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Resurrección Y el romanticismo luchó Por surgir de entre la negrura Azabache del triste Lamento romántico. La doncella hervida Ya por siempre amarga Luchó recordando su temible Ser hasta que las burbujas De delirios ensombrecieron Su pequeña luz Y sus ojos ofuscaronse Olvidando su color. Mas al fin, el caballero, Inyecto en amor, Inundando sus pulmones, Hundiéndolos en haces de luz, Abriéronse los extraños Parajes de la magia. Y al lado de su respirar, Oyose la blancura arribar, Sacando a la claridad Órgano luminiscente Que obtuvo la bella Por corazón servido. Como carne más pudo vivir. Vivió pues rehecho en sí mismo Sonsacando su ánima En su cuerpo moribundo Y en aquel corazón Por humildad, magno, Que entregose en danza Delirante a la fermosa. Una arrojada de luz surgió Digno de astros milenarios Muriendo y naciendo, Reconfortándose así, Transmutando su sentir En vivencia por eternidad.


Resurrección