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El Abeto. Autor H. C. Andersen, L’avet (Adaptación). Ilustración Thyzzian Torras.


Muy adentro del bosque crecía un pequeño árbol Abeto que quería ser grande. Todo el era bonito, los niños y las ardillas jugaban, pero el siempre se quejaba: -¡Oh! ¡Como me agradaría ser tan alto como los otros y que mi cabeza pudiera ver el mundo! El árbol estaba tan descontento que no disfrutaba del calor del sol, ni los pájaros, ni las nubes.


Al llegar el otoño unos leñadores cortaron unos arboles. Los dejaban delgados y desnudos y se los llevaban. El abeto, intrigado preguntó a las golondrinas: -¿sabéis a donde los llevan? Una golondrina le dijo que talvez hacían barcos.


- ¡Oh ! Como me gustaría ser muy alto para estar en el mar. - Alégrate de ser joven, alégrate de crecer y de estar vivo. - Le dijo un rayo de Sol.


Cuando se acercaba la época de navidad, cortaron otros arboles y se los llevaron. Pero no les van a cortar las ramas. El abeto se empezó a quejar. -¡Oh! ¿donde van? ¿Y por que no les han cortado las ramas? los gorriones les placaron que les llevaban las casas y les vestían maravillosa mente y los decoraban con cosas brillantes


- ¿Y después, que pasa? – pregunto el abeto temblando. - No sabemos nada mas. El abeto comenzó a preguntarse si a el gamas le pasaría una cosa tan maravillosa. ¡Si lo decoraban tanto, lo que venia después, debía de ser tan fantástico! - Alégrate como nosotros, disfruta de tu vida al aire libre. – Le dijo el sol y el aire. Pero él no se alegraba y crecía cada día mas y mas bonito.


El invierno siguiente el Abeto descontento fue el primero en caer y se sitio muy triste por tener que dejar el bosque. El viaje tampoco fue agradable, pero se recuperó cuando lo llevaron a un apartamento grande y bonito. Lo colocaron dentro de una gran potera le colocaron bolsitas de papel de colores llenas con dulces. Bolas doradas y luces brillantes de colores que se encendían y se apagaban. A arriba del todo colocaron una estrella brillante. Era tan bonito! Encendieron todas las luces del árbol y lo admiraron en silencio, pero enseguida los niños comenzaron a gritar y bailar alrededor del árbol, cogieron los regalos que estaban bajo sus ramas. El árbol pensaba únicamente en que pasaría después y no prestaba mucha atención a lo que estaba sucediendo a su alrededor.


Entonces un hombre se sentó, explicó un cuento y al final todos desaparecieron. El Abeto estuvo quieto y pensativo toda la noche esperando que en la mañana comenzara lo mejor. Pero al hacerse de día la familia lo llevaron a guárdalo una habitación oscura llena de trastos y lo dejaron en un rincón y se fueron.

Llegaron unos ratones y él comenzó a explicar cosas del bosque. Los ratoncitos le dijeron: - ¡Que feliz debías ser en aquel lugar!


Cuando les explico como lo adornaron, volvieron a exclamar:

-¡Que feliz estarías aquella noche! Después explico la historia que contaba esa noche aquel hombre y les gusto mucho, pero también lo dejaron solo. Entonces se dio cuenta que había sido muy feliz cuando estaba en el bosque, aquella noche de navidad y cuando los ratoncitos lo escuchaban, pero no se había dado cuenta hasta ahora. Lo único que ahora le haría feliz seria que lo sacaran de ese rincón oscuro.


Lo bajaron a un patio y él aprovecho por primera vez e mirar todo y no pensar en el mismo. Vio las flores, los animales, escucho los pajaros y observó unos niños que jugaban. Y pensó que realmente había disfrutado muchas cosas de la vida, pero no las había provechado lo suficiente. Un hombre preparó una hoguera y coloco el abeto, que con un gran suspiro comenzó a quemarse pensando en todos los buenos momentos que había vivido.

Fin.

El Abeto  

Cuento infantil ilustrado por Thyzzian.

El Abeto  

Cuento infantil ilustrado por Thyzzian.

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