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Artropocentrismo

Obras DE: Diego Alberto PArdo


Ayuntamiento de Villena

Casa de la Cvltvra

Textos: José Ayelo, Juan Luis Martínez, Concha Reviriego y Diego Alberto Pardo. Fotografías: Francisco Javier García Acuyo y Diego Alberto Pardo. Maquetación: Diego Alberto Pardo. Impresión: Deposito Legal:

Agradecimientos: Agradezco a mi familia por estar a mi lado y tener tanta paciencia. A mis amigos por ser los mejores, aportando cada uno su granito de arena. A los que me enseñaron el camino para llegar. Y la Casa de la Cvultvra y especialmente a Pepe por ofrecerme la posibilidad de realizar esta exposición.


“Este jardín de casa de muñecas era un país encantado, un bosque de flores transitado por criaturas que yo jamás había visto. Entre los gruesos y sedosos pétalos de cada capullo de rosa vivían arañitas como cangrejos, que se escabullían de lado si se las molestaba. Sus cuerpecitos translúcidos tenían igual coloración que su flor respectiva: rosa, marfil, corinto o amarillo manteca. Sobre los tallos de los rosales, incrustados de pulgón, las mariquitas se movían como juguetes recién pintados: mariquitas rojo pálido con grandes puntos negros; mariquitas rojo manzana con puntos pardos; mariquitas color naranja moteadas de gris y negro. Simpáticas y gordinflonas, rondaban comiendo por entre los anémicos rebaños de pulgones. Abejas carpinteras como peludos osos azul eléctrico zigzagueaban atareadas entre las flores, zumbando roncamente. Las mariposas esfinge, eficiencia, sosteniendo a ratos su aleteo borroso para inyectar su larga y fina trompa en los capullos. Entre las piedrecitas, grupos de grandes hormigas negras se tambaleaban haciendo gestos en torno a extraños trofeos: una oruga muerta, un trozo de pétalo de rosa, o una vaina seca colmada de semillas. Como acompañamiento a toda esta actividad llegaba, desde los olivares más allá del seto de fucsia, el continuo, centelleante del chirriar de las cigarras, Si la curiosa atmósfera cegadora del calor produjera un sonido peculiar, sería exactamente el grito extraño y monótono de estos insectos.” Gerald Durrell, Mi familia y otros animales.


Impresiones José Ayelo Pérez No se si alguno de ustedes ha vivido en sueños algo parecido a lo que le ocurrió a Gregorio Samsa, el protagonista de “La Metamorfosis” de F. Kafka. Yo alguna vez me he despertado habiéndome sentido insecto, con la angustia de haber permanecido en un cuerpo extraño y sintiendo un gran alivio al comprobar, que nada de lo ocurrido en mis sueños había traspasado el estadio de la realidad. Ignoro si a Diego Alberto Pardo esta obsesión pictórica de convertir insectos en obras de arte, le viene de sus propios sueños o de leer a Kafka. Intuyo que de ambas cosas y otras más, como el cariño a la naturaleza o la afición a la obra de Gerald Durrell. Pero una cosa es de qué, o de dónde le vienen al artista las ideas, y otra bien diferente es la impresión que estos pensamientos causan en el espectador. Por ello considero que no es un buen camino enfrentarse por primera vez ante una obra de arte, tratando de descifrar las motivaciones que ha perseguido el autor a la hora de crear cualquiera de las obras que nos muestra. Si perseguimos este objetivo quizás sería mejor dejarlo para más adelante. Creo que alcanzaremos mayor satisfacción si previamente nos dejamos llevar por nuestras propias impresiones. No deberíamos dar demasiada importancia a si lo que nosotros sentimos ante la obra, coincide con lo que el artista pretendía, o sentía, a la hora de imaginar primero y plasmar después lo que ahora vemos. Disfrutemos por tanto, de la primera impresión que sentimos cuando vemos las obras, sin plantearnos siquiera si se trata de hormigas o escarabajos. Ante la primera visión de la obra, el cerebro nos va a devolver una reacción espontánea que sería bueno que retuviéramos, como lo hacemos cuando probamos un alimento por primera vez.


Pronto nos daremos cuenta que el autor nos va llevando a su propio terreno. Nos encontramos respirando el aire que Diego Alberto quiere que penetre en nuestros pulmones, el del mundo que envuelve su obra. De pronto nos encontramos descubriendo insectos (coleópteros, himenópteros, arácnidos, dípteros) artrópodos en general que se nos muestran como cuadros dentro de cuadros. La intención del artista se aleja de la mera reproducción del artrópodo y nos acerca al propio ser vivo como elemento pictórico: formas, gamas, fondos, espacio, se armonizan para hacernos traspasar el material con que han sido realizados para descubrirnos la manera en que han sido pensados. Poco importa que sean óleos, grafitos, sobre papel o sobre tabla. Lo que se muestra ante nosotros es un mundo compuesto de tres atmósferas: la quietud claustrofóbica, la plasticidad del movimiento y la provocación mediante la aversión. Tras habernos dejado llevar por la reacción espontánea de nuestro cerebro y haber respirado de la atmósfera que hace posible la obra, caemos irremediablemente en la tentación de tratar de descubrir la intencionalidad de cada uno de los cuadros. Sin embargo, como bien ocurre entre aquellos artistas que entienden cada obra como un estadio de maduración artística e intelectual, en este caso no podemos buscar la intencionalidad de una obra sin mirar a la que está al lado, o sin recordar las que hemos contemplado anteriormente. No vamos a encontrar una intencionalidad diferente en cada cuadro, como en las teselas de un mosaico cada una de las obras forma parte de una única intención. Lo intuimos así cuando Diego Alberto recurre a Durrell, y en concreto al libro “Mi familia y otros animales”, para ilustrar lo que quiere mostrar. El propio texto del escritor y conservacionista inglés nos da pistas de por dónde pueden ir sus intenciones. La existencia de un minúsculo mundo que se desenvuelve a nuestro alrededor sin que reparemos en ello; la indiferencia –y en muchos casos el desprecio- con que el ser humano se comporta ante seres vivos tan bellos como una mariposa, o tan complica-

dos estructuralmente como una mantis, parecen estar delante de lo que el artista nos quiere transmitir, son sus valores los que mediante la habilidad de sus manos se manifiestan de manera reiterativa en cada obra. Sin embargo, lejos de lo que pudiera parecer, Diego Alberto Pardo no trata de reproducir realidades, sino que se sirve de esas realidades para mostrar la destreza de sus ideas. Quizás las obras de “coleccionismos” nos pudieran llevar a ese engaño, pero la impresión que pudieran causarnos estas obras, en cuanto a lo que a reproducción de la realidad se refiere, se desvanece en cuanto observamos el resto de la colección y descubrimos cucarachas encima de noticias, donde la evidencia de la denuncia social enriquece y no empaña la intención plástica. A así también ocurre con las obras que abandonan la rigidez del soporte y la minuciosidad del dibujo, para adentrarse en la espontaneidad de la mancha, expresando con mucha soltura la libertad del vuelo y del movimiento. Pero siendo estas mis impresiones, seguro que cualquiera que se detenga ante la obra, que se tome el tiempo necesario para disfrutar de lo que Diego Alberto Pardo nos muestra, se verá rápidamente envuelto en sus propias impresiones que coincidirán o no, con las del propio artista, eso es lo de menos. Lo importante es que tras la contemplación detenida, algo de Diego Alberto Pardo quede en nuestra cabeza dando vueltas.

Villena, enero de 2013


Las polillas no leen Schonpenhauer. Juan Luis Martínez Chico. Tengo que reconocer que los insectos me han provocado siempre ese desasosiego que provoca solamente la inquietud. Odiar los insectos es odiar nosotros mismos, tercos homeotermos dotados de un sistema nervioso central. El insecto es orgullo y prejuicio.

mundo en una clave que consideramos compleja. Hay insectos que detectan la proximidad de la lluvia solamente moviendo sus antenas. Nosotros todavía pataleamos por olvidarnos el paraguas en casa.

Diego lo que hace no es dibujar insectos, lo que hace en cierto sentido es convertirnos en nuestros propios Dorian Gray delante del retrato. Sus insectos no son malos, no son feos, no son Recuerdo que de pequeño me daba miedo insectos. Son unidades fuera sistema salir de noche por la ciudad, me sentía que desconocen las cadenas tróficas. En como si fuese a participar improvisaellos se observa la belleza por reflecdamente en una película de Cronenberg, ción. Nosotros nos llevamos la belleza toda esa maresma de insectos moviéndose al mirarlos, pero dejamos en ellos, enalrededor de nosotros, debajo de nuescerrados en el marco del dibujo nuestros suelos, entre nuestros muros. Me tros miedos. Nuestras miradas son las daba la sensación que sencillamente por mismas que se producen en un zoo porel hecho de caminar estuviese interrum- que “esas bestias están detrás de los piendo la pulsación de un flujo de algo barrotes”, en este caso, sencillamente tan inmensamente grande e inmensamente encerrados en un mundo de dos dimencomplejo que en su ruptura, en su iner- siones construido con papel y grafito. cia, me tragase. Miedos infantiles. Dejan de ser animales para convertirse en símbolos. Símbolos de nuestros mieMe creció el pelo, pasé bachiller, dos de cuna, de nuestro porcentaje de tuve mis primeras relaciones sexuales, incomprensión existencial. mis primeros fracasos emocionales, mi primera nomina, mi primer despido. El Creo que se podría decir que los animiedo hacia los insectos pasó. No conmales de Diego son el orgullo de los seguimos entender ni su forma ni su expatriados. Porque la naturaleza no porqué. De pequeño recuerdo mis comestá solamente llena de corderos, cabapañeros de clase jugar a quitarles las llos y cachorros de tigre. También hay “paticas” a las moscas, las muy puñete- sangre, vísceras, mierda y parásitos. ras seguían vivas aunque les hubieses Y es eso lo que lo hace más bonito. La extirpado todas. Para un niño como yo belleza ni es perfección ni es solaque no hacia otra cosa que leer Lovemente arruga, es sencillamente un todo. craft, con todo su bestiario de nutriAprendámoslo. ción imaginaria insectívora, eso te acojona: hay veces que un pisotón no sirve, me decía para mis adentros siempre. Hay algo que siempre me ha fascinado en la entomología. Nosotros, dos brazos, dos ojos, dos piernas, una conexión neuronal que nos permite descifrar el


Ars-Anthropoda. Concepción Reviriego Almohalla. Las imágenes de los dibujos llenan el espacio del cuadro. La figura cobra importancia, agrandada por la mano del dibujante, plasmada por su voluntad sobre papel, circundada de un vacío estudiado que se diría aire puro en el que el insecto se mueve.

Odonato. Grafito sobre papel. 112x77 cm. 2007

Alas translúcidas hasta confundirse con el fondo; cuerpos opacos, casi negros, que no dejan pasar la luz por donde ellos pasan, porque pasan, vuelan, van y vienen. Son insectos en movimiento. Su aparente estado de equilibrio como se aprecia en las fotografía adjuntas, es un equilibrio sostenido, vivo. Los trazos del grafito se deslizan por plano con ligereza, como si quisieran volar a la vez que los insectos. Líneas sutiles seguidas de rayas gruesas, que terminan por ser una sola. Una sola línea en muchas ocasiones, pocas veces recta; otras veces, cruza y emborrona la superficie en la que se mueve el artrópodo en cuestión. Las patas, como alambres diseñadas para dar grandes zancadas, flexibles y resistentes, las dibuja estilizadas, finísimas. Las antenas, órganos móviles que aparentar dirigir su atención hacia algún punto del espacio, transmiten aún más esa sensación de vida que tienen estos dibujos. Dibujos que representan la materia, la materia con vida. Vida expresada a través del movimiento, que, en mi opinión, constituye la materia viva del cuadro, como las personas constituímos la materia viva de un grupo social. Sin personas no habría grupo y, en estos dibujos, sin movimiento no habría vida. Diego Alberto logra trasmitir esa idea. Dibujos figurativos desfigurados. Diego no copia la realidad. No le interesa.


Se siente atraído por el mundo de los insectos no tanto desde el punto de vista biológico, como desde una perspectiva humana o, quizá sería mejor decir, humanizadora. Reclama la imagen del insecto para agrandar lo despreciado y para achicar lo ensalzado. Sus insectos no son animales, son símbolos. Llena de vida sus cuadros. La vida la fija en el movimiento de esos cuerpos alados, cuerpos de insectos vistos con lupa y reinterpretados al pasarlos al papel con el grafito. En medio de todo este proceso, está el artista. Su ojo escrutador. Su sentir humano y, por encima y englobándolo todo, unificándolo, su capacidad creadora. Así, el artista, este artista, no copia directamente del natural, sino que lo interpreta a su modo y manera. Coge ese pequeño-gran mundo de los insectos. Lo desbarata, lo rompe, lo desarticula y lo vuelve a componer acomodado a las exigencias que él le impone. Lo adecua a sus querencias y utiliza como medio expresivo de su pensamiento. Los convierte en símbolos por voluntad propia. Símbolos que dominan el plano, el ambiente y, la yo diría que la obra del artista en conjunto; más amplia, como cabe suponer a los lectores, que la pequeña muestra presentada en esta exposición. Diego Alberto desea elevar a los artrópodos de categoría. Reclama una atención inusitada para estos animales, de pequeño tamaño, de aspecto horrible para muchos, tremendo para otros. Reclama que el espectador se fije en ellos sin sentir repugnancia ni rechazo. Ensalza su belleza, su maravilla, prescindir de las selectivas miradas que hacia los artrópodos han dirigido otros hombres en otros lugares y en otros momentos. Con estos dibujos,

Pareja Odonatos. Grafito sobre papel. 112x77 cm. 2007


Diego se propone, nos propone, Ver -con mayúsculas-, traspasar los límites que nos impone la civilización, la cultura y las tradiciones acostumbradas. De manera que los dibujos que vemos en la exposición, facultan al observador para aprehender otra realidad, le facilitan una nueva experiencia de lo concreto. Concreción artística que re-

Coleóptero. Grafito sobre papel. 54x40 cm. 2011

presenta una idea abstracta. Lo irreal se convierte en real. Y esa realidad nos la facilita el artista a su modo. Este, Diego Alberto Pardo Asunción, decide optar por la distorsión de las formas. Sus desfiguradas figuras hablan. Expresan un modo especial de ser y de querer estar en el mundo; de sentir la realidad y de reconstruirla. A Diego no le basta representar el objeto tal como lo percibe el ojo humano. Lo estudia, se diría que lo mastica, lo digiere, lo aprehende. Entra dentro del ser del insecto. Lo vive desde dentro. Lo domina. Y, después, hace con él lo que quiere. Ahora es cuando el artista se interpone entre el insecto y el espectador. Se convierte él mismo en un mediador entre ambos mundos. Hace de traductor de atributos de los artrópodos. Nos enseña sus cualidades transformadas por su intervención, por su trabajo hábil y bien hecho. Así, logra enseñarnos la belleza de un vuelo, el movimiento de un insecto, las patas de una hormiga o el zumbido de una mosca. Cualidades atribuidas a los insectos como: fealdad, asquerosidad, maldad, transmisores de enfermedades... en su mayor parte negativas; él, sin desconocer la biología, la naturaleza de estos animales y sus consecuencias, se fija y resalta en lo que le interesa para su arte. Se fija, precisamente en ellas, para elevarlas a la categoría de arte. Consigue, sólo auxiliado por limitados materiales, como un trozo de grafito y unas láminas de papel reconvertir esa aparente insignificancia de los insectos ante el hombre, de su mundo ante nuestro mundo, y decirnos: ¡Ojo, señores! Lo que ustedes laman “feo” es bello también. También hay belleza en la “fealdad”. Las categorías de “bello o de “feo” no son más que eso, meras categorías. Responden a una cuestión de clasificaciones culturales, nada más.


Himen贸ptero. Grafito sobre papel. 70x56 cm. 2011

Neur贸ptera. Grafito sobre papel. 56x77 cm. 2011


Ephemer贸ptera. Grafito sobre papel. 45x65 cm. 2012

D铆ptero. Grafito sobre papel. 54x40 cm. 2011


D铆ptero. Grafito sobre papel. 77x56 cm. 2011

Himen贸ptero. Grafito sobre papel. 60x45 cm. 2011


Lepid贸ptero. Grafito sobre papel. 64x50 cm. 2012 Himen贸ptero. Grafito sobre papel. 70x56 cm. 2011

Pol铆ptico Himen贸pteros. (Detalle, pg siguiente) Grafito sobre papel. 70x56 cm. 2011


Coleccionismos. Cambiamos radicalmente de técnica y de estilo, adentrándonos en el óleo con unas imágenes que se podrían considerar hiperrealistas. Retratos personales de cada uno de los sujetos, con una anatomía reconocible y clarificadora, representaciones naturalistas de los insectos, tanto en tamaño como en forma y color. Insectos mostrados como si de obras de arte se tratasen enmarcados dentro de cuadros, los cuales se exhiben al público sin reparo, luciendo todo su esplendor y crueldad, por que no dejan de ser cadáveres expuestos a la vista de todos. La paradoja del cuadro dentro del cuadro. Juego de representaciones donde el propio tema es el cuadro. Vemos el marco alrededor de la obra que a su vez pertenece a la imagen pintada, ésta a su vez es el contenedor de otro cuadro.

Coleccionismo I. (Limulus Polifemus y Palamnaeus Fulvopes) Óleo sobre tabla. 24x24 cm. (Cada obra) 2011

Los insectos son colocados frente al espectador como si fuesen trofeos de algún Noble renacentista. Colocados de manera que evocan los Gabinetes de curiosidades, lugar donde colocaban sus “tesoros” para demostrar tanto su poderío y su riqueza frente a otros nobles como para disfrutarlos en privado como colección particular. En ellas se guardaban por igual obras de arte, animales disecados, restos arqueológicos, conchas... con el paso del tiempo empezaron a surgir diferencias entre los objetos conservados, haciendo diferenciaciones entre los objetos naturales y los manufacturados. Estos habitáculos fueron los precursores de los museos actuales y a partir de ellos se desarrollaron las galerías de arte.


Coleccionismo 5 (iPad). Óleo sobre tabla. 45x50 cm. 2012

Coleccionismo 2 (Lepidópteros). Óleo sobre tabla. 80x100 cm. 2011


Coleccionismo 3 (tríptico mixto). Óleo sobre tabla. 110x85 cm. 2011


Coleccionismo 7 (Homópteros). Óleo sobre tabla. 55x46 cm. 2012

Coleccionismo 4 (Primavera). Óleo sobre tabla. 46x55 cm. 2012


Coleccionismo 8 (Lepidópteros blancos). Óleo sobre tabla. 65x65 cm. 2012

Coleccionismo 6 (Lepidópteros policromía). Óleo sobre lienzo. 50x78 cm. 2012


Composición 2 (Coleópteros). Óleo sobre tabla. 33,5x33,5 cm. (cada obra) 2012

Composición 3 (Odonatos). Óleo sobre cartón. 16x20 cm. (cada obra) 2012


Diversidad. Obra única en el sentido de la exposición, ya que esta instalación deja el plano de representación, que es el papel, en un segundo lugar, para adentrarse en el volumen. La idea principal de esta serie es plasmar de alguna manera la diversidad taxonómica de algunos grupos de artrópodos, como es el caso de los arácnidos, miriápodos y hexápodos en esta pieza. Para lo cual se eligió los órdenes de cada una de estas clases, ilustrando con grafito sobre papel un espécimen que representara dicho orden, tras lo cual se mecanografió el nombre del orden al que pertenece. Este hecho hace que la obra resulte no sólo más evidente sino también didáctica.

los tamaños para una mejor visualización de los dibujos aquí presentados. A diferencia de la serie “coleccionismos”, aquí realmente se presenta una colección. Todos los que alguna vez han cazado algún bicho, los habrán metido en botes, para conservarlos, en un intento por atrapar la naturaleza que nos rodea, preservarla y poder contemplarla ajena a su medio, separados de ella.

Realmente la diversidad de los artrópodos no es comparable con la de esta pieza, ya que por poner un ejemplo nada más en el orden de los coleópteros hay mas de 300.000 especies datadas. Otra de las diferencias que se hace evidente en esta obra es la morfológica, donde se aprecian las anatomías de cada uno de ellos de una manera clara y sus diferencias entre unos y otros, gracias a un análisis previo de las imágenes que consigue que los dibujos sean más objetivos en cuanto a las formas tratadas. Algunas de estas criaturas son considerablemente más pequeñas que las mostradas aquí, por lo que se estandarizan

Diversidad. Grafito sobre papel. Papel, cristal, plástico y madera. 175x90x25 cm. 2012

Megalóptera (Detalle de una de las piezas).


Ars-Anthropoda II La aparición del color en esta serie ha venido dada por la convergencia de las dos series anteriores, es directamente la evolución de “Ars-Anthropoda” influenciada por la técnica y la coloración de la de “Coleccionismos” A finales de 2012 comenzó a usar no sólo el grafito, sino también el óleo para generar sus dibujos, produciendo de esta manera unos insectos más naturalistas, enlazados más directamente con sus modelos reales, lo cual no negaba todo el contexto que había generado sino que lo enriquecía todavía más. Los dibujos en blanco y negro se entendían como una aproximación al Ying Yang como influencia del arte oriental, en la cual se ponían en evidencia las contraposiciones: vacío/lleno, materia/ espacio, claro/oscuro, Lejos/cerca... En esta serie también se muestran esas dicotomías, ahora con color, como el entorno donde vivimos, haciendo de esa manera que las obras se aproximen más al espectador. Es ese color característico de los insectos, su cromatismo, el que los hace más vivaces, generando nuevos contrastes internos. Cada insecto está rodeado no solo del espacio en blanco que es el papel, sino de unas manchas que resalta la forma y participan tanto de la figura como del fondo.

Himenóptero. Grafito y óleo sobre papel. 33x24 cm. 2012

No es sólo el color lo que separa una serie de la otra. En la primera la técnica era única, sus manchas eran producidas por la acumulación de trazos, y en esta los óleos se mezclan con el grafito, generando manchas más directas, produciendo nuevas calidades en las obras.


Ephemer贸ptera. Grafito y 贸leo sobre papel. 24x33 cm. 2012

Himen贸ptero. Grafito y 贸leo sobre papel. 33x24 cm. 2012


Orth贸ptero. Grafito y 贸leo sobre papel. 33x24 cm. 2012

Orth贸ptero. Grafito y 贸leo sobre papel. 33x24 cm. 2012


Himen贸ptero. Grafito y 贸leo sobre papel. 43x33 cm. 2012

Neur贸ptera. Grafito y 贸leo sobre papel. 43x33 cm. 2012


D铆ptero. Grafito y 贸leo sobre papel. 33x24 cm. 2012

D铆ptero. Grafito y 贸leo sobre papel. 33x24 cm. 2012


Blattodea. En esta última serie se presenta el orden Blattodea, al cual pertenecen las cucarachas. Es la evolución crítica de “Coleccionismos”, ya que sigue tratando de manera hiperrealista a estos insectos, utilizando los mismos medios que en la anterior. La diferencia entre ambas es que en esta los insectos son presentados sin ataduras, no hay marcos pintados que sitúen a estos de manera estática, además la colocación de estos es más dinámica y natural. En la sociedad en la que vivimos, las cucarachas ocupan un lugar privilegiado en seres odiados, son consideradas como criaturas asquerosas, sucias, que provocan repulsión. Para Diego estos seres carecen de esta carga negativa, siguen siendo modelos tratados como cualquiera de los demás insectos mostrados anteriormente. Se vale de esos sentimientos adversos para generar un discurso crítico con la situación actual. El hecho de que estén situadas sobre papel de periódico muestra de manera directa la crítica. Temas económicos, políticos y sociales se entremezclan en las piezas como un entorno en el que habitan las cucarachas. Todas las piezas están enmarcadas en blanco, que simboliza la pulcritud, contrastando con la grisalla que se produce con la textura del periódico, reflejo de la manipulación y de la poca objetivad con la que algunos medios, no sólo la prensa escrita tratan las noticias, también es un reflejo de esta etapa gris por la que pasamos, donde la mayoría de personas se ven afectadas de una manera o de otra.

Blattodea (Detalle). Óleo sobre papel encolado en tabla. Diversos tamaños 2012/13


Blattodea (Detalle). Ă“leo sobre papel encolado en tabla. Diversos tamaĂąos 2012/13


Este cat谩logo se edit贸 para la exposici贸n que tuvo lugar en la Casa de la Cvltvra de Villena entre los d铆as 25 de enero y 17 de febrero de 2013.



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