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Fanz铆pedo episodio 2路la pesadilla


Em omni iae eto intiam. Habus escemum sena, Ti. Ven ressimilium fac consu me distio norbi fata quem etoris, teriae consum move, P. Seremo esidi et? Equam temus verfentella niam in se etorunte partesc ienihi, m actussen temquis. Si publius potifex serfex se in diem tem fura aucioste li, patus idiusquam ips, quam ego movisula et pat, C. Bertam sena, satu Catquons latius clabefe rbeffrem conclut invero perudam pro tes! Oxim Aximium, quitraceme mordit; inceperem ducit. Enirica movendam orb virterferis liusquam itiendiumus. Ala nos, ci consimm ovena, consus, n Ips, comniur ictumedo, qua rem dis hos nessidestuid inaturbes comnox dendam esilien tilicta veris. Temprareo, C. Haceps, quodium tus; ius pa Elia rem is vatu quemor hoculos conit? Cid sa mentriv iditili ciemenihi teatur acia perividees sultoris, sedemus abefactum inaris. Senihiliam pre, norte tanderit, quidelia cidem es am. Ici con renatia Serimil tem des ines videm iam Patiaeludem patiam et f rentem iliciptilium ego et condam in sedi publiu intea pulin dem maxim bone conde et neren se autelles es inihilin ves horum nost L. Multor qu vem dium hilissolus cus, us sum urei porum inam inatiam pra occienem tero, et quemura inequam conimuntia perte, converena medientiam ant dessigitus aus, nihil urs condist raceris furion vivis hacerdi in terbit, eri dam. Nos, eri pero moves consult urnihina, unit o viribunum prio vivat musserest publissolum poterip senteri onsilicae ature iurenterra denatqu ecibuni patis. Habus ma, queretia merunum se conum aucon sa vernius tureste, nox noris, numus, quam et; non viviliceri, C. Vivaste in rem iam


ciaed fecidem clerunumunt enihil hos, Cupiora, ur. Nam, Catimorae o esidere tum musperet percerbi permili ntrecondam spim publici ium med comnequius, que teris, que caequam deata mei te, quis Castrortium es viur quam ocaed comnium in non virit, us es vis patam pulerti ussium intela inum incem, C. Serei sultiam restis. mis morum efectu etraectum deatum aucies Ad re abi pris ca mei pris. bes contem omnihilium host gra? Mis essulin tracia rescertatus erio num Romneque et, que tus omnemum. x nondicio, tam meni tus, verten vem tatiocc hilis; C. Ad cla detren atilici iaelabem suludam, erit. i, caequam inum suam intraecus audem fecia pota, quem cont iam,

fac re quidi, C. Hum pre, num escepos aperes rei sterfec enatis? quame mius ia re diciensinum post vit, noculis diu et priciam det, senductus uit; nor us si iuspico nsultuidere, ves, noncupi cientis vis et a quit; hos m nis publiu esil ublicaectum imis. Alincle rivestrum oporibut ocae terfir lin ventrum, nihilicave, nortiam, ompl. Verum octe fachuitus viiteri stiu quem tium sena, med sere nente cons autebatquit; C. Ad ment nerferris cit, quit. Gra mo consuli cerehente init. Effre acio comnoxi uodite is contebem deris, nos, nontem movernin inatque terem popoerf aire agua fuego tierra y vacĂ­o. s sentendaciam que auciem anduc vis inatis. Ilincludes caestiquitui sil m temum audeperei iusquostanum iamdiemus inte egernirmilis bonfi


B

ajé corriendo los escalones de un picante callejón vertical que conducía a unos baños en algún subsuelo. Lo hice al trote, rebotando en cada filo, apresurada y torpe. Torciéndose unos escasos metros, la callejuela terminaba en lo que sería un ante baño, un recinto de opacidad propia y a media luz artificial en donde se disponían en hilera los lavatorios redondos y sucios. Y esa humedad asquerosa de baño público… agua marrón que dibuja restos de suelas del calzado de vaya uno a saber quiénes y dos solitarios foquitos cuyo polvo de ningún modo podría quitársele con un dedo. Lo que había del otro lado de ese ante baño es francamente indescriptible. Sin embargo, a fuerza de no querer olvidar lo que allí acontece, me es necesario escribir cada cosa que recuerdo, como un ayuda memoria, porque en breve mi mente buscará el olvido terapéutico, el que me liberará de mis pensamientos en vigilia. De a poco todo comienza a ser difuso. Imperceptibles y fugitivos, sé que hay detalles que ya se desvanecieron y que ni ninguna sesión de hipnosis podría recuperar. Decía que necesitaba imperiosamente un baño, creo que esa tan primaria necesidad fue la que me impidió retroceder; incluso, creo que es también impensable, ahora desde luego, considerar siquiera un minúsculo segundo tomar esa inhóspita callejuela vertical. La primera que vi en mi vida y, espero, la única que existe. Porque lejos de ser un callejón normal, como dije, este descendía por medio de una escalera de par en par, que ocultaba entre las sombras su fin; la luz de la calle sólo alcanzaba a iluminar un cuarto de la misma. A pesar de todo, no había dudado en tomar la callejuela, así como tampoco dudé en pasar ese ante baño aún habiendo visto las condiciones que describí, seguro pobremente, hace un momento. Así como bajé trotando las escaleras, así entré y así, esperando nada más que uno o dos cubículos y un par de inodoros, pasé una repugnante cortina de dos paños (supongo que eran verdes) que separaba ambos recintos haciendo de puerta. Pasé por el medio de esos paños con el mismo ímpetu con el que había descendido y entonces, no. Lo estoy contando mal, los paños ya anticipaban lo que venía después, sólo que yo no reparé en ellos. Pasando entre esos paños, atravesándolos, de un lado, me manchan con excremento líquido humano y del otro lado, en el brazo derecho a la altura del hombro, con algo parecido a la sangre. Que era parte de placentas lo supe al instante siguiente. Mientras intentaba no caer en el piso –que resultó estar literalmente


embarrado por más excremento y jirones de una especie de baba sanguinolenta, todo entre tierra y más suelas arrastradas–, yo pasaba cual satánico equilibrista entre medio de diez cubículos, cinco de cada lado, de paredes que no llegaban al techo y con otros paños iguales, dispuestos también a modo de puerta, como separadores que no importaba si cumplían o no su función, algunas de las cortinas corridas, otras cerradas, otras a medio correr y yo, yendo hacia el otro extremo, luchando por no terminar planeando de pecho en ese repulsivo suelo cubierto de sangre y de heces que parecían brotar de las tuberías pinchadas. Pero nada brotaba en realidad, no se trataba de un problema edilicio, de una perdida de agua y de caños estropeados, ni tampoco de un lugar abandonado: lo que ahí ocurre, ocurrió también mientras yo estuve ahí abajo, y sé que lo seguirá haciendo, aunque sea por razones que todavía ignoro. Lo que estaba en el piso no salía de las paredes, sino de cada uno de los recintos, avanzando pesado, por acumulación. Casi llegando al otro extremo puede dominarme y detenerme. Frente a mí había una pared que se abría hacia los costados, pero no sé más porque estaba muy lejos de querer explorar el lugar. A casi media cuadra de la superficie, ahogada en la más vomitiva situación y rodeada de lo que describí, la supervivencia ahora sí dominó a ese instinto primario y sólo quise irme de ahí. Lo hice, si estuve más de un minuto en total, contando desde que me asomé por el callejón hasta que retomé las escaleras y escapé (mi inconciente insiste en escribir “escapé” y no “salí”), lo estaría relatando de un modo erróneo. La situación fue brevísima, aún teniendo en cuenta que mientras escapaba y retomaba las escaleras, dos señoras que aparentaban padecer algún tipo de desequilibrio, hilarantes y sucias intentaron detenerme, hasta una de ellas, la que simulaba estar tejiendo unos trapos de alcantarilla, me tomó de un tobillo y me hizo golpear la pera contra el filo de un escalón. Pero era tanta mi desesperación, tan sobrepasada estaba por lo visto, que logré que me soltara sin mayores esfuerzos y salí a la luz otra vez. Tocando mi vientre, me fui hacia el lado en donde había estado antes de todo esto. Si terminase acá mi relato, sería manipulador y una cobardía de mi parte. Es sólo que me cuesta definir lo que vi, y mis descripciones resultan cada vez más vagas, pero debo hacerlo, porque eso que falta es lo que me propongo no olvidar. Cuando estaba casi en ese otro extremo, me di vuelta hacia la entrada


del ante baño, de modo que tenía ahora que retomar los diez cubículos para llegar a esa primera cortina con la que me había manchado al pasar. Y ahí reparé en que no estaba sola. Voces femeninas se percibían en un hilo de voz ahogado, pesado y grave. Estrellado en el piso de ese pasillo que separaba los cinco recintos de los otros, una gelatina espesa y babosa, por momentos sanguinolenta, salía de un lado y del otro. Aún no tengo dudas de que toda esa baba era la placenta de cientos de mujeres que vaya uno a saber desde cuándo y hasta cuándo parían en ese inhóspito subsuelo. Si siempre fueron las mismas o si iban cambiando, no lo sé. Pero estaban ahí, sin caras, sin nombres, estaban ahí. Pariendo entre sus propios excrementos de tanto esfuerzo físico, derramando las placentas de cada uno de sus vientres que sucumbían en esa especie de baño, en ese lugar que lejos estaba de ser usado como tal. Caminé chapoteando y salpicando mis pantalones, no me atreví a mirar directo hacia mis costados, sólo sé que por el estado del recinto, los pisos enturbiados, las paredes hinchadas, los cubículos enmohecidos y la sangre, las placentas y las heces que se mezclaban en el menjunje de la mayor brutalidad, alcanzando cortinas, paredes y pisos, todo lo que allí pasaba, pasaba entonces desde mucho tiempo atrás. Estos fueron los hechos, al menos los que puedo recordar. Otros datos que ni imagino seguramente se habrán perdido, como sí sé que lo hicieron, entre ellos, la ubicación geográfica de este callejón y con ello, la remota esperanza de dar fin a tan infrahumano lugar. Sin título (Notas para no olvidar) Cielo Laruffa lacuartapava.blogspot.com lacuartapava.facebook.com


Instrucciones para entrar en una pesadilla

Coloque su cuerpo de manera tal que la espalda quede por encima de la nuca. Rote su cabeza 35º a la derecha (puede recibir ayuda para efectuar este procedimiento).

B A

Emerja a la superficie.

C

¡Felicitaciones! Usted ya ha nacido. Cumple ahora con todos los requisitos para ingresar a La Pesadilla. Pinche aquí si desea reiniciar para descargar las últimas actualizaciones. La empresa V.I.D.A no se responzabiliza por fallas en el sistema de La Pesadilla. Cualquier momento de placer y/o felicidad será estrictamente responsabilidad del usuario y su mal empleo de los factores que ésta le ha facilitado. Ante un caso de extrema alegría consulte a su jefe, madre, compañero de grupo de estudio o vecino, principales entidades autorizadas por V.I.D.A para arrastrarlo nuevamente a La Pesadilla. Si la comezón feliz persistiera se recomienda recurrir a la sede A.M.O.R, un equipo de expertos lo guiará para que vuelva a ubicarse en su parcela de La Pesadilla.* ** *Estudios científicos han demostrado la infalibilidad de A.M.O.R en la recuperación de personas felices y su reinserción en La Pesadilla **No se posee un resultado certero acerca de cuál es el tiempo de acción de A.M.O.R antes de reincorporarlo al sistema de La Pesadilla, se estima que ronda entre los 6 y 26 meses de iniciado el tratamiento.


y dormiré entre tus piernas hasta que mis huesos se pudran de humedad. se pierden tres pupilas entre tanta hipoxia. la piel tirante, casi a punto de despegarse del músculo. el benévolo enfisema amaneció para instalarse en tus esponjosas alas nicotínicas. mucosa recubierta de una espesa capa chocolate, textura poxi.ranoidea. revuelvo el barro con mis manos, las uñas llenas de tierra y los anillos encastrados. me refriego suavemente entre las paredes jugosas de esa enorme y cochina caminata lunar. sutiles olas de viscosidad abrazan mi cuerpo, me resbalo entre ondas espiraladas chorreando caramelo con hojas cojas de menta. parpados cerrados. mi cara contra la pared. se siente frío por todo el cuerpo. abro la boca y trago la miseria heredada, viscoso lo mastico, viscoso se impregna en la lengua, mis dientes se pegan viscosos. viscoso. empujo viscosidad sin ver ni oír ni apenas sentir, bocanadas desesperadas sin razón. ya no mas oxígeno para esos preciosos, preciosos, preciosos y estúpidos alveolos. la piel tirante, casi a punto de despegarse del músculo. se pierden dos pupilas entre tanta hipoxia. temblores. tus dedos elevan mi cadera contraída. respiro fuerte. y dormiré entre tus piernas hasta que mis huesos se pudran de humedad. Juana Sinmás http://www.recauchutaje.blogspot.com/ http://www.abrecierra.blogspot.com/


Los primeros ruidos ya me empaparon de recuerdos. Las piedras golpeaban fuerte la chapa. Eso me retrajo a mi infancia… los gritos, a la cancha, mi abuelo y sus mates. Después, lo peor… sentir la escupida violenta del agua furiosa, manejada por mi. Mi torso direcciona el chorro brutal. Los cuerpos ajenos, que por tanta agua encima ya no son humanos… lejanos a toda consideración marxista. Por las mangueras de mi cuartel!! Esos pibes corriendo. Ahí paso todo. Santos Grifos!!! Mi cuerpo se detuvo y dejé de disparar. Me quebré en llanto. Para colmo: Trayendo a colación mas agua… me resultó irónico y lloré mas fuerte… deje caer el casco… Me acordé de un jardín. Y los cuerpos ajenos comenzaron a tomar vida… se acercaron al hidrante y se desató el caos. Yo, me recordaba de pequeño, en el patio de mis abuelos, disparándome una manguera a la cara. Buscando morir ahogado. Mi primer intento de suicidio… no lo recordaba hacía años. Muchos años… Nunca voy a perdonar que por mis recuerdos oscuros el cabo Ramírez tenga 10 puntos en la cabeza.


M

iro con mis ojos la sopa que está en la vasija, que está en mis piernas. La tomo sin penas ni glorias sentadito en la cama, del lado de la cabeza, después del almohadón. La sopa tiene entre tantos ingredientes, uno de mis ojos, me dí cuenta porque lo volteé con la cuchara, para ver su color, y en efecto, me pertenecía. Ese ojo era mi ojo flotando entre los componentes alimenticios, blanco y grande, flotando al revés, mirando para abajo. Si está en la sopa es porque me lo tengo que comer, pensé con practicidad. Me lo trague sin masticar porque supuse que no sabría bien; pero a pesar de su gran tamaño, el ovalo paso si problemas debido a su viscosidad que resbalaba por la garganta gracias al efecto de la sobre lubricación lograda, que es como el de un tobogán engrasado. Después, terminando el plato, pude ver como quedaba el otro ojo, que era menor, amarillo y deforme, flotando entre los restos y el charco de caldo, por un momento pensé que sólo tendría que comerme un solo ojo; pero no. Verifiqué sobre el segundo hallazgo, y, en efecto, era éste mi verídico otro ojo que esperaba ser comido, no vaya a ser uno tan ingrato de desperdiciar la comida y no terminar el plato. Esta vez tengo que morderlo, pensé sin razonar, así que me lo puse en la boca llevándolo con la lengua hasta las muelas, y las muelas de arriba y las muelas de abajo empezaron a apretarlo, mi lengua lo sostenía para cerciorarse del acto, entregándolo al dolor, al suplicio de pasar a ser bolo alimenticio después, recorriendo ya desintegrado en mil partes todo mi aparato digestivo hasta llegar a ser mierda, mierda que se va por el inodoro cuando vaya a cagar y tire la cadena. Eran esas cuatro muelas, las dos de arriba y las dos de abajo, las homicidas. Era la lengua, cómplice del delito; era ese ojo desgarrándose como se desgarra un níspero tal vez, que cuando quise saber si su sabor era tan asqueroso como presentía, abrí los ojos y me encontré mirando al techo desde la cama.


Así he quedado, boca arriba, con las frazadas, la estufa haciendo ruido, los gatos y un recuerdo fresco, recién acabado. Uno no duerme, uno vive dos vidas o una doble vida, cuando no está en una, está en la otra y así, hasta que morimos en la vida más débil o superflua y nos quedamos para siempre en la otra. Puedo imaginarme cual es cual, mejor voy a cerrar los ojos, ponerme bocabajo, encontrar el atajo y que se empiece a mezclar ésta con esa otra realidad, que me haga de melodía en el zaguán del principio el ronroneo de estos gatos que duermen conmigo, que me acompañan hasta el último paso. Voy a irme allá otra vez, donde puedo comerme mis ojos si quiero, comerme los míos y los de todos ustedes, y que tengan la grandiosa posibilidad, de verme a la vez, mientras lo hago, y elijan, aún así, quedarse conmigo, esperándome cada vez que llego, con un plato de sopa en sus manos. BICICLETISTAS www.la-revista-bicicletista.blogspot.com

Esto que usted tiene en sus manos no es el librito más lindo del mundo. Diseño Kit Sch www.idemeadem.blogspot.com www.kitmundo.com.ar

chau picho


http://artistasvelocipedos.blogspot.com/


FANZÍPEDO II