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ACERCA DE TOKYO SCORE, DE JOSÉ BAUTISTA

JOSÉ BAUTISTA’S TOKYO SCORE

Personajes que componen con su propia música la

humano, por más que puedan parecer lugares vacíos.

Behold, a tantalizing orchestra of Tokyo citizens writing a

ciudad de Tokyo. Atmósferas que riman, ambientes que

Llenos de humanidad que fluye tal vez invisible al ojo,

atmospheres pulsing with the rhythm of poetry; this is José

respiran como haikus. Ése es el Tokyo de José Bautista.

pero no al oído. Se escuchan las respiraciones, el ajetreo,

Entrar en Tokyo de su mano es escuchar. No se trata

el descanso, la lírica del pulso. En cada edificio, en cada

sólo de abrir los ojos para enfrentar las miradas de

carretera, en cada tren, en los coches que pasan y que

quienes bombean el corazón de la urbe. Construye para

nos llevan al siguiente escenario.

each story a glance at human existence. For each setting, a

el espectador un ejercicio mucho más completo donde

Y así, en cada acto, perfectamente articulado, avanzamos

A small, red lantern is his starting point. It is the opening

el oído ha de estar atento. A cada historia que relata

a lo largo y ancho de la partitura de la ciudad. Con

cada gesto. A cada cuento que encierra cada mirada. A la

el mimo que requiere una composición musical, sin

melodía de cada escenario.

que ningún elemento desafine. Una prodigiosa línea

Un farolillo pone las primeras notas de luz. Es la apertura

argumental, un adagio que nos hace indagar en rostros

daily role anonymously; past, present and future interlocking

para esta gran ópera. No podía ser de otra manera. No

que preguntan, aprender de rostros que responden,

flow; a state of flux. A nameless group of individuals singing

sólo porque la fotografía es luz, sino porque aquí está la

y asomarnos a rostros que se abren como ventanas y

propia luz de Tokyo y José Bautista la toma y la moldea

arrojan su propia luz para revelar su esencia. Por los

para que podamos avanzar por sus caminos.

lugares donde las gentes avanzan, sueñan, trabajan

El foco va incidiendo en cada personaje. Cada uno tiene

y aman. Por sus manos, por su indumentaria, por los

train and passing car is a door to the next scenario where new

su papel, ninguno es accesorio. Se suceden con su propio

objetos con los que conviven en el día a día, por su

Perfectly structured, bar after bar, we advance through what

verso que van revelando. Con su día a día cotidiano, con

manera de entender el mundo y la forma en que vibran.

seems to be an urban musical score. Nothing is carelessly

su pasado, con su presente y con el futuro que se intuye

Y su rima se hace nuestra rima.

in place. A remarkable line of argument; Jose probes and

ante sus pasos. Y la rima surge como por arte de magia.

Acto final. Alguien sin rostro se despide. ¿Sin rostro? Tal

Una rima que también bulle en los escenarios.

vez porque confluyen los rostros de todos. Atrás queda

their own, revealing the essence of human evolution. Camera

Decorados que siempre cuentan con el elemento

Tokyo. Al espectador, José Bautista le deja su ritmo.

His photographs and music are a reflection of these hard

musical theme with their day to day stories. Haunting, dreamy Bautista’s Tokyo, a matchless beauty. José is above all an acute listener. He open-mindedly approaches the dazzling urban life of modern Tokyo. It’s not just about what you can see with your eyes. Your senses will be tested. Music and images intricately combined. Through unique melody. ceremony for this magnificent opera. José’s craftsmanship at capturing Tokyo’s light is simply overwhelming; rich in detail. Once we decide to follow him on this journey there is no turning back. Struggling on this bustling stage, men and women play their in every step they take. One by one we are exposed to their the song of the city: a choir of equilibrium. Gracefully human, there is a proximity reaching out at us. You can actually hear the people breath, the hectic rushing or the afternoon breaks on the streets and parks. All speak with one voice. It is listener friendly; it rhymes. Each building, road, stories can be found.

treated here; nothing out of tune. Each time signature is questions each experience, seeking answers from every street and corner. He dives into the faces that shine with a light of in hand he has truly captured the spirit of the community. working, dreaming and loving people. As a final act, a blank face bids us farewell. In the end we probably recognize our own faces. By then José is long gone.

Clelia Antuña Frías Periodista de la TPA, Televisión del Principado de Asturias Oviedo, enero 2008

Only his rhythm is left.

Clelia Antuña Frías TPA Journalist, Principality of Asturias Televisión. Oviedo, january 2008.


oe detuvo taiy ndo s Cu a

to n ie v l e

vi

o m co

n o c se

so l e aĂ­a r t

l


Todos nos alejamos, por eso dibujamos nuestros pasos en el suelo.

lĂ­neas


tetsuo

hideki


U na f r a g anc i a de colo r es i n vad i ó tu noc h e, que e r a tan d i fe r ente de la m í a co m o lo es

la

Luz

del Resplandor.

S ó lo b r i llo

pude

del

sent i r

c r i stal

el

m i ent r as

pe r m anec í i ne r te apenas un se g undo antes de q ue te alejases ent r e sue ñ os .

T anto ans i é conte m pla r tu r ost r o r eflejado

ent r e

mis

m anos . . .


No podía dejar de mirar a aquella mujer Llevaba el visor pegado a la pupila intentando obtener

iris. A cada ráfaga el vacío se apoderaba de mi cuerpo

redujo a un solo pensamiento: avanzar, proseguir

el momento idóneo o el encuadre perfecto para

como una explosión y me obligaba a detenerme y

hasta la superficie de la piedra, acercarme lo más

disparar. Caminaba muy lentamente hacia mi objetivo

reanudar la marcha como un autómata.

posible y detenerme para contemplar que había

contemplando maravillado la forma en la que la luz

El fulgor del último impacto me arrojó de bruces al

más allá de la luz.

se reflejaba sobre la escultura y concentraba toda su

mar de la inconsciencia y luché desesperadamente

Sin importarme el tiempo, observar la piedra

blancura lanzándola a través del diafragma hasta mi

para salir a flote pero fue entonces cuando todo se

inmóvil, en silencio.


Es

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,


Pasan los días, como

rA'fagas

de luz a través de un pequeño orificio en la ventana de nuestros recuerdos


sumo El joven vencido se había apartado del grupo y yacía lánguido apoyado en una farola, con la cabeza inclinada en una actitud de total pesadumbre y resignación.ía sombra alguna bajo sus pies.


koiwa Pequeña y antigua casa de de madera a modo de ryokan incrustada en un bloque de viviendas situada en el área de Koiwa, donde en ocasiones pasé algunas noches y días.


Shinagawa eki


ICHI NICHI NO OWARI

Caminaba entre miles de rostros desconocidos para mí y lo único que podía hacer era mirar alrededor con sosiego. Muchas de las fotografías que tomé se originaron fruto de las sensaciones auditivas que un lugar o recorrido en concreto me provocaban, o tal vez como la luz formaba parte de la paleta de sonidos para formar los colores y formas que se movían en mi campo sensorial.


tango


miburo El índice de criminalidad de la ciudad de Tokyo es tan bajo que prácticamente no hay detenciones y los sujetos buscados por la policía son los mismos durante décadas. En esta imagen sacada de en una ventana de una comisaría las raídas fotografías de antiguos delincuentes conviven con las modernos rostros de los más buscados. Dentro de un tiempo estos últimos formarán parte del pasado.


despertĂŠ en

abril

Me

y

contemplĂŠ mis manos


eizo ito


RAITO NO REKISHI


Un día me encontré de nuevo a Tomei en el gran parque de Ueno. Me costaba reconocerlo en ese escenario tan sosegado donde los fluorescentes habían sido sustituidos por ramas de árboles iluminadas por

Tomei

el sol del atardecer.


cerca de kanagawa

eri Eri es artista. Pinta y fotografĂ­a cortezas, las ramas de ĂĄrboles y la tierra que rodea las raĂ­ces que los sustentan.


En el distrito de

hongo muy entrada la noche. Una casa permanece iluminada.

rĂ­o Sumida PanorĂĄmica. Al lado del embarcadero se encuentra el Tsukiji shijo, el Gran Mercado de Pescado de Tsukiji.


Jinsei es la palabra japonesa para “vida”, concretamente se refiere a la existencia de un ser humano y lleva consigo la certeza de la única vida que tenemos. Tomé esta fotografía en un club de jazz cercano a Shibuya y fue poco después de que la pianista y cantante entonara varias veces lo que podía ser el estribillo del tema: Watashi no Jinsei. Pregunté a Atsumi, que me acompañaba aquella noche, por el significado de aquella frase y me dijo que podía traducirse como Mi Vida. Hablamos entonces de las derivaciones y sentidos variados que poseen muchas palabras japonesas; Jinsei alude también al único

jinsei

camino y las diferentes etapas las alcanzamos en función de cómo recorramos dicho camino. La exclusividad implícita de

esta palabra japonesa la convierte en poderosa, es por ello que no debería tomarse a la ligera ni pronunciarse con desdén. Salimos tarde de aquel club, llovía y, como me encontraba bastante cansado, pedimos un taxi. De regreso al Ryokan comprobé que había parado de llover y el cielo aparecía claro ante mis ojos y levemente moteado por algunas estrellas que habían sido invitadas a la breve tregua que sucede la lluvia en una gran metrópolis. Aún resonaban en mis oídos las largas notas que acentuaban el final del estribillo que había escuchado poco antes, Watashi no Jinsei, Watashi no Jinsei… Decidí entonces que era demasiado pronto para irme a dormir, ¿Cómo iba a dejar de caminar en aquella magnífica noche?


AKIHABARA Os aseguro que lo Ăşltimo que vi cuando atravesaba la puerta de salida fue aquella mujer palpando algo debajo del espejo. Los libros habĂ­an desaparecido.


ryokan La vida en el interior de un Ryokan se compone de momentos mínimos que se suceden con sosiego. Incluso los rincones que podían pasar desapercibidos cobraban el máximo interés y, en silencio, me mostraban la luz y la austeridad recordándome que son esas pequeñas cosas las que verdaderamente enriquecen el sentido de la existencia.


ONGAKU

A todas horas debía detenerme y escuchar como la luz irrumpía en el espacio auditivo de la calle y casi al unísono – coronándose tras un veloz stacatto – la invisible e intangible orquesta descubría las sonidos ocultos que reposaban en la penumbra descansando junto a las sombras. Aquellos sonidos eran notas, rojos, azules y ocres permanecían ufanos sin dejar de tocar pequeñas melodías en los registros más elevados, sujetos con la firmeza del interminable asfalto gris. A veces te daba la sensación de que algunos toques se alejaban de la armonía general y huían sin rumbo alejándose de la escena, desafinados y descoloridos, hasta que te dabas cuenta de que no podía ser de otra forma porque una vez más la luz se erigía majestuosa, como la trompa que surge al final de un rubato de cuerdas, sobre aquellos objetos perdidos y los apartaba con energía de una anónima monotonía.


ikekuburo Los Ăşltimos minutos de la tarde. Paseantes

shinjuku Trabajadores en el momento de descanso para un fumarse un cigarrillo. Centro de Tokyo, Shinjuku.

atravesando un puente en el ĂĄrea de Ikekuburo.


siempre

cientos

unos pocos

Atrapados millones

tokyo


El señor Keiji elabora y vende pequeños buñuelos

Es posible que se parezca a todas esas que ves ahí

aderezados con salsa de soja en un puesto ambulante

– señalaba con su dedo índice, amontonadas, decenas

de la calle Monja, en el terreno ganado al mar de

de alianzas plateadas que relucían con discreción sobre

Tsukishima. Lo conocí la última hora de la tarde

un ajado paño de hilo blanco –. Pero no te equivoques

de un día en primavera mientras investigaba las

porque nada tiene que ver con ellas. Lo que hace

embarcaciones amarradas al borde del río Sumida que

diferente esta joya de la anterior que hice y siguiente que

rodea a esa pequeña isla de Chuo en Tokyo.

haré no es como la ves una vez terminada, tan pulcra y

KEIJI

No tenía intención de

brillante como el cabello

comer monjayaki, la

limpio color azabache de

comida local, pero fui incapaz de resistirme

una joven muchacha que se peina junto al arroyo.

a la atracción de mi

Lo que hace realmente

olfato y pararme en

único este anillo es como

el pequeño puesto de

lo viste la primera vez que

dulces donde enseguida

esparciste un poco de

atrajo mi atención la

plata sobre la pesa.»

sutil delicadeza con la

No entendía lo que mi tío

qu e aquel p as tel ero

quería explicarme pero

fabricaba cada uno de

sabía que tenía todo el

los buñuelos. Te aseguro

tiempo del mundo para

como si fuese única. Igual que mi tío Manuel, Maestro Joyero.

KEIJI

que diseñaba cada pieza

descubrirlo. Soñaba, como tantas otras cosas, con averiguar el significado al

día siguiente porque, ¿recuerdas lo que implicaba pasar

De niño solía pedir a mis padres que me llevasen al

una hora en tu niñez? Una hora era como un día y un

taller de mi tío porque me encantaba pasar horas

día como un año. ¡Un día! Tan único, largo e irrepetible

contemplando como trabajaba. Él repetía siempre

como el horizonte que se perfilaba en el mar de tus

la misma frase al terminar el trabajo destinado para

deseos infantiles. Por eso los recordabas, porque eran

esa jornada:

únicos, irrepetibles y podías rememorarlos siempre

«Esta pieza que estoy haciendo no tiene igual, José.

aunque ello te costase... Sí, otro día.


FUJOSHI

HATARAKU


tokyo

ASAKUSA

Indigentes en las afueras de un templo, en Asakusa


tokyo Área de Hongo, la zona universitaria de Tokyo. Estudiantes haciendo ejercicios de relajación tras una clase de tiro con arco.

kazuo Y kento


El ocaso da paso a la noche en la ciudad y las luces artificiales hieren el asfalto, la tierra se transforma en un resplandeciente espejismo donde todas las cosas animadas se ralentizan y diseminan los reflejos de color por las calles solitarias donde circulan vehículos repletos de silencio y anónimos relatos. Imagino los rostros de esos conductores que escuchan el monótono discurso de un día que sucedió a otro día, y aquel a otro día, y aquel a otro día. La noche es como ese asfalto salpicado de sombras azules, verdes y amarillentas. Tokyo se viste de sombras y los pasos de los transeúntes son solo un rumor que se confunde con el rechinar de las vías mientras se detiene el último tren en cada una de las estaciones. En los andenes unos pájaros de poliuretano entonan cantos prefabricados y los niños se duermen sin escuchar la puerta que se cierra tras un cuerpo que se derrumba en el sofá. Y después de quince horas de ausencia, el día casi acaba de comenzar.


TOKYO SCORE josé bautista TAIYO

HIDEKI

Cuando se detuvo el viento vi como se contraía el sol; fue un momento y escuché el vaivén de mi respiración. Mantenía la inercia del acompasado ritmo del aire tan solo unos segundos antes de que la luz del atardecer inundara el pequeño habitáculo rojo de la linterna.

Hideki es un maestro de escuela. Enseñaba historia y creo que fue el primer retrato que compuse en Tokyo.

Todo cobró vida en la ocre estancia y a mí me pareció que aquella frágil pompa de papel era la única lámpara encendida en la ciudad. Tanto me extrañé de que nadie más lo advirtiese.

LINEAS Muy pronto te das cuenta de que las líneas que te rodean viven porque tú y quienes te acompañan os encargáis de concebirlas. Las sombras son líneas que brotan en los edificios y se acomodan en las esquinas cuando el sol alcanza su cénit y nunca dudan en salir a saludaros y apuntaros con sensualidad aprovechando la curiosidad del caminante que, ajeno a la escena, busca el refugio de las horas transcurridas. Contemplas con perplejidad el cielo garabateado, los cables palpitan y se amontonan más allá de tu alcance y te preguntas porqué son tan armoniosos, cómo es posible que aquellas madejas de acero sean capaces de pintar las nubes. Todos nos alejamos, por eso dibujamos nuestros pasos en el suelo.

Lo encontré en el parque Yoyogi durante una preciosa tarde de abril. Recuerdo que la luz parecía brillar aún más dentro de aquel tranquilo retiro, parecía que estaba arropada por las oscuras copas de los árboles y mientras tanto dormía, resplandeciente. Él no congenió en ningún momento conmigo, supongo que mi ineludible debilidad -la precipitación de mis gestos, acorralado, tan a merced de su mirada- se le antojó tan aburrida y carente de interés que me aún hoy me avergüenzo al pensar en el titánico esfuerzo de Hideki por aparentar un mínimo grado de cortesía. Yo me dejaba llevar por el festival de luz y entonces lo vi, se encontraba de espaldas y estaba desenvolviendo lo que parecía ser su desayuno. Sentía mis pies abrasados por la arena en pos de la orilla mientras avanzaba torpemente al acecho de mi presa. Con sigilo invadí sin respeto su columna vertebral, refugiado en la insolencia de la distancia y cuando lo alcancé no vacilé en rodearlo para situarme enfrente suyo, cara a cara esperando poder abatirlo en silencio mientras saboreaba con ansia el futuro botín del turista sin pensar que, precisamente, debía comportarme como un viajero. Sólo pude disparar una vez; vencido, reducido y abandonado a mi conciencia como un cazador furtivo que se arrepiente en el último instante antes de accionar el mecanismo de la muerte. Cuando todo acabó sólo podía hacer una cosa: reti-


rarme lo más rápido que pudiese del fuego de sus ojos y huir. Recogí mi cámara y tras una patética reverencia me alejé sin decir palabra. Minutos después me alcanzó mi amiga y asistente y me preguntó que porqué no le había pedido su nombre,

No estuvimos más de diez minutos, el tiempo suficiente para que la nube descubriese el primer rayito de sol y que yo, aprovechando tal circunstancia, fotografiase al amable conductor. Me dijo que se llamaba Tetsuo, también me hizo saber que muchos años atrás vivía con su mujer y sus hijos en Kyoto. Después se trasladaron a Tokyo pero su hija se casó y regresó a la antigua capital de Japón.

- Ni siquiera podía pensar en eso, Atsumi -le dije- . - Su nombre es Hideki-san, José, y me ha dicho también que fue profesor de historia -me dijo ella-. Además me ha hecho una pregunta, ¿Porqué no has disparado?

TETSUO Me encantaba la lluvia fina poco después del alba durante aquellos primeros días de mayo. Adoraba el repiqueteo de las gotas sobre las barandillas, los retrovisores de los coches, los bordillos de las aceras y las persianas que ascendían y dejaban entrever los mostradores vacíos de los comercios. Sonreía al contemplar el silencio de la ciudad tomada por las juguetonas gotitas surcando con libertad los canales de la brisa, vertiendo su esencia incolora sobre un millón de objetivos multicromáticos. Un millón de pequeñas voces, un millón de minúsculos sonidos fundiendo su naturaleza con el sintético vapor de timbres que siempre está flotando en Tokyo. Una nube descargó con vehemencia sobre todo lo que alcanzábamos a ver y riendo corrimos en busca de refugio. Empapados y con agua en los ojos no nos dimos cuenta de que el azar nos llevó a la puerta de entrada de un autocar turístico. Nos disponíamos a salir del vehículo cuando un sonido que parecía estar fuera de ritmo en aquel lugar nos obligó a detenernos y girarnos en dirección al asiento del conductor; alzamos nuestras cabezas y mudos de asombro contemplamos a un señor que, con las manos en el volante, no dejaba de reír y reír mientras nos observaba con indulgencia. Por un momento pensé que había encendido el motor y emprendía el viaje hasta la próxima parada pero la moqueta se mantenía estática bajo nuestros pies y aunque yo me resistía a permanecer más tiempo importunando el trabajo de nuestro inesperado anfitrión, él nos invitó a que subiéramos los siguientes escalones que delimitaban la calle y nos dijo que no nos preocupáramos porque podíamos guarecernos de la tormenta hasta que ésta se alejase.

Por desgracia no disponía del tiempo ni los recursos necesarios para ir a visitarla periódicamente pero aquella líquida mañana de mayo Tetsuo estaba muy alegre, tan alegre que nos contagió con su dicha y de nuevo las carcajadas resonaron en la pequeña cabina de mando del autocar. Todos reíamos. Cuando salimos Atsumi me preguntó que porqué reíamos tanto y yo le dije que no sabía porqué, pero suponía que la situación y la escena invitaba a que expresáramos nuestra alegría sin razón. Lo dejamos estar y seguimos caminando rumbo a la primera parada de metro que encontráramos. Seguro que fue lluvia, como cuando éramos niños.

YOYOGI Tomé esta foto al lado de la estación de tren de Yoyogi minutos antes de encontrarme por primera vez con Atsumi, pero hacía horas que deambulaba por allí. Elegí ese lugar para el inicio de aquellas andaduras con mi querida luna sonriente porque siempre me gustó la tranquilidad de las calles que rodean a esta parada del Tokyo JR. Cuando subes las últimas escaleras mecánicas y abandonas la entrada principal de la estación te encuentras con uno de esos cruces con múltiples pasos de cebra que tan característicos han hecho a la ciudad, pero este cruce en particular tiene algo de antaño, un sabor a otra época que es difícil no apreciar si tienes la paciencia necesaria para esperar al borde de la primer rectángulo blanco de la calle durante muchos éxodos de los peatones cada vez que se enciende el rojo en los semáforos. Supongo que las oxidadas fábricas textiles y viejas empresas de importación y exportación que conviven a la sombra de los altos y modernos edificios de oficinas contribuyen a crear ese clima de serena añoranza, pero a mí me parecía como si cada una de las personas que atraviesan la calzada, aislada y cercana durante medio minuto, dejase de tocar el asfalto en su camino y lo que realmente veía es el reflejo de las mismas


que recorren bocabajo el pavimento apresuradas y nerviosas por llegar al otro lado, mientras sus hologramas pasean tranquilamente por el pequeño hexágono de intersecciones, recordando cuantas veces cruzaron aquel paso de peatones, viviendo incluso lejanos encuentros inesperados al otro lado de la acera, tan presentes en la memoria como el llanto y el aliento. Aquellos dos chicos me llamaron la atención porque llevaban mucho tiempo ahí, casi tanto como yo y no parecían estar haciendo nada ni daban la impresión de estar esperando a nadie. Se me antojó muy extraño porque no es usual ver a los ciudadanos de Tokyo sin “algo que hacer”, sin dirigirse a algún sitio. Al cabo de un rato advirtieron mi presencia y curiosidad pero permanecieron en los aledaños de la estación, impasibles, sin hablar, de pie uno cerca del otro. Miraban hacia arriba y a los lados, sólo hacían eso y por un momento creí que simplemente estaban tomando el sol y disfrutando de la brisa. Yo estaba parado cerca del semáforo. Seguía mirando en derredor buscando el reflejo de las luces de los edificios en todas las miradas pero llegó un momento en el que hasta los espejos se oscurecieron porque no podía apartar mi vista de aquellos dos jóvenes. Entonces se acercaron a mí, muy muy lentamente, y cuando pensé que irían a preguntarme algo pasaron levemente de largo y se quedaron a mi lado, al borde de la acera. Sólo tuve tiempo de tomarles una fotografía porque cuando cambió el verde del semáforo emprendieron la marcha hacia el otro lado de la calle y se alejaron entre los altos edificios, sin prisa alguna.

SUMO Los vi una soleada mañana de agosto en Ryogoku, que es donde tienes que ir si deseas encontrarte con un luchador de Sumo en la calle. Los estudiantes más jóvenes suelen entrenarse fuera del gimnasio algunos días y horas determinadas de la semana y en esta ocasión tuve bastante suerte porque no es habitual toparte con un grupo de aspirantes preparándose juntos.

Una de las pruebas de fortaleza más habituales es también la más simple, consiste en tirar mediante una cuerda de una rueda de camión. La rueda, testigo inanimado del aguante que está dispuesto a demostrar cada orgulloso aspirante, permanece día y noche apoyada al lado de la puerta del gimnasio esperando ser rescatada de su innatural refugio para dejarse llevar casi con desdén, sabedora tal vez de que al menos una vez al mes se topará con un novato incauto y éste sufrirá con despiadada saña la poderosa fuerza de la quietud neumática. Es posible que el día que tomé esta foto yo también me encontrase con uno de esos primerizos, porque aunque me separaba una prudencial distancia del grupo de jóvenes estudiantes de sumo pude apreciar el infructuoso y casi desesperado intento de uno de ellos por seguir avanzando con la rueda. Sus gestos revelaban dolor, sobre todo en sus manos, porque el roce abrasador de la cuerda sesgaba con crueldad la piel de sus palmas y la fuerza del joven lejos de ser ordenada parecía que se desparramaba, muy al contrario de la enhiesta cuerda que se mantenía firme y desafiante mientras recogía con diabólica complacencia los pegajosos frutos de la agonía y el sudor. El profesor o jefe del grupito, que seguramente contemplaba la escena desde la ventana del segundo piso, no pasó por alto semejante muestra de flaqueza y se apresuró a bajar y reprender con dureza al pobre chico su manifiesta rendición y falta de ambición. Decidí entonces que era el momento perfecto para fotografiarlos y los bordeé para pasar lo más inadvertido posible. Así tomé esta imagen. Cuando imprimí por primera vez y puse sobre mi mesa una copia de esta foto noté algo extraño y no pude descubrir hasta pasado un buen rato las pequeñas sombras de dos caballos al pie de los futuros luchadores que habían superado la prueba. El joven vencido se había apartado del grupo y yacía lánguido apoyado en una farola, con la cabeza inclinada en una actitud de total pesadumbre y resignación. No había sombra alguna bajo sus pies.

Los primeros años en la formación de un buen Sumobeda son muy importantes porque se han de sentar las bases de una poderosa musculatura y todos los ejercicios están encaminados a superar los límites de su resistencia. De hecho muchos de esos jóvenes estudiantes abandonan el mundo del Sumo durante sus primeros años porque no pueden abordar el sacrificio que supone desfallecerte como rutina.

SHINAGAWA EKI La gran estación de tren en el sur de Tokyo. Muchas personas regresan tarde a sus hogares una vez han terminado el trabajo. En los últimos años es habitual encontrarse a muchos trabaja-


dores en Tokyo tomando este y otros trenes camino de su casa más allá de las 10 y 11 de la noche.

ICHI NICHI NO OWARI Caminaba entre miles de rostros desconocidos para mí y lo único que podía hacer era mirar alrededor con sosiego. Muchas de las fotografías que tomé se originaron fruto de las sensaciones auditivas que un lugar o recorrido en concreto me provocaban; o tal vez ,como la luz, formaban parte de la paleta de sonidos para formar los colores y formas que se movían en mi campo sensorial. No sé tomar fotografías con rapidez porque para mí es muy difícil ser consciente del momento y ritmo inesperado, cualidad que muchos fotógrafos poseen, así como la capacidad de saber que tal imagen dispone de la fuerza necesaria justo en el momento que la están capturando. Por eso no me considero un fotógrafo sino tal vez un apasionado devoto del recorrido personal que te lleva a elegir un lugar y un centro de atención para guardar una imagen o una serie de imágenes, empleando para tal fin una herramienta como la cámara fotográfica. En ese sentido estas dos imágenes reflejan bien lo que expongo; en realidad no trascienden más allá de lo que muestran ni nos cuentan ninguna historia de forma explícita. Aquí solo hay dos jóvenes que regresan a casa por la noche, en dos estaciones diferentes de la línea JR. Una espera al tren y la otra espera bajarse del mismo en su parada. Decidí fotografiarlas porque para mí era el final de un ajetreado día en el cual casi no pude sacar mi cámara y tenía muchas ganas de llevarme algún instante aquella noche. Por unas y otras razones había sido un día que me había encontrado y hablado con muchas personas pero no había tenido tiempo de observarlas con detenimiento. Supongo que por eso tomé y seleccioné estas imágenes para el proyecto ya que lo único que hice fue mirar pausadamente alrededor y apreciar como la luz incidía con suavidad sobre aquellas chicas.

TANGO Belén, bailarina y profesora de tango argentina en Tokyo. Hace poco regresó a su país.

ABRIL Me desperté en abril y contemplé mis manos. La tenue opacidad del papel Washi en las ventanas del Ryokan mantenía la estancia tibiamente alumbrada; “Esto es vapor de luz, y solo aquí puedo encontrarlo” solía repetirme anhelando que tal cosa existiese más allá de las proximidades de mi regreso. Decía el poeta Jaime Gil de Biedma que “visibles y lejanas permanecen intactas las afueras” y supongo que es cierto, los caminos persisten y siempre tendremos una opción de recorrerlos deseando tal vez que algunos de ellos no se acaben y se bifurquen en los trazos de nuestra memoria. Sería hermoso que eso fuera posible pero el recuerdo es , en cualquier caso, otra travesía y así como no podemos desandar lo andado nunca lograremos recrear el confín del descubrimiento a través de la ilusión del olvido. Vapor de luz. Una exhalación de imágenes suspendidas en el aire me invadía cada mañana y, como el perfume de colores de Margot a través de los finos pliegos que antes fueron arroz y trigo, el tiempo se tomaba un pequeño descanso y durante décima de segundo te mostraba el ayer sobre el silencio del Tatami. Detente un momento ante una ventana cerrada y observa cómo se deposita la luz sobre el cristal diluyendo los reflejos del exterior. No te vayas, permanece quieto unos minutos y cierra los ojos. Abre entonces la ventana, con suavidad. Ahí está el paisaje. Me levanté y cogí mi cámara. Si existiese el vapor de luz igual podrías tocarlo pero no se puede experimentar el tacto, como no te pueden decir qué se siente si te descalzas sobre la fresca hierba en primavera.

EIZO ITO El señor Eizo Ito trabajó toda su vida como policía de la prefectura de Tokyo y durante muchos años vivió en la antigua zona de ocio de la ciudad, la dorada Asakusa que describió el escritor Kawabata Yasunari hace 80 años. Ahora es empleado en una empresa de seguridad y en el momento que lo encontré se ocupaba de la vigilancia de un multicine en Shinjuku. No fue difícil acercarme a él para presentarme y hablarle del trabajo que estaba haciendo y aunque amablemente escuchó mi propuesta no quería que le hiciese una fotografía. Atsumi una vez más tuvo que emplearse a fondo para convencerle de que posase ante aquel extraño extranjero. Finalmente accedió; elegimos un lugar idóneo para el retrato cerca de su puesto de vigilancia y tomé un par de instantáneas. Estaba recogiendo el


equipo cuando Atsumi me preguntó a qué zona íbamos a ir después porque teníamos que coordinar las horas de luz disponible y le dije que Asakusa. En japonés, la “u” es muda en la palabra Asakusa y mi incorrección al pronunciarla provocó que ella la dijese en un tono algo más elevado, circunstancia que llamó la atención al señor Eizo porque se nos acercó y le preguntó a Atsumi por qué queríamos ir a Asakusa, si no nos llamaba más la atención el centro moderno de Tokyo. Yo le dije que quería hacer retratos junto al río, entonces el sonrió levemente y empezó a contarnos una historia. El nació en aquel distrito y allí vivió su infancia en la casa de sus padres que tenían una pequeña propiedad cerca del gran río Sumida que atraviesa todo Tokyo y desemboca en la Bahía. De pequeño jugaba, junto a otros muchos niños del vecindario, en las zonas de recreo cercanas al río pero lo que más le gustaba era acercarse al borde mismo del agua y tirar piedras para formar ondas u observar el vuelo en picado de las gaviotas en busca de alimento. Los niños tenían estrictamente prohibido acercarse tanto al río pero el riesgo de una reprimenda y algún que otro azote quedaba ampliamente eclipsado por el goce de la proximidad del majestuoso río, tan libre como lo es el sol a los ojos de un niño. Así creció Eizo hasta que se hizo un hombre y se casó con una amiga de la adolescencia. Se instalaron en un apartamento cercano a la casa de sus padres y tuvieron un hijo, Hiroshi. Poco antes él había aprobado su ingreso en el cuerpo metropolitano de policía de Tokyo y dado que el oficio de policía en Japón es vocacional y restricciones como la jornada laboral era simplemente un epígrafe informativo en el contrato, Eizo pasaba muchos días sin poder ver a su familia en un horario normal debido al exceso de trabajo y casi sin darse cuenta los años pasaron y llegó el día en el que su hijo cumplió 8 años. La misma fecha de su cumpleaños juntos, padre e hijo, dieron un paseo por el margen del río y Hiroshi le preguntó a su padre : - Papá, ¿Nos iremos algún día a otro sitio o viviremos siempre aquí, en Asakusa? - No lo sé Hiroshi -contestó Eizo-. Tal vez nos marchemos si tenemos la necesidad, ¿Por qué me lo preguntas? - ¡Papá por favor, no nos marchemos nunca de Asakusa, por favor! –Dijo Hiroshi- Jajajaja –sonrió divertido su padre ante tal reacción de apego por el antiguo barrio- Vale, vale, muy bien, no nos marcharemos nunca de aquí. - ¡Júramelo! –exclamó Hiroshi- ¡Júramelo! - Bueno Hiroshi, te lo juro: Nunca nos iremos de Asakusa, ¿Estás con-

tento? Anda, vamos que tu madre nos está esperando para comer. Semanas después un día Eizo estaba en la oficina y recibió una llamada telefónica personal a una hora poco habitual. Era su mujer y enseguida advirtió por el tono tembloroso de la voz al otro lado de la línea que algo terrible había sucedido. Hiroshi se había levantado muy temprano aquella mañana y se había ido solo a jugar con un pequeño barquito que un tío suyo le había regalado para su cumpleaños. Igual que su padre de niño, había transgredido muchas veces la orden expresa de los mayores de que jamás se acercase al borde del agua y conocía al dedillo muchos rincones estupendos para jugar, pero aquel día quería comprobar la consistencia del velero en la zona más turbulenta donde el agua se arremolinaba en el desnivel del río. Se resbaló y cayó…Parece ser que se sumergió al instante porque un vecino que pasaba cerca de allí y contempló desde lejos la escena no pudo hacer nada para salvarle la vida. Aquel trágico accidente ocasionó la venta del apartamento y posterior marcha del matrimonio hacia el centro de Tokyo. No podían vivir en aquel escenario lleno de recuerdos y de desgracia por eso decidieron mudarse a Shinjuku y salvo en contadísimas ocasiones para visitar a algún familiar evitaron durante años pasar por aquel lugar. Esta fue la historia que me contó el señor Eizo. Muchos años después él seguía lamentándose porque había incumplido la única promesa que le había solicitado su hijo y aunque en ocasiones su mujer y él pensaron en regresar al barrio que les vio crecer nunca más volvieron a Asakusa.

TOMEI Tomei es empleado en una tienda de reparación de ordenadores de la zona de Akihabara – La ciudad eléctrica, uno de los puntos de venta de electrónica de consumo más conocidos de Japón y posiblemente del mundo -. Estuve muchos minutos observándole antes de tomarle una fotografía, recordaba la primera vez que viajé a Tokyo y como no podía evitar la fascinación que sentía por algo intangible y tan presente como el ritmo de las personas y la sincronía de la ciudad con ese pulso. Allí unas manos, deslizándose con delicadeza y rapidez sobre las hojas de un libro; a su lado unos dedos frenéticos que no cesaban de tocar, rozar apenas, el minúsculo teclado de un móvil y listo, sms enviado mientras un anciano dormita en una absoluta economía de espacio y movimiento, el sosiego apenas interrumpido por la danza imprevista de dos


jóvenes que se sujetan a la barra sin rozarse, desafiando mi involuntariedad y mis sentidos que asisten a un espectáculo ajeno a todas esas convicciones que se derraman y empiezan a marchitarse a medida que veo como una señora ubica con agotadora parsimonia el carrito de su bebé entre el margen imposible de su asiento y un vagón de metro repleto de viajeros que no cesan de moverse, callados, en armonía. Es como cuando acercas tus yemas a un cuadro de Kandinsky e intentas trazar en el aire las líneas de color, no lo escuchas pero sabes que está ahí. El ritmo. Un día me encontré con Tomei de forma casual en el gran parque de Ueno. Me costaba reconocerlo en ese escenario tan sosegado donde los fluorescentes habían sido sustituidos por ramas de árboles iluminadas por el sol del atardecer.

CERCA DE KANAGAWA No recuerdo el nombre de esta anciana pero sí las circunstancias que me permitieron fotografiarla. Fue no muy lejos del río Kanagawa – como descubrí después - en uno de los enormes barrios obreros que rodean Shinbashi, un antiguo distrito que albergó hace un siglo el mayor terminal de tren de Tokyo y ahora disputa con sus grandes edificios de acero y cristal y las tiendas de lujo los rigores de la modernidad con los iconos más turísticos de Shibuya, Roppongi y Shinjuku. Fue en agosto y aquel día el calor, aún a primera hora de la mañana, era especialmente bochornoso. La noche anterior no había dormido bien y me levanté con un agudo dolor de cabeza que esperaba olvidar nada más desayunar pero esa herramienta de motivación no fue todo lo efectiva que esperaba porque no transcurrió ni media hora desde que me había subido al tren cuando el dolor se transformó en náusea y tuve que hacer un esfuerzo titánico para no ponerme en evidencia dentro del abarrotado vagón. Afortunadamente solo quedaban un par de paradas y nada más abrirse las puertas corrí en busca de un refugio privado y mínimamente acondicionado que me permitiese apaciguar mi cuerpo. Después fui a tomarme un buen té verde para recuperar el espíritu porque el día, como siempre en Tokyo, requería la máxima atención desde el primer momento en que tenías contacto con la ciudad. A la salida de la estación pregunté por la localización del gran río Kanagawa y supongo que desoí las últimas advertencias de que tal vez podría perderme si no seguía hasta el final la calle adecuada, porque precisamente eso fue lo que me pasó. Creo que – y esta es la expresión más adecuada – fui danto tumbos

durante 2 horas hasta que mentalmente exhausto y dolorido me paré en la entrada exterior de una pequeña casa prefabricada y me senté al lado de la puerta esperando tal vez que un milagro ocurriese y el río se contrajese, para mayor enfado del Profeta, ante mis ojos. Durante 10 o 15 minutos cerré los ojos y dejé que el sol anduviera a sus anchas y sin piedad sobre mi cara. Seguía mareado y estaba considerando seriamente la posibilidad de volver al ryokan si en media hora no encontraba el Kanagawa, desgraciadamente esa tarea era aún más difícil que el objetivo inicial que me había marcado, así que opté por la única vía que me quedaba y permanecí inerte y soleado durante un tiempo que en estos momentos solo puedo contabilizar como indefinido. Entonces alguien abrió la puerta y me preguntó algo en japonés. Pese a mi estado de hibernación al microondas comprendí que debía rearmarme e incorporarme de súbito para atender a la persona que esperaba al otro lado de la calle. Una vez más actué con torpeza y lo único que se me ocurrió fue esbozar una amplia sonrisa y asentir exageradamente con la cabeza. Ante mí tenía una anciana, muy mayor pero con una mirada penetrante y llena de energía. “Kana…gawa” –balbuceé- y ella seguía observándome con fiereza. Supongo que se preguntaba qué narices hacía un turista sentado a la entrada de su casa, tan lejos de los lugares más frecuentados y, aunque seguía hablándome sin dejar de encuadrar todo el espacio en mis ojos, yo no podía articular palabra hasta que al final escuché que pronunciaba el nombre del río insistentemente a modo de confirmación; en ese momento reaccioné e hice un gesto ondulante con mi mano imitando las olas mientras enseñaba a mi involuntaria anfitriona el mapa que tenía que haberle mostrado cuando me encontró. En ese momento su gesto se relajó y espetó una gran carcajada para mayor escarnio de mi torpeza. Entonces ocurrió lo que ansiaba durante semanas y se materializó justo en el instante que aquella anciana dejó de reir. Me dijo que pasara dentro de su casa mientras esperaba a su nieto que en breve regresaría de hacer compras porque afortunadamente él conocía el suficiente inglés como para detallarme la ruta más corta hasta desde aquella posición hasta el río. Obviamente, dado mi desconocimiento del idioma japonés esta circunstancia no la supe hasta que el nieto apareció, se presentó, habló con su abuela y me lo explicó pero hasta entonces y durante 5 o 6 minutos me sentí realmente “capturado” por aquella anciana, presa de su terreno dominante y la extrañeza de su invitación, que más bien pareció el acatamiento de una orden expresa. Me invitó


a sentarme en una silla que estaba en la cocina; sobre una mesa que estimé exageradamente desproporcionada tenía depositadas varias sábanas y otras prendas de cama o más bien futón, ella se sentó al otro lado y siguió abordando la tarea que le había interrumpido al escuchar un ruido fuera y saber de mi existencia. Estaba doblando aquella ropa y tal era la delicadeza con que acometía tal acción que me quedé quieto, absolutamente absorto, rendido ante la evidencia de la pulcritud y suavidad de su labor. Al poco me sentí relajado y noté como la angustia que había padecido toda la mañana desaparecía por completo, aquellas sábanas cobraban vida en las viejas manos de la mujer que denotaban la templanza de una vida llena de experiencias. Aquellas sabias manos que estreché con ternura y fue lo último que vi antes de alejarme de la casa y poner rumbo al Kanagawa, sonriendo.

AKIHABARA Alejándome de Akihabara encontré esta peluquería. No me apercibí de su existencia hasta que el azar de un sonido estridente cercano – como un martillo golpeando sobre un tubo de metal – hizo que girase la cabeza en dirección a la puerta del establecimiento y lo primero que me llamó la atención fue una gran diana situada en el centro del recorrido visual desde la puerta hasta el fondo del local. En ese momento dudaba si aquello correspondía a un negocio o una casa particular por eso caminé hacia la entrada y di un paso para situarme dentro del establecimiento. Debajo de la diana había un hombre cubierto con una especie de sábana verde y parecía que dormitaba porque tenía los ojos cerrados y no movía un solo músculo, solo los necesarios para respirar con profundidad. Por un momento pensé que se trataba de una clínica dental abierta al público, cosa poco menos que imposible en Japón así que llamé a Atsumi para preguntarle qué era aquello. Ella reconoció rápidamente los productos de peluquería sobre la repisa debajo del espejo y en ese momento salieron los dueños del negocio. Un hombre y una mujer, casados durante más de treinta años según pude saber. Cuando les dijimos que yo venía de España se pusieron locos de contentos ya que ellos conocían mi país habiendo tenido la oportunidad de pasar unos días por algunas provincias de Andalucía como Málaga y Cádiz. No podía pasar la oportunidad de guardar una imagen fotográfica de aquel momento así que les pedimos permiso para retratarles. Yo quería capturar la acción, el movimiento de los profesionales sobre el cliente, cómo

trabaja un peluquero en Tokyo; así que les dije que no se fijaran en la cámara y continuaran con lo que estaban haciendo como si allí solo estuviesen ellos dos y el postrado caballero que aún no había articulado palabra y seguía quieto y con los ojos cerrados encima de aquella silla reclinable. Entonces ocurrió algo que todavía sigo sin comprender e incluso a día de hoy me hace dudar si realmente pasó lo que ante mis ojos se exhibió o simplemente nuestra cabeza nos jugó una mala pasada. Desde el momento que les dije que empezaran a trabajar como si yo no estuviera allí ellos comenzaron a moverse de un lado a otro de la peluquería sin concluir realmente una acción concreta. Por ejemplo, ella se aproximaba al cliente y le examinaba la cara durante unos segundos y después se iba al espejo y tocaba algo situado en el extremo inferior, mientras tanto él cogía un montón de libros que había sacado de una caja y los apilaba en una de las sillas libres. Después ella encendía la televisión y se quedaba mirando el programa que en ese instante se emitía hasta que el marido la apagaba, iba hacia el espejo que un rato antes había examinado su mujer y repetía la misma ceremonia. Su mujer había ido a por algo que me pareció como un gran mantel doblemente bordado y cubría con especial cuidado algo ubicado encima de la otra silla libre que quedaba, no alcancé bien a percatarme de qué era lo que con tanto mimo guardaba y he de confesar que en aquel momento prefería no saberlo. El peluquero hurgaba sin cesar dentro de una caja que había sacado de uno de los cajones, una pequeña caja negra de cartón ¿Qué buscaba ahí? Ella había empezado a mezclar el jabón con agua para un presumible afeitado pero no tardó en dejar la brocha dentro del recipiente y desaparecer durante unos instantes, pero justo después de que yo sacara mi fotografía y me alejara poco a poco de la escena. Os aseguro que lo último que vi cuando atravesaba la puerta de salida fue a la mujer palpando algo debajo del espejo, y los libros habían desaparecido.

HATARAKU Este señor que posa con tanta elegancia en un parque cercano a Shinjuku no me proporcionó, por razones obvias, su nombre pero sí me permitió fotografiarlo y utilizar su imagen para esta publicación. Lo encontré paseando tranquilamente entre los árboles justo después de una leve lluvia primaveral y me atrajo poderosamente la lentitud de sus pasos y la aparente despreo-


cupación por seguir una ruta definida hacia un destino que con tanta, digamos, inexorabilidad seguían los ciudadanos de Tokyo sin importar la naturaleza del mismo. Recabé en él durante un buen rato hasta que pedí la colaboración de Atsumi para que iniciase el juego de las preguntas y respuestas preliminares previas a la consecución de un retrato. El paciente caballero accedió rápidamente a la propuesta y tuve algo de tiempo – circunstancia bastante inusual en todos los retratos que forman parte de este libro – para darle ciertas indicaciones y elegir un buen sitio en la sombra. Finalizado el retrato se despidió de nosotros con mucha amabilidad y lo último que vi fue su sonrisa que se borraba rápidamente del rostro nada más reemprender el camino con parsimonia. Cuando nos alejábamos Atsumi me dijo que tal vez no había sido una buena idea tomar esta foto. Él no le había comentado nada al respecto pero me dijo que sabía perfectamente por el tono de voz y palabras que había utilizado el señor que éste se encontraba sin trabajo y era uno de los muchos desempleados japoneses que, por miedo a la vergüenza comunitaria y tal vez la represalia familiar, evitaban en lo posible dar a conocer su situación y simulaban la jornada laboral diaria dando largos paseos por el parque, desde el alba hasta que anochecía.

FUJOSHI Hiroko es Fujoshi. Literalmente “Chica Podrida” alude a ciertas mujeres japonesas que se interesan por las publicaciones Manga y Anime que tratan sobre relaciones afectivas entre hombres que pudieran ser consideradas homosexuales pero que no incluyen contenido explícito. El término podrida está originalmente adoptado por ellas mismas y trataría de explicar la extraña predisposición de estas mujeres - cuyo rango de edad abarca los 16 hasta los 50 años – a imaginar mediante la lectura de esas revistas, pequeños libros y fanzines, toda clase de fantasías sexuales protagonizadas por los personajes de tales publicaciones, a menudo chicos jóvenes bien situados social y económicamente. En un enigmático alarde de contradicciones las mujeres Fujoshi se enorgullecen al mismo tiempo que se avergüenzan de su autoproclamada pobredumbre y suelen revelar su condición exclamando exaltadas tras unas exageradas risas “Soy una chica podrida, soy una chica podrida”. Todo esto me lo explicó Atsumi con muchísima paciencia porque para ella era difícil traducir los conceptos de esta condición al

español. Después de tomar esta foto en un local exclusivo para Fujoshi – al cual tuve el privilegio de entrar gracias a la pericia y mano izquierda de mi querida amiga – pregunté a Atsumi el porqué de aquella vestimenta que se asemejaba a una criada del pasado siglo. Me dijo que ellas, fujoshi y otro tipo de tribus urbanas parecidas, se vestían así porque podían servir a los Otaku ( japoneses aficionados o fanáticos de los videojuegos, anime, manga, ordenadores ). Habitualmente éstos eran personas muy tímidas y las chicas se veían en la obligación de facilitarles una relación mediante la llave de la servidumbre.

KAZUO Y KENTO Ellos son Kazuo (izquierda) y Kento , estudiantes de secundaria. Tomé esta foto en los alrededores del Gran Mercado de Pescado en Tsukiji en un nublado día del mes de septiembre y fue el último retrato que solicité a los habitantes de Tokyo que iba encontrándome durante mis largos recorridos alrededor de la ciudad y los momentos de luz, ritmo y color que constantemente asaltaban el iris y los sentidos. Aunque no los tengo contabilizados con exactitud pedí permiso a no menos de 60 personas de las cuales sólo aquéllas cuya imagen forma parte de esta obra me lo concedieron. Recuerdo mi temor a estar malgastando el escaso tiempo del que disponía en cada viaje, intentando de forma infructuosa llevarme un retrato de personas que finalmente denegaban la petición tras una larga conversación inundada de ruegos por mi parte, pero al cabo del tiempo me di cuenta que lejos de edificar una gran frustración con todas esas negativas mi “sentido del proyecto” se definía, cobraba forma y superaba la incorporeidad inicial porque cada vez que observaba cómo una persona reaccionaba ante las inflexiones de mi rostro mientras Atsumi – quien se hacía cargo de hacer la exposición inicial siempre y cuando el posible retratado desconocía el idioma inglés - intentaba convencerle de mi propósito, sentía que en cierta manera había capturado un rasgo más del modelo más difícil: la comunidad, la ciudadanía. Hacer fotografías a los habitantes de una gran urbe como Tokyo implica un recorrido que comenzó justo la primera vez que pisaste la moqueta a la salida del avión y giraste tu cabeza en dirección a un empleado porque al notar que fijaba sus ojos en ti durante un instante. Hacer un retrato implica la responsabilidad de haber experimentado todas esas miradas sabiendo que el momento que compartes con tu modelo es único.


TAIYO

I my head I was both judge and jury as I pressed the deathly mechanism.

Once we had said goodbye, Atsumi questioned me about this strange

YOYOGI

a small group of them. Young Sumo students sometimes train outside

As the wind finally dropped I witnessed a contracting sun. During a brief

I played the roll of a poacher. Filled with regret, I changed my mind

morning laughter that had invaded our souls. I couldn’t really explain it

I took this picture next to the Yoyogi train station minutes before my

their gym for a couple of hours several days a week but it’s not easy to

moment I listened to my rhythmic breathing. For a few seconds I held

seconds before I managed my only shot. When it was all over I could

myself; I suppose the awkwardness of the situation triggered a gleeful

first meeting with Atsumi, my dear smiling moon. I had been wandering

find them doing their thing out in the open.

on to the inertia of my respiratory pattern before the afternoon light

only do one thing: run away from those eyes of fire. I packed my camera

nerve. We walked away in silence trying to find the next subway stop.

around for hours, absorbing the peacefulness of this area. Here, these

The first training years of a Sumobeda are extremely important and

flooded the interior of the small red lantern.

and after a pathetic reverence I left without a word.

I’m sure it was just the rain, like when we were kids.

streets nestle in on the Tokyo JR stop. I chose this place as a starting

formative. Ultimate resistance exercises are part of their daily routine.

point for our future relationship.

Accumulating muscle power is what the story is all about. The fact is

Suddenly everything came to life inside. It seemed this fragile paper bubble was the only lamp alight in the whole city.

A few minutes later my friend and assistant caught up with me. She

SHIBUYA

After taking the escalator and leaving the main station entrance

many of these students quit Sumo after discovering how much of a

Surprisingly nobody else noticed it at all.

couldn’t understand why I had abandoned the scene without asking

A colourful fragrance overtook your night, so different from mine, as is

behind, one bumps into a multiple pedestrian zebra crossing, a

sacrifice constant fainting may imply.

his name.

light from radiance.

typical Tokyo landmark. However, I find this one a bit different from

One endurance test, in particular, is really quite a simple one. It consists

others, if you have enough patience to wait on the very edge of

of pulling on a rope tied to a truck tyre. You can usually find one at every

The brightness of the glass was all I could make out while I lay inert,

the first white rectangle while people come and go. I suppose it’s

gym’s door, day or night, where it patiently waits for a proud rookie to

scarcely for a second, before you vanished in my dreams.

the combination of rusted textile factories and old import/export

come along. A stubborn, rubber tyre can turn a young man’s life into a

warehouses lining up with modern office buildings that conjure up

horrible nightmare when trying to apply raw force to it.

ancient times. This serenity has an immediate effect on me. My mind

The three men I decided to study from a prudent distance were

turns the whole scene upside down. The crowd I see on top is actually

struggling with the tyre. One of them, completely worn out, had his back

I COULD NOT TAKE MY EYES OFF THAT WOMAN

a reflection of the real people below, crossing quickly, nervously

against a street light. The exhausted expression on his face revealed

LINES One quickly realises how we are all surrounded by lines. In their own

“I couldn’t even think about that, Atsumi” I replied.

way they are much more than mere straightness. Their existence is closer to reality than what many may think. We actually conceive

“Hideki-san is his name, José. Teaching History is how he has made a

them on an unconscious level. Shadows, for instance, may be

living for years” she said. “He doesn’t understand why you didn’t take

lines coming from skyscrapers. They settle down on the corners of

his picture”.

our buildings when the sun reaches its zenith, pointing out at us

So the longing to capture the reflection of your face in my hands…

sensuously, greeting curious and weary travellers indifferent to what

TETSUO

I could not take my eyes off that woman. She stood there in silence.

trying to reach the other side. These holograms, moving a few inches

an enormous amount of agony. The pain that showed in his hands was

is really happening.

During those first days of May I truly enjoyed the fine rain that fell

Unbearably still. Her eyes, barely a brush stroke on her cold face,

above the pavement, are echoes from the past in full flow; a timeless

clearly overwhelming. Friction had dug deeply into his palms. His futile

Totally perplexed, I contemplate a random doodling in the sky; cables

shortly after daybreak. I was delighted with the constant patter of water

blinked at the immense sculpture. I found no explanation as to

memory of never-ending movement where unexpected encounters

attempt at taming the rope reflected no signs of success. Perspiration

beating and throbbing beyond our reach. I find myself wondering at

on railings, car wing-mirrors or street pavements; even on raised shop

her absence of movement while all the rest of us went round in

take place on either sides of the streets. Intense as a cry; an outburst

was running all over him. This man had lost the battle. To me, there was

the beauty of it all. How can a heap of steel paint such a picture among

shutters revealing empty counters inside. I smiled at the sight of these

circles amazed at this immaculate work of art, an overwhelming

of human emotion.

a huge, visual contrast between the ferociousness of the warrior and

the clouds?

small drops from heaven toying with a silent city. Driven by an early

representation of simplicity.

Two standing young men catch my attention for the first time. They

the flatness of his opponent: an absolute lack of glamour tarnished

We are all moving away from something, thus our footprints tell a story

breeze they delivered their colourless essence over a million multi-

don’t seem to be waiting for anybody, nor are they involved in any

this confrontation.

on the ground.

chromatic objectives. One million small voices, one million tiny sounds

To some extent I felt irritated by her calmness, the way she had her

specific activity. Strange. Signs of idleness are hard to find here in

Transfixed as I was with the whole scene a new character appeared on

blending with the synthetic vapour soundscape, that gives Tokyo its

hands positioned, a bold insensitivity on her lips. Such stupidity, I

this city. Tokyo citizens are always doing something or rushing off to

the spot. He was probably their teacher. You could tell by the way he

HIDEKI

personal identity.

thought to myself, a complete lack of vision. Why does she insist on

some unknown destination. I’m sure they become aware of my presence

lectured them on not giving up. I suppose he had caught every single

Hideki was possibly my first Tokyo Score effort. He used to work as a

Laughing, we ran for shelter as a fat cloud’s downpour hit us hard.

contemplating the sculpture from that angle, obviously the wrong

and curiosity but they keep to themselves, looking around randomly,

nuance of this public defeat from a second story window. This was the

school teacher. I think his specialty was History.

Nothing could escape from the pelting rain. Drenched to the skin we

one, at least from an academic perspective. And, why on earth doesn’t

impassively. Not a single conversation between them. For a moment it

moment I chose for my picture.

accidentally stepped into a tourist bus. We were about to leave when

she move the slightest? What can possibly be going through her

seems they are just taking in some sunshine, enjoying the breeze.

Something just didn’t seem right the first time I saw this photo printed

I found him in the Yoyogi Park one beautiful April afternoon. I clearly

we heard a strange sound, definitely out of tune with the symphony we

head right now? What is she doing there, apparently satisfied, as if

I stop at a traffic light, still looking aimlessly; searching for the light

on my table. It took me a while until I noticed a couple of strange

remember the light shining in that tranquil retreat, brighter than

were experiencing that forced us to turn around and focus on the driver.

in submission?

that is reflected from the buildings, rebounding on the faces of the

shadows right below two of the three sumo students. Astonishingly,

anywhere else I had ever been before. It contrasted vividly with the

Roaring with laughter a middle-aged man looked down on us indulgently,

pedestrians below. But somehow, even the shiniest of mirrors can go

they resembled two horses. However, I could not find any hidden clue

dark treetops where it took silent refuge, sleeping timelessly.

both hands on the steering wheel. We went speechless.

Exasperated I decided to sit down at a nearby restaurant where I still

dark. My attention is completely focused on these two young men,

of future victory for the third member of the group.

For a moment, I thought he had just turned on the engine, ready to

had a good view of this wonderful object. I was preparing my camera

standing so close together. Suddenly they start to move, very slowly,

There were absolutely no vibes between us at all. It was as if he could

continue his journey. Instinctively we intended to hop back off and get

when I discovered the inappropriateness of my distance. I stood up and

in my direction. Just when I think they’re about to ask me something,

KOIWA

see right through me. Something in his glance made me go weak at the

out of this working man’s way but he insisted we wait inside the bus

started walking carefully towards my subject.

they simply walk by and stand next to me on the sidewalk. I hold up

A small, old wooden house, Ryokan style, hemmed in beside a block of

knees. I felt clumsy, cornered by his stare. He then lost total interest

until the storm had passed.

my camera quickly as the traffic light turns green. They cross the

apartments in the Koiwa area where I spent some of my nights and days.

of my presence. I still feel ashamed at the titanic attempt he made to

After ten minutes a first ray of sunshine managed to break through the

With the viewfinder glued to my pupil I searched for the best framing.

street, very soon to be lost among the skyscrapers. I have them. They

muster up as much politeness as possible.

cloud. I instantly took advantage of this new light and photographed

Each footstep an eternity; in awe I fell into a trance once again. I

are mine forever.

Tetsuo, our kind-hearted host. He started telling us his story about how

marvelled at how the light bounced off the surface, sheer whiteness

I got carried away in the midst of this festival of light when I saw him. He

he used to live in Kyoto with his wife and children. Some years later they

flooding my diaphragm, my iris. Flash after flash, a brutal emptiness

MEMORIES

working folks catching trains past 10 or 11 p.m. homeward bound. It’s

had his back to me. He seemed to be unwrapping what might have been his

all moved to Tokyo. However, once his daughter got married, he decided

seized my body, cutting down my agonizing pace almost to a halt.

Days pass, like flashes of light cutting a small opening through our

been like this for years. An endless human procession.

breakfast. My feet felt the heat coming off the sand as I approached my prey

to come back to Japan’s old capital.

The brilliance of the last impact threw me into a sea of unconsciousness.

memory windows.

stealthily. I invaded his spinal column. Circling him completely, I sat right in

Unfortunately he had no money or time to visit her regularly.

Desperately fighting to pull through I drew one conclusion, one thought:

front of him. Face to face, I eagerly savoured the imminence of my capture,

Nonetheless, he was extremely happy that morning and somehow his

the urge to advance in that single direction, towards that polished stone.

RYOGOKU

Strolling among strangers. Unknown faces all around me. This is how

drooling as the voracious tourist I was before striking him down with my

positive spirit inspired us. We all laughed together in that tiny space at

Closer, even closer into the light. Time didn’t matter anymore. In silence

Ryogoku is where you go if you’re trying to catch a Sumo wrestler out on

I take my photographs, mingling with the crowd, waiting for a special

camera. Sadly, I forgot to behave as the traveller I intended to be instead.

the front of the bus.

I admired its immobility.

the street. I was lucky one sunny august morning when I stumbled across

vibe that may come from a certain place or maybe even a type of light

SHINAGAWA EKI Shinagawa-eki. Shinagawa’s big train station, south of Tokio. Hard

ICHI NICHI NO OWARI


blending with the acoustics of my journey; different colours and forms,

you. Nothing more, except the silence of the Tatami.

On Hiroshi’s eighth birthday father and son were walking along the

must be in charge of putting on such a spectacle. All this, to a certain

The voice pulls me out of my hibernation state. I force myself to

providing a unique sensorial experience.

Stop for a moment in front of a closed window and marvel at how the

river when the child spoke:

degree, reminds me of Kandinsky: colourful lines whispering an implicit

open my eyes and look up to my enquirer. Once again the clumsy

To tell you the truth, I’m actually a very slow photographer at capturing

light settles on the glass, filtering whatever outside. Don’t leave, keep

“Daddy, will we ever move elsewhere or will we always live here in

symphony. You can barely hear it, but you know it’s there: the pulse.

side of me surfaces: I am only capable of outlining a wan smile and

the unexpected. Many photographers instantly recognize when the

still a few more minutes and close your eyes. Gently open the window

Asakusa”?

One day I ran into Tomei by chance in the splendid Ueno park. I hardly

an exaggerated nod. She must be extremely old but the strength in

shot is worth taking. They know what they’re looking for. In my case

and behold the landscape.

“I don’t know -Eizo replied-. It’s hard to say for sure…why”?

recognized him in such a tranquil setting. His fluorescent office lights

her eyes is impressive, hypnotic. “Kana…gawa” –I stammer-, while

I’m not so sure. I need more time to realise what’s going on. That’s why

I rose and picked up my camera.

“Oh Daddy! Can we please stay here in Asakusa forever”?

had been replaced by gorgeous tree branches lit by afternoon sunlight.

she decides if she can trust me. I suppose, she is probably wondering

I consider myself more of an enthusiastic devotee on a self-discovery

If vapourized light truly existed I would long to touch it, but I know this

Hiroshi’s fondness for their old neighbourhood made Eizo smile

voyage. This leads you to places where you take decisions on an image or

is impossible. It would be like trying to explain to someone the sensation

pleasingly-. “Alright then, we will never move from Asakusa” he

ERI

far away from the main crowded areas of central Tokyo. I finally

a series of images that may have caught your attention. In this process,

of bare feet on fresh spring grass.

chuckled.

Eri is an artist. He paints and photographs tree bark, branches as well as

surrender to her flowing words. Everything sounds so alien to me.

“Do you promise”? – Hiroshi exclaimed-.

the soil that covers the roots.

But just then I pick up the name of the river I am looking for in her

the camera is simply my extracting tool.

what on earth this tourist is doing here, sitting at her doorstep, so

These two images are a perfect example of how and when I decide to

EIZO ITO

“Yes Hiroshi, I promise. Happy? And now let’s go home, we’re late for

tackle my subjects. Apparently there is no story told here, merely two

Mr.Eizo Ito has spent his working life as a police officer in Tokyo and

lunch. Mommy’s probably wondering what’s taking us so long”.

NEAR TO KANAGAWA

move my hand as a wave, using sign language to make the connection.

young women going back home after work at two different stops of the

for a number of years he has lived in the old leisure area of the city, the

Some weeks later at his office, Eizo received an unexpected phone

I c an’ t remember this old woman’s name but I do rec al l the

The map in my other hand definitely brings down all the tension. Her

JR line. One is on the train while the other is waiting at the station.

golden Asakusa described by writer Kawabata Yasunari 80 years ago.

call from his wife. He could tell by her trembling voice that something

circumstances that surrounded our encounter. I took this photo not too

face relaxes as laughter spills out generously.

That day comes to me now as a very hectic one. I didn’t really see many

Today he works as a security guard. The day I met him he was on duty at

awful had happened. Little Hiroshi woke up early that day and had gone

far away from the Kanagawa river -as I discovered shortly afterwards-

At last it happens. She invites me into her home, once she has

chances to unpack my camera back then. I spoke to a lot of people

a Multi-Cinema complex in Shinjuku.

down to the river with a toy boat his uncle had given him for his last

in one of the huge working class neighbourhoods around Shinbashi.

stopped laughing at my misfortune that is. We are supposed to wait

but never found the time to take a closer look at things. I remember

Although quite open initially at listening to my project, he was

birthday. Just like his father, Hiroshi paid no heed to the river warning.

This old district used to host Tokyo’s biggest train terminal around a

for her nephew in order to communicate in proper English. I obviously

refusing to go to sleep that night empty-handed. Finally, some relaxed

not keen on the idea of any photographs. Atsumi had to make

Today he wanted to test the sturdiness of his little vessel in one of the

century ago. Today shiny, expensive shops, together with glass and metal

found out about this later on when he returned from shopping. In the

observation gave way to a new scene. I was inspired by a soft light falling

an enormous effort in convincing this man to pose for a foreign

most turbulent zones where the riverbed dropped abruptly and water

skyscrapers rival with other iconic modern tourist areas like Shibuya,

meantime I sit on a kitchen stool next to a large, out of proportion

on both girls. That was more than enough for me.

stranger. When he finally agreed, we chose a suitable setting next to

swirled in menacing circles. He slipped and fell… On that tragic day, a

Roppongi or Shinjuku.

table filled with bed sheets, while she continues with whatever she

his surveillance post where I took a few pics. After the session and

passing neighbour saw from a distance how the poor boy went under

An early morning start indeed. Too hot, even for August. Bad headache

was doing before I startled her with my unexpected visit. Gradually,

TANGO

while I was packing my equipment Atsumi asked me about our next

immediately. Everything happened so fast. It was over before he could

from a bad night’s sleep, hoping breakfast will make it go away. But

I am attracted to how she is meticulously folding one sheet after

Belén dances. She’s an Argentinian tango teacher in Tokyo. She returned

stop in order to make an estimation as to how much sunlight we still

even react. The child was gone.

sometimes good old motivation just isn’t enough and after half an

another. Somehow, the detailed dedication of her work casts a spell

to her country recently.

had left. When I replied: “Asakusa”, she corrected my pronunciation

After the accident the apartment was put up on sale. Moving away from

hour on the train things get worse; the strong pain turns into nausea.

on me. Before I know it I am trapped in this ritual. My breathing slows

immediately. I found out there and then I was supposed to omit the

a place full of memories seemed to be their best option; the pain would

I struggle with it. I have no intention of making a fool out of myself

down as those delicate fingers move expertly throughout the fabric.

MIBURO

“u” when saying this word. This grammatical explanation however

have been unbearable. Eizo and his wife went back to Shinjuku. On very

in front of so many strangers. Come on, only a few more stops to go.

All traces of my past anxiety soon disappear. I even forget about

The criminality rate in the city of Tokyo is so low there are hardly any

caught Mr.Eizo’s attention who inquired us about our decision to

few occasions did they ever visit that part of Tokyo anymore.

Steady now boy, focus on the work; mind over matter. Once the doors

that river I am searching for. Those wise, wrinkled hands captivating

arrests at all. Here, the most wanted by police have been the same

visit Asakusa when maybe central and modern Tokyo could be much

Still today Mr.Eizo carries his burden. He blames himself for not keeping

open I make a rush for it. I quickly find seclusion where I give my

my aching western soul. My interest in her subtle ar t grows

for decades. I took this shot from a local police station window where

more appealing. I gladly mentioned my interest in compiling some

his promise to little Hiroshi. He and his wife have not found the courage

sickness some instant relief. Maybe some green tea will help me get

exponentially. Fascinated, I imagine a lifetime of untold secrets,

photos of old and new thugs co-exist over time.

scenes next to the river. A slight smile appeared on his face. That’s

to go back to Asakusa.

back into shape again. I’ll need all the energy I can get if I am to face

forgotten stories, pain and frustration. Past and present entwined

this demanding city yet another day. Tokyo can stress you out if you lack

in those skilful movements. A feeling of understanding creeps into

when his story unfolded.

speech. She insists on the word as if waiting for my confirmation. I

APRIL

Mr.Eizo was actually born in that part of the city. His parents had a

TOMEI

serious concentration.

me, soothing my primal fears. It is like going through therapy. I am

I woke up in April, gazing at my hands.

small house not too far from the big Sumida river that winds its way

Tomei works in a computer repair shop in the area of Akihabara.They

Leaving the station behind, I inevitably ask for help. Today I am in

cleansed once again from my sins; a new beginning. After saying our

The faintness of the opaque Washi paper on the Ryokan windows gave

through Tokyo to the bay. As a kid, and like others of his same age, he

call it the electric city, probably the most important retail outlet for

search of the great Kanagawa River. But alas I eventually get lost. I

farewells I hold her hands tenderly, my smile revealing the inner

the room a pale lighting. “Vapourized light, this is the only place where

was attracted to this great mass of liquid while playing child games

electronic goods in Japan or maybe even the world. I studied him

soon forget the friendly explanation given to me a while ago. I start

peace I thought I was not entitled to anymore. Back on the street I

I can find it”- I would say to myself over and over again wondering if it

on the riverbank. Watching seagulls dive for food or contemplating

carefully, for several minutes before shooting my camera. My mind

to panic. Looking left and right, back and forth until I finally let go of

happily set off for that goddamned river.

had the consistency to withstand the proximity of my up-coming trip

the ripples made by small pebbles he had thrown into the water

went back then to my first Tokyo experience. I remember feeling the

myself and fall totally exhausted next to a small prefabricated house.

back home. A poet by the name of Jaime Gil de Biedma wrote about the

were some of his favourite activities. It was strictly forbidden for

rhythm of the people on the streets; and interacting with it, the city

There I wait for some sort of miracle to straighten out my day. Where

SUMIDA RIVER

trails we blaze throughout our lives. A path is always out there for us

children to approach the river but this ban was quickly eclipsed by

itself. It is a pulse you cannot deny. It is alive and kicking: somebody

is that bloody river?

A panoramic view of the Sumida River. Next to the wharf one can find

to travel. Ours is the option to see where it goes, twisting and turning,

the majestic flow of this geographical wonder. It was like a magnet,

flicking through a book, frenetic sms writing on a nearby cell phone,

I close my eyes for about 10 or 15 minutes while the sun plays on my face.

the Tsukiji Shijo, a remarkable fish market in the Tokyo district of Tsukiji.

hoping it will never come to an end. At the cross-roads of our memories

its lure impossible to avoid.

somewhere an old man resting in the smallest space you can imagine,

Still dizzy I consider the possibility of retreating back to the Ryokan if

we come to the conclusion that memory in itself is pure journey, but it is

After reaching his manhood, Eizo married and moved into an

not to mention the two dancers moving gracefully. The synchronicity of

things don’t improve in the next half hour. Where is that bloody river?

HONGO

also the mirage of forgetfulness in which we cannot recreate fulfilment.

apartment quite close to his parents’ house. The couple soon had

it all reflects a beauty of its own. I can only watch and admire in silence

Unable to think properly, I keep still in an attempt to reorganize my

Late at night in the Hongo district. Light inside a house.

Vapourized light. A myriad of images in suspension invades my

a baby boy by the name of Hiroshi. As a police officer, Eizo’s job

at how a woman carefully places her baby buggy between her seat

strategy. More minutes go by but there is nothing I can do, my body

awakening each morning. And like Margot’s colourful perfume seeping

limited his family life considerably. Endless working hours supporting

and the narrowest possible margin inside the crowded subway where

needs more rest to fight back. I then lose complete track of time;

JINSEI

through the thinness of the paper, once rice and once wheat, time

a vocational career kept him away from home, missing out on his

everyone breaths in stunning unison. Who on earth is conducting this

drifting. Who cares anyway…?

Jinsei is the Japanese term for “life”, specifically referring to a one life

comes to a standstill. During that brief moment I unveil the past for

relationship with his son. Months turned into years as the baby grew.

orchestra? Who is responsible for such perfect harmony? Someone

Suddenly a door opens and somebody asks me something in Japanese.

human existence. I took this photo in a jazz club near Shibuya after


listening to the singer/piano player’s chorus line: Watashi no Jinsei.

knew who was fooling who. We were completely unable to find an

IKEKUBURO

me in. He radically contrasted from other Japanese people I had met

TOKYO

Atsumi was with me that night and I asked her about the meaning of

explanation to this weird succession of absolute absurdity. Let’s see,

Last afternoon minutes. Pedestrians crossing a bridge in the Ikekuburo area.

before in Tokyo. This man was reluctant in some hidden way. It was as

Hongo district. Students going through relaxation exercises after class

that phrase. She translated it to me as My life. We then spoke about the

I remember how she would stare for a few seconds at the man sitting

if he did not worry at all about not following a marked path towards an

in Tokyo’s University area.

different meanings certain Japanese words have. Jinsei also has to do

in the chair. She would then approach the mirror and fumble around

SHAKAI

inexorable destiny.

with what they call the only path. Depending on how we travel the path

with something on the very edge of it. He, for instance, opened a box

Trapped. Hundreds. Millions. A few. Always. Tokyo.

It took me a while to finally move in on my next subject with the

KAZUO AND KENTO

we complete a number of stages. The implicit exclusiveness of this word

full of books and piled them up on one of the empty reclining chairs.

help of Atsumi. The game began once again: questions and answers

Kazuo (left) and Kento (right), are secondary school students. I took

makes it a powerful one. It must not be used disdainfully.

She soon decided to turn on the T.V. set, paying close attention

KEIJI

in an attempt to generate enough confidence and trust. He was quite

their picture near the Great Fish Market in Tsukiji on a cloudy September

We left the club late under heavy rain. Tired as I was we grabbed a taxi

to whatever was on at that moment until her husband came along

Mr.Keiji sells small home-made fritters seasoned with soya sauce from

receptive regarding my suggestions as to where he should stand. I

day. It was the last photo I requested from the different Tokyo citizens I

back to the Ryokan. Rain stopped upon arrival and before my eyes a

and switched it back off. He visited the same mirror his wife had

his stand on Monja Street. It is in this area of Tsukishima, where high

had plenty of time on this occasion, not always the case, to decide on

met on the streets during my long walks throughout the city. Impacting

bright starry night took its place. It was like a truce in the middle of a

been minutes ago and went through the exact ceremony touching

technology engineering has played a key role in gaining land from sea.

an appropriate setting. A nice place in the shade would do just fine.

on my iris and stimulating my senses unforgettable moments of light,

battle. Peace after such uncomfortable weather. I still had some notes

something on what this time seemed to be the side. Upon leaving

I met him one late spring afternoon while I was checking out the boats

A few minutes later we were thanking him once again for his time,

colour and rhythm

from that chorus line lingering in my head, Watashi no Jinsei, Watashi

the room for a few seconds she returned with a hand-embroidered

moored at the wharf of the Sumida River that circles the island of Chuo

his kind smile leaving his face quickly as we parted. Slower than ever,

I approached at least 60 people hoping they would grant me permission

no Jinsei… I then decided it was way too early to go to bed. How could I

tablecloth. With great care she laid it on top of something which was

in Tokyo.

he resumed his walk.

to take their photos back home with me. Among these pages only the

stop walking on such a beautiful night?

on yet another empty seat. However, there was no way of telling what

I had no intention of eating a local dish by the name of monjayaki, but

After some silence, Atsumi expressed her doubts about taking this

ones whose trust I was capable of conquering. From the very beginning

she was hiding. My attention went back to her husband once again

my sweet tooth could not fight back the temptation of making a quick

last photo. Maybe it wasn’t a good idea after all. Reading between

of my adventure, I was tormented by a desperateness of wasting the

AKIHABARA

as he rummaged through a small, black box. What could he possibly

stop to taste this confectioner’s specialty. I assure you each and every

the lines, she was absolutely sure we had just met one of the many

precious and scarce time I could dedicate to each trip. I was in a rush.

I found this hairdresser’s once I had decided to leave Akihabara

be looking for? She in turn was now preparing a mixture of water

one of his sweets is carefully prepared, one of a kind.

unemployed people that roam the cities from dawn to dusk hiding

Not good! I think some people actually saw right through me during our

behind. Still today, I feel this story has a very personal atmosphere

and soap to probably shave our silent sleeping man. But then she put

their shameful secrets from their families. Parks like this one are

endless conversations when their refusal finally hit me brutally between

of its own. It all began when I involuntarily turned my head around

the shaving brush down and abandoned the room for a few seconds,

Just like my uncle Manuel, Master Jeweller.

usually the places where these people spend their long hours away

the eyes. Who said this would be easy? However, after some time I

wondering about a nearby met al lic shril l that threatened my

reappearing just as I took their picture.

As a kid I was always looking forward to visiting my uncle’s workshop.

from home.

discovered how my frustration turned into something else. Gradually,

eardrums. The sound reminded me of a hammer hitting a steel pipe.

I swear she was still fumbling with something under the mirror when

My parents never really understood why I would spend so many hours

This change in my position re-directed my field of vision straight

I finally decided I had had enough of this peculiar scenario. As to the

watching him as he handled his tools with amazing precision. After each

FUJOSHI

idea, a thought at the most: my pride and joy materialising at last out

towards the shop entrance and beyond. At the very end of it, on

books, well, they had disappeared all together.

and every session he would say to me:

Hiroko is a Fujoshi. Literally translated as “rotten girl”, it refers to

of nothingness. I have experienced an incredible voyage into another

“This piece I am working on right now Jose, has no equal. It may look

certain women interested in Manga and Anime publications where

world, observing the different reactions on the faces of our subjects

the wall: a dartboard. I had my doubts whether this was really a

through persistence, a shaping of what was once totally incorporeal; an

place where people came to get their hair cut; it looked more like

RYOKAN

like the ones you see over there”-pointing with his index finger to a

presumably homosexual relationships are a main issue. These books

with every request and demand. Imperceptible nuances present in each

someone’s home. I gambled on a few steps forward until I was

Life inside a Ryokan is made up of small, tiny moments, peacefully

pile of silver wedding rings, discreetly shining on a white linen cloth-,

and magazines however lack explicit contents. Such controversial

and every interview we conducted. During my travels I have definitely

inside. Under the dartboard a man was sitting in a chair with his

linked together. Even the simplest, unnoticed of corners grabs out at

“but it actually has nothing to do with them. Keep this in mind. The

themes are subtly hinted. Originally, the term “rotten” was adopted

captured an essence of this community. I have come to the conclusion

eyes shut. A large, green garment covered him completely except for

you, silently delivering a message of light and austerity. A reminder of

difference between this piece of jewellery and the rest is not its final

by these particular women, between 16 and 50 years old, who enjoy

that this journey began the very first day I landed at the airport when

his face. He didn’t move a single muscle; it was as if he was heavily

how small things eventually enrich human existence.

appearance. Instead, its uniqueness lies in how you see it the very

reading and fantasizing about young, rich men with a high social

I instinctively turned my head around feeling a staff employee’s stare

first time you throw some silver on the weight. That moment José

status. Caught in a net of constant contradiction, they proudly

from a distance.

asleep. For a moment, I considered this a dental clinic of some sort. However, Atsumi moved her head negatively when I requested her

ONGAKU

is precious”.

declare themselves a Fujoshi girl, while at the same time they

Going over these pics I come to terms with the responsibility of those

opinion. She recognized some of the brands of the bottles on the

I constantly had to stop every now and then and listen to how light

I was too young to understand what my uncle was trying to tell me

shamefully reveal their condition in a suppressed titter known as

unique moments I shared with the people behind the lens.

shelf under the mirror. At that precise moment the owners appeared.

would mysteriously take control of the street’s acoustics. Amidst the

during our encounters, but I knew I had my whole life to figure it out.

“I’m a rotten girl, I’m a rotten girl”.

This couple, married for more than 30 years, seemed delighted to

shadows, an invisible, intangible orchestra, crowning itself after the

Day after day I used to dream I would solve this mysterious enigma

Atsumi was very patient on this one; it was quite difficult to translate

THE DAY HAS ALMOST JUST BEGUN

hear I was from Spain. They were actually familiar with some parts

swiftest staccato; in immaculate unison, it unveils a string of hidden

somehow. Do you remember what an hour of your childhood could

some of these concepts into Spanish. She definitely has a way with

Darkness follows a setting sun. Instantly the city blushes with artificial

of southern Spain like Málaga and Cádiz. I just had to take a photo

sounds resting within semi-darkness. These sounds turn out to be notes

actually contain? An hour back then was like a day, and a day would

people, like when we were granted access into an exclusive Fujoshi

light. Streets undergo an eerie transformation turning into a luminous oasis

of these people back with me. Atsumi kindly asked them for their

of all sorts: red, blue and ochre, playing short melodies in an upper

feel like a year. Wow, a day was like a precious horizon outlining a sea

night club. Being a foreigner, I can consider myself extremely

where everything slows down its pace. Colourful reflections are scattered

permission, while I insisted on capturing the inherent action of their

register, somehow bonded by the grey street pavement.

of teenage dreams. Over the years, as I remember those days, my uncle’s

privileged in taking the picture you now see. I asked her about

here and there racing silent cars packed with anonymous stories.

words come through the light clearly: those moments cannot compare

the clothes the girl was wearing, resembling a 19th.century maid’s

I imagine the faces of those drivers listening to the same old news of

to any other.

outfit. She explained how the fujoshi and other similar urban tribes

what the day has brought; day after day, after day and after yet another

dress in this manner in order to serve the Otaku ( Japanese die hard

day. The night is as black as the tar used for the road’s surface, its

activity, the relationship between professional and customer. They were not supposed to look at the camera at any moment. Instead, I

At times, I felt certain lines played far too away from the general

urged them to carry on as if we were not there at all, including the

harmony, chaotically fleeing the scene; out of tune and colourless. Then

sleeping man sitting in a reclining chair under the dartboard, who

I would realise the inevitability of it all, light’s majestic flight cutting

HATARAKU

Manga and Anime fans as well as computer game consumers). Elusive

pavement splashed with blue, green and yellow shadows. Tokyo itself

during all this time had not even lifted an eyebrow…

through the entire picture. Like a rising horn at the end of a string

Posing in such elegant fashion, this gentleman did not reveal his name to

and shy, the Otaku face their fearful world of human relationships

is one huge shadow where the distant rumour of passers-by’s footsteps

Following my request of playing their every day role in front of my

rubato, enhancing everything from its anonymous monotony.

us but he did agree to my request of taking a photo of him in a park near

through Fujoshi servitude.

blends with the grinding of train wheels stopping at the station. From a

camera, a series of small, unpredictable events took place. Apparently

Shinjuku. I found him immersed in what seemed to be a long, relaxed

nearby platform man-made birds sing prefabricated melodies as children

insignificant movements from both subjects, committing themselves

SHINJUKU

walk under the trees shortly after a light, spring shower. The slowness

ASAKUSA

fall asleep heedless to the opening door or to the collapsing body on

to a bizarre routine baffled us to the point in which we no longer

Workers taking a cigarette break in Shinjuku, central Tokyo.

in his steps and his apparent lack of stress, like a fishing rod: reeled

Homeless Tokyo citizens on the outskirts of a temple in Asakusa.

the sofa. After fifteen hours of absence, the day has almost just begun.


Historia y planteamiento de un proyecto fotográfico

y musical sobre la ciudad de Tokyo, por José Bautista

Fotografía

los contrastes de luz del día parecen darse la mano

para experimentar al máximo el ritmo de la ciudad y

Tokyo que conocía; incluso en los rostros de tantas

en la procelosa cadena de consumo diario.

que muestra imágenes donde los sonidos son pausas

Hace unos 4 años decidí embarcarme en un proyecto

con la clara, extraña luminiscencia de la noche, en una

las personas que la habitan. No tuve más remedio que

personas desconocidas que yo no cesaba de contemplar

La última fase del proyecto la dediqué por entero a

que empiezan a contar historias.

fotográfico sobre la ciudad y las personas que

ciudad que parece vivir en constante vigilia.

replantearme el fondo y forma de este trabajo.

preguntándome una y otra vez cómo me veían, qué

retratar a personas de muy diferente posición social

residen en Tokyo. Entre 2004 y 2008, viajé de forma

Planteé inicialmente este trabajo como una serie de

La llave y el correspondiente leitmotiv que me permitió

sentían al ver mis propias facciones.

y edad. Todas las sesiones fotográficas se realizaron

Música

intermitente a la ciudad, a veces sólo unos días y en

fotografías en color a las que debía dotar de un hilo

abordar nuevamente la tarea, fue un concierto de

Intenté dirigir mi visión hacia este nuevo rumbo de

con el consentimiento de los retratados, procurando

Poco después de terminar el trabajo fotográfico inicié la

ocasiones semanas, pero siempre coincidiendo con la

documental que hiciese legible el proyecto desde

música tradicional japonesa que tuve la oportunidad

sensaciones musicales, como si partiéramos de la

conversar todo lo posible con ellos para tener el mayor

tarea de hacer música basada en esas imágenes. Escribí

primavera o el verano.

el principio, en el contexto de la historia que tenía

de disfrutar en un escondido, pero muy frecuentado

metáfora donde una extensa y compleja partitura

conocimiento de su personalidad antes de llevar a

los 7 temas que forman parte del disco compacto que

Esta selección de épocas no fue en cualquier caso

que contar. O más bien, escuchar lo que la ciudad

local del centro de Tokyo, en Shinjuku. Ese viaje había

nos mostrase los sonidos como pinceladas de color;

cabo la captura fotográfica. Capturas para las cuales

acompaña este libro y conté con la colaboración varios

casual. Respondía a una necesidad, o más bien a

decidiera contarme y capturar con mi cámara lo que

decidido efectuarlo sin cámaras ni herramientas

intentando no formar imágenes abstractas y mostrar

empleaba además muy pocos disparos. Asimismo,

músicos para grabarlo. El título de cada composición

una sensación: la de disponer de una paleta de

quisiera mostrarme.

fotográficas de ningún tipo. Aquella velada musical

lo que cada día ven millones de personas desde esta

procuré establecer el contacto con esas personas en

corresponde a un lugar, situación o personaje en

color determinada para este trabajo. Estaba además

Al cabo de un par de viajes, me dí cuenta de que iba a

supuso, como digo, la apertura de un camino diferente

perspectiva. Es por ello que titulé este trabajo como

aquellos momentos en los que el entorno y la situación

concreto que puede encontrarse en las fotografías

particularmente interesado en aprovechar, en primer

ser muy difícil describir una historia, moldeando un guión

en mi concepción documental narrativa primigenia.

Tokyo Score: Partitura de Tokyo. Adaptaba así la base

fuesen los de mayor tranquilidad –seguridad, para

pero toda la música debe entenderse, al igual que

lugar, la tranquilidad difusa de la última semana de

sin las bases argumentales de una experiencia vívida

Sentí los sonidos ejecutados por aquellos músicos

anglosajona de la propia palabra en japonés (スコア,

que así lo percibieran los modelos accidentales y se

las imágenes, como un todo sonoro que se integra

abril y primeras de mayo que coinciden con la “goruden

y continuada en esta urbe. Requería, por tanto, algo

como una serie de documentos que llegué a imaginar

Sukoa), que podría significar tanto partitura musical

sintieran cómodos delante del objetivo.

en el proyecto y proporciona las mismas sensaciones

wiiku”. En segundo lugar, sacar partido a la extensa

que en esta etapa de mi vida no disponía: la posibilidad

gráficamente. De alguna forma, pude verlos reflejados

como cuenta; ese acto de contar o contabilizar que está

Esta es la historia de la concepción del proyecto

melódicas y armónicas que yo sentía en mis incursiones

gama horaria que brindan los meses de verano, donde

de desplazarme y vivir en Tokyo el tiempo suficiente

como puntos de luz y color en ciertos rincones de

tan presente en la cultura japonesa, implícita siempre

fotográfico Tokyo Score, una partitura musical abierta

por la ciudad de Tokyo.


History and statement of a photographic and mus ical project about city of Tokyo, by José Bautista

PHOTOGRAPHY

months bring, those times where daily light contrasts

and living in Tokyo with time enough to experience

of light and color reflected in certain hidden spots I

always present on Japanese culture, always implicit on

conception, an open musical score showing images,

Three years ago I decided to get on board on a

seem to match the clear, strange shine of the night, in a

the rhythm of the city and the people who inhabit it

knew in Tokyo, even on the faces of many unknown

the daily consuming stormy chain.

where sounds are pauses starting to tell stories.

photographic project about the city and the people

city which seems to live in constant wakefulness.

to the maximum. I had no choice but to reconsider the

people, I didn’t stop watching, asking myself, once and

I dedicated the second stage of the project entirely

who actually live in Tokyo. Between 2004 and 2008, I

Initially, I intended this work as a series of color

bottom and the shape of this work.

again, what were they feeling while the looked at my

to shooting portraits of people from different ages

MUSIC

traveled to the city intermittently, sometimes just for

photographs. I wanted to have a kind of documentary

The key and correspondent leitmotiv that allowed

own features.

and social standings. All the shooting sessions were

Short after I finished the photographic work I started

a few days, some other times for weeks, but always

thread that could make the project legible, from the

me to approach the duty again, was a traditional

I tried to direct my vision towards this new course

made with the consent of the photographed people,

the duty of making music, based on those images.

coinciding with the Spring or Summer.

beginning, and it would put it into the context of the

Japanese music concert I had the opportunity to enjoy

of musical sensations, as if we started from the

trying to chat as much as possible with them, to know

I wrote the 7 themes from the compact disc that

However, the season selection was not by chance. It

story I had to tell, or even better, to listen to what the

in a hidden but very frequently visited local place at

metaphor where a complex and extended score would

their personality as best as I could, prior to doing the

goes along with this book, and I also relied on some

was an answer to a need —or most of all— to a feeling

city decided to tell me, and to capture with my camera

downtown Tokyo, Shinjuku. I had decided on this very

show us the sounds, as color strokes, trying not to

photo shoot. Pictures for which I used few shoots as

musicians to record it. Each composition title matches

of getting a specific color palette for this work. First,

what the city wanted to show me.

first trip to travel with no cameras and no photographic

make abstract images and showing what millions of

well. Likewise, I tried to establish contact with those

a concrete place, situation or character, that can be

I was also particularly interested in taking advantage

After a couple of trips, I realized it was going to be

tools at all. That musical evening meant what I call the

people see every day from that perspective. That is

people in moments where surroundings and situations

found in the pictures, but all the music, as well as the

of the diffuse tranquility which coincides with the last

hard to describe a story, molding a script without the

opening to a different way on my native documentary

why I entitled this work: Tokyo Score. This way I was

were the ones with greater tranquility – security, so

images, must be understood as a whole sound which

week of April and the beginning of May, coinciding with

argumental bases of a lived and continued experience

storytelling conception. I felt sounds played by those

adapting the Anglo-Saxon ground of the Japanese

accidentally models could understand it like that, and

integrates in the project, and gives it the same melodic

what they call ‘’goruden wiiku’’. Second, I wanted to take

in this metropolis. So I needed something I wasn’t able

musicians as a series of documents I graphically

word itself (スコア, Sukoa), which could mean musical

would feel comfortable in front of the lens.

and armorial sensations I felt on my incursions at the

advantage of the extended schedule range the Summer

to get at this time of my life: the possibility of traveling

imagined. Somehow, I was able to watch them as dots

score as well as scoring, that act of score or to count

This is the story of Tokyo Score photographic project’s

city of Tokyo.


Tokyo Score CD Música compuesta y producida por José Bautista Music composed & produced by José Bautista

(c) 2009 Todos los derechos reservados (c) 2009 All rights reserved

Músicos : Musicians:

José Bautista - Bajo, Piano, Samplers, Programaciones José Bautista - Bass, Piano, Electronics, Samplers Programming

Santiago Pérez - Piano en Jinsei, Eizo-sama y Shinjuku Santiago Pérez - Piano on Jinsei, Eizo-sama and Shinjuku

Juan Guevara - Guitarras en Shochu, Kanto y Taiyo Juan Guevara - Guitars on Shochu, Kanto and Taiyo

Mezclado por Felipe Guevara en Closet Studios, Madrid Mixed by Felipe Guevara at Closet studios, Madrid

Masterizado por Simon Heyworth en Super Audio Mastering studios, Devon, Reino Unido Mastered by Simon Heyworth at Super Audio Mastering studios, Devon, UK

1.

miburo

2.

KANTO

3.

JINSEI

4.

SHINJUKU

5.

EIZO SAMA

6.

SHOCHU

7.

TAIYO

Este libro corresponde a la primera edición, con una tirada exclusiva de 200 ejemplares This first printing of Tokyo Score is limited to 200 copies

Fotografías, edición y texto por José Bautista © 2004-2008 Photographs and Writings by José Bautista © 2004-2008

Música por José Bautista © 2009 Music by José Bautista © 2009

Texto introductorio “Acerca de Tokyo Score”: Clelia Antuña Preface by Clelia Antuña

Traducido al inglés por Jesús Filardi English translation by Jesús Filardi

Traducción al inglés de “Historia y planteamiento de un proyecto fotográfico y musical sobre la ciudad de Tokyo” por Maritza Tortolero English translation of “History and statement of a photographic and musical project about city of Tokyo” by Maritza Tortolero

Diseño por Ugo R. Sánchez @ Bit Bot Box Design by ugo r sánchez @ bit bot box www.bitbotbox.com

Impreso en España Printed in Spain

ISBN : 978-84-613-9875-1


AGRADECIMIENTOS

ACKNOWLEDGEMENTS

Este libro y la música que lo acompaña ha sido posible gracias al soporte y participación de personas

This book and the music have been made posible through the support and participation of individuals and

e instituciones a las cuales quisiera expresar mi más sincera gratitud :

institutions that I wish to express my sincere gratitude to:

Atsumi Nishino, Harumi Shishido, Toshihiko Yamamoto, Jesús Filardi, Santiago Pérez, Felipe Guevara, Juan

Atsumi Nishino, Harumi Shishido, Toshihiko Yamamoto, Jesús Filardi, Santiago Pérez, Felipe Guevara, Juan

Guevara, Simon Heyworth, Clelia Antuña, Maritza Tortolero, Fosi Vegue, Ugo R. Sánchez, Alfredo Sanz.

Guevara, Simon Heyworth, Clelia Antuña, Maritza Tortolero, Fosi Vegue, Ugo R. Sánchez, Alfredo Sanz.

Edificio de la Gobernación de Tokyo, Ryokan Fuji, Ryokan Homeikan, Mercado de Pescado en Tsukiji,

Tokyo Government building, Ryokan Fuji, Ryokan Homeikan, Tsukiji Fishmarket,

Ayuntamiento de Tokyo, Universidad de Tokyo, Lé Déco Gallery, Casper Gallery, Space K.Gallery,

Tokyo City Council,, Tokyo University, Lé Déco Gallery, Casper Gallery, Space K.Gallery,

“Delicat” Akihabara.

“Delicat” Akihabara.

Hideki, Tetsuo, Belén, Eizo-Ito, Tomei, Eri, Keiji, Naoko, Katzuo, Kento, Hiroshi, Minoru, Kaori.

Hideki, Tetsuo, Belén, Eizo-Ito, Tomei, Eri, Keiji, Naoko, Katzuo, Kento, Hiroshi, Minoru, Kaori.


Tokyo Score  

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