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Hay muchas maneras de contar un viaje… empezar por las expectativas que se tienen antes de salir y contar como se cumplen o se varían… hacer un relato de lo que va sucediendo en cada etapa, sin más, o expresar realmente lo que se vive y se siente, casi como en un diario. Lo malo de esto último - que es como más vívidos quedan reflejados los viajes - es complicado cuando se escribe para mucha gente…

Este viaje, largo y por lo mismo complicado en su organización, traía ya algunas historias previas, había casi que aplicarle el dicho gitano de que “lo que mal empieza bien acaba” y tener, como teníamos, muchísimas ganas de bajar. Para mí, además, era la primera bajada con mi coche y la primera vez que haría off-road con él, y la primera vez que usaría el transfer… Y con todo ese fondo, empezamos el viaje, sábado 1 de mayo. Chicho, que sería mi copiloto, dejando a Iciar (curioso nombre para una argelina) y José Ángel con Pepe, se moría de sueño y aprovechó cuanto pudo la primera etapa para descansar, al fin y al cabo estábamos en carretera...


Túnel del Legionario

Un lago, “prohibido fotografiar” Solo un mes antes estaba rebosando

La etapa prevista inicialmente era Ceuta-Midelt, parando en algún camping a las afueras de esta ciudad. No recuerdo cómo ni por qué, finalmente decidimos seguir hasta que aguantásemos, aprovechando que la etapa era entera por carretera. Y llegamos hasta Erfoud, a unos 700 kms de Ceuta, una señora paliza que no nos quitó el hambre para cenar unas judías calentitas entre saltamontes, después de haber montado las tiendas de campaña – otra cosa que estrenaba…en un estupendo camping que nos buscó un amigo de Antonio, haciendo gala de la acogida marroquí ya que llegamos tarde a la noche, tuvo que llamar a su familiar y acompañarnos al Camping donde además de todo nos negoció un precio de amigos...


A la mañana siguiente, después de una buena duchita en el camping, de despertar a Lola y Antonio – para que se acordasen de mí todo el viaje, y eso que la consigna era “el primero que se despierte, despierta a los demás” y yo había recogido todo antes de llamarlos… - y de despertar a Pepe a golpes en la ventana del coche para intentar sacar una foto cuando diera el brinco que decía que daba al despertar… y que lo dio pero no salió la foto…


Un café y en ruta, el primer día de pistas, domingo 2 de mayo. Primero, paradita en Merzouga para echar gasolina porque en el pueblo anterior no había luz y no funcionaban las gasolineras, y en Merzouga la vendían en garrafas. Mientras repostábamos los coches, Iciar, Jóse y Chicho se fueron a tomar un café, con tiempo de sobra mientras – botella de dos litros a botella de dos litros, llenábamos los depósitos – pero decidieron hacer un desayuno completo y cuando anunciamos que estábamos listos para irnos, ellos no se movieron porque querían terminar. Era cerca de la una, así que decidimos que si no podíamos moverlos nos uniríamos a ellos, y nos pedimos todos un desayuno completo… un almuerzo casi… total, si no llegábamos al lugar previsto no importaba nada…

Pasamos la gran duna por carretera

Iciar y Jose Ángel posando con los bereberes del desayuno

¡¡Cosas del camino!!


Saliendo de Merzouga, se entera Antonio que el Draa estaba hecho un río de Fesh-Fesh, una arena fina como la harina, así que después de un buen rato de negociación consiguió Antonio información sobre una ruta que nos llevaría por la parte alta entre Taouz y Mhamid. Y empezamos mis primeras pistas, Chicho no hacía más que aconsejarme, cómo evitar los desniveles mayores, cómo subirme un poco por en medio de la pista para evitar las mayores piedras… hasta que llegamos a la zona de arena… Primero pasamos varios ríos de arena, para abrir boca… y por fin la zona realmente “complicada” para mí… que era un gran río de arena. No consigo recordar qué extensión tenía, pero esa primera impresión sí que no se me olvida. Era la primera vez con la reductora, me dieron todos los consejos antes de empezar y de ahí a seguir a Pepe que era quien iba de guía… cuando el coche perdía tracción y oías y sentías al motor bajando y bajando las revoluciones, había que contra-volantear para recuperarla, no podías acelerar demasiado porque las ruedas patinaban y al coger tracción salías disparado, y tampoco – a pesar de que era la tendencia del coche – podías girar demasiado el volante, porque se iban las ruedas de atrás y en menos de nada te encontrabas mirando en sentido contrario… lo horroroso era cuando tenías que hacer un giro de 90º y recuperarte, que te diera la sensación de que se te iba a ir el coche, que estaba haciendo lo que le daba la gana, pero que si le dejabas lo único que conseguirías sería hundirte en la arena… que me pasó, un par de veces lo menos, aunque dando marcha atrás salió el coche solo, sin necesidad de ayuda. Bueno, ayuda física, porque para decirme lo que tenía que hacer, menos mal, tenía a Chicho, a Pepe y a Antonio… que no me dejaron en todo el camino.


Entre arena y arbustos

Refrescรกndome al acabar

ยกUna tormenta de arena!


Posando en un pozo con un hombre que llevaba a単os trabajando en las minas de la zona


Salí de aquello absolutamente agotada, había tenido absolutamente todos los músculos tensionados tanto tiempo que cuando me bajé del coche para que me echaran agua en el cuello – que a todo esto hacía un calor propio de la zona pero impropio de este mes del año en cualquier otro sitio…- no me temblaban las piernas, porque creo que seguían con la forma del coche, dobladas… Y aun nos quedó otro tramo tremendo, al final del cual sí que de verdad estaba exhausta… y al pararnos me bajé a implorar que NO hubiese más arena, que para el primer día ya estaba bien… Antonio y Lola me miraban sin dar crédito y yo a punto de largarme a llorar del absoluto agotamiento que tenía, aunque la única solución posible es la que me ofreció Antonio “¿Quieres que lleve el coche Chicho un rato?” que era el equivalente a rendirme, así que no era solución. Cuando Iciar salió del coche diciendo que “no podía más”, debo confesar que se me recargaron las pilas… Ella, que iba echada en la parte de atrás del coche de Pepe ¿no podía más? Pues a mí me entraron ganas de otros 150 kms… Y casi, casi nos los comimos de verdad porque hasta llegar a las haimas donde dormimos en Mhamid, se nos hizo de noche…


Lo bueno de despertarse temprano a la mañana es poder ver estas cosas

Pistas y carreteras hasta llegar al oasis sagrado

El tercer día de viaje – 3 de Mayo – fue el de mi bautizo en el oasis sagrado, y nos dio la oportunidad de ir a toda por el lago Iriki y parar en medio a tomar una coca-cola bien fresquita porque calor estábamos pasando todo el del mundo. Y en Foum-Zguid llegó la ruptura. Íbamos a un camping sin piscina, deseando darnos una ducha de verdad, no un baño en la piscina, al menos Lola y yo que teníamos el pelo duro de la arena y habíamos dormido vestidas en la haima… Pero entrando en FoumZguid vieron todos un camping con piscina, y quisieron que – cuando ya estábamos descansando del viajecito, una etapa entera de pistas, los lleváramos hasta allí… Y hasta ahí llegó Iciar, se fueron los tres andando a verlo – que estaba como muy lejos a un kilómetro por la calle principal del pueblo – y al volver llamaron a Antonio para decirle que dejaban en ese mismo momento la bajada, y se volvían… hay muchas cosas enterradas en este relato, que ayudarían a comprender la sorpresa, relativa, o al menos esperada en algunos aspectos y solo inesperada en otros, pero “lo que pasa en el desierto, se queda en el desierto” así que solo los siete que salimos de Ceuta sabemos todo lo que pasó.


Un constante borboteo de arena se帽ala d贸nde brota el agua

Mi bautizo, ofici贸 Antonio, padrinos Pepe y Lola


Pistas camino a Iriki

Cosas del camino…

Iriki… pie a la tabla….


Un refresco en el camino ¡¡que difícil es explicar esos lujos!!


En una bajada como esta hay miles de momentos – imposibles de contar – y miles de paisajes, que, por muy buena cámara de vídeo (y bien instalada) que se lleve, son imposibles de enseñar. He visto fotos que he sacado, o al menos lo intenté, mientras conducía, aunque al ir por pistas pedregosas y castigadas por las últimas lluvias del invierno, no era fácil, y quizá eso hiciera que los paisajes que se veían a un lado a otro y de frente resultasen enormemente más bonitos que las imágenes que pudieran sacarse.


La cuarta etapa, primera de los cuatro solos, empezó bien, tranquilita, más carretera que pistas y tampoco se trataba de eso…. A la hora de comer, anuncia Antonio que si queríamos llegar a destino a una hora razonable, tocaba comer en el coche… media torta de pan con caña de lomo… y yo siempre con coca-cola light en el coche… aunque la mayoría de las veces, con tanto bote, media lata acababa esparcida por el coche. Y entonces pronunció su frase célebre del viaje, cuando veo que vamos a coger una pista, y yo ya estaba medio “engollipada” con el bocadillo… “No, no te preocupes que es corta, enseguida estamos en la carretera, es un atajo”. No quiero ni recordar lo que fue ese día a partir de aquel momento… recorrimos el cauce de un río, con más piedras puñeteras de las que ningún culo pueda aguantar en un coche, ni hay amortiguador que lo resista… según Pepe yo soy un toyo picón, Antonio dice que lo del atajo era la novatada, pero para colmo de los colmos, cuando con toda la ironía y la mala leche de la cocktailera en que había estado metida unas tres horas, pregunto “¿cuando llegamos a la carretera esa que estaba ahí al lado por este atajo?”, ¡me echan en cara que “es que no he entrado en el espíritu del grupo de que lo bueno es ir por pistas y no por carretera”!… ¡pues claro! Pero no con una zanahoria delante, porque esos kilómetros se aguantan mejor si no tienes más remedio que hacerlos, porque es verdad que para eso bajas a hacer off-road con un 4x4 no para ir por carretera, de hecho cuando decidí rendirme a la evidencia y encima nos costó encontrar algunas de las pistas, con lo que tardamos horas en salir y por supuesto acabamos en otra nocturna, ya no me acordé más de la difunta familia de nadie, ni de la profesión que pudiera o no haber ejercido alguno de los progenitores de nadie…

Entramos en una zona de arenas bastante profundas para descubrir que la pista estaba cortada. El “Toyo” salió con la reductora marcha atrás pero el de Pepe, con más carga, hubo que arrastrarlo con el wincher de Erg Dopao…


Camino a las piedras azules, vista desde el coche con la antena en medio

Estos son de esos paisajes que nunca quedan bien retratados en las fotos


La etapa acabó en Tafraoute, en las piedras azules, las pintadas de azul (no el valle de las piedras azules) y que ahora había de muchos más colores… con una pista de acceso a la que le falta poco para que la asfalten y que cuando se baje a acampar a aquella zona esté ya totalmente llena de turistas… montamos las tiendas con un viento tremendo y Pepe encendió un fuego con las ramas de acacia que encontró Antonio y que estaban llenas de pinchos… lo que nos reímos aquella noche queda como tantas otras cosas para los que la disfrutamos… y yo sigo sin saber cómo llegué a mi tienda de campaña aunque estaba en línea recta desde donde estaba sentada…


Quinta etapa, 5 de mayo… la etapa de Tan Tan… Ya casi me cuesta recordar, y no hace nada, qué etapa fue más cansadora, si la anterior o esta… llegamos a Tan Tan a las 02:50 de la mañana, desde el último tramo de pista y unos pocos kilómetros que hicimos en carretera me costó Dios y ayuda mantener los ojos abiertos… pero llegamos a tomar una sopita calentita en un hotel muy agradable, de hecho, para Lola fue la mejor cama de todo el viaje. El único problema estaba en la ducha, apenas un hilito que sí, salía calentita, pero no daba para lavarse el pelo… al menos en mi cuarto… Pero vamos a contar lo que realmente importa, la etapa. A ver… de Tafraoute, de esa divertidísima noche entre las piedras pintadas, en que acabamos quemando una botella de Bombay Zaphire para que el fuego calentase, tomamos un buen café y ¡a las pistas! No recuerdo si ese día, aparte de esos escasísimos kilómetros finales por carretera cogimos algo de asfalto… lo que sí recuerdo es haber dado más vueltas que nadie, cruzando por poblados, haber cruzado una superficie como la del Lago Iriki con “el pie a la tabla” y sobre todo haber pasado por un terreno pedregoso que acabó con un tremendo reventón en la rueda de Pepe.


Queríamos haber llegado a la desembocadura del Draa, a Cabo Draa, con luz del día, pero con los problemas que dio el gato de Antonio y el cambio de rueda de Pepe decidimos ir directamente a Tan Tan y comprar allí otra de repuesto porque la que habían colocado no era igual que las demás. Lo que no sabíamos era que se iba a complicar tantísimo la llegada a Tan Tan… aunque supongo que es lo que tiene la navegación, que no pude disfrutar – aunque lo intentaré para el siguiente viaje – porque no tenía ni GPS, ni mapa, ni nada… claro, que para eso estaban Antonio y Lola y Pepe con su GPS que marcaba otras pistas distintas, con lo que siempre había opciones para tomar. Dimos la vuelta de una de esas pistas junto a una haima y salieron a recibirnos, cuando me paré me señaló la pista que acabábamos de dejar diciendo que para allá estaba Tan Tan, así que avisé por la radio y finalmente, como le dijo a Antonio que estaba a 15 kms en aquella dirección (de hecho, el número quedó escrito en el espejo retrovisor de Antonio hasta que llegamos a Ceuta) fue la que finalmente tomamos… aun nos quedaron algunos momentos más de encontrar las pistas, y por supuesto Tan Tan no estaba a 15 kms, pero la verdad es que el día – aunque largo – estuvo francamente divertido y variado, muy variado…


Sexta etapa. Seis de Mayo. Oh! este iba a ser mi primer día de playa… ya ayer Pepe, una de las veces que me había parado a esperarle, me dijo que en la playa no esperase a nadie, que si alguno de ellos se rompía, yo siguiera y siguiera hasta el final de Playa Blanca porque de lo contrario me quedaría hundida en la arena y habría que rescatar a dos en vez de a uno… y yo había estado leyendo y traduciendo a un inglés que vivía en Sudáfrica y se dedicaba al 4x4, y hablaba también mucho sobre qué hacer en la arena de playa, que es distinta a todas las demás. De hecho habría que esperar a que nos tocase marea baja para poder pasar, entre otras cosas porque la marea alta llegaba hasta las mismas dunas… Pero antes de llegar a Playa Blanca, teníamos que cumplir con aquello que no habíamos podido hacer el día anterior, llegar a Cabo Draa a ver la desembocadura… unas pistas pedregosas más y… nos encontramos con un puesto militar, apenas un camión y varias tiendas de campaña de las que aún, y no era tan temprano, no había salido ningún militar… imposible pasar. Tres o cuatro puestos militares más adelante nos dijeron que estaban de maniobras, así que al menos cabe la esperanza de que, la próxima vez que vaya, no me quede a 20 metros de saber cómo es uno de los lugares más bonitos de Marruecos a decir de todos aquellos que lo conocen.

Nos paramos a comer algo en la pista, después de conocer un camping regentado por una francesa, y en el que nos quedamos con ganas de que Antonio se comprara una especie de chubasquero con un escorpión pero que era demasiado grande y donde yo me hubiera comprado una camisa pero con una tela demasiado gruesa… Cuando estábamos comiendo y después de una hora con interferencias en nuestras emisoras de un grupo conocido por Antonio y Pepe con los que finalmente pudimos contactar y se acercaron a saludar, llegamos por fin a la bajada de Playa Blanca… según Antonio un privilegio que mucha gente no consigue en su primer ni en su segundo viaje… Desinflamos las ruedas, metí la reductora, sacamos unas cuantas fotos, y ¡a cruzar Playa Blanca!


El consejo de Pepe no pudo ser más preciso, el turbo de Antonio falló y se quedó parado, aunque afortunadamente la arena estaba muy dura – al menos en la parte más cercana al mar – y Pepe no tuvo problemas en dar la vuelta e ir a ayudarle. Mientras yo seguía y seguía… con la indicación de “cuando veas un rompiente, vete a la derecha y nos esperas allí”… pero claro, nadie explicaba qué era un rompiente, y como yo veía una formación que terminaba al final, final de la playa, tampoco pregunté, y cuando ví unas chabolas y la desembocadura de un río que parecía tener la arena bastante más dura que en la playa – que por terminar de contar, estaba llena de rodadas que mientras podías seguir una todo iba bien, pero cuando se te cruzaban varias, notabas cómo el coche se te venía abajo si bajabas de 3000 revoluciones – me metí allí y me quedé esperando… y esperando y esperando hasta que vino Pepe a buscarme porque me había pasado de largo y tenía que haber subido donde estaban lo que todos llamaban casas y para mí eran solo chabolas…


Y bueno, superada y disfrutada Playa Blanca, después de haber metido 15 litros de agua en Erg Dopao y que Pepe le arreglase el sensor del tapón o algo así… saliendo de allí, llegamos a Fort Bou Jerif. Una buena cena, ver el espectáculo con serpientes que montaron para unos franceses que pasaban también la noche allí y a dormir… aunque antes nos juntamos todos en nuestro cuarto – el de Pepe y mío – para tomar una copita… y Antonio hizo uno de los vídeos más divertidos del viaje con una “operación fina” que decidí hacer en el vaso de Pepe que tenía una pajita que – flotando en el whisky – parecía un anisakis… y que como tantas otras cosas queda para los que allí estuvimos y nos matamos de risa cada vez que lo vemos, lo siento.

¡Oh! Olvidé contar que en Fort Bou Jerif cenamos DROMEDARIO!! Un talline de dromedario, que estaba EXQUISITO

La cobra era la serpiente más fácilmente distinguible del espectáculo

Estas otras imágenes son del desayuno y de las haimas/comedores


Séptima etapa. 7 de Mayo. Tras visitar el auténtico Fuerte Bou Jerif, cruzarnos con un río de ovejas y continuar camino por pistas, bordeando montañitas y comprobando cuál era el ángulo de vuelco del coche… paramos en la playa con el pecio, al que le dejamos de recuerdo el nombre del club, y llegamos a la playa del elefante donde Pepe se puso al volante de mi coche para que yo sacase fotos y mientras Antonio y Lola nos esperaban arriba de la playa para no arriesgarse más con el coche. Nos pusieron alguna pega para dejarnos entrar pero finalmente nos permitieron recorrer la playa con esas curiosas formaciones de piedra cuajadas de conchas que tenían toda la forma de la pata de un elefante.


Paso por Sidi Ifni donde vimos los restos de la Casa de Espa単a


Camino a Oualidia, donde nos esperaba una mariscada, además de los magníficos paisajes que se veían conduciendo junto al Atlántico, vimos un árbol lleno de cabras – una estampa que es cierto que se recoge mejor en una postal muy típica que puedes encontrar por todo Marruecos, pero que es divertida ver hecha realidad – y algunas otras imágenes que, una vez más, no retratan exactamente la belleza del camino.


Su mejor equipo

Pepe y Antonio

Lola

Patricia


1 al 8 de Mayo 2010 Marruecos Una Bajada Entre Amigos  

Marruecos de Este a Oeste

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