Issuu on Google+

MICRORRELATOS


Un microrrelato es un cuento muy breve, no un fragmento de un texto más largo. Hay microrrelatos de muchos tipos: de humor, de amor, de terror, fantásticos... El de la siguiente diapositiva es un poco cruel. Complétalo y luego da tu opinión sobre él.


Rellena los huecos con las palabras en negrita alhajas      apilando      atraviesan      azar      Bizco      bolsa  botín     ciudad      compañeros      frontera      ganar      hombros      mesa      mientras      naipes      por      resuelto      retirada      ruinas      saqueado      velas    Bandidos asaltan la _______de Mexcatle y ya dueños del botín de guerra emprenden la _______. El plan es refugiarse al otro lado de la ______, pero _________ tanto pasan la noche en una casa en _______, abandonada en el camino. A la luz de las _______ juegan a los ________. Cada uno apuesta las prendas que ha ________. Partida tras partida, el ________favorece al Bizco, quien va __________ las ganancias debajo de la _______: monedas, relojes, ________, candelabros... Temprano _____la mañana el Bizco mete lo ganado en una ____, la carga sobre los ____ y agobiado bajo ese peso sigue a sus ____, que marchan cantando hacia la frontera. La __________, llegan sanos y salvos a la encrucijada donde han _________ separarse y allí matan al _________. Lo habían dejado __________ para que les transportase el pesado _________. Anderson Imbert, Enrique


¿Te parece que es fácil contar una historia en tan pocas palabras? ¿Crees que, pese a su brevedad, tiene interés? ¿Serías tú capaz de escribir uno?


Ahora vamos a leer otros microrrelatos de muy diversos tipos: El pozo Luis Mateo Díez

Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años. Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa. Veinte años después, mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse. En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en su interior. “Éste es un mundo como otro cualquiera”, decía el mensaje.


El viejo, su mujer y el ladrón Era un mercader rico, pero muy viejo, que tenía una mujer joven y hermosísima, a la que él mucho amaba. Una noche entró un ladrón en casa del mercader, y su mujer, que estaba despierta, tuvo tanto miedo, que se metió en la cama de su esposo y le abrazó tan reciamente, que lo despertó. Entonces él vio al ladrón y le dijo: "Toma cuanto pudieres llevar y vete sin miedo, porque me has dado la dicha de que mi mujer me abrace".


El árbol de la vida Juan Pedro Aparicio

Encontró el árbol de la vida y no se lo dijo a nadie. Él solo comió de sus frutos. Y solo quedó en el mundo cuando la Humanidad desapareció. Ahora busca por toda la eternidad el árbol de la muerte.


Las llaves de Stella Jorge Ariel Madrazo

Stella abrió la puerta de su casa, radiante como siempre. Entre cuatro dedos de su mano derecha- en posición supina- agitaba las llaves y con la otra mano sujetaba a su perra blanca, Stephanía, a la que llevaba al paseo nocturno. De pronto comprobó: ya no tenía las llaves. Nunca aparecerían. En la siguiente oportunidad aferraba la correa perruna cuando, en una distracción o algo así, advirtió con alarma que ya no la sujetaba. De la perra, nunca supo. Una noche del mes siguiente apoyó una mano en una pared de su casa y ¡zaz! ésta se esfumó ante su aterrado estupor. Decidió entonces invitar a salir al hombre a quien odiaba, lo aferró de un brazo con fuerza. Nada. Stella ignoraba que el don de las desapariciones le había sido otorgado por el dios bromista sólo para ser ejecutado tres veces. Resignada, Stella descubrió en cambio que el hombre no era tan desagradable. Y poseía llaves, perro y casa.


Paternidad responsable Carlos Alfaro

Era tu padre. Estaba igual, más joven incluso que antes de su muerte, y te miraba sonriente, parado al otro lado de la calle, con ese gesto que solía poner cuando eras niño y te iba a recoger a la salida del colegio cada tarde. Lógicamente, te quedaste perplejo, incapaz de entender qué sucedía, y no reparaste ni en que el disco se ponía rojo de repente ni en que derrapaba en la curva un autobús y se iba contra ti incontrolado. Fue tremendo. Ya en el suelo, inmóvil y medio atragantado de sangre, volviste de nuevo tus ojos hacia él y comprendiste. Era, siempre lo había sido, un buen padre, y te alegró ver que había venido una vez más a recogerte.


Ajuar funerario Fernando Iwasaki

Cuando llegué al sanatorio, encontré a mi madre enlutada en las escaleras. -Pero mamá, tú estás muerta. -Tú también, mi niño. Y nos abrazamos desconsolados.


Después de muchos años ha vuelto la vida a la vieja mansión familiar y todo me resulta nuevo y extraño: los cuadros, la vajilla, los muebles. Hay algo aterrador que me impide reconocer cuanto me rodea, pero lo peor es la niña que viene por las noches a mi cuarto para atormentarme de nuevo con ese horror azul en los ojos. Dice que es su cuarto, pero yo estaba aquí mucho antes.

Aire de familia Fernando Iwasaki


Ahora te toca a ti.

Concéntrate,

Inspírate

y crea


Estaba sentado en la terraza de mi chalet. De repente escuché ruidos dentro de la casa. Me asomé por la ventana y pude ver al ladrón robando. Al lado de la puerta había una pistola, seguro que se le había caído a él. Sin miedo, y al oír una sirena de policía, no lo pensé, disparé con puntería sobre la pierna del hombre y llamé al coche patrulla. Se lo llevaron y yo seguí leyendo mi libro en el porche.


Adiós 

Y allí estábamos otra vez, mi padre y yo ante la colosal arquitectura. No me cabía en la cabeza que ese edificio que irradiaba tanta majestuosidad pudiera ser la residencia del sufrimiento. Entramos y subimos a la sexta planta: Cardiología, y nada más salir del ascensor estaba el abuelo con una sonrisa de oreja a oreja, estuvimos hablando toda la tarde. Y al salir supe que ese era el final y que nada sería igual sin...MIS PLAYERAS.


MICRORRELATOS