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El cine no ha cumplido aún los ochenta años, y no es demasiado aventurado afirmar que ha puesto a funcionar el mundo según su ritmo, que las culturas y subculturas cada vez son más escasas provenientes de la literatura que del cine. Que por su misma juventud ofrece una de las más fascinantes posibilidades que se le pueden ofrecer a hombre alguno: la posibilidad de saberlo todo al respecto. Descontemos la posibilidad, imposible e inútil de observar todo el cine realizado hasta la fecha. Los cálculos han demostrado que solo un dos por ciento de la producción mundial vale la pena verse. Lo que valga la pena, y no se pueda, se puede leer. Sería empresa que rebasa la vida de un hombre leerse todos los libros dignos publicados hasta la fecha. En cine, esto es perfectamente posible. Andrés Caicedo, “Especificidad del cine” (ponencia presentada en la Universidad del Valle, 1973), en Ojo al cine, Editorial Norma, Bogotá, 2009, p. 52

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HABLA MAYOLO, EL TITÁN LOCO…

El indescifrable, el inevitable e imprescindible crítico de cine, cuentista, novelista y cineasta Andrés Caicedo, tuvo en otro artista legendario, el director Carlos Mayolo, a una de las personas más importantes en sus trayectorias creativa y personal… Este texto, extraído del libro autobiográfico de Mayolo, nos da una semblanza de su amigo y rival…

El atravesado Andrés Caicedo era hermano de una rival de mi hermana en el colegio. Andrés era más joven que yo, no sé qué tantos años. Con una visión del cine y la literatura distinta a la mía. Yo quizás era del Nouveau Roman francés y de las

películas de los años cincuenta, como las que protagonizó James Dean. A propósito, mi hermana adoró a James Dean y yo no sabía por qué decía que era un pollito, que provocaba acariciar y acoger. Creo que Dean incitó las mujeres a entender a un hombre desprotegido, ahora que veo lo que una mujer puede hacer. En esa época tenía sentido enamorarse de un hombre como él: tierno y solo. Amarse era lejano y doloroso. Él era tan débil, que ni siquiera lo podían proteger las mujeres. Hoy sería el Dios del Amor. El actor de Carne de tu carne (1984), mi primera película larga, se parece a él: tierno y neurótico. A veces pienso que la vida no debe contarse con la misma inocencia de la infancia. De mi relación con Andrés Caicedo siempre ha quedado un silencio. Por la rivalidad de nuestras hermanas, o porque a lo mejor nosotros también fuimos rivales –o por su talento, por su personalidad, o por sus principios, fuimos cómplices, desde el cineclub pasando por la revista Ojo al Cine. Un día decidimos hacer una película juntos. Simón Alexandrovich, hombre mucho más viejo que nosotros, amigo nuestro, y yo, pusimos la plata para hacerla, con la cámara de Diego León Giraldo, pues esa cámara era del Partido y yo tenía autoridad para usarla. La habían traído Sergeant y Muel, dos franceses, los que hicieron el documental famoso sobre la guerrilla del Río Chiquito y de Marquetalia. Las luces eran prestadas a Fernell Franco y la grabadora también era de Fernell. Lo más probable es que el sonido no sincronizase pero, qué carajo, había que hacerla. Andrés escribió el cuento de un proleto [proletario] desmelenado que peleaba por la novia de un burguesito muy aconductado. Angelita se llamaba la novia. Todo empezó bien: volvimos mierda la casa de mis tías Córdobas –

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a la pareja proletaria. La película termina con un gran baile de los proletos del que los burgueses no podían disfrutar. Fue un engendro donde, con la bicefalia, cada uno pegó por su lado. Quedó una simbiosis de las dos cosas. Apologética. Dando atisbos de lo que sería después mi cine con expresión popular: la relación de pareja, el baile, el mestizaje y la rumba (esto se verá más tarde en Aquel 19 –Mayolo, 1985).

pues el niño vivía en un universo burgués caótico–; ella, la niña, vivía en una casa como la de Jacques Tati , toda moderna, llamadas telefónicas eternas imposibles de sincronizar después en el sonido. En la historia, Angelita y Miguel Ángel se encuentran con el proleto que le busca pelea al burguesito enfrente de La Tertulia, donde había un cartel que decía “Diez años de arte colombiano”. Se agarran, el proleto casca al burgués y ella queda anonadada con el proleto, lamiéndole la sangre de las heridas. Después, por elipsis, sola, busca a su novio bobo que se ha escondido en la casa, por toda una prolongación de lotes vacíos. Yo –como era productor– empecé a darle rol al proleto y la historia se desviroló. Se volvió una película de parejas de clase. Él y su noviecita se bañaban en sitios públicos, paseaban por Cali, era el otro cine que yo quería hacer, el que partía de la pareja proletaria. Tuvimos muchos encontrones Andrés y yo. Yo era demasiado mamerto y quería darle vida 4

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Por mucho tiempo, Jaime Acosta, amigo de Andrés y el actor que hacía de burgués en la película, la distribuyó en universidades, inacabada, pero daba cuenta de un cierto cine argumental en 16 mm. Como quedó sin sonido, él mismo hacía los parlamentos en las proyecciones, hasta que Luis Ospina la recuperó y la editó respetando la visión de Andrés. Lo que hoy conserva Ospina en su documental Andrés Caicedo: unos pocos buenos amigos (1986) era la idea central. Se pudo salvar y hoy existe en video. Después Andrés y yo trabajamos juntos en Carne de tu carne, en el guión, Andrés se mató y no sé qué más querría seguir haciendo. Siempre nos unió más el cine que la crítica. Los dos escribimos con Ospina un guión, que aún me gustaría hacer, que se llama Ladrones y policías: una especie de slapstick, quizás hasta polanskiano, sobre un militar que mata a su guardia cuando éste está cagando en el antejardín de su casa, pues lo confunde con un ladrón. Ojalá algún dia la podamos realizar. Andrés fue un crítico, un escritor, escribió guiones para Roger Corman y viajó a ofrecérselos a California. Yo seguí más apegado a la gente popular, que poco a poco fui conociendo a través del barrio con Oiga, vea (Mayolo & Ospina, 1972), Aquel 19 y Agarrando pueblo (Ospina & Mayolo, 1978). Como Andrés no quiso seguir interesado en la vida, nos dejó con el tema de lo existente. Gran


genio, conocedor profundo, gallinazo proverbial, me quitó a mi esposa, murió por pereza de vivir o no sé por qué. Andrés Caicedo fue una especie de espíritu burlón que decidió, con su desánimo, dejarnos el aire que no se quiso respirar, a Patricia Linda, a Poncho (Ospina) y a Cocoduro (yo). Pero dejemos quietos a los amigos idos, a los amigos muertos. Lo único cierto, es que nosotros seguimos aquí todavía. Carlos Mayolo, ¿Mamá qué hago? – Vida secreta de un director de cine. Editorial La Oveja Negra, Bogotá, 2002, pp. 137 - 140.

ANDRÉS, EL CRÍTICO: “DE LA CRÍTICA ME GUSTA LO AUDAZ, LO IRREVERENTE” Respuesta a la encuesta elaborada en 1976 por un grupo de estudiantes de Comunicación Social de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), de Medellín (Silvia Jaramillo, Luz Elena Castro y Blanca Victoria Ramos), como parte de una investigación que buscaba confrontar pareceres sobre la crítica cinematográfica en Colombia. El único crítico que respondió fue Caicedo. Ponemos en negrita algunas frases que merecen ser resaltadas… ¿Qué es la crítica cinematográfica para el crítico colombiano? Como desconozco el significado de la posible continuidad de los otros críticos, esta y las otras respuestas serán estrictamente subjetivas. La crítica es para mí un intento de desarmar, por medio de la razón (no importa cuán disparatada sea), la magia que supone la proyección. Ante la oscuridad de la sala el espectador se halla tan indefenso como en la silla del dentista.

silla del dentista. Comenzar a pensar en el proceso montaje, de cambio de rollos, de alteraciones en el color, etc., es una especie de posición de defensa, de decir: “comprendo esto, veo los trucos, no me pueden engañar, y el resultado de esta relación entre la pantalla y mi persona no puede ser la alienación”. Esto lo digo teniendo en cuenta que la gran mayoría del material que se exhibe en Colombia es el producto medio USA, italiano y mexicano, y que este depende en gran parte del engaño para lograr éxito comercial. Cuando uno ya ha comprendido esto, cuando ya se ha adoptado un mecanismo intelectual de defensa propia, el paso a seguir es comunicar este mecanismo primero a los amigos, después al público en general. Para lograr esto, claro, se necesita tener acceso a una clase de medio de comunicación. Y para el caso del producto fílmico sincero, de buena calidad, la tarea del crítico es encontrar la forma de apreciar al máximo la diversión, y lograr, en últimas, que el espectador atento se divierta en la lectura de de la exposición de argumentos. ¡Ojo con Caicedo!

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¿Cuál cree usted que es la posición que asumen los críticos colombianos: terrorista o paternalista frente a la obra cinematográfica? ¿Por qué? Primero que todo, considero que es más saludable una actitud terrorista que paternalista. Pero para lograrla es necesario contar con un medio propio, como es el caso de nosotros con la revista Ojo al Cine. Cuando un crítico enfrenta una serie de condiciones con las distribuidoras y con el exigente gusto mediocre del espectador medio, su crítica se irá ablandando, irá haciendo concesiones, no importa que muchas sean involuntarias. Ugo Barti y Carlos Álvarez han escrito terrorismo, pero hoy por hoy el panorama es mucho menos alentador. Hay que alertar al espectador, darle conciencia del peligro que significa el acto aparentemente trivial de ir a cine, convencerlo de que la mayoría de las veces detrás del producto se encuentra una ideología dirigida en forma vertical contra el consumidor. Hay que desmitificar los falsos valores, las grandes celebridades, los mensajes de “gran” importancia. Uno encuentra muchas veces lo mejor en lo trivial. Dedicarle la atención necesaria a la importancia de Jerry Lewis es un acto de terrorismo. Arremeter contra el cine político italiano o contra un filme como El pasajero (Professione: reporter / The Passenger, Michelangelo Antonioni, 1975) también. Siempre, de la crítica, me ha gustado lo insólito, lo audaz, lo irreverente, lo maleducado. Para esto sería bueno encontrar un método que universalice lo personal. Cada gusto es una aberración. Dado que el cine ha alcanzado niveles artísticos que el común de la gente ignora, ¿cuál cree que es la tarea de nuestros críticos? Si aceptamos que el cine atraviesa una etapa de decadencias generales, se 6

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le hace entonces una nueva cuestión a la pregunta. Lo que más me molesta de algunos críticos es el falso entusiasmo de sus primeros escritos, cuando creen haberlo comprendido todo. En realidad, lo único que han hecho es hacer conciente la comprensión inconciente del espectador. Yo no creo que la gente “ignore” los avances del cine: tal vez, lo que pasa es que no los distingue. Entonces ya respondí a eso en la primera pregunta. El público debe orientarse por las indicaciones del crítico, es cierto, pero este debe poner en tela de juicio los presuntos


presuntos “avances” del cine: por ejemplo el uso del zoom, del montaje sincopado, el alejamiento de las formas clásicas, el exotismo del colorido, etc. Los niveles artísticos pueden seguir analizándose según la política de los autores, según la evolución de la carrera de cada director. Teniendo en cuenta la influencia y credibilidad que tienen muchos críticos colombianos en la sociedad, ¿son ellos manipulados o manipuladores? ¿Por qué? Tal vez el que más influencia tenga sea Alberto Duque López, pero él es más bien un manipulado, y no precisamente por culpa suya. Cuando yo escribía casi a diario para Occidente y más recientemente para El Pueblo, tuve una cierta influencia en el occidente del país, pero siempre estaba sujeto a interpolaciones mal hechas, recortes por falta de espacio o por censura, etc. De allí que haya decidido lanzarme a la empresa de sacar una revista especializada, la cual tendría mucha más influencia si pudiera salir con más periodicidad. Además, ¿qué es lo que uno puede llegar a manipular? Ciertamente no el gusto del espectador. Uno podría manipular una costumbre, una elección de programa, pero de todos modos la palabra no es apropiada.

¿El crítico debe estar comprometido con una ideología? ¿Por qué? Claro que es mejor opinar, escribir desde unos postulados concretos. Pero se ha dado mucho el caso del crítico o aun del artista que termina en una situación de inercia y esterilidad porque de pronto en una ideología dada encuentra la fórmula “perfecta” para resumir la función del arte, y el sujeto interesado se encuentra con que esta función no existe, con que solo empieza a mandar la ideología; de allí que uno tenga que hacerse a una posición más política que otra cosa. Es mejor hablar en términos de moral, de posición personal del crítico ante la obra de arte. Digamos que esta moral tiene que ser de izquierda y que el análisis del filme debe hacerse a partir de la relación de este con la anterior carrera del director, con su género y con la sociedad a que pertenece. Un filme sí puede expresar su ideología y tratar de hacer que esta cumpla una función, un cambio que se opere por el divertimento, comenzando por eso. Operando desde una tendencia política el crítico puede ayudar a imponer los conceptos de su ideología, y si varias tendencias ofrecen elementos válidos para el análisis, vale la pena dedicarles atención, no importa que en últimas las tendencias sean opuestas en sí mismas. Uno siempre termina por escoger una.

¿Usted cree que nuestros críticos, como tales, hacen progresar el arte? ¿Por qué? Los críticos solo pueden dar testimonio del progreso del arte, si lo hay. ¿Pero y el caso de la Nueva Ola y del famoso grupo Cahiers? Sus escritos hicieron que directores como Aldrich, Preminger, Hitchcock, etc. mejoraran o modificaran sus obras. La crítica es un testigo perplejo de los avances del arte, y en su temor indefenso y desbandado, hace progresar el objeto de su devoción. ¡Oh, de los vanos caminos!

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¿Ustedes escriben para un determinado número de personas o llegan a la gran masa? Si se escribe en un periódico de alto tiraje, se llega a la gran masa. Si se escribe desde una revista como Ojo al Cine, los lectores no serían más de dos mil (a no ser que se emplee la publicación en una ponencia o discusión pública, etc.). Si uno escribe para el espectador medio, se tiene que emplear un método didáctico, una fraseología sencilla, una construcción directa, informativa sobre todo. Si uno escribe para el cinéfilo o el cineasta, lo que se busca es hacer que él compruebe sus teorías. Muchas personas pueden pensar novedosamente sobre un filme, pero unas pocas son las que escriben sobre ello. El crítico debe buscar un reconocimiento, una estimación en el grupo de gente que haya escogido. La gran masa mira al crítico de cine con desconfianza; lo juzgan impertinente, pretencioso y especulador: creen que es un improperio que alguien escriba tantas cosas sobre unas imágenes que todo el mundo ve y comprende. Pero lo que se pretende es que el espectador vea de una sola forma el filme, la que sea más adecuada. Esta depende, en todo caso, de los avances que se hagan en la teoría. ¿Son nuestros críticos teóricos o técnicos? ¿Por qué? Hacer el análisis técnico de un filme, secuencia por secuencia o el análisis de una sola secuencia es un procedimiento muy interesante, arduo de hacer y un poco injustamente reconocido, porque puede dar la impresión de ser estéril. Pero ayuda mucho en cuanto a la comprensión del lenguaje particular del director o del filme sólo en su contexto social; si no estoy mal, esto en Colombia se ha realizado únicamente a través de las páginas de Ojo al Cine, y en algunas exposiciones de Hernando Martínez. El resto de críticos no son ni 8

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siquiera teóricos sino interpretativos, analíticos, aproximativos. Abunda aún el afán de encontrar simbologías o correspondencias argumentales en los filmes. Importa más, creo yo, la correspondencia visual, la imaginería iconográfica que una guía de las preferencias, arbitrariedades, obsesiones y aberraciones del autor. ¿Algo más? No, peladas. Felicitaciones por la encuesta. Andrés Caicedo, “De la crítica me gusta lo audaz, lo irreverente”, en Ojo al cine, Editorial Norma, Bogotá, 2009, pp. 39 – 43

TESTIMONIOS DE LOS DIRECTORES Kinetoscopio Cineclub ha entrevistado a los realizadores de las películas del ciclo que presentamos a ustedes… DIÁLOGO CON LUIS OSPINA, REALIZADOR DE ANDRÉS CAICEDO: UNOS POCOS BUENOS AMIGOS (1986)


1.¿Por qué pensás que tiene tanta vigencia la literatura de Andrés? La vigencia de la literatura de Andrés Caicedo se debe a que es una escritura siempre joven, de ahí su vigencia perenne. Con Andrés Caicedo pasa lo mismo que con J. D. Salinger. Son textos que todo joven y adolescente hubiera querido escribir. Expresan como ningún otro escritor en español la angustia de ser joven, ese teenage angst que es muy frecuente encontrar en la música pero no en la literatura: Ian Curtis y Kurt Cobain, compositores, también muertos, pero también eternamente vigentes, forever young. 2.¿Creías cuando él estaba vivo, y en los días en que su muerte era reciente, que llegaría a adquirir la resonancia que tiene hoy? Desde que conocí a Andrés y comencé a leer sus escritos y críticas pensé que estaba ante un genio precoz. Por eso poco después de su muerte le dediqué un documental y durante estos últimos 34 años me he preocupado por publicar su obra (casi toda inédita en el momento de su muerte) y de mantener vivo el mito. Un mito que algunos al principio creyeron que era una invención local de unos pocos buenos amigos pero que ya ha pasado la prueba del tiempo y se ha extendido a otras partes del mundo con la publicación de su obra en varios idiomas. La editorial Belfond, que tradujo a Fernando Vallejo al francés, ahora prepara una traducción de cuatro libros de Caicedo y la importante casa editorial inglesa Penguin Classics publicará pronto una traducción de ¡Que viva la música!, que ya ha sido traducida al italiano y al alemán. En cuanto a su vigencia como critico de cine ya ha sido reconocido hasta por la más prestigiosa revista de cine Cahiers du cinéma en un reciente número . Me siento muy afortunado de haber tenido en los años formativos de mi vida amigos como Andrés Caicedo

y Carlos Mayolo, ambos a su manera, poseedores de lo que se necesita para ser un genio. Caicedo, tímido y torpe socialmente, pudo en su corta vida alcanzar la genialidad, gracias a su empecinamiento y a su conciencia de su propia genialidad. Mayolo, más extrovertido y disoluto, dejó algunas huellas dispersas de su genialidad pero no la alcanzó plenamente porque era demasiado conciente de ella. Fue víctima de lo que los griegos llamaron hybris, que puede traducirse como una confianza desmesurada y exagerada en uno mismo. Una sobreestimación de las propias capacidades que va acompañada generalmente de una pérdida de contacto con la realidad, a menudo castigada por los dioses. “Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco” dice un antiguo proverbio griego atribuido erróneamente a Eurípides. 3.¿Cómo te relacionás con Andrés hoy en día? A través de la publicación y difusión de su obra. DIÁLOGO CON JORGE NAVAS, DIRECTOR DE CALICALABOZO (1997) 1.¿Cómo conociste a Andrés y qué sentiste? Eran los años ochenta. Yo tenía 14 o 15 años. Era metalero, tenía el cabello largo, vestía de negro y con camisas de demonios estampados bajo el sol picante de Cali. Tenía un amigo de cabello rojo al que apodábamos “Pirro”. Su madre era pintora y fanática religiosa, pero había sido una mujer bohemia en su juventud. Ella, preocupada por la influencia de esta música oscura y el entorno “satánico” en el que estábamos inmersos tomó medidas al respecto y nos convenció de hacernos una limpieza de espíritu, una especie de exorcismo, ¡Ojo con Caicedo!

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con un pastor evangélico que daba conferencias sobre los mensajes subliminales en el rock. Después de esto nos regalo el libro de ¡Que viva la música! para que viéramos la ilimitada decadencia en la que podríamos caer si seguíamos dejándonos llevar por los demonios de la música. La “limpieza” nos asustó un poco; sentimos energías extrañas que nos aplacaron por varios días. Días en los que empecé a leer la novela, la cual, por desgracias para la madre de mi amigo produjo un efecto contrario, acercándome con pasión al ángel caído llamado Andrés Caicedo. Recuerdo que la sensación al leer era la de una identificación total con un modo de sentir la ciudad, la calle, la música, la complejidad, la alegría y la violencia de estar vivo. Empecé a temer vivir después de los 25 años, empecé a querer hacer obra, empecé a mitificar a mi ciudad y sus historias. El apocalíptico “Metal” empezó a convivir con los Rolling Stones y con la salsa. Es muy común escuchar decir en jóvenes que leyendo a Andrés Caicedo empieza uno a sentirse como

la reencarnación del mismo escritor; nada más puede explicar el nivel de identificación y descubrimiento interior que siente uno como adolescente al leer su obra. Después de ese pequeño exorcismo Andrés Caicedo se convirtió en un importante referente en mi vida y en la forma en cómo he intentado asumirla hasta el presente. 2.¿Cómo cuajó tu película? Para mi tesis de grado de Comunicación Social en la Universidad del Valle yo quería hacer una investigación y una obra audiovisual a partir del silencio, la soledad y el vacío. Estaba muy influenciado en ese momento por el video arte. Había sido uno de los encargados de las muestras del festival franco-latinoamericano de videoarte en Cali, a través de la Cinemateca de la Universidad, en donde trabajaba como voluntario y desde que empecé a ver estos videos, quise dedicar mi vida al video experimental. Andrés Caicedo era mi referente de la relación con la ciudad en cuanto a todos estos temas contemplativos y pensé que seria interesante tomar su obra como base e hilo conductor para aterrizar mis ideas visuales. Presenté el proyecto a las Becas de Creación de Colcultura en la categoría de Video Experimental y en las cuales Luis Ospina era uno de los jurados. El proyecto ganó el estímulo y con ese dinero más otro gestionado con la Alcaldía de Cali por mi amigo y cómplice Haláix Barbosa, logramos hacer la película. Yo ya había realizado videos experimentales, documentales, videos musicales e incluso publicidad. Tenía un grupo de trabajo entre los que estaban Juan Carlos Gil y Diego Jiménez. Nos hacíamos llamar “Ojo Tachado” y junto con decenas de estudiantes que reclutamos en colegios, amantes de Caicedo, rodamos en una semana lo que sería un extraño largometraje experimental.

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3.Te parece que Andrés es chick, o sea una moda, o un loco genial, como poeta maldito, o un artista aún más lúcido dentro de su acercamiento social y que también puede aportar algo, al menos por la precisión de sus visiones –lo pregunto por su visión anárquica y casi criminal al final? Para mí Andrés es un mito activo. Un poeta precoz y maldito que dejo un escalofrío vital en las generaciones venideras después de su muerte. Ese escalofrío suicida y gozón es lo que lo mantiene y lo mantendrá vivo como referente y autor durante largo tiempo. DIÁLOGO CON ÓSCAR CAMPO, DIRECTOR DE UN ÁNGEL DEL PANTANO (1997) 1.La relación de Andrés con el lumpen, ¿apuntaba hacia un desclasamiento en realidad –y no sólo suyo–, o creés que Andrés deseaba la gloria –de laureles y de ventas– que ha merecido hoy...? Es difícil para mÍ ver a mis amigos como lumpen. No creo que los Lemos lo fueran, ni sus amigos de las “galladas” del sur de Cali. Eran muchachos de clase media, la primera oleada de jóvenes caleños tocados por el narcotráfico y el consumo masivo de drogas. Unos años después, a mediados de los ochenta, estos mismos jóvenes adolescentes que describe Andrés, eran comerciantes, o estaban en ese lado oscuro del comercio que es la delincuencia y la criminalidad. Pero a ese carro terrible se habían subido jóvenes burgueses “emprendedores”. Y también, por qué no, algunos revolucionarios de los setenta, muchos de los cuales terminaron de empresarios del narcotráfico, o muertos en las cordilleras colombianas anhelando una revolución que nunca llegó. Últimamente he estado pensando en el destinito fatal de toda una generación marcada por la coca,

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una mercancía para cuya fabricación, distribución y consumo se hizo necesario estallar los valores de una sociedad conservadora. A veces pienso que mucho de aquello que Caicedo anunciaba como renovación, correspondía realmente a la necesidad de algunos jóvenes por romper con los valores tradicionales, por desinhibirse y asumir las conductas criminales necesarias para insertarse en una empresa productiva increíblemente rentable, que terminó por transformarlo todo. A veces también creo que Andrés describió, de una manera apasionada, el comienzo de un cambio que vivió una generación arrojada a extremos por una fuerza que empujaba a la acción, a la transformación violenta de todo. Y todo se transformó. En un sentido que tal vez él no hubiera deseado y que alcanzó a pre ver. No porque fuera conservador. Sino porque las fuerzas conservadoras terminaron pervirtiendo un impulso revolucionario. No creo que Andrés estuviera escribiendo y haciendo cálculos para una fama póstuma. Creía en una serie de valores libertarios que hoy ni se nombran. O que están asociados a significados distintos en una sociedad que ha terminado por vaciarlos de contenido. 2.¿El anarquismo de Andrés se conciliaba de algún modo visible o comprensible con sus deseos de amor y de estabilidad personal y social, o era Andrés como un ser partido en dos... del cual hay uno que ya jamás conoceremos –quizás el que escribía, y no el escrito, no el exhibido? Cuando pienso en Andrés pienso en mis años de colegio. Fue una de las primeras personas “mayores” (Andrés no tendría más de veinte años) con las que hablé. Y le gustaban todas las cosas que a uno le gustaban y bebía más y se empepaba más y sabía más de todo. Solamente con los años lo he asociado a otras versiones de personas que también lo conocieron, o que se acercaron a él a través de lo 12

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que escribió. A veces los asocio –he tenido muchos años para divagar y sumar a su imagen otras imágenes– a los anarquistas y a los situacionistas; otras, con personajes con los que él se identificaba melodramáticamente, como el cónsul de Bajo el Volcán, o con el “Billy the Kid” de la película de Peckinpah, o con “Billy el Asqueroso”, Brian Jones y Janis Joplin, o con Adèle H. Todos personajes trágicos. Terminó también por convertirse en un héroe trágico, marchando voluntariamente hacia su muerte. He leído el texto del profesor puertoriqueño DuchesneWinter: “El estilo de Caicedo despunta en los monólogos desaforados de sus narradores que, no obstante el tono obsesivo y a veces monotemático, arrastran consigo incontables voces, exponiendo estratos de resentimiento multitudinario”. En la literatura de Andrés resuenan incontables voces, que oscilan y pululan a gran velocidad sin alinearse en un sentido definitivo. Y hacía hablar esas voces transmutándolas en personajes y situaciones salidas de su consumo caníbal y voraz de la cultura cinematográfica. Pensando en este tipo de cosas hice mi película Yo soy otro (2008).

DIÁLOGO CON FRANCISCO FORBES, REALIZADOR ARGENTINO, DIRECTOR DE NOCHE SIN FORTUNA (Forbes & Cifuentes, 2010) 1.¿Cómo supiste de Andrés Caicedo? La primera vez que vi escrito el nombre de Andrés Caicedo fue en un artículo, un mini-ensayo de Fabián Casas sobre él. Eso fue en el año 2008. Inmediatamente despertó mi curiosidad. Unos meses antes, había visto Agarrando pueblo y comencé a investigar sobre la generación de artistas caleños de los 70. Recién tomé contacto con la literatura de Caicedo en diciembre de 2008. En


tres semanas leí ¡Qué viva la música!, El atravesado, El cuento de mi vida, Mi cuerpo es una celda, los cuentos de Calicalabozo y Noche sin fortuna. 2.¿Qué sentís que tenga por decirle Andrés Caicedo a un argentino o a una persona de nuestra época, siendo tan caleño y tan setentero (o sea, cómo llegás a sentirte tan identificado con él)? Caicedo tiene mucho para decirle a cualquier persona de más de doce años que esté viva hoy. No sé si esto tiene que ver con que sea setentero y caleño, sino más bien por ser un tipo de una sensibilidad muy compleja, que al mismo tiempo poseía la habilidad de transmitirla. En mi caso Caicedo está en mi supercánon literario personal. Hay autores con los que uno conecta de una manera excepcional, autores cuyas obsesiones no se entienden pero se intuyen, o se entienden sin que tengan la necesidad de explicarlas. Autores que parecen haber escrito únicamente para que uno los lea. Tanto la vida como la obra de Andrés son cautivantes, creo que es un autor que despierta fascinación muy fácilmente porque hay muchos misterios alrededor de su figura, siendo el primero de ellos: ¿por qué un tipo de 25 años tan exitoso, que prácticamente logra todo lo que se propone con esfuerzo y dedicación, vive sumido en un agujero negro y termina matándose? Uno tiende a pensar que es porque amaba demasiado a la vida y no soportaba ver que todo el mundo se la tomaba tan a la ligera.

Norma. Anteriormente, sólo lo conocían algunos escritores que habían dado por casualidad con una copia de El atravesado a principios de los 90. Actualmente ese boomcito, como le gustaba decir a él mismo, se esfuma de a poco. De todas formas, está consolidado como un autor que prácticamente todo el ambiente literario respeta y admira. Me parece que Caicedo es un autor cíclico, que aparece y desaparece cada cierto tiempo. También creo que una gran cantidad de lectores que lo descubren lo agotan y tratan de leer todo lo que puedan escrito por y sobre él.

3.¿Cuál es el panorama en general sobre Caicedo en Argentina? Caicedo estuvo muy de moda en Argentina durante el 2008 y el 2009, que fueron los años en los que se lo descubrió en el país, a partir de la publicación de su obra por la editorial ¡Ojo con Caicedo!

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Intérprete: Johnattan Arango. Colombia. Color. 86 min. Inspirado por la propia historia de Caicedo, el filme explora la crisis de un joven afligido mientras lucha por entender sus demonios internos. El cortometraje sumerge al espectador en una situación de desespero. CALICALABOZO (1997)

LAS PELÍCULAS Julio 9 ANDRÉS CAICEDO: UNOS POCOS BUENOS AMIGOS (1986 – Versión restaurada: 2009) Guión y dirección: Luis Ospina. Producción: Colcultura, Focine. Versión restaurada producida por Luis Ospina. Fotografía: Olmedo Cardozo, Diego Villegas, Erik Bongue, Mauricio Monsalve. Montaje: Luis Ospina, Mario H. Sandino, Diego Ospina. Personajes: Carlos Alberto Caicedo, Carlos Mayolo, Sandro Romero Rey, Jaime Acosta, Alfonso Echeverri, Carlos Pineda, Hernando Guerrero, Miguel González, Óscar Campo, Pilar Villamizar, Fabián Ramírez, Hernán Nicholls, Carlos Tofiño, Patricia Restrepo, Guillermo Lemos. Colombia. Color. 86 min. Utilizando como eje narrativo la reconstrucción de la película inacabada Angelita y Miguel Ángel (1971), de Andrés Caicedo y Carlos Mayolo, los amigos del escritor y crítico de cine reflexionan sobre su vida, su obra y su suicidio.

Julio 16 JAMÁS DIJO NUNCA NADA (2009) Dirección: Esteban Arango. Guión y producción: Esteban Arango, Erick Castrillón. Fotografía: Esteban Arango.

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Guión y dirección: Jorge Navas. Producción: Ojo Tachado Producciones, Consorcio Programadora Universidad del Valle Televisión UV.TV. Fotografía: Juan Carlos Gil. Montaje: David Paz Salazar. Intérpretes: Camilo Vega (Caicedo), Abdenis Bermúdez (Angelita), Francisco Lloreda (Miguel Ángel), Roberto Andrade (Solano Patiño), Marisol Palacios (María del Carmen Huerta), Alexander Leudo (Marucaco), Fernando Aguilar (el Indio), Mario Alcalde (el Mico). Colombia. B/N. 104 min. Jorge Navas: A través de un monólogo o diálogo interior, materializado en el conflicto creador del joven escritor Andrés Caicedo, proyectamos y a la vez nos identificamos, en medio de sus múltiples “yo” o “personajes literarios”, con la ciudad que llevamos en las entrañas, esa misma que amamos con dolor y odiamos con placer.

Julio 23 ENTREVISTA PIRATA CON ANDRÉS CAICEDO (1977) 3 min. Esta es la única entrevista filmada de Andrés Caicedo, realizada una semana antes de su muerte. Emitida en el programa Páginas de Colcultura, dirigido por Juan Gustavo Cobo Borda. El original de 16 mm. Desapareció y sólo queda este registro en video grabado de la pantalla de un televisor por Eduardo Carvajal y Luis Ospina el día de su emisión.


ANGELITOS EMPANTANADOS O HISTORIAS PARA JOVENCITOS (1976 – versión 1991) Dirección: Andrés Caicedo, Eduardo “La Rata” Carvajal. Producción: Producciones La Rata Fotografía: Eduardo Carvajal. Montaje: Luis Ospina. Intérpretes: Clarisol, Guillermito, Carlos, Fosforito. 25 min. Único video realizado por Andrés Caicedo, en compañía de Eduardo “La Rata” Carvajal, grabado con una Sony Portapak. Cuatro jovencitos precoces, encerrados en una habitación, hablan de violencia y drogas. UN ÁNGEL DEL PANTANO (1997) Guión y dirección: Óscar Campo. Producción: UVTV Fotografía: Diego Jiménez. Montaje: --Intérpretes: Óscar Campo. Personaje único: Guillermo Lemos. Colombia. Color. 51 min. Un testimonio de Guillermo Lemos, una de las personas más cercanas a Andrés Caicedo.

rescatada en 1991 por Luis Ospina, con base en entrevistas con su codirector Carlos Mayolo y los actores. Dos muchachos de clase alta que no guardan ningún conflicto extraordinario, ni se ven amenazados por ninguna fuerza externa, se ven amenazados cuando encuentran a un sujeto de extracción popular. NOCHE SIN FORTUNA (2010) Guión, dirección y fotografía: Francisco Forbes, Álvaro Cifuentes. Producción: Francisco Forbes, Álvaro Cifuentes, Luis Velásquez. Montaje: Francisco Forbes. Personajes: Guillermo Lemos, Eduardo Carvajal (“La Rata”), Luis Ospina, Ramiro Arbeláez, Carlos Mayolo, Miguel González, Hernando Guerrero, Patricia Restrepo. Argentina. Color, B/N. 90 min. Este es el viaje a Cali de dos argentinos y un colombiano exiliado que buscan las huellas de Caicedo sin una noción muy precisa de lo que pueden encontrar. El acceso a su obra se les acaba de revelar como un descubrimiento sorprendente.

Julio 30 ANGELITA Y MIGUEL ÁNGEL (1971 – versión 1991). Dirección: Andrés Caicedo, Carlos Mayolo. Producción: Carlos Mayolo, Simón Alexandrovich. Guión: Andrés Caicedo, basado en su relato homónimo. Fotografía: Enrique Forero. Montaje: Luis Ospina. Intérpretes: Jaime Acosta, Pilar Villamizar, Fabián Ramírez, Andrés Caicedo, Astrid Orozco, Líber Fernández. Película inacabada en su momento, ¡Ojo con Caicedo!

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Kinetoscopio CineClub

Folleto Andrés Caicedo  

Folleto de Kinetoscopio Cineclub, ciclo dedicado a Andrés Caicedo

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