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LAS CUENTAS EN PARTICIPACIÓN

1.- Definición y Características. Las cuentas en participación constituyen “una forma impropia de sociedad, a la que de ordinario se recurre cuando, por la naturaleza o la breve duración del objeto social, no conviene la constitución de una verdadera sociedad que tenga personalidad propia respecto a los terceros” (Loreto: 1979). El Código de Comercio venezolano regula las cuentas en participación desde los artículo 359 al 364, definiéndola como: “...aquella en que un comerciante o una compañía mercantil, da a una o más personas participación en las utilidades o pérdidas de una o más operaciones o de todas las de su comercio. Puede también tener lugar en operaciones comerciales hechas por no comerciantes” (art. 359). Es pertinente destacar que en el referido articulado, a esta figura jurídica se le dan los siguientes nombres: cuentas en participación, asociación en participación y sociedad accidental. Lo común en este tipo de contrato es que un comerciante individual o una sociedad mercantil llame a otra persona para hacerla participar, por un tiempo, del ejercicio de su comercio en totalidad o en parte, y al culminar la actividad o el tiempo estipulado, continúe el comerciante cumpliendo sus operaciones mercantiles sin estar ligado a esa persona. Sin embargo, no es un requisito que sea comerciante quien permite la participación de otro sujeto en operaciones mercantiles, tal como lo expresa la parte final del artículo 359. En cuanto a los caracteres de la Cuenta en Participación, Sanojo, citado por Loreto (1979), afirma: “El carácter distintivo de la participación, en nuestro concepto, lo que la diferencia de una manera clara de la sociedad, es que esta no existe sino en tanto que haya comunidad: nadie es asociado sino con la condición de poner algo en común: hay necesariamente un patrimonio perteneciente al ser moral que representa la


sociedad, y este patrimonio es distinto del de los socios. En la participación, al contrario, no hay ser moral, no hay bienes sociales, cada una de las partes conserva su individualidad perfectamente distinta, y no está obligada a poner nada en común: las partes son dueñas de estipular las condiciones que juzguen convenientes, de imponer a cada una de ellas obligaciones particulares; pero la convención no debe tener otro objeto que dividir, cuando la operación u operaciones están concluidas, las ganancias o pérdidas que resulten...” Este contrato, como fue expuesto al inicio, se rige por el Código de Comercio y por la convención de las partes (artículo 363: Salvo lo dispuesto era los artículos anteriores, la sociedad accidental se rige por las convenciones de las partes ). Así, se aplica el principio de libertad de las partes en sus convenciones, siempre y cuando no se deroguen las reglas establecidas en el Código de Comercio, de forma que las partes pueden establecer las condiciones o términos que crean pertinentes, siempre y cuando no contravengan lo dispuesto en la ley. Por otro lado, el artículo 364 contempla que “Estas asociaciones están exentas de las formalidades establecidas para las compañías, pero deben probarse por escrito”. Con ello, se precisa que el medio de prueba de este contrato entre los participantes, es la escritura, y ello es así, debido a que no es pertinente servirse de una prueba testimonial cuando están en juego intereses económicos que pueden ser de gran envergadura. Frente a los terceros, como para ellos no existe la asociación de cuentas en participación, no tiene relevancia como se constituye o prueba la misma. 2.- Relación de la Asociación y de los Asociados con los Terceros. En primer lugar, es pertinente conocer el nombre que reciben las partes en el contrato de cuentas en participación, así, tenemos al Asociado Aparente, Socio Aparente o Asociante Gestor, que es quien lleva las riendas del negocio (el


comerciante individual o social), y frente al él está el Asociado, también conocido como Socio Oculto o Participante, es el socio pasivo y oculto ante terceros, quien aporta efectivo, bienes, servicios o intangibles y participa en los resultados de la cuenta. Ahora bien, para examinar la relación de la Asociación y de los Asociados con los Terceros, debe recurrirse al artículo 360, que a la letra señala: Los terceros no tienen derechos ni obligaciones sino respecto de aquel con quien han contratado. Esto nos lleva a concluir que la cuenta en participación no es un ente moral o colectivo, no tiene nombre o razón social, no tiene personalidad jurídica y, por tanto, ningún socio puede representarla, de manera que cada asociado se obliga con la persona que ha contratado y en consecuencia el tercero ( para quien está oculto el contrato de cuenta en participación) que contrató con el socio aparente dirigirá sus acciones contra él y por tanto, tiene en garantía de su crédito la totalidad de los bienes de ese socio, así como los bienes entregados por el participante en la cuenta en participación, pues el artículo 361 dispone que “Los participantes no tienen ningún derecho de propiedad sobre las cosas objeto de la asociación aunque hayan sido aportadas por ellos...”, de manera que tales bienes pasan a ser propiedad del socio aparente. 3. Relación de los Asociados entre sí. El derecho del socio oculto o participante se limita en nuestro país a pedir rendición de cuentas de las cosas aportadas a la asociación y de los beneficios y pérdidas, como lo determina el citado artículo 361: “Los participantes no tienen ningún derecho de propiedad sobre las cosas objeto de la asociación aunque hayan sido aportadas por ellos. Sus derechos están limitados a obtener cuenta en los fondos que han aportado y de las pérdidas o ganancias habidas; pero podrán estipular en sus relaciones con los asociados que éstos les restituyan las cosas aportadas por ellos, y en su defecto, les indemnicen daños y perjuicios”. No obstante, como reza la parte final del artículo, el participante puede pactar reservarse la propiedad de las cosas aportadas, claro que esto dependerá del tipo


de bienes entregados a la cuenta en participación, de tal forma, que si se tratare de inmuebles, valdrá la cláusula frente a los terceros, siempre que conste en la Oficina Subalterna de Registro; en tanto que si lo entregado fueron bienes muebles, dicha cláusula sólo tendrá valor entre los asociados, porque frente a los terceros es aplicable el principio de que en materia de muebles la posesión es el título. Finalmente, cuando la restitución es imposible, procede la indemnización de daños y perjuicios. En el caso de quiebra del asociante gestor, Loreto (1979), expone: “como la asociación en participación no tiene personalidad jurídica, la quiebra no puede ser de la asociación sino del asociado aparente a cuyo nombre se contrata; en este caso los participantes, o sean los socios ocultos, podrán concurrir a la quiebra como acreedores del fallido por la parte de su aporte que exceda de la cuota de pérdidas que les corresponda...”, lo cual deriva de lo estatuido en el artículo 362. 4. Administración de la Cuenta en Participación. De ordinario quien contratará con los terceros será el asociante gestor, quien viene a ser como el gerente de la asociación, administrando los intereses de todos. Es quien responde frente

a los terceros y en tal sentido, tiene los poderes más

amplios, pues el negocio y las operaciones son suyas, obrando en su propio nombre. Sus actos son válidos ante el o los participantes, a menos que obre con fraude, pues en este caso los participantes tienen acción de daños y perjuicios contra él. Para el caso de que el participante contratara con un tercero, él se hace responsable, ya que la cuenta en participación está oculta y es ignorada por el tercero.


Las cuentas en participación