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Acacia do Santos

COPOS DE CIELO


DATOS DE EDICION E IMPRESION


Acacia do Santos

COPOS DE CIELO


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Dedicatoria A mi Dios por las facultades creativas y creadoras que nos ha dado a los seres humanos. A mis hijos por ser fuente de Inspiraci贸n, y a mi amado esposo por su apoyo incondicional.


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Agradecimientos De manera especial al Fondo de Cultura Economica por su apoyo al Talento Latinoamericano. A mi esposo, por su valioso aporte con las ilustraciones.


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9 COPOS DE CIELO Era una mañana de sábado cuando el sol pasaba su candente resplandor sobre el árido paisaje. Estos rayos calurosos también acariciaban todos los techos de las casas y chozas, dispersas por el poblado. Era costumbre que este bochorno obligara a todos los habitantes a salir de sus viviendas para evitar la sofocación e iniciar las labores. Al interior de una de éstas chozas, Yambó, un niño de ocho años (a quien le era indiferente la temperatura) saltaba de su cama con alegría vigorosa buscando a su abuela y a su pequeño hermano para llenarlos de abrazos y besos. Estaba muy alegre porque ese sábado era otra oportunidad de ir al puerto y esperar con paciencia a que al fin llegara el barco del que bajaría su padre. La madre de Yambó lo había acostumbrado a ir cada sábado al puerto desde que él era un bebé y un par de veces había presenciado el momento en que su padre llegaba en un gran barco pesquero y a su madre le producía una gran alegría.


10 Pero tiempo después a su madre le había crecido la panza y ya no lo llevaba ni iba al puerto, y cuando había nacido su pequeño hermano que ahora tenía cuatro ańos, su padre solo había vuelto una vez y se había ido y no había regresado. Hacía un tiempo su madre se dedicaba a recolectar leña y luego venderla o cambiarla por comida, por eso cada vez que se levantaba los sábados ya no la encontraba. Desde que Yambó tenía cinco años le pedía con insistencia a su madre que lo llevara al puerto pero ella le decía: - No puedo, hijo, tengo que vender la leña. Y entonces le decía a su abuela, pero ésta le respondía: - Yambó, tengo que cuidar a tu hermano y no puedo. Desde entonces él decidió ir solo pues ya conocía el largo pero seguro camino y se convirtió en un hábito para él esta larga caminata todas las semanas.


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Esa mañana desayunó su ración de caldo de maíz, se despidió de su abuela y hermanito y emprendió camino. Sus piernas eran delgadas y huesudas pero fuertes, sus pies desnudos y callosos nunca habían sido vestidos por ninguna clase de calzados pero soportaban cualquier clase de camino. El sol inclemente no era obstáculo


12 para él, porque su piel de ébano la soportaba bien. Y al fin después de su largo caminar llegó al puerto. Allí todos lo conocían y sabían cuál era la razón de su llegada. Juju era un viejo pescador que lo recibía y lo acompañaba hasta su hora de partida. Ese día cuando Yambó llegó, el viejo Juju lo invitó a refrescarse pues sabía que su travesía había sido agotadora. Para el viejo era agradable la visita de este pequeño niño pues a él le podía hacer todo un despliegue de sus historias y aventuras en el mar cuando estaba en plena juventud. A Yambó no le desagradaba oírlas y muy por el contrario le pedía que se las contara. El pequeño se sentaba al lado del viejo sobre el piso de su ranchito tomando el refresco que éste le había invitado y como cuando un niño se sienta a ver su programa favorito, Yambó miraba al horizonte fijo al puerto para no perder su atención por si ese día llegaba su padre, pero sus oídos atendían las palabras de


13 Juju pues sabía que en cualquier momento iniciaría una historia de aventura y en ese lugar donde la televisión, el radio, las revistas

de héroes o aventuras o cualquier medio de comunicación eran cosas inexistentes, ésta era una gran forma de sentir emoción y diversión


14 tratando de reproducir en su mente estos episodios. Para el viejo también ésta era una forma de darle al pequeño niño una oportunidad de soñar y de distraerse un poco para que no se desanimara cada vez que su padre no aparecía. De pronto Yambó se dio cuenta que algún barco se acercaba a atracar pero con el gran resplandor del sol sus ojos se deslumbraban y no podía distinguir si era o no el barco que esperaba y sus piernecitas saltaron y empezaron a correr a su encuentro. El corazón le saltaba y sus ojos casi se desorbitaban. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, sus pies frenaron dándose cuenta que no era lo que esperaba. Éste era un barco pequeño de carga, que hacía un alto en su travesía para que su tripulación bajara un momento, luego seguirían su camino. Al pequeño niño se le entristecieron los ojos y agachó su cabeza desilusionado. Y como si el


15 viento lo quisiera consolar desató una gran brisa que movió su cabellera rizada, pero también azotó una caja que llevaban como carga en el barco, de la cual salieron volando algunos papeles como palomas que alzan vuelo sin rumbo. Uno de los tripulantes del barco corrió para cerrar la caja y evitar que se siguieran escapando los volantes que tenía que llevar a su destino. Uno de estos volantes fue arrastrado por el viento hasta chocar con la carita del inocente nińo. Sus dos manitas tomaron el papel y con curiosidad lo miró. La ilustración mostraba un niño pequeño con grandes ojos color azul, piel blanca y hermosa, cabellos color oro y lo que más le llamaba la atención era que tenía algo en su mano que probaba y degustaba con gran entusiasmo y era como si le produjera felicidad. Yambó trató de descifrar qué era ésta ilustración y sobretodo qué era esa cosa


16 que le producía felicidad al niño de la foto. Entonces intentó descubrir lo que decían las palabras escritas en el papel, pero tampoco pudo. Él ya había recibido clases de lectura y escritura de su idioma en su humilde escuela pero aún así éste lenguaje no lo conocía. El niño corrió apretando fuertemente el papel para que no se le escapara y con inquietud se lo mostró a Juju. -¿Qué es esto, Juju? – Preguntó. El viejo analizó el papel, la foto y las letras. Pensó un rato y Yambó esperaba ansioso la respuesta pues consideraba que Juju guardaba tanta sabiduría que lo sacaría de su incógnita. Juju tampoco entendía lo escrito pero pensó con cuidado la respuesta tratando de interpretar la ilustración y así darle una respuesta satisfactoria al niño, y no desilusionarlo.


17 Entonces dijo: - Mira hijo, este niño que aparece aquí es un niño que está feliz porque está probando un copo de cielo. Pero ésta respuesta en vez de aclarar las dudas del niño lo que hicieron fue avivar más su curiosidad, llevándolo a hacer otra pregunta: -¿Cómo así que copo de cielo? Juju se dio cuenta que no iba a ser fácil explicarle al niño éste tema y entonces como lo que mejor sabía él era contar historias, recurrió a una para explicarle algo que él mismo no sabía. - Mira Yambó pon atención a ésta historia que te voy a contar – Comenzó el viejo. - Un día que me contrataron en un gran barco pesquero para navegar tan adentro del mar que


18 no se veía en el horizonte ningún grano de arena, solo el mar en su extensión, los diez tripulantes y yo, sabíamos que ésta no iba a ser una misión fácil y aún así todos teníamos la valentía de aceptarlo todo. Uno de esos días el tiempo empezó a cambiar formándose unas grandes nubes oscuras que anunciaban una feroz tormenta. La tarde ya había llegado, y se acercaba la noche. Todos sabíamos que no podíamos escapar de esa tormenta y nos empezamos a preparar. Los truenos causaban tanto estruendo y los vientos azotaban con ferocidad la embarcación y al mar mismo elevando sus olas tanto, tanto, que parecían manos gigantes de agua que nos estremecían con violencia. Yo había tenido muchas experiencias en el mar, pero ésta era de las más fuertes. La oscuridad se había hecho dueña de todo y mi corazón latía como si se me fuera a salir del pecho.


19 Cada uno de nosotros trataba de conservar la vida abrazándonos a cualquier cosa que nos permitiera permanecer en la embarcación. Pero por conservar nuestra vida no pudimos conservar nuestras reservas de agua y comida, y como monstruo furioso el mar nos quería tragar. Entonces empecé a decir una plegaria a Dios y tal vez la había pronunciado con tanto fervor que, hijo, no me lo vas a creer; pero apareció de pronto un ser luminoso, hermoso, de piel blanca y ropas resplandecientes. No fue mucho tiempo en el que lo pude observar porque la furia del mar nos sacudió fuertemente, recibí un golpe y perdí el sentido. De allí no supe más que pasó, sino que cuando desperté sentí frio y me encontraba tirado sobre el barco. Y del cielo estaban cayendo copos blancos y fríos. Era como si del cielo cayeran pedazos de nubes. Todo estaba en calma. Entonces el nińo lo interrumpió emocionado,


20 preguntĂĄndole: -ÂżEsos eran copos de cielo? Y el viejo asintiĂł:


2 1 - Si, hijo, esos eran copos de cielo y sé que el ser que vi antes de desmayarme era un ángel. Sí, un ángel que me salvó, y ¿Sabes qué había hecho? - ¿Qué?,¿Qué, Seńor? – dijo Yambó - Pues me había atado a una viga con una atarraya y esto no dejó que el mar me llevara. Y no solo a mí, sino a todos los que viajábamos. Después de tener conciencia que estuvimos a punto de morir, también sentimos frío y hambre y sobre todo sed, pero habíamos perdido todos nuestros víveres y si nos habíamos salvado de la tormenta no nos salvaríamos de la deshidratación. Entonces nos cubrimos del frío y a mí se me dio por comer de los copos de cielo y puse unos pocos en mi boca. - ¿A qué sabían, Juju? – preguntó Yambó intrigado.


22 El viejo prosiguió: - Pues era celestial, refrescaba y no sé que más decirte porque hay que sentirlo para saber. Todos empezamos a comerlo y empezamos a guardarlos en recipientes y de eso vivimos un tiempo. Pero necesitábamos con urgencia llegar a algún puerto o a tierra, y volví a clamar a Dios para que eso sucediera. Hijo, allí comprobé que sí funciona rezar. Porque en nuestro horizonte apareció tierra y nuestro capitán se dirigió con rapidez a este destino y seguían cayendo los pedazos de nube. En tierra firme nos recuperamos para el regreso. Y al llegar después de un largo tiempo volví bien. La pesca fue buena, pero no volví a ver más a ese ángel y tampoco los copos del cielo. Pero ahora que me mostraste el papel recordé ese episodio de mis aventuras. El nińo con curiosidad preguntó: - ¿Juju y no guardaste de esos copos?


23 - Si, hijo, en ese momento yo lo hice pero cuando miré ya habían desaparecido y solo había agua. Ya estaba llegando la hora en que Yambó tenía que regresar a su casa. Entonces se incorporó y tomó como un tesoro ese papel que le había regalado el viento. Se despidió de Juju y emprendió su andar. Su paso era ligero pues quería con ansias contarle a su familia sobre su hallazgo. Al llegar a su casa su madre lo esperaba con un gran abrazo amoroso. Yambó con mucha ilusión le mostró el papel y luego a su abuela y a su hermano quienes también se dejaron encantar por ésta imagen. Yambó guardó celosamente el papel. Con gran ilusión, quería experimentar algún día la sensación de probar el copo de cielo y sentir felicidad. Después de algún tiempo la región fue golpeada por una epidemia fuerte que mandaba por días a sus víctimas a permanecer


24 en cama. Muchos no resistieron y murieron. Varias familias por temor se aislaban para no contagiarse, entre ellas la de Yambó, pero tristemente Yambó se contagió. Por petición de su madre, la abuela de Yambó y su hermanito se fueron a otro lugar mientras todo esto pasaba. Yambó era cuidado por su mamá y ella recurría a muchas hierbas para curarlo pero sin resultado. En una mañana de domingo apareció Juju en casa de Yambó, preocupado porque ya hacían varios sábados que el niño no iba al puerto. La madre de Yambó lo recibió y le explicó preocupada la razón, y Juju se acercó al niño y apretando su débil manita le dijo: - Hijo, clama y verás que vas a ser escuchado porque yo también voy a clamar por ti. El niño, que no podía ni hablar, solo pudo responderle al viejo con una débil sonrisa y sacó de debajo de su almohada el papel que


25 tanto había atesorado para dárselo al viejo. Este lo recibió como un legado y le hizo una promesa antes de irse: - Te aseguro que voy a hacer algo por ti. El viejo se fue conmovido por haber visto en ese estado a su pequeño amigo. Habían pasado tres días desde que el viejo Juju había ido a visitar a Yambó y cada día lloraba y pedía por él. Juju como buen pescador se echó las atarrayas al hombro y en horas de la madrugada se dirigía a su barca para empezar a pescar. Cuando ante sus ojos se apareció en el horizonte una nave que no podía distinguir. Juju, a pesar de ser un viejo, tenía buena vista pero todavía no había salido el sol y la visibilidad no era buena. Además no había corta distancia entre él y la otra embarcación. Juju decidió montar en su barca y fue al encuentro de la nave. Al acercarse pudo distinguir un símbolo que sí conocía, era una


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27 gran cruz roja. El tripulante de ella salió y empezó a gritar: - ¡Help! ¡Help! – Juju no entendía qué estaba diciendo y abrió los ojos sorprendido, pues no sabía si irse o quedarse. El hombre que gritaba se dio cuenta que no lo entendía y entonces con dificultad dijo: - ¡Ayuda!-. Entonces el sol empezó a revelar la figura de este hombre. Tenía un largo manto blanco y sus ojos eran verdes, sus cabellos dorados y su piel blanca. Como blanco era su pequeño barco en el cual sí había un símbolo de una cruz roja y en la parte lateral de su casco una inscripción que decía “Angelic”. Juju como pudo, ayudó a esta nave a fondear en el puerto porque al parecer se había averiado y ayudó al hombre a pisar tierra. Definitivamente Juju y este hombre no se entendían pues no hablaban el mismo idioma,


28 pero Juju fue hospitalario y le brindó comida. El sabía el significado del símbolo de ese barco e intentó decirle que lo acompańara a

ayudar a su pequeńo amigo. Este hombre aceptó y se dejó guiar a pesar de la larga y fatigante caminata. Juju explicó a la madre de Yambó a qué había llevado este hombre y ella lo dejó seguir. El hombre lo examinó mientras


29 Yambó lo miró con debilidad. Recordó entonces el relato de Juju y pensó: -¡Estoy viendo un Ángel! ¡Sí! Es igual al que Juju me dijo, es blanco y su vestido es resplandeciente - Pero sus fuerzas se le agotaban y por momentos perdía el conocimiento. El hombre del “Angelic” supo entonces que era lo que padecía el nińo y con velocidad fue a su barco y regresó a darle una medicina al niño. También trajo suficiente para darle a todos los enfermos que había en el poblado y dejó muchos más para controlar la epidemia. Ya su misión había terminado allí y tenía que volver a reparar su barco que estaba descompuesto y volver a su misión en otro lugar. En el poblado solo se necesitaba esperar la recuperación de todos los enfermos, que gracias al hombre del “Angelic” había


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llegado. Juju lo acompańó a arreglar su barco y antes de irse le mostró el volante con el copo de cielo y se lo señalaba con insistencia, diciéndole al hombre: - ¡El nińo quiere!


31 El hombre del “Angelic” se sonrió y le dijo: - Ice cream – Juju no le entendió, pero se dio cuenta que él si se había hecho entender. El hombre subió a su barco, sacó una caja blanca y se la entregó a Juju. El la abrió con curiosidad y sintió una frescura helada que rodeaba una pequeńa caja llena de una crema fría con olor a fruta. Y de una vez supo que a Yambó se le iba a conceder un sueño. Entonces corrió a cumplirle al niño su deseo. Y era tal su prisa que no se despidió del hombre del “Angelic”. Juju al llegar a casa del niño le solicitó a su madre un recipiente y le sirvió a Yambó que se estaba recuperando bien. Juju emocionado le dijo: - Mira hijo, aquí está tu copo de cielo. El nińo eufórico lo contempló como algo


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sublime y casi como algo sagrado y con lentitud probó el manjar. Sus ojos se cerraron y sonrió. - Si, Juju, ˇEsto produce felicidad! Yambó compartió con su madre y Juju, y además le pidió a su madre que le guardara a


33 su hermanito y a su abuela, para cuando volvieran. Tiempo después cuando ellos volvieron, Yambó ya estaba bien y con agitación le contó a su abuela: - Abuela, vi un Ángel y me curó, y también probé copos de cielo, aquí en esta caja les guardé.


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Pero cual sería su sorpresa al ver que, cuando la abrió, solo había agua. Fue entonces cuando el niño recordó que Juju le había dicho lo que pasaba con el copo de cielo. Pero esto no le quitó la emoción que había experimentado y que para siempre se le había quedado en su mente y en su corazón. Ya recuperado, Yambó esperó nuevamente el sábado y se levantó con entusiasmo para su ida al puerto. Hizo lo mismo que todas las mañanas de los sábados, pero antes de partir dobló sus rodillitas y mirando al cielo, dijo: - Clamo a Dios para que mi padre venga pronto . Y se levantó para emprender su camino.


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Juju lo recibió con tal alegría que lo abrazó con fuerza. Una pequeńa llovizna empezó a caer y un hermoso arco iris hizo su aparición pronosticando buenas cosas y como magia apareció a lo lejos en el horizonte un gran barco pesquero. Entonces el nińo se quedó en un principio como congelado sin saber si correr o mejor quedarse para no vivir una nueva decepción. Pero entonces Juju lo animó diciendo: - ¡Ve, hijo, que hoy si puede ser!


36 Y como si le hubiera puesto energía, el niño corrió y ante sus ojos el padre apareció de dentro del barco. Cuando vio a su hijo corrió a su encuentro y lo abrazó. Yambó le dijo: - ¡Papá, ya comprobé que clamar Sí funciona! ˇ Porque te tengo a ti, he visto un ángel y he comido copos de cielo! Después de ese día su padre no volvió a irse nunca más.

FIN


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Copos de Cielo  

Conozca a Yambo, y su deseo de conocer los Copos de Cielo

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