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Cuerpo o corazón del mundo todavía carmen crespo Santander, sol y sombra poesía, núm. 9, 2014

Personas que escriben bien hay muchas, personas que escriban muy bien y precisamente

lo que querían escribir y no aquello que les salió seguido de un poco de pulido posterior, menos; personas que a través de la poesía sepan lo que quieren conseguir y ofrecer, poquísimas. En una sociedad que cada vez tiene menos tiempo para la gratuidad del arte, para la palabra que no desea manipular, pero sí trasladar o aumentar la conciencia, la poesía se convierte en un acto de resistencia sólo por el hecho de ser escrita, en este sentido los tres casos que nombro parecen de agradecer, y con todo, la falta de tiempo hace que muchxs lectores cada vez más busquemos lo tercero (y preferible no dejarse llevar por prejuicios tampoco aquí, pues en este grupo encontraríamos también, por poner un ejemplo, el mejor arte lúdico). Y sí, nos gusta que un mundo muy personal encuentre el modo de ser comunicado, universalizarse, llegar, formar parte del mundo de quien lo lee. De lo contrario predomina la terapia: nada en contra a la hora de crear, pero sí a la hora de comunicar lo creado: ¿para qué?, ¿para quién? Carmen Crespo parece resolver ese enigma en Cuerpo o corazón del mundo todavía a través de la fragilidad, de lo apenas, de esa frágil línea –¿line, verso?– entre lo que es y lo que no es, lo que existe porque es nombrado y lo que existe desde que es nombrado, o incluso apenas, mientras: palabras apenas perceptibles/apenas pellizcadas bajo los pliegues

Es sorprendente cómo a través de esa fragilidad, va emergiendo “toda esa plenitud abandonada”: nada a lo que aferrarse, de acuerdo, lo enumerado no conforma sensación de acumulación –tal vez porque lo que se nombra es lo que dábamos por perdido– pero tampoco de recuperación: ignorábamos que ese material se contaba como parte de nuestra realidad hasta saber que lo perdimos y esto lo sabemos al tiempo que es nombrado y mientras es nombrado Es el ladrido de la sal

Se va quebrando el tempo, mas nada se rompe. Aparece incluso –como es el caso del mu-i en la poesía de raíz taoísta– lo que no hay: aquí no había una casa quemada, lo que no es –donde se oyen caballos que no son–. Como ya había poetizado Andrei Tarkovski, una zona donde hasta el dolor brilla, genera, aglutina por un instante, conforma y nutre. Si material de construcción permanente pudieran ser los fluidos, Crespo sería su arquitecta. Por cierto que esta plaquette aparece en la misma colección en la que pudimos degustar La soledad de la formas de Ana Gorría. Delicatessen bajo licencia creative commons. E. CH.

Nayagua, revista de poesía de la FCPJH, nº 22  

NAYAGUA, revista de poesía de la FUNDACIÓN CENTRO DE POESÍA JOSÉ HIERRO, n.º 22

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