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Ketzalcalli CONTENIDO / CONTENTS Vivienda, sostenibilidad y diseño – Algunos reflexiones contextuales– Harald Albrecht Arellano 3 Design for the Living World – Advancing beyond modern dogmas to create meaningful ‘goods’ – Stuart Walker 9 Reflexiones sobre sustentabilidad y la estética de los productos Luis Rodríguez Morales 21 Vivienda y sostenibilidad – Mitos y realidades – Inocente Bojórquez Báez Harald Albrecht Arellano 33 Acercamiento al estudio de la sustentabilidad de la actividad cañera en Quintana Roo Crucita Aurora Ken Marinée Guirado López 45 Dzibilchaltun Centro de poder en el noroeste de Yucatán Alexander W. Voss Yazmín Lizárraga Pérez 65 Editorial / Impressum 2


EDITORIAL / IMPRESSUM EDITORES/EDITORS Barbara Blaha Pfeiler (Universidad Nacional Autónoma de México, Mérida / University of Hamburg, Hamburg), Andreas Koechert (Universidad de Quintana Roo, Chetumal / University of Hamburg, Hamburg), Alexander W. Voss (Universidad de Quintana Roo, Chetumal) COMITE EDITORIAL/EDITORIAL BOARD Grace L. Bascopé (Maya Research Program, Fort Worth), M. Jill Brody (State University of Louisiana, Baton Rouge), Alfredo Barrera Rubio (Instituto Nacional de Arqueología e Historia, Mérida), Karen Dakin (Universidad Nacional Autónoma de México, D.F.), Marie Gaida (Museum of Ethnography, Berlin), Galina Ershova (Universidad Nacional Estatal de Humanidades de Rusia, Moscú), Javier Omar España Novelo (Universidad de Quintana Roo, Chetumal), Juan Manuel Espinosa Sánchez (Universidad de Quintana Roo, Chetumal), Mercedes de la Garza (Universidad Nacional Autónoma de México, D.F.), Ingolf Goritz (University of Hamburg, Hamburg), Claudine Hartau (University of Hamburg, Hamburg), Alfredo López Austin (Universidad Nacional Autónoma de México, D.F.), Enrique Martín Briceño (Instituto de Cultura del Estado de Yucatán, Mérida), Lorenzo Ochoa (Universidad Nacional Autónoma de México, D.F., †), Clifton Pye (University of Kansas, Lawrence), Edgar Santiago Pacheco (Bibliotecarios del Sureste A.C., México), Julio C. Robertos Jimenez (Universidad de Quintana Roo, Chetumal), Peter Schmidt (Instituto Nacional de Arqueología e Historia, Mérida), Ortwin Smailus (University of Hamburg, Hamburg) INSTITUCIÓN/INSTITUTION Cuerpo Académico Estudios Culturales y Sociales de Mesoamérica y del Caribe – Universidad de Quintana Roo, México; Institute of Mesoamericanistics, University of Hamburg, Germany; Bibliotecarios del Sureste A.C., México. INDIZACIÓN/INDIZATION: LATININDEX y/and CLASE (www.latindex.unam.mx) DIRECCIÓN/ADDRESS: Dr. Alexander W. Voss, DCSEA, Universidad de Quintana Roo, Boulevard Bahía s/n esq. Ignacio Comonfort, Col. del Bosque, Chetumal, Quintana Roo, México, C.P. 77019 Tel. (+51) 983–8350300, Fax. (+51) 983–8329656 WEB / CONTACTO/CONTACT. www.ketzalcalli.com; bpfeiler(at)prodigy.net.mx AÑO DE IMPRESIÓN/YEAR OF PRINT: 28 Septiembre 2015 / 28 September 2015 EDITORIAL/PUBLISHER: Kommission Verlag für Ethnologie, Hannover, Germany PRODUCCIÓN/PRODUCTION: México/Germany PORTADA/COVER: Alexander Voss CORRECCIÓN DE PRUEBAS/REVISION: Andreas Koechert, Alexander W. Voss WEB–Master: M.A. Alfredo Meza Artmann

ISSN: 1860–5710 (Alemania/Germany) © by A. Koechert, Hannover. Alle Rechte vorbehalten, insbesondere die des Nachdrucks, der tontechnischen Wiedergabe und der Übersetzung. Ohne schriftliche Zustimmung ist es – auch für den Eigengebrauch – nicht gestattet, dieses Werk oder Teile daraus in einem photomechanischen, digitalen oder sonstigen Reproduktionsverfahren oder unter Verwendung anderer Systeme zu verarbeiten, zu vervielfältigen und zu verbreiten.

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VIVIENDA, SOSTENIBILIDAD Y DISEÑO – ALGUNOS REFLEXIONES CONTEXTUALES–

Harald Albrecht Arrellano Universidad de Quintana Roo, México

[Ketzalcalli 2|2014: 3–8]

El discurso del desarrollo sustentable ha permeado el discurso político y académico en diferentes formas y se ha manifestado en iniciativas políticas y académicas cuya trascendencia sería importante analizar. Por un lado, el concepto mismo surge desde los países desarrollados y se inserta en el discurso internacional a partir de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de Río (Organización de las Naciones Unidas 1992) en donde la sociedad civil se apropia de la idea y la incorpora en su propia forma de ser y de hacer. Siendo un concepto que toca a toda la sociedad en todas sus manifestaciones y en todas sus dimensiones ha sufrido interpretaciones parciales, sesgadas e inclusive tendenciosas que han generado respuestas serias en algunos casos pero bastante superficiales la mayoría de las veces. Este mismo impacto en la esencia de lo social ha generado respuestas casi violentas por ciertos segmentos, normalmente los más conservadores en los países desarrollados y posiciones radicales en algunos países de la periferia pero normalmente de tintes más tibios en la mayoría; a final de cuentas todo aquello que se relaciones de alguna forma, aunque fuera tangencialmente, con el medio ambiente puede ser inscrito en iniciativas que son bautizadas como parte del desarrollo sustentable sin que necesariamente se tenga claro lo que implica. La misma definición del desarrollo sustentable acuñada en 1987 por la por la Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo como “un desarrollo que permita satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades” (World Commission on Environment and Development 1987: 40), tiene implicaciones que pocas veces son analizadas y sobre todo entendidas en su dimensión real. Estudiando esta definición podemos encontrar dos elementos clave (Albrecht 2011). En primera instancia se señalaba un principio ético fundamental que es la responsabilidad de las generaciones presentes con las del futuro lo que en si mismo plantea la necesidad de un cambio radical en la forma de enfrentar la responsabilidad social. En segundo término se redefine el concepto mismo de desarrollo incorporando el adjetivo de sostenible lo que señala inequívocamente el hecho de que no podemos continuar con la forma en que hacíamos las cosas. Indirectamente se hace una referencia muy clara al concepto de límites discutido por el equipo encabezado por Donella Meadows (1972) para el Club de Roma. Aunque estos informes fueron presentados hace ya más de cuatro décadas siguen tan vigentes ahora como entonces.

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Los planteamientos desarrollados durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo en 1992, buscaban definir la forma en que podían ser instrumentados los planteamientos del desarrollo sostenible plasmándolos en Agenda 21 (Organización de las Naciones Unidas 1992). Sin embargo, aunque es indudable que ha habido avances importantes, es necesario aceptar que en la mayor parte de los casos estos han sido elementos del discurso político y económico sin expresarse en acciones concretas a nivel global. Considerando los dos aspectos señalados antes, es evidente que la obligación y responsabilidad de cada individuo y de la sociedad en su conjunto por responder a estas imperantes de desarrollo social sostenible no están a discusión; existen un sinnúmero de datos, de estudios y de señales claras de que no se puede continuar en la dirección actual y que se debe actuar con urgencia y posiblemente con medidas radicales. Es importante notar que en esta definición no se hace referencia al medio ambiente en sí mismo pero queda implícito el concepto de bienestar de la sociedad en términos de la calidad ambiental que requiere. Habiendo considerado estos elementos básicos en torno a la sustentabilidad, se pretende presentar un análisis de la evolución del paradigma ambiental que determina en buena medida la forma en la que la sociedad busca dar respuesta a sus preocupaciones sobre el entorno manifestándolas en sus decisiones en torno a los elementos que satisfacen algunas de sus necesidades básicas, en particular la vivienda y los objetos que utilizan para realizar sus actividades cotidianas pero también en actividades económicas que tienen una directa incidencia en la calidad de vida de los individuos. Estos temas se integran por un factor común que es el diseño entendido como la suma de las decisiones que permiten configurar el entorno material pero también el entorno inmaterial, en este sentido se ha dicho con frecuencia que las cosas suceden por dos razones, por accidente o como consecuencia de un proceso de diseño. Con esto no se pretende decir que todo es diseño pero que cualquier cosa, actividad o idea es consecuencia de una serie de decisiones que siguen una determinada intencionalidad y un cierto proceso de decisión que se pueden insertar en un proceso deliberado de diseño. Esto se ilustra claramente en los artículos que siguen que se ordenan de acuerdo a la disciplina en la que se manifiesta la preocupación por la sustentabilidad. Stuart Walker presenta una interesante reflexión sobre el significado de los objetos y del diseño en su trabajo Design for the Living World − Advancing beyond modern dogmas− to create meaningful ‘Goods’. Inicia cuestionando la forma en que ha sido concebida y desarrollada la cultura material y los objetos que la conforman en la modernidad y postmodernidad a partir de consideraciones eminentemente utilitarias determinadas por aspectos económicas. La visión predominante se basa en el enfoque de la filosofía materialista y el naturalismo que consideran que la realidad se puede conocer únicamente a partir de la observación, de la acumulación de información y de los datos cuantitativos; pareciera que el valor se desprende únicamente de esta posibilidad de medir los efectos de los fenómenos económicos y de consumo mientras que se desestima la importancia de las apreciaciones subjetivas e intuitivas que definen en esencia nuestra apreciación de la realidad. Bajo esta óptica señala que se ha descuidado la percepción de la realidad en la dimensión cultural de los valores y el significado social. Esta perspectiva que considera la importancia de las relaciones sociales, del conocimiento y de las emociones no surge de datos cuantitativos, más bien es consecuencia de nuestra capacidad de imaginar, de creer y de interactuar en una forma integral en la que nuestra conciencia social es el factor de coherencia y de cohesión.

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La importancia de la reflexión filosófica sobre la realidad revela aspectos que van más allá de los argumentos racionales y del conocimiento técnico y es a través de este proceso en el que se puede encontrar el significado más profundo de nuestra experiencia de vida. En este contexto, el diseño sustentable debiera apelar a nuestros sentidos a través de nuestra percepción creativa, intuitiva y estética más que a través de procesos lógicos de razonamiento; utiliza un lenguaje diferente que se basa en la sensibilidad, la conciencia sobre los valores y significados subjetivos que definen el tipo de vida que deseamos vivir. Al diseñar se debe recurrir a las experiencias y a los conocimientos basándose en atención al contexto, a las tradiciones para poder entender el significado de los objetos en términos de sus funciones y significados. Esto implica la consideración de valores, de comportamientos éticos e inclusive de consideraciones espirituales; el diseño y la producción de objetos conlleva necesariamente las preocupaciones con nuestro entorno y con la sociedad, tal como se señalaba al inicio, con las obligaciones morales y éticas que se desprenden del mismo concepto de la sustentabilidad. Walker propone que para desarrollar una visión social más comprensiva debemos voltear la mirada a los conocimientos tradicionales, a las experiencias intuitivas, al conocimiento tácito y a la imaginación. Todo parece indicar que, entendiendo el proceso de configurar nuestra cultura material a través de procesos de diseño que integren las preocupaciones instrumentales de los objetos con las preocupaciones éticas y morales del diseñador, se tendrá la posibilidad de contribuir a un desarrollo más armónico entre el entorno ya práctica social. En su aportación Reflexiones sobre sustentabilidad y la estética de los productos, Luis Rodríguez Morales señala que con mucha frecuencia se habla de aspectos metodológicos y técnicos en el diseño pero poco se ha escrito sobre el valor estético de los objetos en el contexto de la sustentabilidad; quizá se pueda encontrar una explicación en la relativa novedad del tema en el campo del diseño y sobre todo en la concepción de los diseñadores quienes se han preocupado más de los aspectos relacionados con la técnica y con el consumo que con el medio ambiente. Considerando la importancia que la forma tiene en el diseño es de extrañar que no se haya abordado el estudio del valor estético de los objetos en el marco de la sustentabilidad ya que al hacerlo se podrían descubrir nuevas formas de otorgar valor a los objetos. Presenta una breve reflexión de los hitos que marcaron el desarrollo de la disciplina del diseño con los trabajos de Papanek (1971) que presentaba una postura crítica frente al énfasis exacerbado otorgado al objeto como mercancía de consumo restando importancia a los valores sociales que de su uso se desprenden. Su análisis considera las tres dimensiones que definen el diseño y al objeto de diseño; la dimensión individual que se manifiesta en la usabilidad del objeto, la dimensión social manifiesta en el valor de utilidad de los objetos y la dimensión cultural que se expresa en lo deseable de los objetos. Rodríguez señala que más allá de los aspectos de mercado y de consumo, este factor implica necesariamente el análisis de factores retóricos y estéticos que permiten que el objeto diseñado sea entendido e interpretado por su usuario. Cita a Walker (2007) quien señala que al abordar el diseño desde esta perspectiva se está valorando el objeto desde una perspectiva social y personal y esto define una forma de abordar el diseño desde una perspectiva de sustentabilidad basada en el significado intrínseco de la cultura material. La estética entendida como el valor narrativo de los objetos que conjugan nuestras aspiraciones sociales y personales debe ser congruente con la forma de entender la realidad y las imperantes ambientales del contexto. En el diseño debemos transitar de criterios

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técnicos y económicos que definen el cómo pueden ser los objetos a un acercamiento determinado o definido por preocupaciones éticas que dan respuesta al cómo deben ser los objetos para lograr la coherencia planteada en la sustentabilidad. En su trabajo Rodríguez presenta un análisis de un objeto de consumo, una cafetera (Seppl de Arvid Häusser) que aborda el reto del diseño a través de la incorporación de una estética que surge de proceso de producción locales y del uso de materiales no tradicionales en el diseño dominante; el uso de madera y porcelana en contraste a los materiales industriales como los plásticos y el acero, es una muestra de cómo puede entenderse el objeto y de cómo los materiales locales no nada más señalan una clara preocupación por una producción más artesanal y local sino por una forma diferentes de entender las propiedades expresivas del objeto. Las formas son mucho más orgánicas y obliga al usuario a entender y a interpretar la cafetera desde perspectivas diferentes. Este caso ilustra cómo es que el diseño sustentable no necesariamente se circunscribe a aspectos técnicos y económicos de la producción sino que se inserta en un contexto definido por aspectos culturales, sociales y también económicos determinados por la escala y la capacidad de producción local en contraste con los criterios de producción global. En el campo del diseño de los espacios para la vivienda presentado por Bojórquez y Albrecht, Vivienda y sostenibilidad: mitos y realidades, se puede apreciar como los procesos de conceptualización de la vivienda han estado alejados de las necesidades sociales debido precisamente a la aplicación de criterios de eficiencia económica como factor definitorio de la vivienda aun cuando los aspectos sociales y de satisfacción de las familias parecen indicar con claridad la deficiencia de esta forma de proyectar. Los autores señalan que la vivienda evolucionó por diversos modos de producción incorporando elementos simbólicos que proporcionaba a la sociedad un sentido de identidad y de pertenencia acordes con su forma de percibir su realidad. Con el paso del tiempo estas condiciones basadas en usos y costumbres locales fueron cambiando para incorporar condicionantes que dependían de criterios económicos y de producción totalmente ajenos a la realidad, a la convivencia social y a las características del entorno alternado el espacio vital de la vivienda. La transición de una sociedad rural a las grandes ciudades ha venido a trastornar este espacio en forma dramática, transformación que se manifiesta en forma muy clara en las condiciones de los espacios y de los ambientes que poco tienen que ver con las necesidades de las personas. Este proceso de cambio ha traído consigo una serie de problemas sociales, económicos y ambientales que indujeron a cambios en el uso del suelo y de los espacios, apareciendo una nueva correlación entre medio ambiente y crecimiento urbano cuyos efectos ambientales se reflejan en el incremento de las concentraciones de bióxido de carbono (CO2) en la atmósfera y con ello en el aumento del calentamiento global (Comisión para la Cooperación Ambiental 2008). Para dar respuesta a esta nueva realidad surgieron esfuerzos orientados a buscar soluciones a los efectos del cambio climático a través de iniciativas para estabilizar la concentración de gases efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impidiera que el clima se perjudicara. En este contexto y en el marco de Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, COP16 en 2010, México se comprometió a reducir en un 50 por ciento la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) como una medida para encarar los retos que el cambio climático considera (CONAVI 2010). Derivado de ello se plantea en la Ley de Vivienda de 2006 que debe respetarse el entorno ecológico además de la preservación y uso eficiente de los recursos naturales propi-

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ciando que las acciones de vivienda constituyan un factor de sustentabilidad ambiental, además de que los materiales se adecúen a los rasgos culturales locales para procurar su identidad y diversidad. En el estado de Quintana Roo en el sureste de México se menciona que el Sistema Estatal de Vivienda se orientará a optimizar los procesos de producción de vivienda, promoviendo preferentemente la utilización de sistemas constructivos tradicionales y adecuados al medio, así como de arraigo de los habitantes a sus lugares de origen. Como se señaló antes, el discurso político en el ámbito de la vivienda ha manifestado una falta de entendimiento de lo que la sociedad requiere. El concepto vivienda es actualmente un producto de mercado lejos de soluciones integradoras que incluyen lo económico, lo social y el respeto al medio ambiente. La vivienda es ahora simplemente una mercancía que en muchas de las ocasiones, están fuera del alcance de la población; las propuestas de viviendas digna no forman parte de la agenda de los desarrolladores ni de las autoridades, parece que es imposible encontrar concordancia entre las necesidades sociales y las condiciones del medio ambiente y aquello que se propone como solución al problema de la vivienda. En este contexto, los conceptos del desarrollo sustentable tan claramente expresados en las leyes y los reglamentos no se consideran ni se incorporan a la práctica del diseño de vivienda. Por último se presentan algunos comentarios del trabajo de Crucita Ken que si bien no están relacionados al mundo de lo construido como el caso del diseño de objetos o de la vivienda, de lo que Simon (1981) llamaba el mundo artificial, es una muestra de cómo el concepto de lo sustentable es manejado y manipulado siguiendo intereses y visiones parciales que resultan económica y políticamente convenientes. La autora presenta un análisis de la importancia del cultivo de caña en la región señalando que el aumento de la producción agrícola a escalas industriales genera beneficios pero también tiene importantes costos como la extensión de fronteras agrícolas, el uso de fertilizantes y herbicidas tóxicos, la degradación del suelo generada técnicas de producción no sostenibles, la contaminación del agua, emisiones de CO2 por el uso de equipo que funciona a base de hidrocarburos fósiles, entre otros. Esto hace necesario que se adopten métodos de producción más sostenibles sin comprometer la conservación de los recursos naturales, la calidad del medio ambiente y la competitividad de los productos en precios y calidades que requiere el comercio internacional y sobre todo sin comprometer la calidad de vida de las comunidades. Crucita Ken presenta un estudio importante en torno a la percepción que del grado de sostenibilidad de la actividad cañera tienen las personas que se dedican a ella. Señala que no obstante que la actividad cañera es considerada como la actividad principal en el sector agrícola del estado de Quintana Roo, es importante otorgar una mayor atención a la implementación de programas sociales sectoriales para atender la problemática de pobreza en la región. En términos ambientales se han logrado importantes avances como asegurar que el material orgánico proveniente de las puntas que quedan del corte de la caña no se queme y se integre como material nutriente para los suelos; se han desarrollado estrategias para el combate de plagas con control biológico (hongo metarizum y la avispa trichogramma). Desde hace más de una década cerca de 95 por ciento de la energía utilizada para la producción de azúcar estándar es autogenerada a partir de residuos de la producción lo que ha permitido eliminar el uso de combustibles de origen no renovable. Concluye señalando que en general, se puede decir que la percepción de los actores clave con respecto a la realidad en torno a los aspectos económicos y ambientales fue favorable sin embargo persiste una muy clara percepción negativa sobre la visión y las pro-

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puestas institucionales y gubernamentales sobre las dimensiones sociales de la actividad cañera, lo sustentable se limita a la implementación de medidas en las estrategias de producción y constituye, en palabras de los actores del sistema cañero, el principal reto para las autoridades.

CONCLUSIONES Como se puede apreciar en las aportaciones reseñadas, en cualquiera de las disciplinas que les dan origen, la sustentabilidad constituye el paradigma emergente que habrá de definir la forma en que se logre el desarrollo social. No es solamente parte del discurso académico, ambiental o político aunque como se puede apreciar este es el gran reto que enfrentamos; el trascender de percepciones parciales y tendenciosas a acciones claras y concretas como de alguna forma se puede apreciar en los trabajos de Walker y Rodríguez, implica un cambio radical en la forma de pensar y de actuar de los actores sociales involucrados en cualquiera de estas disciplinas. Si lo que pretendemos es un desarrollo en el que la sociedad logre la satisfacción de sus necesidades esenciales, tanto las materiales como las personales y espirituales, que lo logre en un entorno natural que incida favorablemente en esta calidad de vida y que las condiciones económicas no impidan la consecución de estos deseos, requeriremos de visiones y de acciones concretas e integrales por parte de las autoridades y de las empresas en cualquier campo; la suma de los factores sociales, culturales, económicos y ambientales y de las actitudes frente a ellos, es a final de cuentas lo que define conceptualmente al desarrollo sustentable.

REFERENCIAS Comisión para la Cooperación Ambiental 2008 Edificación sostenible en América del Norte: Oportunidades y Retos. México: CONAVI. 2010 Soluciones verdes para el sector vivienda. México: CONAVI Häusser, Arvid 2014 Seppl Espresso Machine in Porcelain. http: //arvidhaeusser.de/ /acceso X/2014). Meadows, Donella; Jørgen Randers, & Dennis Meadows 19722 The Limits To Growth. A report to the Club of Rome. New York: Universe Books. Organización de las Naciones Unidas 1992 Agenda 21. http: //www.un.org/esa/dsd/agenda21_spanish/ (acceso X/2014). Papanek, Victor 1971 Design for the real world. Human ecology and social change. London: Thames and Hudson. Simon, Herbert 19813 The Sciences of the Artificial. Cambridge: MIT Press. Walker, Stuart 2007 Sustainable by Design. Explorations in Theory and Practice. London: Earthscan. World Commission on Environment and Development 1987 Our common future. Oxford: Oxford University Press.

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DESIGN FOR THE LIVING WORLD ADVANCING BEYOND MODERN DOGMAS TO CREATE MEANINGFUL ‘GOODS’

Stuart Walker Lancaster University

[Ketzalcalli 2|2014: 9–20]

RESEUMEN: Beginning with a critique of modernity’s uni–directional ‘detached observer’ view of reality, this chapter considers the implications for design of contemporary, co–evolutionary understandings of human activities. It explores the positive contribution of these realizations and the importance of recognizing imaginative, intuitive ways of knowing and their relationship to empathy, compassion and caring – for others and the world itself. The significance of these understandings for the future of materials goods is considered in terms of their design, their interpretation and their potential influence in contributing to positive change. The implications are considered in regard to developing a more comprehensive philosophical outlook, one that is more considerate and potentially will be more effective in addressing issues of social equity and environmental responsibility as well as being more meaningful at the individual level. Palabras clave: Modernity, after modernity, co–evolution, right hemisphere, meaning, design

INTRODUCTION To create more responsible and constructive conceptions of material culture, many of the assumptions, conventions and dogmas of modernity have to be challenged and overcome. More expansive perceptions of reality have to be considered that transcend scientific explanations of the world and include human values and the pursuit of meaning (see Ward 2014: 81). These issues are explored here in relation to the design, interpretation and potential influence of material goods. The reality experienced by people is the world of life, relationships, empathy, ethics and moral responsibility. It is here that meaning is to be found and for this reason, it is important to ensure that the artefacts that make up our material world are conceived not just in terms of their discrete functional benefits but in an holistic manner. In this way, they become fitting, positive and enduring contributions to human culture that can enrich

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our lives: by enhancing quality of life and human relationships in their making, use and maintenance; by being conceived in ways that are attentive to the natural world that sustains us; and by contributing to thoughtful reflective ways of living through their presence and/or use. Such considerations inevitably contest many contemporary directions in product design and production – perhaps especially those in the ever–burgeoning field of digital technologies and mobile devices that monitor and measure, and are founded on highly dubious, essentially utilitarian routes to human fulfilment and happiness.

THE LIMITATIONS OF MODERNITY’S ONE–WAY LOGIC The predominant worldview of modernity, including late– or post–modernity, is firmly grounded in philosophical materialism and its close ally naturalism. In this worldview it is believed that reality can be fully known through the efforts of the physical sciences. This belief is rooted in the idea that the person acts as a detached, objective observer and that ‘the world out there’ can be known through observation, data collection and standardized approaches to measurement (Davies 2015: 23). However, we can never take an entirely impartial, detached view of the world because we are intimately involved in it; we are part of, not independent observers of, ‘reality’ (Mortley 1986, 160; Cottingham 2014, 2–3). For this reason, that which we regard as empirical evidence cannot be strictly objective because, to some degree, the observational data on which it is based is always mediated by our theories (Cottingham 2014> 19–20). Evidence is always interpreted from a particular assemblage of facts – and the aims and intentions that prompt the formation of this assemblage will always include presumptions and prejudices (Ward 2014, 17). Our intuitive apprehensions of reality, which reach beyond the temporal and physical world of the senses, are inherently subjective. And yet the individual subject has no place in unified notions of science because the first–person is eliminated from scientific explanations. But when it comes to people, there is a fundamental difference between explaining their behaviour as physical beings and understanding them as individuals – as living persons within the world (Scruton 2014: 31–32). The ‘detached observer’ view of reality, still dominant in contemporary society fails to recognize that our most profound understandings and beliefs about human existence – whether secular/humanist or religious/spiritual – affect our core sense of who we are, our view of the world, and our conceptions of reality. Moreover, the deep–seated bias of the ‘detached’ view toward rational, analytical thinking makes the modern/late–modern outlook both philosophically inadequate and extremely damaging. It takes insufficient account of the fact that a more holistic awareness is possible – one that includes belief, imaginative concepts, intuitive apprehensions, and inspiration, all of which lie beyond the bounds of reason but, nevertheless, are essential characteristics of being human and affect what and how we see. Consequently, appreciation of these aspects of human perception has declined in the modern period, in favour of empirical, evidence–based knowledge. Significantly, it is these very same aspects of human perception that are so strongly connected to human values and notions of trust, loyalty, empathy and compassion (McGilchrist 2009: 170; Ward 2014: 77) – all of which require far greater prominence if we are to deal effectively with contemporary concerns about social inequity and injustice, and environmental destruction.

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The one–way logic of impersonal techno–scientific rationalism that has dominated the modern/late–modern era has failed to recognize that as we change the world, the world changes us. Issues that arise in the subject, the first–person, affect and are affected by our actions in the world (Odent 2013: 33). Lack of attention to these reciprocal relationships in the modern era has resulted in the rise of abstraction, delineation and classification. This has distanced us from reality and created a quantified but ultimately impoverished world – one that is simpler and more comprehensible but also starved of its richness, texture and meaning. Primarily, it is a world that can be controlled, manipulated and made useful to our needs (Cottingham 2014: 2–7); a world preoccupied with numerical evaluation, competitive ranking, and a crude neo–utilitarianism in which evidence–based policy– making is stripped of moral values and ideological principles (Davies 2015: 17). The period of modernity has witnessed enormous advances, growth and confidence in analysis and scientific explanations of the world – as it exists in discernible, material form. However, the prominence given to such thinking has been at the expense of other, deeper ways of knowing that have been a critical part of the heritage of human wisdom for millennia, but which have become atrophied under the onslaught of modern thought (Armstrong 2007: 168–175).

AFTER MODERNITY – TOWARDS

A CO–EVOLVING PERSPECTIVE

In contrast to the intellectualized but deficient view of modernity/late–modernity, we can also encounter the world in a direct way, as part of the lived experience of reality. In this view, we recognize that we are connected to the reality of existence in its complex, dynamic and ever–changing state. We learn to see ourselves as part of the greater whole and we relate to the world in its fullness – in its sights, sounds, smells, textures and tastes and through our face–to–face encounters with others. Meaning in life is not found in achieving some kind of pre–determined objectives. Neither is it found in acquiring explicit forms of knowledge or some notion of ‘truth’. It is found in the act of living and in living in a particular way; it is a form of practice (Eagleton 2007: 50, 93). Instead of regarding ourselves as detached observers, we begin to develop a quite different outlook when we recognize a more complementary, reciprocal relationship in which the externalization of ideas results in actions in the world that then inform and affect those ideas. Such a perspective points to an awareness of reality that contests the ‘modern’ view, which regards the person as a dispassionate spectator capable of translating scientific data about the natural world into things of meaning (Mortley 1986: 160). Rather, it sees human beings as part of the world – active participants in a co– evolutionary process of continuous change (Ward 2014: 72). Analysis of details may be important, but we cannot gain a comprehensive and meaningful appreciation of the world and the wider significance and implications of our actions without taking a more holistic view. Such a view has to more fully acknowledge the critical importance of relationships, intuitive ways of knowing, emotion, trust, benevolence, creativity and symbolism – human values do not arise from data but from our imagination, beliefs, interrelationships, and stories (Palmer and Wagner 2013: 11).

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DESIGN CONTRIBUTIONS AND IMPLICATIONS While these co–evolutionary understandings may resonate with designers in terms of how works of design are created, they also raise important issues about how we view and interpret the role of designed goods, and their potential to affect and influence people – positively or negatively – with respect to social and environmental concerns, as well as one’s personal values and sense of wellbeing. Let us now consider these issues in terms of the design, interpretation and potential influence of material goods. The design of material goods: experienced designers will know that creative practice is a two–way, mutually informing process of thinking–and–doing. It would be a mistake, therefore, to regard the artefacts of design – and of the creative arts in general – as mere manifestations or illustrations of pre–conceived ideas; such a view would fail to recognize the important contribution of the design process itself in developing new insights. Creative practice is an example of a reciprocal, co–evolving process. Ideas are externalized through tangible means such as writings, sketches, drawings and study models, all of which serve to inform and develop the ideas. It is a process that brings together diverse elements and sometimes contradictory concepts, and in which such conflicts and complexities become synthesized into a coherent whole. It calls upon and expresses imagination, insight, expertise, aesthetic judgements, emotional responses and decisions that are, in part, subjective – but their inclusion is neither systematic nor orderly. Notably too, during the process of creating, these various facets and their interplay may or may not be consciously acknowledged by the designer. Moreover, it is a process that seeks some kind of holistic integration and manifestation of ideas and insights. Indeed, the aesthetic experience itself is an encounter with the whole, where discrete parts and details are seen together and, hopefully, ‘work’ together in harmony. In striving to achieve this harmony one has to trust in one’s own intuitions and in the process itself, and trust that creative, synthesized solutions will emerge. However, there are some important factors to bear in mind. To begin with, the intentionality of design, which by its very nature is an expression of human relationships and interpersonal attitudes, is not fixed. Our intentions can be altered, educated and can take new paths. They can be directed towards that which is virtuous, or that which is manipulative, unethical or irresponsible. If we aspire towards that which is meaningful, profound and enduring, then we must endeavour to “address the horizon from which the other’s gaze is seeking us … to look the other person in the I” (Scruton 2014: 75). This is the nature of disciplined practice that strives towards virtue, goodness and deeper notions of meaning that can be expressed through – but simultaneously transcend – the visible, explainable world of material things. Additionally, in recent times, the boundaries of our view have not extended much beyond the artefact itself. Today, this is proving to be highly problematic – not just in terms of the environmental consequences but also existentially. Within such constrained boundaries, we may be capable of achieving some kind of aesthetic coherence, but the wider and deeper implications remain unconsidered. As Howes has argued, the modern period has seen an increasing transition towards a merely aesthetic validation of experience (Howes 2007: 31). Kung makes the point that artefacts emerging from the creative arts in this period, to a large extent, symbolize meaninglessness, but in a manner that is internally harmonious (Howes 2007: 27). Internal harmony might afford a certain aesthetic meaningfulness but this is hardly enough. Following on from the earlier discussion, we cannot

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gain a comprehensive and meaningful understanding of design and created works without taking a more holistic view, by which we attempt to see the broader and longer–term implications of our activities. If we are to overcome the severely destructive tendencies of our contemporary condition, a far more profound sense of meaning is required. Traditionally, this is to be found through the lived experience – through a sense of purpose, fulfilment and flourishing, and by transcending routine tasks to take into account and reflect upon matters of ultimate concern. And naturally this will involve and affect the way we do design, through both what we design and how we design. The interpretation of material goods: the above understandings are relevant not only to the creative process but also to our encounters with the results of that process, the works themselves and, more generally, to human–made and natural environments. Ward makes the point that aesthetic appreciation initiates alterations in consciousness (Ward 2014: 62), and Stump and Cottingham emphasize the importance of philosophical reflection in revealing aspects of reality that lie beyond rationalistic arguments and technically expert knowledge (Cottingham 2014: 2–7). It is through such reflections on the world that we find meaning in life. The arts, including design, speak to us by way of the creative, intuitive, aesthetic side of our humanness rather than through logic. These forms of expression employ a different kind of language from the explanations and definitions of rational argument. They require sensitivity, awareness and affinity in both creator and recipient. They are allusive and evocative and they call upon the human imagination. They are not concerned with facts but with values and meanings; with what we hold most dear, with what we choose to embrace and what we choose to reject; and with what transcends and transforms us. To become aware of these things, created works require our attention, our ‘seeing’ them fully and reflecting on their meaning. This entails concentration and appreciation of their presence and the aesthetic experience they afford in the here and now of the present moment, free from distractions and preconceptions. McGilchrist points out that ‘attention’ is closely linked to values, which in turn affect the functions we perform and the purposes and ends to which we direct them (McGilchrist 2009: 18–29). Today, the myriad distractions and diversions offered by digital media tend to hamper attention. Indeed, distractions and obstructions to attention have been a characteristic of modern society for many decades. T. S. Eliot indicted the media of his day for its constant barrage of distractions. He tells of a different reality, at the intersection of time with the timeless (Eliot 1963: 113–214). The potential influence of material goods: in working towards more benevolent, equitable and compassionate futures, the arts, including design and our designed world, have a didactic role to play. Despite being reduced in many quarters to an instrument of corporate capitalism and globalization, product design has the potential to contribute in a far more meaningful way – especially at the local level, where significance and meaning can be found through context and encounter. Design, along with other non–verbal arts – architecture, painting, sculpture and music – can communicate aspects of being human that cannot be put into words but which, nevertheless, can be perceived and felt. Indeed, the didactic aspect of design has the potential to play a critical role in contributing to the development of more benign, less consumptive, less damaging ways of living. The power of design to influence, for good or ill, lies in the fact that we see and arrive at a dispositional attitude towards something before we consciously know. It seems that the right cerebral hemisphere of the brain, which is associated with visual processing, intuition, holistic experiences, skill building and embodied knowledge, as well as empathy, emotions and caring (McGilchrist 2009: 55–59, 309), is capable of processing information more quickly – 2|2014

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by up to half a second – than the more articulate, assured, abstract and instrumental left hemisphere. There is evidence to suggest that, instead of coming to conclusions about the world via systematic, rational consideration of observable information, we make up our minds more intuitively. We take in and almost instantaneously respond to the holistic view, and this occurs prior to interpretation and prior to conscious reasoning. Only then do we look for reasons and arguments to make sense of and justify that understanding; indeed, these virtually instantaneous, instinctive impressions serve to inform our subsequent rationalizations. Moreover, these responses to visual stimuli, including design work, are not only pre–conscious and intuitive, they also touch us at a deeper level – imaginatively, affectively and existentially (Ward 2014: 10–12, 77; Rowson and McGilchrist 2013: 4–5). In fact, the powerful effect of this ‘prior to conscious knowledge’ response has been recognized by designers for many years. Seymour Powell’s “classic design–dictum is that a successful new product has to have a certain quality, the ‘I like it, I want it, what is it?’ factor. In that one phrase alone they contradict the idea of consumption being the satisfaction of known, existing needs” (Gardener and Sheppard 1989: 53). For this reason, while artists and designers may intuitively feel that a creative project is ‘working’ at this affective level, it may be difficult for them to explain it in rational terms or even describe it in words; indeed, they may feel there is little need to do so. Even so, this ‘prior to interpretation, prior to words’ response can go some way in informing us how we might try to explain things. Hence, our belief about something does not simply rely on scientific approaches or on determining reasons for believing it. To a large extent, it seems, our responses are contingent on a different mode of thinking – distinct from and occurring at a deeper level than declarative knowledge and logical articulation. This way of understanding aligns with the living world of human experiences. Rather than being abstracted, detached and isolated, real world encounters are holistic, synthetical and interrelated with context. A number of philosophical arguments support this view. Wittgenstein, for example, recognized that there are aspects of human knowing that cannot be expressed in words but which can be shown (Wittgenstein 1922: 90). He also emphasized the importance of the context of use or practice in understanding the meaning of language (Wittgenstein 1953: 10; Cottingham 2014: 10); and, of course, design itself is a form of language, a medium of communication. Similarly, Hick has argued that our actions in the world can only be determined to be meaningful if they are considered within the context in which they take place (Hick 1989: 130–131). And Scruton maintains that human meaning is to be found in the living, contextualized world of persons as subjects – through the I–You encounter and our self–understanding, which cannot be replaced by scientific explanations of the human being. It is also to be found through taking responsibility for our actions in the living world of human experiences, which involves values, moral principles, and striving to live in a self–disciplined manner (Scruton 2014: 76–77). In fact, there are many aspects of life that do not rely on physical evidence but require trust in our own intuitions as well as fidelity to the experiences of others or to tradition. For example, expressions of love between two people rely on truthfulness and mutual trust – there is no external, observable evidence, data or proof. Similarly, when we attempt to learn a new skill, such as riding a bicycle or speaking a different language, despite our initial ineptitude, we have to believe in the idea that, with perseverance, we will be able to achieve a degree of proficiency. This is also a kind of evidence. It may not be objectively verifiable but it is evidence all the same – evidence that is accessible to the individual person and dependent for validation on personal experiences and responses. While such ex-

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periences are not fail–safe and require careful scrutiny, they are, nevertheless, a crucial aspect of one’s individual development and can lead to new insights, personal transformation and radical change. We can see too that such evidence is not purely subjective – while it might be personally verifiable, we rely too on the fact that it is validated by others who have had similar experiences or reactions. As individuals, we could be deluded, but if others attest to similar experiences, this is less likely (Cottingham 2014: 21–22). To design, we have no choice but to draw on resources, experiences and modes of validation that fall outside the evidence–based modes that characterize scientific research, but this does not mean our decisions are purely subjective. When we pay attention to context, tradition and human practices we begin to understand the significance of artefacts in terms of their roles and meanings within a dynamic, continually adaptive human culture. We can reflect critically on these roles and meanings and, especially today, there is a need to consider them in terms of their combined social, environmental and personal consequences. We cannot hope to fully appreciate these aspects of material culture and their implications for design if we aim to be detached and objective. Indeed, because design involves creativity, imagination and intuition and because human meaning is to be found in the living world of human experiences, design involves values. This means that design asks us to think about ethics, ideas of goodness and even spiritual considerations because the design and production of artefacts inevitably involves questions about moral obligation, human dignity and the intrinsic worth of the individual (Cottingham 2014: 29). We have seen above that intuitive, ’right brain’ thinking is closely associated with caring and compassion. Related to this, the contemplative and spiritual traditions, which draw on intuitive apprehensions, are also closely associated with ‘beyond self’ priorities, beyond vested interests, and with an openness towards and concern for the plight of others (Pagels 2003: 9; Merton 1969: 16). These modes of human thought and knowing, which in the West were once articulated through religion, lie beyond dogma and doctrine and beyond the rationalistic arguments of academic scholarship, and they are independent of formal education or training (MacCulloch 2013: 120), even though the contemplative tradition has long been associated with the life of learning (Merton, quoted in Furlong 1980: 22). It becomes evident that the meanings of creative works of design will be multi–layered. Their significance may, at once, be utilitarian, aesthetic and symbolic. Consequently, their interpretation and appreciation can both include and transcend empirical analysis. Directly experiencing and reflecting upon the layered richness of creative works can yield understandings that will differ from, but be complementary to, rational argument and explanation. Deeper insights and more profound meanings will remain hidden if we restrict ourselves to analytical accounts and material descriptions and if we see creative works merely as physical manifestations of prefigured intentions. When we directly encounter them, and when we reflect upon their meanings and their broader significance, they can affect and deepen our awareness of the world and ourselves and, in doing so, they can enrich our lives. Additionally, Seymour–Powell’s remark draws attention to the powerful impression designed products can have on people. While this was said in the context of product design as a stimulus for acquisitiveness within a consumption–driven market system, the potency of designed objects could, potentially, be directed elsewhere – towards less consumptive, less damaging, more meaningful ends. As we have seen, our instantaneous, intuitive responses are closely linked to values, empathy and caring and this important connection means that design has the opportunity to become a far more significant force for the good. Through the creation of thoughtful, innovative design propositions –

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and in contrast to rational argument and empirical facts, and prior to consciously knowing – design can encourage intuitive responses that are positive, ethically responsible and caring. Such dispositional attitudes inform and affect our rationalizations and are necessary prerequisites for the active amelioration of today’s ever–growing social disparities and environmental damage.

CREATING A MEANINGFUL MATERIAL CULTURE This discussion suggests that any meaningful understanding of design has to recognize not only the potential of technological innovation and its practical and economic benefits but also the importance of enduring values and those deeper understandings of lived reality that have shaped human societies for centuries – ethics, spiritual needs and perennial questions about human purpose. The inclusion of these more fundamental, intrinsic considerations will allow design to transcend the still dominant but questionable perspectives that regard detached objectivity and empirical data of extrinsic phenomena as the basis of legitimate knowledge. This more comprehensive view contextualizes pragmatic concerns of utility and economy within a wider frame and by doing so allows us to position these practical possibilities within a broader vista of human purpose, morality and spiritual wellbeing – all of which lie beyond tangible evidence and proof. It recognizes that meaningful understandings of reality must include the lived experience, which on the one hand is holistic, relational and interdependent and on the other is unavoidably individual. The lived experience and the potential realizations and insights it offers is always a personal journey, even though it occurs amid and as part of the greater whole. The inclusion of these relational–social and subjective–personal aspects of the lived experience in our conceptions of design contrast markedly with the abstracted and categorized approaches that have been a distinguishing feature of human endeavour in the modern era. In addition, the holistic experience of lived reality requires an attitude of attentiveness and receptivity. When intellectual, rational understandings are complemented by emotional and intuitive awareness, which includes empathy, compassion and caring, we are able to appreciate reality as it is actually lived. These two kinds of cognition, in broad terms, are respectively associated with left and right hemispheres of the brain (Odent 2013: 114, 124–125). Together, they yield a view of reality that not only seeks facts and reasons but also meanings, which historically was the realm of religion and the world’s great spiritual traditions. In this regard, Cottingham points out a gross error in our contemporary interpretations of such traditions. Most modern debates about religion, he tells us, tend to be constructed in terms of the kinds of explanatory knowledge that science provides about the origins of the universe but, “if the overwhelming evidence of scripture is any guide, it must primarily be understood in the context of our urgent need to change our lives” (Cottingham 2014: 16). And it is just such change, towards ways of living that offer more profound notions of personal fulfilment by being socially just, caring and environmentally responsible, that are needed today. In other words, ways of living that challenge the ubiquity and moral acceptability of a consumption–based system that is, quite literally, trashing the planet and eroding the quality of life of millions by turning the natural substance of the earth into short–lived disposable products at an extraordinary and ever–increasing rate.

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RECOVERY, RECEPTIVITY AND ATTENTIVENESS To respond to these evolving understandings in a generous manner requires a receptive attitude – one open enough and humble enough to recognize the inadequacy of our contemporary worldview. This worldview has led to incredible advances in science, technology and material standards of living over the past two and half centuries. However, these advances are also incontrovertibly linked to enormous socio–economic inequities, mass– destruction of peoples, eco–systems and biodiversity, and alarming rises in pollution and emissions. Therefore, part of the project of developing a more comprehensive and inclusive worldview will be to cultivate a renewed attentiveness to traditional ways of knowing; ways that respond to intuitive apprehensions, subjective experiences, tacit knowledge, and the human imagination. Historically, these ways of knowing have been expressed not merely through cultural endeavours but through spiritual and religious practices. As Eagleton has pointed out, culture, and the artefacts of culture, have never been able to unite the inner and outer person, spirit and senses, in the way religion has (Eagleton 2014: ix). Therefore, if we are to pursue design in a manner that aims to unite theory and practice, and the inner person with outer actions and the creation of objects, we must draw on something deeper than ‘culture’ and its ever–changing mores; and this more profound ‘something’, it seems, is to be found in the spiritual traditions of humanity. However, this poses a significant challenge today – not least because in contemporary society these traditions have become marginalized, fractured and diffuse. A distinctive characteristic of late– modern culture is the absence of a shared symbolic, spiritual tradition (Howes 2007: 150). In academia these traditions also tend to be ignored: “Almost every cultural theorist today passes over in silence some of the most vital beliefs and activities of billions of ordinary men and women, simply because they happen not to be to their personal taste” (Eagleton 2014: ix). Nevertheless, these aspects of human understanding, which surpass mundane phenomena, have to be acknowledged and addressed if we are to ‘get at’ the deep sense of existential unease created by Western culture’s relatively recent history and its continuing, largely materialistic, preoccupations. The side–lining and, in many cases, aggressive criticism of spirituality is based, for the most part, on the false dichotomy of science OR religion, whereby cosmological phenomena are either explained through science OR through faith. But the intuitive spiritual sense, does not explain, nor is it concerned with physical phenomena and material facts, but with human meaning, values and ultimate purpose. When reconceived to include these understandings, design can contribute to the recovery of more holistic ways forward. It can direct its efforts not just to the design of objects of practical utility but also to objects whose ‘function’ is concerned with inner values and a renewed validation of those things that may be intuitively apprehended but which defy empirical verification.

CONCLUSIONS AND THE WAY FORWARD In this discussion we have considered the limitations of modernity and the one–way logic of the detached observer. We have also considered philosophical arguments that suggest a more realistic understanding of the human condition is one in which we see ourselves as participants in a co–evolutionary process of continuous change. And we have also seen that the creative design process is an example of just such a co–evolving process – as we externalize ideas and respond to them, our ideas are informed and affected, leading to modified externalizations in the form of drawings, models and so on. However, we have

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also seen that, in the modern era, the boundaries of our design activities have been too narrow and there is a need for a broader and deeper grounding than that offered by some form of internal aesthetic coherence. These deeper considerations are fundamental to the inner person, to our values, the spiritual self and our perennial pursuit of meaning. And we have seen that meaning is to be found through living in the world – firstly, through our relationships with and empathy towards others, and secondly, through inner reflection, contemplation and self–discipline. In addition, we have seen that products of design are interpreted intuitively, holistically and virtually instantaneously and prior to rational thought and logical articulation. For this reason, it is important to acknowledge that the initial impact of an object can have a very powerful effect, which can be positive or negative, and used for good or ill. Awareness of these critical issues about the nature of meaning and the inadequacy of the ‘modern’ outlook, allows us to bring new priorities to design, which can potentially contribute to the development of more holistic perspectives. It becomes important to challenge the dominant direction in which design contributions are created to evoke emotional responses of curiosity and acquisitiveness – all aimed at boosting consumption. This is the path that continues to flood an already saturated market with short–lived products and an increasing array of technological gadgets, all of which offer endless possibilities for noise, distraction and entertainment. Such products can be seen as severe obstacles to change and to the pursuit of more thoughtful, meaningful and empathetic directions; not least because they interrupt quietude, impede reflection and tend to encourage individualism, consumption, self–centredness and atomization. Indeed, many of these directions, particularly evident in emerging wearable devices, are simply contemporary developments of an early–modern, Bentham–style utilitarianism. Physiological monitoring and measurements are being interwoven with economic pursuits, physical motions and functions are being linked to health, and through shrewd marketing, the use of wearable monitoring devices is being conflated with wellbeing and the pursuit of happiness (Davies 2015: 24–26; WT Vox 2015). Such devices are being touted as ‘wearable happiness’ (Elfenbein 2014) and one recent commentator on the business opportunity of such devices suggests that, “The potential is strong for happier, healthier lives, and more successful organizations” (Galer 2015). In contrast to these directions, designers can explore ways of creating artefacts that encourage responses more fitting for today’s context of social inequity and environmental breakdown. Our creative contributions can be in far greater accord with more profound ideas of empathy, selflessness, care and inner reflection. As Eagleton, Scruton and others have discussed, the pursuit of meaning in life is a form of practice – a particular way of living in the world. This particular way of living falls into two, closely related modes. The outward focus, expressed through an empathetic, relational stance towards others and the world, and the inward focus, expressed through quieter, more contemplative pursuits. Both contribute to what Ward refers to a ‘cultural ordering’ that is linked to ideas about living in a particular way – a certain way of behaving, a fittingness related to “a series of associations, a web of ecological correspondences” (Ward 2014: 42–43). For designers to constructively contribute to these directions, they will need to consider ways forward that take us down a quite different path from that which has dominated recent times. It must needs be a path that is in accord with and offers opportunities for stillness, silence and reflection. These are all associated with the non–verbal right hemisphere of the brain, which is also the part of us that sees the whole and is imaginative, intuitive and commensurate with empathy, caring, synthesis and meaning–seeking.

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REFLEXIONES SOBRE SUSTENTABILIDAD Y LA ESTÉTICA DE LOS PRODUCTOS

Luis Rodríguez Morales Universidad Autónoma Metropolitana. Unidad Cuajimalpa. México

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Resumen: El presente texto tiene por objeto presentar reflexiones sobre el diseño industrial y la sustentabilidad. Muchos textos se han escrito sobre el tema, su relevancia, metodologías y técnicas. Pocas veces se ha tratado el tema de la estética de los productos en el ámbito de la sustentabilidad. Para abordar esta temática, iniciamos con una revisión de los principales autores sobre este tema. Con base en este marco general, se aborda la importancia que el aspecto estético tiene y se señala la importancia de realizar experimentos y propuestas que conduzcan a un cambio en la percepción del consumidor, para lograr la aceptación de productos sustentables. Palabras clave: Diseño; Sustentabilidad; Estética

INTRODUCCIÓN El tema de la sustentabilidad y su relación con el diseño industrial tiene una historia relativamente breve que se desarrolla dentro del marco general de la conciencia social de los diseñadores, la que a su vez siempre se presta a debates debido a la ineludible relación del diseño con los procesos de consumo. Este aspecto es precisamente el que pone en el centro de la discusión al diseño, pues finalmente es en el consumo donde un producto despliega su impacto económico, social, cultural y ambiental. A lo largo del tiempo se han desarrollado ideas y proyectos que proponen una adecuada solución tanto en sus materiales y procesos de producción como en su funcionalidad, sin embargo no siempre son bien recibidos por el público en general. Al no contemplar el aspecto del consumo, muchas de estas ideas caen en el olvido o bien tienen un impacto mínimo en la sociedad y por lo tanto sobre la problemática ambiental que se nos presenta. La problemática del diseño sustentable es muy amplia y está compuesta por múltiples facetas que apenas estamos empezando a analizar para desarrollar soluciones. No es de extrañar que la mayoría de las propuestas para enfrentar este reto se han enfocado a un uso más racional y adecuado de procesos de producción y materiales, con el objetivo de reducir al máximo la huella ecológica que, inevitablemente, dejamos en nuestras acciones coti-

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dianas. Por el lado de la reflexión se han desarrollado múltiples iniciativas de orden metodológico, así como técnicas que apoyan el desarrollo y evaluación de productos y sus procesos. De la misma manera se han elaborado normas ISO, que son guías para que las empresas sean capaces de instrumentar y evaluar sus procedimientos. Si bien hay avances indudables, una de las facetas poco mencionadas es la de la estética de los productos a pesar de que este factor es fundamental en los criterios del usuario– consumidor al decidir entre un producto u otro. También para el diseñador el factor estético es relevante en el proceso de configuración formal, por lo que en muchas de sus decisiones proyectuales subyace este factor, si bien es cierto que la consideración del aspecto estético se liga de manera indisoluble con el funcional. Hacer una revisión del factor estético y de lo que en diseño consideramos como “funcional” nos puede ayudar a desarrollar un nuevo punto de vista, que eventualmente nos permitirá reconocer en qué medida nuestras prácticas actuales apoyan el concepto de sustentabilidad y de esta manera abrir las posibilidades a nuevas oportunidades para desarrollar un enfoque más coherente con la necesidad imperiosa de enfrentar la problemática ambiental que se nos presenta. Para abordar el tema del factor estético, presentaremos, a modo de marco general, el desarrollo histórico de los principales hitos en la conformación de lo que podemos llamar el sentido social del diseño, dentro del que se inscribe la conciencia ecológica y que ha dado lugar a distintos discursos como el diseño verde, el ecodiseño y el diseño sustentable.

ANTECEDENTES A grandes rasgos podemos considerar que la era moderna abarca un intervalo que va desde el siglo XVII hasta la mitad del siglo XX. Sin embargo sus características definitivas se configuran durante el período que Hobsbawn llama el largo siglo XIX (Hobsbawn 2013) y que según este autor termina en 1914. El criterio que marca esta división en el tiempo, es que la conformación geopolítica, así como las ideas y conceptos que se generaron durante el siglo XIX y que guiaron el concepto de desarrollo, cambian hasta que en la primera guerra mundial se modifican radicalmente muchos de estos factores, entrando así a una nueva época. Es durante las últimas décadas del siglo XIX –conforme la producción industrial se convierte rápidamente en uno de los elementos fundamentales de las ideas de progreso y modernidad– cuando amplios sectores de la sociedad europea tienen acceso a una gran diversidad de productos. El concepto central en que se apoya la promoción de estos productos es “lo nuevo” y la novedad se centra tanto en la tecnología como en la estética de los productos. Durante el período entre las dos guerras mundiales se producen cambios importantes, tanto en lo político como en lo económico y las potencias estimulan el desarrollo científico–tecnológico en tanto que herramienta competitiva. El fruto de esta estrategia es evidente hacia el término de la segunda guerra mundial. A partir de este momento, el crecimiento industrial marca en buena medida el desarrollo y bienestar de la sociedad, sin embargo pocos años después, hacia la década de 1960, empiezan a surgir manifestaciones que cuestionan algunos de los efectos secundarios de este modelo de desarrollo. Diversos movimientos políticos como el Movimiento por los Derechos Civiles, encabezado por Martin Luther King en los Estados Unidos, abrió las puertas a otras manifestaciones que iniciaron un cambio en nuestra percepción de los ideales que marcaban el desarrollo social y económico. En la misma década de 1960, surgió lo que se llamó el Movimiento por la emancipación femenina, algunos avances científicos y tecnológicos ofrecie-

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ron productos como la píldora anticonceptiva que inició una revolución sexual que a su vez empoderaba a las mujeres para decidir sobre aspectos tan importantes como la concepción. Hacia 1968 se formó el Club de Roma con el objetivo de hacer estudios prospectivos sobre el desarrollo y la situación del crecimiento de la población y sus necesidades. Con la publicación auspiciada por el Club de Roma de Los límites del crecimiento (Meadows 1972) se inició el despertar de la conciencia sobre el uso racional de los energéticos, así como sobre la necesidad de modificar aspectos como la tasa de crecimiento poblacional y la de dirigir desde otro enfoque la producción de alimentos y los productos que utilizamos. En ese momento distintas manifestaciones juveniles como el movimiento hippie, exploraban otros modos de vida, alejados de la corriente central del desarrollo basado en la producción industrial. Publicaciones como el Whole Earth Catalog (Stewart 1968) ofrecían soluciones técnicas –usualmente desarrolladas en el pasado– para la satisfacción de distintas necesidades, en las que se enfatizaba el uso de materiales tradicionales y de un mayor respeto hacia la naturaleza. También empezaron a generarse posturas más reflexivas desde la academia, que apuntaban en la misma dirección, como la de Schumacher (Schumacher 1973) Lo pequeño es hermoso, en la que se argumentaba sobre las posibilidades de producir satisfactores desde otras ópticas, más cercanas a la sociedad y no centradas tan solo en indicadores macroeconómicos. Schumacher argumenta sobre las relaciones entre el desarrollo empresarial y pobreza (especialmente en los países no desarrollados) y las repercusiones de esta situación sobre el medio ambiente y el uso de energéticos. Posturas de esta índole se unieron a otras preocupaciones que dieron origen, hacia la década de 1970, a la corriente de las Tecnologías Intermedias, (Zúñiga 1985) principalmente enfocadas a la generación de soluciones de bienes de capital que no hicieran un uso intenso de capital, considerando que en los países no desarrollados hay una gran cantidad de mano de obra, mientras que el capital es escaso. Las propuestas para desarrollar tecnologías intermedias continua vigente (www.itdg.org) a la fecha y sus propuestas se sintetizan en los siguientes objetivos: Contribuir al bienestar de la gente en pobreza usando la tecnología para combatir la pobreza por medio de la construcción de las capacidades de los hombres y mujeres en situación de pobreza, mejorando su acceso a las opciones técnica y el conocimiento y trabajando junto con ellos para influir sobre los sistemas sociales, económicos e institucionales, para promover la innovación y el uso de la tecnología (www.practicalaction.org) Como es posible observar, la cuestión ambiental se inicia como una preocupación técnica por el impacto del desarrollo industrial sobre el medio ambiente, sin embargo rápidamente se encontró con la necesidad de abordar el problema incluyendo perspectivas sociales, políticas y económicas. En México las ideas de Ivan Illich (Illich 2006) proponían sociedades que al alejarse de estos sistemas de producción eran capaces de proponer nuevos modelos educativos, sociales y políticos. Dentro de la amplitud de sus propuestas se hace mención continua a la necesidad de hacer cambios en la manera de producir satisfactores, enfatizando la cooperación social y el alejamiento de los métodos industriales que además de generar modelos de convivencia no deseables, o al menos disruptivos al ser introducidos en comunidades agrícolas, mostraban un uso poco eficiente en el uso de los energéticos. Dentro de sus reflexiones destaca, por su cercanía con el diseño, La aceleración paralizadora (Illich 2006:

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157–170), donde realiza un análisis crítico sobre la poca eficiencia del transporte individualizado. En el ámbito del diseño la publicación de Design for the real World de Victor Papanek (Papanek 1971) significó un parte aguas en cuanto a la conciencia social de los diseñadores. El autor presenta una postura crítica hacia el desempeño de los diseñadores en cuanto a proyectar objetos que se enfoquen a satisfacer necesidades sociales y de mayor importancia, en vez de diseñar para el consumismo. Este autor propone las siguientes áreas de desarrollo social del diseño . 1. Diseñar artículos para la salud (instrumental y equipo médico) 2. Diseño de artefactos para sobrevivir en condiciones geográficas extremas (incluye equipamiento para situaciones de emergencia) 3. Diseñar para proponer conceptos de vanguardia (diseño experimental a partir de la generación de escenarios posibles) 4. Diseño para la investigación experimental (trabajo interdisciplinario para colaborar con investigadores científicos) 5. Diseñar para el tercer mundo (incluye a comunidades marginadas como las que se encuentran en las reservas indígenas en los EUA) 6. Diseñar para personas con discapacidad Si bien no hay una mención explícita del diseño sustentable, en el texto del libro se hace mención constante al uso de materiales más amables con el medio ambiente y se señala la importancia de hacer un uso más racional de materiales y fuentes de energía. Aunadas a las propuestas de Papanek, en la década de 1970 los diseñadores vuelven la mirada a algunos de los escritos de Buckminster Fuller, que desde 1930 desarrolló proyectos (como los domos geodésicos) que respondían a la necesidad de hacer un mejor uso de materiales y energía (Fuller 1969 y Meller 1970). Fuller acuñó la idea de Ciencia del Diseño comprehensiva y anticipatoria, en la que sintetizaba la idea de que los grandes problemas de la humanidad como el hambre y la pobreza, podrían ser combatidos a partir de un uso más consciente y responsable de la ciencia y la tecnología. Este autor fue uno de los primeros en proponer el desarrollo de fuentes de energía alternativas al petróleo. Las problemáticas sociales, dentro de las que se inscribe la preocupación por el medio ambiente, empezaron a encontrar eco en actividades políticas más organizadas, entre las que sobresalen las propuestas realizadas en países como Finlandia y Dinamarca. Por otro lado en los inicios de la década de 1980, el Partido Verde entró oficialmente dentro del Parlamento de Alemania Oriental. Poco después en los Países Bajos se formuló una de las primeras políticas estatales sobre la protección del medio ambiente. Estos fueron algunos de los primeros pasos que se dieron ya dentro de la arena política, para introducir la problemática ambiental en los criterios de decisión de los gobiernos. Todos estos antecedentes desembocan en 1992, cuando la ONU llevó a cabo la cumbre en Río de Janeiro para abordar el tema de Medio Ambiente y Desarrollo (www.un.org/ geninfo/bp/enviro.html). Esta reunión fue el resultado de negociaciones iniciadas tiempo atrás bajo el nombre de Agenda 21, que buscaba acuerdos entre los países miembros de la ONU para promover un desarrollo sustentable. Los conceptos que sirvieron de base los trabajos de esta reunión cumbre se encuentran el reporte conocido como Reporte Brundtland, que es donde se enuncia la primera definición de desarrollo sostenible: “Está en manos de la humanidad hacer que el desarrollo sea sostenible, duradero, o sea, asegurar que satisfaga las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer la propias (…)

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El desarrollo duradero exige que se satisfagan las necesidades básicas de todos y que se extienda a todos la oportunidad de colmar sus aspiraciones a una vida mejor” (Reporte Brundtland 1987). Entre los logros de esta reunión se resaltan los siguientes: − Atender los patrones de producción, particularmente los que se refieren a la producción de componentes tóxicos tales como la gasolina o los desechos venenosos y que serán analizados de una manera sistemática por la ONU y los gobiernos de los países miembros. − Buscar fuentes de energía alternativas para reemplazar el uso de combustibles sólidos que están ligados al cambio climático. − Enfatizar otras posibilidades de sistemas de transportación, para reducir la emisión de gases tóxicos generadas por los vehículos, la congestión en las ciudades y los problemas de salud relacionados con el aire contaminado y el smog. − Mayor conciencia y preocupación sobre la creciente escasez de agua. (http: // www.un.org/geninfo/bp/enviro.html) A partir de la Cumbre de Río de Janeiro, el concepto de cambio climático recibe atención pública, generando una mayor conciencia sobre la complejidad y alcances de los problemas relacionados con el medio ambiente. De la misma manera se publicaron múltiples análisis sobre el deterioro ambiental y poco a poco todos ellos convergen en resaltar la importancia de un cambio en los enfoques y procedimientos de las empresas, con lo que se enfrenta la situación tanto en lo político como en llamados para que el sector productivo asuma su parte en la responsabilidad. Así, por ejemplo, la obra de W. Sachs (Sachs 1998) propone nuevos modelos de desarrollo a partir del análisis de la problemática compuesta por la pobreza, el desarrollo económico y el deterioro del medio ambiente, enfatizando la responsabilidad de los métodos comúnmente usados en el desarrollo de productos y las técnicas para la innovación, promoción y consumo de productos. Por otro lado la inquietud de amplios sectores de la población se manifestó –incluso de manera violenta– en las reuniones organizadas por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), de la cual México es miembro. Las reuniones cumbre de este organismo tienen por objetivo promover relaciones y políticas para promover el bienestar económico y social de las personas alrededor del mundo (http://www.oecd.org/centrodemexico/laocde/) Debido al énfasis de estas reuniones en las relaciones internacionales y por lo tanto en los procesos de globalización, quienes se manifestaban en contra señalaban la importancia de conservar culturas locales y de incluir las preocupaciones ambientales en las deliberaciones relacionadas con el crecimiento económico. Era evidente que atender todos estos problemas rebasaba fronteras y localismos. Algunos de los participantes en estas manifestaciones, que se dieron en todos los países donde se realizaron reuniones de los líderes de los países de la OCDE, eran grupos ambientalistas, que deseaban introducir sus preocupaciones en la agenda del desarrollo económico. Otros organismos, como los es ISO, responsable de la propuesta de estándares que se relacionan con la producción industrial, han generado estándares que promueven la aplicación de procedimientos relacionadas con el medio ambiente. Un ejemplo es la norma ISO 14000 (http://news.capaccio.com/2015/09/15/iso–140012015–environmental–system–standard–just –released/), que a grandes rasgos proponen los siguientes aspectos: Integra la gestión ambiental con las estrategias de planeación empresarial. Fortalece el aspecto del liderazgo como centro de acción, aportando una mayor especificidad sobre el involucramiento de la gestión

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Incluye iniciativas proactivas para proteger el medio ambiente con respecto a daños y su degradación, tales como el uso de recursos sustentables y la mitigación del cambio climático. Propone mejoras en el desempeño ambiental Utiliza un enfoque basado en riesgos para la gestión ambiental Propone un enfoque sobre el ciclo de vida al considerar aspectos ambientales, incluyendo el impacto y evaluación de la cadena de abastecimiento Involucra a los distintos actores a lo largo del proceso. Incluye estrategias de comunicación (http: //news.capaccio.com /2015/09/15/ iso–140012015–environmental–system–standard–just–released/) Otro aspecto de índole metodológica que ha tenido impacto en el ámbito del diseño es el análisis del ciclo de vida (http: //www.life–cycle.org) que ofrece un proceso desde una visión sistémica que permite analizar diversos factores y su impacto o huella ecológica, con relación a la producción de artefactos o la instrumentación de servicios. Los principales aspectos que analiza la técnica del ciclo de vida son: − Realizar un inventario de los datos más relevantes relacionados con el gasto energético, materiales y emisiones ambientales, desde l extracción o producción de materias primas, hasta que el producto es desechado − • Evaluar el impacto ambiental potencial asociado con los datos reunidos, señalando así los eslabones más dañinos en términos ambientales, dentro de la cadena producción–consumo–desecho − • Interpretar los resultados para así apoyar la toma de decisiones con base en criterios ambientales holísticos. Debido a lo comprehensivo del análisis de ciclo de vida, resulta en ocasiones complicado y costoso, por lo que para algunas pequeñas empresas resulta ser una metodología de difícil aplicación, sin embargo es un proceso sumamente completo y que puede arrojar datos sumamente valiosos. A partir de desarrollo del método de análisis del ciclo de vida se han generado otros enfoques y procesos que han enriquecido la labor proyectual orientada hacia la sustentabilidad, sin duda el factor ambiental es hoy de gran importancia. Aunado a los esfuerzos por reducir emisiones y hacer un uso más racional tanto de materiales como de consumo energético, el cambio climático marca una nueva problemática de gran alcance que apenas empezamos a tratar, falta mucho por hacer pero sin duda se han dado pasos importantes. El propósito de reseñar, si bien de manera muy rápida, como el concepto de sustentabilidad adquiere su importancia en el campo del diseño es el de enfatizar que la problemática ambiental no es tan solo un tema de carácter técnico–científico; es una problemática compleja que debe ser abordada desde una óptica interdisciplinaria y que conlleva de manera importante un aspecto social, político, económico y cultural.

DISEÑO El diseño es una actividad central en la cadena de la producción, el consumo, el uso y eventualmente el desecho de productos, que según Herbert Simon (premio Nobel de Economía en 1978) se distingue por enfrentar una situación existente para pasar a una deseable, en la que se solucionan problemas de diversa índole, según cada caso específico: “Diseña todo aquel que concibe un curso de acción que a partir de una situación dada alcance un desenlace ideal” (Simon 2006: 133).

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Resulta evidente, por lo tanto, que el proceso de diseño se inicia con un análisis que permite establecer un diagnóstico a partir del cual, por medio de un proceso metodológico, se resuelven los aspectos no deseables detectados inicialmente. Al buscar una solución deseable, el diseñador propone satisfactores que, en su síntesis formal, integran aspectos que son más que la suma de sus características al incrementar el valor de lo diseñado tanto para los usuarios–consumidores como los productores. El diseño, por lo tanto se desenvuelve alrededor de tres dimensiones o ejes rectores fundamentales, que se describen a continuación: La dimensión individual; lo usable. En este aspecto se analizan las características que permiten desarrollar soluciones usables. La usabilidad es actualmente uno de los campos de investigación en los que el diseño juega un rol central. La dimensión individual recupera, en primera instancia, los conocimientos y habilidades propias de la funcionalidad (ergonomía, percepción), pero hoy se demanda un mayor conocimiento de áreas como la ergonomía cognitiva y los procesos de interacción. La dimensión social; lo útil. Como fue mencionado líneas arriba, el concepto de usuario ahora debe contemplar a una cadena de personas involucradas o stakeholders (Krippendorff 1998) en las distintas fases de lo diseñado, desde su concepción hasta su desuso o deshecho. Esta dimensión la podemos englobar dentro del concepto de utilidad. La dimensión social por tanto demanda investigaciones y conocimientos acerca de aspectos que representen lo útil para distintos sectores de la sociedad, que van desde la sustentabilidad hasta aspectos de fácil mantenimiento o distribución. La dimensión cultural; lo deseable. Sin duda este es un factor que adquiere mayor relevancia en la situación actual. El estudio de la cultura orienta y permite analizar la aceptación de una innovación por parte de personas y grupos sociales, por lo tanto enfatiza aquellos factores que hacen que una propuesta de diseño sea deseable. Más allá de los aspectos mercadológicos y de consumo, lo deseable implica el análisis de factores retóricos y estéticos que permiten que lo diseñado tenga una buena recepción y sea entendido e interpretado, al tiempo que ofrece posibilidades para que la cadena de usuarios construya un cierto sentido a la cultura material y su desarrollo. Estos tres ejes se ilustran en la figura 1.

Figura1. Ejes rectores o dimensiones del diseño

Las dimensiones o ejes que se refieren a lo usable y lo útil, se han manejado con profundidad desde hace años. En realidad son dos de las piedras angulares del diseño moderno. El tercero, lo cultural que implica lo deseable, se ha dado siempre por sentado y se ha

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manejado por medio de lo que algunos autores llaman la sensibilidad formal. Más allá de esta falta de profundidad, encontramos una serie de expectativas que se generan por aspectos como las tradiciones y los conceptos que una cultura específica relaciona con lo bello y por lo tanto con procesos retóricos relacionados con aquello que deseamos. La dimensión cultural adquiere actualmente una preponderancia mayor de la que alcanzó durante el movimiento moderno, debido al énfasis que en ese momento se puso en la funcionalidad y las características técnico–productivas de los objetos. Hoy reconocemos que, en no pocas ocasiones, las personas buscan (desean) satisfactores que pueden ser poco funcionales (usables) o bien que desde la perspectiva social son poco útiles, pero que al evocar o representar signos deseables dentro de una narrativa estética, son preferidos, a pesar de sus limitaciones o incluso sin considerar que en cierta medida pueden generar un daño. “¿Qué significa la creación de estas narrativas en la sociedad contemporánea y personalmente para nosotros en nuestro trabajo y nuestras vidas? Al formular esta pregunta podemos empezar a ver al desarrollo sustentable desde una perspectiva diferente. Representa mucho más que simplemente un enfoque analítico ante las evaluaciones ambientales o para mejorar la contabilidad de un negocio. También representa una manera de reconocer nuestros valores y creencias así como de otorgar significado a nuestras actividades”(Walker 2007: 27). Por tanto el factor estético no es cuestión solamente de moda o de signos de prestigio social. Si bien es cierto que estas consideraciones están presentes, también los es que conforman narrativas que nos permiten dar sentido a nuestras acciones y aspiraciones. Por lo tanto, el reto es explorar estos nuevos territorios en busca de nuevos enfoques que sean tanto amigables con el medio ambiente como capaces de otorgar mayor valor social y personal.

DISEÑO

SUSTENTABLE Y ESTÉTICA

Cuando enfatizamos el aspecto visual de los productos, lo hacemos considerando que es un reflejo de nosotros mismos y por lo tanto de lo que consideramos importante para satisfacer nuestras necesidades y la manera de hacerlo. Desde esta perspectiva podemos preguntarnos por qué si hay tantos diseñadores en el mundo, muchos de los productos que nos rodean tienen tanto en común desde el punto de vista de su lenguaje visual. Es necesario examinar otras posibilidades. En este sentido atender el aspecto estético de los productos sustentables es un reto, un camino a explorar. “En gran medida, las cualidades estéticas de un producto son una función del sistema que los produce. De aquí se sigue que la estética de la mayoría de los productos de consumo es, de hecho, la estética del desecho inmoderado y de prácticas perjudiciales tanto en el aspecto ambiental como en el social” (Walker 2007: 114). Si consideramos que hay tendencias estéticas dominantes en el diseño de productos, debemos entender que responden, en principio, a la cultura establecida desde los principios tradicionales de la producción industrial (en buena medida alimentada por la moda y el consumismo) y por lo tanto a procesos de diseño que no necesariamente son benéficos en términos de lo útil, es decir del impacto social que tienen. Esto es resultado de que al diseñar consideramos cómo pueden ser los objetos. Es decir atendemos a los factores que po-

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sibilitan su realización. Explorar la estética implica preguntarnos cómo deben ser los objetos, saliendo así de criterios imperantes e introduciendo por lo tanto el aspecto ético en el proceso de diseño, que a su vez es la llave para abrir el camino hacia consideraciones de sustentabilidad. Por lo tanto es imperioso cuestionar los principios que asumimos por hechos y los prejuicios que de manera inconsciente subyacen al proceso de diseño, así como nuestros conceptos de “buen diseño”. El aspecto visual de muchos de los productos contemporáneos se apoya en el manejo de superficies brillantes, cuidadosamente pulidas y eventualmente con texturas visuales que demandan la utilización de ciertos materiales. A manera de ejemplo de esta tendencia mostramos en la figura 2, la cafetera X1 para café espresso, diseñada por Luca Trazzi para la empresa Illy (http: //www.illy.com/wps/wcm/connect/en/coffee–at–home/capsules– coffee–machine–iperespresso–x1)

Figura 2. Cafetera X1. Diseñada por Luca Trazzi para Illy

Esta cafetera ha sido considerada como ejemplo de “buen diseño” y sin duda lo es, si atendemos a los criterios de evaluación imperantes que, como hemos mencionado, son resultado de posturas de producción industrial tradicionales y no sustentables. Por otro lado, la cafetera Seppl, que mostramos en la figura 3, diseñada por Arvid Häusser, estudiante de la Universidad Bauhaus de Weimar (http: //manuelbirnbacher.com/Arvid/ index.html), hace uso de materiales tradicionales, descomponiendo la forma en los elementos constitutivos de los distintos procesos de la preparación del café. La madera y la porcelana, que son los principales materiales en este producto, son menos dañinos al medio ambiente. Para poder llegar a este concepto, no solo se parte de un análisis de sustentabilidad y de los materiales (este es un principio que subyace al proceso de diseño y por lo tanto es inherente a éste). Es necesario partir de cuestionar las formas tradicionales de las cafeteras. Como mencionamos líneas arriba, es fundamental explorar, adentrarse en otros territorio, cuestionar los principios del “buen diseño”.

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Además de los aspectos relacionados con materiales, podemos señalar que la producción de esta cafetera no depende de una infraestructura industrial compleja, pues sus procesos se pueden adaptar a instalaciones medianas o pequeñas, en sintonía con algunas de las ideas propuestas por Ivan Illich, ya mencionado líneas arriba. Desde esta perspectiva, el diseño sustentable no se circunscribe a la problemática del estudio de materiales, sino que aborda aspectos culturales, sociales y económicos de relevancia, como es la escala de producción. Este es el propósito del eje rector que hemos llamado útil, que contempla la problemática de la utilidad social de los objetos y que en el ejemplo mostrado, se relaciona con el eje de lo cultural, al tiempo que está presente el de la usabilidad. Los tres ejes seinterrelacionan de manera indisoluble.

Figura 3. Cafetera Seppl. Diseñada por Arvid Häusser

REFLEXIONES

FINALES

A lo largo del presente texto hemos presentado el devenir de la conciencia social en el ámbito del diseño, dentro de la cual se inserta la noción de sustentabilidad, con el objeto de enmarcar la preocupación por el deterioro ambiental dentro de consideraciones más amplias. La sustentabilidad es parte de una problemática que incluye aspectos sociales, culturales y económicos y no podemos reducirla al estudio de materiales y/o procesos de fabricación. Es por esto que argumentamos sobre la necesidad de reflexionar sobre otros aspectos presentes en el desarrollo y producción de objetos. Señalamos que si bien el diseño necesariamente debe contemplar los aspectos técnico– productivos, estos no son obligatoriamente los que guían el proceso del diseño para la sustentabilidad. Para que los objetos sean aceptados por el usuario–consumidor, destacamos la importancia del factor estético, señalando que a pesar de formar parte de aspectos como la moda y el consumismo, altamente debatibles, es necesario enfrentar el reto que esto nos presenta. Para que el diseño ofrezca soluciones que además de aportar soluciones que disminuyan el impacto ambiental de los productos, se deben considerar otros aspectos como el cultural.

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Así mismo argumentamos que los ejes rectores del diseño son fundamentalmente la utilidad (dimensión social de lo diseñado), la usabilidad (que atiende a la dimensión individual) y lo deseable (dimensión cultural). En el texto centramos nuestra atención sobre éste último, por ser uno de los ejes del proceso proyectual que se ha dejado de lado desde la perspectiva positivista, derivada de los principios racionales y funcionalistas del diseño moderno, a pesar de la importancia que tiene en la selección final que hace el usuario–consumidor cuando se enfrenta a distintos productos orientados a satisfacer necesidades similares. Posteriormente señalamos como las tendencias formales imperantes son el resultado de las posturas tradicionales de la producción industrial y que por lo tanto deben ser revisadas si deseamos producir objetos más responsables con el medio ambiente, por lo que es necesario cuestionar aspectos visuales como el acabado de muchos de los productos contemporáneos. Por medio de la breve exposición de dos ejemplos, se mostró como la estética puede ayudar a la exploración de nuevos conceptos que además de proponer respuestas a la problemática ambiental, también se insertan en otras consideraciones sociales como la escala de producción en empresas locales, además de introducir el consideraciones éticas. Sin duda falta mucho por hacer, pero el camino de la exploración contemplando los tres ejes rectores señalados implica cuestionar muchos de los principios que aún rigen el proceso proyectual. El camino hacia la sustentabilidad deberá contemplar tanto aspectos de rigor científico como el análisis del ciclo de vida, pero no será suficiente si no abrimos los caminos de la experimentación formal y estética, que inevitablemente estará presente en los productos que diseñamos.

REFERENCIAS Análisis de ciclo de vida s/f <http: //www.life–cycle.org> Fuller, Buckminster 1969 Utopia or Oblivion. The prospects for humanity. Penguin Books. Hobsbawn, Eric 2013 Un tiempo de rupturas. Sociedad y cultura en el siglo XX. Barelona: Editorial Planeta. 2014 Illich, Iván. 2006 Obras reunidas. Tomos I y II. México: FCE. ISO 14000. s/f <http://news.capaccio.com/2015/09/15/iso–140012015–environmental– system–standard–just–released/> Krippendorff, Klaus. 1998 Stakeholder Theory. Memorias del Simposio internacional en semántica en diseño y la naturaleza lingüística de los objetos. Munich. Febrero, 1998 . 18–20. Meadows, Dennis et al. 1972 Los límites del crecimiento. Informe al Club de Roma sobre los predicamentos de la humanidad. México> FCE. Meller, James. (ed.) 1972 The Buckminster Fuller Reader. Penguin Books.

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Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. s/f <http: //www.oecd.org/centrodemexico/laocde/>. Papanek, Victor. 1971 Design for the real world. Human ecology and social change. London> Thames and Hudson. Reporte Brundtland, 1987 <http: //www.un.org/es/comun/docs/?symbol=A/42/427>. Sachs, Wolfgang. 1998 Greening the north: A post Industrial Blueprint for Ecology and Equity. London: Zed Books. Schumacher, E.F. 1973 Small is beautiful. Economics as if people mattered. London: Blond and Briggs.. Simon, Herbert. 2006 Las ciencias de lo artificial. M[exico: UAM–Cuajimalpa / Editorial Comares, Stewart, Brand. 1968 Whole Earth Catalog. Access to tools. Portola Institute. 2007 Sustainable by Design. Explorations in Theory and Practice. London: Earthscan. Zúñiga, Angel. 1985 Historia de la ciencia y la tecnología y la realidad de América Latina. en: Elementos No. 6, Año 2, Volumen 1. México. < http: //www.elementos.buap.mx/ num06/pdf/17.pdf>. <http://www.life–cycle.org>. <http://www.illy.com/wps/wcm/connect/en/coffee–at–home/capsules–coffee–machine– iperespresso–x1> <www.practicalaction.org>. <www.un.org/geninfo/bp/enviro.html>.

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VIVIENDA Y SOSTENIBILIDAD – MITOS Y REALIDADES – Inocente Bojórquez Báez Harald Albrecht Arellano Universidad de Quintana Roo, México

[Ketzalcalli 2|2014: 33–44]

RESUMEN: Vivienda y medio ambiente son simbiontes estrechamente ligados al bienestar fisiológico de los seres humanos. Este trabajo pretende realizar un análisis sobre la relación entre la tipología de vivienda en el Caribe Mexicano y el medio ambiente, con el propósito de identificar el nivel de participación de esta ilación en la mitigación de la emisión de gases de efecto invernadero, de acuerdo a los compromisos firmados por México a partir de la COP16. Se revisó la evolución de la vivienda y los factores ambientales que intervinieron para lograr las características que definieron un perfil cambiante de acuerdo al momento histórico y a la geografía. Se revisaron acuerdos, normas y trabajos de investigación sobre la temática; y para la zona en estudio, se hizo un estudio diacrónico de las diferentes propuestas de sistemas de vivienda, tomando el año 1955 como el parteaguas de dos grandes épocas. Los resultados mostraron el ritmo cambiante de las tipologías debido al perfil social y económico de los usuarios y debido también a influencias externas ajenas a las condiciones climáticas locales, provocadas por una débil capacidad de creatividad. Palabras clave: Vivienda, sostenibilidad, tipología de vivienda, Caribe.

INTRODUCCIÓN En el Compendio de los diez libros de Arquitectura, la obra de Vitruvio escrita hace más de dos mil años, se hablaba tanto de las condiciones que deberían reunir las edificaciones como de los conocimientos y habilidades que deberían poseer los arquitectos para lograr propuestas que coadyuvaran a conservar la salud de sus usuarios; estas competencias incluían la música, los usos y costumbres, la medicina y la astronomía (Oliver 1997); la falta de alguna de ellas podría dar resultados no aptos para la salud social. Se puede concebir este tratado por consiguiente como el primer trabajo científico sobre el espacio habitable, donde las condiciones de salud física y psicológica del usuario y la integración al ambiente circundante, fueron dos de las condicionantes que contribuyeron a la definición de diseños que son referentes aún hoy en día.

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Veinte siglos después, aún era muy fuerte la dependencia del medio geográfico como proveedor y regulador de la vida comunitaria; cada región imponía sus sistemas de construcción ligados a los materiales y condiciones climáticas circundantes, definiendo con ello, una identidad que se reflejaba a la vez en la expresión social y en los sistemas de producción económica, conservando un equilibrio que se iniciaba y cerraba en los ambientes circundantes. De esta forma, lo que inicia como una intuición para satisfacer las necesidades de protección contra las inclemencias del tiempo y contra la fauna nociva, sin conocer las más elementales leyes de la física (Nolasco, sf) evoluciona de lo pragmático a lo icónico, logrando formas más complejas, aunque disímbolas por las condiciones geográficas, pero coincidentes en cuanto a su carácter gregario, base de la integración social. La vivienda como expresión de un núcleo social tiene varias acepciones como son vernácula, popular, de masas, folklórica, entre otros (Torres 2000), sinónimos que expresan apego a los usos y costumbres, pero también a los sistemas económicos ligados, en lo general, a los sectores primarios de producción y al medio ambiente abastecedor de la materia prima para su edificación; esta especie de simbiosis conlleva a la estabilidad comunal, que solo se rompe por la influencia de factores externos de orígenes diversos. Las conquistas son algunos de éstos, los sistemas dominantes llegan a ejercer fuertes influencias en los pueblos sometidos de tal forma que al imponer sus propias reglas rompen con ese equilibrio primigenio, provocando nuevas expresiones que en ocasiones llegan a ser sincréticas dando nacimiento a nuevas relaciones sociales, mientras que en otras permanecen ajenas, alterando formas de vida, organizaciones sociales y el ritmo de transformaciones (Olea 1989). Tres grandes saltos definen las innovaciones tecnológicas en la vivienda: el primero que se inicia con las propuestas de protección fuera de la cueva –empleando materiales sin procesos de transformación– hasta la cultura mesopotámica, dos milenios antes de nuestra era, donde la arcilla de las llanuras, la radiación solar y la escasa precipitación dieron origen al ladrillo. El segundo, es a partir de esta época y se prolonga hasta finales del siglo XVIII cuando surge la revolución industrial y su legado de nuevos materiales que ahorraban tiempos en los procesos de construcción y ofrecían una mayor seguridad estructural; y por último, el salto cuántico que se da partir de esa época hasta llegar a nuestros días, donde las respuestas a los sistemas de vivienda obedecen más bien a las políticas económicas neoliberales en detrimento de las condiciones sociales y ambientales de las poblaciones, rompiendo con las posibilidades de expresiones arquitectónicas locales más ligadas a manifestaciones sostenibles existentes todavía, aunque de manera incipiente, antes de este último período. En estos tres períodos las relaciones entre la vivienda y el ser humano tienen características diferentes; en los dos primeros éstas fueron más armónicas y el crecimiento, que tuvo distintos ritmos, unos lentos definidos por el apego del habitante a su núcleo social y otros acelerados marcados principalmente por las fuerzas de ocupación y sometimiento, estuvo regido por la relación entre las fuerzas de la naturaleza y la inteligencia del hombre quien pronto aprendió a usarla para su beneficio. Cuando el hombre moldeó la piedra en formas diferentes, descubrió la transformación del objeto en concepto (Ras 2006) y nació entonces, la idea de acercar a sus dioses, esas fuerzas desconocidas que regían su existencia; nació también la idea de protección a los suyos y es cuando el concepto se va tornando más complejo; nace posteriormente la congregación, y lo que al principio sólo era expresión casi individual, se amalgama y de esa metamorfosis surgen acuerdos y normas, lo empírico va dando paso a lo científico.

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La revolución industrial, el gran paso del hombre, cuya acción positiva se refleja en la rapidez para atender la creciente demanda de vivienda y en la formulación creciente de documentos normativos, ha olvidado sin embargo, acondicionar sus propuestas a las características de los entornos geográficos y sociales, transformando un derecho humano en un objeto de consumo contaminante.

DE LA CONCIENCIA A LA LEGALIDAD La escasa flexibilidad y capacidad física del hombre para adaptarse a las inclemencias del tiempo, como otras tantas especies animales que carecen de metabolismos adecuados para mitigar los impactos climatológicos, provocó que desarrollara habilidades para construir refugios artificiales que le permitieran enfrentarse al entorno (Olgay 2008). Estas prácticas en su forma primigenia tuvieron un carácter más bien funcional que formal y estético; el hombre aprovechó los elementos que le ofrecía el ambiente y los moldeó para su conveniencia. De acuerdo a la leyenda, Espergos unió dos copas de árboles y rellenó los huecos, tanto superiores como adyacentes y así empezó a darle forma hasta convertirlo en un espacio que le solucionó los problemas de protección (Ortiz 1984). Esta alusión tomó milenios, tiempo durante el cual permitió el surgimiento de reglas que condujeron a sistemas de construcción más eficientes y así, a fuerza de repetir, se pasó de lo práctico a lo icónico. La evolución de la vivienda, transitó por los diversos modos de producción que aunados entre otros a lo simbólico, proporcionaron al individuo un sentido de identidad y de pertenencia que ayudaron a definir el perfil social, político y económico del grupo al que pertenecía, construyendo con esto los cimientos de los futuros estados. Cada estado, cada sociedad, creó sus formas y sus geometrías de protección–vivienda, de acuerdo a las maneras de percibir su realidad; esta evolución transitó por lo ecológico como sentido de sobrevivencia y como parte de su conocimiento y dominio de las condiciones ambientales circundantes –así nacieron los asentamientos a orillas de los cuerpos de agua o en lugares donde las condiciones topográficas le beneficiaban–; la ecología vista así, jugó y juega aún un papel preponderante en la estructura social puesto que los patrones espaciales son el resultado de la organización social y de la cultura de una comunidad (Chinoy 2006). Cuando Vitruvio, manifestaba que “cada país y provincia conviene adaptar los edificios a las propiedades de su clima” la visión de espacio–orden en simbiosis con lo ecológico, asumía su primer tratamiento científico y se adelantaba en dos milenios a lo que posteriormente se convertiría en uno de los focos de atención en la construcción debido a los impactos ambientales, producidos por la emisión de gases de efecto invernadero, que tanta influencia tienen en el cambio climático. Dos milenios después, algunas de los grupos sociales menos favorecidas económicamente, sobre todo los asentadas en las zonas rurales, siguieron manifestándose arquitectónicamente a través de los materiales que les proporcionaba el ambiente circundante conservando con ello, esa integración entre cultura–naturaleza y ese balance de energía entre el cuerpo humano y el ambiente térmico (Bojórquez 2010). Tanto las recomendaciones de Vitruvio, como estas respuestas vernáculas, fueron minimizadas a raíz de la revolución industrial que proveyó a la edificación con una gama de materiales y sistemas constructivos que ayudaron a disminuir tiempos de construcción y en algunos casos a reducir costos, entrando en transformaciones aceleradas que dieron pié a soluciones globalizadas apartadas de las relaciones ambientales y socioculturales que les correspondían, debido, entre otras

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cosas, a las influencias externas, promovidas en ocasiones por intereses económicos y por intercambios migratorios. El siglo XX marcó un desarrollo cuantitativo de la vivienda, especialmente en aquellos países donde un sector minoritario de la población se encargó de crear necesidades artificiales de cobijo frente a necesidades reales de protección e integración familiar de un sector mayoritario con bajas posibilidades de satisfacerlas, cumpliéndose lo planteado en 1844 por Marx: “Todo hombre se afana en crear para otro una necesidad nueva para inducirlo a hacer un nuevo sacrificio, colocarlo en una dependencia nueva y llevarlo hacia nuevas modalidades de goce…” (Fajardo 2001). Este sector mayoritario, marcadamente heterogéneo, atraído por esas nuevas necesidades, influyó en el nacimiento de cambios en las relaciones sociales y con ello las relaciones económicas entraron en nuevas dinámicas; los usos y costumbres locales cedieron ante las manifestaciones híbridas producto de la mezcla con aquellas procedentes de otras regiones; los centros de población crecieron debido al reclutamiento continuo de gente proveniente del sector rural o de otros centros de población productores de emigrantes; nuevas necesidades surgieron y aparecieron nuevos problemas, con ingredientes marcadamente económicos y raciales. La parte central de las ciudades, al igual que aquellas zonas ubicadas en terrenos bajo condiciones poco favorables para los asentamientos humanos, se convirtieron en el hogar de las clases de bajos o nulos ingresos, mientras que en las clases económicamente más favorecidas, se dio un éxodo de los espacios centrales hacia áreas periféricas donde la topografía no siempre ayudó a crear ambientes confortables. Entre estos dos mundos, una corriente social de asalariados –cuyos ingresos les eran insuficientes para lograr las comodidades deseadas, pero sí con posibilidades de alejarse de las zonas marginadas– quedaron atrapados por las propuestas de los intereses privados que veían disminuir sus ganancias al dejar espacios abiertos para la convivencia social. Estos movimientos indujeron a cambios en los usos del suelo, apareciendo una nueva correlación entre medio ambiente y crecimiento urbano; los efectos ambientales de estas acciones se reflejaron en el incremento de las concentraciones de bióxido de carbono (CO2) en la atmósfera y con ello en el aumento del calentamiento global (Comisión para la Cooperación Ambiental 2008). Esta problemática inspiró, en 1968, a un grupo heterogéneo de 35 personalidades provenientes de una treintena de países, a reflexionar conjuntamente sobre las crecientes modificaciones del entorno ambiental producto del desarrollo industrial y de la aplicación de políticas públicas preocupadas más por la sana marcha de los niveles macroeconómicos. Nació de esta manera el grupo que más tarde se conocería como el Club de Roma, dentro de cuyo inventario se leía: el deterioro del medioambiente físico, crecimiento urbano incontrolado, impugnación de los valores de la sociedad y educación, entre otros. El primer informe de este grupo, encargado al Instituto Tecnológico de Massachusetts, presentado por Dennis Meadows, en 1972, con el título “Los Límites del Crecimiento”, documento que fue tachado de alarmista por algunos de sus críticos, significó el surgimiento de la conciencia social sobre el deterioro del entorno natural, aunque sólo se refiriera al físico. Posteriormente, otro gran paso en el desarrollo de la conciencia social, fue el informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, titulado “Nuestro Futuro Común”, de 1987, que analizaba este medio y la problemática mundial y que incluía proyectos de estrategias para lograr un desarrollo verdadero. En el Apartado 9 de la Parte II de este documento, donde se habla sobre el Desafío Urbano, se explica que para la planeación de desarrollos urbanos, los modelos no pueden ser aplicados por igual en una zona

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que en otra, no pueden ser tampoco modelos importados o netamente locales ya que cada región tiene sus propias características y como tal debe evaluarse. Dice además, que aunque se puede recurrir a ayudas técnicas de los órganos centrales y también a experiencias ajenas, los planes de desarrollo urbano deben basarse en las necesidades, usos y costumbres y condiciones ambientales locales; el problema estriba en que las autoridades locales no cuentan con el poder político ni los medios económicos para solucionar sus problemas, creando con ello sentimientos de frustración y debilidad. La misma tónica se siguió en la Declaración de Río, de 1992, donde también se destacó la participación de las autoridades locales como factor determinante en la generación de políticas ambientales locales, de programas de educación y movilización social en pro del desarrollo sostenible (UNESCO 1992). Reuniones posteriores se centraron en la revisión de objetivosy en concentrar esfuerzos para aprobar declaraciones políticas que hicieran posible la aplicación del desarrollo sostenible, debido a que los retos planteados con anterioridad aún estaban lejos de ser alcanzados. Otros programas y acuerdos como el Protocolo de Kyoto en 1998 y los Compromisos de Aalborg en 2004, específicamente para la Unión Europea, sólo para citar algunos, se han sumado a este conjunto de acciones enfocadas a una visión común de un futuro sostenible, en independencia de posicionamientos políticos. En este orden, surgieron esfuerzo de varios países encaminados a buscar soluciones sobre el cambio climático; acordaron por consiguiente, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático con el objetivo de estabilizar la concentración de gases efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impidiera que el clima se perjudicara. Esta convención gozaba en 2007 del respaldo de 191 países denominados Partes de la Comisión; la primera Conferencia de las Partes se celebró en Berlín en 1995. La decimosexta versión de esta Conferencia se celebró en la ciudad de Cancún en el año 2010 y la última en París, en 2015, donde se dieron cita 195 países, “poniendo de relieve con grave preocupación la necesidad urgente de resolver el importante desfase que existe entre el efecto agregado de las promesas de mitigación de las Partes, expresado en términos de las emisiones anuales mundiales de gases de efecto invernadero en el año 2020, y las trayectorias que deberían seguir las emisiones agregadas para poder mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2o C con respecto a los niveles preindustriales, y de seguir esforzándose por limitar el aumento de la temperatura a 1,5 °C” (CMCC 2015). Uno de los compromisos establecidos por las Partes con el propósito de buscar soluciones para frenar el cambio climático, fue formular periódicamente informes especiales denominados Comunicados Nacionales; las Partes también se obligaron a desarrollar y a utilizar tecnologías limpias, así cómo implementar programas de educación para sensibilizar al público sobre los efectos de este cambio. En este tenor , en diciembre de 2010, en el marco de la celebración de la 16ª edición de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, COP16, México se comprometió a reducir en un 50 por ciento la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) hacia 2050 referente al año 2000. como una medida para encarar los retos que el cambio climático considera (CONAVI 2010). Este compromiso incluía, entre otras acciones, diseños urbanos integrados al entorno, y dejaba ver por consiguiente, la necesidad de tipologías sostenibles de vivienda, donde el equipamiento con ecotecnologías indujera a la reducción de los consumos de energía eléctrica, de gas y

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de agua. Así fue como el Instituto Nacional del Fondo de la Vivienda para los Trabajadores, INFONAVIT, instauró el programa de Hipotecas Verdes con lo cual se pretende tener un ahorro y uso eficiente de la energía en todas las tipologías financiadas por este organismo. Estas tecnologías comprenden el uso de paneles solares para la producción de energía en el hogar, la implementación de calentadores solares y el uso de muebles hidráulicos y sanitarios ahorradores de agua, entre otros. Este compromiso se basó en la Ley de Vivienda de 2006, en cuyo Art. 6 se establece que debe respetarse el entorno ecológico además de la preservación y uso eficiente de los recursos naturales. Establece también que es necesario propiciar que las acciones de vivienda constituyan un factor de sustentabilidad ambiental, además de que los materiales se adecúen a los rasgos culturales locales para procurar su identidad y diversidad; otros aspectos que considera se refiere a que las condiciones locales y regionales así como los distintos tipos y modalidades del proceso habitacional se deben integrar en las tipologías de vivienda (Cámara de Diputados 2006). Otros referentes lo fueron la serie de documentos elaborados por la Comisión Nacional de Vivienda –CONAVI– encaminados a la edificación sostenible, entre ellos el Código de Edificación de Vivienda y el Programa Específico para el Desarrollo Habitacional Sostenible ante el Cambio Climático, ambos de 2008.

DE LO GLOBAL A LO LOCAL Quintana Roo, un estado fundado en 1974 en la frontera Caribe de México, ha generado una serie de documentos normativos encaminados a la vivienda sostenible, entre ellos se pueden mencionar: La LEY DE ASENTAMIENTOS HUMANOS DEL ESTADO DE QUINTANA ROO, de 1998, en cuyo Art. 57 dentro del Cap. VII correspondiente al Fomento de la Vivienda, se menciona que el Sistema Estatal de Vivienda se orientará a optimizar los procesos de producción de vivienda, promoviendo preferentemente la utilización de sistemas constructivos tradicionales y adecuados al medio, así como de arraigo de los habitantes a sus lugares de origen; propiciará además, que la vivienda sea un factor de ordenación territorial y de desarrollo urbano sostenible de los centros de población, de la mejoría de las condiciones de vida de la población, así como de arraigo de los habitantes a sus lugares de residencia (HPL, QRoo 1998). Sin embargo, este Capítulo fue derogado en la reforma de 2010, aunque en la del 2012, existen varios apartados donde se tratan los binomios vivienda y sustentabilidad; así se tiene el Art. 14 que al referirse a las comisiones de la Comisión Consultiva de Desarrollo Urbano y Vivienda del Estado, se ordena que ésta deberá promover y llevar a cabo campañas cívicas relativas al desarrollo sostenible de los centros de población; mientras que en el Art. 16 al referirse a las funciones de los Comités Municipales de Desarrollo Urbano y Vivienda, se establece que éstos deberán llevar a cabo, entre otras acciones, campañas cívicas relativas al desarrollo sostenible, preservación y conservación de los centros de población del municipio. De esta manera, la temática se sigue tratando en los Art’s. 18, 19 y 25 (HPL, QRoo 2012). Aunque la LEY DE EQUILIBRIO ECOLÓGICO Y PROTECCIÓN AMBIENTAL DEL ESTADO DE QUINTANA. ROO, habla de la restauración y conservación de los ecosistemas en su forma natural, se refiere también al ambiente urbano en cuanto a lo que es la prevención y el control de la contaminación del aire y del agua, además de mantener el entrenamiento ecológico local particularmente en los asentamientos humanos a través del pro-

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grama de desarrollo urbano y demás instrumentos regulados en esta ley y en las disposiciones locales aplicables (HPL, Q.Roo 2001). Mientras que en la LEY DE VIVIENDA DEL ESTADO DE QUINTANA ROO (2010) se busca que la vivienda se constituya en factor de sustentabilidad ambiental, ordenamiento territorial y desarrollo urbano; por lo que, a través de ésta, instruye al Instituto de Fomento a la Vivienda y Regularización de la Propiedad del Estado de Quintana Roo –INFOVIR– para que vigile y asesore que en la construcción de vivienda que se realice bajo sus programas se preserve el equilibrio ecológico, procurando la utilización de materiales y tecnologías que coadyuven a elevar los niveles de habitabilidad de la vivienda, de salud y bienestar de las personas. En cuanto a Políticas sobre Vivienda, en la fracción IX del Art. 21 establece que en la construcción de vivienda se respete el entorno ecológico, la preservación y el uso eficiente de los recursos naturales además de que en los procesos productivos y la utilización de materiales se adecuen a los rasgos culturales y locales para procurar su identidad y diversidad, además del uso de ecotecnologías y energías alternas en la construcción de viviendas. En este mismo documento normativo, en el Cap. I del Título Sexto, cuando se refiere a la Sustentabilidad, Calidad y Seguridad de la Vivienda, dice que se establecerán las previsiones para dotar a los desarrollos de vivienda que cumplan con estos tres principios, de infraestructura y equipamiento básico y adoptarán las medidas conducentes para mitigar los posibles impactos sobre el medio ambiente. En el Art. 60, se establece la necesidad de establecer la vinculación entre los sectores público, social y privado en esquemas de financiamiento dirigidos al desarrollo y aplicación de ecotécnias y de nuevas tecnologías en vivienda y saneamiento, principalmente de bajo costo y alta productividad, que cumplan con parámetros de certificación y cumplan con los principios de una vivienda digna y decorosa. Asimismo, el INFOVIR, promoverá que las tecnologías sean acordes con los requerimientos sociales, regionales y a las características propias de la población, estableciendo mecanismos de investigación y experimentación tecnológica; fomentará además, el uso de materiales y productos que contribuyan a evitar afluentes y emisiones que deterioren el medio ambiente, así como aquellos que propicien ahorro de energía, uso eficiente de agua, un ambiente más confortable y saludable dentro de la vivienda de acuerdo con las características climáticas de la región. En general, en este documento normativo, se establecen una serie de disposiciones para que en la edificación de vivienda se integren los recursos naturales y el ahorro de energía, se respeten los sistemas de edificación y tecnologías integradas a las características de cada zona o localidad considerando el uso de materiales regionales que permitan impulsar la economía además de respetar el patrón existente de arquitectura vernácula. Se impulsa por consiguiente, aspectos de sustentabilidad, calidad y seguridad de la vivienda, al ordenar que en los convenios y acuerdos entre lo distintos sectores se desarrollen, apliquen y evalúen normas, tecnologías, técnicas y procesos constructivos que reduzcan los costos de construcción y operación, faciliten la autoproducción o autoconstrucción de vivienda, eleven la calidad y la eficiencia energética de la misma y propicien la preservación y el cuidado del ambiente y los recursos naturales.

ANÁLISIS DIACRÓNICO DE LA VIVIENDA EN QUINTANA ROO Una vez fundada Payo Obispo, la futura Chetumal, por el almirante Othón Pompeyo Blanco en 1898, la Secretaría de Guerra y Marina empezó a expedir los permisos de ocupación provisional a los “repobladores” de Payo Obispo, Xcalak, Santa Cruz, Mahahual, Bacalar y el Campamento Vega, entre otros poblaciones. De acuerdo a Macías (1997) Payo Obispo,

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según el Subsecretario de Guerra y Marina Luis G. Curiel en una visita de observación por el territorio, ya era una ciudad que se destacaba entre otras por sus calles rectas y aseadas y sus habitantes vivían en buena armonía. Las primeras edificaciones, como las que construyen los hermanos José y Antonio Barquet procedentes de Egipto, eran de madera y lámina de zinc de acuerdo al diseño arquitectónico utilizado por el Imperio inglés para sus colonias del Caribe. Es este diseño –cuya geometría de techo se componía de mas de dos aguas para recolectar el agua de lluvia y formar junto con el falso techo interior una zona de extracción térmica, y donde el material empleado para sus muros, pisos y estructuras era producto de los recursos proporcionados por el entorno inmediato– fue el que imperó hasta el año 1955, época cuando la ahora Chetumal, capital del Territorio de Quintana Roo, fue golpeada por el huracán Janet causando una gran destrucción urbana que obligó a los pobladores y autoridades a repensar los sistemas constructivos para esta vulnerable zona. Surgió así el sistema de muros a base de block de concreto simple y los techos de geometrías planas a base de hormigón armado y, aunque los diseños de las plantas eran semejantes a los antiguamente empleados, las condiciones térmicas interiores producto de estos novedosos y estructuralmente seguros sistemas, eran muy diferentes. Otro de los aspectos se refiere a que eran materiales importados en su mayoría del Estado vecino de Yucatán; la selva entonces, dejó de ser la abastecedora principal. Conservando la misma traza urbana, la ciudad empezó a crecer de manera acelerada debido a su condición económica producto de los privilegios fiscales de las zonas fronterizas del país. Los primeros fraccionamientos de interés social surgieron a principios de 1970, con las colonias Aarón Merino y las primeras dos etapas del FOVISSSTE; las familias de mejores condiciones económicas se asentaron en la colonia Campestre; en ambos tipos de asentamientos, los materiales para pisos en su mayoría eran de mosaico sobre firme de concreto, los techos de hormigón armado sustituyeron a aquellos a base de lámina de zinc y los muros de block de concreto se convirtieron en el referente. Para 1990 el sistema de muros a base de madera se mantenía como preferente en un 36.90 por ciento de los casos a diferencia de 2010 donde tan sólo alcanzó el 16.56 por ciento; en cuanto al sistema de techos la evolución fue de 41.60 por ciento para el primer período, a 70.72 por ciento para el segundo (SNIM 2010). A partir del segundo lustro de este siglo, nuevos materiales han empezado a surgir para las viviendas de interés social, uno de los más empleado es el llamado concreto fluidificante, que reduce los tiempos de construcción pero su capacidad de transferencia de calor hacia los espacios interiores es muy alta, induciendo al uso de sistemas activos como el aire acondicionado en el mejor de los casos o a ventilador para las clases económicamente deprimidas para lograr condiciones de confort térmico en los espacios interiores. El surgimiento de estas nuevas propuestas de materiales, tanto los usados a partir de la segunda mitad del siglo pasado como los actualmente empleados en las nuevas propuesta de sistemas habitacionales, no han estado en concordancia con las ordenanzas de los documentos normativos descritos en el apartado anterior y tampoco consideran los compromisos de México para la disminución de la emisión de GEI. Existe una fuerte tendencia a usar patrones ajenos a las condiciones climatológicas de la zona en las distintas tipologías, independientemente del tipo de vivienda, lo que origina tanto el uso deficiente de la energía como la alteración de los usos y costumbres, al no considerar en las dimensiones espaciales el uso de los muebles nativos; esta tendencia ha ido en aumento conforme a la aparición de nuevos fraccionamientos. Las geometrías de muros y de techos tampoco corresponden a las realidades locales, incluso el sistema de ventanas llega en ocasiones a conver-

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tirse en un generador térmico, además de no cumplir con las recomendaciones para sistemas en zonas vulnerables. Por consiguiente, las propuestas de autoconstrucción con respuestas surgidas del ser y saber del usuario son una falacia. Sin embargo, en el discurso de los tomadores de decisiones y en las propuestas de los inversionistas, estas tipologías son las soluciones a la demanda creciente de vivienda. Esta antinomia refleja un problema donde las políticas públicas y las leyes y compromisos internacionales transitan por caminos diferentes, logrando con ello que la vivienda deje de ser un derecho humano para convertirse en una mercancía.

A MANERA DE COLOFÓN Lo anteriormente descrito, refleja una preocupación debido a que el concepto vivienda es actualmente un producto de mercado lejos de soluciones integradoras que incluyen lo económico, lo social y el respeto al medio ambiente. Considerando lo económico, la vivienda es netamente una mercancía que en muchas de las ocasiones, están fuera del alcance de la población; las propuestas de viviendas realmente dignas no están en los planes de los desarrolladores, a cambio de eso y en contubernio con las autoridades, se ofrecen propuestas que permiten tener al usuario atado a un crédito hipotecario que dura el ciclo de vida del producto adquirido. En cuanto a lo social, la creación de fraccionamientos con prototipos repetitivos inhibe las posibilidades creadores de los usuarios, inhibe también la capacidad de socialización tanto a nivel familiar como a nivel vecindario; se induce al cliente a aceptar las propuestas nacidas en una oficina, donde el diseñador al desconocer las formas de expresión e interpretación del mundo del “beneficiario”, lo sume ideológicamente. La influencia de la producción de vivienda en tres mecanismos de impacto ambiental: Salud (Cambio climático, impacto en la capa de ozono) Ecotoxicidad y Recursos Naturales, es una realidad escasamente atendida tanto por el sector empresarial como por el oficial. Estudios hechos por Bojórquez (2010) han mostrado que varios de los sistemas usados en la edificación local son altamente emisores de CO2 por lo que es necesario fomentar la investigación y la vinculación entre Instituciones de Educación Superior y de Investigación con organismos públicos y privados para desarrollar materiales y sistemas alternos acordes a las condiciones económicas de los futuros usuarios, capaces de mitigar las emisiones de GEI a partir de lo local.

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seco extremo. Tesis para obtener el grado de Doctor en Arquitectura. Universidad de Colima. Coquimatlán. Bojórquez, Inocente 2010 Ciclo de Vida y Propiedades Térmicas: Dos criterios de análisis de techos de Vivienda sostenible. En: Medio Ambiente Construido y Desarrollo sostenible. . La Habana: ISPJAE. 2010 Chinoy, Ely 200624 La sociedad: una introducción a la sociología. México: FCE. Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo 1987 Nuestro futuro común. Informe de la Comisión. < http://www.un.org/es/ Comisión para la Cooperación Ambiental>. 2008 Edificación sostenible en América del Norte: Oportunidades y Retos CONVENCIÓN MARCO PARA EL CAMBIO CLIMÁTICO 2015 Conferencia de las Partes, 21er período de sesiones. <https://drive.google.com/drive/ folders/0B3o1_QgTgqfQZHZGQk56a1Z0MG8>. Fajardo, Juan 2001 Karl Marx. Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844. <https:// www.marxists.org/espanol/m–e/1840s/manuscritos/>. H. PODER LEGISLATIVO. VIII LEGISLATURA CONSTITUCIONAL DEL EDO. LIBRE Y SOBERANO DE Q. ROO 1998 LEY DE ASENTAMIENTOS HUMANOS DEL ESTADO DE QUINTANA ROO. P.O., Chetumal. H. PODER LEGISLATIVO. XIII LEGISLATURA CONSTITUCIONAL DEL EDO. LIBRE Y SOBERANO DE Q. ROO 2012 LEY DE ASENTAMIENTOS HUMANOS DEL ESTADO DE QUINTANA ROO. P.O., Chetumal. H. PODER LEGISLATIVO. V LEGISLATURA CONSTITUCIONAL DEL EDO. LIBRE Y SOBERANO DE Q. ROO 2001 LEY DE EQUILIBRIO ECOLÓGICO Y LA PROTECCIÓN DEL AMBIENTE DEL ESTADO DE QUINTANA ROO. P.O., Chetumal. H. PODER LEGISLATIVO. XII LEGISLATURA CONSTITUCIONAL DEL EDO. LIBRE Y SOBERANO DE Q. ROO 2010 LEY DE EQUILIBRIO ECOLÓGICO Y LA PROTECCIÓN DEL AMBIENTE DEL ESTADO DE QUINTANA ROO. P.O., Chetumal. Macías Richard, Carlos 1997 Nueva Frontera Mexicana. Milicia, burocracia y ocupación territorial en Quintana Roo. Chetumal: CONACYT. UQROO. Meadows, Donella; Randers, Jorgen. y Meadows, Dennis 197212 Los Límites del Crecimiento. Buenos Aires: Editorial Aguilar. comun/docs/?symbol=A/42/427 [Accesado el día 12 de diciembre de 2012] Municipio de Aalborg 2004 Los Compromisos de Aalborg. <http://www.ccre.org/docs/Aalborg03_05_span.pdf>.

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ACERCAMIENTO AL ESTUDIO DE LA SUSTENTABILIDAD DE LA ACTIVIDAD CAÑERA EN QUINTANA ROO

Crucita Aurora Ken Marinée Guirado López Universidad de Quintana Roo, México

[Ketzalcalli 2|2014: 45–64]

Resumen: La actividad cañera en Quintana Roo es una de las actividades fundamentales en el Estado. Quintana Roo se ubica como el segundo productor más importante a nivel nacional, con un único ingenio denominado San Rafael de Pucté, el más productivo del Grupo Beta San Miguel, representando el 13.5% de la producción del país. Otro aspecto importante de este ingenio es el hecho que genera toda la energía eléctrica que requiere para su operación y los excedentes los vende a la Comisión Federal de Electricidad, así como a clientes industriales. Dicho ingenio pretende establecer proyectos de cogeneración en Quintana Roo. Sin embargo, aunque la industria cañera genera riqueza, esto no se refleja en las condiciones de calidad de vida de los trabajadores, los cuales enfrentan un grado de marginación alto. Palabras clave: Sustentibalidad, industria cañera, Quintana Roo

INTRODUCCIÓN La zona cañera del sur del estado de Quintana Roo es la actividad preponderante que genera derrama económica y por su competitividad, es considerada de alta prioridad estratégica para el Estado, por lo que su importancia socioeconómica y ambiental es de suma importancia. En participación económica es la segunda actividad económica más significativa, después del turismo. Desde el año 2012 la estrategia del gobierno ha sido lograr la sostenibilidad de las actividades importantes del estado, por lo que ya se incluyen aspectos de desarrollo sustentable en la agenda legislativa. Esto implica mayor participación ciudadana en los procesos de toma de decisiones concernientes a la mejora de los procesos de cultivo y uso de fertilizantes biológicos; la mejora en las condiciones de vida de los habitantes impulsando programas de agua, saneamiento y vivienda digna y decorosa para todos, en el impulso al crecimiento económico de la mano con la preservación de los recursos naturales.

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Se reconoce que la actividad agrícola es una de las principales responsables del deterioro medioambiental, ya que por su propia naturaleza demanda recursos naturales. El aumento de la producción agrícola a escalas industriales genera beneficios pero también costos como la extensión de fronteras agrícolas, el uso de fertilizantes y herbicidas tóxicos, la degradación del suelo generada por el sobrepastoreo y técnicas de producción no sostenibles, la contaminación del agua, emisiones de CO2 por el uso de equipo que funciona a base de hidrocarburos fósiles, entre otros. Es por eso que en este trabajo se aborda el tema ambiental como una de las prioridades en la actividad cañera ya que es importante para el estado y hay que ser consientes de los beneficios y costos que representa para la sociedad.

VOLUMEN

Y VALOR DE PRODUCCIÓN CAÑERA EN EL MUNICIPIO DE

OPB

La evolución que ha tenido la producción cañera en el periodo comprendido de 1990 al 2010 muestra que en el año 1998 aumenta su importancia aunque el porcentaje de cosecha fue de 76% de la superficie sembrada. Sin embargo en los siguientes años se ve una tendencia de un mayor porcentaje de superficie cosechada que ya para el 2010 corresponde al 100%.

Gráfica 1: Superficie sembrada y cosechada de la Caña de azúcar en Quintana Roo, 1990–2010 Fuente: Elaboración propia, a partir de datos tomados del Anuario estadístico de la producción agrícola 1990–2010.

Las superficie agrícola sembrada y cosechada en los años de 2009 y 2010 representa un poco más del 3% de la superficie nacional de este cultivo. De éste en el estado, la superficie de temporal representa más del 90% del total por lo que la superficie de riego apenas representa cerca del 10%. La tecnología utilizada en el cultivo de caña en Quintana Roo es incipiente, la maquinaria, equipo de cultivo y de cosecha, como el trasporte es viejo, lo que frena las condiciones de mejora, aunado a que los productores no cuentan con los recursos necesarios para asumir costos de equipamiento de riego que son de aproximadamente de $130, 000 por hectárea (Contreras y Meza 2012).

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La producción cañera en 2010 tuvo una recuperación importante, después de la crisis del 2009, donde pueden apreciarse las caídas importantes en la producción.

Gráfica 2: Producción total y valor de la producción de la Caña de azúcar en Quintana Roo, 1990–2010 Fuente: Elaboración propia, a partir de datos tomados del Anuario estadístico de la producción agrícola 1990–2010

Para la zafra 2010, la producción de caña fue de más de 1 300 000 has. Lo que corresponde a poco más de 880 millones de pesos. Se espera que para los siguientes años se supere el millón y medio de toneladas. Esto podría lograrse si se adecúan nuevos procesos de cultivo sostenible, como lo son, la siembra de especies más resistentes a las condiciones climáticas, uso de plaguicidas y herbicidas biológicos, sistemas de riego por aspersión, para disminuir la cantidad de agua utilizada en las plantaciones y así disminuir también los costos.

Gráfica 3: Rendimiento de la caña de azúcar en Quintana Roo 1990–2010 Fuente: Elaboración propia, a partir de datos tomados del Anuario estadístico de la producción agrícola

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1990–2010

En el periodo 1990–2010 el rendimiento de la producción fue constante, con algunas altas y bajas en 1995 y 1999, y la caída de 2009 que superó apena 40 toneladas por hectárea, sin embargo ya para 2010, se ve una recuperación bastante notable. El rendimiento en los últimos años, es mayor a 62 ton/ha, cercano al rendimiento que presenta el estado de Veracruz, el estado con el mayor número de ingenios. Quintana Roo no supera al estado de mayor rendimiento que es Puebla con 109.60 ton/ha. Sin embargo, el ingenio de San Rafael de Pucté es uno de los ingenios más importantes por su alta productividad.

Gráfico 4: Proporción del PIB en Q. Roo, del Total Nacional (2003–2010) Fuente: Elaboración propia, a partir de datos tomados de las cuentas Nacionales. (INEGI 2010)

Si se analiza la evolución de la participación del PIB del estado a nivel nacional, este ha representado entre el 1.37% y el 1.41% y ha tenido una tendencia positiva en el periodo comprendido de 2003–2010. Para el PIB del sector primario, de igual forma se observa una tendencia positiva y del 2009 al 2010 se puede observar una recuperación de poco más de 0.1%. Tómese en cuenta que en Quintana Roo la actividad preponderante es el turismo y por lo tanto la que genera mayor derrama económica, aun a pesar de lo anterior, la actividad agroindustrial es la segunda actividad productiva más importante. Este puede cobrar mayor fuerza en los años venideros si se aplica correctamente las estrategias del nuevo plan de gobierno 2011–2016 en la que integran fuertemente los aspectos de sostenibilidad.

NIVEL

SOCIOECONÓMICO DE LOS PRODUCTORES AGRICULTORES

El nivel socioeconómico de los productores cañeros, es bajo debido a las condiciones de pobreza y marginación en la que se encuentran, que se caracteriza con un nivel de escolaridad deficiente, incluso nula. Los agricultores provienen de los estados de Veracruz, Chiapas y Tabasco. En un inicio, estos inmigrantes sembraron los cultivos que conocían en sus estados de origen, los cuales eran para un clima y suelos completamente diferentes. La caña de azúcar ofreció una oportunidad adecuada para la producción.

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Tabla 1: Proporción del PIB y el PIB del sector primario en Quintana Roo del total nacional Año

Proporción del PIB en Q.Roo, del Total Nacional

Proporción del PIB del sector Primario, del Total Nacional

2003

1.37%

0.338%

2004

1.37%

0.327%

2005

1.43%

0.419%

2006

1.42%

0.416%

2007

1.45%

0.321%

2008

1.42%

0.250%

2009p/

1.44%

0.313%

2010

1.41%

0.430%

Fuente: Elaboración propia a partir de datos obtenidos de las cuentas nacionales del INEGI 2010

Hoy, la producción de azúcar dentro de las actividades productivas del sector agroindustrial en el estado de Quintana Roo, es la de mayor importancia por su participación en la generación de empleos y la derrama económica que genera. Debido a esto se identificó la necesidad de apoyar a esta producción para mejorarla y fortalecerla naciendo así la idea de efectuar un foro azucarero, donde se integraran las ideas y esfuerzos de productores de caña, técnicos, industriales, especialista en el cultivo y dependencias del sector oficial de los tres niveles de gobierno. En este foro se dieron a conocer innovaciones tecnológicas, maquinaria, nuevas variedades y fórmulas de fertilizantes (SAGARPA 2012) que llevará a un mejor y mayor aprovechamiento de la producción.

IMPORTANCIA

POLÍTICA

La industria cañera en el estado recibe apoyos de las tres órdenes de gobierno. Por su importancia económica, dicha actividad se ha convertido en un eslabón productivo de relevancia. Los productores están afiliados a los programas de Gobierno Federal, como la Alianza para el Campo o Alianza Contigo, lo que les ha permitido acceder a determinados apoyos para la realización de estudios y diagnósticos de fertilidad de los suelos, la experimentación e implementación de controles biológicos de plagas y enfermedades (como el uso del hongo metazirum), así como para la adquisición de maquinaria e instrumentos para mejorar sus niveles de producción y cosecha. Para el caso de apoyos para la capacitación y asistencia técnica, se conocen programas como el SINDER (Sistema Nacional de Capacitación y Extensión Rural Integral), PEAT (Programa Elemental de Asistencia Técnica), PESPRO (Programa de Extensionismo y Servicios Profesionales) y actualmente el PRODESCA (Programa de Desarrollo de Capacidades en el Medio Rural) que tienen impacto, de algún modo, en la zona en cuestiones de

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diagnósticos, proyectos y demás servicios para el desarrollo de capacidades del capital humano. Sin embargo la baja o nula escolaridad de los dirigentes de los productores, así como de los que integran la administración de las organizaciones campesinas, dan cuenta de lo poco que se puede lograr en pro de un mayor bienestar para los actores que integran la cadena productiva, ya que dichos líderes solo buscan un beneficio económico personal y la simpatía del gobierno estatal para trascender en la política local (Contreras y Meza 2012). La siembra de caña de azúcar cuenta con apoyo institucional por el alto potencial que presenta para desarrollar una industria estatal de bio–energéticos. Esta situación en esencia tiene una alta probabilidad de una expansión acelerada de la superficie de siembra, sin embargo, consecuentemente llevará a una degradación de los frágiles ecosistemas tropicales del estado. La política agrícola alrededor del mundo ha diseñado programas más orientados al mercado y a la provisión de bienes públicos (desarrollo de infraestructura, sustentabilidad, sanidades, investigación y desarrollo, información–entre otros aspectos) en lugar de apoyar bienes privados y/o programas de apoyo al ingreso (SAGARPA 2010: 92).

ASPECTOS

AMBIENTALES

Existe evidencia empírica de la presencia de metales pesados en el Rio Hondo y Bahía de Chetumal por la utilización de agroquímicos en los campos cañeros de Belice y el municipio de Othón P. Blanco. Álvarez (2001) ha realizado desde 1993 estudios de los diferentes niveles y distribución de algunos contaminantes en sedimentos y en organismos bentónicos que podrían servir como bio–indicadores en el monitoreo de la calidad del agua. El CIQRO en 1994–1995, con la colaboración de la 11ª Zona Naval Militar, realizó estudios para evaluar los niveles de plaguicidas organoclorados en sedimentos de las principales afluentes de México y Belice que desembocan al Rio Hondo, considerando para ello 14 sitios desde la Unión hasta la desembocadura del Río Hondo en la bahía. Se determinó una alta concentración de hexaclorociclohexano (HCH) y sus isómeros, heptacloro epóxico, p,p–DDD (producto de la descomposición de DDT) y ensosulfan sulfato, todos considerados de uso restringido o prohibido en el Catálogo Oficial de Plaguicidas. Los niveles más altos se detectaron principalmente en sitios cercanos al Ingenio de San Rafael de Pucté y en la desembocadura del río Fondo en la bahía de Chetumal. Para Junio de 1996 hubo en la bahía una muerte masiva de bagres por la presencia de metales pesados, pero en niveles inferiores a los reportados en otras partes del mundo. En un estudio del 2004 hecho por Noreña Barroso E., R. Simá Álvarez, G. Gold Bouchot, y O. Zapata Pérez, en la Bahía de Chetumal, se observó la presencia de lesiones histológicas en variosórganos del pez gato (Ariopsis assimilis). Esto como posible resultado de la exposición a contaminantes orgánicos, ya que sus concentraciones son considerados altas en comparación con los niveles reportados para sitios afectados en donde se encontró una alta prevalencia de alteraciones celulares en hígado, incluyendo tumores los cuales están asociados estadísticamente a compuestos organoclorados (Rendón 2007). La contaminación del aire no debe dejarse de lado, pues las actividades agrícolas generan grandes emisiones de CO2 a la atmósfera, desde la quema hasta el uso de combustibles a base de hidrocarburos para el funcionamiento de las maquinarias y los equipos que se utilizan para los procesos.

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La población de Javier Rojo Gómez es la más afectada en temporada de zafras, ya que el bagacillo que se expulsa derivado de la quema del bagazo para la producción de energía, es molesto. Las calles se tapizan de las cenizas de éste. Algunos lugareños hacen mención que incluso la pintura de los vehículos se ve afectada, esto aunado a los fuertes olores que emanan de la fábrica. Se promueve en 2007, mediante la Ley de Promoción y Desarrollo de los Bio– energéticos aprobada por la Cámara de Senadores en abril, la producción de etanol y la cogeneración de energía que se define como la producción secuencial de energía eléctrica y/o mecánica y de energía térmica aprovechable en los procesos industriales a partir de una misma fuente de energía primaria y es hoy una alternativa como método de conservación de energía para la industria, acorde con las políticas de globalización económica regional y a la política internacional orientada a lograr un desarrollo sustentable.

DESARROLLO RURAL SOSTENIBLE

Y LA ACTIVIDAD CAÑERA

Por la naturaleza misma de la actividad cañera es primordial que lo analicemos desde el marco del desarrollo rural y sustentable. Es importante impulsar la actividad económica, conservando el medio ambiente y que a su vez garantizar un nivel de vida para los que participan de dicha actividad y que exista una interacción con los órganos institucionales. El desarrollo rural sostenible, comparte las mismas premisas del Desarrollo Sustentable al hacer énfasis en el uso racional de los recursos naturales, ya que estos son parte fundamental de cualquier estrategia de desarrollo económico y social. Para Toledo, et al, (2002) no se puede imaginar lo rural de forma independiente del universo urbano e industrial, pues su carácter funcional se articula en los tres universos (el natural, el rural y el urbano industrial), ya que de la dinámica de interacción de estas tres ámbitos puede visualizarse la relación del ser humano con la naturaleza, desde la producción primaria cuyos insumos sirven de materia prima en la producción manufacturera y/o industrial y que luego son consumidos principalmente en los centros urbanos. El desarrollo rural sostenible está logrando cambios en la práctica agrícola en muchos países. En este sentido Kay (1996) señala que con la reconversión se pretende adaptar la agricultura tradicional para insertarla al dinámico mercado internacional al exponer el caso particular de Chile. Por su parte Solleiro, et al, (1996) plantean que el sector agropecuario requiere de nuevas tecnologías para aumentar la productividad y preservar el ambiente. “El desarrollo rural es un concepto ligado de origen a la producción agroalimentaria, pero que también involucra los diversos procesos económicos que tienen lugar en el territorio natural (no urbanizado). El concepto se basa en el uso de los recursos naturales en la generación de bienes y servicios pensados para beneficio de la sociedad” (Zatarain 2008). La agricultura es aún una actividad importante por su articulación con la producción industrial y a través de ésta, por el papel que juega en la sociedad. No es casualidad que hoy se esté retomando la importancia de la seguridad alimenticia, aspecto que es relevante para impulsar el desarrollo rural. Asociar lo rural con las actividades primarias, principalmente la agricultura era lo más común hace décadas, pero recientemente la dinámica económica de la población rural ha cambiado. Sepúlveda (2008) menciona que a partir de esa diversificación, interactuando a la par con el crecimiento de los centros urbanos y el crecimiento de la demanda de los servicios que ofrece el medio rural (para recreación o residencia), han variado la relación del campo y la ciudad, provocando una tendencia a que se establezcan centros urbanos en

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el medio rural. Se da así un acercamiento de lo urbano y lo rural; a partir del desarrollo de las comunidades, se da una transformación en la calidad de vida y en los valores asociados a lo rural. Schejtman, et al,(2004) rescata la importancia de los vínculos urbano– rulares al incluir la importancia de los vínculos con mercados dinámicos, la innovación tecnológica, exigencias de reformas institucionales, descentralización y gobierno local, importancia de la concertación social, intersectorial y público–privada. También existe un enfoque agroambiental adoptado en la Unión Europea en donde su política agroambiental supone medidas que promueven mejoras en el comportamiento ambiental de las explotaciones agrarias (Espinosa, et al 2009). Estos constan de la elaboración de contratos a 5 años para recibir subsidios por la adopción de éstas medidas, lo que condiciona al agricultor a cambiar sus métodos de cultivo, orientándolos a una agricultura extensiva en lugar de una intensiva, si dado el contrato no se cumplen los compromisos, se procede a una multa. Este esquema permite concientizar a los agricultores y motivar la innovación en los procesos de producción a fin de que sean más sostenibles. En la zona cañera–del municipio de Othón P. Blanco, se están tomando medidas para mitigar el impacto ambiental. Desde la utilización natural del hongo metarhizium para el combate de la mosca pinta y control de la maleza, lo que permite a los agricultores aminorar costos por consumo de agroquímicos. Se lleva a cabo un control biológico de plagas, mediante la utilización de la avispa trichogramma para el combate del gusano barrenador. Sin embargo, el mayor impacto que tendrían éstas medidas sería que los agricultores en su mayoría las adoptaran, pudiendo acceder a subsidios del gobierno por sus buenas prácticas o en su caso las multas por no ser cumplidas. Lo que permitiría al gobierno destinar los recursos de manera más segura mediante los contratos establecidos ya en la Unión Europea. Reflejando este marco sustentable de la agricultura, en México entra en vigor la Ley de Desarrollo Rural Sustentable a partir de Diciembre de 2001 en donde se enmarca que ”se considera de interés público el desarrollo rural sustentable que incluye la planeación y organización de la producción agropecuaria, su industrialización y comercialización, y de los demás bienes y servicios, y todas aquellas acciones tendientes a la elevación de la calidad de vida de la población rural” Art. 1 del DOF (2011). En el Artículo 4° se mencionan los elementos del enfoque territorial del desarrollo rural sostenible, lo cual señala que “para lograr el desarrollo rural sustentable el Estado, con el concurso de los diversos agentes organizados impulsará un proceso de transformación social y económica que reconozca la vulnerabilidad del sector y conduzca al mejoramiento sostenido y sustentable de las condiciones de vida de la población rural”. Esta Ley también impulsa el uso óptimo, la conservación y el mejoramiento de los recursos naturales y se orienta a la diversificación de la actividad productiva en el campo, incluida la no agrícola. Asimismo propone elevar la productividad, la rentabilidad, la competitividad, el ingreso y el empleo de la población rural (DOF 2011). Esta ley se adopta como una condición que motiva la integralidad de las políticas de desarrollo rural, la planificación del Desarrollo Rural Sostenible al promover la formulación de programas a nivel municipal, regional o cuenca. Con todo lo anteriormente es importancia notar que la agricultura, como actividad económica, tiene el desafío imperante de la lucha contra la crisis alimentaria y la pobreza. Pero también es uno de los responsables del deterioro medioambiental, las prácticas tradicionales, el sobre pastoreo, la agricultura intensiva y de lo que de ella se deriva. El Desarrollo Sustentable tiene prioridad en la aplicación de medidas que garanticen una

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agricultura más equilibrada, más eficiente y sobre todo más consciente de la conservación del entorno, porque demanda, por su naturaleza, recursos naturales. El concepto de Agricultura y Desarrollo Rural Sostenible (ADRS) surgió en 1990, esto para dar más atención a las cuestiones de sostenibilidad en los procesos agrícola y rural. Desde la Cumbre para la Tierra +5 de 1997, diversos enfoques que tratan de aplicar partes del programa de la ADRS están siendo incorporados por la FAO y otras agencias de desarrollo. Hoy, la ADRS es vista como un paradigma para el desarrollo rural sostenible e integral. “La agricultura y el desarrollo rural sostenibles propusieron una nueva visión: un sector agrícola que no sólo garantice la seguridad alimentaria mediante una mayor producción, sino también que ayude a las personas del campo a satisfacer sus aspiraciones socioeconómicas y culturales y que proteja y conserve la base de recursos naturales para atender las necesidades futuras” (FAO, 2001). Es preciso que la agricultura adopte métodos de producción más sostenible, para que puedan mitigar los efectos negativos sobre el medio ambiente. Por ejemplo almacenando carbono en los suelos, mejorando la filtración del agua y conservando los paisajes rurales y la biodiversidad. También podría implementar políticas que pongan de manifiesto los aspectos para la preservación del medio ambiente, en lo económico se podrían crear nuevas tecnologías que ayuden a los tratamientos de aguas residuales, en lo ambiental mitigar el impacto de los compuestos tóxicos de los plaguicidas, herbicidas y fertilizantes, por la utilización de otros de origen natural o menos tóxico. En lo social, es necesario que la sociedad haga conciencia y participe más continuamente en programas de conservación. El cambio comienza por cada persona y lo que se deje a las generaciones siguientes es responsabilidad de toda la población humana ahora. Formalmente, la agricultura sostenible puede ser ubicada entre la agricultura productivista y la denominada agricultura ecológica, y puede definirse como un sistema integrado de prácticas de producción agrícola, cuya aplicación es dependiente de los ambientes o localidades, que a largo plazo pueda satisfacer las necesidades de alimentos y fibras de la población mediante la utilización eficiente de insumos y tecnologías agrarias, sin comprometer la conservación de los recursos naturales, la calidad del medio ambiente y la competitividad de los productos en precios y calidades que requiere el comercio internacional (Jiménez 2002). EL objetivo que tienen las medidas agroambientales, son la protección y conservación o mejora del suelo, la adopción de sistemas de explotación favorables para el medio ambiente, como la agricultura de conservación o la agricultura ecológica (SoCo 2009). Estas medidas han demostrado ser eficaces para mejorar las condiciones del suelo en Europa, medidas tomadas en 2001 por iniciativa del gobierno y la participación de los agricultores han dado resultados positivos para mitigar los efectos negativos de la agricultura intensiva. Esto es un claro ejemplo de cómo proveer las ayudas a los agricultores, sobre resultados claros en la adopción de medidas agroambientales.

METODOLOGÍA: COMPONENTES

DEL DESARROLLO RURAL SOSTENIBLE

EN LA PRODUCCIÓN CAÑERA

En el marco de la Agricultura Sostenible y el Desarrollo Rural se tienen cuatro áreas temáticas, desarrolladas en un inicio en la conferencia de Den Bosch sobre la agricultura y el ambiente en Holanda del 15 al 19 de Abril de 1991 y después incorporadas como el capítulo 14 de la Agenda 21. Este se ocupa de diversos aspectos, dentro de los cuales están los estudio de la política agrícola; garantizar la participación popular y promover el desarrollo

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de los recursos humanos para la agricultura sostenible; mejorar la producción agrícola y los sistemas de cultivo; la planificación de los recursos agrarios e información y educación para la agricultura; conservación y rehabilitación de tierras, entre otros. La importancia de enfocarnos en los diferentes componentes (dimensiones) del Desarrollo Rural Sostenible radica en que derivado del análisis de cada componente se desarrollan los indicadores que sirven para determinar en qué grado de sostenibilidad se encuentra la actividad cañera en Quintana Roo. Sepúlveda (2008) menciona que la unidad de análisis es el territorio donde se implementan las estrategias y las limitantes responsables de los desequilibrios espaciales y que está condicionada según las necesidades del usuario o grupo de usuarios. La visión multidimensional del desarrollo sustentable toma en cuenta los diversos componentes que conforman el sistema territorial, en la dimensión económica destaca el elemento de la competitividad. En la dimensión sociocultural, el elemento de la equidad y el respeto por la diversidad es fundamental. En la dimensión ambiental se enfatiza el concepto de administración y gestión de recursos naturales, y en la dimensión político institucional se incluye el elemento de la gobernabilidad democrática y la promoción de las capacidades ciudadanas. Los componentes que a continuación se exponen, son tomados en cuenta desde el enfoque territorial del DRS promovido por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA). Cada componente se desglosó en indicadores que permitieron analizar cada dimensión, estas fueron la base para las estimaciones del grado de sustentabilidad.

COMPONENTE

SOCIOCULTURAL

El ser humano se encuentra en el centro del desarrollo sustentable, así como también, su organización social, cultura, modos de producción y patrones de consumo. Es aquí donde se forma un proceso de fortalecimiento de sujetos, grupos y organizaciones que puedan constituirse como actores sociales y consolidarse como tales, de ahí que la equidad destaque como uno de los objetivos primordiales para el desarrollo. Tabla 2: Indicadores del componente sociocultural Variables e Indicadores del componente sociocultural Bienestar social

S1.1 Educación S 1.2 Salud S 1.3 Viviendas con todos los servicios básicos S 1.4 Carreteras y vialidad S 1.4.1 calidad de las carreteras y vialidades S 1.4.2 Provisión de banquetas y vías seguras para los peatones y ciclistas por parte del gobierno S 1.5 Eventos culturales S.1.6 Reuniones con autoridades de gobierno y líderes de la actividad cañera

Fuente: Elaboración propia basado en Sepúlveda (2008)

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COMPONENTE

ECONÓMICO

Esta dimensión se relaciona con la capacidad productiva y el potencial económico de los territorios para generar los bienes y riquezas necesarios para el presente y futuro de sus habitantes. Aquí se reconoce la importancia del trabajo conjunto de todos los sectores productivos. Esto para vincular las actividades primarias con actividades propias del procesamiento y comercio de productos finales, todo esto en un marco de uso sostenible de los recursos naturales. De aquí que se promueva la creación de cadenas agroalimentarias y clusters que permitan enlazar las actividades primarias a las actividades intermedias para así pasar de una actividad sectorial a una territorial. De esta manera se logra la competitividad, aspecto fundamental que propicia el desarrollo de una economía territorial y así erradicar la pobreza, a través de la distribución equitativa de los beneficios del desarrollo. Tabla 3: Indicadores del componente económico Variables e Indicadores del componente económico

Dimensión Económica

E 1.1 Ingreso derivado de la producción cañera E1.1.1 nivel de ingresos mensuales derivados de la cosecha E1.1.2 nivel de ingresos derivados de la actividad cañera incluyendo apoyos de gobierno y subsidios E1.1.3 nivel de cobertura de ingresos por la producción de caña de todos sus gastos en, alimento, transporte y pago de servicios E 1.2 Acceso a la canasta básica E 1.3 Precios por tonelada de caña E 1.4 Precio de los insumos para la producción cañera E 1.5 Intereses del crédito

Fuente: Elaboración propia a partir de indicadores sugeridos por Sepúlveda(2008)

COMPONENTE

AMBIENTAL

Todos los componentes son importantes, pero el aspecto ambiental es de gran relevancia ya que aquí se reconoce al ambiente como base para la vida y por lo tanto como fundamento para el desarrollo. Se reconoce al ser humano como parte integral del medio ambiente y en especial se pone atención a los efectos negativos y positivos que tienen sobre el medio ambiente y de igual forma en cómo la naturaleza afecta a los seres humanos. La incorporación del medio ambiente en las estrategias de desarrollo, surgen de la necesidad de conservar los recursos naturales y tratar de recuperar aquellos que han sido degradados por las actividades hechas por el hombre. La degradación de los suelos resulta por la extensión de la frontera agrícola para la intensificación de dicha actividad y el sobre pastoreo. México ha logrado entrar a este nuevo esquema de presión–estado–respuesta (PER) propuesto por la OCDE y en el 2009 este conjunto básico compila los indicadores de des-

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empeño ambiental nacional y representa la base del Sistema Nacional de Indicadores Ambientales (SNIA). Este sistema está constituido por alrededor de 120 indicadores que describen con cierta amplitud, las tendencia de cambio y la situación actual del medio ambiente y los recursos naturales del país, así como las presiones que los amenazan y las respuestas institucionales que atienden su problemática. Los indicadores de este conjunto se encuentran permanentemente actualizados y cubren ocho temas básicos: atmósfera, agua, suelo, residuos peligrosos, residuos sólidos municipales, biodiversidad, entre otros. Propios de la actividad cañera es el uso de fertilizantes, herbicidas y pesticidas, así como el proceso de roza, tumba y quema, uso de maquinaria que degrada los suelos, el proceso de elaboración del azúcar que expulsa al aire bagacillo y se traduce en contaminación, porcentaje de las tierras destinadas a la agricultura, ganadería, entre otros, son algunos ejemplos de aspectos que pueden ser incluidos en esta dimensión. Tabla 4: Indicadores ambientales Variables e Indicadores del componente ambiental A 1.1 Calidad del Aire A 1.1.1 contaminación del aire A 1.1.2 uso de leña para cocinar A 1.2 Calidad del agua A 1.2.1 contaminación del agua A 1.2.2 aprovechamiento del agua de lluvia A 1.2.3 medidas de reducir del consumo de agua y de su contaminación A 1.2.4 atención de las fugas de agua y mantenimiento de las tuberías A 1.3 Calidad del suelo A 1.3.1contaminación del suelo A 1.3.2 utilización de fertilizantes orgánicos para la agricultura A 1.3.3 grado de interés en aplicar medidas ambientales para reducir el impacto ambiental A 1.3.4 elaboración de compostas A 1.3.5 grado de interés del gobierno municipal en realizar acciones para la retención y recuperación de suelos A 1.3.6 quema de basura A 1.4 Educación ambiental A 1.5 Aplicación de medidas ambientales en la producción cañera A 1.5.1 frecuencia de aplicación de medidas ambientales A 1.5.2 frecuencia de acciones para reducir el consumo de electricidad para la producción de la caña A 1.6 Frecuencia de problemas de salud por contacto con componentes químicos utilizados en la producción cañera Fuente: Elaboración propia a partir de indicadores sugeridos por Sepúlveda(2008)

Aquí se encuentra todo lo concerniente al medio ambiente y cómo afectan las actividades humanas al entorno medioambiental. En esta lista de indicadores se encuentran algunos de los que se utilizan para estimar el nivel de sostenibilidad ambiental. El consumo de agroquímicos es

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uno de los principales contaminantes para el suelo y el agua, entre otros y las partículas de CO2 emitidas por los vehículos y la maquinaria que son utilizadas para las actividades productivas.

COMPONENTE

INSTITUCIONAL

Desde el enfoque territorial del desarrollo rural sostenible se tiene como prioridad la gobernabilidad democrática y la participación ciudadana. La democracia hace posible la reorientación del sendero de desarrollo y por lo tanto, la reasignación de los recursos, permitiendo así su redistribución entre las diferentes actividades y grupos sociales. Las políticas públicas también apuntan a proporcionar orientaciones estratégicas que potencian los instrumentos tradicionales del desarrollo rural y sectorial (Pujades,1999). Se busca que la agenda política de desarrollo rural genere una única economía en un único territorio, superando las brechas entre grupos sociales y entre regiones y territorios. Los elementos en que se apoya esta dimensión son el fortalecimiento institucional, la participación ciudadana en los procesos de decisión y la autonomía administrativa de los gobiernos locales y de las comunidades. Todo esto bajo el amparo de la transparencia y el predominio de valores que apoyen los procesos democráticos. Tabla 5: Indicadores político institucionales Variable e indicadores del componente político institucional PI 1.1 nivel de gasto del gobierno federal en la producción de la caña PI 1.2 nivel de gasto del gobierno estatal en la producción de la caña PI 1.3 nivel de gasto del gobierno municipal en la producción de la caña PI 1.4 grado de información por parte de la comunidad cañera a las autoridades de gobierno PI 1.5 Relevancia de la opinión de la comunidad cañera en los proyectos del Gobierno Federal PI 1.6 Relevancia de la opinión de la comunidad cañera en los proyectos del Gobierno Estatal PI 1.7 Relevancia de la opinión de la comunidad cañera en los proyectos del Gobierno Municipal PI 1.7.1 grado de relevancia PI 1.7.2 grado de participación de los jóvenes en la vida y las decisiones políticas con respecto a la actividad cañera PI 1.8 Grado de participación de la comunidad cañera en los foros locales, nacionales e internacionales de la caña Fuente: Elaboración propia

El IICA ha trabajado en fortalecer el marco conceptual, metodológico y operativo en lo referente al desarrollo rural sostenible junto con la Deutsche Gesellschaft für Technische Zusammenarbeit (Cooperación Técnica Alemana) o GTZ que está especializada en la cooperación técnica para el Desarrollo Sustentable en todo el mundo. El análisis integral de estos componentes se toma de Sergio Sepúlveda (2008) al ser quien presenta un instrumento gráfico capaz de mostrar el valor de los indicadores individuales representados en las variables que son parte de una de las cuatro dimensiones, ya antes expuestas..

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Este instrumento está conformado por el Biograma que muestra la imagen del estado de un sistema y permite hacer estudios comparativos de las distintas unidades de análisis en determinado periodo. Cada indicador seleccionado representa un eje, dependiendo del número de indicadores será el número de ejes, cada indicador individual varía entre el nivel mínimo de desempeño, representado con el valor de 1, y el nivel máximo, representado con el valor de 5. Es así como se tiene una visualización inmediata de las variables que desequilibran al sistema y de esta manera se puedan adoptar políticas específicas para la dimensión que lo requiera.

EVALUACIÓN DEL GRADO DE OTHÓN P. BLANCO

DE SOSTENIBILIDAD DE LA ACTIVIDAD CAÑERA EN EL MUNICIPIO

Se recabó datos sobre las dimensiones mediante la aplicación de cuarenta encuestas en la región cañera de Quintana Roo, a fin de hacer la evaluación desde la percepción de los habitantes o personas clave que participan directamente en esta actividad productiva. Ya vaciados los datos de las encuestas, y realizando una clasificación y estructuración de la información, se han podido reportar el nivel de sustentabilidad con el que se practica la actividad cañera en este territorio. Tabla 6: Dimensión socio–cultural, económica, ambiental y político–institucional de la actividad cañera en Quintana Roo, 2013 Dimensión Dimensión Dimensión Dimensión Percepción Percepción Percepción Político In- Percepción Social Económica Ambiental stitucional S.1.1

4

E 1.1.1

4

A 1.1.1

5

PI 1.1

3

S.1.2

3

E.1.1.2

4

A.1.1.2

5

PI 1.2

2

S.1.3

5

E.1.1.3

5

A 1.2.1

4

PI 1.3

1

S.1.4.1

4

E.1.2

5

A.1.2.2

1

PI 1.4

5

S.1.4.2

1

E.1.3

2

A.1.2.3

5

PI 1.5

4

S 1.5

3

E.1.4

1

A.1.2.4

5

PI 1.6

5

S 1.6

5

E.1.5

4

A 1.3.1

4

PI 1.7.1

1

A.1.3.2

4

PI 1.7.2

2

A.1.3.3

5

PI 1.8

5

A.1.3.4

5

A.1.3.5

1

A.1.3.6

5

A 1.4

5

A 1.5.1

5

A.1.5.2

5

A 1.6

5

Fuente: elaboración propia, resultado de encuestas realizadas a productores, líderes cañeros, líderes de la comunidad y personal de Ingenio San Rafael de Pucté, 2013

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Como podrá observarse, en la primera y segunda dimensión se consideraron 7 indicadores. En cuanto a la tercera dimensión, se consideraron 16 y finalmente, en la cuarta dimensión se tomaron 9 indicadores. En la dimensión social el indicador S1.4.2 es el de menor desempeño, mientras que el S. 1.3 y S.1.5 son los de desempeño máximo. Igualmente en la dimensión económica, 2 indicadores obtienen la máxima evaluación y 1 la mínima. En la dimensión ambiental 11 de las 16 variables obtienen una evaluación óptima y solamente 2 reciben evaluaciones mínimas. Por su parte, la dimensión político institucional únicamente 3 variables son evaluados con el valor de 5 y dos variables con el valor mínimo. Con estas cantidades de indicadores por dimensión, es posible hacer una representación del biograma integrado con todas las dimensiones, como se observará en el gráfico 6.

Percepción

Gráfico 5: Biograma de las dimensiones socio–cultural, económica, ambiental y político– institucional de la actividad cañera en Quintana Roo, 2013 Fuente: Elaboración propia

De la gráfica se interpreta que la dimensión social–cultural tiene puntos extremos en los indicadores S.1.3 (vivienda con servicios básicos) y el S.1.6 (reuniones de gobierno con líderes del sector) que expresan alta bienestar social en esos aspectos. Sin embargo, el indicador S.1.4.2 (banquetas y vías seguras para peatones y ciclistas) refiere a un nivel demasiado rezagado que afecta el aspecto social. En cuanto a la dimensión económica se puede interpretar que casi todos los niveles de sus indicadores son altos, es decir, dicha actividad se considera rentable económicamente aunque el indicador E.1.4 (precios de

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los insumos) es el único que refleja el descontento generalizado de los actores clave del sector. Sobre la dimensión ambiental (A1.1 a A 1.6) solamente dos indicadores se encuentran en el área de rezago a un nivel substancial. Podría decirse que hay un fuerte sentimiento de sustentabilidad ambiental. Por último, la cuarta dimensión, la político– institucional (PI), presenta 5 indicadores con bajo nivel de calidad en la percepción, dos de ellos están en el área de rezago cercana a cero, son los indicadores PI.1.3 (gasto de gobierno municipal en la producción de caña) y PI 1.7.1 (relevancia de la opinión de la comunidad en proyectos del gobierno municipal), los demás indicadores que son cuatro se encuentran favorables, lo cual significa que se mantienen un nivele aceptable. En lo que sigue hacemos una evaluación del desempeño de las variables según su dimensión. Evaluación social Se puede apreciar que el indicador de S.1.4.2 que se refiere a la preocupación del gobierno por proveer de banquetas y vías seguras para peatones y ciclistas tiene un nivel muy bajo. Esto se debe a que la percepción de la gente sobre éste tema es mala. A nivel intermedio, con el valor de 3, se encuentran los indicadores S.1.2 y S.1.5, referentes a la calidad en centros de salud y la existencia de eventos culturales, por lo que la percepción es regular. Finalmente dos indicadores, S.1.3 y S.1.6, tienen una buena percepción con respecto a las viviendas con servicios básicos y las reuniones que se tienen entre autoridades de gobierno y los líderes del sector para resolver problemas de la actividad cañera. Esto se puede interpretar como que el desarrollo social se está fortaleciendo, tomando en cuenta que debe prestarse mayor atención a aspectos como la salud, los culturales y al tema de vialidades. De forma general la percepción fue que la dimensión social–cultural debe fortalecerse más con políticas sociales que atiendan los problemas de salud y dotación de vialidades dignas que al mismo tiempo permitirán la dinamización de otras actividades económicas que impulsen una mejor calidad de vida para los pobladores de las comunidades cañeras en el municipio. Evaluación económica Cinco de los 7 indicadores se encuentran en un nivel de percepción buena, sin embargo los indicadores E 1.3 y E 1.4, que se refieren al precio que se paga por tonelada de caña y al precio de los insumos para su producción, se encuentra en un nivel muy bajo. Es decir, que la mayoría de los actores clave perciben que los ingresos derivados de la caña no les permiten en su mayoría acceder a los productos básicos y servicios necesarios para tener un nivel de vida estable. La percepción de los actores clave del sector con respecto a temas económicos es buena, salvo en los aspectos que se refieren a los precios que se paga por tonelada de caña y el excesivo costo de los insumos, lo que no permite elevar la calidad de vida de dichos actores al solo permitirles mantener una estabilidad económica sin poder acceder a mejores condiciones. Evaluación ambiental Uno de las dimensiones más importantes es la ambiental, dado que la actividad cañera se considera como contaminante. Catorce de los 16 indicadores se encuentran en niveles de apreciación óptima, salvo los indicadores A 1.2.2 y A 1.3.5 que son catalogados con niveles bajos y que se refieren al aprovechamiento del agua de lluvia y el interés del gobierno para realizar acciones para la retención y recuperación de suelos que está causando la descontaminación de suelos. En general, la dimensión ambiental se encuentra en niveles

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cercanos al óptimo, lo que vislumbra un cambio hacia acciones dirigidas a preservar la calidad ambiental en los procesos de producción e industrialización de la caña de azúcar. El tema del aprovechamiento del agua aún sigue siendo un tema al cual deben centrarse las acciones del gobierno, por ser un tema de relevancia y especial cuidado, siendo que la actividad agrícola es la que más demanda este bien, así como las acciones para retener y recuperar los suelos y en especial la descontaminación de éstos. Evaluación político–institucional Muchos de los asuntos discutidos en este estudio recaen en el papel del Estado. Esta dimensión se acerca a este tema según la percepción de los actores claves. Con respecto a la percepción política institucionales este fue regular, siendo que los aspectos que atañen al gasto del gobierno municipal en la producción cañera y a los proyectos del gobierno municipal, así como el gasto del gobierno estatal en dicha actividad y espacios para los jóvenes en la vida y decisiones políticas de ésta actividad es deficiente. Por el contrario se muestra una percepción óptima en temas como la entrega de información por parte de los cañeros al gobierno (PI 1.4), la relevancia de la opinión de la comunidad cañera en proyectos del gobierno estatal (PI 1.6) y la participación de dicha comunidad en foros locales, nacionales e internacionales (PI 1.8). En este tema se notó la necesidad de impulsar temas como la participación de los jóvenes en la vida y decisiones políticas de la actividad cañera así como en lo referente al tema del gasto del gobierno municipal y las acciones que deben implementarse para concretar proyectos a éste nivel municipal deben mejorar. El gobierno estatal y municipal deben tomar acciones que permitan fortalecer el carácter político–institucional de la microrregión cañera comprendida por 22 localidades y en donde se desarrolla la actividad agrícola más importante del estado.

CONCLUSIONES Habiendo terminado con el análisis y evaluación de los indicadores de percepción sobre los aspectos socio–culturales, económicos, ambientales y político–institucionales, se puede decir que la actividad cañera en el municipio considerada como la actividad principal en el sector agrícola del estado de Quintana Roo, requiere una mayor atención en implementación de programas sociales sectoriales y específicos para atender la problemática de pobreza en la región. Asimismo hace falta que la población sea más participativa de forma ciudadana para ampliar el impacto de los beneficios de dicha actividad. Cabe señalar, que en el panorama de la agroindustria azucarera, los datos indican que la actividad, en el aspecto económico, va en crecimiento y es rentable, sin embargo, los costos de producción, a pesar de ir incrementando, están siendo abatidos con mejores prácticas desde la perspectiva ambiental, es decir, mejores técnicas de fertilización, aprovechamiento de los desechos, y creación de otras fuentes de ingresos y trabajos por medio del biocombustible. Coincide con la percepción, salvo que desde el punto de vista social y económico, la actividad resulta rentable solo para un sector de la población, para aquellos grandes productores con mejor infraestructura en sistemas de riego y maquinarias, mientras que para la mayoría de los pequeños productores la realidad es apenas una economía de subsistencia. Si bien la actividad cañera es la actividad agrícola más importante del sector primario en Quintana Roo, es una realidad que el mercado mundial del azúcar va en declive, sin embargo la producción de caña de azúcar puede dirigirse a otros mercados más promete-

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dores como la cogeneración de energía, producción de biocombustibles, biofertilizantes y etanol. Esto permitiría una mayor dinamización al sector y un crecimiento con miras a fortalecerse en los próximos años. En lo ambiental se han hecho grandes avances, desde el proceso de producción que permiten prescindir del método tradicional de roza, tumba y quema, a nutrir los suelos con el mismo material orgánico proveniente de las puntas que quedan del corte de la caña, acciones como el combate de plagas con control biológico (hongo metarizum y la avispa trichogramma). Además, desde el 2000, en el proceso de industrialización cerca de 95 al 99 por ciento de la energía total utilizada para la producción de azúcar estándar es autogenerada. Cabe mencionar que desde el 2007 no se utiliza más petróleo en fábrica y en pruebas. Aunado a lo anterior, dentro del ingenio existe un laboratorio que trabaja en la mejora de las especies de caña para mayor resistencia a las condiciones climáticas y de plagas. Sin embargo, es menester señalar que la principal limitante para este estudio fue la falta de información desagregada para analizar adecuadamente la microrregión cañera, entre esta se encuentra el tema de la utilización de fertilizantes, herbicidas y plaguicidas que no fue otorgado, aun siendo éste un indicador relevante para determinar el impacto ambiental que tiene dicha actividad. Además, cabe mencionar que solo entre un 5 y un 10 por ciento de la superficie agrícola es de riego, el resto depende de las lluvias de temporal lo que no permite generar un mayor rendimiento de la producción, siendo también la falta de infraestructura y maquinaria una limitante en los tiempos de cosecha. En general, se puede decir que la percepción de los actores clave con respecto a la realidad, en los aspectos económicos y ambientales fue favorable. Sin embargo el político institucional y social fueron desfavorables señalando así el reto del desarrollo sustentable de la actividad cañera en Quintana Roo.

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DZIBILCHALTUN CENTRO DE PODER EN EL NOROESTE DE YUCATÁN

Alexander W. Voss Universidad de Quintana Roo, México Yazmín Lizárraga Pérez Colegio de Tlaxcala, México

[Ketzalcalli 2|2014: 65–90]

Resumen: El sitio arqueológico de Dzibilchaltun se considera el centro rector regional más importante en el noroeste de la península de Yucatán durante las épocas del clásico tardío y terminal. A pesar de que el sitio sufre un declive político en el clásico terminal, éste continúa existiendo como asentamiento y recobra parte de su importancia durante los años de la conquista y colonia temprana. Se presenta y analiza la documentación epigráfica e histórica que señala la relevancia de Dzibilchaltun en el noroeste peninsular durante las épocas clásico tardío y terminal como durante la conquista y la colonia temprana. Palabras claves:: Maya, Dzibilchaltun, epigrafía, historia, arqueología.

INTRODUCCIÓN Dzibilchaltun es uno de los sitios arqueológicos más importantes en el noroeste de la península de Yucatán durante las épocas del Clásico tardío y terminal. Con el hallazgo de la tumba del señor Uk’uw Chan Chak y su glifo emblema se reafirma la preeminencia de Dzibilchaltun como sede de poder político en el área (Maldonado et al. 2002). A finales del clásico sufre un declive político pero sigue existiendo como asentamiento que adquiere algo de importancia durante los años de la conquista y en la colonia temprana. Para el presente trabajo es necesario considerar un área geográfica que abarca el sitio arqueológico de Dzibilchaltun pero también la mancha urbana de la ciudad de Mérida y su zona conurbana considerando que el glifo emblema de los señores de Dzibilchaltun y el nombre prehispánico del asentamiento sobre el cual se fundó Mérida el 6 de enero de 1542 parecen tener un origen común: Tiho (Maldonado et al. 2002: 98).

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DATOS

ARQUEOLÓGICOS Y FUENTES HISTÓRICAS

El sitio arqueológico de Dzibilchaltun fue descubierto hasta 1941 a pesar de su relativa cercanía al centro de la ciudad de Mérida, capital del Estado de Yucatán, ubicándose solo a unos 15 kilómetros hacia el norte de ésta. De 1956 a 1966 el Middle American Research Institute de la Tulane University en Nueva Orleáns, EE.UU., condujo bajo la dirección de E. Wyllys Andrews IV un extenso programa de investigación arqueológica en Dzibilchaltun que arrojó una gran cantidad de datos significativos para la ocupación del asentamiento que nos proporcionan el contexto para los datos epigráficos e históricos (Andrews IV, 1959, 1962, 1965; Andrews IV & Andrews V 1980; Andrews V 1975, 1978, 1979, 1981; Ball & Andrews V 1975; Folan 1970; Garza & Kurjack 1980; Kurjack 1974, 1975; Rovner & Lewenstein 1997; Simmons s/f; G. Stuart et al. 1979; Taschek 1994). A partir de 1993 se retomaron las investigaciones arqueológicas por el Proyecto Arqueológico de Dzibilchaltun del Instituto Nacional de Antropología e Historia bajo la dirección de Rubén Maldonado Cárdenas. Se realizó una temporada de 1993 a 1994, que está relacionada con la construcción del Museo del Pueblo Maya en Dzibilchaltun; le siguen las temporadas de 1998 hasta 2005, otra en 2007 y una menor en 2008. Estas etapas de exploración han servido para la puesta en valor de la Plaza Central, el sistema de sacbehob, el Juego de Pelota y el inicio y avance de trabajos similares en la Plaza Sur (Maldonado 1995, 1999; Maldonado et al. 2002; Santiago 2005; comunicación personal de Rubén Maldonado, diciembre 2008). Los datos epigráficos de Dzibilchaltun son pocos y se distribuyen sobre una gama diversa de objetos y materiales, que van desde estelas, elementos arquitectónicos como dinteles y pinturas murales hasta vasijas de cerámica y cetros y agujas de hueso. Además de que los textos son cortos, contienen mínima información y ésta a veces solo de manera fragmentaria, los epígrafes nos permiten obtener pequeñas miradas hacia el pasado maya de este importante asentamiento prehispánico. En este contexto el estudio comparativo con otros sitios con datos epigráficos se vuelve clave para poder llegar a una lectura y evaluación de la información epigráfica conservada. Es quizá también debido a la paupérrima condición de los epígrafes que no existe una investigación general de los textos jeroglíficos de Dzibilchaltun y la mayoría de las investigaciones realizadas permanece inédita. Los monumentos y elementos arquitectónicos con textos jeroglíficos fueron analizados por Coggins (1995) y posteriormente por Kremer & Voss (1998, 1999) y Voss (2005). Los objetos de cerámica y hueso fueron analizados por Boot (1998), Kremer & Voss (1999) y Voss (2008a). Los datos cronológicos fueron analizados por Coggins (1995) y posteriormente por Graña-Behrens (1999, 2002) y Grube (1994, 2003). Las frases nominales y particularmente los títulos y el glifo emblema han sido estudiados por García Campillo (1995), Graña-Behrens (2006), Grube (1994, 2003), Maldonado et al. (2002), Schele (1995), Schele et al. (1998) y Voss (2001, 2008a). Los estudios arqueológicos en la ciudad de Mérida resultan mucho más fatigosos y pesados debido a que se trata de un espacio densamente habitado en la actualidad. No obstante, los recates y las intervenciones realizadas han generado considerables datos sobre vestigios y objetos arqueológicos. Una sinopsis de los primeros resultados presenta la revista Ichcanzihó (1999–2001), publicada por el Departamento de Patrimonio Arqueológico y Ecológico Municipal del Ayuntamiento de Mérida; lamentablemente este órgano importante de divulgación cultural fue descontinuado. De particular interés son el trabajo de Quiñones (2001) sobre la cerámica del centro histórico de Mérida y el de Robles (2000) quien plantea una esfera cerámica para el noroeste de la península durante el Clásico tardío de-

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nominada Cehpech-Chiychantiho. Roys (1952) nos proporciona un registro de los vestigios arquitectónicos que aún permanecían en Mérida hasta principios de los años 1950s y los trabajos de Tommasi (1951) y Lindsay (1999, 2000, 2004) ofrecen reconstrucciones arquitectónicas del sitio prehispánico de Tiho y de la traza urbana colonial de Mérida. A partir de la época de la Colonia temprana tenemos a nuestro alcance una buena cantidad de textos que nos permiten obtener una visión más variada y detallada de los acontecimientos en el noroeste de la península yucateca. En primer lugar habrá que citar a los “clásicos”, las fuentes etnohistóricas; aquí ubicamos a la Relación de Diego de Landa (1959), la Historia de López de Cogolludo (1957) y la carta de Fray Lorenzo de Bienvenida a su Alteza el Principe Don Felipe, dándole cuenta de varios asuntos referentes a la provincia de Yucatán, fechada el 10 de febrero de 1548 (Secretaría de Hacienda y Crédito Público 1980: 70 –82) que ofrecen abundantes detalles sobre la arquitectura e historia de Tiho. También cabe mencionar aquí el trabajo de Folan (1970) sobre la capilla abierta de Dzibilchaltun. Los acontecimientos históricos durante la etapa de la Conquista por parte de los españoles han sido relatados en gran detalle por Molina Solís (1896) y Chamberlain (1971). La situación en el área de Mérida desde el punto de vista de la familia Pech es narrada por Nakuk Pech (1882, 1936). La situación territorial-administrativa durante la época del Posclásico tardío y la Colonia es presentada por Roys (1957) y Gerhard (1993). Un documento de gran importancia y poco conocido es el análisis de un contrato de compra-venta de un terreno al norte de Mérida en las inmediaciones de Dzibilchaltun en 1784 (Molina 1897). Otros datos de gran valor son actas de compra-venta inéditas de la estancia de Dzibilchaltun de finales del siglo XVII que se localizan actualmente en el Archivo General del Estado de Yucatán (AGEY), Mérida.

METODOLOGÍA La reconstrucción del panorama político regional se basa en el análisis de los datos históricos que proporcionan las fuentes consultadas. Mediante la comparación y el cotejo de fechas, personajes y eventos se pretende reconstruir o, por lo menos, dar una idea de los acontecimientos en y alrededor de Dzibilchaltun desde el Clásico tardío hasta la Colonia temprana. En el caso que los datos proporcionados por las fuentes sean únicas, lo que significa que no es posible cotejar su validez histórica, debemos pensar que su registro sigue un patrón histórico-cultural establecido que tiene su validez dentro del ámbito en que es generado y por lo tanto la información proporcionada es coherente dentro de los parámetros histórico-culturales establecidos de una sociedad. Esto es ciertamente el caso para las inscripciones epigráficas mayas que raras veces proporcionan informaciones sobre un mismo asunto desde diferentes puntos de vista (véase Houston 1993). Estos datos epigráficos podrán ser contextualizados por los datos arqueológicos que por su calidad distinta a la fuente escrita complementan, aumentan y/o rectifican la información de los textos. Previo a su análisis los textos epigráficos deberán ser convertidos en información histórica manejable. El método epigráfico empleado para descifrar las inscripciones en los monumentos solicitados fue fijado durante la conferencia de Albany en 1979 (Justeson & Campbell 1984). Este sistema de interpretación de la escritura maya prehispánica se desarrolló a base de los primeros descubrimientos hechos por el mismo Yuri Knorozov en la década de los años 50s del siglo XX y plantea que el carácter de los jeroglíficos mayas en esencia es logosilábico (Knorozov, 1958, 1965, 1967; Kelley 1976).

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En cuanto a las propuestas de Houston, Stuart & Robertson (1998) y Lacadena & Wichmann (2004) acerca de un sistema de deletreo silábico que permite indicar los rasgos secundarios de la vocal del núcleo de una palabra los resultados deben considerarse inconclusos hasta la fecha (véase por ejemplo Kaufman 2003: 29–34) y no se consideran en el presente estudio (véase Voss 2008b). Para los fonemas consonánticos la epigrafía maya asume que corresponden a las consonantes mayas coloniales y de la actualidad, basándose, al parecer, en los datos proporcionados por Landa (1959). Además, se propone una distinción entre la <H simple>, que se transcribe mediante el fonema /h/, y la <H recia>, representada mediante el fonema /j/ según lo manifiesta el Calepino de Motul (Grube 2004; véase Ciudad Real 1984). En el caso de nombres de lugares, poblaciones y topónimos se retiene la ortografía que es de uso oficial en la actualidad, por ejemplo Dzibilchaltun en vez de Ts’ibilchaltun y Xlacah en vez de Xlakaj, a excepción de la acentuación hispanizante que se omite por completo en palabras de origen maya. También se sustituyen por cuestiones gráficas las sipor <dz/ts’>, <cħ> por <chh/ch’>, por <p> <pp/p’> según el caso. guientes letras: <c>

DZIBILCHALTUN

DURANTE EL

CLÁSICO

TARDÍO Y TERMINAL

El sitio de Dzibilchaltun se ubica a unos 15kms hacia el norte del centro histórico de Mérida. El área central de 0.25 km2 se concentra alrededor del cenote Xlacah y está densamente ocupado por construcciones arquitectónicas de mampostería (Mapa 1). Es en este espacio donde se concentran los monumentos y objetos epigráficos que nos atañen.

Mapa 1: Área central de Dzibilchaltun Tomado de: Andrews V, 1978; con modificaciones

Es importante, recalcar que el nombre Dzibilchaltun no es el nombre propio del sitio arqueológico durante la época prehispánica. De hecho, este nombre aparece por primera vez durante la época colonial y se refiere al casco de una hacienda que se ubica en el actual poblado del mismo nombre a unos cientos de metros al noroeste de la plaza central 68

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de Dzibilchaltun (Folan 1970: 185, 198). El nombre Dzibilchaltun significa “lugar donde hay escritura en piedras planas” y es una descripción que hace referencia a las piedras esculpidas que se encuentran en el sitio arqueológico. También el nombre Xlacah para el cenote es de origen moderno ya que significa “lugar del pueblo viejo”; una reminiscencia al pasado cuando el sitio fue abandonado durante la segunda mitad del siglo XVII (Folan 1970: 185, 198). El territorio de Dzibilchaltun o Tichantiho Debido a la escasez de datos epigráficos en el noroeste de la península de Yucatán para el clásico es difícil dar un bosquejo de la situación política de Dzibilchaltun durante el clásico tardío. Por lo tanto recurriremos a los datos arqueológicos y datos epigráficos complementarios para tener una idea del territorio sobre el cual los gobernantes de este asentamiento ejercían su jurisdicción. Siguiendo la propuesta de Robles (2000), Dzibilchaltun y Tiho (Quiñones 2001) se ubican durante el clásico tardío en el centro de la esfera cerámica Cehpech-Chiychantiho que abarca el noroeste de la península; se extiende en el sur hasta Yaxcopoil, por el oriente incluye Acanceh, Cuca, Tixpehual y Baca, Caucel hacia el poniente y remata por las inmediaciones de la costa entre Chuburna puerto y Xtampu hacia el norte (Mapa 2). Sin embargo, esta extensión de la cerámica no concuerda en todos los aspectos con la situación política que se puede reconstruir a partir de los glifos emblema de los sitios cercanos a Dzibilchaltun. Los glifos emblema fueron identificados como tal por Berlin (1958). El glifo emblema es un título personal y pertenece al grupo de glifos que concluyen una frase nominal (Mathews & Justeson 1984) lo que implica que el texto hace mención de un dignatario de alto rango del sitio en donde se ubica el texto. Por lo general un glifo emblema consiste

Mapa 2: Límites aproximados y formas de vasijas representativas de los grupos cerámicos principales de la esfera Cehpech-Chiychantiho Tomado de: Robles, 2000, fig. 1

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Figura 1: Montaje de DBC St. 19 (parte superior) y DBC St. “11 Ajaw” (parte inferior)

Figura 2: Texto del hueso esgrafiado de la tumba de la Estructura 42, Dzibilchaltún

Figura 3: Texto de la vasija estilo Chocholá de Dumbarton Oaks, K4333

Dibujos: Alexander Voss

Dibujo: Alexander Voss

Dibujo: Alexander Voss

del prefijo k'u[hu]l (T35) que significa “venerable” (Barrera 1980: 420 <k’ul>) y cierra con signos que forman el lexema ajaw (T168) que significa “señor, gobernante” (Lounsbury 1973). Los signos entre k’u[hu]l y ajaw forman el elemento distintivo del glifo emblema, que designa una entidad política y/o geográfica. Un estudio muy completo sobre glifos emblema en el noroeste de la península fue presentado por Graña-Behrens (2006). La identificación del glifo emblema de Dzibilchaltun fue logrado por primera vez por Schele en la Estela 19 de Dzibilchaltun (Schele 1995: 13–14; Schele et al., 1998: 414). Hasta la presente fecha se ha logrado la identificación del glifo emblema de Dzibilchaltun en cuatro textos jeroglíficos, uno en la ya citada Estela 19 (Figura 1), el segundo en un hueso esgrafiado (Figura 2) de la tumba del gobernante Uk'uw Chan Chaak ubicada dentro de la plataforma de la Estructura 42, en una vasija del llamado estilo Chocholá (Figura 3) que se localiza en la colección de Dumbarton Oaks, Washington, D.C., EE.UU. (Kerr 1990: 304, File No. 4333) y recientemente en los tiestos de un plato de estilo Chocholá (Figura 4) que salieron de un basurero inmediatamente en la orilla de la plataforma

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Figura 4: Texto del plato esgrafiado del basurero del Sacbeh 3, Dzibilchaltún Dibujo: Alexander Voss

a)

b)

c)

d)

Figura 5: Elemento distintivo del glifo emblema de Dzibilchaltun o Tichantiho: a) DBC St.19, A6–7; b) DBC Estr. 42 Hueso, B4–A5; c) COL K4333, E–F; d) DBC Estr. 53 Plato, p7 y p10 Dibujos: Alexander Voss

que sostiene las estructuras 53 y 54 y a la que se une el Sacbeh 3 en su acceso a la Plaza Sur (Voss, 2008a; comunicación personal Rubén Maldonado, diciembre 2008). En base a los cuatro casos documentados se pueden identificar los elementos distintivos del glifo emblema de Dzibilchaltun (Figura 5). Se trata en su totalidad de cuatro signos agrupados en dos bloques. El primer signo del primer bloque es el prefijo T128 /TI’/ que significa “boca, orilla” según una propuesta hecha por David Stuart (véase Stuart, Houston & Robertson 1999: II-36, II-60; Stuart 2005: 126-127; Boot 2005: 278, nota 30). El segundo signo representa la cabeza de una culebra que tiene el valor fonémico /CHAN/ y puede llevar como sufijo optativo la sílaba T106 /nu/. El segundo bloque consiste del prefijo T59 /ti/ y el elemento mayor es T607 /ho/. Remitimos a Maldonado et al. (2002) para el análisis y una discusión más detallados de los textos. En conjunto los glifos se leen ti chan ti ho. La expresión entera se toma por "en la frente del cielo en el cinco" y es casi idéntica al nombre posclásico Ichkaansiho o Tiho de la población que se ubicaba en el lugar donde los españoles fundaron la ciudad de Mérida en 1542 (Barrera 1980: 264). La traducción del nombre Ichkaansiho o Tiho es “en el cielo nacido los cinco” o “donde están los cinco” respectivamente. El nombre Tichantiho parece ser la forma clásica de Ichkaansiho (véase Maldonado et al. 2002). Ambos sitios parecen haber tenido un desarrollo simultáneo en el Clásico tardío. Esto no solamente lo demuestra la cerámica sino también las construcciones de mampostería que fueron decoradas con elementos del estilo Puuc. Constancia de ello dan la Estructura

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57 de Dzibilchaltun (Andrews V 1978) y los edificios que se localizaban sobre la gran plataforma preclásica en el centro de Tiho conocida como el Fuerte de San Benito, desmantelada en 1908 por el entonces gobernador Olegario Molina Solís, y donde los frailes franciscanos levantaron su convento en Mérida (Landa 1959; López Cogolludo 1957; Lindsay 1999, 2000, 2004; Tommasi 1951). Es particularmente Bienvenida (Secretaría de Hacienda y Crédito Público 1980: 70–82) quien en su detallada descripción habla de “junquillos” como adornos en los paramentos superiores de los edificios sobre la plataforma. Hacia el sureste de Dzibilchaltun se localiza Acanceh, un sitio que cae dentro de la esfera Cehpech-Chiychantiho pero que ostenta un glifo emblema propio (Figura 6). El registro arqueológico sugiere que el sitio tenía su glifo emblema desde el siglo VII del clásico tardío (Voss & Eberl 1999). El glifo emblema de Acanceh que se registra en un mural como sobre una vasija, es la cabeza de un venado /KEJ/ con las marcas faciales distintivas de un ser sobrehumano del inframundo llamado /AKAN/ (Grube & Nahm 1994: 714–715). Dos sitios que limitan la esfera Cehpech-Chiychantiho hacia el este son Motul a unos 30kms hacia el oriente de Dzibilchaltun y Ake a unos 30kms al este de Tiho. Para Motul tenemos un personaje llamado aj mutul “el de Mutul” en la Estela 1 de Dzilam González (Figura 7: posición A), que se refiere a un dignatario de este asentamiento. Por el otro lado, la Relación de

F

A

B

C

D

E

G

Figura 6: Glifo emblema de Acanceh, ACA tumba, vasija Dibujo: Alexander Voss

Figura 7: DZL St. 1

Figura 8: Glifo emblema de Ake, AKE Estr. 3, bloque 2

Dibujo: Alexander Voss

Dibujo: Alexander Voss

Motul da constancia que el asentamiento definitivamente fue sede de un poder político durante el clásico terminal, por ahí de la segunda mitad del siglo IX, que posteriormente fue eclipsado por Chichen Itza (De la Garza et al., 1983: I, 269; véase también las relaciones de Citilkum y Cabilche, de Kizil y Sitilpech y de Tekanto y Tepakan, De la Garza et al., 1983: I, 181, 199, 215). Durante los trabajos en el sitio de Ake se documentaron inscripciones jeroglíficas del Clásico temprano en las cuales se logró identificar un glifo emblema para este asentamiento (Figura 8). El elemento distintivo es una variante temprana del jeroglífico T714 (Macri & Looper 2003; Thompson 1991) que representa a una mano agarando un pez (hand-

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grasping fish) y que se lee /TSAK/ “conjurar nubes” (Quintal & Voss 2005). Es probable que también el k’u[hu]l tsak ajaw de Ake haya sufrido el mismo destino como Motul ya que también Izamal fue agregado a la esfera política de Chichén Itzá en el Clásico terminal como nos hace entender la Relación de Izamal y Santa María. (De la Garza et al. 1983: I, 305). Con este pequeño ejercicio epigráfico-arqueológico nos podemos percatar que el noroeste de la península durante el clásico tardío estaba fragmentado en diferentes entidades políticas cuyos respectivos centros distan uno de otro aproximadamente 30kms cada uno. En el espacio que ocupa la esfera cerámica Cehpech-Chiychantiho podemos identificar y ubicar dos glifos emblemas, el de Tichantiho y el de Akankej. También la esfera cerámica Cehpech-Izamal al oriente de la esfera Cehpech-Chiychantiho parece haber estado compuesta por varias entidades políticas. Nuestro estudio muestra que por lo menos Mutul (Motul) y Tsak (Ake) formaban parte de esta zona de distribución. Esto significa que las esferas cerámicas son entidades permeables que proporcionan datos de una realidad material que no se relaciona de manera uniforme con el dato histórico-político. Dicho de otra manera, las situaciones y condiciones políticas que se van dando en un espacio son de carácter efímero y no necesariamente dejan un registro en el material arqueológico. Los gobernantes de Tichantiho Volvamos ahora nuestra atención hacia los personajes que gobernaron en calidad de k’u [hu]l ajaw la entidad designada con el glifo emblema de Tichantiho. Los datos epigráficos disponibles nos permiten la identificación de dos personajes que fungieron como tal: el señor Uk’uw Chan Chaak y el señor Yax Ol/Pitzil Chaak. Considerando los datos cronológicos de los monumentos relacionados a estos personajes, Yax Ol/Pitzil Chaak es el sucesor de Uk’uw Chan Chaak, cuya tumba fue descubierta durante la temporada de 1998 en la Estructura 42 localizada en el costado este de la plaza central de Dzibilchaltun. Para mayor detalle con respecto al estudio arqueológico remitimos al estudio de Maldonado et al. (2002). El nombre del gobernante Uk’uw Chan Chaak queda registrado en la Estela 19, en un hueso esgrafiado procedente de la tumba de la Estructura 42 del gobernante mismo, sobre un dintel jeroglífico (Figura 9) que proviene de la Estructura 1980o558 del área habitacional al sur de la plaza central de Dzibilchaltun (Coggins 1995; Maldonado et al. 2002) y en los tiestos esgrafiados de un plato rescatado del basurero del Sacbeh 3 (Voss 2008a). A la fecha, la Estela 19 es el único monumento que lleva una representación de este individuo acompañado por su nombre. La imagen lo muestra de pie y de frente con un cetro de k’awil en la mano derecha y con una rodela en la mano izquierda. Desafortunadamente, ninguno de estos monumentos Figura 9: Dintel de la epigráficos conserva una fecha que permite la ubicación Estructura 1980o558, Dzicronológica de este personaje dentro de la historia de Dzibilchaltún bilchaltun. Los objetos portátiles y el dintel no registran Dibujo: Alexander Voss) fecha y a la Estela 19 le falta la base donde probablemen-

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te se registró un dato cronológico. El estilo, tanto como la realización de la obra de talla de la Estela 19, sugieren que se trata de un trabajo perteneciente al clásico tardío. La cerámica asociada a la tumba de la Estructura 42 arroja como termino para el gobierno de Uk'uw Chan Chaak una fecha alrededor de 800 d.C. (Maldonado et al., 2002). También la estratigrafía arquitectónica de las estructuras 36 y 39 permite delimitar la temporalidad ya que la Estela 19 fue empotrada en conjunto con la Estela 9 en la cimentación de la última etapa constructiva de la estructura 36. La Estela 9 preserva una fecha que equivale al 18 de enero de 840 d.C. (Graña-Behrens 1999, 2002: 353). Este acercamiento cronológico permite determinar que el gobernante Uk'uw Chan Chaak regía a finales del siglo VIII y principios del sigo IX. Por el otro lado, cabe la remota posibilidad de que uno de los fragmentos de estelas documentadas en Dzibilchaltun podría ser el “eslabón perdido” para resolver la cuestión cronológica. Se trata de la llamada Estela “11 Ajaw” (Figura 1). Este fragmento inferior de una estela fue encontrado cerca de la capilla colonial en el centro de la plaza central y muestra los pies de un personaje parado encima de un cartucho jeroglífico gigante que lleva el coeficiente 11. Debido a la peculiaridad de este tipo de anotación de fechas es más que probable que el nombre del día que estaba grabado dentro del cartucho fuera Ajaw. En todas las ocurrencias conocidas hasta la fecha el “Ajaw gigante” siempre marca el fin de un período k’atun. En el presente caso solo la fecha 9.18.0.0.0 11 Ajaw 18 Mak que corresponde al 7 de octubre de 790 D.C. da sentido (Coggins 1995: 6-7; Graña-Behrens 2002: 301). Las proporciones y particularidades que muestra el tallado del monumento hacen probable que se trate de la base de la Estela 19 como se puede apreciar en el montaje de la figura 1. De ser así, el gobernante Uk'uw Chan Chaak estaría realizando los ritos en torno a la celebración del k’atun 11 Ajaw. La fecha es congruente con las estimaciones hechas líneas arriba. Este fechamiento permite también establecer la cronoloía para la Estela 1 de Dzliam en donde también aparece el nombre del gobernante en cuestión; ésto según Grube (2003: 361, fig. 20). En el lado derecho de este monumento se lee el nombre /u-k’u-wi CHAN-na-wa/ y podría tratarse de una variante gramatical. De ser así, nos permite vislumbrar que durante el gobierno de Uk'uw Chan Chaak o Uk’uw Chanaw Dzibilchaltun extendía su zona de influencia más allá de su área circunvecina y participaba activamente en una red política que abarcaba todo el noroeste de la península de Yucatán. Los textos restantes que mencionan a este gobernante son menos espectaculares pero dan constancia de la actividad del gobernante en el sitio. En el dintel jeroglífico de Dzibilchaltun se menciona a Uk'uw Chan Chaak como jun k’atun ajaw (Proskouriakoff, 1960; Riese, 1980), esto es, un gobernante que ya ha gobernado un k’atun o aproximadamente 20 años. En el hueso esgrafiado de la Estructura 42 se le menciona también como bakab, un título que en maya yucateco colonial significa “representante” y que está ligado a los dioses de la creación y de la lluvia (Bolles 2001; López Cogolludo 1957; Landa 1959). De tal suerte, el gobernante es considerado el representante de los dioses de la creación y del sustento sobre la tierra. También el título kalom que ostenta el gobernante en cuestión y que lleva en todas las ocasiones antepuesto a su nombre está ligado a su rol como intermediario entre los seres sobrehumanos y la comunidad que manda. Se trata de un título que significa “el que abre” (véase Barrera 1980: 285 <kal> y 288 <kalom k’in>) y se atribuye al dios Chaak.

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El texto que menos datos nuevos arroja sobre el rol político del gobernante es el plato esgrafiado de estilo Chocholá (Pizarra). Sin embargo, notamos insertados entre los elementos distintivos del glifo emblema dos bloques jeroglíficos más que amplían la lectura del simple ti chan ti ho a ti chan lajun la-... hok’in ti ho. La frase hok’in es conocida de diversos otros contextos y aparece mayormente en su forma posesiva y-ok’in. Sin embargo, la razón y el significado de esta ampliación se sustraen por el momento a nuestro entendimiento. Para el año 840 d.C. registramos un nuevo gobernante en Dzibilchaltun llamado Yax Ol Chaak o Pitzil Chaak en la Estela 9 de Dzibilchaltun (Figura 10). Debido a la considerable erosión del texto se proponen dos alternativas para la lectura del nombre. Los signos en el bloque A3 pueden leerse como /YAX-OL-lacha-ki/ o /pi-tzi-la-cha-ki/. En el primer caso el nombre sería Yax Ol Chaak. yax ol significa “primero de esta condición” (Barrera 1980: 604 <ol>, 971 <yax>). Leídos juntos los jeroglíficos significan “el primero de esta condición es Chaak” y probablemente alude a un aspecto o una calidad de Chaak que se refiere a un episodio en la mitología maya prehispánica. En el segundo caso el nombre puede parafrasearse como “Chaak jugando pelota” o “el Chaak que suele jugar pelota”. En el registro A de la página 74 del Códice Dresde hay una escena en la cual aparece el dios Chaak pintado de color azul y sentado encima de una cancha de pelota sosteniendo una pelota en una mano. La segunda fiFigura 10: DBC St. 9 la jeroglífica sobre el dibujo se lee /[pi]-tsi-la chaDibujo: Alexander Voss ki/ que corresponde a la segunda alternativa para el nombre en la Estela 9 (Lee 1985). De todas maneras, las dos interpretaciones son posibles. Los bloques B, C y D de la Estela 9 (Figura 10) contienen la información calendárica que permite ubicarla cronológicamente dentro de la historia de Dzibilchaltun. El glífo B permanece parcialmente identificable y los elementos restantes indican que se trata de un signo para tun. El bloque C marca la mitad de un período temporal que puede consistir de 10 tunes o 10 k’atunes (Thompson 1971: 192–194, fig. 32: 46–55). El valor fonológico es /HAW-wa/ que en maya yucateco colonial significa “partícula para contar cosas partidas por mitad” (Barrera 1980: 187 <haw>) según una propuesta hecha por Nikolai Grube, o se lee /LAM-ma/ (Stuart et al. 1999: II-43). En el bloque D tenemos el signo de la suerte del día 5 Ajaw que marca el nombre de un k’atun. En conjunto los datos indican que la fecha registrada en el monumento queda a la mitad del k’atun que termina en 5 Ajaw y que corresponde a 10.0.10.0.0 6 Ajaw 8 Pop, equivalente al 18 de enero de 840 d.C. (Graña-Behrens 1999, 2002: 353). Después de este personaje cesan las informaciones epigráficas que nos permiten enterarnos de la situación política en el noroeste de la península de Yucatán. Es posible que en el Clásico terminal posterior al año 840 d.C. Dzibilchaltun también haya sufrido los estragos de la política expansiva de Chichen Itza durante la segunda mitad del siglo IX y a principios del siglo X que arrasó con Izamal y Motul. La actividad de construcción termina con pocas excepciones como es el caso de las estructuras 36, 38, 95 y 96 y aparece la cerámica del complejo Sotuta, característica de Chichen Itza.

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DZIBILCHALTUN

DURANTE EL

POSCLÁSICO

TARDÍO Y LA

COLONIA

TEMPRANA

Durante la mayor parte del Posclásico (siglos XI a XIV) el sitio de Dzibilchaltun no parece haber jugado un papel importante en el panorama político en el noroeste de la península de Yucatán. Los datos arqueológicos pertenecientes a esta etapa sugieren la presencia de una pequeña población en el centro del asentamiento clásico y actividad ritual al interior de la Estructura 1-sub, mejor conocida como Templo de las Siete Muñecas, debido a una ofrenda de siete figurillas deformes de cerámica relacionadas con el uso del edificio durante el posclásico. El Edificio 1-sub fue construido a principìos del clásico tardío (alrededor de 600 d.C.) y según Victor Segovia fungía originalmente como observatorio para determinar posiciones solares (Huchim 1999). La fecha 6 Eb 5 Yaxkin (Figura 11) que estuvo pintada en una de las paredes del pasillo sur (Andrews IV & Andrews V 1980: 101–102, fig. 112) parece haber estado relacionado con esta función. Posteriormente, el edificio fue sellado y cubierto por otra construcción a fines del clásico tardío (alrededor de 800 d.C.).

Figura 11: Pintura mural 7, Estr. 1sub, Dzibilchaltún

Figura 12: Medallón 3, Estr. 1-sub, Dzibilchaltún

Tomado de: Andrews IV & Andrews V 1980, 102, Fig. 112

Tomado de: Graña-Behrens 2002: lámina 49

Durante el posclásico los pobladores de Dzibilchaltun liberaron el acceso poniente y reabrieron el cuarto central (el paraninfo) para levantar un bloque de mampostería en su interior que limitaba el espacio interior hacia el este y que probablemente servía como altar. Este altar fue cubierto sucesivamente por cuatro capas de argamasa, cada una pintada con un medallón con jeroglíficos de los cuales el medallón 3 permaneció intacto (Figura 12) y el medallón 4 se conservó parcialmente (Andrews IV & Andrews V 1980: 109, 113, 118, fig. 131a–b). El aposento se usó con fines rituales hasta que el techo colapsara a más tardar a la llegada de los españoles (Andrews IV & Andrews V 1980: 116). El medallón registra portadores de año y posiblemente estaba relacionado a las ceremonias de Año Nuevo tal como las describe Landa (Graña-Behrens 2002: 135–140). En el siglo XV, Dzibilchaltun parece haber sido uno de los asentamientos que fueron sujetados desde Motul por el linaje de los Pech, cuando este estableció su control político

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Mapa 3: Ubicación del sitio de Dzibilchaltún y su entorno en 1970 Dibujo: Alexander Voss

sobre el territorio hacia el noreste de Tiho denominado provincia de Cehpech por los españoles (Nakuk Pech 1882, 1936; Gerhard 1993). Después de que los españoles ocuparon la provincia de Cehpech se construyó una capilla con ramada en la plaza central para la evangelización de la población residente del área. De acuerdo a la evidencia estilística, Brainerd fechó la pintura mural que ostentaba la pared este contra la cual se había construido el altar hacia el siglo XVI (Brainerd 1958: 15). Además, la casa del curato ubicada hacia el norte de la capilla abierta registraba una fecha tallada de finales del siglo XVI, probablemente indicando el año de 1593 (Brainerd 1958: 15; véase también Folan 1970: 187, 198). Sin embargo, los españoles toman la decisión de reubicar a esta población, ya que para el año 1612 o 1617 se funda la iglesia de Santa Ursula de Chablekal, a unos kilómetros hacia el oriente de Dzibilchaltun, trasladando de esta manera el centro religioso del área a su lugar actual. Este dato se deriva de la fecha “I6IZ” tallada en la fachada de este santuario de Chablekal (Folan 1970: 185, 190, 198). Para la segunda mitad del siglo XVII también ya existe evidencia para el funcionamiento de una estancia española de ganado en la cercanía del antiguo asentamiento, tal lo sugiere la fecha 1663 inscrita en la entrada del corral de ganado de este sitio (Folan 1970: 187, 198). Con la pérdida de su funcionalidad como sede religiosa y económica del área Dzibilchaltun es paulatinamente abandonado para conver-tirse en Xlacah, el pueblo viejo (Mapa 3). La estancia de Nuestra Señora del Carmen Dzibilchaltun, parece entonces también haber abarcado lo que solía ser el centro ceremonial de Dzibilchaltun. En el Libro de pro-

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tocolos de los notarios Juan Alonso Baeza y Joseph Díaz del Valle se conservan una imposición de senso al rédito sobre un sitio llamado Dzibilchaltun y una carta de venta real de un sitio llamado Dzibilchaltun fechados el 26 de agosto de 1689 en los cuales se determinan los linderos de la manera siguiente: hacia el oriente, el pueblo de Chablekal, hacia el sur la estancia de Temozon, hacia el poniente el sitio de Culul y por el norte el sitio de Xoccheila (AGEY, Fondo Archivo Notarial). Independientemente de los datos proporcionados queda una interrogante por responder, y ésta es que no queda establecida la razón por la cual los españoles decidieron en un principio establecer una visita con capilla en Dzibilchaltun. Andrews V (1978) menciona que el sitio debe haber sostenido una considerable población en el posclásico tardío pero por el otro lado Brainerd dice que en la colonia la ocupación parece haber sido breve e insignificante ya que no se encontró cerámica domestica de esa época (Brainerd 1958: 16). Si el sitio no fue un centro residencial debe de haber tenido alguna otra importancia por lo menos a nivel local que hacía que la población adyacente al asentamiento acudiera a este centro. Una posible respuesta a esta pregunta la encontramos en la Crónica de Chac Xulub Chen (u belil u kahlail chhac xulub chhen) escrita por Nakuk Pech alrededor del año 1562 (1882, 1936). Reproducimos aquí los párrafos claves del texto maya según Brinton (1882: 193–194) y Molina Solís (1897: 467–468) con una traducción propia, ya que las versiones tanto de Brinton (1882: 216–217) como de Pérez Martínez (1936: 19–20) y Molina Solís (1897: 468) muestran diversas deficiencias. 2. Ten cen yn Nakuk Pech yax hidalgos concixtadoren uay ti lum lae tu cacabil Maxtunil cin dzabal ti yax cah tu cacabil chhacxulub Chhen Bai bic dzaa nen in canante tumen in yumob Ah Naum Pech lic utzcinic utz olal u belil u kahlail uay ti cacab Chhac Xulub Chhen

in yax mekthantah lai cah lae cap[p]el cacab chichinica y uay Chhac Xulub Chhen 3.Cen Nakuk Pech in kaba cuchi ti ma ococ haa tin pol cuchi u mehenen Ah Kom Pech Don Martin Pech ti cah Xulkum Cheel

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2.Yo, quien soy Nakuk Pech, soy conquistador de los primeros hidalgos; ahí en la tierra esa, la aldea Maxtunil me fue dada por primer pueblo de la aldea Chhac Xulub Chhen. Y así como a mi fue dado mi custodia por mi amo de todos Ah Naum Pech, ahora compongo de buena voluntad de su camino la memoria (su historia) aquí en la aldea de Chhac Xulub Chhen [Chicxulub], mi primer gobernatura fue aquel pueblo ahí; dos aldeas son el tema del cronista, [Maxtunil] y aquí, Chhac Xulub Chhen.

3.Yo era Nakuk Pech de nombre anteriormente, no habia entrado agua a mi cabeza antes; soy hijo de padre Ah Kom Pech, Don Martín Pech, en el pueblo de Xul Kum Cheil [Tixkuncheil].


bai bic dzaanoon cana hol cacabob tumen in yum Ah Naum Pech likul tu cah Mutul ca tah culcintaben in canante cacab Chhac Xulub Chhen lae ti manan to u manac u talel ca yum Españolesob uay tac lumi Yucatan lae ten tun halach unic uai ti cah uai ti luum Chhac Xulub Chhen lae ca tun uli ca yum Sr. Adelantado uai ti peten lae ichil yabil 1519 años cuchi lae ten ix yax batab; ca uli Españolesob tu lumil uai Maxtunil lae toonix kame tu yabal dzaolalobe toonix yax dzaic patan tzicil tiob

y ca dzaic hanalob tiob capitanob Españolesob; hek Adelantado u kabae lai uli uai Maxtunil tu tancabal Nachi May

ti yanob ca binon cilob uchebal ca dzaic cicioltiob mayto ococob ti cah cuchi chenbel zutucahob paibe uai ti lume oxppel u dzanlob uai tu cacabil Maxtunile uai tun likulob cu binelob tu holpai dzunul tu hol u payil Dzilam tancoch yoxp [p]el hab cahanobi

Así como nos fueron dadas las custodias de las entradas de las aldeas por mi amo Ah Naum Pech desde su pueblo Mutul, cuando fue ascendida mi custodia a la de la aldea Chhac Xulub Chhen aquí, sin que haya aún pasado la llegada de nuestros amos los españoles aquí hasta la tierra de Yucatán aquí, yo entonces era el verdadero hombre (jefe) aquí en el pueblo aquí en la tierra de Chhac Xulub Chhen aquí. Entonces llegó nuestro amo Sr. Adelantado aquí a la comarca aquí en el año 1519 años antes allí; yo ya era el primer cacique; entonces llegaron los Españoles a la tierra aquí de Maxtunil aquí; nosotros los recibimos ahí con mucha atención, nosotros fuimos los primeros en dar tributo y obediencia a ellos, y les dimos comida a los capitanes españoles; el cual Adelantado, ese es su nombre, vino aquí a Maxtunil al patio (donde parlan antes de entrar en los aposentos) de Nachi May; estando ahí nosotros fuimos con ellos para que luego diéramos diversión a ellos; en ninguna parte entraron en los pueblo antes; estando sin fruto ellos regresaron sobre aviso; ahí en esa tierra tres veces se juntaron ahí en la aldea de Maxtunil ahí; pues de allí se fueron al puerto, comenzó en el puerto de Dzilam dos años y medio su morada

El texto nos proporciona datos importantes sobre la geografía política regional en el área de Chicxulub para el posclásico tardío y la colonia temprana que se pueden contextualizar y cotejar con las fuentes redactadas en español. Para su segunda entrada a la península el Adelantado Francisco de Montejo había proyectado la subyugación de los cacicazgos del norte y centro septentrional de la península y nombró Teniente Gobernador y Capitán General a su hijo para dirigir la campaña. Monte-

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jo hijo desembarcó por ahí de la segunda mitad del año 1532 en algún punto en la costa que pertenecía al cacicazgo de Cehpech y marchó tierra adentro para fundar su ciudad en Chichen Itza en territorio de los Cupul, después de haberse asegurado la lealtad de los caciques de las provincias de Cehpech y Ahkinchel (Chamberlain 1971: 139–143). Después de la debacle que sufrió en 1533 Montejo hijo en Chichen Itza contra los Cupul, tuvo que emprender su retirada y logró unirse con el Adelantado y sus tropas de relevo en Dzibikal, hoy un barrio de Uman (Chamberlain 1971: 144–153; Roys 1957: 36– 37). Para asegurar los vínculos de alianza ya existentes, el Adelantado marchó al interior de los cacicazgos aún leales de Cehpech y Ahkinchel y estableció personalmente el contacto con los gobernadores para ganarse aún más estrechamente su lealtad. Después se marchó a Dzilam (Chamberlain 1971: 164). Es posible que en uno de estos momentos el Adelantado también haya pasado por Maxtunil para hablar con Nachi May, que entonces era el batab de Maxtunil, mientras que Nakuk Pech ya era entonces el primer batab y halach uinic del señorío de Chicxulub y Maxtunil, quien daba obediencia a Motul. Lo que no queda claro es si los españoles pasaron a Maxtunil antes o después del episodio en Chichen Itza o en ambas ocasiones (véase Roys, 1957: 45). Maxtunil, cuyo nombre parece significar “piedra cortada, majada o triturada”, aparece en la lista de tasaciones de 1549 como encomienda de García de Vargas (AGI, Guatemala 128; Scholes & Roys 1948: 150–151) antes de que se realizaran las congregaciones civiles promovidas por el oidor de la Audiencia de Guatemala, Dr. Tómas López Medel, en 1552. Según Roys la Crónica de Chac Xulub Chen da la impresión que las aldeas de Maxtunil y Chicxulub estaban próximas entre sí y que posterior a la construcción de la iglesia de Santiago en Chicxulub, Maxtunil fue reducido a este otro asentamiento (Roys 1957: 45; véase Gerhard 1993: 106). En base a Roys (1957: 44–47) y Folan (1970: 188), Gerhard (1993: 112) asume que “quizás Maxtunil, ocupaba las grandes ruinas de Dzibilchaltun (véase Roys 1957: 45). El vecino Chable (Chablekal) podría haber sido una fundación posterior; no hay ninguna mención de él en el siglo XVI”. Según la lista de tasaciones de 1549, la encomienda de Maxtunil tenía 500 tributarios y su contribución anual era de ocho fanegas de sal (444 litros) y tres arrobas de pescado (34.5 kg). Julián Doncel tenía a los pueblos de Chicxulub e Ixil en encomienda con 280 tributarios y su contribución anual era de seis fanegas de sal (333 litros) y tres arrobas de pescado (Roys 1957: 45, 46). Con 500 tributarios Maxtunil queda por encima del promedio calculado de tributarios con los datos de todas las encomiendas de 1549 (véase Roys 1957: 10) y demuestra que había sido un asentamiento considerable por encima de Chicxulub e Ixil. Roys afirma que el nombre Maxtunil desapareció desde el siglo XVI y que en Chicxulub y sus alrededores nadie había escuchado este nombre cuando él hizo su recorrido por la zona (Roys 1957: 45). Sin embargo, este alegato es incorrecto. Ya en 1897 Molina Solís había publicado un artículo llamado “Maxtunil” en que discute la ubicación de este asentamiento. En este trabajo Molina Solís reproduce la traducción española de un documento de compra-venta del pozo de Maxtunil cuyo original probablemente había sido redactado en maya yucateco. La transacción se realizó el 28 de julio de 1724 entre Diego Cetz de Chicxulub como vendedor y el español Francisco Pérez como comprador. El intérprete general, Pedro Cervera, realizó la traducción del texto maya el 10 de julio de 1784. Lamentablemente no hemos dado hasta ahora con el texto maya ni con la traducción española en el acervo del AGEY.

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Lo importante de esta carta de venta real es el punto geográfico que nos indica: los montes con el pozo de Maxtunil se ubican al norte del cerro de Chibach. El cerro de Chivach – un sitio arqueológico prehispánico – está situado hacia el norte del casco de la hacienda Misnebalam. Molina Solís (especula, que Maxtunil “debió ser un pueblo de importancia, con numerosos habitantes, y probablemente se despobló á consecuencia de la real cedula que previno reconcentrar la población indígena en los lugares más adecuados donde con más facilidad pudiese recibir la instrucción religiosa y civil. Abandonado el pueblo, se convertiría en estancia de ganado vacuno de propiedad particular ó en sitio de labranza, por concesión del gobierno español, hasta que con el transcurso del tiempo se convirtió en lo que es hoy, un paraje yermo, que debe estar ubicado en los terrenos de las haciendas Zacnicté ó Misnebalam, situadas entre Mérida, Progreso y Chicxulub” Molina Solís (1897: 471). De ser así, la revisión del Atlas Arqueológico del Estado de Yucatán (Garza & Kurjack 1980) debería revelar tal asentamiento en el área señalada por Molina Solís. Entre los 30 sitios registrados en la hoja ARQ16Q-d4, el único sitio de mayor rango que resalta en el espacio marcado es Dzibilchaltun. Resumiendo llegamos a la conclusión de que todos los indicios que se han podido juntar acerca de Maxtunil indican que esta aldea estaba probablemente ubicada en donde actualmente se ubica el sitio arqueológico de Dzibilchaltun. Por lo menos es el único que por sus vestigios arqueológicos, entre éstos el uso del Templo de las Siete Muñecas como adoratorio y la capilla de visita, parece ser el más acertado para adjudicarle la función de centro rector local en el poniente de la provincia de Cehpech en la época previa a la conquista española.

SINOPSIS

Y CONSIDERACIONES FINALES

El objetivo de esta investigación fue presentar y analizar los epígrafes mayas y la información histórica que señala la relevancia de Dzibilchaltun como centro rector regional del noroeste peninsular durante las épocas clásico tardío y terminal como al inicio de la colonia y que permite reconstruir la historia política del sitio en base a los datos disponibles. Los textos jeroglíficos mayas del noroeste de la península de Yucatán indican que Dzibilchaltun, en el entonces conocido por su glifo emblema bajo el nombre Tichantiho, compartía durante el clásico tardío y terminal el poder regional con varias otras entidades políticas como Mutul (Motul), Tsak (Ake) y Akankeh (Acanceh) (Mapa 4). El gobernante mejor conocido de la época es Uk’uw Chan Chaak, quién gobernó el señorío de Tichantiho a finales del siglo VIII y principios del siglo IX. Probablemente mantenía algún vínculo político con Dzilam Gonzalez. Su muerte acaeció antes de 840 d.C., última fecha epigráfica que se relaciona con un gobernante llamado Yax Ol/Pitsil Chaak. En términos arquelógicos, Tichantiho pertenecía como Akankej a la misma esfera cerámica de Cehpech-Chiychantiho. El asentamiento prehispánico de Mérida aparentemente participó en el desarrollo material de Dzibilchaltun aunque su relación política no puede determinarse. Pero el hecho de que el nombre de Tichantiho para el sitio arqueológico de Dzibilchaltun se conservara en el nombre maya Ichcanziho o Tiho para el asentamiento posclásico que se ubicaba en el lugar donde los españoles fundaron la ciudad de Mérida, indica la continuidad del patrón de asentamiento en el noroeste de la península de Yucatán, a partir del Clásico tardío hasta la presente fecha. 2|2014

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Mapa 4: Panorama político en el noroeste de Yucatán en el clásico tardío-terminal Dibujo: Alexander Voss, basado en Andrews IV & Andrews V 1980

Con la expansión de Chichen Itza durante el clásico terminal hacia el territorio noroeste varios de los linajes gobernantes parecen haber sido absorbidos o aniquilados y entramos en una época ahistórica en el noroeste de la península. Esta situación prevalece durante la época de la ciudad de Mayapan que concentra el poder político de las provincias en su asentamiento bajo el mando de los Cocom. Y es hasta después de la rebelión liderada por los Tutul Xiu ahí por el año de 1421 o 1441 que obtenemos nuevamente información sobre la situación política en el noroeste de la península (Landa 1959). El área hacia el norte y este del sitio de Tiho o Ichcanziho, lo que actualmente es el centro histórico de Mérida, fue ocupado durante el siglo XV por el linaje de los Pech. El sitio de Dzibilchaltun parece haber sido conocido para esa época bajo el nombre de Maxtunil y era sede de un batab local cuyo señorío estaba subordinado a Chicxulub, y éste por su parte obedecía al gobernante en Motul. En la época previa a la llegada del Adelantado Montejo, el batab de Maxtunil fue Nakuk Pech, quien había recibido el mando por parte de su abuelo Ah Naum Pech, gran señor de Motul. Posteriormente también recibió el señorío de Chicxulub y a la llegada de los españoles era el halach uinic de Chicxulub y Maxtunil. El personaje más importante en Maxtunil en ese momento parece haber sido Nachi May y su solar sirvió en tres ocasiones a los españoles para entablar relaciones políticas con los señores regionales. Lamentablemente no se especifica su posición política en relación a Nakuk Pech. Al consumarse la Conquista, Maxtunil pasó a ser la encomienda de García de Vargas en 1549, pero poco después su población parece haber sido trasladada durante el proceso de las reducciones. Posteriormente, Maxtunil pasó a formar parte de una estancia ganade-

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ra, llamada Nuestra Señora del Carmen Dzibilchaltun, mientras que el nombre original pasó a los terrenos y montes que le habían pertenecido originalmente. Ya para 1724 Maxtunil era el nombre de un pozo allá por el cerro de Chivach, al norte de la hacienda de Misnébalam. La última vez que se menciona el nombre es en 1784, cuando el intérprete general en Mérida, Pedro Cervera, traduce la carta de venta real con la cual el pozo de Maxtunil pasa por ocho pesos de manos de Diego Cetz, oriundo de Chicxulub, a los bienes del español Francisco Pérez. Resumiendo podemos constatar, que a lo largo de su desarrollo histórico el sitio de Dzibilchaltun ha demostrado gran continuidad y permanencia como sede de gobiernos regionales y locales en el escenario político del noroeste de la península de Yucatán. Bajo el nombre Tichantiho es sede de un señorío que colinda con los señoríos de Motul, Ake y Acanceh durante el clásico tardío y terminal. Con los cambios políticos que surgen en el posclásico, Tichantihó cambia a Ichcanziho o Tiho y su nombre pasa al sitio que antes se ubicaba en el lugar del centro histórico de la ciudad de Mérida. Dzibilchaltun se convierte bajo el nombre Maxtunil en sede de un batab local del territorio de los Pech. Con las reducciones realizadas por los españoles durante el siglo XVI, el asentamiento es abandonado y se convierte en parte de la estancia de Nuestra Señora del Carmen Dzibilchaltun.

AGRADECIMIENTOS Los autores agradecen a Edward B. Kurjack (†) y Rubén Maldonado C., coordinadores del simposio de arqueología “La región de Ichkaansiho y Tiho, aportaciones recientes”, la posibilidad de presentar una versión anterior del presente trabajo durante las jornadas del 53º Congreso Internacional de Americanistas en México. Gracias nuevamente a Ruben Maldonado por el permiso de poder estudiar los epígrafes mayas encontrados por el Proyecto Arqueológico de Dzibilchaltun. Le debemos también un cordial reconocimiento a nuestro amigo Ing. José Alberto Mézquita Argáez, director de Agroindustria Sabilera del Mayab, Yucatán, apasionado promotor de la cultura maya, quien compartío sus ideas y fuentes sobre Maxtunil con nosotros, sin las cuales el presente trabajo hubiera quedado trunco.

SIGLAS FCA INAH MARI SEP UADY UNAM

Facultad de Ciencias Antropológicas, UADY Instituto Nacional de Antropología e Historia, México Middle American Research Institute Secretaría de Educación Pública, México Universidad Autónoma de Yucatán Universidad Nacional Autónoma de México

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