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Acompañamiento Pastoral

VIII. Mayo 2018

A. Ascensión y Pentecostés El sentido de estos misterios gloriosos de la vida de Cristo hay que entenderlos desde el sentido descendente y ascendente d la Palabra de Dios en el libro de Isaías. Cristo fue enviado al mundo como Palabra del Padre a fin de santificar al mundo. Y el misterio de su glorificación ascendiendo al cielo no es un abandono del mundo. Cristo enseñó que era necesario que él se entregara, que el muriera y resucitara para dejarnos el fruto de su gloriosa pasión, que es el Espíritu Santo. Por eso, aunque según el evangelista san Lucas, la muerte, la resurrección, su ascensión y el envío del Espíritu Santo se proponen en fiestas distintas, el misterio de la glorificación de Jesús se entiende como un todo.

En el plan de Dios está hacernos hijos suyos, según el modelo de Cristo resucitado. Cristo es quien nos entrega ese don de Dios que nos llena dando vida. El evangelio del martes de la VI Semana de Pascua lo enseña claramente. Él tiene que darnos la vida, entregar su vida y darnos su Espíritu, el que viene del Padre también.

B. Nacimiento de la Iglesia Otras lecturas: • Jeremías 29, 5-7 • Jn 16, 5-11 • Rm 8 • 1 Co 7, 29-31 • Ap 2-3

Los llamados por Jesús, son regenerados por Cristo resucitado. Es una vocación desde el Espíritu. La Iglesia es el signo de la humanidad que, llena del Espíritu Santo, profesa con palabras y obras que Jesús resucitado es Señor de la historia y el que fundamenta históricamente la esperanza del hombre. Este anuncio nuclear lo hace al mismo tiempo confesando la presencia sacramental de Cristo por su Espíritu, y la esperanza en la venida gloriosa del Señor. El tiempo de misión tiene por tanto esta tensión entre su presencia sacramental y la esperanza de su vuelta definitiva.


C. La vida en el Espíritu El Espíritu Santo es el don de Dios, es Dios dándose. Y al darse todo lo transforma con su hermosura. Dios no transforma quitando la esencia de las cosas, sino elevándolas, llenándolas de sí mismo, de su luz. Ese es el signo de la resurrección. De manera que la acción principal del Espíritu de Dios es “santificar”. ¿Prefieres otra palabra? Deificar. O si prefieres: cristificar, esto es, llevar todo lo mundano al ámbito de Dios con la forma de aquél que ha asumido lo plenamente humano con su encarnación y resurrección. Todo lo que toca el don de Dios se convierte en regalo, en signo de su presencia. Así que todo lo tocado por el Espíritu de Dios queda como “sacramento” de su presencia. Son muchos los temas que podríamos estudiar desde la fe que tienen que ver con la presencia de Dios en la historia de los hombres. La primera de las gracias en el mundo es la Iglesia. La Iglesia recibe el ser de Dios mismo, porque es también comunidad. Es el primer “signo” de la salvación de Dios. En ella se manifiesta la universalidad de la llamada de Dios a los hombres para vivir con él. Es un misterio para otro mes. De todas las acciones de la Iglesia, hay siete signos sacramentales que ofrecen la vida de Dios a los hombres, acompañándolos en el desarrollo de su historia. Los sacramentos son acciones de la Iglesia en las que se realiza eficazmente la gracia que se celebra. También los sacramentos habría que mirarlos con más detenimiento

La vida de oración también la mueve el Espíritu Santo. El Espíritu enseña al creyente a dirigirse a Dios con toda conciencia, libertad y amor. Sólo en el Espíritu podemos orar, introduciéndonos en el diálogo eterno entre el Hijo y el Padre. También nos acercaremos al Padre nuestro y la oración en otra ocasión con más tranquilidad. El Espíritu Santo renueva la alianza de Dios con los hombres liberándolo en su acción. La moral cristiana también queda transfigurada por la acción del Espíritu porque eleva la conciencia, el amor se convierte en la forma de las elecciones del cristiano y los criterios de vida son los del resucitado. La moral es otro gran tratado de estudio y oración. Hoy sólo nos adentraremos en la existencia martirial del creyente movido por las virtudes de Dios: la fe, la esperanza y la caridad


i. La fe El motor de la fe y el objeto de la fe es Cristo. Por lo tanto la primera referencia de la fe es la confianza en una persona. Y por confianza en ella, porque nos resulta creíble creemos su palabra y las verdades de fe. Es un “conocimiento” interno del misterio de Dios, de la Iglesia, de la creación, de la historia de la salvación, de las acciones de Dios y de cómo el lleva a cabo su plan en esta historia con pecado. Este conocimiento unifica la existencia del creyente porque se da con toda libertad. Cuenta con la razón porque es un hecho verdaderamente humano. Es un don sobrenatural que ilumina el razonamiento humano y nunca actúa contra él (aunque lo supera). El sujeto de la fe es propiamente la Iglesia. Y cada miembro creyente siente la comunión de fe con los hermanos con unos vínculos más allá de lo meramente humano. Vivimos con fe y la distinguimos de fanatismos y supersticiones porque contamos con la razón, con una comunidad creyente y con el reconocimiento de la existencia objetiva de un ser absoluto.

ii. La esperanza

en Cristo resucitado, pero aún no totalmente en el mundo redimido por él. La Iglesia aparece como sacramento histórico de salvación. Y su misión tiene en el centro a Cristo y su protagonista principal es el Espíritu. Al hombre le cabe esperar que Dios realice su plan de salvación universal y eso le compromete en el mundo. Ante la muerte, el cristiano espera en él lo acontecido ya en Cristo. Vivimos con esperanza y la construimos frente a miradas desesperanzadas y movimientos quietistas o falso mesianismos que confunden el progreso con la realización última y novedosa de la esperanza.

iii. La caridad Es la participación a la vocación del amor de Dios. Es la señal de los cristianos y el criterio desde el que Dios nos juzgará, porque ha de ser el criterio creativo que discierna la motivación de nuestras obras. En todo lo que hacemos expresamos el amor incondicional y absoluto a Cristo, y en cada elección de amor optamos por él que nos ha dado el encargo de amar y cuidar a todas sus ovejas.

El hombre es un ser abierto al futuro, no se define en el tiempo cerrado, sino que aspira siempre a más. Correría el riesgo de verse amenazado permanentemente por el tiempo y por la limitación. Cristo resucitado ilumina la esperanza del hombre y da respuesta a la limitación del deseo, de la frustración y del tiempo. En la práctica el compromiso de la liberación humana entra de lleno en las consecuencias de la esperanza divina pues la oración, la caridad, la realización de la propia vocación y el progreso de los pueblos tiene que ver con la confianza ciega en la realización del plan de Dios y de la realización de los signos del Reino en esta historia (que sólo puede ser historia de Salvación). El fin de la historia se ha realizado ya

. Vivimos la Caridad distinguiéndola de limosnas y relaciones insanas o ámbitos sectarios o comunidades no misioneras.


Ahora por grupos — Formación específica 

Comenzamos santiguándonos y rezando un Padrenuestro

Traeremos escrita nuestra intervención según nos valgan las preguntas para un diálogo en común.

Planteamos las cuestiones que tenemos, interrogantes o aspectos en los que necesitamos más claridad. Si ocurriera que no está el cura ahí y necesitáis aclarar, no dudéis en llamar a los curas para que se acerquen.

¿Qué aspectos nos parecen interesantes para la gente de nuestro tiempo? ¿En qué medida ayuda este capítulo a tu formación cristiana práctica? ¿En qué podría ayudar a la fe de tus destinatarios habituales? ¿Interpretan así ellos la vida cristiana? ¿Hay alguna novedad?

¿Qué cuestiones plantearán tus destinatarios habituales sobre este tema en los que aún necesitas más formación?

¿Qué importancia tiene este capítulo no para la inteligencia… sino para tener más fe, para acercarte más a Dios y para que otros se acerquen más a Dios?

¿Qué aspecto misionero podríamos hacer que tenga que ver con nuestra vocación o misión, pero más allá de los destinatarios, horario o rutina establecida?

Para un cuarto momento... Traeremos todo escrito. Por todos los medios procuraremos no alargarnos en nuestra exposición y siempre respetaremos lo que el otro dice, sin juzgar (a la persona nunca), ni cuestionar y, salvo que sea obligatoriamente necesario, sin responder ni entrar en un debate personal entre dos o tres. Se trata de compartir nuestra vivencia de la fe. Después de leer un texto bíblico de la primera página comenzamos la lectura de lo que nos ha sugerido la formación común, o la específica o la oración… o cualquiera de estas preguntas:  ¿Qué luz me ofrece este texto y el muro de la capilla Redemptoris Mater para conocer la implicación de mi vida cristiana? ¿Qué aspecto te ha interpelado más? ¿Por qué?  Si la espiritualidad es tu vida movida por el Espíritu Santo, ¿qué aspectos de tu vida vocacional, moral, sacramental, y comunitaria deben crecer, liberarse o ejercitar más?  ¿Cómo vives las virtudes teologales? ¿Te apetece contar cómo has crecido en alguna de estas virtudes en los últimos años? ¿Hay alguna novedad en la lectura que te ayude a saber cómo vivir mejor?

El tiempo de la iglesia  

Después del misterio de la muerte y resurrección de Jesús, la presencia sacramental de Cristo por el envío de su Espíritu provoca una manera...

El tiempo de la iglesia  

Después del misterio de la muerte y resurrección de Jesús, la presencia sacramental de Cristo por el envío de su Espíritu provoca una manera...

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