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EL KRONISTA DE KRATKA Y FUEGO O BENDICIÓN

RELATOS POSTAPOCALÍPTICOS PRÓLOGO: ‘EL GRAN CATAPUM’. “Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer.” Ap. 6 : 2. “La malaria o paludismo es una enfermedad producida por parásitos del género plasmodium, y es probable que se haya transmitido al ser humano a través de los gorilas occidentales. Entre 700.000 y 2,7 millones de personas mueren al año por causa de la malaria, de los cuales más del 75 % son niños en zonas endémicas de África. Asimismo, causa unos 400-900 millones de casos de fiebre aguda al año en la población infantil (menores de 5 años) en dichas zonas. La única forma posible de contagio directo entre humanos es que una mujer embarazada lo transmita por vía placentaria al feto. O bien, por la transmisión directa a través de la picadura de un mosquito. También es posible la transmisión por transfusiones sanguíneas de donantes que han padecido la enfermedad. Un total aproximado de 1,3 millones de personas mueren cada año de paludismo.” Wikipedia: “la malaria”. Una nube de polvo se levantó de repente frente a las cabañas de adobe con finas techumbres de palma y paja. Cada vez que ocurría, el horizonte se opacaba y no podía verse más allá del redil donde Kobe guardaba sus cabras. El Doctor Kovalski, de la Universidad de Virginia, se afanó para cerrar las ventanas de la única construcción de ladrillo con la que contaba el pequeño poblado: el hospital, con la ayuda de Marie, su ayudante: una enfermera francesa que le prestaba sus servicios como miembro (él también lo era) del grupo de cooperantes de Cruz Roja desplazados a ese recóndito paisaje del sur de Mali. Cuando el polvo rojo y marrón regresó a su lecho árido, y los campos de algodón volvieron a distinguirse más allá del redil de las cabras de Kobe, Kovalski rezó porque esa tarde no hiciese el infernal calor de los últimos días y se dispuso a hacer su ronda de revisión de los escasos pacientes internados que tenía. Las cosas no iban bien aquel verano. Los chicos que, ilegalmente aunque todo el mundo lo sabía, trabajaban día sí día no en las plantaciones de algodón bajo el mandato de su mismo director de escuela, esa temporada tendrían que luchar además contra un enemigo más temible que las largas jornadas al sol a cambio de un caramelo… la epidemia provocada por uno de los seres más insignificantes de la Creación como lo era le mosquito, de malaria en la zona, que estaba causando mayores estragos (lo llevaba haciendo desde que el tiempo era tiempo) que nunca cebándose sobretodo con aquellos risueños y avispados pequeños de ébano y caracoles negros por cabello. Kovalski ya no sabía qué hacer para enfrentarse al virus. Las vacunas le llegaban por cuentagotas y, en esta nueva y brutal oleada de infectados, en algunos casos la misma no era tan efectiva como la empresa farmacéutica que la había desarrollado afirmaba. Kobe salió de la cabaña en al que vivía solo; a su mujer y cuatro hijos se los había llevado el mal de los mosquitos al comienzo de la epidemia; con una calavera humana que nadie sabría de dónde hubo sacado pintada de blanco. Sabía lo que iba a suceder ese caluroso y rojizo atardecer. Y también sabía que ni él ni nadie eran lo suficientemente poderosos para evitarlo. Se sentó en una peña tras dejar libres a las cabras y, mirando hacia el este, se lió un cigarro y aguardó…

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…dentro, en el hospital, Kovalski iba, con el alma rota, firmando con mano temblorosa las actas de defunción de todos los niños contagiados que yacían quietos y silenciosos en las camas de hierro. Kobe sonreía, quizá ya presa de la locura que acompaña al conocimiento de lo que sucede en la realidad, mientras Kovalski y Marie cargaban los últimos bártulos médicos en el viejo jeep propiedad de la ONG. El vehículo dejó atrás una nube de polvo variable y ruidosa. El camino tosió tras el paso de sus ruedas ahondando los surcos en la tierra. Unos antílopes, ágiles y raudos, pasaron por detrás del jeep cuando éste abandonó definitivamente las tierras plantadas de algodón pertenecientes al poblado. Kovalski miró atrás por el espejo retrovisor; Marie ya estaba avisando a sus superiores de la huida; en el cristal se reflejaba el final de un laborioso pero inútil trabajo… quizá algo más. Pero el Doctor sólo pudo musitar en su inglés estadounidense natal: “Regresar a la Naturaleza”. Un avión les devolvería a París al día siguiente. El esqueleto momificado de Kobe permaneció allí, sentado sonriente sobre la peña con la calavera pintada de blanco en las manos, y las piernas cruzadas. Cuatro huellas de herradura se quedarían, impertérritas, impresas en el polvo del camino. Fósiles testigos de la presencia del Fin en esas hostigadas y candentes tierras…  “Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado el poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada.” Ap. 6 : 4. “Los conflictos en la siguiente lista están causando al menos 1000 muertes violentas por año, una clasificación utilizada por el Uppsala Conflict Data Progarm y reconocido por las Naciones Unidas. - Conflicto armado en Colombia, desde 1964: 150-200.000 muertes. - Insurgencia naxalita en India, 1967: 11.454 m. - Guerra Civil Afgana, 1978: 600-2.000.000 m. - Guerra Civil Somalí, 1991: 300-400.000 m. - Insurgencia en Irak, 2003: 109-1.120.000 m. - Guerra en el Noroeste de Pakistán, 2004: 38.800 m. - Guerra contra el narcotráfico en México, 2006: 60.420 m. - Conflictos tribales sudaneses, 2009: 2.500 m. - Conflicto interno del Sudán, 2011: 1.500 m. - Rebelión en Yemen, 2011: 1784-1870 m. - Rebelión en Siria, 2011: 16.500-19.000 m.” Wikipedia: “guerras actuales”. A Kovalski ya no le daba miedo nada. Qué podría impresionarle después de cerrar el hospital como lo hizo y abandonar Mali… por ello quizá, y porque también sería muy probable que siguiera sintiendo que era capaz de cambiar el mundo un poco a mejor, aceptó lo que ningún médico quiso aceptar antes qué él: ir a Siria y enfrentarse al día a día violento, brutal, de esa guerra civil de la que los organismos internacionales se habían lavado totalmente las manos. Marie, incondicional desde que se conocieran años atrás, aceptó a su vez acompañarle para intentar, como bien pudieran, hacer algo (lo que fuera) para aliviar el sufrimiento de cuantos se cruzaran en su camino de maletines, vendas y antibióticos. Iusuf les acompañó al campo: llevaban casi un mes allí y, sin un solo hospital de campaña levantado, habían hecho una gran labor en al ciudad con los incontables; nadie

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llevaba la cuenta de ello ya; heridos del bando conocido por propios y ajenos de los “insurgentes” contra el régimen de Al-Assad. Iusuf era uno de ellos: un asesino sin piedad que, otrora y paradójicamente, creía en la libertad de “su pueblo” para decidir su destino de forma democrática y ajena a la cada vez más odiada por todos, todos, ley islámica. El enésimo bombardeo por parte del Ejército todavía fiel al régimen ejecutado sobre todo un barrio había causado decenas, por no decir centenares pues la información era imprecisa, de víctimas y el destrozo generalizado de las múltiples viviendas que se habían reducido a montones y montones de escombros humeantes hasta donde alcanzaba la vista. Por eso Iusuf, conduciendo el camión que fue de su padre y éste utilizó para transportar leche en el pasado, llevaba a Kovalski y a Marie a un sitio seguro en las afueras así como a todo malherido por el bombardeo que cupo en al parte de carga del destartalado vehículo. Junto con el camión del padre de Iusuf, iban cuatro o cinco camionetas en el convoy. Todas acarreaban heridos y marchaban cuan deprisa les permitían sus viejos motores. Nada más cruzar la imaginaria línea que dividía los territorios bajo dominio insurgente y los que padecían la guerra abierta y se mantenían sin dueño, los insurgentes buscaron el lugar más óptimo para “plantar” con sus escaso medios el precario hospital de campaña en el que, además de Kovalski y Marie, otros tres voluntarios de Médicos Sin Fronteras se encargarían de los cortes y las quemaduras. Así, desde esa hora que rozaba el caluroso mediodía sirio hasta el caer bermellón del sol en el oeste, Kovalski atendió sin detenerse ni para beber un vaso de agua a los desafortunados que habían estado en el lugar equivocado en el momento equivocado cuando cayeron las bombas… …pero el miedo aún no había terminado de frotarse las manos. Su risa burlona y macabra sonó por encamino que venía de la ciudad antes arrasada Y su carcajada era una larga fila india de tanques del Ejército de Al-Assad. Como los efectivos con los que contaba la Insurgencia allí eran muy pocos, ni si quiera tuvieron tiempo de avisar los centinelas a los desplazados en el círculo de tiendas de campaña donde se hacinaban las víctimas. Alguien dio la voz de alarma. Kovalski miró instintivamente hacia atrás cortando al mismo tiempo la veda que ahora rodeaba y cubría el brazo derecho de un niño de ocho años; dijo que se llamaba Rachid, y no dijo ni pío cuando el Doctor le quitó los cristales de un espejo convertido en metralla por las explosiones incrustados en su carne y su piel. “¡Nos tenemos que ir!”; dijo en inglés el médico de la otra ONG… a Kovalski sólo le dio tiempo de coger su maletín de mano, negro y pequeño, con un escaso botiquín adentro cuando los tanques ya estaban disparando contra las tiendas de campaña. Después de una carrera con la noche ensombreciéndoles, Marie y él lograron esconderse en uno de los múltiples barrancos con los que contaba la holografía de la zona. Los disparos y los gritos de clemencia y de terror se alargarían hasta bien entrada la fría madrugada. Cerca de Damasco a la tarde siguiente, al ser preguntado por un compañero de Cruz Roja cuando todos se disponían, de nuevo, a abandonar el país, Kovalski afirmaría sin equívocos que “todos, los remataron a todos en el poblado insurgente y las colinas de los alrededores”. Viendo la zona desde arriba, un piloto de helicóptero tomó una instantánea del lugar de los hechos días más tarde: los cuerpos de los muertos dibujaban, sorprendentemente, cuatro herraduras grotescas y macabras…

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 “Y miré, y e aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano”. Ap. 6 : 5. “La crisis alimentaria en el Cuerno de África de 2011 es una hambruna que ocurre en muchas regiones del cuerno de África como resultado de una severa sequía que afecta por completo a la región de África Oriental, nombrada como “la peor en 60 años”, ha causado una severa crisis alimentaria a lo largo de Somalia, Etiopía y Kenia amenazando la subsistencia de más de 12 millones de personas. Otros países en los alrededores del Cuerno de África, incluidos Yibuti, Sudán, Sudán del Sur y partes de Uganda están siendo afectados por la crisis. Las agencias internacionales desconocen la situación de Eritrea. Naciones Unidas declaró oficialmente la hambruna en dos regiones del sur de Somalia, siendo la primera vez que se declara en casi treinta años. Desde la hambruna de Etiopía de 1984 en la que murieron un millón de personas. Una severa falta de financiación de la ayuda internacional, junto con problemas de seguridad en al región, han obstaculizado la ayuda humanitaria.” Wikipedia: “Cuerno de África”. Marie y Kovalski nunca habían estado antes en Somalia. Desde el barco que los llevó hasta allí pudieron distinguir el puerto; era como regresar a un punto inconcreto del pasado donde, fantásticamente, se hubieran unido los piratas de un Caribe todavía por colonizar y los agentes de una revolución industrial europea cercenada por la mitad. El continente negro los recibió en silencio: era mejor atracar, por el bien de todos y según la opinión del experto capitán, al amanecer… y así lo hicieron. Desembarcaron y el barco zarpó de inmediato. Quedarse en Somalia con todo lo que estaba sucediendo era una tarea para, cuanto menos, valientes… aunque, afortunadamente, esta vez el Doctor y la enfermera no iban solos: un buen grupo de cooperantes conformaban el contingente humanitario desplazado al malogrado y hambriento Cuerno de África. Los mercenarios somalíes les llevaron hasta el primer campamento de refugiados a cambio de una buena suma de dinero donada por miles de personas, solidarias, que creían que su dinero haría algún bien a esa pobre gente… también se quedaron, como impuesto extraordinario, con dos palets de alimentos que habían llevado hasta allí en dos camiones grandes, europeos, pintados de blanco con la Cruz Roja visible en el centro de las lonas. Los camiones se detuvieron donde los mercenarios avisaron de que ya no podían seguir acompañándoles. La razón que dieron fue que querían regresar antes para que no les sorprendiese la noche por el camino de vuelta a la ciudad. Pero pronto el hedor y los pájaros dirían la verdad a los cooperantes. Las dunas empezaban más allá, ondulando el paisaje en el oeste. Allí ni si quiera existía el desierto: era otra cosa, infértil y árida y caliente, pero distinta… la tierra cobriza, marrón, dejando ascender sin fin el vaho y el aire calentujo desde sus entrañas formando curvas en la visión de cualquier viajero, se resquebrajaba eternamente y en todas direcciones. No había ni una sombra. Y mirando en derredor lo único que salpicaba ese ambiente ocre, silencioso, muerto, era el vasto campo de refugiados por la guerra con sus tiendas de tela oscura y esas casetas prefabricadas que trajeron los holandeses y que ya habían cedido su gris claro en pro del terracota infinito de la arena, de esa tierra seca e invariable, eterna… Kovalski ya lo había olido antes… en Mali; pero aquí la peste era mucho más intensa y, en lugar de concentrarse en algún punto inexacto, parecía extenderse por doquier, inundando todo cuando rodeaba el convoy, que se aproximó a pie, con

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turbantes rodeando sus bocas y narices para evitar la náusea, al grupo silencioso, sepulcral y quieto, de tiendas de campaña. El sonido de los miles de millones de moscas acabando con la carne de los cadáveres putrefactos al Sol predijo el horror. Los que no habían muerto de inanición y de hambre; que serían el noventa por ciento; lo habían hecho a manos de los pocos poseedores de algo que llevarse a la boca antes del término final, asediados quizá hasta la misma muerte por los hambrientos. “Salgamos de aquí: el mismo aire es irrespirable y puede enfermarnos”, dijo Kovalski y los demás no dudaron en hacerle caso y regresar a donde habían aparcado los camiones. Alguien vomitó. Por el camino incierto que llevaba a las dunas se acercó entonces, muy rápido para ese tipo de vía casi impracticable, un coche todoterreno de pequeñas dimensiones. En el rostro del único viajero y conductor podía distinguirse la máscara del terror. Como el niño que acaba de ser testigo del miedo y acarreará el trauma hasta el fin de sus días. “¿Qué dice?” “Que no vayamos al oeste… que no hace falta…” Al atardecer, de regreso otra vez a la ciudad portuaria donde repartirían, bajo el estricto control de mafias y piratas, los alimentos que portaban, el conductor que relató la muerte por hambre de todos cuanto vivían en los campamentos y poblados más allá de la tierra roja y yerma se hizo con la pipa de uno de tantos delincuentes, puso la boca del cañón sobre su sien derecha, y apretó el gatillo con la mirada perdida y el alma vencida… dicen que sonreía mientras lo hizo… y que la sangre que salpicó el suelo al volarse la sesera dibujó las huellas de cuatro cascos de caballo… Los cooperantes llamarían desde puerto al capitán antes de tiempo.  “Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dad potestad para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra.” Ap. 6 : 8. “EEUU fue le primer país que desarrolló armas nucleares y es el único que las ha usado en tiempo de guerra en los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki durante la Segunda Guerra Mundial. Antes y durante la Guerra Fría, EEUU condujo más de mil pruebas nucleares de largo alcance, como el ICBM. En la actualidad, mantiene un arsenal de 5113 ojivas. El ex director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, considera a Israel como un Estado poseedor de armas nucleares; sin embargo, Israel mantiene una política conocida como “ambigüedad nuclear” (también conocida como “opacidad nuclear”). Israel nunca ha admitido tener armas nucleares… en la actualidad, se estima que Israel posee entre 75 y 400 ojivas. El Reino Unido conserva alrededor de 225 ojivas. Francia cuenta con alrededor de 300 ojivas. El programa nuclear actual de Irán consiste en varios sitios de investigación, una mina de uranio, un reactor nuclear, y algunas facilidades de procesamiento de uranio que incluyen una planta de enriquecimiento. Las sospechas de la OIEA y de las potencias occidentales aseguran que persigue dotarse de armamento nuclear.” Wikipedia: “Armas nucleares de…”. 1. EL LADRÓN DE CARNE.

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“El mundo ha cambiado. En el oeste, Megalisboa se ha izado como la gran urbe donde el 'progreso' continúa... pero ellos, los que se han auto-denominado 'civilizados' nos envidian... somos los genésicos, habitantes de la preciosa Génesis en el centro de la península y todos los ciudadanos de las tribus adscritas a su vasto territorio. Nos llaman 'salvajes' porque no abrazamos la tecnología que, como todos sabemos, fue el trasfondo del motivo que hizo cambiar al mundo destruyéndolo. Pero desean nuestros cultivos y miran con asombro y casi vergüenza nuestra riqueza arquitectónica... ya los hay quienes, huyendo de su naturaleza urbanita, se han matriculado en la Akademia: la mayor universidad y centro de pensamiento y estudios de lo que hoy podemos llamar 'planeta'... ...pero para comprender mejor el sistema de las cosas que nos ha tocado vivir bajo el mandato de Kratka, el Valiente, y la constante amenaza de invasión de Artorius, gobernador de Megalisboa, no hay cosa mejor que conocer e intentar comprender la vida de nuestros vecinos y compañeros en este nuevo mundo que la radiación 'creó'... y yo, el kronista de Kratka, la voy a mostrar...” Las estaciones habían regresado tan sólo hacía un par de décadas; y los mayores no se acostumbraban al renovado frío invernal tras el brevísimo otoño. El verano del año 130 fue especialmente caluroso, por lo que la mayor parte de los habitantes de Génesis había postergado la compra o el trueque de pieles hasta el último momento. En el zoco, al norte de la ciudadela, los vendedores de pieles y los cazadores no daban abasto; y en las tabernas de los aledaños, las familias se agolpaban por una mesa libre y un buen plato de estofado de carne o unas chuletas a la brasa con patatas asadas; típicos de la temporada. Pero Chicco había ido solo... y no se podía permitir ni una ración de estofado, ni una nueva capa que evitara el enfriamiento, casi crónico, de sus enclenques huesos. Tendría unos trece o catorce años, era analfabeto, y sus ojos negros y su piel ultra morena decían de él que hubo venido de las tierras post-andalusíes del sur. Y sentía un hambre tan pertinaz como rugiente olfateando desde el callejón los aromas que surgían de las cocinas del Restaurante Ave Rapaz, justo a la entrada del zoco. La noche, con su sudario frío de oscuridades y la promesa de la Luna en lo alto, se había hecho ya con el valle y los tejados. Sopló su aliento caliente en la punta de sus dedos y frotó insistentemente las palmas de sus manos. Llevaba una casaca de militar del sureste raída y una capucha de piel teñida de granate, por lo que tiritaba cada dos o tres minutos de manera involuntaria. Cruzó el callejón, en sombras exceptuando el farolillo naranja de papel sobre la portezuela que daba a la cocina del Ave Rapaz, y pegó su espalda al muro junto a esa entrada, de modo que cuando se abriese, él quedara justo en frente... aguardó con la mente vacía en ocasiones, visualizando su 'plan' en otras, y al fin la portezuela de madera encombada por la humedad se abrió con uno de los ayudantes del cocinero portando sobras que tirar al cubo de los desperdicios. Chicco se coló entre la barriga del ayudante y el quicio de la entrada y, a la carrera, cogió la primera pieza de carne adobada que vio y se dirigió al salón atestado de comensales; lo atravesó sin trastabillarse y se dispuso a salir por la puerta principal sin posterior rumbo conocido. Se oyeron gritos de: "¡Al ladrón!" en la puerta y desde el comedor; recogidos por un guardia que merodeaba por allí y se topó con la escena del hurto. Chicco corría calle abajo entre la gente, un camarero enarbolaba su paño de algodón blanco y le indicaba al guardia la dirección del pequeño ladronzuelo; y los transeúntes, indiferentes, se iban apartando dejando paso a la frenética huida de Chicco y a la correspondiente persecución del afortunado soldado. Le había tocado el turno de

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noche esa jornada y, como últimamente el mercado había crecido ostensiblemente, le habían destinado allí precavido de situaciones como la que estaba padeciendo... Chicco sabía que era perseguido, pero no miró atrás en ningún momento. El trozo de ciervo era grande e incluso le quemó las manos al principio, pero jamás pensó en soltarlo. Sólo corrió... tenía, aunque no lo pareciera a priori, un serio objetivo. Las voces del guardia, joven y vigoroso, cada vez estaban más cerca de su nuca y, conforme se alejaban del zoco más y más al suroeste; menos obstáculos había y menos gente presenciaba la persecución. El guardia pensó en más de una ocasión que aquel canijo corría demasiado para tener unas piernas tan escuálidas... sólo rezó porque no fuera un cebo conduciéndolo a una trampa cruel... De repente, Chicco quebró y desapareció de la vista del guardia introduciéndose en una oscura calleja, sin iluminar y más solitaria que el vasto desierto que rodea la preciosa, preciosísima, Génesis. El soldado se detuvo ante la tiniebla y el silencio y, apoyando sus manos sobre sus muslos y arqueando hacia adelante su espalda, recuperó el aliento antes de adentrarse en el miedo. "Le daré una buena tunda y se le quitarán las ganas de ir robando por ahí..."; se dijo antes de descubrir que una fina llama alumbraba tenue en una hoquedad mediana al fondo de la calleja y a la derecha. Escuchó risas, de dos niños supuso... "¡Será posible: se burlan de mí!", pensó y conforme se acercaba iba distinguiendo el inhóspito escondrijo: era una especie de covacha horadada directamente en el cimiento antiguo (Génesis fue edificada sobre una ciudad anterior al 'gran catapum' que lo arrasó todo) de la vivienda que se construyó encima. Al dejarse ver a la luz de la pequeña vela blanca asustó a Chicco y a su compañía, que se pusieron en pie temiendo ser detenidos o algo peor... El guardia fue, en cambio, el mayor sorprendido... suspiró y abortó cualquier intención de tunda o reprimenda al ladrón: éste compartía con dos niños de su misma etnia postandalusí, y más pequeños, con vehemencia hambrienta el trozo de carne que comían con las manos desnudas. - Son mis hermanos... tenían hambre. - Sentenció Chicco con luz y severidad en su morena mirada. Los niños se quedaron con temor no obstante en los ojos aguardando la final decisión del soldado. Pasaron varios segundos, que a todos parecieron eternos, hasta que el muchacho respondió: - Diré que te perdí la pista... Los otros tres sonrieron y se sentaron de nuevo en el suelo arenoso alrededor de la vela, se pasaban la carne y cada uno iba mordiendo desgarrándola y saciándose por turnos. El guardia se alejó despacio, en silencio. pensó en Chi-lá, su esposa, y en la cena que había disfrutado con ella en su casa antes de empezar el turno. Pensó en que, dadas las circunstancias, era uno de los hombres más ricos del mundo. 2. EL EMBAJADOR MECÁNICO. “Kratka es el tercer rey de Genesis. El primero fue Unkh, El Elegido, quien construyó la Akademia y reunió bajo un solo mando las tribus; a la muerte de éste le sustituyó su hijo Kurt, El Sereno, que murió en extrañas circunstancias hace menos de diez años en un viaje al extranjero; y al que le siguió Kratka, El Valiente, pues era Virrey cuando su antecesor fue Monarca, y ya que Kurt no dejó descendencia. Kratka trajo consigo la pax definitiva a los territorios de la Península exceptuando el frente invisible de la guerra fría contra Megalisboa, y es el primero que ha enviado embajadas a tribus o ciudades-estado que están fuera de su protectorado como la lejana

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Bläckadia, y recibido embajadores como el que llegó aquella fría mañana de la ciudad del este llamada Metaloburgo...” En la puerta del sur, junto a la atalaya, Knur y Sepra dejaron al unísono su conversación sobre la última vez que cada uno de ellos hubo salido de caza y del tamaño desproporcionado de la presa conseguida que incrementaba cada vez que se referían a ella. Habían sido avisados de que llegaría, esa jornada o la siguiente, el primer embajador de la ignota e inhóspita Metaloburgo (más allá de la frontera donde el aire deja de ser respirable por lo radiactivo)... pero ni en sus más delirantes fiebres o más fantásticos relatos podrían haber imaginado aquello que sus miradas seguían subiendo el camino pedregoso desde las entrañas del valle. Knur fue el primero en reaccionar y dar la voz de la inminente llegada de la embajada a Génesis... una nube blanca de hálito salió de su boca y se disipó en el gélido aire; de hecho, podía distinguirse nevada toda la ladera del Gigante, la montaña donde los hombres del recomienzo horadaron sus cuevas y vivieron las primeras décadas tras el 'gran catapum'. Pronto Kratka sería avisado por uno de los guardias y, dejando su palacete en el centro de la pequeña urbe, habría descendido a caballo acompañado de una cohorte de bienvenida ya preparada hasta la puerta meridional. No había hablado nunca con un Mirada Serena (el gentilicio de quienes habitaban Metaloburgo), y la descripción de esos seres por parte del correo que llegó hasta la frontera al inicio de las conversaciones fue tan increíble que hubo despertado un interés y curiosidad inusuales en el guerrero monarca. El sonido de los motores eléctricos, suave pero algo estridente para los oídos de los genésicos, dio paso a un silencio expectante: eran dos vehículos automóviles, pero nada tenían que ver con esos ruidosos coches con motores de fuego que usaban los megalisboetas: éstos, los del embajador, parecían insectos de metal plateado y blanco que se deslizaban acariciando el suelo en lugar de rodar sobre él. El caballo de Kratka detuvo su galope en el quicio del arco que daba comienzo a la preciosísima Génesis; resopló y alzó su frente mostrando su casta; descansó luego sus lomos cuando Kratka se apeó de él. El Rey con un leve gesto de mentón, indicó a uno de sus lacayos que fueron con él que se acercara al primer vehículo como símbolo de vasallaje. El lacayo lo hizo y frente a él se abrió una de las puertas laterales del automóvil... tragó saliva y sintió que el corazón se le iba a salir del pecho al contemplar con más miedo que respeto el rostro y aspecto del embajador. Kratka abrazó a su invitado como es costumbre y se quedó, perplejo y sincero, unos segundos contemplándolo: sus ojos eran redondos y una luz roja y brillante alumbraba en su centro; su cara era una carcasa de metal exenta de nariz con tornillos formando una hilera en su mejilla izquierda; y su boca era una rejilla de alambres con un altavoz rectangular y horizontal tras ella. Como él y sus lacayos llevaban tupidas túnicas escarlata - ropaje de los Mirada Serena modelo 'War Ant' - no podía ver sus articulaciones compuestas por gruesos tornillos y tuercas pulidas, cubiertas de carcasas grises similares a la de su cráneo y su 'faz'; aunque sí estrechó su mano: con cinco dedos como la de un hombre, pero éstos eran de metal y brillaban cuales filos de espada, y su tacto era como el de un manojo de llaves. - Estoy muy complacido de ser el primer Mirada Serena en convivir con ustedes, Su Majestad. - Dijo con una voz que no era voz, sino un sonido electrónico y sorprendente que al salir de su 'boca' se iba convirtiendo en sílabas que, gracias pausas metódicas entre ellas, formaban las palabras.

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- El complacido soy yo, 304. - Ése número era el 'nombre' del diplomático de acero. Disculpe mi ignorancia, pero supongo que no beben sus carros ni ustedes necesitan de vianda, entonces... ¿qué puedo ofrecerles para que se restauren del viaje? - No hay nada que disculpar... un grato paseo y una amena descripción de su preciosa ciudad nos será suficiente. - Se giró y dijo a dos de quienes vinieron con él: - 502 y 503, aparcad donde os indiquen y aguardadnos allí mientras Su Majestad nos muestra la belleza de la famosa Génesis. Estando frente al pórtico original de la Akademia (luego se construyó el segundo y más grande por donde actualmente entran los estudiantes), un grupo de jóvenes bebía hidromiel y jugaba a las damas donde empieza el jardín del campus y termina el parque de piedra frente al edificio principal... todos se quedaron mirando en silencio al Rey y a sus acompañantes... las miradas fijas de algún que otro viandante habían descrito durante el paseo sensaciones como temor, curiosidad, admiración... mas las de ese grupo en concreto, notándolo incluso el mismo Kratka, denotaban algo muy parecido al rechazo que rallaba el desprecio. Incluso pudieron escuchar cómo uno de ellos, fornido con la cabeza rapada y tatuajes en sus musculosos brazos, murmuraba contra el embajador y los Miradas Serena tildándolos de "aberraciones" y "monstruos"... Kratka fue a ordenar entonces que le detuvieran por ello, pero disimulando con denuedo 304 le sugirió que no lo hiciera y 'susurró' con su voz electrónica que "no tiene importancia, Majestad, discúlpelos y vayamos a otro sitio". El día se compuso de visitas turísticas y, a pesar de que los robots no comían ni bebían; acompañaron al Rey a hacerlo en su palacete con el resto de funcionarios de la bellísima Génesis, y por la tarde, cuando el sol se diluía entintando de rojo sangre los cielos del oeste, todos salieron para conocer también la vida nocturna de nuestros parques y calles. La música y jarana de una de las tabernas con escenario del norte atrajo la curiosidad de 304, que pidió a Kratka entrar y disfrutar del concierto. A pesar del frío incipiente de aquel cruel invierno del 130, había mucha gente en las calles y la proliferación del comercio y los avances en la dignidad del trabajo habían repartido optimismo entre los habitantes que se traducía en noches interminables de fiesta en las tabernas. Cuando uno de los lacayos del Rey abrió la puerta abatible de la elegida, dos hombres salieron a trompicones empujando al vasallo: uno de ellos era el joven que insultó a los robots por la mañana y, con un puñal en la mano, amenazaba de muerte a su rival con la intención de matarlo... en los dos segundos que hubiese tardado el individuo en describir un arco con su brazo para hundir el acero en el pecho del otro, 304 se acercó y, con su potente brazo de metal, detuvo el estoque del asesino. Éste, perplejo y furioso, le miró con impotencia sintiendo su gélida fuerza quemándole el brazo; incapaz de articular palabra debido al alcohol ingerido... ante la expectación del Rey y de propios y ajenos, el Mirada Serena preguntó en voz alta al chico: - Dime ahora, ¿quién es el monstruo? 3. EL ESCLAVO DE LA VENGANZA. “Los Miradas Serena comenzaron su migración desde Megalisboa y otros pequeños asentamientos 'civilizados' allá por el setenta u ochenta después del 'gran catapum'. La razón fue más sencilla de lo que a priori se pueda suponer. Los modelos antiguos, a imagen del ser humano, se rebelaron contra los transhumanistas que los crearon negándose a ser mano de obra barata en las minas o soldados suicidas en las absurdas guerras que el nuevo orden de las cosas pudiera generar en aquellos territorios. Al tener conciencia de individuo, a pesar de auto-considerarse desalmados, decidieron unirse y

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dejar de servir sin más a quienes, de hecho, los habían creado para esclavizarlos. Así, se marcharon al lugar más cercano donde los seres humanos no pudieran sobrevivir para no tener que convivir con éstos... y ese lugar fue la antigua costa de Cataluña y norte de Castellón, donde la radiactividad persiste y el Mar contaminado e inerte brilla, según dicen, púrpura y grana bajo la luz de un pálido y enfermo sol...” No había llorado tanto en ningún momento de su vida como lo hizo en esos momentos de dolor. Un dolor inenarrable, tan intenso que no podía arrebatárselo, aunque lo intentara, de las entrañas de su roto y desolado corazón. El féretro de Lith, su esposa, ardió llevando su alma con Dios en el centro de la pira funeraria. Tragó una saliva de fuego y metal punzante y cerró sus ojos con tanta fuerza que los párpados creyeron quebrarse unos contra otros. "Ha sido un robo...", le dijo su primo cuando todavía el cadáver de Lith estaba tendido en el pasillo de su humilde casa en el sureste de Génesis, "alguien ha entrado y, tras apuñalarla, se ha llevado joyas y el tapiz del cuarto de estar". "¿Joyas?"; había pensado él; "tan sólo la gargantilla de oro del ajuar de Lith", y las narigueras que él le había ido regalando en sus cinco cumpleaños juntos... por un puñado de metal, opinó, su mujer ya no pertenecía al mundo de los vivos y había volado inocente y de manera violenta, al inimaginable reino de los muertos. - Thod, está empezando a nevar... - le avisó Atrio, su hermano menor, tocándole en el hombro. - Vámonos Thod, tienes que descansar. La nieve se hizo más intensa acompañándoles en el camino a pie de regreso a Génesis desde el campo conocido como Preliseion, donde los 'creyentes' incineran a sus muertos pues creen que sus espíritus vuelan junto a su Dios, posiblemente el Padre de Las Escrituras. Como no hacía viento, la temperatura del aire ascendió un poco; y, a pesar de que la imagen del dulce rostro de Lith todavía pendía oscura de las mentes y los recuerdos de los caminantes, el paisaje se tornó idílico con las encinas, los robles y los pinos vistiéndose de blanco, quietos como centinelas que deben hacer guardia serena en las noches estivales frente a la puerta de un palacio. La guardia de Kratka, desde que el Rey era Rey, hacía las veces de policía, a caballo siempre entre la investigación civil y el oficio militar. No había pruebas y los testimonios eran tácitos y poco relevantes... un hombre, recio y calvo, vestido con harapos parduzcos, había sido visto huyendo a la carrera con el tapiz descrito por Atrio (Thod no se vio capaz) a la guardia. Habían pasado tres días, y Atrio empezó a preocuparse seriamente por la salud física y mental del derrotado Thod; quien no había probado casi bocado y se pasaba las horas frente al fuego, absorto en sus recuerdos, aislado del mundo y de cuanto le rodeaba; sumiéndose irremediablemente en la sima de su tristeza. Atrio, con delicadeza en el tono, se propuso ese mediodía nevado y silencioso inventar una treta para que su hermano, a quien tanto amaba, saliese de ese pozo oscuro y regresase, si no a la alegría, sí a la normalidad: - Thod hermano, - atrajo su mirada desde las llamas en la chimenea a su rostro, - me han pagado unas monedas extra en la fragua y quiero celebrarlo contigo: tomemos cordero y bebamos mosto en el restaurante de Wend... - Thod le observó ausente, distante como las últimas olas del mar en la línea curva del horizonte - ¿No irás a negar una invitación de tu hermano? Hazlo por mí. - Está bien, - quizá fue la primera frase con verbo que pronunció tras el sepelio de Lith pero comemos y seguidamente regresamos... - De acuerdo. - Sonrió lo suficiente como para animar a su hermano, que se levantó pesado y visiblemente bajo de ánimo.

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Los funcionarios de Génesis quitaban, con palas y carretas llenas de sal, la nieve del centro de las calzadas empedradas y de asfalto resquebrajado bajo un tímido sol que, paulatinamente, se iba abriendo luminoso paso entre las grises nubes de frío algodón. La preciosa, preciosísima, Génesis se desperezaba cubierta de blanco, con algún que otro pámpano puntiagudo en las canaletas; y tiritaba trémula al calor hogareño de las chimeneas y las cocinas de las casas bajas del sureste... el humo ascendía, con aromas de carne y de brasa, pintando de quietud el alma de la ciudad. Antes de llegar al restaurante de Wend; un viejo cocinero genésico de tercera generación, en un callejón donde los contrabandistas y traficantes solían hacer negocios a ambos lados de la Ley Real; Atrio giró el cuello instintivamente en dirección a su fondo de sombra entre dos tapias blanqueadas al escuchar, por ardides del azar, la palabra "tapiz"... Thod, por inercia, siguió la mirada también de su hermano y su rostro, hasta ese momento apesadumbrado de mirada aborrascada, mutó en fuego prometeico de furia bestial. Era su tapiz, y el vendedor del mismo correspondía - al menos en lo de la calva y el ropaje pardo - con el descrito por los vecinos de Thod. El asesino no se dio cuenta hasta que lo tuvo encima; y el esfuerzo titánico de Atrio por retenerle por los vestidos resultó totalmente inútil; cuando Thod se le abalanzó tirándolo al suelo helado con el placaje. El posible comprador salió huyendo despavorido, y el terror se hizo en el gesto del otro al contemplar la ira encendida y rabiosa refulgiendo en los ojos de su agresor. Los dos se irguieron al unísono y en el rostro del asesino de Lith se podía ver la búsqueda de un escape imposible. Para Thod, cuyas venas ahora ardían por la sangre hervida y corriente adentro, sólo había un escape de esa violenta situación: la muerte de su oponente. Siendo más fuerte que el asesino, lo golpeó dos veces consecutivas con sus puños desnudos en la cara tumbándolo de nuevo. Atrio le gritaba que lo dejara, que no se dejase llevar por la ira inconmensurable; pero su voz le llegaba a Thod lejana y ahogada como tapada por una sordina. Sólo podía escuchar: "¡Mátalo, mátalo!" en los ecos de su mente. Se hizo sobre él y, tras izarlo, lo estampó contra la tapia de la izquierda del callejón y lo agarró del cuello con la mano izquierda sosteniendo una piedra con la derecha dispuesto a abrirle la cabeza... - Quieto hermano, - era Atrio, quien le sujetaba el brazo - no merece la pena: lo entregaremos a la guardia. Pagará, ya verás... Thod bajó el brazo y al respirar dejó que el aire le calmase. Lo soltó y gritó de rabia sabiendo que Atrio tenía razón. El asesino se llevó la mano al cuello y también respiró, mas con malas intenciones y teniendo a golpe la espalda de Thod, sacó el mismo puñal con el que había matado a Lith con la pretensión de hundírselo en la carne... a lo que Atrio, raudo, solamente pudo responder desenvainando con la presteza del herrero que era y decapitando al otro con su afilado sable. La sangre pintó un bello arco rojo sobre la nieve blanca al pie de la tapia. y en ese momento, las nubes entrecerradas volvieron a dejar caer copos suaves, lentos, de nieve sobre ellos. 4. LA VISITA DE LOS HÉROES. “En el Pasado, cuando el mundo era viejo y el Ser Humano estaba lleno de maldad y perniciosos sentimientos, existió una lucha que comenzó en los albores del Tiempo y terminó con el 'gran catapum'... la del Bien contra el Mal; así los 'buenos' eran

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defendidos por Héroes de los ataques infinitos de los 'malos', representados por los Villanos... ...dicen las leyendas que con el cataclismo mundial que dejó el planeta arrasado y contaminado los villanos y los héroes dejaron de existir: algunos murieron, otros regresaron a sus mundos, diferentes a éste el nuestro... pero algunos pocos lograron sobrevivir... y conviven aún hoy entre nosotros... Pero, como no pueden interferir por mandato divino en el nuevo devenir del sistema de cosas, y prefieren guardar por tanto el anonimato, nadie sabe con seguridad quiénes son, qué tipo de vida pueden llevar, y cuándo volverá a desenterrarse el hacha de guerra que tantas veces Ayer desniveló la onírica balanza entre el Bien y el Mal...” La nieve brillaba, con destellos plateados sobre el tejido albino, al frío sol de invierno en el centro de Génesis. El campus de la Akademia parecía una lengua de hojaldre untado de un merengue pálido, poseedor de la dulzura con que las bellas jóvenes de la preciosísima ciudad conquistaban los corazones de los plebeyos. Tras el alba, con el cielo despejado y tan azul que hacía aparecer lágrimas en los ojos del aeda, una mañana gélida y limpia de domingo se abría paso con despertares perezosos tras la madrugada bebiendo cerveza y jugando a los dardos en las tabernas. Una figura encapuchada, con hábitos negros, se pasea sobre el manto blanco despacio, ranquea del pie derecho y parece un jorobado, un tullido más de cuantos pueblan esas calles por las que jamás pasan los caballeros y la 'gente de bien'. Se agacha encorvando la deforme espalda y corta el escuálido y tierno tallo de una extraña flor de dorados pétalos pentagonales. - La primera dauradela del año... - susurra con una voz grave, de ultratumba, que no puede ser de éste, nuestro mundo. Cuando parece que va a incorporarse y tal vez proseguir con su paseo, no lo hace. Sus ojos se abren y sus pupilas se contraen: son casi verdes, casi grises. Parece concentrarse en algo que hay a su alrededor y que nadie más puede percibir excepto él. Una aguja de acero pintada de negro surca el frío aire tras él en su dirección y, con un rapidísimo y sorprendente movimiento de cabeza, la esquiva y ésta se clava en el tronco desnudo de un fantasmagórico chopo de plata a su frente. Por un segundo se podría pensar que el mismo corazón de Génesis se detuvo y que sus pulmones suspendieron su glorioso respirar conteniendo firmemente adentro todo el aire del Universo. El jorobado, dauradela todavía en mano, dio un salto describiendo una voltereta hacia atrás y adoptando posición de guardia; se quitó la túnica de piel azabache; y gritó levantando los puños... de repente, el jorobado se había convertido en un hombre joven y musculoso, y de su maltrecha espalda surgieron dos alas como de un pájaro enorme, y dos espadas colgaban paralelas entre éstas que el héroe desenvainó permitiendo que cortaran el aire. El villano entonces, aquél que había lanzado la aguja letal, se escondió más todavía en la incierta sombra desde donde hubo atacado... quizá con la esperanza, o con la intención nada más, de que aquel ser alado no lo descubriera y despedazara con ese par de espadas... por ello corrió y corrió sin mirar atrás, diluyéndose por los invisibles ríos

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en que para él se convirtieron las callejas del casco antiguo que rodean el campus por doquier. Mientras el héroe, aprovechando la soledad de la alborada entre las tapias ya sobre los tejados, sobrevolaba la preciosísima Génesis en su busca; el villano lograba darle esquinazo escabulléndose y llegando a su ignota madriguera. Horas después, cuando el aleteo del ser alado ya había cesado y, ¿quién sabe? vuelto al ranquear del jorobado, el villano volvió a salir de su escondrijo en busca de alimento. Akrog se despertó, ni muy pronto ni muy tarde, con la idea de ir a cazar pájaros extramuros de la ciudad después de almorzar con su buen amigo Ízor en uno de los bares del barrio del noroeste. En esa parte de la ciudad se puso de moda, décadas atrás, comprar una segunda vivienda entre los inmigrantes de clase alta provenientes de las tribus del norte; por lo que, como se trataba de mayoritariamente casas de recreo y descanso, tenían su propio jardincillo y las calles eran bulevares anchos con arboledas frondosas a ambos lados de la calzada. Así, Akrog e Ízor, desprovistos de sus monturas pues es sabido que los caballos y los pájaros son incompatibles, pasearon por el bulevar número cuatro desde la muralla norte con las jaulas conversando sobre el buen tiempo, a pesar de las últimas nieves del invierno deshaciéndose todavía en los campos y los ribazos. Algo más adelante, donde se veía terminar la avenida y se distinguía el muro de la ciudad con ladrillos rojos en ese tramo, los dos vieron cómo una niña, una preadolescente tal vez, era obligada a adentrarse en una de las callejas que separan las propiedades a empujones... por ello, y tras cruzar sus propias miradas, salieron a la carrera hacia la joven y el tipo grandote con la intención de impedir que pudiera violarla o hacerle algo horrible por el estilo. Intentando que su respiración regresase a su ritmo normal en la boca de la calleja al tiempo que rezando porque hubieran llegado a tiempo, cuál fue su terrorífica sorpresa al comprobar que la chica, que apenas levantaba metro cincuenta del suelo y pesaría menos de cuarenta kilos, se estaba tragando literalmente al grandullón, engulléndolo como si ella fuera un gigantesco crótalo y el otro un mamífero despistado que había caído en la trampa de la serpiente. Por un momento se quedaron paralizados, pero cuando los ojos, sin pupilas y henchidos los párpados colorados, de la víbora se giraron hacia ellos, el pavor se apoderó de sus corazones haciendo que sus piernas reaccionaran corriendo como perseguidos por el más violento de los depredadores, y dando voces de cuanto acababan de ver y no podían creer. El jorobado se la quedó mirando... la niña todavía hedía: se habría alimentado hacía pocos minutos pues tenía la barriga hinchada y respiraba con cierta dificultad, pero era el mismo olor corporal de quien le hubo lanzado la aguja esa misma mañana... - Ahora no escaparás... - le susurró con su voz gutural. Las dos espadas se cruzaron por última vez. La cabeza del demonio, como los antiguos llamaban a los agentes del Mal antes del 'gran catapum', rebotó un par de veces antes de detenerse junto a una hilera de cipreses que los observaban con indiferencia.

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- Por eso... - dijo Akrog a un conocido en la taberna esa misma noche con una cerveza de más entre pecho y espalda: - nunca te fíes de las apariencias. 5. POEMAS DEL SURESTE. “Después del 'gran catapum', antes de la fundación de Génesis y cuando todavía los padres del Recomienzo eran tan sólo unos niños, en el Sureste surgió una nueva nación, la nación no tiene nombre y hoy está adscrita al territorio del Reino de Mi Señor Kratka, pero se trata del lugar más avanzando de entre los de las tribus que componen el Reino; y ellos, los del sureste, ya domaban caballos y escribían nuevos alfabetos mucho antes de que la Akademia se convirtiera en el centro de estudios que ahora es... esto se debe a que, si bien la radiación llegó a esos territorios, gran parte de la sabiduría del Pasado se conservó, pero no contaminada de los males tecnológicos y científicos que siguen corrompiendo a la Humanidad en lugares como la malograda Megalisboa. Esta es la historia de Santiago, y representa el sentir y el pensar de todos los de su raza...” Cuando ella pasó, acompañada de una de sus amigas, por delante de él en el parque, Santiago cerró su cuaderno de dibujo y miró hacia otro lado. Evitó su mirada, demoledora y castaña como la piel de los árboles bajo las nubes del otoño. Cerró también los ojos, como si el gesto hubiera sido involuntario, para captar la fragancia única y melódica que la envolvía y a él lo embriagaba. Olía a flores y a miel, como deben oler si existen las diosas. Cuando ella comenzó a alejarse del banco donde él estaba sentado, Santiago siguió su trayecto con la vista, sabía que no se daría la vuelta descubriendo su mirada, su espionaje, su embelesamiento ante su ya divina presencia. Las hebras de su pelo castaño moreno, la anchura exacta de sus hombros, la acentuada cintura y el caminar gracioso de las mujeres que se sienten y saben bellas. Personificación de la hermosura a sus ojos adolescentes imaginándola durante las largas noches que soñaba riendo con ella. La figura del platónico amor encarcelando el deseo se difuminó en la distancia: allí donde el parque dejaba de ser parque y se volvía camino, un camino que más allá dejaba de ser camino y era playa. Abrió el cuaderno y acarició el papel manchado de carboncillo negro con las yemas de los dedos de su mano derecha; lo recorrió lento y leve para no estropear trazos y sombras allí plasmadas. Suspiró. Tragó saliva. Cerró los ojos y los entornó seguidamente al sol de invierno. Frío sol de invierno algo más cálido en el sureste que en la preciosa, preciosísima, Génesis. Sobre la celulosa rugosa y amarillenta la efigie de ella. Ella. Y el mar convertido en sombras. Ella. Y la piel cerillas. Ella. Y bebiendo los vientos por ella la vida en rosa. Se levantó y anduvo la distancia que le separaba de ese banco indistinto en el indistinto parque y el destino. Las caracolas de la playa entonaron su nombre permitiendo que la brisa les desnudara. Una peineta de sal sirvió para la ola. Había una promesa en el sonido y un verso en la almohada del lecho que estrenó la caricia en su noche de bodas. Caminó como quien camina hacia la verdad oculta tras la palabra. Como quien conoce los números y ha escrito las letras. Y el frío dejó paso a esa entrañable sensación de los aurigas flotando sobre la arena; los caballos de su andar relojes despeñándose en una cascada de agua. La siguió sin quererla seguir. Así sin querer también la amaba. Ay Amor que sabes más de cuanto callas. Ay Amor y versos cumplidos y relajados contigo desnuda al alba. 14


Allí estaba ella, y el mundo contrito en los pulmones del que dibuja musas y hadas. Se cruzaron las miradas, ¡una vez! Sonrieron al unísono sin conocerse de nada y se cruzaron las miradas, ¡otra vez! Y locura de palpitares y nudos atornillando voces en la boca de la garganta, ¡ y otra! ¡y otra! ¡y otra! Ay Amor... que moras silencioso en la balada, que esperas como un asesino de tedios y temblores debajo de la cama... Ay Amor y arena y sol y agua. - Te he estado dibujando cada día que almorzabas con tu amiga en el parque. - Se atrevió Santiago. - Te he estado amando en silencio cuando te veía pasear de tu casa a la panadería, y de la carnicería a tu casa. - Mirándola a esos dolientes ojos más marrones que el marrón y más bonitos que la belleza. - Te he estado esperando ciento veinticuatro mil seiscientas cincuenta y tres noches velando por ti en mi soledad de sombra, de frío y de tremolar de entrañas. Me he cortado las venas por ti y las he vuelto a coser a mi carne para que tú fueras la cicatriz que cure todas, y sea vestigio mi amor eterno, de todas mis guadañas. He perdido la cuenta, oh mi vida, de las veces que me he atrevido a decirte lo que siento y de las que me he echado atrás presa de la cobardía y del gélido silencio que tus labios de caramelo guardan. - La cogió de las dos manos dejando el cuaderno y una lágrima de cristal de lluvia de ángeles de emoción se precipitó, resbalándose tibia, desde su ojo hasta su alma. - Te he estado buscando cada segundo roto de mi muerte, con la esperanza idiota de tenerte, y que seas tú saciar de mi sed, vianda de mi hambre, muerte de mi muerte, juicio de mi cordura, sangre de mi sangre, ojo de mi ojo, mano de mi obra, luz en mi sombra... - Y yo he posado para ti cada mañana que te veía en el parque dibujándome. - Le respondió ella y el llanto se hizo carne. - Me he paseado delante de ti adrede de mi casa a la herrería y de la floristería a mi casa. - Se acercaron tanto que sus calores fueron una sola. - Te he estado buscando desde antes que tú me encontraras... y sólo he soñado toda mi existencia con ser sed de tu agua, hambre de tu vianda, muerte de tu muerte, locura de tu juicio, sangre de tu sangre, ojo de tu ojo, obra de tu mano y, amor mío, en tu luz ser la sombra... Una guitarra española comenzó a ser tocada como se toca a una mujer en esa playa. Un beso se dieron que fueron todos los besos juntos de la Historia. Una tórtola alzó su vuelo. Dos salivas que eran espíritus se batieron en duelo. Dos cuerpos se estremecieron sintiéndose uno solo... dos corazones, dos respirares, un clamor y el sonido de la promesa quebranto en el viento. Un poema del sureste. Cinco años de amor sin condiciones. Dos vástagos preciosos. Un atardecer sobre el Mediterráneo teñido de grana. Un hogar. La vida por compartir; los años que recorrer; los mundos que descubrir; el aroma que inventar; la risa que reír... y en la alborada del ocaso de nuestros devenires imprecisos, recuerdos del primer beso para contrarrestar los dolores del tiempo. ¿Recuerdas el primer beso? Porque yo, pequeña, sí lo recuerdo... 6. EL HERMANO DEL CARRETERO. “Hacía muchos años, décadas tal vez, que no se veía tropas de Megalisboa en los territorios fronterizos pertenecientes al Reino de mi Señor Kratka. Pero aquel invierno gélido los jinetes postandalusíes que controlaban el paso de mercancías desde el sur hasta las lejanas tierras de los bläckadian divisaron varias baterías de infantería de

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Artorius merodeando por allí. La tierra de la zona de lo que en el pasado fueran dehesas ricas repletas de bosquejos, quedó totalmente inservible y baldía tras el 'gran catapum', por lo que los expertos dedujeron que no se trataba de un acercamiento previo a la apropiación de terrenos cultivables, tan escasos en su territorio, si no que el motivo de su presencia era otro e indeterminado... ... así, como medida de precaución, mi Señor Kratka envió un embajador de Génesis para intentar parlamento con alguno de los oficiales desplazados a aquella tierra parduzca y hostil. Ninguno de ellos quiso iniciar algún tipo de conversación con la embajada y, a pesar de ser territorio neutro, el Rey no quiso perturbar la relativa pax fronteriza y decidió dejar hacer a los militares del oeste... Cuentan algunos de los que fueron con el embajador genésico que los megalisboetas ocultaban un objeto extraño y humeante... un vehículo tal vez "caído" del cielo proveniente de un punto inédito más allá de las estrellas... y cuentan también que quienes pilotaban aquel vehículo celeste no eran humanos... pues tenían escamas por piel, garras por manos... ¡y cola como los lagartos sobresaliendo del final de sus encorvadas espaldas!” Otra mañana el carretero salió de casa para ir a trabajar con dolor de cabeza: su esposa se había empeñado en que éste se pusiera en contacto con su hermano mayor, pero para su opinión esto era imposible. Meses atrás, cuando todavía el crudo invierno no había limpiado el cielo con su viento glacial, su padre había fallecido sin firmar testamento, lo que no habría supuesto ningún problema en la repartición de unas tierras que el anciano poseía al este de la ciudad de no ser por una treta del hermano mayor del carretero. Como el carretero era iletrado, casi analfabeto, el otro se aprovechó de esta condición para contratar un akadémico en leyes y jugársela al carretero a través de un testamento falsificado y fraudulento... en resumidas cuentas, el hermano se había quedado con todas las tierras y la casa del padre, dejándole sólo un viejo buey que gastaba más que rentaba en el escaso patrimonio del carretero. Éste, al verse engañado, retiró la palabra al otro y, aunque en el pasado se hubieron llevado bien e incluso salían de caza o a tomar unas cervezas de vez en cuando, había jurado no volver a hablarle jamás y negar que tuviera un hermano. Asunto que, como era obvio, no gustaba a su esposa, más tolerante, quien cada día le recordaba que los rencores no harían otra cosa que angustiarle y enfermarle y que debía hacer las paces con el impostor aunque "perdiera" materialmente con ello... Las sombras se cernían sobre el valle, la nieve se había deshelado y una borrasca amenazaba con dejar caer litros y litros de agua sobre los campos y los tejados de la bella, bellísima, Génesis. Afortunadamente, las pieles le protegían del frío matinal y el viaje de esa jornada, contratado por un terrateniente de una tribu nordeña, era corto y estaría, con suerte y si los mozos se daban prisa en descargar las algarrobas, después de comer de vuelta en el hogar. Dio un pequeño trago a su petaca repleta de hidromiel e hizo temblar adrede su cuerpo para zafarse de las bajas temperaturas; después, arreó los machicos y el carro comenzó su viaje al cortijo ya indicado. La lluvia, más fina de lo supuesto en principio contemplando el grosor negro y gris y hasta verde de los nubarrones extendidos desde el este, le acompañó desde el mismo instante en que atravesó la última puerta oriental de la ciudad antes de enfrentarse a la dura intemperie.

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Saludó todavía enfurruñado, pensando y dándole vueltas a lo dicho por su mujer, a los centinelas y emprendió una de tantas veredas que surcan, como cicatrices de barro sobre la piel de piedra, el gran valle en el que se ubica la magnánima y perfecta Génesis. por asociación de ideas, o por caprichos de la memoria, empezó a recordar momentos fotogramas de una película inexistente - del pasado compartidos con su hermano mayor. Aquella vez que él rompió uno de los odres nuevos de su padre y, para que éste no le regañara, su hermano acarreó con la culpa en la infancia; la otra ocasión cuando, evocando al mismo tiempo los primeros amores, le instruyó en qué y cómo debía hablar a la bella muchacha de la cual se hubo enamorado en la adolescencia; cómo ambos se hicieron responsables de las tareas domésticas tras el fallecimiento de su madre y luego empezaron a trabajar como carreteros para ayudar en la economía familiar; o el emotivo discurso, pues su hermano mayor siempre destacó por su elocuencia, que éste dio en su boda y que el total de los invitados del banquete aplaudió... pero, ¿podía sólo una obra mala borrar de un plumazo una amplia trayectoria de buenas acciones?, ¿se había endiosado, la ambición lo había poseído y, jugando al margen de la ley, se le debía juzgar por un grave error sin tener más en cuenta todo lo bueno que hubo logrado? Once años podían ser demasiado tiempo por infringir una vez la ley; y el tiro podría haberle salido por la culata y, seguramente, si no hubiese cometido ese gravísimo error los culpables hubiesen sido culpables y él libre... se había hecho justicia, pero muchas veces la misma justicia 'per se' deja mucho que desear. De los devaneos de su conciencia le sacó el olor a humo; que en seguida advirtió y distinguió era de madera quemada, pero no de la hoguera que hacen los olivareros en invierno cuando queman los sarmientos restos de la poda. Oteó el horizonte azul y gris, de lluvia cada vez más copiosa y fría, y pudo ver, no muy lejos y siguiendo el camino que ya recorría, una columna de humo casi negro ascendiendo sobre un tejado que se tornasolaba siendo devorado por una amarilla, naranja y roja llama. Arreó a los machicos que, aun impedidos por su lenta y robusta naturaleza, corrieron cuanto pudieron hasta llevarle junto al cobertizo ardiendo... ya tres o cuatro personas trataban de socorrer a quienes estuviesen atrapados adentro. El carretero se apeó raudo y los bueyes resoplaron intentando que sus pulmones se relajaran tras la carrera. - ¡Todavía hay uno en el interior! - Gritó un mozo de caballerizas que en ese momento dejaba en el húmedo suelo a un salvado de las llamas, y cuya faz había ennegrecido el hollín ondulante en el aire. - ¡Voy! - Avisó el carretero, evidentemente más fresco que los que acarreaban calderos y trataban de sofocar las vastas llamas. El carretero entró y divisó, sin distinguirlo del todo, el cuerpo del yaciente junto a una de las vigas prendidas sobre el forraje y la paja. Con presteza y valentía, movió la madera y acarreó el cuerpo sacándolo de allí... - Bien hecho... - le dijo uno dándole un golpecito en el hombro. - Gracias... ¿estás bien? - Preguntó girándose hacia quien hubo salvado para verle bien la cara. - S... sí... - los dos se quedaron atónitos, contemplándose con los ojos abiertos y sin decir nada. Era el hermano del carretero, a quien éste le había salvado la vida rescatándolo de las letales llamaradas. Mujer arisca, no obstante, afirmaba Sancho Panza era la Fortuna. 7. EL KASTIGO DE MARKO.

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“La noticia de la existencia de vampiros vino de Megalisboa a través del primer convoi como tal de gente del oeste que, renegando de su origen y rebelándose contra el poder dictatorial de Artorius, vino a Génesis para tratar de instalarse en nuestra magnífica ciudad. Sabíamos que esos seres habían existido en el pasado, pero no habíamos tenido constancia fiel de su existencia tras el Recomienzo hasta esa tarde invernal en que apareció el convoi de vehículos motorizados. Uno de los muchachos lloraba desconsoladamente pues, la noche anterior que hicieron alto en el camino y plantaron campamento en algún punto incierto de las comarcas occidentales, un vampiro les atacó entrando en su tienda y, a pesar de que el chico trató de herirle, el ser inframundano secuestró a su novia y, volando en el cielo oscuro sobre los disparos de los centinelas; que trajeron también armas de fuego como regalo a mi Señor Kratka; le succionó hasta el último centímetro cúbico de su sangre y le arrebató la vida para soltarla después desde lo alto y que su cuerpo ya inerte se golpeara de forma brutal contra las rocas del suelo. El relato fue atroz y la noticia se extendió por toda la ciuad como la brisa... tal fue el impacto de esa historia que empezaron a surgir avistamientos de vampiros por doquier las noches siguientes, haciéndose más eco del mismo que de la bienvenida a los megalisboetas disidentes...” Florencia pensó que la pesadilla al fin había terminado. Era muy joven cuando se casó con Marko; de hecho los dos eran muy jóvenes. Se amaban, se amaban con todo el corazón, pero el amor se fue convirtiendo en un sentimiento muy diferente por ambas partes sobretodo tras el nacimiento de Silvia, su única hija. A él el amor se le transformó en obsesión (o eso decían quienes le conocían); y a ella, por desgracia también, se le hizo miedo el amor. Al principio, cuando Silvia tenía sólo unos meses de edad, Marko empezó a criticarla cuando salía a despejarse con la niña y otras madres primerizas de su barrio en el sureste de la urbe. Después, las críticas se fueron acompañando de auténticos interrogatorios, extremadamente agresivos, a su regreso de esos paseos y esas charlas. "¿Dónde has estado tanto tiempo?"; "¿con quién has estado?"... más tarde vinieron los reproches y fue cuando el amor de Florencia mudó definitivamente en miedo. "Esta comida es una mierda... mira cómo tienes la casa... haz que se calle de una maldita vez la niña...", eran ejemplos de lo mejor que trataba Marko a su esposa. Florencia podía recordar viéndolo ahora encadenado por la Guardia Real camino de los calabozos aquella tarde, la primera, en que le puso la mano encima... "... llegó bebido, apestaba a cerveza y a yerba del sur. Lo primero que hizo después de que yo le abriera la puerta porque ni si quiera era capaz de encajar la llave en la cerradura fue darme un empujón, como siempre hacía, y preguntar si estaba preparada la cena. Intenté explicarle que no me había dado tiempo porque Silvia se había puesto muy enferma... fue cuando todos los niños de su edad en el barrio cogieron la gripe casi a la vez... y quería que la tuviese todo el rato en brazos y no la podía dejar. Pero él no me creyó - las lágrimas rociaron la cara de Florencia, demacrada y rota, relatando esto al juez - y me gritó que con qué hombre había estado pasando la tarde, que era por ese motivo que no había preparado la cena, que no inventara historias y... - deshizo como pudo el fuerte y cruel nudo que llevaba atado a su garganta para poder concluir - me dio un puñetazo en la cara que me partió el labio haciendo sangrar mi boca..."

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Afortunadamente, pasado lo pasado, el miedo y su rostro desaparecieron por las escaleras que llevaban a la prisión bajo los juzgados. Silvia le abrió los brazos de par en par en el pasillo, acompañada de su abogado y familiares; Florencia la aupó y le dio un fuerte y largo beso en la mejilla... para ellas habían cesado ya las lágrimas. Agradeciendo su trabajo al letrado, Florencia salió de allí para comenzar una vida nueva. Un poco después, en el calabozo Marko pensaba en sus maléficos adentros: "Cinco años encerrado por culpa de esa zorra... en cuanto salga de aquí, la hallaré y le rajaré el vientre de arriba abajo". Pero la noche se cernió sobre la bella, oh bellísima luz de las naciones, Génesis, y con ella se asomaron a los ventanucos enrejados del subsótano unos extraños y noctámbulos seres... - Mira Mihail, nos dejan la comida ya servida estos tribales... - dijo uno con tono de sorna en su rumano natal a su único compañero. Marko escuchó las voces, pero como no entendía el idioma que hablaban, no supo qué decían. Se incorporó de la tabla que era su lecho en la celda y miró hacia arriba: la luz de la Luna llena se colaba azulada y plata por el pequeño vano. De repente, y con un leve estruendo, aquel ser arrancó los barrotes y una bandada de murciélagos se coló por el ventanuco asustando a Marko, que creyó por unos momentos que aquellos bichos le matarían a mordiscos enredándose en sus harapos y su pelo enmarañado. Segundos después, la nube de murciélagos se convirtió en un ser antropomorfo: la figura de un hombre alto y desgarbado, de ojos grises y brillantes y melena rubia y rizada apareció ante Marko, enseñándole en qué consistía el miedo. El vampiro sonreía con ironía y cinismo… Marko pegó, instintivamente, su espalda al muro del calabozo. Sintió la humedad de la roca en el adentro mismo de sus aterrados huesos. - Q... qué vas a hacerme... - murmuró en genésico como pudo. - Primero, - contestó el vampiro con un acento que desconocía cualquier habitante de Génesis - te haré un pequeño corte en el cuello, en la yugular. - Se acercó a Marko y éste se meó literalmente en los pantalones. - ¡Qué asco! El vampiro cambió de gesto: mudó la sonrisa irónica por una mueca desagradable de menosprecio. Sin que Marko, horrorizado, pudiese articular palabra, el inframundano le rasgó la piel del cuello con el filo de una de sus uñas como le dijo. Cuando la sangre tibia empezó a fluir, el vampiro se relamió y sus pupilas grises y relucientes se dilataron ocupando todo su globo ocular. A Marko se le iba a salir el corazón del pecho, se le aceleró el pulso tanto que no podía oír otra cosa que su propio palpitar retumbando ruidoso en su cráneo... supo que iba a morir y, cuando fue a lanzar un último alarido de auténtico pánico, el noctámbulo le asestó un golpe con sus cuatro uñas en la garganta dejándolo como un dispensador de caramelos, y empezó a sorber con sed animal la sangre directamente del sesgo irregular de su cuello. Dicen los guardias de los calabozos que fueron los vampiros quienes escribieron con al sangre de Marko en genésico en el muro de la celda: "Toda acción conlleva una reacción igual o superior; asimismo ocurre con el crimen y su castigo".

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Florencia no derramó una sola lágrima cuando le dieron la funesta noticia del asesinato de su ex marido. 8. ÉRASE UNA VEZ EN MEGALISBOA. “Génesis, y los territorios de las tribus bajo su protectorado, conforman un reino, una monarquía en la que Kratka es soberano porque Kurt, hijo de Unkh el fundador de la ciudad y Luz del Recomienzo, lo designó como tal al nombrarlo Virrey primero y ratificarlo antes de morir después. En esta monarquía, por tanto, es el Rey quien nombra a un sucesor en el trono y que, según la última Ley firmada por mi Señor Kratka al respecto, no tiene por qué ser el hijo o un familiar de éste. De hecho, Kratka no tiene hoy día descendientes directos, y todo apunta ahora a que, en el futuro, lo sustituya a su muerte o abdicación el joven Dorian, actual Virrey de la preciosa, preciosísima, Génesis. En cuanto a Megalisboa, según las noticias que nos llegan desde allí de los viajeros o de los disidentes que están tramitando su ciudadanía genésica, se trata de una forma de gobierno aparentemente muy parecida a la monarquía pero en la cual, en lugar de un soberano rey, domina o gobierna sobre todos los habitantes un dictador o como se hace llamar Artorius a sí mismo: un Guía. El Guía se rodea de, principalmente, los más ricos (en Génesis, Kratka se rodea de los más sabios) y tiene un trato de favor con éstos, representantes a su vez de la banca y las grandes empresas constructoras o comercializadoras de su mega-urbe y los territorios “colonizados” por su ejército. A tenor de esta apreciación, se da también una diferencia en el significado o concepto de “propiedad privada”; ya que mientras que en nuestra amadísima ciudad los más pobres (lastimosamente los hay y no tenemos por qué negarlo; sino trabajar por erradicar esa diferencia económica) poseen al llegar a la mayoría de edad o al contraer matrimonio su propia vivienda, pagada con los impuestos que el departamento de urbanismo de Palacio cobra a todos los obreros y mercaderes o propietarios de establecimientos y profesores – los estudiantes de la Akademia y los trabajadores de Palacio están exentos – en caso de no poder pagarla ellos; en Megalisboa todo el suelo y, por tanto, las viviendas pertenecen a Artorius y él, mediante un contrato de larguísima duración de ‘leasing’, las alquila a quien más puja por ellas o por el suelo, y estos poderosos que pueden permitir pagar tan alto tributo, las “revenden” bajo lo que ellos llaman “préstamo de vivienda” a los ciudadanos; de tal forma que, en realidad y en la práctica a largo plazo, los habitantes nunca son los verdaderos propietarios de las casas que “adquieren” y están pagando durante la mayor parte de sus endeudadas vidas.” La ciudad se dividía en perímetros: estos respondían a dos distinciones básicas, una física: había vallados, verjas e incluso muros entre ellos; y otra social: cada perímetro alejado del perímetro cero (donde se hallaba la sede del gobierno y vivía Artorius, quien prácticamente no salía de él) era un peldaño inferior en la escala de estatus económicos de la urbe. De este modo los perímetros cero y uno estaban reservados a la plutocracia y los millonarios; del dos al cinco, estaban habitados por la clase media-alta; el seis y el siete (los más estrechos de todos) eran los de la escasísima clase media megalisboeta; el ocho era el último de aquellos poblados por los considerados “ciudadanos” (pagaban impuestos y tenían derecho a la educación y a la sanidad privada) donde se encontraban los pobres; y del nueve al quince eran los perímetros no oficiales, vastos y casi

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interminables, donde se hacinaban inmigrantes, generaciones de mutantes y los miserables… éstos no eran “ciudadanos” a pesar de que sumaban un número igual o superior que los “verdaderos” megalisboetas. Esta breve historia se ubica en un parque del perímetro seis, en una mañana fría del segundo mes del año ciento treinta tras el ‘gran catapum’. La empresa propietaria del perímetro ese año no reservó nada, absolutamente nada, para los jardines y parques en sus presupuestos generales; por lo que todos, debido a las inclemencias del invierno en el oeste, presentaban un aspecto deplorable en ese tramo cuando la primavera estaba ya a punto de eclosionar con su crisol de fragancias y colores. Shannon había tenido la idea y se la había comentado a sus amigas en el colegio para adolescentes en el que estudiaba. Éstas habían convencido a su vez a otras chicas y chicos de su entorno para que se unieran a lo que denominaron “milicia”… habían estado ahorrando su paga todo ese mes para conseguir dinero para su objetivo, uno que no habían declarado a nadie que no perteneciera a la jovencísima banda. También temían que la guardia – en realidad se trataba, para cada perímetro o grupo de éstos, de los agentes de seguridad pertenecientes a la compañía propietaria del contrato de ‘leasing’ – les impidiera llevar a cabo la que sería su primera misión, que estaban ansiosos por llevar a cabo. Shannon ordenó a Joao que frenara en seco frente al parque. El coche de Rodrigues y el de Suso se detuvieron tras él también de golpe. Los dejaron mal aparcados por si aparecían los agentes de seguridad y tenían que salir huyendo con lo puesto. Todos los que al final se presentaron se pusieron a bajar, frenéticos, las flores y los pequeños arbolitos; las palas y los picos; los sacos de tierra negra y el humus; y todo lo que necesitaban para su objetivo y dar el golpe. El primer grupo, ante la estupefacción de la gente que pasaba por allí y se preguntaba qué carajo estaban haciendo esos jovenzuelos, se encargó de arrancar rápidamente toda la mala yerba y el matojo desordenado y descuidado del terrenillo más cercano a la acera y por tanto a la calzada. El segundo grupo entonces, conforme se iba despejando el pedazo de tierra, iba plantando las flores y las otras plantas de ornamento para exteriores según el plano de jardín pre-diseñado por la misma Shannon, a quien le apasionaba el curioso y caro arte de la jardinería. En cuestión de media hora larga; y con las sirenas de la guardia sonando de fondo avisada para dar al traste con lo que el gobierno de Artorius pudiera tildar de “conato de pensamiento seditivo”, Nina, la chica de Rodrigues, hacía la fotografía del primer “atentado floral” de la milicia “Flower the Nation!”, y los tres coches salieron pitando. Habían logrado su primera misión: cambiar lo gris por lo colorido en ese parque de la Avenida Bragança… el primer paso para su ulterior y más profundo objetivo: hacer del suyo un mundo más bello, mejor. Inspirado en un grupo de jóvenes alemanes que ha ideado esta forma tan peculiar y bonita de protestar contra la fealdad de nuestro mundo. Gracias. 9. EL BARDO DEL REY.

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"El tercer mes del año 130 fue la constatación de que el ciclo de la Naturaleza, tal y como lo conocieron los hombres anteriores al 'gran catapum', había regresado... el invierno, todavía frío por la noche, había durado lo suficiente como para ser advertido por todos nosotros y, aunque según los libros de botánica todavía era un poco pronto, la floración de los almendros en los campos cincundantes a mi preciosa Génesis puso la esperanza y la ilusión de la próxima primavera en nuestros corazones. Los primeros insectos también, abejorros sobretodo, comenzaron a surgir de sus inéditos lechos invernales sumándose a la sinfonía anual de eclosiones y crisol de aromas y colores. Además, se corrió la voz entre los vecinos de la Ciudad del Recomienzo que el Lago Dürum, seco hasta ese invierno, se había copado rebosante de agua cristalina gracias al deshielo de los Montes Ajab; y las caravanas de ociosos visitantes llenaron el camino al lago ese primer fin de semana del mes y último del invierno para, los más osados y menos temerosos del residuo glacial, darse un baño que hasta entonces sólo había existido en las leyendas del pasado en nuestra amadísima urbe Luz de las Naciones." Droser, el bardo del Rey, ensilló a su caballo Holeb, de crines negras y piel brillante, cuando el sol todavía no había despuntado por completo sobre la imaginada línea del horizonte. Vivía en palacio, junto con el resto de vasallos directos y empleados de mi Señor Kratka, Monarca de Génesis y sus territorios, por lo que tuvo que atravesar media ciudad hasta llegar al cruce de caminos que, por el oeste, lleva al lago Dürum allende el campo se hace monte. El rocío, afortunadamente para su reuma, esa madrugada no había llegado a congelarse formando flores de escarcha y hielo sobre la piel del matorral y el terruño. Holeb cabalgó raudo dejando atrás el empedrado y pisando fuerte el barro tieso de las veredas... como era un día laboral, nadie excepto él a esas tempranas horas recorría su mismo camino hacia el alma eterna de la mágica Naturaleza. Tan sólo unos corzos de seis patas se le cruzaron con su alegre brincar, escapándose después entre los vastos bancales plantados y preñados de dorado cereal. El disco solar, amarillo como el pétalo de la margarita, lo descubrió entero apeándose de Holeb junto a la ribera del lago Dürum, entre encinas milenarias y en medio de un bosque de carrasco verde que se extendía en todas direcciones y, desde ese punto frente a la balsa quieta y brillante por la luz, parecía no tener fin a los ojos del embelesado caminante. Droser ató a Holeb al tronco de un carrasco y sacó de la alforja un cuaderno y un lápiz: deseaba regalar al Rey, así era su oficio de aeda real, una oda a esa primerísima primavera después de más de un siglo sin existir. Se sentó en un lecho de arena arcillosa roja y marrón, y lápiz en mano se dispuso a que el poema viniera manchando de letras el blanquecino y solitario, mudo, papel. Respiró hondamente: aprehendiendo todo el espacio floral que lo envolvía con su abrazo fragante. Nada. El lápiz, apoyado cerca de la esquina superior izquierda del papel, bostezó una vez ante la pasmosa quietud de los dedos que lo asían. Droser hizo crujir sus vértebras cervicales; derecha, izquierda; y se esforzó porque el primer verso: el más importante y que probablemente diera título a la hermosa y platónica oda, aflorara en su mente y se derritiera sobre la celulosa. Nada. Aspiró de nuevo el aire en torno a sí. El lago no se movía en absoluto: ni una pizca de brisa hacía ondear la superficie quieta de agua coloreada por el reflejo del bucólico entorno. Era una imagen preciosa. Una estampa idílica digna de ser retratada por un gran pintor, o descrita bellamente por él mismo... hizo pues repicar el cabo del lápiz varias veces contra la

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cartulina dura de su cuaderno, como el 'tam tam' que llama a la lluvia según algunas tribus del noreste. Nada otra vez; y nada de nuevo. Empezó, sin querer, a ponerse nervioso. Él era el bardo del Rey; escogido etnre cien poetas de toda la Península para tan noble y alto menester. ¿Cómo era posible que, incluyendo ese magnífico y esplendoroso paisaje cuasi celestial, no tuviera la menor idea de cómo empezar un simple poema? Dejó el cuaderno, sin soltar el lápiz, sobre la arena y se puso en pie. Entrelazó una y cien veces el lapicero con los dedos de su mano derecha mientras paseaba, arrítmico y frenético, de un lado a otro sin sentido dejando huellas en un surco regular sobre la arcilla roja. El lago lo miraba atónito, desconociendo qué clase de secretos imposibles se tejían en la mente del poeta, que lo hacían devenir así... quizá no fue el canto de la abubilla sino una risotada sonora del paisaje lo que Droser oyó entre las ramas de los pinos que lo cercaban. Cada vez parecían estar éstos más y más cerca de él: controlando sus movimientos en la escueta playa, tratando tal vez de leer sus pensamientos de incertidumbre que, ausente de elocuencia, no tardarían en convertirse en terror. - Vamos, - terminó por decir en voz alta (constatando así los pinos que aquel tipo tan gracioso había acabado volviéndose completamente loco) hablando consigo mismo: coge ese papel y escribe el más bello de todos cuantos poemas hayan sido engendrados sobre la faz de la Tierra a lo largo y ancho de los Tiempos. Así lo hizo (lo primero): cogió el papel, se sentó en ese cómodo ribazo de fina y dura arena, apoyó el lápiz sobre el abismo blanco y sordo, y... ¡Nada! - Maldita sea mi estampa... - musitó. Sintió cómo su corazón bombeaba decalitros y decalitros de sangre sin ritmo ni control. Sintió cómo el cielo giraba y giraba subido a una noria cósmica. Pudo oír la carcajada burlona de los árboles y las aves rodeándole con su sorna cruel... Harto al fin de que no llegara la ansiada inspiración esquiva, en un arrebato de furia, en un absceso inconsciente de ira super-humana, dio un grito de rabia y rompió el cálamo por la mitad haciendo astillas la mina de carbono negro que alojó en su interior. Cogió asimismo, dejándose llevar por esa furibunda subida de adrenalina que le prendió todo el sistema nervioso, el cuaderno y rasgó la hoja de papel convirtiendo en trizas su pulcritud. Como último acto de su trágica comedia de destrucción, le pegó un puñetazo al tronco del roble más cercano haciéndose daño y sangrar sus nudillos... para lavarlos, corrió a donde el agua ya no reía y le aguardaba más fresca que fría con sus brazos abiertos de quietud. Tan agradable le fue el tacto del líquido elemento en las manos que finalizó por desnudarse por completo e introducir su cuerpo en él. Por instinto más que por saber, nadó hasta una isleta donde un sauce reinaba el lago Dürum; recién apodado por la gente como el Dürum-Hay, que es el Rey de Dürum; y regresó. Y una vez en la orilla, miró el lápiz y el cuaderno rotos y sintió de nuevo ira y de nuevo se zambulló. Y nadó hasta la peña de Dürum-Hay y regresó. Así siete veces siete y... cuando miró, con el cansancio gobernando hasta la última célula de su ser, el cálamo y el papel se dio cuenta de que ya estaba tranquilo y que la oda a la primavera no le importaba un carajo. Así, despacio y adolorido por el deportista esfuerzo, se vistió. Se sentó en la arena. Respiró y, sin querer y sin pensar, casi sin sentir nada a decir verdad, cogió el trozo de lápiz que todavía tenía punta y una hoja nueva de papel... y escribió. El Maestro dice: "Water can flow, but water can crash... be water, my friend." [Bruce

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Lee] 10. UNA HISTORIA TENEBROSA. “Había un rumor, en esos primeros días del tercer mes del año 130, extendido por toda la ciudad que hablaba de extraños vehículos surcando el cielo azul... sabíamos que la tecnología anterior al 'gran catapum' había logrado crear lo que fue llamado "avión": un vehículo de transporte de pasajeros dotado de alas que podía volar a grandes velocidades de un lugar a otro. Además, los ingenieros de Artorius, imitando a los del pasado, habían ideado los denominados "girocópteros", éstos tenían la misma función que los aviones pero en lugar de basar su vuelo en unas alas lo hacían en unas aspas rotadoras que tenían en lo alto de sus cabinas de transporte. Pero los vehículos de los que hablaba el rumor no correspondían a ningún diseño de avión o girocóptero: tenían, según se dijo, el aspecto de un insecto (una líbelula o avispa) y no hacían el ruido de unos motores rotando sino que emitían un silbido, similar al sonido que emite una gran flecha al rasgar el aire siendo proyectada. Buscando las responsables de la Akademia algún referente de esas "naves" en los escritos anteriores, descifrando las voces mudas de la sabiduría del pasado, hallaron una entrada en sus índices que podría corresponderse con esos insectos metálicos que viajaban a más velocidad que la del sonido... las pilotadas por nuestros vecinos en el Universo: los llamados "atlántidos", monstruos antropomorfos pero con aspecto exterior de lagarto o reptil que convivieron con el ser humano siglos atrás en un continente de hielo extinguido que flotó ayer en el centro del Océano. Se dijo entonces que, como se había visto presumiblemente caer o estrellarse una de sus naves semanas atrás, y tal vez el ejército de Artorius la había interceptado (o recogido simplemente los restos del presunto accidente), más naves pertenecientes a esa incógnita civilización intergaláctica habían venido a la Península con oscuras intenciones de, quién podía saberlo con exactitud, rastrear los vestigios de sus amigos accidentados o... algo más peligroso si cabía, enfrentarse a los agentes megalisboetas si éstos habían "secuestrado" a los posibles supervivientes de la explosión mencionada... ... en cualquier caso, y tras hacerse públicas las pesquisas de la Akademia acerca de los atlántidos y sus sospechadas pretensiones rondando los territorios bajo el protectorado de mi Noble Señor Kratka, no tardarían igual que ocurría frecuentemente con vampiros y antiguos dioses, demonios y ángeles, en multiplicarse los relatos fantásticos e inauditos acerca de los hombres-lagarto venidos de un punto inexacto oculto más allá de todas esas inalcanzables estrellas.” Se despertó temprano, tenía uno de esos relojes despertadores cuyas campanitas sonaban sin cesar cuando las saetas marcaban cierta hora y cierto minuto encima de su carcasa de cromado metal. Lo apagó dándole un suave toque con la palma de su mano derecha y se desperezó, estirando sus brazos y espalda todavía sentado sobre el colchón con la fina manta redoblada en sus aún dormidas rodillas. La luz entraba escasa por la única ventana del dormitorio cuya contraventana de madera permanecía cerrada... fue hacia ella y la abrió, dejando que el sol de esas primerísimas horas de la mañana inundara de colores y frescor la pequeña habitación. Vivía en el suroeste, allí escaseaban las viviendas unifamiliares y casas bajas; en cambio, y como era el caso de su humilde apartamento, abundaban los bloques de pisos construidos a la antigua usanza aunque, claro está, con el toque mágico y personal de la preciosa arquitectura humanista propia del conjunto de la bella, bellísima, Génesis. Concretamente, él era el propietario de ese apartamento en la séptima y última planta de ese edificio que daba por la fachada

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a la calle, y por esa ventana en el lado opuesto a un bonito y coqueto parque orlado de sauces y pimenteras con una fuente dedicada al influjo de la Luna en el centro, donde convergían cuatro paseos provenientes de sus cuatro esquinas. Bostezó y fue hacia la puerta, al intentar abrir se dio cuenta de que estaba atrancada o algo así... forcejeó con el picaporte tirando hacia sí y no fue capaz de abrirla. Después, intentó lo mismo pero a la inversa: empujando con su hombro derecho... la puerta no se abrió un ápice. Respiró profundamente y asió el picaporte redondo con fuerza, lo zarandeó haciendo temblar incluso el quicio de ornamentada madera; la puerta soltó una carcajada y permaneció cerrada. Algo nervioso empezó a aporrear la hoja de madera pero... él vivía solo y el dormitorio era la última estancia de su pasillo: nadie podía oírle en su propio apartamento y, por muy fuertes que fueran esos golpes, se oirían muy leves en los apartamentos contiguos... desistió pues de los puñetazos y patadas a la puerta, y buscó en el único cajón de su mesita de noche algo con que forzar la cerradura y así conseguir su objetivo de salir al pasillo. Allí aparentemente no había nada que pudiera ayudarle excepto su cortauñas... si conseguía meter la ínfima lima de metal entre el marco y la madera, tal vez moviera el muelle del bombín y... con manos temblorosas introdujo de ese modo la lima metálica en la finísima rendija, escuchó y palpó que ésta tocaba la parte de la cerradura que se mete en el marco y presionó hacia abajo sobre ella.. como estaba nervioso, casi frenético, y no medía su fuerza, lo hizo con demasiado ímpetu y ¡zas! quebró la lima y con ella sus esperanzas de forzar la abertura. Empezó a morderse las uñas y caminar incapaz de pensar desde la ventana a la puerta y de la puerta a la ventana. Gritar por la ventana informando a los transeúntes de su situación podría ser entonces su única escapatoria. Así lo hizo: gritó y gritó a quienes paseaban o caminaban bajo el cálido sol primaveral en el parque hasta perder la voz y desgañitarse... incluso lágrimas frías aparecieron en sus ojos debido al titánico esfuerzo de esa angustiosa llamada... al fin, afónico y quebrantado, incapaz de nada presa del pánico, se sentó en el borde de la cama y rompió a llorar, en silencio, regando su rostro que reflejaba la cavilación en busca de una salida que no podía encontrar en su surrealista y terrorífica situación. Se hizo de noche. Amaneció. Sus uñas y la punta de la lima rota habían rasgado la parte interna de la puerta... pero eso no era lo peor... alguien, por la noche y mientras él dormía presa de las más terribles pesadillas, había tapiado la ventana con ladrillos rojos y cemento impidiendo la consoladora entrada de luz. No podía parar de temblar y tiritar, calmado a duras penas con el llanto mudo en sus ojos amoratados por la tibia y nimia luz de una vela encendida entre los dedos. ¿Quién podría ser tan cruel como para gastarle esa broma...? ¿Podría llamarse "broma" a encerar a alguien así en su dormitorio...? Sin agua, sin alimento; y cuando ya el último soplo de luz de la consumida vela murió sobre su mano derecha; sentado en el suelo con la espalda apoyada en la puerta arañada; fue pasto de la desesperación, de la sed y del hambre... de su solitaria desesperación... Alertada la guardia porque no se presentaba a trabajar, siendo un hombre responsable, en toda la semana, entraron en su apartamento derribando la puerta. Lo hallaron muerto, sentado junto a la puerta de su dormitorio entreabierta. Afortunadamente para su olfato la ventana estaba abierta de par en par y disminuía el aire la peste a cadáver. La puerta, por dentro, parecía haber sido arañada... había una vela consumida y un cortauñas roto junto al cuerpo que las moscas ya se habían

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empezado a comer; el forense y el juez no se explicaban por qué se había dejado morir sin salir de su dormitorio en días pudiendo haberlo hecho... firmaron el auto declarando como causa "la muerte misteriosa"; y lo enterraron. "Quien entra en el laberinto y sólo busca la salida, no entiende el laberinto y no puede salir". 11. EL ÚLTIMO HEREJE. “Los antiguos dioses, incluidos Hunab Ku y el Todopoderoso, ambos Creadores del Universo, se mantuvieron alejados de la tutela de los mortales desde que se diera el 'gran catapum' por cuanto no oyeron sus mandamientos ni siguieron sus dogmas; entristecidos por la falta de fe y compromiso de la Humanidad, por tanto, nos abandonaron. No obstante, nuevas deidades surgieron; imposible de remediar la necesidad de un dios aunque se supiera, a ciencia cierta pues estaba escrito, que Dios nos abandonó; conforme se iban dando cuenta de su identidad las distintas tribus y sociedades que al cabo formaron el plural y diverso Reino de Génesis bajo el mandato de su primer monarca: Unkh, El Elegido. La libertad de culto es hoy una ley constitucional que empezó tan pronto se conoció la realidad cultural de nuestro amado reino... pero algunos, algunos de los que se creyeron en posesión de la antigua fe, opinaban que el culto debía no sólo ser sostenido económicamente por los impuestos del Rey, sino que además debía ser obligatorio para todos los ciudadanos de los vastos territorios de Unkh, y cercenado cualquier otro dios de los templos y los pueblos... Esta es la triste historia del último de ellos.” Su abuelo conoció a Unkh, llegó a ser jefe de los coperos del Rey, pero la relación de éste con el fallecido monarca se vio afectada por el decreto a través del cual Unkh, El Elegido, firmó que era innecesaria la institucionalización del culto. Su abuelo era un ferviente creyente en la deidad, y se sintió ofendido como el resto de sus conocidos con quien se juntaba una vez por semana para celebrar el culto por ese decreto. La decepción de aquel grupo se radicalizó conforme el desinterés por el asunto por parte de la Akademia y de Palacio crecía, llegando a archivar cuantos recursos contra el decreto fueron presentados. La radicalización le costó, debido a la ira que contenía cuando estaba en presencia del Rey expresada en antipatía, el puesto de jefe de los coperos y una degradación de su puesto por mal servicio... este hecho desembocó en un absceso de furia en la celebración del culto que exaltó a todos los feligreses, partidarios de la obligatoriedad universal de su doctrina, y todos salieron a la calle vestidos con unas togas que caracterizaban su casta sacerdotal e irrumpieron desatando la violencia alimentada por la ira de su frustración en la plaza del mercado frente a Palacio. Los gritos de alarma de compradores y mercaderes avisaron a los efectivos de la guardia presentes en la plaza y las calles aledañas, que se presentaron ante los agresivos manifestantes de inmediato. Alegando unos que merecían ser escuchadas y admitidas sus pretensiones en nombre de su ser supremo; y otros que debían hacerlo mediante los cauces burocráticos establecidos y que los actos violentos de destrozo y vandalismo eran penados por las leyes del Reino, se dio el desconcierto. Su abuelo, como dirigente de los exaltados, debía tomar una decisión... y lo hizo arrojando una piedra a un centinela, que cayó inconsciente con su yelmo abollado. Entonces una escaramuza dio paso a una batalla campal que se saldó con decenas de heridos y detenidos. Su abuelo

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dio con sus huesos en los calabozos y en ellos murió. Desde ese día los llamados "herejes" por el resto de creyentes de los cultos pacíficos e independientes de autónoma financiación, se convirtieron en una secta clandestina que perpetró, repitiendo los mismos alegatos una y otra vez, diversos actos violentos y asesinatos descritos como "terrorismo". Él, aprendida desde el vientre materno la historia de que los suyos y sus sentimientos eran perseguidos y reprimidos; que el reinado del linaje de Unkh no les permitía vivir como ellos deseaban privándoles de libertad; que era su misión, ordenada directamente por la deidad a sus temerosos y fieles corazones, imponer su culto y desechar del bello mundo que Ello creó a todos los que no se postraban ante su altar en solemne acción de gracias, se había convertido con su mayoría de edad en el nuevo y secreto dirigente de su culto, haciendo propia la furia de sus muertos y la cruzada que iniciaron ellos. Pero el culto, con la clandestinidad, las detenciones y los años, había sido escatimado. Solamente quedaban unos pocos, menos de una decena, y no habían actuado en décadas. Además, las nuevas generaciones: hijos e incluso nietos de los acólitos que restaban, parecían haber perdido todo interés y se habían dejado seducir por las "mentiras" de la sociedad y su indiferencia, alejándose del "buen camino de la fe" y de los dogmas del culto. - Apóstatas, - había dicho él al comienzo de esa última reunión en su propia casa - mi propio hijo y sus hijos me declararon la guerra al no seguir con nosotros. Se volvieron despreciables en el mismo instante que negaron la Verdad de la cual nuestra sagrada curia es su único testigo y baluarte. Hoy será una noche gloriosa para los que nos hemos mantenido fieles y firmes... nos ganaremos un puesto en la Eternidad, junto con la deidad, para morar por siempre en gozo y en gloria... - las palabras le llenaban la boca y le colmaban de orgullo a él y de convicción a quienes le escuchaban. Serían inmortales gracias al influjo y el poder de la deidad como últimos soldados, estandartes, de su alabanza, defendiendo su divino honor en la tierra de los mortales. La noche cayó. Ya no eran frías. Los siete u ocho hombres, ocultos de la luz bajo tupidas túnicas de grueso pelaje, salieron en dirección a la parte alta de la ciudad... desierta y oscura, las calles eran tumbas. Como los levitas del éxodo portaban un arca; pero ésta no llevaba dentro el pacto de su dios, sino trescientos kilos de explosivo. La malvada compaña, sin velas ni tambores, llegó hasta la plaza del mercado sin ser interceptada por ningún guardia sereno. Las puertas de Palacio de mi Señor Kratka se avistaban desde allí: los centinelas continuaban con su quieto turno a ambos lados de la verja de barrotes dorados bajo el friso de mármol rosado. En medio del parque con suelo de adoquines grises, abrieron la tapa redonda de metal que conducía a las alcantarillas y se adentraron en los abovedados y más oscuros pasadizos del subsuelo de la ciudad. Recorrieron ahora sí alumbrados por una lámpara de aceite que reflejaba el brillo de los ojos de las ratas los metros que les separaban de las catacumbas de la residencia del Rey y, sin que nadie lo advirtiera, colocaron el arca explosiva orlada de glifos para ellos sagrados y, con una herética y sádica oración, se prepararon para marcharse activando antes el detonador automático... Arriba, en ese momento, un personaje de leyenda despertaba al monarca y le explicaba qué estaba ocurriendo varios metros por debajo del suelo. Iba vestido como un centurión romano, tenía alas y en su espada en relieve se podía leer: "Ésta venció al dragón y lo arrojó al lago de fuego."

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El monarca entendió sus palabras, andróginas, que sonaban dentro de su mente aunque el ser alado de otro mundo no abría la boca para hablarle. El reloj del detonador había comenzado su breve cuenta atrás y los acólitos todavía estaban cerca de la bomba letal. Los dos, el Rey y el Arcángel, descendieron teletransportándose mutados en nube y en sombra y aparecieron entre el artefacto explosivo y los terroristas. Con una palmada, el ser alado detuvo el tiempo; con otra, detonó la bomba... pero en lugar de estallar en todas direcciones y derribar los cimientos de Palacio con todos sus habitantes adentro, la deflagración surgió en una única dirección: hacia los radicales y hacia ellos dos. El fuego destructor atravesó los no cuerpos de mi Señor Kratka y de su acompañante y salvador sin tocarles; en cambio, cuando impactó contra los cuerpos de los que escapaban, los consumió de inmediato sin que, paralizados todavía por el primer hechizo, se dieran ni cuenta... El Rey escuchó entonces las últimas palabras del ser angélico antes de que se desvaneciera como polvo en las sombras: - Quien mata en nombre de Dios, sólo mata en su propio nombre y cava su propia tumba. Porque mientras Dios perdona, el ser humano se llena de rencor; y la lluvia no es lluvia sino sus Lágrimas al ver a sus Hijos mintiendo al asegurar que al matar, matan por Él. 12. ADOLF Y IOSIF. “Estábamos a las puertas de ciertos cambios sociales en el tercer mes del año 130. Mi Noble Señor Kratka, Rey de la Preciosísima Génesis, se había empeñado, entonces que los territorios bajo su tutela estaban experimentando un crecimiento demográfico y económico sin precedentes, en erradicar por completo, empezando por la capital, los focos de pobreza y mendicidad que creó la inmigración desde las tribus más pobres que se fueron anexionando al Reino durante las décadas en que Kurt, Hijo de Unkh, ensanchó las fronteras. Al plan de reajuste de presupuestos y nuevas leyes de aranceles e impuestos se le bautizó en las Cortes o Consejo de Ancianos en asamblea ordinaria como el "Plan del Pan"... cuyo objetivo no era otro que lograr que ningún vasallo, siervo, hombre libre o habitante de las tribus que formaban el ente de Génesis pasara hambre. Y conllevaba acciones sociales, prácticas y reales, concretas e inmediatas, basadas en la creación de empleo, mejora de las condiciones del mismo, infraestructuras de seguridad social y reubicación de ciudadanos, poblados y eliminación de focos de marginalidad y exclusión social.” Adolf y Iosif nacieron el mismo día, en la misma calle, uno en la casa de enfrente del otro, en un pequeño poblado del suroeste, cercano a los territorios bajo el poder de Artorius, perteneciente a la extensa tribu de los germánicos... herederos sanguíneos de los inmigrantes centroeuropeos en la extinguida Andalucía de los siglos XX y XXI de la Antigua Era. Y ambos fueron los mejores amigos casi desde su nacimiento. Y ambos destacaron por su malicia y sus travesuras que rozaban el delito casi desde su nacimiento. Los dos aprendieron, en el mismo colegio y con el mismo profesor, a entender el mundo y sus caminos. Aprendieron las letras y los números; la Historia y las Leyendas; las verdades y los mitos. Pero nunca debieron aprender, aunque por desgracia muy bien lo hicieron, la política y la sociología... cuando cursaban bachiller, ambos entusiastas del

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cómo y del por qué se movía el Hombre; qué lo caracterizaba como tal, y cuáles eran sus inquietudes y la Naturaleza de sus deseos en conjunto; qué significaban conceptos tales como identidad, cultura, etnocentrismo o grupo... urdieron el plan más maléfico de cuantos planes de dominación popular se hayan ideado jamás en la faz de la árida, arrasada y contaminada Tierra de los mortales. Como odiaban la paz, odiaban a todos los vecinos del poblado porque ella reinaba sobre y entre ellos; y de hecho, Adolf y Iosif a quienes más odiaban era a sí mismos. Les asqueaba la felicidad y la educación y el bienestar les provocaban estupor y animadversión. El orden les resultaba vomitivo. Y la tranquilidad les parecía un signo de debilidad social que la hacía etancarse y no avanzar ni en ideas ni en tecnología al no tener alicientes urgentes para ello. La calma y el bien, entonces, los sentían como algo ajeno al propio ser humano; que según ellos evolucionaba por el miedo y el dolor, por la angustia que le debía provocar el fracaso y la inactividad. Para detener esa calma, para pervertir ese perverso orden, crearon por separado cada uno una "célula": un grupúsculo de personas a las que convencieron de lo contrario de lo que estaba convencida la otra; y las dieron a conocer no sólo al resto de vecinos de la tribu sino además entre ellas para que, al verse dispares en el reflejo de la otra, germinara el odio que ellos sentían entre participantes de uno y otro grupo. Crearon pues un extremo y el otro opuesto. Años después las dos células arraigaron en el poblado: creciendo e institucionalizándose; y se multiplicó la gente que se había manifestado, públicamente o en privado, partidarios o militantes de una y de otra; e incluso se habían dado ya los primeros casos, escasos, de confrontación entre las posturas tanto de manera dialéctica entre Adolf y Iosif como de forma física entre los denominados "barrokas rojos" (iosifistas) y "barrokas azules" (adolfistas) a la salida de las tabernas a altas horas de la madrugada. De este modo, a los dos amigos sólo les quedó disponer la escena que prendiera todas las mechas para desarticular, definitivamente según sus maléficos y secretísimos planes (habían utilizado canales de comunicación que sólo ellos conocían para llevar a cabo todo el proceso durante los años que éste hubo durado), el orden normal de un pequeño poblado como aquel y crear el súper-caos general que había sido su objetivo desde el principio... En ese momento, aprovechándolo hábilmente el dúo de polos ideológicos que estaba destruyendo la sociedad, la tribu - su Consejo de Ancianos en concreto y en el cual por cierto había militantes de ambas células - debía decidir si se acogía al "Plan del Pan" o no. Como representantes de la tradición y la plutocracia ancestral de los pueblos germánicos, los adolfistas estarían en desacuerdo para que los más ricos siguieran siéndolo más tiempo; y como representantes del pueblo llano y de los asuntos sociales, los revolucionarios iosifistas abogarían por implantar el plan sin condiciones para evitar que siguieran existiendo desigualdades entre los distintos sectores de la población de la tribu. Deberían asegurarse también los dos súper-amigos del alma que el debate saliera del Consejo de Ancianos y se hiciese notar en las calles: tanto como fuera necesario para sembrar la destrucción, la violencia y la anarquía. De tal modo, se dio orden de que un miembro del Consejo por cada extremo crispara el diálogo hasta el punto que no pudiera ser domado en absoluto por el moderador llegando a las manos en el punto álgido y más caliente del debate. Asimismo, ambos agitadores del silencio convocaron sendas manifestaciones a favor y en contra del "Plan del Pan" lanzando consignas tradicionalistas y revolucionarias de alto contenido

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agresivo en contra del opuesto... cuando los manifestantes de los dos bandos coincidieron, con la guardia tribal también dividida envenenada por los ideales implantados y artificiales que les habían incitado a creer y defender, se supo que la pelea ya había sido iniciada por los representantes populares en el Consejo y comenzó una violenta batalla campal frente a la Asamblea y en las calles aledañas a la céntrica plaza. Había comenzado así una guerra civil. Todos luchaban contra todos, defendiendo unos pensamientos que nunca necesitaron; matando y muriendo por unos valores inexistentes; dejándose llevar por la sinrazón y la debacle de unos ideales que en verdad nunca tuvieron ni tuvieron que tener... ...mientras, desde una terraza cercana, Adolf y Iosif reían a carcajadas brindando con el mejor de los vinos observando cómo morían y asesinaban por ellos sus marionetas de carne y hueso, de cartón y papel. "Un buen político es aquel que convence al pueblo de construir un puente donde no hay un río." [Kruschev] 13. LA GAVIOTA. “Había comenzado la época de exámenes en la Akademia, y el centro de mi preciosísima Génesis bullía de estudiantes colmando las bibliotecas públicas, los centros de estudios, el grandísimo campus y los cafés y las terrazas cuyas mesas, además de las tazas y los vasos, debían soportar el peso de los bloques de apuntes, los montones de libros abiertos y los lápices repicando contra las aristas de los cuadernos. Las clases de los alumnos más aventajados aconsejando a los compañeros entre horas en las plazas y las calles. Los jóvenes descansando, fumando un cigarro o bebiendo un refresco en el césped. La algarabía de los que preferían la noche para estudiar, haciendo del ciclo una tarea veinticuatro horas a las puertas de las facultades y las tiendas de bebidas y comestibles que hacían las mejores ventas del año durante esas semanas. Y los nervios de última hora y el futuro del grueso de la juventud genésica y de la mayor parte de las tribus bajo el protectorado de mi Señor Kratka por decidir y escribir... de esas pruebas podrían salir los futuros galenos, bardos reales, pensadores, biólogos, ingenieros, pintores... como yo mismo fui cuando el mundo era joven todavía y las encinas del campus de la Akademia no daban sombra a los estudiantes quienes, tras toda la noche en vela apoyando los codos, dormían bajo sus ramajes para al atardecer volver a empezar.” Aknur se levantó aquella mañana del mes cuarto del año 130 con severos dolores de espalda. Su esposa había fallecido años atrás y la casa estaba vacía, fría a pesar del calor de la primavera, y triste de soledad. Las rodillas, antes firmes y ligeras, le crujieron al unísono al caminar hasta el cuarto de baño... incontables eran las arrugas que poblaban su rostro otorgándole magisterio y serenidad. Unas pupilas tan azules y viejas que reflejaban el valor del mundo se encontraron consigo mismas en el reflejo del espejo. Habían visto el futuro convertirse en leyenda. Y lo sabían todo ya... En lugar de vestirse con los pantalones de tela y la camisola blanca de ayer, esa mañana Aknur rebuscó en el viejo como él arcón de su dormitorio, y extrajo de sus entrañas de madera forrada de piel teñida de grana el traje ceremonial de los Errar-Ja, su tribu natal.

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Eran las vestiduras del guerrero; las que se ponían sus antepasados para ir a la batalla contra las tribus enemigas del desdibujado centro peninsular. Se las calzó no sin esfuerzo y con algo de fortuna y, con los vestigios del maquillaje de Enya, su mujer, se pintó el rostro como cuando lo hizo al cumplir los dieciséis y marchar al frente con Akmar, su padre... en el mismo espejo donde se perdieron sus pupilas azules al despertar, el rostro del guerrero sonrió abiertamente, orgulloso y lleno de paz. No le importó en absoluto que le faltara la mitad de los dientes. Salió a la calle, los estudiantes le miraban con un toque entrañable... muchos de ellos conocían trajes y pinturas similares que sus padres o parientes les enseñaron por si regresaban los tiempos de la guerra; los malos tiempos a decir verdad. En las sonrisas de la juventud Aknur contempló también el tributo que el tiempo rinde a la sabiduría, y sintió henchido de honor su anciano y débil corazón. Atravesó la ciudad y se alejó. En los prados cincundantes a la bella y magnífica, luz de las naciones, Génesis, halló una piedra y una vara dignas y, sentado en una peña bajo el cálido sol primaveral, se hizo una lanza como las de ayer atando los dos objetos con soga fina de cáñamo café. Para el escudo, entrelazó múltiples hojas de palma en una red endurecida por la maestría de su cosido en el mismo lugar. Cuentan los pastores que le vieron alejarse, armado de escudo y de lanza, por la vereda que desciende al desierto que se extiende desde diáfano hacia el sur. Aknur anduvo todo ese día en línea recta. Recordó el nombre de su abuelo, el del padre de éste, y el del padre de éste también. Contó los grajos que le sobrevolaron en el camino. Y hasta los latidos del corazón a cada paso sobre la arena cada vez más ardiente. Un chacal, o perro del desierto, le acompañó divertido hasta bien caída la noche... pero Aknur no se echó a dormir en un oasis con él. Siguió andando, y andando le descubrió el amanecer. Esa tarde, pues el sol ya se posaba tímidamente en su lecho de poniente, Aknur hincó las rodillas en la arena y sonrió al aire caliente y lleno de arena terracota por doquier. Sus pupilas del azul de los azules rieron y se apagaron para no volver. Se rompió el latido de su corazón con un quejido sordo que nadie pudo oír. Sus pulmones dejaron de admitir oxígeno adentro. Pensó en la sonrisa de Enya y en la de Akmar; quienes le aguardaban co nlos brazos abiertos en el Más Allá. Y Aknur se fue con Dios para no regresar. Como la gaviota que nunca regresa cuando se adentra en el mar. 14. LA BATALLA DE KABDETH I. “Los enemigos de la preciosísima Génesis no eran muchos: Artorius y su régimen, que duraba desde el 'gran catapum' y todo apuntaba a que se prolongaría en el tiempo sin fin alumbrándolo, y algunos pueblos tribales del noroeste, de más allá de la tenebrosa Bläckadia, pero mucho menos importantes - por su número y capacidad bélica - que el primero... ensombreciendo el lujo de los territorios de mi Señor Kratka desde esos altos áticos, desde esas terrazas infinitas, en los rascacielos de acero y cristal de Megalisboa. La pax suele ser el mejor de los peores estados en que puede estar un reino... y la tregua en las fronteras ese año 130 fue o resultó más frágil que nunca antes. El General Lucius, hijo de inmigrantes del noroeste en Megalisboa, juró desde su niñez

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ser enemigo de Génesis y todos sus ciudadanos porque su tribu se anexionó al reino de Kurt, Hijo de Unkh, y sus abuelos y su linaje se mantuvo en contra de esa anexión y decidieron exiliarse a la mega-urbe del Oeste tras esa transición de su tierra natal. Lucius ingresó en la academia militar del Ejército de Tierra de Megalisboa e hizo carrera en él. Destacó de inmediato como odiador de los tribales, de los salvajes; y se hizo amigo de Artorius cuando ambos eran estudiantes en las altas esferas de la ciudad... ...ahora era el encargado de hostigar a los genésicos del oeste y tratar de hacerles la vida imposible; cuando se rompían las frágiles treguas de no agresión en el desierto infértil de tierra roja; a los ciudadanos de esa franja que dividía el Hoy del Ayer... y, para muchos, el Mal del Bien. El ataque de Lucius contó con el beneplácito del Gobernador Artorius y supuso el inicio de la enésima batalla iniciada por los megalisboetas para avanzar en su ilícita apropiación, destructiva y cruel, de terrenos en pos de llegar a la zona fértil y rica del centro peninsular... fue un amanecer del mes cuarto, y los atacados fueron los del pueblo conocido como kabdethíes: una tribu antiquísima y guerrera de las menos evolucionadas tecnológicamente de todo el territorio del Nobilísimo Señor Kratka. Quien, cuando arribó el emisario con la grave noticia el atardecer del primer día de batalla, llamó a las tropas para Kabdeth defender...” Kratka descendió la escalinata que lleva a Palacio y saludó a Ret y a Sarkaj, los generales; en la Plaza aguardaba el grueso de las tropas urbanas de Génesis casi al completo. Unos doscientos jinetes de caballería rápida y mil trescientos hombres y mujeres de la hueste de infantería dividida en centurias bajo los estandartes de las tribus a las que pertenecían. Además de las dos compañías de ingenieros, de veintiún trabajadores cada una, encargadas de construir las máquinas de guerra 'in situ'. Al aparecer el Rey se hizo el silencio en el vasto espacio iluminado por decenas de antorchas y farolas bajo el negro, esa noche más oscuro que nunca por la funesta noticia del ataque a Kabdeth, cielo mudo de estrellas. - Señor, - comenzó Ret, quien tenía permiso para hablar sin que el monarca se lo expresara de manera explícita - todo el ejército de la ciudad está a su disposición y lista para marchar. Sólo quedarán en Génesis los centinelas y su guardia personal; - en ese momento Kratka arqueó una ceja pero dejó continuar con la información al general además, hemos enviado dos mensajeros al oeste para que se nos unan en el camino tanto bläckadian como eloíses: doscientos o trescientos soldados de infantería y caballería rápida sumados a los mil quinientos aquí presentes. - Muy bien Ret. Enviad a parte de la infantería que tenemos aquí al suroeste, que hablen con los post-andalusíes por si se trata de una maniobra de distracción y atacan después por el sur... saldremos en seguida, ¿dónde está Murk? - ...pero Señor, vos debéis quedaros aquí; puede peligrar vuestra vida si marcháis al frente... - Ret, - subió el tono de su voz el monarca agravándolo - avisad a Murk, mi escudero, y que ensille a Salieri, el caballo que me regaló Skulk. - Sí mi Señor. - Sarkaj, ¿ha pasado usted revista ya a las tropas? - Sí mi Señor. - Entonces ya no hace falta que lo haga yo... confío en su criterio... En ese momento apareció 304, el embajador de Metaloburgo, con su séquito de robots.

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- Señor Kratka, - se adelantó 304 haciendo al mismo tiempo el saludo protocolario ¿qué sucede? - Nuestros territorios han sido atacados en el oeste, en el sitio de Kabdeth, y partimos en este momento hacia allí para repeler al enemigo cuanto antes. - ¿Vais a ir vos, mi Señor? - Preguntó con curiosidad el Mirada Serena. - Por supuesto 304, ¿qué clase de Rey sería si no lo hiciese? "Cualquiera, antes de ser un rey debe ser un hombre" [Manowar]. No podría, sería totalmente incapaz, de aguardar sentado en mi trono, haciendo mis quehaceres cotidianos tranquilamente, mientras mi pueblo está sufriendo dejándose la piel y la vida en el campo de batalla... no es el pueblo el que a mí se debe sino yo como su Rey quien me debo a mi pueblo. - Es encomiable su gesto mi Señor, - respondió el robot - nosotros también iremos: nunca he estado en una guerra, y me gustaría vivir una al menos una vez en mi vida. - No es algo agradable embajador... - ¿Qué clase de amigo sería? - preguntó retórico 304, emulando al monarca cuando éste comenzó con su escueto y contundente discurso - Allá a donde vayáis, vuestro vasallo irá... y si he de luchar a vuestro lado, arriesgando mi físico si ello procede, pues de igual modo que vos os debéis a vuestro pueblo, yo me debo a mi honor y marchar con vos esta noche es el único modo de cumplirlo. En seguida apareció Ret, acompañado de Murk, quien ya había ensillado a Salieri, y el Rey lo montó izando su espada sobre la testa. Dibujó un círculo majestuoso con su filo para que lo vieran todos los soldados allí desplegados y, tras un breve toque de cuerno (protocolo para cuando Kratka se dirigía a su ejército) el monarca habló: - ¡Soldados, fieles soldados de la bella Génesis, luz de las Naciones! ¡Atended: vuestros hermanos de Kabdeth están siendo atacados por el demonio verde de Megalisboa! ¡¿No os hierve la sangre en las venas, sedienta de libertad y de paz?! ¡¿No os sentís ya, como ellos, en el fragor del campo de batalla?! ¡¿No es acaso nuestro objetivo hacer entender al enemigo que nuestra hermandad está por encima de todo: incluso de su barbarie y sus envidias?! ¡Marchemos pues, y que los dioses dirijan nuestra carga, entesen nuestros arcos y afilen nuestras espadas! El clamor de los mil quinientos soldados hizo temblar los cimientos de la ciudad... los gritos de victoria y de ánimo poblaron al unísono, espeluznantes y emocionantes, el aire sobre las testas de los muchos quienes, sintiendo ese dolor de triunfos y agonías del que hablaba su Rey, vieron aparecer lágrimas en sus ojos con sus corazones prestos para la batalla. El frescor de la décimo cuarta noche del mes cuarto del año 130 después del 'gran catapum', nos vio - pues yo también fui para escribir la crónica de la batalla - partir a Kabdeth con nuestro Señor al frente, las estrellas como guía y la frente bien alta. 15. LA BATALLA DE KABDETH II. "Oh Dios, da tus juicios al rey, y tu justicia al hijo del rey. Él juzgará a tus hijos con justicia, y a tus afligidos con juicio. [...] Porque él librará al menesteroso que clamare, y al afligido que no tuviere quien le socorra. Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, y salvará la vida de los pobres." Sal. 72 : 1-2, 12-13. (Último salmo de David). "El camino fue fatigoso pero solemne, y el andar rápido y, en algún recóndito lugar de nuestros corazones, deseado.

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En apariencia, cuando llegamos y vimos que subían columnas de humo gris y negro del poblado arrasado por al barbarie megalisboeta de Kabdeth, nos presentamos a la batalla más perdida en la que se había enrolado el honorable y valiente, bravo como los toros de nuestras dehesas, Ejército de Génesis. Sus cañones y carros de combate acorazados resonaban en el campo más allá de las cabañas y las chozas quemadas. ¿Sería pues más fuerte el silbido de nuestras certeras saetas que el rimbombante estruendo de sus cañonazos? ¿Acaso se puede equiparar en el combate el acero y el teflón que rasga el aire, con el valor que nace del corazón y empuña una espada, blandida con fuerza y tesón en ese mismo viciado e irrespirable aire?" Levantó la mirada y vio la espalda de Jacob, su hermano mayor, quien había abierto una brecha sangrante en el pecho protegido por un chaleco antibalas de un soldado del Oeste. Más allá, después del cuerpo herido y de la compañía que les atacaba de frente, Saulo sólo podía ver centenares de cabezas extendiéndose hasta el confín de los mundos. El polvo terracota y hediente de pólvora y sudor se mezclaba alrededor de su nuevo y pequeño Universo con el humo... un humo al que los sanísimos pulmones de Saulo no estaban acostumbrados y que habían respirado hoy por primera vez: el que despiden las armas de alta tecnología de los demonios verdes. Avanzó unos pasos, Jacob le guiñó el ojo, sonriente como siempre y aun estando en serio peligro de muerte bajo la amenaza de los proyectiles del enemigo, justo antes de que Saulo se las viera, frente a frente, con un soldado megalisboeta armado con un revólver que el genésico no vio... El sonido del disparo fue lo último que escuchó; no obstante, no fue lo último que vio. Esto fue su propio brazo derecho, fuerte como el de todos los sefardíes del este, blandiendo su fiel espada brillante y todavía impecable y reluciente, describiendo un arco perfecto ante sí y rajando el pecho del que le disparó. "Al menos, le he acertado...", pensó; y cayó en silencio. Quizá las palabras de su hermano hubiesen resonado en su mente al caer en ese maloliente polvo, en esa tierra marrón y ocre vendida a la polución y los restos de radiactividad que dejó el ya lejano 'gran catapum'. El olor, la peste, el sabor indecible... se le agarraron al paladar y coparon sus fosas nasales... inundando hasta el último rincón de sus desvanecidas y yacientes entrañas. Abre los ojos. Saulo está vivo. Siente firme y renovado latir su herido corazón por ese disparo... que ahora solamente le parece un leve susurro. Pero no ve muy bien. Sólo son sombras: manchas de colores y de luces que van y vienen frente a su morada totalmente perdida. Al toser la boca se le llena del sabor de la sangre: es la suya, y la está escupiendo desde alguna herida interna que de ser médico podría reconocer. No le duele nada hasta que empieza el traqueteo. Alguien le levanta del suelo al darse cuenta de que está vivo... "tal vez sea Jacob". Pero es incapaz de distinguirlo o de pronunciar su nombre. Lo lleva a la espalda: es un hombre grande y fuerte, pues está luchando a pie con su espada mientras le acarrea en mitad de la zona más caliente del combate. "Maldita sea... duele... y esa peste... sigue aquí".

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No entiende cómo se sujeta al cuello de su salvador. Saulo también es un hombre fuerte, y valiente, es propio de los que son como él. Su tribu proviene de una estirpe clerical que, por defender sus ideales religiosos después del 'gran catapum' en tierra hostil, se convirtió en un linaje de geniales guerreros. Maestros como ningunos otros en el arte de la lucha y de la espada. No hay ni uno solo de ellos que no haya aprendido, desde muy pequeño en la escuela, a utilizar un sable como si el arma fuese una prolongación de su brazo; una extremidad más, natural e innata como las anatómicas, de su propio cuerpo. Saulo es fuerte, y aun malherido (o no), se agarra con total firmeza a la capa tosca aunque de altísima calidad de quien lo carga. Éste, por su parte, a troche y moche derrocha esa maestría y habilidad para combatir y; tras una interminable secuencia de golpes, pasos a la carrera, fintas y sablazos; salir del fragor de la batalla y, en su lugar más tranquilo quizá en la retaguardia del nobilísimo y bravo Ejército de Génesis, dejar a Saulo en el suelo y acercar su rostro para preguntar: - Chico, ¿estás bien? "Esta voz me es conocida..."; pero no es la de su hermano Jacob. - ¡Chico, responde! - Es autoritaria aun en esa situación. - Creo que me han dado, - logra decir Saulo al tranquilizarse y sentir que su cuerpo y su mente se van relajando sorprendentemente, poco a poco, lejos del maldito hedor, - mi Señor. - Tranquilo: están terminando de montar el hospital de campaña y te atenderán pronto... tienes una herida fea, no te voy a mentir, pero si no te ha tocado el estómago, te salvarás. Saulo sólo pudo asentir. Ahora el dolor se mezcló con la emoción, haciendo aparecer lágrimas en el rabillo de sus ojos, para impedir que salieran las palabras. - Muchas gracias por luchar por la libertad de Génesis muchacho, ahora te dejo aquí... tengo que regresar al ruido y la furia y una batalla que ganar. Saulo, antes de que un enfermero se pusiese a tomarle el pulso para llevarlo al hospital de campaña después, vio al Rey, a mi Señor Kratka, alejarse hacia la debacle violenta y sangrienta donde los dos mundos que quedaron en La Tierra tras el silencio luchan por sobrevivir... - ...me cogió como a un saco, - relató por la noche a Jacob en la tienda de campaña cuando éste, frenético aunque siempre conservando las esperanzas, lo fue a buscar allí cesada la jornada de combates hasta el siguiente amanecer, - y me trajo aquí cargándose a todo lo que pillaba por delante... sin duda sigo vivo gracias al Rey. 16. LA BATALLA DE KABDETH III. “El segundo amanecer de batalla supimos que seríamos derrotados: sus armas eran demasiado poderosas y su número superior... pero en los rostros de todos nosotros, incluso de los eloíses y postandalusíes que llegaron aquella madrugada, no había ni un atisbo de desaliento o tristeza, tampoco miedo ni pavor... éramos guerreros genésicos, y estábamos dispuestos a dar la vida por los ideales que Génesis, la preciosísima Génesis, representaba en nuestros corazones...” Mi Señor Kratka, en secreto y cuando acababa de despuntar el alba sobre los yermos campos donde se nos había presentado la batalla, reunió a un pequeño grupo de élite de su propia guardia y salió de nuestro campamento en dirección al de los megalisboetas. No se sabe cómo pero lograron atravesar su perímetro de seguridad sin ser detectados y

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llegaron al núcleo del mismo... donde se hallaba el mismísimo General Lucius y las tiendas de los comandantes del ejército enemigo. Los capitanes genésicos, o encargados de centurias según su tribu, llamaron a las filas ignorantes de la misión secreta emprendida por nuestro amado monarca, y salieron al frente con la idea de reventar a su infantería o morir en el intento, aguerridos y valientes desde el primer minuto de contienda. La batalla estalló de nuevo a mitad de camino entre los dos asentamientos y el número de los megalisboetas era ya tan aplastante en ese segundo día que, por obvias razones, los dirigentes bélicos del demonio verde resguardaron a una gran parte de los suyos en retaguardia, dejando un número ingente de supervivientes batallando como primera batería con la intención de que ésta nos aplastara y así finalizara el terrible y sangriento conflicto. Yo estaba luchando en la vanguardia, con mi fiel espada como único ataque y mi escudo romano de metal como única defensa... había descabezado a un demonio verde cuando de repente oí el cuerno de atención en nuestras filas porque, según la longitud y el tono de la llamada militar, se acercaba una batería de carros de combate megalisboetas a nuestra posición en pelea constante. "Ya está," pensé para mis adentros aborrascándose mi mirada y sintiendo desfallecer mi alma, "han sacado los tanques y cuando éstos lleguen, no seremos más que hojarasca bajo el peso de sus cadenas...", creyendo que así sería... se oyó también un grito mixtura de la sensación de final y de la esperanza de morir combatiendo por algo superior a uno mismo de parte del capìtán de la caballería postandalusí que imprimió ondas y ondas de valor en los corazones de aquéllos quienes estábamos luchando a su alrededor, y todos en un sólo grito de guerra y libertad, en el último grito por nuestra propia supervivencia y la de los valores que manchaban con sangre nuestros estandartes y el filo de nuestras espadas, nos lanzamos con mayor ímpetu y rabia contra la barrera del demonio verde que pareció despavorido en principio pero que no obstante, sabiéndose vencedor, nos contuvo. Parecía el fin del mundo, pero un cuerno diferente cambió el curso de la Historia de los Mundos... Era la corneta megalisboeta la que ahora sonaba por los altavoces electrónicos de sus vehículos y parapetos. Y la voz de mi Señor Kratka se oyó a través de las rejillas metálicas de esos artilugios. El combate cesó en ese instante cuando la voz de Lucius también se oyó: - Dejen de combatir, ¡alto el fuego! - dijo su General repetidas veces y todos bajamos nuestras armas, nadie caería tras ese momento. Desconcertados por ambos bandos, tanto ellos como nosotros buscamos con la mirada dónde se encontraban los generales de los dos ejércitos. Fue el mismo capitán postandalusí quien advirtió: - ¡Alli! ¡Sobre esa colina al suroeste! Encima de la colina, y encima de un gran tanque nodriza a su vez, nuestro Señor Kratka sostenía a Lucius amenazando su garganta con una daga brillante y afilada. Uno de los guardaespaldas del monarca sostenía el micrófono cuya voz se oía amplificada por los altavoces de los vehículos a él interconectados. - ¡Alto el fuego! ¡Nos batimos en retirada! - Advirtió felizmente para nosotros y amargamente para los megalisboetas su General; habían prendido a toda la cúpula militar a Kabdeth desplazada y amenazado de muerte si el combate no cesaba de inmediato... y lo habían conseguido.

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Vimos cómo todas las tropas se iban marchando cabizbajas y rabiosas por donde hubieron venido, quedando sólo ese tanque allí arriba, con las tres figuras negras recortadas sobre el horizonte que ya no era ni gris ni azul. - Ya es libre General... - dijo Kratka a Lucius en portugués soltándolo y dejando que se marchara. - ¡¿Cómo?! Con mi ejército vencido y estando yo solo... puedes quitarme la vida y no habrá consecuencias... - parecía sorprendido. - Lo sé... pero soy un guerrero, no un asesino. Con mirada de rabia, me contó el guardaespaldas de mi Señor, casi llorando y con un nudo en la garganta se marchó Lucius corriendo, trastabillándose con los montículos de arena a su paso por la carretera, para no volver a Kabdeth... nunca. 17. DE ALBARICOQUES Y VIDEOCONSOLAS. “El quinto mes del año 130 entonces fue el de la victoria sobre Megalisboa a pesar de, obviamente, la profunda tristeza que quedó por el adiós a todos los caídos en la Batalla de Kabdeth. Personalmente, un servidor se cobró tres vidas de los invasores demonios verdes... y nos sentimos muy orgullosos no sólo por el golpe de autoridad demostrado por nuestro amado Rey Kratka, sino por todos los valientes que se desplazaron, de forma voluntaria y con la libertad y el honor por estandartes, hasta aquel emplazamiento alejado donde todos éramos totalmente conscientes de que podíamos perder la vida, y no volver a ver ni abrazar a nuestras familias... Llovió intensamente los primeros días de aquella semana. No obstante, el fin de semana amaneció un sol espléndido, acompañado de un viento de medio ímpetu proveniente del eco del levante; que dibujó sonrisas de tranquilidad en el juego de los niños en las plazas, y de sus padres orgullosos y victoriosos ante una buena jarra de cerveza en las terrazas.” Joao Figo, megalisboeta de primera generación pese a su nombre completamente portugués, vio regresar los vehículos acorazados y los soldados de infantería derrotados por la carretera del este a la populosa y ruidosa urbe. Lo hizo desde un camino de asfalto roto que a cachos era invadido por la ardiente arena roja del desierto que separaba la ciudad del resto del mundo conocido. Y acompañado de toda su familia: su hijo Joao y Estela, la joven mujer de éste; y su hija Beth y el esposo de ella y los dos nietos: Nuno, Nunín y la pequeña Fabia. Abandonaban Megalisboa porque el resultado de la evolución les abominaba. Joao recordaba su feliz infancia y pubertad en el lejano campo... en algún lugar que sólo recordaba en sus sueños y quimeras y que, en ese momento, no podía ubicar con ninguna exactitud desde ese camino olvidado y rodeado de aridez. Recordaba las salidas con sus amigos, con doce años o así, después de la escuela en el campamento de su tribu, de tiendas grandes de tela marrón y verde y altas cúpulas hechas con cortinas impermeables... cómo lanzaban piedras a los postciervos que se dejaban ver en la linde del bosque; cómo les ponían trampas a los conejos silvestres: redes en las entradas de las madrigueras, tapando las tres o cuatro más cercanas que lograban ubicar, y metiendo sus hurones en el hueco elegido; y a los pájaros - verderoles, ruiseñores, cagarneras y hasta diamantes y periquitos - en la lejana arboleda del arroyo: jaulas de celosía metálica hexagonal, puestas de manera inclinada y sujetas por un palito con grano de cereal debajo para atraerlos y tirar del cordel en el momento exacto para atraparlos

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adentro; cómo el primo de su primo les robaba hoja de tabaco y aprendieron a liarlo en pampa de vid mojada; y robar albaricoques de algún bancal privado, en esas primeras semanas de verano o últimas de primavera cuando todavía eran muy pequeños, que no tenían casi carne, y tenían que salir corriendo porque el dueño, normalmente un viejo cascarrabias de la tribu, aparecía vara en mano amenazándoles a gritos... Recordaba cuando, todos los amigos juntos o los compañeros de la escuela tribal, se reunían en torno a una hoguera al caer la tibia noche primaveral y el Maestro, algún venerable anciano con capacidad para ello, les relataba una bella historia sobre el pasado, el presente o incluso el futuro, que siempre contenía un mensaje encriptado u oculto, y que cuando él lo descubría sentía sus horizontes más lejanos y sus adentros sin fin ensanchar... Un par de semanas atrás, cuando Joao llegó después de dar un breve paseo por la avenida en la que vivía con su hija Beth y los niños en el perímetro seis - de clase media - la situación que encontró en el hogar, aunque cotidiana, a pesar de haberla vivido decenas de veces los últimos tiempos desde que enviudó y se mudó allí, le resultó reveladora y en cualquier caso determinante. Beth acababa de llegar del trabajo: limpiaba por horas en un par de casas del perímetro cuatro al que iba y del que venía en autobús. Nuno todavía estaba en la fábrica de flores artificiales y no terminaba su turno en el polígono del perímetro cinco hasta las diez. Y Nunín, como había terminado los deberes que le mandaron del colegio, y según las nuevas situaciones que se daban por doquier en la ciudad, era demasiado mayor como para acompañar a su madre y su hermanita en el parque de tres manzanas más para allá pero demasiado pequeño como para salir con chicas o con los colegas a un bar, estaba sentado con las piernas cruzadas en la alfombra del pequeño salón-comedor. El niño, el preadolescente que era un calco de su abuelo de haber tenido una fotografía de éste a su edad para poder comparar, estaba absorto en la pantalla de su televisor y sostenía un mando con botones de acción y dirección. Jugaba con su videoconsola a un juego bélico donde él encarnaba a un soldado megalisboeta, un miembro equis de la infantería, que debía cargarse a cuantas caricaturas de guerreros tribales de Génesis pudiera en cuanto menor tiempo mejor para puntuar en cada misión. "Él nunca sabrá qué es un albaricoque...", le dio por pensar sintiendo una inesperada y profunda tristeza removerle el corazón, "ni se reirá con los amigos cuando uno de ellos se caiga sobre el barro tratando de atrapar un conejo con sus propias manos..." De hecho, fue tan hondo su súbito pesar, que una lágrima fría del viento del cambio le hirió la mejilla izquierda: - Nunín... - dijo a su nieto desde unos metros detrás de él mientras el muchacho no apartaba la vista del televisor y el ruido del terrible juego. - ¿Quién es tu mejor amigo? - No tengo, abuelo... - respondió el otro sin tono y con la más absoluta de las indiferencias. Y a su abuelo se le terminó de romper su ya viejo corazón. Cuando Nuno llegó, Joao le expuso la tragedia que significaba la pérdida de una infancia. De toda una escala de valores humanistas en tan sólo el instante que en el cosmos dura una vida. La pérdida de una fragancia, del sonido de un tambor, de un recuerdo grato o del olor de una sonrisa... la pérdida dramática de una generación autómata teledirigida por un programador perverso de videojuegos obscenos. Y lo más maravilloso fue que Nuno lo entendió.

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Que fueron a llamar a Joao y a Estela; que a ellos también se lo explicaron; y que también estuvieron de acuerdo con el plan... ... y que la única solución, o la mejor que hallaron casi sin pensar, fue regresar. Regresar a la tribu. A la naturaleza. Al campo cubierto de un manto limpio de estrellas. Regresar a la Humanidad. Cuentan que Joao encontró, días después de salir de Megalisboa, la larga vereda que llevaba al campamento donde tantos albaricoques verdes, con su posterior dolor de estómago, robó... y que se fundió en un abrazo antológico con uno de aquellos niños que le acompañaron en el pasado al llegar; y que era tan anciano su rostro como el suyo propio... ... y que en seguida un muchacho se acercó a Nunín maravillado por sus extrañas ropas de ciudad, y que menos de una hora después se fueron al campo, libre y luminoso, a jugar. 18. EL CORAZÓN DE LAS RATAS. “Nadie, ni los físicos expertos en meteorología de la Akademia, pudo explicar el fenómeno celeste que se dio aquella mañana del quinto mes del año 130. El cielo amaneció como siempre: azul con algunas nubecillas blancas salpicando el tapiz luminoso aquí y allá. De repente, como media hora después del alba primaveral, un brillo blanco casi cegador comenzó a apropiarse de la bóveda desde el oeste, copando hasta más de la mitad del pedazo de cielo que desde la preciosísima Génesis se puede ver. Pero lo más extraño no fue el fulgor que duró sólo unos minutos pero que todos pudimos ver en toda la Península, sino que vino acompañado de dos susurros, o murmullos, casi inaudibles, que resonaron en el aire y dentro de nuestras mentes: el primero fue una armónica melodía, que ningún músico ha sido capaz de reproducir, llena de alegría... y el segundo, una frase, como una orden, que nos instaba a luchar... pues, si mal no entendimos los genésicos, nosotros éramos la luz, y ellos - sin saber todavía a quiénes podía referirse la poderosa voz - eran la oscuridad... También ese mes llegaron a la Península los primeros "inmigrantes" - sin contar a los robots pues éstos son peninsulares aunque Metaloburgo se sitúe fuera del Reino de mi Señor Kratka - de más allá de los Pirineos... donde hasta ese momento creíamos no podía existir la vida como tal. Esta es la breve historia de uno de ellos, y doy fe de que fue verdad.” Todos en Génesis la conocían como La Clavelera: era una muchacha de bellos rasgos, con el pelo largo negro y rizado, de ojos brillantes y vivos tan oscuros como esos tirabuzones que le cubrían media espalda. Cada mañana de esa primera primavera en la ciudad luz de las naciones, se paseaba por el Parque de las Esteras, al noreste, con un canasto repleto de claveles azules, violetas y naranjas, que vendía a los enamoradoas que se besuqueaban en los incontables poyos de piedra y madera con los que contaba la coqueta y extensa plaza. En uno de los caminos de piedra del Parque, que hacía recodo entre dos hermosos carrascos, a la Clavelera se le cayeron dos flores: una azul y otra naranja. Cuando fue a recogerlas, una mano grande y enguantada las cogió por ella y su figura se irguió, enorme comparada a la de la muchacha, a su frente. En primera estancia, las pupilas de La Clavelera se dilataron y espiró un soplo sordo de aire, evitando un leve gritito por el

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sobresalto. Después, y con los claveles extendidos ante sí, La Clavelera sonrió al extraño caballero... mediría como dos metros; de espaldas anchas y torso fuerte debajo de un traje impoluto de camisa azul y corbata negra; ojos grandes y negros sin blancor; hocico peludo, de un pelaje gris y brillante, terminado en punta y una sonrisa, una mueca más bien, repleta de colmillos impolutos y afilados; y orejas enormes de color carne, como la punta imberbe del hocico descrito, pegadas a ambos lados de una cabeza perfectamente esférica. - Gracias. - Dijo La Clavelera recogiendo el par de flores del guante de seda que cubría las zarpas del otro. - De nada señorita. - Su voz era profunda sin ser ronca; grave y educada; delicada y extremadamente varonil; todo al mismo tiempo. - ¿Me permite acompañarla en su paseo? - el "lo que fuera" le tendió su codo y ella no dudó en agarrarlo, movida tal vez por la creciente curiosidad. - Disculpad, pero es evidente que estoy obligada a preguntar... ¿qué sois? - Soy un sagugi, un hombre-rata en su idioma... pero mi nombre es Laurent de SaintExúpery, natural de lo que antes fuera la República de Francia. - Conforme hablaba, su voz le parecía a La Clavelera más agradable y perfecta. - Mi nombre es Esmeralda, y soy post-andalusí del sur. - Encantado, Esmeralda. - El placer es mío, Laurent. Mientras paseaban por el Parque de las Esteras, y después abandonando éste y Esmeralda su faena de vendedora de claveles por la avenida de Se'lah hacia el centro; los habitantes de Génesis se preguntaban qué hacía La Clavelera, una chica tan atractiva y obvia soltera de oro entre los jóvenes, del brazo de una bestia abominable y horrenda como el sagugi. Sin embargo, ella sonreía a cada comentario galante y locuaz de su ingenioso y educado interlocutor, embelesada con su porte e idiotizada por el romanticismo implícito de sus palabras. Pronto llegaron, sin desearlo ninguno de ambos en realidad, al portal de Esmeralda, que se despidió hasta la mañana siguiente de Laurent sin quererlo, como digo, en verdad... ... y se pasó toda la tarde; y todo el anochecer; y todo el tiempo de espera hasta quedarse dormida soñando con él; en él y para él... Y pasearon sin claveles a la mañana siguiente después de aquélla. Y la siguiente. Y la siguiente después. Y ya no les era tan extraño a los extraños, verlos juntos por las calles conversar del brazo y reír. Y una mañana entre la primera y todas las demás, Esmeralda le invitó a pasar al interior de su casa; y acariciando con sensual suavidad el pecho peludo y gris de su amante, el corazón le invitó a decir: - Te quiero. - Ah... - respondió él, sintiendo extraño su espíritu, y añadió al suspiro: - viendo cómo nos mira la gente, creía que te causaría en un momento dado animadversión. - Al contrario, - replicó ella - hay algo hermoso, mucho más hermoso de lo que ellos son capaces de comprender, imaginar o realizar, dentro de ti. FUEGO O BENDICIÓN I. EL PRINCIPIO.

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“Después del 'gran catapum' que lo asoló todo; y muy lejos de la lejana península donde la tribu de Unkh llegaría a ser el único obstáculo en los planes de dominación del territorio cultivable de la Península por parte de los demonios verdes de Megalisboa; existió la sombra. Y en las sombras habitaban los Fantasmas, que eran espíritus de terror con apariencia de hombre y de mujer y se alimentaban de la oscuridad que les rodeaba. Pero a Dios la sombra le era abominación, y ordenó a sus ángeles que crearan la luz; y la luz se hizo, y Él vio que era buena. Mas los Fantasmas renegaron de la luz y habitaron las cavernas y las profundidades de los edificios que habían quedado en pie tras el 'gran catapum'. Y como nadie habitaba en la luz, Él pensó que debía haber seres que la habitaran; y ordenó a sus ángeles que poblaran la luz con seres humanos del pasado para que alabaran la luz y vivieran en ella. Y fueron llamados Sabios, porque es sabiduría habitar en la luz y abominar la oscuridad. Pero los Fantasmas, cuando la sombra de la noche se cernía en la ciudad derribada que fue reconstruida de nuevo, mataban a los Sabios y hacían gran mortandad entre ellos aprovechando la sombra de la cual se alimentaban. Y Dios vio que era malo; y ordenó a los ángeles que juntaran ese amanecer a todos los Sabios, hombres y mujeres del pasado, y que se postraran al unísono en el valle, que fue llamado el Valle de la Bendición, mirando al este, a la salida del Sol, ataviados con armaduras de metal y armas de metal tanto de filo como de fuego. "Y su gloria cubrió los cielos; y la Tierra se llenó de su alabanza; y el resplandor fue como la luz; rayos brillantes salían de sus manos". Y los Sabios fueron bendecidos; y los Fantasmas fueron malditos. Y cuando los Fantasmas, al cubrir la noche la ciudad, fueron a asesinar a los Sabios, éstos contraatacaron... ... convirtiendo la ciudad que fue reconstruida de nuevo en un campo de batalla...” Aira apoyó su puño cerrado derecho sobre la arena del Valle de la Bendición, rodeado del resto de Sabios. También se hallaba arrodillado, como les habían ordenado los ángeles que lo hicieran; en gesto de vasallaje y pleitesía. Tal y como los demás, lucía una armadura de bellos reflejos azules y grises, con una apertura en la coraza a la altura del omoplato izquierdo para que su ala, pues todos tenían una indistintamente a la derecha o a la izquierda de su espalda, quedara en plena libertad de movimiento. Tras un breve pero solemne silencio, la música comenzó a llenar sus oídos. Aira miró hacia arriba y su rostro fue bañado por la cálida luz que brillaba en lo Alto. La melodía, hipnótica, lenta y dulce, imprimió ánimo en su corazón con un súbito bienestar que le provocó una amplia sonrisa de plenitud. De los rayos solares que copaban la bóveda celeste blanca y rosa y azul, surgió una voz que dijo, estentórea aunque clara, potente y armoniosa, en todos lados y dentro de su cabeza: - Id, y luchad contra los Fantasmas; pues vosotros sois Luz, y ellos Oscuridad; pues vosotros sois para el Bien, y ellos significan el Mal. Y los rayos se fueron apagando paulatinamente mientras todos contemplaban el juego de colores y luminosidad que era aquel espectáculo; y el silencio regresó al valle. Los Sabios se levantaron casi al mismo tiempo, y Aira pudo sentir un gozo eterno e inmenso en sus adentros. A su lado, Sfera, una Sabio, le sonrió clavando sus hermosos ojos verde aguamarina en los azul turquesa de Aira. - ¿Cómo te sientes? - Igual que tú, supongo... bien.

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- Bien. En la marcha de regreso a la ciudad casi ninguno hablaba. De hecho, tras el 'shock' de haber sido bendecidos y oído la voz de Dios, que es el Metatrón, nada tenían que decir que no fuera mejor que el recuerdo de esas bellas palabras grabadas a hierro al rojo vivo en su corazón. Los edificios, la silueta de la ciudad recortada en el horizonte junto al mar, que una vez los Hombres llamaron Océano Pacífico, dibujaban un collage irregular de fachadas derrumbadas y otras en pie; de tejados por los suelos, otros colgando y algunos encima, donde debían estar; también había un puente: al norte, que se mantenía con sus fuertes y largos cables de acero sobre un barranco inmenso por el que quizá antes hubo fluido el agua. Los Sabios ya no podían sentir hambre o sed, por lo que no les debió importarles en absoluto que todo fuera desierto, menos la ciudad, otrora cubierto el asfalto de fina y caliente arena, y el ancho mar. Azul, que reflejaba en esos momentos la brillante luminosidad del cielo abierto y sonriente. Atardeció tras la línea imaginaria donde termina el agua, bañando ésta de amarillo, naranja y rojo después. Y los Sabios se sintieron por primera vez en su recién estrenada Historia preparados para enfrentarse al seguro e inminente ataque de los Fantasmas. Aira y Sfera respiraron con profundidad al unísono, blandían cada cual su espada, de doble filo y acero brillante y limpio, y aguardaron frente a las puertas de un garaje a que salieran los Fantasmas que habitaban en él. De las tenebrosas entrañas del sótano de aquel rascacielos totalmente abandonado surgió, antes del enemigo, su torturada y terrorífica voz. Un grito ultra-animal que llegó a erizar el vello de los Sabios sin, por fortuna, llegar a atemorizarlos. - ¿Preparada? - Preguntó Aira a Sfera aunque la pregunta era para sí mismo en realidad. - Preparada. Los Fantasmas salieron, etéreos y blancos, con brazos de hueso de humo y calaveras de gas, con los ojos transparentes y levitando sin piernas a gran velocidad hacia ellos. Cuando el primero de los Fantasmas fue decapitado por la rápida espada de Aira, el resto sintió algo que nunca antes hubo sentido, y los Sabios pudieron ver sorpresa y temor en los rostros óseos y evanescentes de sus enemigos tras la muerte de su compañero, que después de ser separada su cabeza el resto del cuerpo ardió en fuego azul emitiendo un chillido esperpéntico génesis de la locura. Uno de los Fantasmas, el más osado del grupo que emergió de aquellas lóbregas cocheras, asió del cuello con su mano de hueso y aire plateado a Sfera y se la quedó mirando a los ojos. Ella sonrió y le clavó el filo de su espada en lo que sería el estómago hasta ensartarlo completamente apareciendo la punta por detrás. El Fantasma expiró en fuego tal y como lo hubiera hecho antes el primero, y el resto retrocedió... regresando sin presentar más batalla a su alimento de silencio y oscuridad. Aira y Sfera se miraron y sonrieron recíprocamente. La guerra acababa de empezar. Pero ellos habían vencido al miedo... quizá la más fuerte de las armas de su temible enemigo. 19. HEREDARÁS LA TIERRA I.

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“Pasaron dos generaciones desde que el sol ardiera y se hiciera fuego el cielo hasta que la tierra estuvo de nuevo limpia, y el aire volvió a ser respirable por el ser humano. En tiempos de los padres de Unkh, la mayor parte de las tribus o pueblos del Renacimiento de los Tiempos eligieron o les fue dado el territorio a habitar. Aunque en muchas de las pequeñas y medianas ciudades de la costa oceánica, y otras cercanas a la intacta Megalisboa, se dio cuando el cielo regresó a su azul original, un éxodo masivo a la gran capital... así, los señores de la guerra y los caudillos surgidos tras el 'gran catapum' tomarían en mayor o menor medida puestos privilegiados en la urbe del demonio verde; en cambio, los pobres se hacinaron paulatinamente en lo que después serían definidos como perímetros exteriores formando anillos y anillos de favelas y miseria en torno al centro orilla al mar; en medio de estos dos extremos, algunos pueblos lograron, en su inmigración conjunta todos los habitantes o vecinos de los mismos, trasladarse literalmente: con sus enseres, vehículos, animales de ganado y domésticos, y cultura, a esos perímetros donde (motivo de la migración) el aire era más puro y de mayor calidad que en los antiguos emplazamientos, a los que sí había llegado la radiación que lo arrasó todo. Un ejemplo de estos ‘municipios trasladados’ fue el de Figuereida, un pueblo del extinguido Algarve portugués que, al ser alcanzado por la radiactividad del proyectil caído en Andalucía, se quedó sin tierras cultivables y cuyo ambiente tardó más en limpiarse que los cercanos a lo que todavía se llamaba Lisboa. Pero, pasados cien años desde esa migración, en el perímetro siete de la urbe, los figuereidíes han decidido regresar pues ya todo está limpio y la vida en Megalisboa, con la opresión plutocrática y policial en algunos sectores, se ha vuelto dramática e incluso tortuosa. Todos cogieron sus bártulos, reunieron a sus familias, y se dispusieron a efectuar su segundo éxodo: el de regreso al que los más ancianos seguían creyendo que era su hogar. Lo que no sabían, cómo hacerlo, era que una tribu se había instalado en las renovadas tierras que ellos abandonaron a su suerte un siglo atrás…. …éstos se habían instalado completamente: habían replantado los campos; e incluso reconstruido la mayor parte de los viejos edificios utilizando materiales del presente. De hecho, Figuereida nunca había sido, ni con los figuereidíes antiguos allí, más bella y productiva antes jamás.” Kat-Qor fue el primero en ver llegar a los demonios verdes, pero éstos no eran militares; a pesar de ir armados viajaban familias enteras con algunos animales que portaban objetos domésticos como muebles y ropas de hogar… primero pensó en adelantarse y averiguar qué deseaban o a dónde se dirigían, pero prefirió ir al casco urbano y avisar a los centinelas. “Uno no puede fiarse de los demonios verdes”, se dijo, “vengan con la actitud que vengan”. Cabalgó hasta la puerta de la pequeña ciudad, rebautizada como Recón, y avisó de lo visto a los guardias. Como eran una multitud los visitantes, el capitán de los centinelas reunió una pequeña hueste, de unas tres docenas, de militares que salió a su encuentro. Kat-Qor les dijo que iban armados y, obviamente, sería una temeridad confiarse. Emilio era uno de los hombres armados que custodiaban la testa de la caravana; por si los bandidos de los montes y el desierto; y dio la voz de alarma para que el numeroso grupo se detuviese al comprobar que un pequeño ejército tribal se les aproximaba por el camino que debía ir a Figuereida-Recón.

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Ante la incertidumbre, ambos grupos se apresuraron en izar visibles sendas banderas blancas de paz. Los dos capitanes, Kroqthar y el propio Emilio, se distanciaron de sus respectivos acompañantes y se encontraron en un punto equidistante del camino pedregoso y exento ya del asfalto que ayer lo cubrió. En un portugués imposible, el tribal comenzó: - ¿Quiénes son, y a dónde se dirigen? – Emilio sintió cierto alivio al comprobar que, a pesar de la pésima pronunciación, el otro hablaba su idioma. - A nuestra ciudad, Figuereida… regresamos de Megalisboa para volver a la tierra de nuestras raíces. – Sonreía y hablaba lentamente, esperando asimismo que el otro le comprendiera. - Bien, ¿dónde está Figuereida? – Se giró y Emilio respondió. - Si los ancianos no se equivocan, esas casas que se ven lo son. - No, no… eso es Recón, nuestra ciudad. – Replicó Kroqthar al escuchar que Emilio se estaba confundiendo: ellos llegaron muchas décadas atrás, hallaron piedras y asfalto roto, y lo transformaron en el bello lugar, de jardines y arcos de piedra, que era hoy. - Un momento. – Emilio cambió el gesto y se volvió para preguntar al portador de los mapas, un anciano de ojos ciegos y melena blanca y gris. Luego los dos fueron a donde permanecía Kroqthar y, con el viejo mapa desplegado, trataron de saber si Figuereida era ese grupo de edificios o no. - Mira… - dijo Emilio interpretando los signos al capitán tribal: - el cerro a la derecha; el otro asentía esforzándose por entender, - el camino principal de entrada; el bosque que acaba en pico… allí se ven los tocones cortados; y… - aguardó y se fijó en la holografía inmediata del terreno - ¡ah! El barranco que aquí todavía era un río. – Era evidente incluso para Kroqthar que Figuereida era el montón de piedras y chatarra que sus antepasados hallaron y convirtieron en Recón. - De acuerdo, - dijo al fin - ¿y qué queréis? - Recuperar lo que es nuestro. – Emilio hizo especial hincapié en la palabra “es”, viendo que su interlocutor también había mudado su gesto: serio e hierático como un rostro pintado en una piedra. Siguieron hablando unos minutos más, pero lo más destacable del resto de la conversación fue algo así: - Nosotros somos los herederos de sangre de los que habitaron aquí, antes y durante el ‘gran catapum’. Es lógico pensar que, después de ser obligados por el hambre y la radiactividad a emigrar, ahora queramos recuperar nuestro sitio en el mundo. – Arguyó Emilio. - Sí, pero ahora nosotros vivimos aquí. Hemos reconstruido la ciudad, replantado sus campos y echado raíces… y es lógico pensar, - demostró agudeza Kroqthar pese a no hablar bien portugués – que no vamos a regalar aquello que tanto hemos luchado por conseguir. - Si no llegamos a un acuerdo, - concluyó el anciano portador del mapa – no tendremos otra opción que recuperar nuestra tierra por la fuerza. – Lo dijo de forma llana, como si en evidencia fuera la única solución a su reciente conflicto. - Eso no puedo determinarlo yo, - respondió Kroqthar – pero si vais a asediarnos, los recón estamos dispuestos a defender una tierra que consideramos justa y completamente nuestra. - Al alba pues, capitán… empezará una guerra.

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Kat-Qor se levantó temprano, como siempre, el día después al parlamento… cogió su caballo y se dirigió a su bancal para ver si ya estaban para recoger las cebollas. - ¿Qué hace? – Le preguntó un figuereidí que ya se había puesto en la labor de recoger la blanca hortaliza. - Me disponía a recoger mis cebollas… qué hace usted aquí es la pregunta… Un disparo sin respuesta verbal le abrió un agujero en el pecho a Kat-Qor, haciéndole caer del caballo sobre el barro… - Ahora las cebollas son mías. 20. HEREDARÁS LA TIERRA II. “El asedio a Figuereida-Recón comenzó la misma tarde del día en que Kat-Qor murió. La batalla, como todas las que se dieron contra los demonios verdes megalisboetas, fue irremediablemente desigual… los figuereidíes venían preparados, acostumbrados al debacle de su rutina violenta en la ciudad, con armas de fuego de todo tipo: incluso habían trasladado piezas de artillería como cañones o bazucas. En cambio, los recón sólo contaban con sus espadas, sus caballos, y sus catapultas de cuerda y sus ondas. Levantaron empalizadas cuando les dio tiempo; cerraron a cal y canto las puertas de la ciudad; apostaron las catapultas y los centinelas en el perímetro… pero los cañonazos en los muros exteriores fueron determinantes esas primeras horas de asedio… …la imagen más extendida en el fragor de la batalla fue la de muchachos desgarbados, algunos fornidos gracias a las largas jornadas de trabajo en los campos, arrojando piedras y blandiendo filos de acero brillante contra proyectiles de acero y teflón que silbaban en el aire, agujereando esa piel morena y esos músculos tensados, masacrando a la escasa población que resistió, hasta tres días, en pie el sitio de Recón.” El amanecer del cuarto día fue igualmente sangriento. Los figuereidíes ya se habían hecho con el control total de los campos que circundaban Recón hasta donde el mapa del anciano decía que Figuereida se extendió. Habían entrado por la puerta norte y se dispusieron a hacer presos a los ya rendidos recón, cuyo gobernador, Ret-Kae, había decretado la rendición esa misma madrugada con la intención de que no muriese más gente de su pueblo… sólo quedaban niños y ancianos… la mayor parte de los jóvenes y todo hombre y mujer en edad de luchar había caído en combate. Las bajas, sin embargo, entre los figuereidíes fueron mínimas… Los términos de la rendición, escritos eso sí por el Comandante figuereidí Raúl Nazario, determinaban que los recón debían volver, recibiendo total amnistía, al lugar de donde hubieran llegado, y que los figuereidíes tomarían la ciudad como propia de manera inmediata e irreversible. Ret-Kae sujetó la pluma con mano temblorosa. Los suyos se habían pasado todo el día empaquetando sus pertenencias y enterrando a sus muertos. El sol de Recón se escondía lentamente, derritiéndose, tras el horizonte marítimo al oeste. No había leído el documento porque ni sabía leer portugués ni podía hacer nada ya porque esa orden fuera refutada… cuando sonó el cuerno de Génesis en el norte, y la tierra tembló bajo los innumerables cascos de la caballería de la Luz de las Naciones. Mi Señor Kratka, Rey de Génesis, cabalgaba a la vanguardia acompañado de su séquito y guardia personal. Habían ido en su compañía las huestes post-andalusíes de caballería

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rápida por si el viaje se torcía… y yo también, para reflejar cuanto ocurriera en Recón en mis Krónikas. Ret-Kae levantó su mano y los figuereidíes viraron su mirada al norte… una orden militar, alocada y precipitada, habló de hacer frente a la cuña que se deslizaba, terrible y poderosa, por el camino que ya no era de asfalto. Unos hombres se pusieron a disparar sin acierto, a troche y moche, a los que llegaban… fueron cercenados sus cuerpos como cañas de bambú por los afilados sables genésicos. Pero una bandera blanca se izó entre el grupo de Kratka pese a las primeras (y últimas) muertes, y el Comandante Nazario ordenó que cesase el fuego. Mi Señor Kratka se apeó de su caballo Salieri, y ordenó a Ret-Kae no firmar nada. - Es la rendición. – Repuso Nazario llevándose la mano al revólver por si las moscas. - Pero es una rendición injusta. - No tenéis potestad para juzgar eso… ni si quiera sé quién sois… - dijo aunque ya se lo imaginaba. - Soy Kratka, Señor de Génesis y todas sus tierras desde Metaloburgo a Megalisboa y desde el mar hasta Blackädia. Y si queréis vivir aquí, debéis aceptar mi autoridad sin condiciones… en caso contrario… - Comandante Nazario. - … en caso contrario Comandante, mañana mismo habrá aquí un ejército de más de diez mil hombres que os matarán a vos y a todos los suyos sin lugar a dudas. Nazario agachó la cabeza… sabía que el Rey no bromeaba. - La rendición de Recón no necesitará de papeles… aquí hay sitio para ambos si habéis decidido abandonar Megalisboa y sus abominables costumbres… jurad pleitesía a Génesis y media ciudad será vuestra. - ¿Eso… o la muerte? - Afirmativo. La ciudad de Recón fue dividida en dos, sus campos también; y los figuereidíes ocuparon el oeste de la ciudad y le pusieron Figuereida, y los recón ocuparon la parte del este de su ciudad que siguió llamándose igual. Pasando los auto exiliados de Megalisboa a formar la última tribu de la gran federación de pueblos que significaba y significará hasta el fin de los tiempos Génesis… II. APOSTASÍA. “Los Sabios, bendecidos por Dios en el Valle de la Bendición, se enfrentaron día a día contra los Fantasmas… de noche los Sabios se escondían en lugares seguros: en los sitios más altos e infranqueables de la ciudad destruida que fue construida de nuevo; de día, nada más despuntar el alba, acosaban a los Fantasmas en sus refugios, lóbregos y oscuros, hallados en el submundo de sótanos y túneles de la urbe, y los atraían a la luz del Sol, afuera, a las calles que fueron cubiertas por el polvo y la arena… para que la misma luz del astro rey los consumiera provocando que ardieran en el fuego azul de su condenación. Largos días pasaron, incluso semanas, durante los que los Sabios hostigaron y fueron eliminando a los Fantasmas gracias a la nueva superioridad adquirida… …pero un día un Sabio; un hombre rescatado del pasado por los ángeles ayudadores del Todopoderoso llamado Évora, que solía organizar por propia iniciativa a los demás Sabios para ganar en eficacia en la lucha contra los Fantasmas; se ensoberbeció debido a su auto-concedido cargo, y en su envanecimiento, se creyó dueño de un nuevo poder.

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Aquel anochecer del sexto mes del año 130 después del ‘gran catapum’ Évora convocó en los lugares altos, en las altísimas azoteas inexpugnables por los Fantasmas, a todos los Sabios que habitaban en la ciudad que fue reconstruida de nuevo; y propuso su novedoso (aunque tan viejo como la Tierra misma desde que un tal Adán fue expulsado del Paraíso) plan de… “gobierno”… Aira y Sfera, como Sabios del ejército del Bien, también acudieron a la extraña e inaudita cita…” En el Oeste, el Sol se derretía plástico y gominola detrás del horizonte dibujado en naranja del Océano Pacífico. La silueta de Évora, en pie sobre un atrio de madera fabricado para la ocasión, se recortaba en el cielo casi rojo sangre en la última azotea occidental, frente a la extensa y quieta playa de metal. Parecía un hombre viejo, pero fuerte al mismo tiempo. De pelo plateado y blanco; tez morena y facciones angulosas y muy masculinas; con una horrible y ancha cicatriz surcándole la cara desde arriba del ojo derecho hasta la punta del mentón; todo su ser desprendía una extraña mistura de distancia y respeto. El silencio cubrió los tejados cuando el último Sabio convocado se posó sobre el cemento, todavía caliente por la influencia divina de la justicia del Sol. Y la noche mató de negro el rojo sangriento del último día acontecido hasta ese momento… Évora alzó su voz, y ésta se difuminó en el aire entre los presentes: - El tiempo del Fantasma se agota; ahora empieza el tiempo del Sabio. El Todopoderoso nos bendijo, y bendijo nuestras armas, para eliminar al Fantasma y para enseñorear en la Tierra: en lo que queda de lo que un día fue un bello lugar en el que vivir… pero yo me pregunto, os pregunto: ¿qué será de nosotros, los Sabios, cuando hayamos liquidado al último de los Fantasmas y sigamos morando en la ciudad que fue reconstruida de nuevo? Para el recomienzo de nuestro tiempo, Sabios os invoco, necesitamos una administración, - pronunció esa última palabra como si le fuera tan ajena como cualquier vocablo de un idioma germánico para un andaluz – y a alguien que lidere el grupo elegido para administrar – otra vez esa extraña, atropellada, pronunciación – nuestra nueva sociedad como único pueblo bajo el Sol. Aira y Sfera se miraron mutuamente. No entendían muy bien todavía a qué se estaba refiriendo Évora; ni alcanzaban a imaginar la longitud o gravedad de las consecuencias prácticas de su disertación. - Yo, - reanudó el monólogo Évora – os aconsejo que me escojáis como adalid administrativo para los tiempos venideros: ¡para el glorioso y luminoso tiempo del Sabio! ¡Conquistaremos de nuevo el orbe de la Tierra y, bajo mi administración – a Aira cada vez le sonaba aún peor, si tal cosa pudiera ser posible, aquella enrevesada palabra – los Sabios seremos los señores del planeta para morar eternamente de uno a otro confín! - ¿Qué sentido tiene… - preguntó Sfera a Aira en voz baja, de tal modo que si bien los más cercanos podían oírle, no lo hicieran Évora y su cohorte – conquistar un mundo que no nos pertenece? ¿No tenemos todo ya, Aira? - En efecto… - asintió sin mirarla, escudriñando a Évora quizá con la intención de desentrañar los pensamientos del Sabio de pelo cano – después de la evanescencia ígnea del último Fantasma, nuestra misión habrá finalizado y, si el Señor nos es misericordioso, continuaremos con vida y…

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- Seremos libres. – Concluyeron los dos al unísono. Aira pues, izó su mano derecha para pedir la palabra y, con un gesto de mentón, Évora se la concedió… la mayor parte de los Sabios ya cuchicheaban como lo hicieran él y Sfera: - No estoy de acuerdo contigo, Évora… me parece inútil tu propuesta. En la mirada de Évora refulgió de repente una luz impropia de un Sabio: era más bien característica de un Fantasma aquello que alumbraba en sus no tan serenos ojos… - La furia, - alzó su voz Sfera palpando al empuñadura de su espada presintiendo el combate – no nos está permitida… ¡Apostasía! - ¡¡Apostasía!! – Le siguió un grupo, no mayoritario pero sí importante, de Sabios dispersos allí y acá. - Si soy yo un apóstata… - dijo Évora cuando los que gritaron ya empuñaban, Aira y Sfera inclusive, sus armas – vosotros sois unos traidores. ¡Traición! - ¡¡Traición!! Los apóstatas resultaron ser muchos más que los traidores. Como nunca antes, en su brevísima Historia, se había dado una situación similar, nadie sabía cómo actuar… - Nuestras armas, - advirtió Sfera acariciando el filo de su espada el de la espada del que irremediablemente se acababa de convertir en su adversario – no están fabricadas para atacar, herir o matar otros Sabios… por mucho que luchemos, sin descanso hasta el fin de los tiempos, ninguno sería vencido ni vencedor. - Tiene razón… - admitió Évora, con ira en la mirada y actitud reflexiva – pero vosotros sois muchos menos… os propongo una solución… - ¡Habla! - Morad en el desierto o en el océano: la ciudad es nuestra. Desde aquí comenzaremos la conquista… “¿La conquista…”, pensó Sfera de nuevo, “de qué exactamente, Évora?” Pero calló y otorgó. - ¡Sabios verdaderos! – Gritó entonces Aira con tono desafiante y certero: ¡Vayámonos! …y que ellos se encarguen, si lo logran sin nuestra ayuda, de hacer frente a cuantos Fantasmas restan morando en las tinieblas… - aguardó el segundo necesario para que todos se relajaran y añadió: - ¡Las mismas tinieblas que a partir de esta noche serán su propia morada! Évora gruñó ante el desafío, pero no hizo nada. Todos los que se mantuvieron en contra del deseo de Évora de ser el jefe de administración de esa proyectada e inútil conquista envainaron. Decenas de alas singulares se batieron, recreando una triste sinfonía en el cielo negro de la noche, y abandonaron los tejados de la ciudad que fue reconstruida de nuevo… …había nacido la primera subdivisión de los Sabios: los Traidores, y los Apóstatas… …y el Señor vio que era bueno, y lo permitió. Sabiendo, cómo no, que un mal comienzo puede ser el principio de un grandioso final. III. CORRUPCIÓN. “Cuando los Traidores se fueron, los Fantasmas observaron el éxodo de alas singulares batirse en exilio desde las fosas de la ciudad. Al principio pensaron que se trataba de

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una estratagema de los Sabios para desconcertarles. Que el grupo se dividía para contraatacar desde diversos frentes en una última maniobra de aniquilación de su tenebrosa especie. Pero los días pasaron y los Traidores no regresaron… y el número de Sabios, los Apóstatas que se quedaron bajo el liderazgo de Évora, no aumentó y fue insuficiente por tanto para retener a los Fantasmas en esos días de tribulación. Era lógico: los ángeles habían despertado del pasado a los hombres y mujeres estrictamente necesarios para cumplir con la misión de repoblar la ciudad y eliminar a los que se alimentaban de la Oscuridad, abominación al Señor… por lo tanto, cualquier número inferior al original resultaba insuficiente en tal empresa pues, además de otras causas obvias, la reducción iba directamente en contra del Plan preestablecido por la Providencia, y esto era evidentemente apostasía contra ella, herejía y sedición. Los Apóstatas continuaron la lucha contra los Fantasmas mientras la administración planeaba su expedición más allá de los edificios… pero los Fantasmas no se limitaron a combatir desde la sombra, perpetuando así el juego bélico que finalizaría, más tarde que más temprano, con su total aniquilación; sino que se aprovecharon de la nueva y para ellos sorprendente y oportuna ocasión…. Como los Apóstatas habían perdido parte de su bendición tras ser anatema, los sentimientos humanos que tuvieron en el pasado inaudito del que provenían afloraron, debilitándoles. Y de esa debilidad, surgió la corrupción.” Idara era uno de los Sabios encargados de vigilar, en el turno de la tarde, la zona dominada H7; estas zonas dominadas eran los barrios o manzanas en los que supuestamente ya no había actividad fantasmal pues éstos habían sido exterminados allí; y ese día se encontraba patrullando, volando a ras del suelo de arena terracota y caliente, por una de las estrechas avenidas. La voz del Fantasma que le llamó le contrarió en principio. No debía estar allí. Y le atrajo a la entrada de un edificio de cocheras… el Fantasma se hallaba en el sótano y le estaba llamando. Idara desenvainó su revólver bendecido y, posando sus botas en la arena frente a la puerta, entró caminando. - ¿Por qué no bajas tu arma y conversamos? – Preguntó el Fantasma, cuyo cuerpo etéreo brillaba tenue al fondo del garaje, rodeado de negra sombra. - Creía que no podíais hablar… - No… eso es un error. Lo que ocurría era que vosotros y nosotros no podíamos comunicarnos… no entendíais lo que decíamos… pero todo ha cambiado desde que se fueron… - ¿Quiénes, los Traidores? - Sí… esos… los otros. Idara se confió y guardó su arma. Pensó que, si podían dialogar, podría averiguar y saber todo lo que su curiosidad sabia se preguntaba hablando con aquel ser de frío y oscuridad. Los derroteros de la conversación llegaron al punto en el que el Fantasma propuso, como si con él no fuera la cosa: - …no te parece… siendo seres racionales como lo somos tanto Sabios como Fantasmas… una atrocidad, un sinsentido, que nos ataquemos así, hasta el exterminio y la extenuación…? Tenía lógica.

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- Si el Señor… - respondió Idara, dejándose llevar por el encantamiento del otro – ama la Vida, y tanto tú como yo existimos, es decir, estamos vivos… pierde sentido que nos matemos, pues la muerte en sí es la ausencia o el final… - De la vida. - Évora debería saber esto… llegar a este razonamiento. Puede que estemos equivocados, que no sea necesario cumplir la primera misión… - Me has dicho que Évora tiene planes fuera de la ciudad, ¿es así? - Sí… - Idara continuaba cavilando, atando cabos. Lo que no sabía era que no podía estar más equivocado… que estaba cayendo, crédulo e inocente, en la telaraña del Mal que le había tendido el viejo y astuto Fantasma. - Ve con esto entonces… - el Fantasma le tendió un frasco que parecía tan etéreo e intocable como él, pero que se hizo sólido en la mano derecha de Idara – y dile a qué conclusión has llegado… dile que empiece su conquista de ese mundo con el que sueña ahora mismo, que es inútil perder el valioso tiempo de los Sabios en esta lucha sin sentido contra nosotros los Fantamas… dile que es libre de hacer cuanto desee; y que si su deseo es explorar la nueva Tierra y dominarla, que lo haga pues nada hay afuera para impedírselo. Évora no se dio ni cuenta al verlo llegar, una vez acabado su turno de vigilancia en el H7, pero los ojos de Idara habían cambiado: exentos de la luz de ayer, sus pupilas habían tomado un tono azul claro mate y se habían apagado; mirarle significaba comprender que el Sabio había perdido su alma para siempre. Idara abrió el frasco que le había dado el Fantasma mientras se acercaba más y más a Évora, quien desconocía con qué pretensión llegaba el Sabio… que empezó a hablarle, a él y a los que le acompañaban, con las palabras del Fantasma. La esencia, el humor, o el veneno, que dejó salir del frasco; junto con los razonamientos certeros de Idara, volvieron azules y mates las pupilas de Évora y compañía. Totalmente convencidos ahora de que debían ponerse manos a la obra en esa deseada conquista del mundo, abandonando la ciudad y a los Fantasmas restantes, que seguían aullando en las oscuras profundidades, a su riesgo y suerte. Después de convocar a los Sabios, a los Apóstatas, Évora preparó el viaje… aquellos minutos anteriores al alba que los consumía, los Fantasmas, riendo como hienas muertas, vieron partir, en desbandada, a sus enemigos surcando el cielo que empezaba a colorearse de rosa y azul. El tiempo del Sabio, en efecto, había llegado… ¿pero, como bien Sfera se preguntó, a cambio de qué? ¿Son, en algún caso, los deseos materiales más preciosos, más codiciables, que la realización… que cumplir la misión existencial con la que los Sabios fueron creados… puede ser más fuerte la ilusión de la riqueza que el verdadero camino a la Gloria…? Una era sin duda había dado comienzo… y a su final, quién sabe, llegaría la solución… 21. LA VASIJA INSOLENTE. “Muchos, pienso a veces cuando me siento con un cálamo y mi cuaderno, en la barra o en una de las mesas del Ave Rapaz, la taberna de la cual soy parroquiano, a escribir estas krónikas oficiales del año 130 en concreto, si los futuros lectores de las mismas se preguntarán o no por qué eligió mi Señor Kratka este año y no otro para dar a conocer el

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Génesis actual al tiempo incierto de más allá de mañana. Ciertamente el año 130 fue importante; y diferente a todos los demás: fue un año que nos cambió, y que nos hizo ser lo que ahora somos Génesis y los territorios de su protectorado. Si se preguntan por qué el 130 y no otro, lean también “Fuego o Bendición” (las crónicas de la ciudad que fue reconstruida de nuevo al otro lado del gran charco), y tengan paciencia… descubrir el motivo de la elección de este año en esta vigésimo primera krónika sería un error por mi parte, pues desvelaría el final… que, esto si se lo puedo adelantar, fue el verdadero comienzo… ¡no digo más! Solamente que estoy nervioso, ansioso e impaciente porque desvelen el desenlace de estas krónikas y sientan, como lo sentimos los ciudadanos de Génesis y de sus tribus, la misma emoción… Esta es la historia de Retkark, el alfarero, y de su vasija insolente.” El trozo de arcilla húmedo, casi cuadrangular y mediano, le aguardaba sobre la mesa, envuelto en un paño blanco manchado del rojo del barro de fino algodón. Tomó un breve desayuno: un pedazo de pan tostado untado con mantequilla y un vaso de vino tinto dulce. Nada más sentarse en el ínfimo taburete de madera frente al torno, para que le ayudase a imaginar la forma del vaso, dio unas caladas de tabaco del sur a su pipa de agua… una vez tuvo más o menos claro el dibujo que debería presentar el recipiente puso el trozo de arcilla sobre el torno de madera redondo y le dio al pedal con su pie derecho, para hacer rodar el círculo en el que el barro daría cuantas vueltas fuesen suficientes desde el principio hasta el final. No había subido el sol hasta lo más alto de ese ya caluroso mediodía, cuando la vasija, roja y mojada, detuvo su rotación y se quedó mirando, recién nacida y perpleja, a su sucio y sudoroso hacedor. Éste le sonrió y se dijo que era perfecta: exactamente como la hubo imaginado al sentarse para fumar esa misma mañana. Encendió el horno, un horno de aire caliente con rejilla y puerta de cristal de amplias dimensiones, que estaba a la derecha del torno, junto a la pared y del que subía una chimenea cuadrangular; y metió allí la vasija todavía húmeda por su parte superior… la última parte terminada. Mientras el barro se cocía, Retkark se cocinó un par de huevos salteados con jamón y los comió mirando a través de la puerta de cristal… la arcilla abandonó, paulatinamente y con la incidencia del aire ultra-caliente, su rojo original para volverse marrón rojizo y, una vez estuvo incluso fregada la loza de la comida, quedarse terracota. Retkark la sacó del horno con un paño grueso de tela de cáñamo y la dejó enfriar al aire, sobre el alféizar de la única ventana de esa habitación. Pasó la noche allí, hasta que el alfarero se levantó al alba siguiente y, devolviéndola al interior, se dispuso a decorarla: le pintó, por ser simplemente ornamental y no conmemorativa, unos motivos florales desde su base hasta más o menos la mitad; y dos franjas en azul y negro casi en lo más alto. La dejó secar de nuevo; esta vez en una mesa de madera llena de paños y utensilios de alfarería; y la dio por acabada un par de horas después. Cuando el alfarero entró para etiquetarla, la vasija le sorprendió y dijo: - Alfarero… - tenía un espejo grande en frente y se había estado mirando en él desde el mismo momento en que Retkark la puso a secar – estoy viendo mi reflejo en ese cristal y por más vueltas que le doy, no me gusta cómo me has hecho: ¡soy horrible!

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- ¡¿Cómo te atreves?! – Respondió airado Retkark, quien no se esperaba ese comentario en absoluto: había estado todo un día trabajando en ella: dándole forma y decorándola con inspiración y esmero. No creía ser merecedor de tal réplica. - Eres un alfarero mediocre, incluso malo… por eso yo no soy más bella, mejor… - De eso nada vasija… - repuso Retkark – que tú no te gustes no significa que yo sea un mal alfarero. En cualquier caso, la culpa de que tú te veas horrible la tienes tú… pues yo considero que eres perfecta. - ¿Perfecta? No, no lo creo en absoluto… ¡no me gusto! ¡Y la culpa es tuya, que me has hecho! - Lo que estás diciendo es la madre de las insolencias… ¡te he traído a la vida! ¡He trabajado duro y responsablemente en tu creación! ¿Y ahora, porque no te gustas tú misma, me reprendes y dices que soy el culpable de tu existencia y tu fealdad? – Retkark se echó las manos a la cabeza: no podía creerlo - ¡Deberías, en cualquier caso, estarme agradecida por hacerte!... pues yo soy el principio de tu existencia… A Retkark se le aborrascó la mirada. Una fría sombra cubrió su espíritu creativo, no le cabía en la cabeza cómo un trozo de su ser: algo que había creado con sus propias manos, con esfuerzo y cariño, se enfadaba con él por el mismo hecho de haber sido creado… … triste y con el alma rota, ante la mueca burlona e insensata de la vasija encima de la mesa, cogió una vara de almendro y, de un fuerte golpe, la hizo trizas. Remojó los guijarros que resultaron del estallido y añadió más barro… por la tarde, comenzaría de nuevo una nueva y, quién sabe, menos insolente y más agradecida vasija… IV. EL RETORNO DE LOS SABIOS. “Antes del ‘gran catapum’ existían dos fuerzas antagónicas cuya lucha permanente era el motor del Universo. Estas fuerzas se llamaban Bien y Mal, y respondían a la creación la primera y a la destrucción la segunda; si bien la primera era la Vida y la Luz, la segunda significaba Muerte y Sombra. Los seres humanos eran simples peones en el damero donde esta lucha se jugó sin final. Sin embargo, existieron seres que servían voluntariamente a una fuerza u otra; y en muchas ocasiones resultaron ser los promovedores de las mismas y representaron la lucha física, real y no abstracta entre ellas. A los servidores, vasallos, o guerreros del Bien se les conoció ayer como Héroes; y a los que sucumbieron a la voluntad del Mal se les llamó Villanos. Todo terminó hace 130 años, y sólo de vez en cuando Héroes y Villanos reaparecían secretamente en Génesis o cualquier otro punto del planeta para rememorar tal guerra silenciosa y fría… como en “La visita de los Héroes” de “El kronista de Kratka”… pero la apostasía de los Sabios, y su posterior corrupción; su pérdida de alma y razón existencial; supuso el motivo de un verdadero regreso de los Héroes inédito hasta ese escenario… … los ángeles, interpretando las señales del Todopoderoso, tomaron una seria y drástica determinación cuando vieron desde sus tronos olímpicos y celestiales lo ocurrido en la ciudad que fue reconstruida de nuevo y que en este cuarto relato se narra…” Los Traidores se escondieron en una peña del desierto cuando vieron que los Apóstatas volaban hacia ellos. Preferían no contender, y aguardar. Pero su sorpresa fue mayúscula

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cuando comprobaron que los seguidores de Évora e Idara continuaban su desbandada sin hacer el menor caso a quienes se les habían declarado abiertamente enemigos. Nada más sobrepasar el gran grupo de Apóstatas el escondrijo de los Traidores, éstos se plantearon regresar a la ciudad que fue reconstruida de nuevo para averiguar qué habría ocurrido con su enemigo natural: los Fantasmas que se alimentaban de las tinieblas. Era de día. Por lo que, si todavía quedaban Fantasmas “con vida” entre los edificios, los Sabios tendrían esa ventaja en su regreso. Aira y Sfera encabezaron la vuelta. Nadie los señaló con el dedo; en ningún momento se auto-denominaron líderes de nada; pero algo tuvieron que ver los demás en ellos… pues ya era evidente que les seguían. Y es que el respeto no se impone: se gana. Antes del fin del ocaso, cuando ya era rojo sangre el Océano Pacífico al otro lado de la urbe de arena, los primeros aullidos fantasmales (los Traidores seguían inmaculados, y no podían comunicarse con los Fantasmas ni ser corrompidos por su magia) les advirtieron que los otros, los Apóstatas, no habían terminado la misión… habían abandonado y se habían entregado a una empresa baldía contra natura. Por lo que, como bien Sfera dijo a los que iban con ella, les tocaba a ellos terminar lo que se hubo empezado en el Principio: ¡Exterminar, hasta el último de ellos, a esos seres tenebrosos iconos de la abominación y la Oscuridad! En el sector antes dominado E5 un grupo de Fantasmas se disponía a retomar la zona que habitó antes de la llegada y bendición de los Sabios. Los Traidores casi se toparon con ellos, gimiendo allí abajo; donde ya las sombras habían hecho acopio de su escabroso frío; y obligaron a sus alas singulares a descender en picado para atacarles. En lugar de huir en retirada, los Fantasmas los aguardaron y les presentaron batalla al verlos bajar hacia ellos. Con la ida de los Apóstatas, aquellos engendros etéreos eran muy conscientes de que los Sabios que habían regresado no serían suficientes como para cumplir con la misión de aniquilarlos. Podrían perder pequeñas batallas, salir vencidos o escarmentados en escaramuzas y emboscadas a pequeña escala como la que estaba a punto de darse; no obstante, sabían que a la larga tendrían la partida ganada pues las fuerzas numéricas de los Sabios eran realmente escasas. Sfera, Aira y los Traidores que llegaron al E5 desenvainaron y, a pie de calle donde se enfriaba la arena marrón del desierto, en unos minutos habían erradicado, a golpe de espada y proyectil bendecidos, la amenaza fantasmal en esa avenida… no les dio tiempo ni de felicitarse por la eliminación de aquel grupo cuando los gemidos, gruñidos y aullidos de más seres que se alimentaban de Oscuridad les rodearon… aparecieron de repente y por todas partes. Era como si, después de tenerlos contra las cuerdas y llevarlos al próximo exterminio, con la marcha de los últimos Sabios se hubieran reproducido… … en cualquier caso, y ante el cerco y el peligro, Aira gritó retirada y los Traidores ascendieron para refugiarse, nuevamente, en las azoteas y los tejados. La noche, abrigo de los temibles y horrendos Fantasmas, se cernió definitivamente sobre la ciudad que fue reconstruida de nuevo. Allí los Sabios podían hacer bien poco, siendo seres hijos de la Luz como eran, para continuar en su empresa de exterminio. - Ciertamente somos muy pocos. – Dijo Sfera al resto, todos parapetados en una amplia terraza de cálido cemento blanco, cuando comprobaron que allí abajo, en la calle equis

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del sector E5, se amontonaban desafiantes y brillantes los cuerpos evanescentes de sus enemigos. El Arcángel se acercó al Todopoderoso. Éste le había llamado para acudir a su salón del trono en el Elíseo. El Arcángel postró su rodilla izquierda en el suelo de nubes impolutas y aguardó con la cabeza gacha. La voz de Él, llamada también Metatrón, resonó en seguida dentro de la cabeza de Miguel. - Despierta a los Héroes. – Dijo – Y que ellos ayuden a los Sabios que han sido renombrados como Traidores a exterminar a las Sombras y devolver a sí a la Luz a la ciudad que fue reconstruida de nuevo. Y el Arcángel cumplió la orden. Y los Héroes fueron llamados… V. EXTERMINIO FANTASMA I. “En algunos lugares que, de haberlos conocido la Humanidad, ésta los hubiera dado por sagrados, los espíritus de los Héroes fueron despertados. El despertar completo no podía darse, hasta que los espíritus, envueltos en una pompa mágica como de jabón y flotando en el aire, se fundiesen con o entrasen en los cuerpos que los aguardaban. El primer Héroe en regresar a la Vida fue el de Itzachá-Azumi. Éste no se hallaba en la Tierra, sino en el cielo, y por eso fue el primero en llegar, venido desde más allá de la estratosfera, al lugar donde su doble cuerpo le esperaba. El alma era uno solo: tanto se amaron Itzachá, el hombre-lagarto; y Azumi, la hija del Jefe Satsuma – el último samurai -, que Él les concedió la gracia extraordinaria de fusionarse en un único espíritu para así, inseparablemente, morar unidos toda la Eternidad1. Por tanto, el alma dual halló en el sitio pre-indicado dos cuerpos que habitar… …los Fantasmas sintieron un estremecimiento inusual, terrible, cuando la fusión se dio… y los Sabios supieron, al verlos acercarse por la linde del desierto, que sus plegarias de ayuda para exterminar a los seres oscuros habían sido escuchadas.” Zafira, una Traidora poseedora de una recortada bendecida de proyectiles ilimitados, fue la primera en ver a los Héroes aparecer sobre las dunas ardientes… cuando el alba comenzaba a despuntar sobre el horizonte dorado de ondas y arena. El paso de la pareja era lento y preciso, parecían no tener ninguna prisa en llegar. No hablaban entre ellos y sus ropas: él una túnica gris y ella con un traje ceremonial de geisha, ondeaban de manera cadenciosa. Como, y así en realidad era, si fuesen dos semidioses preparándose interiormente para la última y definitiva de sus batallas. Sfera se acercó a Zafira, comprobando su ensimismamiento en aquella impracticable terraza cerca de la frontera. Dirigió su mirada a donde miraba Zafira y los vio, ya muy cerca, aproximándose… - Voy a avisar a Aira… - dijo. Y minutos después una comitiva; mejor dicho, todos los Sabios que en la ciudad se quedaron; les aguardó en la primera calle, trozo de asfalto ajado por la arena y el sol del último siglo, de su inhóspito feudo.

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Léase LA FURIA & LA TRISTEZA VI: REVOLUCIONES. www.amazon.es (saga completa).

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Ninguno de los Sabios había visto en esta segunda vida nada igual. Itzachá extendió su garra de escamas verdes y doradas a Aira, quien la estrechó; y sus miradas se cruzaron comprendiéndose al instante. El sirio cerró los ojos y escudriñó la mente y el corazón del Sabio, que les mostraron todos sus recuerdos desde el principio hasta ese momento: cómo pelear contra los Fantasmas, la Apostasía, la Bendición… todo. Incluso sus ocultos sentimientos hacia Sfera que quizá, se dijo Itzachá, ni si quiera él sabía que tenía… - Esta noche, cuando el Sol caiga, elegiremos un punto cardinal de la ciudad y les atacaremos en su propio terreno… les demostraremos así – dijo el hombre-lagarto – que ni tan sólo la Oscuridad es ya su aliado. Y la noche llegó. Y los Fantasmas temieron en el cantón del Oriente… La tela elegante, finísima e infinita, del kimono de Azumi parecía danzar con el aire caliente al descender a las sombras de a pie de suelo. Los Fantasmas se arremolinaron, ignorantes de quién era ella y qué fuera capaz de hacerles, en su alrededor. Aullando ferozmente para tratar de infundir un miedo que jamás se daría en la Heroína japonesa. Quien comenzó a girar sobre su propio eje y de sus manos extendidas, en el imaginario centro de esas mangas volubles que asemejaban alas y surgieron flores de azahar blancas que, al posarse en los centenares de frentes de los Fantasmas, los hacían consumirse en el fuego destructor de su maldición. Azumi se paseó, casi danzando, alegremente entre la inmensa multitud de seres oscuros; repartiendo esas flores de olor grato y dulce y eliminando, en todas direcciones, a los etéreos que huían, sin lograrlo, de su exquisita y majestuosa presencia. En cuanto al atlántido, a Itzachá, su danza bélica era algo diferente a la de su amada inmortal. El Héroe venido de más allá de las estrellas desenvainó sendas katanas en la vanguardia del grupo de Sabios que lideraba; en él se hallaban también Aira y Sfera y los otros; asestando certero y a discreción sablazos en los no cuerpos aéreos de los Fantasmas, que corrían delante de él como pollos sin cabeza. Los Fantasmas de los otros cantones de la ciudad se escondieron pronto en lo más profundo de los sótanos oscuros que habitaban; temerosos de que la matanza se extendiera por toda la urbe en una única noche de aniquilación… y los del Oriente fueron cayendo, minuto tras minuto, gemido tras gemido, fuego del Abadón tras fuego infernal, hasta que completado el hipotético círculo, se encontraron de frente el Héroe y la Heroína y sólo quedó un Fantasma resistiendo entre los dos. El aire quieto casi costaba ser respirado. Era una calle estrecha, totalmente cubierta de arena hasta el segundo piso de los altos edificios, y el ser oscuro se hallaba encaramado al sobresaliente de una farola arqueada. Sabía que ése era su fin… los dos héroes salieron corriendo hacia él a la vez desde su correspondiente dirección y, al llegar junto al Fantasma, ambos golpearon a la vez; haciendo de él decenas de diminutos fuegos que pronto se desvanecieron en ese pesado y ennegrecido aire. Muy poco después, y antes de que el alba tiñera de novedosos colores las fachadas de la ciudad que fue reconstruida de nuevo, la pareja rescatada de los Azares del Tiempo se dispuso a despedirse de los Sabios Traidores: - …y recordad, como os hemos enseñado en esta noche, - dijeron los dos que eran uno al mismo tiempo: - una de las mayores fuerzas que existen, y existirán por siempre pues fue incluso antes que el cosmos, es la Unión, y no hay mayor unión que la resultante del Amor… - se besaron y, sin dar oportunidad a los Sabios de decir nada, se volatilizaron y desparecieron.

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Sfera, inconscientemente, asió la mano de Aira; y éste se la quedó mirando. Todos estaban en absoluto silencio. La primera luz del Sol apareció sobre las dunas. Y Sfera y Aira chocaron miradas. Reflexionando acerca de las palabras de los Héroes sobre la fuerza del amor. ¿Se llamaba amor, se dijeron sin decirlo, aquello que todavía no sabían que ambos estaban sintiendo? 22. CANCIÓN TRISTE DE MEGALISBOA I. “El ciclo estaba llegando a su fin; no sólo porque los Héroes fueran despertados de su limbo acrónico; y el viento del cambio hería las dunas del desierto. Trayendo consigo nuevas melodías con sus ondas a Génesis. Sintiéndose, palpable pero no maleable, entre las cabañas de todas las tribus peninsulares. Formando remolinos, unos cálidos y otros más fríos que el espíritu del mar, sobre el asfalto y las aceras de la gran urbe del Oeste… De igual forma que la sociedad occidental anterior al ‘gran catapum’ había sucumbido a éste, como colofón a su escalada de negligente progreso; el sistema actual también debía poner fin a su torbellino de impiedad. Pues todo sistema tiende desde su comienzo al desarrollo, y de éste a la cumbre; y una vez en ella, todo sistema sólo puede tender al colapso… a su final. Era inminente el tórrido verano del año 130 después del ‘gran catapum’ en Megalisboa… lo que todos intuían, y nadie ya podría evitar, era que sería el último verano en que la ciudad iba a ser como lo había sido, pues desde sus cimientos más básicos su alma urbanita había decidido mutar. Y la chispa que prendió toda la paja y el sarmiento seco amontonado por el desgastado gobierno militar de Artorius, apoyado condicionalmente por la plutocracia de Megalisboa, además de la corrupción libertina que había destruido en el engranaje moral de los perímetros exteriores, se dio durante la última semana lluviosa en el corazón de las calles de los menos favorecidos.” Caius ordenó al chófer que decelerara; quería saber qué estaba ocurriendo en esa calle equis del perímetro tres. Las ruedas derechas del coche hicieron saltar un gran abanico de agua que empapó la fachada tras la acera. Caius bajó la ventanilla a pesar del consejo de su guardaespaldas de no hacerlo; y se fijó en la gente que se manifestaba… esa clase de asociaciones era ilegal en la ciudad, por lo que representaba un espectáculo innovador para los ojos marrones del Ministro. El cielo se desplomaba, en forma de cascada de bloques de agua, sobre las cabezas que jaleaban consignas contra el Gobierno de Artorius. - Parece que no les importa en absoluto esta lluvia… - comentó a su guardaespaldas fijándose en el gentío que enarbolaba pañuelos y pancartas. Iba a decir algo más, pero calló cuando un huevo se estrelló contra el coche, esclafándose sobre la pintura negra metalizada de su vehículo oficial. - Estamos en peligro Ministro, - comentó el guardaespaldas, hierático – deberíamos salir de aquí de inmediato. - Está bien, está bien… Adolfo, acelera… quiero llegar al ministerio antes del mediodía.

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Cuando atravesaron la aduana entre los perímetros tres y dos, se cruzaron con un corto convoy de tanquetas del Ejército. Caius supo en seguida que se trataba de la “respuesta” a la manifestación ilegal que le había llamado la atención antes. Al llegar al ministerio, ya en el perímetro uno, en su despacho le estaba esperando Maximus, uno de los funcionarios militares bajo su mando; ya que todos los asuntos gubernamentales de la urbe estaban controlados de un modo u otro por el Ejército de Artorius. - …he visto unos… cómo los llamáis, ah sí… manifestantes de camino hacia aquí… comentó Caius, dejando su cartera sobre la mesa con la intención de abrirla. - Sí… eran trabajadores de los perímetros intermedios: se han unido algunos gremios para protestar. - ¿Protestar… por qué? - Bueno, como sabes nos estamos quedando sin recursos, sin dinero… y Artorius se ha visto obligado a subir de nuevo los impuestos a las clases medias… - Pero eso las convertirá en bajas… a la larga… - Bueno… no sé… Artorius sabrá, es el Gobernador y es el que manda. Cuando Caius percibió que Maximus utilizaba un tono grave para resaltar que Artorius mandaba, decidió dejar el tema de la conversación, sonreír y abrir la cartera para ponerse manos a la obra en sus tareas cotidianas: Caius era Ministro de Urbanismo y Arquitectura, y el Gobierno estaba planeando la expropiación de algunos contratos de leasing del perímetro siete para reedificar unas plantaciones artificiales… Caius llegó a su casa después de comer en el restaurante con el que contaba el edificio en el que trabajaba. Algo en su cabeza zumbaba sin cese a pesar de encontrarse entretenido todo el rato, y el malestar en su mente: como una premonición o escalofrío de culpabilidad emergente, no le permitió el descanso… todo lo contrario: sin decírselo a nadie; ni si quiera a su guardaespaldas; el Ministro se puso la peor ropa que tenía y salió a pasear en dirección al perímetro dos y más allá… Nadie lo reconoció. Mejor. Se detuvo, pensando en un por qué que no alcanzaba, frente a los camiones de limpieza del Gobierno… la lluvia había cesado y los funcionarios y militares que todavía quedaban allí se esmeraban en no dejar rastro alguno de lo que luego nunca admitirían que existió: el hedor a sangre y carne quemada arrebataba en toda esa manzana. Quizá no los habían matado a todos… no obstante, a quienes hubieran hecho prisioneros, si los torturaban, tal vez deseasen haber muerto… Caius sabía que Artorius era inflexible en esta clase de casos de desacato, que él llamaba “traición”… ¿traición a quién, a un dirigente que los exprimía y privaba de verdadera libertad a cambio de permitirles vivir en la supuesta última ciudad de lo que ya muchos dudaban llamar “civilización”? Y encima él era un Ministro, un alto cargo, de ese tinglado apestoso. Lo había pensado muchas veces antes… pero aquella manifestación tal vez había sido la espita, la chispa adecuada, para terminar de prender su conciencia. Como encargado del urbanismo de Megalisboa, estaba al tanto de los censos por perímetro, y en los últimos tiempos, con los recortes sociales y los reajustes de Artorius, era notable la subida demográfica en los barrios pobres en detrimento de la población considerada de clase media… si continuaban así, vaticinaba Caius, la situación se volvería insostenible; puesto que los marginales de los perímetros exteriores no tenían ni para comer, mucho menos para pagar impuestos – y los provenientes de las drogas, legalizadas sólo para tal fin así como la prostitución no eran gran cosa – e iban en aumento, inflando el número de personas que no aportaba casi nada a las arcas estatales y desplomándose al tiempo el

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de los que sí lo hacían; otrora cada vez más agobiados por la subida de los servicios básicos como el gas, la luz y el agua corriente, y los leasings de la vivienda. Si el porcentaje de gente como Caius y el mismo Artorius; que no trabajaban en sí: es decir, transformando materia prima en bienes consumibles que al cabo era el motor económico de la urbe; dependían directamente del impuesto del ciudadano medio, y su política era la sangría de éste llevándolo directamente a la extinción… eliminaban el eslabón que les alimentaba como quien rompe una cadena, y al final verían su poder, económico primero y social inevitablemente después, caído al haber sido estrangulado éste por el mismo sistema que ellos habían creado y sostenido. - …y si, con todo eso, - dijo en voz alta sorprendiéndose a sí mismo: - los matamos porque se han dado cuenta de que esto no puede seguir así… qué quedará mañana de esta ciudad más que los miserables por doquier, devorándonos los unos a los otros… De nuevo se puso a llover. Caius se subió la cremallera de la sudadera azul, y se dispuso a regresar cuanto antes a la confortabilidad de su lujoso loft. 23.CANCIÓN TRISTE DE MEGALISBOA II. “Cuando Caius le dijo a Artorius lo que pensaba, éste soltó una carcajada y una breve retahíla de consejos… “tu padre y yo éramos buenos amigos…”, y ese tipo de cosas… pero al ver que el rostro de Caius no mudaba un ápice, el Gobernador montó en ira y le espetó que tenían un plan para con esa gente… La cúpula plutócrata que sostenía el poder de Artorius ya había vaticinado, de igual modo que lo hiciera Caius, el pronto colapso del sistema actual. Pero no habían llegado a las mismas conclusiones que el ya exministro… en lugar de pensar en aflojar las cadenas y cambiar el sistema de impuestos en pro de aumentar la clase media, y basar la economía de Megalisboa en la productividad y consumo de la misma como se había hecho más o menos hasta ahora, ellos pensaron en una palabra que no se oía en el mundo desde hacía más de un siglo… “esclavos Caius, los someteremos y trabajarán sólo a cambio del alimento y el techo para nosotros…”. El plan del Gobierno era destruir los perímetros más lejanos al cero literalmente y, convertir al sobrante de “ciudadanos”, es decir, a los supervivientes de esa demolición masiva, en esclavos que hacinarían en campos de trabajo en los nuevos sectores levantados de la destrucción; con el fin obvio y último de perpetuarse en el poder. Y el corazón de Caius, aunque él podría haber sido de ésos que vivieran a costa de la muerte de los demás, no podía permitirlo. Dimitiendo, se fue de la presencia de Artorius y, en lugar de ir a su loft, continuó andando hasta el perímetro seis y buscó a algún familiar, amigo o quien fuera, que recordase la manifestación ilegal y eliminada de la semana anterior…” La policía tardó en ser avisada. Ese tiempo, pensó Caius, sería más que suficiente para que todos los captados salieran de sus casas y llegaran al punto alfa. El punto alfa había sido elegido por su privilegiada situación geográfica en mitad de la ciudad… además, la mayor parte de los asesinados la semana anterior procedían de las calles aledañas a ese punto: una glorieta pequeña, con un monolito de metal en el centro, de la cual salían las dos arterias del perímetro seis… como un cardo y un decumano partiendo de un foro

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ilusorio. Desde el punto alfa y en todas direcciones, describiendo más que círculos espirales, los que ya formaban parte de una milicia silenciosa y sin nombre se fueron haciendo con las viviendas, los comercios… incluso las calles, deteniendo el tráfico en algunos casos e impidiéndolo en otros… no hubo ningún altercado: todo el mundo desde el perímetro cinco hasta el siete había sido informado de la masacre, y todos estaban de acuerdo con que aquello tenía que cambiar… de cualquier modo, sangriento o pacífico, pero cambiar de una definitiva y bendita vez. Cuando se cercioraron de que todas las casas y las calles desde el punto alfa hasta los puntos beta, kappa, delta y gamma, formando un cuadrado que llegaba rozaba los perímetros anterior y posterior, estaban controladas totalmente por la milicia, dispusieron las atalayas y comenzaron a cargar los sacos de arena. La policía se dio cuenta de que algo raro pasaba en el perímetro seis cuando uno de ellos dio el aviso al resto, por la emisora de su vehículo motorizado de dos ruedas tan futurista que ya no podía llamarse motocicleta, de que en la Avenida Pires habían levantado un muro, sí… dijo muro, de sacos de arena de forma que no se podía acceder a un tercio de la misma. Pronto varias patrullas se presentaron, atónitas, ante todos los muros que dibujaban ese cuadrado en el plano de Megalisboa: la milicia se había encerrado en un gueto levantado por ellos mismos para… quién sabe realmente para qué. Y esto les ponía en un serio aprieto. Artorius fue informado y en seguida quiso saber quién podría estar detrás de ese increíble y espectacular acto de sedición… el nombre de Caius apareció pronto, señalado por Maximus, quien habló al Gobernador de las extrañas preguntas que últimamente se estaba haciendo el exministro. Artorius montó en ira. Y puso en práctica una maniobra que, quizá de haberla intuido Caius, nunca hubiera convencido a esa milicia anónima de perpetrar ese acto de protesta tan original como arriesgado… o sí, tampoco nadie sabrá jamás si lo hubieran hecho igualmente, anteponiendo su libertad y solidaridad a su propia integridad física. ¿Está la moral por encima o por debajo del umbral del dolor? Supongo que para cada cual, la respuesta siempre será diferente… parecida tal vez para muchos, pero diferente. Los demonios verdes habían interceptado ya varias naves extraterrestres de sirios que venían a visitar el planeta… aun quedaba mucho para que se supiese de la existencia de La Colonia, en la que hablaré con más profundidad en las próximas crónicas… no obstante, habían conseguido contactar y convencer (de un modo todavía desconocido hoy) a algunos de esos hombres-lagarto de que trabajasen para el Gobierno de Artorius… pues bien, dos de ellos, pilotos de lo que tuve que recopilar mucha información para saber su nombre: pilotos de “cazas”: unos vehículos motorizados con alas capaces de volar a mucha velocidad y con una capacidad de maniobra extraordinaria, sobrevolaron el cuadrado del perímetro seis ese atardecer sin dar ni tiempo a la milicia de Caius a expresar el motivo por el cual se habían atrincherado allí, descargando un material explosivo muy destructivo que sí, tristemente, aniquiló a la mayoría… … todavía se oyen, si uno se detiene y presta atención con los ojos cerrados en el vacío que quedó donde antes hubo vida, los gritos de terror de los que murieron calcinados o descuartizados en ese brutal acto de represión política…

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24.CANCIÓN TRISTE DE MEGALISBOA III. "El plan de Artorius, desafortunadamente para la mayor parte de la población media y pobre de la urbe, se aceleró tras el bombardeo extraterrestre a los insurgentes de Caius. Armó a todos los efectivos policiales y militares con los que contaba su poderoso ejército, sin dar descanso a ninguno por mínimo que fuera su papel en aquella empresa, y los echó a la calle con una única misión: esclavizar a toda la ciudad. Llamó a aquéllo "detención masiva", y consistió en ir, puerta por puerta, calle por calle, y barrio por barrio, deteniendo a los no-ciudadanos conforme los hallaban y, literal y sistemáticamente, encadenándolos al más largo grillete común jamás fabricado antes en la miserable Hisoria de la Humanidad. Obviamente, la "detención masiva" no se dio de forma ordenada y pacífica en muchas ocasiones... grupos de gente que no estaba dispuesta a entregarse fácilmente tirando agua hirviendo o cócteles molotov de aceite a las tropas desde los balcones; otros que armaron barricadas de mobiliario y escombro en las entradas de los edificios, que tenían que ser voladas y demolidas por los militares para hacerlos salir; auténticos enfrentamientos bélicos a pie de calle por parte de tantos traficantes de drogas, proxenetas y otros mafiosos quienes poseían armas sustraídas al mismo ejército, y que fueron quienes mayor resistencia opusieron y más número de bajas crearon en las filas de Artorius; e incluso, desgraciadamente, suicidios colectivos de familias y comunidades enteras, que prefirieron la muerte y la sombra a una vida de desastres y calamidades como esclavos laborales de un Gobierno asesino y traidor. Las historiadoras de la Akademia bautizarían aquellas cuarenta y ocho horas de debacle, caos y extrema violencia como "el último miércoles". Y se convertiría, trágico e infernal, en el episodio más macabro y vergonzoso del corto trayecto histórico de Megalisboa tras el ya lejano 'gran catapum'... ...mas como siempre, y gracias al Cielo, donde impera la oscuridad, se abre paso la gigante esperanza, y al final o en el fondo aparece ufano hacia el frente aun triste hacia atrás un pequeño rayo de luz... y este rayo de luz en esta macabra escena, fue un exministro de Artorius llamado Caius Julio Capdeto." Cuando el pitido agudo e hiriente cesó, Caius abrió los ojos. La devastación había sido el superlativo de demoledora. No se distinguían algunos edificios, y muchos de los vehículos habían quedado desintegrados de igual forma que las personas. El hedor a muerte apocalíptica era cuanto menos que insoportable y arrebatador. Durante las horas siguientes a la devastación, Caius anduvo perdido y atormentado por las calles, deambulando sin sentido... cuando la razón regresó a su mente, y realmente fue consciente de cuanto hubo sucedido, huyó dirigiéndose al este, queriendo escapar de la urbe para no regresar jamás. Pudo sortear en varias ocasiones los cada vez más escasos controles policiales conforme avanzaba a los perímetros exteriores, pero llegando al final del octavo perímetro; en un lugar que a él le abominaba igual que lo hizo la matanza; unos militares le dieron el alto y él echó a correr por los sucios y hediondos callejones para tratar de despistarlos. Al hacerlo, sin saberlo, entró en un barrio que los lugareños conocían como el "Territorio Violeta": un entramado de callejones, con los tejados de los bajos edificios conectados por infinitos puentes, donde los Violeta, una familia mafiosa, tenían absoluto control de sus habitantes, inmuebles y comercios.

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Una bolsa de tela negra y un fuerte golpe en la cabeza fueron el preámbulo del posterior despertar de Caius en un garaje equis de los Violeta... Sansón Violeta, uno de los matones de la familia, reconoció la insignia gubernamental de la cual Caius no se había desprendido, colgando de su cordón de oro en el cuello. Eso le salvó la vida... - ...quieren esclavizar a la población... por completo... - aseguró Caius con las manos todavía atadas tras el respaldo de la silla a la que le encadenaron. Sansón le creyó e hizo una llamada a su tío, Lucas, quien fue a entrevistarse en persona con el ex-ministro... - ¿No nos estarás contando todo esto para salvar el pellejo, eh?... de todas formas, no perdemos nada por creerle... serás nuestro rehén hasta que lo que dices suceda, si es que ocurre, y en ese momento ya veremos qué hacemos contigo y qué plan de choque trazamos... Y el último miércoles llegó. Y Lucas Violeta supo que Caius había dicho la verdad... los militares ya habían llegado al perímetro ocho, donde se ubicaba el famoso Territorio Violeta, y éstos debían adaptarse y pensar rápido cómo reaccionar ante el dramático ataque del Ejército de Artorius. - Les encerraremos... - dijo Sansón, - rodeándoles por la cuatrocientos dos y hacia la izquierda... - con un plano del perímetro desplegado sobre la mesa. - No... - se atrevió Caius - ¿Cuántos sois: trescientos? Ellos son miles... ¡os aplastarán aunque vosotros acabéis con el primer contingente que os ataque de forma directa! - El político tiene razón... sólo podríamos contenerles durante un tiempo y, si se les pusiese muy difícil hacerse con nuestro territorio... - Os bombardearían como hicieron con los manifestantes el otro día. - Jamás un Violeta ha huido a un enfrentamiento. - Sentenció Sansón. - Pero es mi misión, - replicó Lucas - preservar la integridad de la familia: la supervivencia, en ocasiones como esta, tiene que estar por encima del honor... - Pero sólo a primera vista, Señor Violeta. - Dijo Caius: - Si hoy somos capaces de escapar de Megalisboa: todo su clan y quien quiera que desee unírsenos en esta huida, pues es ilógico pensar ahora en cuestiones de lazos de sangre; podremos planear el enfrentamiento que vamos a dejar pendiente desde fuera y... quién sabe, un día podremos saciar, mejor preparados que en estos momentos, nuestra sed de venganza. Lucas asintió y guardó silencio. Caius tenía toda la razón... - Está bien, - admitió Sansón plano todavía delante, y añadió: - por esta boca, se llega a un túnel... ¿recordáis cuando tuvimos que esconder aquellas armas que les birlamos a los soldados el año pasado? - los secuaces que les acompañaban asintieron - el entramado de túneles termina en unos tubos anchos cuyas salidas están en el desierto, a un par de kilómetros de la linde de la ciudad. Gracias al perfeccionado sistema de comunicación silenciosa de la mafia, cuando los pirmeros militares entraban en el Territorio Violeta, sus habitantes (relacionados todos de algún modo con la familia) ya estaban recorriendo, armados de teas y linternas además de esos viejos rifles y pistolas, los túneles de las cloacas megalisboetas. Caius iba, sin esposas y armado como uno más, a la cabeza junto con el propio Lucas... charlando del porqué miserable de ese atentado de Artorius contra su ciudad... ...conforme iban viajando al este, al final, unos exploradores iban avisando a quienes podían del éxodo; y muchos de aquellos que sufrieron toda su vida la brutalidad de aquel sistema injusto de clases, se les anexionaron haciendo de la marcha subterránea el mayor movimiento migratorio simultáneo de toda la Historia de Megalisboa.

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Horas después, el sol del amanecer les sorprendió en el desierto. Miles de exiliados, de refugiados apátridas, en silencio y mirando al sol naciente emularon al pueblo de Jacob después de atravesar las vastas arenas del Néguev. "Aunque tengamos la evidencia de que hemos de vivir constantemente en la oscuridad y en las tinieblas, sin objeto y sin fin, hay que tener esperanza." [Pío Baroja ] VI. EXTERMINIO FANTASMA II. "Algunos incrédulos pensaron que, una vez idos los espíritus de los Héroes Itzachá y Azumi, los Fantasmas regresarían al cantón del este; pero no fue así. Quizá sólo el eco de la presencia de los mismos en esas calles era capaz de estremecer a los hijos de la oscuridad, de tal modo que no podían ni acercarse a los lugares donde los suyos fueron exterminados por completo y sin piedad. Él estuvo vivo después del 'gran catapum': vio cómo la devastación los mató a todos, y cómo la ciudad de Barcelona era reducida a escombros en tan sólo unas horas. Vio cómo el Mediterráneo se pintó de rojo sangre pra quedarse granate después. Y cómo el cielo mismo tembló y cambió para siempre... por ello decidió irse a dormir; porque no deseaba estar despierto para vivir en un mundo que había dejado de tener cualquier aliciente, ni el menor sentido, para él. Cogió unas sólidas losas de granito y las enterró formando un sarcófago con ellas en el desierto rojizo que quedó después del silencio; y esa misma noche se encerró con la última losa para descansar hasta que lo despertara el Hambre... ...ciento treinta años no son nada para quien es capaz de vivir eternamente... Los ángeles llamaron a la lápida: el cielo todavía no estaba limpio, pero si bien los humanos no podían, algunas plantas y animales se habían apoderado de lo que ahora era un extraño valle frente al mar... y él se despertó, escuchando la llamada de los ángeles en su puerta, como canta la vieja balada... Le señalaron la dirección en que debía ir y le mostraron en su mente no-muerta la imagen de la ciudad que fue reconstruida de nuevo. Solamente asintió con el mentón y, desposeído del hechizo que no le permitió nunca antes ver la luz del sol, lanzó su salmo al Cielo dando las gracias a Dios por sentir la tibia caricia del Astro Rey en su pálida piel, y echó a andar... Ahora que por fin había logrado ser un ser de Luz, denunciaba y le abominaba todo aquél que bebiera de la maldita Oscuridad." El atalaya esa noche en la Torre del Norte era Teosera, y se acarició la barba nervioso, frunciendo el ceño poblado y blanco cuando le vio llegar, caminando lentamente y con el rostro al frente, a las inmediaciones de la ciudad. - ...será otro héroe... - murmuró y llamó de inmediato a Aira y Sfera, quienes se presentaron en la azotea un minuto después. La noche era cerrada y los aullidos de los Fantasmas en el norte subían desde los sótanos, estremeciendo el aire pesado entre los altos edficios. - ...no tiene aspecto de héroe... - dijo alguien entre la multitud de Sabios que se había concentrado expuertas a la urbe para recibir al forastero. - De igual modo, - dijo Aira a todos habiendo escuchado la murmuración: - no puede ser otra cosa que otro de los héroes que van a venir enviados por Él para ayudarnos. Así

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que, sea cual sea su aspecto, le debemos rendir idéntico homenaje que hicimos con los otros dos. Aira se adelantó, batiendo un par de veces su ala, y se presentó: - Buenas noches y bienvenido, soy Aira, uno de los Sabios. - Buenas noches... yo soy Darius Craioveanu, y he venido a enviar al Infierno del cual proceden, a aquéllos que os arrebataron la paz y se alimentan de las tinieblas. Darius no trazó ningún plan, simplemente siguió andando desde la primera calle cuyo suelo eran dunas nacaradas de fina arena bajo la mágica luz de la Luna llena, y les soltó: "¡Seguidme!" Empezando porque sí para acabar no sé cuándo, la idea del ex-vampiro era tan simple como eficaz: eliminar a los Fantasmas desde ese punto hasta el final del cuadrante o cantón del norte de manera secuencial, sistemática, y uno por uno hasta su total y definitiva extinción. Los Sabios, atónitos ante la determinación de Darius, le siguieron en principio con un poco de reticencia: sabían que los Fantasmas eran muchos, y que éstos podrían rodearles en cualquier momento... no obstante, y a cada enfrentamiento del sable de la Edad Moderna del anciano chupasangre2, se convencían más y más de que aquel tipo con vestiduras extrtavagantes y mirada oscura y tan vieja como la misma cimentación del mundo era el más indicado para aniquilar al temible enemigo. Habían pasado apenas un par de horas cuando los Fantasmas comprendieron que nada podían hacer contra aquel ser que hubo sido inframundano; por lo que uno de ellos, un cabecilla supusieron los Sabios, ordenó a todos los demás huir de la presencia de los Hijos de la Luz y atrincherarse en un gran edificio de plazas de aparcamiento donde había imperado la Oscuridad desde el recomienzo de los tiempos. Los seres etéreos acataron la orden y volando y filtrándose por miles de recovecos, se escondieron en ese rascacielos de cemento, acero y cristal. Pensando quizá que en su fortaleza de sombras estarían a salvo. - No podemos entrar ahí... - dijo Setura, una Sabio de piel negra y rizos azabache pegados a su perfecta cabeza - nos masacrarán conforme vayamos entrando. Darius se la quedó mirando un segundo mientras el resto callaba y esperaba. - Perdona Sabia... pero estás tremendamente equivocada. - A Setura se le heló la sangre ante la dura expresión de Darius, cuya voz gutural y potente era el complemento perfecto a esas pupilas grises y lejanas. - ¡Decidme Sabios! - Gritó a todos girando sobre sí mismo - ¿Quiénes de vosotros piensan que seremos vencidos por esos seres del Inframundo? Algunos, tímidamente pero con sinceridad, fueron izando su mano. Otros murmuraban. - Cobardes... ¡¿acaso vosotros luchaís del bando de las sombras?! ¡¿No sois vosotros quienes fuisteis bendecidos por el Todopoderoso en el Valle de la Bendición?! ¡¿De qué, pues, van a tener miedo aquéllos que han sido elegidos por quien creó el mundo y extendió las estrellas sobre él?! ¡Sois los guerreros de la Luz, bendita sea! ¡Y nada puede venceros más que la pérdida de la Esperanza! Entonces, cuando Darius calló, los que izaron la mano agacharon la cabeza, avergonzados. - ¡Vamos Sabios! - Alzó su voz entonces Sfera - ¡Demostremos a esos Fantasmas que nuestra Esperanza es más poderosa que su violenta multitud! 2

Léase LA FURIA & LA TRISTEZA V: PROFECÍAS. www.amazon.es (saga completa).

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Y los Sabios, con Darius y Sfera a la cabeza como adalides de la animada tropa, entraron en el edificio y con gran violencia y sin sufrir la mínima herida, exterminaron a los Fantasmas hasta el último de ellos. Al alba Darius, en la misma azotea donde fue visto por Teosera al llegar a la ciudad que fue reconstruida de nuevo, se despidió de los Sabios para regresar, de nuevo a pie y sin prisas, a la Península de Génesis... - Conservad la Esperanza Sabios; y ningún enemigo, por fuerte y temible que os parezca, podrá hacerse con vosotros... habrá obstáculos en el camino; habrá tribulación y desánimo en vuestras vidas; os deberéis enfrentar a múltiples peligros e innumerables problemas, pero si brilla la luz de la Esperanza dentro de vosotros, solamente podréis ser vencedores de vuestras propias e infinitas batallas. Y quien fue vampiro se fue... mas antes, ya en el desierto, Sfera se le acercó por última vez, y le preguntó: - ¿A dónde regresas? - A donde pronto querréis venir los Sabios: está al este, después del Océano, y se llama Génesis, la Luz de las Naciones. 25. FUEGO. “Las noticias de que las puertas, tanto para la entrada como para la salida, de Megalisboa se habían cerrado las dio al gobierno de mi Señor Kratka el propio ex ministro Caius. Ya era un hecho que las detenciones masivas y la expropiación total de la urbe habían cambiado la forma de estado de la ciudad. El sistema totalitario de Artorius había dado su último paso evolutivo: ahora el gobernador de reelección continua era un faraón, y los obreros de las factorías eran esclavos que trabajaban de sol a sol para el sistema. No habría impuestos, pero tampoco habría propiedad. Y el sueldo se convertiría, así, en un plato de comida diario y un camastro en los nuevos e interminables barracones que ellos mismos, los esclavos, construirían donde antes estuvieron los altos y hacinados edificios de apartamentos. Los exiliados, los que se marcharon con Caius y los Violeta, pidieron un extraño favor al Rey Kratka… en lugar de solicitar un territorio para constituir una nueva tribu bajo el favor del Monarca, rogaron formalmente constituir su propia y nueva Nación, a la cual, y tras el beneplácito de Kratka y la Jerusía o Consejo de Ancianos de Génesis, llamaron Demos, y se ubicó en los territorios limpios más jóvenes del norte… más al este que Bläckadia y al sur de lo que, con la llegada de los Sagugi desde lo que antes fue Francia, ya todos llamaban Ratia basándose en el aspecto roedor de sus habitantes. El ex ministro Caius pasó a ser, cuando los `demosi` se establecieron colonizando aquellas tierras despobladas, el cónsul de los mismos en Génesis y se le dio una casa en el centro de la ciudad, justo al lado de la de 304; por lo que, según el carácter del robot y del megalisboeta, no tardaron mucho en hacerse buenos amigos. Pero otra gran noticia se difundió por todo el vasto y bello territorio de mi Señor Kratka… al parecer, los atlántidos u hombres-lagarto, que trabajaban como mercenarios para el Ejército de Artorius dejaron de estar de acuerdo con éste y, tras la llegada de una

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nave interestelar más grande que las pequeñas que habían llegado a la Tierra hasta entonces, habían decidido cesar su contrato de vasallaje bélico con Megalisboa para constituir, como cualquier otro pueblo de los nuevos que llegaron a la Península Fértil ese año 130 que cambió el curso de la Historia, su propio Estado… … tanto fue así que los vehículos atlántidos partieron de la ciudad del Oeste hacia el sur, habiendo elegido sus comandantes el territorio inmediato tras el mar, en el continente del sur que por escritos de la Era Anterior fue llamado África, como lugar a habitar. Como los genésicos desconocemos el lenguaje de los atlántidos y no hay comunicación entre ambas civilizaciones, desconocemos asimismo cómo han llamado ellos mismos su Estado; por lo cual las Akadémicas convinieron en llamar a la costa septentrional de África ocupada por los hombres-lagarto La Colonia. De este modo, con tantos cambios migratorios consecutivos, el mundo que antes era pequeño y estrecho se ensanchó enormemente… y por ello quizá, el año 130 después del ‘gran catapum’ no fue el centésimo trigésimo aniversario del holocausto sino el verdadero año cero que dio paso al resto de la Andadura del Hombre…” Uno de los vehículos atlántidos que, en escuadra de combate como era su costumbre, sobrevoló los amplios bosques de Andalusia disparó, divirtiéndose quizá con la cacería, a un grupo de animales herbívoros, postciervos tal vez, que corría debajo del ruido infernal de su ignoto motor… el disparo no hirió a ningún postciervo, pero la tragedia que desencadenó fue mayor que la simple muerte de un animal salvaje en mitad del bosque… El disparo de luz naranja y amarilla dio en un árbol seco, cuyo tronco centenario comenzó a arder dejándose llevar por la euforia del abrazo de las llamas… una chispa de ese tronco prendido, prendió a su vez el árbol que tantas décadas le hizo compañía a su lado izquierdo… y el fuego de éste al de su otro compañero… creando así una cadena sin fin. El lobo Ruz olisqueó el ambiente. Aquello no le gustaba nada… era fuego. Y el fuego no era amigo de los lobos. Con un aullido largo y grave convocó a su manada, él era el abuelo de todos ellos y su pelaje gris y sus ojos azules y sabios así lo ratificaban. Les dijo a todos que debían huir, y debían hacerlo de inmediato y unidos, porque las llamas que habían empezado en el corazón del mágico y frondoso bosque pronto llegarían a sus inmediaciones, a lo que ellos tanto tiempo llamaron con cariño “hogar”… Set y Jar, sus hijos mayores varones se miraron entre sí, sabiendo que un ciclo había dejado de existir y que otro nuevo, como seres vivientes integrantes del Ciclo de la Naturaleza que eran, debía amanecer. Antes de comenzar la larga carrera entre los árboles y los innumerables arbustos, Luy y Fan, las jóvenes madres, hablaron un momentito con sus cachorros… “Sujetaos bien”, les dijeron… “Mami va a correr mucho y muy rápido, y no nos podemos quedar atrás…”. Zen, el más pequeño y de ojos azules y morro todavía rosado, rompió a llorar… él, a pesar de su cortísima edad, también distinguía el olor a fuego y muerte que avanzaba sin tregua desde el norte… él también sabía que su vida, tranquila y ufana en aquel maravilloso bosque, habría de terminar. Todos salieron corriendo. Y su hogar se quemaba por detrás. Como una colilla girando hasta estrellarse contra el asfalto.

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Los lobos sobrevivieron, pero el bosque no. Y Ruz lloró el resto de todos sus días… porque el desierto que quedó, cubriendo la ceniza negra la tierra, de palillos ennegrecidos que parecían antenas de muerte, no podía ser llamado, nunca jamás, “hogar”.3 26. LOVE STORY. “El mapa del nuevo sitio, de la nueva Península se estaba componiendo aquel caluroso y húmedo verano del año 130… fue en aquellos días de cielo azul claro, sin nubes por ninguna parte ni de mañana ni de noche, de la fragancia de las últimas rosas en los jardines, de días largos esperando a que las primeras luces del manto estrellado anunciaran el frescor que permitiera dormir, que llegaron los primeros Sabios a la Península… los llamados Apóstatas, quienes abandonaron la misión de exterminar a los Fantasmas en busca de nuevos retos… La llegada de los mismos supuso cambios no esperados, más todavía tras todo lo acaecido hasta el momento, en nuestra tranquila forma de ver las cosas en Génesis… Como la llegada de los Apóstatas a la Península no agradó al Todopoderoso, éste aguardó un poco de tiempo para ver cómo reaccionaban ante lo que no conocían: la civilización humana; pero debido a que su reacción fue violenta: mataban indistintamente a quien se cruzaba en ese turbio y fantasioso camino hacia la Conquista del Mundo, el Creador decidió que no merecían ya más los antiguos privilegios: la capacidad de volar, la invulnerabilidad a las armas convencionales, la falta de miedo… y fue así que les cortó las alas y los convirtió en meros mortales… lo único que les diferenció, tras la Apostasía, de cualquier otro ser humano fue la llamada Marca de los Ojos: continuaron teniendo las pupilas vacías de luz, un disco invariable de color claro y mate, que denotaba así la carencia de un verdadero alma en su interior…[fragmento de Fuego o Bendición] Y esta es una historia que ocurrió cuando los Apóstatas dejaron de ser superiores, y fueron así obligados a convivir con el resto de los hombres…” Liro y Arza desconectaron los teléfonos al mismo tiempo. Nunca antes habían estado hablando durante tantas horas con otra persona sin ni tan sólo haberse visto las caras… y esa vez la llamada había comenzado a eso de las diez de la noche, prolongándose hasta las seis y pico de la mañana; cuando decidieron que ya era suficiente, y los párpados, pesados y llenos de arena, les aconsejaron irse a dormir. Se prometieron enviar fotografías a través de correo urgente y, al día siguiente de esa interminable llamada, ambos hicieron lo prometido… aunque a Liro, a decir verdad, poco le importaba el aspecto de Arza: su voz, sus palabras, ya le habían conquistado hasta las entrañas… … y cuando la vio: con esa melena negra y rizada cayéndole sobre los hombros en la fotografía, con los brazos metidos en los bolsillos de la corta sudadera azul marino, y un gesto provocativo que le dijo que Arza tenía por costumbre “posar” ante las cámaras, se dijo que debería llevar cuidado, que tenía todas las papeletas para acabar enamorado.

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Dedicado in memoriam a Gonzalo Martos, bombero fallecido durante las tareas de extinción de los fuegos forestales de Valencia esta semana pasada. Qué Dios te tenga en su Gloria.

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Algo parecido, aunque se repitiera que no le gustaba físicamente demasiado Liro, sintió Arza al ver la foto del muchacho, tumbado en el césped bajo el sol del verano, con el torso desnudo y unos vaqueros azules ajustados. Arza y Liro, tras verse en fotografías, quedaron. Y Liro contó los minutos, subido en su vehículo de motor de agua, que le separaron en el corto viaje desde su tribu, Kanzor, hasta la de Arza, Vehela, ambas en el sureste de los territorios de mi Señor Kratka. Cuando se vieron, frente a frente, Liro con una de esas últimas rosas rojas y grandes en la mano y Arza, tan vergonzosa que incluso retiraba la mirada de la de Liro, ninguno de los dos supo qué decir… se gustaron. Liro propuso ir a tomar un café. Arza cogió la rosa y asintió… mientras él se devanó los sesos, y el corazón que ya empezaba a galopar por ella sin saberlo aún, porque ella le mirara y le dijera dos frases seguidas… pero una cosa llevó a la otra y, al fin, estando ambos sentados en un banco de madera de un café equis en el centro de Vehela; sin saber ninguno de los dos a santo de qué; ella se giró hacia él, y él, sin decir nada, la besó. Y en ese mismo instante dicen que en algún lugar del mundo hubo de nacer una flor. La noche sorprendió a ambos paseando, sin rumbo real ni dirección, tras comer unas hamburguesas, por las calles oscuras de Vehela, que era más grande que Kanzor, y tenía largos paseos que conectaban los distintos barrios de lo que ya podía llamarse, sin lugar a errores, una ciudad. De repente, y cuando sus arrumacos crecieron sentados en el bordillo de la acera bajo la tenue y frágil luz amarilla de un farol de aceite, unos ruidos los pusieron en alerta… qué podría ser, que iba a lograr romper la magia de esos maravillosos momentos de conocimiento y romanticismo que tanto les había costado a los dos llegar a vivir… Liro se asomó a la pequeña tapia que hacía esquina mientras Arza aguardó tras él: era un grupo de hombres y mujeres: llevaban armas de fuego y blancas, y por sus pintas eran de fuera… Liro agudizó la vista cuanto pudo y sus pupilas se dilataron al tiempo que su corazón empezó a latir con más fuerza: los ojos de los que se acercaban los delataban: eran Apóstatas. Crueles asesinos que sólo tenían capacidad e iniciativa para promover el Mal. - Ven, son Apóstatas… - ¿Cómo? – se aterrorizó el corazón de Arza nada más oír aquel nombre. - Tranquila… no te he contado algo, un don que tengo, y que nos puede ayudar… Arza se lo quedó mirando con extrañeza y sorpresa en la mirada. Le daba igual, en esos momentos, de qué estaba hablando Liro: lo único que deseaba era que hiciera lo que tuviera que hacer pronto y que los Apóstatas no les hicieran daño. Liro la cogió y la abrazó fuertemente, pegándose los dos a la pared. Aspiró profundamente y contuvo la respiración. Arza no entendía… parecía que no estaba ocurriendo nada, pero cerró los ojos y esperó… Los Apóstatas miraron la calle. No había nadie allí, y continuaron con su paseo silencioso y tenebroso avenida arriba. Los cuerpos de Liro y Arza se habían mimetizado con la pared, de tal forma que nadie fuera capaz de distinguirlos… - Soy un mutante… ¿no te importa verdad? – Le preguntó Liro cuando el peligro pasó. - Si me vas a proteger, por supuesto que no.

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- Te protegeré siempre, cariño… estaré contigo, amándote, donde quiera que tú estés.4 VII. EXTERMINIO FANTASMA III. “El nuevo mundo ya estaba conformado… o a punto a decir verdad, pero los Sabios Traidores todavía tenían cosas que hacer en la ciudad que fue reconstruida de nuevo, y aún no habían llegado a la Península para hacer frente (pues sólo ellos podrían medirse al enemigo) a los Apóstatas asesinos y violadores… El tercer Héroe estaba a las puertas.” Aira y Sfera cruzaron sus miradas, cómplices, una vez más esa calurosa tarde contemplando los lados del desierto. En el cantón del sur todavía bramaban por la noche los Fantasmas, recluidos en sus espacios cerrados sabiendo que, antes o después, su fin se aproximaría de manera inexorable; con la certeza de que saldrá el sol mañana y que el agua hervirá al alcanzar los cien grados de temperatura. No lo sabían todavía… pero se amaban. Otros dos amantes, en el Cielo donde van a parar los hombres buenos, se despedían en ese mismo momento. Él se llamaba Kondena, y ella Eddelweiss, y fue por amor que se ganaron en el pasado el galardón de estar junto a Él para siempre… pero la responsabilidad volvía a llamar al corazón de Eddel, la Hechicera del Bien, la Heroína. Y el beso frío de los dos espíritus se desvaneció, prolegómeno de su descenso a ese desierto marrón, terracota, rojo y casi azul a veces en que se había convertido el suelo de la olvidada California. En una burbuja igual a la que hubieron descendido Takeshi-Itzachá y Azumi, descendió Eddel sola… se sobraba para acabar con quien fueran esos Fantasmas, por mucho número de ellos que hubiera. - Mira, - advirtió Aira a Sfera; ambos continuaban en pie, con el ocaso cerniéndose por el oeste sobre las antenas, en la azotea límite del sur – alguien se acerca. - Es una mujer. - Y no camina… levita. Eddel no precisaba pues de caminar. Volando a ras del suelo, separando la arena en dos arcos a ambos lados del surco que su energía dibujó en las dunas a su paso, se aproximó a gran velocidad comparando el caminar lento de sus tres predecesores a los primeros edificios de la urbe de los Sabios. Los Traidores bajaron a las dunas ardientes y saludaron a Eddel, quien se presentó. Todos pudieron sentir un grato bienestar, una súbita sensación de paz; percibieron el calor y la serenidad que desbordaba el cuerpo y el espíritu de la Heroína, expandiéndose a su alrededor y por doquier. - ¿Dónde están esos Fantasmas? – Preguntó. Sus ojos, del gris más imposible que haya creado Dios para pintar unas pupilas, hicieron estremecer a los que tenía justo ante sí. - Quedan los del sur y los del oeste, los que están pegados al mar. – Respondió Aira… Sfera sintió que no podría articular palabra en presencia de Eddel, maravillada con el aura vital que rodeaba a la hechicera.

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Dedicado a Andrea, mi peque… ella sabe por qué. ;)

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- Está bien, mostradme dónde es el sur, y el Mal será erradicado antes que caiga del todo el sol. “¿Cómo?”, se preguntó Aira: los otros habían precisado de toda una noche para ir aniquilando a los Fantasmas uno por uno hasta no dejar títere con cabeza y ella, “¿Los matará a todos en menos de una hora… que es lo que queda para que el sol descienda del todo…?” Aunque era obvio que desconocía el poder de aquella visitante, le costaba creer que pudiera realizar tal milagro en tan poco tiempo… además, “es muy pequeña, casi una niña…” - Sé lo que estáis pensando… que no es posible matar a unos millares de seres en menos de una hora… pero he venido, como los japoneses a enseñaros el Amor y el rumano a enseñaros la Esperanza, a mostraros qué es la Fe. Tened fe, y seréis libres. “Amor…”, pensó Sfera al oír esas palabras… y miró instintivamente a Aira, quien le devolvió el gesto y añadió una sonrisa… él también pensó en esa misma palabra. - Vamos, - ordenó Eddel – hay Fantasmas que exterminar. Todos creyeron que iría andando: entraría por una calle y, a troche y moche les daría zumba tumba a los Fantasmas, y saldría por el otro extremo del cantón meridional; pero no fue así. Eddelweiss ascendió en el aire aún caliente, y sobrevoló las cabezas de los Traidores, quienes le siguieron en el acto. Ascendieron y ascendieron hasta ser capaces de ver los contornos de la ciudad que fue reconstruida de nuevo y, una vez allí, Eddel dirigió su vista al Cielo, ése del cual provenía y donde le esperaba, impaciente y echándola de menos a pesar del corto espacio de tiempo transcurrido, su fiel Kondena.5 Así, comenzó una oración que el resto pudo oír: - Sálvame, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma. Estoy hundida en cieno profundo, donde no puedo hacer pie; He venido a abismos de aguas, y la corriente me ha anegado. Cansada estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; Han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios. Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza los que me aborrecen sin causa. Se han hecho poderosos mis enemigos, los que me destruyen sin tener por qué. Dios, tú conoces mi insensatez, y mis pecados no te son ocultos. No sean avergonzados por causa mía los que en ti confían, oh Señor de los Ejércitos; No sean confundidos por mí los que te buscan, porque por amor de ti he sufrido afrenta… Oh Dios, no guardes silencio; No calles, oh Dios, ni te estés quieto, porque he aquí que rugen tus enemigos, y los que te aborrecen alzan cabeza. [Sal. 69 : 1 – 7; Sal. 83 : 1 – 2.] Y en ese mismo momento, cuando Eddel terminó de pronunciar la última palabra los cielos se abrieron y de una franja oscura, como una cicatriz sangrante en el tapiz rojizo del crepúsculo, surgió una espada de fuego de dimensiones ultra titánicas, divinas, cuyo filo candente y llameante rozó el cantón del sur de la ciudad y los bramidos de los Fantasmas se convirtieron en silencio, absoluto y sepulcral silencio. Los Fantasmas habían muerto. - Ahora, he de irme. – Dijo aun estando todos sobrevolando la ciudad y cuando ya el cielo había regresado a su estatus normal. – Recordad lo que os hemos dicho: buscad el Amor, conservad la Esperanza y actuad con Fe; y nunca, nada ni nadie, podrá abatiros. Los Sabios al completo se maravillaron con el prodigio invocado por la Hechicera del Bien, que se desvaneció en el aire como si nunca hubiera estado allí…

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Léase LA FURIA & LA TRISTEZA III: CIVILES. www.amazon.es (saga completa).

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En la madrugada, cuando se hizo la oscuridad, Aira y Sfera se quedaron a solas en el lugar donde solían dormir… ella acercó su rostro al de él, cerraron los ojos al unísono, y se dieron el primer beso. Nunca antes un Traidor hubo hecho nada parecido. VIII. EXTERMINIO FANTASMA IV. “Más de un siglo atrás, cuando el mundo era joven y estaba poblado, bullente de seres humanos habitándolo aquí y allá, existió una leyenda… un joven a quien todos conocían como El Poeta eligió luchar del lado del Bien, y juró proteger a la Humanidad de los Demonios hasta el final de sus días. El holocausto, el ‘gran catapum’, cortó de repente y sin previo aviso su historia… hundiendo en el olvido las incontables hazañas y las innumerables batallas de El Poeta contra el Mal.6 Lo que le ocurrió a él, así como a los suyos pues estaba rodeado de seres quienes le amaban y ayudaban en su difícil tarea de exterminador de demonios, no se sabrá jamás… dicen que se volatilizó como el resto de personas cuando cayeron las bombas… dicen que su cuerpo era tan fuerte, tan especial, que resistió el ataque pero que murió poco después, de pena, al no haber podido remediar a tiempo el error… dicen muchas cosas de él, pero tal vez ninguna, ni tan sólo su propia muerte, sea cierta… … lo cierto sí fue que, en ese atardecer rojizo frente al océano, en la ciudad que fue reconstruida de nuevo, los Traidores le vieron llegar.” Azura fue la primera en sentir su presencia aproximarse a la ciudad. Ella estaba en las azoteas, como todo Sabio en esos minutos previos al anochecer, cercanas a la linde septentrional del último cantón infectado: el del oeste pegado al mar. Si bien los otros héroes habían arribado de una forma distinguida, épica, casi teatral; El Poeta llegaba andando pesadamente sobre las dunas de fina y dorada arena ardiente. Arrastraba, para sorpresa y abominación de los Sabios quienes, tras la voz de alarma de Azura, fueron a recibirle, una larga ristra de calaveras blancas y grises encadenadas a su muñeca izquierda. En la derecha, y goteando una sangre que parecía no secarse nunca, portaba una espada de hoja ancha y metal gris y brillante cuyo filo se veía plateado al último sol del día. En su mirada, advirtieron los que más cerca de él estaban; Aira y Sfera entre ellos como adalides del nuevo clan; tenía dos luces, una por cada ojo verde casi marrón: en el izquierdo resplandecía la furia, y en el derecho se veía candente y prendida la llama de la tristeza. - Vengo del Hades, - dijo sin mayores preámbulos con una voz estentórea, andrógina, inmortal, - todavía hay en el Universo mucha carne que quemar. Los Sabios no podían creerlo: aquel ser harapiento y manchado de hollín y de sangre no era precisamente la imagen idílica del Héroe definitivo que esperaban; no obstante, Aira se adelantó y dio la bienvenida: - Hola… te estábamos esperando, eres el último de los héroes y sólo queda un cantón de la ciudad infectado por la plaga fantasmal… su fin está más próximo que nunca. - Sí… - afirmó el otro, moviendo de un lado a otro la cabeza y suspirando: le costaba respirar con normalidad y apretaba los dientes indistintamente para hablar – pero desearía que no me acompañarais a la última escena… esto debo hacerlo solo. - No entiendo… ¿por qué? – Era evidente que los Traidores se morían por ser ellos mismos quienes acabaran de una vez por todas con el tenebroso enemigo. - Porque ahí hay algo más que un grupo de Fantasmas… se esconde lo que en una colonia de insectos sería el “Fantasma Reina”… y, si se parece a los seres de la 6

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oscuridad a quienes me suelo enfrentar día a día en el Seol, no os gustará estar en su presencia… - Pero somos valientes, - replicó Sfera, blandiendo en alto su espada adamantina, - y sabemos luchar. - Está bien Sabia… pero que vengan sólo los que realmente se atrevan a enfrentarse cara a cara con el Mal… no quiero estorbos en el último acto de limpieza de esta inhóspita ciudad. – Y, sin más, echó a andar en dirección a las calles de dunas entre los altos edificios, mirando al mar, que enrojecía aquí ennegreciéndose más allá. La noche más oscura de todas las que vieron los Traidores, sólo quedaba un pequeño grupo de Fantasmas atrincherados en un tercer piso subterráneo de uno de los edificios más occidentales. El presentimiento del Fantasma-Reina ya hacía aparecer escalofríos de terror en las espaldas y músculos de los semiángeles. Algunos recularon. El temor era difícil de obviar. - Vamos valientes, - dijo El Poeta haciendo que su voz sonara lo más suave posible – el destino reposa en la cuenca de nuestras ensangrentadas manos. En efecto, rodeado de más Fantasmas del tamaño de un ser humano, allí estaba del que hablaba El Poeta… el tejido evanescente, amarillo y blanco, y fluorescente, del cual estaba confeccionado brillaba en la oscuridad como una sábana extendida sobre un ventilador gigante. En lo alto de esa figura imposible, una cabeza demoníaca: con dos grandes globos oculares blancos cuyas pupilas resplandecían todavía más que su nocuerpo, los miraban con odio e ira… un berrido de la Bestia hizo que algunos de los Sabios quedaran petrificados, a merced de la maldad de los Fantasmas, que en seguida fueron a atacarlos. - Rápido Sabios, ¡atacad a su cabeza con vuestras armas bendecidas y que Dios nos sea aliado en esta aciaga hora, para salir indemnes y victoriosos de la última afrenta! El Poeta, Sfera, Aira, la misma Azura y algunos más dieron un gran salto, volando con sus medias alas (El Poeta desplegó en esos momentos las dos que le había concedido el Arcángel Miguel tras más de un siglo de servicio en el Infierno) y arremetieron contra la testa cambiante y luminosa del Fantasma-Reina, cuyo no-cuerpo estalló en mil pedazos produciendo una onda expansiva que, por un lado hizo desaparecer a los Fantasmas pequeños, y por otro hizo caer a los Traidores que se habían quedado congelados ante la presencia del Mal… Se hizo pues la oscuridad y, con ella, el silencio. Al salir todos a la superficie, sabiendo que un par de Sabios habían caído tras el berrido demencial de la Bestia, todos quedaron aun así maravillados por lo que estaba sucediendo ahí afuera… Serían las tres o las cuatro de la madrugada, mas en lugar de estrellas y quizá una tácita luna sonriendo desde el tapiz velado, el cielo lucía un luminoso color blanquiazul que los hizo estremecer, esta vez, de una calma para ellos antes inédita. Habían exterminado a los Fantasmas: su misión había finalizado. - Os quedaba una cosa por aprender… sin valor la vida no sirve de nada. – Sentenció El Poeta y, sin dar tiempo a despedidas, se volatilizó ante sus ya no tan atónitos ojos ante actos como aquél… tal vez de regreso al Abadón, donde hoy continúa, quién sabe, matando demonios a diestro y siniestro y sin descanso… - ¿Y qué hacemos ahora? – preguntó Azura al aire otra vez negro tras la ida del Héroe.

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- Vayamos al este… - respondió con total convicción Sfera, - encontremos a los Apóstatas, y enmendemos el error. IX. (EPÍLOGO) LA CAÍDA DE LOS APÓSTATAS. “Los Traidores llegaron a la Península sobrevolando durante largas jornadas el Océano que antes fue llamado Atlántico. Entraron por el oeste, divisando la grotesca figura de Megalisboa desde las alturas… y aterrizaron en territorio bajo el protectorado de mi Noble y Valiente Señor Kratka. Al posar sus sandalias sobre el suelo terracota y gris del desierto que circunda la preciosa, preciosísima, Génesis sus cuerpos y sus espíritus sufrirían parecido trauma al que padecieran los Apóstatas al llegar primero… las alas se desvanecieron y las armaduras se convirtieron en polvo y ceniza: ya no eran necesarias en el nuevo hábitat. Eso sí, como el Todopoderoso había planeado para ellos en el Albor de los Tiempos, conservaron sus armas, tanto de fuego como de acero, bendecidas para acabar con su siguiente Enemigo: los Sabios hacedores de la Apostasía. Si bien éstos vieron sus ojos reducidos a un disco azul mate carente de luz para ser distinguidos de los inferiores humanos; los Traidores comprobaron que sus globos oculares, por completo rodeando sus preciosas pupilas del crisol de todos los colores, refulgían levemente… brillando en la oscuridad pues ellos eran la Luz que había venido para ahuyentar a la Oscuridad, y devolverla a sus Tinieblas. Cuando los soldados de la Guardia de Génesis hallaron al enorme grupo de Sabios, tratando de comprender cómo era el nuevo sitio y deambulando sin rumbo definido por los aledaños de la bella ciudad, luz de las naciones, pensaron en principìo que se trataba de nuevos superhombres malvados que los hados habían traído para continuar con ese incomprensible castigo a la Humanidad… no obstante, cuando Aira y Sfera, ya elegidos líderes de los Traidores por la vox populi silenciosa de los mismos, se presentaron a los capitanes de la Guardia, éstos sintieron todo lo contrario de lo que pudiera sentir un humano, sagugi, hombre-lagarto o mutante, frente a un Apóstata… mientras éstos infundían temor y animadversión en los corazones; los nuevos irradiaban un halo de calor, ternura y templanza que daba valentía a los espíritus y enaltecía los pechos de quienes les rodeaban. Por ello, y siguiendo el Plan Maestro Universal, fueron llevados a palacio ante la presencia del Rey Kratka, quien organizó un gran banquete para los poderosos invitados. Allí, durante el banquete, los Traidores pudieron comer y beber por primera vez en sus vidas y se tomó una importante y trascendente decisión que cambiaría los destinos de la gran mayoría de los habitantes de los territorios bajo la protección de Kratka, el Valiente: los Sabios Traidores fueron elegidos “Guardianes de la Paz y el Orden en Génesis”, extendiendo este cargo en cualquier lugar de la península o más allá donde fueran solicitados sus valiosos y temibles para los malvados servicios. Un nuevo mundo, el año 130 surgió sin que nadie supiera realmente el verdadero porqué… y si los Apóstatas hubieron traído consigo la incertidumbre y la muerte; los Traidores nos brindaron la esperanza y la quietud… en unos pocos meses, en apenas unas semanas, como se ha narrado a lo largo de esta primera temporada de krónikas, la Historia giró más que todo lo que lo hubiera hecho desde el asentamiento de Unkh, el Elegido, hasta el día en que Chicco decidió robar aquel trozo de carne.”

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Évora e Idara, quienes comenzaran la Apostasía, se habían hecho fuertes en los suburbios de Zarad-Thor, una lejana ciudad del norte, cercana a Bläckadia, donde vivían bárbaros y toscas gentes acostumbradas a los gélidos inviernos, la carne de caza y la vida austera y el lento tiempo… aquella noche, no tan fría por la incidencia del sol del verano, bebían cerveza en una taberna de su propiedad en compañía de algunas mujeres de moral laxa. Reían y bromeaban jactándose de su perniciosa forma de ganar poder y dinero en aquella zona inhóspita de los territorios genésicos, burlándose del camarero que, atemorizado bajo la siempre patente amenaza de muerte, trataba de contentar los caprichos hosteleros de los dos Sabios. La música, de cítaras y timbales a compases aturdidores y casi violentos, cesó de golpe al abrirse la puerta de madera mal labrada de la taberna. El golpe de la hoja dio en una silla cercana haciendo que un cíclope cayera al suelo desparramando un barril de cerveza. Todos, incluso Évora e Idara, se quedaron perplejos ante la presencia de las dos figuras que atravesaron el quicio de la puerta. Sus uniformes, diseñados por el sastre real de Kratka, de cuero negro, altas botas y cinturones carmesí, ya eran conocidos por todos cuantos se atrevían a obviar la Ley y transgredir sus normas… pero era el fulgor de sus ojos brillantes lo que más temían las almas de los malvados. - Podéis marcharos todos, - dijo con voz suave Sfera al aire viciado y maloliente de la tasca – menos vosotros dos. – Señaló en ese instante con el dedo índice de su mano derecha a los Apóstatas. - Venid a por nosotros. – Susurró a regañadientes Évora levantándose lentamente de su silla apartando a la muchacha que hacía un segundo le divertía. Los sables, las espadas de hoja ancha, bendecidos de los Traidores hicieron el ruido de la magia al salir libres de sus fuertes vainas. Por su parte, disparos de bolas de acero surgieron de los cañones de las pistolas de Évora, quien era un gran tirador según las buenas y las malas lenguas. Cuando las balas esféricas arribaron a donde estaban los Traidores, éstos las partieron, con la velocidad de los relámpagos que nos envía el Cielo, con el filo reluciente de sus espadas, dejando atónitos a todos los que la escena presenciaban. - Moriréis. – Sentenció Aira y, en lo que dura el aleteo de una mariposa, se plantaron él y su amante, Sfera, frente a Évora e Idara. - Nos mataréis ahora… quizá acabéis con todos nosotros… - dijo Évora sonriendo con las encías ensangrentadas sosteniéndole con el poco valor que le quedaba la mirada a Aira, - pero no podréis, ni aunque un millón de años pasara, cercenar el Mal de la naturaleza misma de los hombres que os rodean. - Eso no es de mi incumbencia. Y el acero bendecido por el Creador del Universo se hundió en la carne de Évora, atravesándolo desde el tórax hasta la espalda, formando un lago de sangre grana y hedionda sobre la mesa, las sillas y el suelo de madera ajada por la carcoma. Algo parecido sufrió el cuerpo de Idara, ensartado en la espada brillante de Sfera… Cuando los dos Sabios se giraron para comprobar el estado de la taberna tras sendas muertes, todos se habían largado dejando cuentas sin pagar a un camarero que, al contrario de lo que se pudiera pensar, sonreía desde la barra sabiendo que ya no volverían a molestarle aquellos dos asesinos quienes, noche tras noche, le sometían a sus voluntades zafias. - El Mal será por siempre… en eso el pérfido de Évora tenía razón… - comentó Aira a Sfera montando en sus caballos negros de regreso a Génesis.

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- Cierto, - repuso Sfera con media sonrisa de esperanza en su bello rostro – pero por siempre también habrá gente como nosotros para impedir que se reproduzca. Lejos de allí, cerca del puerto marítimo del perímetro uno de Megalisboa, un vigilante de seguridad contemplaría el fenómeno más extraño que jamás hubieran presenciado sus ojos… una sombra, como una luz, de un ser etéreo e informe llegaba desde el mar, caminando sin caminar sobre él, tenía la cabeza como una calavera de gas y le hizo estremecer… “He visto un Fantasma”, confesaría a su mujer al terminar el turno a la mañana siguiente. FIN DE “FUEGO O BENDICIÓN”. FIN DE LA PRIMERA TEMPORADA DE “EL KRONISTA DE KRATKA” Miguel Díaz Romero © En Caudete, 27 de Agosto de 2012.

APÉNDICE MAPA DEL REINO DE MI SEÑOR KRATKA, EL VALIENTE, EN EL AÑO 130 DESPUÉS DEL GRAN CATAPUM.

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APÉNDICE EXPEDIENTE DE KOMBATE INTRO

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Bienvenidos al juego de escaramuzas sobre tablero de EL KRONISTA DE KRATKA. Expediente De Kombate es un juego de aventuras y bélico al mismo tiempo con el que podrás simular las vivencias de algunos de los personajes y caracteres descritos a lo largo de la serie de relatos. Para ello, contamos con un tablero polivalente (ver al final del Apéndice) y las siguientes reglas y especificaciones: ATRIBUTOS Los ATRIBUTOS son las limitaciones que definen el modo de juego de cada personaje o figura. Se expresan en forma numérica y se ajustan a un máximo. MOVIMIENTO (M): Es cuanto la figura podrá mover en casillas de tablero durante un turno. HABILIDAD DE ARMAS (H): Es la capacidad o destreza en la utilización de armas de mano, de fuego y arrojadizas de una figura. RESISTENCIA (R): Es la potencia de resto ante un ataque físico o proyectado de un enemigo de una figura. VITALIDAD (V): Son los puntos de vida de una figura, donde 0 es la muerte de la misma. Cuando una figura pierde 1/3 de sus puntos de VITALIDAD, queda herido (resta un punto numérico a su H y a su R. Cuando pierde 2/3 queda moribundo (resta dos puntos a su H, a su R y a su M). INICIATIVA (I): Es la cualidad de anticipación de ataque de una figura. Quien más alta la tiene, ataca primero en un lance cuerpo a cuerpo o de intercambio de disparos. ATAQUES (A): Es el número de veces que una figura ataca por fase, tanto de lance de cuerpo a cuerpo como de intercambio de disparos. ELECCIÓN DE FIGURAS O EQUIPO Un EQUIPO tiene un máximo de puntos de valor que es la suma de los valores de todas las figuras que lo componen. Esto es, si tenemos siete figuras de quince puntos cada una, nuestro equipo contará con un total de 105 puntos. Estos puntos han de establecerse a priori para que todos los equipos que vayan a jugar (pueden jugar de uno a infinito si caben en el tablero) tengan el mismo máximo de puntos y el kombate sea ecuánime. Los EQUIPOS responden a RAZAS y a PROFESIONES dentro de las mismas. Es decir, cada equipo lo constituye una RAZA y está compuesto por individuos que pertenecen a la misma. Las PROFESIONES atienden al tipo de figura dentro del equipo. Todos los EQUIPOS cuentan con un Capitán, con un Invocador y con una serie de Soldados. A continuación se indican las RAZAS y las PROFESIONES de cada una para que el jugador pueda confeccionar el EQUIPO con el que desea kombatir: RAZAS Y PROFESIONES SEGÚN LA MITOLOGÍA DE EL KRONISTA DE KRATKA:

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HUMANOS: (Categoría) 1) REINO DE KRATKA, EL VALIENTE. (Raza) #CAPITÁN# (Profesión) M H R V I A VALOR 8 4 3 9 9 2 8 #INVOCADOR# M H R V I A VALOR 8 3 3 9 9 1 8 #CIUDADANO# M H R V I A VALOR 6 3 3 8 7 1 4 SOLDADO DE GÉNESIS# M H R V I A VALOR 6 4 3 8 7 1 6 Repite Iniciativa una vez. SOLDADO POST-ANDALUSÍ# M H R V I A VALOR 6 4 3 8 7 1 6 Más uno a Habilidad cuando tiran con arco. SOLDADO PORTUGUÉS# M H R V I A VALOR 6 4 3 8 7 1 6 Más uno a Resistencia contra Megalisboa y sus aliados. SOLDADO DEL SURESTE (también Nueva Sefarad)# M H R V I A VALOR 6 4 3 8 7 1 6 Pueden utilizar armas de fuego. SOLDADO NORDEÑO Y NORDESTEÑO# M H R V I A VALOR 6 4 3 8 7 1 6 Ignoran terreno impracticable. Pueden ir por donde quieran. SOLDADO MUTANTE# M H R V I A VALOR 6 4 3 8 7 1 4 SOLDADO MUTANTE CON PODERES# M H R V I A VALOR 6 4 3 8 7 1 7 1. Atraviesa paredes y muros. 2. Invisibilidad: menos uno Habilidad del contrario para ataques con proyectiles.

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3. Cuatro brazos: Ataque x 2. (+1 al Valor del Mutante). 2) MEGALISBOA. #CAPITÁN# (Profesión) M H R V I A VALOR 8 4 3 9 9 2 8 #INVOCADOR-ASTRÓLOGO# M H R V I A VALOR 8 3 3 9 9 1 8 ESCLAVO# M H R V I A VALOR 6 3 3 8 7 1 6 Pueden utilizar armas de fuego. SOLDADO# M H R V I A VALOR 6 4 3 8 7 1 8 Pueden utilizar armas de fuego. CYBORG# M H R V I A VALOR 7 5 4 8 6 2 10 Pueden utilizar armas de fuego. 3) BLÄCKADIA. #CAPITÁN# (Profesión) M H R V I A VALOR 8 4 3 9 9 2 8 #INVOCADOR# M H R V I A VALOR 8 4 3 9 9 1 9 #CIUDADANO# M H R V I A VALOR 6 3 3 8 7 1 6 Pueden utilizar armas de fuego. SOLDADO# M H R V I A VALOR 6 4 3 8 7 1 8 Pueden utilizar armas de fuego. 4) DEMOS. #CAPITÁN# (Profesión) M H R V I A VALOR 8 4 3 9 9 2 8

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INVOCADOR-ASTRÓLOGO# M H R V I A VALOR 8 3 3 9 9 1 8 CIUDADANO# M H R V I A VALOR 6 3 3 8 7 1 6 Pueden utilizar armas de fuego. FAMILIA VIOLETA# M H R V I A VALOR 6 4 3 8 7 1 8 Pueden utilizar armas de fuego. 5) TRIBUS INDEPENDIENTES DEL NOROESTE. #CAPITÁN# (Profesión) M H R V I A VALOR 8 3 3 8 9 2 6 #INVOCADOR# M H R V I A VALOR 8 2 3 8 9 1 6 SALVAJE# M H R V I A VALOR 6 2 3 7 7 1 3 GUERRERO# M H R V I A VALOR 6 3 3 7 7 1 4 Más uno a la Resistencia contra armas de mano. METALOBURGO: 6) MIRADAS SERENA. #CAPITÁN-MECÁNICO# M H R V I A VALOR 8 5 4 7 10 2 10 #CAPITÁN-ESTRATEGA# M H R V I A VALOR 8 4 3 9 10 2 10 #INVOCADOR-MECANOMAGO# M H R V I A VALOR 8 5 3 7 10 1 9 WAR-ANT#

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M H R V I A VALOR 4 6 5 8 8 2 10 Pueden utilizar armas de fuego. TRANSHUMANO# M H R V I A VALOR 7 5 4 8 6 2 10 Pueden utilizar armas de fuego. VAMPIROS: 7) ANTIHUMANOS. Repiten tirada de Habilidad contra los Prohumanos. #CAPITÁN# (Profesión) M H R V I A VALOR 10 4 4 9 9 2 11 #INVOCADOR-ALQUIMISTA# M H R V I A VALOR 10 3 4 9 9 1 10 NEONATOS# M H R V I A VALOR 8 3 4 8 8 1 7 ANTIGUOS# M H R V I A VALOR 8 4 4 9 8 2 11 Puede utilizar armas de fuego. 8) PROHUMANOS. Repiten tirada de Habilidad contra los Antihumanos. #CAPITÁN# (Profesión) M H R V I A VALOR 10 4 4 9 9 2 11 #INVOCADOR-ALQUIMISTA# M H R V I A VALOR 10 3 4 9 9 1 10 NEONATOS# M H R V I A VALOR 8 3 4 8 8 1 7 ANTIGUOS# M H R V I A VALOR 8 4 4 9 8 2 11 Puede utilizar armas de fuego.

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RATIA: 9) SAGUGI: #CAPITÁN# (Profesión) M H R V I A VALOR 6 4 5 9 8 2 9 #INVOCADOR# M H R V I A VALOR 6 3 4 9 8 1 9 CIUDADANO# M H R V I A VALOR 5 3 4 8 6 1 5 SOLDADO# M H R V I A VALOR 5 4 4 8 6 1 7 LA COLONIA: 10) ATLÁNTIDOS: CAPITÁN# (Profesión) M H R V I A VALOR 10 5 5 9 9 2 13 #INVOCADOR-HALACH# M H R V I A VALOR 10 4 5 9 9 1 11 EXPLORADOR# M H R V I A VALOR 10 4 4 7 8 1 8 Pueden utilizar armas de fuego. SOLDADO# M H R V I A VALOR 9 3 4 7 8 1 7 Pueden utilizar armas de fuego. Una vez escogida la RAZA de entre las nueve dadas, se establecerá el número de puntos máximos de cada EQUIPO; para la confección del mismo, además de tener en cuenta el valor de cada figura, habrá que tener el de las armas y armaduras con las que van equipadas las mismas. Alianzas: Todos los Equipos tienen la posibilidad de contar con una figura de una RAZA diferente a la escogida; excepto si se trata de una RAZA enfrentada, es decir: Génesis no podrá tener una figura Aliada del Megalisboa y viceversa.

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Los Vampiros Prohumanos no podrán tener una figura Aliada de los Antihumanos y viceversa. Las razas humanas no podrán tener una figura Aliada de los Vampiros Antihumanos y viceversa. Los Atlántidos no podrán tener ninguna figura Aliada y nadie podrá tener un Atlátnido como figura Aliada. El resto de Alianzas son válidas, incluso si dos ejércitos realizan un Pacto De No Agresión para aniquilar a un enemigo común antes de aniquilarse entre ellos. LISTA DE ARSENAL: Todas las figuras pueden ser equipadas con todas las armas, puesto que jugamos en una dimensión de la realidad diferente a nuestro planeta y todos son conocedores de la tecnología que aquí aparece. . Arma de mano o cuerpo a cuerpo: Fuerza 3. Podrá ser cualquier arma contundente o con filo que se use con una sola mano. Valor: 1. . Arma de dos manos: Fuerza 4. Podrá ser cualquier arma contundente o con filo que se use con ambas manos. Valor: 3. . Revólver: Fuerza 3. Alcance: 10 casillas. Valor: 3. . Arco y flechas: Fuerza 3. Alcance: 8 casillas. Valor: 2. . Suriken: Fuerza 2. Alcance: 15 casillas. Valor: 1. . Escopeta: Fuerza 3. Alcance: 15 casillas. Valor: 4. . Rifle: Fuerza 4. Alcance: 15 casillas. Valor: 6. . Rifle láser: Fuerza 5. Alcance: 15 casillas. Valor: 8. . Granada: 3 impactos de Fuerza 4. Alcance: 3 casillas de diámetro y 8 de lanzamiento. Valor: 12. Destruye escenografía. . Granada de humo: Sirve para que el objetivo alcanzado no pueda disparar en ese turno ni mover en el siguiente. Alcance: 3 casillas de diámetro y 8 de lanzamiento. Valor: 12. . Capa de oscuridad: Sirve para que el portador de la Capa de Oscuridad no sea visto por ninguna figura en el turno que se la pone. Un solo uso. Valor: 12. . Rodela: Tirada de Salvación de 6 o más al portador. Valor: 1. Válido contra armas cuerpo a cuerpo. . Escudo romano: Tirada de Salvación de 5 o más al portador. Valor: 2. El portador no podrá llevar armas a dos manos. Válido contra armas cuerpo a cuerpo y proyectiles no de fuego. . Armadura de cuero: Tirada de Salvación de 5 o más al portador. Valor: 2. Íbidem. . Armadura de metal: Tirada de Salvación de 4 o más al portador. Valor: 4. Íbidem. . Chaleco antibalas: Tirada de Salvación de 5 o más al portador. Valor: 4. Válido contra todo tipo de armas menos de cuerpo a cuerpo. . Blindaje ligero: Tirada de Salvación de 5 o más al portador. Valor: 6. Contra todo tipo de armas. . Blindaje pesado: Tirada de Salvación de 4 o más al portador. Valor: 8. Íbidem. Cuando tengamos el número de figuras; siempre un Capitán y un Invocador entre ellas; además de la equipación de las mismas, ajustadas al máximo elegido, puede que nuestro equipo sea parecido a como sigue: EJEMPLO DE EQUIPO DE 150 PUNTOS (ESTÁNDAR DEL JUEGO):

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PELAGARTOS ASESINOS (EQUIPO DE ATLÁNTIDOS) FIGURAPERSONAJE CAPITÁN

M

H R V I

10

5

5

9

9

INVOCADORHALACH EXPLORADORES

10

4

5

9

9

10

4

4

7

8

EXPLORADORES

10

4

4

7

6

VAMPIRO ANTIGUO ANTIHUMANO

8

4

4

9

8

A PUNTOS-EQUIPACIÓNOBSERVACIONES 2 13. ARMA DE MANO (+1); RIFLE LÁSER (+8); BLINDAJE PESADO (+8). Total: 30. 1 11. ARMA DE MANO (+1); BLINDAJE LIGERO (+6). Total: 18. 1 8. ARMA A DOS MANOS (+3); CHALECO ANTIBALAS (+4); ESCUDO ROMANO (+2). Total: 17. 1 8 X 3. RIFLE (+18); ARMA DE MANO (+3); CHALECO ANTIBALAS (+12); ESCUDO ROMANO (+6). 63. 2 11. ARMA A DOS MANOS (+3); RIFLE (+6); ESCUDO (+2). 22 TOTAL VALOR: 150 PTOS. 7 FIGURAS.

Una vez confeccionados los dos equipos, se atenderá a las fases aquí establecidas: FASES DEL COMBATE – CÓMO SE JUEGA – PRIMERA FASE: DIBUJO DEL MAPA (SÓLO EL ÁRBITRO/DJ) El director o árbitro de la partida, en la que pueden jugar de uno a infinito jugadores, deberá dibujar en la escala del mapa (ver al final del Apéndice) dónde se encuentra el Objetivo siempre que jueguen uno o dos jugadores, puesto que si juegan dos o más jugadores el Objetivo será la aniquilación del resto de equipos y no hará falta dibujar un Objetivo alternativo; así como los Tesoros y Dones que el Árbitro desee repartir en el mapa. El Objetivo es público – los jugadores saben dónde se sitúa – pero los Tesoros y los Dones son ocultos – se sabe cuando una figura pasa o se sitúa en la casilla donde están. Tesoros: Son cofres ocultos que el Árbitro o DJ dibujará en la escala del mapa del tablero en el que se vaya a jugar. Son “regalos” para quien los encuentra, objetos que dejaron allí los anteriores Equipos, más bien sus cadáveres, y que nadie los recogió. . Revólver extra. Sirve para quien no lleve revólver, poder usar éste en lugar del arma arrojadiza o de fuego que se le haya equipado de forma alternativa. . Granada de humo. Una granada de humo más. . Granada explosiva. Una granada explosiva más. . Blindaje ligero. El que lo encuentre, llevará este blindaje hasta que muera. . Blindaje pesado. Íbidem.

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. El mechero de Itzachá: Se convierte en su arma alternativa y funciona así: lanza una llamarada a 5 casillas o menos en cualquier dirección y las figuras que estén en esa línea sufren un Impacto F4 cada una. Anula Tirada de Salvación. Un solo uso. . El reloj mecánico de Darius: Sirve para que, quien lo encuentre, detenga el tiempo el turno que desee. Durante este turno el portador podrá moverse y disparar sin que nadie le vea, por lo que no podrá ser herido ni respondidos sus ataques. Un solo uso. . Botiquín: Quien encuentre un botiquín, restaurará su estado de Vitalidad, es decir, si está herido pasará a estar sano, y si está moribundo, pasará a estar herido. En el caso de que tenga todos sus puntos, el jugador puede guardarlo en su mochila para cuando los pierda. Un solo uso. Dones: No son objetos aunque sí van encerrados en cofres. Son elixires que, a quien se los bebe, otorgan poderes extrasensoriales o paranormales. Se los beberá automáticamente, y su efecto será instantáneo, es decir, durante el turno en que lo ha encontrado. Todos son de un solo uso. . Premonición: Permite al afortunado anticiparse a los ataques del enemigo, por lo que tendrá la posibilidad de Esquivar todos éstos: se lanza 1D6, y si saca de 1 a 5, los esquiva pudiendo responder en un kombate de fuego cruzado o cuerpo a cuerpo normal. . Oscuridad: Permite al afortunado moverse una vez más en el turno en que halla el cofre sin ser visto por las figuras enemigas, por lo que no podrá ser atacado pero sí atacar con sus armas arrojadizas o de fuego. . Bendición: El afortunado recobra el total de sus heridas (puntos de Vitalidad) más una. SEGUNDA FASE: DESPLIEGUE DE FIGURAS. No se podrá desplegar a menos de cincuenta recuadros del tablero del Objetivo. En caso de haber desplegado sobre un Tesoro o Don, el DJ está obligado a hacerlo público y se ejecutará de inmediato. Empieza a desplegar el jugador que más saque en una tirada de 1D6, y correlativamente según el número de jugadores. Se despliega el total de figuras del equipo. No se podrá desplegar a menos de catorce recuadros de una figura enemiga, ni a más de dos de una figura amiga. TERCERA FASE: MOVIMIENTO. Tras el Despliegue y el establecimiento de quién debe empezar, éste podrá mover o no si así lo desea todas sus figuras por el escenario un máximo del Atributo de Movimiento de cada figura. Algunos impedimentos o cuestiones: . Subir y bajar escaleras resta ¼ de Movimiento. . Cruzar un río poco profundo resta ½ de Movimiento. . Bajar o subir un barranco resta ½ de Movimiento. . Atravesar una ventana rota o un boquete de pared resta 1/3 de Movimiento.

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Aplicar consideraciones lógicas como éstas que impidan el Movimiento debido a los obstáculos del terreno – se establecerán a priori para evitar confusiones durante el combate. Ejemplo: acordar cuánto restan las vallas que haya en el campo de batalla según su altura y dificultad… CUARTA FASE: INVOCACIONES. El Invocador tratará de invocar, si lo desea, a su Espectro. Para ello, deberá atender a la Tirada de Dificultad de la Invocación: en una tirada de 3D6 deberá sacar lo mismo o más que el número indicado entre paréntesis al lado de los Espectros a invocar. Podrá invocar a su Espectro, que elegirá él mismo, un máximo de tres veces durante todo el kombate. Toda Invocación conlleva un precio si la Invocación tiene éxito, éste se informa en cada Espectro. La Disfunción es siempre la misma: el Invocador que la sufra, no podrá optar a ninguna Invocación posterior, puesto que su capacidad mágica ha sido anulada. Espectros que pueden ser invocados: - EL POETA (16): Aparece el espíritu de El Poeta y lanza un ataque desde el aire a la figura o figuras (no más de 3 separadas por menos de 3 casillas cada una) de 1D6 impactos de F4. Anulan Tirada de Salvación. Disfunción (que la Invocación no surge) si se saca menos de 7 en la Tirada de Dificultad de la Invocación. Precio: Uno de los soldados se sacrificará para que El Poeta surja y les ayude, será tratado con honor en los Cielos. - EDDELWEISS (14): Se abren las nubes y aparece el espíritu de Eddel a lomos de un cebraso y se lleva a la figura que elige consigo, después, la deja caer desde las alturas y sufre 1D6 Impactos de F3. Anula Tirada de Salvación. Disfunción si se saca menos de 6 en la TDI. Precio: Uno de los soldados abandona las armas por abstinencia de violencia durante los dos turnos siguientes a la ejecución de la Invocación. - SABIO APÓSTATA (14): Un fuego abrasador trae a un Sabio Apóstata consigo, que ataca a 1D3 figuras del equipo enemigo infiriéndoles 1 Impacto de F4 a cada una. Anula Tirada de Salvación. Disfunción si se saca menos de 6 en la TDI. Precio: Una de las figuras de tu equipo pierde la razón y ataca a la más cercana de su propio equipo con el Arma de mano o dos manos que lleve. Se da paso a la tirada de Fuerza contra Resistencia. La figura la elige el Árbitro mediante numeración de las figuras y tirada de 1D10 o dado que haga falta según el caso. - ICH ITZACHÁ-AZUMI (16): Aparecen Ich Itzachá vestido de samurai con ambas katanas en las manos y Azumi y arremeten contra 1D6 figuras del otro equipo, cada una de ellas recibe 3 Impactos de F3. Anula Tirada de Salvación. Disfunción si se saca menos de 8 en la TDI. Precio: 1D3 figuras del equipo pierden las armas de fuego que lleven para el resto del kombate. - SABIO TRAIDOR (12): Dos valkirias tocando el arpa hacen bajar del cielo al Sabio quien, con un martillo vikingo, da un golpe en el suelo. 1D6 figuras enemigas y 1D3 figuras amigas tiemblan, perdiendo sus armas durante ese turno siempre que no estén trabadas cuerpo a cuerpo. Las recuperan al siguiente. Disfunción si se saca menos de 4 en la TDI. Precio:1D3 de figuras amigas pierden las armas de fuego para el resto del kombate.

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- DARIUS (12): Una bandada de murciélagos siembra el terror entre las líneas enemigas. 1D6 de éstas retroceden su Movimiento de forma aleatoria. Utilizad un dado con flechas si es posible. Disfunción si se saca menos de 4 en la TDI. Precio: Una de las figuras también queda aterrada y sufre igual condena que ese 1D6 enemigo. - FANTASMA (12): Un Fantasma aparece en la casilla del Invocador y todas las figuras enemigas que el Invocador pueda ver de manera física, alimentados por el terror, pierden (-2) a Movimiento e Iniciativa el turno siguiente. Disfunción si se saca menos de 4 en la TDI. Precio: El Invocador pierde (-2) en Iniciativa y (-1) en Movimiento hasta el final del kombate. QUINTA FASE: FUEGO CRUZADO. Se ha de declarar a qué figura se desea impactar antes de disparar. El alcance de las armas está estipulado en la Lista de Arsenal, y es el número máximo de casillas de mapa que alcanza el proyectil disparado por el arma. Se hará una tirada de Potencia de Disparo para ver si el proyectil llega al total del alcance del arma: En una tirada de 2D6 si se saca tres o menos el proyectil no llega. El objetivo ha de ser visible por el tirador de forma FÍSICA. Todo tipo de proyectil es ilimitado. Si se dispara contra una figura trabada cuerpo a cuerpo y son vistas por el disparador la figura amiga además de aquella a la que se desea disparar, se atiende a la siguiente tabla con 1D6 tras la declaración del disparo, tras la tirada de Habilidad:7 De 1 a 3: Impacta al amigo. De 4 a 6: Impacta al enemigo. El ángulo de disparo (de visión para disparar) es de 360º. Las granadas y otras armas arrojadizas se lanzan en esta fase. TABLA DE HABILIDAD

DE A H T 1 A 2 CA 3 N 4 T 5 E 6

F 1 3 2 2 1 1 1

E 2 4 3 3 2 2 2

N 3 5 4 3 3 3 2

S 4 6 5 4 3 3 3

O 5 6 6 5 4 3 3

R 6 6 6 6 5 4 3

La Tirada de Habilidad sirve para saber si se logra impactar y se establece el éxito o el fracaso mediante la tabla anterior. Ejemplo: Atacante H:5 vs Defenseor H:3; Resultado de la tirada de 1D6: 4; Igual a ÉXITO, pues ha sacado más de 3, que es el parámetro mínimo de acierto según la tabla. Ver Tabla de Habilidad 2 para el segundo paso: Fuerza del Arma (aunque sea de proyectiles) contra Resistencia de la figura impactada. (En la Fase siguiente: Cuerpo a Cuerpo). 7

Ver Tabla de Habilidad.

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Destruir escenografía: (sólo para Granadas, los Espectros, por ser entes mágicos, no la destruyen) Se atiende a estos blindajes: madera, balaustrada, cristal, etc. blindaje 4; ladrillo, sillares, piedras mampuestas, etc. blindaje 6; hormigón, poligrafito, acero, etc. blindaje 8; escenarios florales o boscosos blindaje 2. Se lanza 1D10 y si la tirada supera el blindaje del escenario, éste queda destruido en dos o cuatro cms. (escoger según proyectil) de longitud o espesor. Empleo de la lógica siempre. SEXTA FASE: COMBATE CUERPO A CUERPO. Es cuando dos o más figuras pelean entre sí. La figura del Jugador o Personaje que ataca, lo hace con la totalidad de sus Ataques; después, la atacada responde la totalidad de sus Ataques si es que sigue viva. En el segundo turno o siguientes del combate cuerpo a cuerpo, es cuando se atiende de quién es la Iniciativa: atacará primero quien más alta la tenga. Se lanza la tirada de Habilidad8; y si ésta se supera, la de contraste de Fuerza del Arma contra Resistencia de la Figura:

TABLA DE HABILIDAD 2 DE A H T 1 A 2 CA 3 N 4 T 5 E 6

F 1 3 2 2 1 1 1

E 2 4 3 3 2 2 2

N 3 5 4 3 3 3 2

S 4 6 5 4 3 3 3

O 5 6 6 5 4 3 3

R 6 6 6 6 5 4 3

S 4 6 5 4 3 3 3

O 5 6 6 5 4 3 3

R 6 6 6 6 5 4 3

Y después:

(F) DE F E AR (R) 1 2 MA 1 3 4 2 2 3 AT 3 2 3 AC 4 1 2 AN 5 1 2 TE 6 1 2

N 3 5 4 3 3 3 2

Ejemplo: ATACANT E 8

H F (Arma)

………………………………………DEFENSO R

H R

Ver Tabla de Habilidad 2.

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4 5 H 1D6: si resultado mayor o igual a 2, impacta. F vs. R 1D6: si resultado mayor o igual a 3, hiere.10

2

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Conforme una figura va perdiendo puntos de Vitalidad, se atiende a las reglas de herido y moribundo establecidas en los ATRIBUTOS. Podrán atacar a una sola miniatura un máximo de cuatro enemigos (uno por flanco); quien sólo podrá responder atacando a la miniatura de su frente. Esta es la ventaja del flanco. Si una figura muere, el cadáver NO desaparece; y la casilla no podrá ser ocupada por una figura viva puesto que está ahí el cuerpo del muerto. Las armas del muerto NO son válidas para otra figura. El resto de consideraciones sobre esta fase se han ido especificando a lo largo de estos Reglamentos del EXPEDIENTE DE KOMBATE. MODO DE UN SOLO JUGADOR, O CONTRA EL DJ. El modo de juego contra el Dj consiste en que un jugador confeccione un Equipo con un número preestablecido de puntos de valor y se enfrente contra las figuras, ocultas o no, del Dj para conseguir un Objetivo. Normalmente este Objetivo será la llegada a un lugar o destrucción del mismo. Regla de Oscuridad (válida sólo para este Modo o para jugadores expertos): El o los jugadores sólo verán la parte del tablero que el Dj les permita conforme vayan avanzando en su empeño por alcanzar el Objetivo o eliminar al contrario. Tapar con folios o lo que sea el tablero e ir descubriéndolo a medida que se mueve el Equipo o Equipos. Por ejemplo: visión igual o inferior a dieciocho casillas en derredor, teniendo en cuenta que no se puede ver a través de obstáculos como paredes, árboles, etcétera. Ejemplo ilustrativo: Se dibuja en el tablero la posición de, por ejemplo, un helicóptero con el que ha de huir algún personaje importante de la RAZA enemiga (la que maneja el Dj), y éste está custodiado por equis – no tiene por qué igualar en puntos de valor al Equipo, ya que la dificultad de la misión distará según el número de enemigos a abatir – figuras ocultas, que vayan apareciendo cuando las figuras del jugador tengan contacto visual con la casilla en la que se hallan. Entonces, el jugador, partiendo de la premisa de que no puede desplegar a menos de 50 casillas o recuadros del Objetivo, deberá llegar al helicóptero en un número también preestablecido de turnos – aquí se presenta otro de los valores que marquen la dificultad de la misión – y destruirlo. Si lo consigue, el jugador gana, si no, gana el Dj. Podrán jugar tantos Equipos se desee, pero siempre se tendrá que atender a la regla de distancia aquí establecida para que la partida tenga durabilidad. Ejemplo ilustrativo 2:

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Ver FUERZA de las Armas en Lista de Arsenal. Ya sean proyectadas, de fuego o de mano. Siempre se beneficia al ATACANTE.

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Se dibuja en el tablero la posición de la salida del mapa y el Dj tendrá que, con sus figuras ocultas, impedir que el Equipo del jugador escape en un número determinado de turnos. Si una de las figuras lo consigue, gana el jugador, si no, lo hará el Dj. ¡Y tantos juegos de este tipo como te vengan a la imaginación! A continuación se dan el tablero múltiple polivalente; las casillas tipo; y la escala del mapa para el Árbitro o Dj. · Escala del mapa (ejemplo):

El Dj tomará una cuadrícula como ésta y dibujará aquí dónde están los Tesoros, los Dones, el Objetivo y sus propias figuras a escala. Evidentemente si hay más casillas en el tablero real que en la escala del mapa, deberá adaptar la cuadrícula al tablero real para saber siempre dónde se encuentra cada objeto. (Utilizar papel cuadriculado si viene al caso). · Tablero múltiple polivalente:

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路 Ejemplos de tablero y plantillas:

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· Reglas de tablero:11 Las casillas medirán cuadrado y medio de papel milimetrado estándar. Y se atenderá a la Leyenda General descrita en las primeras plantillas mostradas. Aplicar siempre la lógica: una figura podrá atravesar una ventana rota con dificultad; pasar por encima de un vehículo aparcado en la calle; pero no saltar de un edificio a otro o ver a través de las paredes… la dificultad de la partida en gran parte tendrá que ver con los recovecos, obstáculos y escenas representadas: factor a tener en cuenta a la hora de diseñar un tablero de grandes dimensiones. ¡Y A JUGAR! FIN

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No es necesario aplicar lógica geográfica a los tableros, es decir, puede haber coches actuales, aerodeslizadores del futuro, carros de combate o tirados por bueyes… etc. Todo cuanto se os ocurra es válido y otorgará versatilidad al juego, que es lo definitivamente importante a la hora de pasarlo bien!  Versión Agosto 2012.

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EL KRONISTA DE KRATKA SEGUNDA TEMPORADA

MIGUEL DÍAZ ROMERO © 1. LAS GUERRAS ATLÁNTIDAS. “El mundo ha cambiado… … Artorius ha decidido, según las últimas noticias que nos llegan desde Megalisboa, centrarse en la anulación de la voluntad de sus congéneres, convirtiéndolos en esclavos de su Régimen, y focalizar sus esfuerzos en dos grandes empresas: la sumisión de su Pueblo y la fertilización del suelo bajo su protectorado. Pero la Paz parece no tener aliados en nuestro aciago presente… cuando las naves atlántidas recorrieron nuestro cielo nunca pensamos que lo harían para regresar… al parecer, un tal Ich Tzaka, nombre impronunciable como todos los de esa raza de crestas escarlatas, ha decidido “colonizar” nuestra Península y, por tanto, los territorios bajo el dominio de Mi Señor Kratka, El Valiente… la escasez de agua y materia prima del norte de lo que los antiguos llamaron África ha obligado a los comandantes atlántidos a plantearse subir hacia el norte, hacia las tierras fértiles vera al Río Lenguamar entre los dos desiertos del sur. Donde, ahora, les esperan para hacerles frente los valientes guerreros, caballeros y arqueros post-andalusíes de tez morena… El único frente real es ahora el de Nueva Germania; que viene arrastrando una guerra civil aparte desde hace un tiempo entre iosifistas y adolfistas y que, además, deberá defenderse del nuevo enemigo… Son pocos, muy pocos, pero sus armas de luz y sus vehículos supersónicos superan todo razonamiento tecnológico genésico… por ello, el Embajador Mecánico, Maese 304, ha partido a Metaloburgo para pedir a su Consejo que preste la ciudad de los robots ayuda a su aliado pacífico: la preciosa, preciosísima, Génesis Luz de las Naciones…” Cuando llegaron, los pillaron a todos por sorpresa. Sabían que habían desembarcado esa misma mañana según el espectacular relato de los exploradores, pero no podían concebir que horas después, sin dar tiempo si quiera a establecerse en la bahía, atacaran el pueblo… Nueva Germania estaba vendida. Y las milicias tanto iosifistas como adolfistas trataron de repeler el ataque externo como bien pudieron desde sus posiciones urbanas y rurales… la mayoría de los hombres armados murieron o cayeron heridos o mutilados durante el combate (por llamarlo de alguna forma pues nada podían hacer esos hombres armados con escopetas y sables contra los cañones de luz de los temibles hombres-lagarto)… al resto del pueblo, fuese cual fuera su índole, la sometieron durante el atardecer y las primeras horas de esa noche fría del temprano otoño postandalusí. Hans e Iván eran enemigos. El primero ferviente adolfista, el segundo presidente de las Juventudes Iosifistas de Nueva Germania… pero ese crepúsculo que bañó en sangre los cielos no tuvieron más remedio que compartir trinchera. Cuando los atlántidos llegaron, se escondieron en el mismo lugar observándose con reticencia. Después, y casi al mismo tiempo, se tiraron al suelo embarrado de la trinchera que les sirvió días antes para hacer la guerra entre los dos bandos de la tribu, y se hicieron los muertos.

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Al principio ninguno pensó en cooperar con el otro, pero los gritos de terror de la población civil en las cuatro casas que podían verse desde el infinito campo de batalla donde se hallaban, les hicieron reaccionar… - Vamos, hay que ayudarles… - dijo Iván. - No, espera insensato… nos matarán si vamos al pueblo así, sin más. – Aconsejó Hans. – Mira, tú no me gustas y sé que yo a ti tampoco, pero éstos son peores que cualquier demonio verde… y creo que, aparte de los cortijos del norte y las casas vera al Lenguamar, somos los dos únicos supervivientes no reclusos de los lagartos… - ¿Qué propones…? - Busquemos ayuda juntos: los ganaderos del norte y los que viven del río puede que se nos unan para liberar a los nuestros… - ¿Los “nuestros”? - Hay tanto adolfistas como iosifistas entre los prisioneros… y que mal no recuerde, antes de la guerra civil, todos éramos neogermanos… Iván asintió con el mentón. Hans tenía razón… había que actuar rápido, y buscar ayuda cuanto antes… - ¿Crees que el Rey vendrá? – Preguntó Iván a Hans comenzando la marcha fugitiva bajo el manto de estrellas hacia el río… - Recemos porque sí. – Respondió Hans, y la niebla y la sombra les cubrió. Los atlántidos, capitaneados por Ich Tzaka, quien viajó personalmente con sus tropas, comenzaron las labores de acordonamiento y protección de la zona ocupada a la mañana siguiente… 2. LAS GUERRAS ATLÁNTIDAS II. “Los viajeros que tomaran los caminos más allá de la Carretera del Sur sentirían la congoja apoderarse de sus corazones. Las naves Atlántidas de carga no cesaron sus trabajos de levantamiento de murallas durante aquella primera semana de ocupación reptil. Las fuerzas genésicas, los valientes hombres y mujeres del Ejército de Mi Señor Kratka junto con los refuerzos robóticos de Metaloburgo, dispusieron su campamento a varios kilómetros de lo que ya podía considerarse como “frontera norte” puesto que el muro había finalizado de ser izado. En lugar de hacerlo como lo edificarían los hombres, los atlántidos habían construido aquella monstruosidad con gigantescos bloques rectangulares de un material que el mismo Surkay, Ingeniero de Palacio, desconocía. La pared era de un color azul oscuro muy cercano al negro, y cuando el sol le daba de lleno, brillaba tanto que reflejaba toda la luz convirtiéndose en un espejo fulgurante. Kratka, el Valiente, se desplazó personalmente como siempre junto al gran contingente bélico que se trasladó allí… al desierto occidental bajo la sombra fresca de la Cordillera Andalusia. Nunca ningún Rey se había enfrentado a una situación similar a la que Mi Señor Kratka estaba viviendo, por lo que no existía otro precedente que la batalla continua de las escaramuzas y los pillajes fronterizos con los territorios de Megalisboa, y aunque todos los generales y dirigentes genésicos se sintieron en principio desbordados por el dantesco panorama, les era perentorio tomar una decisión y actuar, de cualquier modo, contra el invasor venido de más allá de las estrellas. Al fin, y tras deliberar durante varios días, se llegó a la determinación de que no podían enfrentarse, ni si quiera con la inestimable ayuda de las armas de los war-ants

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de 304, a los atlántidos de forma directa. Por lo que el monarca actuó sabiamente enviando a gran número de efectivos al norte, a las montañas, como reserva; y dejando a varias tropas de élite en la frontera con un campamento móvil, que se trasladaría a diario para evitar su localización por parte de los lagartos, con el fin de hostigar al enemigo para, de momento, conocer su potencial y evitar en medida de lo posible su avance colonizador. Kratka regresó a Génesis al cuarto día. En el puesto variable que sería llamado desde entonces Campoarena se quedaron Ret como general humano y 417, un war ant, como general Mirada Serena, para llevar a cabo la misión bautizada “Lagarto del Desierto I”… pero la lucha real la llevarían a cabo dos hombres primero al otro lado de la pared azul casi negra que levantaron los lagartos…” Los dueños y trabajadores de las granjas en torno a Nueva Germania fueron avisados de lo ocurrido en la ciudad conforme Hans e Iván iban avanzando hacia el norte y el este. Evidentemente no podían enfrentarse marcialmente a los invasores reptiles; por lo que, en esos primeros momentos de ocupación, lo único que pudieron hacer fue contemplar cómo los vehículos terrestres y las pequeñas naves de construcción y carga invadían sus caminos y su cielo. Cuando finalmente la muralla fue terminada, y se vieron atrapados en ese macro-gueto que los lagartos habían creado, empezó a cundir cierto pánico entre los que no habían sido esclavizados aún. Se preguntaron qué planes tendrían los extraterrestres con ellos… y la incógnita fue despejada en seguida de la manera más cruel que los pacíficos habitantes postandalusíes jamás pudieron imaginar… así como Artorius estaba haciendo con los ciudadanos de Megalisboa, los atlántidos habían hecho con los vecinos de Nueva Germania: atados todos a larguísimas cadenas metálicas con grilletes en los tobillos, los llevaron a los campos más aptos para ser cultivados de los alrededores del Desierto Occidental para trabajar en ellos. Desposeyendo al mismo tiempo de las tierras a los propietarios de las fincas, matándolos o sumiéndolos de la misma forma que hicieran con los que ya estaban encadenados. Fue en la finca de Frederick, un adolfista ganadero, donde se gestaría lo que en un futuro inmediato se transformaría en el verdadero enemigo de las tropas Atlántidas, ya que la operación “Lagarto del Desierto” se desarrollaría con una magnitud inferior a los ataques internos de La Resistencia. Un grupo de caballistas iosifistas, que trataban de dar caza y domar posteriormente a los caballos salvajes postandalusíes que poblaban esas tierras desde el Recomienzo, se unieron a Hans e Iván un par de días antes huyendo de las tropas de hombres-lagarto que buscaban seres humanos a los que continuar esclavizando. Iban en busca de una sombra y un lugar fresco donde parar para comer cuando Leon, uno de los domadores y montaraz del grupo, distinguió las huellas en forma de flecha y muy seguidas de uno de los vehículos terrestres de los invasores; éstas se dirigían, alzando la vista al frente, a una vieja granja de fachadas blancas reinando sobre una pequeña colina. - Están allí… ¿regresamos o los bordeamos por ese estrecho? – Preguntó el propio Leon. - Creo que lo que debiéramos hacer es primero acercarnos… y si se trata de un solo vehículo quizá haya muy pocos de esos lagartos… - aventuró Hans, - podríamos atacarles y liberar a la pobre gente que haya en esa granja…

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Todos cruzaron miradas: enfrentarse a esos bichos debía ser muy peligroso… sus armas daban miedo, más incluso que sus ojos fríos y amarillos y esas garras de reptil afiladas como cuchillos. - Vamos… Hans tiene razón, - apoyó Iván la moción sabiendo que, siendo iosifistas, los caballistas le harían caso a él – hagamos papilla de lagarto. Frederick y su hijo Will estaban arrodillados frente a un soldado lagarto que los amenazaba con uno de esos cañones láser. Inka y Rut, la mujer e hija de Frederick, estaban a varios metros de ellos, arrodilladas y amenazadas de igual forma. El grupo de Iván y Hans contó entonces con el factor sorpresa y, con los rifles que los domadores usaban para espantar a los lobos, hicieron un par de dianas cargándose a los soldados desde la lejanía para luego atacar, a saco sobre sus monturas, al grupo esparcido de lagartos que estaban saqueando la granja. En cuestión de minutos, y sin sufrir una sola baja, habían acabado con los invasores y estaban liberando a Frederick y a su familia… - …un momento… - dijo Will cuando se fijó en los emblemas que llevaban sus libertadores en el hombro izquierdo - ¡sois iosifistas! - Sí… y te acabamos de salvar la vida. – Dijo Leon, cambiando su gesto a uno ultra serio. - Hey, hey… - se apresuró Hans mostrando su emblema adolfista del hombro derecho – ahora no importa de qué partido seamos… posiblemente tanto Adolf como Iosif murieran durante la invasión de Nueva Germania… - Sí, - continuó Iván – en estos momentos tenemos un enemigo común… y yo ya no me considero más iosifista que neogermano… que es lo que somos en realidad. – Acto seguido, y dando más valor a su discurso, se arrancó el emblema iosifista de la casaca y lo tiró al suelo. Hans le siguió con el suyo y, entendiendo el mensaje, los domadores le imitaron. - Will… - le dijo Frederick a su hijo en un tono paternal y suave – estos hombres tienen razón, y además les debemos la vida. – Y añadió abrazando a Iván: - Gracias. - No hay de qué. 3. EPIFANÍA “Los Sabios Traidores todavía no habían acabado con todos los Sabios Apóstatas que continuaban con vida, camuflados aquí y allá entre la gente con mayor anonimato que antes de la llegada de los primeros. El Fantasma que escapó de la ciudad que fue reconstruida de nuevo aguardaba en algún inhóspito lugar, alimentándose de la misma Oscuridad de la que hubo nacido, esperando a que llegara su tiempo. Mi Señor Krtka, el Valiente, había puesto como comandante de Ret a Saira, una Traidorea, para que le ayudase en la difícil tarea de evitar el avance de las peligrosas tropas Atlántidas hacia el norte; aunque, a decir verdad, los hombres-lagarto parecían no tener la menor intención de continuar su peculiar colonización, ya que las tropas de exploradores de Ich Tzaka cerca de la Cordillera Andalusia y los altos del Río Lenguamar eran escasas por no decir inexistentes durante esas primeras semanas de incertidumbre. Por todo ello, el papel de los Sabios en las denominadas “guerras Atlántidas” fue mínimo desde el principio. No obstante, y a pesar de que los lagartos ya controlaban la totalidad de los campos cultivables en torno al Desierto Occidental, La Resistencia comenzó a forjar su propia leyenda escapando del letal alcance de sus reptiles garras y creciendo, silenciosa y sigilosa, día a día en los recónditos parajes rojos y terracota del desierto ocupado…

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… esta es la historia de Mihail, un iosifista que llegó a convertirse en Sabio.” 3. EPIFANÍA. Había convertido en propios cada uno de los argumentos de Iosif durante años. Incluso escribió un libro adornando y ensanchando la vieja doctrina, convirtiéndose de ese modo en uno de los principales ideólogos del beligerante partido. Sus ojos verdes hablaban de ira, de furia, de llevar las ideas al plano de lo material, y ejecutarlas de la forma más agresiva y pragmática. Siempre fue, dicho por sus profesores y cuantos le rodeaban, un chico muy listo. Pero errado en sus caminos. Su retórica violenta, llena de una demagogia tan estudiada como perversa, se fue apoderando poco a poco de su ser, de su espíritu; hasta transformarse en una de sus cualidades existenciales más enraizadas en su personalidad e inherentes a la imagen que cualquiera tuviese de él. Lo tenían por inteligente sí, pero también por un muchacho de mal genio, fácil de alterarse y antipático. Y era que la violencia de sus palabras se reflejaba constantemente en el trato cotidiano con el resto de seres humanos. Escapó con mucha fortuna de Nueva Germania, y conoció al grupo de Hans e Iván cuando éstos, tras cargar en los caballos cuanto pudieron, huyeron de la granja de Frederick hacia las ardientes dunas. Había estado todo ese tiempo vagueando, perdido y sediento, sin rumbo bajo el sol cruel por el gran desierto… … lo hallaron medio muerto. Cuando despertó, los ojos le brillaban de una forma extraña… ninguno de los presentes había visto nada igual pues jamás se habían topado con uno de los Sabios que llegaron del Oeste. Sonrió al incorporarse sobre la manta en la tienda de campaña donde lo pusieron. - ¿Estás bien? – Le preguntó Leon nada más despertarse. - Sí… muy bien: nunca había estado mejor antes. – Respondió con voz suave pero tono firme. Todos los que le oyeron sintieron al mismo tiempo un súbito bienestar que les renovó los ánimos y la esperanza. Al interesarse por al naturaleza de sus salvadores, éstos le relataron cómo escaparon y se unieron, y él decidió en el acto juntarse también al grupo rebelde. Se dispusieron a levantar el campamento y largarse a otro sitio por si los lagartos les localizaban cuando una tropa de exploradores atlántidos se presentó de improviso… Antes de que los lagartos comenzaran a dispararles o, simplemente, se aproximaran para averiguar de qué tipo de gente se trataba; los miembros de La Resistencia desenfundaron cuanto armamento tenían preparándose para el inminente combate. Mihail, al ver que sacaban sus armas, cambió de gesto y respiró hondo. - No son necesarias. – Dijo. El resto lo miró con sorpresa: no comprendían por qué el de ojos brillantes había dicho aquello con tanto aplomo. Él, al comprobar su mueca, habló de nuevo: - La violencia sólo engendra más violencia. Vuestras armas no son necesarias… dejad que me ocupe yo de ellos. - ¡¿Estás loco?! - Exclamó Hans. - No… todo lo contrario, os aseguro que jamás he estado más cuerdo... veréis, en el desierto, en el límite luminoso que separa la vida de la muerte, tuve una visión… una revelación como una epifanía: vi pasar mi vida ante mis ojos, una vida llena de odio, de nerviosismo, antipatía y mal genio… de soledad e incomprensión, de falta de cariño y de más caras disfrazado de alguien que no era yo… y una voz en mi cabeza entonces me dijo que era hora de cambiar todo eso, que me dejaría continuar con vida a cambio de

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una promesa que debía hacerme a mí mismo: la de actuar con bondad, mansedumbre, diligencia y tranquilidad en todo momento. Por muy estresante que resultare una situación, por mucho que el entorno quisiere cabrearme, ante cualquier peligro u obstáculo, y por encima de todo… me aseguró que obtendría la victoria si actuaba siempre y sin excepciones ni condiciones de ese modo: sin ira, sin prisas, sin nerviosismo; y creo que ésta es al primera prueba. El primer obstáculo que em separa de esa triunfante victoria. No supieron de qué se trataba, pero algo había en al voz de Mihail que les convenció de que lo que decía era la verdad, y le dejaron hacer. Minutos después, el exiosifista caminaba lentamente por al arena en dirección a la tanqueta azul marino de los colonos extraterrestres. Nadie excepto Mihail y aquellos lagartos sabrá nunca qué les dijo; pero tras convertirse en Sabio, desplegando un ala blanca y gigante a la izquierda de sus lomos y levitando sobre las testas de los invasores, habló. Y los atlántidos se detuvieron. Y Mihail, que desde entonces pasó a llamarse Mihaira, volvió a hablar. Y los atlántidos se largaron por el camino por donde hubieron venido. Desde ese momento Mihaira y La Resistencia se convirtieron en la peor pesadilla del nuevo y terrible enemigo. “Y aun mientras va el necio por el camino, le falta cordura, y va diciendo a todos que es necio. Si el espíritu del príncipe se exaltare contra ti, no dejes tu lugar; porque la mansedumbre hará cesar grandes ofensas. Hay un mal que he visto debajo del sol, a manera de error emanado del príncipe: la necedad está colocada en grandes alturas.” Ec. 10 : 3-6. Nota del Autor: la segunda temporada de El Kronista de Kratka ha sido interrumpida indefinidamente en septiembre de 2012 por motivos explicados en el blog: lafuriaylatristeza.blogspot.com

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El kronista de kratka  

Colección de relatos bajo este título, corregida, que aparecieron de forma periódica hace un par de años en lafuriaylatristeza.blogspot.com

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