Page 56

TERRENOS DE JUEGO

Saborear la vida y olvidarse de los problemas diarios. Algo que se dice con facilidad pero que hoy en día cuesta un mundo llevar a cabo. Las preocupaciones de ahora ya no son como las de antes. Quizás las de nuestros antepasados más remotos eran únicamente las propias de la supervivencia: comer y no ser comido. ¿Pero quiere esto decir que la vida actual es más placentera?¿Alejarse de la simplicidad de las cosas no ha supuesto pagar un alto precio? ¿Hemos perdido la perspectiva? ¿Es posible una vuelta hacia atrás? Estos son mis pensamientos mientras tomo este delicioso postre que pone punto y final a un almuerzo que parece haber sido preparado con el mayor de los cariños. Como si esa joven cocinera no tuviera prisa por terminar para ir a vivir la vida puesto que ya lo está haciendo en este preciso instante, dando de comer a las once personas que compartimos el salón de esta casa al calor de la lumbre. Fuego que nos hace olvidar que tras esas ventanas cae una tremenda tormenta sobre este y otros núcleos de población que se conocen como las Adeias do Xisto. La vida se ha detenido en la Serra da Lousã. La madre naturaleza ha elegido al pueblo portugués para conservar este rincón del mundo que es único y que se sitúa en un punto entre Oporto y Coimbra, más cerca de esta última ciudad. Aldeas de pizarra que parecen surgir de la propia tierra para sorprender en su camino a aquellos

56 KISSTHEMOUNTAIN

REVISTA DE MONTAÑA

{

{

que se dejan llevar por la frondosidad de esta bella y desconocida sierra. Sí. Quizás las amenazas en tiempos pasados eran mayores. Animales salvajes podían salir a tu encuentro y arrancarte el alma de un rápido zarpazo. La vida podía irse en cualquier momento. Pero seguro que esto no impedía a nuestros antepasados agarrarse a ella de una manera más intensa a como lo hacemos ahora mientras intentaban construir un mundo propio donde vivir. Un hábitat más sostenible donde la pizarra arrancada a la tierra servía para construir los tejados y umbrales de estas casas, y la madera de los castaños para la construcción de puertas y ventanas. Un mundo donde esta tierra fértil proveía de aquellos alimentos que servían para acompañar a la caza, y donde las milenarias colmenas ya abastecían de la extraordinaria miel de brezo. En las Aldeias do Xisto se ha detenido el tiempo. Ya lo hizo hace mucho. Esta sierra es un lugar mágico donde pasar unos días en contacto con una naturaleza brutal y salvaje. Mientras termino este café hervido en cazo observo los rostros de los desconocidos que comparten conmigo esta estancia. La felicidad está en sus ojos; en sus rostros, la relajación. Los teléfonos móviles descansan olvidados en la mesa. Definitivamente, las Aldeias do Xisto son los guardianes del tiempo.

Kissthemountain #17. Tormenta  

Revista digital de montaña.