Issuu on Google+

Tormentos del obscuro destino. En el mundo, Vagas sombrías oscuridades deambulan Con su mente sumida en un caos. “Libre libertad, ¿Dónde estás?, se preguntan. Nuestro sino se encuentra prisionero. ¿Por qué?, Dios mío, nos diste lo que nos quitamos nosotros. Lágrimas se desprenden, El cabello se mueve con las ondas del viento; Y todo el suspiro del mundo Desemboca la melancolía en la temible nada. Triste verdad, ¿Algún motivo existe para ser tan alusiva? ¿Vivimos en la imaginación O sencillamente la realidad se priva de existencia? Humilde lamento opaca nuestra boca, Nuestro pensar, nuestra esperanza. Las palabras vacías de sentido Se mueven por la existencia, Y solo nos escapamos del mundo En las nubes de nuestro íntimo paisaje. La vida, ¿qué es? ¿Una rotura en la tez de lo presente? ¿Sólo una exclamación de existencia de nuestra mente? ¿No más que una perspectiva marginada en su pluralidad? Anhelos y pasiones se adormecen mientras la luz, Pálida, tenue y sensible, desgarradora del corazón, que Embaucando los ojos para mirarla con atención Y gozar de su mísera existencia, Se hace noche. ¡Mudo se quede todo ser! Si existe el regalo de la existencia, En esta faz de melancolía y temores oscuras del corazón, Turbas aguas marchitan las flores de la belleza, Para transformarlas en un aura de explosión intrínseca de alma extraña. ¿Qué es la verdad y la mentira, la realidad y las sombras de la inexistencia? ¿Es real la pluma que escribe mi corazón Al girar una conjunción de materia indefinida A la cual le otorgamos el nombre de mano? ¿Es real lo que mancha esa tímida punta Larguirucha, en un elemento extraño, Blanco como el cielo de la imaginación,


Teñido de una extraña pureza intrínseca? ¿Es real lo que mi delirio transcribe En mentes confusas de arte Expositoras de sentimientos extraños Clamantes en su sino? ¡Oh pérdida angustia y desconcierto!, Sentimientos de dolor y sufrimiento Hacen perecer mi anhelo de rotas esperanzas. Lágrimas que gotean en un mar de notas Desgarradas del corazón, Inspiradas en crueles tragedias y raras pasiones. Dulce pensamiento aquel que desvela El sentimiento apasionante de gozo y desdicha. Entresijos inexplorados de luz y tinieblas Proclamadoras de una unión apacible y extraña. Rimbombantes tenues sonidos, Exasperados al no poder salir más que en palabras Huecas de todo un mundo. ¡NO poder!, tras infortunio de la demencia, Loca transparencia incomprensible, Afirmo inexistente, ¡alzar la alegría!, ¡Salir después de la tormenta de heridas insólitas! Orden en el desorden de explícito lamento, Cruel desdén por un pasado rojo, y por un futuro temible. Momentos en los que reír solo importa, ¡Dios los bendiga y los traiga! Porque carezco de alguna esencia de corazón, ¡Pues no siento ni el nulo aliento de mi íntima sustancia! Quebrantándose expiración de un servidor Cuya alma se pierde en su trance afilado en suave dulzura, Mientras lentamente, fenece.” La tristeza atrae su corazón aturdido, Lo abre en un arranque implosivo. La calma, la tristeza, la melancolía… El meditabundo se transforma… Ya las lágrimas han caído, la paz vuelve a su monarquía. Agudos resonares de violines envuelven la sala, el dorado recuerdo de un pintor talentoso vuelve a la mente, los cuadros de humanos que ya fallecieron observan al ser dormido entre sollozos y lágrimas, los muebles que lo contemplan, fabricados por un artista del barroco adueñado, observan sus carnes estremecerse en un pálpito de dolor. Las flores lloran con él, los estremeceres del sentir a su amado caminar hacia el desconocido orbe es tortuosamente atroz. La Luna domina los cielos plateados de oscuro azul, la sala se oscurece y los sueños del ser, postrado en la mesa, recuerdan una


hermosa melodía llena de dolor y dulzura y pasión que oscurecen el fin de su suspiro. Las tenues brisas, de las ventanas procedentes, acarician su largo pelo de ocre y lamento tintados. El golpe de una persiana al bailar en su plañido se oye sola y tenebrosa, una vacilación de los arboles al cantar su réquiem, los pájaros de noche atormentan el silencio, pues la unión de agudo sentir lo quiebra. Las nubes comienza a adueñarse del infinito cielo, comienza a traspasar llanto en el aire, el horizonte obscuro en su silencio depara el sino de un temblor incesante. Lega, el momento al ser de lóbrego rededor, el ángel ha venido. ¡No!, grita el espíritu para sí mismo, ¡el lúgubre quebranto llega! Una pausa estremecedora encoge el alma de todo el lar, los faroles comienzan a lucir… La marcha de la noche se inicia al compás de un legendario y fresco réquiem, cual sentir las gotas tañer marcan el caminar… El suspiro de un espíritu funesto se lo lleva… El alrededor se tiñe de negro… El lamento, fenece… Por Alan Staub Negro 24/04/2011


Tormentos del obscuro destino