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“El Cine debería hacerte olvidar que estás sentado en una sala de cine." Roman Polanski

CINEASTA DEL MUNDO*

Por Santiago García

Hay vidas que son dignas de una película. Una de ellas es –quién puede dudarlo– la de Roman Polanski. Y resulta una gran ironía pensar que si fuera una película, sería, claramente, una película de Polanski. La vida del realizador estuvo marcada por hechos desgraciados, momentos que representan los peores aspectos del ser humano, los actos más siniestros que uno se puede imaginar. Situaciones en las que él fue siempre la víctima, pero también se convirtió en victimario. Sus padres polacos vivían en París cuando Roman nació, el 18 de agosto de 1933. Luego, decidieron volver a Polonia, una decisión que terminó siendo trágica. Su madre murió en el Holocausto y él logró – siendo apenas niño– escapar del viaje a los campos de exterminio con la ayuda de su padre que lo hizo salir por un alambrado del gueto antes de que todos fueran deportados. Más tarde, ya en la adolescencia, el azar le permitió escapar nuevamente de la muerte segura al ser víctima del ataque de un asesino serial. Años después, el 9 de agosto de 1969, su esposa Sharon Tate, embarazada de ocho meses, fue asesinada junto con otras personas por un grupo de delincuentes comunes miembros del clan de Charles Manson. Polanski no sólo tuvo que soportar que la prensa dijera toda clase de infamias sobre su mujer –todo lo cual Roman Polanski

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a los pocos días se demostró que era falso–, sino que además tuvo que ver luego cómo Manson y sus cómplices se transformaron en objeto de culto. Después, en 1977, fue acusado de abuso sexual al mantener relaciones sexuales con una niña de trece años. Polanski sólo se declaró culpable de tener relaciones ilícitas con una menor, pero declaró que fueron con consentimiento. La manipulación que la prensa hizo del caso y la conducta impropia –lo que más tarde fue probado– del juez que entendía en la causa, llevaron a Polanski a empeorar su situación al decidir fugarse del país. Fue así que dejó Estados Unidos antes de recibir la condena y, en consecuencia, la causa no prescribió. En el año 2009 viajó a Suiza, donde fue arrestado por ese motivo y finalmente liberado este año. Sobre este caso hay un documental esclarecedor llamado Polanski: Wanted and Desired. Claro que no todas las biografías de los directores tienen un valor relevante en sus obras, pero este breve repaso por la vida de Polanski muestra una fuerte asociación con su trabajo. Sus filmes, desde los primeros hasta el último, El escritor oculto, muestran casi en todos los casos un universo oscuro, lleno de espacios de paranoia y locura, que en la sumatoria total dan como resultado una mirada negra y poco optimista del mundo. En su legendario libro El

cine norteamericano, Andrew Sarris reflexionaba de la siguiente manera acerca de Fritz Lang: “En un siglo que albergó a Hitler y a Hiroshima, ningún artista es paranoico, está realmente perseguido”. Esta idea bien puede aplicarse al cine de Roman Polanski. En su primera etapa, marcada por una trilogía en blanco y negro, Polanski ya era un cineasta difícil de definir, pero sin duda talentoso. Incluso sus raros cortometrajes se convertirían con los años en pequeños clásicos. Sin embargo, algo unía a sus tres primeros films –El cuchillo en el agua, Repulsión y Culde-sac–, un clima de claustrofobia y agobio que se convertirían, película tras película, en el clima más recurrente de su filmografía. Aquí ya se nota una clarísima influencia de Alfred Hitchcock –en particular, en Repulsión, posible versión femenina del fenómeno de Psicosis– y también de Luis Buñuel, con quien Polanski posee algunos puntos en común en relación a su humor absurdo y sus obsesiones sexuales. El cuchillo en el agua, ópera prima de Polanski, fue el primer film polaco nominado al Oscar a mejor película extranjera y el único film polaco que el director realizaría. El éxito lo llevó a otros países y la controversia que generó en Polonia hicieron que su siguiente proyecto ya fuera en otro estado. El camino de un nuevo director en el panorama mundial había comenzado con todo. Su nombre se convertiría en sinónimo de gran cine. Repulsión fue un filme clave en las carreras tanto de su protagonista, Catherine Deneuve, como del director, quien demostró poseer oficio para los géneros a la vez que un estilo de cineasta moderno. En Cul-de-sac, el aislamiento de los protagonistas le permite a Polanski crear un clima

perturbador, a la vez que descollar con un estilo visual personal y uno de los planos secuencia más famosos por aquellos años. Bastaría decir que Jack Nicholson –más tarde actor de Polanski– lo considera su film preferido, para hablar a las claras de la locura del relato. Cul-de-sac sería también la primera colaboración entre Polanski y el guionista Gérard Brach, con quien haría un número importante de filmes, sobre todo aquellos fuera del ámbito de Hollywood.

La carrera de Polanski, como la de pocos cineastas en la historia, es difícil de clasificar o encasillar, sus films tienen coherencia, pero los saltos que pega de un título a otro son por lo menos sorprendentes. Así que cuando Polanski encaró el proyecto de La danza de los vampiros, pocos elementos parecían conectarla con sus películas anteriores. Pero este film tenía algo en común: desconfianza, paranoia y, finalmente, una desesperanzada mirada acerca de la posibilidad de que el bien triunfe. Aun siendo una parodia –hecha antes del boom de Mel Brooks– el final es uno de los más amargos que se hayan filmado en una comedia. En este film trabajó con su futura esposa Sharon Tate, a la vez que obtuvo un éxito de taquilla tan grande que le

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permitió llegar hasta las puertas de Hollywood. Y su llegada no pudo haber sido mejor, de nuevo un film de género, en el que una vez más la paranoia y el encierro crean el clima de la historia.

de Polanski por plena industria de Hollywood. Sus dos films más famosos han sido, curiosamente, dos films totalmente industriales, dentro de los géneros cinematográficos y con actores conocidos.

El bebé de Rosemary, protagonizada por Mia Farrow y John Cassavetes, es uno de los máximos clásicos del cine de terror post cine clásico y, también, el comienzo de un auge de los films de horror satánico, que llegarían a su cenit en la década siguiente. El film iba más allá de su guión y permitía explorar la soledad de muchos de los personajes protagónicos de Polanski, aislados en un mundo hostil y peligroso. Cuando la carrera del realizador parecía alcanzar su punto máximo, el asesinato de Tate produjo un cambio de rumbo y trastocó también su destino cinematográfico. Dos rarezas fueron los títulos que Polanski eligió para seguir con su carrera. Macbeth, adaptación del clásico de Shakespeare, estuvo bastante lejos de ser un film fácil o estándar y, de hecho, es considerado hoy como el más gore de los films basados en las obras shakesperianas. La descarga de violencia que el film posee fue tomada por la crítica como una catarsis por parte de su director. El film fue producto de la primera incursión de Playboy como productora de films para cine. Lo que siguió a Macbeth fue un film de producción europea. ¿Qué? es una comedia negra llena del humor absurdo que tanto fascina a Polanski, en donde una mujer (Sydne Rome) –algo así como una Alicia en el país de las maravillas en versión ácida y erótica– entra en un mundo habitado por los más excéntricos y siniestros personajes. La actuación de Marcello Mastroianni es uno de los condimentos más interesantes que la película tuvo para no pasar al olvido. Es digno de ser analizado el paso

Chinatown (1974) fue tanto un éxito de taquilla como un film prestigioso y, más aún, una película totalmente coherente con el cine de Polanski. Está claro que el film noir no podía serle ajeno y que cualquier conspiración como la que allí se narra le venía como anillo al dedo. Fue así que, con un preciso guión de Robert Towne y una evocación al Hollywood clásico ya desde los títulos, Chinatown se convirtió en un clásico de todos los tiempos a la vez que uno de los más amargos títulos de la década. Las inolvidables actuaciones de Jack Nicholson y de Faye Dunaway, más la presencia de uno de los creadores del film noir cinematográfico, John Huston, le dieron un aire inolvidable a este film en el que Polanski se reservó un breve pero siniestro personaje, aquel que le corta la nariz a Nicholson en un momento que también ya es historia del cine. Polanski volvió al cine de género varias veces durante los años siguientes, con mayor o menor efectividad, pero siempre con una verdadera admiración por los géneros y sus formas, incluso al transgredirlos.

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El inquilino marca un nuevo regreso a Europa, esta vez a Francia, con uno de los films más perturbadores, claustrofóbicos y emblemáticos de su carrera. Él mismo se reservó el papel protagónico, aunque no figura en los créditos como actor. Posiblemente es el mejor resumen de todas las obsesiones del director, sus habilidades como narrador y su paranoica mirada del mundo. La opción menos simpática para quien venía de dirigir una película

como Chinatown. Polanski en ese momento no lo sabía, pero aquella iba a ser su última película en Estados Unidos. Pasaron varios años hasta que, en 1979, pudo realizar Tess, uno de sus films más refinados, aun cuando siguió siendo coherente con la soledad y la desesperanza propia que habita en la mayoría de los personajes de su carrera. La película transcurre en Inglaterra, pero fue filmada en Francia, ya que Polanski había huido de la justicia y no podía pisar territorios donde pudiera ser extraditado a Estados Unidos. La joven protagonista, Natassja Kinski, tenía un romance con Polanski por esos años, hecho que no ayudó mucho al director con respecto a su imagen. El film, por otro lado, está simplemente dedicado “a Sharon”, quien hubiera sido sin duda una gran protagonista de Tess. Con una objetividad no habitual, los Oscar no le dieron la espalda al director, que fue nominado, ni a la película, que también fue nominada, aunque sólo se hizo a tres estatuillas de menor importancia.

Amante de los géneros, Polanski deseaba hacer un film “como los de antes” y soñó durante años con filmar una película de piratas. El proyecto tardó mucho en concretarse y para cuando finalmente lo consiguió, ya habían sido filmadas La guerra de las galaxias y Los cazadores del arca perdida, dos cintas que concretaron con anterioridad el mismo sueño de Polanski. Esto convirtió su proyecto en fallido y a la película, en un fracaso de taquilla. Volvió a insistir con lo clásico en Búsqueda frenética, uno de los más finos y precisos films de homenaje a Alfred Hitchcock. Harrison Ford, en la cima de su carrera en esos años, interpretó al hombre común en una historia extraordinaria. Lo hitchcockiano no fue una traba para la mirada amarga y lúgubre del director. Allí conoció a Emmanuelle Seigner, con quien se casaría en 1989 y tendría dos hijos. Por suerte para el cine, la felicidad familiar no lo afectó y Luna de hiel se convirtió en una de esas pequeñas grandes películas del director. Un juego perverso de humor negro que está entre lo más divertido e inquietante del realizador. Más tarde con La muerte y la doncella, basada en la obra de Ariel Dorfman, recuperaría la figura triangular que ya había trabajado en películas como El cuchillo en el agua y Cul-desac. Otra vuelta a los géneros con La novena puerta, resultó un raro traspié; basada en el libro El club Dumas, de Arturo Pérez-Reverte, su adaptación a la pantalla resultó fallida. Si películas tan disímiles como Repulsión, La danza de los vampiros, El bebé de Rosemary, Chinatown o El inquilino están unidas por este pesimismo, El pianista –curiosamente su film más conectado con la realidad– es el que posee, dentro del horror, el final más luminoso. Por primera vez Polanski vuelve al espacio histórico donde pasó su infancia y con

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una narración impecable describe la construcción del camino a través del cual los judíos son envíados hasta los campos de exterminio. Una vez más, el protagonista (Adrien Brody, ganador del Oscar por este film) está solo, y como pocas veces en un film tan comercial, pasa solo la mayor parte de todo el film. El rigor en el punto de vista habla a las claras de que más allá del prestigio y los premios, Polanski hizo este film con oficio y convicción. El Oscar al mejor director que ganó por El pianista lo aceptó en su nombre Harrison Ford. Hollywood le estaba dando una señal de respeto, más allá de las cuentas pendientes con la justicia de Estados Unidos. Oliver Twist, basado en el clásico de Charles Dickens, puede considerarse como parte de esta revisión del pasado, ya que el propio Roman fue, en su infancia y a su modo, una especie de personaje dickensiano. Polanski puede hacer películas más o menos comerciales, pero siempre se mantiene fiel a sí mismo. En El escritor oculto se observan muchos elementos habituales en la obra del director. Y un policial político sobre un escritor fantasma es un espacio en el que sin duda Polanski se siente a gusto. Como en El inquilino, el escritor comienza a ocupar los diferentes espacios de su antecesor y descubre –tal vez como aquel– que no todo es lo que parece. Aunque la trama de la película sea inverosímil y en muchos aspectos forzada, la construcción del relato es tan efectiva que el suspenso avanza y la historia atrapa. En un regreso al espíritu hitchcockiano, es más el clima que la lógica lo que brilla en El escritor oculto. Su último film hasta la fecha –aunque ya está trabajando en otro– lo muestra como un maduro y brillante narrador, y a la vez como un siempre preocupado e

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inquieto observador del mundo que lo rodea. Como poco directores de la historia del cine, Polanski se abrió paso a lo largo de una turbulenta existencia para convertirse es uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos. Pasó por los más variados géneros y filmó en muchos países y en varios idiomas. Si acaso su cine retrata todos los males del mundo, también es la prueba de que un artista no tiene fronteras ni país. Polanski es, por encima de su nacionalidad, un cineasta del mundo. *Publicado originalmente en la edición 92 de la revista Kinetoscopio

Sobre Repulsión…. En 1964 Roman Polanski es contratado por la Compton, productora inglesa deseosa de realizar un film que produzca beneficios, lleve la etiqueta de prestigioso y no cueste mucho, para que realice un film de terror. Polanski y Gérard Brach, guionistas, escriben un guión nada convencional, donde se impone la personalidad de un joven realizador que se disponía a rodar su segundo film, tras la sorprendente y estupenda El cuchillo en el agua (Noz w wodzie, 1962). El film cumplió todas las expectativas y pretensiones, obteniendo el Oso de Plata en el festival de Berlín de 1965 y los deseados beneficios. Repulsión rodado en inglés y con protagonismo de una excelente Catherine Deneuve, se puede entender como un film de terror (aunque no siga las pautas del cine de género), pero también se puede ver como un drama psicológico, aunque el film, como suele ocurrir en el caso de una película de autor, y ésta lo es, escapa a cualquier simplificación, erigiéndose en una obra inclasificable y extraña, además de una de las mejores de su autor. Carol (Deneuve) trabaja en una peluquería y vive con su hermana, Helen (Yvonne Furneaux), en una ambiente aparentemente apacible y entrañable. La minuciosa descripción que el film hace de este entorno resulta enormemente importante para elevar el impacto del horror que vendrá a continuación, y ubicar dentro de un panorama normal, un resquicio de extrañeza, donde la mente de Carol se convertirá en un lugar mucho más terrorífico que sus propias acciones.

entorno por el que deambula Carol, integrado principalmente en un marco realista, pero que no impiden que poco a poco se vaya perfilando la mentalidad esquizoide de Carol mediante la inserción de detalles reveladores (su mirada perdida, sus pocas palabras, su desprecio al amante de Helen, su extraño comportamiento ante su amigo, etc.). 2. La joven muchacha se desmorona por completo, ocultándose en su casa, creando un universo propio, inaccesible desde el exterior y que deviene en el asesinato de dos hombres, que, ignorantes del estado real de Carol, la acorralan con diferentes intenciones y de distinta manera (1). 3. El regreso de Helen y su amante a casa desvela un cuadro atroz, que escapa a una explicación lógica, sobre todo, desde su perspectiva, y que, se detiene, coherentemente, en el impacto que produce tanto a la pareja como a los vecinos (mención especial para los diálogos que Polanski y Brach ponen en boca de estos repelentes vecinos, en contraste con la decidida -y lógicaactuación del amante de Helen).

El film se divide en tres actos. 1. La mencionada descripción del 7

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Repulsión no sólo se beneficia del extraordinario rigor narrativo con el que Polanski cuenta la historia, también de su habilidad para mostrar, mediante la imagen y el sonido, la involución de Carol: la metáfora del agrietamiento del suelo de la ciudad, presente en el primer acto, por tanto, reales, y la del apartamento, imaginadas por Carol, éstas últimas más pronunciadas y acompañadas de un sonido perturbador, ofrecen un efectivo paralelismo con la mente resquebrajada de la joven; las escenas, cámara al hombro, que siguen a Carol andando como un zombie por la calle; las patatas y el conejo que van creciendo y pudriéndose, respectivamente, en el apartamento ante la indiferencia de Carol; las llamadas telefónicas, que hacen que el sonido del teléfono produzca una rara sensación de desasosiego... Merece detenerse en una de las mejores secuencias que ha rodado Polanski: el travelling final que recorre el apartamento destrozado por los acontecimientos y que se detiene en una foto familiar, encuadrando progresivamente a una adolescente Carol hasta introducirse en sus perdidos ojos y cerrando una historia que empezaba igual, con el plano del ojo de la protagonista. Repulsión, segundo largometraje de Roman Polanski, que recuerda tanto a Buñuel (2) como, en menor medida, al cine de David Lynch, sobre todo, en la creación de «situaciones extrañas y pequeños mundos aislados» (3), y, como no, a Hitchcock aunque no tanto como se suele asegurar, se revela, no obstante, como la obra de un realizador con personalidad y estilo propios. (1) El hecho de que el amigo de Carol crea estar enamorado de ella y sea bastante insistente, y que, por otro lado, el casero sienta atracción sexual por la chica e Roman Polanski

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intente forzarla, resulta significativo ya que ambos serán las víctimas de la enferma Carol y su tortuosa relación con el sexo, que desde su posición ve a ambos hombres como amenazas, aunque el comportamiento del primero sea positivo y el del segundo negativo. (2) El plano del ojo de Catherine Deneuve que abre el film recuerda claramente a Un perro andaluz (Un chien andlou, 1929). Antonio Castro en su comentario del film ("Dirigido por..." nº 290 p. 56. Barcelona, Mayo 2000) lo comparaba con Él (1952), film de la época mejicana del maestro aragonés que desgraciadamente desconozco. (3) En palabras de Alejandro Díaz.

Sobre el bebé de Rosemary… El Bebé de Rosemary, también llamada La Semilla del Diablo, es posiblemente el mejor film de horror que se ha realizado en cine, es una brillante adaptación de la novela best seller del escritor norteamericano Ira Levin, quien acompaña a Polanski en la realización de lo que sería una película ‘apocalíptica’ para la época en que fue realizada y que adelanta una trama que después es tratada en innumerables realizaciones, para dar cuenta de un temor de la humanidad a la supuesta ‘llegada del Anticristo”. Polanski llena la pantalla de un miedo psicológico y una atmósfera angustiante, haciéndonos testigos de la llegada de La Bestia de manera sencilla pero impactante. La Semilla del Diablo supera en gran medida a su sucesora Look What’s Happened to Rosemary’s Baby de Sam O’Steen (USA, 1976), que no logra dejar en el espectador la sensación de ‘respiración cortada’ como lo hace Polanski, aún cuando su obra fue grabada 8 años antes y da pie a otras importantes tramas de terror como El Exorcista (1972) y La Profecía (1976) en la siguiente década, pero que distan mucho del impacto y el cuidado en la guionización tenido por Polanski en esta cinta. Las acciones empiezan lentas y aumentan su velocidad gradualmente, a medida que son mostradas en un ambiente tenso intensificado por la paranoia de su personaje principal, Rosemary. De igual forma, algunos sucesos son fragmentados en distintos momentos y se resuelven después, así Polanski nos hace re-interpretar en retrospectiva y escoge el momento adecuado para

hacerlo y en ese ejercicio, brindarnos una sorpresa. Esta película ha recibido 9 nominaciones y otros galardones entre los que se encuentran la medalla de oro como mejor película extranjera en el French Syndicate of Cinema Critics (1971), medalla de oro por guión en los Photoplay Awards (1972) y nominación como mejor película a los premios Edgar Allan Poe (1969-1970) y al Oscar como mejor guión original (1969).

Sobre Chinatown…. «Yo sabía que para que Chinatown fuese una película distinta y no un simple film de misterio en el que, al final siempre ganan los buenos, Evelyn tenía que morir»

Cuando a Polanski le llegó a las manos el guión de Chinatown venía acarreando dos fracasos de taquilla con sus anteriores películas, Macbeth (id., 1971) y ¿Qué? (What?, 1973). Este nuevo proyecto era muy distinto a todas las películas que había dirigido anteriormente y esto atraía mucho a Polanski quien gustaba de cambiar de género y temática en sus películas. La historia de Chinatown se desarrollaba en Los Angeles de los 9

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años treinta en la mejor tradición del cine negro americano. En palabras del director; «Se iba a mostrar de qué manera la codicia humana había configurado la historia y las fronteras de Los Angeles» (1). A pesar de elegir para este proyecto un género que había llegado a su época dorada durante los años cuarenta, Polanski tuvo la inteligencia de no abordarlo desde la fácil imitación a las obras maestras que todos recordamos, sino desde un planteamiento cinematográfico moderno; «Yo no veía en Chinatown una obra "retro" o una imitación consciente de las películas clásicas en blanco y negro, sino una película sobre los años treinta, vistos a través del ojo de la cámara de los setenta» (2).

Este es uno de los grandes aciertos de la película, que, gracias a este planteamiento, al empleo del color o la dirección tan personal de Polanski, se hace más cercana y realista, sin perder los caracteres propios del género negro.

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La narración es muy medida, Polanski sólo nos cuenta lo necesario en cada momento, Con un empleo maestro del sonido en off (con el sonido continuo del agua por ejemplo), de la calculada información que recibe el espectador en cada secuencia y la precisión con que rueda Polanski, Chinatown nos atrapa sin demasiado esfuerzo. Desde el principio intuimos que estamos ante historia mucho más compleja y ante unos personajes más oscuros de lo que nos muestran, descubrimiento que hacemos al mismo tiempo que el personaje de Nicholson quien nos lleva de la mano hasta el desenlace final. Un desenlace magnífico aunque algo abrupto y desolador. Sin embargo si hablamos de Chinatown no podemos dejar de referirnos de la escena del navajazo en la nariz. Quizás sea esta la escena más conocida, su impacto es mayor por cuanto la violencia durante toda la película es muy contenida, casi en off. La imagen de Nicholson con la cara cubierta por la venda y con la nariz cortada se ha convertido en clásica dentro de la historia del cine. Fue Polanski, que hace un cameo en la película, quien tuvo el "honor" de cortarle la nariz al personaje de Nicholson. Según cuenta el director la imagen fue censurada por las cadenas de televisión anglosajonas al considerarla demasiado violenta. Polanski recuperó con Chinatown el éxito de público y crítica unánime que no obtenía desde 1968 con El bebé de Rosemary. La película era un valor seguro tanto por el magnífico material con que contaba como por el talento y la solidez ya demostradas en su trabajo de dirección. Se ha convertido con toda justicia en un título imprescindible dentro del género.

Sobre el Pianista….* Roman Polanski se identificó desde sus inicios como un director comprometido con su obra y mostró ser frontal en sus temáticas, con un agudo sentido para generar sentimientos en el espectador. Aunque se dice fácil, se reconocen grandes dotes para poder explorar y manejar sentimientos como miedo, angustia, amor y odio por un mismo personaje y, sobre todo, credibilidad en sus historias. Sin embargo, con El Pianista (The Pianist) no sólo logró recoger todos estos elementos, sino recrear de una manera impactante una realidad vivida, una memoria que no se debe olvidar y que resalta las atrocidades y fortalezas del espíritu humano. Fue una película nominada a siete premios Oscar y ganadora de tres –mejor actor principal, mejor guión adaptado y mejor director–. Pero por encima de premios, es una película para exorcizar posibles demonios o posibles recuerdos crudos de una infancia tormentosa en medio del conflicto de la guerra, que el mismo Polanski vivió muy de cerca. Un tema que no es innovador en sí, ya que muchos otros se han encargado de abordarlo y tratar de contar los horrores vividos en esos años. Y en esta doble mirada, esta película tiene un Si en Hollywood y un Si bemol en Europa. Polanski juega con su doble perfil: amado y odiado en USA, aceptado por la crítica y perseguido por la ley americana, paria de países europeos y respetado en Cannes, Venecia, Berlín, entre otros. Después de muchas películas y sinsabores, logró nuevamente tener una película completa en sus elementos, con una historia fuerte y un tanto irreverente, apta para un público desprevenido y uno especializado, con imágenes fantasiosas y espectaculares y otras que parten de recuerdos e intimidad.

Una doble faceta que para los viejos críticos es un aire fresco de alguien ya conocido y para los nuevos realizadores un inspirador trasgresor basado en el dolor humano. El Pianista se convierte en una inflexión ascendente en la carrera cinematográfica de Polanski. Después de un largo y árido periodo en el que coqueteó con diferentes narrativas, pero no concretó ninguna gran obra, retornó al centro de las miradas y aplausos, a la cosecha de premios y a la consagración como maestro de obra. Un Si contundente en el público americano que veía un personaje convertido en dolor que refleja hasta dónde puede llegar el hombre y no debe volver; y un Si bemol agudo y claro en el que la crítica le devolvía su figura de cineasta, de autor en un arte cada vez más banalizado. Un Si sonoro para el resto del mundo anunciando el retorno de uno de los grandes, y un Si bemol lanzado a la expectativa que genera su siguiente obra. *Publicado originalmente en la edición 92 de la revista Kinetoscopio

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LAS PELÍCULAS Cuchillo en el agua (Nóż w wodzie)

Dirección: Roman Polanski Producción: Stanislaw Zylewicz Guion: Jakub Goldberg, Roman Polanski, Jerzy Skolimowski Música: Krzysztof T. Komeda, Bernt Rosengren Fotografía: Jerzy Lipman Año: 1962 Duración: 94 minutos

Dirección: Roman Polanski Producción: Gene Gutowski Guion: Roman Polanski, Gérard Brach, David Stone Música: Chico Hamilton Fotografía: Gilbert Taylor (B&W) Año: 1965 Duración: 104 minutos Carol Ledoux es una bella y reprimida joven belga que vive con su hermana Helen en un apartamento de Londres. Carol experimenta sentimientos simultáneos y contradictorios de atracción y repulsíón hacia los hombres; por eso es para ella tan incómoda la relación entre su hermana y un hombre casado, Michael. Cuando ambos se marchan de vacaciones, Carol comienza a tener alucinaciones y su mente se desquicia.

Callejón sin salida (Cul-de-sac)

El bebé de Rosemary (Rosemary's Baby)

Dirección: Roman Polanski Dirección artística: Joel Schiller Producción: William Castle Guion: Roman Polański, basado en la novela de Ira Levin Música: Krzysztof Komeda Fotografía: William A. Fraker Año: 1968 Duración: 136 minutos

Los Angeles, 1937. El detective Gittes, especializado en divorcios, recibe la visita de la esposa de Mulwray, el jefe del Servicio de Aguas de la ciudad, que sospecha que su marido la engaña. Al mismo tiempo, Gittes descubre que los agricultores acusan a Mulwray de corrupción por su negativa a construir un pantano que paliaría la sequía que sufren. Poco después, el escándalo salta a la prensa, pero la cosa se complica cuando una mujer se presenta en el despacho de Gittes con una sorprendente revelación.

Búsqueda frenética (Frantic)

Chinatown (Chinatown)

En el transcurso de un día a bordo de un yate de vela se establecerá un extraño triángulo entre tres personas, una pareja y un hombre, de diferentes extratos sociales, convirtiéndose la mujer en el centro de una lucha de poder entre los dos hombres.

Repulsión (Repulsion)

Dirección: Roman Polanski Dirección artística: Seamus Flannery Producción: Gene Gutowski, Michael Klinger, Tony Tenser Guion: Gérard Brach, RomanPolański Música: Krzysztof Komeda Fotografía: Gilbert Taylor Año: 1966 Duración: 111 minutos Un gángster herido moribundo se refugian al lado de la playa, un inglés pusilánime ninfómana.

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y su socio en un castillo donde viven y su esposa

Dirección: Roman Polanski Producción: Robert Evans Guion: Robert Towne Música: Jerry Goldsmith Sonido Bob Cornett Maquillaje: Hank Edds Fotografía: John A. Alonzo Montaje: Sam O'Steen Vestuario: Anthea Sylbert Año: 1974 Duración: 131 minutos

Dirección: Roman Polanski Producción: Tim Hampton,Thom Mount Guion: Roman Polanski, Gérard Brach, Robert Towne, Jeff Gross Música: Ennio Morricone Fotografía: Witold Sobocinski Año: 1988 Duración: 120 minutos La asistencia a una conferencia en París le brinda al doctor Richard Walken y a su esposa la oportunidad de revivir su luna de miel. Pero, poco después de instalarse en la habitación del hotel, su mujer desaparece misteriosamente. Completamente solo, en un país desconocido cuyo 13

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idioma ignora, Walken emprenderá la búsqueda de su mujer. La única pista que tiene es un número de teléfono apuntado en una caja de cerillas, y, a partir de ahí, la trama se irá complicando hasta convertirse en una auténtica pesadilla.

El Pianista (The pianist)

La muerte y la doncella (Death and the Maiden)

Dirección: Roman Polanski Producción: Roman Polański Robert Benmussa Alain Sarde Guion: Ronald Harwood (Adaptación) Władysław Szpilman (Libro) Música: Wojciech Kilar Contiene obras de Frédéric Chopin, Ludwig van Beethoven y Johann Sebastian Bach. Fotografía: Pawel Edelman Año: 2002 Duración: 150 minutos Dirección: Roman Polanski Producción: Josh Kramer Thom Mount Guion: Rafael Iglesias Ariel Dorfman Música: Wojciech Kilar Fotografía: Tonino Delli Colli Año: 1994 Duración: 103 minutos En un país imaginario que acaba de sufrir una terrible dictadura, viven Paulina Escobar y su marido Gerardo, un prominente abogado. Una noche, Gerardo se presenta en casa con un hombre cuyo coche ha sufrido una avería. Se trata del doctor Miranda, en quien Paulina cree reconocer al verdugo que la torturó cuando estuvo encarcelada. Decidida a desvelar la verdad, lo somete a un duro cautiverio.

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Wladyslaw Szpilman, un brillante pianista polaco y judío, escapa de la deportación. Obligado a vivir en el corazón del ghetto de Varsovia, comparte el sufrimiento, la humillación y los esfuerzos. Consigue escapar y se esconde en las ruinas de la capital, donde un oficial alemán acude en su ayuda y le ayuda a sobrevivir.


Programación Kinetoscopio Cineclub Roman Polanski: Cine contra viento y marea

Coordinación Alejandro Gómez Marín Presentación y selección de las películas Alejandro Gómez Marín

Mayores Informes: Carrera 45 # 53-24 Tel. 513 44 44 Ext. 110 kinetoscopio@kinetoscopio.com

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Organiza

Diseño Catalina Ochoa Aguilar

Folleto Polanski  

Folleto Kinetoscopio Cienclub dedicado a Roamn Polanski

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