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BALANCE DEL 2013 El 2013 fue un año importante para el movimiento sindical chileno, se llevaron a cabo varias huelgas con diferentes resultados y cuyas enseñanzas pueden abrir las puertas para generar cambios en la conciencia y en el fortalecimiento de la re-organización de la clase trabajadora, impulsando el desarrollo de más sindicatos de base con perspectiva de clase. A comienzos de año, en el mes de febrero, el mundo sindical se vistió de luto tras la muerte del compañero sindicalista Juan pablo Jiménez, dirigente de la empresa subcontratista Azeta, quien fallece en extrañas circunstancias y donde hasta el día de hoy se sigue exigiendo verdad y castigo incluso con un examen pericial alternativo. Pero la lucha y pasión de Juan Pablo sigue viva en cada trabajador que lucha por un mejor salario, trato y condiciones laborales más dignas. Durante el año existieron muchas huelgas significativas, algunas de más de un mes de duración, lo que significó un triunfo moral y un aprendizaje para muchos compañeros que vivieron su primera huelga, sin embargo en lo económico pocas veces fueron exitosas y eso se debe a que la estructura laboral vigente coopta las ansias de transformaciones más profundas que necesitan los trabajadores, con un modelo de relaciones laborales heredero de la dictadura. Síntesis de las principales movilizaciones: Dentro de las movilizaciones de trabajadores, paros y huelgas, podemos dividirlas en dos tipos, por un lado las que generan un aprendizaje frente a los trabajadores y otras que son un aporte a la recomposición del movimiento sindical en Chile y que resultaron victoriosas. 2


Dentro de las huelgas que generan un aprendizaje, más que un triunfo efectivo en lo monetario y que podríamos denominar un triunfo moral, destacan, la huelga de Concha y Toro, Correos de Chile, Montserrat, Sodimac, entre otras. En síntesis si bien estas huelgas no lograron todos los objetivos que en un comienzo se habían propuesto, particularmente en relación a lo monetario, de todas formas sí se generó un aprendizaje para los trabajadores en torno a la solidaridad de clase, la unidad y el vivenciar las injusticias de la legislación vigente. Una de las responsables de limitar el poder de la huelga legal en nuestro país. Desde estas experiencias podemos evidenciar que las luchas de los y las trabajadoras no es solamente en contra de una empresa o empleador que nos explota sino que también contra una estructura legislativa pro empresa que es necesario cambiar, vale decir las demandas de los trabajadores y las trabajadoras no pueden ser solo hacia los empleadores, centrados puramente en aspectos monetarios y/o en las condiciones laborales, sino que también existen demandas, de índole políticas, contra el Estado y su marco constitucional, como es el caso del cambio del código del trabajo.

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Triunfos para el movimiento sindical: Dentro de las huelgas, paros y movilizaciones realizadas a lo largo del año 2013 consideramos importante destacar las experiencias y aprendizajes de tres instancias en particular. El paro Portuario levantado en abril y en el verano del 2014, las huelgas y negociaciones de los peonetas de Coca Cola y la huelga de la empresa El Volcán de Puente Alto, todas estas marcadas por la solidaridad efectiva de los trabajadores, la estrategia y el triunfo. Estas paralizaciones marcan un hito, tanto dentro del marco institucional como fuera de él, como es el caso de los Peonetas de Coca-cola y trabajadores Portuarios. El hito se debe a que por un lado logran generar una estrategia donde el apoyo movilizado de las bases es fundamental. Por otro lado logran detener la producción generando pérdidas para las empresas en el conflicto. La enseñanza de estos triunfos está en la necesidad de crear sindicatos fuertes que cubran el mayor número de personas que laboran por faena y rama. Que sepan leer como afectar de mejor forma la producción, como lo hicieron, por ejemplo, los compañeros de El Volcán bloqueando las entradas día y noche e informándose de lugares donde la empresa había resguardado material por un posible conflicto, o lo compañeros portuarios con el paro nacional. Estos triunfos se han alcanzado en la medida en que el sindicalismo ha sabido reconocer el poder de los trabajadores y utilizar su principal instrumento de lucha, que es la huelga, como una herramienta de presión y fuerza, y no sólo como algo simbólico restringido a la actual institucional heredada de la dictadura a la medida de los empresarios que es opuesta a los intereses de todos los trabajadores.

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Las explicaciones: Hemos constatado algunas diferencias entre nuestra realidad de trabajo y la de los hombres. Según la experiencia de cada una de nosotras, conocemos algunas de estas situaciones y otras no. También puede haber diferencias no mencionadas en este folleto. Pero todas podemos estar de acuerdo en que es distinto ser trabajador hombre que trabajadora mujer. Y en que, al mismo tiempo que se nos hace responsables del nacimiento y crianza de los hijos, muchos de ellos futuros trabajadores, nos perjudicamos directamente como trabajadoras por tener y criar hijos. Ahora veremos qué explicaciones encontramos a estas diferencias y problemas. Nuestro rol en la sociedad: La sociedad chilena está organizada de manera que los seres humanos, por el sólo hecho de nacer hombre o mujer, tengan diferentes papeles en su vida de adultos. Aunque las mujeres que trabajamos remuneradamente somos muchas, nuestro papel en la sociedad sigue siendo el mismo. Además de trabajar fuera de la casa, se espera de nosotras que sigamos responsables de los quehaceres del hogar.

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No basta nacer mujer, también nos educan para serlo: Cuando niños, las mujeres y los hombres no somos tan diferentes. Durante nuestro crecimiento nos enseñan a ser distintos: nuestros padres, la familia, la escuela, los vecinos, los libros, la televisión, toda la sociedad… Vamos a escuelas que parecen iguales, que tienen los mismos programas de estudio y que, muchas veces, son mixtas. Pero nuestros juegos son diferentes y lo que nos exigen también. Se nos enseñan ciertas cosas que son las que debemos aprender para ser “buenas mujeres” y cuando crecemos se espera de nosotras que seamos “buenas mujeres”, con ello: dulces, hacendosas, sentimentales, sensibles, cariñosas, contenedoras, comprensivas y un sinfín de etcéteras. Y a los hombres se les enseña completamente diferente, y cuando crecemos y no caemos en esos roles se nos cuestiona

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Somos personas de segunda categoría: Como resultado de todo esto, al llegar a adultos, hombres y mujeres somos diferentes, cumplimos funciones diferentes, y no tenemos derechos iguales. Las mujeres somos consideradas de otra categoría o incluso, inferiores. Los hombres mandan: • el poder político. • en las empresas. • en los sindicatos. Que la sociedad se organice de esa manera, estableciendo muy claramente lo que pueden y lo que no pueden hacer los hombres y mujeres para dejar siempre los puestos secundarios a nosotras, constituye un sistema Patriarcal. El patriarcado reglamente y controla: • nuestra sexualidad • el fruto de nuestro trabajo • nuestros hijos • nuestras opiniones • nuestras capacidades • nuestro trabajo doméstico es obligatorio pero no remunerado • nuestra participación en organizaciones

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El patriarcado nos convierte a las mujeres en seres obedientes, subordinados a otros sólo por ser mujeres. El patriarcado también se da en el trabajo. Se nos paga menos porque hay que tener salas cuna o reemplazarnos durante los embarazos y los días posteriores al parto, cargándonos sólo a nosotras el costo de la maternidad. Los hijos son los futuros trabajadores de modo que los costos deberían ser financiados por toda la sociedad. Se nos asignan trabajos inferiores porque se nos considera pasivas y obedientes, tal como nos han enseñado a ser. Además la cultura patriarcal que funciona socialmente nos hace pensar estas cuestiones como “naturales” y sólo si nos unimos podemos evidenciarlas y combatirlas.

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SINTRACAP

La importancia de empoderarnos como mujeres trabajadoras.

En la conmemoración de este primero de mayo, día de las y los trabajadores, La Alzada, acción feminista libertaria, quiere seguir reivindicando la lucha de las trabajadoras de casa particular y la importancia de su trabajo para la reproducción de la sociedad en su conjunto. Este año 2014 es clave para su lucha, pues se tantea la posibilidad de la ratificación del convenio 189, pero además se busca la aprobación de la Ley que regule las jornadas laborales y los contratos de trabajo, Tanto para las trabajadoras puertas adentro, como para las trabajadoras puertas a fuera. Hemos sido testigos de la precariedad laboral que vivencian día a día las trabajadoras de casa particular, además de la poca ayuda y/o respaldo, y un precario foco de atención a las mujeres trabajadoras con oficios relacionados al ámbito reproductivo. A estas mujeres, les queda solo la alternativa de hacer frente a estas condiciones de opresión y subordinación estructurales, organizarse en sindicatos que les ayuden a ser una voz empoderada capaz de conquistar sus derechos laborales, educativos y políticos. Para hacer posible la transformación personal y colectiva, es necesario que integremos una lectura conjunta sobre el contexto capitalista y su relación con el patriarcado. En este contexto (capitalismo) la estructura social y la opresión hacia las mujeres ha tomado otras características particulares, no porque las mujeres sean específicas sino porque se da un tipo de dominación singular. 12


Así, con el surgimiento de la sociedad capitalista, se hizo necesaria la reorganización de la división sexual del trabajo. La separación entre el lugar de trabajo y el de residencia, entre el trabajo asalariado y el trabajo doméstico, entre el espacio público y el privado; se produjo también una separación radical entre lo femenino y lo masculino. En consecuencia las actividades del mundo público, las tareas productivas remuneradas, la participación política, la creación científica, cultural y el arte se convirtieron en actividades sociales más valoradas en términos de los recursos materiales, de poder y simbólicos. Las mujeres somos constantemente discriminadas en estos espacios y aquellas que son de origen popular, como lo son las trabajadoras de casa particular viven de forma más directa la opresión, obligadas a cumplir las tareas reproductivas poco valoradas, invisibilizadas en la política, excluidas de la creación científica, del arte y la cultura. Es necesario que las trabajadoras de casa particular y las mujeres en general desnaturalicemos el rol que adoptamos dentro de la sociedad. A través del develamiento de “lo que debemos ser y hacer” en sociedad, estas asignaciones se muestran en forma de mandatos, respaldado por discursos que son reforzados por nuestra cultura y que son difundidos a través del lenguaje y las prácticas de socialización; “Una no nace mujer sino que se hace mujer” (como dijo Simone De Beauvoir en 1949). Es imperante que nosotras, las mujeres trabajadoras desalojemos el opresor que llevamos en nuestras conciencias, incluso por herencia socio-histórica. Así re-apropiarnos de nuestra voz, de nuestros cuerpos y de nuestra memoria, de nuestros significados y de nuestra identidad. De esta manera, abrir cada vez más los campos de la transformación social que conlleva la superación de la lógica de dominación imperante y vivenciadas a diario por las mujeres. 13


Las mujeres de SINTRACAP como trabajadoras de casas particulares, no poseen estudios superiores, la mayoría de ellas sólo han completado -con suerte- su educación básica y/o media en establecimientos públicos, por lo tanto han tenido que acceder al mundo laboral actual ejerciendo labores domésticas para la sustentación de sí mismas y de sus familias. De esta forma, han tenido que enfrentar un trabajo que por siglos de la historia humana, ha sido basado en la lógica patronal y de esclavitud servil, generalmente desempeñado por mujeres. El trabajo doméstico, como lo mencionábamos anteriormente ha sido nulamente valorado por no estar asociado directamente a la producción económica, y esto se refleja en las condiciones laborales de estas mujeres; donde no se les hace contratos que respalden su trabajo y calidad de vida, no tienen derecho a una salud digna (no sólo por las carencias del sistema de salud público, sino también por sus jornada extensa de trabajo, sobre todo para aquéllas que trabajan puertas adentro siendo su único día libre los domingos). Además, su remuneración no equivale a la cantidad de labores y horario que desempeñan, como también no existe una cotización de renta digna en una AFP para efectos de indemnización. Para seguir sumando, las trabajadoras domésticas puertas adentro no tienen derecho a descansos semanales (sólo el domingo como se mencionó anteriormente), no siempre se les respeta su derecho a vacaciones de quince días hábiles anuales con remuneración íntegra luego de haber cumplido un año de servicio, y por último pero no menos grave, se silencia en muchas ocasiones el acoso e incluso el abuso sexual por parte de los empleadores varones hacia ellas. Creemos que es necesario que empecemos por resignificar las identidades de las personas oprimidas, herramientas fundamentales en el proceso de emancipación; un proceso que requiere en primer lugar 14


de que; las mujeres puedan visibilizar su posición en la estructura social y su situación de subordinación en tanto mujeres trabajadoras y sindicalistas, las mujeres tomaremos conciencia de cuáles son los elementos que operan en nuestra exclusión y segregación en cuanto al acceso a la educación, al mundo laboral y al escenario político; para finalmente empoderarnos mediante la reflexión y control sobre el uso del lenguaje y sus cuerpos.

Nuestro trabajo es digno, las condiciones son las indignas.

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DESDE LA ALZADA DECIMOS

Las mujeres hemos sido trabajadoras toda la vida, desarrollando el trabajo doméstico que no es remunerado ni valorado como de producción social subsidiaria del capitalismo. Las mujeres hemos contribuido toda la vida a la economía nacional mediante la reproducción, crianza y cuidado de mano de obra disponible al capital. Hoy, no sólo realizamos el trabajo reproductivo, sino que una vez que la economía necesitó más mano de obra hicieron de la igualdad de género una política pública y nos insertamos en los trabajos más precarios y peor pagados. Todavía nos piensan como el segundo sueldo de la familia cuando muchas paramos la olla. También somos conscientes de que cada vez somos más las que ingresamos a formar parte de los sindicatos, porque tenemos razones importantes para luchar y porque creemos que nuestras necesidades son necesidades del conjunto de los trabajadores. Es necesario entonces que el sindicalismo integre nuestras demandas como parte permanente de sus luchas y reivindicaciones. Hoy exigimos dignidad, terminar definitivamente con las prácticas sexistas, discriminatorias y patriarcales que afectan a tod@s quienes somos oprimid@s por nuestra condición de género en el trabajo. A igual trabajo igual salario. No más acoso sexual. Jornada laboral de lunes a viernes por 45 horas semanales para las trabajadoras de casa particular. Las mujeres tenemos historia de lucha, nos emancipamos y constituimos como sujetas revolucionarias.

La Alzada Acción Feminista Libertaria 16


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Boletín Sindical otoño