Issuu on Google+

ASÍ ENTENDÍ


ASĂ? ENTENDĂ?

Lorem ipsum ad his scripta blandit partiendo, eum fastidii accumsan euripidis in, quo dicit ridens inciderint id. Quo mundi lobortis reformidans eu, legimus senserit definiebas an eos. Eu sit tincidunt incorruptigniferumque eu per. In usu latine equidem dolores. Quo no falli viris intellegam,. 2011


oy

s no ó i itac luz! b ha de a n o u od n i r e e ris, ico p g d da Mi ún u i ¡ c na nes, u en cacio o Viv a va í sal

H a. r u c


Mañana papá nos llevará a la casa de los primos, de allí saldremos a la finca. En la carretera nos esperarán los caballos, entonces iniciaremos el ascenso al cielo. Mi corazón latirá cada segundo y después, cuando vea la casita en la punta de la montaña mi corazón explotará.


Cabalgaremos de montaña en montaña. Los olores se irán fijando uno por uno en cada poro de mi cuerpo: olor a estiércol y a leche, olor a sudor de caballo, a crema batida a mano, a semillas rojinegros, a naranjo en flor, a agua clara, a hierba fresca.

¡Al fin llegamos! Corro a posesionarme de la hamaca, detrás vienen corriendo los primos a disputarse el lugar en ese pedazo de cielo que vaiviene al mismo ritmo en que pasa una nube que dibuja un velero, se devuelve una bandada de aves, y late mi corazón. ¡Estoy feliz!


Ya es de noche y nos debemos ir a dormir. El bullicio de los muchachos se apaga y me preparo a escaparme a la soledad de la hamaca. La luna asciende sobre el naranjal, a lo lejos escucho el murmullo de la quebrada, y la noche se llena de cantos de cigarras y gritos de ranas.

Veo el cielo negro tapizado de estrellas, sobre las ramas centellean las otras estrellitas; me parecen como peque単as hadas de la noche. Son mis peque単as hadas de la noche.


Me quedo muda de tanto fulgor. La inmensidad de la noche me sobrecoge pero no tengo miedo como en la ciudad. Juego a atrapar en mi libreta cada olor, cada color...

Siento mucha curiosidad: ¿Cómo serán las pequeñas estrellitas? Quiero descubrir su misterio, ser la dueña de esa luz. Espero a que entre la noche, tomo un frasco y me voy caminando por entre la hojarasca, rodeo cada arbusto, busco cada estrellita, la emoción embarga mi corazón. Corro tras las lucecitas con gran excitación.


Atrapo varias estrellitas y regreso a casa. Dejo el frasco sobre la mesita de noche. Es muy tarde y la agitación me sume en un sueño profundo.

Al otro día despierto, miro el frasco y me quedo paralizada: Mis pequeñas estrellitas ya no alumbran. ¡Que sorpresa! ¡Se han convertido en insectos! Parecen pequeños escarabajos, ya no titilan, ya no son nada. Paso muchos días afligida. Siento como si se me hubiera salido la luz del corazón.


Un día en la noche escucho la algarabía de los primos, me invitan a salir, dicen que le apure. Atisbo entre las cortinas y al otro lado aparece la noche ¡más negra y más brillante que nunca!

Salgo corriendo y veo el cielo negro tapizada de estrellas. Sobre la hojarasca y entre las ramas de los árboles titilan las luciérnagas, la luna llena asciende sobre el naranjal.


y asĂ­ entiendo...



Asi entendi