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NÚMERO 11 Del 24 al 30 de mayo de 2020

LA CUA REN TENA Edición y diseño Jurgen Ureña


La Cuarentena es una compilación de artículos, imágenes y enlaces de acceso público que intenta dar cuenta de aquello que pensamos, anhelamos y sentimos durante el proceso de confinamiento producido como consecuencia de la COVID 19. Reúne textos de medios informativos diversos: El País, La Vorágine, ABC, eldiario.es y La Vanguardia de España, BBC Mundo de Inglaterra, National Geographic y The New York Times de Estados Unidos, El Espectador de Colombia, La Tercera de Chile, Etcétera de México y Página 12 de Argentina, entre otros. La Cuarentena ha sido diseñada para su difusión y lectura a través de teléfonos móviles. Se propone que su publicación y propagación perdure durante el tiempo del confinamiento obligatorio que se inició, en prácticamente todo el mundo, en marzo de 2020.

La Cuarentena Edición y diseño: Jurgen Ureña jurgenurena@yahoo.com 2020


LOS DUEÑOS DE UN RESTAURANTE EN ITALIA PRUEBAN LOS SEPARADORES DE PLEXIGLASS QUE PLANEAN ADOPTAR PARA PODER REABRIR SU NEGOCIO DE FORMA SEGURA. FOTOGRAFÍA POR GETTY IMAGES.

Editorial En muchas ciudades del mundo cumplimos ya las

Por otra parte, tal vez las preguntas que en este punto

primeras 10 semanas de cuarentena. Entonces hemos

cobran un mayor sentido deben plantearse a escala

cambiado las dudas sobre el tiempo de confinamiento

individual, lo que simplemente es otra forma de decir “a

que nos queda por delante y sobre los mejores métodos

escala humana”.

para prevenir el contagio del virus por las preguntas

sobre la forma que adoptará nuestra vida en el mundo

Así, cuando imaginamos el mundo post coronavirus en

post coronavirus.

relación con nuestras pequeñas grandes preguntas

regresamos al tiempo de las primeras veces. ¿Cómo

¿Seremos mejores? ¿Más conscientes del daño que le

será la primera cita a ciegas y el primer beso; la primera

hemos hecho al planeta y más dispuestos a repararlo?

visita a un cine y a una discoteca? ¿Cómo serán el

Algunos piensan que así será y se refieren al punto de

primer baile y la primera coreografía grupal? Es muy

inflexión que se acerca lentamente a nosotros como el

probable que el hit del próximo verano sea “El baile de

año cero de una nueva sociedad, más reflexiva y

la mascarilla” y se ejecute en espacios abiertos, con dos

mesurada en la utilización de los recursos naturales.

metros de distancia entre un bailarín y otro.

Otros afirman que el mundo posterior a la pandemia de

Mas adelante se comprobará si La cuarentena #11

COVID-19 traerá gobiernos más autoritarios y un auge

consiguió esbozar en su editorial un par de líneas

de la censura y la desigualdad. En otras palabras,

proféticas. De momento, en su interior se incluyen dos

estamos frente a una suerte de versión siglo XXI del

reflexiones sobre las incertidumbres de la era post

enfrentamiento eterno entre los apocalípticos y los

coronavirus y el primer beso post pandémico, a cargo

integrados, tal como los definió a mediados de los años

del escritor Ricardo Raphael y la cineasta Nayeema

sesenta el escritor italiano Umberto Eco.

Raza, respectivamente. ¡Buen provecho!


La perspectiva del género ante la covid-19 SOCIEDAD

POR SUSAN PAPP Y MARCY HERSH TOMADO DEL DIARIO EL PAÍS, 16/4/2020

UNA MUJER SE CUBRE CON UNA MASCARILLA EN NUEVA DELHI, EL 1 DE ABRIL DE 2020. FOTOGRAFÍA POR YAWAR NAZIR.


Perspectiva del género y covid-19 Cuando hay una pandemia, los líderes del mundo y los servicios de emergencias sanitarias deben adaptarse rápidamente a la amenaza en ciernes. A menudo, el último factor que consideran, si es que en algún momento llega a formar parte de sus listas, es el género. Como defensoras de los derechos y la salud de las niñas y mujeres, escuchamos las mismas excusas una y otra vez: "En este momento, el género no es una prioridad", dicen los líderes. "Tal vez, cuando se calmen las aguas", afirman. "No es el momento", insisten. Si la intención es encontrar las respuestas más eficaces contra la covid-19  —o cualquier emergencia de salud— esto debe cambiar. Las niñas y mujeres sufren los brotes de forma diferente que los niños y los hombres. Una mirada de género resalta los riesgos y vulnerabilidades específicos que enfrentan ellas debido a desigualdades y roles de género tradicionales profundamente arraigados. Y los hechos que esa perspectiva revela pueden salvar vidas y garantizar que nadie sea dejado de lado en nuestras respuestas ante las emergencias. Para replantear nuestra respuesta ante la pandemia a partir del género, primero tenemos que proteger y apoyar a los especialistas en salud en el mundo,  el 70% de los cuales son mujeres. Es fundamental que reciban capacitación, equipamiento y cuenten con recursos, lo que implica cubrir  la escasez mundial de elementos de protección, como máscaras y guantes, para que tanto ellos como los pacientes estén adecuadamente protegidos. También implica atacar  la brecha de género del 28% en la remuneración en los profesionales de la salud  en el mundo y asegurar entornos laborales decentes y seguros, con equipamiento de protección adecuado. Esto evitará las interrupciones en la provisión de servicios, porque los propios profesionales de la salud no se enfermarán, y fomentará la retención mientras trabajan día y noche para combatir la covid19. Además, debemos desmantelar  el sistema discriminatorio  que excluye a las mujeres profesionales de la salud de los organismos donde se toman las decisiones que inician los protocolos de emergencia para salvar vidas en entornos atención sanitaria.


Perspectiva del género y covid-19 De igual modo, será imposible proporcionar evidencia confiable sobre esta nueva enfermedad para los profesionales de la salud, los responsables de las políticas y los medios sin invertir en la obtención de datos desagregados por género y edad en todas las tareas de vigilancia y control. Las emergencias sanitarias como la epidemia del ébola en 2014-16 y el brote del cólera en 2012 en Sierra Leona  muestran que la ausencia de datos desagregados por género dificulta fuertemente la toma de decisiones inteligentes, las respuestas firmes y la rápida recuperación. Aunque esas emergencias sanitarias pueden habernos presentado desafíos distintos de los de la covid-19, la necesidad de soluciones basadas en la evidencia respaldadas por información de calidad sigue siendo la misma. También debemos preguntar por la forma en que los roles de género tradicionales moldean la manera en que la gente con diversas identidades de género y procedencias la experimenta. Esto implica ir más allá de  los datos iniciales de China, que sugieren que las infecciones por coronavirus son ligeramente mayores entre los hombres que entre las mujeres. También implica que tenemos que evaluar qué lleva a que las niñas y mujeres, los niños y hombres, y las personas no binarias resulten vulnerables en primer lugar. Por ejemplo, las emergencias de salud anteriores demuestran que el papel tradicional de las mujeres en la atención de los familiares enfermos suele  aumentar su exposición  a las enfermedades infecciosas a través del contacto con otras personas. Esto ocurrió durante el brote del ébola en 2014-16, la epidemia de SARS en 2002-03 y la lucha de la India contra el virus Nipah en Kerala en 2018. En todos esos casos, gran cantidad de niñas y mujeres que atendieron a enfermos resultaron infectadas. Saber esto permite que quienes cuidan a los infectados hoy comprendan la importancia de reforzar las medidas preventivas en sus hogares, como se indica en la guía de prevención de la OMS para la covid-19, e informar los casos cuando aparecen los síntomas. Mientras reforzamos nuestra respuesta médica y epidemiológica, también debemos asegurarnos de que no se interrumpan los servicios básicos de salud materna, sexual y reproductiva. El brote del ébola en África Oriental demostró que las actividades para limitar la enfermedad pueden desviar al personal y los recursos de otros servicios que necesitan las mujeres. Esto puede tener  consecuencias desastrosas: la mortalidad materna en la región aumentó el 75% durante la epidemia y la cantidad de mujeres que daban a luz en hospitales y clínicas cayó el 30%.


Perspectiva del género y covid-19 La necesidad de asistentes expertos para los partos, protección contra la violencia de género, anticonceptivos y abortos seguros suele aumentar durante los brotes. La pandemia de hoy no difiere en este sentido. Se informaron aumentos de la violencia doméstica  en Wuhan (China), durante el confinamiento de dos meses en esa ciudad. Y la gente sigue teniendo relaciones sexuales, transita la pubertad, menstrúa, se embaraza y pare durante las emergencias de salud pública, por lo que cubrir esas necesidades debe seguir siendo una prioridad. Eso requiere que las mujeres asciendan a roles de liderazgo. Ellas son expertas proveedoras de servicios, epidemiólogas, cuidadoras de enfermos, líderes comunitarias y más. Sobre todo, son las mayores expertas respecto de sus propias vidas y deben participar equitativamente en todos los esfuerzos de preparación y respuesta. Esto implica garantizar su participación en todos los grupos de expertos locales, nacionales, regionales y mundiales sobre la covid-19. Las mujeres deben participar en los consejos comunitarios locales y los organismos legislativos donde se toman decisiones importantes. Internacionalmente, los desequilibrios de género en el liderazgo sanitario mundial, donde los hombres ocupan el 72% de los cargos más importantes, se debe solucionar con urgencia. Con recursos suficientes, podemos evitar los errores del pasado y diseñar respuestas con una perspectiva de género desde el primer momento. Si bien los 15 millones de dólares y los 14.000 millones de dólares de ayuda para emergencias, comprometidos respectivamente por las Naciones Unidas y el Banco Mundial, son un gran comienzo, debemos hacer inversiones adicionales para implementar las políticas que requiere una estrategia eficaz contra la covid-19. Las excusas para no tener en cuenta el género durante las emergencias sanitarias han entorpecido las respuestas que más necesitamos durante demasiado tiempo. Para que todos estemos protegidos, esta vez debe ser diferente.


Tres meses, dos continentes y cuatro periodos en cuarentena CRÓNICA POR AMY QIN TOMADO DE THE NEW YORK TIMES, 15/5/2020

AMY QIN EN WUHAN, CHINA, DURANTE LA SEGUNDA SEMANA DE CONFINAMIENTO DE LA CIUDAD. FOTOGRAFÍA POR AMY QIN.


Cuatro cuarentenas Antes de la pandemia, mis amigos me llamaban “la emperatriz”, haciendo mofa de mi apellido. Pero ahora han comenzado a referirse a mí con un apodo de la realeza que proyecta menor estima: ahora soy “la reina de la cuarentena”. Eso se debe a que, en los últimos tres meses, he completado cuatro rondas de cuarentenas en cuatro ciudades en ambos lados del océano Pacífico. Al igual que muchas otras personas, pasé el tiempo haciendo llamadas de Zoom y maratones de programas de telerrealidad, pero, a lo largo del camino, también me subí a la ola de la pandemia del coronavirus. Cada ciudad en la que estuve confinada —San Diego, Pekín, Los Ángeles y Taipéi— fue una ventana hacia las distintas maneras en las que los gobiernos estaban combatiendo el virus. Algunos, como sabemos muy bien, lo hacen con más éxito que otros. Todo comenzó a fines de enero, cuando viajé a toda prisa desde Pekín, donde tenía mi base como corresponsal para China, hasta Wuhan, el sitio en el que el brote estalló inicialmente. La ciudad estaba en su segunda semana de cuarentena. Pasamos buena parte de nuestro tiempo visitando hospitales, acercándonos —tal vez más de lo debido— a  entrevistar a residentes enfermos  que estaban demasiado débiles para hablar. Todas las noches, contestaba llamadas de mis padres, presos del pánico en California, quienes siempre parecían tener un consejo nuevo de dudosas fuentes para protegerme del virus: ¡Apaga el aire acondicionado! ¡No comas nada crudo! ¡Nada de frutas! Así que fue un alivio cuando abordé el último vuelo de evacuación organizado por el Departamento de Estado para salir de Wuhan. En aquel momento, solo había doce casos confirmados en Estados Unidos. Al aterrizar en la Estación Aérea del Cuerpo de Marines de Miramar, en San Diego, le escribí un mensaje de texto a mi familia: “Estoy tan contenta de ser estadounidense”. Primera cuarentena: San Diego Me sentía agradecida. No tuve que pagar por el alojamiento ni los alimentos. Trabajadores que llevaban protectores faciales hacían rondas diarias para tomarnos la temperatura. Cada día traía una sorpresa nueva: la presentación de una banda de la Marina, galletas de niñas exploradoras y, lo más desconcertante, condones; #soloseviveunavez, supongo.


Cuatro cuarentenas Sin embargo, había señales del desastre inminente. No se pedía usar cubrebocas. Y aunque estábamos confinados en una zona de la base, todavía se nos permitía convivir. En nuestras reuniones diarias, a los funcionarios de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades parecía no preocuparles la transmisión asintomática. Después de haber visto la prisa frenética por conseguir cubrebocas en China, los laxos lineamientos me parecieron extraños, pero estaba con expertos mundiales, me dije. Parecían saber lo que hacían. En retrospectiva, esas fueron las primeras señales de alarma. A pesar de eso, muchos de nosotros continuamos usando cubrebocas. De cualquier manera, casi todo el tiempo estaba en mi habitación y todavía más después de que dos de las personas evacuadas en nuestra base dieron positivo en pruebas de coronavirus. Al final de las dos semanas nos graduamos. Posamos para fotografías. Arrojamos nuestros cubrebocas al aire como si fueran birretes. Tomamos un autobús al aeropuerto de San Diego, donde nos esperaban varios reporteros. Era un día soleado; el virus se sentía muy lejano. Me quité el cubrebocas y desaparecí entre la multitud. Segunda cuarentena: Pekín A finales de febrero regresé a Pekín. Para entonces, el pico de la epidemia había pasado en China. Volé vía Seúl, pensando que sería una ruta relativamente segura. Pero justo antes de mi vuelo, surgió un brote en Corea del Sur y, de repente, el país se había convertido en un foco de infección. Me sentía nerviosa. Mi escala había durado menos de dos horas, pero los funcionarios chinos no se destacan por fijarse en esos detalles, en especial en tiempos de emergencia. Poco después de aterrizar, me registré en la estación de policía local, un requisito para todos los extranjeros. Como era de esperarse, a las pocas horas recibí un mensaje. Las autoridades locales sabían sobre mi escala en Seúl y querían ponerme en una cuarentena supervisada por el Estado, muy probablemente en un sitio gubernamental. Traté de convencerlos de que no estaba en riesgo. Entretanto, terminé una segunda ronda de autocofinamiento en casa. Solo salí algunas veces para pasear al perro, siempre con cubrebocas. Nunca volví a tener noticias de las autoridades. Para mí, esa fue la respuesta de China a la cuarentena en pocas palabras: eficaz si es intensa y no siempre a prueba de fallos.


Cuatro cuarentenas Tercera cuarentena: Los Ángeles Muy temprano, una mañana de marzo, desperté en Pekín con un torrente de frenéticos mensajes de texto. El gobierno chino estaba expulsando a un grupo de periodistas estadounidenses, incluida yo. Viajar a otro país durante una pandemia no es fácil. Se iban levantando muros a toda prisa en la región y se cancelaban vuelos internacionales todos los días. Al final, salí de Pekín, mi hogar durante los últimos ocho años y abordé uno de los últimos vuelos para regresar a California. Caminar por las terminales vacías del Aeropuerto Internacional de Los Ángeles fue una experiencia irreal. En febrero, el regreso a California se había sentido como el escape a un paraíso seguro. Pero desde entonces, el virus había contagiado a más de 244.000 personas en Estados Unidos y ocasionó el fallecimiento de más de 5900. Los lineamientos oficiales sobre el uso de cubrebocas se podían ver por todas partes. Las pruebas eran un desastre.  La discriminación contra los asiático-estadounidenses estaba en ascenso. Aunque me revisaron la temperatura en el aeropuerto, alguien olvidó recoger el formato que yo había llenado con mi información de contacto en el país y mi estado de salud. No me di cuenta sino hasta después. Durante días, me refugié en una adorable cabaña de Airbnb en Venice para mi tercera ronda de cuarentena. Me costaba trabajo imaginar al virus escondido entre las palmeras y las bugambilias rosas. Sin embargo, el recuerdo de lo que había ocurrido en Wuhan era más que suficiente para mantenerme en el encierro. Cuarta cuarentena: Taipéi A mediados de abril me mudé a la capital de Taiwán, Taipéi, mi nueva sede para la cobertura de China. Casi de inmediato, vi por qué se había alabado a Taiwán por su respuesta exitosa ante el virus. Antes de que pudiera salir del aeropuerto, pasé por varios puntos de revisión atendidos por trabajadores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Taiwán que vestían chalecos amarillos. Registraron mi temperatura, mi estado de salud, y mi historial de viajes. Me dieron un número telefónico taiwanés y tuve que cerciorarme en ese momento de que funcionaba. Fui directo a mi hotel, donde me recibió un trabajador que llevaba un traje de protección, cubrebocas y guantes. De inmediato se puso a trabajar y desinfectó mis maletas. Luego pidió el elevador y se despidió. Fue el último ser humano que vi en dos semanas.


Cuatro cuarentenas La habitación estaba limpia, pero era pequeña. Todos los días daba a conocer mi temperatura al hotel y mi estado de salud al gobierno taiwanés. Tres veces al día, llegaba un empleado para colgar una comida empacada en un gancho de plástico colocado en la puerta. Todo el proceso fue exhaustivo y eficiente. Pero para ser honesta, aunque podría ser la “reina de la cuarentena”, al final estaba quebrada. Como forma de consuelo instantáneo, ordené comida de din tai fung  (tres veces). “No seas tan dura contigo misma”, me repetía mi prometido por FaceTime. Aunque tengo suerte. Taiwán se ha movido rápidamente para imponer restricciones de viaje, investigar a los visitantes y desplegar equipos de protección. Como resultado, hasta el miércoles la isla tenía solo 440 casos confirmados y siete muertes, a pesar de su proximidad a China continental. La vida aquí ha continuado casi sin interrupciones, aunque las mascarillas y los controles de temperatura ahora son la norma. Tras dos semanas, por fin me dejaron salir. La primera noche que pude salir en la ciudad, me puse un vestido. Me maquillé. Caminé por un parque. Compré un jabón para manos ridículamente caro, ¡después de hablar con una vendedora de carne y hueso! Deambulé por un laberinto de patios de comida de un centro comercial y me maravillé al ver a las personas sentadas y comiendo juntas. Era sorprendente. Se sentía tan normal. Salvo que había algo diferente. Antes de la pandemia, me había acostumbrado a empacar maletas con cierta frecuencia para viajar y hacer coberturas. Sin embargo, ahora, estaba feliz de quedarme aquí por un tiempo.


Ana Frank como gran lección para el confinamiento y mucho más LITERATURA Y CINE

POR JACINTO ANTÓN TOMADO DEL DIARIO EL PAÍS, 21/5/2020

HELEN MIRREN, EN UN MOMENTO DEL DOCUMENTAL, EN LA RECREACIÓN DE LA HABITACIÓN DE ANA FRANK EN EL PICCOLO DE MILÁN. FOTOGRAFÍA DE AUTOR DESCONOCIDO.


Lecciones de Ana Frank “Anhelo montar en bici, ver gente, sentirme libre”, escribió tras dos años de encierro en casa una joven judía de 15 años. La voz de Ana Frank  suena hoy extrañamente actual con lo que estamos viviendo por culpa de la covid-19. Claro que cuando ella hablaba de que estaba “rodeada de peligros y oscuridad” se refería a algo mucho más siniestro y atroz, y su desconfinamiento fue por la vía de la Gestapo y el espanto. Ana Frank murió de, precisamente, una enfermedad infecciosa, el tifus, en el campo de Bergen-Belsen, en febrero de 1945. Bueno, en realidad murió de dos: la otra, la que la llevó al campo y a la muerte, era la enfermedad del odio racial que propagaron los nazis y sus secuaces. La palabra de la jovencita alemana escondida con su familia y otros judíos en el desván de un piso de Ámsterdam hoy convertido en museo (y que, por cierto, anuncia que vuelve a abrir sus puertas el 1 de junio) ha llegado a nosotros a través de su diario, uno de los documentos más conmovedores y probablemente el más popular de la Shoah. A la pregunta sobre de qué forma debe ser escuchado y divulgado hoy en día ese testimonio trata de dar respuesta ahora un cuidado documental, Descubriendo a Anna Frank. Historias paralelas, de Sabina Fedeli y Anna Migotto, ambas conocidas periodistas, reporteras de guerra y guionistas italianas, que utiliza recursos dramáticos y junta a jóvenes europeos con cinco mujeres supervivientes de los campos que vivieron experiencias similares a las de Ana: Arianna Szörényi, Sarah LichtsztejnMontard, Helga Weiss y las hermanas Andra y Tatiana Bucci (que tuvieron el dudoso placer de conocer a Mengele en Auschwitz).  Fundamental en la producción, que coincide con los 90 años del nacimiento de Ana Frank, es la presencia vertebral de la actriz Helen Mirren que lee de manera emotiva fragmentos del diario. Y también la de la joven intérprete Martina Gatti, que encarna a una chica de hoy que recorre a la inversa el itinerario de Ana Frank, de Bergen-Belsen a Ámsterdam, tratando de comprender su historia y explicando sus experiencias en las redes sociales a través de su móvil. “Queríamos dar con Martina una imagen fresca y actual que permitiera que los jóvenes se identificaran no solo con ella sino con la propia Ana Frank, tantas veces vista como una chica doliente y triste, lejana”, explica por teléfono Sabina Fedeli, que reivindica una Ana Frank soñadora, sí, pero a la vez optimista, fuerte, de firmes convicciones políticas y feministas, que podría haber sido, dice, “una Greta Thunberg”. Del trabajo de Elen Mirren en lo que son verdaderas cápsulas interpretativas cuando lee el diario, señala que la oscarizada actriz estaba muy interesada en el proyecto y que la minuciosa reconstrucción escenográfica del espacio donde Ana Frank estaba confinada le proporcionó un marco excepcional. “No podía creérselo al ver el módulo absolutamente realista, que construimos en el Teatro Piccolo de Milán-Teatro de Europa. Que fuera tan pequeño y claustrofóbico le ayudó a entender y sentir la experiencia de Ana”.


Lecciones de Ana Frank De la relación con el actual momento de confinamiento mundial, Fedeli reflexiona que el diario de Ana Frank, “por supuesto sin desacralizar ni relativizar lo que fue el Holocausto, puede ser muy útil ahora como lección para la cuarentena”. Considera que Ana y su diario,  “empujan a construir espacios para la resistencia”. Ana Frank, continúa, hizo una profunda reflexión sobre el mundo desde su encierro; pasó miedo, pero también vivió y creció, y llenó sus días. "Nosotros hemos tenido que hacer algo parecido. Son situaciones muy diferentes, por supuesto, y el Holocausto es algo absolutamente único, pero podemos hallar consuelo y, paradójicamente, esperanza en el diario: esta crueldad también pasará, escribió. Ella tenía esa capacidad de abrir la conciencia para ver más allá de las paredes”. Una sonrisa cautivadora Entre los muchos momentos conmovedores del documental destaca el de Sarah Lichtsztein, deportada en Auschwitz y Bergen Belsen, recordando haber visto en ese campo a una chica procedente de Holanda, “muy delgada pero con una sonrisa cautivadora”: Ana Frank. “Es muy duro escuchar a las supervivientes”, señala la directora, "algunas como Szörényi prácticamente no habían hablado de su experiencia y es conmovedor cómo se emocionan o su lenguaje gestual. Nosotras decidimos no empujar a ninguna a hablar, sino que fueran ellas las que decidieran qué querían contarnos. En todo el documental no hay nada de retórica ni de gran guiñol. Vemos a una chica que va descubriendo cosas y seguimos la historia de Ana Frank y del Holocausto a través de la memoria de los testigos y de esa joven moderna a la que descubrimos muy parecida a cómo sería hoy Ana”. Helen Mirren —que hizo de esforzada agente del Mossad tratando de capturar a un médico nazi reconvertido en ginecólogo (!) en la espléndida La deuda (2011)— conocía bien la historia y el diario, “es una persona comprometida y nos dijo que se identifica con Ana Frank al haber sido ella también una emigrante, descendiente de un coronel ruso que huyó de la revolución”. El documental, que lleva por diferentes escenarios (campos y memoriales, el cementerio judío de Praga...), como contrapunto a las escenas de lectura del diario, y cuenta con la aparición de familiares de las supervivientes, historiadores y los directores de la Casa Museo de Ana Frank y del Fondo Ana Frank de Basilea, goza de una imagen muy cuidada, que es la marca de estilo de la productora, 3D Produzioni. El filme acaba con el final del viaje de la joven que ha partido en busca del recuerdo de Ana Frank, las últimas entradas del diario y las palabras escritas en el interior de sus cubiertas: “Soit gentil et tiens courage”, sed bondadosos y tened valor.


El valor de la lentitud MÚSICA

POR JAMES RHODES TOMADO DEL DIARIO EL PAÍS, 17/5/2020

JAMES RHODES (1975) ES UN  PIANISTA  BRITÁNICO, CONOCIDO TAMBIÉN POR SU ACTIVISMO EN LA DENUNCIA SOBRE LOS ABUSOS SEXUALES EN LA INFANCIA. ENTRE SUS PUBLICACIONES DESTACAN INSTRUMENTAL: MEMORIAS DE MÚSICA, MEDICINA Y LOCURA (2015) Y FUGAS O LA ANSIEDAD DE SENTIRSE VIVO (2017) FOTOGRAFÍA POR JORDI VIDAL.


El valor de la lentitud Nunca olvidaré la conmoción que me produjo mi profesor de piano al decirme que cuando quisiera descubrir si alguien era buen músico le pidiera que tocara un adagio de Mozart. Para un adolescente obsesionado con el virtuosismo, eso representaba un ángulo completamente contrario a mi creencia central entonces: que rápido significa bueno. A pesar de lo que pueda pensar, es mucho más difícil tocar una pieza lenta que una rápida en el piano. Con un studio presto de  Chopin, después de las horas requeridas de práctica, los dedos básicamente ejecutan el trabajo por sí mismos en forma de piloto automático. Suena impresionante en la sala de conciertos, pero es bastante unidimensional. Un problema matemático resuelto con física y una inteligente elección en cuanto a la digitación. Sin embargo, una pieza lenta, tierna y hermosa es un mundo completamente diferente. Importan la claridad y el peso de la melodía. La sutileza de la mano izquierda que lo acompaña, el equilibrio de los acordes donde cada pulsación marca una diferencia de peso minúscula e independiente: tan frágil que dos gramos adicionales de presión con un dedo pueden destruir todo. El pedaleo, la unión de notas consecutivas mediante el uso de dedos superpuestos para mantener una especie de línea cantando, incluso los espacios donde físicamente eliges que respire, todo produce un profundo impacto en el rendimiento final. Contiene menos notas y, sin embargo, de alguna manera, paradójicamente, describe un universo más grande dentro de esas notas. Y como el arte a menudo es paralelo a la vida, también lo es en nuestro mundo físico. Encuentro un tremendo valor en la lentitud. Un tremendo valor en la sencillez, en el menos. Como dice Marco Aurelio: haz menos, mejor. Porque la mayor parte de lo que hacemos o decimos no resulta esencial. Si puedes eliminarlo, obtendrás más tranquilidad. Cuanto más elimines, más enfoque y tranquilidad encontrarás. Las últimas siete semanas me han mostrado lo que se puede eliminar. Lo que no es esencial. Y la lista resulta más larga de lo que nunca imaginé. Las distracciones sin sentido que se habían convertido en pseudorreflexivas en lugar de conscientes, la fácil familiaridad de quedar atrapado en los dramas diarios y los pánicos que conllevan el trabajo y las relaciones alimentadas por la adrenalina. Los rifirrafes y el pensamiento urgente en exceso, la necesidad arraigada e imparable de moverse que convierte al hecho de quedarse quieto en algo insoportable. La incapacidad de ser simplemente.


El valor de la lentitud Imaginen volver a emerger en el mundo no como un retorno a la normalidad, sino más bien como un nuevo comienzo basándose en algo más reducido, sencillo. Algo más lento, realmente centrado en las pocas notas importantes con las que tenemos que tocar y no en el exceso de ruido que en nuestras vidas existía antes. Qué oportunidad tan profunda. Qué sensación tan hermosa y potente disponer de la ocasión para excavar en la desolación del pasado reciente. No quiero volver a la normalidad. Quiero comenzar de nuevo, haciendo menos, mejor.


Marcus Rashford, un futbolista que hace la diferencia DEPORTE

POR RORY SMITH TOMADO DEL NEW YORK TIMES, 14/5/2020

DURANTE LA PANDEMIA, MARCUS RASHFORD, JUGADOR DEL MANCHESTER UNITED, HA PENSADO MENOS EN CÓMO LA PANDEMIA LO ESTÁ AFECTANDO AHORA Y MÁS EN CÓMO LO HABRÍA AFECTADO DE NIÑO. FOTOGRAFÍA POR GETTY IMAGES.


Rashford hace la diferencia La historia completa puede destilarse de la conversación que lo comenzó todo. Hace unas pocas semanas, Marcus Rashford estaba sentado en su casa con su familia, viendo las ráfagas noticiosas que empezaban a nublar el clima. País tras país iba cayendo en cuarentena debido al coronavirus: primero Italia, luego España, luego Francia. Parecía que solo era cuestión de tiempo antes de que el Reino Unido siguiera la tendencia. Como el resto de nosotros, Rashford y su familia empezaron a especular sobre lo que podría pasar después. Es decir, en palabras de Rashford, todos los “¿y qué pasaría si…?” que vienen con una gran incógnita. Pero mientras conversaban, Rashford se dio cuenta de que cada vez pensaba menos en cómo la crisis podría afectarlo a él en la actualidad —una estrella de la Liga Premier, un nombre reconocido, un atleta multimillonario, la joya local de la corona del Manchester United— y más en cómo habría afectado al Rashford del pasado. Lo que sucedió después, en términos de velocidad y escala, fue extraordinario. En pocas semanas, Rashford pasó de buscar organizaciones benéficas que trabajaran para enfrentar el hambre a respaldar con ímpetu una campaña que, hasta el momento, ha ayudado a alimentar a más de dos millones de niños británicos. Para ilustrar lo rápido que ha crecido la iniciativa: cuando Rashford aceptó tener una entrevista por Zoom a finales del mes pasado, la cifra de niños beneficiados se situaba en 1,3 millones. Para el momento en que se produjo la entrevista, informó con orgullo que la cifra había alcanzado los 1,76 millones. Una semana después, Rashford publicó en sus redes sociales que el total había sobrepasado los 2 millones. Pero todo eso sucedió porque, aun con el cambio radical que ha tenido su vida en los últimos cinco años, el reflejo de Rashford todavía es el de concebir las cosas desde la perspectiva de su modesta vida pasada. Rashford recuerda todo, claro como el agua. Recuerda el número de las rutas de los autobuses que tenía que tomar para ir de su casa, en Northern Moor, en el lado sur de Mánchester, a entrenar con la academia del United en Salford, al este de la ciudad: “La 41 hasta la ciudad, luego la 143 hasta Salford”. Recuerda lo conmovido que estuvo cuando una de las amigas de su madre se ofreció a llevarlo en su auto, aunque eso significó que ella tuviera que desviarse de su camino a casa.


Rashford hace la diferencia Recuerda el ritmo de esos días: su madre, Melanie, salía de la casa rumbo al trabajo a las ocho de la mañana. Él llegaba un poco más tarde al colegio para lo que se conoce en el Reino Unido como “el club del desayuno”, donde a los niños que no habían tenido podido comer en sus casas se les ofrecía avena, huevos, pan y jugo de naranja. También recuerda que, de su grupo cercano de cinco amigos, tres comían almuerzos preparados y traídos desde sus casas. A menudo le pedía a uno de ellos que “convenciera a su papá de que le pusiera en el almuerzo un bizcocho adicional para él”. Recuerda que sus comidas del colegio eran pagadas por el Estado y que había un estigma social —uno que no entendía— en ser un niño que comía gratis en el colegio.Recuerda que algunos niños de su escuela “la pasaban mucho peor”, porque sus padres tenían problemas de depresión, drogadicción, desempleo o sencillamente “nunca estaban presentes”. Las vidas familiares de esos niños hicieron que se sintiera como uno de los afortunados. Que él recuerde estos detalles no debería ser una sorpresa. Los futbolistas envejecen de una manera peculiar. En algunos aspectos, parecen eternamente jóvenes, la consecuencia de una vida vivida casi exclusivamente al ejercicio de su profesión, despojados de todas las experiencias que no están directamente relacionadas con el rendimiento en la cancha. Desde otro punto de vista, parecen viejos prematuros: adolescentes y adultos jóvenes desgastados —un poco— por el tipo de presiones intensas que pocos de nosotros encontramos tan pronto en nuestras carreras. Rashford es un ejemplo de esto. Tenía 18 años cuando, en 2016, se metió de lleno en la historia fútbol: anotó dos goles contra el Arsenal en su debut con el Manchester United en la Liga Premier. Cuatro meses después, ya había sido convocado a la selección de Inglaterra para jugar la Eurocopa. Desde entonces, se ha convertido en una estrella constante en el firmamento de la Liga Premier y, posiblemente, en la figura central del United, si bien no es oficialmente el capitán de la escuadra, hasta cierto punto es un símbolo de su alma. Y, a pesar de todo lo que ha hecho, Rashford tiene solo 22 años. “El día después de su debut, regresó a la escuela”, dijo John Shiels, director ejecutivo de la fundación caritativa del Manchester United. La mayoría de los amigos de Rashford están “terminando la universidad”, dijo, y dan los primeros pasos en sus carreras, que podrían durar décadas. Sabe que su carrera activa como jugador de fútbol no durará mucho. Es una vida condensada. Así que recuerda cómo eran las cosas antes, porque —en otras palabras— no ocurrieron hace tanto tiempo.


Rashford hace la diferencia “Siempre dije que si alguna vez estaba en condiciones de hacer la diferencia, lo haría”, comentó Rashford. Nunca subestimó los actos de generosidad que se le presentaron. Es por eso que les dedica tiempo a los hinchas y se toma fotos con ellos, dijo. Cree que un acto pequeño como ese podría cambiar una vida. Las causas que elige apoyar tienden a ser las que están cerca de sus afectos: ha sido juez en un concurso de poesía, ha aprendido el lenguaje de señas, ha alentado a los niños a leer. La Navidad pasada, Rashford comenzó una iniciativa para que la gente done canastas con artículos esenciales a tres organizaciones benéficas que trabajan con personas sin hogar en Manchester. “Es un chico de Manchester”, dijo Shiels. “Esas cosas significan mucho para él”. Esa también fue la razón por la que en marzo —cuando empezó a pensar en cómo habría sido para él la cuarentena cuando era chico, en lo que habría significado no poder ir al colegio—, su siguiente pensamiento se centró en los niños que, como él, dependían de sus escuelas para comer. Y fue así como esta historia comenzó. Rashford investigó. Alrededor de 1,5 millones de niños tienen derecho a comidas escolares gratis en Inglaterra, y hasta 700.000 más viven en condiciones de pobreza, pero no tienen acceso a este tipo de programas, de acuerdo con The Children’s Society, una organización benéfica que ayuda a niños vulnerables. “Es de verdad impactante”, afirmó. Tenía apenas una idea vaga. “Queríamos ayudar, pero realmente no sabíamos por dónde empezar”, dijo. Por experiencia ha aprendido que tener dinero y el deseo de ayudar no es suficiente, que hay miles de complicaciones imprevistas. Antes de llegar a FareShare revisó otras organizaciones benéficas que podrían haber cumplido los requisitos. “Queríamos llegar a la mayor cantidad de personas posible”, dijo Rashford. Hizo una donación y comenzó a promover el trabajo de FareShare tanto como pudo. Pero no fue una acción fugaz: Rashford recibe actualizaciones cada pocos días para saber cómo progresa el esfuerzo. (Rashford dice que le preocupa más el número de niños a los que ha llegado la iniciativa que la cantidad de dinero que ha ayudado a recaudar). Esa primera conversación fue hace unas ocho semanas. Desde entonces, FareShare ha duplicado la cantidad de alimentos donados y ha recibido muchas donaciones de efectivo.


Rashford hace la diferencia Al mismo tiempo, la demanda de sus servicios es tres veces mayor que antes de la pandemia. Según un informe de la Food Foundation, 200.000 niños en Gran Bretaña han perdido comidas durante el confinamiento, mientras que otro medio millón de niños que normalmente dependía de las comidas escolares gratuitas no han recibido algún sustituto. A Rashford no le gusta recibir crédito por sus esfuerzos para intentar cerrar esa brecha. Rápidamente pasa a elogiar a los supermercados que han donado alimentos o a las “grandes compañías” que han contribuido. “Yo no hice que sucediera”, dijo. “Solo di el empujón extra que se necesitaba”. Su labor no ha terminado. Rashford afirmó que seguirá buscando otras maneras de ayudar, incluso luego del fin de la cuarentena y cuando los colegios hayan abierto de nuevo. Pero, por ahora, ha logrado lo que se había propuesto, lo que estaba en el centro de la conversación que lo comenzó todo: el Rashford actual ha sido capaz de ayudar al Rashford del pasado.


Francesco Tonucci: “Cuando empecemos de nuevo, deberemos inventar otra escuela” ENTREVISTA POR GUSTAVO SARMIENTO TOMADO DE EL TIEMPO, 17/5/2020

FRANCESCO TONUCCI (1940), TAMBIÉN CONOCIDO POR EL SEUDÓNIMO «FRATO», ES UN PENSADOR, PSICOPEDAGOGO Y DIBUJANTE ITALIANO. ES AUTOR DE NUMEROSOS LIBROS SOBRE EL PAPEL DE LOS NIÑOS EN EL CONTEXTO URBANO ENTRE LOS QUE PUEDEN DESTACARSE ¿ENSEÑAR O APRENDER? (1999) Y CUANDO LOS NIÑOS DICEN BASTA!! (2005). FOTOGRAFÍA POR SANDRA LÁZARO.


Entrevista a Francesco Tonucci "Me arruiné las vacaciones". Francesco Tonucci sonríe al otro lado del teléfono y menciona una agenda interminable de videollamadas (con colegas, funcionarios, periodistas) que le impide un consumo típico de cuarentena, como libros o series. "Y va a seguir, porque me preguntan mucho por el después", agrega en perfecto español. Tonucci habla del Covid-19, como todos en estos días, pero especialmente de las infancias y de la escuela en este contexto de crisis, ilusionado con que sirva como oportunidad para cambiar el modelo educativo imperante. Un currículum a las apuradas dirá que es pedagogo, escritor, dibujante, investigador y creador del proyecto internacional La Ciudad de los Niños y las Niñas, que se replica en más de 200 localidades de todo el mundo –unas 30 en la Argentina–, en las que se propone dar voz a los pequeños y brindarles espacios públicos donde puedan jugar en libertad. Uno de los que habló con él esta semana fue el ministro de Educación, Nicolás Trotta, que apoyó su iniciativa de que, cuando se abran completamente las ciudades, se les deje el primer día solo a los chicos y chicas, para que jueguen y las disfruten como nunca las vieron. Francesco vive en Roma, "con el miedo de una persona vieja como yo, y la preocupación de que no se generen más problemas ahora que todo se empieza a abrir". Lo que más lo angustia es que hace más de 70 días no puede ver a sus hijos y, sobre todo, a sus nietos. "Estoy solo en mi casa, aislado, como todos, abriendo la puerta una vez a la semana para comprar". Al segundo se corrige. De hecho, el miércoles dio un paseo por su barrio, en la periferia de la capital italiana, por primera vez en dos meses. "Hice tres kilómetros, paseando por calles y monumentos que no conocía, cerca del Cementerio del Verano, que sorprendentemente tiene nombre español y aquí nadie sabe qué significa. Después de 50 años de transitar una ciudad que vive de manera caótica, con un movimiento espantoso, verla vacía es un efecto muy fuerte... Qué poder tiene un virus para conseguir parar el trabajo y el tráfico, dos dioses de nuestra cultura. Pensemos que aquí la contaminación aérea produce el doble de muertos que el Covid". ¿Qué le dice su nieta de doce años? Lo mismo que estamos recogiendo de los chicos de nuestros Consejos de Niños de todo el mundo. Cuando empezó todo este rollo, me golpeó mucho que todos buscaran expertos para dar consejos a padres y maestros y nadie se preocupara por preguntarles a los niños qué pensaban y qué proponían, por lo cual le pedí a alcaldes e intendentes de nuestra red de ciudades, que convoquen al Consejo de Niños.


Entrevista a Francesco Tonucci Lo que sale de esos testimonios son tres cosas básicas. Lo principal: les faltan los amigos. Esto ha sido mal interpretado, creyendo que decían "me falta la escuela". Pero no: les falta la escuela porque es el único lugar donde se encuentran sus amigos. Décadas atrás, se los encontraban en la calle, en el tiempo libre, para hacer otras cosas, inventar, jugar, y en la escuela estaban los compañeros de clase. Ya no es así: se perdió la calle. Lo segundo que dicen en las encuestas es que les gusta pasar tiempo con sus padres. Es un regalo de la pandemia. Muchos niños o no los conocían o los veían casi de casualidad. Ahora tienen que compartir y participan de las cosas de la casa. Lo tercero: todos manifiestan que están hartos de la tarea de manera virtual. Es algo que la escuela no ha entendido que no debía hacer. Por eso propuse aprovechar la casa para que sea un laboratorio, y que sean las acciones con los padres las verdaderas tareas, no las del libro de texto. Aprender a cocinar, coser, recuperar las fotos, pintar, y que la escuela trabaje con los niños sobre estas experiencias. Si "hacen pasta” y nada más, no sirve; veamos si hay matemáticas dentro de la cocina: hay pesos, proporciones, tiempos de cocción. O aprovechar para hacer lengua, escribiendo recetas, que no es escribir cualquier texto, debe ser útil para que otra persona que no me conoce pueda repetir el mismo plato. Cuando el mundo se amplíe de nuevo fuera de las casas, me gustaría que la escuela no perdiera este descubrimiento: que se puede trabajar sobre el barrio, las historias, la naturaleza y los problemas ambientales, y no sobre los libros de textos. ¿Cree posible un cambio en la escuela después de la pandemia? Clases y tareas en este tiempo son cosas que no tienen sentido, porque vivimos situación extraordinaria, no puede ser que la escuela siga como antes. Pero esta manera de interpretar la educación y la escuela no debe ser sólo en tiempos de crisis, sino para siempre. Los cambios cuestan. Normalmente, las estructuras intentan quedarse iguales para siempre. La escuela italiana adoptó como lema en esta crisis: "La escuela continúa". Sería un “seguimos como antes”. Y es algo paradójico: ¿cómo que no cambia nada si cambió todo para todos? Pero si la mayoría piensa que la escuela no tiene que cambiar, vendrá agosto u octubre y todo seguirá igual. Tenemos que aprovechar esta oportunidad para lanzar una idea nueva de una escuela que corresponda a lo que nuestra sociedad necesita. ¿Y qué necesita? Por ejemplo, la diversidad. En la escuela hay niños de culturas y lenguas diferentes, minorías indígenas, niños con discapacidades, de diferentes sectores sociales, niños pobres que en este momento manifiestan limitaciones porque no tienen aparatos tecnológicos para conectarse con la escuela.


Entrevista a Francesco Tonucci El tema de fondo es que hay una idea equivocada de que la escuela debe ser para iguales, entonces todas las veces que alguien no es igual a los demás se considera un problema. Y la verdad es que los niños son diferentes uno del otro, por lo cual si queremos hacer una propuesta educativa democrática y eficaz, tenemos que hacerla para diferentes, y no para iguales. Lo dice la Convención de los Derechos del Niño, a la que Argentina adhirió hace 30 años con carácter constitucional: la educación no tiene como objetivo que todos consigan los mismos resultados. El propósito de la escuela y la familia en conjunto debe ser que los chicos descubran sus aptitudes, vocación y talento, sus inteligencias, y una vez que cada uno descubrió su camino, ofrecerle los instrumentos adecuados para desarrollarlo hasta el máximo nivel posible. Por eso tiene que haber diversidades en la escuela, y trabajar sobre lo bueno que cada uno tiene, no sobre lo malo. Con los mismos textos para todos, pensados desde un ministerio casi siempre desde la capital del país, la escuela está dejando afuera a un porcentaje enorme de alumnos que no nacieron para ser literatos o matemáticos, que quieren ser músicos, pintores, deportistas, arquitectos o mecánicos. Hay una injusticia. Una propuesta igual para desiguales. ¿El Covid-19 es una oportunidad para pensar en una escuela diferente? La crisis, como dijo Albert Einstein, puede ser una bendición, porque produce progresos. Espero eso, especialmente para casos como el de la Argentina, donde las autoridades parecen motivadas a impulsar cambios y no la conservación. Las escuelas que mejor funcionan en el mundo, como las de Finlandia, no tienen exámenes; hay muchas menos horas de cursada a lo largo del año; empiezan la primaria a los 7 años y no hay tareas. Se hace mucho hincapié en repetir o pasar de año, y eso no es lo central. Cuando empecemos de nuevo, tendremos que inventar una escuela que hoy no existe. No es verdad que vamos a poder volver a la escuela de antes; porque el virus nos obligará, con las condiciones de distancia y de cuidado, a pensar cosas totalmente distintas. Aquí, por ejemplo, hemos analizado la posibilidad de dividir las clases en dos grupos, uno en casa y otro en la escuela, e ir rotándolos. Pero lo principal es que tenemos que idear una escuela pensada de otra manera. La debilidad es que se funda en una base jerárquica y que los de la misma edad saben lo mismo, creyendo que cuando empiezan el proceso escolar no saben nada y después empiezan a saber lo que los maestros supieron pasarles.


Entrevista a Francesco Tonucci El mérito del aprendizaje se pone siempre en los niños: si no aprenden, no se castiga al docente que no supo enseñarles, sino al alumno que no tuvo capacidad o no quiso aprender. Podemos abandonar la idea de la clase con pupitres en la que los alumnos escuchan y repiten, y pensar que trabajen entre ellos. Si tenemos grupos de 6 a 12 años, hasta se pueden manejar solos, por lo cual un profesor puede lanzar propuestas, o crear grupos de trabajo que luego supervisa. En este momento, donde tenemos que enfrentar una situación nueva y problemática, mezclar edades lo haría mucho más fácil. ¿Cómo están los niños en estas semanas en las que les cambió el mundo? No se los escucha, en casi ningún lugar, excepto en países como Finlandia o Nueva Zelanda, que no casualmente son liderados por políticas mujeres, que desde el principio les hablaron a los niños. Los niños valen poco porque no votan. No están en agenda. Y si la escuela quiere modificar la relación con ellos, no puede repetir siempre lo mismo. El tema central es si la escuela es consciente de que hay que cambiar: así como era ya no funcionaba desde antes de la pandemia. No es que antes funcionaba bien y entonces lamentamos no poder seguir como antes. No. Muchos niños se aburrían, no seguían la clase, y después olvidaban lo que habían aprendido. Era una estructura débil, incluso en el aula. Por eso me gustaría una escuela donde todos los espacios se utilicen como talleres y laboratorios, con muchísimas propuestas distintas: baile, música, física, huertas, ir moviendo a los grupos. En estas épocas puede ser útil la idea de la jornada escolar como un recorrido y no como una estancia. Hace 30 años que lo propongo, pero ahora parece que llegó el momento en el que a los gobiernos que me consultan les parece viable. Algo bueno habrá hecho este virus maldito.


¿Cómo será el primer beso post pandémico? OPINIÓN

POR NAYEEMA RAZA TOMADO DE THE NEW YORK TIMES, 21/5/2020

UNA PELÍCULA DE 1937 MUESTRA UN BESO CON MASCARILLA PARA PREVENIR LA INFECCIÓN DURANTE UNA EPIDEMIA DE GRIPE EN HOLLYWOOD. FOTOGRAFÍA POR GETTY IMAGES.


El primer beso post pandémico En los últimos meses, los solteros han recibido consejos de fuentes inusuales. El alcalde de Nueva York, BiIl de Blasio, sugirió que es mejor no besarse. Los funcionarios de salud en todo el país impulsaron el mensaje de que “tú eres tu pareja sexual más segura”. Y Anthony Fauci describió una noche para adultos en la que quienes buscan amor “se ponen una mascarilla y charlan un poco”. A pesar de esos consejos castos, la gente está teniendo citas. Un sábado cené con un británico gracioso. El jueves siguiente me encontré con un guapo director de fotografía para una sesión de ejercicio. Todo ocurrió, de manera extraña, en Zoom. El entorno de las citas está en auge, y acaba de volverse virtual. La función de citas rápidas por video de The League recibió el doble de usuarios en la primera semana de distanciamiento social. Los mensajes en Hinge han aumentado un 30 por ciento. Y, desde marzo, el número de usuarios de OKCupid que han participado en una cita por video se ha cuadriplicado. Estar soltero en una pandemia provoca una reacción extrema a ese estatus. Las primeras investigaciones al respecto del Instituto Kinsey  indican que, aunque todos están más solos ahora, los más solitarios son los solteros. La psicoterapeuta Esther Perel me explicó que esto se debe a que las crisis “aceleran las relaciones”. Los matrimonios infelices llegan al divorcio. Los jóvenes amantes se apresuran a vivir juntos tras la tercera cita. Y las personas solteras se dan cuenta de que no quieren morir solas. Yo me di cuenta de eso. Y, como era de esperar, entré en pánico. Consideré llamar a un ex (y después lo hice). Respondí los mensajes de otras de mis exparejas que también estaban preocupadas —y desesperanzadas— en todo el mundo. Finalmente, vi el rostro cubierto con una mascarilla de un amigo del cual me había alejado hace un año, y consideré casarme con él. Después de todo eso, llamé a mi madre y le dije que se olvidara de los nietos. En parte, bromeaba. No es que no sea feliz en este momento. Después de una década de relaciones seriales y un procedimiento de 15.000 dólares para congelar mis óvulos con el fin de preservar mi fertilidad, saboreaba el placer de estar sola. Pero no planeaba estar encerrada con mi soledad para siempre. Perel, la experta en relaciones, me recordó que “la gente ha encontrado el amor durante las guerras, las plagas y las hambrunas”. Ahora mismo, es difícil imaginarlo.


El primer beso post pandémico Antes de la COVID-19, todos teníamos mucho tiempo para pasar al siguiente capítulo. Desde entonces, el tiempo pasa, pero no hay manera de progresar. Cualquier meta simplemente parece estar más lejos de nuestro alcance. Es irónico porque, incluso antes de esta crisis, las citas modernas a veces parecían interminables. Vivimos en una época de opciones ilimitadas, joyas raras y decisiones pospuestas. Cuanta más gente conocemos, más problemas tenemos para crear conexiones, y ya ni hablar del compromiso. Justin Garcia, del Instituto Kinsey, me aseguró que ese es un efecto secundario común de las citas. Los expertos lo llaman “sobrecarga cognitiva”. Preferimos el valor de las opciones en vez de valorar a la persona que está frente a nosotros. El coronavirus no ha cambiado esa paradoja de elecciones. De hecho, los datos de The League sugieren que ahora charlamos de manera simultánea con más personas que nunca antes. Frente a frente sería la receta perfecta para un contagio masivo. Pero llegará el momento en que desearemos compartir una entrada, rozar las rodillas o darnos un primer beso. Ese primer beso resulta urgente. Las investigaciones  indican que más del 60 por ciento de las personas han perdido interés en alguien tras besar a esa persona por primera vez. Imaginemos pasar meses de citas virtuales con alguien durante la pandemia solo para descubrir que hay cero química. Esa es mi (más pequeña) pesadilla de la COVID-19. Y aunque los besos son la manera más eficaz de evaluar la química entre dos personas, también es la manera más efectiva de contraer el coronavirus. Así que, conforme nos alejemos de las pantallas, tendremos que empezar a tener citas de manera distinta. ¿Cómo se abordan las citas ahora? Las personas que sugieren tener una cita en la vida real son quienes podrían preocuparnos porque no son muy seguras. Quizá las aplicaciones de citas comenzarán a dejarnos filtrar para controlar el coronavirus, lo cual en este momento parece más relevante que la altura, la religión o la afiliación política. Si decidimos reunirnos, ¿qué se puede hacer? Un paseo socialmente distante es la nueva segunda base después de Zoom, pero no está claro que sigue a continuación. Un hombre soltero (un médico) me dijo que, incluso cuando se reabran los restaurantes y los bares, se sentirá más seguro al citar a personas en su departamento. Se dio cuenta de que las mujeres podrían mostrarse “escépticas” dados los “estereotipos del llamado ‘Netflix and chill’”, es decir, usar el pretexto de ver Netflix para realmente intentar tener sexo (sin mencionar a los asesinos en serie).


El primer beso post pandémico Finalmente, está la pregunta de cómo y con cuántas personas salimos. En el mundo antes del coronavirus, sería una opción seguir viendo al inglés del sábado y al director de fotografía del jueves. Poco después, quizá podría ponerme un cubrebocas y dar un paseo socialmente distante con uno y después con el otro. Pero en algún momento —cuando nos quitemos el cubrebocas y sintamos la chispa de un primer beso— se tendrá que tomar una decisión. No más sobrecarga cognitiva. Besarse, de pronto, implica dejar a todos los demás, o al menos mantenerse a dos metros de distancia de los demás durante 14 días. Ya comenzamos a tener conversaciones sobre el estatus del coronavirus, las credenciales de la cuarentena y la exclusividad que son tan incómodas como nuestras primeras citas virtuales. Ese tipo de conversaciones no tienen precedente. Las nuevas parejas las abordan en cualquier relación, a menudo en torno al sexo seguro. Ahora tendremos esas conversaciones íntimas para algo tan inocente como un primer beso. Si queremos estar seguros, debemos hacerlo. Conforme se abra el mundo, quizá comencemos a salir de manera más selectiva, más lenta y más sucesiva, con más anticipación y atención de la que hemos tenido en años. Desde este momento, hay menos distracciones: no hay menús ni meseros ni multitudes, solo dos personas que se miran a través de una pantalla. Usamos palabras como “desearía”, “extraño” o “me aterra” antes de lo que nos habríamos atrevido antes de la pandemia. Nos estamos volviendo mejores oyentes, intérpretes de miradas y entusiastas de las maneras creativas para conectarnos. Y, seamos honestos, hay algo emocionante acerca de que los besos vuelvan a ser un tabú. Quizá eso es lo que necesitábamos.


Las incertidumbres de la era post coronavirus OPINIÓN

POR RICARDO RAPHAEL TOMADO DE THE WASHINGTON POST, 19/5/2020

UN HOMBRE ESPERA EL AUTOBÚS EN CIUDAD DE MÉXICO, EL 19 DE MAYO DE 2020. FOTOGRAFÍA POR ALFREDO ESTRELLA.


La era post coronavirus El cambio ocurrió con sigilo. El cuerpo humano no puede defenderse porque las alarmas de la invasión suenan con retraso. El coronavirus  atraviesa la aduana del cuerpo, el espacio y el tiempo, como lo hace con la membrana ocular, el aparato respiratorio y los órganos que usamos para alimentarnos. Invade casi todos los sentidos y con ello las certidumbres: desde que apareció no hay quien pueda precisar sus alcances. El COVID-19 interviene el cuerpo humano, lo subvierte, a veces incluso lo desintegra. Por obra suya el cuerpo deja de ser autónomo, lo obliga a concebir nuevas distancias, lo convierte en bomba ambulante, lo reconfigura como una amenaza contra otros cuerpos. Como  advirtió  Ignacio Ramonet, nos convierte en criminales silenciosos para nuestra propia especie. Las convenciones del contacto humano difícilmente volverán a ser las mismas. No hay sana distancia sino distancia artificial, una separación impuesta a partir de la desconfianza hacia el otro. La intimidad está sometida a una prueba injusta porque la proximidad de los cuerpos y los fluidos ha sido limitada. Hoy, los desconocidos se saludan de mano y los amigos se besan al despedirse solo en los filmes y en los programas de televisión. El 2020 será recordado como el año en que nuestros cuerpos se volvieron digitales; cuando acudimos a la primera fiesta celebrada dentro de una pantalla plana, cuando el cibersexo se puso de moda —incluso entre los más pudorosos— o cuando abuelas y nietos resolvieron la distancia generacional por obra de las plataformas. Mientras tanto, el COVID-19 se pasea fuera de nuestras casas con una libertad vedada para la mayoría de los seres humanos. Cruzó por mar y por tierra, viajó por avión y por barco, atravesó cuanta frontera artificial los seres humanos habíamos montado. Este virus iguala porque no discrimina geográficamente: es una enzima paradójica porque crece y reduce, a la vez, las distancias de lo humano. El coronavirus nos ha aportado perspectiva para conceder que, al menos desde hace 60,000 años, somos parte de la misma especie. Los lugares físicos han sido desertados durante la pandemia: plazas públicas, calles, salas de cine, salones de baile, bares, bibliotecas y escuelas. Y, sin embargo, mientras el espacio tangible entró en cuarentena, los espacios intangibles — públicos y privados— se apoderaron del planeta. El teletrabajo, la teleeducación, las clases de cocina, el fitness, las lecciones de yoga, los funerales y miles de eventos de la noche a la mañana se volvieron actividades colonizadas por la tecnología digital. Los mercados sin fricción, profetizados hace más de una década por Bill Gates, se masificaron en unos cuantos meses.


La era post coronavirus Con el coronavirus, no solo la representación del espacio físico cambió para siempre, lo mismo puede decirse de la noción que se tenía del tiempo. La pandemia obliga igualmente a problematizar los relojes. El primer síntoma de la anomalía fue la descompostura de los rituales cotidianos. Sufrieron disrupción los horarios del sueño, el trabajo y la alimentación, también los dedicados al ocio, los afectos o el deporte; más importante aún es que los eventos definitorios de la memoria de largo plazo —el cumpleaños de la madre, la graduación de la hija, el funeral del abuelo— tengan ya tan poco que ver con las costumbres del pasado. El COVID-19 vino a confirmar lo que Norbert Elias argumentó hace más de 30 años: el tiempo no es un dato objetivo de la naturaleza. Es un artefacto, un contrato dispuesto para la coordinación humana, y ese contrato, con la pandemia, sufrió averías. Por obra del coronavirus, la humanidad cruzó un umbral y, desde entonces, no hay regreso. No es la primera vez que sucede: el descubrimiento de América, la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki o la llegada a la Luna son algunos ejemplos de diques temporales impuestos para que el pasado no se desborde sobre el presente. La pandemia hace lo mismo respecto al futuro: lo aparta del presente. El futuro próximo se derritió ante nuestros ojos. El futuro ha dejado de ser lo que era. “En el largo plazo estaremos todos muertos”, argumentó John Maynard Keynes para criticar algunas tesis de la economía neoclásica. El COVID-19 nos obliga a revisar esta premisa. Mientras en el futuro lejano — una vez que aparezca la cura— las cosas tenderán a ir mejor, el horizonte inmediato promete poco de bueno. Las expectativas para el crecimiento de las economías nacionales son bajas, industrias como la del turismo, el transporte o la energía sufren lesiones graves, el desempleo anuncia tasas que no se habían visto desde 1929 y miles de cadenas productivas tardarán meses, si no es que años, en reconfigurarse. “No sabemos lo que el mercado hará mañana, la semana próxima o el próximo año,”  sentenció  recientemente el millonario Warren Buffet. Este no es el fin de la historia sino el principio de otra historia, muy distinta a la que la humanidad solía apreciar porque era predecible; incluso en sus crisis y sus rupturas tendía a ser cíclica y hasta ritual. A partir de ahora, la incertidumbre, en el corto y mediano plazo, acampará sobre el planeta, lo cual despierta preocupación sobre todo porque, ante lo desconocido, tanto la economía como la política son material peligrosamente inflamable.


La era post coronavirus En cualquier caso, si no queremos permanecer atrapados por un presente que tiene forma de barrranco, el horizonte de las expectativas —pasadas y futuras— merecería la elaboración de nuevos significados y narrativas. El COVID-19 ha reconfigurado masivamente las fronteras, las del cuerpo humano, las que separan a la especie, los limites de las naciones y las referencias para concebir el tiempo. La normalidad es una tierra que habremos de reinventar, si es que queremos recuperar certidumbres.


Génesis, Covid.19

MICRORRELATO

POR ANDRÉS NEUMAN TOMADO DEL BLOG MICRORRÉPLICAS DEL AUTOR

ANDRÉS NEUMAN (1977) ES UN NARRADOR, POETA, TRADUCTOR, BLOGUERO Y COLUMNISTA ARGENTINO. HA DESARROLLADO UNA INTENSA LABOR DE ESTUDIO Y DIVULGACIÓN DEL RELATO BREVE, SUS LIBROS DE CUENTOS INCLUYEN APÉNDICES TEÓRICOS SOBRE EL GÉNERO, Y ES EL COORDINADOR DEL PROYECTO PEQUEÑAS RESISTENCIAS. FOTOGRAFÍA POR AUTOR DESCONOCIDO.


Génesis, Covid.19 Y el Papa dijo amén en la plaza vacía y nadie respondió desde las nubes y nadie respondió desde el espejo porque todas las voces estaban bajo tierra dulcemente acunadas por dejar de existir. Y la Bolsa se hinchó como un pulmón y contó las monedas del oxígeno y desvió su aire hacia unas islas amarradas al mar con puntos de sutura donde sólo hay lagartos y excepciones. Y todos los países fueron uno pero por sobre todo cada cual porque muchos debieron elegir entre virus y panes y unos pocos guardaron un trozo de futuro en la nevera. Y los supermercados se poblaron de animales en busca de animales de familias pastando todas blancas en un campo de alcohol papel y plástico y los guantes tecleaban el código del miedo. Y cada sanatorio fue tormenta y los techos llovieron y las puertas volaron y el hilo de la vida se hizo nítido y en los pasillos iba y venía la verdad sin que nadie pudiera preguntarle. Y las abuelas los abuelos vieron con sus pieles de redes pescadoras con las manos manchadas de familia con los ojos cegados de tanta lucidez transformarse el derecho en aritmética. Y la tecnología se hizo cuerpo en quien ya la tenía y fue fantasma para quienes tan sólo tenían cuerpo y cantamos canciones que rimaban y dijimos que nunca olvidaríamos. Y muy pronto las voces nos quedamos calladas en el lugar de siempre en los rincones con zumbidos de mosca en un limbo diabólico que es frontera entre el canto y el silencio entre el luto y la amnesia de estar vivos.


Las imágenes de la pandemia en el mundo FOTOGRAFÍA

IMÁGENES TOMADAS DEL DIARIO EL PAÍS, 22/5/2020

UN HOMBRE PASA JUNTO A UN GRAFITI EN UN MERCADO DE BANGKOK (TAILANDIA). FOTOGRAFÍA POR DIEGO AZUBEL.


UN HOMBRE ES ROCIADO CON DESINFECTANTE COMO MEDIDA DE PREVENCIÓN CONTRA LA COVID-19 A LA ENTRADA DEL PUB KICHIRI SHINJUKU, EN TOKIO (JAPÓN). FOTOGRAFÍA POR ISSEI KATO.

UN GRUPO DE RECLUTAS RUSOS APARECEN SENTADOS AL LADO DE SUS CAMAS EN UN CUARTEL DE KALININGRADO (RUSIA). FOTOGRAFÍA POR VITALY NEVAR.


UN HOMBRE COLOCA MÁS DE 2.000 CRUCES EN LAS PAREDES DE UNA IGLESIA EN BALALLY EN RECUERDO A LAS VÍCTIMAS POR CORONAVIRUS EN IRLANDA. FOTOGRAFÍA POR PAUL FAITH.

ASPECTO DE UNA UCI QUE TRATA A PACIENTES CON CORONAVIRUS EN EL HOSPITAL GILBERTO NOVAES EN MANAOS (BRASIL). FOTOGRAFÍA POR MICHAEL DANTAS.


DOS TRABAJADORES INDIOS MIGRANTES SE PROTEGEN DEL SOL CON UNA TELA, EN UNA CALLE DE NUEVA DELHI, MIENTRAS ESPERAN PARA REGRESAR A SU CIUDAD NATAL DE BIHAR. FOTOGRAFÍA POR DANISH SIDDIQUI.

EL PRESIDENTE CHINO, XI JINPING, LLEGA A LA SESIÓN DE APERTURA DE LA CONFERENCIA CONSULTIVA POLÍTICA DEL PUEBLO CHINO, EN EL GRAN SALÓN DEL PUEBLO DE PEKÍN (CHINA). FOTOGRAFÍA POR CARLOS GARCIA RAWLINS.


La Cuarentena es una iniciativa editorial sin fines de lucro que se propone como una alternativa lĂşdica, creativa e informativa, en tiempos del confinamiento producido como consecuencia de la pandemia del coronavirus.

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La cuarentena #11  

La Cuarentena es una compilación de artículos, imágenes y enlaces de acceso público que intenta dar cuenta de aquello que pensamos, anhe...

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