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Sinopsis: No me gusta considerarme una mujer enigmática, pero todo lo que rodea mi vida es una gran mentira. Mi profesión no es el trabajo que tengo ahora mismo, donde vivo no es mi casa y mi pareja, no es mi marido. Llevo dos años fingiendo ser otra persona para poder olvidarme de todas las cosas que me han llevado hasta aquí. ¿El problema de la vida perfecta que me he construido? Que se tambalea y empieza a desmoronarse la noche en la que Keith vuelve a aparecer en mi vida. Él es el único que tiene la clave que puede destruir el mundo perfecto que he creado. Ser contable no es mi profesión, Brooklyn no es mi barrio y Ray, no es mi marido…Keith Adams es mi marido. Me llamo Charlotte, tengo veinticinco años y un divorcio pendiente. Llevo dos años intentando que Keith me firme los papeles, pero lo ha alargado lo máximo posible. Ahora me ofrece un trato, treinta días a cambio de mi divorcio ¿Qué son treinta días a cambio de mi libertad?

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Uno ¡Maldita sea! ¿Dónde he puesto mis llaves? Todas las mañanas tengo el mismo problema ¿Por qué no podré dejarlas siempre en el mismo sitio? Me voy a mirar a la pequeña mesita de la entrada, cojo el cuenco de porcelana y lo vacío sobre la madera caoba. Rebuscó entre las llaves que han caído y ¡sorpresa! Ninguna es la mía. Menuda novedad ser tan despistada… Y lo peor de todo es que voy a llegar tarde a trabajar, otra vez y Mark, me va a echar la bronca, otra vez. Me voy corriendo a mirar encima de la barra americana de la cocina, ahí tampoco están ¿Dónde se han metido? Esto es frustrante… me giro rápidamente hacia la mesa de madera redonda que está en el comedor y con las prisas, tiro la pila de periódicos que hay encima. -

Mierda.-susurro.

Justo cuando me agachó a recogerlo el pasador que me mantiene el pelo apartado de la cara se suelta, y mis rizos caen libres impidiéndome ver ¡Esto sí que es empezar el día con buen pie! Me pongo en pie y me voy a mirar al espejo que tengo en la habitación. Intento volver a colocármelo lo más rápido posible, pero mi pelo no parece estar muy por la labor de colaborar. Los rizos no hacen más que salirse ¿Qué día decidí cortarme el pelo por encima del hombro? Tengo el pelo rizado, lo más fácil sería llevarlo largo, pero lo de ir a la peluquería teniendo un mal día, definitivamente no es buena idea. Y lo peor de todo es que ni siquiera tengo el pelo rizado, solo es ondulado, con grandes ondas y de color raro, ni rubio ni castaño, una mezcla que no me termina de gustar. Además, tengo ojos marrones al igual que las cejas ¿No debería oscurecérmelo? Dios, ya vuelvo a desvariar, tengo que encontrar las malditas llaves. Me termino de sujetar el pelo como puedo y me tiró a mirar en el bolso que llevé ayer. Lo vacío todo sobre la cama en dos simples movimientos y me pongo a mirar lo que hay. Tampax, la funda del teléfono, caramelos,

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pintalabios ¿Entradas de cine? Prefiero ni mirarlo. Dios santo, son ya las nueve, Mark me va a matar definitivamente. ¿Otra vez Charlie? –Ray me habla desde la puerta del baño. Está recién salido de la ducha, mojado y con una toalla a la cintura. Si no fuese tan tarde me pensaría quedarme en la cama con él. -

¿Has visto mis llaves?-Sin querer hago un mohín.

Eres un desastre cariño. –Ray sostiene mis llaves en alto enseñándomelas ¡Menos mal! –Un día de estos perderás la cabeza. Es bastante probable. –Me tiro a coger mis llaves y él me las da con una sonrisa ¡Que guapo es! Me encantan sus ojos verdes… Llegas tarde Charlotte Peters y tu jefe se va a poner hecho una fiera. –Le doy un rápido beso en los labios y salgo casi a la carrera. -

¡Suerte con tu presentación!-Le grito casi desde la puerta.

Bajo los escalones de cuatro en cuatro, vivimos en un tercer piso sin ascensor asique llevo mis zapatillas de deporte junto con el traje de trabajo. Los pantalones anchos azul marino de algodón me arrastran por el suelo, tengo que subírmelos o me los estropearé. Y debería quitarme la chaqueta, se me va a manchar la camisa si sudo con la carrera… Llegó abajo en menos de diez minutos y salgo del portal corriendo. Hay muchas personas andando por la calle, intento esquivarlas aunque esto parece una carrera de obstáculos más que una calle, giro a Bergen Street y sigo corriendo ¿Dónde había aparcado mi coche? Tendría que ir a que me lo mirasen, tanta memoria de pez no puede ser algo bueno. Alzó un poco la vista y lo veo, mi escarabajo verde. Me meto dentro del coche y tiro el bolso y el maletín en el asiento del copiloto. Son las nueve y diez y tendría que haber entrado a trabajar a las nueve, saco mi Samsung S3, el cual aún estoy pagando, y lo miro. Aún no ha llamado, menos mal. Si me doy prisa puede que llegue más tarde que yo y no se dé cuenta. Arrancó el coche y salgo disparada calle adelante, sé que me estoy saltando el límite de velocidad, pero como vuelva a llegar tarde Mark me va a 4


echar, y no puedo perder el trabajo ahora. En menos de diez minutos estoy cruzando el puente de Manhattan, genial, de aquí a Lafayette Street son sólo diez minutos más. Enciendo la radio, la melodía de diamond de Rihanna me distrae, algo de paz por fin. Voy tranquilamente aporreando los dedos contra el volante. Dejo que mi mente se quede en blanco, me espera un agotador día de trabajo en un puesto que odio, Contable. Licencia en publicidad y relaciones públicas por la universidad de Columbia, con las mejores notas de mi promoción y lo mejor que puedo encontrar es un trabajo de contable en MRT publicistas, y yo, soy contable. Me encantaría ser creativa o estar en medios, pero no, soy contable desde hace dos años y creo que aquí me voy a quedar. Y lo peor de todo, es que hago el trabajo de casi todo el mundo. Soy Charlie multiusos. Suspiro, y vuelvo a suspirar. Consigo aparcar el coche no muy lejos de mi trabajo, lo apago y me cambio las zapatillas de deporte por los tacones. Saco el bolso y el maletín y voy andando muy rápido por la calle, nueve y media, Mark me mata con toda seguridad. Me cuelo en la oficina sin saludar a nadie con la cabeza agachada y me encierro en mi despacho. Bueno, despacho es un adjetivo demasiado bueno para el cubículo sin ventanas donde estoy encerrada. Enciendo el ordenador mientras dejo mis cosas sobre la mesa y me siento, me quito la americana azul y la dejo en el respaldo de la silla mientras me pongo cómoda. Saco una manzana del bolso, nunca me da tiempo a desayunar y siempre me toca hacerlo en el trabajo, es una lata ¡Hecho de menos mi tazon con cereales y un buen descafeinado! Si me levantara a mi hora… El ordenador se enciende y lo primero que hago es abrir el correo. Mierda, mensaje de Mike, lo abro sin demasiado entusiasmo.

De: Mike Stevens Fecha: 12 de marzo: 09:15 Para: Charlotte Peters 5


Asunto: Pendientes Charlie, revisa estos presupuesto y hazlos de nuevo. Los clientes van a cambiar las cuentas, revisa todo. Cambia la planificación de todo el equipo, hay que rehacer los grupos de trabajo. Nos han llegado los briefings de Karev y Watson, asegúrate de que podemos hacer frente a estos trabajos con el personal que tenemos. Ah y avisa al departamento de medios, hay que cambiar la estrategia de Gardner, ahora dice que quiere probar los medios BTL. Avísame cuando lo tengas. Mike Stevens Departamento de cuentas

¡Mierda! Ya tengo bastante trabajo con controlar lo que se gasta aquí como para tener que ocuparme yo de la información entre departamentos ¿Es que aquí nadie trabaja? Siempre me toca a mí hacer todo, y eso que no son cosas de mi competencia. Soy contable, no secretaria. Le respondo el email.

De: Charlotte Peters Fecha: 12 de marzo: 09:43 Para: Mike stevens Asunto: RE: Pendientes Me pongo con ello ahora mismo. Te aviso en cuanto lo tenga. Charlotte Peters Departamento de Contabilidad

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Cierro el correo y me pongo a lo que me ha dicho. Me espera una mañana muy muy larga… cuando da la una del medio día, aún no he terminado. No voy a tener tiempo para salir a comer y estoy muerta de hambre, mi estómago está a punto de declararse en huelga por la falta de suministro que tiene últimamente, y parece que hoy tampoco va a tener demasiada suerte. Me apoyo la mano en la frente mientras reviso los malditos presupuestos, hay gente inútil en el departamento de cuentas. Si me mandan mal la cifra inicial ¿Cómo esperan que haga bien un presupuesto? No tiene ni pies ni cabeza. Buenos días Charlie. –Mierda, Mark. Menos mal que no se ha dado cuenta de que he llegado tarde. Buenos días Mark ¿Necesitas algo? –Suelto los papeles y me quedó mirándole. Mark es rubio y guapísimo, y es el dueño de todo esto. Compruebo como va todo. Dice Stevens que estamos desbordados últimamente.- Se pasa la mano distraídamente por el pelo mientras me habla ¿Qué le ha pasado en la mejilla? La tiene roja. Se acaba de levantar, todavía tiene la marca de las sábanas. Quien pudiese ser dueño de su propia empresa y levantarse casi a la una de la tarde… ahora mismo eso me parece un sueño, sería estupendo. Va bastante bien la cosa.-Intento parecer distraída, no me gusta hablar mucho tiempo con Mark. Se aburre y se dedica a molestar a todo el que pilla y lo último que necesito es salir a las mil esta noche. Me alegro, por cierto ¿Cómo le va a Ray? ¿Le han dado la investigación que quería? –Mierda, se ha sentado en la silla de enfrente de mi escritorio. Aun no, presentaba hoy por la mañana el proyecto. -¡Se me ha olvidado llamarle! Me va a matar… Espero que tenga suerte, eso de las células madre suena muy bien ¿En qué consiste exactamente? –Genial, ahora se ha desperezado un poco sobre el asiento y se ha puesto cómodo. Tendrás que preguntárselo a él, yo soy de letras. –Eso es lo que me dice siempre Ray cuando intenta explicarme algo que no entiendo. 7


Pero que vamos a hacerle, no me gustan las probetas. Me parecen aburridas y monótonas y no presto la más mínima atención cuando me habla de ellas. Soy una novia horrible, pero es superior a mis fuerzas. Me parece que lo haré ¿Ha terminado ya su presentación? –Sí, se va a llamar a Ray. -

Si, seguro era a las diez. –Sí, sí, sí. –Llámale.

Eso pienso hacer. –Se levanta de la silla por fin. –Nos vamos luego Charlie ¿Para un café quizás? -

Claro. –Intento sonreír mientras se despide con la mano.

Menos mal que Ray y Mark son amigos sino… Vuelvo a lo mío, aun me queda muchísimo por hacer. Cerca de las cuatro de la tarde suena mi super carísimo y preciosísimo teléfono, tengo un email. Pongo la “M” que desbloquea el teléfono y lo leo.

De: Walter & Jackson asociados Para: Charlotte Peters Fecha: 12 de marzo: 14:36 Asunto: Firma Estimada señorita Peters Me gustaría que viniese a mi despacho, me temo que hay nuevas clausulas en el acuerdo que debería mirar. Póngase en contacto conmigo cuanto antes. Un cordial saludo Derek Walden, abogado Walter & Jackson asociados

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Oh no ¿Mas clausulas? ¿Es que no se va a cansar nunca? Intento no pensarlo y guardo el teléfono, si me pongo a darle vueltas me arruinaré el día. Tengo que seguir con lo mío o no acabaré jamás. Cuando llegan las seis y media de la tarde no me lo puedo creer, he terminado todo lo que tenía que hacer. No espero ni un segundo y me voy corriendo a casa, si me quedo seguro que encuentran algo para que haga. Me subo en mi escarabajo verde y me quito los tacones, menudo descanso es eso. Me encamino de vuelta a casa con la radio puesta, no sé qué canción está sonando pero me gusta, es marchosa y hace que me mueva mientras conducto, además, hay atasco. Tardo media hora en llegar y cuando llego Bergen Street por suerte hay sitio para aparcar. Dejo el coche y me voy a casa tranquilamente Mientras subo las escaleras estoy agotada, eso de estar todo el día sentada en una silla me pasa factura, además ni si quiera es cómoda. ¿Ray?-Pregunto cuando entro, pero están todas las luces apagadas ¿Por qué no ha llegado aún? Tiro el bolso, el maletín y la chaqueta sobre el sofá de ante verde que hay en el salón y me desplomo sobre él. Estoy exhausta, estoy completamente muerta para ser más exactos y tengo hambre. Me levanto con un suspiro y voy a la cocina. Abro la nevera y ¡Bingo! Un tupper de macarrones con queso de hace dos días, eso servirá. Me echo una cantidad considerable en un plato y lo meto al microondas. Cuando me meto el tenedor en la boca la comida arde, pero me da igual. Tengo tantísima hambre que poco me importa estar quemándome la lengua, además está buenísimo. Definitivamente los macarrones con queso son mi especialidad. Suena el teléfono, mierda. Me levanto corriendo y lo cojo. ¿Sí? –Al otro lado no se oye nada, sólo la respiración de alguien.¿Quién es?-Sin respuesta, maldito lunático. –Deja ya de llamar y no hablar, eres una pesadilla.-Y cuelgo. No sé quién llama, peor no es la primera vez que pasa. Suena el teléfono y cuando lo cojo nadie me contesta, sólo oigo a alguien respirar al otro lado 9


de la línea, pero no dice ni una palabra. Eso debería de asustarme, pero no es así, hace mucho tiempo que nadie me asusta ya. Resignada vuelvo a comer, y disfruto de mi comida. Ray se va a enfadar porque no le espere para cenar, pero es que no puedo soportar más el hambre. Vuelve a sonar el teléfono ¿Otra vez? Mierda, me levanto con un suspiro y lo cojo. ¿Sí? –No espero respuesta, pero la voz de Ray al otro lado de la línea me hace sonreír. -

Cariño ¿Qué tal el día? –Me siento sobre el reposabrazos del sofá.

Como todos ¿Y tú? ¿Ha ido bien la presentación? –Me acomodo y espero a que me lo cuente, Ray siempre se emociona con estas cosas. Oh Charlie, ha ido muchísimo mejor que bien ¿Has cenado? – Miro el plato de macarrones. -

No. –Le miento.

Genial, pues vístete. Tenemos un fiesta de la universidad está noche. -¿Una fiesta? Buen día han elegido… Una fiesta ¿Pero de qué? ¿Quién? ¿Y te lo dicen ahora? –¿Le habían con horas de antelación? Esto sí que es una mierda. Si Charlie lo siento, pero tenemos que ir, es sobre la presentación de esta mañana y la beca de investigación.-Ray parece fatigado ¿Estará corriendo?- Creo que ya sabemos cuáles son los proyectos premiados Charlie.- está tan emocionado… No puedo evitar sonreír. -

¿Cuánto tiempo tengo? –Suspiro resignada, me va a tocar ir.

¿Te recojo a las siete y media y vamos juntos? Yo aún tengo que quedarme aquí haciendo los últimos arreglos de mi proyecto.-Oigo papeles revolviéndose ¿Sigue trabajando? Lo de este hombre es tremendo

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¿Dónde es la fiesta? ¿Es de etiqueta? ¿Media etiqueta? –No tengo nada que ponerme, no puede avisarme con sólo una hora de antelación ¡Es imposible que me dé tiempo! Con el vestido plateado estarás increíble Charlie. Vamos al Palace –Oh no, el vestido gris no por favor… -Te tengo que dejar, Clarkson me llama. Te veo en una hora cariño, te quiero. -

Y yo a ti. –Y sin más le cuelgo el teléfono.

El vestido gris no por favor, y el Palace tampoco, odio ambas cosas. Me meto la cabeza entre las manos intentando pensar con claridad. No me gusta el Palace, he estado demasiadas veces allí y no me trae precisamente buenos recuerdos. Y el vestido gris… dios ese vestido ha sido un calvario ¿Por qué me lo llevaría cuando me fui a vivir con Ray? Tendría que haberlo tirado, roto, quemado… pero no haberlo guardado cuidadosamente en mi armario metido en la funda para trajes. Me levanto del sofá, tengo que ducharme. Pase lo que pase tengo que acompañar a Ray a esa reunión, no puedo dejarle tirado. Entro en mi habitación color melocotón y enciendo la luz, lo primero que hago es abrir las puertas del armario de madera que esta junto a la ventana y saco la funda de trajes y la dejo sobre la cama. Me quedo mirándola sobre la colcha beige ¿Qué hago? No quiero ponerme ese vestido, pero es el único largo que tengo. Sacudo la cabeza y me dispongo a abrirlo para sacarlo, hace años que no lo uso y seguramente huela a cerrado. Abro la cremallera y el reflejo del color gris plata de la suave tela de satén, me sorprende de nuevo. Siempre me olvido de lo precioso que es ese vestido. Lo saco con mucho cuidado y lo pongo sobre la cama. Me voy al zapatero y saco unos manolos en color gris. Son unas sandalias preciosas, con piedras en los tobillos y un tacón de infarto, hace años que no me pongo los zapatos pero aún recuerdo lo incomodos que son. Espero que haya sitio para sentarse, porque no aguantare de pie con ellos mucho tiempo. Los pongo a los pies de la cama junto al vestido. Después sacó el pequeño bolso de noche también plateado y un chal del mismo color. Decido no mirarlo y me meto corriendo a la ducha, cuanto menos tenga que pensarlo más fácil será. No tardo ni tres minutos y me envuelvo en la 11


toalla azul oscuro de algodón. Me miro en el espejo. Tengo que cambiarme las lentillas, son de las de día y las que llevo ahora mismo me empiezan a molestar y aún tengo que llevarlas hasta dios sabe qué hora. Me las cambio y saco la bolsa de maquillaje y mi cuenco con horquillas. Voy a necesitar una gran cantidad de ellas para sujetar mi pelo en un moño. Me pinto muy poco, no me gusta llevar demasiado maquillaje. Un poco de sombra plateada con una raya negra en el párpado superior y una gruesa capa de rímel negro. Me pongo colorete y sacó el pintalabios color rosado, es lo que mejor me queda dado mi color de piel y mis rasgos infantiles. Con veinticinco años y sigo teniendo cara de niña, como cuando tenía veintiuno ¿Es que nunca voy a cambiar? Me recojo el pelo en un medio moño a mitad de la cabeza dejando libres las ondas en la parte trasera de la cabeza, es lo más fácil y lo único que lo mantendrá en su sitio, me hecho una gran cantidad de laca. Cuando me tenga que quitar ese moño me arrepentiré y lo sé. Vale, parece que ya estoy medianamente decente. Me echo un poco de quizás, quizás, de Loewe en ambos lados del cuello y salgo del baño. Me voy al cajón de la ropa interior y saco un conjunto negro con un sujetador sin tirantes. Me quito la toalla y me lo pongo, odio ir sin tirantes en el sujetador, me da la sensación de que no van bien sujetas y se van a salir en cualquier momento y bueno, lo del tanga ya es lo último. Sé que en un par de horas empezará a molestarme, pero con semejante vestido, no puedo ponerme otra cosa. Sacó las medias color carne y me las pongo. No llevo ligas, lo que significa que es muy probable que en algún momento de la noche las pierda por el camino. Cojo el vestido con mucho cuidado y me meto en él, me lo subo poco a poco hasta que meto las manos por los tirantes. Mierda, la cremallera. Intento abrochármela, pero está en la espalda y es casi imposible ¡Se necesitan dos personas para poner este maldito traje! Lo intento una vez más, con una mano por arriba y otra por abajo, parezco imbécil saltando por la habitación con un traje de miles de dólares. Oh dios, no me lo creo, he conseguido ponerme el vestido, casi me dan ganas de ponerme a dar saltos de alegría, pero la última vez que hice eso 12


con este traje acabe dándome de bruces en el suelo, la falda es demasiado larga. Me siento sobre la cama y me pongo las sandalias. He de reconocer que son preciosas, son plateadas, se abrochan al tobillo y tiene piedras transparentes por toda la tira. Me pongo en pie con ellas, es hasta complicado. Me voy directa al espejo que hay detrás de la puerta para ver como estoy y tengo que decir, que este vestido puede hacer que todo el mundo se sienta como una princesa de cuento. Es precioso, lleva un escote redondo con tiras sobre los hombros, una delgada y otra más gruesa. El cuello es como un collar que cae hacia un lado, con una suave caída. En la cintura se puede apreciar cristales Swarovski. La falda es fantástica, lleva pliegues y cae en línea “A”, ni muy voluminosa ni recta, tiene un ligero vuelo. Es simplemente maravilloso. Miró la hora, son las siete y veinte, Ray tiene que estar a punto de llegar. Cojo el pequeño bolso plateado y lo abro para meter las cosas. Vacío el bolso de ir a trabajar y meto lo necesario. Algo de dinero, el carnet de identidad, una tarjeta de crédito por si acaso, las llaves de casa y un paquete de kleenex. Luego cojo el móvil y ¡sorpresa! No cabe… ¿Por qué me compre un móvil tan grande? Ah sí, por la pantalla. Los móviles táctiles no son lo mío asique cuanto más grande la pantalla mejor ¿Cómo me lo llevo? No quiero ir sin teléfono, no me gusta estar incomunicada. No puedo coger otro bolso, ninguno pega con este vestido ¿Y si me lo guardo en otro sitio? ¿Pero dónde? En el escote está claro que no, se notaría demasiado. En la mano no lo puedo llevar por que me lo acabaría dejando por ahí y no está la cosa como para comprarse otro teléfono. La idea me viene sola a la mente ¡pues claro! Me lo meto en la media que está a la altura del muslo, cojo una liga y se sujetara sin problemas. Es una idea brillante Charlotte, me felicito a mí misma. Sacó una liga negra del cajón y me siento sobre la cama para realizar la operación teléfono, me pongo en pie y funciona, este no parece moverse de su sitio. Genial, sólo queda esperar que llegue Ray.

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Como si le hubiese llamado, Ray llama al telefonillo de la casa, está esperándome abajo. Cojo el chal y me lo paso por los hombros preparándome para pasar mucho frio. Estamos en marzo y yo voy en tirantes, más les vale que en el Palace tengan una calefacción impecable, sino mañana acabaré con una pulmonía con toda seguridad. Me tiro prácticamente escaleras abajo, los tres pisos con semejantes tacones son un reto muy duro, cuando llego abajo, ya me duelen los pies. Salgo del portal y ahí esta Ray, impecable, con un esmoquin negro y una bonita pajarita del mismo color. Sus ojos verdes brillan en cuanto me ve, y su pelo castaño está perfectamente peinado hacia atrás con gomina. Estás preciosa cariño. –Ray me agarra por la cintura y me da un breve beso en los labios. Tú también Ray ¡Pareces alguien importante y todo así vestido! – No puedo evitar reírme, su sonrisa es contagiosa. Aun no, pero pronto lo seré. –Me agarró de su brazo y me conduce hacia el coche. Algún día serás el que descubrió la cura maravillosa de alguna enfermedad, estoy convencida. –Llegamos a su Audi negro y me abre la puerta del copiloto.-Gracias. –Le digo entrando en el coche intentando colocar la falda para que no se arrugue y quepa en el coche. Si me dan esta beca, seguro que lo seré. –Ray se sube al coche y arranca.

Dios mío, esto no es grande ¡Es enorme! Ya hemos llegado a la sala de eventos del hotel Palace y es simplemente la cosa más maravillosa que he visto nunca. Todo de colores sobrios y muy claros, con grandes lámparas de araña colgadas del techo y muchas mesas redondas a lo largo de toda la sala. Al fondo han puesto una especie de escenario con un atril y micrófono con las siglas AMI escritas en la madera. Ray tira suavemente de mí para que nos mezclemos con la gente. Miro a todas partes, allí sólo hay personas perfectamente trajeadas e imponentes en todos los sentidos. Me siento una intrusa aquí metida, hace años que 14


no estoy en ninguna fiesta como esta, y volver me trae recuerdos, algunos buenos y otros malos. Aunque los buenos, se han vuelo malos. Charlie, quiero presentarte al doctor Jennsen. –Un hombre mayor, de unos sesenta y tantos con el pelo blanco y bigote me saluda amablemente tendiéndome la mano. Es un placer doctor Jennsen. –Estrecho su mano con cuidado, el me dedica una gran sonrisa y me veo obligada a correspondérsela. Señorita Peters, es un placer conocerla por fin. Ray siempre está hablando de usted. –Eso me hace sonreír, adoro a Ray. Espero que no sea nada malo.-Intento corresponder su complicidad. Me temo que la pone por las subes señorita, hasta yo empezaba a pensar que no podía ser una mujer real. –Aprieto suavemente el antebrazo de Ray ¿Qué tanto dirá de mí? Soy de carne y hueso, me temo que Ray exagera. –Vuelvo a sonreír. Me cuesta creerlo. –Me quedo helada en cuanto oigo esa voz a mis espaldas. Por favor no, por favor que sea un producto de mi imaginación… Se me empieza revolver el estómago y las piernas me tiemblan al igual que los brazos, me cuesta incluso respirar. Por favor, que sea mi imaginación. Señor Adam. –Ray se gira y me suelta. –Es un honor que haya podido venir. No me lo perdería por nada señor Smith. –Su voz es penetrante y martillea mis oídos.-Me encantan estas veladas. Me alegra oír eso señor Adams. –Ray me sujeta suavemente del brazo para que me dé la vuelta. – Me gustaría presentarle a la señorita Charlotte Peters.- Me doy la vuelta lentamente y me encuentro con esos enormes ojos azules mirándome.

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Encantada señorita Peters. –Hace hincapié en la palabra señorita y me tiende la mano mientras una enorme sonrisa aparece en su rostro. Dios santo sigue siendo el mismo adonis perfecto de dientes blanquísimos. Señor Adams.-Intento sonar calmada pero se me quiebra la voz, le tiendo la mano cautelosa, apenas puedo respirar ¿Qué hace aquí? En cuanto su mano roza la mía vuelvo a notar la electricidad, esa chispa que siempre me recorre cada vez que me toca, esa que hace que todo mi organismo se revuelva y bata alas. Intento no mirarle a los ojos, Kit tiene la capacidad de hacerme perder el hilo de mis pensamientos con sólo mirarle a los ojos. Le suelto la mano rápidamente ¿Por qué tiene que ser tan perfecto? Es la única palabra que describe a Keith Adams. Lleva el esmoquin negro perfecto, le sienta como un guante. La camisa está perfectamente planchada y tan blanca que casi deslumbra, lleva el nudo de la pajarita impecable ¿Se la habrá abrochado la señora Peyton? Y el pelo… ¿Cómo puede existir un pelo tan perfecto? Es tan negro y sedoso… lo lleva algo largo y despeinado, un par de mechones rebeldes le caen por la frente, cuanto me gustaba eso antes… Kit y su perfectos ojos, su perfecto cuerpo y su perfecto pelo. Keith, el perfecto. Permítame decirle señorita Peters que está deslumbrante con ese vestido. –Me vuelve a sonreír, no me sonrías le pido, deja de sonreír kit. Eso mismo le he dicho yo, no podía haber elegido un color más perfecto para ella. –Ray sigue sonriente, no se está dando cuenta de que a mi está a punto de darme un infarto. Kit me mira de arriba abajo, me estudia con la mirada, se detiene en mi escote ¿Por qué siempre hace eso? Quiero salir corriendo, quiero huir y no tener que volver aquí. Me las he arreglado perfectamente dos años para no tener que verle ni una sola vez y ahora, aquí le tengo, delante de mí. Keith Adams es el rico heredero de Adams Industries. Su padre le dejó la empresa a su cargo hace casi nueve años y desde entonces Keith la ha levantado y la hecho muchísimo más grande de lo que ni siquiera el señor 16


Adams pudo imaginar. Es un hombre muy ambicioso que siempre consigue lo que quiere, un obseso del control y las cosas bien hechas. Es rico, es tremendamente rico. Me alegra saludarle señor Smith. –Kit deja de mirarme y se dirige a Ray. –Pero me temo que he de ir a saludar a más gente. –Luego se gira y me mira con esa mirada tan penetrante que quita el aliento. –Ha sido un placer señorita Peters. Se inclina ligeramente, Kit vete por dios. Le veo alejarse y no puedo evitar que mi mirada se clave en sus anchas espaldas. Me tiembla todo, hasta la voz. No me siento en condiciones de nada, me he quedado en estado de shock. No quería ver a Kit, no quería volver a verle en mi vida y voy y me lo encuentro aquí. Kit se dedica a los negocios no a las investigaciones ¿Qué demonios hace aquí? ¿Estás bien Charlie? –Ray me susurra al oído agarrándome el brazo. –Te has quedado pálida. Sólo necesito agua, creo que hace mucho calor aquí. –Dios santo ¿Cómo podía ser posible que aún me afectase tanto? Ven, vamos a nuestra mesa. –Ray me arrastra entre la marea de gente. Nos han sentado en la mesa que está cerca del escenario. Con nosotros están el doctor Jensen y señora y la doctora Bay con su marido. Todos charlan animadamente de cosas que yo no entiendo, estoy tan distraída mirando a ninguna parte que hasta los ruidos de mí alrededor han desaparecido. Me bebo otro sorbo de mi copa de vino, es tinto y no sé exactamente qué tipo es, pero está buenísimo y me está sentando como la seda. Voy a necesitar alcohol para soportar esta noche. El camarero se acerca y empieza a servir la cena. Es pescado en salda marinada acompañado con patatas asadas. Eso me recuerda el hambre que tengo. El plato de macarrones no ha sido suficiente, aunque no me lo he podido ni terminar con las prisas y me lo he dejado encima de la mesa sin recoger.

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En cuanto me llega el pescado me tiro a por él. Tengo el estómago revuelto, pero tengo tanta hambre que ni siquiera me importa. Tengo la mirada fija en el plato, me da pavor alzar la vista y encontrármelo. Kit siempre me está mirando y sé que en este momento lo está haciendo aunque no sepa desde donde exactamente. El pescado está muy bueno, es lubina y está en su punto y la salsa es algo simplemente exquisito. Bebo otro sorbo de champan cuando alcanzo a oír el nombre del señor Adams en la conversación a la cual no estoy atenta. …No sé desde cuando se dedica a dar becas de investigación y ayudar a nuestro laboratorio, pero su dinero ha venido como caído del cielo. –La señora Bay, una mujer regordeta de pelo castaño y con demasiado colorete, parece encantada con el señor Adams. Yo estoy optando por una de sus becas. –Se me atraganta la comida en la garganta y casi me dan ganas de ponerme a toser. Bebo nerviosa el vino ¿Ray ha optado por una de las becas que reparte Kit? Esto no va a acabar nada bien.- Es muy generosa y está dispuesto a ampliarla según necesidades de la investigación. Su trabajo es increíble Doctor Smith, estoy seguro de la junta querrá que sea usted el que reciba esa beca, sin duda se lo merece. –El doctor Jennsen también parece estar encantado con Kit. Como no, todos están encantados con Kit, todos le adoran. Sólo yo sé quién es en realidad Keith Adams. Sólo yo sé que detrás de esa pose de hombre sereno, hay una persona trastornada. Que detrás de ese férreo control hay una obsesión y que detrás de esa imagen de dios griego, no hay más que una persona completamente vacía. Todos aman a Kit, todos menos yo. De hecho, yo le odio. No sé por qué Kit ha metido las narices en el mundo de la investigación, sus negocios van orientados al mundo inmobiliario y la industria además de la bolsa. Tampoco sé que maldita fuerza de la providencia ha decidido que Ray, mi Ray, opté por una de las becas que concede precisamente Kit, es una broma de muy mal gusto. Casi me dan ganas de gritarle al cielo porque tiene que ser tan cabrón conmigo ¿No he tenido ya suficiente? 18


Después del pescado nos traen carne. Un bistec poco hecho con salsa de manzana y algunas hojas de escarola y tiras de zanahoria adornando el plato. No puedo evitar poner cara de asco, odio la carne cruda. El camarero me pone mi plato, y al contrario que el de los demás, está perfectamente hecho. Cojo los cubiertos y parto el filete, está perfectamente pasado, no hay carne roja ni sangre que haga de salsa, está justo como a mí me gusta. Bueno, por lo menos algo de suerte esa noche. Creo que es la primera vez que no vas a tener que pedir que te vuelvan a pasar el filete. –Me susurra Ray al oído. Me obligó a sonreír. Siempre hay una primera vez para todo. –Y sonrió. No tengo ganas de hacerlo, pero no puedo hacer otra cosa. Ray jamás puede enterarse de lo de Kit, jamás. Después de los filetes nos traen un brownie de chocolate con helado de vainilla y canela espolvoreada. Dios, este es mi favorito. Desde luego hoy estoy teniendo suerte en lo que a comida se refiere y además, llevo casi una hora sin ver a Kit por ninguna parte, eso me ha hecho relajarme un poco. Vale Charlie, sólo ha sido un encuentro. Tenía que pasar tarde o temprano, Kit es parte de tu pasado, tú le dejaste ¿Te acuerdas? Claro que me acordaba, me acordaba de ese día con bastante más frecuencia de la que me gustaría. Nos sirven champan, cosa que agradezco. Me bebo mi copa casi de un trago, eso apaga mi conciencia. Charlie, voy a ver al señor Pierce, me encantaría preguntarle algunas cosas sobre su proyecto de neurología que está realizando, es fascinante. –Ray se inclina sobre mí. -¿Quieres venir? ¡No! Grita mi cabeza automáticamente. -

No, creo que me quedaré aquí, estoy un poco cansada. –Le sonrió.

No tardaremos en irnos Charlie, te lo prometo. Darán las becas en un rato y después nos vamos. Te lo prometo. –Ray me da un suave beso en la mejilla y desaparece. 19


Me derrumbo sobre la mesa con la copa de champan aun en la mano ¿Cuántas copas necesitare para quedarme sin conciencia? lo estoy deseando. Mañana me tengo que levantar a las ocho y dentro de poco serán las doce, mataría por poder irme a casa. Además estoy aburridísima rodeada de doctores y científicos, este no es mi ambiente. Podría sacar el teléfono, aunque tendría que levantarme la falda y eso definitivamente no es una opción, aunque una partida de angry birds no me iría nada mal, eso consigue que me concentre bastante. -

¿Se aburre señora Adams? –Oh no.

No me llames así. –No levanto la vista de la copa, es Kit. Ya estaba tardando en aparecer. –Mi apellido es Peters. Me temo que no señora Adams, sigue siendo mi mujer. –Mierda ¿Tiene que decirlo tan alto? Llevo dos años intentando que me firmes los malditos papeles del divorcio y no haces más que retrasarlo.- Doy otro sorbo a mi copa, no quiero tener esta conversación. –Me ha avisado mi abogado que has añadido nuevas cláusulas al acuerdo de divorcio ¿Puede saber que te propones Kit? -

Kit… -Susurra. –Eres la única que me llama así.

Soy la única que te soportaba. –Eso le hace reír, aunque no le veo sé perfectamente cuando está sonriendo. Estoy cansada, estoy harta y ya no aguanto más. Ha llegado la hora de irme a casa. –Si tienes algo que decirme, a través de los abogados Kit, no quiero verte y lo sabes. No, no lo sé. Tuve que intuirlo. –Levanto la vista y le veo. Esta con el codo apoyado sobre la mesa sentado a mi lado. No quiero hablar de esto y mucho menos aquí. –Tengo que levantarme e irme y tiene que ser rápido. ¿No lo sabe? ¿Aún no le has contado a tu querido Ray que estás casada? –Noto perfectamente la nota agridulce en su voz, a Kit no le gusta Ray, eso lo sé de sobra.

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¿Cómo quiere que se lo cuente? ¿Cómo voy a decirle que yo Charlotte Peters, a mis veinticinco años estuve casada con uno de los hombres más ricos de Estados unidos? Es humillante. Le conocí con veintiuno, me casé con veintidós y ocho meses más tarde estaba pidiendo los papeles del divorcio. No es algo que me guste que la gente sepa. Si te dignases a firmarme esos papeles acabaríamos con esto. –Sus ojos me miran divertido y lo odio. Esta situación que a mí me frustra y a él parece entretenerle, como siempre. Mi desesperación siempre le ha divertido. Ah, asique Ray no sabe que eres mi mujer. –Se pasa la mano por el pelo, pero este vuelve a caer sobre su frente. Santo dios, como me gustaba eso. Ni lo sabrá. –Es una amenaza y me aseguro de decirlo muy seria para que se entere. A Kit le gusta jugar y no tengo intención de que mi relación con Ray entre en su pequeño tablero de ajedrez. Pues si no quieres que lo sepa, asegúrate de que no vuelve a besar a mi mujer delante de mí. –Está cabreado, lo sé. Kit es posesivo y celoso, aunque no lo entiendo. No debería estar así conmigo ¡Llevamos dos años sin vernos! Es mi novio, puede besarme cuando le plazca y delante de quien quiera. –No sé a dónde va esta discusión, pero me da miedo donde pueda acabar. No me cabrees Charlie, sabes perfectamente que odio que me desafíes. –Claro que lo sé, por eso lo hago, es la única manera en la que sé ahuyentarlo. Pues si quieres que deje de desafiarte firma esos papeles de una vez y acabemos con esto. –Me pongo en pie. –Buenas noches señor Adams. Me encamino a toda prisa andando entre la gente, tengo que encontrar un lugar seguro donde Kit no pueda encontrarme ¿Dónde voy? Al baño, si el baño es el lugar más seguro. Kit no puede entrar ahí. Salgo al pasillo y veo la puerta del servicio de señoras. Entro y cierro la puerta tras de mí. 21


Los baños son impresionantes, perfectamente iluminados en tonos rojos con un pequeño sofá estilo Luis XVI y toallas limpias apiladas a un lado de la hilera de lavamanos con grifos dorados. Me siento en el sofá y me levanto la falda para sacar el teléfono. Llamaré a Ray y le diré que no me encuentro bien y que me voy a casa. Si, esa es al mejor idea que he tenido en toda la noche. Me dispongo a sacar el teléfono cuando la puerta del baño se abre de par en par… mierda. Lárgate de aquí Kit. –Entra en el baño como un torbellino y cierra la puerta, con pestillo. Sus ojos han cambiado, ya no son divertidos y su expresión está seria. Sus labios son una delgada línea. ¿Quieres el divorcio? –Me dice aun parado en la puerta.- Pues bien, hay condiciones. No. –Me levanto rápidamente. –No hay condiciones, llevo dos años esperando y ya estoy harta. Quiero rehacer mi vida. Se queda rígido y me mira, me mira con tal intensidad que da la sensación de que en cualquier momento me voy a caer debido a la fuerza de esos ojos. Odio cuando me mira así, me da miedo. ¿Por qué? –Me pregunta con un hilo de voz. Su tono es duro, como su expresión. No es asunto tuyo, firma de una vez y acabemos con esto Kit. – Estoy harta, estoy hasta las narices de esta situación ¿Por qué no me lo puedo quitar de encima? Contéstame Charlie ¿Te quieres casar con él? ¿Para eso quieres el divorcio? –Mierda, Kit se acerca lentamente hacia a mí con su enorme cuerpo. Me falta el aire, es una sensación horrible, pero le temo. Temo lo que pueda hacer. Lo que yo quiera hacer no te importa. –Me echo hacia atrás un par de pasos, mierda me doy con el sofá. Me está acorralando. Las mariposas de mi estómago baten alas ¡No hagáis eso! 22


Dime la razón. –Kit sigue acercándose y noto que mis manos sudan, es horrible. Quiero deshacerme de ti Kit, es sencillo. –Eso era cierto, pero no del todo. Te propongo un trato. –Kit está a unos centímetros de mí y ya no puedo moverme más. –Después de eso, te firmaré los malditos papeles. No quiero preguntar, pero no lo puedo evitar. ¿Qué trato? –Sujeto el móvil entre las manos y lo muevo nerviosa, miro la pajarita de Kit, no quiero seguir mirándole a la cara. Mañana a las siete en casa. –Se detiene un segundo. –En nuestra casa y te explicaré en qué consiste el trato.-Hace hincapié en nuestra ¿Sigue viviendo ahí? No. –Es apenas un susurro, pero teniéndole tan cerca es imposible pensar. No quiero volver a esa casa por nada del mundo. –Quedamos en otro sitio, donde quieras, pero no en la casa. No es la casa Charlie, es nuestra casa. –Kit se acerca otro paso y me coge un mechón de pelo que se ha escapado del moño. –Te has cortado el pelo. Kit lo observa entre sus dedos y después me lo mete detrás de la oreja asegurándose de que el dorso de su mano roza mi mejilla. Ahí están otra vez las malditas chispas y las mariposas de mi estómago volando libres ¡Se estarán quietas algún día! A veces, me odio a mí misma. Tengo que parar esto, Kit está muy cerca y se está acercando peligrosamente. Tengo que salir de aquí o me arrepentiré lo sé. Mi fuerza de voluntad con Kit es igual a cero, incluso menos y no puedo arriesgarme a que me vuelva a hacer lo mismo. -

Mañana a esa hora en DANIEL, el de Madison Avenue. –Respiro.

Bien, mandaré el coche a recogerte. –Mierda, no quiero que me recoja ¿Me conviene cabrearle? ¿Empezar una pela por esto? Siempre salgo perdiendo en esta discusión. 23


No sabes donde vivo. –Kit me mira con la ceja enarcada. Claro que lo sabe, Kit siempre sabe todo. –Estaré en el trabajo. A las siete menos cuarto estará el coche a recogerte en el trabajo. – Kit acaricia de nuevo mi mejilla con suavidad mientras sus ojos no se apartan de esa caricia. Después se da la vuelta dispuesto a irse. Justo en el instante en que dejo salir el aire que llevo reteniendo desde que Kit ha entrado él se da la vuelta y viene hacia mí. En menos de un segundo, me sujeta la cintura y con la otra mano la nuca, antes de darme cuenta sus labios están sobre los míos. Mis ojos se abren a causa de la impresión, sus labios son húmedos y carnosos y se mueven sobre los míos con decisión. Me pasa la lengua por la comisura de los labios y se separa de mí. Dile a Ray que así es como se besa a una mujer, no lo que él hace. –Le veo sonreír antes de abrir el pesillo y salir del baño. ¿Qué acaba de pasar? ¿Me ha besado? Me rozo los labios con la yema de los dedos. Sí, me ha besado ¿Por qué me siento tan sumamente rara? Esto no tenía que haber pasado, no sé por qué ha hecho eso. Kit es un cabrón, odio que siempre haga cosas como esas. Me resigno y me obligo a mí misma a que me dejen de temblar las piernas. Kit tiene un problema de control consigo mismo y lo sé, asique debería dejar de darle vueltas. Mañana me reuniré con él veré que tiene que decirme y obtendré mi divorcio. Eso es lo que quiero, mi divorcio y que Kit no vuelva a cercarse a mí. Por conseguir eso, un beso no es absolutamente nada.

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Los Secretos de Charlotte  

No me gusta considerarme una mujer enigmática, pero todo lo que rodea mi vida es una gran mentira. Mi profesión no es el trabajo que tengo a...