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EL PSICOANALISTA

John Katzenbach

– Tarda un par de días –comentó el dependiente–. Aunque aquí es más fácil que en Massachussets. ¿Cómo la va a pagar? – En efectivo. – Un método anticuado –sonrió el hombre–. ¿No va a ser con tarjeta? – Las tarjetas sólo te complican la vida. – Una Ruger 380 la simplifica. – De eso se trata, ¿no? –repuso Ricky. El dependiente asintió mientras terminaba el papeleo. – ¿Está pensando en simplificar a alguien en particular, señor Lazarus? – Qué pregunta tan extraña –contestó Ricky–. ¿Tengo el aspecto de ser un hombre con un enemigo por jefe? ¿Con un vecino que te suelte el chucho cada vez que pasas por su casa? ¿O casado con una mujer que te haya fastidiado demasiado a menudo? – No –dijo el dependiente con una sonrisa–. No lo tiene. Pero es que tampoco tenemos muchos clientes nuevos. La mayoría son bastante habituales, de modo que al menos les conocemos la cara, SI no el nombre. –Bajó los ojos hacia el formulario–. ¿Se la van a conceder, señor Lazarus? – Claro. ¿Por qué no? – Bueno, eso es más o menos lo que estoy preguntando. Detesto todo este follón legal. – Las normas son las normas –dijo Ricky. El hombre asintió. – Ya lo puede decir, ya. – ¿Y para practicar? –quiso saber Ricky–. Porque ya me dirá de qué sirve una buena arma como ésta si no la maneja un experto. – Tiene toda la razón, señor Lazarus –asintió el dependiente–. Mucha gente cree que cuando ha comprado la pistola ya no necesita nada más para protegerse. Pero es sólo el principio, coño. Hay que saber manejar el arma, sobre todo cuando las cosas se ponen, digamos, tensas, como cuando tienes un atracador en la cocina y tú estás en pijama en el dormitorio. – Exacto –asintió Ricky–. No se puede estar tan asustado... – ...que uno termine cargándose a la mujer o al perro o al gato de la familia. –El dependiente terminó la frase por él y rió–. Aunque puede que eso no fuera lo peor. Si usted estuviera casado con mi parienta, después invitaría al atracador a tomar una cerveza. Y más si tuviera también ese maldito gato suyo que me hace estornudar a todas horas.

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