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Acompañamiento Pastoral

V. Febrero 2018

A. El Jesús de los evangelios Jesús es una persona real que vivió en los tres primeros decenios de nuestra era en Palestina. Las fuentes que nos hablan de él son confesionales y su principal objetivo es describir cómo se realiza el plan de Dios en la historia (no tanto los contextos históricos). Ya veremos en otro momento cómo fueron escritos los textos canónicos y en qué consiste la inspiración. Los cuatro evangelios hablan del bautismo de Jesús como inicio de su quehacer y termina con su muerte en la cruz. Su vida suscitó sorpresa incluso entre los seguidores de Juan Bautista (a quien se une tanto su misión), rechazo, escándalo entre sus coetáneos. Si nos acercamos a la razón por la que lo crucifican los paganos, es el “Rey de los judíos”, podríamos pensar en un alborotador y rebelde. Pero el mensaje que nos llega acerca del amor a los enemigos y el servicio iría en contra de esta afirmación. Los evangelios son un camino para que el lector se encuentre con un Jesús que no encaja en ningún esquema previo: no es un asceta como Juan Bautista (Mt 11,19); no desprecia los banquetes de los religiosos y poderosos (Lc 7,36ss), ni los de los pecadores (Mc 2,16); no es un liberal capaz de separar la religiosidad de sus opciones vitales como los saduceos (Mc 3,20; 8,34ss); ni tampoco un fanático, un fariseo moralista (Mc 7,1-13); trata con mujeres con infrecuente respeto (Lc 8,2); no es un teólogo, ni un maestro de profesión y el pueblo se da cuenta (Mc 1,22.27); lo consideran un profeta y ahí él pretender guardar distancia, y se pone por encima: mayor que Jonás, mayor que Salomón, mayor incluso que el Templo (Mt 12,6.40.42).

¿Quién se piensa Jesús? • Lc 4,16-21 • Lc 10,23-24 • Lc 11,14-22 • Mt 11,2-15

¿Puede un puñado de gente inculta, pecadora y sospechosa representar un cambio del mundo? ¿Las actuaciones extraordinariamente escandalosas para un judío piadoso se pueden interpretar como la obra del Dios de Moisés y de Abraham? Aún más, Jesús fuerza a tomar una decisión ante él, pues la decisión que se toma en la aceptación o rechazo de su persona se decide inapelablemente la actitud ante Dios y su relación con los hombres. Hoy sigue sin encajar en ningún esquema. A él sólo le importa el venidero Reinado de Dios en el amor. Éste es su asunto. Esta perspectiva es la única con la que nos enfrentaremos a Jesús y su causa.


Lo que enseña con sus parábolas, con discursos y en todo lo que dice es la cercanía del Reino de Dios. Y esa expresión es tan abierta que muchos la han reducido a su entender y han malinterpretado el mensaje, la vida y la causa de Jesús. Dios es el rey de Israel. Así que este concepto es del Antiguo Testamento. No es un reino dominado por Dios, sino el reconocimiento de que Dios es el señor de la historia. Por las experiencias del éxodo y la nueva alianza sellada en el destierro, el Reinado de Dios es el compromiso actual de Dios por la historia. Y al final de sus días Jesús enseña que todo acabará y Dios se mostrará como el señor absoluto de la historia. Pero, de manera inequívoca enseña que esa esperanza se cumple ahora (Lc 4,21).

Los creyentes sabemos que literariamente el evangelio acentúa, engrandece y multiplica milagros. Además se cuentan como se contaban en la literatura rabínica y helenista. Incluso, la manera de contar algunos de ellos, evidencian proyecciones pascuales. Vemos clara una intencionalidad teológica (de confesar a Jesús como Dios). Entendemos el milagro como confesión de fe sobre el sentido de salvación que tiene Cristo y su mensaje. Ahora, sin milagros no se entendería ni la vida de Jesús, ni el rechazo que produce a sus contrarios su “actividad curativa” en sábado (o con el poder del demonio), ni la queja de sus obras hechas en Corazeín y Betsaida.

Él lo va a enseñar con parábolas: el Reino es algo que crece, que está oculto y presente en lo pequeño. Ha de ser acogido por el corazón oyente del discípulo. Porque el Reino es el poder al que pertenece el futuro, que fuerza la decisión actual del creyente (Mt 25). Dios reina en la historia de los hombres que le acogen. Y la historia permanece abierta esperando que Dios lo sea todo, como lo es en la humanidad de Jesús. El Reino es de Dios, del Padre, y lo reciben los pequeños, los niños y los que son como ellos. Pero este don no nos deja quietos, sino que nos llama a la conversión y la fe (Mc 1,15). La fe en la manera oculta y amante de estar Dios en el mundo.

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Entendemos por milagro no fundamentalmente lo que no se explica por causas naturales (porque Dios no se coloca jamás como causa intramundana porque dejaría de ser Dios). Ciertamente es algo extraordinario, inesperado y sorprendente donde la ciencia, con humildad, no encuentra explicación. Pero el milagro va dirigido al sentido de la vida y la realidad, hace mirar a Dios (recuerda que el creyente no ve “naturaleza” sino “creación”). El milagro no fuerza la fe, sino que la pide y la confirma. Y el milagro es signo de que el Reino de Dios irrumpe incluso en la dimensión corporal del hombre, desmontando el dominio del Enemigo. Es adelanto de un mundo nuevo (más que causas desconocidas del mundo viejo). ¡Son signo de un mundo nuevo, no simplemente de un mundo mejor! Son signo del poder de Cristo, obediente al plan de Dios esperado por los profetas (Mt 11,2-15); despiertan la fe y el seguimiento a Cristo.


D. Su manera de ser.

E. Los “títulos” de Jesús.

Es un piadoso judío que, sin embargo, quebranta el precepto del sábado, del ayuno y cuestiones de pureza (no es un vivalapepa… es que hace del amor la única y exclusiva interpretación del Reino). ¡Pretende dar la clave auténtica de la actuación de Dios, la querida por los profetas!

Importa qué significan los títulos que la Iglesia da a Jesús porque es la humanidad creyente que reconoce en Cristo a Dios, no sólo tras la resurrección, sino en unión con lo que hacía en su vida pública. Sin embargo, es cierto que los títulos están cargados de mucha confesión de fe una vez resucita y envía su Espíritu Santo. Nos acercamos mínimamente al origen del título y el sentido que tiene:

Lo que hace en sus comidas es cargar de sentido escatológico la compañía, la invitación y el perdón (como será el cielo cuando llegue definitivamente). Sus comidas significan también perdón. Es muy interesante el contexto de Lc 15,1 (quizá es Mc 2,1517) que daría sentido a la parábola (Lc 15,11-31). ¡Pretende que sus comidas sean signo de la comida definitiva del Padre! Cuando enseña… sobrepasa lo que dicen los profetas: enseña él, sin referencia a la autoridad de Moisés. ¡Pretende que su palabra sea la definitiva palabra del Padre! Cuando elige discípulos los llama a unirse a él, a su cruz, a su vida, ¡plantea la aceptación o negación de su persona como si fuera la misma decisión escatológica por Dios! ¡Llama ordenando, como Yahvé llama a la luz el primer día de la creación! Por último la manera habitual con la que Jesús se dirige (y trata) a Dios es como su abbá. Hace de la filiación su manera de ser, de predicar, de enseñar y de actuar. El sentido de actuar en sábado es porque sabe que su Padre sigue haciéndolo (Jn 5,16-18), dice que el que le ve a él ve al Padre (Jn 14,6-9) y se sabe el único camino para llegar a él (cf Mt 11,27) Resulta que el Reino de Dios que Cristo predica irrumpiendo ya en la historia de los hombres, el Reino que se hace presente en sus obras, gestos, maneras de vivir..., es Cristo mismo. En Jesús son inseparables su persona y su causa. Es la realización concreta y la figura personal de la llegada del Reino

MESÍAS. Significa ungido (para ser rey). En la línea de la promesa de Natán a David (2Sm 7) ya se espera a un rey protegido por el Dios fiel en tiempos de Isaías (Is 7,14) pero la historia no colmará esta esperanza. Los textos de las tentaciones, la pregunta de Mc 12,35-37 y las predicciones de su muerte explican las diferencias de Jesús con este título. Sólo después de la resurrección Cristo será Mesías, Rey y tiene relación con el Rey venidero. HIJO DE DIOS. No se le aplicó en vida, sólo tras su resurrección. Significa subordinado al Padre (Rm 1,4), y también que no es adoptado por el Padre, sino que desde siempre ha sido Hijo suyo y por eso nos puede salvar. HIJO DE HOMBRE. Seguramente lo usó Jesús y tiene tres sentidos: “ese hombre que soy yo mismo” (Mt 8,20), explicita en qué consiste su misión (el que come con pecadores… el que asume la cruz… Mc 9,31; Lc 7,34), y por último es la imagen del que venga lleno de majestad. (Mc 8,38). SEÑOR. Es título grecorromano y es el nombre que daban a Yahvé los judíos que vivían fuera de Jerusalén. Es Señor tras la resurrección (Flp 2,6). LOGOS. La traducción podría ser “palabra” y significa la “razón” del mundo. Y es la definitiva revelación de Dios en Jesús. Es la Palabra que juzga, purifica y da vida. SIERVO. Lo veremos el próximo mes


Ahora por grupos — Formación específica 

Comenzamos santiguándonos y rezando un Padrenuestro

Traeremos escrita nuestra intervención según nos valgan las preguntas para un diálogo en común.

¿Qué cuestiones plantearán tus destinatarios habituales sobre este tema en los que aún necesitas más formación?

¿Qué importancia tiene este capítulo no para la inteligencia… sino para tener más fe, para acercarte más a Dios y para que otros se acerquen más a Dios?

¿Qué aspecto misionero podríamos hacer que tenga que ver con nuestra vocación o misión, pero más allá de los destinatarios, horario o rutina establecida?

Para un cuarto momento... Traeremos todo escrito. Por todos los medios procuraremos no alargarnos en nuestra exposición y siempre respetaremos lo que el otro dice, sin juzgar (a la persona nunca), ni cuestionar y, salvo que sea obligatoriamente necesario, sin responder ni entrar en un debate personal entre dos o tres. Se trata de compartir nuestra vivencia de la fe. Después de leer un texto bíblico de la primera página comenzamos la lectura de lo que nos ha sugerido la formación común, o la específica o la oración… o cualquiera de estas preguntas:  ¿Qué luz me ofrece este texto para aclararme el sentido de mi vida en el mundo? ¿Me resulta fácil saberme criatura de Dios? ¿Qué implicaciones tiene en mi vida?  ¿Cómo me deja saber que Dios sólo crea aquello que ama, que Dios te creó porque quería que pudieras reflejar el ser de su Hijo, que amó en ti lo que ya amaba eternamente en Jesús?  ¿Le da esta verdad esperanza a tu vida? ¿Qué otras esperanzas te despierta esta fe en el Dios que crea?

Jesucristo y el Reino de Dios  

La formación parroquial de febrero versa sobre la vida pública de Jesús. Un acercamiento a su enseñanza, sus obras, su autoconciencia y el s...

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