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ACERCA DE LA EUTANASIA. Por : Dr. José Ignacio Arias Arango. Gastroenterólogo. Médico Internista

Hace unos años fui solicitado por un profesor y amigo para realizarle “eutanasia” por ser un paciente terminal y considerar su situación francamente intolerable. Ante la gran publicidad, debates y posiciones irreconciliables que este tema genera actualmente, consideramos de interés intentar hacer algunas precisiones acerca del mismo.

Por mucho que nos remontemos en la historia indoeuropea, de la que son ramas las poblaciones griegas e italianas, no se advierte que hayan creído jamás que tras esta corta vida todo concluyese para el hombre.

Las

generaciones más antiguas, mucho antes que hubiese filósofos, creyeron en una segunda existencia después de la actual. Consideraron la muerte, no como una disolución del ser, sino como un mero cambio de vida. Según las más antiguas creencias de los italianos y de los griegos, no era en un mundo extraño al presente donde el alma iba a pasar su segunda existencia: permanecía cerca de los hombres y continuaba viviendo bajo la tierra “Subterra consebant reliquam vitam agi mortuorum”1. También se creyó durante mucho tiempo que en esta segunda existencia el alma permanecía asociada al cuerpo. Nacida con él, la muerte no los separaba y con él se encerraba en la tumba. Los ritos de la sepultura muestran claramente que cuando se colocaba un cuerpo en el sepulcro, se creía que era algo viviente lo que allí se colocaba, Virgilio finaliza su narración de los funerales de Polidoro con estas palabras: “ Encerramos su alma en la tumba”. Se le deseaba vivir feliz bajo tierra, tres veces se le decía: “ que te encuentres bien”. Se añadía: “ que la tierra te sea ligera”2


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Tan firmemente se creía en la antigüedad que un hombre vivía allí, que jamás se prescindía de enterrar con él los objetos

que, según se suponía, tenía

necesidad: vestidos, vasos, armas3. Un verso de Píndaro nos ha conservado un curioso vestigio de esos pensamientos de las antiguas generaciones, Frixos se vió obligado a salir de Grecia y huyó hasta Cólquida. En este país murió; pero, a pesar de muerto, quiso volver a Grecia. Se apareció a Pelias ordenándole que fuese a la Cólquida para transportar su alma. Sin duda esta alma sentía la añoranza del suelo de la patria, de la tumba familiar; pero ligada a los restos corporales, no podía separarse sin ellos de la Cólquida4. El alma que carecía de tumba no tenía morada, vivía errante anhelando el reposo y convirtiéndose en malhechora para adveritr que diesen sepultura a su cuerpo y a ella misma. De aquí procede la creencia en los aparecidos5 No con la ostentación del dolor quedaba realizada la ceremonia fúnebre, sino con el reposo y la dicha del muerto6. Hades (latín: Orco) es hermano de Zeus y de Poseidón.

Con su esposa

Perséfone (lat. Proserpina), es el soberano del reino de los muertos. Como enmigos de toda vida, es objeto del odio de los dioses y los hombres. En época posthomérica se da el nombre de Hades, en sentido figurado, a las regiones que se consideraban residencia de las almas de los difuntos. El dios romano de los infiernos correspondiente a Hades es Orco. Las divinidades de la muerte propiamente dicha fueron Tántos, el hermano gemelo del dios del sueño Hipnos, y las Keras (Parcas), diosas de la muerte violenta7. Zenón , fundador del estoicismo griego, se suicidó para no sentir dolor en un pie herido, y su discípulo Clístenes también eligió darse muerte al quemarse la boca. A pesar que el juramento hipocrático dice en lo referente a la eutanasia “ No daré a nadie aunque me lo pida ningún fármaco, ni haré semejante sugerencia”, “parece que no existió un acuerdo tan unánime entre los médicos griegos y que, precisamente, el juramento nació de la necesidad de unificar unas directrices éticas comunes para el ejercicio de la medicina y, por ello, prohibía conductas que seguramente fueron rutinarias para los médicos griegos”8 .


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La palabra eutanasia significa buena muerte, definida por el estado espiritual de la mente del paciente en trance de morir, no como un método de muerte. Los médicos aseguraban el bienestar psicológico de sus pacientes, con un menor interés en la forma de su fallecimiento físico. El desarrollo de la cicuta en el siglo V antes de Cristo permitió a algunos pacientes morir en una forma consistente con la conceptualización general de la eutanasia ( v gr. en un estado pacífico de ánimo). El significado de la palabra eutanasia ha evolucionado en los siglos subsiguientes

para focalizarse en “una buena manera” de terminar la vida de

un paciente que sufre, con un menor énfasis en el estado psicológico de bienestar. Mientras todos los médicos estarán de acuerdo con el significado original de la eutanasia es deber hacer lo posible por los pacientes que están muriendo, es el significado contemporáneo, el intento de terminar la vida y un método de muerte , lo que está en disputa. Para el propósito de esta discusión, asumamos que la muerte directa de un paciente ante la solicitud de él mismo y el suicidio asistido por un médico significan la muerte intencional de alguien con la ayuda indirecta de un médico. Estas definiciones excluyen el concepto de permitir la muerte por el retiro o no aplicación de tratamiento sustentador de vida. El suicidio asistido por un médico incluye aquellos que con conocimiento realizan una prescripción o la colocan en la línea intravenosa o asisten en cualquier otra manera indirecta. Desde un punto de vista ético, se puede realizar el argumento que eutanasia y suicidio asistido son moralmente actos inseparables porque en ambas circunstancias el intento médico es el mismo; el médico resulta en elemento necesario en la cadena causal de acciones, aunque quizás no siempre la causa inmediata, y las consecuencias son las mimas. En un caso el paciente actúa de último (suicidio asistido) y en la otra el médico actúa de último ( eutanasia), pero en ambos el paciente está en control de su vida y muerte hasta el fatal momento9.


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Durante los siglos XVIII y XIX , las dos teorías filosóficas dominantes que determinaban lo correcto o incorrecto eran la

deontológica y la

consecuencialista10 En términos simples los consecuencialistas creen que los resultados determinan el valor de las acciones, mientras los deontologistas creen que los principios basados no exclusivamente en los resultados determinan su verdad o error La ética médica se ha considerado una empresa deontológica. Los principios guías de la medicina –autonomía, beneficencia, no maleficencia y justicia- están menos afectados con las consecuencias. Los filósofos que adhieren a una u otra de las teorías son renuentes a utilizar la teoría rival para justificar sus posiciones para evitar lo denominado como Pettitio principi11 Sin embargo, como veremos, los proponentes y opositores de la eutanasia ignoran el discurso filosófico puro y utilizan argumentos derivados de ambas teorías para justificar sus posiciones.

PRO: El primer argumento ético para la eutanasia y el suicidio asistido es deontológico.

El establece que cada persona tiene el derecho para

autónomamente determinar su propio plan de vida, exigir su propio destino. Así, que impedir a las personas el ejercer sus derechos restringe su libertad. Un segundo argumento, frecuentemente oído, es que los individuos tienen el derecho a acudir a la eutanasia o al suicidio asistido ya que tienen el derecho a determinar que representa su bienestar

En el caso de sufrimiento por

enfermedad terminal, la eutanasia y el suicidio asistido representa su mayor interés y sentido de bienestar9. Se argumenta que si la sociedad en general aprueba estos procedimientos, entonces se conduce a la práctica basada en la tendencia a que lo correcto y lo incorrecto esté determinado por las normas de la sociedad en cualquier punto en el tiempo. Algunos filósofos consideran que nada es más erróneo que una ética


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por “consenso” y señalan ejemplos históricos de democracias realizando decisiones moralmente equívocas12 Otro argumento, tanto conceptual como semántico, es que de hecho estamos practicando eutanasia y simplemente denominándola con otro nombre. El contra argumento establece esta posición como errónea porque confunde entre causar que algo ocurra y la responsabilidad moral de su resultado. Con dos puntos se soporta este contra argumento. Primero, los que sostiene que eutanasia y retirar un tratamiento es lo mismo, confunden retiro con causar muerte; la suspensión médica de un tratamiento conduce a la muerte sólo cuando la enfermedad subyacente puede matar

el paciente en la ausencia de tratamiento. La

enfermedad es la causa de la muerte, no la remoción del ventilador. El retirar un ventilador de un sujeto normal no conduce a su fallecimiento. Esto contrasta con la muerte directa por inyección letal (eutanasia), lo cual causa la muerte de un paciente o de un sujeto saludable. Argumentar que la inyección letal es lo mismo como la omisión de tratamiento ( retiro de ventilador) es confundir causalidades El segundo argumento es que fallamos en reconocer que la moralidad y la censura son

invenciones humanas. Antes que existiesen tratamiento, los

médicos no eran moralmente responsables por la muerte de los pacientes por enfermedad. Con el desarrollo de medicinas y tecnologías y el poder de retardar la muerte, las reglas morales fueron inventadas para guiar a los médicos. La responsabilidad moral ingresa cuando se omiten o retiran tratamientos porque podrían haber sido de beneficio. Si un médico retira el soporte ventilatorio de una persona joven con una causa potencialmente reversible de síndrome de distrés respiratorio, el paciente fallece naturalmente por la enfermedad subyacente, pero hacemos al médico responsable moralmente y decimos que ha “matado” el paciente.. La palabra matar implica un juicio moral derogatorio acerca de la acción del médico, porque éste de hecho no mató al paciente, lo hizo la enfermedad. Se sigue que es un mal uso del término matar cuando se habla de un médico que retira un tratamiento que no está beneficiando a un paciente. Para resumir, bien sea que la acción del médico sea moralmente


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correcta o equivocada tiene que ver más con lo que el médico “ debe” hacer en circunstancias particulares que con la relación causa y efecto de la acción. A su vez , semánticamente “podría haber sido” es un contrafáctico subjuntivo.

CONTRA: El principal argumento filosófico ofrecido contra la eutanasia y el suicidio asistido es de tipo deontológico. La pretensión es que simplemente es un error matar o estar involucrado en el suicidio de seres humanos inocentes. Este principio, arraigado en la tradición Judeo Cristiana, sostiene que la vida humana es de gran valor y que las personas no tienen el derecho de terminar sus propias vidas mucho menos ayudar en la muerte intencional de alguien más13 Este principio encontró apoyo posteriormente, desde el inicio de la “edad de la razón”, en la teoría de Emmanuel Kant quien argumenta por el concepto de “respeto a las personas” y “contra el suicidio”14. A su vez, aquellos que argumentan en contra puntualizan que estos actos no son una expresión de pura autonomía, esto es, concebida y realizada exclusivamente por la persona que desea morir, Son actos que requieren la participación de otros en la sociedad , los médicos15. La pregunta es: en nombre de la autonomía, pueden los pacientes demandar que otros en la sociedad realicen actos que satisfagan sus deseos?. Algunos argumentos consecuenciales han sido presentados por aquellos que están en contra de la eutanasia y del suicidio asistido. El primero sostiene que la eutanasia debilita el concepto de santidad de la vida, conduciendo a una gradual erosión de su valor, con liberalización de criterios y eventual eutanasia del demente, el deforme y aún del no productivo. Se cita la experiencia alemana y más recientemente el Remmelink Committee experiencia Holandesa con eutanasia y reporta

de 1991, el cual revisa la cerca de 1000 pacientes

sometidos a eutanasia cada año sin su inequívoco consentimiento16 Aún más, el


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problema se extiende a aquellos incapaces de pagar por el servicio adecuado, los que resultan en carga económica para sus familias o los denominados “thirdparty payers”, las Empresas prestadoras de Servicios (EPS), que resultarían propensos a verse forzados a considerar la posibilidad de eutanasia o suicidio asistido para sí mismos. Los opositores rechazan la legalización de estas prácticas que comprometen los avances médicos y subrogan los derechos de hacer decisiones en otras formas de decisiones finales17 La legalización con claras protecciones contra los abusos conllevan el escrutinio del vasto campo de las decisiones finales y posiblemente imponga restricciones inesperadas en otro tipo de decisiones para asegurarse contra el abuso. Un argumento final es que la legalización de la eutanasia reduce el rechazo social del homicidio y conduce a una devaluación general de la vida9

ARGUMENTOS MEDICOS EN PRO Y CONTRA DE LA EUTANASIA Y EL SUICIDIO ASISTIDO: PRO: Los principios de autonomía y beneficencia en medicina son los fundamentos esgrimidos por aquellos que apoyan el compromiso médico con la eutanasia. Los pacientes tienen el derecho autónomo de hacer decisiones concernientes a la finalización de sus vidas. Los médicos tienen obligación de actuar en el mejor interés para el paciente, determinado por él mismo en concierto con la información suministrada por el médico. Al ser la muerte el último acto genuino en la vida de un persona, se tiene la obligación de esforzarse en este último acto genuino cuando otras formas tradicionales de terapia no traen un mayor bienestar o alivio del dolor y el sufrimiento Un argumento consecuencial esgrimido tanto por médicos como por pacientes establece que nuestro continuo rechazo a los deseos del paciente se escuda en


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nuestra seducción por la tecnología médica y conduce a una prolongación del sufrimiento innecesario en los pacientes terminales. Así, las prácticas que limiten este proceder redundan a favor de estos pacientes. El corolario deontológico es que los médicos tienen obligación de no dañar o perjudicar sus pacientes sometiéndolos o perpetuando un sufrimiento prolongado. Además, la relación médico paciente se ve alterada porque el paciente se ve abandonado o sin control en aquello que se constituye en el momento más dependiente y estresante de su vida18.

CONTRA: El primer argumento con el cual los médicos rechazan participar en eutanasia y suicidio asistido es que estas practicas resultan antiéticas al concepto de un médico, el protector y campeón de la vida humana. El emplearse en matar pacientes destruye la esencia de lo que significa ser un médico. El juramento Hipocrático proscribe el uso de drogas letales o la sugerencia de su utilización. La World Medical Association International Code of Ethics establece que “ el médico debe siempre mantener en mente la obligación de preservar la vida humana. La expresión deontológica de este concepto es que resulta un error para los médicos matar o asistir en el suicidio de pacientes. Se han presentado argumentos consecuenciales, el primero dice que legalizar la eutanasia y asistir al suicida conducen a la desconfianza de los pacientes en la tolerancia del médico a fuerzas externas como la familia y “third –party payers”, los cuales dividirán su fidelidad y prematuramente lo obligan a preguntar por la eutanasia y el suicidio asistido. La desconfianza redunda en un mayor deterioro de la relación médico paciente. Un segundo argumento es que una vez los médicos empiecen estas prácticas, no colocarán tanta atención como antes en ampliar el papel de dispensadores de cuidado y confort y, consecuentemente, tratarán menos vigorosamente de desarrollar y promover más medidas efectivas de confort y bienestar al final de la vida de todos los pacientes.


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CAUSA POSIBLE Y SOLUCIÓN PARCIAL: El reporte Remmelink

mostró que la gran mayoría de los pacientes que

solicitaron eutanasia lo hicieron no por dolor físico pero a causa de estrés psicológico relacionado con pérdida de dignidad, dependencia o muerte indigna. La reglamentación Holandesa sobre eutanasia voluntaria considera como requisito indispensable para autorizar la eutanasia a un paciente, la presencia de un síntoma que afecte de manera intolerable su calidad de vida, que no haya podido ser controlado con ninguna de las medidas terapéuticas existentes19 . Se sugiere que la atención al alivio del sufrimiento psicológico se ignora frecuentemente o minimizado por el médico moderno o, simplemente relegado, al apoyo familiar o clerical. Resulta beneficioso que los médicos pongamos atención en el sufrimiento psicológico tan efectivamente como lo intentamos hacer con los aspectos científicos; el sentido de desesperación, la pérdida de control, el sentido de abandono podrán disminuir y el interés público en la eutanasia se disiparía. Con el paciente mencionado al comienzo resulté insensible a su demanda, conversando quedó claro que no era su limitación física, sólo la paulatina dependencia que le generaba su afección y que dio curso a una depresión la cual mejoró con

asistencia especializada. Conservó estas sesiones

periódicamente hasta su fallecimiento, algunos meses después. “ La eutanasia es una forma de combatir la distanasia a la cual son sometidos los enfermos terminales: ....la alternativa a la distanasia o “encarnizamiento terapéutico” no es la eutanasia, sino la ortotanasia , mediante la cual se ofrecen al enfermo terminal los principios de una muerte digna” 8.

El argumento a proponer es en forma de silogismo AEE-3: •

Toda muerte conlleva indignidad

Ninguna muerte ocurre sin un sujeto,

Entonces, ningún sujeto debe padecer una muerte indigna.


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CONCLUSIONES: El propósito de este comentario ha sido exponer los argumentos éticos en pro y contra la eutanasia y el suicidio asistido, al igual que sugerir las posibles soluciones al debate. Ninguno de nosotros que atiende pacientes en estado terminal resulta un observador desinteresado; cada uno tiene fuertes sentimientos acerca del asunto. Es importante entender que la opción dada por una sociedad no determina la posición de la medicina en esa materia. Por último, resulta prudente y sensato seguir la advertencia de Edmond Burke (Letter to Matthew Smith.1750): “ No es lo que un abogado me diga que haga, sino lo que humanamente, razonable y en justicia yo deba hacer “.

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