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JOSÉ PABLO GONZÁLEZ Todo inició en el año de 1990 cuando José Pablo González Gutiérrez vio la luz del día, llegó a una casa con ambos padres juntos, una hermana y un hermano mayor. Su niñez fue bastante curiosa, sobrevivió a eventos como una caída de casi un piso, un clavado a una alberca cuando aun no sabía nadar, y también llena de curiosidades, como ver el funcionamiento del camión de la basura, y también aprendió sobre la vida de los dinosaurios. En 1993 su familia y él su mudaron a su actual casa, donde residen junto a sus primos, primas y familiares. A partir de ahí su vida se llenó de momentos alegres, pero también acontecimientos tristes. Su estancia en la escuela no fue exactamente la más placentera, en ocasiones se mofaban de él por tener sobrepeso y no saber cómo defenderse. Casi no tuvo amigos reales o que perduraran por mucho, a excepción de Ignacio Loera, su mejor amigo, y José Andrés Genel, el hijo de unos amigos de la familia. Ellos dos eran los únicos con los que realmente se sentía bien, pero para su infortunio aun no conseguía respeto en la secundaria, por lo que buscaba felicidad en sus dos amigos, su familia y distracciones en la comida, los video juegos, la tele, y algunas cosas de su conocimiento como los dinosaurios y los aviones. Irónicamente poco antes de entrar a preparatoria, por medio de un video juego llegó el futbol americano a su vida, y si bien no llegó a jugarlo su atención se enfocó en él, lo captó a tal grado que en cuestión de dos años ya sabía todo sobre el funcionamiento del juego y tenía un equipo al cual seguir (los Dallas Cowboys). Cuando entró a la preparatoria el ambiente cambió por completo para él, se sentía respetado y tenía amigos con quienes pasar los ratos, sin embargo la mala experiencia en la secundaria lo dejó tan marcado que todavía no podía confiar lo suficiente en la sociedad, y no se concentraba en la escuela. Finalmente terminó la preparatoria sin líos, pero no tenía una dirección o determinación. Estuvo medio año ahogado de flojo, y a principios del año 2009 llegó probablemente el momento más importante de su vida, su primera experiencia laboral. Entró como asistente personal de Conrado Ortiz, director de operaciones de la empresa “Molinos Ortiz”, en Conrado encontró a un gran maestro, confidente y amigo, él le enseñó a enfrentar su realidad, a ser responsable, y si bien tuvo momentos difíciles durante el trabajo jamás abandonó o traicionó a su amigo. Esto dio como resultado a un José Pablo González más maduro y mas confidente en si mismo. Después llego la universidad, el Centro de Estudios en Ciencias de la Comunicación, donde decidió estudiar para convertirse en un periodista deportivo, y conoció a cinco muy buenos compañeros, Jesús, Claudio, Pablo, Paola, y Paloma. Tomó a la Universidad como el sitio ideal para hacer trabajos y tareas; conoció a un maestro de historia llamado Leopoldo Sílberman, junto con un maestro de fotografía de nombre Rogelio Suárez, ambos fueron muy influyentes en él, e incluso lo invitaron a colaborar en varios proyectos de radio y teatro. Con el paso del tiempo Leopoldo conectó a José Pablo González a la estaci´n de radio “Radio 13”, donde actualmente José Pablo labora como reportero cultural y locutor .El continúa estudiando y sigue determinado a ser el mejor ser humano que puede ser.


HOMBRE Y FELINO


HOMBRE Y FELINO Por José PABLO GONZÁLEZ GUTIÉRREZ

editorial PORRúA


Diseño de Texto: José Pablo González y Lourdez López 2013 José Pablo González Derechos Reservados 2013, Librería de Porrúa Hermanos y Cia. S.A. de C.V. Avenida Juárez # 76 Col. Centro, Del. Cuauthemoc, Ciudad de México Tel. 55 21 60 75 www.porrua.com


Dedicatoria: Esta obra se la dedico a todos mis compaĂąeros estudiantes, quienes me han ayudado en mi aprendizaje y me han permitido ser influyente en sus estudios y sus vidas. TambiĂŠn a todos mis maestros universitarios, quienes me han aportado el conocimiento que uso en mi vida, tanto laboral como emocional.


Prólogo Existen culturas donde los gatos son vistos como seres diabólicos, engendros que representan el mal y lo peor del ser humano. Pero también existen otras donde los gatos son seres divinos, representantes del potencial humano para hacer el bien. La historia que les presento es reflejo de eso, pues yo soy un gran aficionado de los felinos, y experimente lo que se siente ser importante, ser relevante para alguien, ser amado y dar amor. Sin embargo, también experimenté lo que se siente traer dolor, sufrimiento y muerte a mis semejantes. Pero, al final, sin importar lo mucho que me reflejo en los gatos, y sin importar lo mucho que ellos influyen en la vida, tanto yo como todos los involucrados siguen siendo humanos, capaces de dar lo mejor y lo peor que le podemos ofrecer a esta vida.

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VIDA DE GATOS Todo inició un tranquilo domingo de marzo; estaba saliendo del metro auditorio (aquí en la ciudad de méxico) para visitar uno de mis lugares favoritos: el zoológico de chapultepec. En esos días yo seguía llamandome José Lucas Carranza Juárez, veterinario con más de cinco años en el trabajo; soy un ferviente amante de los animales y si bién no soy fan de la idea de verlos encerrados, el zoológico es de los pocos lugares donde puedo acercarme a los animales y observar su comportamiento. En particular soy muy amante de los felinos, asombrosas creaturas que tienen un aspecto adorable, bello y me atrevería decir amigable, contrario a la imagen que muchas personas pueden tener sobre estas magníficas creaturas. Pero lo más asombroso de ellos es que, en casi todos los lugares del planeta donde ellos habitan, muy pocos les pueden hacer frente. Un león no teme mas que a los elefantes u otros leones, un tigre no teme más que a los elefantes u otros tigres, los pumas no temen más que a los osos u otros pumas, así de dominantes son los felinos en el mundo natural. Tan pronto entro por las puertas del zoológico el primer lugar al que me dirijo es a la jaula de los leones. He visitado tantas veces el lugar que incluso se cuantos hay, como se llaman, su genero, edad, a que hora se alimentan, si esperan crías, etc. Pongo al león por encima de los otros bellos felinos, porque es increíblemente distinto, no solo por el color o el tamaño, en parte es por la distinción entre machos y hembras por la melena. Pero más que eso, es por la sociedad, los leones son los únicos felinos que por naturaleza viven en familias grandes, trabajan de forma coordinada y se cuidan mutuamente. Ese complejo social los pone por encima de todos los gatos del mundo y los vuelve amos de la sabana africana. Ese domingo de marzo, llegue como siempre a la jaula de los leones, pero cuando llegue, mi vista fue capturada por otra imagen, una incluso más bella que la de los felinos: una mujer. Pero esta no era cualquier mujer, era “La Mujer”; Tez blanca, rellenita, cabello lacio y negro, ojos azules, necesitaría todo un cuaderno para describir su belleza. Tan pronto la vi, fui capturado más que por su belleza, no se como ocurrió, pero algo me indicaba que esta chica era especial por sobre todo concepto existente en mi vida. Casi de forma inmediata, a la vez sudando de los nervios, me acerqué para saludarla. Al acercarme me di cuenta que estaba sosteniendo un cuaderno de hojas blancas y en él estaba haciendo un dibujo de los leones, bastante bueno por cierto; la salude, ella amablemente me contestó el saludo, le pregunte si le gustaban los leones, a lo que ella respondió “Amo a los felinos, son mis animales favoritos”. No 13


puede ser mera coincidencia, esta chica va a ser importante en mi vida. Le pregunte cual era su favorito, y me respondió que el tigre; la razón que me dio de ese gusto es por que ella identificaba su vida con la de los tigres. Me contó que ella y su madre vivían solas, y que su madre siempre luchó con todo su esfuerzo por darle una vida plena; su madre era pintora, pero desgraciadamente eso no le era suficiente para cubrir las necesidades de la casa de forma continua, por lo que también se dedicó a secretaria en una empresa de negocios internacionales. Me contó que su madre se esforzó tanto, que cuando ella cumplió 18 y estaba por graduarse de preparatoria, su madre falleció de un infarto. Ella logró entrar a la escuela de arte con beca y vivía con su mejor amiga por que ella no podía cubrir la renta del departamento donde vivía. Me contó que en una ocasión a sus 11 años vio un documental sobre tigres, donde explicaban la vida que una tigresa debe enfrentar por la supervivencia de sus crías. Me dijo que al principió le gustaron los tigres porque eran muy bonitos, pero cuando su madre falleció y ella se acordó de ese documental, entendió la similitud entre su vida y la de los tigres, y se determinó a luchar contra todo reto en la vida, empezando por volverse pintora y fotógrafa de profesión. Cuando terminó de contar su historia, le empecé contar mi experiencia. Cuando yo era niño, vivía con 2 hermanas, mi madre y mi padre, solo que mi padre era un autentico bastardo. Era un alcohólico bueno para nada, además de un golpeador, no hubo día en que no golpeara a mis hermanas, a mi madre o a mí. Naturalmente todos le desarrollamos un profundo terror; pero a mi casa casi todos los días venía de visita un gato callejero, me dio mucha curiosidad, pero lo que más me asombró del gato fue que mi padre también se desquitaba con él, pero este gato, a pesar de ser mucho más pequeño que mi padre, no le tenía miedo, siempre que mi padre lo amenazaba o trataba de patearlo este esquivaba las patadas y lanzaba fuertes maullidos amenazadores; era todo un valiente ese gato. Un día regresaba de mi escuela hacia la casa; pensaba en lo horrible que era mi vida con mi padre, cuando sin fijarme atravesé una calle mientras los coches tenían siga; vi un coche que se dirigía hacia mí y pensé que ya estaba por morir, pero de repente sentí un golpe y me vi en la banqueta. Fui salvado por un policía, llamado Benito Victoria Santa Anna, era la primera vez en mi vida que un hombre adulto mostró interés por mí. Cuando me acompañó a mi escuela me pregunto sobre mi y mi familia, y le confesé todo lo que atravesaba mi familia con mi padre, se quedó conmocionado y preguntó por qué ninguno de nosotros había hecho algo para zafarse de todo eso, a lo que respondí: por miedo; eran tanto los años de abuso, de gritos, de golpes, todos en esa casa se sentían débiles, humillados, incapaces de quitarnos a ese demonio de nuestra vida, ¿Cómo podría deshacerme de él?, después de todo seguía siendo mi padre. Un día regresaba de mi escuela hacia la casa; pensaba en lo horrible que era mi vida con mi padre, cuando sin fijarme atravesé una calle mientras los coches tenían siga; vi un coche que se dirigía hacia mí y pensé que ya estaba por morir, pero de repente sentí un golpe y me vi en la banqueta. Fui salvado por un policía, llamado Benito Victoria Santa Anna, era la primera vez en mi vida que un hombre adulto mostró interés por mí. Cuando me acompañó a mi escuela me pregunto sobre mi y mi familia, y le confesé todo lo que atravesaba mi familia con mi padre, se quedó conmocionado y preguntó por qué ninguno de nosotros había hecho algo para zafarse de todo eso, a lo que respondí: por miedo; eran tanto los años de abuso, de gritos, de golpes, todos en esa casa se sentían débiles, humillados, incapaces de quitarnos a ese demonio de nuestra vida, ¿Cómo podría deshacerme de él?, después de todo seguía siendo mi padre. 14


El señor Benito se agachó y me dijo que él nunca conoció a su verdadero padre, toda su infancia vivió con un tío, y dijo que después de todo no sentía tristeza por no conocer a su padre, pues su tío lo cuidó tanto y le dio tanto afecto que él se convirtió en su verdadero padre. Tanto pronto dijo eso noté que estaba ya en la puerta de mi casa. Cuando el señor Benito se despedía de mí escuchamos gritos dentro de la casa, mi padre estaba tratando de violar a mi madre. Benito sacó su macana y tiró la puerta de la casa; tan pronto mi padre lo vio sacó un cuchillo y se lanzó sobre mi padre, Benito le quitó el cuchillo de un golpe al brazo y comenzó a golpearlo en el estómago. Llegó un momento en que Benito tenía a mi padre tirado en el piso, le dio la vuelta y se preparaba para esposarlo; pero entonces, mi padre alcanzó una botella casi llena de alcohol y se la estrelló a Benito en la cabeza. Benito se tambaleo y fue a dar a la pared, mi padre se levantó y comenzó a golpearlo inmisericordemente en la cabeza; en ese momento quede paralizado de terror, pero volteé a la ventana y vi al gato valiente, lo vi a los ojos, algo se desató dentro de mi porque acto seguido tomé un sartén y golpeé a mi padre en la cabeza; mi madre se quedó con la mirada fija en mi. Cuando mi padre se dio cuenta volteó y empezó a golpearme, hasta que mi madre tomó el sartén y lo volvió a golpear en la cabeza; cuando mi padre volteó hacia mi madre para golpearla, Benito se levantó y le dio con la macana en la nuca, el golpe mató a mi padre. Después de todo eso acompañamos a Benito al hospital para su recuperación. Con todo lo acontecido mi madre estaba triste, llena de incertidumbre y temerosa de no poder hacer nada; pero el oficial Benito le dijo que la vida siempre es dura, pero que hay que encontrar la manera de salir adelante. Desde ese momento Benito se convirtió en amigo eterno de la familia. Así que mi madre se decidió a sacarnos adelante en nuestra educación; puso un changarrito de quesadillas, dado que donde vivíamos no había no había quesadilleras, y logró que mis hermanas y yo pudiéramos acabar hasta la preparatoria. Yo decidí tomar el examen de la UNAM para ser veterinario, pues no pude evitar pensar en ese gato valiente. Pero lo más curioso de todo es que con el paso del tiempo, el oficial Benito se enamoró de mi madre, y de hecho se casaron, Benito se convirtió en mi padrastro. En una ocasión que vi un documental sobre leones, escuche como en la sociedad de los leones, cuando un macho alfa es expulsado de su manada por otro macho, este mata a las crías del macho anterior y engendra nuevas crías con las hembras. No pude evitar pensar en la similitud entre mi vida y la de un león. Un hombre llegó a influir en mi familia, saco a mi padre de nuestras vidas, destruyó todo lo que este dejó atrás, y nos convertimos en una nueva y feliz familia. La chica y yo simpatizamos mucho a partir de esos relatos, y cuando nos calló el atardecer y me ofrecí acompañarla a su casa, cerca del aeropuerto, ella aceptó. Llegamos a su casa y ella me agradeció por la plática. Finalmente antes de despedirme le pregunté su nombre: Leona Ocampo Villa. ¡Dios!, era destino que ella y yo nos conociéramos.

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RITOS DE APAREAMIENTO Después de ese encuentro predestinado, no pude evitar regresar al zoológico para ver si volvía a encontrármela en el área de los Leones. Y así fue, nuevamente estaba ahí dibujando a los leones en su cuaderno. Cuando me acerqué y nos saludamos me mostró en dibujo terminado del león; me dijo que lo hacía para complementar un cuadro en el que estaba trabajando, le pregunté de que trataba el cuadro, a lo que me respondió: la esencia felina. Cuando me respondió lo del cuadro, fui lo suficientemente atrevido como para pedirle permiso de admirarlo. Fuimos a su casa, tan pronto entré vi como había cuadros por todas partes, no solo había cuadros dedicados a los felinos, había cuadros de su madre, de los volcanes mexicanos, juraría que incluso vi un cuadro dedicado a Charles Darwin. Después de admirar varios de estos cuadros me mostró el cuadro en el que estaba trabajando; era la figura de un gato negro, mirando de frente, con sus ojos amarillos bien abiertos, rodeado por diferentes paisajes del mundo en el fondo del cuadro, y cada paisaje mostraba a un felino distinto: la selva hindú con un tigre, las estepas africanas con leones, los bosques americanos con el puma, el amazonas con el jaguar, los monte nevados del Himalaya con el leopardo de las nieves, etc. En ese momento entró una amiga de Leona: Carmen Domínguez, la conocía de toda la infancia, ella era una trabajadora de la bolsa de valores y se podría decir que era su agente de ventas. Leona nos presentó y mencioné que la conocí en el zoológico, ella remarcó que era de esperarse, Leona siempre fue amante de los animales, sobre todo los gatos. Leona la corrigió diciendo que eran felinos no gatos. Después de una pequeña introducción, Carmen me preguntó si deseaba comprar el cuadro del gato negro, me lo ofreció en 30 mil pesos, respondí que me encantaría pero no contaba con la disponibilidad de dinero necesaria para comprarlo. Carmen dijo que era una lastima porque el cuadro era muy bello, y tenía toda la razón. Después de eso tuve que retirarme, pues me tocaba cubrir el turno vespertino en el hospital de animales, antes de irme Carmen me entregó una tarjeta de presentación con su número telefónico por si cambiaba de parecer. Antes de salir escuche a Carmen diciéndole a Leona que le parecía absurdo que nadie quisiera comprar los cuadros. Mientras estaba trabajando en el hospital veterinario, no pude evitar hacerme la idea de que quería ayudar a Leona a vender algunos de sus cuadros. Mientras caminaba a casa, me acorde de un compañero de la preparatoria con quien me llevaba bien, de nombre Sebastián Ramírez, tan pronto me acorde de él y del hecho de que era un aficionado de la pintura, corrí a casa de mi madre para buscar el anuario de la prepa. Al llegar a mi casa le pregunté a mi madre sobre el anuario, ella y Benito me ofrecieron de cenar primero, respondí que no podía que era urgente. Mi madre me convenció de sentarme y de que le platicara porque era tan urgente el anuario, les platique todo sobre Leona y los últimos dos días. Ellos se alegraron al ver que estaba enamorado, mi madre me dio el anuario y encontré el número de Sebastián. 17


Después de marcarle a su casa y de platicar por el teléfono, le pregunté si no estaba interesado en comprar un cuadro para su casa, me dijo que le parecía perfecto y que el momento no podía ser mejor porque acababa de ganar la lotería, mendigo suertudo, así que tan pronto arreglé ese trato llamé a Carmen y le hice saber del trato, ella estalló de felicidad y me dio mil gracias. Al día siguiente, Carmen y yo preparamos una sorpresa para Leona; tan pronto dieron las siete de la mañana y escuchamos el despertador de campana dentro de la casa, hicimos que Sebastián tocara la puerta. Al abrir, Leona estaba en bata y pantuflas, además de que traía una taza de café en la mano pues apenas podía abrir los ojos; ella le preguntó a Sebastián que quería y él contestó que venía a comprar unos cuadros, Leona se sorprendió tanto que casi se atraganta con el café. Cuando todos entramos a la casa, vimos como a Sebastián le brillaban los ojitos, parecía niño en dulcería pues no se decidía por que cuadros llevarse; escogió tres, pero tan pronto vio el cuadro del gato se fue casi hipnotizado a verlo, sin dudarla ni pensarla dijo que lo compraba, Carmen le dio los precios y Sebastián sacó la chequera frente a ella con la cantidad a pagar: 100 mil pesos. Tan pronto se retiró Sebastián, Leona gritó de emoción, estaba tan feliz de que alguien quedara asombrado con su trabajo; después de un momento se detuvo y se preguntó como ocurrió algo tan agradable de la noche a la mañana, Carmen le dijo de todo lo que armé para ella; los ojos de Leona se llenaron de lágrimas y corrió a abrazarme, y me dio un beso en la mejilla mientras me agradecía, fue el momento más feliz de toda mi vida. Habían pasado dos semanas desde la venta de los cuadros de Leona, ella y yo no veíamos ocasionalmente, siempre eran agradables esos momentos que pasaba con ella. Un miércoles en particular fui a mi trabajo, y cuando llegue vi llenó de sorpresa a Leona en la recepción del hospital. Me dijo que sentía curiosidad por mi trabajo, así que lo primero que hice fue mostrarle el área donde estaban las mascotas en recuperación. Ella se quedó maravillada ante tantos perritos, roedores, aves y gatitos que fueron atendidos por mí y mis compañeros. Poco después de mostrarle a Leona a mis pacientes, mientras salíamos a la recepción, entró una señora de alrededor de 45 años, con un gato agonizante y lleno de sangre en manos. Tan pronto la vi corrí para atenderla, me dijo que su gato fue golpeado por un coche y estaba inconsciente, de inmediato avisé a mis compañeros que fuéramos a la sala de urgencias para ayudar al gato. La operación empezó, el área de mayor daño era el cuello, los músculos de alrededor estaban severamente dañados y por puro milagro el cuello no estaba roto. Mientras hacía la operación, ocasionalmente volteaba por la ventanilla de la sala y podía ver a Leona que consolaba a la señora que no dejaba de llorar por su gato. Después de cinco horas, logramos arreglar el daño en el cuello del gato, pero a un precio muy alto; el accidente le costó al gato sus cuerdas vocales, nunca más podría maullar. Salí de la sala y le informé a la señora que logramos salvar a su gato, ella me abrazó llena de felicidad. Le dije con la cabeza baja que su gato no podría volver a maullar después del accidente, pero ella levantó mi cabeza y me dijo que lo importante era que le salvé la vida a su gato; Leona me miro muy feliz y no pude evitar soltar unas lágrimas y abrazar a la señora. Leona y yo nos dirigíamos hacia mi departamento, cuando noté que Carmen nos estaba esperando en la entrada, nos invitó a cenar en un bar Karaoke. Llegamos al lugar y comenzamos a platicar la anécdota del gato en el hospital veterinario, todo esto mientras Leona disfrutaba de un rico plato de salmón al mojo de ajo y yo 18


una pasta de crema con mariscos, hasta en los gustos nos parecemos a los gatos. Llegó un momento en que uno de los meseros del lugar se paró en medio de la plataforma de canto y pidió voluntarios para cantar. Leona y Carmen insistieron en que yo cantará y pronto todo el bar pidió que yo cantara. Después de resistirme unos segundos, fui al escenario y le entregue al encargado del karaoke un papel con el nombre de la canción que quería cantar: Beth, compuesta por Peter Criss (El Hombre Gato) para el grupo Kiss. Tan pronto empezó la canción me deje llevar por esta, y para cuando llegaba el final de la canción, casi de forma descarada, tomé una rosa de un florero del restaurante y se la ofrecí a Leona, ella sonrió y la aceptó, todo esto en medio de aplausos y ovaciones; después de esto, Carmen nos dejo a Leona y a mí en mi apartamento. Entramos al apartamento, y mientras le ofrecía algo de tomar a Leona, noté que había un gato negro en mi escritorio, me mato del susto, y después escuché a Leona decir “Sorpresa”. Vi al gato a los ojos y noté que era el mismo gato que el del cuadro de Leona, ella me dijo que lo vio en una tienda de mascotas y se quedó tan maravillada que lo retrató. Le agradecí mucho por regalarme a ese gato tan hermoso. Repentinamente, fijamos nuestras miradas y nos besamos con pasión; a partir de ese momento nos dejamos llevar por la pasión, lentamente nos desnudamos en medio de besos y caricias, ella se recostó boca abajo en mi cama y por puro instinto comencé a hacerle el amor a Leona. Nunca había sentido tanto placer en mi vida, juraría que durante 40 minutos no pude dejar de hacerle el amor a Leona, hasta que finalmente llegamos al éxtasis juntos, fue el momento más hermoso de toda mi existencia.

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LA MUERTE DE MIS VIDAS A la mañana siguiente recuerdo haberme despertado con una sensación de felicidad como nunca antes. Pero noté que Leona no estaba ahí, dejo sobre mi almohada una nota que decía: “Amor, perdona que me vaya así pero Carmen y Yo tenemos que asistir de urgencia a un evento artístico en el Auditorio Nacional antes de las ocho de la mañana, estaré de regreso en mi casa por ahí de las dos de la tarde, que tengas un buen día en el trabajo. P.D. Gracias por anoche.” No me molesté en absoluto, de hecho estaba tan feliz que no pude dejar de cantar mientras desayunaba, mientras alimentaba a mi gato negro, mientras me bañaba, mientras trabajaba, yo estaba en las nubes. Ese jueves me permitieron salir una hora antes, por lo que aproveché para ir a comprar cafés con leche al Starbucks que estaba cerca de casa de Leona. Caminaba por la banqueta mientras silbaba de felicidad, y repentinamente vi una multitud de personas, policías y una ambulancia frente a la casa de Leona. Me acerqué para ver que pasaba, y cuando vi lo que todos veían, el mundo se paralizó para mí. Vi a Leona y a Carmen muertas en la calle, solté los cafés e inmediatamente corría lado de Leona, la abracé, traté de que despertara, me negaba a creer que estaba muerta; un médico forense me separó de su cadáver, me negué a soltarlo, tuvieron que separarme de ella a la fuerza, y cuando eso sucedió di un grito de dolor, como nunca antes en mi vida. No se como, pero sin darme cuenta desperté en medio de mi casa, y tan pronto lo hice me llené de una ira animal, tomé todo lo que estaba en mi vista y lo destruí, mi vajilla, mis fotos, mis muebles, mi escritorio, mi computadora, mis ventanas, todo lo destruí, y tan pronto terminé comencé a llorar en el suelo; no me di cuenta, pero en ese momento el gato negro se salió por la ventana rota. Pasaron dos días, no fui a trabajar, comenzó a llover la noche del sábado, mi apartamento se empapó, en medio de todo el destrozo. Yo estaba paralizado, sin hacer nada, más que derramar lágrimas. Repentinamente me llamaron por teléfono de la delegación, decían que querían mi testificación. Al llegar a la delegación me pidieron que describiera mi relación con las víctimas y un policía comenzó a insinuar que yo las maté; me indigne tanto que quise darle un puñetazo en la cara, pero otros policías me detuvieron y calmaron. policías me detuvieron y calmaron. En ese momento una señora morena, de unos 50 años, dijo que yo no fui, que vio como tres hombres asaltaron a Carmen y a Leona, uno era mediano, moreno, calvo con una marca en la cara, otro era chaparro, blanco, con rastas y tatuajes en los brazos. Y el tercero era alto, también moreno, cabello corto y un tatuaje del lado izquierdo de su cara. La señora dijo que uno disparó a Leona y a Carmen, mientras los otros dos robaban la “Honda” color vino de Carmen. Tan pronto terminaron los oficiales de interrogarme salí de ahí. Cuando estaba por salir me detuve momentáneamente a soltar mas lágrimas, y repentinamente, casi como relámpago, me golpeo la imagen que vi de tres hombres, cuyas fotos estaban en la pizarra de “Se Buscan”. El calvo moreno, su nombre: Plutarco 21


Márquez Huerta. El chaparro de rastas, de nombre: Antonio Mondragón Filisola. Y finalmente, el alto del tatuaje en la cara, llamado: Miguel Díaz Obregón. Discretamente, saqué mi celular y tomé fotografías a esas imágenes, y me fui del lugar. Tan pronto llegué a mi casa, comencé a ver las fotos, lentamente memoricé sus rasgos, esto lo hacía mientras me llenaba de ira hacia estos hombres. Fue entonces que tomé la decisión más brutal de mi vida, me decidí a cazar a estos hombres, los acecharía, daría con ellos y los mataría, uno por uno. A partir de entonces, todo lo que me importaba en la vida se bloqueó. Deje de ir a mi trabajo, evidentemente me despidieron, busqué a mis padres con un solo objetivo demente, pedirle prestado su coche a mi madre, y peor aún, robar las llaves de un almacén donde mi padre y sus viejos compañeros guardaban armas y objetos ilegales decomisados a delincuentes y vendedores ilegales. En mi casa, jamás me importó que el gato negro se escapara, no recogí ni un solo pedazo del desorden que era mi apartamento. Pero lo absolutamente peor, es que ni siquiera asistí a los funerales de Carmen o de Leona, no asistí al velorio y sepultura de la mujer de mi vida. Ni siquiera me importó que me llegara una carta donde decía que Leona me heredó sus bienes si algo le llegase a pasar. Todo mi mundo circuló sobre los tres criminales, que yo haría pagar por matar a Leona. Un martes, durante la madrugada, me escabullí al viejo almacén donde trabajaba mi padre, busqué armas y objetos para cazar a los delincuentes. Tomé una ametralladora AK-47 con tres cargas de munición, una pistola P2K con dos cargas, tres granadas de humo y una bolsa de cohetes. Los metí al coche de mi madre, acto seguido, fui a donde se colocaba el mercado cerca de casa de Leona. Estuve todo el día en el mercado, ahí desayuné y todo el día estuve preguntando por los nombres de los tres hijos de la chingada que habrían de morir en mis manos. Nadie me supo decir nada; me estaba retirando furioso del lugar, y de pronto, vi la camioneta de Carmen, no tenía placas, pero se veía la estampa de gato que Leona puso en la defensa trasera. Cuando los tres hombres subieron a la camioneta y arrancaron, comencé a seguirlos discretamente. Fuimos avanzando por varias avenidas, por el Viaducto Río de La Piedad, por el Periférico, hasta que decidieron tomar la carretera hacia Cuernavaca. Yo no les perdí la pista, ni dejé que supieran que los seguía; yo los acechaba cual felino hambriento de sangre, no podía esperar a que se detuvieran, para entonces dejarles caer todo el peso de mi venganza. Cuando llegamos a la altura del pueblo Tres Marías, la camioneta tomó la desviación hacia el parque de las Lagunas de Zempoala, y tan pronto llegaron a las lagunas se detuvieron. Estacionaron la camioneta en medio de 12 coches, probablemente robados, a lado una casa pequeña de concreto. Me estacioné a un kilometro de ahí, saqué las armas de la cajuela, la hora había llegado.

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BESTIA Y HOMBRE Eran las siete de la noche, comenzó a llover y yo me acerqué a la casa de los criminales, todo estaba listo para mi venganza. Lo primero que hice fue echar un pequeño vistazo por una ventana, vi a Márquez y a Mondragón en la sala, había una mesita de madera entre ellos, entre la entrada y la sala había una cocina, cuya estufa era una pequeña fogata a base de carbón y un par de muebles que creaban un cuello de botella hacia la sala. Hasta el fondo había una puerta, estaba levemente alumbrada, a diferencia del resto del lugar, solo alumbrado por fogatas y la luz del sol o la luna. Lo primero que hice fue tirar una granada de humo hacia el cuello de botella formado por los muebles, junto con unos tres cohetes. Tan pronto explotaron, tiré la puerta y empecé a disparar la ametralladora, No les di. tan pronto tome posición detrás del mueble del lado de la cocina, escuche a Márquez gritar “Hay un pinche loco atacándonos” y Mondragón gritó “¿Quién es usted? ¿Qué quiere aquí? Le grite: Vengo por sus vidas malditos cabrones, a lo que Márquez respondió: A ver si puedes hijo de tu puta madre. Acto seguido, Márquez y Mondragón sacaron sus pistolas y comenzaron a disparar, disparaban en todas direcciones pues el humo les impedía verme. En el fondo del cuarto escuche a Díaz gritar: No dejen que se acerque al cuarto. Márquez y Mondragón continuaron disparando, noté que Márquez disparaba cubriéndose con un sillón del lado derecho de la casa, así que lancé otra granada de humo entre los dos muebles para ponerme enfrente de Márquez mientras el otro mueble me cubría. Tan pronto me coloqué detrás del otro mueble, saqué mi mano con la ametralladora en mano y disparé hacia donde estaba Márquez; cuando deje de disparar noté que ellos también dejaron de disparar. Me asomé para ver si había logrado matar a uno de ellos, pero tan pronto lo hice, Márquez brincó hacia mí, me tacleó, solté la ametralladora y esta disparó tres disparos, uno de ellos le dio a Mondragón en un pie y lo derribó. Márquez estaba sobre mí, me estaba estrangulando, recuerdo bien su cara de furia mientras lo hacia y recuerdo que me dijo: Ora si hijo de tu puta madre, te vas a morir. Empecé a forcejear con él, logré que su mano estuviera al alcance de mi boca, por lo que lo mordí tan fuerte que le arranqué un cacho de carne y sentí el hueso; Márquez me soltó gritando de dolor, aproveche para lanzarme hacia la ametralladora, la alcancé y disparé a Márquez en el estómago, tan pronto cayó al suelo, descargue el resto de lo que le quedaba a la ametralladora en su rostro, le desfiguré la cara a balazos. Mondragón se fue hacia la esquina izquierda del fondo de la casa. Lo escuche gritar: por favor, váyase de aquí, no somos más que pobres rateros, esto lo dijo en un tono de mucha angustia. Recuerdo que lancé las granadas de humo que me quedaban y los cohetes hacia donde estaba Mondragón; tan pronto hice esto, el comenzó a disparar con dos pistolas a todas direcciones, gritando mientras lo hacia, yo respondía al fuego con la pistola que traía. Después de un minuto dejó de disparar, se levantó y se acercó hacia la mesita de la sala; cuando llegó a la mesa el humo se disipó y yo aparecí detrás de él, le disparé tres veces detrás de la cabeza y cayó muerto. 23


Solo me faltaba Díaz, solo él y lograría mi venganza. Empecé a gritarle: Sal Miguel Díaz, sé que estas aquí. Él me respondió: ¿Quién carajos es usted? ¿Qué quiere conmigo? Le respondí: Vengo a que pagues por la muerte de Leona Ocampo Villa. Él se calmó y dijo: mire, no fue nuestra intención matar a la guerita, nosotros solo queríamos llevarnos la camioneta, mi amigo Plutarco venía pacheco, se puso loco y les disparó, pero ni yo ni Antonio queríamos que esto pasara; por favor, por lo que mas quiera, váyase de aquí, le prometo que no le hare nada, solo váyase. Me acerqué al cuarto y grité: ¡Mentiroso!, comencé a disparar lo que quedaba en mi pistola, cuando termine entré y vi que Díaz no estaba ahí. De pronto vi una mano con una daga viniendo hacia mí, reaccione y detuve la mano; Díaz se lanzó sobre mi y trataba de alcanzarme con la daga, mientras me defendía, vi una botella de alcohol tirada en el piso, así que use todo mi esfuerzo para darle un cabezaso a Díaz, acto seguido alcancé la botella y se la azoté en la cabeza. Y finalmente, mientras estaba aturdido, tome la mano con la que Díaz sostenía la daga y se la clavé en la garganta. Vi como Díaz comenzó a escupir sangre, yo sonreía mientras esto pasaba; mientras se desangraba le dije: ¿Tienes algo que decir a tu favor, maldito infeliz? Y él dijo: Marina. No entendí que quiso decir, por lo que terminé de degollarlo y lo vi caer al piso, donde murió desangrado. Recuerdo que me levanté, comencé a reírme, logré lo que me propuse, la muerte de Leona estaba vengada; pero mientras reía, volteé hacia el techo y en un hueco vi al gato negro que me dio Leona, un horrendo relámpago cayó y alumbró el lugar, los ojos del gato se volvieron blancos y brillantes, tan pronto vi eso grité de terror, caí al suelo, al golpearme empecé a sentir el agua que entraba a la casa, puesto que la balacera prácticamente destruyó el techo. Me tranquilicé y empecé a ver a mí alrededor. Lo primero que noté fue un par de bolsas de cocaína tiradas junto al sillón donde estaba Márquez, y me di cuenta de que Díaz dijo la verdad, Márquez mató a Leona porque estaba drogado, me asomé a donde quedó el cadáver de Márquez, su chaqueta estaba llena de polvo de cocaína. Empecé a sentirme profundamente mal, de pronto me topé con el cadáver de Mondragón, le di vuelta para ver su rostro, lo que vi fue todavía peor, sus ojos estaban negros y húmedos, Mondragón estaba llorando de terror, pensó que verdaderamente ya le tocaba morir, y fui yo quien lo ejecutó. Empecé a negar lo que vi, no podía creer que yo matara así a estos hombres. Pero lo peor vino tan pronto volteé hacia el cuarto donde estaba Díaz; una niña, de aproximadamente siete años, estaba a lado del cadáver de Díaz llorando, era su hija. La niña volteó a verme y salió aterrada a esconderse debajo de la cama. Todo tomó sentido, Díaz insistió en que me fuera porque estaba protegiendo a su hija; el nombre que mencionó mientras agonizaba: Marina, es el nombre de su hija. Me asomé a ver el cuarto y vi la cama y un pequeño escritorio con útiles escolares, libros y cuadernos de una escuela privada, una foto de Díaz, Marina, Mondragón y Márquez, y una hoja médica que decía que la niña era muda. Dios Mio, ¿Qué he hecho? Abandoné mi trabajo, le robé a mi padre, falté al funeral de Leona, abandoné al gato negro, ¿Todo para qué? Para asesinar cruelmente a un hombre que solo buscaba lo mejor para su hija. Descargue una tragedia en mi vida contra personas inocentes, me convertí en mi padre. Volvió a caer un trueno horrendo, caí al suelo y comencé a llorar, nunca había sentido tanto odio, tanta decepción, tanto asco hacia mí, Dios Mio perdóname, Leona, amor mío, por favor perdóname. Me arrastre hacia la cama y me asomé, vi como Marina seguía llorando y seguía aterrada; comencé a disculparme con ella, le dije porque mate a su padre y le supliqué por su perdón; me fui hacia una esquina y seguí llorando por el dolor. De pronto sentí una pequeña mano sobre mí, la pequeña Marina me abrazó, aunque no pudiera hablar, pude sentir su perdón. No pude evitar el llanto de felicidad que brotó de mis ojos, gracias Marina, gracias por perdonarme. 24


Me di cuenta de que tenía que rectificar el mal que hice, tomé los cadáveres de Díaz, Mondragón y Márquez, les hice una tumba a cada uno, los sepulté y puse cruces de madera sobre las tumbas. Después tomé a la pequeña Marina y al gato negro, los llevé al coche de mi madre y nos fuimos del lugar. Lo primero que hice al llegar a la ciudad fue dirigirme al lugar donde sepultaron a Leona y a Carmen; llegué al lugar y dije mi discurso de despedida: “Querida Leona, tu fuiste lo mejor que me ha ocurrido en la vida, me trajiste felicidad como nunca antes, me hiciste un mejor hombre del que era y me compartiste lo más bello que le tenías que ofrecer al mundo. Ahora estoy aquí, a los pies de tu sepulcro, como un hombre que viene a redimir sus pecados, para decir adiós amor mío, gracias por todo, gracias por perdonarme.” Me hinqué y besé su lápida, después besé la lápida de Carmen y dije: gracias por todo Carmen. Después me dirigí al hospital de animales y deje una nota: “Queridos colegas, escribo cordialmente para disculparme por abandonarlos, ustedes fueron tan importantes para mi formación como cualquier otra persona, ojala algún día pueda volver a verlos. Sigan salvando vidas animales, que son tan importantes como las humanas”. Fui hacia mi casa, recogí todo el desorden, la basura terminó en la basura, y todo lo rescatable lo ofrecí como parte del departamento, el cual terminé vendiendo. Finalmente, mis padres, el gato negro y Marina. Dejé al gato y a la Marina en el lugar donde sabía que serían recibidos con todo el amor del mundo: la casa de mis padres. Junto a ellos dejé la nota con la que termina esta historia: “Queridos padres, la niña que ven ante ustedes llega en busca de amor y educación, de los cuales yo la privé, si, yo le quité a esta niña el amor de su padre, abandoné al gato negro que trae entre brazos, destruí mi patrimonio, abandoné a mis colegas, y peor aun, engañe y les mentí a ustedes, todo por querer vengar la muerte del amor de mi vida: Leona Ocampo Villa. Por eso entrego esta carta a ustedes, suplicando su perdón y pidiéndoles la ayuda que ustedes siempre me dieron, aceptando a esta niña y este gato como nuevos miembros de la familia. La niña se llama Marina, tiene siete años y por desgracia es muda. El gato aun no tiene nombre, siento que le quedaría el nombre “Vicentito”. Perdonen que no les diga esto personalmente, pero he decidido pagar por mis pecados y entregarme a la policía. He puesto a su nombre todos los bienes que me quedan. Espero que con el tiempo, el mal que hice se convierta en dicha para todos ustedes, y estaré a merced de la voluntad de Dios y el destino. José Lucas Carranza Juárez

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OBRAS DE JOSÉ PABLO GONZÁLEZ

MÀS OBRAS LLEGARÁN PRONTO

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Hombre gato  
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