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Escuela Normal para Educadoras Guadalajara El trayecto de la formación Los enseñantes entre la teoría y la práctica

La tarea de formarse El sujeto y su formación como docente. Karina Patricia Hernández Vázquez 1D T/V


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La tarea de formarse Formarse no es más que un trabajo sobre sí mismo, libremente imaginado, deseado y perseguido, realizado a través de medios que se ofrecen o que uno mimo se procura. En muchos sentidos, la formación de los enseñantes surge de la problemática general de la formación, se desarrolló a partir de las experiencias de movimientos juveniles, de la educación popular y de la formación profesional, y de la problemática de la formación de adultos. Esta problemática se construyó fuera del mundo de la enseñanza. La formación permanente ha recurrido específicamente a enseñantes para asegurar conferencias y cursos de especialidad. Enseñantes tránsfugos de la Educación Nacional se convirtieron en educadores de adultos y de la formación profesional. Las practicas pedagógicas he institucionales se han extendido como fuentes de renovación de la formación de los enseñantes, por medio de la participación de talleres externos a la educación nacional o por medio de la introducción de estar prácticas en la escuelas normales o en otros centros de formación de la educación nacional. 1.- El advenimiento de la formación La formación aparece como uno de los grandes mitos de este siglo, si lo propio del mito lo muestra Roland Bathers “Transformar a la historia en naturaleza” de tal forma que “las cosa parecen significarse a sí mismas” es precisamente esta alteración que afecta la idea de la formación tal y como se ha banalizado y propagado desde hace una quincena de años. La formación implica un trabajo del ser humano sobre el mismo, sobre sus representaciones y sus conductas. La formación invade todos los dominios: uno se forma en múltiples actividades de esparcimiento, uno se forma como consumidor, como inquilino, como padre, como compañero sexual, uno se forma desde la primera infancia hasta la última etapa de la tercera edad. De la formación uno espera, definitivamente, el dominio de las acciones y situaciones nuevas, el cambio social y personal que uno ya no espera la transformación de las estructuras. Sin duda, la cuestión de la formación de los enseñantes no ha dejado de estar en el orden del día de todos los gobiernos que se han sucedido en Francia después de la liberación. Mencionemos algunas de las principales fechas relacionadas con la formación de los enseñantes después de la liberación: -Creación del C.P.R (centros pedagógicos regionales).


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-Creación en 1969 de los I.R.E.M (Institutos de investigación sobre enseñanza de la matemática). -Reforma de la formación inicial de los maestros que entran en vigor en 1980-1981 Pero las reformas se fueron realizando, cada vez con menor frecuencia, tanto en el nivel de la formación inicial como en el de la formación continua. La problemática de la formación de los enseñantes es la misma que cualesquiera que sean los contextos nacionales y las concepciones presentes. Se resumen en cinco o seis temas cuya emergencia, traduce las insuficiencias de los sistemas de formación frente a las transformaciones que afectan el papel del enseñante y su función social: necesidad de una redefinición de los objetivos de la formación, necesidad de articular la formación inicial con formación continua, de equilibrar formación científica y formación profesional, de ampliar la forma pedagógica a una formación profesional que contemple los aspectos de relaciones cooperativas e institucionales, asi como de iniciación a las nuevas tecnologías y metodologías, acercando las relaciones entre la teoría y la práctica. Todos esos puntos se reconocen comúnmente como puntos clave. Los dispositivos de formación son portadores de ideología. No son útiles para todos los fines. Podemos visualizar la formación como una función social de trasmisión del saber, como suele decirse del saber-hacer o del saber-ser; desde esta perspectiva, la formación será un juego de poder según la medida de los sometimientos y de las automatizaciones que suscite. Desde otra óptica, se puede contemplar la formación como un proceso de desarrollo y estructuración de la persona que lo lleva a cabo bajo el doble efecto de una maduración interna y de posibilidades de aprendizajes, de reencuentros y experiencias. Es así como la noción de la formación se ha encargado de tantos equívocos y aparece de tal manera pervertida por la utilización que se hace de ella desde la extensión de la formación permanente, convertida en una vasta empresa distribuidora de saberes etiquetados y de pequeñas seguridades. 2.- Especificad de la formación de los enseñantes La formación es un proceso de desarrollo individual tendiente a adquirir o a perfeccionar capacidades. Esta definición sitúa la formación del lado de la dinámica psicológica, es decir, psicofisiológica. La formación incluye también las etapas de la vida escolar con sus éxitos y sus fracasos, las capacidades programadas para esto o aquello, es decir, los caminos marcados e instrumentados que emprende obligatoria o facultativamente el trayecto de la formación. La formación no debe reducirse a una acción ejercida por


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un formador sobre un “formado” maleable que reciba de forma pasiva la configuración que le imprima el formador. Es importante hacer notar tres características de la formación de los enseñantes que plantean tres categorías de problemas. A-. Una formación doble Una de las especificaciones que tiene la formación de los enseñantes que tiene la formación de los enseñantes es que es una formación doble: el oficio de enseñante exige una formación científica, literaria o artística y una formación profesional que a veces se reduce a una formación pedagógica. Tradicionalmente, los profesores de enseñanza secundaria solo necesitaban una formación profesional. La imagen del enseñante animador se asemeja más o menos a la del enseñante educador, ya que la animación se adopta aquí como una técnica pedagógica que tiende a facilitar los aprendizajes, sino en cuanto al acento puesto en la relación y en la comunicación; he aquí la concepción de la doble formación. La problemática de la formación de enseñantes está fuertemente marcada por esta bipolaridad que determina los siguientes principales dilemas: ¿Cómo jerarquizar los objetivos de la formación de los enseñantes?¿es o no necesario especializar a los maestros en la enseñanza de una sola disciplina?¿cómo seleccionar futuros enseñantes?¿cómo concebir el plan de formación?¿cuáles son las instituciones susceptibles de asegurar estas formaciones? Hoy, la búsqueda de una articulación nos lleva a otras soluciones: ya sea en el sentido de un desarrollo de centros de formación regionales que integren las aportaciones universitarias; ya sea en el sentido de la integración de la universidad de los centros de formación. B.- Una formación profesional El que la formación de los enseñantes deba considerarse como una formación profesional sería una perogrullada si se admitiera universalmente que los enseñantes son, al igual que los médicos o los abogados. Desde el punto de vista de la competencia, Jean Piaget deploraba, que “el maestro de escuela no es considerado por los otros, ni, lo que es peor, por el mismo, como un especialista desde el doble punto de vista de las técnicas y de la creación científica, sino como el simple transmisor del saber en el nivel de cada uno. En efecto, el acto de enseñanza aparece como un acto banal que se efectúa dentro de la continuidad de una actividad especulativa o práctica. Desde el punto de vista de la pertenencia a una profesión organizada, la enseñanza no es ya un oficio como los otros.


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Cuando las situaciones profesionales que se deben afrontar son tales que el saber y el saber hacer solo puede actualizarse en función de un tipo de presencia que pone en juego la personalidad profunda, podemos hablar, como dice André Missenard de la formación de la “personalidad profesional”. C.- Una formación de formadores Una formación de formadores, es decir, de funcionar en un segundo nivel. Existe una analogía estructural entre el lugar físico de la formación y el lugar físico de la práctica; los edificios, las aulas, los ritmos de las actividades cotidianas, semanales o anuales, la relación profesor-alumno, relacionada con el vínculo padre-hijo, uno de los dos arquetipos de nuestra vida social, se encuentra en las dos situaciones. En alabanza de los métodos activos, y a pesar de las antigua quejas de Alain: “Yo odio estas pequeñas sobornas”. La escuela “Normal” fue concebida y nombrada así para perpetuar esta reproducción. La formación de formadores conduce a su punto extremo, la autonomía educativa fundamental: formar sujetos autónomos. Una formación doble, una formación profesional y una formación de formadores: estas características estructurales, constitutivas de la problemática actual de la formación de enseñantes, aparecieron sucesivamente en relación con el contexto histórico cultural.

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