanos fueron principalmente las ideas y afiliaciones políticas y su participación en la guerra. Las primeras salidas fueron antes de acabar el conflicto y, en principio, serían de carácter provisional; pero conforme se recrudecía la 26

guerra se volvieron permanentes, y se fueron sucediendo de forma más continua, especialmente hacia el final de la contienda con la caída de Barcelona el 26 de enero de 1939. El país que más españoles recibió, por su proximidad fronteriza, fue Francia, cuyas rutas de acceso fueron bombardeadas por la aviación franquista, matando a muchos de los que huían. Una vez en la frontera, las autoridades francesas se mostraron reacias a permitirles el paso, obligando a dejar todo lo indispensable en España, incluidas las armas de las milicias y militares que acompañaban las expediciones. Una vez en suelo extranjero se recluyó a los españoles en las playas del sur de Francia como animales, en unas condiciones pésimas donde escaseaba la comida y el agua, hacinando en barracones a más de los que cabían, por lo que algunos dormían a la intemperie, incluso en invierno. Más adelante Francia construyó campos de refugiados para los españoles, pero las condiciones eran igual que en las playas. Según Antonio García Barón, exiliado español en Francia, “aquellos campos olían a pus, gangrena, a heridas ulceradas, a orín y a


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mierda”. Tristemente para los españoles, con la invasión nazi, muchos de ellos pasaron de los campos franceses a los campos de exterminio alemanes como Mauthausen. Lo cierto es que, pese al trato recibido por Francia, los españoles le aportaron mucho. Una de las principales aportaciones españolas fue en la Resistencia contra el nazismo, recordemos que los españoles contaban con la experiencia de haber sufrido una guerra en sus propias carnes. Una de las grandes hazañas fue la de ser los primeros en pasar por el Arco del Triunfo tras la reconquista aliada de París con vehículos blindados llamados Belchite o Madrid entre otros. También fueron los españoles quienes ocuparon el Hotel Continental, cuartel general de los alemanes en aquella época. Como se pude ver, las aportaciones en Francia fueron, casi en su totalidad, militares. En cambio, en otros lugares como en México éstas fueron intelectuales. El exilio a México se vio favorecido por su presidente, Lázaro Cárdenas, el cual recibió a los españoles con los brazos abiertos, y llegó a reconocer el gobierno de la República española incluso después de la guerra. A México llegaron más de 30.000 intelectuales y campesinos, los cuales dejaron un legado que aún perdura, ya que miles de sus descendientes heredaron el talento de sus padres y llegaron a ocupar cátedras, laboratorios y fundaron instituciones e incluso equipos de fútbol. Lo cierto es que México recibió una parte importante del poderío intelectual de la República española. Allí se refugiaron filósofos como María Zambrano, poetas como León Felipe o Luis Cernuda y hasta cineastas ilustres, tal es el caso de Luis Buñuel, que junto con Juan Larrea y José Díaz Morales, figura en los 18 volúmenes sobre el cine de García Riera, también novelistas como Max Aub o Manuel Andújar, entre muchos otros. Aunque no todos consiguieron avanzar en aquel país, hubo una minoría errabunda que murió en la beneficencia. Pero los intelectuales y los emprendedores abrieron el camino para ser inolvidables, enseñaron a hacer libros y empresas, fundaron el Colegio de México y el colegio Madrid entre otros. Con todas estas aportaciones intelectuales y empresariales, la economía mexicana aumentó un 6% en 40 años. Otro país sudamericano que recibió a muchos españoles fue Argentina, aunque debido a las buenas relaciones entre Franco y el dictador argentino, Perón, la llegada de los exiliados fue difícil. No obstante, encontraron bastantes argentinos de origen gallego que se comprometieron desde el principio a ayudarlos.

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Pero, sin duda alguna, el caso más excepcional es el de la antigua Unión Soviética, que acogió a niños españoles que huían de la guerra y que, de haberse quedado, la mayoría habría muerto. La salida de estos niños fue motivada por el avance de las tropas franquistas y por la escasez de comida, por lo cual los padres decidieron evacuar a sus niños aunque supusiera no volver a verlos. Salieron de España en un carguero francés y luego se trasladaron a un barco soviético, el Kooperatsia, que los llevó a Leningrado; los niños no viajaban solos, iban acompañados por maestros y auxiliares que cuidaron de ellos hasta la llegada, donde los soviéticos les dieron una cálida bienvenida y un trato excelente. A su llegada, se les bañó, alimentó y fueron distribuidos por familias. Con las familias a los niños no les faltó de nada, tenían juguetes, una buena educación y, sobre todo, la amabilidad y el cariño de los que los acogieron. Pero la mala suerte no había abandonado a estos niños, ya que pronto estallaría la Segunda Guerra Mundial, condenándolos a sufrir un nuevo conflicto. Muchos de los niños que ya habían crecido se alistaron para combatir contra el nazismo, algunos no por compartir los ideales, sino por la gran deuda con la URSS, mientras que los que todavía eran pequeños gozaron del trato soviético una vez más, ya que eran cuidados y tenían un trato mejor incluso que los propios soviéticos. De los que se alistaron, la mayoría de ellos cayó en el frente. En 1956 comenzó la repatriación voluntaria de los niños, muchos decidieron quedarse allí, pero, de los que volvieron, la gran mayoría regresó a la URSS, ya que aquí muchos de sus familiares o perecieron en la guerra o no los encontraban, o simplemente no reconocían a esas personas como familiares; el gobierno franquista también colaboró al sospechar que eran agentes del KGB que habían vuelto a España para espiar sus movimientos. Todas estas repatriaciones y evacuaciones crearon en “los niños” un sentimiento apátrida, ya que no eran soviéticos, pero al regresar a España tampoco se sentían españoles, y con razón. Lo cierto es que España tiene una gran deuda con todos los exiliados, ya que la transmisión a sus hijos y nietos de los principios y valores de la República de 1931 contribuyó a facilitar el proceso de transición democrática tras la muerte de Franco; de modo que se debe dar a conocer a las nuevas generaciones lo que fue y significó el exilio de 1939 y recuperar para el patrimonio cultural español todas las importantes aportaciones que realizaron los exiliados a la cultura y a la ciencia en los países de acogida. 27


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Luz lejana de maría zambrano ALBERTO JUNCOSA OLIVERA - SANDRA PALLARÉS NAVARRO 2º DE BACHILLERATO

“El corazón en llamas es la función propia del corazón, mas no en su vida modesta, allí donde desde siempre se le deja lugar, sino en su exaltación delirante”.

María Zambrano, filósofa y ensayista española, discípula de José Ortega y Gasset, nació en Málaga en 1904. Matriculada en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid consiguió asistir a las clases de Ortega. Estrechó una gran amistad con Luis Cernuda y Rafael Dieste y José Bergamín entre otros, durante la Segunda República. Contrajo matrimonio con el historiador Alfonso Rodríguez Aldave y ambos colaboraron en la defensa de la República, motivo por el cual se exiliaron con sus respectivas familias. Se suceden sus viajes por París, Nueva York, La Habana, México y Roma. Con el artículo de José Luis López Aranguren Los sueños de María Zambrano comienza un leve reconocimiento de su obra en España, pero fue en 1980 cuando por fin fue nombrada Hija Adoptiva del Principado de Asturias, y tras este primer reconocimiento oficial se multiplican numerosos títulos y premios, tras los cuales regresa a España. Sin embargo, poco tiempo después, en 1981, muere en Madrid. 28

DESDE EL CORAZÓN DEL EXILIO La distinción entre cerebro y corazón es tema central en Zambrano: “La razón, aunque ligada a un órgano fisiológico, el cerebro, no consiste en él. El corazón no sabemos exactamente qué hace en la vida psíquica; si hace algo es tan apegado a él que no se aleja como el pensamiento del cerebro del que, a pesar de todos los intentos del paralelismo psíquicofisiológico, anda tan desprendido”. La razón es pura manifestación mientras que en el corazón hay participación y existe gracias a una condición de oscura cavidad: “El corazón es el símbolo y representación máxima de todas las entrañas de la vida”. Son estas entrañas las que hacen posible la participación que lo diferencia del pensamiento, privándolo de esa “vida independiente y solitaria” de la que el pensamiento presume. Constituye así la principal característica del corazón, el no poder desligarse, llevar siempre adheridas las entrañas. Esa falta de libertad del


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corazón es la que lo mantiene eternamente vivo y, sin embargo, logra precisamente el pensamiento su superioridad gracias a esa forma de libertad que tan opuesto lo hace al corazón. En Hacia un saber sobre el alma María Zambrano trata no sólo de la distinción entre corazón y pensamiento, sino de la importancia de este primero. El corazón ha sido “sede del pensamiento de Aristóteles” y alcanzó su máximo auge durante los romanticismos europeos; sin embargo, esta exaltación sólo le perjudicó, sufriendo el destierro cuando estos romanticismos desaparecieron. Surge ante esta situación “el corazón en llamas”, metáfora preferente en los dos romanticismos. Arde en él una llama que sirve de guía a través de situaciones difíciles: “es la luz que ilumina para salir de imposibles dificultades”. Aparte de esta llama, el corazón tiene heridas también; son heridas que no curan jamás puesto que continuamente emana una gota de sangre de ellas. El corazón en llamas ha sido “la forma en que se ha revestido en sus apariencias históricas”. Sin embargo, el corazón no es fuego, sino que es un espacio donde la persona recoge ciertas realidades, lugar donde se albergan los sentimientos inextricables. REVELACIONES DEL EXILIO Y EL DESTIERRO Sentimientos que surgen, por ejemplo durante el exilio, tema tratado por esta pensadora con un discurso que comienza, al igual que el conjunto de su filosofía, sirviéndose de explicaciones basadas en lo divino, en lo que la razón no puede explicar. Más concretamente, nos propone describir el exilio como una revelación. Consideramos revelación aquello que damos por cierto con sólo verlo o padecerlo, sin buscarle una explicación racional. La experiencia de la vida personal y de la historia surge de lo que ve y lo que padece un ser, y no de lo que razona y piensa, por tanto se deben admitir estas revelaciones. Renunciar a éstas significa perderse en la Historia Universal, un exilio del universo. Una de las características que definen a un exiliado es el hecho de sentirse abandonado, a diferencia del refugiado, que se ve acogido en un lugar donde se le hace hueco. El desterrado, que ha perdido su tierra y no tiene otra que la pueda sustituir, no se siente abandonado hasta que no se encuentra distanciado del país perdido. En ese momento ya no es un desterrado, sino que ha pasado a ser un exiliado. El exiliado también es un desconocido. Acepta su orfandad y el no tener un lugar geográfico, político ni social en el mundo le hace sentir que no es nadie. Que esta situación sea tan difícil y complicada puede hacer que el exiliado tenga la sensación de que lo que le está ocurriendo es un sueño. Por lo tanto, la solución sería seguir durmiendo. El problema es que se encuentra

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completamente despierto. Esta situación le impide pensar, a diferencia del refugiado, que piensa en rehacer su vida y en encontrar salidas a su triste realidad. Si el exiliado sufre continuos destierros, se reiterará su salida de las diferentes patrias a las que llegue y, por tanto, irá perdiendo progresivamente sus raíces, pudiendo llegar a encontrarse en la situación de irse sin saber a dónde. El abandono del que hemos hablado, cuando se prolonga en el tiempo, produce un sentimiento de desamparo. Éste, unido a la pérdida de cualquier posible esperanza, es el causante de que en el exiliado aparezca la sensación de inmensidad, la ausencia de un horizonte. Esta ausencia de horizonte se podría asemejar a un desierto en el que el exiliado tiene la sensación de encontrarse. La tentación de libertad que puede sentir el exiliado en ese momento al hallarse solo puede hacer que vea a cualquier otra persona como un opositor a su soledad, a ese desierto inmenso de libertad. Y por lo tanto que tienda a abrir una distancia con los otros, a distanciarse de la sociedad, lo que sin duda afectará negativamente a su ya desafortunada situación. Cuando una persona se encuentra en el exilio puede parecer que ya ha perdido su patria. Pero en realidad ocurre todo lo contrario: en el exilio la patria se descubre cuando el exiliado ya ha dejado de buscarla; no se presenta de manera voluntaria, sino que sale del fondo de su ser. Según esto, la patria surge del exilio, pero también es cierto lo que ocurre en sentido opuesto: la patria real tiene por virtud crear exilio. Crear un exilio para aquellos que, por haberla visto y servido siquiera de modo mínimo, han de irse de ella, así como para otros cuyo “delito” es el de haber nacido y vivido dentro y bajo ella, sin haber tenido la opción de elegir otra diferente. Como podemos ver, durante el exilio el corazón viene a ser afectado por muchos sentimientos, aunque desgraciadamente todos ellos sean tan poco apetecibles como la condición en la que aparecen.

BIBLIOGRAFÍA MARÍA ZAMBRANO: Claros del bosque. Seix Barral, Barcelona, 1978. MARÍA ZAMBRANO: La metáfora del corazón, en La Cuba secreta y otros ensayos. Endymion, Madrid, 1996. MARÍA ZAMBRANO: Hacia un saber sobre el alma. Alianza, Madrid, 1993. MARÍA ZAMBRANO: De la aurora. Turner, Madrid, 1986. MARÍA ZAMBRANO: Amo mi exilio, en Las palabras del regreso. Amarú, Salamanca, 1995. MARÍA ZAMBRANO: Los bienaventurados. Siruela, Madrid, 1990. 29


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Construyendo mundos nuevos: Josep Lluís Sert CLARA JAUME SANTERO - DIANA VEGA LÓPEZ 2º DE BACHILLERATO

Corre el año 1937, en la capital francesa se establece la Exposición Internacional de Paris. El pequeño pabellón representa a la Segunda República Española en tiempos de la Guerra Civil a través de sus formas sencillas y claras, de la mano de las obras de aquellos artistas españoles cuyas voces susurran entre los imponentes monumentos fascistas. La exaltación y la tendencia a la grandeza es el arma propia de países como la Alemania nazi o la Unión Soviética, cuyas construcciones en la exposición flanquean la Torre Eiffel, desplazando la obra española a la mera condición de juguete. De forma contradictoria, es esto lo que dota al pabellón español de su gran complejidad y trascendencia. Detrás de materiales sencillos y económicos, de estructuras y diseños planos donde la iluminación y la ventilación toman un papel fundamental, se esconden tanto la innovación en la arquitectura racionalista como las obras de importantes artistas que, a día de hoy, son todavía símbolo de la 30

unión a favor de la libertad; es el caso de los versos de Federico García Lorca, del mural de Miró, del Guernica de Picasso. En sí misma, la simbiosis entre arquitectura y arte da lugar a ese carácter reivindicador que tiene el pabellón español, y que lo define desde los inicios de su edificación. Josep Lluís Sert y Luis Lacasa Navarro participan juntos en el proyecto; las diferentes preferencias creativas de sus creadores finalmente lo dirigen hacia un estilo claramente racionalista, que será sello de identidad de tal construcción y, de la misma manera, del arquitecto catalán. Josep Lluís Sert (1902-1983), nacido en una familia de clase aristocrática, se siente fascinado por la independencia que le proporciona la arquitectura, y pronto se decanta abiertamente hacia unos ideales que mucho difieren de su origen familiar: una preocupación social y nacionalista, a favor del ciudadano de a pie, finalmente


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se afilia a Esquerra Republicana. Sert siempre propuso un modelo anti-elitista y al servicio de la ciudad en cuanto a arquitectura se refiere, sin dejar de lado modernidad ni tradición. Dichos valores se comienzan a formar durante su propia maduración y la de su carrera, y quedan reforzados en proyectos como las viviendas sociales en Colombia y el plan de La Habana (Cuba).

pocos pero notables trabajos como el Pabellón de España en la Exposición de París poco tiempo antes de su exilio. Sin embargo, en otros aspectos se mantiene fiel a sus ideales y como en muchas otras ocasiones sigue participando en los congresos del CIAM, donde a medida que va aumentando su renombre lo hace proporcionalmente su protagonismo en estos debates.

El modernismo se extinguía en España a finales del primer cuarto del siglo XX, sin haber cubierto las necesidades y objetivos sociales y urbanísticos que se esperaban de él. Muchos artistas, y entre ellos Sert, buscaban en Europa una nueva corriente que se preocupara por el bienestar de la sociedad y por la economía, que comenzaba a sumirse poco a poco en una crisis. Las publicaciones de Le Corbusier caen en las manos del arquitecto español, quien en un tiempo muy breve se halla trabajando en el despacho del francés. Ambos comparten la idea de la posibilidad de cambiar el mundo a través de la arquitectura.

A raíz del CIAM IV de 1933, Sert publica un libro que recoge las ideas básicas de este cuarto congreso, las cuales explica detalladamente y adorna con un título llamativo: Can our cities survive? No se puede especificar si fue esta publicación la que interesó al arquitecto Walter Gropius, que poco después se puso en contacto con Sert. La historia de Gropius se puede asemejar a la del arquitecto español, debido a que también tuvo que sufrir un exilio, en su caso de Alemania y por parte de los nazis. Su presencia es también influyente, en aquella época, pues se puede considerar que la Escuela de la Bauhaus, en la que participó, con su conocido lema “la forma sigue a la función” es de los primeros movimientos que conformaron el racionalismo arquitectónico.

Esta idea se va reforzando conforme los movimientos y corrientes ideológicas europeas envuelven a Sert; la mayoría de estos pensamientos se desarrollan en los CIAM (Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna), cuya rama española es fundada por el propio arquitecto: el GATEPAC (Grupo de Artistas y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea). Dicha asociación tiene su máximo éxito en Cataluña, zona de acción de Sert. Siendo así, se le pueden atribuir algunas de las mayores innovaciones en su sector, como es la introducción en España de edificios de carácter racionalista, carentes de ornamentos y elementos innecesarios, notoriamente reflejado en las viviendas dúplex en la calle Muntaner (1931), la Joyería Roca (1934), la Casa Bloc (1934) y el Dispensario Antituberculoso (1935), todas ellas en Barcelona.

La proposición de Gropius lo acercó de nuevo a la vida universitaria de la que tardaría tiempo en volverse a separarse. Su primer papel en este entorno tras sus ciclos de conferencias surgió en Yale como profesor de arquitectura pero más tarde evolucionaría hasta Decano de la Escuela de Diseño de Harvard, cargo que ejerció desde 1953 hasta 1969.

Su estilo durante los primeros años de su profesión muestra un entusiasmo obvio por las nuevas ideas, por criticar los medios de enseñanza tradicionales, aunque, de forma contradictoria, sus edificios de la primera época tienen un acercamiento claro a la tradición mediterránea, tal y como ocurre con algunos de los rasgos del pabellón español de la exposición de París. La inhabilitación como arquitecto que sufrió Sert al final de la Guerra Civil española por parte del régimen fascista lo empujó a salir al exterior como requisito para seguir ejerciendo su profesión. De este modo, su exilio de España lo llevó a Estados Unidos, concretamente a Nueva York. Se podría considerar que allí empezó una vida nueva, donde su nombre adquiriría un renombre mucho más internacional, puesto que las obras realizadas antes de la Guerra, si bien muchas, también eran prácticamente todas a nivel nacional, a excepción de algunos

Holyoke Center, Universidad de Harvard. Cambridge, EEUU (1958-1965)

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Pero el espíritu emprendedor de Sert le impidió estacionar su carrera y reducirla al círculo de la enseñanza, por lo que, paralelamente a su trabajo en la universidad, forma su propio despacho, junto con otros arquitectos, conocido como Town Planning Associates, el primero de varios despachos que iría creando posteriormente. Sus trabajos durante esta etapa son especialmente planes urbanísticos para ciudades latinoamericanas, como Brasil, Perú o Colombia. Estas obras se centran en concreto en viviendas sociales, pues era ya de sobra conocido el interés de Sert por la condición de la clase trabajadora y se sabe que la búsqueda del bienestar de esta mayoría era uno de los factores influyentes a la hora de diseñar urbanísticamente la estructura de una ciudad. La posición socialista que sostuvo durante los años previos a la Guerra Civil española le acompañó el resto de su vida, pese a la ironía de tener unos orígenes aristocráticos. La idea de ciudad funcional que Sert proponía le obligaba continuamente a innovarse, lo que siempre resultaba útil y beneficioso para un artista como él. Su esquema urbanístico solía variar adaptándose a los diferentes lugares donde se edificaran las obras. Por eso es por lo que la temporada en la que se volcó casi exclusivamente en los países latinoamericanos supuso en él un cambio, al ofrecerle un abanico de posibilidades con las que mejorar al máximo otras zonas desconocidas, donde los edificios deben adaptarse a las duras condiciones climáticas y donde las sombras o los pasillos capaces de dirigir el aire son de vital importancia para combatir los calores tropicales. El Plan Piloto de la Habana (1955-1958) o las viviendas sociales en Colombia son ejemplos de su trabajo urbanístico en estos países latinoamericanos.

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continente, el arquitecto español adquirió una reputación destacable en su oficio, considerado por muchos como una forma de arte. Sus obras posteriores fueron cada vez más conocidas, pero cabe destacar entre ellas la Embajada de Estados Unidos en Bagdad en 1960, o la Fundación Joan Miró construida entre 1972 y 1975.

Fundación Joan Miró, Barcelona (1972-1975).

Galardonado por el trabajo realizado durante toda su carrera con distintos premios y títulos entre los que se incluyen el Doctor Honoris Causa otorgado por la universidad de Boston o la Medalla de Oro de la Academia de Arquitectura de Francia, el nombre de Josep Lluís Sert está a día de hoy entre los más destacados arquitectos españoles, gracias a una carrera sobresaliente y una forma de ser emprendedora que le hizo ver oportunidades y lo empujó a defender sus ideales por encima de los problemas o ataduras que la vida le impuso y que él no dudó en superar. Sus planos y edificios, que quedarán como recuerdo a un gran artista, no abandonaron jamás ese halo mediterráneo que acompañó al arquitecto durante toda su vida y que fue en muchos casos característica determinante en su obra.

Plan piloto de La Habana (1955-1958).

También su presencia en Estados Unidos dejó huella profunda en la arquitectura del lugar, especialmente en el ámbito universitario que tanto captó su atención. Como obras destacables en este sector se pueden detallar los campus centrales de las universidades de Boston y Harvard. Durante su estancia en este 32

Reconstrucción del Pabellón español de la Exposición Internacional de París (en la actualidad Biblioteca de la Universidad de Barcelona, 1992).


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Jose ALCUBIERRE CRISTINA GARCÍA MIGUEL 2º DE BACHILLERATO

José Alcubierre (izda.) y Edmond Gimeno (dcha.) durante uno de los actos de homenaje, junto al estandarte de la Amical española (foto: Mariano Gracia).

Es una de esas personas que cayeron en el olvido, condenadas a vagar sin un lugar en el mundo que los acogiera más que, acaso, el infierno. Esas mismas personas que se convirtieron en un número hoy cuentan su historia. Yo he conocido a una de ellas: se trata de José Alcubierre. Tras huir de España con toda su familia por la frontera catalana entró en Francia, ese país que luchó por la libertad, la igualdad y la fraternidad; el mismo país que encerró a los exiliados en campos de concentración. Aquellos desamparados -calificados como apátridas- serían enviados más tarde a campos de concentración nazis. La familia de José fue instalada en un campo de refugiados de Angulema que, desgraciadamente, fue parte de la Francia ocupada por los nazis. Así, en agosto de 1940 -junto con otras 926 personas más-,

subió a un tren con rumbo al terror convertido en lugar. A la temprana edad de 13 años entró por las puertas del KL Mauthausen, acompañado por su padre. Fue uno de los primeros en entrar y uno de los últimos en salir pero, eso sí, salió vivo y por la puerta, y no por la chimenea como los SS les indicaban insistentemente. Allí tuvo que comenzar su lucha personal por la vida y contra el fascismo. Una lucha que le hizo convivir con la muerte día a día, obligándole a plantarse delante de ella y decirle: “aquí estoy; hoy tampoco me has matado”. Consiguió sobrevivir probablemente gracias a su cuerpo joven y fuerte. Aunque también es cierto que su trabajo en el campo limpiando calderos le propor33


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durante cinco largos años luchó por su propia vida. Y por la memoria de los demás que, a día de hoy, no pueden contar lo que vivieron en esos infiernos conocidos como campos de concentración.

José Alcubierre y Edmond Gimeno en el acto realizado en la estación de Mauthausen (foto: Mariano Gracia).

cionó un techo resguardado del frío invierno austriaco y le permitió ampliar un poco su dieta. No por ello dejó de sufrir. Recibiendo palizas, aguantando insultos, pasando de tener un nombre a tener un número, y pasando de ser una persona a ser solamente un cuerpo. Tuvo que aguantar la muerte de su padre en silencio; maduró de la noche al día. Y pensando en que algún día sería libre y manteniendo la esperanza, día a día, semana tras semana,

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Hoy, a sus 86 años, acude al KL Mauthausen en el aniversario de la liberación que se produjo el 5 de mayo de 1945. Recorre sus barracones recordando con serenidad y firmeza su historia, en la que se constata hasta qué punto llega la maldad del ser humano. Su historia personal refleja una parte esencial de la historia contemporánea, aleja el olvido y contribuye a que no se vuelva a repetir. Él, transmitiéndonosla a los jóvenes, nos recuerda que nunca deben volverse a cometer esos errores y nos inyecta el deber de luchar por la libertad y la igualdad, derechos fundamentales de todas las personas. Su vida nos enseña lo terrible que fue el fascismo, pero también cómo el ser humano puede reunir fuerza de voluntad, solidaridad e inteligencia para sobrevivir en condiciones temiblemente adversas y crueles. Quizás lo más admirable de él es que ha reunido la suficiente fuerza, coraje y valor para contar claramente su historia, y que ha conseguido esbozar una sonrisa de felicidad.


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UN CENTENARIO DEL ANARCOSINDICALISMO: Cien años de la creación de la CNT (1910-2010) ALEJANDRO R. DÍEZ TORRE HISTORIADOR

Teatro Bellas Artes de Barcelona. Noviembre de 1910. Segundo Congreso de Solidaridad Obrera y fundacional de la CNT.

Con el avance de este nuevo siglo XXI en el que nos encontramos y siguiendo una inevitable tendencia de conmemoraciones -por otra parte, necesarias: para volver la mirada al pasado y preguntarnos acerca de las incertidumbres del porvenir-, en este año se conmemoran los cien años de un sindicato y una modalidad de sindicalismo -el anarcosindicalismo- que tuvo acta de nacimiento en 1910. La constitución entonces de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) dio nueva fuerza a un movimiento -el movimiento obrero libertario- que, desde la I Internacional de trabajadores, se consideraba heredero de sus tradiciones organizativas y finalistas de cambio social y cultural. Cosa esta, la del rejuvenecimiento y reorganización de las tendencias internacionalistas y del cambio social, ocurrida desde el comienzo del siglo XX en algunos otros países (en EE.UU., con la constitución de la IWW, la SAS en Suecia y en otros países). Pero la constitución de CNT en España se inscribió en fuertes tradiciones anteriores, tanto de los obreros y campesinos en las regiones españolas, como del federalismo de amplias raíces en los sectores republicanos de algunas de ellas.

Una primera cuestión que inicialmente suele suscitarse -por el auge creciente de estas orientaciones en el primer tercio del siglo XX, en sectores populares de España, que vieron frenados sus impulsos transformadores bajo el signo de la derrota y la represión de Franco, tras una Guerra Civil suscitada por el ejército- es acerca de la importancia y magnitud del movimiento anarquista/anarcosindicalista español. ¿Por qué su desarrollo tan profundo en España, frente a otros países, hasta impregnar buena parte de la sociedad? Para ciertos historiadores e historias poco exigentes, hace bastantes años se impusieron interpretaciones tautológicas (más que totalitarias), del tipo de: 1.ª) España es diferente: siendo el anarquismo un movimiento imprevisible, era normal que fuese fuerte en España; como fuertes -e imprevisibles- fueron los movimientos y motines rurales locales, de carácter centrífugo, en pleno siglo XIX (Loja, 1861; Cantonales, 1873...) antes de la expansión de la Internacional; precisamente fue esta la ocasión de la introducción y asentamiento de ideas anarquistas en España en 35


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1868, con fuerte éxito organizativo y de recepción social.1 Por ejemplo, la Sección de la Internacional obrera (AIT) que se llamó la Federación Regional Española (FRE) era la rama nacional más poderosa de la organización: 40.000 afiliados (junio de 1870); 25.000 (diciembre de 1872) en periodo de prohibición; 50.000 (1873)... Ese desarrollo se hizo -casi exclusivamente- bajo asesoramiento y esfuerzo organizativo anarquista (la preparación de un grupo paralelo marxista, organizado por el yerno de Marx, P. Lafargue, tuvo que disolverse por carencia de seguidores). El fracaso durante años del marxismo en España indujo a F. Engels a escribir un libro lapidario y de resentimiento completo: el folleto Los bakuninistas en acción, 1873, que fue el modelo clásico y la plantilla, en los medios de izquierda, para las propagandas antianarquistas, desde las soviéticas a las trotskistas, las chinas más tarde. Fue contestado por un internacionalista suizo, anarquista, James Guillaume: desenmascarando tergiversaciones, sarcasmos, deformaciones y uso del bluff por Engels como análisis político, Guillaume concluía que los Marx-Engels no formaban una escuela socialista, sino la reacción (similar a la representada por Mazzini, Bismarck, Castelar o Thiers) contra sectores que consideraban infieles. El sector obrero organizado por anarquistas y fiel a la I Internacional fue siempre mayoritario en España, respecto a sus contrincantes socialmarxistas (aunque más tarde, desde 1888 y en una II Internacional, con extrema lentitud de crecimiento en España, en comparación con otros países, sin llevar los socialistas ningún diputado al Congreso todavía en 1900 … hasta 1910): en 1900, los anarquistas disponían de 52.000 afiliados frente a 15.200 de la UGT; 30.000 de la CNT en su fundación, 1910, frente a 80.000 UGT; 1919, CNT 1.086.000, UGT 200.000; 1930: CNT, 652.000, después de un número de procesos represivos en distintas de sus regiones históricas. Y con escisiones, el anarcosindicalismo se mantuvo e incrementó esa cifra ya en 1936 en vísperas de la Guerra (en el congreso de Zaragoza, aún escindida, la CNT exhibía más de 600.000 representados: a partir de la reunificación, mediado mayo de 1936, 1.000.000 de efectivos reales). La UGT: 1930 (diciembre): 277.011; 1932 (junio): 1.041.539. La lentitud socialista afectó además a un casi inexistente comunismo, organizado al estilo bolchevique desde su fundación en España y con el despliegue de la III Internacional desde Moscú en 1919. 2.ª) Historiadores académicos flamantes de los años 1960 y 1970 -aunque surtidos de conjeturas 1

elaboradas por líderes marxistas de los años 1930 y 1950, como Andres Nin y Dolores Ibárruri- achacarían esa lentitud socialista y el auge persistente del anarquismo entre los obreros al “atraso económico y social de España“ o al “lento desarrollo industrial del país”, justamente cuando España dio el primer gran salto de modernización del siglo XX. Historiadores muy conspicuos de los años 1970 daban lustre todavía a aquellas hipótesis, en teorías que pretendían explicar lo inexplicable: milenarismo y ansia de igualitarismo medieval habrían hecho del anarquismo una proyección casi arqueológica o un lastre del pasado (G. Brenan, repetido -a veces sin citarlo- por H. Thomas, J. Joll y E. Hobsbawm, Nazario González… y muchos otros en los años de 1980 y siguientes). Un cliché explicativo que siguieron cultivando estudiosos marxistas -más o menos ortodoxos- desde Frank Borkenau a Pierre Vilar y otros, Anton Pannekoek y Cornelius Castoriadis, mezclado con tópicos leninistas. 3.ª) Otra dirección de teorías de explicación provino de una visión también bastante simplista de división por clases y la disposición geográfica de las poblaciones para el anarquismo, así como la pretendida existencia de oficios, que adoptaban masivamente aquella ideología (marxistas como Maurín, Hacia la Segunda Revolución,1935; Maidanik, Ispanski proletariat y natsionalno-revoliutsioni voine, Moscú, 1960 F. Romeu; Romero Maura, etc.). Para autores salidos de los sectores libertarios españoles, la visión de los anarquistas acerca de las razones de su éxito fueron menos repetidas, pero también se impregnaron de algún tópico. Así tendríamos: a) su adaptación espacial y sociológica a divisiones geográficas características, como proponía hace unas décadas Renée Laberet (ya intentado primero por el estudioso Gerald Brenan,2 con la separación geográfica y los “mapas” de federales, anarquistas y socialistas), de la península; con áreas propicias a apoyar ideas federalistas como las que ponían en práctica los anarquistas: descentralización, autonomía local y regional, iniciativas transmitidas de abajo arriba... El “mapa” del anarquismo aparecería así, incluyendo divisorias ideológicas diversas, en 1931-32 con: a) provincias de una CNT mayoritaria (sobre otras fuerzas, sociales o no): Gerona, Barcelona–Tarragona, para Cataluña; Huesca–Zaragoza, para Aragón; Murcia, en Levante; Sevilla–Cádiz–Málaga–Almería, en Andalucía; La Coruña–Pontevedra, en Galicia; b) provincias de focos–minorías importantes CNT: Asturias; Madrid–Albacete, en Castilla–La Nueva; Rioja; Álava

Vid. una visión de aquel momento y aquella España, relatada por un comisionado -y científico- internacional, en Elías RECLUS: Impresiones de un viaje por España en tiempos de Revolución. Del 26 octubre de 1868 al 10 de marzo de 1869, Madrid, pepitas de Calabaza, 2007. 2 Vid. Gerald BRENAN: El laberinto español, París, Ruedo Ibérico, 1962, 301 p. (ed. ingl. 1960): 160 y ap. Brenan tomó algunas de sus explicaciones -en concreto, teorías acerca de los anarquistas- plagiando al notario español DÍAZ del MORAL: Historia de las agitaciones campesinas andaluzas. Córdoba (antecedentes para una reforma agraria), Madrid, Rev. Derecho Privado, 1928.

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en Euzkadi; Lérida en Cataluña; Teruel, en Aragón; Castellón–Valencia–Alicante, en Levante; Huelva–Córdoba–Granada, en Andalucía; provincias con poca o nula influencia anarquista: Lugo–Orense, en Galicia; Jaén en Andalucía; León en Castilla–Vieja; Extremadura; Castilla (excepto Madrid–Albacete); Euzkadi (excepto Álava); provincias con un anarcosindicalismo reservado o precavido (o reformista, llamado “treintismo”: en Huelva, Levante (Valencia–Alicante) y Barcelona (metalurgia); y un obrerismo de base cenetista, inclinado a votar antiguos líderes obreros, como los del Partido Sindicalista (Ángel Pestaña y sus cuadros): implantado en Tarragona, Levante, La Línea–Huelva; Galicia y San Sebastián. b) el peso de la explotación inicua, industrial y agrícola (R. Laberet); una especie de anarquismo temperamental de españoles, al cual se adaptarían persistentemente la propaganda y la expansión ácratas (J. Peirats); c) interpretaciones como en F. Mintz han visto en el anarquismo tácticas correspondientes a necesidades cambiantes de trabajadores, que asentaron respuestas eficaces en poblaciones: siendo la primera ideología obrerista aparecida en España, fundó una tradición con carácter organizativo idóneo a cada momento: agitaciones flexibles, propagando acciones de masas, relacionadas con formas tradicionales de organización, reconocibles en poblaciones; adaptadas al nivel de consciencia revolucionaria -en masas no maduras o receptivas-; que persistieron en su desarrollo de medio siglo y se convirtieron en tradición del movimiento anarquista (convertido él mismo en fuerza material y factor de robustecimiento posterior).3 Si en otros países fue diferente es que esta ideología o no llegó a tiempo o no pudo implantarse (por diversos motivos). Por su parte los anarquistas españoles comprendieron el problema campesino mucho antes que los socialistas: así arraigaron en Andalucía (el centro y el escenario fundamental de la cuestión agraria española); siendo además propagandistas formidables; levadura consciente de educación moral y sociológica en poblaciones muy diversas; personas interesadas, no solo en su propia emancipación intelectual y humana, sino agentes agudos y comprensivos de la importancia de la educación para la juventud (y la formación de núcleos activos del mañana): creadores y mantenedores contra toda dificultad de escuelas racionalistas. Comprendieron pues, según proponía Joaquín Maurín (líder de un pequeño partido marxista mediados los años de 1930, por tanto oponente reconocido anarquista), antes que los socialistas la

conveniencia de adaptar y anticiparse en métodos organizativos a las nuevas situaciones: de transformar sociedades de oficio en sindicatos de industria (revolucionaria aparición de modalidades de Sindicato Único de Industria o de Trabajadores), haciendo gravitar alrededor de ellos a la mayoría de la clase obrera. Con 70 años de militantismo, autodidactismo proletario -en ciudades y campos- en Andalucía, Cataluña, Asturias o Aragón, fueron la fuerza de la CNT (totalmente diferente a Rusia: en el XIX, solo tres grupos de agitación intermitente: decabristas; exiliados convertidos -socialistas- y narodniki -populistas- educados de clase media; el movimiento de trabajadores solo formó cuadros y líderes de 1905-1920; y los bolcheviques; ninguno proletario: con preocupación de devorarse a expensas de trabajadores: predicción de Machaeski, 1905). Con iniciativa y experiencia clandestina a toda prueba, perseguidos en largos años, los anarquistas se mantuvieron prácticamente a la sombra pero socialmente activos en ilegalidades intermitentes -frente a los escrúpulos legalistas de los socialistas-, constantemente renovado su crédito y apreciación de tesón y resistencia de lucha en las poblaciones.4 Y podían acoger lo mismo a emigrantes recién venidos que obreros autóctonos, e integrarlos y usar la cultura-idioma de acogida (Durruti, leonés, públicamente se expresaba en catalán); o no (Peirats, valenciano, lo hacía en castellano). Según Mintz, con una sindical abierta a todos -y que servía tanto al proletariado como al campesinado- los anarquistas mantuvieron sus objetivos, desde 1919 y para un millón de personas, de Comunismo Libertario (definido, entre otros, por los rusos Mikhail Bakunin y Piotr Kropotkin; pero menos conocidos y mucho más influyentes en España, resumido o renovado por los médicos Isaac Puente o Augusto Alcrudo; los publicistas Gastón Leval o Diego Abad de Santillán). Con responsables -cuadros de CNT, como de FAI- que procedían del propio seno/molde anarquista en una larga tradición anterior y posterior a la CNT: Anselmo Lorenzo,5 González Morago; Rafael Farga, en años 1870–80; Tárrida; Sánchez Rosa, en años 1895 y después; José Negré, Manuel Buenacasa, en años 1910; Salvador Seguí, Ángel Pestaña, o Joan Peiró, años 1910 y 1920; Buenaventura Durruti, García Oliver, Francisco Ascaso, en la Dictadura y comienzos de 1930; José Peirats, Mariano Vázquez, Cipriano Mera, David Antona, mediados los años 1930. Como cuadros de la organización sin interrupciones desde 1870 a 1936, se sucedieron capas/generaciones anarcosindicalistas

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Vid. Frank MINTZ: Autogestión y anarcosindicalismo en la España revolucionaria, B. Aires, Libros Anarres, 2008; 240 p. y AA. VV: El anarcosindicalismo español. Una historia en imágenes, Madrid, Confederación Sindical Solidaridad Obrera, 2007; 357 p. Más reciente, vid. Juan Pablo CALERO (coord.); Cien imágenes para un centenario. CNT (1910-2010), Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, 2010, 238 p. 4 Vid. Manuel MORALES MUÑOZ: Cultura e ideología en el anarquismo español (1870-1910), Málaga, Centro de Publicaciones de la Diputación de Málaga, 2002, 230 p. 5 Vid. Francisco MADRID (comp.): Anselmo Lorenzo, un militante proletario en el ojo del huracán. Antología, Barna., Virus ed., 2008; 317 p.

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experimentadas de extracción proletaria. Siendo pocos los líderes pequeño-burgueses influyentes por sus escritos y obra en la CNT: el ingeniero Ricardo Mella, antes de 1931; los médicos Pedro Vallina, Augusto Alcrudo o Isaac Puente, después, etc.6 La CNT como organización obrera estuvo fundada en tres elementos fuertes: las ideas fuerza de acción directa; sindicato único y federalismo (junto a un cuarto elemento desde 1900, el costismo). Precisamente podemos ver aquellos como fortalezas: 1.ª) la acción directa: pensada-expuesta por anarcosindicalistas franceses de principios del siglo XX, que consistía en rechazar ingerencias de extraños -intermediarios, agentes estatales o legales- en los conflictos y la negociación por los mismos interesados -sindicatos, patronos, sin intervención de agentes oficiales- de intereses en pugna por fuerzas socioeconómicas. Con dos actitudes de patronos: o ceder (lo que aportaba afiliados renovados a sindicatos) o resistir (lo que generaba huelgas interminables o intermitentes y conflictos de O.P.; además de aportar visibilidad y protagonismo obreros, con represión y nuevas remesas de afiliados -si se alcanzaban éxitos- al final de periodos clandestinos). Un ejemplo fue el conflicto intermitente de la eléctrica La Canadiense, en 1919: con huelgas encadenadas, de electricidad y otros sectores, 100.000 huelguistas en Cataluña, que condujo al reconocimiento de la jornada de ocho horas; aunque hubo proclamaciones de emergencia, militarizaciones, 3.000 detenciones; con liberaciones de presos y cesión patronal. Otro similarmente planteado -pero menos conocido- fue en la construcción en Zaragoza en 1932: que generalizaría en las ciudades y núcleos provinciales la semana inglesa de 35 horas en plena crisis económica de 1930. 2.ª) el sindicato único: desde 1918, agrupaba a ramos industriales en ciudades (cuando la localidad era pequeña se creaba un sindicato de trabajadores de los distintos oficios o tareas): que hacía extender progresivamente la solidaridad y los intereses mancomunados entre obreros cualificados, especializados, peones (tendentes a estar separados y divididos, por su grado de calificación y salario). La solidaridad estaba funcionando pues, no ya bajo eslóganes míticos (“Proletarios de todos los países, uníos”) como en la UGT; los obreros se conocían y ajustaban sus elementos comunes laborales, pese a la división patronal de categorías, estatus, etc. 3.ª) federalismo: lo que en el funcionamiento orgánico proporcionaba flexibilidad de acción (y acomodación/autonomía a las diferencias regionales), libertad de iniciativas sin cortapisas de comités locales, comarcales y regionales (aunque los comités nacionales en la CNT 6

estuvieran al corriente de los problemas y decisiones conjuntas, por los Plenos nacionales, no tenían carácter ejecutivo o “directivo”, como las “ejecutivas” de la UGT). Lo que a primera vista parecía contradicción-debilitamiento, era una fortaleza y una manera de ramificarse e impregnar sectores enteros, ajenos con las prácticas y visiones anarcosindicalistas, que se involucraban crecientemente en las orientaciones organizativas de la CNT. Por ejemplo en 1934 y en Asturias, mientras en otras regiones existían claras diferencias o separaciones de tácticas obreras de la CNT respecto a la UGT, en aquella región, la opción aliancista de su CNT respecto a UGT significó al final una influencia de estructura anarquista en UGT. Pero la CNT también arrastró fragilidades inherentes, antes de la Guerra Civil y la represión inmisericorde de sus estructuras y hombres por la dictadura de Franco durante cuarenta años: 1.ª) su rechazo bastante persistente, hasta la misma Guerra Civil, a una organización industrialista (por temor a burocratización); aceptando a trancas y barrancas Federaciones de Industria: especie de trust horizontalverticales, adaptados por la organización sindical -con vistas a la gestión económica por los trabajadores- a concentración capitalista. Propuestas y aprobadas formalmente en 1931 (discutidas ya en 1919), sin embargo la incorporación real de las Federaciones de Industria a la organización fue iniciada, y a veces aplazada, por diversas razones. Sin embargo, su funcionamiento habría dado una visión más clara del entramado colectivizador antes de la Guerra Civil (en la propaganda de Comunismo Libertario, p. ej. El organismo económico de la revolución de A. Santillán, daba una idea, no del todo asimilada, del cambio socioeconómico propiciado por aquella organización; de manera que la postrevolución, sin el periodo transitorio de los marxistas, permitió una gestión completa y funcional de confederaciones de industrias y conjuntos económicos, ordenados e interrelacionados de acuerdo con las necesidades de la gente).7 2.ª) el liderismo en una organización sin burocracias: con cobertura de una red sindical sin liberados sindicales pagados, ni mandamases retribuidos (solo el secretario general recibía el sueldo de un obrero, pagado por la organización, que lo decidió en su Congreso de 1919). Según Romero Maura, “el rechazo de la política de sueldos elevados permitió que sólo quedasen los responsables más conscientes, hombres que no poseían nada y se aferraban al postulado de no medrar”.8 En 1931 y con un millón de afiliados, en la CNT solo una persona era retribuida con sus cuotas; y los demás, pasaban o rotaban gratuitamente

Vid. Juan GÓMEZ CASAS: Historia del anarcosindicalismo español. Epílogo hasta nuestros días, Madrid, Malatesta, 2006; 394 p. Vid. César M. LORENZO: Le mouvement anarchiste en Espagne. Pouvoir et révolution sociale, Toulouse, Les Éditions Libertaires, 2004; 559 p. También, Alejandro R. DÍEZ TORRE: Trabajan para la eternidad. Colectividades de trabajo y ayuda mutua en Aragón, Madrid, Prensas Universitarias de Zaragoza-La Malatesta Ed., 2009, 539 p. 8 Cfr. en J. ROMERO MAURA: “The Spanish Case”, Government and Opposition, 1970, cit. por F. Mintz, 2008: 19. 7

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por puestos/cargos, cumplían labor sindical después de su faena laboral y se pagaban -ellos mismos, a menudo- hasta los viajes indispensables de relaciones (en Francia desde los años de 1950 una ley permitía liberados sindicales de ramo, habiendo trabajado al menos un año, con salario de cuadro de plantilla; y en España, desde el Estatuto de los Trabajadores de la transición, en al menos dos sindicatos conocidos, sus directivos, cuadros y representantes reciben sueldos de liberados con financiación oficial y beneplácito empresarial). Pero los líderes y el liderismo, pese a todo se mantuvieron en una organización antiburocrática: por su cultura-conocimientosexperiencia acumulados como militantes, después de jornadas agotadoras, a menudo después de estancias carcelarias. Por la experiencia-bagaje de líderes cenetistas, que a veces superaba a los burgueses con educación formal: bien en su propio terreno (ej. Pestaña, desenmascarando chanchullos policíacos y espionaje alemán-gubernativo en Barcelona, en época de la I Guerra Mundial y el pistolerismo) o bien en el terreno sindical/del obrerismo (ej.: los líderes Durruti, Ascaso, García Oliver y su influencia indiscutible sobre grupos y sindicatos enteros, aun sin afiliarse orgánicamente a la FAI, según comentó Peirats, a propósito de la intentona de 8 de enero de 1933). Esto permitió a líderes cenetistas a veces pasarse con armas y pertrechos de proyección social a otros campos -obreristas o políticos-, como José Díaz al PCE, con su grupo de portuarios de Sevilla; Andrés Nin y su influencia en Lérida, hasta el POUM; Pestaña y su Partido Sindicalista… Fue un fenómeno banal de sociología de grupo, que ya habían experimentado en otras partes liderazgos comunistas: como en Rusia, con Trotski y los judíos bolcheviques; Stalin y sus georgianos del PC ruso, etc. 3.ª) El aliancismo y sus tácticas, no ya sociales sino políticas -en una organización obrera antipolítica- de confluencia con otras fuerzas, en principio revolucionariamente dispuestas. El pacto comprometido con sus competidores obreristas, con vistas a movimientos finalistas en principio sin reservas, estas llegaban por las diferentes prácticas sindicales, especialmente en los años republicanos: la CNT arriesgando movimientos insurreccionales por regiones, la UGT, pacifista y seguidista gubernamental cuando le interesaba (y durante conflictos empeñados, que no tenían nada de aspiraciones revolucionarias), pero finalmente empeñada sus direcciones en manejos tácticos y movimientos de fuerza antigubernamental, como en Asturias en 1934. Pero ya en 1934, al antiguo ministro de Trabajo en el bienio azañista -y antes, durante la Dictadura de Primo de Rivera, consejero de Trabajo- el líder 9

ugetista Francisco Largo Caballero y su sector mayoritario le convinieron tácticas revolucionarias y pose de “Lenin” español: desde marzo y abril de 1934, la UGT desarrolló de tácticas posicionales de fuerza para meter presión en el gobierno central desde algún bastión territorial (sobre todo en regiones donde culminaron orientaciones de ese tipo, como en Asturias). Con una provincia donde se consumó un acuerdo singular UGT-CNT, con centros mineros e industriales tomados bajo su control como las fábricas de armas, la provincia asturiana fue aislada del resto por un ejército colonial de ocupación, cuadriculada para su toma por sectores y finalmente entregada a una dura represión gubernamental. La combinación de fuerzas sindicales y políticas, que surgió como reacción de izquierdas durante el Frente Popular, aún supondría para la CNT una prueba más dura de su elasticidad pactista, formal o informal: como en enero de 1936, momento de unión de izquierda para ganar las elecciones. Una fuerza apolítica y abstencionista como la CNT tuvo que abstenerse entonces de propagar la abstención: traspasando su influencia social a las arcas políticas de representantes frentepopulistas de febrero de 1936, con resultados apreciables: en 1936, las izquierdas -socialista, comunistas y republicanas- recogieron 1.600.000 votos más -una mayoría obreristas- que en 1933 (4.800.000 votos en 1936, el 35% de resultados, frente al 20% de 1933, con 3.200.000 votos). El Parlamento del FP se remodeló entonces: para dar cabida a una ligerísima mayoría de izquierda (1,1%), aunque con 53 escaños, el cambio más visible fue la irrupción parlamentaria del PCE, con 14 diputados (1 en 1933), siendo 13 de ellos provenientes de provincias con mayorías cenetistas (Málaga, votos por la izquierda, 52.750 en 1936; 12.900 en 1933; Cádiz, 97.000 y 3.000) o bien con sumas sustanciales anarquistas (Oviedo, 170.000 y 16.830). La CNT, mientras, esperó en vano hasta la misma guerra una respuesta formal de la UGT a la propuesta cenetista de alianza, lanzada desde su Congreso de Zaragoza, en mayo de 1936 (y los titulares del diario cenetista Solidaridad Obrera fueron exponentes de una frustración aliancista y de los descalabros o ansiedad del oportunismo político). Al final, en 1936, durante el periodo de Frente Popular, el equívoco de aliarse y robustecer políticamente al enemigo ideológico más encarnizado -los comunistas del PCE, por resentimiento o desconfianza de alianza con el enemigo social más experimentado, la UGT- se mantuvo en la CNT hasta entrada la Guerra Civil.9 4.ª) el divisionismo u orientación orgánica bifurcada del anarcosindicalismo: desde la escisión treintista -del

Vid. Rafael CRUZ: En el nombre del pueblo. República, rebelión y guerra en la España de 1936, Madrid, s. XXI, 2006, 403 p. Pero más comprensivo y exhaustivo, vid. Burnett BOLLOTEN: La Guerra Civil española: Revolución y contrarrevolución, Madrid, Alianza, 1989, 1243 p.

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h manifiesto de treinta líderes, de tácticas precavidas y oportunistas: brindadas por el régimen de la República, en torno a la orientación de neutralidad sindical frente al régimen- que en la CNT abrió el escisionismo, a duras penas cerrado en mayo de 1936. Con el riesgo y la amenaza orgánica en los sindicatos de CNT -en algunas regiones- de una especie de dislexia: entre las oportunidades reformistas y de acomodación al régimen republicano y las urgencias tácticas de lucha y solución a los problemas inaplazables sociales, que conducían a una aceleración revolucionaria. La división en dos sectores -treintista y faista- y una cierta permanencia de lucha interna de orientaciones, sin ser exclusiva ni mucho menos de la CNT -literalmente, cada sindical o partido político tuvo su escisión de fuerzas, abierta o sorda, durante el periodo republicano y de la GC- dejó en ella disputas o prevenciones orgánicas -según regiones, más o menos marcadasque alteraron respuestas a conflictos y capacidad social para superarlos y fortalecerse. Hasta 1936 -desde principios de 1934: con una CNT prácticamente dividida y menguada por detenciones y represión de sus intentonas insurreccionales de 1932 y 1933- dos sectores con orientaciones divergentes restaron tácticamente solidaridad y oportunidades de relanzamientos sociales en la República. En último término y pese a sus limitaciones o fragilidades, los anarcosindicalistas de la CNT dieron pruebas de una imaginación de la que carecían los socialistas. Por ejemplo, su orientación persistente de globalismo: fenómeno por el que la CNT no se autolimitó al sindicalismo, pretendiendo una emancipación integral de los explotados y una cultura alternativa al mundo burgués. En los sindicatos cenetistas proliferaron así actividades de respuesta o gestión anarquista a problemas: desde los años de 1910, cursos alfabetizadores, escuelas Ferrer o de adultos (con maestros, a veces militantes, que enseñaban fuera de horarios laborales); estudio esperantista; vegetarianismo; medicina natural; higienismo y educación sexual; emancipación femenina y cultural (teatral; lecturas comentadas; giras, etc.).10 10 11

La cultura ácrata y alternativa se opuso así, punto por punto, a la cultura católica u oficial y dio salida a actividades múltiples que se reflejaron en prensa y publicaciones como plataformas publicísticas de gama variada; mientras la actividad sindical se extendía a toda faceta vital: desde las costumbres de uniones familiares libres a las prácticas cotidianas de relación social; desde los nombres (Acracio, Floreal; Germinal, Helios; Luz, Alba; Sol; Libertaria; Acracia) a las lecturas de referencia (Tolstoi, Zola; J. Multatuli; P. Istrati), etc. En la publicística libertaria o cenetista, numerosas obras se ocuparon de la crítica ácrata del marxismo (Bakunin, Kropotkin, Cafiero, Rocker); de la crítica humanista (Malato; Malatesta), de la crítica ácrata de Rusia hecha por rusos (Yarchuk, Golrelik, Volin, Archinof, Majno), o de libertarios españoles (Pestaña, Pérez Combina, Martín Gudell, Horacio Prieto) que fueron a Rusia con el afán crítico y nada acomodaticio de otros sectores de la izquierda. Y hubo una continua transfusión de ideas desde el anarcosindicalismo español al mundo hispano (México, Argentina, Uruguay, Cuba, Brasil), que creó una solidaridad permanente de pueblos y cultura obrera al otro del Atlántico, reforzada después de la Guerra Civil por los exilios forzados de españoles a ese continente.11 Con la recuperación democrática de la transición española también se produjo la vuelta de exiliados y la normalización de actividades, por sectores sindicales, de diferentes sindicatos históricos -como la CNT- y los nuevos, que ocuparon buena parte de su antiguo e imposibilitado espacio tradicional en la cultura obrera. Gracias en parte a las intensas represiones anticenetistas de los años de 1940 y 1950, así como a la gran transformación sociológica, económica y geográfica de los años 1960 y 1970. Con la persistencia soterrada de una gran anomalía: la de la pervivencia del sindicalismo vertical franquista, en el que entraron y cohabitaron los cuadros sindicales nuevos, que trasladaron un perviviente esquema organizativo de la dictadura a la actual democracia, incluyendo la financiación estatal de sus actividades; aunque variando la disposición y objetivos -ya negociadores, de consenso y pacto a todo preciodentro del nuevo esquema de sociedad y régimen actuales.

Vid. Dolors MARÍN: Anarquistas. Un siglo de movimiento libertario en España, Barcelona, Ariel, 2010, 490 p. Vid.: PLÁ BRUGAT, DOLORES: Pan, trabajo y hogar. El exilio republicano español en América Latina, México, Inst. Nac. de Antropología e Historia-Inst. Nac. de Emigración-SEGOB, 2007; 643 p.

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Mauthausen, Mauthausen, mayomayo de 2010 Unviaje viaje memoria con los Un dede memoria con los últimos recuerdos vivos vivos últimos recuerdos MARIANO GRACIA SÁNCHEZ IES ÉLAIOS

Alumnos del IES Élaios en el acto de homenaje realizado en el castillo de Hartheim (foto: Mariano Gracia).

Hace años que suelo viajar a Francia durante las vacaciones y he recorrido bastantes regiones del Hexágono. En casi todas -si no en todas- he ido encontrando discretas referencias a la presencia de republicanos españoles en hechos relacionados con la II Guerra Mundial: grupos de “maquisards” y resistentes en general, víctimas inocentes de la represión nazi, pasadores de la frontera pirenaica, miembros de las unidades militares dirigidas por De Gaulle o, simplemente, exiliados refugiados de la persecución franquista. Gentes como estos últimos constituyeron el primer convoy de civiles que fueron internados en un campo de concentración, a finales de agosto de 1940. Habían salido de Angulema, y llegaron a uno de los peores destinos posibles: el campo de Mauthausen. Un campo dedicado al exterminio -mediante el agotamiento por las durísimas condiciones de trabajo- de unos internos considerados irrecuperables para la sociedad nacionalsocialista. Emociona reconocer nombres y apellidos familiares en los abundantes y cuidados memoriales que los franceses mantienen por doquier, y conmueve conocer la peripecia -ya estudiada en buena medida por solventes historiadores, pero quizás no demasiado

difundida- de quienes acabaron siendo deportados al horror de los campos de concentración. Hace varios años supe por la prensa escrita que tres institutos aragoneses -y otros centros del estado español- habían visitado Mauthausen en compañía de algunos supervivientes españoles, en el marco de un viaje organizado por la sección española de la Amical de Mauthausen y otros campos de concentración. Durante el verano de 2009 decidí ponerme en contacto con esa asociación para averiguar si había posibilidad de que alumnos del IES Élaios participasen en ese viaje, que se realiza anualmente, coincidiendo con las ceremonias de conmemoración de la liberación del campo. La respuesta fue positiva, de manera que a principio de curso hubo que ponerse a trabajar… TRABAJO PREVIO La primera cuestión que hubo que afrontar fue la selección del alumnado que podía participar en la actividad. Lamentablemente, el grupo debía reducirse a cinco alumnos y un profesor, y hubo que recurrir a una 41


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herramientas • herramientas • herramientas • herramientas h de Estudios Aragoneses el 27 de enero de 2010 (fecha declarada “Día del Holocausto” por la ONU en 2005, sin que hasta ahora se hubiese celebrado en Aragón), en el que tuvimos la oportunidad de conocer el testimonio de José Egea, superviviente del campo de Mauthausen y residente en Zaragoza. Ya se ha indicado el -lamentablemente- reducido número de alumnos que pudieron participar en el viaje. Pero merecía la pena prestar en clase una atención especial al tema de la deportación, dado el interés que podía tener para el alumnado. Así, se plantearon otras tres actividades en las que la participación fue más amplia:

Placas conmemorativas en el crematorio de Mauthausen (foto: Mariano Gracia).

prueba selectiva. En Aragón iba a participar también el IES Mor de Fuentes, de Monzón, con el que pronto me puse en contacto, al objeto de intercambiar ideas; procedentes del resto del estado iban a participar centros de Madrid, Asturias, Andalucía, Valencia y Cataluña. Una vez delimitado el grupo participante en el viaje (5 alumnos de 1º de bachillerato de Ciencias Sociales) tocó ponerse a trabajar. La Amical nos informó de que debíamos preparar dos actos de homenaje a los deportados republicanos que pasaron por Mauthausen y otros campos. Se nos informó también de algunos detalles del viaje: debíamos presentarnos a las 6:00 h. del 6 de mayo en el aeropuerto de Barcelona; a partir de ese momento, la Amical se encargaba de la organización, y nos devolvían al mismo aeropuerto el domingo 9 de mayo a las 21:00 h. Desde el punto de vista económico, las aportaciones de la propia Amical y del programa Amarga Memoria del Gobierno de Aragón redujeron el coste del viaje a una suma casi simbólica. Las tareas a desarrollar en la fase previa al viaje, pues, giraron en torno a dos aspectos: por una parte, la profundización en el contexto histórico de los campos de concentración; y, por otra, la preparación de los dos actos de homenaje que se nos habían encomendado. Era necesario, además, decidir y gestionar la forma de desplazarnos hasta y desde el aeropuerto en las fechas señaladas. Para tratar de todo ello se fijó un calendario de reuniones por las tardes que, en algunos periodos, llegaron a ser prácticamente semanales. Paralelamente, participamos en dos actos relacionados con el tema de la Deportación: asistimos a la conferencia de Juan Manuel Calvo Gascón sobre los aragoneses en los campos de concentración, y participamos en el acto organizado en la Aljafería por el Rolde 42

-Durante unas semanas se colgó en los pasillos del centro una exposición de paneles -procedente de la Amical- sobre el tema de la deportación española en Mauthausen. Además de ser visitada por parte de algunos grupos guiados por el departamento de Geografía e Historia, hubo alumnos y profesores que, a título individual, se interesaron por el contenido. Además, se realizó una visita a la misma por parte de un grupo de 2º de bachillerato del colegio Cardenal Xavierre. -Lectura en clase de los libros Si esto es un hombre, de Primo Lévi, y El convoy de los 927, de Montse Armengou y Ricard Belis. -Realización de una excursión de dos días a la localidad francesa de Oloron-Sainte-Marie, durante la cual se visitó la estación internacional de Canfranc, escenario de relevantes hechos y situaciones enmarcados en la Segunda Guerra Mundial (tráfico de oro y wolframio entre Alemania, Portugal y España, paso de fugitivos con mejor o peor fortuna, acciones de la Resistencia francesa, con colaboradores locales españoles…) y, sobre todo, se visitó el campo de Gurs, en el que más de 20.000 españoles fueron internados en diversos momentos y situaciones entre 1939 y 1945. Concebido en principio como campo de refugiados de la Guerra Civil (incluidos miembros de las Brigadas Internacionales), Gurs fue utilizado tras el armisticio de junio de 1940 por el gobierno colaboracionista de Vichy como campo de internamiento de delincuentes comunes, enemigos políticos (incluidos nuevamente los republicanos españoles) y judíos alemanes, simplemente expulsados inicialmente de su país, pero trasladados posteriormente a los campos de exterminio de Europa Oriental. Fueron, precisamente, las organizaciones judías de la región alemana de Baden las primeras en dignificar el emplazamiento del campo remodelando el cementerio hebreo en el que, no obstante, se encuentran enterrados tanto brigadistas internacionales como


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s herramientas • herramientas • herramientas • herramientas españoles, incluida una niña (Beatriz Parra Otero) que nació y murió en Gurs en 1942. La visita al campo y a la Maison du Patrimoine de Oloron fue realizada guiados por descendientes de españoles, que mantienen viva la memoria de la peripecia de sus padres durante aquellos durísimos años. DESARROLLO DE LA ACTIVIDAD El miércoles 5 de mayo, a las 23:30 h., partimos de la estación de autobuses de Zaragoza. Pocas horas más tarde conocíamos en el aeropuerto de Barcelona a buena parte de los que serían nuestros compañeros de viaje. El número de participantes se acercaba a las 200 personas y la mayor parte pertenecíamos a dos grupos: los miembros de la Amical española de Mauthausen y otros campos de concentración, entre los que se encontraban dos supervivientes de los campos (Edmond Gimeno y José Alcubierre) y numerosos familiares, y los alumnos y profesores de varios centros educativos de Asturias, Cataluña, Valencia, Madrid, Andalucía y Aragón. Nos acompañaban, además, periodistas (un equipo de TV3 realizó, al parecer, un reportaje sobre el viaje para su cadena) y representantes institucionales, en algunos casos cargos políticos (como el Conseller Joan Saura de la Generalitat de Cataluña) de diverso nivel. Pasada la noche, la mañana se dedicó a viajar: primero en el vuelo de Barcelona a Múnich, y luego en los autobuses que -tras una parada técnica para comer- nos trasladaban a la primera visita. A primera hora de la tarde llegábamos al castillo de Hartheim. El castillo de Hartheim inició su macabra actividad bajo el régimen nazi en el marco del programa de eutanasia Aktion T-4, mediante el cual se eliminó a miles de ciudadanos alemanes enfermos físicos y psíquicos. Más tarde, fue escenario de experimentos médicos y lugar de exterminio de internos de Dachau y Mauthausen, entre los que se encontraban unos 500 españoles. El primer día se completó con la visita a la estación de Mauthausen. Allí llegó José Alcubierre en agosto de 1940 procedente de Angulema en un convoy de civiles. Iba acompañado de sus padres y de su hermana, y tenía 13 años. Mientras las mujeres eran devueltas a España, él y su padre tuvieron que enfilar la penosa cuesta de un par de kilómetros que conduce a Mauthausen. Al cabo de un año, José perdió a su padre por la paliza que unos kapos polacos le propinaron y quedó, con 14 años, huérfano, en uno de los peores campos de concentración que los nazis construyeron. Arropado por los españoles, soportó cuatro años más el internamiento, fue liberado, se asentó en Francia, donde todavía vive. En nuestra visita a la estación controló a duras penas la emoción, seguramente con la firme convicción de que estaba haciendo lo adecuado. Nadie que

conociera su historia podía evitar un nudo en el estómago en aquel momento. Al día siguiente, ya viernes, recorrimos Mauthausen detenidamente en pequeños grupos, acompañados por los miembros de la Amical, que actuaron como guías: barracones, cámara de gas, crematorios, sala de autopsias, la cantera… y lo que ya no existe, como el campo ruso, el recinto exterior destinado a los prisioneros soviéticos, convertido en improvisado aparcamiento en las fechas de celebraciones con gran afluencia de público; era el lugar más duro del campo. Por la tarde, una visita a la ignominia. Muchos campos de concentración han sido desmantelados y apenas queda nada de ellos. El solar de Gusen, el matadero de Mauthausen, ha sido convertido en una urbanización residencial; los únicos restos que quedan del campo han sido convertidos en un elegante chalet (el edificio correspondiente a la puerta principal) y en unas naves de cultivo de champiñones (los antiguos barracones para alojar a las SS). Un italiano, descendiente de una de las víctimas, compró dos parcelas de la urbanización, que han sido utilizadas para erigir un memorial (una estructura cúbica de cemento con un crematorio en su interior) donde se apiñan las placas conmemorativas: allí murieron la mayor parte de las víctimas de Mauthausen. Mauthausen y sus campos aledaños eran un lugar destinado a los irrecuperables cuya única vía de liberación pasaba por la chimenea del crematorio. Pero no se les mataba rápidamente, como en Treblinka o Sobibor, sino que se les agotaba poco a poco, sometiéndolos a un trabajo extenuante y a unas miserables raciones de unas 600 calorías diarias. Cuando los internos se encontraban demasiado débiles se les transfería a Gusen, donde la dieta se reducía a la mitad y morían de agotamiento, de una

Participantes del IES Élaios con el estandarte de la Amical.

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herramientas • herramientas • herramientas • herramientas paliza (como el padre de José Alcubierre), mediante inyecciones de benceno en el corazón o en las cámaras de gas. Gusen era lo peor de lo peor, y muy pocos sobrevivieron al campo; y algunos no tienen reparos en vivir en su solar… El sábado 8 tocaba viaje: Ebensee se encuentra a unos 150 km de Linz -la ciudad en la que nos alojábamos-, en medio de un idílico paisaje alpino a orillas de un lago. Las fábricas de armas en las que trabajaban los internos se encontraban en diez túneles excavados en la montaña. Apenas queda nada del campo, y solamente los monumentos conmemorativos de las distintas nacionalidades y algún cartel indicador señalan su existencia. El comandante del campo intentó al final que los 8.000 internos se “refugiasen” en los túneles para “protegerse de los bombardeos aliados”. Sorprendentemente, no obedecieron, y los SS no se atrevieron a forzar la situación y abandonaron el lugar. Habían preparado dinamita suficiente como para volar y taponar las bocas de los túneles, enterrando vivos a los prisioneros. Domingo 9 de mayo: actos de conmemoración del 65º aniversario de la liberación del campo; volvemos a Mauthausen, pero esta vez en medio de una asistencia multitudinaria y muy internacional. Acudimos al monumento francés y cantamos la Marsellesa; ellos corresponden cantando el Ay, Carmela. Volvemos al monumento español, donde se suceden las intervenciones y nos visitan otras delegaciones nacionales, que realizan pequeñas ofrendas florales; finalmente, participamos en el desfile que recorre la Appelplatz. A mediodía todo ha terminado, y es hora de emprender la vuelta; la nube de cenizas de un volcán innombrable nos retendrá todavía un día entero en el aeropuerto de Múnich, antes de que podamos volver a casa. Pero el viaje no es únicamente un conjunto de visitas. Es un recorrido por una serie de lugares de memoria, es decir, de evocación y de recuerdo desde la perspectiva que da el presente. De ahí los actos que todos los centros participantes escenifican, que se alternan con las presentaciones y explicaciones de los miembros de la Amical. Además, tanto supervivientes como familiares de internos salpican generosamente cada visita con sus acotaciones, con sus precisiones, con sus palabras discretas dirigidas especialmente a los más jóvenes. Los actos que nuestro grupo había preparado se desarrollaron en el castillo de Hartheim y en los túneles de Ebensee. En el primero, más sencillo, se leyó el poema Para la libertad, de Miguel Hernández; en el segundo se leyó un texto de Eduardo Galeano (El derecho al delirio) con música de Arvo Pärt de fondo (Spiegel im Spiegel) y algunos de los alumnos del IES Élaios -“tocados” por la experiencia vivida hasta 44

entonces- dijeron unas sentidas palabras de agradecimiento a los dos supervivientes que nos acompañaban, para acabar cantando todos juntos el Canto a la libertad de José Antonio Labordeta. Creo que este último acto fue sin duda uno de los momentos más emocionantes del viaje. BALANCE A estas alturas creo que no hace falta aclarar que el balance de la experiencia es claramente positivo. Podemos volver a visitar Mauthausen u otros campos, pero lo que es claramente irrepetible es hacerlo acompañados de José Alcubierre y de Edmond Gimeno; y de los miembros de la Amical. Todos ellos condimentaron las visitas con una experiencia vital que nos impactó a todos y dieron un contenido de carne y hueso a los lugares inanimados que íbamos contemplando. Complementando sus aportaciones, las placas y detalles dejados por los visitantes son otro elemento -esta vez permanente- que aporta humanidad al estudio necesariamente frío, serio y riguroso de los acontecimientos que allí sucedieron. También es un valor añadido haber realizado la visita durante los actos conmemorativos, que contribuyen a percibir la magnitud de los acontecimientos, que afectaron a personas de muy diferentes nacionalidades y grupos, aunque los más conocidos sean, claro, los judíos. Estremece pensar en el volumen de víctimas rusas y en las crueldades a que fueron sometidas. Y conmueve encontrarse a un anciano italiano que nos reconoce como españoles y se acerca a seguir agradeciendo a cualquier español que otros españoles le salvaran la vida hace casi setenta años. Por otra parte, conocer la ubicación de los campos y de las poblaciones cercanas (el de Ebensee se encontraba literalmente pegado al pueblecito del mismo nombre) abre serios interrogantes acerca de la actitud de buena parte de la población civil de Austria. Un país que se presenta en los paneles explicativos del campo de Mauthausen (escritos solamente en alemán) como un territorio invadido por Alemania, casi como si se tratase de otra Polonia. La empresa Poschacher (una cantera), que usó como mano de obra a un nutrido grupo de jóvenes españoles internos en el campo, continúa su actividad y sus furgonetas se ven fácilmente por la población de Mauthausen. El cultivador de champiñones de Gusen muestra muy poca sensibilidad al aprovecharse de los escasos restos del campo, y resulta difícil admitir que sus vecinos sean capaces de vivir en el solar del que fue escenario de los peores horrores. Los estudiantes alemanes con los que sus homólogos españoles tuvieron la oportunidad de conversar mostraban, desde luego, una actitud muy diferente; sin duda tienen la lección bien aprendida.


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QUE TE JODAN

J. D. Salinger: El guardián entre el centeno. Traducción de Carmen Criado Fernández. Madrid, Alianza Editorial, 2010.

OLGA PUEYO DOLADER

A los adultos nos preocupa la integridad física de los niños. Cuidamos su salud y su alimentación, atendemos su higiene y velamos su sueño. Hemos mecanizado un sinfín de gestos eficaces, especialmente en el territorio doméstico, para preservar a los más pequeños: esquineras en las mesas, topes en las puertas, hojas oscilo batientes en las ventanas, protectores en los enchufes. Todo para impedir que un niño se lesione, se precipite al vacío o reciba una descarga eléctrica. El gesto protector de Holden Caulfield hacia su hermana Phoebe, tratando de borrar de las paredes de la escuela la frase Fuck you, se enmarca en un contexto más amplio. En esa edad inclemente en la que los jóvenes se forman para encarar su futuro laboral, social y personal con éxito, en la que se atisba ya el engaño vital pero aún refulge la pasión por lo auténtico, el adolescente Holden ha descubierto su vocación. Quiere ser el guardián entre el centeno, el salvaguarda siempre atento de los juegos infantiles, el celoso protector de la niñez ante el acoso del tiempo. Como los kouroi mitológicos, que gritaban y danzaban sin cesar entrechocando sus armas y sus escudos para silenciar el llanto de Zeus, el joven Holden descubre en su alocado periplo por Nueva York que ansía ser el custodio de la infancia y que su cometido esencial consiste en amortiguar los sollozos y las risas de los niños para evitar que sean descubiertos y devorados por Cronos.

puso en guardia al pudibundo editor? ¿Resulta la sociedad norteamericana tan puritana como parece?

Aunque hoy es un libro que se lee en las escuelas norteamericanas, durante bastantes años El guardián entre el centeno fue lectura prohibida en muchos colegios preparatorios de Estados Unidos. Desde su publicación en 1951 hasta la edición de Banton en 1984 los lectores americanos no pudieron leer el verbo que con tanto ahínco Holden trataba de borrar de la pared. La edición española de Alianza que yo he manejado, del año 1986, es sin duda traducción de alguna edición americana anterior y mantiene, por tanto, unos melindrosos puntos suspensivos tras la jota inicial mayúscula para aligerar el imperativo Jódete. ¿Qué contenidos del polisémico verbo aconsejaron la supresión? ¿Qué pudo alertar la mente demasiado estrecha de alguno de esos supervisores de libros para jóvenes? ¿Es la alusión sexual del verbo la que

A sus dieciséis años, Holden es un muchacho inadaptado. Académicamente no resulta brillante, lo cual motiva su paso por los colegios de Elkton Hills y Wooton. La historia misma, narrada en primera persona por el propio protagonista, tiene que ver con una nueva expulsión, esta vez del afamado colegio Pencey, debida a los deplorables resultados obtenidos durante el primer cuatrimestre, y arranca con su marcha precipitada unos días antes de las vacaciones de Navidad. Durante tres días, Holden, en su frenético deambular por Nueva York, que incluye salas de fiestas, salones amenizados por orquestas, bares, viejos hoteles que albergan a todo tipo de depravados sexuales y se convierten por la noche en verdaderos prostíbulos, una cita teatral en Broadway para asistir a una comedia de moda, una película

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El tiempo y su devastador aliado, la muerte, marcan la vida del joven Holden. En todo el texto sólo hay una fecha precisa, el día que murió su hermano Allie enfermo de leucemia, un dieciocho de julio del año 1946, con sólo trece años. La muerte de Allie caracteriza de forma irremediable el devenir de Holden, dos años mayor, y confiere al tiempo cronológico un carácter subjetivo. La torpeza que demuestra en Central Park, mientras trata de ayudar a una niña a ajustarse los patines, comporta una percepción lejana de la infancia: “Si hace algo así como un siglo me hubieran puesto un cacharro de esos en la mano en medio de la oscuridad, habría sabido perfectamente qué hacer con él”. Sumido en este desamparo, sólo un sitio, el Museo de Historia Natural, le resulta un lugar acogedor y capaz de atrapar el imparable discurrir del tiempo: “Lo que más me gustaba de aquel museo era que todo estaba siempre en el mismo sitio. No cambiaba nada. Podías ir cien mil veces distintas y el esquimal seguía pescando, y los pájaros seguían volando hacia el sur, y los ciervos seguían bebiendo en las charcas con esas patas tan finas y tan bonitas que tenían, y la india del pecho al aire seguía tejiendo su manta. Nada cambiaba. Lo único que cambiaba era uno mismo”.


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de guerra y una visita a la pista de hielo de Radio City, tratará de atrincherarse en una visión ingenua y auténtica del mundo. Holden derrama su mirada compasiva sobre la humanidad. Entre enternecida y dolida resulta la contemplación de su grupo de edad. ¿Qué les depara el mañana?, ¿qué responsabilidades tendrán que asumir?, ¿qué traiciones deberán llevar a cabo? La exploración de la condición femenina, de todas aquellas chicas que en breve saldrán de colegios y universidades, no parece ser muy alentadora: “La mayoría se casarán con cretinos, tipos de esos que se pasan el día hablando de cuántos kilómetros pueden sacarle a un litro de gasolina, tipos que se enfadan como niños cuando pierden al golf o a algún juego tan estúpido como el ping-pong, tipos mala gente de verdad, tipos que en su vida han leído un libro”. No es baladí esta equiparación entre maldad y pensamiento estéril, la literatura es para Holden un substrato fértil que inocula el germen de la reflexión: “Soy un completo analfabeto, pero leo muchísimo”. Quienes no leen están condenados a la trivialidad de la vida, a la rutina forzosa de repetir esquemas, a dejarse mecer en el orden social establecido. Ningún mal espiritual les aflige, viven en el mejor de los mundos posibles, son buenos ciudadanos que nada se cuestionan, puede incluso que consigan buenos expedientes, pero su existencia rebosa de inanidad. En cambio, el idealismo de Holden irradia de su pasión literaria: Lejos de África de Isak Dinesen, El regreso del nativo de Thomas Hardy, La servidumbre humana de Somerset Maugham y El Gran Gatsby de Scott Fitzgerald se encuentran entre sus lecturas preferidas. La autenticidad es uno de los valores a los que se aferra para tratar de salvar el abismo terrible que se abre ante él. Antepone al fragor de la ciudad un ideal de vida que se asemeja al de los antiguos pioneros: construir una cabaña en algún lugar de Massachussetts o en Vermont, cerca del bosque, en un paraje expuesto al sol, y dedicarse a pescar y a cortar leña para el invierno. Anhela que lo dejen en paz, y como no quiere ser un figurante más de la comparsa social, ni valerse de la hipocresía que subyace a cualquier relación, idea hacerse pasar por sordomudo y buscar como pareja una chica que posea la misma incapacidad. Siguiendo con su fábula, y ante la prevención que siente hacia la labor socializadora del colegio, imagina una arcadia para sus hijos, lejos de las aulas, rodeados de libros y teniendo como únicos preceptores a sus padres. Su desdén por lo académico alcanza sobre todo el nivel universitario, y vuelca una acerada antipatía por los jóvenes de Yale y Princeton, a los que considera una pléyade de cretinos uniformados que se acaban pareciendo unos a otros como gotas de agua. Pero es ante el artificioso mundo de los adultos donde muestra mayor rechazo. Puesto que el engaño, la vanidad y el ansia de dinero copan la esfera laboral, la idea de llegar a ser abogado como su padre no le deslumbra: “Me gustaría si los abogados fuesen por ahí salvando de verdad vidas de tipos inocentes, pero eso nunca lo hacen. Lo que hacen es ganar un montón de pasta, jugar al golf y al bridge, comprarse

coches, beber martinis secos y darse mucha importancia”. Abomina de la religión, no soporta las voces melifluas de los curas y de todo el evangelio la única figura que rescata es la de Jesús. Desconfía de la pericia y de la maestría que acaba ocultando la naturalidad: “Cuando uno sabe hacer una cosa bien, si no se anda con cuidado empieza a pasarse, y entonces ya no es bueno”. Odia el ejército por la rigidez que representa: órdenes que acatar, normas que cumplir, obediencia ciega y un falso compañerismo tan difícil de soportar que, en caso de guerra, prefiere acabar delante de un pelotón de ejecución. Y por lo que atañe a la muerte, su deseo es mantenerse lejos de la falsa armonía de los cementerios: “Espero que cuando me llegue el momento, alguien tendrá el sentido suficiente de tirarme al río o algo así”, pues las tumbas alineadas no son otra cosa que un remedo del orden social. El mal de vivre que aqueja a Holden es consustancial a su carácter. Del mismo modo que su discurso narrativo refleja un estado emocional zigzagueante y sinuoso a lo largo de la novela, tras sus fracasos académicos late una profunda aversión a unificar y a simplificar. El suspenso en Expresión Oral, su asignatura preferida, es significativamente revelador de la incapacidad que le afecta. Su imposibilidad para ceñirse a un tema sin dar entrada a la fabulación y a la divagación, cortando los caminos que abren paso al ensueño, señala un conflicto de orden existencial. El consejo de su antiguo profesor de literatura, el señor Antolini, alentándole a que acabe los estudios, apunta en esa dirección: “Una vez que los dejes atrás, comenzarás a acercarte -si ése es tu deseo y tu esperanza- a un tipo de conocimiento muy querido de tu corazón. Entre otras cosas, verás que no eres la primera persona a quien la conducta humana ha confundido, asustado, y hasta asqueado. Te alegrará y te animará saber que no estás solo en ese sentido. Son muchos los hombres que han sufrido moral y espiritualmente del mismo modo que tú”. El binomio academicismo/conocimiento se decanta hacia la creación: “Se trata de un hermoso intercambio que no tiene nada que ver con la educación. Es historia. Es poesía”. Como toda novela de aprendizaje, El guardián entre el centeno contiene su porción de ejemplaridad. El idealismo y la espontaneidad no caben en el mundo de los adultos. Claudicar, como le apunta su profesor citando a Wilhelm Stelcel, es la única manera de sobrevivir: “Lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella”. La escena final, en Central Park, condensa toda la amargura épica de la moraleja. Holden vigila desde un banco a su hermana que da vueltas montada en un caballito del tiovivo, y por primera vez desde el inicio de la novela, se siente a gusto contemplando aquella ronda incesante. Suena Smoke Gets in Your Eyes al tiempo que el carrusel, metáfora de la rueda de la vida, gira y gira irradiando un humo opaco. Cuando se degusta la insoportable verdad nadie sale indemne: sin grandilocuencias hay que aceptar que se está aquí para joder o para que te jodan. 47

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NADANDO EN UN PROFUNDO MAR AZUL

TITULO: USA Union FECHA: 1970 DURACIÓN: 48 mins. ( 10 pistas ) ARTISTA: John Mayall TIPO: LP ESTILO: Blues PAÍS: Inglaterra PRODUCTOR: John Mayall DISCOGRAFICA: Polydor Records WEB OFICIAL: www.johnmayall.com

DANIEL GARCÍA ARANA ESTUDIANTE DE FILOLOGÍA INGLESA El día 22 de mayo del presente año, a las diez y media de la noche, algunos tuvimos la suerte de comprobar el magnífico estado del que disfruta John Mayall, el maestro del blues blanco, en directo. De él, que vino al mundo hace setenta y siete años en el carrolliano condado de Cheshire, puede decirse que prácticamente nació enseñado: hijo del guitarrista de jazz Murray Mayall, es Alexis Korner, el legendario bluesman, quien le allana el camino para que cuente en su primer disco de estudio con un veinteañero Eric Clapton: Blues Breakers with Eric Clapton (1965). Temas como All your love o Hideaway siguen sonando en directo, prueba indudable del acierto del joven Mayall. Pasan los años y John trabaja con autoridades como Peter Green (Fleetwood Mac), Mick Taylor (The Rolling Stones), Keef Hartley, Chris Mercer (Juicy Lucy), Dick Heckstall-Smith (Graham Bond, Colosseum) o Jon Hiseman (Colosseum, Tempest), por citar unos pocos. Así, con diez discos de estudio en el mercado, como los inconmensurables Blues from Laurel Canyon o Bare Wires, llega finales de los 60 y se da la circunstancia de que Mayall reside precisamente en Laurel Canyon, California, donde toca con varios de los músicos locales, entre ellos dos integrantes del grupo de blues Canned Heat: Larry Taylor y Harvey Mandel. En ambos encuentra Mayall los sustitutos del bajo de Steve Thompson y la guitarra de Jon Mark respectivamente, y renueva su grupo, también supliendo los vientos de Almond (tanto éste como los antedichos Mark y Thompson habían participado en el exitoso LP en directo The turning point un año antes, que contiene el inmortal Room to move) por el violín del que fuera integrante del dúo de rock’n’roll Don and Dewey durante los 50 y primeros 60. Hablar pues de USA Union es hacerlo de Mayall, por supuesto, pero también de Canned Heat y de Don & Dewey, lo que indudablemente es marchamo de calidad por partida triple para esta grabación del año 1970. Harvey Mandel entró en los Heat la misma noche que Henry Vestine dejó su puesto de guitarrista, a punto de tocar en Woodstock y así, la suerte hizo que Mike Bloomfield interviniera en el primer set y Mandel en el segundo. Por otra parte, Larry Taylor es el componente de Canned Heat más antiguo, puesto que entró a la vez que se fundara el grupo en 1 2

1967 (el otro más antiguo es Fito de la Parra, actual líder, pero llega al grupo un álbum más tarde). Juntos, Mandel y Taylor habían grabado ya el excelente Future blues en el mismo 1970, tocando posteriormente en la gira europea y en otros álbumes como Internal combustion. Recientemente, tras la muerte de Vestine, Mandel y Taylor han vuelto a unirse a Fito de la Parra y Canned Heat suena como siempre. La aparición del ex-Don and Dewey, Don “Sugarcane” Harris fue diferente: separado de Dewey Terry a mediados de los sesenta, se dedicó exclusivamente al violín eléctrico y había grabado con el genio iconoclasta Frank Zappa por lo menos en su célebre Hot rats (1969) y en Burnt Weeny Sandwich (1970), por no hablar de su insólita colaboración como teclista en Chunga’s Revenge.1 También de este milagroso 70 es el disco de Sugarcane Keep on running, en el que si exceptuamos el algo banal corte que da título al álbum sólo hay puro jazz de vanguardia. Dos años más tarde, Mandel y él volvieron a coincidir en una banda llamada Pure Food and Drug Act (disuelta ese mismo año debido a los problemas del violinista con las drogas) y en los dos álbumes de Mandel en solitario The Snake (1972) y Shangrenade (1973). Entre otros nuestro violinista ha tocado con el batería británico Robert Wyatt: atentos a la larga versión de la clásica Song for my father de Horace Silver que registran en directo en el álbum Sugarcane’s Got The Blues. Don Harris tuvo incluso el honor de ser homenajeado por uno de los grandes grupos de la escena californiana, It’s a beautiful day, en su éxito Don & Dewey, una preciosa canción del álbum Marrying maiden (1970) y sentido tributo al antedicho dúo de R&B. Debe pues, por motivos obvios, destacarse la agrupación de Mayall para este álbum, posiblemente la que mejor resulta a lo largo de su carrera gracias al espléndido minimalismo que se desprende de cada tema (piénsese que la inexistencia de un batería en el álbum pasa inadvertida). Por ello, hacemos nuestras las palabras de Philippe Bas-Robérin que defenderá la importancia capital de Mayall y Canned Heat en contraposición al resto de músicos de la época, por haber perpetuado el blues, en lugar de proveerse de éste sólo en lo necesario para proseguir un camino bien distinto.2 Es el caso de grandes grupos como Savoy Brown, la Climax

Ver el artículo de Gonzalo de la Figuera sobre Hot rats de Zappa en Laberintos nº 13 (junio 2006). BAS-ROBÉRIN, Philippe: El blues moderno. Júcar, Madrid, 1976, p. 177.

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Chicago o Fleetwood Mac, que enseguida llenaron sus discos de música soul, pop y hasta de Adult Oriented Rock, provocando cierto sonrojo al empedernido y fiel amante del blues. El mismo año de la separación de The Beatles y la muerte de Hendrix, Mayall y sus tres acompañantes se encierran en los Larrabee Studios de Los Ángeles, el 27 y 28 de julio de 1970, para dar a luz a USA Union. Álbum, por cierto, a la sazón polémico debido al militante ecologismo de sus letras como así pueden demostrarlo el decálogo que se incluye en el interior para luchar contra la contaminación atmosférica y, claro está, el primer tema del disco: Nature’s disappearing. Con Harris y su distorsión wah-wah en el violín, Mayall convence al avezado oyente de que la naturaleza está desapareciendo por culpa del hombre, filthy creature. Mañana será muy tarde, boicotea el mercado. Ese es el Mayall militante hablando posiblemente sobre la misma naturaleza “rebelde” que ese año provoca treinta y nueve muertos en el centro invernal de deportes de Val d'Isère, bajo un alud y la del terremoto en Perú, con setenta mil víctimas. Mayall es profeta del cambio climático antes de que los gobernantes jueguen demagógicamente con éste tres décadas más tarde. You must be crazy mantiene ecos del primigenio boogiewoogie. Con un dueto donde la guitarra de Mayall no tiene nada que envidiar a la de Mandel, con reminiscencias de Benson o Burrell, que se mezclan según el momento y el mood. John clama por el amor de una dama. Debes estar loca si crees que no te quiero. Ten paciencia. No es la sempiterna letra de blues. ¿O sí? ¿Acaso se habla en el blues de alguna otra cosa? Qué sonido el de la intervención de Don Harris y su violín punzante, los instrumentos se paran para que éste hable por sí solo. Requiere de ese espacio, porque así y solo así se da sentido a sus “palabras”. Mayall se desgañita, pero Sugarcane no se queda corto, sabe Dios que no. La tercera es una preciosa aportación lenta y casi instrumental, de toque californiano y violín parecido al del propio LaFlamme de It’s a beautiful day. Mayall se vale de un piano eléctrico y de lo que se llama en blues 12-bar structure para contarnos que se va. Es el único de la pandilla que no se ha dormido en esa noche oscura. Es un Night flyer que espera en la lluvia, el cowboy triste de medianoche. Los aeropuertos y taxis dejan de existir a esas horas y Mayall no puede dormir si ella está tan lejos. Eso se llama solitude. El bajo de Larry Taylor introduce y solea con arte en Off the road, la pieza más jazzy del álbum. El joven John (¿lo fue Mayall alguna vez?) ha viajado por el mundo sin descanso y le flaquean los nervios. Sueña con volver de su periplo por carretera. Hay un lado swing del Maestro que se trasluce y Taylor tiene rol de líder en este tema esencialmente autobiográfico. He tocado en todas partes sin descanso y sueño con volver a casa, dice Mr. Mayall. Mucho más funky es Possessive emotions, con ese toque wah-wah de nuevo. Es terrible la sensación de celos que parece sentir Mayall en ese momento. Le dice vete, no quiero ir a todas partes contigo. Los hippies californianos también sufren de la enfermedad de la burguesía y una antología

del blues que se precie contiene verdaderas piezas maestras al respecto. Se apoyan mutua y cautivadoramente guitarra y bajo en un La mayor de experta omnipresencia. Así se hace un trabajo como éste. Where did my legs go es una muestra más, igual que le ocurría en la tercera y cuarta canción, de la incertidumbre del personaje cuyas distintas biografías plasma Mayall tema tras tema. Fue Night flyer de la carretera y ahora ni siquiera conoce el destino de sus piernas y bebe y habla como una máquina. Mayall acompaña sus pensamientos en voz alta con un piano deudor de Albert Ammons o Pete Johnson. El shuffle no queda tan lejano en el tiempo como creíamos: siempre está el maestro John para dejarlo claro. Nunca con dos músicos (Mayall y Larry Taylor en apasionado diálogo musical) y sólo en tres minutos se hizo tanto. Took my car. Funky con armónica, guitarras wah-wah y coros del propio Mayall para la historia de Nancy y la suya propia. Una tarde de puesta de sol cogieron el coche y se fueron de allí diciendo goodbye. Sí, maestro, la carretera atrapa a los que una vez salieron de ella. Pero te vas acompañado on the road, Mr. Kerouac del blues. Mayall vuelve a la autobiografía como en el cuarto tema, a la recherche d’un temps perdu que diríase irrecuperable. Todo ello para llegar al clímax artístico del álbum: Crying. Porque un violín toma la voz cantante por vez primera en la historia del blues y en una intro de antología. Nunca se había cantado la tristeza como lo hacen las cuerdas de Harris. Mayall llora porque ella se ha ido. Se ha ido en una evil night como las de Robert Johnson, en la que incluso caben los pactos con el diablo o one Bourbon, one Scotch y una birra. Sabia mixtura. El blues, que no se grita ni se salta, se llora. Por imposible amor se puede estallar en las percutidas lágrimas de Harris. Sí, es too late for words. No le duran mucho las penas al maestro puesto que el siguiente tema es a su Pretty girl, sólo acompañado por Larry. Otro shuffle en el que ella, sentada en su habitación, es más bella que la luz de la luna y sexy en su furry bed. Con razón dice Mayall que quiere tratarla bien, le hace sentirse su hombre. Y así, termina este capolavoro, esta masterpiece con el tema que más reminiscencias californianas nos trae a la memoria: Deep blue sea. Los chicos de Mayall nadan en un profundo mar azul mientras Don decide qué cuerda frotar con la perspicacia y la seguridad propia del que sabe hacerlo. John y su chica están tumbados en la arena y cuando bucean en el mar, ven paisajes verdes que los cautivan. Mayall termina como empezó: pensando en la naturaleza. Oímos una suerte de bongos como percusión que no es sino Mayall y su astucia minimalista: John golpea la pandereta con un lápiz. Y por vez primera (y última) en el álbum, unos coros femeninos: las gemelas Patty y Nancy Throckmorton. ¿Desaparecerá la naturaleza? Ladies & gentlemen, lo que sí que toca a su fin es el disco, pleno de una multitud de mensajes: el último es que van a seguir nadando en el mar azul de la música. Es mensaje suyo y petición nuestra bien correspondida: Mandel y Taylor reaparecieron en Murcia con Canned Heat a toda potencia y a Mayall lo disfrutamos como el primer día, cuatro décadas después, en nuestra ciudad, bien seguro de sí mismo. Por eso en el blues nunca pedir mucho fue pedir demasiado. 49

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Por-venir CRISTINA GRANDE

Cristina Grande Marcellán nació en Lanaja (Huesca) en 1962. Pasó su infancia en La Rioja. Es licenciada en Filología Inglesa y realizó estudios de postgrado de Cine y Televisión en la Universidad de Zaragoza, y de Fotografía en la Galería Spectrum, también de Zaragoza. Ha publicado dos libros de relatos, La novia parapente (Xordica, 2002) y Dirección noche (Xordica), con el que fue finalista del Premio Setenil 2006.

Naturaleza infiel, su primera novela, ha sido editada por RBA en marzo de 2008, y traducida al italiano. Ha participado en libros colectivos como Zaragoza de la Z a la A, Los Monegros, El reino de las luces, Éxitos secretos, Canfranc, Elegías íntimas... Ha sido incluida en la Antología del cuento del siglo XXI (Menoscuarto, 2010). Desde 2002 es columnista en Heraldo de Aragón. Algunos de los textos han sido recogidos en Agua quieta (Traspiés) y Lo breve (Tropo), ambos publicados en 2010.

No me atrevería a comenzar de forma tan truculenta si no supiera, casi con toda seguridad, que la historia que viene a continuación tiene un final feliz. La verdad es que intenté colgarme de una lámpara sólo por dejar de pensar lo mismo a todas horas. El invierno no acababa nunca. Fue un acto reflejo, sin ningún dramatismo, como cuando me levantaba por la noche a buscar un vaso de agua que no bebía, pero esta vez en plan grotesco. La lámpara era de bronce, muy pesada, con seis brazos demasiado juntos y unas tulipas de cristal coronadas por aros del mismo bronce. Esa lámpara procedía de la casa de mi abuelo paterno y tendría más de cien años. Estuvo un rato balanceándose después de renunciar a atar el cinturón de seda que había elegido para la ocasión. Se balanceaba como si hubiese habido un ligero seísmo. El cinturón me dejó una pequeña marca rojiza en el cuello porque yo misma me lo apreté hasta que la piel se me arrugó como el pescuezo de un ave desplumada. Casi con toda seguridad no habría aguantado el peso, pensé mientras veía el balanceo desde mi cama, tampoco el gancho del cielo raso que sostiene la lámpara aunque peso menos de cincuenta kilos, menos que 50

la lámpara, y entre las dos no alcanzaríamos los cien kilos. Lo cierto es que me sentí ridícula, y luego arrepentida, pues esa noche dormía en casa mi sobrina; y también por mi madre, que llevaba meses aguantándome en su casa; y también porque de repente pensé que no había hecho testamento y que no teniendo hijos, sería mi marido el heredero de lo que poseo a medias con mi hermano. No es que no confiara en mi marido, pues seguíamos muy enamorados, es que yo no podría hacer pasar a mi familia por el mismo calvario forzoso que no pudimos eludir tras la muerte de mi hermana. Pasaron unas semanas y me olvidé del asunto de la lámpara y del testamento, aunque el testamento, en realidad, era un tema que siempre me rondaba. Me había acostumbrado a pensar en ello como en un examen que no preparas hasta el último día. Mi vida seguía y me apunté a clases de baile para mantenerme en forma. Por las tardes solía ir a la Filmoteca. Mi marido había pedido la reincorporación a la enseñanza y llevaba unos meses viviendo en otra ciudad, la misma que dos años atrás había dejado para casarse conmigo. Me dijo que, de


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momento, prefería estar solo. Yo no hacía más que llorar. Un viernes de febrero, poco después del episodio de la lámpara, mi amiga Elisa y su novio de toda la vida me invitaron a pasar con ellos el fin de semana. Tenían una casa en el sur de Francia. Acepté la invitación. Con ellos me sentía a gusto, no me presionaban, no preguntaban, no me tomaban demasiado en serio. Subiendo el puerto de Monrepós, ya de noche, noté que me sangraba la nariz. Nunca llevo pañuelo en el bolso, ni siquiera de papel, a pesar de ser de lágrima fácil. Desde el asiento delantero, Elisa me pasaba pañuelos que yo iba arrugando en mi mano izquierda empapados de una sangre que me avergonzaba, no sé por qué. Quizás ese día se me había olvidado tomar la pastilla para la hipertensión. Lo gracioso es que yo le había advertido a Elisa por un pequeño derrame en su ojo izquierdo, justo antes de emprender el viaje. Tienes que cuidarte un poco, le dije en plan maternal. Elisa tampoco tenía hijos. La diferencia entre nosotras es que ella era optimista y yo no. La sangre no me asusta, pero me asusté al ver mi cara reflejada en el espejo de la gasolinera

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donde por fin pude deshacerme de los pañuelos ensangrentados. Mi reflejo me habló y me dijo “testamento”. Le pregunté a Elisa si ella había pensado alguna vez en eso de las herencias. Me dijo que sí, pero que no estando legalmente casada, todas sus propiedades volverían al tronco familiar, a sus hermanos, padres o sobrinos, y con todos ellos se llevaba bien, así que no se preocupaba. Pensé en mi hermana. Ella dejó escrito ante notario que todo era para su marido, el cual nos odiaba de repente por igual a todos sus parientes políticos. Fue en el tanatorio mismo donde nos retiró la palabra, sin que hayamos podido averiguar el porqué de esa actitud tan radical. Cuando conocí al hombre que se convertiría en mi marido, después de la muerte de mi hermana, no pensé que también él acabaría odiando a mi familia y que se quitaría la alianza de casado el mismo día que me dejó sin dejarme del todo, diciéndome que yo era su niña. Mi situación empezaba a parecerse a la de mi difunta hermana, sólo que yo no había hecho testamento porque estaba segura de que el amor, al final, acabaría triunfando por encima de todo.


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CINCUENTA DE LOS SESENTA

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