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ECOSISTEMA URBANO

Periódico Ketzalkoatl

Sólo el 16% de la población se traslada en el 95% de los autos particulares

El culto al automóvil contamina y colapsa las ciudades ? En Guadalajara hay 3,700 vehículos contra 3,100 árboles por kilómetro cuadrado y el oxígeno que producen 200 árboles lo

combustiona un vehículo en una hora. ? 81% de la población en el DF se traslada en el 5% de los medios y sistemas de transporte público. El transporte más rápido, seguro y menos contaminante, el metro, transporta al 14%. En 2003 había en EEUU 204 millones de autos y 191 millones de conductores. ? Christian Geld* En México hay más de 27 millones de autos, y los accidentes viales son la segunda causa de orfandad, así lo aseguró el Secretario de Salud José Ángel Córdova, “No sólo la contaminación ambiental es lo único que ocasionan los autos, puesto que cerca de 20 mil personas mueren en este país anualmente por accidentes de tránsito” (1). Además de la inversión y mantenimiento carretero, el costo anual para el Estado por accidentes de tráfico es de 110 millones de pesos, con 750,000 hospitalizaciones anuales y el 1.3% del PIB (2). Muchos autos trasladan a pocas personas La Ciudad de México ocupa el lugar 8 entre las 10 ciudades con mayor tráfico en el mundo, es precisamente en las grandes concentraciones urbanas que los problemas de tráfico y embotellamientos son asuntos cotidianos. Para ilustrar, acorde con el mismo investigador, en mayo de 2008 se alcanzó la cifra récord de un embotellamiento con una longitud de 266 km, en Sao Paulo, mayor distancia que la existente entre las ciudades de Querétaro y el Distrito Federal (3) En un inicio el automóvil fue concebido como solución a los problemas de movilidad y transporte, pero la capacidad del auto de trasladar a un gran número de personas es falsa porque el 16% de la población se traslada en el 95% de autos particulares y una persona en un auto particular ocupa 50 veces más espacio que si esa persona viajara en el transporte público (GDF, 2002). A pesar de esto, el parque vehicular se incrementa en 250 mil unidades anuales, según Armando Quintero, titular de Setravi (4). Los problemas viales no sólo son en el DF, en Querétaro hay 1,519 unidades de transporte público que trasladan al 64% de la población y el restante 36% lo hace en vehículos particulares. A mediados del siglo pasado la popularización de los automóviles vio sus primeros resultados. En tv se veía a atléticos y adinerados jóvenes acompañados de hermosas jovencitas, que como una pareja perfecta caminaban cadenciosamente mientras entonaban cánticos en loa del auto, la vida era perfecta, de acuerdo al promocional, si poseían un auto. Las clases trabajadoras de entonces acuñaron un sueño: adquirir un auto -reflejo de su éxito-, el más costoso que les permitieran sus finanzas. Todo esto para poder ser libres, libres de ir a donde les plazca. Pero ¿quién originó la necesidad de tener un auto? Los ciudadanos no, por supuesto, sino una élite que les hizo creer que lo necesitaban. La situación es idéntica ahora.

de 1.600 horas por año a su automóvil: sentado dentro de él, en marcha o parado, trabajando para pagarlo, para pagar la gasolina, las llantas, los peajes, el seguro, las infracciones y los impuestos para las carreteras federales y los estacionamientos comunales. Estas 1.600 horas le sirven para hacer unos 10.000 km de camino, o sea, 6 km en una hora. Es exactamente lo mismo que alcazan los hombres en los países que no tienen industria del transporte (5)”. Ya en 1958, el historiador Lewis Mumford alertaba “El modo de vida americano de hoy día está fundado no sólo en el transporte de motor sino en la religión del coche, y los sacrificios que las personas están preparadas para hacer por esta religión superan los límites de la crítica racional.” El automóvil como extensión del hogar El auto se ha vuelto, lejos de acelerador de desplazamientos en un segundo hogar. Se convierte en el sitio donde las personas terminan de arreglarse para ir al trabajo, donde desayunan o cenan, desde donde hacen y reciben llamadas telefónicas…en completa soledad, ya que el índice de ocupación del auto es de 1.21 personas, de tal manera que la ciudad está diseñada para atravesar, no para vivir. La utilidad engañosa del auto esconde la realidad: los seres humanos se encuentran más solos que nunca, el auto, lejos de acercarlos, los aísla y estratifica, los

diferencia profundizando las brechas ya existentes. El desarrollo profesional se evalúa según el auto que tenga el ciudadano, si es lujoso, su dueño es un completo éxito, de lo contrario, es un fracaso. Como si el éxito se demostrara con el auto más caro. Algunos Estados como California deciden luchar contra el cambio climático, esta vez un comité ciudadano llamado “el pueblo de California” demandó a seis fabricantes de autos por el calentamiento global (“NY Times” 24/09/06) situación trascendente porque EEUU con el 5% de la población global, maneja el 30% de los vehículos del mundo, que producen cerca del 50% del total de CO2 emitido por los autos (6). La realidad ha cambiado, los autos potentes que superan los 250 km de poco sirven en una ciudad cuyas vías están saturadas y los conductores apenas logran alcanzar los 30 km por hora. La solución para reducir el inminente colapso vial ha sido históricamente construir más carreteras, en 2010 se gastarán 155 mil millones de pesos para construir carreteras. Como diría Illich “Son personajes profesionalmente adictos a la solución industrial de problemas creados por una industria”. De cómo el auto expulsó al individuo Las ciudades claramente están diseñadas en torno a los autos, no a los habitantes. El auto es el eje central, sigue pág.7

La esclavización hacia el auto Lo que no les contaron fue las horas extras que tendrían que trabajar para poder alcanzar la citada “libertad”, el elevado gasto inicial, el dinero para mantenerlo y sobre todo, el tiempo que estaría esclavizado a él. “El americano típico consagra más

Según palabras del escritor y ensayista Henry David Thoreau “Vida ciudadana: millones de seres viviendo juntos en soledad”. El corazón de una ciudad está en sus habitantes, no en las máquinas que estos posean. Zócalo de la Ciudad de México, imagen del fotógrado Spencer Tunick.

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Ketzalkoatl Marzo 2010 Número 22  

Periodismo Ambiental

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