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Sobre el bienestar de los perros de terápia

Cuando vemos un perro o de terapia (o de asistencia o un perro en general) podemos intentar buscar pequeñas pistas que nos hablen de su bienestar. La más básica puede ser fijarnos en su equipamiento: ¿Es cómodo? ¿Le da libertad de movimiento? Podemos observar su movimiento, quizás camine de forma constante en línea recta, sin posibilidad de saludar a otros perros. Podemos mirar a su dueño y ver la actitud que tiene hacia el animal. Y por supuesto podemos mirar su semblante: ¿Parece triste, apagado? ¿Jadea? En muchas fotos y videos se ven perros de terapia con esa sonrisa jadeante que dependiendo de las circunstancias pueden ser algo parecido a un grito de socorro. En ocasiones son perros rodeados de personas que aguantan impasibles a que les acaricien, les abracen o les cepillen. Y ellos quietos. No hace falta saber mucho de perros para ver que ahí hay un problema de bienestar. Las sesiones con niños son especialmente delicadas porque los niños pueden reaccionar a veces de formas “poco educadas” en el sentido canino: pueden abrazar al perro, gritar, moverse de forma brusca, etc. Incluso el perro más equilibrado puede sentirse amenazado en algún momento y reaccionar. Es imprescindible enseñar a los niños sobre cómo deben comportarse con el perro. En la mayoría de los casos se debería evitar el contacto físico y enseñar a los niños a apreciar otro tipo de cosas, como por ejemplo a observar al perro, a dibujarlo, a contarle un cuento… pero teniendo cuidado en que la interacción no sea invasiva y dejando que el perro tenga libertad para elegir.

En AEPA Euskadi nuestros perros viven en casa, con sus dueños, y vienen con ellos a las sesiones de Intervenciones Asistidas. Todos los dueños deben haber pasado por alguno de nuestros cursos de educación donde se enseña no a hacer cosas con el perro sino a entender al perro, a saber interpretar cómo se siente y a ayudarle a sentirse a gusto. Nuestros colaboradores saben de señales de calma, de estrés, de caminar con la correa floja, de enriquecimiento del entorno, etc. Todo esto es esencial para el bienestar del perro. Sus dueños han aprendido a conocerles bien y quieren que el perro esté a gusto. A los perros les permitimos en todo momento comportarse como lo que son, perros. En las sesiones pueden dormir o investigar, nadie les obliga a hacer nada. A la gente le gusta mucho y aprecian ver a un animal comportándose como tal especialmente la gente mayor y las personas que están en prisión. Les gusta mucho ver la naturalidad de los perros, ver que entran tan contentos. Les da una sensación de orgullo y piensan: “con nosotros los perros están tan a gusto”. Los perros deben ser respetados como individuos, cada perro es diferente. Debemos pensar que ellos pueden sentir miedo, dolor, tristeza, soledad, igual que nosotros. Pero ellos no lo pueden decir con palabras. La gente que trabaja con perros debería tener un buen conocimiento sobre ellos, deberían ser buenos observadores ya que los perros nos hablan con un lenguaje muy sutil. Si se respetan sus emociones se pueden llevar a cabo sesiones de Intervenciones Asistidas agradables para todos. Cuando los perros están a gusto, las personas también lo están.

Revista de Adiestramiento en Positivo Nº 17 - Mayo 2015

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Rap17  

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