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UNIVERSIDAD POLITÉCNICA DE MADRID ESCUELA UNIVERSITARIA DE ARQUITECTURA TÉCNICA DEPARTAMENTO DE CONSTRUCCIONES ARQUITECTÓNICAS

OBRA DE FÁBRICA Y PROYECTOS DE COOPERACIÓN AL DESARROLLO EL EMPLEO DE SISTEMAS DE CONSTRUCCIÓN TABICADA EN LA PROVINCIA INDIA DE ANANTAPUR

TESIS DOCTORAL JULIÁN GARCÍA MUÑOZ

DIRECTORES JUAN CARLOS LOSADA GONZÁLEZ MARIANO GONZÁLEZ CORTINA

AÑO 2010


Tribunal nombrado por el Mgfco. y Excmo. Sr. Rector de la Universidad Politécnica de Madrid, el día de de 20

EL TRIBUNAL CALIFICADOR Presidente D. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Vocal D. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Vocal D. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Vocal D. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Secretario D. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Realizado el acto de defensa y lectura de la Tesis el día

de

de 20

En Calificación:

EL PRESIDENTE

LOS VOCALES

EL SECRETARIO


RESUMEN Las estructuras abovedadas de fábrica empiezan a ser habituales en la arquitectura de cooperación al desarrollo. Son frecuentes las propuestas de construcción con diferentes sistemas de abovedado, muchas de las cuales pretenden simplificar los procesos de montaje (eliminando el encofrado, por ejemplo) o mejorar la eficiencia energética de las construcciones (empleando materiales locales de bajo impacto, etc.). En España, y en otras regiones mediterráneas, se emplea desde antiguo una técnica de construcción que podría ser útil en estos contextos: la bóveda a la catalana o tabicada. Este sistema permite construir todo tipo de estructuras abovedadas empleando sólo ladrillo ligero y morteros de fraguado rápido, sin necesidad de cimbra alguna. Es un sistema ligero, seguro, de fácil montaje y coste razonable, y óptimo en lo que toca a su eficiencia energética. En la presente tesis se ha estudiado la posibilidad de emplear la bóveda tabicada en contextos de cooperación al desarrollo. Se ha analizado la factibilidad e idoneidad técnica de las bóvedas tabicadas en este tipo de situaciones, se han estudiado los principales ejemplos de edificios de este tipo ya construidos en contextos de cooperación y, en el ámbito práctico, se ha empleado este sistema en un emplazamiento concreto, la provincia India de Anantapur. Allí se han estudiado las condiciones climáticas, las tradiciones de construcción, etc. y se han ensayado, en diversas pruebas y construcciones, diferentes vías para transferir esta técnica. Las pruebas y ensayos han podido ser realizados en Anantapur con notable éxito, principalmente en lo que se refiere a elementos menores: escaleras, recrecidos, verandas. Su empleo como cobertura para viviendas también ha sido posible, en pequeñas variantes, prefabricadas las más de las veces, combinadas con el hormigón o la fábrica armada. La técnica ha sido aprendida y utilizada por los trabajadores locales. Se ha realizado, además, un seguimiento del uso que estos trabajadores han hecho de ella, así como de las variantes que han introducido, con la intención de comprender cómo se inserta una técnica de este tipo en un lugar completamente ajeno. Finalmente, se han diseñado y propuesto soluciones de cobertura completa, algunas de las cuales están en la actualidad en construcción.


La presente tesis consta de siete capítulos. El primero es una introducción, un estado del arte de los temas a tratar. En el segundo se ha estudiado con detalle la tradición de construcción de bóvedas tabicadas: aunque se trata de un sistema prácticamente abandonado, su historia reciente y su procedimiento de construcción son bien conocidos, gracias a los numerosos manuales existentes. Se ha estudiado su construcción, y también su funcionamiento estructural, hasta hace poco motivo de discusión, que ha sido clarificado definitivamente en el marco del moderno análisis límite de estructuras de fábrica. Se ha estudiado también la evolución histórica de los costes de producción del sistema, una de las aportaciones originales del trabajo: ningún estudio, de entre los muchos consultados, realiza un estudio histórico completo de los costes de la construcción de bóvedas tabicadas. En el tercer capítulo se ha estudiado la evolución de los sistemas abovedados ligeros en arquitectura de cooperación al desarrollo. Se ha organizado el trabajo en cuatro ámbitos geográficos: España, Iberoamérica, África y Asia. Cada uno de ellos representa no solo un entorno distinto, sino, además, un marco temporal diferente, y una forma alternativa de adaptar las tradiciones locales y combinarlas con los avances de las técnicas de construcción. Se han estudiado ejemplos de viviendas: algunas, construidas con técnicas tabicadas; otras, con variantes aparentemente menores, en detalles como el encofrado, el posible armado o la prefabricación. En el cuarto capítulo se ha estudiado la vigencia de la construcción tabicada en la actualidad. Se ha analizado el interés que las modernas investigaciones sobre topología, sobre eficiencia energética y sobre sostenibilidad tienen actualmente en la construcción tabicada, ya que, pese a tratarse de un sistema de construcción abandonado, en los últimos años se han realizado experiencias de interés empleando este sistema. En este capítulo se describen algunos de ellos, asociados a las investigaciones sobre topología y sobre eficiencia energética. El quinto capítulo es un estudio de la construcción en una zona concreta, la provincia de India de Anantapur, en la que una ONG española, la Fundación Vicente Ferrer, lleva trabajando cincuenta años. Se han estudiado los condicionantes locales, la organización social y las necesidades de los habitantes, las tipologías constructivas, los materiales disponibles y los sistemas de construcción, tanto tradicionales como actuales. Nuestra intención era disponer de una base de datos sobre la que poder desarrollar un sistema de construcción ligera con elementos de fábrica que fuera coherente, en la medida de lo posible, con las tradiciones y con los materiales y mano de obra disponibles en la zona. En el sexto capítulo se presentan los ensayos y las propuestas que hemos realizado o dirigido hasta la fecha, tanto en España como en la India, con bóvedas de este tipo. En algunos casos se trata de simples proyectos; en otros, maquetas y modelos, muchos de ellos a escala real; en otros más, ensayos con elementos menores (escaleras, recrecidos, verandas); en otros proyectos de edificios construidos y cubiertos, en parte o en todo, por estructuras tabicadas. Sobre cada uno de ellos se ha realizado análisis de viabilidad, costes, etc. con la intención de evaluar las posibilidades de utilizar la construcción tabicada en aquel contexto industrial, económico y social. El séptimo capítulo es un resumen de las conclusiones obtenidas, incluyendo las posibilidades que abre esta investigación. El anexo I contiene cuadros y detalles generales sobre construcción de bóvedas tabicadas. El anexo II, las fichas de detalle de los ejemplos estudiados en los capítulos IV y V. El anexo III, los ensayos sobre materiales que completan el estudio de las tradiciones de construcción en la provincia de Anantapur y las fichas de detalle de las construcciones, ensayos y proyectos realizados.


SUMMARY Vaulted brick structures are now becoming habitual in cooperation architecture. Proposals are frequently new systems aiming to simplify the assembly process (not using any formwork, for example) or improve the energy efficiency of buildings (using local low-impact materials and systems, etc.). An ancient construction technique, used in Spain and in some other Mediterranean regions, could be useful in these contexts: the Catalan or tile vault. This system allows building all types of vaulted structures using only light brick and quick-setting mortar, without any formwork. It is a secure system, light, easy to assemble, can be made at a reasonable cost, and its energy efficiency is optimal. This thesis studies the possibility of using tile vaults in cooperation architecture. We have analyzed the feasibility and technical suitability of these vaults, and studied the main examples already built of such constructions in contexts of cooperation. On a practical level, we have used this system in one location, the Indian region of Anantapur. There we studied the weather conditions, building traditions, and we have tested, in various models and real structures, different ways to transfer this technique. These tests and trials were conducted in Anantapur with remarkable success, particularly in regard to minor elements: stairs, screeds, verandas. The use of tile vaults as a cover for housing has also been possible, but with slight variations –on site prefabricated systems most of the times, combined with concrete or reinforced brick complementary structures. The technique has been learned and used by local workers. The use these workers have made of it has been monitored, and so have all the variants that might have been introduced by them, willing to understand how such a technique can be inserted in a place like this. Finally, several proposals for a full coverage solution have been designed. Some of these are currently under construction. This thesis consists of seven chapters. The first one is an introduction, a state of the art of topics. In the second chapter the construction of tile vaults is studied: although it is an abandoned tradition, its history and construction processes are well known, thanks to the many existing


manuals. We studied its construction, its mechanics (a source of debate that has been recently clarified in the limit analysis of masonry structures) and the costs of the system. In the third chapter we studied the evolution of light vaulted systems in cooperation architecture. We organized the work into four geographical areas: Spain, Latin America, Africa and Asia. Each area represents not only a different environment but also a different time frame, and an alternative way of adapting to local traditions and combining them with advances in construction techniques. We have studied examples of housing: some were built with tile vaults; some, with seemingly minor variations in details such as formwork, reinforcement or prefabrication. In the fourth chapter we studied the validity of tile vault construction today. We analyzed the interest that modern research in topology, energy efficiency and sustainability have now on tile vault construction, since, despite being an abandoned construction system, there have been interesting recent experiences using these vaults. This chapter describes some of these, and associates them with research on topology and energy efficiency. The fifth chapter is a study of the building industry in a particular area, the Indian region of Anantapur, where a Spanish NGO, the Fundacion Vicente Ferrer, has been working for fifty years. We studied local conditions, social organization, constructive typologies, available materials and building systems, both traditional and modern. Our intention was to have a database on which to develop a lightweight vaulted construction system that could include, as far as possible, the traditions (materials, workmanship, systems, etc.) available in the area. Sixthly we outlined the trials and the proposals we have made or directed to date, both in Spain and in India, with this type of vaults. Some are simple projects; some others, models and patterns, many of them to scale; others, testing minor elements (stairs, screeds, verandas); others, buildings and projects completed, in part or at all, with tile brick vaults. For each of them an analysis of feasibility and costs was prepared, always with the intention of knowing the possibilities of using tile vault construction in that industrial, economic and social context. The seventh chapter is a summary of conclusions, including the possibilities opened by this research. Annex I contains general details on construction of tile vaults. Annex II, the daily detail of the examples discussed in Chapters IV and V. Annex III, testing of materials that complete the study of traditional construction in Anantapur and detail sheets of constructions, testing and projects.


A Ana y Diego

Cualquier tecnologĂ­a lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia. Arthur C. Clarke. Leyes


ÍNDICE 1. Introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 2. Bóvedas tabicadas. Historia, construcción, mecánica y producción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 2.1. Introducción a las bóvedas tabicadas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9 2.1.1. Generalidades . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9 2.2.2. Breve historia de la construcción tabicada. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 10 2.2. Materiales de construcción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13 2.2.1. Rasillas y morteros. Características generales. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13 2.2.2. Resistencias. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15 2.2.3. Otras características . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 16 2.3. Construcción de bóvedas tabicadas. El ladrillo en el aire. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19 2.3.1. Bóvedas cilíndricas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 20 2.3.2. Escaleras . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23 2.3.3. Cúpulas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 27 2.3.4. La arista en la construcción tabicada. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 30 2.4. Mecánica de las bóvedas tabicadas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 35 2.4.1. Antecedentes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 36 2.4.2. El análisis límite. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 39 2.4.3. Metodologías de diseño . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 42 2.5. Análisis de producción y costes. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 47 2.5.1. Estudios previos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 48 2.5.2. Valores actuales. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 52 vii


3. Una historia de la construcción abovedada en el contexto de la cooperación al desarrollo. . . 55 3.1. Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 57 3.2. Construcción tabicada y vivienda social en España. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 61 3.2.1. La vivienda social en España . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 62 3.2.2. Las casas de vacaciones en Garraf . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 69 3.2.3. Las casas en el barrio de Usera . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 75 3.2.4. La experiencia de Villanueva de la Cañada. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81 3.2.5. Sant Cugat de Salt . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 90 3.2.6. Otras experiencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 93 3.3. La tradición en Iberoamérica. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95 3.3.1. Técnica y cooperación en Iberoamérica. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 96 3.3.2. El entorno de Eduardo Sacriste . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 99 3.3.3. Rogelio Salmona y la escuela moderna . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 105 3.3.4. Eladio Dieste y la fábrica armada . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 109 3.3.5. Carlos González-Lobo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 115 3.4. Construcción abovedada en África. Cooperación y tradición. . . . . . . . . . . . . . . . . . 127 3.4.1. Historia y cooperación. Hassan Fathy . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 128 3.4.2. Excepciones. Fabrizio Carola. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 129 3.5. Experiencias en Asia. Bóvedas y cooperación en la arquitectura India. . . . . . . . . . 131 3.5.1. Las bóvedas de Le Corbusier en la India . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 133 3.5.2. La experiencia India de Laurie Baker. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 141 4. Vigencia de la construcción tabicada . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 153 4.1. Introducción. Vigencia de la construcción tabicada. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.2. Consumo energético, impacto ambiental y construcción tabicada. . . . . . . . . . . . . 4.2.1. Estudios de impacto ambiental. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.2.2. Algunas experiencias recientes. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.3. Exploración topológica y construcción tabicada. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.3.1. Diseño y topología . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.3.2. Algunas experiencias recientes. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

155 159 161 165 173 174 177

5. Tradición, industria y construcción en la India Central . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 191 5.1. Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.2. Trabajo y sociedad. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.3. La vivienda en Anantapur . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.4. Los materiales de construcción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.4.1. Adobe y ladrillo. Productos manufacturados. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.4.2. Adobe y ladrillo. Productos industriales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.4.3. El horno de ladrillo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.4.4 Materiales pétreos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.5. Los procesos de construcción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.5.1. El ritual del replanteo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.5.2. Cimentaciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.5.3. Fábricas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.5.4. Cubiertas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.5.5. Carpinterías . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.5.6. Solados . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.5.7. Acabados . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.6. Construcción y religión. Los Shilpa Shastras. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.7. Conclusiones. Cambio y tradición . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

193 197 203 209 209 212 214 216 221 222 225 231 233 237 239 240 243 255

6. Experiencias. Sobre la utilización de la construcción tabicada en la India Central. . . . . . . . 259 6.1. Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6.2. Viabilidad e idoneidad de la construcción tabicada en Anantapur. . . . . . . . . . . . . 6.2.1. Algunas notas sobre los problemas de sismo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6.2.2. Climatología. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6.2.3. La disponibilidad de materiales. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6.2.4. Idoneidad técnica. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . viii

261 263 263 266 266 268


6.3. Sobre la enseñanza de la construcción tabicada. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6.3.1. Algunas notas sobre la enseñanza. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6.3.2. Problemas para una implantación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6.3.3. Seguimiento. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6.4. Experiencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6.4.1. Modelos y maquetas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6.4.2. Unidades de pequeño tamaño . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6.4.3. Proyectos de vivienda. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6.4.4. Soluciones de fábrica armada y prefabricada. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6.4.5. Algunas conclusiones. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

273 273 277 279 283 283 286 288 297 299

7. Conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 303 7.1. Conclusiones del estudio. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 305 7.2. Líneas de investigación futuras . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 307 Bibliografía. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 309 Bibliografía citada. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 311 Bibliografía consultada. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 316

Anexo I. Notas sobre construcción de bóvedas tabicadas. Anexo II. Fichas de detalle de viviendas (capítulos 3 y 4). Anexo III. Ensayos sobre materiales y construcciones en Anantapur.

ix


AGRADECIMIENTOS Los trabajos resumidos en la presente tesis arrancaron hace casi diez años, aunque hasta hace apenas cuatro no imaginé que pudieran convertirse en una tesis doctoral. En este tiempo han sido muchas las personas que me han prestado ayuda. He contado con la colaboración de profesores y técnicos, pero también con la asistencia de albañiles, estudiantes o bibliotecarios. Es imposible agradecer individualmente a cada uno su aportación; valga esta nota como reconocimiento para todos ellos. Quisiera, no obstante, mencionar a los que han tenido una relación más directa con la redacción de este trabajo. Los profesores Juan Carlos Losada y Mariano González Cortina aceptaron dirigir esta tesis y me animaron a convertirla en un documento de y para Arquitectos Técnicos. Siempre han estado disponibles y me han orientado y apoyado a lo largo de estos años. Los profesores Joaquín Grau y Carlos Martín me iniciaron en la construcción abovedada con obra de fábrica, me enseñaron sus posibilidades y me hicieron comprender, también, sus límites. He trabajado, conversado y debatido con ellos la mayor parte de los temas que trata la presente tesis. El profesor Santiago Huerta dirigió mis trabajos tutelados en la ETSAM, y me ayudó a sistematizar y organizar mis primeros esbozos. Sus trabajos en el ámbito de la historia de la construcción han sido una influencia fundamental, tanto en los estudios teóricos cómo en los sucesivos desarrollos prácticos. El fallecido profesor Juan Antonio Ramírez me animó a adentrarme en nuevas disciplinas, y me hizo entender la importancia de la metodología al enfrentar una investigación. La Fundación Vicente Ferrer, con la que colaboro en diferentes frentes desde hace años, ha facilitado generosamente la realización de los ensayos y construcciones que recoge la presente tesis. El propio Vicente Ferrer (que recordaba la técnica de construcción tabicada por haberla visto utilizar en la Cataluña de la posguerra) me dio numerosos datos y consejos sobre la organización social y del trabajo en la India. Los sucesivos responsables del departamento de arquitectura de la Fundación y los ingenieros de la zona apoyaron xi


siempre mis iniciativas y colaboraron en la realización de ensayos y construcciones de todo tipo. Los responsables de zona facilitaron el desplazamiento y el trabajo de los equipos de investigación de la universidad. Aunque han sido muchas las personas que se han implicado, no quiero dejar de mencionar a Eswar Reddy, Sreenivasa Reddy, Chandra, Currás, Iñaki Barba, Irene Schiess, Judit Arroyo, David Agudo, Ricard Morato, Pilar Valladolid e Irune Pascual. La Universidad de Segovia (IE Universidad, antes Universidad SEK) ha facilitado y promovido, mediante diferentes becas y ayudas, las investigaciones que recoge la presente tesis. Los directores de las Escuelas de Arquitectura y Arquitectura Técnica Javier Sarría, Javier Espejo y Javier Quintana han hecho posible que alumnos de Arquitectura y Arquitectura Técnica cursaran bajo mi supervisión su periodo de prácticas en India, en la sede de la Fundación en Anantapur. También muchos profesores de la universidad han colaborado o prestado su ayuda; en especial Juan Antonio Rodríguez, con los gráficos y las modelizaciones, y Pablo Mosquera, que me asesoró en temas de cooperación. Por último, quiero agradecer muy especialmente a los alumnos Daniel Carcedo, Alberto Esteban, Juan Hidalgo, Aritz Izkue, Laura Martín, Luis Miguel Martín, Albia Merino, Iñaki Múgica, Elena Reinares, Jacobo Sanfrutos, Pedro Santisteban, Rubén Vadillo y Gonzalo Villanueva su participación activa en los diferentes estudios, ensayos y construcciones realizados para esta investigación. Y, por supuesto, a mi familia, por el apoyo y la pacienca demostrados a lo largo de todos estos años, y a mis amigos: Joaquín, Concha, Carlos, Patricia, Mar, Luis. De todos ellos es, también, este trabajo.

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Introducción

1. INTRODUCCIÓN


Introducci贸n


Introducción

1. INTRODUCCIÓN El historiador norteamericano George R. Collins publicó en 1968 el ensayo El paso de las cáscaras delgadas de fábrica desde España a América, un “auténtico libellus aureus de la construcción tabicada” 1 . El texto, que abrió el camino a la actual investigación sobre la construcción de bóvedas tabicadas, es un documento de enorme interés por su rigor, por la gran cantidad de datos que aporta y por las reflexiones que contiene, en muchos casos verdaderas propuestas de futuro. El paso de las cáscaras delgadas de fábrica desde España a América describe los intentos realizados por la familia Guastavino para exportar a los Estados Unidos, durante la primera mitad del siglo XX, la bóveda a la catalana o tabicada. Este sistema, una antigua tradición de raíces mediterráneas, permite construir todo tipo de estructuras abovedadas, e incluso cubrir edificios por completo, empleando ladrillo ligero, colocado de tabla, tomado con morteros de fraguado rápido –al menos en una primera rosca- sin emplear cimbra alguna. La construcción de bóvedas de este tipo fue habitual en la España del siglo XIX, y lo siguió siendo, en menor medida, hasta el segundo tercio del siglo XX. En este siglo, las estructuras de acero y hormigón armado fueron imponiéndose a las tradicionales de madera y fábrica, y las bóvedas tabicadas quedaron relegadas a la arquitectura vernácula. En la actualidad apenas se construyen, y la técnica ha sido olvidada casi por completo. Tan sólo se emplea en obras de reconstrucción. Pese a ello, es un sistema de construcción perfectamente válido incluso hoy día: diseñada y construida de forma correcta, una bóveda tabicada es una estructura segura, de fácil montaje y coste razonable. Bóvedas y cooperación.

1. (Huerta 1999, xxviii)

El ensayo de Collins contiene algunas reflexiones que resultan, en la arquitectura globalizada de hoy, extraordinariamente lúcidas. Una de ellas nos interesa de manera especial. Estudiando los motivos de la desaparición de estas bóvedas en Estados Unidos, Collins afirma:

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Introducción “En los Estados Unidos la bóveda tabicada fue víctima del precio cada vez mayor de la mano de obra en la albañilería. Sin embargo, en sus mejores momentos el coste era relativamente bajo […]. Es de suponer que todavía hoy sería útil en los países subdesarrollados que dispongan de buena arcilla y cementos hidráulicos” (Collins 1968, 24).

Esta tesis tiene por objeto desarrollar esta afirmación de Collins, respondiendo a la siguiente pregunta: ¿Pueden ser útiles las bóvedas tabicadas en “países subdesarrollados que dispongan de buena arcilla y cementos hidráulicos“, y en los que, por añadidura, el coste de mano de obra no resulte excesivo? La técnica tabicada, como se ha dicho, es segura, su construcción es sencilla, y los requisitos básicos para construir con ella son relativamente fáciles de cumplir. Son muchas las regiones “subdesarrolladas“ 2 cuya arquitectura vernácula emplea como base el barro, cocido o sin cocer, tomado con yeso o con cementos rápidos; en algunas de ellas, las condiciones sísmicas, climatológicas, etc. son, además, las idóneas para construir bóvedas tabicadas. La arquitectura de cooperación emplea y reivindica en la actualidad técnicas semejantes por su bajo coste, por su durabilidad y fiabilidad, y porque son, en su mayoría, poco agresivas desde un punto de vista ambiental. Parece, entonces, que las bóvedas tabicadas podrían ser empleadas en algunas de estas zonas, pero ¿quiere esto decir que pueden ser “útiles” allí? No del todo. Quiere decir que las bóvedas tabicadas pueden construirse de modo seguro y, por lo tanto, que pueden ser factibles desde un punto de vista técnico. Pero la arquitectura de cooperación cifra actualmente el éxito, la utilidad de una tecnología de construcción, tanto en su factibilidad técnica como en su capacidad para ser transferida, para ser adoptada por los habitantes de la zona en que se inserta y empleada por estos como propia. A la pregunta de Collins se añade, entonces, una pregunta más: ¿es posible transferir, en estos términos, este sistema? Como es evidente, resulta imposible encontrar una respuesta única y universal a estas preguntas: las particularidades locales (no sólo materiales o técnicas, sino también sociales) condicionan inevitablemente las posibilidades de empleo e implantación de sistemas de este tipo. Por ello, la presente tesis sólo puede pretender responder a las preguntas planteadas de un modo local. He decidido, así, estudiar el empleo de este tipo de construcciones abovedadas en un entorno muy concreto, la provincia India de Anantapur, en la que colaboro desde hace años con el trabajo de una ONG española, la Fundación Vicente Ferrer. Al comenzar con esta investigación las condiciones de la zona parecían, al manos a priori, bastante favorables (como se detallará en lo sucesivo) y también lo eran las posibilidades de investigar y ensayar en las instalaciones de la Fundación. Anantapur resultaba ideal como campo de ensayo, además, por otro motivo: aunque existen en zonas cercanas edificios abovedados con técnicas semejantes, no hay a día de hoy tradiciones vivas de construcción abovedada en la región. La posible transferencia de la técnica debería realizarse, así, sin partir de base previa alguna; la existencia de tradiciones semejantes podría, como es lógico, haber desvirtuado un tanto los resultados del estudio. También resultó evidente desde un primer momento que un estudio de este tipo no podía ceñirse al ámbito teórico, sino que debía realizarse también en la práctica. Los trabajos resumidos en la presente tesis participan de ambos campos. Por lo que se refiere a los estudios de tipo teórico, he analizado con cierto detalle el funcionamiento, la tradición y la posible proyección de las bóvedas tabicadas. Aunque se trata de un sistema prácticamente abandonado, su historia reciente es bien conocida. También lo son los procedimientos necesarios para su construcción, [02] El término “subdesarrollado”, empleado por Collins, es controvertido actualmente. En arquitectura de cooperación se emplea hoy el término “comunidades en necesidad”.

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Introducción gracias a los numerosos manuales existentes. He estudiado su funcionamiento estructural, hasta hace poco motivo de discusión –dado el teórico carácter “cohesivo” de estas construcciones- que ha sido clarificado definitivamente en el marco del moderno análisis límite de estructuras de fábrica; he analizado el consumo energético y el impacto ambiental de estos sistemas, sobre los que no hay estudios concretos – aunque sí se han realizado análisis similares sobre edificios cubiertos con otros sistemas de obra de fábrica-; y he estudiado los costes de producción del sistema: ningún trabajo, de entre los muchos consultados, pone el énfasis necesario en el estudio de los costes de bóvedas tabicadas, a los que dedico más adelante un apartado. También en el ámbito teórico he analizado, desde un punto de vista histórico, los principales ejemplos de construcciones de este tipo en contextos de cooperación, principalmente en el ámbito de la vivienda. Por último, he estudiado también el renacido interés por este sistema constructivo, patente en algunos estudios recientes sobre topología y eficiencia energética. Por lo que se refiere al ámbito práctico, he intentado, como se ha dicho, emplear este sistema en un emplazamiento concreto, la provincia India de Anantapur. Allí he estudiado las condiciones climatológicas, la organización social y las necesidades de los habitantes, las tipologías constructivas, los materiales disponibles y los sistemas de construcción (tanto tradicionales como actuales). Partiendo de todos estos datos he propuesto, en diferentes experiencias (construcciones, ensayos y proyectos) diversos sistemas de construcción ligera con elementos de fábrica, siempre con la voluntad de que fueran coherentes, en la medida de lo posible, con las tradiciones, con los materiales y con la mano de obra disponibles en la zona. En algunos casos se ha tratado de simples proyectos; en otros, de maquetas y modelos, construidos muchos de ellos a escala real; en otros más, de ensayos con elementos menores (escaleras, recrecidos, verandas); en otros, de proyectos de edificios construidos y cubiertos, en parte o en todo, por estructuras ligares de fábrica. Para el diseño y construcción de cada uno de ellos he realizado análisis de diferentes viabilidad (energética, de coste, etc.) con la intención de evaluar las posibilidades de utilizar la construcción tabicada en aquel contexto industrial, económico y social. *** El ámbito de esta tesis no es, por lo tanto, exclusivamente técnico. He necesitado de las herramientas de la técnica, pero también de las de la historia y la antropología. Desearía que este trabajo fuera leído como una puesta en valor de la construcción tradicional, desde una óptica estrictamente técnica, utilitaria; y, también, como una reivindicación de la historia y la antropología como disciplinas prácticas, necesarias para completar, con sus datos y metodologías, a la técnica.

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Introducción

2. INTRODUCCIÓN A LAS BÓVEDAS TABICADAS. HISTORIA, CONSTRUCCIÓN, MECÁNICA Y PRODUCCIÓN. 2.1. Introducción 2.1.1. Generalidades 2.2.2. Breve historia de la construcción tabicada 2.2. Materiales de construcción 2.2.1. Rasillas y morteros. Características generales 2.2.2. Resistencias 2.2.3. Otras características 2.3. Construcción de bóvedas tabicadas. El ladrillo en el aire 2.3.1. 2.3.2. 2.3.3. 2.3.4.

Bóvedas cilíndricas Escaleras Cúpulas La arista en la construcción tabicada

2.4. Mecánica de las bóvedas tabicadas 2.4.1. 2.4.2. 2.4.3. 2.4.4.

Antecedentes. La construcción cohesiva El enfoque del equilibrio Aproximaciones contemporáneas Procedimientos actuales de diseño y comprobación

2.5. Análisis de producción y costes 2.5.1. Estudios previos 2.5.2. Valores actuales 2.5.3. Bóvedas tabicadas y producción industrial


Introducci贸n


Introducción a las bóvedas tabicadas

2.1. INTRODUCCIÓN A LAS BÓVEDAS TABICADAS. Este capítulo no hubiera tenido sentido hace sólo tres décadas. En ese momento, cualquier arquitecto o arquitecto técnico que ejerciera en España sabía bien lo que era una bóveda tabicada. Conocía el procedimiento necesario para su construcción, era capaz de estimar sus empujes, tenía una idea de sus costes de producción. Hoy, muy pocos técnicos conocen estas técnicas. La construcción de bóvedas tabicadas ha desaparecido casi por completo no sólo de la práctica constructiva, sino también de la teoría que se enseña en las escuelas. He creído, por ello, necesario incluir un capítulo introduciendo este sistema.

2.1.1. Generalidades. Una bóveda tabicada es una estructura de fábrica, muy semejante a cualquier otra bóveda de este material. El diccionario de la Real Academia Española la define como la “obra de fábrica curvada, que sirve para cubrir el espacio comprendido entre dos muros o varios pilares” y que “se hace de ladrillos puestos de plano sobre la cimbra, unos a continuación de otros, de modo que viene a ser toda la bóveda como un tabique”. Efectivamente, las bóvedas tabicadas se diferencian de otras bóvedas convencionales en que están formadas por una o varias hojas o roscas de ladrillo, colocados éstos de tabla y habitualmente tomados, en la primera de esas roscas, con mortero de fraguado rápido. Pero también, en contra de lo que afirma el diccionario de la RAE, se diferencia de otras bóvedas en que no siempre son necesarias cimbras o encofrados para su construcción; existe la posibilidad, en determinadas condiciones, de colocar el ladrillo al aire, sin más referencias que algunos hilos y marcas para el replanteo. Las bóvedas tabicadas se caracterizan también por su ligereza y por su facilidad para adoptar cualquier forma. Adaptabilidad formal y ligereza van de la mano: mediante la técnica tabicada es posible construir todo tipo de superficies ligeras, sea cual sea su complejidad, siempre que se respeten algunos principios básicos de equilibrio.

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Introducción a las bóvedas tabicadas “Viene a ser toda la bóveda como un tabique”, dice el diccionario. Una bóveda tabicada puede ser, en efecto, una suerte de tabique curvo (y en esa curva está el secreto de su capacidad resistente, como en cualquier otra estructura abovedada) pero también una estructura de más sección que un tabique, ya que se puede añadir, o doblar, una nueva rosca sobre la anterior. Es posible construir bóvedas tabicadas de una, dos, tres, cuatro o más roscas; es posible también adherir costillas de diferente espesor al trasdós o al intradós de la bóveda en las zonas en las que sea necesario; es posible y sencillo construir, en suma, una estructura tabicada extremadamente precisa en su forma, también en su sección, que responda de forma directa al problema estructural que plantea un esquema de cargas concreto. Una cualidad que hace de las bóvedas tabicadas, como veremos más adelante, un sistema óptimo desde el punto de vista de las necesidades de material y, en consecuencia, de la eficiencia energética de los procesos de construcción.

2.1.2. Breve historia de la construcción tabicada. El origen de la bóveda tabicada, como el de otros sistemas de construcción de bóvedas sin cimbra, es todavía motivo de discusión en foros académicos. Es obvia la relación con las primeras bóvedas conocidas, construidas en Mesopotamia y Egipto hacia el 4000 aC, y su cercanía conceptual a las bóvedas romanas de hormigón, en las que el ladrillo, colocado de plano, era empleado como encofrado perdido. Pero no es fácil establecer una línea directa entre estos antepasados ilustres y las primeras bóvedas tabicadas conocidas, construidas alrededor de 1400. Simplificando el problema, se manejan tres teorías: a) las bóvedas tabicadas serían herencia de la tradición romana (Bassegoda 1977); b) procedentes de la tradición árabe, las bóvedas tabicadas habrían sido introducidas por éstos en distintas regiones mediterráneas entre los siglos IX y XII (González 2000) y c) las bóvedas tabicadas serían un desarrollo de la arquitectura popular medieval (Bergós 1965) y pertenecerían a la familia de las construcciones vernáculas abovedadas sin cimbra, cercanas por ello a los trulli italianos o los chozos extremeños. Los primeros ejemplos fechados, en diversas cubiertas de edificios religiosos en Cataluña, datan de principios del siglo XV, y han sido glosados por numerosos autores (Bassegoda 1977; recientemente Fortea 2009). También se ha estudiado el empleo de estas bóvedas en la arquitectura popular, aunque datar estos ejemplos es con frecuencia mucho más complicado. En amplias zonas de Cataluña y Valencia es posible encontrar masías y viviendas construidas con esta técnica, y diversos restos arqueológicos acreditan que el sistema se usaba desde antiguo en la construcción vernácula de ambas zonas: a veces, en elementos menores (escaleras, pequeños porches o cubiertas de cabañas de campo); otras, en la construcción de viviendas completas. Sea como fuere, ya desde estas primeras bóvedas la técnica aparece configurada tal y como se ha transmitido hasta hoy, excepción hecha de las mejoras en los materiales que llegarían, principalmente, en el siglo XIX. Las primeras referencias escritas a la técnica de construcción tabicada aparecen en el conocido tratado de Fray Lorenzo de San Nicolás Arte y uso de Arquitectura (1633). La descripción que Fray Lorenzo ofrece del sistema permite suponer que la técnica era no sólo conocida y empleada con cierta frecuencia (son numerosos los edificios construidos con esta técnica en la época) sino, además, comprendida, en lo posible, desde un punto de vista estructural.

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Introducción a las bóvedas tabicadas Fray Lorenzo describe el proceso de construcción de estas bóvedas (y afirma que es posible construirlas sin cimbra), estudia los empujes que genera y ofrece otras muchas indicaciones sobre el sistema, analizando la conveniencia de emplear lengüetas, refuerzos, rellenos y tabiquillos de diferentes tipos. También estudia diferentes posibilidades formales para construir bóvedas y cúpulas de fábrica, y estima que todas son factibles con la técnica de construcción tabicada. Todas sus descripciones, de compleja interpretación en algunos casos, permiten suponer que la técnica tabicada había desarrollado ya entonces todas o casi todas las estrategias que hoy conocemos. En el siglo XVIII la técnica tabicada, común ya en construcciones abovedadas en toda España, vivió una primera migración y empezó a emplearse en Francia, en parte por la expansión hacia el norte de las tradiciones del Rosellón, una zona de influencia catalana, y en parte por las virtudes que el Conde d’Espie atribuyó al sistema en su texto de 1754 Manière de rendre toutes sortes d’edifices incombustibles 1 . En el siglo XIX se produjo una extraordinaria difusión de las bóvedas tabicadas, motivada, principalmente, por los materiales mejorados que llegaron con la revolución industrial: el ladrillo se hizo cada vez más durable y ligero, y yesos de calidad estuvieron disponibles en amplias zonas de España a precios razonables. Por todo ello, la construcción de bóvedas tabicadas compitió durante todo el siglo con otros sistemas industriales en igualdad de condiciones. La técnica tabicada, además, demostró entonces que era muy versátil, y que podía combinarse con relativa facilidad con acero o vidrio. Era, por ello, ideal para construir en los estilos arquitectónicos que dominaron el siglo, fueran historicistas o modernistas. Esto permitió que las bóvedas se usaran no sólo en forjados, escaleras y naves de iglesias, sino también en otros edificios, desde auditorios hasta naves industriales. Los arquitectos más importantes del siglo utilizaron el sistema, e incluso A. Gaudí hizo de su empleo razonado (los primeros modelos de cálculo gráfico se desarrollaron mucho en esos años) una seña de identidad. A finales del siglo XIX la construcción de bóvedas tabicadas empezó a ser entendida desde un punto de vista rigurosamente industrial, y su empleo bajo patente cristalizó en proyectos internacionales tan interesantes como el de R. Guastavino, quien las exportó con notable éxito a los Estados Unidos (VVAA 1999). La bóveda tabicada ya había viajado a América Latina, y viajaría después, en diferentes momentos, a Argelia (Lathuilliere 1945), Alemania (Rank 1962), Italia (Imbornone 1992) o Rusia (Kolli 1943) en otras experiencias industriales, en todos los casos de menor escala. A medida que avanzaba el siglo, los sistemas industriales de construcción de estructuras hoy habituales (acero y hormigón armado) fueron desplazando progresivamente a las bóvedas tabicadas. El sistema renació brevemente tras la guerra civil, dada la carestía de acero que siguió a la contienda, pero languideció hasta desaparecer del panorama de la construcción industrializada (reconstrucción y rehabilitaciones aparte) en las últimas décadas del siglo XX. 1. “Forma de hacer incombustibles todo tipo de edificios”. Algunas de las virtudes que el autor atribuía a las bóvedas tabicadas eran erróneas: d’Espie estimaba, por ejemplo, que no producen empuje alguno. Muchos autores posteriores asumieron estas ideas. Avanzado el siglo, en lo que J.L. González llama “la paradoja de la redifusión [de la bóveda tabicada] en España” (González 2004, xxvii) el tratado de d’Espie se publicó y difundió aquí, traducido en 1776 por Joaquín de Sotomayor. Incorporaba una Censura de Ventura Rodríguez, en la que el arquitecto afirmaba que las bóvedas tabicadas sí empujan, y defendía la necesidad de estribar las estructuras, o atirantarlas convenientemente.

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Materiales de construcción

2.2. MATERIALES DE CONSTRUCCIÓN. En el siguiente apartado se describen y caracterizan tanto los materiales que componen estas bóvedas como el material fabrica. Se ofrecen datos generales sobre ladrillo, morteros y fábricas, basados en estudios de todo tipo: en muchos casos las referencias son a estudios actuales; en otros he considerado conveniente recurrir a tratados históricos, ya que suelen incluir datos más específicos sobre los materiales empleados en la construcción de este tipo de bóvedas.

2.2.1. Rasillas y morteros. Generalidades. Ladrillos y rasillas. Para construir bóvedas tabicadas se emplea un ladrillo manejable y ligero. Hasta el siglo XIX lo habitual era emplear ladrillo de tejar de pequeño tamaño, incluso de 20x10x4 cm., aunque hay ejemplos de construcciones de este tipo realizadas con ladrillos de 30x15x5, de casi 2 kg. de peso y complicada colocación. Este tipo de ladrillo fue superado por la cerámica que llegó con la revolución industrial. Desde ese momento, y hasta ahora, se emplean en la construcción de bóvedas de este tipo desde galletillas huecas de 20x10x2,5 y 0,4 kg. de peso hasta ladrillos huecos de 24x12x4 y 0,7 kg. de peso, pasando por rasillas de distintos tamaños (en Cataluña, por ejemplo, son habituales las macizas de 29x14,5x1,5 y 1 kg de peso). Estos ladrillos se usan en la primera rosca, pero no siempre en las sucesivas, que pueden pasarse con piezas de mayor peso y tamaño. En estas piezas, como en otras de fábrica, es importante una cierta homogeneidad formal, coloración uniforme, etc. Sin embargo, entre las características más importantes de estas piezas (la calidad a la que muchos manuales antiguos hacen referencia) se encuentran detalles que habitualmente no se aprecian, o que se consideran incluso defectos del material, como es la curvatura que acompaña a la galletilla, que posibilita, si ésta se coloca correctamente, una mejor adaptación del ladrillo a la forma de la bóveda (véase 2.03).

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Materiales de construcción Entre los valores más importantes asociados a la calidad de estas piezas en los tratados está la solidez de las aristas: Truñó afirma que para que la rasilla sea “de la mejor calidad” debe tener “aristas bien cortadas” (2004, 6). Unas aristas sólidas son fundamentales ya que, como se estudiará en el capítulo dedicado a la mecánica, lo contrario puede generar problemas de cedencia del material. Morteros. Los morteros que se emplean en la construcción de bóvedas tabicadas son de dos tipos. En la construcción de la primera rosca (cuando ésta se construye sin cimbra alguna, al aire) se emplean morteros de fraguado rápido. El más común es el de yeso. Habitualmente se utiliza yeso sin aditivo alguno, simple sulfato cálcico semihidrato 2 . Para garantizar una buena adherencia es fundamental la preparación correcta de las masas, empleando las proporciones exactas de agua y yeso, que deben mezclarse despacio, para evitar que el segundo seque antes de lo debido. El yeso se amasa al modo tradicional, vertiendo poco a poco varias almorzadas sobre agua limpia en una artesa o un esportón, hasta que el yeso cubra el agua, sin remover en ningún momento la mezcla. El oficial sólo bate con el paletín la cantidad necesaria para untar cada pieza; de este modo, dispone siempre del yeso con la untuosidad precisa. Hecho esto, se suele dejar reposar la mezcla unos segundos antes de empezar a colocar la rasilla. A medida que se avanza con la obra, se añade más agua y se mezcla más yeso. Como media de las pruebas realizadas estimamos una relación agua-yeso de 0,6-1, un tiempo de espera de 1-2 minutos, un tiempo de utilización de la mezcla de 10 minutos y un plazo de endurecimiento de unos 15 minutos más. El yeso ha de ser limpio y de excelente calidad. Truñó afirmaba que en la Cataluña de los 40 y 50 del siglo XX “el yeso se emplea muy poco debido a los inconvenientes que presenta en nuestra región, consistentes en las variaciones de volumen, aumentando al endurecerse y aún a veces después de ya endurecido, al mojar la hilada para pasar los gruesos restantes. […] El agua lo reblandece, dejando inútil el grueso de rasilla que con él se ha colocado” (Truñó 2004, 6). Guastavino tampoco lo recomendaba (Huerta 1999, 94) por idénticos motivos. Sólo un buen yeso puede emplearse sin riesgos en la construcción de primeras hojas, aunque siempre es conveniente diseñar disposiciones constructivas para evitar su degradación. También se pueden emplear otros aglomerantes para esta primera hoja. El cemento rápido ha sido habitual en muchas construcciones tabicadas, dada su mayor durabilidad en determinadas condiciones. Las desventajas que presenta son su fraguado más lento, (que lo hace, en palabras de Truñó, “más caro por exigir que el albañil, cuando trabaja sin cercha, tenga que sostener a mano la rasilla más tiempo” (2004, 6 y 7)) y su menor manejabilidad. En la construcción de segundas y terceras roscas no es necesario un fraguado rápido, por lo que es posible emplear todo tipo de morteros. Se empleaban tradicionalmente morteros de cal y puzolana, que conferían a la fábrica una menor rigidez que los morteros de cemento que empezaron a usarse en el siglo XIX. Estos primeros morteros blandos eran más compatibles con el yeso de la primera rosca. Para las experiencias realizadas hemos empleado casi en todos los casos morteros mixtos de cal y cemento, habitualmente tipos M7,5 a M-15 con dosificaciones cemento-cal-arena de entre 1-0.5-4 y 10.25-3. 2. En general, un B1 (YG en la denominación tradicional) conforme con UNE-EN 13279-1:2006 (EN 132791:2005). No se recomienda emplear yesos controlados o aditivados.

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Materiales de construcción

2.2.2. Resistencias. Compresión y tracción. La resistencia a compresión del ladrillo cerámico es muy variable, y depende del material de base, de la temperatura de cocción, etc. Para las piezas que se emplean tradicionalmente en la construcción tabicada, los valores habituales se mueven entre los 15 y los 35 N/mm 2 . Su resistencia tracción, como la de otros materiales de este tipo, es muy baja, y puede estimarse en un 2,5 % de la de compresión. Por lo que se refiere a los morteros, la resistencia estimada para los tradicionales de cal y puzolana es, de media, algo menor que la del ladrillo. En general, tanto para estos morteros como para el yeso de la primera rosca se estimaron en el XIX valores de entre 2 y 15 N/mm 2 a compresión. A tracción, se estimaban entre 0,1 y 1 N/mm 2 . Las fábricas, siendo combinación de ambos materiales, heredan propiedades de ambos, aunque sus resistencias dependen también de una ejecución correcta (espesor de las juntas, aparejo de la fábrica, etc.). Parece lógico pensar que, por lo que toca a la resistencia a compresión de la fábrica, ésta sea siempre superior a la del mortero e inferior a la del ladrillo. Existen innumerables estudios sobre este pormenor: el realizado por Delbeq, que se resume en la tabla siguiente, relaciona la resistencia a compresión de bloques y morteros, sin tener en cuenta el espesor de las juntas. Tabla 2.1. Resumen de una tabla de resistencia de fábricas en función de las resistencias de sus componentes elaborada por Delbeq y recogida por Huerta (2004, 25)

Resistencia del bloque (N/mm 2 )

Resistencia característica a compresión simple de la fábrica en función del tipo de mortero escogido (N/mm 2 ) M4 (28 días M3 (28 días M2 (28 días M1 (28 días - 2,5 N/mm 2 ) - 5 N/mm 2 ) - 10 N/mm 2 ) - 20 N/mm 2 )

2,0

1,3

1,4

1,4

1,4

5,0

2,9

3,3

3,4

3,5

7,0

3,5

4,1

4,5

4,9

10,0

4,1

4,7

5,3

6,2

15,0

5,1

5,9

6,7

8,2

20,0

6,1

6,9

8,0

9,7

30,0

7,2

8,6

10,2

12,0

40,0

8,1

10,4

12,0

14,3

60,0

_

_

16,0

18,8

En lo que se refiere a las bóvedas tabicadas, estos valores presentan algunos problemas. En una bóveda de este tipo la compresión se ejerce paralelamente a la junta continua (y no de forma perpendicular, como en una fábrica habitual o en una bóveda de rosca), lo que puede permitir que la bóveda se deshoje (Huerta 1999, 88) por efecto de la compresión. Es posible evitar este problema con algunas disposiciones constructivas (costillas de refuerzo, tabiquillos, etc.) pero los valores así obtenidos estarían distorsionados.

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Materiales de construcción Con todo, la mayor parte de los ensayos realizados específicamente sobre bóvedas tabicadas ofrecen valores semejantes a los del cuadro: Guastavino obtuvo 14,6 N/mm 2 para una bóveda de tres roscas. Hay que reseñar que estos ensayos siempre incorporaban rellenos, o alguna de las disposiciones constructivas antes mencionadas. Por lo que se refiere a la resistencia a tracción de las fábricas, ésta se ha considerado siempre despreciable. Lo cual no acaba de ser del todo cierto: volviendo a las fábricas empleadas para la construcción de bóvedas tabicadas, todos los ensayos realizados ofrecen valores razonables (los de Guastavino ofrecieron resultados de rotura a tracción de unos 2 N/mm 2 . Él mismo había obtenido, como se ha dicho, 14,6 N/mm 2 para la misma fábrica a compresión: la resistencia a tracción suponía un 13,5% de esta última). Pero el problema no estriba en los valores resistentes, sino en la fragilidad de estos sistemas, y en su tendencia a agrietarse bajo prolongadas solicitaciones de tracción o flexión; agrietamientos que, en determinadas condiciones, pueden conducir al colapso de la estructura. Es este motivo el que desaconseja estimar resistencia alguna a tracción, como sucede, por lo demás, con cualquier otro material compuesto de este tipo.

Figuras 2.1 a, b, c y d. Ensayo de carga de una bóveda tabicada, realizado por la Guastavino Co. En Nueva York, en 1910. (VVAA 1999, 291). Bocetos de ensayos de trascción, cortadura y flexión realizados por la Guastavino Co. (Huerta 1999, 95)

La resistencia a cortante. La resistencia a cortante de las fábricas no tiene una relación tan directa con la resistencia del ladrillo o del mortero. Es evidente que estos factores influyen, pero también lo hacen el rozamiento entre mortero y ladrillo, la traba o la compresión a la que estén sometidas las juntas. En general se estima que es razonable emplear para relacionar resistencia a compresión y resistencia a cortante el concepto de rozamiento seco (ζ=ζ 0 +tgΦ, siendo ζ la resistencia a obtener, ζ 0 la resistencia a cortante para una cohesión cero entre piezas y Φ el ángulo de rozamiento interno). Para los morteros empleados en bóvedas de este tipo, la cohesión es muy baja, por lo que suele despreciarse: el rozamiento entre mortero y fábrica es lo que evita el fallo por cortante, muy poco común en estructuras de este tipo. Nuevamente Gustavino estudió el tema y obtuvo unos resultados en ensayos de resistencia a cortante de 0,9 N/mm 2 para la mencionada bóveda de tres hojas.

2.2.3. Otras características. La adherencia mortero-ladrillo. Desde el punto de vista de la construcción de bóvedas tabicadas tal vez el más interesante de estos valores sea el de la adherencia, para la que se puede estimar un valor de entre 0,1 y 1 N/mm 2 entre mortero de yeso y ladrillo. Esta propiedad es fundamental para garantizar una buena colocación, estable y segura. El tiempo en que se consigue esta adherencia es también un parámetro importante.

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Materiales de construcción El margen de 0,1 a 1 N/mm 2 puede parecer demasiado amplio, pero incluso el menor de estos valores es suficiente para construir una bóveda tabicada. Por lo general, como se describirá después en el apartado dedicado a los procesos, cada rasilla se colocará pegada a otras rasillas al menos en dos de sus caras. En la posición más desfavorable, con la rasilla completamente horizontal, no hay apoyo directo en las piezas laterales, por lo que la rasilla debe sostenerse con la sola ayuda de la adherencia del mortero a éstas. Una pieza de 20x10x3 contaría con (200 + 100) x 30 = 9000 mm 2 , casi 900 N contra los 0,5x9,8=4,9 N (no se han considerado excentricidades), que ejerce la pieza. Algunas pruebas realizadas por el oficial para comprobar los materiales dan una idea interesante sobre las necesidades de adherencia del mortero, y de la importancia de la velocidad con la que se alcanza esa adherencia. Habitualmente el oficial unta el canto de una rasilla con yeso y la pega, en vertical, contra el muro de fábrica, tal como ilustra el dibujo. Si la rasilla queda fija los materiales, fundamentalmente el yeso, serán suficientes para un buen pegado. Para una rasilla de 20X10X2,5 cm., de unos 0,5 kg. de peso, el estado vendría a ser el que se aprecia en la imagen. En la dirección paralela al plano AB de agarre, de 25x200=5.000 mm 2 , se distribuye una reacción de 0,5X9,8=4,9 N. En dirección perpendicular al plano, las acciones son las siguientes: 4,9X50=133x(200xµ)/2, µ=0,02 N

Figuras 2.2 a y b. Comprobación de adherencia realizada por el oficial.

Es decir: la fibra más solicitada lo está muy por debajo del valor del 0,1 N/mm 2 estimado. Este tipo de pruebas no buscan en realidad comprobar que la adherencia es suficiente para pegar una pieza (cosa que se da por hecha) sino regular la mezcla de yeso y controlar los tiempos. Dicho de otro modo: el valor de 0,1 N/mm 2 dado no interesa al oficial; lo que éste precisa saber es cuanto tiempo deberá retener la pieza con su mano hasta que ésta pueda ser estable. En las pruebas realizadas, el tiempo de sostén necesario, empleando pasta de yeso y un ladrillo hueco de 24x12x4 y 0,7 kg de peso, suele rondar los 7 segundos. Con un mortero de cemento rápido, los 15 segundos, aproximadamente. Otros valores. Otras muchas características técnicas de los materiales de construcción empleados habitualmente en la construcción de bóvedas tabicadas son de interés para este estudio. En el capítulo 4 de la presente tesis se estudian otros valores, (parámetros térmicos, acústicos o de consumo energético de estos materiales) y se comparan con otras soluciones constructivas. También se estudian algunas alternativas, como el bloque de tierra compactada. Tanto los valores que se han tomado en esta introducción como los que se tratan en el capítulo 4 son generales. Por el contrario, los estudios del capítulo 6 sí son particulares, ya que se ha partido de muestras de materiales específicos de las zonas en las que hemos trabajado. En muchos casos, los valores obtenidos no son ni tan siquiera semejantes a los vistos en este apartado. Los valores de la caracterización del anexo III de la presente tesis sí corresponden a estos materiales.

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Construcción de bóvedas tabicadas.

2.3. CONSTRUCCIÓN DE BÓVEDAS TABICADAS. EL LADRILLO EN EL AIRE. Las bóvedas tabicadas pueden construirse con o sin cimbra. El proceso de construcción de una bóveda tabicada con cimbra no es diferente del de cualquier otra bóveda de piedra o ladrillo: instalada la cimbra, a modo de molde o encofrado, se colocan sobre ella los ladrillos o rasillas, de plano, tomados con mortero, disponiéndose tantas vueltas o roscas como se haya previsto. Endurecido el mortero, la bóveda se desmolda cuidando de que el descenso de la cimbra no afecte al equilibrio del sistema. Es posible construir bóvedas tabicadas con este método empleando pequeñas cimbras deslizantes, como se verá más adelante en algunos ejemplos. Existen, incluso, patentes en las que la técnica ha evolucionado, permitiendo prefabricaciones parciales o totales de algunos elementos. Sin embargo, las bóvedas tabicadas se asocian habitualmente con la construcción sin cimbra, o al aire 3 . La posibilidad de construir sin cimbra hace de las bóvedas tabicadas una herramienta idónea para cubrir espacios en condiciones de carestía de madera de encofrado. Es por este motivo por lo que son de interés para la presente tesis. Mucho se ha escrito sobre la construcción sin cimbra de estas bóvedas. Para construir una bóveda tabicada sin cimbra es necesario disponer de los materiales adecuados (los mencionados en el capítulo anterior: ladrillo ligero y morteros de fraguado rápido, esencialmente) pero también conocer la técnica de construcción, consistente en respetar en lo posible –o más bien no incumplir demasiado, como se verá en las descripciones siguientes- las leyes de equilibrio durante el proceso, colocando siempre el ladrillo de forma que la adherencia entre éste y el mortero garantice lo mejor posible la estabilidad provisional de cada pieza sin comprometer al conjunto; e ir cerrando hiladas, sean arcos o anillos, para estabilizar mecánicamente la estructura a medida que se avanza con la construcción. 3. En España se emplean términos como bóveda catalana, bóveda extremeña, volta de maó de pla o simplemente bóveda tabicada para definir variantes formales, de proceso o regionales. En lo sucesivo, emplearemos de forma genérica el término bóveda tabicada para referirnos a una estructura abovedada con ladrillos colocados de plano, y diremos que ha sido montada al aire si se ha prescindido de encofrado.

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Construcción de bóvedas tabicadas. El proceso de construcción de una de estas bóvedas es fácil de describir, aunque su puesta en obra real es compleja y requiere de conocimiento y destreza por parte del oficial. Se acompañan a continuación tres descripciones generales, muy breves, de la construcción de bóvedas, escaleras, cúpulas y aristas tabicadas. Una descripción más detallada de los procesos de construcción de estas y otras bóvedas tabicadas puede encontrarse en Truñó 2005.

2.3.1. Bóvedas cilíndricas Casi todos los manuales sobre construcción tabicada (Moya 1993, Truñó 2005) arrancan con la descripción de la construcción de una bóveda cilíndrica rebajada de sección recta. Estas bóvedas son sencillas en lo formal, y también lo son su replanteo y construcción al aire. Replanteo. El replanteo de una bóveda tabicada es la clave del éxito de su funcionamiento. La estabilidad de una estructura de fábrica depende de la correcta elección, composición y dimensionado de sus formas. No es la resistencia del material de una bóveda lo que posibilita su estabilidad, sino la forma de ésta y su relación dimensional con el resto de elementos de una estructura. El replanteo y puesta en obra de las formas diseñadas cobra por ello especial importancia en las estructuras de fábrica. El proceso de replanteo arranca con el trazado de la curva del tablero sobre los muros testeros. Para ello es habitual emplear una regla flexible, apoyada en varias marcas, o un cordel desde el centro del cilindro si la altura del muro lo permite. Hecho esto, habitualmente se tiran de uno a otro muro varios cordeles (uno cada 1,5 m. en planta, aproximadamente) bajo la cara inferior de la bóveda a construir. Éstos servirán como guías para la colocación de las rasillas. Cuando la distancia entre muros es muy grande, o se pretende incluir algún quiebro en la estructura, pueden emplearse cerchas o formas de diversos tipos para aumentar la precisión del replanteo de hilos. Sobre la traza marcada en el muro suele hacerse una pequeña roza, de modo que sea posible empotrar en ella la rasilla. La intención de esta roza es doble, ya que ayuda a la sujeción provisional de la rasilla durante la ejecución y facilita la transmisión de los esfuerzos de la lámina al muro y el trabajo conjunto de ambos, sin fisuras, una vez terminada ésta. La primera rosca. Terminado el replanteo se inicia la construcción de la primera rosca. La rasilla que se coloca en esta hoja no se humedece (Truñó afirma que “deben ser mojadas con regular antelación y al colocarse deben estar ligerísimamente húmedas y limpias de polvo” (2005, 6)) ya que su empleo en seco facilita el pegado rápido del yeso sobre ella. Tampoco se humedece el muro de soporte, por el mismo motivo. La rasilla que se utiliza en la segunda rosca sí que se sumerge en agua, como cualquier otra pieza de una obra de fábrica.

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Figuras 2.3 a, b, c, d y e. Tirada de hilos para la construcción de una bóveda escarzada. Materiales utilizados en la construcción de la escalera tabicada. Para la primera rosca se emplea rasilla seca. La segunda y siguientes se realizan con rasilla húmeda. Mezcla del yeso y enllardado de una rasilla.


Construcción de bóvedas tabicadas. La primera rasilla que se coloca es la que apoya en la esquina entre el muro testero y el muro de apoyo. El albañil toma una pieza y estudia su curvatura, para colocarla a favor de la curva principal del tablero. Después unta con mortero rápido (enllarda) la rasilla seca por sus dos caras de apoyo, aplicando el mortero con el paletín hasta dejar en cada cara un volumen suficiente (en sección, el mortero debe formar un triángulo equilátero sobre la testa y el canto del ladrillo). Después coloca la pieza en su posición exacta y la golpea con el paletín de forma seca, ajustándola al ángulo en el que apoya. Hecho esto, y sin mover la pieza en ningún momento, la sujeta con la mano o con la punta del paletín durante unos segundos, retirando el apoyo cuando la pieza se sostiene por sí sola. Para que esto suceda tienen que cumplirse, como es lógico, las condiciones de adherencia descritas en el apartado dedicado a los materiales. Este proceso se repite en todas las piezas de la primera rosca. Normalmente las rasillas de la primera hoja se colocan a matajunta (aunque es posible diseñar cualquier tipo de aparejo), por lo que es necesario cortar una de cada dos piezas en el arranque. Si la bóveda no fuese recta y la curvatura del tramo acabase forzando a que las juntas de dos rasillas contiguas estuvieran alineadas sería necesario cortar también una pieza intermedia para evitar esa alineación de las juntas. El orden de colocación de ladrillos o rasillas es fundamental para la estabilidad de la primera rosca durante su ejecución. Si el mortero es suficientemente rápido, es posible ir cerrando arcos sucesivos, tal como ilustra la figura 2.5c. Si no es así, lo habitual es formar una suerte de triángulo cuyos lados rectos descansen en los muros testero y de apoyo. De este modo cada rasilla colocada descargará provisionalmente no sólo sobre las piezas sobre las que apoya directamente sino, además, sobre todas las de las hiladas anteriores. El sistema es, así ejecutado, una interpretación ligera de las conocidas bóvedas nubias o recostadas, ya que la bóveda se arranca por dos puntos al tiempo, las dos esquinas entre los muros, que van avanzando a la vez. Figuras 2.4 a, b, c y d. Roza para alojar una bóveda tabicada. Sección ideal de la misma, según Truñó. Avance de una bóveda cilíndrica el el manual de Moya y en la tradición tunecina. (Trunó 2004, 184; dibujo del autor sobre Truñó 2004, 25; Moya 1993, 20 y Churtichaga 2001, 12).

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Construcción de bóvedas tabicadas. Este procedimiento permite no comprometer la estabilidad de la parte ya construida de la bóveda. La hipotenusa del triangulo rectángulo mencionado es en realidad un arco entre muros: las zonas en voladizo de cada una de las piezas (marcadas A en la imagen adjunta) estará sujeta por la adherencia del mortero rápido, pero el resto (zona B) será estable independientemente de este hecho. A medida que se van cerrando hiladas y cada una de ellas va siendo estable, la hipotenusa del triángulo marcado Figuras 2.5 a, b, c d y e. Untado y colocación de las primeras rasillas contra la zapata de arranque. Colocación de rasillas de la primera rosca.

Segundas y terceras roscas. Al tiempo que avanza con la primera rosca, el oficial debe ir detrás volteando o pasando segundas y terceras roscas. En función de la unidad que estemos construyendo, tal vez sea necesario pasar segunda y sucesivas casi inmediatamente después de la primera, ya que al avanzar demasiado con ésta podríamos impedir el acceso a la zona en la que hay que colocar las siguientes. Segundas y terceras roscas deben, además, cumplir la condición montar siempre sobre hiladas ya cerradas de la primera rosca. Lo contrario podría comprometer la estabilidad provisional del sistema. Las roscas segunda y siguientes suelen ir montadas a matajunta sobre las anteriores. Guastavino y otros autores diseñaron aparejos para solapar juntas en bóvedas de cuatro o más roscas, incluyendo piezas colocadas a 45º. Lo habitual es emplear un sistema más sencillo: si la bóveda es de tres roscas, se avanzan los solapes a tercios en la dirección longitudinal de la rasilla: la tercera rosca monta dos tercios sobre la segunda, que monta a su vez dos tercios sobre la primera. En la dirección transversal, el aparejo puede ser a tercios, o a medios: las llagas de la primera y tercera rosca suelen ser coincidentes. Segundas y terceras roscas pueden ejecutarse con la misma rasilla que la primera, o con piezas de mayor peso y tamaño. Se colocan húmedas, con morteros de cal, puzolana o cemento. El mortero se aplica en la tabla de la rasilla, no necesariamente en testa y canto, o se tira directamente sobre la primera rosca bajo la zona que vamos a recibir. Cada pieza se coloca con un ligero restregón, que permite rellenar llagas y tendeles. La humedad de la rasilla posibilita en este caso que el mortero seque de forma más lenta, lo que mejora la unión entre ambas roscas. Terminación y rellenos. Sobre la última rosca podrán construirse los tabiquillos, refuerzos o rellenos que se hayan previsto. También éstos suelen hacerse al tiempo que se avanza con la bóveda. En los rellenos, sean de hombros o de espacio entre tabiquillos, se emplean los restos de cascote que quedan de la ejecución de los tableros, tomados con mortero.

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Construcción de bóvedas tabicadas. Una obra de este tipo apenas genera residuos, ya que los pocos que puedan producirse se emplean en rellenos como este. Esta capacidad de reciclaje útil de los residuos es una de las virtudes más interesantes de la construcción tabicada desde el punto de vista del consumo energético y la gestión de residuos.

2.3.2. Escaleras Las bóvedas tabicadas han sido muy utilizadas para la construcción de escaleras. Las bóvedas de escalera son, en general, semejantes a las cilíndricas, aunque su forma suele ser la de una catenaria invertida, tal como se estudia en el capítulo dedicado a la mecánica. En ocasiones, la escalera está compuesta de varios tramos; entonces, la estructura es la suma de pequeñas bóvedas, ninguna de las cuales es de sección recta; hay pequeños esviajes en el replanteo que hacen que las superficies a construir sean, en realidad, superficies no regladas. El proceso de construcción, excepto en lo tocante al replanteo y a algún otro detalle que se comentará en su momento, es muy semejante al de una bóveda recta rebajada, aunque incluye algunas reflexiones sobre el encuentro entre superficies laminares que pueden ser de interés. Replanteo y geometría.

Figuras 2.6 a y b. Regla flexible y trazado del tablero. Planta y alzados de una escalera de dos tramos.

La traza de la escalera se hacía de un modo intuitivo. Habitualmente se partía del peldaño central, suponiendo que es aproximadamente allí donde el tablero estará más cerca del piso terminado, y se marcaban bajo él, perpendicularmente a la línea de máxima pendiente del tramo, los gruesos del tablero. Con base en ese punto, se trazaba una línea cuya curvatura mínima venía dada por la distancia al peldaño en el arranque de la escalera (doble, al menos, de la marcada bajo el escalón central) y en el desembarco (dónde la traza debía ser sensiblemente horizontal). El oficial realiza la traza a sentimiento; como se verá más adelante, la curvatura marcada de este modo no difiere demasiado de la que correspondería a una definición geométrica precisa, asociada a las líneas de empuje teóricas. Para un trazado técnicamente correcto deberíamos tener en cuenta las líneas de empuje teóricas: lo idóneo sería marcar un antifunicular de cargas sobre la línea de máxima pendiente de la zanca. Para ello podríamos haber dibujado una catenaria, empleando una cuerda o una cadena, y después invertirla con respecto de la línea de máxima pendiente. Dotar a esta catenaria invertida de una curvatura ideal hubiera implicado partir de un supuesto concreto formal (tramos rectos e inclinados) y de cargas sobre cada tramo (puntuales, repartidas, etc.), ya que son estos elementos los que modifican la escala vertical del funicular. Pero ni siquiera este complejo procedimiento sería en rigor necesario, ya que son muchas las curvaturas factibles; según demuestran los estudios sobre el comportamiento de fábricas (Heyman, 1999; Huerta, 2004), para garantizar la estabilidad del tablero es suficiente con que su sección pueda contener una línea de empujes razonable.

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Construcción de bóvedas tabicadas.

Algunos manuales ofrecían reglas simples para facilitar el trazado de todo tipo de curvas, la más común de las cuales consistía en relacionar la longitud del tramo recto con la de la curva que necesitamos asociar a él. La idea consiste en que el oficial corte una vara a curvar, con medidas proporcionales al tramo recto: para nuestro ejemplo, una vez y un tercio la medida del tramo, por ejemplo. El albañil que empleara este método podría utilizar esa vara como plantilla, ajustándola en los puntos de arranque y desembarco, para luego desplazarla verticalmente hasta que pasara por el punto mínimo marcado previamente y trazar la curva. El punto mínimo, según el procedimiento tradicional antes descrito, sería el correspondiente al peldaño central, aunque en pura teoría debería buscarse la huella más próxima al punto en que la línea de máxima pendiente y la curva son tangentes. Pero tampoco esto es necesario, ya que este no es un procedimiento matemático, sino una aproximación que permite evitar los casos extremos y problemáticos a los que se ha hecho referencia en el párrafo anterior. En un replanteo de este tipo sólo se marcan las curvas exteriores A’A, AB, BC, CD, DD’; es decir, las que están en contacto con el muro. No se instalan camones ni cerchas en las curvas A’C ni C’D’, necesariamente diferentes a AB y a CD, ni se realiza para ellas replanteo en el aire de ningún tipo. Como se verá más adelante, el albañil cuenta sólo con tres líneas; su habilidad consiste en ejecutar una superficie que las contenga. El tablero que vamos a construir es una superficie no reglada. Podríamos estimar que, en el primer tramo, las líneas generadas en cortes verticales paralelos a AB pertenecen a una familia de curvas semejantes, que se aproximan a A’C apoyándose en AA’ y BC. Esto implica que podremos encontrar una única línea recta dentro de cada tramo; la que corresponde al arranque de la primera A’A y al desembarco de la segunda DD’. Será imposible encontrar cualquier otra recta contenida en el tablero, ya que CB es curva, como también lo serán todas las contenidas en cortes verticales paralelos a CB. Lo mismo sucederá con el segundo tramo; DD’ es recta, pero CC’, contenida en A’C, es curva 4 .

Figuras 2.7 a y b. Cierre de la primera rosca.

4. En la escalera realmente construida BC se trazó recta debido a lo ajustado del ámbito, de apenas 80 cm. Sí se mantuvo una diferencia de cota entre B y C en altura, de aproximadamente 5 cm. De haberse tratado de un ámbito mayor BC se hubiera replanteado curva, del mismo modo que el resto de los tramos.

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Construcción de bóvedas tabicadas. El Arranque. Terminado el replanteo y preparados los materiales, se levanta una pequeña zapata de fábrica en el arranque de la escalera. La misión de este elemento es servir de contención de los esfuerzos horizontales que genera el primero de los tramos en su extremo inferior, ya que el elemento no descansa sobre un muro como las bóvedas antes descritas. Es habitual empotrar este arranque en la solera para evitar deslizamientos de cualquier tipo. La primera rosca.

Figuras 2.8 a y b. Construcción y remate de la primera rosca en el segundo tramo.

La construcción de la primera rosca es similar a la de las bóvedas cilíndricas. Sucede en este caso, como se ha comentado en el apartado dedicado al replanteo, que en este tipo de escaleras sólo se marca sobre el muro la curva exterior, nunca la interior. No hay referentes ni hilos entre curvas diferentes, ambas bordes de una superficie no reglada. El albañil cuenta sólo con las tres líneas antes marcadas, y debe ejecutar una superficie que las contenga. Por ello coloca cada pieza de la primera rosca siendo consciente dónde arranca cada hilada y dónde ha de morir. En el caso del primer tramo de este ejemplo, la hilada interior A’C arranca, al igual que la exterior AB, en la zapata, pero se empotra en el muro algo más arriba que ésta. El oficial no emplea ningún elemento de replanteo para trazar la hilada interior; ningún camón, ninguna cercha. Simplemente va inclinando ligeramente cada hilada desde que empezó la primera para aproximarse al replanteo marcado. Ha colocado las piezas a sentimiento, siendo consciente en todo momento de que es la posición de cada pieza lo que debe dotar de cierta curvatura a la lámina en todas las direcciones. Llegados al final del primer tramo, el oficial remata la primera rosca contra el muro de apoyo. Para ello es necesario cortar, lógicamente, las últimas piezas. La tangente a la curva principal del tablero en el remate suele ser horizontal, no tanto porque mejore el funcionamiento de la estructura como porque minora el volumen de relleno necesario y posibilita que el arranque del segundo tramo, aún siendo curvo, no fuerce a una excesiva diferencia entre las cotas de arranque de las hiladas interior y exterior. El segundo tramo se arranca montando sobre el inicial. La primera rasilla que se coloca es, igual que en el caso anterior, la que apoya en la esquina entre el muro y el primer tramo. La pieza monta sobre el vivo superior del tablero, tal como se aprecia en la imagen, para evitar problemas de deslizamiento. Esta cuestión se estudia en el apartado dedicado a la arista en la construcción tabicada.

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Construcción de bóvedas tabicadas. Segundas y terceras roscas. Nuevamente el procedimiento es similar al estudiado en las bóvedas cilíndricas. En este caso, sin embargo, las últimas roscas se complementan siempre, en la zona de encuentro entre el primer y el segundo tramo, con una pieza que forma una boca de pato o media caña (una curva cóncava, en suma) a lo largo de toda esa línea, tal cómo ilustra la figura. La primera rosca se ha ejecutado montando en ángulo la pieza del segundo tablero sobre el vivo superior del primero. En el encuentro entre los dos tramos se coloca una línea de rasilla más, centrada y perpendicular a la bisectriz del ángulo que forman. Esta línea se remata con abundante yeso y cascote, intentando eliminar el ángulo para crear en esa zona una curva cóncava (contrariamente a todas las anteriores) sobre el tablero. La nueva curva es parte esencial de la geometría definitiva del tablero. La intención de este elemento es colaborar a transmitir correctamente las tensiones de las curvas convexas superior e inferior. Sin la nueva hilada el tramo superior descargaría de forma lineal en el tramo inferior, algo que no resulta muy conveniente en estructuras de fábrica. La función de esta curva es desplazar esa responsabilidad estructural, en lo posible, al total de la superficie del tramo inferior y al muro de borde. Peldañeado. Terminada la última rosca se procede a peldañear la escalera. El peldañeado tiene una función similar a la de los rellenos mencionados antes. Por lo general, consiste en un simple relleno de los gruesos necesarios para alcanzar la línea replanteada, habitualmente realizado con ladrillo hueco doble tomado con mortero. Este proceso es semejante al peldañeado de una escalera cualquiera, bien es cierto que con las peculiaridades lógicas al partir de un tablero curvo. Figuras 2.9 a, b c y d. Arranque de la segunda rosca. Peldañeado con ladrillo hueco doble y relleno con restos de cascote.

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Construcción de bóvedas tabicadas Figuras 2.10 a, b, c, d, e y f. Construcción de la maqueta de una cúpula tabicada al aire. (fotografías del autor)

2.3.3. Cúpulas. La construcción de cúpulas tabicadas es semejante a la de las bóvedas antes descritas, aunque hay algunas pequeñas diferencias dignas de mención. Las más destacadas son las que tienen que ver con el replanteo y con la técnica de colocación del ladrillo. El replanteo. Tradicionalmente, el replanteo de estas cúpulas se realizaba al tiempo que se colocaba la rasilla, con un método muy sencillo: el albañil ataba su mano a una cuerda, unida en su otro extremo a un punto fijo coincidente con el centro geométrico de la semiesfera que deseaba construir. Para colocar en su posición exacta cada rasilla tan sólo tenía que tensar la cuerda y girar la mano, con la pieza untada y preparada en ella, hasta la posición adecuada. Este procedimiento está detallado en varios manuales sobre la construcción tabicada (Moya 1993 o Truñó 2004). Pero este sistema sólo permite construir cúpulas semiesféricas, y además obliga a mantener siempre accesible el centro de la cúpula, lo que dificulta la construcción en el caso de cúpulas de sección muy rebajada. En estos casos se emplean habitualmente se emplean otras opciones. La más común es construir un pequeño útil giratorio, una simple guía de madera, a modo de terraja, montada alrededor de un eje que coincide con el de la cúpula. Este método permite construir todo tipo de cúpulas de revolución, que no tienen porqué ser de media naranja. En el ejemplo de las imágenes se insertó una pieza en el útil de replanteo que sirvió como guía para un moldurón toroidal que apoyaba sobre la cúpula.

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Construcción de bóvedas tabicadas

También existe la opción de construir unas costillas fijas para el replanteo, a modo de miras curvas, radiales, separadas entre 1 y 3 m., e ir colocando las piezas sobre ellas, tendiendo hilos hasta el eje tal como se aprecia en la figura. En este caso el sistema de construcción es en todo similar al de la bóveda ya descrita. Construcción de la cúpula. El tabicado de este tipo de elementos es, como en el caso anterior, un trabajo sencillo pero laborioso, ya que hay que colocar cada ladrillo al aire, exactamente en su posición. Cualquier error en este sentido puede comprometer seriamente el funcionamiento de la estructura. El primer requisito fundamental, sea cual sea el sistema de replanteo, es el de ir cerrando cada hilada siempre antes de arrancar la siguiente, de modo que todas las secciones horizontales, necesariamente circulares, sean estables una vez terminadas. Aunque hay una excepción en este orden de montaje del ladrillo, y es, tal como se aprecia en la imagen, la de la primera pieza de cada hilada: al arrancar, supongamos, la hilada número dos, el oficial coloca, sobre las primeras piezas montadas, un primer ladrillo de la hilada número tres. De este modo, al cerrar la hilada dos el mortero de yeso que coge la primera pieza de la hilada tres ha secado ya y permite que, al arrancar esa hilada, el resto de los ladrillos pueda descargar sobre el primero. Con este procedimiento se ahorra tiempo en la ejecución; de no hacerlo así el oficial deberá, tras colocar la primera pieza, esperar a que el yeso de ésta seque antes de colocar las siguientes. El sistema de replanteo debe elegirse cuidadosamente, ya que condiciona el proceso de colocación de las piezas. La descripción que sigue corresponde a un replanteo realizado mediante terraja. Con este sistema giratorio es posible garantizar el alineado de las hiladas, simplemente marcando las juntas sobre la terraja. Para conseguir una correcta nivelación de las piezas es necesario que todos los ladrillos lleven la misma carga de mortero, buscando respetar la homogeneidad de los tendeles. No respetar esta condición genera no sólo un problema menor de orden estético (por lo demás sin demasiada importancia, si la cúpula va a tenderse y enlucirse) sino otro de mayor importancia en el cierre de la cúpula, dónde las irregularidades dificultarían la correcta continuidad de la obra de fábrica con óculos, linternas, etc.

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Figuras 2.11 a y b. Sistemas de replanteo y ejecución de cúpulas. (Ramage 2007, 57, y fotografía de C. Martín)


Construcción de bóvedas tabicadas

Figuras 2.12 a, b y c. Cúpula tabicada de San Juan de la Penitencia. Alcalá de Henares. Vistas del trasdós y del intradós en diferentes momentos del proceso de construcción. (fotografías de C. Martín)

La técnica empleada para sentar las piezas es ligeramente distinta de la empleada en las bóvedas descritas. Cada ladrillo se coloca al aire, pero en el caso de emplear una terraja giratoria, se cuenta con la ayuda de una cuña de madera apoyada a su vez sobre ésta; transcurridos unos segundos, los necesarios para que el yeso una esa pieza con las previas, se retira la cuña. La terraja de madera diseñada para el replanteo no es una cimbra sobre la que apoyar las piezas, ya que debe girar libremente una vez colocadas estas, pero sí puede colaborar provisionalmente a la sujeción del ladrillo. Sobre todo en las piezas situadas en la parte superior de la cúpula. En alguna de las imágenes adjuntas se aprecian costillas en el trasdós y en la zona del arranque. Las segundas y terceras roscas pueden hacerse, como se ha mencionado, a modo de refuerzo y sólo en las costillas

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Construcción de bóvedas tabicadas

2.3.4. La arista en la construcción tabicada. En el número correspondiente a 2007 del Journal of the Construction History Society el profesor Michael Ramage publicaba el artículo Guastavino’s Vault Construction Revisited, en el que describe la reciente construcción de una cúpula de fábrica de un edificio experimental, el Pines Calyx, levantado recientemente en Dover, en el Reino Unido. Para la estructura de cubrición de este edificio se recrearon algunas de las técnicas empleadas por la Guastavino Construction Company en la construcción de bóvedas y cúpulas de fábrica durante el periodo de actividad de la compañía, aproximadamente la primera mitad del siglo XX. El Pines Calyx es uno de los numerosos estudios realizados en los últimos años sobre las posibilidades de recuperación de estos sistemas, casi siempre asociados al análisis del bajo impacto ambiental de las estructuras de fábrica. La cúpula del Pines Calyx es, en esencia, una lámina de fábrica construida al aire según la tradición catalana. Está formada por tres roscas y es de sección muy rebajada, rematada en su clave por un óculo central troncocónico; recuerda poderosamente a construcciones tan conocidas como el Teatro de La Massa (1881, obra barcelonesa de Rafael Guastavino), a la madrileña Parroquia de Santa María Madre de la Iglesia (construida en Madrid de los últimos años 60 del siglo pasado por Luis Moya) y a otras similares construidas por los Guastavino en EE.UU. El profesor Ramage conoce estas referencias y las analiza estupendamente al planificar su nueva construcción, planteándose la conveniencia de emplear determinados elementos para el replanteo, para el desarrollo del trabajo, etc. La cuestión de la arista. El profesor Ramage hace, en el artículo mencionado, una cuidada descripción del proceso de ejecución de una cúpula de fábrica, en la medida en que puede serlo un escrito de apenas 12 páginas. Al hilo de esta narración, Ramage enumera los problemas que encontró al trasladar a la realidad el diseño original, entre ellos el que interesa a esta comunicación: el encuentro entre la superficie esférica de la cúpula y la troncocónica del óculo.

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Figuras 2.13 a, b y c. Cúpula tabicada de San Juan de la Penitencia. Alcalá de Henares. Vistas del trasdós y del intradós en diferentes momentos del proceso de construcción. (fotografías del autor)


Construcción de bóvedas tabicadas Figuras 2.14 a, b, c, d, e y f. Vista del interior y sección de las cúpulas del Pines Calyx, de la parroquia de Santa María Madre de la Iglesia y del teatro La Massa. (Ramage 2007, 57; González-Capitel 2004, 120; Samon 2002, 91)

“None of the team was happy with the junction of the oculus to the dome as designed. The hard angle where the cone of the oculus joins the sphere of the dome was never properly detailed, as the variations we devised were unsatisfactory. We knew it was structurally sound, but aesthetically and constructionally weak. During the course of the construction we reached a solution that seemed better and more elegant than the detail as drawn; we would reverse the curvature of the dome and merge the two surfaces. The ability to negotiate significant curvature is one of the features of the remarkably plastic timbrel vault. The merged surfaces are the right solution to the oculus junction, resolved by doing away with the seam and smoothly sweeping surface upward to the skylight” 5 . (Ramage 2007, 58)

Ramage y su equipo de colaboradores estudiaron el tratamiento de la arista, del encuentro en vivo entre dos superficies cualesquiera en una construcción tabicada, conscientes de que el diseño original, que aparentemente había previsto que ambas superficies convergieran en una arista sin tratamiento alguno, podía generar serios problemas. Descargar el tronco de cono (una obra de fábrica, sean cuales sean su peso y medidas) sobre la línea de borde de hueco en una superficie esférica (aunque prácticamente plana en ese punto) hubiera resultado structurally sound, but aesthetically and constructionally weak: estructuralmente sólida, pero estética y constructivamente débil. 5. "Nadie en el equipo estaba de acuerdo con la unión entre el óculo y la cúpula tal y como se diseñó. El ángulo en el que el cono del óculo se unía a la esfera de la cúpula nunca fue detallado debidamente, y las variantes que se elaboraron eran poco satisfactorias. Sabíamos que eran soluciones factibles estructuralmente, pero resultaban débiles constructiva y estéticamente. En el curso de la construcción llegamos a una solución que parecía mejor y más elegante que el detalle establecido al principio: invertiríamos la curvatura de la cúpula, fusionando las dos superficies. La capacidad para adaptarse a cualquier curvatura es una de las características más significativas de las bóvedas tabicadas. La fusión de las superficies es la solución más adecuada para la unión en el óculo, resuelta por la eliminación de la arista, lanzando suavemente la superficie hacia la claraboya". (Ramage 2007, 58)

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Construcción de bóvedas tabicadas La solución escogida fue la de eliminar la arista, insertando entre las formas previstas una superficie interpuesta y continua (una sección cónvexa de toroide) que permitía que las roscas del tabicado fueran continuas desde la roza en el muro de apoyo hasta el remate superior del tronco de cono. Una solución, como reconoce Ramage, semejante al diseño de Guastavino para el teatro de La Massa. De forma reciente hemos estudiado problemas semejantes en la construcción de algunas estructuras de fábrica. La cúpula tabicada de la Iglesia de San Juan de la Penitencia en Alcalá de Henares, una reconstrucción respetuosa con las técnicas empleadas originalmente en el edificio, es también una suma de dos figuras geométricas, en este caso una semiesfera y un cilindro, entre las que se inserta, como en otros ejemplos semejantes en la zona, un moldurón toroidal, cóncavo en este caso, en la conexión entre media naranja y linterna. Pese a la aparente semejanza formal entre esta cúpula y la del Pines Calyx, dos detalles fundamentales las diferencian. El primero es de orden funcional, y no interesa demasiado a esta tesis: la cúpula del Pines Calyx soporta el peso de la cubierta que remata el edificio, mientras que la de la Iglesia de San Juan de la Penitencia está cubierta por una estructura de madera independiente, que soporta la cubrición, y debe tan sólo sujetar su propio peso. El segundo, de orden formal, sí es fundamental para el tema que estamos tratando; el elemento de conexión entre esfera y tronco de cono o cilindro es, al menos en apariencia, distinto en ambos. El Pines Calyx emplea una solución de superficies continuas, consiguiendo que la estructura de fábrica se perciba como un elemento único; en la cúpula de San Juan de la Penitencia, en cambio, se aprecian de forma muy marcada las diferencias entre las superficies que la componen, efecto que se resalta incluso, de acuerdo con la tradición, con diversas molduras de remate. Estudiando encuentros entre semiesfera, moldura y cilindro en cúpulas construidas siguiendo los modelos tradicionales (y por ello semejantes a la que se pretendía construir en la Iglesia de San Juan de la Penitencia) pudimos comprobar cómo las soluciones propuestas por constructores y tratadistas para resolver los encuentros en arista entre superficies de fábrica son casi siempre parecidas, persiguen el efecto visual que se dio a la cúpula de San Juan de la Penitencia y son equivalentes en su mayoría, desde un punto de vista estructural, a la empleada por Ramage en el Pines Calyx. La arista en tratados y edificios. Casi todos los tratados de entidad sobre construcción tabicada se ocupan de la arista con cierto detalle. La intención de esta tesis no es la de hacer un resumen de la bibliografía sobre el tema, de modo que citaremos tan sólo el manual Bóvedas tabicadas del profesor Ángel Truñó, “lo más sistemático que se ha elaborado nunca sobre el tema” (González 2004, liv). Truñó estudia estas aristas en las páginas dedicadas a la ejecución de escaleras. En una escalera de varios tramos se produce un encuentro entre superficies similar al de la linterna que monta sobre la cúpula: la superficie inferior (el primer tramo de una escalera, en principio estable y pensado para soportar al siguiente) recibe a la superficie superior (el segundo tramo, que podría recibir a un tercero, y sucesivamente) que monta en uno de sus límites. Habitualmente el oficial hace que el inferior sea estable antes de arrancar el segundo sobre él, aunque no sea imprescindible; un primer tramo de escalera estará normalmente en equilibrio, como también cada uno de los anillos de una cúpula semiesférica. Este es un modo de construir que facilita la ejecución sin cimbra.

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Construcción de bóvedas tabicadas

Figuras 2.15 a, b y c. Bóveda de arista en la sacristía de la Iglesia de Utrilla (Soria), y encuentro entre dos superficies en una escalera. (fotografías del autor)

Truñó soluciona el encuentro entre los dos tramos de escalera tal como puede verse en la figura 2.15c; montando la lámina superior sobre la inferior, e incluyendo entre ambas un elemento de conexión. Este elemento, casi siempre una línea de fábrica que complementa la segunda, tercera y sucesivas roscas, crea cierta continuidad formal entre las láminas superior e inferior, tal como puede apreciarse en la imagen, y favorece el funcionamiento del sistema. Lo que reflejan las imágenes es, en realidad, un juego curvacontracurva idéntico al planteado en las obras de La Massa o el Pines Calyx, pero interior, de modo que no vemos la curva convexa que diseñaron Ramage y su equipo, pero está. Y se construye con piezas de fábrica, no se fía al relleno posterior, ni al peldañeado. La solución utilizada en el encuentro entre cúpula y linterna de la Iglesia de San Juan de la Penitencia y otros edificios semejantes es la misma que Truñó plantea en sus notas sobre la construcción de escaleras. El interior de la obra de fábrica contiene un juego curvacontracurva similar; vemos uno o varios elementos conectados aparentemente en arista, rematados por molduras de escayola o yeso, pero el interior de la fábrica contiene una superficie convexa (siempre desde el interior de la edificación) que permite una correcta distribución de las cargas. Algunas conclusiones. ¿Qué sentido tiene, entonces, la solución tradicional? La solución empleada por Ramage, inspirada en Guastavino es, desde un punto de vista formal, más pura. Lo que vemos es lo que funciona, sin añadidos de ninguna clase. La solución tradicional, glosada en el tratado de Fray Lorenzo de San Nicolás y empleada, con variantes, en un buen número de cúpulas con linterna realizadas en España y su zona de influencia conserva la arista, independientemente de su necesidad estructural. ¿Por qué motivo? Podría pensarse que es una cuestión estética; es cierto que los moldurados imprimen a la obra su carácter barroco, y que la búsqueda de la esencia formal es propia de la modernidad, también en su estética. Pero hay además, creemos, una razón constructiva para respetar la arista. La cúpula del Pines Calyx se diseñó en fábrica vista desde un primer momento (no así la del teatro La Massa, enlucida originalmente). La cúpula de San Juan de la Penitencia se enlució y remató con molduras, buscando recrear los modelos barrocos. Tender de yeso una superficie en la que curva y contracurva se suceden, bajo la luz cenital que proporciona la linterna, es sumamente complicado: ya lo es tender la superficie interior de la esfera, del cilindro o del tronco de cono. La presencia de aristas y molduras facilita este proceso, ya que ambas se emplean como elementos de referencia para el tendido, a modo de maestras. La arista puede entenderse, entonces, casi como una moldura de fábrica. Una moldura que facilita tanto la ejecución de la estructura como el posterior enlucido y terminado de los paramentos.

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Mecánica de las bóvedas tabicadas

2.4. MECÁNICA DE LAS BÓVEDAS TABICADAS. Durante mucho tiempo las bóvedas tabicadas han sido consideradas, a efectos mecánicos, diferentes de otras bóvedas de fábrica. Sea por el proceso de montaje al aire de la primera de sus roscas, por la estratificación que supone su organización en hojas o por su ligereza y esbeltez, se ha dicho de ellas que no empujan, que no son masivas sino cohesivas, que son capaces de soportar tracciones o que no pueden estudiarse como sistemas de piezas sino como sistemas monolíticos. A este problema, de desconocimiento del funcionamiento real de las estructuras tabicadas, se ha unido recientemente el del olvido de la mecánica de las estructuras de fábrica. Una obra de fábrica, y una bóveda tabicada lo es, no puede estudiarse con las herramientas con las que hoy estudiamos las estructuras habituales de acero, madera u hormigón armado. Todos estos materiales son razonablemente homogéneos e isótropos, y podemos suponer constantes en ellos algunos valores (resistencias, módulos de Young y de Poisson) que nos permiten estudiarlos desde la mecánica de sólidos deformables y, en particular, desde la teoría de la elasticidad, que encuentra en las deformaciones del material las ecuaciones necesarias para resolver aquellos problemas en los que las tradicionales ecuaciones de equilibrio no son suficientes. En esta teoría, el concepto de resistencia es central: la intención del análisis elástico es conocer la tensión de las zonas más solicitadas para compararla con las tensiones admisibles previstas. Pero, como se verá más adelante, nada de esto tiene sentido en una bóveda construida con obra de fábrica: la fábrica es un material discontinuo, sus características elásticas pueden considerarse, en determinados casos, despreciables (en virtud de la fragilidad de los elementos que la componen), y sus valores resistentes, incluso a compresión, tienen una importancia menor en el análisis mecánico.

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Mecánica de las bóvedas tabicadas El moderno análisis límite permite entender las bóvedas tabicadas como lo que son: bóvedas de fábrica, con un comportamiento estructural semejante al de otras bóvedas de mayor espesor, de rosca o de piedra. Y no cohesivas, ni monolíticas. Ni, por descontado, elásticas. El profesor Huerta ha estudiado con detalle la mecánica de estas bóvedas (Huerta 1999, 2003a, 2005). Una descripción más completa de la historia de los estudios sobre estas estructuras puede encontrarse en Huerta 1999; para ampliar la mecánica de obras de fábrica puede consultarse Heyman 1999 o Huerta 2004, 71-129.

2.4.1. Antecedentes. Valores resistentes La caracterización de materiales realizada en el apartado 2 del presente capítulo permite realizar algunas afirmaciones importantes para considerar las bóvedas tabicadas como simples bóvedas de fábrica: las tabicadas resisten bien la compresión, mal la tracción (como se ha dicho en el capítulo correspondiente, la fragilidad de estos sistemas y su tendencia a agrietarse bajo prolongadas solicitaciones de tracción desaconseja estimar resistencia alguna), y el rozamiento entre sus partes impide el deslizamiento en casi todos los casos. Todos estos valores resistentes de una obra de fábrica, y en particular a la resistencia a compresión, tienen una importancia menor en el análisis mecánico. Sucede que, por lo general, las obras de fábrica trabajan siempre muy por debajo de los valores de resistencia característica de los materiales que las componen, y en particular muy por debajo de la del material fábrica. Diversos autores han estudiado y comparado tensiones de trabajo en grandes edificios históricos con las tensiones admisibles de los materiales con los que se construyeron, poniendo de relevancia la escasa importancia del valor de la resistencia (a compresión, en este caso) de los materiales empleados. Estos valores oscilan entre los 0,5 y los 7,0 N/mm2 (estos últimos para obras de sillería, con resistencias de material mucho más altas que las antes citadas). Los coeficientes de seguridad estimados rondan, como media, el 50, y sólo se acercan al 10 en algunos casos, los más comprometidos. En el caso de una bóveda o un arco (casi todos los ejemplos anteriores son muros o pilastras) los valores resistentes del material tampoco llegan a comprometer la estabilidad de la estructura, sean cuales sean las solicitaciones a las que esta esté sometida. Si aumentamos una carga P dispuesta sobre un arco o una bóveda estables, construidos con materiales, formas y espesores habituales, probablemente ésta nunca agote la capacidad resistente de la fábrica: mucho antes “se produce un cambio brusco que pone fin a esta estabilidad. […] Se llega a un punto en que los esfuerzos de la estructura no pueden contenerse más tiempo en el interior del arco; las tensiones siguen siendo bajas, pero se forma un mecanismo inestable de colapso” (Heyman 1999, 6-7). El aumento de la carga P sobre un arco (figura 2.16a) genera un “mecanismo inestable” en el sistema, un “cambio brusco” formal que puede obligar a la fábrica a violar los principios básicos de equilibrio (figura 2.16c) mucho antes de agotar el material. Es importante leer al revés lo anterior: dimensionar una estructura en función de la capacidad resistente del material no tiene sentido, ya que un arco sometido a una solicitación que agote la fábrica habrá colapsado por efecto del mecanismo descrito mucho antes de llegar al límite del material. El problema se convierte, como se verá en el apartado siguiente, en un problema de geometría y equilibrio.

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Figuras 2.16 a, b, c y d. Colapso de un arco de medio punto sometido a una carga puntual. (Heyman 1999, 22)


Mecánica de las bóvedas tabicadas Geometría y equilibrio. Líneas de empuje. Figura 2.17. Moseley trazó así la línea de empujes un sólido. (Huerta 2004 37)

Figuras 2.18 a y b. Arco de medio punto sometido a una carga puntual.

Las ecuaciones de equilibrio son bien conocidas, y permiten resolver todo tipo de problemas en el ámbito de la estática. En el análisis de equilibrio de obra de fábrica, la complejidad de las construcciones (y no, por cierto, de las ecuaciones) ha posibilitado el desarrollo de diferentes metodologías de estudio, la más conocida de las cuales es la asociada a la idea de la línea de empujes, cuyas bases son las siguientes. Una línea de empujes es una construcción teórica, que Huerta (2004, 36) define como “el lugar geométrico del punto de paso de los esfuerzos por un sistema de planos de corte dados”. Efectivamente, si en una obra de fábrica con una forma cualquiera establecemos un corte por un plano cualquiera, podemos suponer que existirá una resultante de fuerzas (provengan éstas del peso propio de la estructura o de acciones externas de cualquier clase) a cada lado del plano. Una resultante que necesariamente comprimirá el plano, ya que hemos establecido que es imposible que se produzcan tracciones en el material. Esta resultante estará aplicada, dado que las secciones habituales son rectas, en un punto situado dentro de la estructura: el nombre común para ese punto, en el ámbito de los estudios sobre fábricas, es el de centro de empujes. Si seccionamos esa construcción por un infinito número de planos podremos establecer una línea de empujes, contenida en el volumen de fábrica, que es la que une los sucesivos centros de empuje. La forma de esta línea de empujes teórica puede asociarse a la del antifunicular de las cargas que actúan sobre la estructura. Existen infinidad de estudios sobre el particular, y son muy conocidos los antiguos trabajos de Poleni, o los modelos colgantes empleados por Gaudí, que no dejó escritos al respecto pero sí abundante información gráfica. De acuerdo con estos y otros trabajos (nuevamente el enfoque de la moderna teoría de estructuras de fábrica se encuentra, sintetizado, en Heyman 1999, 10) la forma de la línea de empujes de un arco sometido a su peso propio, o solicitado con una carga uniformemente repartida, es la de una catenaria invertida. En el caso de la figura 2.18 a, en el que se ha incluido una carga puntual, la forma de la línea de empujes es la del antifunicular correspondiente (figura 2.18 b). Sucede que no es tan sencillo concretar la posición de esta línea de empujes. Si consideramos un arco de medio punto, por ejemplo, o un semiarco con un apoyo vertical en el plano de la clave, e intentamos definir con precisión esta línea de empujes encontraremos que las ecuaciones de equilibrio no nos proporcionan todos los datos necesarios. ¿Qué punto de la clave o del apoyo atraviesan exactamente las reacciones, por ejemplo? Son infinitas las soluciones posibles: el arco es una estructura hiperestática, y sería necesario fijar algunos valores más para establecer una línea concreta. Pero, como se verá, esto no es necesario, ya que basta con demostrar que existe una línea de empuje contenida en el volumen de la fábrica para garantizar el equilibrio del conjunto.

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Mecánica de las bóvedas tabicadas Colapso de estructuras de fábrica. El “cambio brusco” del que hablaba Heyman se produce cuando el rango de líneas de empuje de que disponemos se acerca a los límites formales de nuestro arco o bóveda. Como han demostrado los estudios antes citados (Heyman 1999; Huerta 2004), si aumentamos la carga P en el arco del ejemplo anterior hasta conseguir que la línea de empujes sea tangente al intradós o al trasdós del arco en un punto, se formará allí una articulación que por lo general se manifiesta en forma de fisura o grieta, más marcada en la cara contraria, en la que el material está sometido a tracciones. Como es sabido, un sistema de tres articulaciones es estable (figura 2.18 b); el colapso de la estructura se producirá en el momento en el que se formen cuatro articulaciones, momento que ilustra la figura 2.16 c. En un arco o una bóveda, cada uno de estos mecanismos se produce allí dónde la fábrica es incapaz de albergar la línea de empujes. Sin embargo, la aparición de grietas asociadas a una sola articulación, por ejemplo, no tiene porque comprometer la estabilidad de la estructura. Grietas y fisuras son habituales en obras de fábrica, y su existencia debe ser entendida como algo natural en este tipo de estructuras. Es la formación del mecanismo de cuatro articulaciones antes citado lo que conduce al colapso de la estructura. Geometría y material. Superficie de cedencia. Las características resistentes del material tienen una importancia relativa en el equilibrio de arcos de fábrica. La despreciada resistencia a tracción de las bóvedas tabicadas, por ejemplo, puede colaborar a equilibrar una determinada articulación si los problemas de inestabilidad de la estructura son sólo momentáneos y puntuales (si bien, como se ha dicho, no se considera habitualmente). Por lo que se refiere a la resistencia a compresión de arcos y bóvedas, interesa estudiar el concepto de superficie de cedencia del material. Siguiendo con el ejemplo anterior, a medida que aumentamos la fuerza P y la línea de empujes se acerca al trasdós o al intradós del arco, la superficie de fábrica que debe asumir esos empujes es menor. Para una junta AA’ cualquiera con un estado tensional cualquiera podemos suponer que la resultante de fuerzas F a uno de los lados de la junta es la que refleja la figura 2.19. Si asumimos que el deslizamiento es imposible, será solamente N, la componente normal a la junta de F, la que solicite a compresión al material. El equilibrio del sistema se producirá si existe una reacción por parte de la fábrica, que supondremos de valor σ 0 uniforme, que compense N en una superficie s. Las ecuaciones de equilibrio son las siguientes:

N=sσ 0 M=N(S-s)/2

Figura 2.19. Reparto de tensiones en la fábrica para una fuerza F aplicada en un punto cualquiera.

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Mecánica de las bóvedas tabicadas Estas ecuaciones permiten establecer un rango de valores de N y M para los cuales la estructura es segura. Como es lógico, una determinada carga N, aplicada en una reducida superficie s, puede agotar el material. La metodología de estudio desarrollada por Heyman (y resumida en Huerta 2004, 33) propone, sin embargo, considerar ilimitada la resistencia de la fábrica hasta el extremo de que N pueda estar aplicada en A’, donde se formará, como es lógico, una articulación. Esta es una simplificación que permite avanzar en la metodología de cálculo, eliminando cualquier condición relativa al material y restringiendo así el problema a una cuestión geométrica: si consideramos infinita la resistencia a compresión de la fábrica, “para cumplir la condición de cedencia basta, pues, con que los esfuerzos no se salgan de los límites de la fábrica” (Huerta 2004, 34). ¿Dónde queda, entonces, la posibilidad de agotar el material en esta metodología? Lo más habitual es realizar simplemente una comprobación final de la condición de cedencia: diseñada la estructura con suficientes garantías de seguridad geométrica, se comprueba, mediante las ecuaciones anteriores, que la superficie de cedencia del material no interfiere con la familia de líneas de empuje previstas mediante las ecuaciones de equilibrio: “El proyectista puede trabajar empleando únicamente las ecuaciones de equilibrio, sin necesidad de hacer afirmaciones de compatibilidad; la estructura se dimensionará, después, para que cumpla las ecuaciones del material, esto es, la condición de cedencia” (Huerta 2004, 127)

Este enfoque supone un cambio fundamental en la mentalidad del calculista, ya que el material deja de tener un papel central en el cálculo de la estructura. Con todo, Heyman (1999) ha elaborado un método para considerar la resistencia del material limitada desde un principio, consistente simplemente en diseñar una estructura de menor sección que la que realmente se va a construir, contenida en esta y proporcionada a los posibles fallos resistentes, evitando así que trabajen las zonas límite.

2.4.2. El análisis límite. En la moderna teoría de estructuras de fábrica estas consideraciones se simplifican en tres principios que permiten estudiar estas obras en el marco del análisis límite: la resistencia a compresión de la fábrica no es relevante, (a efectos de cálculo se considera infinita); la resistencia a tracción de la fábrica es despreciable (a efectos de cálculo se considera cero) y el fallo por deslizamiento es altamente improbable (se considera, de hecho, imposible: a efectos de cálculo, el rozamiento es infinito). De estos principios pueden deducirse una serie de teoremas (resumidos en Huerta 2004, 86-91) el más interesante de los cuales es el teorema de la seguridad, que afirma, de acuerdo con los razonamientos realizados antes, que el colapso de una estructura no se producirá si en cada estado sucesivo de carga que la atraviesa es posible encontrar un estado seguro de equilibrio estáticamente admisible. Es decir, una estructura es segura si existe la más mínima posibilidad de que lo sea: no necesitamos conocer su estado real, tan sólo un estado posible (Heyman 1999, 26). Desde el punto de vista del diseño de estructuras de fábrica, la importancia de este teorema es enorme, ya que permite proyectar estructuras partiendo de un estado de equilibrio seguro cualquiera. Es decir: permite, además de desentendernos del material, emplear únicamente las ecuaciones de equilibrio. Sólo es necesario realizar la comprobación de cedencia antes citada y, por supuesto, mayorar la estructura con un coeficiente de seguridad.

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Mecánica de las bóvedas tabicadas Arcos límite. El moderno análisis límite permite acercarse al diseño de obras de fábrica de un modo diferente. Hasta ahora, la mayor parte de las afirmaciones realizadas pertenecen al ámbito de la comprobación de estructuras de fábrica ya construidas. Por lo general estas estructuras son, como se ha dicho, extraordinariamente masivas: las fábricas con las que están construidas son capaces no sólo de albergar un número infinito de líneas de empuje en su interior, sino de mantener esas líneas muy lejos de sus límites formales. Sin embargo, también es posible diseñar nuevas estructuras con un mínimo de material y suficientes garantías de seguridad. Se trata de un reto antiguo, que la ingeniería ha planteado con otros muchos materiales, desde la madera hasta el hormigón armado. En lo que toca a las bóvedas de fábrica, y en particular a las bóvedas tabicadas, existen numerosas respuestas prácticas y teóricas a este problema; nuevamente los antifuniculares diseñados por Gaudi y las láminas construidas por él son las más conocidas. El problema de la bóveda límite es un problema formal, en el que son dos los aspectos fundamentales. El primero, ya estudiado, es el de la superficie general de la lámina de fábrica. La solución a este problema (la de Gaudí y tantos otros) está implícita en los párrafos anteriores: si la estructura ideal debe contener al menos una línea/superficie de empujes en su interior, diseñemos primero una superficie de empujes, coherente con la disposición de cargas y apoyos prevista, y construyamos una lámina que la contenga. Solucionado este primer problema formal, queda entonces el segundo: el del espesor de la lámina. ¿Qué sección mínima habremos de dar a nuestra estructura para garantizar su estabilidad? El cálculo exacto de espesores es complejo: simplificadamente, y suponiendo que hemos forzado al diseño del arco a que la línea de empujes sea lo más aproximada posible a su línea media, el espesor límite debería ser (Heyman 1969) doble de la excentricidad considerada para los empujes. El propio Heyman desarrolló (1982) un método gráfico para calcular este espesor, basado en el método de Fuller. Sobre una directriz y un polígono antifunicular compatibles cualesquiera, Heyman aplica el método de Fuller para convertir el antifunicular en dos líneas rectas, convergentes en el punto más alto del antifunicular. Las curvas resultantes de este proceso pseudohomotético se han convertido en una figura extraña, pero ahora la línea de empujes es sumamente simple: dos lineas rectas, que ahora deberemos insertar entre dos réplicas de la curva deformada del arco para garantizar la estabilidad del sistema. En palabras de Huerta (2004, 45) “el problema se convierte, ahora, en […] encontrar la separación mínima entre las líneas de intradós y trasdós que permitan trazar dos rectas en su interior”. Las discusiones sobre el espesor mínimo de arcos y bóvedas han sido habituales en el contexto de los estudios sobre fábricas. El arco de medio punto, el más estudiado, se ha estimado, con métodos gráficos semejantes al citado, en una relación e/R de 0,1, (el valor exacto es de 0,1075) (Huerta 2004, 45). Es decir, aproximadamente 1/10. En arcos rebajados el espesor mínimo decrece rápidamente al reducirse el ángulo de apertura. El método gráfico de Heyman permite intuir que, al someter a un arco rebajado a una transformación semejante a la del ejemplo anterior, las formas obtenidas serían mucho más tendidas y, con ello, resultaría más sencillo albergar entre ellas una línea recta. En palabras de Huerta: “a efectos prácticos, los arcos rebajados son catenarios y no requieren espesor” (2004, 97). Se trata, en realidad, de un escalado vertical del problema.

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Figuras 2.20 a, b y c. Método gráfico para obtener el espesor límite de un arco de sección uniforme. (Huerta 2004, 99)


Mecánica de las bóvedas tabicadas Para 40º de apertura, la relación e/R es de 0,005; para los 20º aproximados que Guastavino propone (su propuesta es, exactamente de una relación luz/flecha de 1/10), de 0,0005. En la escala de las viviendas que se estudian en el capítulo 3, en las que la media de las luces que cubren es de 3,5 m. y la relación flecha-luz de 1/8 tendríamos, aproximadamente, los valores siguientes: Figura 2.21. Arco escarzano con una relación luz-flecha de 1/8 y 3,5 metros de luz.

De dónde se deduce que: h=0,4375 m, R=3,71875 m. Si aplicamos el valor estimado para 40º (el ángulo de apertura es menor en nuestro caso, ronda los 28º) y tomamos k (e/R)= 0,005 tendremos: e/3,71875=0,005; e=0,0185 m. Es decir; a efectos prácticos, 2 cm. Para un arco escarzano de 120º, con una k aproximada de 0,02, el espesor rondaría los 7,5 cm. Se trata de estructuras, como puede comprobarse, sumamente livianas. Sin embargo, todos estos son valores a los que no se ha aplicado ningún coeficiente de seguridad. El método de Heyman permite obtener, como se ha dicho, los espesores mínimos: los puntos en los que las rectas de Heyman son tangentes a las curvas del arco transformado son las 4 articulaciones que formarán el mecanismo de colapso. El coeficiente geométrico de seguridad. Lo lógico es, por supuesto, establecer un coeficiente de seguridad. Lo más cómodo y sensato, dado que la estructura se ha diseñado sobre parámetros geométricos y no sobre los valores resistentes del material, es que también estos coeficientes sean geométricos. Efectivamente, de nuevo Heyman (1999, 24) propone emplear un coeficiente geométrico de seguridad para este tipo de estructuras. El autor analiza el caso de un arco de medio punto, y propone multiplicar el espesor mínimo (aquel en el cual podemos insertar la línea de empujes) por un coeficiente para ampliarlo: el objetivo, como es lógico, es alejar, en un sentido físico, la posibilidad de colapso de la estructura. Los coeficientes habituales rondan el 2 (para arcos, afirma Heyman) o el 3: en esencia, se trata de la conocida regla antigua del tercio central. Siguiendo con el ejemplo de la bóveda tipo anterior, deberíamos multiplicar entonces por 3 el espesor mínimo obtenido. Los 2 cm. pasarían a ser 6 cm. en este caso. Algo relativamente complicado de conseguir con ladrillo prefabricado: las bóvedas de fábrica de ladrillo deben, al contrario que las de piedra, adaptar su espesor al tamaño de las piezas que las componen. En el caso de las bóvedas tabicadas, las rasillas habituales, de 24x12x4, permiten espesores de 4 cm. (una rosca), 9 cm. (dos roscas) o 14 cm. (tres roscas). Aunque también es posible emplear distintos ladrillos para diferentes roscas. Dos roscas serían, por lo tanto, suficientes (para las formas y luces estimadas, y en un supuesto de cargas uniformemente repartidas, como se ha mencionado). La mayor parte de manuales de construcción tabicada, sin embargo, recomienda que sean tres las roscas a construir, también en luces de este tipo. Esto es una herencia de la regla del tercio central: la rosca central es la que alberga la línea de empujes; la primera y la tercera serían, desde esta óptica, regruesados de seguridad.

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Mecánica de las bóvedas tabicadas

2.4.3. Metodologías de diseño. Estos procedimientos de cálculo y comprobación de estructuras están en la base de diversas herramientas de diseño: el marco es siempre el del análisis límite; la metodología habitual, la de elementos finitos no lineales. En esencia, se trata de aplicaciones que realizan, mediante procedimientos analíticos, las comprobaciones geométricas antes mencionadas. Muchas emplean estrategias de programación lineal, obteniendo los datos mencionados a través de iteraciones de las matrices de equilibrio y compatibilidad. La mayor parte de ellas está orientada a la comprobación de estructuras de fábrica ya construidas: lo habitual es que los inputs que necesitan estos programas sean materiales, cargas y formas de la estructura a comprobar, y que los outputs que ofrezcan sean las reacciones en los apoyos, el rango de líneas de empuje contenidas en la fábrica y los coeficientes de seguridad estimados. Son muy pocas las herramientas de cálculo que están pensadas para diseñar una estructura de este tipo desde cero. Los inputs de diseño deben ser, necesariamente, materiales, cargas y apoyos previstos; pero también tiene que ser posible proponer un esbozo formal (relación luz-flecha, por ejemplo) y decidir un coeficiente de seguridad. El output será, en este caso, además de las reacciones en los apoyos, un volumen de fábrica, con una forma y un espesor concretos. Un volumen, que puede estar o no mayorado con el coeficiente de seguridad previsto, y sobre el que podremos comprobar, a posteriori, que se cumple la condición de cedencia del material. Las herramientas que se emplean para diseñar una estructura de este tipo son muy sencillas. Algunas son simples juguetes que permiten, introduciendo datos formales, obtener geometrías precisas y empujes en los apoyos. En casi todas es necesario realizar independientemente otras comprobaciones, como la de la condición de cedencia del material ya mencionada.

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Figuras 2.22 a, b, c y d. Ejemplo de una superficie creada a partir de una determinada situación de apoyos, sometida a una carga uniformemente repartida.


Mecánica de las bóvedas tabicadas Figura 2.23. Traslación de un ejemplo (semejante al 2.22) a un programa de diseño convencional con una tabla de lectura de datos.

Proceso de diseño. El procedimiento empleado para el diseño de las bóvedas del capítulo 6 de la presente tesis (en general, escarzanas muy rebajadas, casi todas de pequeño tamaño) ha sido sumamente sencillo. Se ha utilizado una aplicación de diseño (figuras 2.21) que permitía perfilar con precisión las formas deseadas. La misma aplicación ha permitido realizar algunas hipótesis sobre el espesor de las fábricas e introducir un coeficiente geométrico de seguridad. Al tratarse de formas sencillas, los espesores mínimos se han comprobado uno a uno con las reglas mencionadas. En lo que se refiere a las características del material, hemos prescindido voluntariamente de herramientas que permitan la comprobación automática de la condición de cedencia, empleado una aplicación que no consideraba la variable de resistencia. Esta decisión se debió a que, en las experiencias realizadas, hemos empleado, para construir formas idénticas, muy diferentes clases de ladrillo y rasilla, con diferentes características, e incluso bloques de tierra compactada. El diseño formal ha sido siempre idéntico, pero para cada uno de estos materiales se ha realizado una comprobación individual de la condición de cedencia. Las aplicaciones empleadas ofrecían algunos resultados básicos fiables (flecha y luz, empujes en los apoyos en base a una estimación de cargas) pero eran imprecisas en cuanto a la definición geométrica de las bóvedas, por lo que fue necesario volcar las superficies diseñadas en una segunda aplicación de diseño, en este caso convencional, y obtener una matriz con los puntos exactos de la bóveda. En la figura 2.22 se puede observar un ejemplo de este tipo. Las construcciones que habíamos previsto eran mucho más sencillas, simples bóvedas escarzanas, muy rebajadas. Comparamos los puntos de la matriz con los de un arco de circunferencia como el previsto (las relaciones flecha/luz con las que hemos trabajado son de entre 1/8 y 1/10) y pudimos comprobar que las diferencias eran despreciables (del orden de los 0,5 cm.)

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Mecánica de las bóvedas tabicadas

El hecho de volcar esta información en un programa de diseño convencional facilitó el proyecto de estas bóvedas con la máxima precisión: las formas obtenidas a través del procedimiento descrito sirvieron como guía para el desarrollo geométrico de las bóvedas. Cada proyecto se detalló pieza por pieza, lo que permitió además tener datos para las mediciones de materiales, e incluso conocer la posición de cada pieza en el conjunto.

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Figuras 2.24 a, b y c. Ejemplos de diseño de algunas bóvedas de fábrica. La definición se ha realizado pieza por pieza.


Mecánica de las bóvedas tabicadas Terminada la fase de diseño, algunas de las bóvedas proyectadas se sometieron a un proceso de comprobación semejante al que se realiza para una estructura antigua. Como se ha dicho en la introducción a este punto, los inputs fueron materiales, cargas y formas de la estructura a comprobar, y los outputs las reacciones en los apoyos, el rango de líneas de empuje contenidas en la fábrica y los coeficientes de seguridad estimados. Una comprobación de rutina, con resultados correctos en todos los casos, que pudo realizarse sin esfuerzo gracias a que la definición de las estructuras a construir era sumamente precisa, como puede apreciarse en las figuras 2.24 a y c. También con este sistema estudiamos con facilidad algunas opciones a la solución principal: el ejemplo de la figura 2.24 b, para el que se habían previsto vigas de atado con tirantes cada 2 m., se ensayó también son ellos, y pudimos comprobar la posición de la línea de empujes en el muro de apoyo.

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Análisis de producción y costes

2.5. ANÁLISIS DE PRODUCCIÓN Y COSTES. En 1951 Le Corbusier se reunió con el industrial Michel Jaoul, para quien poco después construiría la conocida Casa Jaoul, y le propuso una alternativa al proyecto que el arquitecto C. Entwistle había diseñado para su vivienda parisina. Le Corbusier echó un vistazo al presupuesto previsto y afirmó: “For this price, you could make two houses out of it! And you could have some vaults (as well)!” 6 . Le Corbusier pretendía, como es sabido, emplear bóvedas tabicadas para construir (y abaratar) la vivienda de Jaoul. La bóveda tabicada era entonces un sistema de construcción factible y sencillo, cuya mayor virtud era su bajo coste. Las tabicadas eran muy competitivas en construcciones de pequeño tamaño. Le Corbusier construyó para Jaoul, por cierto, dos casas, ambas cubiertas con bóvedas tabicadas. Aunque, todo hay que decirlo, no “por el precio de una sola” 7 . En el presente capítulo se estudian los costes de construcción de una bóveda tabicada. Un estudio que no puede separarse del de los medios de producción precisos para la construcción de este tipo de bóvedas, incluyendo el más conflictivo: la mano de obra. La mayor parte de los manuales y publicaciones consultados afirman que la repercusión de mano de obra supone un alto porcentaje del coste de esta unidad (algo relativamente fácil de cuantificar), y también que los oficiales deben ser “habilidosos”, “capacitados” o estar “muy entrenados” (algo muy difícil de establecer). Este último valor, la habilidad del oficial, es para muchos estudios sumamente importante, hasta el punto de atribuir el éxito (técnico y económico) de una construcción de este tipo, de forma casi exclusiva, al empleo de trabajadores que conozcan el oficio: “La práctica está demostrando que lo que al principio resultaba más costoso que una construcción normal […] a los seis meses de hacer bovedillas se compensa perfectamente, y hoy puede decirse que resulta más económico este sistema”. (Cámara 1941,37) 6. “¡Por este precio puedes construir dos casas! ¡Y tener bóvedas (también)!”. (Maniaque 2009, 40) 7. Véase Maniaque 2009, 79-107.

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Análisis de producción y costes Figura 2.25. Hoja 127 del Tratado de bóvedas sin cimbra. Paredes 2004, f127.

2.5.1 Estudios previos. La mayor parte de los estudios sobre construcción tabicada son de carácter constructivo o histórico. Muy pocos realizan estudios de coste y producción propiamente dichos, aunque algunos sí incluyen muchos datos de interés, casi siempre basados en documentos previos. Habitualmente son datos que aportan una componente económica a la narración histórica. Un ejemplo interesante es el de George R. Collins, quien en El paso de las cáscaras delgadas de fábrica desde España a América habla sobre los motivos de la desaparición de la bóveda tabicada en Estados Unidos y el final de la Guastavino Co.: “En los Estados Unidos la bóveda tabicada fue víctima del precio cada vez mayor de la mano de obra en la albañilería. Sin embargo, en sus mejores momentos el coste era relativamente bajo y por esto se usó como un sustituto ligero y barato del abovedado de dovelas en prácticamente todos los edificios religiosos levantados en este país con fábricas de estilos neogótico, neorromántico y neobizantino. En los países donde la mano de obra no era tan prohibitiva –por ejemplo, en España- la bóveda tabicada se usaba mucho en lugar del acero o el hormigón con diversos propósitos. Durante la segunda guerra mundial y en los años siguientes, cuando había escasez de acero, se promovió la construcción con este tipo de bóvedas en Francia y Argelia. Es de suponer que todavía hoy sería útil en los países subdesarrollados que dispongan de buena arcilla y cementos hidráulicos” (Collins 1968, 24).

Collins atribuye la desaparición de la compañía (y el final del empleo de las bóvedas tabicadas en Estados Unidos) a la pérdida de competitividad económica de las patentes: los sistemas tabicados, dependientes del creciente precio de la mano de obra, incrementan sus precios, mientras que otros sistemas alternativos, dependientes de materiales cada vez más disponibles (fundamentalmente hormigón y acero) los reducen. En sus conclusiones, Collins insiste en esta idea y asocia el final de la experiencia de los Guastavino al aumento de los costes de la solución; en ningún momento considera que el final de la empresa tenga nada que ver con un cambio en los criterios estéticos imperantes, ni con limitaciones normativas, ni con la inexistencia de una figura que desee dar continuidad a la tradición familiar. Tan sólo la competencia del hormigón importa, pero porque supone un competidor imbatible en precio:

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Análisis de producción y costes “El aumento del coste de la mano de obra, la Gran Depresión y el desarrollo de las cáscaras de hormigón acabaron con la empresa […] En los Estados Unidos, la bóveda de Guastavino ha caído en desuso, literalmente aniquilada por su alto precio” (Collins, G. R. 1968, p.37).

Los únicos datos que Collins incluye son referencias comparativas generales, tomadas del archivo de la Guastavino Co., que sólo pretenden dar una idea del tipo de estudios que realizaba Guastavino sobre el coste de sus soluciones, y no comprobar la idoneidad económica del sistema en el contexto industrial de la época: “La economía de la construcción de Guastavino en aquella época puede apreciarse en el hecho de que el precio contratado para levantar las cuatro pechinas y la cúpula fue de 22.200 dólares, de los cuales 11.900 eran para las pechinas y 10.300 para la cúpula propiamente dicha. Se calculó también que se habían ahorrado 2.000 dólares por no levantar andamios, y aún más por no tener que desmontarlos” (Collins, G. R. 1968, p.39).

Otros estudios de carácter histórico sí ofrecen referencias comparativas, casi siempre en forma de resúmenes de las conclusiones de algún ensayo o toma de datos. No es demasiado frecuente, con todo, encontrar estudios o referencias comparadas entre la construcción de bóvedas tabicadas y otros sistemas de estructura, como la nota siguiente: “En la iglesia de Santa María Madre de la Iglesia (1966-69), en Carabanchel, [L. Moya] realizó un postrer y notable ejercicio con bóvedas tabicadas. La cúpula, retomando la planta circular –con 24 m de diámetroestá constituida por casquete esférico de cuatro tableros de rasilla; se construyó económicamente mediante una ligera guía metálica giratoria afectando la forma del arco meridiano, […]. Con esta cúpula Moya […] sigue interesado en demostrar –haciendo abstracción de lenguajes aplicados- la validez actual de este sistema constructivo; según apreció una comisión del Instituto Eduardo Torroja y Técnicos norteamericanos durante la construcción, la sencillez del procedimiento consiguió rebajar su coste a menos de la tercera parte de la equivalente bóveda membrana en hormigón armado”. (García-Gutiérrez 1996, 236-237)

De todos estos estudios pueden extraerse dos ideas principales: la construcción de bóvedas tabicadas es razonablemente barata, comparada con casi cualquier sistema alternativo, si la mano de obra lo es; y lo es más todavía si los oficiales conocen bien el oficio. Los manuales de construcción. Toda la información contenida en este tipo de documentos históricos, de mucho interés desde ese punto de vista, permite sólo realizar algunas estimaciones puntuales sobre costes. Son mucho más interesantes, para el análisis de producción de una bóveda tabicada, las informaciones contenidas en algunos tratados de construcción redactados en épocas en las que las bóvedas tabicadas eran de uso común. Desde las primeras referencias a la construcción de bóvedas tabicadas, en el Arte y uso de la arquitectura, de Fray Lorenzo de San Nicolás, varios tratados han estudiado el coste de construcción de una bóveda de este tipo. Las primeras referencias de interés aparecen en el siglo XIX, en los primeros tratados sistemáticos de construcción, que analizaban no sólo materiales y procedimientos sino, además, medios auxiliares, diseño de producción, etc. La mayor parte de los estudios se limitaba a ofrecer algunas apreciaciones generales sobre la repercusión de la mano de obra en la construcción de las bóvedas, sin ponerla en relación con otras unidades que pudieran dar idea de sus ventajas o desventajas económicas.

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Análisis de producción y costes Tabla 2.2. Manual de Construcciones de Albañilería. Espinosa 1854, 322 y 323.

Es el caso del Tratado de Bóvedas sin Cimbra, de Vicente Paredes Guillén, un manual manuscrito en 1883 y sólo editado en fecha reciente. En sus conclusiones, Paredes realiza algunas estimaciones generales; las notas con las que Pizarro y Sánchez acompañan su reciente edición facsímil del Tratado de Bóvedas sin Cimbra complementan correctamente la información que ofrece Paredes y ofrecen algunos datos de interés sobre las bóvedas extremeñas ejecutadas a rosca, con retumbo, que Paredes asocia en todo momento a las tabicadas de tres roscas: “La mano de obra de estas bóvedas varía de dos a tres reales por metro cuadrado cuando los oficiales de albañil que las hacen ganan 10 r de jornal.” (Paredes 2004, f.127 - f.129). “Con respecto a la mano de obra, [Paredes] afirma que el rendimiento de una cuadrilla de oficial y ayudante en una bóveda de rosca por aristas de medio pie de espesor para una habitación de 4x4m. vendría a ser de entre cuatro y seis metros cuadrados por jornada de trabajo de ocho horas”. (Pizarro 2004, 73).

En general, este y otros tratados contemporáneos sobre albañilería y construcción de bóvedas ofrecen informaciones muy generales, de interés relativo. Los oficiales de Paredes dedican, efectivamente, unas dos horas a la construcción de un metro cuadrado de bóveda de arista, pero no se informa de la repercusión del replanteo de la misma, o del arranque de las aristas (fundamental, por su complejidad, en cualquier bóveda extremeña).

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Análisis de producción y costes Estudios de finales del XIX detallan mejor los materiales necesarios para una bóveda de este tipo. En 1879 Ricardo Marcos y Bausa publicó el Manual del Albañil, una guía general de construcción que incluye descripciones claras y concisas de muchos procedimientos constructivos, entre ellos el de la formación de bóvedas tabicadas. Las notas sobre costes son muy precisas en lo tocante a los costes del material, pero tampoco ofrecen demasiada información comparativa: “En un metro superficial de bóveda tabicada sencilla entran 25 ladrillos, 27 libras (12,k 426) de yeso negro y 9 libras (4,k 941) de yeso blanco. Si el tabicado es doble, 52 ladrillos, 64 libras (28,k 446) de yeso negro y 22 libras (12,k 122) de blanco”. (Marcos 2003, 235).

El manual de Marcos y Bausa también ofrece información sobre repercusiones de mano de obra. Los valores que ofrece son, como puede verse en el cuadro comparativo adjunto, bastante optimistas: “En cuanto a la cantidad aproximada que en un día de nueve horas de trabajo puede hacer la cuadrilla de albañilería, compuesta de un oficial, peon de mano y dos peones comunes en las obras mayores, es de […] 80 pies cúbicos (1,731 m3) en bóveda de cañón seguido con lunetos y 70 pies cúbicos (1,514 m3) en las demás clases de bóvedas”. (Marcos 2003, 236)

También es interesante el Manual de Construcciones de Albañilería, de P.C. Espinosa, publicado en 1854, en el que se ofrece una tabla de precios de obra de ladrillo por metro cuadrado. El manual de Espinosa, aunque interesante, es excesivamente simple, ya que los valores que ofrece son medios, sin demasiado detalle. Así, la construcción de bóvedas (que se estima por metro cúbico) no distingue entre el tipo de bóveda a construir, ni considera la necesidad de encofrado. El valor ofrecido (16 h. para un metro cúbico de bóveda) no hace diferencias entre roscas, y es sorprendentemente parecido al de la construcción de muros (15 h. para un metro cúbico). Aún así, es un valor razonable, próximo al que ofrece Vicente Paredes. También son interesantes (aunque escasos) los estudios que sí se ofrecen datos comparativos, aunque sean incompletos, sobre coste y producción de bóvedas tabicadas. El de Marcos y Bausa, por ejemplo, sí ofrecía información sobre otros elementos de albañilería, lo que permite compararlos con relativa facilidad. También es posible encontrar este tipo de informaciones en proyectos, o en publicaciones como la Revista de Obras Públicas, en la que durante gran parte del siglo XIX ofreció datos estimativos sobre precios para obras públicas. En general, y aunque cada uno de estos proyectos, informes o estudios difiere en unidades, criterios de medición, etc. puede afirmarse que los valores medios que se pueden deducir de ellos son, salvo excepciones, bastante homogéneos y sensatos. Los materiales son fáciles de comprobar: para una única rosca son necesarios unos 25 ladrillos (de 30x15x5) y unos 15 kg. de yeso. Para cada rosca suplementaria, otros 25 ladrillos, como es lógico, y unos 25 kg. de mortero de cal. En cuanto a la mano de obra, el elemento en el que hay mayores diferencias, podemos establecer una media de 1 h. de cuadrilla (oficial y ayudante) para la construcción de un metro cuadrado de bóveda de una rosca (incluyendo aristas, replanteos, etc), 1,5 h. para bóvedas de dos roscas y 2 h. para las de tres. Mucho más tardío, aunque también mucho más completo, es el manual Construcción de bóvedas tabicadas, de A. Truñó (fechado en 1951, pero no publicado hasta 2004). En sus últimas “Consideraciones relativas a las bóvedas de rasilla” Truñó incluye algunos datos sobre rendimientos, de gran interés. Hay tablas sobre rendimientos en la construcción de bovedillas, bóvedas cilíndricas, de quatre punts, nichos y cúpulas. Tal vez la más interesante sea la que dedica a bóvedas cilíndricas de tres gruesos:

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Análisis de producción y costes

Albañil horas Peón Horas

1 m2 trabajo ordinario Sencillado Tercer doblado grueso 1,70 0,25 0,90 0,15

1 m2 obra vista Los tres gruesos 2,50 1,35

Tabla 2.3. Cuadro comparativo. Construcción de bóvedas cilíndricas de tres gruesos. Truñó 2004, 200.

Como puede observarse, el criterio de Truñó es diferente, en lo que se refiere a la organización del tajo, al que establecían los tratados del XIX. Según su esquema, dos albañiles comparten un peón. ¿Un oficial y un ayudante, o dos oficiales en dos tajos próximos? Truñó se refiere con frecuencia a “la pareja de albañiles” (Truñó 2004, 21): dos oficiales, primero y segundo, a los que suministra un peón que, por lo que parece, se limita a mover el material. En los textos del XIX, por el contrario, lo habitual es que se hable siempre de cuadrilla, entendida siempre como de oficial y ayudante; en algunos casos, en obras mayores, se añadía un peón. Aún así, lo que parece evidente es que la repercusión en horas de trabajo sigue siendo parecida a las de los tratados del XIX. Para una bóveda de doble rosca Truñó estima necesarias 1,7 horas de albañil y 0,9 de peón, semejantes a las 1,5 horas de cuadrilla (1,5 de oficial y 1,5 de ayudante) de la media que hemos establecido antes. Truñó incluye además estimaciones de otras unidades. Es el caso de la formación de escaleras. Para las de tres gruesos de rasilla (incluyendo trazado y marcado, pero no peldañeado) ofrece los siguientes valores: albañil 3,45 horas; peón 1,90 horas.

2.5.2 Valores actuales. Hoy día, las bases de precios no siempre contemplan la construcción de bóvedas tabicadas y, cuando lo hacen, incluyen la unidad en el capítulo de rehabilitación. En muchos casos sólo hay algunas unidades sueltas: la más común es la escalera, de la que Truñó también ofrecía diversos datos. Un valor medio es el que ofrece la base de precios CYPE en su versión más reciente (2009) para una escalera de doble rosca:

Como puede observarse, las cantidades fijadas para materiales son las mismas que en los textos comentados, y la mano de obra prevista también es semejante (quizá algo superior) a la que estimaba Truñó: para una lámina de doble rosca, 3 horas de oficial y 1,5 horas de peón, frente a las 3,45 y 1,9 para una de tres roscas del arquitecto catalán. Podríamos suponer, entonces, que las bóvedas rectas también podrían hacerse hoy con la repercusión de mano de obra de la que habla el arquitecto catalán: 1,7 horas de albañil y 0,9 de peón. Una estimación, ya se ha dicho, bastante realista, y muy similar a los datos que ofrecen algunas bases de datos actuales.

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Tabla 2.4. Precio descompuesto para una bóveda de escalera de dos gruesos. Base de precios CYPE 2004.


Análisis de producción y costes

2.5.3. Conclusiones El precio de la mano de obra ha subido mucho en estos años, y su repercusión en la unidad es, en efecto, muy elevada. Eso justifica los comentarios de Collins (y de muchos otros autores) sobre la pérdida de competitividad del sistema. Pero el valor que no encaja es el de la calidad de la mano de obra. El mismo Truñó afirmaba en su texto que la mano de obra de que disponía era cada vez menos cualificada: “A la menor calidad de la mano de obra se ha sumado en estos últimos tiempos una mayor lentitud en el trabajo, por lo cual el rendimiento se ha reducido de un modo notable”. (Truñó 2004, 198)

Truñó denunciaba que ya entonces era difícil mantener un oficio dentro de un esquema industrial que perseguía, casi en exclusiva, obtener el mayor rendimiento posible de los equipos organizados, y en el que la formación de aprendices carecía de sentido. Un buen ayudante, en la tradición, era importante: debía preparar el tajo, organizar los materiales, tender el ladrillo (en la posición correcta) al oficial para que la colocación de las piezas, ayudar en segundas y terceras roscas, etc. Y, además, aprender el oficio, para ser capaz de transmitirlo después. Nada de esto existe en la actualidad, y quizás tampoco ya en tiempos de Truñó (que no siempre incluía la figura del ayudante de sus cuadros de estimaciones). Eliminado este aprendizaje, parece lógico que el tiempo que un oficial deba dedicar a una construcción de este tipo sea cada vez mayor. Y, sin embargo, los valores de rendimiento que el arquitecto catalán ofrecía eran semejantes a los de los tratados del XIX, y a su vez a los actuales. ¿Dónde queda, entonces, la calidad de la mano de obra de la que tanto se habla en manuales y tratados? Desde luego, no en el rendimiento, aunque Truñó se queje del de sus trabajadores ¿En la calidad y precisión de las bóvedas construidas? El mismo Truñó lo considera intolerable: “Parece que sería aconsejable estimular al albañil, empleando para su retribución la modalidad del destajo o “preu fet”, modalidad que viene regulada en el Reglamento Nacional del trabajo de nuestro ramo, que logra en todos los casos un abaratamiento del coste de la unidad de obra, siempre en detrimento de su calidad. Al ser la bóveda tabicada un sistema constructivo que exige una gran precisión en la forma y además cumplir en su construcción determinadas condiciones que al ser despreciadas por el albañil destajista en busca de producir la máxima cantidad de obra, pueden producir verdaderos desastres en la obra e incluso en sus personas, de aquí que no es aconsejable dar a destajo esta clase de trabajo”. (Truñó 2004, 198)

Cierta calidad del oficial es necesaria, no cabe duda, para que las estructuras tabicadas sean seguras. Y también es cierto que un oficial con poca experiencia tardará más en construir una unidad, y que uno bien entrenado es capaz de mejorar los rendimientos que se han dado aquí. Pero la realidad es que, como se verá en los análisis contenidos en el capítulo VI, cualquier oficial de albañilería que haya aprendido los rudimentos es capaz de construir este tipo de bóvedas de forma rápida y segura. Siempre, eso sí, bajo el control de un técnico capaz.

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Introducción

3. UNA HISTORIA DE LA CONSTRUCCIÓN ABOVEDADA EN EL CONTEXTO DE LA COOPERACIÓN AL DESARROLLO. 3.1. Introducción 3.2. Construcción tabicada y vivienda social en España 3.2.1. 3.2.2. 3.2.3. 3.2.4. 3.2.5. 3.2.6.

La vivienda social en España Las casas de vacaciones en Garraf Las casas en el barrio de Usera La experiencia de Villanueva de la Cañada Sant Cugat de Salt Otras experiencias

3.3. La tradición en Iberoamérica 3.3.1. 3.3.2. 3.3.3. 3.3.4. 3.3.5.

Técnica y cooperación en Iberoamérica El entorno de Eduardo Sacriste Rogelio Salmona y la escuela moderna Eladio Dieste y la fábrica armada Carlos González-Lobo

3.4. El norte de África 3.4.1. Historia y cooperación. Hassan Fathy 3.4.2. Excepciones. Fabrizio Carola 3.5. Experiencias en Asia 3.5.1. Las bóvedas de Le Corbusier en la India 3.5.2. La experiencia India de Laurie Baker 3.5.3. Otras iniciativas. La escuela de Charles Correa


Introducci贸n


Introducción

3.1. INTRODUCCIÓN Los trabajos pioneros de Hassan Fathy en los años 40 del siglo pasado propiciaron el nacimiento, ya en la segunda mitad del siglo, de la arquitectura que actualmente denominamos de cooperación al desarrollo. Una arquitectura que ha tomado conciencia de sí misma en los últimos años, y que ha ido definiendo un ámbito propio, cercano a otras disciplinas (la Antropología Social y Cultural, principalmente), en el que conviven inquietudes sociales y técnicas. Una arquitectura cuya evolución ya es posible estudiar desde un punto de vista histórico. La arquitectura de cooperación ha crecido sobre los mimbres que ofrecían los primeros estudios sobre vivienda social, y, apoyada en ellos, ha reivindicado, en el ámbito que nos concierne (la construcción de esta arquitectura) tanto el empleo razonado de nuevos materiales y tecnologías como el reciclaje práctico de la arquitectura vernácula. Estos dos aspectos, novedad y tradición, y su combinación en dosis justas, son esenciales en las bases no escritas de la construcción en contextos desfavorecidos. El objeto de este estudio, la construcción de cubiertas ligeras de fábrica en arquitectura de cooperación, no es ajeno a esta dicotomía novedad-tradición. En algunas ocasiones, las técnicas empleadas por la arquitectura de cooperación proceden de arquitecturas vernáculas locales; en otras, de innovaciones técnicas muy avanzadas; y en otras, las más, la tradición local se mezcla con la innovación técnica, aprovechando del mejor modo posible los recursos de la zona. El presente capítulo recoge diversas experiencias de construcción de bóvedas ligeras de fábrica realizadas en el contexto de la cooperación al desarrollo, pero no pretende realizar un resumen exhaustivo de estas experiencias, sino ofrecer un panorama general sobre la historia de la construcción de bóvedas ligeras en este ámbito. Por este motivo, algunos de los edificios que se detallan no son arquitectura de cooperación, sino antecedentes importantes de otros edificios que sí lo son; e igual sucede con los sistemas constructivos descritos, surgidos y empleados a veces en contextos diferentes.

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Introducción Bóvedas y cooperación. La construcción de cubiertas ligeras de fábrica es una de las soluciones que con más frecuencia se emplea en arquitectura de cooperación. Suele pensarse que los sistemas abovedados que utiliza esta arquitectura son de raíz tradicional, pero no siempre es así: existen numerosos ejemplos de arquitecturas de este tipo realizadas con soluciones rabiosamente actuales. La intención de este capítulo no es distinguir unas de otras, ni buscar las raíces de las soluciones actuales en las antiguas tradiciones de construcción abovedada, sino describir las experiencias de cooperación más interesantes en este ámbito, específicamente las que emplean técnicas tabicadas o semejantes, y rastrear sus orígenes en construcciones previas y cercanas. Es habitual buscar los orígenes de la arquitectura de cooperación en los trabajos que Hassan Fathy levantara en Egipto en los primeros años 40. Fathy encabezó una generación de arquitectos que reivindicaba sin reparos las tradiciones locales; una generación contraria a los excesos de la modernidad arquitectónica, pero que no pretendía dejar de lado en sus construcciones algunos de los grandes hallazgos prácticos de la modernidad. Sin embargo, es posible encontrar algunos precedentes previos, de mucho interés, en la arquitectura moderna. La modernidad arquitectónica y las tradiciones de la construcción abovedada nunca fueron demasiado compatibles: “El profesor Tarragó me dijo una vez que existe una ley no escrita para la arquitectura moderna: está prohibido construir arcos y bóvedas. Es un hecho que muy pocos grandes maestros de esta arquitectura emplearon estos elementos. Le Corbusier es una notable excepción. Quizá el mérito de la recuperación del arco y la bóveda haya que atribuirlo a Louis Kahn, ya en el decenio de 1960”. (Huerta 2004, ix).

Con todo, son algunas construcciones de la arquitectura moderna las primeras en tener importancia en esta historia: edificios que, en muchos casos, reivindicaban las virtudes de la tradición; propuestas cercanas, en muchos sentidos, a las construcciones de Fathy; arquitecturas que no fueron de cooperación, pero que ejercerían una influencia decisiva en proyectos posteriores de este tipo. ¿Cabría remontarse a ejemplos anteriores? Es conocido el interés de Le Corbusier por edificios como las Escuelas Pías de Gaudí, por ejemplo. ¿En qué medida influyó este edificio, e incluso otros previos, en el diseño de sus Maisons des Peons en Chandigarh? Hemos decidido limitar la búsqueda de los orígenes de la arquitectura de cooperación a la primera arquitectura moderna, ya que, salvo contadas excepciones, son éstas las primeras ocasiones en las que la arquitectura abovedada se diseña desde una racionalidad que es esencial a la arquitectura de cooperación. La mayor parte de los ejemplos, sin embargo, proceden de las últimas décadas del siglo XX, en las que se desarrollaron numerosas experiencias de gran interés en este ámbito.

Figuras 3.1 a y b. Las Escuelas Pías de la Sagrada Familia, un edificio de A. Gaudí. Adell 2005, 32 y 34.

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Introducción Debe quedar claro que la arquitectura de cooperación reivindica la utilización o reciclaje de arquitecturas vernáculas o nuevos sistemas de construcción con un sentido estrictamente utilitario. A diferencia de las corrientes arquitectónicas historicistas, la relectura de la tradición que hace la arquitectura de cooperación no tiene, o no debería tener, una voluntad estética. El empleo de un determinado sistema de cubrición con fábrica o de un entramado de madera responde a cuestiones de índole práctica, ya que con frecuencia los medios humanos y materiales con los que cuenta esta arquitectura son sólo los que proporciona el entorno más inmediato. Sobre los ejemplos escogidos.

Figuras 3.2 a y b. Proyecto PREVI. (A. Vázquez de Castro y J.L. Iñiguez de Onzoño). Vázquez de Castro 1973, 1.56. Figura 3.3. Viviendas en Mauritania (C. González Lobo y M. Hurtado). Salas 2004, 51.

Para encontrar las raíces de algunas de estas propuestas de arquitectura de cooperación vamos a estudiar algunos edificios construidos, como se ha dicho, desde los años 30 en adelante: arquitecturas modernas o no, cubiertas con unos sistemas abovedados ligeros que, innovadores o procedentes de diferentes tradiciones, se racionalizaron e integraron en un esquema general de edificio que contemplaba unos mínimos requisitos funcionales. En lo que concierne a este trabajo, la arquitectura de cooperación supuso una vuelta al empleo de sistemas abovedados tradicionales, siempre con la intención de integrarlos en un edificio adaptado a los requisitos modernos de salubridad, ventilación, iluminación, etc. Se han excluido de este trabajo experiencias, algunas de muchísimo interés, que no se ajustaban por completo a los requisitos marcados: viviendas de una o dos alturas, cubiertas con sistemas abovedados ligeros, con o sin armado. No se han tenido en cuenta construcciones recientes realizadas con adobe, por lo general mucho más pesadas, y muy pocas de las construidas con bloques de tierra compactada, por los mismos motivos. Ni las realizadas en yeso, como las muy recientes de Hurtado y González Lobo, por emplear procedimientos de construcción muy diferentes. Tampoco algunas experiencias pioneras en el ámbito de la cooperación con fábrica, como las viviendas diseñadas por A. Vazquez de Castro y J.L. Iñiguez de Onzoño para el proyecto PREVI, que no incorporaban sistemas abovedados en su solución.

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Construcción tabicada y vivienda social en España

3.2. CONSTRUCCIÓN TABICADA Y VIVIENDA SOCIAL EN ESPAÑA. El origen de muchas de las experiencias de cooperación al desarrollo que se van a detallar en esta tesis está en el empleo de la bóveda tabicada en el contexto de la vivienda social en España. Hay que tener en cuenta que la construcción de bóvedas tabicadas es una tradición empleada en el Mediterráneo desde antiguo en todo tipo de construcciones, y que, en un contexto de escasez de material en barra (madera y acero, principalmente) y mano de obra de bajo coste es una buena opción para levantar construcciones económicas. Por ello, el sistema ha sido uno de los colores de la paleta de la construcción vernácula mediterránea más empleado, en determinados zonas, en la construcción de vivienda social en España en la primera mitad del siglo XX. Conviene dejar muy claro, en todo caso, que cooperación al desarrollo y construcción de vivienda social no son la misma cosa. España sufrió durante buena parte del siglo XX problemas sociales y económicos semejantes a los que se manejan en cooperación al desarrollo, pero las condiciones en las que se afrontaron fueron absolutamente diferentes, lo que permitió emplear soluciones distintas. El acceso a los recursos básicos (agua, saneamiento), por ejemplo, pudo diseñarse partiendo de unas instalaciones previas; en ocasiones destruidas o mal dimensionadas, pero instalaciones al fin. Algo que con frecuencia no es posible encontrar en un contexto de cooperación. Sin embargo es evidente que, en lo que toca a arquitectura y construcción, hay muchas cuestiones en las que cooperación al desarrollo y vivienda social convergen. En ambos casos la prioridad es ofrecer viviendas dignas, de bajo coste, con un nivel de equipamiento básico y, en lo que nos afecta, con una estructura resistente que evite un excesivo mantenimiento. Y ambos campos, cooperación al desarrollo y vivienda social, han ido siempre a la cabeza del ensayo y la experimentación tanto con tecnologías novedosas como con soluciones tradicionales.

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Construcción tabicada y vivienda social en España

3.2.1. La vivienda social en España (1920-1950). El contexto social. Al igual que haremos con la cooperación al desarrollo en otros países, vamos a estudiar las experiencias sobre vivienda social realizadas con cubiertas ligeras de fábrica en España a partir de los años 30 del siglo pasado. Los primeros intentos de construir este tipo de vivienda tienen su origen en la necesidad de viviendas dignas para las primeras oleadas de emigración llegadas a las grandes ciudades en la revolución industrial, todavía incipiente en España a mediados del XIX. Es importante situar estas experiencias en su contexto social; Mercedes Tatjer 1 ofrece una descripción detallada del fenómeno en su análisis de diferentes iniciativas gubernamentales: “A mediados de siglo XIX […] se desarrolló una incipiente legislación para solucionar el problema de la vivienda; como la Real Orden de 9 de septiembre de 1853 que instaba a los gobernadores civiles de Madrid y Barcelona a construir casas para pobres, o el Proyecto de Ley de 1878 sobre "Construcción de barriadas para obreros" […] A pesar de estas propuestas, la acción directa del Estado solamente se dejó sentir en casos muy aislados de concesión de exenciones fiscales […] A partir de la Restauración monárquica se intensificó la acción pública de carácter indirecto, fundamentalmente a través de ayudas a entidades y sociedades benéficas y filantrópicas. Pero solo en 1903, con la creación del Instituto de Reformas Sociales, se lograría entrar en una fase de realizaciones gracias a la promulgación en 1911 de la Ley de Casas Baratas y de las medidas legales que le siguieron”. (Tatjer 2005, 3)

Sin embargo, sólo en algunas ocasiones estas promociones fueron proyectadas desde el racionalismo moderno al que hacíamos referencia en la introducción. En los años 20, diferentes proyectos del gobierno apoyaron la creación dirigida de vivienda social. Raramente estas iniciativas sustituyeron plenamente a la autoconstrucción, que dio forma de hecho a un buen número de arrabales 2 . Con la II República se impulsaron nuevas leyes: “Durante la Segunda República […] se intentaría incrementar la eficacia de las cooperativas como forma de solucionar los problemas de la vivienda obrera. Para ello se impulsó su organización regional y estatal y se propuso la creación de un Servicio de Crédito Social en colaboración con el Instituto Nacional de Previsión y las Cajas de Ahorro, y se planteó una ayuda importante a las cooperativas de vivienda. Pero la única medida legislativa aprobada en este periodo sería la Ley Salmón, de 21 de junio de 1935, para el fomento de la vivienda en alquiler mediante exenciones fiscales, decretada en pleno bienio conservador y dirigida más a clases medias y a los propietarios que construyeran para alquilar”. (Tatjer 2005, 4) 1. La bibliografía sobre este tema ofrecida por Tatjer es sumamente completa: “En la última década los investigadores parecen haber retomado el interés por el problema de la vivienda obrera y popular […]. Las numerosas monografías recientes […] constituyen un conjunto documental que muestra el amplio abanico de iniciativas de soluciones para el alojamiento obrero que se desarrollaron en España a lo largo de siglo y medio, con resultado cuantitativo menos importante que en otros países europeos, pero igualmente ricas en debates, propuestas y alternativas. Efectivamente, diferentes monografías locales sobre casas baratas (Barreiro 1991; Tatjer 1998; Bernal 2001; Domingo 1999; Blat 2004; Segarra 2003) han aportado numerosos datos sobre la construcción de este tipo de viviendas en diversas ciudades españolas a lo largo del primer tercio del siglo XX. A pesar de ello, por el momento únicamente contamos con una sola obra de carácter general (Castrillón 2001) que intenta reunir los debates y las realizaciones en materia de vivienda obrera […] en numerosas regiones españolas; recientemente, el valioso trabajo de Luis Arias sobre la Cooperativa Pablo Iglesias va más allá del estudio de caso para presentar en los dos primeros capítulos del libro el mejor y más completo estado de la cuestión acerca de la vivienda obrera en España en el primer tercio de siglo XX”. (Tatjer 2005, 2) 2. “Tras la promulgación de la primera Ley de casas baratas (1911) se inició la intervención pública […] acompañada de iniciativas de promotores privados […]. A pesar de ello permanecerían hasta casi finales del siglo XX la autoconstrucción o el barraquismo como formas de alojamiento obrero”. (Tatjer 2005, 1)

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Construcción tabicada y vivienda social en España Figura 3.4. Grupo de viviendas en San Andrés de Palomar, construido por el Comisionado de la Casa Obrera. GATEPAC, 1933. VV.AA. 2005, 551.

Muchas de estas iniciativas republicanas debieron enfrentar problemas de orden administrativo (originados por problemas políticos, en la mayor parte de los casos), que minaron un tanto, como es lógico, las posibilidades de la arquitectura social del momento. Durante el periodo republicano se produjo, no obstante, un buen número de promociones de interés para la presente tesis, algunas de las cuales se consignan en los apartados siguientes. Entre ellas se encuentran los primeros intentos de hacer una arquitectura moderna empleando elementos de la tradición local, entre ellos, como no, las bóvedas tabicadas. Las dificultades administrativas republicanas desaparecerían con la llegada de la dictadura, que impuso una regulación más rígida de las iniciativas para la construcción de vivienda social. La destrucción generada por la guerra civil hacía, además, necesaria una reconstrucción urgente, en la que la vivienda tenía un papel fundamental. El franquismo crearía, a lo largo de la dictadura, diferentes herramientas de control de la construcción de vivienda 3 para dar respuesta a sucesivas situaciones económicas y sociales. Terminada la guerra, la primera fue la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones, una entidad creada para controlar los presupuestos asignados a la reconstrucción de determinadas poblaciones 4 . 3. “La intervención directa del Estado a través de sus diferentes instancias se produciría de forma intensa y fuertemente regulada en el período de la Dictadura franquista. Durante cuarenta años (1939-1979) la acción del Estado se dejó sentir a través de un entramado de diferentes organismos en el marco del nacionalsindicalismo (Instituto Nacional de la Vivienda, Obra Sindical del Hogar, Gobiernos civiles, Patronato Francisco Franco, etc.) así como por la actuación de los propios municipios e incluso de las Diputaciones. Esa acción se dejó sentir de forma tan contundente que marcó profundamente el paisaje de las ciudades españolas con promociones de repercusión social y de valor arquitectónico muy diverso. […] Dentro de este conjunto de instituciones franquistas destaca la Obra Sindical del Hogar, que levantó en el conjunto de España, entre 1942 y 1970, 266.398 viviendas, especialmente en las provincias de Madrid, Barcelona y Sevilla”. (Tatjer 2005, 4) 4. “A finales de 1938, se creó en Burgos la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones (DGRDR), pasando a formar parte de la estructura del Ministerio de Gobernación […]. Regiones Devastadas dictaminaba que las poblaciones con destrucciones superiores al 75% fueron nominadas como «adoptadas» por Franco (en total 102 pueblos en toda España, incluyendo algunos barrios de Madrid). Al año siguiente se crea la Dirección General de Arquitectura (DGA), que dirige Pedro Muguruza sin abandonar su puesto al frente de los Servicios Técnicos de Falange. Esta Dirección General, junto a la de Regiones Devastadas, se adscribe al Ministerio de Gobernación”. (López 2002, 304)

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Construcción tabicada y vivienda social en España Figuras 3.5 a, b, c y d. Obras de reconstrucción de Seseña. Prieto 1941, 19.

El contexto técnico. Interesa, además de situar el problema en el contexto social del que hemos hablado, poner también en su lugar las discusiones técnicas del momento. Durante los años 20, y de forma aún más forzada con la crisis del 29 y la llegada de la república, la arquitectura de la primera modernidad española debatía las virtudes de la construcción con hormigón armado, un sistema indisociable de la modernidad: son muchos los autores que han reflexionado sobre la relación entre este material y la arquitectura moderna, sobre la necesidad de la arquitectura de la época, en general, de aprovechar las posibilidades técnicas que ofrecían los nuevos materiales, el principal de los cuales era el hormigón armado. En lo que toca a la vivienda, en España se produjo, desde la década de los 20, un fluido debate sobre la construcción de vivienda social con hormigón armado, y sobre las posibilidades de prefabricación que el sistema ofrecía. El hormigón armado se asociaba entonces a la posibilidad de construir en serie: la prefabricación de la que se hablaba era, mayoritariamente, de viviendas, como queda patente en el artículo “Construcción de casas baratas vaciándolas sobre un molde de madera”, aparecido en 1920 en una revista de corte generalista (Blanco y negro n 1529, 1920). La discusión sobre el sistema alcanzaba entonces gran difusión, y empezaba a asociarse, como otros hallazgos de la modernidad, a un futuro mejor. Probablemente ya entonces la obra de fábrica empezaba a asimilarse, al menos de forma paulatina, a la arquitectura popular, tan aparentemente contraria, en algunos aspectos, a los postulados de la modernidad. Sin embargo, conviene no olvidar que existen numerosas reivindicaciones de la arquitectura popular hechas en aquel momento desde los postulados de la modernidad arquitectónica: la revista AC, por ejemplo, dedicó diversos artículos al estudio de estas tradiciones. Además, desde un primer momento surgieron voces que dudaban de que el hormigón fuera un sistema válido en la construcción de vivienda social en España, dada la carestía de materiales y las elevadas tasas de

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Construcción tabicada y vivienda social en España Figura 3.6. Pórticos de acero del Cuartel de Artillería de Segovia, construido en 1944. Fotografías del autor.

paro obrero. Fueron numerosas las voces de diferente signo político que, en los años 20 y 30, reivindicaron el empleo de las tradiciones arquitectónicas locales; algunas consideraban, incluso, que la defensa de la construcción de vivienda social con hormigón era cuanto menos sospechosa de tener una voluntad más estilística que práctica. La guerra civil acabaría de forma radical con cualquier discusión. Las limitaciones impuestas a la utilización de determinados materiales, principalmente el acero 5 (debidas tanto a su carestía real como a la voluntad política de emplear el poco disponible en la construcción de ingenios militares) limitaron de forma notable las posibilidades de construir con hormigón armado y obligaron a arquitectos y constructores a retomar los sistemas constructivos de la arquitectura vernácula. 5. “Una de las razones importantes que ocasionaron las limitaciones tecnológicas durante la posguerra tienen su justificación en las limitaciones impuestas en la utilización del hierro en el sector de la construcción durante este periodo. Somos conscientes que los 19 años de restricción de elementos metálicos en nuestro país (1941–1960) limitó la expansión de la edificación y la evocó a planteamientos de simplicidad tipológica y a recuperar tecnologías tradicionales. La ley (del 11 de marzo de 1941) dejaba claro que el sector industrial requería el uso de la mayor parte del hierro disponible en aquellos momentos y, por tanto, aconsejaba limitar su utilización en la construcción por entender que podía ser sustituido por sistemas basados en la tradición. De esta manera, hemos de recordar, que la prohibición del hierro en la construcción afectaba tanto la realización de los muros y los techos (de luces normales de 6 metros en crujía sencilla y de 12 metros en crujía doble). La ley también aconsejaba que las cubiertas de luces mayores se debían sustituir las armaduras metálicas por otras de cemento armado. […] Esta ley admitía en los proyectos oficiales el uso del hierro hasta un peso determinado (7 kg/m3 de edificación) y a la vez se había de especificar en los proyectos los kilos totales de hierro que se tenía previsto utilizar en el edificio. En los casos que se superase esta cantidad se exigía un informe favorable de la Dirección General de Arquitectura. Finalmente el Reglamento que desplegó esta ley fue aprobado 4 meses después (el 22 de julio de 1941)”. (Ripoll 2005, 755)

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Construcción tabicada y vivienda social en España El empleo de cubiertas ligeras de fábrica. En este contexto social y técnico, los sistemas abovedados ligeros, conocidos desde muy antiguo, no siempre fueron considerados una alternativa en la construcción de vivienda social. La llegada de la modernidad arquitectónica trajo consigo muchas ventajas (planificación, ventilación, instalaciones, etc.) pero dejó de lado estos sistemas, que algunos ya asociaban al barraquismo y a la autoconstrucción. La carestía llegada tras la guerra civil propició que las construcciones abovedadas ligeras se emplearan con cierta frecuencia en la construcción de vivienda social. De entre los sistemas tradicionales capaces de sustituir las estructuras horizontales de hormigón armado, uno de los más ensayados en los primeros momentos de la posguerra fue el de la construcción de bóvedas tabicadas. De su lado, como se verá en los ejemplos que se detallan en los apartados siguientes, estaba el bajo coste de la solución, en un contexto de escasez de acero y mano de obra barata; pero también jugó entonces en su favor la propia condición tradicional del sistema, que posibilitó su reivindicación estética desde los postulados nacionales. Varios autores consideran que para Pedro Muguruza, responsable de la Dirección General de Arquitectura en esos años, “el orden constructivo ideal es el tradicionalismo arquitectónico que aprovecha los materiales locales y la economía de medios: ya en esta fecha de 1940 anticipa la idea de la bóveda «catalana» (que propagará más tarde Luis Moya, y que utilizarán Cabrero o Zuazo), o el articulado de cerámica palentino, los sistemas de bóveda exterior...; incluso sugiere, como medida de emergencia, recuperar las cuevas tradicionales mejorándolas al máximo”. (López 2002, 307) Sea como fuere, durante la posguerra se construyeron muchos conjuntos de vivienda social cubiertos parcial o totalmente con sistemas de bóvedas tabicadas. El procedimiento demostró, en diferentes estudios, ser una buena solución. No pudo, por supuesto, erradicar completamente el problema de la escasez de vivienda social, cuya escala no era meramente técnica 6 , pero generó un buen número de arquitecturas de enorme interés.

Figura 3.7. Virgen del Pilar, Madrid. F. Cabrero y R. Abaurre, 1948. Fotografía del autor.

6. “Ni las políticas sociales de casas baratas del primer tercio de siglo XX, escasas en número a pesar de su interés tipológico y de gestión, ni las políticas de vivienda del franquismo a causa de su coste relativamente elevado y de las dificultades político-sociales de acceso, pudieron resolver el problema del alojamiento de los grupos obreros de menor renta: éstos se vieron abocados a formas de vivienda precaria como el barraquismo y la autoconstrucción hasta prácticamente las últimas décadas del siglo XX”. (Tatjer 2005, 14)

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Construcción tabicada y vivienda social en España Sobre los ejemplos escogidos.

Figura vivi_01. Virgen del Pilar (Madrid). F. Cabrero y R. Abaurre. Fotografía del autor.

Figura 3.8. Escaleras en las viviendas de alquiler en c/ Padua, Barcelona. Sixto Illescas, 1934. VV.AA. 2005, 807.

Este estudio no pretende ser exhaustivo: fueron muchos los ejemplos de vivienda social construidos con sistemas abovedados desde los años 30. Los ejemplos escogidos son los que más influencia, directa o indirecta, pueden tener o haber tenido sobre la construcción en proyectos de cooperación al desarrollo. La mayor parte de los casos que se detallan a continuación son edificios de una o dos alturas 7 , y muchos fueron construidos tras la guerra civil, en el contexto de una reconstrucción nacional que tal vez tuviera pretensiones historicistas en lo estético, pero que sin duda debía bregar con la necesidad de ajustarse a un programa de costes muy ajustado. Fueron diseñados según un programa rigurosamente racionalista, y es difícil, incluso hoy en día, encontrar en cualquiera de ellos rastros de localismos. Cada ejemplo corresponde además (así se ha pretendido) a un tipo estructural diferente. Todos son ejemplos de construcción abovedada ligera integral: todos los elementos que forman las estructuras horizontales del edificio fueron construidos con bóvedas tabicadas. No se incluyen edificios construidos parcialmente con este sistema, de los que existen numerosos ejemplos. En la época que estamos tratando, la gran mayoría de elementos estructurales menores (escaleras, pequeñas losas, etc.) se construían siempre, o casi, con bóvedas tabicadas. Se han incluido cuatro ejemplos: las Casas de Vacaciones del Garraf, una obra de J.L. Sert y J. Torres Clavé, es el más antiguo, y no se ajusta a algunos requisitos mencionados (no es, desde luego, vivienda social); se estudia aquí debido a su influencia posterior en proyectos de Le Corbusier y otros arquitectos. Las Casas en el Barrio de Usera, una obra de Luis Moya, sí responde exactamente a las características de la vivienda social de la posguerra, como también sucede en el caso de la Villanueva de la Cañada, una obra de los arquitectos J. Castañón y A. Fungairiño, o en el más tardío de Sant Cugat de Salt, obra de I. Bosch. Todos estos ejemplos son técnicamente muy distintos entre sí: no se han contemplado otros proyectos (como la Reconstrucción de Boadilla del Monte, por ejemplo) porque sus similitudes conceptuales y formales con alguno de los casos escogidos son evidentes.

7. Existen estupendos ejemplos de edificios de vivienda social en altura construidos en este periodo con bóvedas tabicadas. Es el caso de las viviendas de Castellana 292-300, una obra de Secundino Zuazo, o de las viviendas Virgen de Pilar, en la Avenida de América, de Francisco de Asís, Cabrero. No se incluyen aquí porque el modelo de estudio habitual en cooperación al desarrollo es de una o dos alturas como máximo.

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Construcción tabicada y vivienda social en España Figuras 3.9 a y b. Proyecto de viviendas en Boadilla del Monte. Cámara 1941, 36 y 37.

Los edificios mencionados han sido elegidos para este estudio por todos estos motivos, pero también porque la abundante información técnica con la que se documentaron en su momento facilita su análisis. Las revistas de arquitectura de la época habían empezado poco antes a incorporar, a modo de recursos 8 , imágenes y detalles de los procesos de construcción. Si hasta ese momento estas imágenes habían sido consideradas redundantes (esencialmente repetían algo que el texto también describía, y que un conocedor de la materia ya sabía) a partir entonces pasaron a ser habituales. Algo que es fundamental hoy en día, en un mundo en que es raro el arquitecto o constructor que ha construido, o visto construir, bóveda alguna. 8. Juan Antonio Ramírez describe la asociación texto – imagen con detalle en algunos de sus estudios sobre cultura de masas: “Los recursos no son importantes por su calidad estética ni por la información que suministraban, sino porque introducían el factor redundante en el ámbito del consumidor privado de imágenes”. (Ramírez 1976, 36). En el caso del que tratamos las imágenes podían no aportar demasiada información (técnica, se entiende) a sus contemporáneos, pero son fundamentales para entender estas arquitecturas desde una perspectiva actual.

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Las casas de fin de semana del Garraf Figura 3.10. Casas de fin de semana en Garraf. Barcelona. Viviendas terminadas, tal como aparecen en AC. Freixa 1981, 21.

3.2.2. Las casas de fin de semana del Garraf. Tal vez el primer ejemplo del empleo de bóvedas tabicadas en la arquitectura moderna (y dentro de los límites establecidos para este trabajo) sean las Casas de Fin de Semana en el macizo del Garraf, Barcelona, construidas en 1935 por J. L. Sert y J. Torres Clavé 9 . Se trata de viviendas mínimas (aunque no por tratarse, como es obvio, de vivienda social, sino por su pretendido uso vacacional) en las que la organización racionalizada y moderna del espacio se hacía compatible con sistemas de construcción tradicional, como la mampostería propia de la zona o la bóveda tabicada. Tal como se verá más adelante 10 la influencia de esta promoción, en principio un edificio menor en la producción de Sert, en proyectos de otros arquitectos de prestigio es enorme. José Luis Sert (Barcelona 1902) es una figura fundamental de la llamada segunda generación del movimiento moderno. Tras estudiar arquitectura en la Escuela de Barcelona, su interés por los postulados de la modernidad arquitectónica posibilitaron su incorporación, en 1927, al estudio parisino de Le Corbusier. Desde principios de los años 30 desempeñó un importantísimo papel como introductor del movimiento moderno en la arquitectura española, bien a través de sus obras, bien a través de la difusión de las mismas en las múltiples publicaciones (AC) y asociaciones (GATEPAC) en las que participó, muchas promovidas y dirigidas por él mismo. Represaliado tras la guerra civil, se exilió a los Estados Unidos en 1941. Allí desarrolló un buen número de trabajos profesionales, a la vez que ejercía la docencia en las universidades de Yale y Harvard. 9. Se hablará aquí fundamentalmente de José Luis Sert, dada la proyección posterior de sus trabajos. Pero hay que destacar que la obra de las casas del Garraf fue dirigida con José Torres Clavé (como otros proyectos de Sert en los años 30), que murió durante la guerra civil. 10. Basta consultar los ejemplos contenidos en el presente trabajo para ser consciente de las similitudes entre las Casas del Garraf y edificios modernos posteriores: las Casas Jaoul, Sarabhai, Gigli o Berlinghieri, por citar las más conocidas, son herederas de los planteamientos modernos de Sert y Torres Clavé.

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Las casas de fin de semana del Garraf Entre sus edificios más conocidos se encuentran el Pabellón de España en la Exposición Universal de 1937, el Centro de la Ciencia de la Universidad de Harvard o la Fundación Miró, en Palma de Mallorca. Sert murió en 1983, habiendo recibido reconocimientos de gran importancia en los ámbitos de la arquitectura y la docencia. La tradición catalana en las casas de Garraf. Del empleo y la difusión que Sert hizo de las bóvedas tabicadas hay abundantes referencias, como se ha detallado en la introducción. El arquitecto catalán las empleó en un buen número de edificios 11 , de entre los que las Casas de Fin de Semana del Garraf son las que más se ajustan a los límites impuestos en este trabajo. Sert y Torres Clavé emplearon en las casas de Garraf una solución constructiva local sobre una planta moderna. La descripción de las viviendas incluida en el estudio Sert (Freixa 1981) es sumamente completa en lo que se refiere a la estructura de cobertura, y da idea de la importancia que el arquitecto (el texto se edita con su beneplácito) daba a las bóvedas tabicadas en su edificio: Estas casas mínimas están destinadas a albergues de playa y residencias para estancias cortas. El clima templado de Barcelona permite utilizarlas todo el año. Los espacios se cubren con bóvedas catalanas, formadas por tres capas de ladrillo plano. La primera capa utiliza mortero de yeso que al fraguar expande trabando el conjunto como un a cáscara. Esta primera capa sirve de encofrado para las demás, recibidas con mortero de cemento. Estas bóvedas necesitan tirantes transversales o contrafuertes para absorber el empuje lateral. Las cubiertas utilizan grava y arena mezcladas con tierra para aislar. Las ventanas tienen un tamaño mínimo para proteger el interior de la irradiación solar. (Freixa 1981, 20)

Figuras 3.11 a y b. Casas de fin de semana en Garraf. Barcelona. Viviendas terminadas, tal como aparecen en AC. Freixa 1981, 22.

11. Véase Rodríguez 2007, el pequeño resumen de la trayectoria profesional de Sert contenido en Freixa 1981 o las referencias al respecto en Pizza 1997.

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Las casas de fin de semana del Garraf Figura 3.12. Portada de AC nº 19, con las Casas de fin de semana en Garraf. Barcelona. Rodríguez 2007, 764.

La relación con el movimiento moderno. Freixa y Sert llegan al extremo de dedicar algunas líneas a la ejecución de las bóvedas, como también hicieron en la publicación original de la obra, en el num. 19 de la revista AC. Tanto en el empleo de las mismas como en su descripción en las publicaciones citadas hay una cierta reivindicación, más o menos encubierta 12 , de estos sistemas tradicionales 13 . Hay que tener en cuenta que, por aquel entonces, muy pocos edificios de la modernidad rigurosa empleaban sistemas abovedados, y que en los pocos casos en que lo hacían estas eran, como es obvio, de hormigón. 12. “Sert convierte en 1935 la casa tipo C de Garraf, imagen de portada del numero 19 de la revista A.C., en el referente claro de la posibilidad de plantear arquitectura moderna y construirla con materiales tradicionales, ente ellos y el mas característico en este caso, con bóveda tabicada. Pero no es el único ejemplo de ese periodo. También las utiliza en el Parvulario de Viladecans de 1935, y con más claridad en el Pabellón escolar de Arenys de Mar, del mismo año”. (Rodríguez 2007, 771). Sert publica en AC 18, 1935, el artículo “Raíces mediterráneas de la Arquitectura Moderna” Y dice: “La arquitectura moderna, técnicamente, es en gran parte un descubrimiento de los países nórdicos, pero espiritualmente es la arquitectura mediterránea sin estilo la que fluye en esta arquitectura. La arquitectura moderna es un retorno a las formas puras, tradicionales, del mediterráneo. ¡Es una victoria más del mar latino!” (Pizza 1997, 218). 13. Entre las reivindicaciones del GATEPAC se encontraban, además de los postulados de la modernidad, un cierto respeto por la construcción vernácula y por los aspectos prácticos de algunas de sus técnicas, que Rodríguez y Hernando resumen así: “1. Interés por la arquitectura y construcción populares por su honestidad, sobriedad y sabiduría, y como posible fuente de inspiración en la búsqueda y desarrollo de una nueva arquitectura. 2. Interés por los aspectos constructivos y técnicos. En la mayor parte de los proyectos publicados, se hace una breve referencia de la memoria en sus aspectos constructivos”. (Rodríguez 2007, 764)

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Las casas de fin de semana del Garraf

Figura 3.13 a, b, c, d y e. Casas de fin de semana en Garraf. Barcelona. Plantas de los diversos tipos de vivienda, y sección “típica”. Puede apreciarse la voluntad de combinar la organización racionalizada y moderna del espacio con los sistemas de construcción de la zona. Freixa 1981, 20.

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Las casas de fin de semana del Garraf

Figuras 3.14 a, b y c. Croquis de las Casas del Garraf. Tomado de Freixa 1981, 11. La Ciudad de Reposo y Vacaciones. VV.AA. 2007, 332 y 333.

Sobre la influencia de estos edificios en la arquitectura de la segunda oleada del movimiento moderno no hay duda alguna. Sin embargo, hay que resaltar que, con respecto a otras iniciativas de la modernidad, en las viviendas de fin de semana las bóvedas no se dejan con el ladrillo visto, sino que se tienden de yeso. La voluntad de ofrecer calidez con el ladrillo visto, que queda patente en los edificios de Le Corbusier en los años 40, no está presente en la obra de Sert y Torres Clavé. Su utilización de la bóveda tabicada es estrictamente utilitaria. La génesis de las viviendas de fin de semana. Las viviendas de fin de semana tienen un especial interés para este estudio, dados sus antecedentes. Algunos años antes de construir las viviendas, en 1932, Sert dio a conocer su proyecto de Ciudad de Reposo y Vacaciones, organizado en base a una caseta desmontable, de la que se llegó a construir una muestra (Pizza 1997). Se trata, como en el caso de las casas del Garraf, de viviendas mínimas, pensadas (la argumentación de Sert sobre su pertinencia, en A.C. nº7, 1932, es impecable) para facilitar las estancias vacacionales de la ciudadanía. Es evidente que, aunque las viviendas de la Ciudad de Reposo y Vacaciones no buscan dar cobertura a las necesidades básicas con las que trabaja la arquitectura de cooperación, sí hay en su planteamiento básico una relación evidente con muchos modelos de viviendas construidas en contextos de cooperación actuales. Resulta curioso que Sert hiciera evolucionar su idea de viviendas prefabricadas hacia la construcción tabicada en el Garraf, ya que pone de manifiesto que, para el arquitecto, la construcción con bóvedas tabicadas era un sistema de construcción con mínimos, como lo era la construcción con módulos en las viviendas prefabricadas.

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Las casas de fin de semana del Garraf

Figuras 3.15 a, b y c. Dispensario Central Antituberculoso de Barcelona. Freixa 1981, 33. Cuaderno E21 de Le Corbusier. Rodríguez 2007, 772. Propuesta abovedada y prefabricada para el habitat tropical, con Town Planning Associates. Freixa 1981, 66.

La bóveda tabicada en la obra de Sert. Sert empleó con cierta frecuencia las bóvedas tabicadas en todo tipo de edificios. Similares a las utilizadas en el Garraf son las empleadas, también en 1935, en edificios como el Pabellón escolar de Arenys de Mar o el Parvulario de Viladecans. En edificios de mayor tamaño Sert empleó las bóvedas tabicadas para salvar, como era corriente en la época, el espacio entre vigas: es el caso del Dispensario Central Antituberculoso de Barcelona, obra de Sert, Torres Clavé y Subirana, construido, en palabras de Rodríguez y Hernando, “con estructura metálica […] adopta en los forjados una solución de viguetas metálicas y entrevigado de bovedillas de dos «voltes de maó», con una solera de ladrillo continua por su parte inferior en sustitución del cieloraso habitual”. (Rodríguez 2007, 764) Seguiría empleando sistemas abovedados, aunque casi siempre de hormigón, a lo largo de su fecunda trayectoria. Entre ellos se encuentra un interesante estudio de prefabricado abovedado, realizado con Town Planning Associates, que se referenciará en el capítulo dedicado a González Lobo (Freixa 1981, 66). Con todo, hay que dejar claro que la principal importancia de Sert en esta historia de la construcción abovedada está en la difusión que hizo del sistema de las bóvedas tabicadas. Sert presentó esta técnica a Le Corbusier, que la emplearía en diversas construcciones en la India (y a través de quién pasaría a otros arquitectos), e influyó de manera decisiva en Bonet Castellana, que la empleó, como se cita en el capítulo correspondiente, en Sudamérica.

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Casas en el Barrio de Usera

3.2.3. Casas en el Barrio de Usera.

Figura 3.16. Casas en el Barrio de Usera. Viviendas terminadas. Moya 1993, 36.

Tal vez el ejemplo más conocido de vivienda social con bóvedas tabicadas sea el de las Casas en el Barrio de Usera, que el Arquitecto Luis Moya levantó en Madrid en 1942. Moya es conocido por los múltiples edificios cubiertos con bóvedas tabicadas que construyó, llegando a dedicar incluso un pequeño tratado al sistema, Bóvedas Tabicadas (Moya 1993, editado originalmente por la Dirección General de arquitectura en 1947), en el que detalla las posibilidades que ofrece la construcción con bóvedas ligeras utilizando como ejemplo, en muchos casos, sus propias construcciones. Las Casas en el Barrio de Usera son uno de los ejemplos a los que el arquitecto recurre con mayor frecuencia. Luis Moya Blanco 14 nació en Madrid, hijo del ingeniero Luis Moya Idígoras, y obtuvo el título de arquitecto por la Escuela de Arquitectura de Madrid en 1927. Hasta el comienzo de la guerra civil proyectó y construyó un buen número de edificios, inicialmente en el lenguaje de la arquitectura moderna, con la que más tarde se enfrentaría. Tras la guerra civil se hizo cargo, por encargo de la Dirección General de Arquitectura, de distintos proyectos de reconstrucción. En muchos de ellos, dada la escasez de acero para la construcción en la época, ensayó con los sistemas de bóvedas tabicadas. Entre su producción más conocida se encuentran numerosos edificios construidos con esta técnica: varias iglesias (San Agustín, Santa María Madre), el madrileño Museo de América o la Universidad Laboral de Gijón. También ejerció la docencia, llegando a ser Catedrático y Director de la Escuela de Arquitectura de Madrid. Murió en 1990. Las Casas en el Barrio de Usera se construyeron poco después de terminar la guerra civil, en el contexto de escasez de acero y de cemento 15 descrito anteriormente. Moya empleó las soluciones técnicas que consideró más razonables, dadas las limitaciones materiales que encontró. Su reciclaje de la tradición tabicada no tiene, en este edificio, voluntad historicista sino utilitaria.

14. Sobre la vida de Luis Moya interesa consultar el perfil que le dedica Javier García-G. Mosteiro en el catálogo de la exposición Luis Moya Blanco. Arquitecto. 1904-1990 (VV.AA. 2000) o las notas, también de García-G. Mosteiro, a la edición del Cuaderno de Apuntes de Construcción de Luis Moya (García-G. 1993) 15. “[…] los arquitectos tenemos ahora la necesidad de buscar soluciones para construir con la menor cantidad de hierro posible. Además, el hierro del que disponemos es muy desigual, encontrándose, a veces, trozos de una resistencia insuficiente (y parecido es lo que pasa con el cemento) por lo que, para tener una cierta seguridad en una obra de hierro o de hormigón armado, sería preciso hacer pruebas diarias de estos materiales”. (Moya 1993, 7)

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Casas en el Barrio de Usera

Figuras 3.17 a y b. Casas en el Barrio de Usera. Croquis iniciales realizados por Moya. Se observan los contrafuertes inicialmente previstos, de menor tamaño que los definitivos y de sección decreciente, y algunas propuestas de diseño que no se incorporaron a la construcción definitiva. La vista seccionada del croquis 03 ilustra el diseño estructural empleado en la solución definitiva. VV.AA. 2000, 139 y Moya 1993, 35.

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Casas en el Barrio de Usera

Figuras 3.18 a y b. Casas en el Barrio de Usera. Viviendas terminadas. Tomado de Moya 1993, 36.

Proyecto y construcción. Moya construyó las Casas en el Barrio de Usera con la condición previa de no utilizar acero alguno. Consciente de que, para ello, necesitaría dotar a los extremos de la estructura de contrafuertes de fábrica de cierto espesor, y de que estos contrafuertes aumentaban mucho el coste de la construcción, diseñó un esquema de viviendas adosadas, en el cual los contrafuertes sólo eran necesarios en los lados menores de la edificación. El mismo Moya justificaba así la solución técnica escogida: “Los contrafuertes resultan muy costosos, sobre todo si no se puede contar con la ayuda de tirantes, aunque sea ocultos. […] Solamente puede ser económico el contrafuerte cuando el edificio se compone de un gran número de bóvedas iguales, contrarrestadas unas con otras hasta los bordes de la construcción, dónde se ponen los contrafuertes necesarios para éstas”. (Moya 1993, 35-36)

La estructura es sumamente sencilla 16 . Una serie de muros de carga de un pie de espesor, separados 2,80 m. unos de otros, sostienen tanto las bóvedas de la planta primera (cilíndricas, de generatriz recta y sección rebajada) como las de cubierta (cilíndricas, de generatriz recta y sección inclinada). Los empujes de dichas bóvedas se contrarrestan y trasladan hasta el grupo de contrafuertes laterales, de un pie de espesor y de aproximadamente 1,20 m. de longitud. 16. El mismo Moya la describe en estos términos: “Son una serie de doce bóvedas cilíndricas iguales, repetidas en la planta alta por otras doce de generatriz inclinada y contrarrestadas en cada extremo del grupo por un sistema de contrafuertes. No se ha empleado nada de hierro o madera en la estructura. El piso y la cubierta, de teja curva, cargan sobre las bóvedas correspondientes mediante relleno ligero de cascote hueco con lechada de cemento”. (Moya 1993, 67)

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Casas en el Barrio de Usera

Los muros, por su parte, se calan en arcadas sucesivas, tal como puede apreciarse en el croquis correspondiente, hasta el extremo de convertirse, en ocasiones, en simples pilares de ladrillo de un pie. Las bóvedas, construidas con doble rosca de rasilla y una relación flecha/luz de 1/8, se rellenan con cascote hueco con lechada de cemento, y se refuerzan, en planta baja, con una serie de costillas de ladrillo perpendiculares a la generatriz. Algunas notas sobre el proceso. Moya advierte de que este sistema de construcción, siendo ideal en lo que se refiere a los costes de la estructura, tiene algunas implicaciones de montaje que hay que tener en cuenta. Así es: las bóvedas sólo se verán contrarrestadas unas con otras, y a su vez contra los contrafuertes, cuando la estructura del edificio esté terminada.

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Figuras 3.19 y 3.20. Casas en el Barrio de Usera. Planos definitivos y viviendas en proceso de construcción. Moya 1993, 68.


Casas en el Barrio de Usera

Figuras 3.21 a y b. Vista del proceso de construcción de una bóveda cilíndrica rebajada. Casas en el Barrio de Usera. Proceso de construcción. Moya 1993, 20 y 9.

Moya es consciente de este hecho, y así lo pone de manifiesto en su tratado, invitando a construir refuerzos intermedios que posibiliten la estabilidad del conjunto durante la fase de obra: “[…] no conviene hacer un número excesivo de bóvedas fiando el contrarresto sólo a los extremos, sino que es prudente intercalar machones que dividan el conjunto. De no hacerlo, la construcción no sería estable hasta estar terminada, y hay que tener en cuenta la marcha de la obra. Además, pueden siempre producirse acciones locales que hagan desigual la distribución de empujes”. (Moya 1993, 37)

También afirma que puede llegar a ser necesario, en un edificio de esta tipología, emplear juntas de dilatación. Hay que tener en cuenta que la longitud mayor de las Casas del Barrio de Usera debía rondar los 36 metros (aproximadamente 12 x 2,80 + 1,12 x 2), algo por encima del límite razonable para una junta estructural. Moya opina que “la subdivisión de una construcción es necesaria para prevenir las dilataciones” (Moya 1993, 37) aunque las consideraciones que realiza sobre la pertinencia de estas juntas (Moya 1993, 46 a 48) se centran en bóvedas de gran tamaño, y no tratan de elementos seriados 17 . Es de suponer que el diseño de juntas de dilatación de las Casas de Usera respetaba estos criterios, y que contaría con, al menos, una junta en el tablero de cubierta cada 20 metros. Moya y las bóvedas tabicadas en la arquitectura de posguerra. El empleo, por parte de Luis Moya, de bóvedas tabicadas en un buen número de construcciones de posguerra tuvo una cierta influencia y continuidad en la obra de sus contemporáneos. Su obra tenía por entonces una proyección que no tenían otros proyectos citados aquí (la experiencia de Villanueva de la Cañada, por poner un ejemplo). La 17. “Sus efectos [de la dilatación] son importantes en bóvedas de cubierta de más de 15 m. de luz, si tienen encima tejado, y si no lo tienen, las de cualquier tamaño, por los grandes movimientos de dilatación y contracción que sufren éstas. Cuando se trata de naves continuas, con tejado, y de poca luz (menos de 12 m.), y la longitud no excede de 60 m., puede hacerse, al menos en el clima de Mdrid, la bóveda de una pieza y establecer juntas cada 20 metros sólo en los tableros de cubierta. Estas juntas se tapan con cobijas de teja curva”. (Moya 1993, 46)

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Casas en el Barrio de Usera

relación de Moya con Pedro Muguruza, que tuvo en la época distintos puestos de responsabilidad (Moya había realizado prácticas en su estudio en sus tiempos de estudiante) y su frecuente presencia en las revistas de la época facilitaron esta proyección. Aunque no deben descartarse otras vías de difusión del sistema, como la probada relación del aparejador Manuel de las Casas con muchos de estos proyectos. Ángel Urrutia afirma: “A través de un aparejador común, Manuel de las Casas Rementería, tanto Moya como Rafael de Aburto y Francisco Cabrero generalizarán este sistema en diversas obras de módulo económico reducido […]”. Urrutia 1997, 379-380.

Sea como fuere, es evidente es la influencia de las Casas en el Barrio de Usera, hoy desaparecidas, en la vivienda social de posguerra. La solución de bóvedas adosadas sujetas por contrafuertes laterales fue utilizada más tarde, en edificios en altura, por Cabrero y Abaurre, o Zuazo (véase la introducción al presente capítulo) si bien en algunos casos, dada la mayor altura y la consecuente necesidad de grandes contrafuertes para trasladar las cargas al terreno, ellos sí utilizaron tirantes de acero para ayudar a contener los empujes. Las acusaciones de clasicismo -en cuestiones de estética- que Moya afrontó a lo largo de su vida (muchas provenientes, como es lógico, del ámbito del Movimiento Moderno) tal vez pudieran aplicarse a otros edificios, pero carecen de sentido en el caso de las Casas en Usera. Como se ha afirmado en la introducción de este apartado, su reciclaje de la tradición tabicada no tiene, al menos en este edificio, voluntad historicista, sino utilitaria.

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Figuras 3.22 a, b y c. Virgen del Pilar (Madrid). F. Cabrero y R. Abaurre, 1948. Fotografías del autor. Figuras 3.23 a y b. Colonia San Cristóbal. (Madrid). S. Zuazo, 1948. Fotografías del autor.


El ejemplo de Villanueva de la Cañada

3.2.4. El ejemplo de Villanueva de la Cañada. Uno de los ejemplos más conocidos del empleo de la bóveda tabicada de forma sistemática en la construcción de vivienda social en la España de la postguerra es el de la reconstrucción del pueblo de Villanueva de la Cañada. La pequeña villa, de apenas 140 vecinos, fue completamente destruida durante la guerra civil, hasta el punto de que “nada quedaba, al terminar la guerra de liberación (sic), del antiguo pueblo, del que sólo se ha podido reedificar una ermita. El resto de su construcción, de materiales muy humildes, alcanza excepcionalmente, en alguno de sus muros testigos, la altura de un metro” (Castañón 1942, 451). Villanueva de la Cañada fue reconstruida, como tantos otros pueblos (Brunete, Belchite, Guernica o Seseña son algunos de los más conocidos), en un emplazamiento cercano, con la intención de “corregir los defectos del [emplazamiento] primitivo 18 ” (Castañón 1942, 451) Arquitectura y tradición. Figura 3.24. Villanueva de la Cañada. Perspectiva de vivienda tipo A. Churtichaga 2001, 14.

Los arquitectos Juan Castañón y Alfonso Fungairiño, encargados de la reconstrucción, decidieron emplear los sistemas tradicionales de la zona, que estudiaron con detalle en la revista Reconstrucción, de la Dirección General de Regiones Devastadas:

18. A este respecto, Eugenia Llanos afirma: “Una vez adoptado el pueblo se redacta un proyecto de reconstrucción general y se decide si la reconstrucción se llevará a cabo en el mismo lugar que ocupaba antes o se traslada por diferentes motivos: valor ejemplificador de la ruina –idea surgida en Europa tras la primera guerra mundial– […], mejorar la situación […], etc. Hay casos en los que, aunque se conserva el emplazamiento, se construye otro pueblo con un trazado completamente distinto […] y, en todo caso, se mejora la estructura, la organización y las alineaciones en las zonas reconstruidas” (Llanos 2005, 39)

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El ejemplo de Villanueva de la Cañada

Figura 3.25. Villanueva de la Cañada. Nueva ordenación. Castañón 1942, 452.

“En este pueblo se emplea un tipo de construcción modesta, utilizando la fábrica de ladrillo, excluyéndose todo elemento de piedra (limitada a pequeños zócalos), y dando a todas sus viviendas y edificios la nota sobria y austera tan característica de los pueblos castellanos” (Castañón 1942, 451 y 452)

Castañón y Fungairiño decidieron emplear estos sistemas, mejorando la calidad de los materiales (en lo posible) y combinarlos con bóvedas tabicadas en la formación de las estructuras de cubierta, con la intención evidente de abaratar costes 19 , empleando la menor cantidad de madera y acero posibles, y consiguiendo además una construcción sólida y funcional: “Como modalidad especial presenta este pueblo el empleo total del sistema abovedado en sustitución de los entramados de piso y cubierta, para ajustarse a las circunstancias actuales de la construcción. Con ello se evita totalmente la carpintería de armar, quedando la madera reducida simplemente a la de taller, se proporciona a los edificios solidez y los anchos muros que exige el tapial y las cámaras de aire que dejan las bóvedas con las cubiertas protegen el interior de los edificios de las variaciones de temperatura del clima estepario de la región centro, más acusadas en el medio rural” (Castañón 1942, 452)

El diseño de las bóvedas fue, en la mayor parte de los casos, el de arista que puede verse en las imágenes. Probablemente no se optó (más que en ocasiones muy concretas) por bóvedas rectas para evitar descargar en los tapiales de relleno de los muros, con escasas verdugadas de ladrillo cocido. La solución de bóvedas de arista a la extremeña, por el contrario, trasladaba las cargas a las esquinas 20 , que sí se construyeron con ladrillo macizo. 19. “Puede sorprender o contradecir este razonamiento la solución arquitectónica de Brunete, el pueblo más cercano a Villanueva de la Cañada. Allí, en la reconstrucción del pueblo, que fue literalmente arrasado en la famosa Batalla de Brunete de cuyo frente formó parte Villanueva, se empleó masivamente la madera. El interés político en su reconstrucción, como estandarte del “avance victorioso” y decisivo hacia Madrid motivaron una arquitectura mucho más rica, en todos los aspectos, incorporando abundantes galerías de madera, cuidadísima sillería de granito y forjas de hierro muy elaboradas” (Churtichaga 2001, 7) 20. “En los paramentos exteriores y en los muros medianeros, los empujes quedas alojados en los pilares de ladrillo que a modo de contrafuertes penetran en la fábrica de tapial. Así, las bóvedas y los pilares constituyen la estructura resistente, quedando al tapial una simple misión de cerramiento y aislamiento” (Castañón 1942, 455)

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El ejemplo de Villanueva de la Cañada

Figuras 3.26 a, b, c, d y e. Plantas, secciones y alzados de las viviendas con tiendas. Se observa la traza de las bóvedas sobre la distribución. Castañón 1942, 456.

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El ejemplo de Villanueva de la Cañada Figuras 3.27 a, b c y d. Villanueva de la Cañada. Estado de las viviendas en la actualidad, y vista de las bóvedas del pórtico de la Iglesia. Brunete. Plaza mayor y viviendas. Se observa una mayor riqueza en las soluciones constructivas adoptadas. Fotografías del autor.

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El ejemplo de Villanueva de la Cañada

Figura 3.28. Villanueva de la Cañada. Viviendas terminadas. Castañón 1942, 460.

Castañón y Fungairiño describen así la solución adoptada: “Adoptado así el sistema abovedado para su construcción, se ha tomado como unidad elemental la bóveda por arista de tres metros de lado, sustentada por pilares de ladrillo, que constituye el modulo general en todas las plantas, y aun en los alzados de ciertos edificios como la Iglesia […]. Este módulo […] es el que determina el trazado [de los edificios]. El empleo de bóvedas, y por consecuencia esta retícula cuadrada, constituyó una verdadera servidumbre para la resolución de las plantas de las viviendas que, no obstante, se han proyectado, consiguiendo evitar por completo el sistema adintelado” (Castañón 1942, 452 a 455)

Se construyeron diferentes tipos de vivienda, de una o dos plantas (siempre con bóvedas tabicadas), que habían sido diseñadas para diferentes usuarios: labradores, jornaleros, braceros, etc. En casi todos los casos el programa incluía cocina, tres dormitorios y servicios. Castañón y Fungairiño son sumamente precisos en la descripción de las bóvedas que cubren cada uno de estos tipos. “En las viviendas de jornalero se han empleado bóvedas de cañón rebajadas, estribadas en los muros de traviesa, en los que se compensan sus empujes. Lo mismo en las viviendas de tipos especiales, en las de tiendas de edificios públicos, se ha seguido esa norma, proyectando todos los edificios sin utilizar madera de entramados de pisos ni cubiertas. Se trata, pues de bóvedas tabicadas dos o tres hojas de rasillas, soportadas por pilares de ladrillo, que reciben los empujes resultantes de las cuatro bóvedas que concurren en él […]. Los tipos generales de viviendas A, B y C son de una sola planta […]. En este caso, la bóveda de la planta baja se enjuta con tabiquillos, para recibir sobre ellos y la clave el peso del granero. Finalmente, para cubrir éste se han empleado las bóvedas por arista, con un cañón de eje paralelo al caballete y el otro de eje quebrado en dos direcciones paralelas a los faldones de cubierta. Este faldón, constituido por un doble tablero de rasilla, soporta toda la teja y apoya sobre tabiquillos normales al eje de las bóvedas” (Castañón 1942, 455 a 457) Las técnicas de construcción en Villanueva de la Cañada

Técnicamente (por sistema, procesos, etc.), las bóvedas de Villanueva están emparentadas con la tradición extremeña, más que con la catalana. El simple hecho de que se trate de bóvedas de arista sobre pilares o machones de fábrica ya da alguna pista al respecto. Esta elección posibilita una mayor flexibilidad en la planta, algo buscado, evidentemente, por Castañón y Fungairiño.

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El ejemplo de Villanueva de la Cañada

Figuras 3.29 a, b y c. Villanueva de la Cañada. Proceso de construcción de las bóvedas. Cámara 1941, 33, 35 y 36.

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El ejemplo de Villanueva de la Cañada

Figuras 3.30 a, b y c. Villanueva de la Cañada. Proceso de construcción de las bóvedas. Cámara 1941, 32, 33 y 35.

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El ejemplo de Villanueva de la Cañada

José María G. de Churtichaga opina al respecto que “se rechaza el sistema catalán de bóveda de cañón rebajada, pues ello implicaría crujías iguales con muros paralelos poco perforados. Educado ya en los conceptos modernos de la planta libre, [Castañón] elige para el conjunto de la bóveda de arista y sus combinaciones, pues es esta solución la que, al concentrar las cargas en puntos en lugar de bandas, permite sustituir muros interiores por pilares y, con ello, liberar la planta […]” (Churtichaga 2001, 14). La sensibilidad moderna de los arquitectos queda patente en su escrito, y también en la limpieza de las soluciones de distribución adoptadas, como puede apreciarse en las plantas que se adjuntan. En lo que se refiere a las soluciones técnicas, Castañón y Fungairiño no consideraron necesario describir, en su escrito, los detalles del sistema de construcción de las bóvedas. Las tabicadas eran, como es obvio, muy comunes en la época. El arquitecto Antonio Cámara Niño, entonces Arquitecto Jefe de la Dirección de Regiones Devastadas (y con posterioridad catedrático de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid), ofrecía algunos datos más en su análisis, también publicado en la revista Reconstrucción, de las posibilidades del sistema en la construcción de vivienda social: “En Villanueva de la Cañada hemos seguido esta tradición de bóvedas tabicadas […] con tres hojas de rasilla, y enjutadas con hormigón pobre hasta sus riñones. […] Excuso decir que los primeros tableros de rasilla se tienden sólo con yeso. Las bóvedas de los graneros superiores se hacen de cañón en bajada, con la inclinación de la cubierta, y la misma técnica de tender las rasillas al aire, guiándose sólo por sencillas cerchas de madera”. (Cámara 1941, 35)

Villanueva como experimento de producción. En resumen: son bóvedas tabicadas comunes. No hubo pretensiones de innovar en lo relativo a los sistemas de construcción, que son, en lo esencial, los tradicionales. Pero sí hubo intención de comprobar que el sistema era razonable, en coste y resultados, en el contexto de posguerra. Villanueva tiene interés en tanto que experimento de producción, como base de datos para coste de mano de obra, materiales o medios auxiliares. Las notas de Cámara sobre el aprendizaje de albañiles o sobre el coste del sistema son muy precisas al respecto, y hacen pensar en la existencia de cuadros de precios o descompuestos para las diversas unidades, e incluso en un seguimiento del rendimiento de los trabajadores:

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Figuras 3.31 a y b. Villanueva de la Cañada. Proceso de construcción de las bóvedas. Cámara 1941, 35. .


El ejemplo de Villanueva de la Cañada

Figura 3.32. Villanueva de la Cañada. Vista de la plaza principal. Cámara 1941, 35.

“La práctica nos está demostrando que lo que al principio resultaba más costoso que una construcción normal a base de entramados de madera y hierro, por la impericia de los albañiles, a los seis meses de hacer bovedillas se compensaban perfectamente, y hoy casi puede decirse que resulta más económico este sistema que, al alcance de todos los pueblos, resuelve el problema de restricciones del actual”. (Cámara 1941,37)

Cámara no ofrece datos concretos en sus comentarios, pero el rigor de las obras (sobre todo en los primeros edificios que se construyeron 21 ), la clara intención de controlarlas en todos los aspectos y las muchas notas sobre producción que realizan sus autores dejan claro que Villanueva fue una experiencia piloto. Una experiencia en la que se puso a prueba la construcción vernácula con la intención de verificar su factibilidad técnica, no de reivindicar modelos o estilos más o menos historicistas 22 . 21. “Esta entrega de las soluciones constructivas […] a oficiales y albañiles se detecta de modo ejemplar en la primera fase de reconstrucción del pueblo, es decir, en las manzanas de vivindas que están al sur de la plaza […] que son, desde el punto de vista constructivo, los elementos más sobresalientes del conjunto. Después de estos, los restantes edificios se construyeron con posterioridad incluyendo cada vez más medios y materiales, lo que en parte supuso un pérdida de la claridad y austeridad inicialmente perseguidas”. (Churtichaga 2001, 5) 22. “Se trata de todo un programa de abstracción y relectura de lo popular que se constituye en lenguaje para la ideología antiurbana. Lejos de las lecturas románticas de principio de siglo, al dictado de la necesidad, la arquitectura española de posguerra vuelve su mirada al regionalismo de un modo más racional; del mismo modo que, tras el desastre colonial, la generación del 98 aborda el problema interior, siendo el regeneracionismo el ideario para paliar los males patrios, la ideología antiurbana desarrolla la arquitectura regeneracionista y encuentra en la construcción tradicional el lenguaje necesario y, espigando de sus infinitas lecciones mas allá de detalles concretos, la sabiduría ancestral de las técnicas que son reestudiadas por pura necesidad —Luis Moya, por ejemplo— publica su tratado de Bóvedas tabicadas en 1947”. (Pérez Rodríguez-Urrutia 2002, 160)

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Sant Cugat de Salt

3.2.5. Sant Cugat de Salt. Otro ejemplo de cierto interés es el de la construcción de casas baratas en el barrio gerundense de Sant Cugat de Salt, un proyecto del arquitecto Ignasi Bosch Reitg promovido por la Obra Sindical del Hogar y levantado en esa población entre 1954 y 1956. Se trata de una iniciativa que presenta ciertas semejanzas conceptuales con Villanueva de la Cañada, si bien mucho más tardía: en Sant Cugat de Salt no se reconstruyó una población devastada sino que se pretendió, como en tantos otros casos, dotar de viviendas dignas a la población de los nuevos suburbios. En lo que se refiere a la concepción urbanística y arquitectónica del proyecto, existen también semejanzas evidentes con otras iniciativas contemporáneas, muchas de ellas en el programa de casas baratas. En las viviendas de Sant Cugat de Salt, Bosch planteó un modelo en que la vivienda unifamiliar, de entre 2 y 4 habitaciones en dos plantas, con jardín, se organizaba de forma lineal, insertándose en la trama urbana y aportando zonas comunes a la misma 23 : una plaza central, porches, comercios, etc.

Sobre la solución empleada en las casas baratas de Sant Cugat de Salt.

La tradición catalana. El interés del modelo empleado en Sant Cugat de Salt no reside tanto en su urbanismo o en su diseño arquitectónico como en las bóvedas vaídas empleadas, sumamente ligeras, y en el sistema de muros portantes sobre las que éstas descansan. Bosch empleó en este caso uno de los modelos tradicionales de construcción abovedada en Cataluña, las bóvedas de una sola rosca de ladrillo reforzadas superiormente por tabiquillos que las realzan hasta el nivel de piso, y las apoyó sobre un sistema de muros a la capuchina, de dos hojas muy esbeltas. En el encuentro entre muros y bóvedas insertó un zuncho de hormigón, atirantado tal y como puede apreciarse en las imágenes.

Figura 3.33. Sant Cugat de Salt. Viviendas terminadas. Ripoll 2007, 761.

23. “Otro aspecto sorprendente de estas casas es la disposición de arcos abiertos que une dos espacios interiores como son la entrada y el comedor, o el comedor y la cocina […] El interior de las casas está formado por una suma de habitaciones, una crujía junto a la otra, cubiertas con bóvedas que potencian la idea de unidad de cada una de las piezas del interior como espacios visualmente autónomos. De esta manera podemos entender una de estas casas unifamiliares como la suma de estas crujías cubiertas de bóvedas”. (Ripoll 2007, 759 )

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Sant Cugat de Salt

Figuras 3.34 a, b, c y d. Sant Cugat de Salt. Detalles del armado. Ripoll 2007, 761. I. Figura 3.35. Bosch sobre una de las bóvedas en construcción. Archivo El Dimoni de Santa Eugenia de Ter

Se trata de un sistema muy conocido en Cataluña y Baleares, una variante habitual de la volta de maó de pla, procedente de la arquitectura vernácula local, que Bosch emplea, y así lo demuestra, con pleno conocimiento del sistema. Su aportación al mismo es el hecho de emplear, a modo de cinturón de armado alrededor la banda de apoyo de bóvedas perimetral, una trama de barras de acero 24 , tirantes incluidos, para contener los empujes laterales. En esencia, las barras trasversales (apenas un redondo de 12 mm. de diámetro) que recogen los tirantes, mediante un gancho en estos últimos, discurren por el interior de una viga construida en la cámara del muro, tal como puede apreciarse en la imagen. 24. “La utilización durante estos años de los sistemas constructivos tradicionales mediante ladrillos cerámicos (tabiques, bóvedas de cuatro puntos, arcos, tabiques planos) estaba complementado con la utilización mínima de hierro. De esta manera el uso del acero se reduce, en este tipo de casas baratas, a los tirantes interiores de los zunchos de hormigón. Unos tirantes que se colocaban 5 cm por encima del arranque de las bóvedas, formados por una varilla de hierro de 12 a 16 mm de diámetro según las dimensiones de cada bóveda”. (Ripoll 2007, 761)

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Sant Cugat de Salt

En este sentido, el sistema que Bosch emplea podría entenderse como una especie de versión de las estructuras lineales atirantadas (veánse las páginas dedicadas a las Casas de Vacaciones en Garraf, de J.L. Sert). Pero es mucho más, ya que el resultado es una estructura sumamente ligera 25 , que integra bien en la construcción con bóvedas tabicadas un elemento que hasta entonces apenas había sido utilizado en este tipo de construcción: los muros de varias hojas con cámara de aire. La solución empleada por Bosch traslada, a través de la viga construida en la cámara del muro, sus cargas a las dos hojas, atadas puntualmente, que el arquitecto previó en su construcción. La viga se sitúa, además, a la altura del apoyo de la bóveda, con lo cual el necesario relleno de la cámara que implica (y su consecuente puente térmico) se produce en una zona relativamente poco sensible.

Figura 3.36. Sant Cugat de Salt. Plantas de urbanización y de vivienda tipo. Ripoll 2007, 758. Figuras 3.37 a, b y c. Esquema de la construcción de las viviendas. Ripoll 2007, 760.

25. “La aportación más importante del arquitecto Bosch es la utilización de la tecnología ligera en la construcción de las casas del barrio de Sant Cugat. Un sistema que tenía como material básico de construcción los ladrillos de 4x14x28 cm y de 7x14x28 cm. Una tecnología de fácil organización, rápida ejecución, reducido peso y sobre todo de bajo coste”. (Ripoll 2007, 761)

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Otras experiencias

3.2.6. Otras experiencias. Existen muchos otros ejemplos de interés en la arquitectura española. Se ha decidido no tratarlos en este apartado (que nunca pretendió ser exhaustivo) debido a que sus aportaciones están contenidas en los casos ya comentados aquí. Los edificios cubiertos con obra de fábrica por Antonio Bonet son un claro ejemplo. Viviendas como La Ricarda o la Casa Berlinghieri se han estudiado de un modo lateral, no porque carezcan de interés (en absoluto) ni porque no encajen, al menos parcialmente, en los límites marcados, sino porque sus aportaciones, en lo que respecta a la arquitectura de cooperación, están contenidas en otros ejemplos. La Casa Berlinghieri se tratará en las notas dedicadas a Eladio Dieste, ya que sus aportaciones principales deben estudiarse en el contexto del desarrollo de los sistemas de fábrica armada por parte del ingeniero uruguayo; La Ricarda, otro edificio de singular importancia, se pondrá en relación con las viviendas de Le Corbusier, como también se ha hecho con las tempranas Casas de Vacaciones de Garraf, de J.L. Sert y J. Torres Clavé. Tampoco se han estudiado algunos edificios construidos con estos sistemas por otros arquitectos: S. Zuazo o F. Cabrero exploraron en diferentes momentos de su carrera las posibilidades de los sistemas tabicados. Sus experiencias exceden los límites impuestos para este estudio.

Figura 3.38. Vista principal de La Ricarda (A. Bonet, Barcelona 1949 y 1953-62) Tomlow 2001, 246. Figura 3.39. Planta de la Casa Berlinghieri (A. Bonet, Uruguay, 1947). Tomlow 2001, 243)

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Tradición e innovación en la arquitectura Iberoamericana

3.3. TRADICIÓN E INNOVACIÓN EN LA ARQUITECTURA IBEROAMERICANA. La construcción con bóvedas ha seguido empleándose en la arquitectura vernácula de algunas zonas de Iberoamérica durante gran parte del siglo XX. Son muy conocidas las tradiciones mexicanas, o las de la provincia argentina de Córdoba. Las construcciones populares de estos lugares tienen frecuentemente raíces en tradiciones extremeñas y catalanas, y muchas son variantes locales de estos sistemas, adaptados a los materiales y medios humanos disponibles en la zona. Algunas de estas tradiciones han alumbrado obras sumamente complejas, como las conocidas bóvedas mexicanas de rosca. Los edificios abovedados que se detallan en este apartado no son, por lo tanto, casos aislados. Heredan una tradición –o la renuevan, en muchos casos-, parten de conocimientos y experiencias previas, son diseñados y levantados por arquitectos y constructores que conocen estas técnicas. Consciente o inconscientemente, las innovaciones iberoamericanas en el ámbito de las estructuras de fábrica (y son muchas y de mucha importancia) se apoyan en estas tradiciones. Por lo que toca a la arquitectura de cooperación, en Iberoamérica se han llevado a cabo algunas de las experiencias más interesantes de la historia de este ámbito de la arquitectura. En los últimos años han trabajado en diferentes países iberoamericanos arquitectos y constructores del interés de Julián Salas o Gernot Minke, y allí desarrollan muchos de sus proyectos las organizaciones de mayor importancia en la actualidad. Muchas de las experiencias de obra de fábrica que se detallan en este capítulo emplean sistemas basados en las bóvedas tradicionales de cada zona. Otras son variantes sobre nuevas técnicas (la fábrica armada, por ejemplo) y tienen, aparentemente, más relación con las investigaciones sobre las estructuras ligeras de hormigón realizadas a mediados del siglo XX; sin embargo, el peso de la tradición también está presente en ellas.

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Tradición e innovación en la arquitectura Iberoamericana Figuras 3.40 a, b, c y d. Los trabajos del arquitecto Ramón Aguirre emplean con frecuencias las tradiciones abovedadas mexicanas. Aguirre 2006, 81.

3.3.1. Técnica y cooperación en Iberoamérica. No es la intención de este trabajo resumir los avances técnicos o el recorrido histórico de la arquitectura en la Iberoamérica del siglo XX en unas pocas líneas. Sí es importante, sin embargo, ofrecer algunas trazas de carácter general, que permitan situar en su contexto los trabajos que van a estudiarse más adelante. Conviene dejar claro, en primer lugar, que, desde un punto de vista técnico, la ingeniería de algunos países Iberoamericanos ha estado a la vanguardia de la construcción con obra de fábrica. Muchas de las innovaciones que se estudian hoy en las cátedras de construcción norteamericanas y europeas están basadas en sistemas ingeniados por arquitectos e ingenieros mexicanos, argentinos o uruguayos. La fábrica armada es el caso más conocido, pero no el único. Por lo que se refiere a la cooperación también los arquitectos, ingenieros y constructores locales han destacado por su iniciativa. El mismo Eladio Dieste, uno de los técnicos más vanguardistas de la segunda mitad del siglo XX, reivindicaba el empleo de la tecnología en contextos de cooperación en los siguientes términos: “Todos los campos de la técnica a los que me he asomado están llenos de problemas sin resolver y para resolverlos estamos [las zonas en vías de desarrollo y subdesarrolladas], en muchos campos, en condiciones iguales o superiores a las de los países desarrollados […] En este sentido nuestra modestísima actividad técnica puede servir de ejemplo. Creo que hemos descubierto una serie de técnicas, utilizando el más antiguo de los mampuestos, el ladrillo, y las hemos descubierto por pensar los problemas con independencia, viendo que se nos abría un camino técnicamente válido y viable […]

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Tradición e innovación en la arquitectura Iberoamericana Debemos salir del subdesarrollo, pero de una manera humana y nuestra, sin copiar ni los procesos, ni las técnicas, más que cuando nos sean absolutamente indispensables. La actitud primaria debe ser repensarlo todo […]”. Dieste 2006, 259 a 266.

Esta visión de la técnica asociada al abandono del subdesarrollo es fundamental para entender la evolución de las arquitecturas de fábrica que se describen en los ejemplos siguientes. Sobre los ejemplos escogidos. No todas las experiencias con obra de fábrica que se detallan en este capítulo son experiencias de cooperación. Muchos de los edificios que se exponen son simples antecedentes de otros que sí pueden considerarse arquitecturas de este tipo. El criterio que se ha seguido a la hora de seleccionar los ejemplos ha debido ser, necesariamente, muy restrictivo, ya que existen infinidad de ejemplos de gran interés. Se ha dado más importancia a la innovación técnica de los sistemas empleados que a la relevancia de los mismos desde el punto de vista de la cooperación. Se estudian exclusivamente viviendas cubiertas con estructuras ligeras de fábrica. No se han estudiado viviendas construidas con soluciones abovedadas masivas, ni tampoco bóvedas ligeras empleadas en edificaciones no residenciales. Por este motivo hemos debido excluir ejemplos tan interesantes como las Escuelas de Arte de la Habana, un espléndido ejemplo del empleo de la tradición abovedada a la catalana en un contexto tropical (aunque no demasiado cercano a la cooperación), las viviendas abovedadas con barro que el mencionado Gernot Minke ha construido recientemente en Bolivia o las numerosas construcciones abovedadas levantadas por Ramón Aguirre empleando las tradiciones mexicanas. Figura 3.41. Obras del Instituto Goethe en La Paz, Bolivia (2001) G. Minke y A. Fischer. Minke 2006, 94.

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Tradición e innovación en la arquitectura Iberoamericana Figuras 3.42 a y b. Las Escuelas de Arte de la Habana, un ejemplo del empleo de la bóveda tabicada en el trópico americano. R. Porro, V. Garatti y R. Gotardi, 1965. Loomis 1999, 11 y fotografía del autor.

Los procesos de construcción no han sido, en ningún caso, un criterio restrictivo. Casi todos los sistemas que se van a tratar aquí permiten construir, mediante diversos procedimientos, bóvedas de diferentes formas al aire, sin cimbra alguna, y tan sólo se emplean algunos elementos menores para facilitar el replanteo. Sin embargo, las estructuras de fábrica armada de Dieste requieren de encofrados complejos; las de González Lobo, de moldes para prefabricación, etc. Se han seleccionado aquellos sistemas de bóvedas ligeras de fábrica que pueden ser empleados en contextos de cooperación, con la intención de trazar una historia con ellos. Una historia que es de ida y vuelta: las viviendas de E. Sacriste y su entorno, o de R. Salmona, están directamente relacionadas con la bóveda tabicada a través de la arquitectura moderna; y también están en el origen de la cerámica armada, que C. González Lobo recicla en el contexto de la cooperación y que el mismo E. Dieste traería a sus construcciones españolas. Un sistema que llegaría de vuelta a España con las construcciones de Dieste y que crece con los trabajos recientes de arquitectos como C. Clemente o J.M. Churtichaga.

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El entorno de Eduardo Sacriste

3.3.2. El entorno de Eduardo Sacriste.

Figura 3.43. Casa experimental “El Galpón” en Salta. Sacriste 1977, 50.

Eduardo Sacriste es otro eslabón de interés en esta historia del empleo de los sistemas abovedados ligeros en el contexto de la cooperación. Nacido en Buenos Aires en 1905, Sacriste obtuvo el título de arquitecto por la Universidad de esa ciudad en 1932 y completó posteriormente sus estudios en los Estados Unidos. Viajó por todo el mundo (como decano de Arquitectura de la Universidad Nacional de Tucumán ofreció conferencias en Estados Unidos, la India, Inglaterra, Japón, Perú, Paraguay o Canadá) y demostró su conocimiento de la construcción vernácula a nivel mundial en el estupendo Casas y Templos (Sacriste 1986), por desgracia fuera de catálogo desde hace años. Ese conocimiento le permitió diseñar sus propias construcciones con elementos tomados de tradiciones propias y ajenas, empleando siempre el sistema más eficaz de entre su amplia paleta técnica. Muestra de ello son sus construcciones más conocidas, incluidas sus numerosas viviendas. También sus escritos: Huellas de Edificios (1962) y Charlas a principiantes (1961) son los más accesibles, aunque escribió y promovió otros muchos. Combinó durante toda su carrera la práctica de la arquitectura con el ejercicio de la docencia. Murió en Tucumán, en 1999. Sacriste ensayó en la Argentina de los años 50, 60 y 70 estructuras tabicadas en diversas construcciones, principalmente viviendas. Muchos otros arquitectos trabajaron en su entorno también con estos métodos: son los casos de Rariz, Coppens, Gigli, Larán, Azzoni, Delgado, Larrán, Uzielli, o Kechichian. Por lo general estos arquitectos construyeron, con diferentes sistemas de cobertura con fábrica ligera, viviendas de pequeño tamaño, en muchas ocasiones de una sola altura, en el campo o la periferia de las ciudades. Edificios, en suma, de presupuesto moderado, en los que procuraban emplear con profusión el ladrillo y utilizar la menor cantidad de acero posible.

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El entorno de Eduardo Sacriste

Figuras 3.44 a, b y c. La obra de Sacriste y la de los arquitectos argentinos de su 谩mbito emplea sistemas habituales en la zona. En el Hotel Ester se pueden apreciar las b贸vedas construidas sobre vigas de hormig贸n encofradas con ladrillo. El reciclaje moderno de estas tradiciones da lugar a ejemplos tan interesantes como la Casa Gigli. Sacriste 1977, 46 y 121.

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El entorno de Eduardo Sacriste El cliente más común era de clase media, aunque se construyeron con este sistema viviendas para la clase baja rural. La inspiración de todas eran los mejores ejemplos de la modernidad arquitectónica, entonces reciente: la Ricarda, de Bonet Castellana, o la casa Sarabhai, de Le Corbusier, son referentes claros de muchas de estas construcciones. Emplearon por ello, la mayor parte de las veces, bóvedas rebajadas, de generatriz recta, construidas sobre cimbra corredera. El interés de los trabajos de Sacriste y sus colaboradores reside en su particular reciclaje de la construcción tabicada desde un punto de vista eficaz, en lo técnico y en lo económico. En algunas ocasiones emplearon el sistema en construcciones realizadas exclusivamente con fábrica; en otras introdujeron diferentes tipos de tensores, al modo de las viviendas de Bonet Castellana o Le Corbusier antes mencionadas; en otras ensayaron las innovaciones desarrolladas por Eladio Dieste en el ámbito de la fábrica armada. Algunas de sus construcciones son versiones, a la escala de la vivienda, de las soluciones industriales de Dieste. Sacriste justifica en sus escritos el empleo de sistemas estructurales de fábrica de este modo eficaz, pensando siempre en la economía del sistema en el contexto en el que se encuentra (sobre todo en los casos en los que se pretendía construir para clientes con pocos recursos) y en la disponibilidad de materiales. En Viviendas con bóvedas (Sacriste 1977) un texto de 1977 firmado al alimón por Sacriste y los arquitectos Pedro A. Kechichian y Guillermo Mackintosh, es posible encontrar numerosas notas a este respecto:

Figuras 3.45 a, b y c. Entrada a la casa experimental “El Galpón” en Salta y vista general en la que se aprecia la disposición de los contrafuertes. Casa experimental en San Miguel de Tucumán con tirantes de acero. Sacriste 1977, 50, 51 y 56.

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El entorno de Eduardo Sacriste

“Los propietarios decidieron construir una [casa], a modo experimental, destinada a peones del establecimiento. […] Construida esta vivienda fue de inmediato adoptada por sus ventajas estéticas y técnicas. […] El éxito de esta casa fue tal, por su facilidad de construcción y economía, que ha sido adoptada en el establecimiento de las cuales hasta la fecha se han construido tres.” (Sacriste 1977, 49) “Esta vivienda está ubicada en el primer faldeo del cerro San Javier, El Corte, a 12 km de la ciudad de Tucuman […] Fue concebida para utilizar los materiales y la mano de obra a nuestro alcance, con un mínimo de equipo ya que sólo disponíamos del tradicional de mano.” (Sacriste 1977, 119)

Algunos ejemplos. El contexto en el que Sacriste trabajó no fue el de la cooperación al desarrollo, si bien en la región argentina de Tucumán, dónde ejerció durante décadas, puso en pie diversas construcciones para los trabajadores con pocos recursos. En las viviendas para los menos favorecidos, Sacriste y sus colaboradores solían emplear soluciones de fábrica, sin refuerzo de acero alguno; refuerzos que sí utilizaban, en distintos formatos, en las viviendas construidas con más recursos. Sacriste conocía, como se ha dicho, diferentes arquitecturas vernáculas. Y también los trabajos de Hassan Fathy, a alguno de cuyos proyectos (el mercado de Gourna, principalmente) hay referencias en la introducción de Viviendas con bóvedas (Sacriste 1977) y en Casas y Templos (Sacriste 1986). Un ejemplo de construcción sin acero es la casa experimental “El Galpón” en Salta, Argentina. Sacriste eliminó en este caso cualquier tensor, empleando contrafuertes de fábrica para contener los empujes. Se trata sin duda de una solución originada por la necesidad de economizar; el ladrillo macizo utilizado en la construcción, muy barato, era producido en la misma finca. Sacriste estudió allí también la posibilidad emplear sistemas de autoconstrucción: “La casa experimental sirvió para entrenar a los obreros (peones de la casa) que construirían las casas principales a posteriori si se aprobaba el sistema.” (Sacriste 1977, 49)

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Figuras 3.46 a y b. Diferentes sistemas de cobertura ensayados. Algunas estructuras son simples bóvedas de una rosca, como en el caso de las bóvedas de las casas Clérico Hermanos; otras son ensayos de fábrica armada, como en la casa Larrán. Sacriste 1977, 80 y 128.


El entorno de Eduardo Sacriste

Figuras 3.47 a, b y c. Los sistemas de construcción de las bóvedas incluyen cimbras de una o dos hiladas, como en el caso de las casas Clérico Hermanos, o de mayor longitud, como en la casa Robert. Sacriste 1977, 79 y 138.

Sí empleó tensores en otro ejemplo semejante, la casa experimental San Miguel de Tucumán, construida en 1948. Basada en “un estudio que hiciéramos, con el arquitecto Caminos, de las viviendas tipo económicas construidas en esta ciudad [San Miguel de Tucumán]” (Sacriste 1977, 53) las reflexiones de Sacriste sobre su construcción dan fe de su preocupación por el control del presupuesto: “La construcción resultó muy económica […] El análisis de costo y horas de trabajo de la obra que se pretendió hacer fracasó por incompetencia y negligencia del contratista. Al proyectar esta casa que fue experimental, la idea era que la provincia construyera la estructura de la misma y sus instalaciones, dejando a cargo de los compradores o usufructuarios el completarla, colocarle las puertas, armarios, etc. pero como casi siempre sucede en nuestro país, cambió el gobierno y la experiencia quedó en el olvido. […] En cuanto al costo de la casa en ese momento, se tuvo la certeza de que la misma costaba un 30 por ciento menos que cualquier casa convencional que construyera la Provincia en superficie similar.” (Sacriste 1977, 53)

En viviendas construidas con más recursos estos arquitectos empleaban soluciones más elaboradas. Las más comunes eran las combinaciones de bóvedas y tensores, como puede verse en los ejemplos adjuntos. En otros casos utilizaban sistemas mixtos de bóvedas tabicadas, cerámica armada y hormigón. En el caso de la Casa Larrán, obra del arquitecto Eduardo Larrán y el ingeniero Juan Carlos Reimundín, se emplearon las soluciones que pueden observarse en las imágenes, que recuerdan poderosamente a los detalles de Eladio Dieste para sus obras más sencillas.

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El entorno de Eduardo Sacriste También ensayaron estos arquitectos con sistemas de producción de elementos abovedados. En la Casa Carrieri (1961), obra del arquitecto Alberto Rariz y el ingeniero Nicolás Horodniceanu, la cercanía a los sistemas ensayados por González Lobo en México se hace evidente. Las costillas de las bóvedas se prefabrican en un taller en obra, sobre un molde-cimbra de mampostería, y se izan hasta su posición definitiva. Sacriste describe así el proceso de construcción, en el que también pone el énfasis en las posibilidades de autoconstrucción del sistema: “La construcción de esta obra […] no fue llevada a cabo por una empresa constructora convencional sino por una mano de obra de un equipo mínimo de personas, incluyendo al propietario, durante no menos de 18 meses a partir de año 1961. […] Para las construcción de las bóvedas se utilizaron viguetas [por costillas] armadas y prefabricadas in situ sobre cuatro moldes de curvas ajustadas según plantillas dobles. Sobre las superficies de los moldes marcados y engrasados previamente se iban disponiendo mitades de ladrillos huecos. Luego de construidas y curadas, estas unidades autorresistentes se apoyaban directamente en los muros longitudinales, sin utilizar cimbras y conectando los hierros de las viguetas con las armaduras invertidas de encadenado superior” (Sacriste 1977, 93)

Figuras 3.48 a y b. Diferentes sistemas de cobertura ensayados. En las bóvedas de la casa Carrieri se empleó un sistema de prefabricación en costillas de fábrica armada semejante al desarrollado por González Lobo. Sacriste 1977, 94.

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Rogelio Salmona

3.3.3. Rogelio Salmona. El caso del arquitecto Rogelio Salmona es un tanto especial, ya que conecta de hecho la construcción sudamericana con las experiencias europeas y asiáticas. Es conocida la colaboración de Salmona con Le Corbusier (Adell 2005, 74), y su participación en edificios como la Casa Jaoul o la Villa Sarabhai, tal como se menciona en el apartado correspondiente. Salmona desarrolló gran parte de su trabajo más conocido en Colombia, su país natal, empleando cáscaras ligeras de fábrica en determinados contextos. Estos son los ejemplos que se detallan en este capítulo. Salmona nació en París en 1927, aunque su familia viajó y se estableció en Colombia muy poco después, en 1931. Estudió arquitectura en la Universidad Nacional de Colombia y en 1948 volvió a Europa, empezando a trabajar en el estudio de Le Corbusier en ese mismo año. Allí colaboró en los proyectos que en ese tiempo realizaba el arquitecto suizo, que algún tiempo antes había conocido, a través de José Luis Sert, la bóveda tabicada a la catalana, un sistema que tanto Le Corbusier como Salmona emplearían, más o menos modificado, en alguno de sus proyectos. En 1958 Salmona volvió a Bogotá, donde construyó la mayor parte de su obra, conocida por el empleo del ladrillo. Murió en 2007. Casas con bóvedas.

Figura 3.49. Croquis de la Casa de Huéspedes. Marín 2002, 462.

Salmona construyó en Colombia algunos edificios residenciales empleando bóvedas tabicadas. Los más conocidos son edificios relativamente tardíos: la Casa de Huéspedes (1978) 26 y la Casa Tenjo (1989) 27 . En ambos casos resulta patente la influencia de la Casa Jaoul, no sólo en el empleo de las bóvedas sino también en el diseño general de los interiores y en la definición de determinadas soluciones constructivas.

26. “En las casas de la Sabana, y concretamente en la Casa Tenjo (1989), Rogelio Salmona recurre a las bóvedas de ladrillo rebajadas y atirantadas, para conformar los espacios habitables”. (Adell 2005, 76) 27. “En la Casa de Huéspedes (1978), Salmona retoma, de forma similar a como hace en las viviendas anteriores, la sucesión de arcos de bóvedas tabicadas, rebajadas y atirantadas con ladrillo, aplicadas sobre vigas de hormigón armado que apoyan sobre muros de piedra, si bien en este caso disponiendo dos roscas de ladrillo de canto y aparejado”. (Adell 2005, 76)

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Rogelio Salmona Figuras 3.50 a y b. Casa Tenjo, vista general. Casa Jaoul, vista general. Adell 2005, 76 y Maniaque 2002, 2.

El sistema empleado en la Casa Tenjo es de bóvedas de cañón rebajadas, de sección recta, apoyadas sobre vigas de hormigón armado, atirantadas mediante un redondo de acero liso cada 4 metros, aproximadamente. Las vigas descansan, salvo en los vanos y huecos previstos, sobre muros de fábrica de ladrillo. La solución de la Casa de Huéspedes es algo más compleja, ya que Salmona coloca allí una doble rosca con algunos ladrillos de canto, aparejados para trabar correctamente con el relleno superior. Son bóvedas rectas, de fácil construcción, que entroncan con las soluciones empleadas contemporáneamente por Sacriste y su grupo en Argentina, por ejemplo, o con otras muchas iniciativas semejantes en España. Como se ha mencionado en la introducción, muchas de estas soluciones pertenecen al catálogo de la arquitectura vernácula de la zona, en la que los sistemas de construcción a la española pueden rastrearse sin dificultad: siendo e vidente la influencia de Le Corbusier, lo es también, como en otras propuestas de su autor, la tradición artesana de Colombia.

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Rogelio Salmona Es importante resaltar que en Salmona hay un reciclaje consciente de las tradiciones locales a través de los postulados de la modernidad. Él mismo afirmó, en el curso de una conferencia celebrada en el Colegio de Arquitectos de Cataluña: “Quise recuperar en la ciudad los elementos vernáculos, pero haciendo arquitectura moderna. Quise volver a utilizar el material de una forma total”. (Salmona 1997, 26). Sin embargo, y aunque construyó viviendas de diferentes tipos 28 , no empleó bóvedas tabicadas en vivienda social.

Figuras 3.51 a y b. Casa de Huéspedes. Vista general, croquis de trabajo y sección de las bóvedas. Tomado de Adell 2005, 76 y Marín 2002, 462.

28. “Son múltiples las viviendas de distinto nivel económico que Rogelio Salmona ha desarrollado en su país, tanto a nivel de viviendas individuales como agrupadas en grandes edificios, mancomunidades, o rascacielos”. (Adell 2005, 74)

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Rogelio Salmona

Salmona y la arquitectura de fábrica en Latinoamérica. El interés de Salmona, en lo que toca a este trabajo, no está tanto en los detalles de su obra como en su condición de bisagra, de correa de transmisión entre las bóvedas de la modernidad y las investigaciones de generaciones de arquitectos del centro y sur de América en los años 60 y 70 (con los que mantuvo una afinidad evidente en su actitud hacia la obra de fábrica 29 ). En efecto, la obra de Salmona es una de las influencias fundamentales en la obra de González Lobo, como documenta largamente Humberto González en su tesis sobre este último (González 2001, 90 a 99). González no detalla (ni compara específicamente) las bóvedas empleadas por ambos arquitectos, pero parece plausible que la obra de Salmona, muy conocida en América Latina, influyera en este y otros autores. Además de esta influencia, de orden fundamentalmente técnico, Salmona ejercería en Latinoamérica una labor de reivindicación del empleo de la arquitectura como elemento de cohesión social, entroncando directamente con las actitudes que estaban dando lugar por entonces a la arquitectura que actualmente denominamos de cooperación.

Figuras 3.52 a y b. Casa de Huéspedes, vista general y secciones. Adell 2005, 74.

29. “Hispanic, if not catalan, masonry traditions were also sustained throughout various regions in Latin America in the diverse work of such architects as Carlos Mijares […], Eduardo Sacriste […], Rogelio Salmona […] and Jimmy Alcock”. Españolas, si no catalanas, las tradiciones de construcción con fábrica también se mantuvieron en Latinoamérica en los muy diferentes trabajos de arquitectos como Carlos Mijares […], Eduardo Sacriste […], Rogelio Salmona […] y Jimmy Alcock. (Loomis 1999, 139)

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Eladio Dieste Figura 3.53. Detalle de la ejecución de la estructura de cubierta de la Iglesia de Atlántida. Canelones, Uruguay. E. Dieste, 1960. Mas 2005, 16.

3.3.4. Eladio Dieste. Eladio Dieste encaja sólo en parte en esta historia de los sistemas abovedados ligeros en el contexto de la cooperación. Hay dos motivos por los que tal vez no debiera aparecer aquí: por un lado sus obras no son, o al menos no en un sentido estricto, obras de fábrica sino, como se verá, láminas armadas; y, por otro, no construyó vivienda social, sino principalmente edificios mayores: naves industriales, iglesias, etc. Pero hay, a la vez, muchos otros motivos que justifican su inclusión en este trabajo; desde su reivindicación de la arquitectura de cooperación hasta su influencia en arquitectos que sí construyeron vivienda social, como el mexicano González Lobo. Dieste nació en Artigas (Uruguay) en 1917, y obtuvo el título de Ingeniero por la Universidad de la República en 1943. Ya en sus primeros trabajos ensayó con sistemas abovedados y obra de fábrica: en 1945 colaboró con Antonio Bonet en la casa Berlighieri 30 . Desde entonces y hasta su muerte, en 2000, su obra se caracterizó por el empleo de láminas de fábrica armada, un sistema desarrollado por él mismo que entronca con los estudios sobre láminas de hormigón armado, por entonces punteros, y también con los tradicionales sistemas de abovedado ligero con fábrica cerámica que son objeto de este estudio. Dieste construyó naves, hangares, iglesias, centros comerciales, torres y tanques de agua. Y también, aunque de forma ocasional, algunas viviendas. En todos estos edificios empleó su propio sistema, la cerámica armada, cuyos principios se describen, de forma muy breve, a continuación 31 . 30. Sobre el origen del sistema de cerámica armada diseñado por Dieste, o más bien sobre su relación con las bóvedas tabicadas a la catalana, interesan los comentarios de Marín y Trallero en Marín, 2005 707-715 y, muy específicamente la confrontación que realizan entre las declaraciones de Dieste y Bonet sobre la Casa Berlighieri (Marín 2005, 707) 31. El sistema de construcción mediante fábrica armada de Dieste ha sido detallado en un buen número de estudios de interés. Tal vez el más completo sea el catálogo de la exposición Eladio Dieste 1943-1996 (VV.AA. 2006), dado el anejo de diseño y cálculo que incluye.

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Eladio Dieste Sobre el sistema. El sistema de cerámica armada diseñado por Dieste conjuga las posibilidades formales que ofrecen las láminas de hormigón armado con la ligereza, resistencia y rapidez de ejecución que posibilita la obra de fábrica. Consiste, básicamente, en una retícula-base de piezas de cerámica de pequeño tamaño, tomadas con mortero, entre cuyas juntas se insertan en dos direcciones redondos de acero corrugado. Dieste diseñó diversas variantes partiendo de esta base, empleando en ocasiones varias hojas, refuerzos de acero, zunchos de borde, etc. Por lo general, el proceso de montaje de una de las láminas de cerámica armada de Dieste arranca sobre una encofrado curvo (en muchos casos de doble curvatura) y modular, sobre el que se tiende la trama de armado y piezas de cerámica de pequeño tamaño antes mencionada. Presentada esta suma de armado y ladrillo, se tiende el mortero de juntas. La operación se repite tantas veces como roscas se hayan previsto, insertando refuerzos allí donde sean necesarios. La lámina se remata con una simple capa de terminación de mortero hidrófugo. El conjunto resultante, una lámina sumamente ligera, trasmite, por vía tanto de su armado como de su diseño formal, las cargas a los muros de carga diseñados por el ingeniero, que adoptan también con frecuencia formas curvas para asumir mejor cargas y empujes. El sistema diseñado por Dieste ofrece muchísimas ventajas, la mayor parte de las cuales fueron destacadas por su autor en los artículos que publicó en vida. Entre ellas están la calidad e idoneidad de los materiales, pero también la del bajo costo de las estructuras construidas con esta técnica. El resumen de estas ventajas que realizan Adell y Mas (Mas 2005, 16-17) es sumamente completo (puede ampliarse con las notas contenidas en el apartado de Escritos del Autor contenido en VV.AA. 2006, 217-290), por lo que se adjunta aquí. Las ventajas principales serían: “1. Su elevada resistencia mecánica. Pocos saben que en los países industrializados la gran masa del material producido tiene resistencias entre 500 y 1.000 kg/cm2 y hay ladrillos de precio accesible que alcanzan 1.500 kg/cm2, resistencias que igualan o superan a las de los mejores hormigones. En Uruguay, Argentina, Brasil, etc., hay también ladrillos de alta calidad. 2. Con la tierra cocida son posibles mampuestos de una liviandad inalcanzable con hormigón o cemento. Y esa liviandad se mantiene al ensamblarlos para construir piezas de dimensiones comparables a las usuales con hormigón armado o ferrocemento. 3. A igualdad de resistencia, el ladrillo tiene un módulo de elasticidad menor que el hormigón, lo que es una ventaja y no un inconveniente, porque da a la estructura una mayor adaptabilidad a las deformaciones. El riesgo de pandeo, si existiera, pueda obviarse usando soluciones como las empleadas en las cáscaras gausas, que incrementan muy poco el peso y el costo. 4. Buen envejecimiento: con un mínimo de cuidado la estructura envejece mejor que las de hormigón y resiste también mejor los cambios bruscos de temperatura. 5. Contra lo que puede suponerse, las reparaciones, cambios o agregados, se notan menos que en una estructura de hormigón no revocada. 6. Buen aislamiento térmico de la masa de tierra cocida, incrementada todavía más por la posibilidad de introducirle huecos, ya sean los conocidos por todos en las piezas fabricadas por extrusión o prensado, o los que podrían lograrse incluyendo en su masa granos de cerámica expandida. 7. Mejor comportamiento acústico por el menor E* y por la facilidad con que se hacen en ladrillo formas acústicamente convenientes.

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Eladio Dieste Figuras 3.54 a, b y c. Iglesia de Atlántida. Ejecución de la estructura de cubierta. E. Dieste, 1960. VV.AA. 2006, 150 a 167.

8. Capacidad de regulación “natural” de la humedad ambiente, de efecto mayor de lo que podría suponerse. 9. La superficie, frente a una de hormigón (y usando deliberadamente una manera no técnica de expresarse) irradia menos calor en verano y nos toma del nuestro en invierno. 10. Con las actuales técnicas de fabricación y con una racionalización global de la industria se puede obtener un precio por metro cúbico de material no comparable al de ningún otro de calidad semejante. 11. En muchos casos de que son ejemplo las obras aquí reseñadas, también el costo de la estructura es muy bajo, no fácilmente alcanzable con otros materiales de calidad equivalente. Es legítimo hablar del material porque los procesos constructivos y las formas estructurales a que luego nos referimos lo suponen en mayor o menor medida”. (Mas 2005, 16-17)

Mas y Adell añaden a las citadas ventajas del sistema su rapidez de montaje: “la ventaja de la cerámica estructural frente al hormigón armado está en que, al existir muy poco mortero de relleno en la retícula de las juntas entre los ladrillos, se disminuye mucho el tiempo del “tirado”, pudiendo desencofrar en sólo 14 horas (no días, como erróneamente se pudiera pensar), agilizándose con ello enormemente la velocidad de ejecución de las obras, e incidiendo muy positivamente en la economía global de la edificación, incluso cuando se emplee mucha mano de obra en la albañilería, aunque sin cualificar”. (Mas 2005, 17). Es evidente que este hecho permite reducir el tiempo de encofrado de cada módulo, y reduce en consecuencia la necesidad de material de encofrado.

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Eladio Dieste

Figuras 3.55 a y b. Iglesia de Atlántida. Planta, secciones y despiece de armaduras de la estructura de cubierta. La complejidad formal de los sistemas de doble curvatura diseñados por Dieste queda patente en estos ejemplos. VV.AA. 2006, 150 a 167.

Cerámica armada y bóvedas tabicadas. La relación entre las investigaciones en cerámica armada realizadas por Dieste y la tradición de las bóvedas tabicadas ha sido estudiada por algunos académicos ( Marín 2005, Tomlow, 1999 ). En casi todos estos estudios, la relación entre uno y otro sistema se centra en el análisis de la Casa Berlinghieri, que Dieste calculara en 1946-47 sobre el proyecto de Antonio Bonet. Bonet había pedido a Dieste el cálculo de una cubierta abovedada de hormigón, semejante a la que el mismo Bonet había construido en algunas de sus obras entonces recientes. Jos Tomlow resume el encuentro: “Dieste sugirió [entonces] a Bonet unas delgadas bóvedas de cañón hechas de ladrillo que, con algunas armaduras, se convertirían en cáscaras. Bonet le preguntó: “¡sería posible?”; y Dieste le contestó con optimismo: “creo que sí”. La conversación continuó con una sucinta explicación por parte de Bonet acerca de las bóvedas tabicadas. Dieste nunca había oído hablar de ellas y sólo consiguió entenderlas años más tarde, cuando se las explicó un catalán que las había construido”. (Tomlow 1999, 245)

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Eladio Dieste Figura 3.56. Casa Dieste. Vista de la cubierta del patio. Dieste 2006, 17.

Aunque las semejanzas (y diferencias) entre ambos sistemas son evidentes, no está claro que Dieste empleara como base la construcción tabicada para sus propios desarrollos. Marín y Trallero opinan que “la cerámica armada, cuya primera construcción son las bóvedas de la casa Berlinghieri, es una creación personal de Eladio Dieste, una invención tipológica sin precedentes, revolucionaria, que sin él no hubiera sido posible”. (Marín 2005, 714). Tomlow estima, sin embargo, buscando relaciones entre ambos sistemas, que “la aportación de Dieste a este tipo de bóveda fue el refuerzo mediante armaduras de acero” (Tomlow 1999, 245), con lo que da por hecha una cierta continuidad con la tradición de las bóvedas tabicadas. Cerámica armada y cooperación al desarrollo. Independientemente de su origen, lo cierto es que el sistema de cerámica armada es válido, o al menos lo es en determinados casos, en contextos de cooperación. Todos los factores mencionados anteriormente (costes reducidos, montaje rápido y relativamente sencillo, escaso material de encofrado, etc.) han posibilitado que el sistema haya sido puesto en práctica por diferentes arquitectos en obras de cooperación, desde Laurie Baker a Carlos González Lobo, en diferentes lugares del mundo. Dieste escribió largamente sobre su sistema, y sobre la pertinencia de emplearlo en zonas desfavorecidas. En “Técnica y Subdesarrollo” afirmaba:

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Eladio Dieste “Todos los campos de la técnica a los que me he asomado están llenos de problemas sin resolver y para resolverlos [las zonas en vías de desarrollo y subdesarrolladas] estamos, en muchos campos, en condiciones iguales o superiores a las de los países desarrollados […] En este sentido nuestra modestísima actividad técnica puede servir de ejemplo. Creo que hemos descubierto una serie de técnicas, utilizando el más antiguo de los mampuestos, el ladrillo, y las hemos descubierto por pensar los problemas con independencia, viendo que se nos abría un camino técnicamente válido y viable […] Debemos salir del subdesarrollo, pero de una manera humana y nuestra, sin copiar ni los procesos, ni las técnicas, más que cuando nos sean absolutamente indispensables. La actitud primaria debe ser repensarlo todo […]”. Dieste, E. en Técnica y subdesarrollo. VVAA 2006, 259 a 266.

Pese a ello, nunca construyó vivienda social. Sus proyectos, propios del ámbito de la ingeniería, escapaban de la escala de la vivienda. Su experiencia en la construcción residencial se limita a su propia vivienda, la Casa Dieste, en la que emplearía también su sistema de fábrica armada.

La Casa Dieste. Dieste construyó su propia casa con una versión sumamente simplificada de su sistema de cerámica armada. El edificio, de entre una y dos plantas, se asienta en una trama de muros de ladrillo paralelos, de unos 50 cm. de espesor, separados unos 4 metros entre sí. Sobre ellos descansan unas bóvedas autoportantes, de ladrillo cerámico visto, armadas de un modo muy ligero. La cubierta se remata con una capa de mortero, armada con una malla para evitar retracciones, un aislamiento y un acabado de tejuela. El edificio cuenta con algunas innovaciones de interés, basadas en las posibilidades que proporciona el sistema Dieste: grandes luces, huecos en la estructura de cubierta de las zonas de patio, etc. Posibilidades que aprovecharán después otros autores en obras de cooperación.

Figura 3.57. Casa Dieste. Secciones. Dieste 2006, 15. Figuras 3.58 a y b. Casa Dieste.Vistas del acceso y del patio principal. Dieste 2006, 17.

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Carlos González Lobo

3.3.5. Carlos González Lobo.

Figura 3.59. Interior en construcción de la Escuela Primaria de Nuevo San Miguel Zapotitlan (1992). González 2001, 207.

Acaso Carlos González Lobo sea el arquitecto más comprometido con la cooperación al desarrollo de entre los tratados en este capítulo. González Lobo (…) estudió arquitectura en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Autónoma de México. Desde su época de estudiante se interesó por las tecnologías de la arquitectura popular y su aplicación a la construcción de viviendas. Su voluntad de ayuda a los sectores más empobrecidos de la sociedad mexicana se ha materializado en un buen número de iniciativas y proyectos, tanto en zonas rurales como en entornos urbanos: el grupo de trabajo Apoyo Técnico Solidario, el proyecto Espacio Máximo y Costo Mínimo o los Talleres de Arquitectura Popular de Extensión Universitaria son algunos de los más conocidos. González Lobo sigue trabajando actualmente en este campo, a la vez que ejerce la docencia en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Autónoma de México y en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Iberoamericana. Su labor ha sido premiada en diferentes foros arquitectónicos, y sus sistemas y patentes se han empleado en todo tipo de construcciones, sobre todo en viviendas para los sectores de la población con menos recursos. González Lobo ha ideado y patentado varios sistemas de construcción, muchos pensados para autoconstrucción o construcción cooperativa en contextos sociales desfavorecidos. En este trabajo vamos a estudiar exclusivamente el sistema CGL-2, un procedimiento de construcción de bóvedas de fábrica armada, pero ha patentado también otros de mucho interés 32 .

32. Humberto González Ortiz ofrece, en su tesis de 2001 sobre González Lobo, detalles sobre los sistemas CGL-1, de “cubiertas de hormigón armado sobre metal desplegado sin encofrado”, CGL-2, de “bóvedas de barro armado sin encofrado” y CGL-5, sobre vivienda mínima, con el ejemplo del “Gran Galpón”. Pero González Lobo también desarrolló sistemas de reciclaje de aguas, tramas urbanas de lotes para vivienda unifamiliar y otros formatos de vivienda mínima. (González 2001)

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Carlos González Lobo El sistema CGL-2 y la autoconstrucción. El procedimiento de autoconstrucción CGL-2, uno de los primeros ingeniados por González Lobo, permite construir, tal como afirma la patente, “bóvedas de barro armado sin encofrado”. Con respecto a otras iniciativas estudiadas en capítulos previos, éste es un sistema que da enorme importancia al proceso, a la sencillez de montaje, con la intención evidente de posibilitar la autoconstrucción. El CGL-2 permite además una cierta industrialización (siempre in situ) del proceso, lo que, en determinadas condiciones, puede favorecer su empleo en contextos de cooperación. Como otros sistemas de cubierta ligera estudiados con anterioridad, reduce también al mínimo la necesidad de cualquier clase de encofrado. El sistema, sintetizado en el croquis adjunto, es sumamente sencillo: grandes dovelas de fábrica, prefabricadas en el tajo, se apoyan sobre muros de carga y se enfrentan en una clave central de hormigón. Lo singular del sistema no es este esquema estructural (del que, por otra parte, existen diversos referentes previos) sino el procedimiento de montaje ideado por González Lobo. Que es, en resumen, el siguiente. De forma paralela a la construcción de los muros de carga del edificio se instala en la parcela un molde o lomo de fábrica, de forma convexa, al que se da un acabado de mortero. Este molde se empleará posteriormente como encofrado para una serie de costillas ligeras de fábrica armada, cuya longitud suele ser de la mitad de la luz a cubrir. Las costillas se construyen sobre el lomo (previamente cubierto con una lámina para facilitar el desmoldado) con una sola hoja de ladrillo macizo colocado de tabla, tomado con mortero de cemento y armado con redondos de entre 6 y 8 mm. Un armado mínimo que posibilita, una vez fraguado el mortero, levantar las costillas del molde (manualmente; el peso de las piezas ronda los 50 kg.), transportarlas y acopiarlas para su posterior montaje. Terminado el proceso, las costillas se montan en obra, apoyando sobre los muros de carga y sopandadas, en la zona central del vano, sobre una simple tabla apuntalada. Sobre este escaso encofrado se arma y hormigona una pequeña viga que hace las veces de clave. Al mismo tiempo se vierte una capa de compresión sobre las costillas de fábrica, normalmente completada con una malla electrosoldada ligera. Fraguado el hormigón, el conjunto se remata con una capa de mortero de impermeabilización.

Figuras 3.60 a, b, c y d. Esquemas del sistema CGL-2. González 2001, 152.

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Carlos Gonzรกlez Lobo

Figuras 3.61 a, b y c. Proceso de construcciรณn del sistema CGL-2. Gonzรกlez 2001, 156 a 159.

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Carlos González Lobo

Figuras 3.62 a, b y c. Proceso de construcción del sistema CGL-2. González 2001, 156 a 159.

Como es lógico, el único encofrado de madera que necesario es el de la viga central, que es simplemente una tabla plana, ya que la función de las tabicas la realizan las caras laterales de las costillas de fábrica. El armado de la viga es también muy simple, ya que no necesita de refuerzos de ningún tipo (no es en realidad más que una clave, un elemento de unión entre costillas), tal como puede apreciarse en los croquis correspondientes. Por lo que se refiere al montaje, no requiere de la especialización del personal que sí es precisa en otros sistemas de construcción de bóvedas de fábrica. No es necesaria una habilidad especial para ninguna de las fases del proceso, y simplemente siguiendo las indicaciones que González Lobo hace en su descripción del proceso y vigilando el replanteo es posible construir una de estas cubiertas.

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Carlos González Lobo

Figuras 3.63 a, b y c. Iglesia de Pont de Suert. E. Torroja y J.R. Mijares, 1952. Maqueta, sección y vista general. Arredondo 1977, 226 a 229.

Algunas notas sobre el funcionamiento de la estructura. Podría pensarse que el sistema ingeniado por González Lobo no es, en sentido estricto, una bóveda de fábrica, y que las costillas antes descritas apoyan sobre la viga central, llevando ésta las cargas a sus apoyos. No es así; lo que podría parecer una viga es simplemente una clave, que no puede recoger carga alguna, ya que no descansa en ningún apoyo: los muros frontales son exclusivamente de cerramiento, no de carga. Esta pieza es en realidad una dovela central continua, una clave que cierra el arco que forman las costillas. Una clave lineal que colabora con la malla electrosoldada y los alambres laterales en la tarea de unir las costillas en sentido longitudinal. El referente más claro es la Iglesia de Pont de Suert, un edificio construido en 1952 por J. R. Mijares y E. Torroja, a quien González Lobo estudió con detalle. Para esta pequeña iglesia Mijares y Torroja diseñaron unas bóvedas de fábrica, en este caso apuntadas, tabicadas con tres roscas tabicadas 33 , cuya clave era en realidad un voluminoso caballete de hormigón. El diseño es mucho más complejo y delicado que el ideado por González Lobo: “A lo largo de la intersección en coronación de los lóbulos de ambos costados hay una viga de hormigón armado que persigue una doble finalidad estructural: por una parte rigidiza la cubierta y por otra aumenta el peso de la coronación en proporción tal que se logra que el funicular de fuerzas sobre las láminas se aproxime a las directrices ojivales de las mismas”. (Arredondo 1977, 228)

El CGL-2 es una simplificación de este sistema: aquí, la clave funciona como rigidizador, pero no, o no de forma tan clara, como sobrecarga. 33. “Las bóvedas se realizaron utilizando otro material de gran tradición en la arquitectura española: el ladrillo. Dichas bóvedas están formadas por tres capas de rasilla (3 cm. de espesor cada una). […] la primera rosca sirve como encofrado para la construcción de otras dos capas que se reciben con mortero de cemento, quedando en ellas una armadura ligera de alambres delgados” (Arredondo 1977, 226)

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Carlos González Lobo

Figuras 3.46 a, b, c y d. Proceso de construcción del sistema CGL-2. Vigas de borde y clave. Detalles de armado de la viguería de hormigón. González 2001, 158 y 160.

Desde un punto de vista formal, el CGL-2 destaca por ser mucho menos rebajado que cualquiera de los sistemas abovedados vistos anteriormente. González Lobo ha construido con él bóvedas de cañón poco rebajadas, con una relación flecha-luz de entre 1/3 y 1/4 (frente al 1/5 a 1/12 recomendado por Luis Moya) con la intención de reducir los empujes laterales en el encuentro con los muros (y por lo tanto la sección de éstos) algo que le obliga a asumir que existirán ligeras tracciones en la sección abovedada. Para solucionar este problema, González Lobo emplea un armado que simplifica el diseñado por Eladio Dieste. Las luces a cubrir no son las de las grandes obras del ingeniero uruguayo, por lo que González Lobo puede permitirse varias simplificaciones, consistentes en reducir secciones de armado, evitar las zonas de refuerzos, etc. La bóveda definitiva, de apenas 10 cm de sección, incluye solamente el armado de las costillas antes mencionado (un redondo de entre 6 y 8 mm. en el sentido de la curvatura y un simple alambre de atado en cada junta perpendicular) colocado también en las juntas entre costillas, una malla electrosoldada en la capa de compresión (20x20x4 o 5 mm.) y el armado de las vigas de borde y de clave o coronación. La combinación de las dos hojas de armado, cosidas por el alambre entre costillas, resulta, afirma el arquitecto, suficiente para absorber las tracciones mencionadas.

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Carlos González Lobo Algunas notas sobre el procedimiento de construcción. El CGL-2 está pensado para permitir un fácil montaje de la estructura; para hacer posible que un equipo reducido de trabajadores, con unos conocimientos mínimos de albañilería, pueda construir una de estas cubiertas sin más que seguir las escuetas indicaciones que González Lobo detalla en sus manuales. Todas las fases del proceso, descritas antes de un modo general, han sido diseñadas para facilitar este tipo de construcción. La misma construcción del molde, lomo o burro es un ejemplo de esta voluntad de emplear los recursos más básicos, tanto en lo que se refiere a su construcción como en lo relativo a su empleo posterior: “El molde se rellena con runas o basura del terreno, dejando un espacio de unos 3 cm. para cubrir con una capa de hormigón pobre. Dejando una superficie afinada con reglas. El largo del molde dependerá de la cantidad de dovelas que se quieran construir […] Una vez construido el molde, se colocarán en toda su superficie bolsas de papel mojado que harán las veces de encofrado y evitarán que las piezas se peguen en el molde”. (González 2001, 154)

Como es lógico, las dimensiones del molde, que dependen de “la cantidad de dovelas que se quieran construir” están condicionadas también por los plazos de fraguado del mortero. González Lobo recomienda dejar seis días para ello, y planificar las dimensiones del molde teniendo en cuenta que la fabricación de las dovelas puede arrancar al mismo tiempo que la construcción de los muros de carga del edificio. Es muy interesante también el énfasis que González Lobo pone en el tamaño de las costillas, una medida fundamental que, como es lógico, condiciona el resto de los elementos del sistema. Las costillas cubren tan sólo la mitad de la luz de la estancia, y no la totalidad, como en otras experiencias semejantes (véanse, por ejemplo, las construcciones detalladas en el capítulo dedicado a Eduardo Sacriste, y en particular las bóvedas de la Casa Carrieri). Esta decisión facilita el montaje, aligerando las piezas que el trabajador debe mover (puede hacerlo una sola persona) y simplificando su colocación en el tajo, mucho más compleja cuando la luz a cubrir es la misma que la de los arcos a instalar. También es importante reseñar la escasa cantidad de madera necesaria para el encofrado, así como la sencillez de los pocos moldes necesarios, lo que evita la presencia de carpinteros u otros oficios. Tan sólo el acero de clave y brochales necesita de montadores de cierta especialización, como es lógico.

Figura 3.65. Construcción de los moldes de encofrado del sistema CGL-2. González 2001, 154.

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Carlos González Lobo Figuras 3.66 a, b y c. Fabricación y transporte de las dovelas de ladrillo sobre los moldes de encofrado. González 2001, 155 y 157.

El Gran Galpón. González Lobo ensayó estos sistemas en diferentes construcciones. Su sistema CGL-5, “Gran Galpón” 34 , es una puesta en práctica de muchos de ellos. El “Gran Galpón” es, en realidad, un completo estudio que González Lobo realiza sobre las combinaciones que posibilitan los sistemas de construcción patentados por él, así como de los costes que implica su utilización y la mejora económica que suponen, aplicados a la construcción de viviendas de pequeño tamaño. El “Gran Galpón” se ha llevado a cabo en diferentes promociones empleando tantas soluciones CGL como se consideraran pertinentes; incluyendo algunos casos, como el grupo de viviendas “Andalucía”, en Santiago de Chile, obra del arquitecto Fernando Castillo, en las que no se han empleado los abovedados propuestos (y sí otras soluciones). No hay, por ello, un único modelo de vivienda “Gran Galpón”. González Lobo preparó numerosos cuadros comparativos en los que incluía superficie construida y coste como variables principales, asociados a otros conceptos como tipo de cubierta, alturas, etc. La intención de estos cuadros era la de cubrir el mayor número posible de casos, de forma que cualquier necesidad arquitectónica (en las condiciones extremas de las viviendas antes citadas) pudiera solucionarse con sistemas de muy bajo coste. 34. El término galpón, de uso común en Centro y Sudamérica, hace referencia, según el diccionario de la RAE, a una “casa grande y de una planta”, o al “departamento que se destinaba a los esclavos en las haciendas de América”. En determinadas zonas también se emplea para designar simplemente un “cobertizo grande, con paredes o sin ellas”.

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Carlos González Lobo

Figuras 3.67 a, b, c, d y e. La “mesa habitable”, una variante sobre el “gran galpón”. Sección, plantas y vista general. Modelo de dos alturas, abovedadas ambas. González 2001, 170, 169 y 163.

La mayor parte de estos cuadros están basados, como es lógico, de ensayos y experiencias reales. González Lobo no trata separadamente en ellos el coste de los materiales y de la mano de obra, unas variables que sería importante tener en cuenta a la hora de estudiar la viabilidad del sistema en determinados contextos. Con todo, es de suponer que el coste de mano de obra que previera González Lobo es muy bajo, dada su insistencia en modelos de autoconstrucción. Los comparativos de González Lobo son en realidad, por mucho que partan de experiencias reales, cálculos estimativos. Lo más habitual es que estén expresados en UC, unidades de coste, y que la vivienda modelo de la zona que se estudia se asocie a un coste de 100 UC. Cualquiera de los cambios propuestos por el arquitecto mejicano supone una mejora de coste, en mayor o menor medida: “¿Qué pasa si colocamos, en lugar de losa plana, una bóveda construida con el sistema CGL-2, a partir de dovelas de ladrillo? Y en lugar de la cimentación de piedra colocamos una losa de cimentación con acabado integral, para los suelos de la casa. Los muros [serán] más bajos debido a la ampliación espacial de la bóveda […] Pasa que el coste de la vivienda se reduce a 73 UC [desde las 100 UC]”. (González 2001, 167)

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Carlos González Lobo

Figuras 3.68 a y b. Cuadros comparativos sobre el “gran galpón”. González 2001, 166 y 168.

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Carlos González Lobo En este sentido es fácil estimar la reducción que González Lobo da para el empleo de sistemas abovedados en números relativos: según el cuadro adjunto, el coste inicial de muros y cubierta supondría un total del 55 % de la construcción, mientras que en el caso del sistema abovedado CGL-2 el resultado se reduciría hasta el 17,5 + 21,5 = 39% del total de la construcción. Es decir; el empleo de un sistema abovedado de fábrica supondría un ahorro del 16%. Estas son estimaciones realizadas para edificios exentos, de una sola planta. González Lobo realizó también propuestas para construcciones de dos alturas. En algunos casos abovedando ambas plantas, tal y como se muestra en las imágenes de la página anterior. Es necesario dejar claro, sin embargo, que muchas de las posibilidades formales que González Lobo estudió son respuestas a otras soluciones constructivas. No todas las formas abovedadas del gráfico son obras de fábrica: muchas están pensadas para el sistema CGL-1, de bóvedas de hormigón armado.

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Construcción abovedada en África. Cooperación y tradición

3.4. CONSTRUCCIÓN ABOVEDADA EN ÁFRICA. COOPERACIÓN Y TRADICIÓN. Los sistemas de construcción de bóvedas de origen africano son sobradamente conocidos, y también lo es su empleo en contextos de cooperación. Puede considerarse, de hecho, que el origen del uso de técnicas abovedadas en este tipo de construcciones se encuentra en los trabajos pioneros del egipcio Hassan Fathy, que protagonizó en los años 40 del siglo XX la primera reivindicación utilitaria de estos sistemas y los empleó con profusión en muchas de sus construcciones más conocidas, desde el mercado de Gourna hasta la fábrica de cerámica de Qina. Los trabajos de Fathy, de los que se ofrece un pequeño resumen más adelante, se basaban en técnicas locales de larga tradición, como son las conocidas bóvedas nubias, o recostadas. No es la intención de esta tesis discutir el origen de estas construcciones, ni la de establecer relaciones entre los variados sistemas de rosca (por lo general al aire, como es el caso de las citadas bóvedas nubias), de ánforas (Mario Rossi trabajó con ellas en sus construcciones en el Cairo en la primera mitad del siglo XX) o tabicados (en Túnez y otras zonas de la costa mediterránea es posible encontrar sistemas muy semejantes a los que se dan en España). Tampoco se pretende registrar aquí todos los ejemplos de construcciones de cooperación con fábrica realizados en África hasta la fecha: el número es muy elevado, y muchas de estas construcciones han sido ya estudiadas con detalle (Salas 2004). La intención es, simplemente, ofrecer una visión general de algunas experiencias realizadas en este ámbito, próximas en algunos aspectos a la construcción abovedada ligera. Para ello se estudiará el trabajo de dos arquitectos, el mencionado Hassan Fathy y el italiano Fabricio Carola, que ha proyectado y construido edificios de algún interés en Mauritania. Son muchos más, desde el mencionado Rossi hasta el ya estudiado Carlos Gonzáles Lobo (que también ha colaborado en algunos proyectos africanos) los que han trabajado en este ámbito.

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Construcción abovedada en África. Cooperación y tradición Figuras 3.69 a, b y c. Construcción de una bóveda nubia. Fotografías de M. Naffrechoux y A. Carbonell.

3.4.1. Historia y cooperación. Hassan Fathy. Hassan Fathy (1899-1989) desarrolló gran parte de su carrera como arquitecto en su Egipto natal, aunque también trabajó en zonas cercanas, como Irak o Pakistán. Su empeño en trabajar para los más desfavorecidos (que le valió el apelativo de arquitecto de los pobres) y su reivindicación de los sistemas de construcción tradicionales (desde una óptica funcional, y no esteticista) han hecho de él una figura de gran importancia en la actual arquitectura de cooperación. Fathy empezó a desarrollar su trabajo en el Egipto de finales de los años 30 del siglo XX. Desde un principio, dados los problemas (de suministro, pero también de funcionamiento) que encontraba en los entonces nuevos materiales (hormigón y acero), empleó los sistemas de la arquitectura vernácula. Es muy conocido su uso de bóvedas de ladrillo de barro, adobes las más de las veces, cubiertas con ladrillo cocido cuando lo estimaba necesario. Fathy empezó pronto a tener responsabilidades en diversos órganos del gobierno egipcio, desde los que intentó implantar estos sistemas constructivos en obras de cierta escala. También allí fue Fathy pionero en ámbitos diferentes del estrictamente arquitectónico: entre otras iniciativas, diseñó y dirigió los primeros programas de enseñanza a la población para fomentar una autoconstrucción razonable. Las dificultades que encontró en la maraña administrativa le hizo desistir de muchas de estas iniciativas, y a mediados de los años 50 volvió a su trabajo en el ámbito de la arquitectura de cooperación. Su trabajo a favor de los más pobres le granjeó una creciente fama en las últimas décadas de su vida (además de numerosos premios; entre ellos, el Aga Khan de arquitectura, en 1980) y pudo difundir sus ideas en numerosos foros internacionales. Desde los años 70 diversos textos recogieron sus construcciones más importantes y su filosofía de la construcción. Murió en 1989, con 90 años, todavía en activo.

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Construcción abovedada en África. Cooperación y tradición

Figuras 3.70 a y b. Villa de Baris, obra de Hassan Fathy. Davies 2006, 112. Cúpula de rosca de doble hoja, obra de Fabricio Carola. Fotografía de F. Carola.

La bóveda nubia En lo que se refiere a la presente tesis, los trabajos de Hassan Fathy resultan de interés por su empleo de las bóvedas nubias o recostadas, dado que el proceso de construcción, con el ladrillo recostado sobre un muro, es en muchos detalles semejante al ya explicado para las bóvedas tabicadas (véase el apartado 2.03). En este caso las hiladas, a rosca, se recuestan contra un muro testero, contra el que las piezas se colocan con procedimientos de replanteo semejantes a los de las bóvedas tabicadas: uno de los métodos de trabajo más habituales es el del hilo que se aprecia en las imágenes. El empleo de este sistema por parte de Fathy generó un gran número de soluciones arquitectónicas de interés, muchas de ellas apoyadas también de la arquitectura vernácula de la zona. Tal vez la más conocida sea el uso del testero contrario al que apoya el muro durante la construcción como rejilla para conseguir una ventilación cruzada. Esta solución, tomada de la arquitectura vernácula, fue empleada en serie por Fathy en edificios como el mercado de Gourna. Fathy empleó también con frecuencia series de bóvedas paralelas, cuyos empujes se contrarrestaban sin complicaciones, una solución que hemos visto en ejemplos como las casas en el barrio de Usera, de Luis Moya.

3.4.2. Excepciones. Fabricio Carola. Sin embargo, las bóvedas que empleó Fathy no son, pese a las coincidencias antes mencionadas, tabicadas, sino de rosca. Su empleo en cooperación es de interés para la presente tesis, pero no así la técnica de construcción, que excede los límites marcados para este estudio. El caso de Fabricio Carola, arquitecto Italiano que desarrolla en la actualidad su trabajo en Mali y Mauritania, es similar. Sus construcciones reciclan tradiciones de construcción de bóvedas de rosca (y, por lo tanto, ajenas al ámbito de esta tesis) construidas al aire de forma semejante. En Carola, sin embargo, el empleo de construcciones seriadas genera formas caprichosas, orgánicas: sirvan como ejemplo el Hospital de Kaédi o el Mercado de Bamako. Resulta, en todo caso, muy interesante el empleo que Carola hace del cerramiento de dos hojas, incluso en zonas abovedadas. Esta solución puede relacionarse con algunas de las propuestas que van a realizarse en el capítulo 6 de la presente tesis.

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Bóvedas y cooperación en la arquitectura india

3.5. BÓVEDAS Y COOPERACIÓN EN LA ARQUITECTURA INDIA. La construcción abovedada tiene hondas raíces en la tradición arquitectónica asiática. En las construcciones mesopotámicas, primero, y persas después, se encontrarían, según diversos tratados, los orígenes de las tradiciones abovedadas mediterráneas e indias. Bóvedas de diversos tipos siguen empleándose en la arquitectura vernácula de grandes zonas semidesérticas: son muy conocidos los ejemplos de Irán (con ciudades como Bam, construida por entero en barro, y con distintas tradiciones de construcción de bóvedas sin cimbra) e Iraq (el arco de Ctesifonte es la estructura abovedada más antigua conocida), pero también hay tradiciones interesantes en Nepal o Pakistán. En el apartado siguiente vamos a estudiar, siguiendo el criterio establecido para este capítulo, tan sólo algunas experiencias contemporáneas de empleo de bóvedas ligeras en Asia. Muchas de las más conocidas e interesantes han tenido lugar, por diversos motivos, en la India. Dado, además, que las experiencias prácticas a las que vamos a hacer referencia en los últimos capítulos de la presente tesis se han realizado también en la India, vamos a centrar exclusivamente en ese país todo este apartado. En algunas zonas de la India existen arraigadas tradiciones de construcción abovedada. Los ejemplos más conocidos son monumentales: la cúpula del Gol Gumbaz, en Vijapur, que pasa por ser la cúpula construida con obra de fábrica en el mundo, los arcos de acceso al Haveli de Sham Singh en Atari, construidos sin cimbra, o a las construcciones abovedadas de Lucknow y Orissa; pero el centro y el norte de la India están plagados de ejemplos vernáculos menores y espléndidos. Pese a ello, hay que reseñar que ninguna de las experiencias que se van a detallar está basada en sistemas abovedados tradicionales. Muchas son inserciones de técnicas tradicionales de otras zonas, bóvedas tabicadas a la mediterránea incluidas; otras son variantes sobre bóvedas ligeras, o ensayos sobre fábrica armada.

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Bóvedas y cooperación en la arquitectura india

Figuras 3.71 a, b, c, d y e. La arquitectura colonial recicló algunas tradiciones abovedadas. Notas sobre algunas construcciones abovedadas indias, entre las que se encuentra el Gol Gumbaz. Construcciones abovedadas de la arquitectura Mughal. Lahore. Fotografías y dibujos del autor. Anand 1981, 46 y 47.

Sobre los ejemplos escogidos. Puede decirse que la llegada de la modernidad arquitectónica, límite impuesto a los ejemplos escogidos para este trabajo, llegó a la India con el desembarco de Le Corbusier en los años 50. El arquitecto suizo viajó al país, independizado pocos años antes, para construir la ciudad administrativa de Chandigarh, la nueva capital del estado de Punjab. Allí proyectó y levantó diversos edificios abovedados. Son los primeros de los estudiados en este apartado. Muy diferente es el caso de Laurie Baker. Gran conocedor de la arquitectura vernácula de la India, consciente de la importancia de la arquitectura abovedada en las regiones de mayor influencia Mogol, Baker trabajó en el sur del país, una zona de raíz arquitectónica hinduista: el templo hindú, como las construcciones de la arquitectura vernácula del sur de la India, no emplea arcos ni bóvedas, sino dinteles planos. Baker no recurrió a la tradición árabe del norte sino al catálogo de soluciones abovedadas de la arquitectura de cooperación; la influencia de Dieste, o el paralelismo de su trabajo con las propuestas de González Lobo, son patentes en algunos de sus edificios. Muchos otros arquitectos, edificios y propuestas se han quedado fuera de este estudio. Es el caso de los trabajos de algunos arquitectos locales, algunos tan conocidos como C. Correa, que ensayó soluciones abovedadas en diversos edificios (incluso en el sur: construyó en Kerala la conocida Iglesia de Parumala). Otros arquitectos de interés, como C. Viswanath, que recientemente ha ensayado diferentes métodos de prefabricación de obra de fábrica, muy semejantes a los propuestos por González Lobo, tampoco aparecen en este estudio, que resultaría, de ese modo, excesivamente reiterativo. Se han escogido únicamente las propuestas más interesantes y novedosas de entre las realizadas en el ámbito de las bóvedas ligeras de fábrica.

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Las bóvedas de Le Corbusier en la India

3.5.1. Las bóvedas de Le Corbusier en la India.

Figura 3.72. Casa Jaoul. Interior. Maniaque 2009, 2

Charles Édouard Jeanneret (1887-1965), conocido como Le Corbusier, es uno de los principales arquitectos del siglo XX. Su trabajo estuvo siempre en la vanguardia de la arquitectura, desde su inicial vinculación al movimiento moderno hasta su posterior evolución hacia el brutalismo arquitectónico. Es autor de innumerables proyectos, desde la Unidad de Habitación en Marsella a la Capilla de Nuestra Señora del Alto, en Ronchamp, y de un buen número de escritos y propuestas teóricas esenciales para la arquitectura del siglo XX. Le Corbusier trabajó en la India durante la década de los 50 y principios de los 60. Allí participó en el proyecto y construcción de la ciudad de Chandigarh, alguno de cuyos edificios será, en parte, objeto de este estudio. Y allí construyó también otras muchas obras, casi todas en el estado de Gujarat. Las más conocidas son Casa Sarabhai y el Museo - Centro cultural de Ahmedabad. El interés de Le Corbusier por las bóvedas tabicadas también es conocido, y ha sido estudiado con detalle en fechas recientes 35 . Los antecedentes de este interés parecen claros: Le Corbusier visitó Barcelona en 1928, invitado por J.L. Sert, y se mostró allí muy impresionado por la obra de fábrica y por la arquitectura de Gaudí, hasta el punto de tomar varias notas sobre las cubiertas de las Escuelas de la Sagrada Familia. Le Corbusier intentó emplear con posterioridad este sistema en diversos proyectos a lo largo de su carrera; tras varios intentos fallidos (la Casa Henfel, de 1935, es el más definido de ellos) Le Corbusier recibió el estímulo definitivo en una visita realizada a Bogotá en 1950. Allí estudió las construcciones de F. Pisano, un arquitecto local, realizadas con esta técnica; poco después, Sert detalló las bóvedas tabicadas para él (Sert las conocía bien: él mismo las había empleado en sus Casas de Vacaciones del Garraf) y le puso en contacto con un experimentado constructor catalán, con quien Le Corbusier realizaría sus primeras bóvedas.

35. Véase “La huella de la construcción tabicada en la Arquitectura de Le Corbusier” (Gulli 1999, 73-85). Gulli atribuye el interés de Le Corbusier por la arquitectura vernácula, y en concreto por la bóveda catalana, a un “progresivo alejamiento de las posiciones dogmáticas presentes en el programa ideológico del purismo” (Gulli 1999, 74) que el arquitecto habría empezado a manifestar a finales de la década de los 20.

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Las bóvedas de Le Corbusier en la India La experiencia europea. Las experiencias europeas y asíaticas de Le Corbusier con este sistema fueron prácticamente simultáneas. En Europa, Le Corbusier empleó bóvedas tabicadas en la construcción de las parisinas Casas Jaoul (1951-55), para las que diseño bóvedas de cañón rebajadas, atirantadas cada 4 m., que descansan sobre muros paralelos de fábrica de unos 40 cm. de espesor. Los hombros que recogen las bóvedas son en realidad vigas de hormigón visto, de unos 50 cm. de canto. Estas vigas, junto con los muros de fábrica, también vista al exterior, colaboran al impactante brutalismo arquitectónico de la obra. Para la construcción de las bóvedas Le Corbusier se rodeó de trabajadores mediterráneos, incluyendo al especialista catalán recomendado por Sert. La construcción de estas bóvedas tenía algo de experimento; C. Maniaque describe el proceso en los siguientes términos: “Installation of the Catalan vault was a moment of great satisfaction on the jobsite, mobilizing the entire team –Le Corbusier, his atelier collaborators, the Jaouls, and the mason- in this “successful achievement”” 36 . (Maniaque 2009, 99)

Y es que las bóvedas de la Casa Jaoul eran, ciertamente, experimentales. Le Corbusier no estaba construyendo exactamente una bóveda tabicada, sino una adaptación de este sistema a sus propias ideas. Una adaptación que emplearía después en sus obras en la India. R. Gulli describe la variante de Le Corbusier en los siguientes términos:

Figuras 3.73 a, b y c. Casa Jaoul. Vista del exterior, en la que destaca la cubierta ajardinada. Cuaderno de viaje E21 de Le Corbusier Interior, con algunos esbozos de bóvedas tabicadas. Maniaque 2009, 16 y Gulli 1999, 78.

36. “La construcción de la bóveda catalana fue un momento de gran satisfacción en la obra, movilizando a todo el equipo –Le Corbusier, sus colaboradores del taller, los Jaoul, y el constructor- para este “exitoso logro””. (Maniaque 2009, 99)

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Las bóvedas de Le Corbusier en la India

“Las bóvedas empleadas por Le Corbusier en los proyectos de las Casas Jaoul y Sarabhai y las Maisons des Peons, en realidad no son bóvedas catalanas, o mejor dicho, no son bóvedas tabicadas. La hipótesis propuesta por Le Corbusier se entiende como solución intermedia entre el sistema en hormigón, empleado en la antigüedad por los constructores romanos, y el propio de la técnica tabicada. En efecto, en las bóvedas de Le Corbusier, la primera hilada, realizada sin la ayuda de cimbras como prevé el sistema tabicado, no se puede considerar totalmente colaboradora de la segunda. Los requisitos fundamentales, reasumibles en el concepto de cohesividad estructural enunciado por Guastavino, sólo se satisfacen parcialmente. En síntesis: la regla esencial del desfase relativo entre las juntas de dos capas [roscas] no se respeta; la cantidad de mortero no está relacionada con la dimensión de los ladrillos; el relleno realizado en el trasdós, con hormigón aligerado, modifica sustancialmente el comportamiento estructural de la bóveda, cuya sección resistente comprende también la zona del refuerzo”. (Gulli 1999, 81)

Figuras 3.74 a y b. Casa Jaoul. Perspectiva, plantas y alzados. Maniaque 2009, 17. Figuras 3.75 a, b y c. Proceso de construcción del edificio, en el que se aprecian los encofrados dispuestos para las vigas de conexión entre muros y bóvedas, los huecos previstos para accesos y la construcción de las vigas de borde de hormigón. Maniaque 2009, 19 y 20.

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Las bóvedas de Le Corbusier en la India Este sistema de bóvedas ligeras rellenas a posteriori será empleado por Le Corbusier en todas sus construcciones abovedadas con fábrica posteriores. Cabe preguntarse si esta revisión que el arquitecto hizo de la técnica tradicional catalana obedecía a alguna desconfianza del arquitecto en la seguridad de las construcciones levantadas con este sistema o, simplemente, a la voluntad de adaptarla a su propio lenguaje arquitectónico 37 : en todo caso, su empleo en la Casa Jaoul, dónde el arquitecto hubiera podido tener acceso a mano de obra especializada, permite afirmar que si la utilizó también en sus construcciones en la India fue porque el resultado le pareció satisfactorio, y no porque, como proponen algunos autores, en la India no dispusiera de la mano de obra y los materiales necesarios para una bóveda a la catalana. La Casa Sarabhai. En 1955, al tiempo que terminaba la Casa Jaoul, Le Corbusier levantó en Ahmadabad la Casa Sarabhai, con planteamientos técnicos semejantes. El mismo esquema: bóvedas de cañón rebajadas, en este caso sin atirantar, descansan sobre muros paralelos de fábrica, de dos pies de espesor, y son contenidos horizontalmente por hombrosvigas de hormigón visto, de canto variable. El espesor de los muros es mayor en algunos laterales, para absorber los empujes de las bóvedas. La descripción del arquitecto ponía el énfasis en la cubierta ajardinada que posibilitaba el sistema elegido: “For the structure, Catalonian vaults: cradle-vaults of flat tiles set in plaster without formwork, coupled with a row of bricks cast roughly in cement. These half-cylinders are carried to the walls by the intermediary of a rough concrete lintel. The composition serves to create openings in these walls, all parallel, playing solids against voids-but playing intensely the architectural game. Much research has gone into this house. One of the most brilliant solutions is that of the roof. The half-cylinders of the roof, once the waterproofing is assured, are covered with earth and the upper part of the house becomes a magnificent garden of lawn and charming flowers”. 38 (Jeanneret 1995, 115)

Figura 3.76. Los Jaoul, observando unas bóvedas en Chandigarh. Maniaque 2009, 38.

37. Tal vez Le Corbusier tuviera en mente la definición de este tipo de bóvedas que Viollet-le-Duc hace en la entrada “voûte” de su Dictionnaire Raisonnée (Viollet 1874, 465-467). Allí, Viollet pone en relación las bóvedas tabicadas con las bóvedas romanas de hormigón, construidas sobre una rosca de ladrillos colocados de plano, que hacían las veces de encofrado para un hormigón de cal. 38. “Para la estructura, bóvedas catalanas: de cañón rebajadas, construidas con baldosas planas, tomadas con yeso, sin encofrado, sobre las que se recibe una segunda rosca de ladrillos tomados con cemento. Estos semicilindros descargan en las paredes a través de un elemento interpuesto, un dintel de hormigón visto. El sistema permite crear aberturas en las paredes, todas paralelas, y jugar con huecos y macizos. Se ha hecho mucha investigación sobre esta casa. Una de las soluciones más brillantes es la de la azotea. Los semicilindros de la estructura, una vez se garantiza su impermeabilidad, se cubren con tierra, de forma que la parte superior de la casa se convierte en un magnífico jardín de césped y flores”. (Jeanneret 1995, 115)

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Las bóvedas de Le Corbusier en la India La casa Sarabhai incluye muchas soluciones de la arquitectura vernácula India, insertas con maestría en el esquema estructural mencionado. Los huecos de ventilación se alojan en la cuña del frente de los cerramientos, el agua de las cubiertas se reconduce a pequeños pozos, etc. También en lo que se refiere al diseño del edificio: los muros se orientaron paralelamente a las corrientes principales de aire para facilitar la ventilación, las verandas sombrean la zona más soleada de la vivienda. Soluciones que Le Corbusier tomó de las recomendaciones de la tradición del Vastu hindú. Para la construcción de las bóvedas, Le Corbusier empleó personal local. Su propia experiencia en la Casa Jaoul le había convencido de que el sistema era suficientemente sencillo y, por otra parte, sus bóvedas no eran en realidad sino el encofrado perdido (y vistoso) de otra bóveda de hormigón, construida justo encima. Era ésta la que realmente trabajaba: la precisión formal o material de la bóveda-molde de fábrica tenía, por ello, una importancia relativa.

Figuras 3.77 a y b. Casa Sarabhai. Arriba, en construcción; abajo, interior con vista de una de las bóvedas. Maniaque 2009, 85 y Boesiger 1995 T. VI, 131.

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Las bóvedas de Le Corbusier en la India

Figuras 3.78 a y b. Casa Sarabhai. Planta y detalle de las cubiertas y del sistema de recogida de aguas. Boesiger 1995 T. VI, 118 y 125.

Vivienda social y cooperación. Las Casas de Peones en Chandigarh. Le Corbusier trabajó en diversos proyectos de vivienda social, algunos de ellos próximos a la cooperación. En casi todos estos proyectos se decantó por sistemas industrializados. Algunos autores (Maniaque 2009, 12) proponen que, para Le Corbusier, las soluciones de la arquitectura vernácula tenían más sentido en viviendas de cierto prestigio (tal vez porque permitían, en algunos casos, mejorar los niveles de confort básicos y estandarizados modernos) mientras que las soluciones industrializadas eran más propias de contextos de necesidad.

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Las bóvedas de Le Corbusier en la India Sin embargo, Le Corbusier diseñó un sistema de cubiertas con bóvedas tabicadas para un proyecto a medio camino entre la vivienda social y la arquitectura de cooperación: las Casas para Peones de Chandigarh. C. Laurent ha estudiado los condicionantes económicos, sociales y culturales con los que debió bregar el arquitecto: “Il s’agit pour Le Corbusier de concevoir un logement capable de loger les populations les plus pauvres, tout en prenant en compte les contraintes économiques et matérielles qui lui sont liées. Ce projet acquiert une dimension sociale: il s’agit d’améliorer considérablement les conditions de vie d’un partie de la population. […] La projet des maisons des péons est un projet à l’echelle d’un quartier: il comprend la construction de 184 logements pour 750 habitants. Regroupées autour d’une place centrale et des voies des dessertes comunes, les habitations sont conçues sur un modèle architectural identique. […] Le budget financier consacré au projet du village des péons est extrêmement limité. Ainsi les logements […] doivent contenir dans cette surface déterminée de 110 m2 tout a la fois: la surface des rues, de logement proprement dit et du jardin”. 39 (Laurent 2006, 25-27)

El proyecto de las Casas para Peones es un ejemplo estupendo de las posibilidades de aprovechamiento de la tecnología de las bóvedas tabicadas para construir en condiciones límite. Los recursos con los que contaba Le Corbusier eran escasos. El terreno, muy limitado; los materiales, los más baratos de la zona. El proyecto se basaba en un esquema estructural de gran simplicidad, de cuerpos paralelos y adosados cubiertos con bóvedas tabicadas y medianerías compartidas. El sistema es semejante, a otra escala, al empleado años antes por L. Moya en sus viviendas en Usera (salvedad hecha del relleno de hormigón de las bóvedas de Le Corbusier) pero en viviendas de una sola altura (frente a las dos plantas de Moya). Por lo demás, este diseño le permite al arquitecto aligerar la estructura, ya que las medianeras no necesitan contener empuje alguno: las bóvedas, “contrarrestadas unas con otras” (Moya 1993, 35-36) sólo empujan en los muros laterales de la construcción, que sí deben estar convenientemente tratados.

Figura 3.79. Casas de los Peones. Chandigarh. Plantas y secciones. Boesiger 1995 T. V, 159.

39. “Le Corbusier necesitaba diseñar un alojamiento para los más pobres, teniendo en cuenta además diferentes restricciones económicas y materiales. Este proyecto tenía una dimensión social: era necesario mejorar considerablemente las condiciones de vida de una parte de la población. […] El proyecto de las Casas de los Peones tiene la escala de un barrio: comprende la construcción de 184 alojamientos para 750 habitantes. Agrupadas en torno a una plaza central, las viviendas son concebidas sobre un modelo arquitectónico idéntico. […] El presupuesto asignado al proyecto de la ciudad de los peones es extremadamente limitado. Los alojamientos […] deben ser de 110 m2, incluyendo en esta superficie las calles, el alojamiento propiamente dicho y el jardín”. (Laurent 2006, 25-27)

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Las bóvedas de Le Corbusier en la India

Para las bóvedas de este edificio, finalmente no construido, Le Corbusier realizó diferentes consideraciones de interés, resumidas en sus apuntes de fecha 11 de Mayo de 1951. Algunas formales: el diseño de un parasol en fachada, en continuidad con la bóveda principal; otras, estructurales: entre la primera y la segunda rosca, Le Corbusier abocetó una malla de redondos de hierro. Pocos años antes, en 1947, A. Bonet Correa, antiguo colaborador de Le Corbusier, y E. Dieste habían inaugurado la construcción con cerámica armada en la Casa Berlingieri; no está claro que el boceto de Le Corbusier estuviera influido por ella. Para las Casas de los Peones Le Corbusier había previsto, como en las Casas Jaoul y Sarabhai, una solución de dos roscas, con ladrillo cerámico de 2 cm. de espesor la primera y bloque de hormigón aligerado de 5 cm. la segunda. Como se ha dicho con anterioridad, ninguna de ellas está considerada en los cálculos: es el hormigón vertido sobre ellas el que se tiene en cuenta. Nuevamente Gulli: “Efectivamente, en estas verificaciones estructurales no se considera la colaboración de la resistencia de ladrillo. El esquema estático de toda la configuración abovedada se asimila al de un arco de hormigón con un tirante por debajo para contrarrestar el empuje horizontal. Un esquema estático indiferente a las peculiares respuestas estructurales generadas por el empleo del tradicional sistema constructivo tabicado. Por tanto Le Corbusier sustrae el valor constructivo de la técnica original. Lo que queda es, sobre todo, su expresión formal”. (Gulli 1999, 81-82)

Sin embargo, el hecho de emplear una primer lámina ligera de ladrillo cocido, más resistente a la intemperie (independientemente de que Le Corbusier la emplease sólo por sus cualidades estéticas) seguido de otra de bloque aligerado resulta muy interesante. La construcción de segundas y terceras roscas es laboriosa; el uso de bloques de este tipo las simplifica, dotando a la bóveda de igual espesor. No hay ninguna referencia, en todo caso, a si se emplearon llaves de algún tipo para la conexión entre ambas roscas, o entre ellas y el hormigón.

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Figuras 3.80 a y b. Casas de los Peones. Chandigarh. Plantas y secciones, y plano de un asentamiento. Boesiger 1995 T. V, 159.


La experiencia India de Laurie Baker Figura 3.81. Laurie Baker. Bhatia 1991, 68.

3.5.2. La experiencia India de Laurie Baker. Laurence Wilfred “Laurie” Baker es uno de los arquitectos más conocidos en el ámbito de la cooperación al desarrollo. En muchas ocasiones su obra ha sido comparada a la de Hassan Fathy (e incluso su vida: “Laurie Baker is truly the Hassan Fathy of India” 40 , llega a afirmar S.K. Sharma). Hay en ambos un mismo respeto por las tradiciones arquitectónicas locales y un mismo deseo de encontrar en ellas soluciones para las necesidades de los más desfavorecidos. Vida. Nacido en Birmingham en 1917 y titulado en la escuela de arquitectura de la misma ciudad en 1938, desarrolló su trabajo más conocido en Kerala, en el sur de la India, donde falleció en 2007. Desde 1941 trabajó en las colonias británicas en Asia como voluntario. En 1941 viajó a China, dónde permaneció hasta 1945, cuando se enroló en un programa de ayuda a los enfermos de Lepra y viajó a la India para colaborar en el desarrollo de nuevos hospitales. En estos años, desencantado de las soluciones constructivas de la arquitectura colonial, volvió la mirada hacia las soluciones tradicionales, y realizó diversos estudios sobre los sistemas de construcción vernácula de la India. En 1948 se estableció junto a su esposa, médico, en Pithoragarh, una localidad India cercana al Nepal, donde ambos permanecieron como misioneros hasta 1963. Baker profundizó allí en sus estudios sobre las tradiciones arquitectónicas locales y teorizó sobre la idoneidad de éstas, y sobre su relación con los recursos de la zona. En 1963 los Baker se trasladaron a Kerala, en el sur de la India. Fue allí dónde Baker empezó a desarrollar su trabajo como arquitecto. En 1969 fijaron su residencia en Trivandrum; en los alrededores de esta ciudad Baker construyó numerosas viviendas, hospitales y edificios religiosos, siempre sobre las bases de respeto a las tradiciones arquitectónicas de la zona que ya se han mencionado. A finales del siglo XX su trabajo empezó a ser reconocido en el ámbito internacional. Baker fue distinguido con numerosos premios y galardones, incluyendo varios Doctorados Honoris Causa y la Orden del Imperio Británico. 40. “Laurie Baker es realmente el Hassan Fathy de la India”. S.K. Sharma en Bhatia 1991, xi. El mismo Bhatia afirma más adelante: “The work of John Turner in Latin America and Hassan Fathy’s experience in Egypt paralleled the quiet revolution that Laurie Baker was enacting in India” (“El trabajo de John Turner en América Latina y la experiencia de Hassan Fathy en Egipto caminaban en paralelo con la revolución tranquila que Baker estaba promoviendo en la India”) Bhatia 1991, 19.

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La experiencia India de Laurie Baker Arquitectura y cooperación. La filosofía de la arquitectura de Baker debe mucho a sus principios religiosos. Cuáquero, muy influido por los principios de Gandhi, con quien trató, Baker aplicaba a vida y arquitectura un particular ascetismo práctico. La mayor parte de su arquitectura se desarrolló en zonas empobrecidas; Baker investigó sobre soluciones de bajo coste, y empleó sistemas de autoconstrucción y materiales naturales siempre que esto le fue posible. Una de sus prioridades fue la del empleo –y en ocasiones reciclaje– utilitario de la tradición. La mayor parte de sus textos desarrollan largamente estos temas: “Every district has its own traditions and, by trial and error, over thousands of years, people have learned how to use, and to cope with, all the many factors which are involved in Architecture: the climate and vegetation, the available local materials, the religious and cultural patterns of living and the main local occupants. Unsatisfactory items have long since been discarded and alternatives have been tried until a satisfactory solution has been found. It seems foolish, therefore, to abandon the tested findings of centuries of Science and Technology”. 41 (Baker 1991, 02) “My observation is that vernacular architecture almost always has good answer to all our problems. In every district, wherever you go, the people themselves take an active part in making their houses. Now, for whatever reasons, they have lost their skills, and need to look outside for help.” 42 (Baker, L. Cementlessness. Hindustan Times, Nueva Delhi, 4 de Noviembre de 1974. En Bhatia 1991, 48)

También está presente en su trabajo, construido y escrito, cierta preocupación por los medios de producción y su relación con los sistemas constructivos: “Baker’s work has been often referred to as the architecture of marginality as his designs make optimum use of available funds and materials. The lower middle class forms the bulk of his urban clients. Yet the impetus to work for the poor does not come from any consciousness to promote development –the main idea behind the hi-tech buildings and prefabricated techniques of today. Baker maintains that high technology and prefabrication make little sense in a country that still has a largely underemployed labour force.” 43 (Bhatia 1991, 48) “We still do not see that the most important industry in the country is the building industry. We refuse to see that it can absorb every type of worker from the highly-skilled scientist to the completely non-skilled labourer. It can solve a large area of our unemployment problem, and furthermore, it can start immediately, if we will, as no other industry can.” 44 (Baker, L. Cementlessness. Hindustan Times, Nueva Delhi, 4 de Noviembre de 1974. En Bhatia 1991, 48)

41. “Cada distrito tiene sus propias tradiciones y a lo largo de miles de años, mediante prueba y error, las personas han aprendido a tratar con los muchos factores que intervienen en la arquitectura: el clima y la vegetación, los materiales locales disponibles y las pautas culturales y religiosas de vida. Los ensayos no satisfactorios han sido descartados, y las alternativas se han ensayado hasta encontrar la solución óptima. No parece muy inteligente, por lo tanto, abandonar los resultados obtenidos en siglos de ciencia y tecnología”. (Baker 1991, 02) 42. “Mi observación es que la arquitectura vernácula tiene casi siempre una buena respuesta a todos nuestros problemas. Los habitantes de todos los distritos participan activamente en la construcción de sus casas. Ahora, por alguna razón, han perdido esta capacidad, y necesitan mirar más allá en busca de ayuda”. (Bhatia 1991, 48) 43. “El trabajo de Baker ha sido a menudo descrito como arquitectura de la marginalidad, ya que sus proyectos hacen un uso óptimo de recursos y materiales disponibles. La mayor parte de sus clientes fueron de clase media baja. Sin embargo, el impulso para trabajar por los pobres no proviene de ninguna conciencia para promover el desarrollo local, que suele ser el motivo del empleo hoy de ciertos sistemas de alta tecnología y prefabricación. Baker afirma que estas altas tecnologías tienen poco sentido en un país en que todavía existe una gran cantidad de mano de obra desempleada”. (Bhatia 1991, 48) 44. “Todavía no vemos que la industria más importante del país es la industria de la construcción. Nos negamos a ver que puede absorber todo tipo de trabajadores, desde los de más alta cualificación científica al trabajador no cualificado. Puede resolver una gran parte de nuestro problema de desempleo y puede además, al contrario que cualquier otra industria, comenzar inmediatamente si así lo deseamos”. (Bhatia 1991, 48)

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La experiencia India de Laurie Baker De ambas inquietudes hizo Baker una actitud ante la arquitectura. Su método de trabajo implicaba a usuarios y trabajadores en la toma de decisiones: “His method of working as designer-builder-contractor in the manner of the traditional master craftsman has, besides extending the conventional role of the architect, produced its own kind of architecture. The building trade has been effectively organized by Baker into teams that have evolved a common approach to design that creates similar elements […] that vary according to the function and scale of each project.” 45 (Bhatia 1991, 27)

Obra escrita. Baker dejó un buen número de escritos de interés, muchos de ellos relacionados con la construcción tradicional y con los sistemas de reducción de costes. Primorosamente ilustrados por él mismo, autoeditados en muchas ocasiones, su reducido formato permite leerlos como lo que fueron: pequeños manuales de construcción para el seguimiento casi directo de sus indicaciones durante la ejecución de un determinado edificio. Los títulos de muchos de sus textos dan suficiente información, en este sentido, sobre su contenido: “Brickwork” (Obra de fábrica), “Mud” (Barro), “Rural Community Buildings” (Edificios de comunidades rurales), “Rural House Plans” (Planos de casas rurales), “Houses: How to Reduce Building Costs” (Casas: cómo reducir los costes de construcción) o “A manual of cost cuts for strong acceptable houses” (Manual para recortar costes en la construcción de viviendas) son algunos ejemplos de ello.

Figura 3.82. Los manuales de Baker, suma-mente simples, son entendidos con facilidad por usuarios no cualificados. Baker 1991,39.

45. “Su método de trabajo como diseñador-constructor-contratista, a la manera tradicional de maestro artesano, además de ampliar el papel convencional del arquitecto, ha producido su propio tipo de arquitectura. La construcción ha sido eficazmente organizada por Baker en equipos que han desarrollado un enfoque común para el diseño […] creando elementos que varían según la función y el alcance de cada proyecto”. (Bhatia 1991, 27)

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La experiencia India de Laurie Baker

Figuras 3.83 a, b y c. Portadas de algunos manuales de Baker. Véase la bibliografía de este capítulo.

Estos manuales suelen ser sumamente simples, ya que están diseñados para ser empleados por trabajadores con poca o ninguna cualificación. Las imágenes, sencillas y concisas, aportan la mayor parte de la información, y suelen estar acompañadas de símbolos (correcto e incorrecto, por ejemplo) que facilitan la lectura. Baker escribió, además de estos manuales, un gran número de ensayos y artículos publicados con frecuencia en revistas y periódicos locales e internacionales. En ellos, la filosofía de la arquitectura que subyacía en los manuales se explicita de un modo claro. Son artículos muy elaborados, en los que Baker aporta argumentos prácticos a favor de su idea de la arquitectura. Sus reflexiones más interesantes sobre experiencias o ensayos concretos suelen estar contenidos en estos textos. Obras construida. El trabajo de Baker en Kerala incluye cientos de casas y multitud de edificios públicos, principalmente hospitales e iglesias. En todas ellas se aleja de la arquitectura académica que estudió en su juventud, y emplea con maestría los medios de la tradición de la zona, consciente de que estas soluciones se comportan mejor ante monzones, tormentas, etc. Su compromiso medioambiental le llevó a emplear casi en exclusiva materiales naturales, autóctonos y de bajo impacto energético, incluyendo el reciclado de algunos materiales de deshecho. Estas técnicas, combinadas con ingeniosos sistemas de ventilación e iluminación, que favorecen el aireamiento de los interiores, son la principal seña de identidad de la obra de Baker. Formalmente naturalista, Baker juega con frecuencia con formas curvas, que adapta al terreno, al volumen interior necesario para la edificación o a las formas de la parcela, evitando cuando no son estrictamente necesarios los ángulos y las formas rectas. El empleo de estos diseños formales y su mezcla con materiales autóctonos de construcción da como resultado una arquitectura de gran potencia visual, que podría parecer historicista (y no lo es) más que de cooperación, absolutamente individualizada y adaptada a los mínimos detalles de cliente, entorno o presupuesto. Su recurrente empleo de las celosías de fábrica calada, un sistema de muros de fábrica que permiten la entrada de aire pero protegen el interior del sol, es tal vez la característica más conocida de su arquitectura, junto con la utilización de las conocidas cubiertas de madera de Kerala y sus techumbres de teja en escama de pez. No lo es tanto el sistema que interesa a esta tesis; las bóvedas ligeras de fábrica armada, que empleó, en distintos formatos, a lo largo de casi toda su obra.

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La experiencia India de Laurie Baker

Figuras 3.84 a y b. La vivienda de los Baker, “The Hamlet”. Cubiertas y vista general. Trivandrum, Kerala. Fotografías del autor.

Entre sus edificios más conocidos se encuentra su propia vivienda, bautizada por Baker y su esposa como “The hamlet”. En ella concurren las características de la arquitectura de Baker antes mencionadas: compleja organización espacial, celosías, cubiertas cerámicas sobre estructuras de madera, etc. En “The hamlet” encontramos también los sistemas de fábrica armada mencionados antes. Son sistemas de apariencia local, que Baker pone en práctica en casi todas sus construcciones. Sin embargo, no hay referentes locales: es difícil encontrar una relación directa entre estos sistemas y la tradición constructiva de Kerala. Construcción abovedada y sistemas de fábrica armada.

46. “Especialmente en India no hay tal cosa como una única arquitectura tradicional. Cada distrito tiene sus propias tradiciones”. (Baker 1991, 27).

En la India existen muy diferentes tradiciones de construcción. El mismo Baker, en sus estudios sobre el tema, es de esta opinión: “Especially in India there is no such thing as one traditional Indian Architecture. Every district has its own traditions.” (Baker 1991, 27) 46 . En algunas regiones, fundamentalmente en aquellas de mayor influencia Mogol, las construcciones abovedadas son sumamente complejas: es el caso de estados como Maharastra u Orissa, o de ciudades como Hyderabad o Delhi. En estas zonas es posible encontrar grandes bóvedas (el Gol Gumbaz, en Vijapur (Karnataka), pasa por ser la mayor cúpula construida con obra de fábrica en el mundo), sistemas de construcción al aire (los arcos de acceso al Haveli de Sham Singh en Atari, cerca de Lahore), etc. En el sur, sin embargo, la raíz arquitectónica principal es la hinduista. El templo hindú no emplea arcos ni bóvedas, sino sistemas adintelados. Las cubiertas y forjados de la arquitectura vernácula de Kerala utilizan siempre la estupenda madera de la zona. El origen, entonces, del empleo por parte de Baker de este tipo de sistemas hay que buscarlo en otra tradición: la de la arquitectura de cooperación.

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La experiencia India de Laurie Baker Las losas y bóvedas armadas de Baker son soluciones que pertenecen al catálogo de la arquitectura global de la cooperación, no a la tradición arquitectónica de Kerala. Baker pone en práctica estos sistemas influido por las innovaciones técnicas ensayadas en los años 50, 60 y 70, no como reciclaje de sistemas abovedados locales. Los referentes más claros (véase el estudio de las páginas siguientes sobre las dos viviendas en Delhi) son los trabajos de Eladio Dieste. Baker ensaya diferentes soluciones a lo largo de su trayectoria, retomándolas y combinándolas cuando lo considera oportuno. El sistema más común es el de losa armada aligerada, a la que se da una ligera curvatura. La del acceso a su propia casa, de unos 10 cm. de espesor, tiene una relación flecha/luz de 1/10. Los bloques empleados en este caso no tienen una función resistente, sino de sólo de aligeramiento. Por ello emplea todo tipo de materiales, principalmente tejas rotas o defectuosas. Son sistemas muy ligeros de por sí; la intención del relleno es, realmente, la de abaratar los costes de la construcción. “As there is quite a lot of unnecessary concrete in an orthodox RCC slab we can replace some of this redundant concrete with any lightweight, cheap material in order to reduce the overall cost of the slab. This alternative RCC roof is called a filler slab. For fillers we can use light-weight bricks, or Mangalore or country tiles, or hourdies, etc. This will reduce the cost of the orthodox RCC slab by about thirty or thirty-five per cent. As roofs and intermediate floors account for twenty to twenty-five per cent of the total cost of a house, the saving by using a filler slab is considerable. Figuras3.85 a, b y c. Bóveda de fábrica armada en la vivienda de los Baker, “The Hamlet”. Monasterio de Loyola. Fachadas y acceso principal. Trivandrum, Kerala. Fotografías del autor.

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La experiencia India de Laurie Baker The top picture shows how two waste Mangalore tiles come togheter to form an excellent light-weight filler, and how they are placed between the steel reinforcement rods creating a grid of RCC or beams. The lower picture shows a section through the slabs.” Baker, L. (1990) Laurie Baker’s Cost Reduction Manual. En Bhatia 1991, 296. 47

No son realmente bóvedas, ni sistemas de fábrica armada, sino losas armadas en retícula y aligeradas. Para evitar los problemas que genera la escasa sección de la pieza suele dotarlas de cierta curvatura: el 1/10 antes citado es la más habitual. Una curvatura que no resulta necesaria en paños de pequeño tamaño; Baker emplea también este sistema en numerosos casos planos, de los que el ejemplo del acceso al Monasterio de Loyola, en la imagen anterior, es una buena muestra. En casos en los que necesita cubrir grandes luces con sistemas planos emplea, como es lógico, mayores espesores, de medidas semejantes a las de forjados y losas habituales. En otras obras, Baker ensayó diferentes soluciones estructurales mezclando fábrica, hormigón y acero. Una de las más habituales es la del unidireccional ejecutado in situ sobre media caña de bambú. Baker lo describe en estos términos: “A good mature bamboo can also be split in half and used as a permanent shuttering for reinforced cement concrete ribs between brick units (three burnt bricks previously joined together with mortar to form a small slab). This is a rural version of orthodox reinforced brick slab.” Baker, L. (1990) Laurie Baker’s Cost Reduction Manual. En Bhatia 1991, 297. 48

Figura 3.86. Una losa armada aligerada en construcción. Bhatia 1991, 26.

47. “Hay una gran cantidad de hormigón innecesario en un tablero de hormigón armado habitual. Es posible reemplazar parte de este hormigón con cualquier relleno ligero y barato, con el fin de reducir el coste total de la losa. Esta alternativa se llama losa aligerada. Como relleno podemos utilizar ladrillos ligeros, tejas de Mangalore, etc Esto reducirá el coste de la losa de hormigón en un treinta o treinta y cinco por ciento. Como las losas de techo y de pisos intermedios suponen de un veinte a un veinticinco por ciento del coste total de una vivienda, el ahorro que permite el empleo de una losa aligerada es considerable. La imagen superior muestra cómo dos tejas de Mangalore rotas pueden colocarse juntas para formar un excelente relleno, y cómo se colocan entre las varillas de acero de refuerzo creando una red de nervios. La imagen inferior muestra una sección de las losas”. (Bhatia 1991, 296) 48. “Un buen bambú puede partirse en dos mitades y emplearse como encofrado para el hormigón de viguetas ejecutadas in situ entre rellenos de ladrillo (tres ladrillos unidos con mortero para formar una pequeña placa). Esta es una versión rural de una losa de fábrica armada”. (Bhatia 1991, 297)

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La experiencia India de Laurie Baker Mucho más interesantes son sus construcciones con fábrica armada, en las que las piezas de barro cocido sí son resistentes. El ejemplo más conocido es el de las dos viviendas que construyó en 1980 para el gobierno de Kerala en una muestra sobre vivienda en Delhi. Baker justificaba así las soluciones adoptadas: “When I did this Delhi houses I did not know Delhi at all well, nor did I know what inexpensive building materials were to be had there; my brief inspections showed me that mainly brick and concrete were being used. I was trying to find alternatives to concrete, mainly because both cement and steel had very highly intensive energy consumption in their manufacturing process. I decided, therefore, to use brick as much as possible. The parabolic and inverted parabolic vaults used only bricks and mortar and a small quantity of steel. I did not repeat this on the roofing system because of the cost of the shuttering –though I am sure for a colony or a large number of standard-sized buildings re-usable form-work could be devised and used”. 49 (Bhatia 1991, 208)

La influencia de la arquitectura de cooperación es aquí evidente. Las formas y soluciones adoptadas recuerdan a muchos trabajos de Eladio Dieste (cuya arquitectura, como se ha mencionado en el capítulo correspondiente, no puede calificarse como de cooperación, si bien muchas de las soluciones desarrolladas por él han sido empleadas con posterioridad en ese contexto) o a algunas experiencias del ya mencionado Carlos González Lobo. Las láminas de cubierta parecen una simplificación de las de la Iglesia de Atlántida, y tanto su diseño formal como su armado son semejantes a los desarrollados por Dieste en sus estudios. Las viviendas son extremadamente sencillas; su diseño, medidas, distribución interior, etc. no vienen al caso. Interesa de ellas el sistema de fábrica armada empleado en cubiertas: formalmente, sobre una curva de apariencia sinusoidal (en realidad se trata de formas parabólicas) se ha trazado una generatriz recta, casi horizontal, dando lugar a un juego de superficies curvas y contracurvas. La distancia entre generatrices superiores es de 2,35 m., aproximadamente. La generatriz inferior se apoya en muros interiores o pequeños machones, como los que pueden apreciarse en la imagen 3.87 a. Las bóvedas son de una rosca, armadas, tal como se especifica en los planos 3.88 a y b, con apenas algunos redondos ф6 mm.

Figuras 3.87 a y b. Fábrica armada en las cubiertas de dos viviendas en Delhi. Bhatia 1991, 208.

49. “Cuando hice estas viviendas en Delhi no conocía la ciudad, ni sabía qué materiales de construcción de bajo coste podría encontrar allí; una breve inspección me mostró que se estaban utilizando principalmente ladrillo y hormigón. En esa época yo estaba tratando de encontrar alternativas al hormigón armado, sobre todo porque tanto el cemento como el acero son materiales de muy alto consumo de energía. Decidí, por lo tanto, utilizar el ladrillo en la mayor medida posible. Las bóvedas parabólicas utilizan sólo ladrillo, mortero y una pequeña cantidad de acero. No volví a emplear este sistema en las cubiertas debido a los costes de los encofrados, aunque estoy seguro de que en una colonia, o en un gran número de edificios de tamaño estándar, podría ser rentable elaborar encofrados reutilizables”. (Bhatia 1991, 208)

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La experiencia India de Laurie Baker Figuras 3.88 a y b. Secciones, alzados y planta de dos viviendas en Delhi. Puede apreciarse la forma de curva y contracurva empleada en las cubiertas, así como su relación con los muros sobre los que descansan. Bhatia 1991, 210.

El armado longitudinal (el que forma las curvas antes mencionadas) se sitúa en la zona superior de la fábrica, a modo de armado de momentos negativos, en las zonas cóncavas, y en la zona superior, la de positivos, en las convexas. Transversalmente se arman también las generatrices inferiores, con cinco redondos en toda su longitud. Todas las armaduras, tanto en el primer como en el segundo caso, se sitúan en las juntas de la fábrica, realizada con el ladrillo de la zona, de 22x10x7 cm. Hay que destacar que las piezas de fábrica que emplea Baker son muy sencillas, sin cajeado ni complemento alguno. No hay ladrillos rebajados, ni piezas especiales. Se trata, como se ha dicho, de una simplificación a simple curvatura de cubiertas como la antes citada de la Iglesia de Atlántida (Eladio Dieste, 1960). Tanto en lo formal (la cubierta de la Iglesia de Atlántida se curva también en dirección transversal, se apoya sobre complejos pliegues en los muros, etc.) como en la concepción del armado: en Dieste, debido al curvado transversal antes citado, el tratamiento de las vigas de borde es fundamental, y también lo es el armado transversal de las generatrices inferiores, ya que ellas forman los tirantes que atan las vigas de borde 50 . En las viviendas de Baker no hay empujes transversales, con lo que no hay un tratamiento de ese borde. El planteamiento es plano: los arcos convexos longitudinales descansan sobre vigas rectas de fábrica armada, situadas junto a la generatriz inferior (cubriendo el 50% de la zona convexa de la viga) cuya forma curva no acaba de estar justificada. Los empujes laterales de esta suma de bóvedas no parecen haber sido tenidos en cuenta en el tratamiento del borde, ya que los muros sobre los que descargan son tan solo de medio pie (figuras 3.89 a y b). Tanto el alero como la bóveda de lateral se apoyan sobre un pequeño saliente de fábrica, tal como puede apreciarse en los detalles. 50. Las similitudes entre la obra de Baker y la de otros arquitectos contemporáneos es conocida y ya ha sido estudiada. Aquí sólo interesan los aspectos técnicos de esas relaciones, pero las pruebas más evidentes de que Baker conocía bien la obra de otros creadores contemporáneos están en la concepción formal de muchas de sus construcciones más conocidas. Las iglesias de Loyola (Baker) y San Pedro (Dieste), ambas construidas en 1971, son prueba de ello.

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La experiencia India de Laurie Baker

Figuras 3.89 a y b. Detalle del armado de las cubiertas de fábrica de dos viviendas en Delhi. Puede apreciarse la disposición de armados longitudinal y transversal, la situación del armado en la fábrica, la distancia entre curvas, etc. Bhatia 1991, 209.

Algunas conclusiones. Baker y la fábrica armada. Parece claro que la intención de Baker no era solamente “utilizar el ladrillo en la mayor medida posible” sino además ensayar una versión simplificada de los sistemas de fábrica armada que desde los años 50 se estaban poniendo en práctica en contextos semejantes. La letra no es la de estos experimentos, por lo general mucho más complejos, pero sí lo es su espíritu. El mismo Dieste afirmaba en “Técnica y Subdesarrollo” “Todos los campos de la técnica a los que me he asomado están llenos de problemas sin resolver y para resolverlos [las zonas en vías de desarrollo y subdesarrolladas] estamos, en muchos campos, en condiciones iguales o superiores a las de los países desarrollados […] En este sentido nuestra modestísima actividad técnica puede servir de ejemplo. Creo que hemos descubierto una serie de técnicas, utilizando el más antiguo de los mampuestos, el ladrillo, y las hemos descubierto por pensar los problemas con independencia, viendo que se nos abría un camino técnicamente válido y viable […]

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La experiencia India de Laurie Baker :

Figuras 3.90 a, b y c. Interior de la Iglesia de Loyola. Trivandrum, India. Laurie Baker, 1971. Interior de la Iglesia de San Pedro. Durazno, Uruguay. E. Dieste, 1971. Detalle de la ejecución de la estructura de cubierta de la Iglesia de Atlántida. Canelones, Uruguay. E. Dieste, 1960. Bhatia 1991, 174; VVAA 2006, 175 y 167.

Debemos salir del subdesarrollo, pero de una manera humana y nuestra, sin copiar ni los procesos, ni las técnicas, más que cuando nos sean absolutamente indispensables. La actitud primaria debe ser repensarlo todo […]”. Dieste 2006, 259 a 266.

Baker simplifica sistemas técnicos desarrollados en otros contextos y los adapta a las posibilidades que ofrecen los materiales y la mano de obra disponibles en la zona. Probablemente una geometría de doble curvatura hubiera sido más lógica desde el punto de vista estructural, pero Baker prefiere construir del modo más sencillo posible, y decide prescindir de las grandes luces que un sistema de este tipo hubiera posibilitado, limitando el intereje a 2,35 m. y apoyando las generatrices inferiores en muros o muretes tan a menudo como le es posible. Es muy habitual, cuando se habla de la relación entre Fathy y Baker (“Laurie Baker is truly the Hassan Fathy of India” 40 ), poner el énfasis en el empleo por parte de ambos de sistemas de cubrición con obra de fábrica. Pero hay que dejar claro que, en lo que se refiere a abovedamientos, lo que en el caso de Fathy es reutilización y reciclaje consciente de un sistema constructivo autóctono, en Baker es una referencia a los sistemas empleados por sus contemporáneos en contextos similares, sean o no de cooperación. El referente de Baker en las viviendas en Delhi, y en otros muchos ensayos con sistemas semejantes, no es la tradición mogol, ni ninguno de sus estupendos edificios abovedados (antes hemos citado el Gol Gumbaz, en Vijapur o los arcos de acceso al Haveli de Sham Singh en Atari, pero hay otros muchos ejemplos espléndidos en el centro y el norte de la India) como los estudios de Bonet Castellana, Dieste, González Lobo, etc. Baker no encontró en Kerala un oficio vivo (en lo que se refiere a la construcción de sistemas abovedados, por supuesto) en el que apoyarse a la hora de poner en pie sus creaciones arquitectónicas, sino que desarrolló técnicas constructivas propias. Consciente de las limitaciones de la mano de obra y los materiales de los que disponía, simplificó y adaptó métodos foráneos, y los mezcló con soluciones y técnicas locales. La idea de Dieste de que “la actitud primaria debe ser repensarlo todo” (Dieste 2006, 259 a 266) está así presente, de forma muy evidente, en esta faceta de su trabajo.

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Introducción

4. VIGENCIA DE LA CONSTRUCCIÓN TABICADA. 4.1. Introducción. Vigencia de la construcción tabicada. 4.2. Consumo energético, impacto ambiental y construcción tabicada. 4.2.1. Estudios de impacto ambiental 4.2.2. Algunas experiencias recientes 4.3. Exploración topológica y construcción tabicada 4.3.1. Diseño y topología 4.3.2. Algunas experiencias recientes


Introducci贸n


Vigencia de la construcción tabicada

4.1. INTRODUCCIÓN. VIGENCIA DE LA CONSTRUCCIÓN TABICADA. En el ámbito de la arquitectura sostenible y de cooperación existe, en la actualidad, una corriente que podríamos llamar de reivindicación utilitaria de la obra de fábrica. Desde las últimas décadas del pasado siglo XX se ha venido produciendo una paulatina recuperación de la construcción con fábrica, basada en criterios de disponibilidad de material, de facilidad de montaje y, sobre todo, de eficiencia energética, tanto en lo que se refiere al coste energético de la solución constructiva como en lo que toca a la eficiencia de la edificación terminada. Esto ha propiciado el desarrollo de nuevos sistemas de construcción y el estudio detallado de algunos métodos tradicionales: en los últimos años han florecido (a la luz de los estudios sobre globalización cultural que se estudian en el capítulo 5) los trabajos sobre adobes, ladrillos cocidos, bloques de tierra compactada, etc. Las bóvedas tabicadas también han empezado a ser estudiadas, en este contexto, de forma reciente. Sin embargo, no sólo el carácter eficiente de la construcción de bóvedas tabicadas está jugando a favor de su recuperación actual: también su adaptabilidad formal está siendo un factor clave en sus nuevos usos. Es importante resaltar que las amplias posibilidades formales que ofrece la construcción con bóvedas tabicadas las emparienta con los estudios actuales sobre topología y diseño de estructuras: hoy existe una marcada tendencia a estudiar y diseñar estructuras planteando éstas como simples problemas de topología, asignando propiedades (internas y relacionales) a cada pieza y solventando después el problema, esencialmente formal, que plantea una determinada construcción. La potencia de las herramientas informáticas modernas facilita, como es lógico, esta conexión. Muchas de las nuevas bóvedas realizadas con esta técnica se están construyendo en el ámbito de la construcción eficiente, pero se nutren de las posibilidades que ofrecen los estudios sobre topología. En el presente capítulo van a tratarse estos dos aspectos, así como las posibilidades que la técnica tabicada ofrece, bajo esta luz, en el ámbito de la cooperación al desarrollo.

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Vigencia de la construcción tabicada

Figuras 4.1 a, b y c. Dos edificios con cubierta vegetal sobre estructura tabicada. (Ramage 2009 y Gould 2007) Complejidad formal en una solución abovedada (Ochsendorf 2009)

La construcción de bóvedas tabicadas ha empezado a recuperarse, en este contexto, de forma muy reciente. Las experiencias que se estudian en el presente capítulo han sido realizadas en la última década, si bien es cierto que ya desde finales de los años 90 del pasado siglo podía observarse un resurgir sin precedentes de los estudios teóricos sobre la construcción tabicada. Hay que resaltar, sin embargo, que estas nuevas experiencias del siglo XXI han perdido casi cualquier conexión con las tradiciones de construcción tabicada que hemos tratado en el capítulo 3. En los casos descritos en ese capítulo sí era posible establecer una conexión directa maestro-alumno, o trazar una suerte de líneas de relación, o de influencia, entre unas y otras construcciones. Sin embargo, los ejemplos recientes que se van a tratar en las páginas que siguen, rompen, en gran medida, con esa tradición. Rompen porque en muchos casos ya no hay posibilidad de relación con los antiguos maestros, pero también porque hoy se reivindica la construcción tabicada desde los parámetros de eficiencia energética o idoneidad topológica antes mencionados.

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Vigencia de la construcción tabicada

Figuras 4.2 a, b, c y d. V. Sarrablo. Bóvedas prefabricadas y enrolladas. Churtichaga 2007, 33. Figuras 4.3 a, b y c. J.M. Churtichaga. Bóveda y vigas de cerámica armada en la Biblioteca de Villanueva de la Cañada y V. Sarrablo. Stand para Hispalyt. Churtichaga 2007, 34.

No se incluyen en este estudio algunas experiencias recientes en el ámbito de las estructuras ligeras de fábrica, de gran interés, debido a la dificultad de implantarlas en contextos de cooperación. Los trabajos de Vicente Sarrablo o José María Churtichaga, por poner dos ejemplos cercanos, son sumamente interesantes, pero requieren de cierta sofisticación industrial, que no siempre es fácil de conseguir en arquitectura de cooperación. Los sistemas de construcción de bóvedas tabicadas levantadas al modo tradicional -reivindicados por los estudios que se tratan más adelante- resultan, por el contrario, más interesantes para su producción en cooperación debido, precisamente, a la escasa necesidad de procedimientos industriales implicados. Sorprende, sin embargo, que sean precisamente estos estudios industriales punteros, aparentemente muy desvinculados ya de la tradición tabicada, los que, de algún modo, permitan establecer cierta continuidad con las experiencias detalladas en el capítulo 3. Los ensayos con cerámica armada de José María Churtichaga son herederos de los de Dieste; el propio Churtichaga, además, estudia y reivindica la tradición tabicada y abovedada de Villanueva de la Cañada a la hora de enfrentar la construcción de una nueva biblioteca en esa localidad.

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Consumo energético, impacto ambiental y construcción tabicada

4.2. CONSUMO ENERGÉTICO, IMPACTO AMBIENTAL Y CONSTRUCCIÓN TABICADA. Evaluar la idoneidad de la construcción tabicada desde el punto de vista de su consumo energético e impacto ambiental es complejo. Son muchos los factores que intervienen en un análisis de este tipo, y diferentes las perspectivas que pueden adoptarse a la hora de realizarlo. En general, suele ponerse el énfasis en dos ámbitos diferentes: la idoneidad de los procesos (prohibición o limitación de determinados materiales y recursos por motivos de eficiencia energética de producción, estudio de los residuos producidos por un determinado sistema, etc.) y la eficacia de los productos conseguidos (respuesta de la construcción ante una determinada climatología, durabilidad y degradabilidad de la misma, etc.) 1 . Es obvio que, para conseguir un producto óptimo, hay que valorar de forma razonada y conjunta todos estos factores, y también que éstos serán diferentes para cada caso particular: son, por ello, los condicionantes locales y de proyecto los que obligarán a dar prioridad a una determinada lectura. Existen diversos protocolos internacionales para la evaluación de estos parámetros; tal vez los más conocidos y empleados sean el EEE y el LEED. Todos ellos permiten evaluar la idoneidad de un edificio concreto; algunos, de un material; ninguno de ellos, de una técnica de construcción. 1. Son, de hecho, dos conceptos diferentes, si bien suelen tratarse conjuntamente en muchos estudios sobre construcción arquitectónica: de un lado, la optimización energética de los procesos de producción (de construcción, en el caso que nos ocupa) está sometida en la actualidad a protocolos comunes con otras industrias, tendentes a emplear recursos limpios y a reducir residuos contaminantes. Del otro lado, la búsqueda de una mayor eficacia energética de los productos construidos se ha orientado en la actualidad al desarrollo de edificios energéticamente autosuficientes; así, proliferan hoy los diseños de viviendas limpias, o de cero emisiones de carbono. Ambas optimizaciones energéticas, de proceso y de producto, pueden ser contrarias si no se tratan de un modo conjunto: el empleo de materiales poco contaminantes puede producir construcciones que consuman muchos recursos; el diseño de edificios de consumo cero suele conllevar sofisticadas tecnologías de elevado coste energético de producción. En el caso que estudiamos, las estructuras de obra de fábrica, la comparación es relativamente sencilla, ya vamos a ceñirnos al ámbito de las estrategias pasivas. La mejora que un determinado sistema produce en el consumo energético (de proceso y de producto) de un edificio es independiente de cualquier sistema complementario de control o mejora de la gestión energética. .

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Consumo energético, impacto ambiental y construcción tabicada Evaluación de sistemas de construcción. No es posible evaluar la idoneidad de un sistema concreto, sino de ese sistema en una actuación determinada. Los análisis de consumo energético e impacto ambiental deben realizarse para actuaciones concretas, ya que intervendrán en el estudio muchas variables propias de cada actuación, sean locales (las antes mencionadas: climatológicas, sociales) temporales (un determinado sistema imposible hace décadas puede ser óptimo hoy día) de proyecto (posibilidades técnicas, limitación de recursos) etc. Realizar la evaluación sobre una actuación determinada permite además comparar el sistema propuesto con los sistemas dominantes (o con otras propuestas más o menos idóneas desde el punto de vista del consumo energético e impacto ambiental) que son también, no podía ser de otro modo, locales y temporales. Pese a todas las salvedades anteriores, una evaluación general de la construcción de bóvedas tabicadas desde el punto de vista del consumo energético e impacto ambiental puede ofrecer algunos datos interesantes. En la actualidad están disponibles numerosos estudios (Hodge 2007) sobre materiales de construcción (ladrillo y morteros), tanto en lo referente a la energía necesaria para producirlos como para instalarlos en un tajo determinado, y también se han realizado numerosas comparativas (nuevamente Hodge 2007) entre las posibles soluciones de obra de fábrica (adobes, bloques cerámicos, bloques de tierra compactada, etc.) y entre obra de fábrica y otros sistemas, desde el hormigón armado a la construcción con madera, pasando por los nuevos materiales. Sin embargo, existen pocos estudios específicos sobre bóvedas tabicadas ni, lo que es más importante, comparativas entre ellas y las soluciones horizontales que ofrecen los otros sistemas antes citados (hormigón, madera, etc.). Las realizadas hasta la fecha (el estudio realizado para el Pines Calyx, o, en lo que toca a cooperación, el programa 10x10 del CYTED en Chiapas, por ejemplo) se han hecho tan sólo para actuaciones concretas. En el presente apartado se analiza la idoneidad de la construcción de bóvedas tabicadas desde el punto de vista del consumo energético e impacto ambiental de un modo general. Los datos obtenidos son coherentes con los obtenidos en diferentes actuaciones concretas, tanto propias como ajenas; un resumen comparado de los valores obtenidos en éstas se ofrece en el cuadro 01 del anexo III.

Tabla 4.1. Comparativa sobre productos cerámicos realizados por diferentes centros de investigación. Se analizan consumos de arcilla, agua, energía, emisiones de CO2, sólidos en suspensión y residuos sólidos por kilo de ladrillo. Hodge 2007, 18.

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Consumo energético, impacto ambiental y construcción tabicada

4.2.1. Estudios sobre impacto ambiental. Algunos de los estudios específicos antes citados son sumamente interesantes para un análisis general de la cuestión. El programa 10x10 del CYTED en Chiapas incluía una propuesta, realizada por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura del Vallés, con bóvedas tabicadas, y comparaba este sistema con otras alternativas, entre las que se encontraban los entramados ligeros propios de la zona de Chiapas. Un detallado estudio del impacto ambiental de la construcción de estas viviendas se encuentra en Argüello, 2008.

Tabla 4.3. Sistemas de cubierta empleados en el programa 10x10 del CYTED. El primero de los que se detallan incluye bóvedas tabicadas dispuestas sobre vigas de hormigón in situ, a modo de pares. Argüello 2008, 29.

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Consumo energético, impacto ambiental y construcción tabicada

Tablas 4.4 a y b. Sistemas de cubierta empleados en el programa 10x10 del CYTED. Comparativa. Desglose de cantidades de materiales de construcción usados, por tipologías. Impactos ambientales asociados a la producción de dichos materiales de construcción. Argüello 2008, 31 y 32.

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Consumo energético, impacto ambiental y construcción tabicada

Tabla 4.5. Programa 10x10 del CYTED. Resumen de los costes energéticos por material. Argüello 2008, 28.

El estudio del CYTED comparaba diez propuestas de construcción, empleadas en diez viviendas-modelo distintas (tabla 4.2), para “verificar si estas propuestas tecnológicas de techumbres son medioambientalmente más sostenibles que el sistema constructivo de techo más demandado en la región central de Chiapas” (Argüello 2008, 25). Los autores del estudio han utilizado una metodología razonada de la que pueden encontrarse más detalles en Argüello, 2008. En esencia: “Con el apoyo de los datos medioambientales proporcionados en el banco BEDEC PR/PCT del Instituto de la Construcción de Cataluña (ITeC), y siguiendo el modelo metodológico aplicado en el análisis del impacto ambiental de los materiales constructivos en la isla de Lanzarote, se ha evaluado cada producto constructivo de dichas viviendas a lo largo de su ciclo de vida, con el fin de precisar la interacción de los productos con el medio: el costo energético y emisiones de CO 2 .” (Argüello 2008, 25)

El estudio consiste, en resumen, en una detallada medición de los elementos que intervienen en cada solución; un análisis de los costes (sobre una base de datos de coste energético y emisión de CO 2 dada, tomada del banco de referencia y actualizada con los valores de la zona: cuadro 4.13) que cada solución supone; y un contraste de soluciones, por último, en un pequeño cuadro comparativo. Interesa a esta tesis el dedicado a los sistemas de cubierta, que se recoge en cuadro 4.12. De los datos que ofrece esta comparación puede obtenerse una primera lectura simple: el coste energético de una solución de ferrocemento o de losa de hormigón armado in situ actual es superior al de cualquier otro sistema, y también lo son las emisiones de CO 2 que produce. Por detrás se sitúan las soluciones de fábrica (abovedada y armada) y de hormigón laminar, que suponen una reducción aproximada de un 20% del coste energético sobre la solución de hormigón armado in situ actual, y las de teja de barro común y madera, definitivamente óptimas en la zona, que consumen la mitad de energía que la solución de hormigón tipo y generan la mitad de emisiones de CO 2 . No se concede excesiva importancia en el estudio (aunque se toman datos) al consumo de agua, que suele ser otro de los valores principales a tener en cuenta en la construcción de arquitecturas de cooperación. Sea como fuere, requieren más de este recurso las soluciones de ferrocemento, o de losa de hormigón armado in situ. Las soluciones de cerámica mejoran un 30% el consumo de agua con respecto a estos sistemas; las soluciones de teja de barro común y madera resultan aún mejores, y lo reducen en un 85%.

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Consumo energético, impacto ambiental y construcción tabicada Pero es que, además, se echa de menos una segunda consideración en el estudio: la eficacia de los productos conseguidos (respuesta de la construcción ante una determinada climatología, durabilidad y degradabilidad de la misma, etc.) que se supone, al parecer, idéntica. Cosa muy dudosa: la solución de entablado y teja propuesta no se comporta como la losa de hormigón o como la bóveda de fábrica desde el punto de vista térmico; su mantenimiento y su durabilidad son diferentes, etc. No se ofrecen en el estudio detalles en este sentido. Algunas conclusiones. Para el estudio del programa 10x10 del CYTED (realizado, recordemos, para un contexto concreto) las soluciones de fábrica son energéticamente mejores que las de hormigón armado, pero no alcanzan a las tradicionales entramadas. Se desprende del estudio que estas últimas son objetivamente mejores en la zona, si bien se acota al final que “los valores de consumo energético del ladrillo podrían variar considerablemente debido al proceso de fabricación del ladrillo y petatillo rojo común en la zona de estudio, pues el combustible empleado es biomasa (leña) cuyo valor en los análisis del ciclo de vida (ACV) es neutro, y no gas natural como se ha considerado en este análisis, con el empleo de los valores del banco BEDEC. Los sistemas bóveda catalana y cerámica armada reflejarían, por esta razón, valores menores de energía empleada y de emisiones de CO 2 realizadas” (Argüello 2008, 33). Es evidente que los valores de coste energético podrían mejorar, como se estudiará en el siguiente apartado. En ese caso las soluciones de fábrica podrían acercarse un tanto a las propuestas de teja de barro común y madera. Pero también es cierto que, si se revisan los valores del cuadro, resulta extraño, por ejemplo, que la solución de bóvedas tabicadas incluya una buena cantidad de acero, más de un tercio del necesario para una losa armada. Ello es debido, sin duda, al diseño de cubierta empleado, con vigas para soportar las bóvedas, pero, como se ha estudiado en el capítulo 3, es necesario bien poco acero para zunchar y atirantar unas bóvedas bien diseñadas. También es notable que el coste energético de las resinas de acabado e impermeabilización suponga un 30% de la solución con bóvedas tabicadas, o el 25% de la de fábrica armada. Pero todas esas mejoras, a todas luces factibles y hasta aparentemente sencillas, tal vez no lo sean tanto debido a problemas de producción de carácter local: el armado será necesario debido a la falta de oficiales capaces de abovedar grandes luces, o a la escasa fiabilidad de la fábrica; las resinas serán las que pueden encontrarse en la zona, etc. ¿Tiene sentido, entonces, emplear este tipo de estudios en otros contextos, o utilizarlos de un modo genérico? No, claro. Existen otros estudios semejantes (véanse los resumidos en el cuadro 01 del anexo III) con valores distintos y conclusiones diferentes. Un estudio general de este tipo tan sólo nos permite ser conscientes de que las bóvedas tabicadas pueden ser óptimas en determinados contextos. ¿Dónde, y cuándo? Aunque cada zona requerirá de un estudio preciso, parece evidente que la construcción con estos sistemas será razonable allá dónde existan buenas posibilidades para fabricar productos cerámicos con bajo coste energético; allá dónde la tradición local emplee la obra de fábrica; allá dónde escasee la madera, o dónde su empleo suponga una degradación del medio difícilmente reversible, etc. Nada que no supiéramos hasta ahora: no es razonable emplear cualquier sistema en cualquier contexto.

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Algunas experiencias recientes Figura 4.4. Proceso de construcción de la cúpula central del Pines Calyx Gould 2005, 20.

4.2.2. Algunas experiencias recientes. La del programa 10x10 del CYTED en Chiapas no es la única experiencia reciente. En el siguiente apartado se detallan algunas de las más interesantes realizadas en los últimos años, incluyendo detallados estudios de eficacia energética de producción y de producto. El Pines Calyx. En el ya citado (véase el apartado 2.3.4) articulo del Journal of the Construction History Society Guastavino’s Vault Construction Revisited, el profesor Michael Ramage describía la reciente construcción de una cúpula de fábrica de un edificio experimental, el Pines Calyx, levantado en ese año en Dover, en el Reino Unido. Para la cobertura de este edificio se emplearon bóvedas tabicadas: el Pines Calyx es uno de los numerosos estudios realizados en los últimos años sobre las posibilidades de recuperación de la bóveda tabicada, casi siempre asociados al análisis del bajo impacto ambiental de las estructuras de fábrica. Hay que dejar claro, sin embargo, que el Pynes Calyx no pertenece al ámbito en el que se centra esta tesis, la vivienda de cooperación al desarrollo. Si se incluye aquí es debido a que su influencia en el ámbito de la construcción tabicada actual ha sido notable: el Pynes Calyx es el primer edificio realizado por el Grupo de Investigación Guastavino, del MIT, recuperando la técnica tabicada de la Guastavino Co. (con todas las peculiaridades que la firma aportara al sistema en la primera mitad del siglo XX: roscas aparejadas, armados perimetrales, etc.) no en obras de rehabilitación, o de un modo nostálgico, sino de forma utilitaria: el Grupo de Investigación Guastavino reivindica la técnica tabicada como un sistema estructuralmente válido, factible, sostenible, que puede ser idóneo en determinados contextos. El Pynes Calyx supuso la primera experiencia utilitaria de la construcción de bóvedas tabicadas –en el ámbito internacional- desde criterios actuales. Tras este edificio han sido varias las experiencias desarrolladas en el ámbito de la construcción tabicada moderna, algunas de ellas, como se ha visto en el ejemplo previo, más próximas al campo de la cooperación al desarrollo.

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Algunas experiencias recientes El Pines Calyx es un edificio cubierto por dos cúpulas, cada una de las cuales es, en esencia, una lámina de fábrica construida al aire según la tradición catalana. Cada cúpula está formada por tres roscas y es de sección muy rebajada, rematada en su clave por un óculo central troncocónico; recuerda poderosamente a construcciones tan conocidas como el Teatro de La Massa (1881, obra barcelonesa de Rafael Guastavino), a la madrileña Parroquia de Santa María Madre de la Iglesia (construida en Madrid de los últimos años 60 del siglo pasado por Luis Moya) y a otras similares construidas por los Guastavino en EE.UU. El profesor Ramage conoce estas referencias y las analiza estupendamente al planificar su nueva construcción, planteándose la conveniencia de emplear determinados elementos para el replanteo, para el desarrollo del trabajo, etc. En el Pynes Calyx es el diseño de las bóvedas lo que condiciona la concepción del edificio. Se trata de un centro de actos y congresos de tamaño medio; las dimensiones que pueden alcanzarse con una solución tabicada son idóneas para ese tipo edificatorio, como demuestran los numerosos ejemplos construidos en la Cataluña de principios del XX. La estructura arranca desde la cimentación con dos cilindros de fábrica, intersecados tal como se aprecia en la planta, sobre los que se disponen las cúpulas rebajadas ya mencionadas, construidas con bóvedas tabicadas y rematadas en el gran óculo central. Las luces que ambas cúpulas cubren son de unos 20 m. Las referencias al edificio del Teatro La Massa, obra catalana de Rafael Guastavino -referente del grupo- son evidentes. Las cúpulas descansan sobre una corona perimetral de hormigón armado, que recoge los empujes del sistema sin necesidad de atirantado central alguno. El arranque de las cúpulas se aloja en una muesca preparada al efecto en la corona de hormigón, que hace en realidad las veces de roza en el muro. Ambas cúpulas tienen una relación luz-flecha de 1/6, un rebaje considerable. El remate con el óculo se ha solucionado proporcionando al sistema una zona de curvatura invertida en el encuentro entre ambas superficies, solucionando así de un modo óptimo el problema de la arista al que se hace referencia en el apartado 2.3.4. de la presente tesis. Se trata de un edificio experimental, como es lógico. Entre las intenciones de sus diseñadores estaba, desde un primer momento, la de comprobar cuales eran las necesidades reales de construcción de un edificio de ese tipo para poder evaluar, con datos contrastados, su eficiencia estructural, energética, ambiental e incluso económica.

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Figuras 4.5 y 4.6. Vista exterior y cúpula principal del Pines Calyx. Gould 2005, 20.


Algunas experiencias recientes

Tabla 4.5. Tabla de estrategias de dise単o sostenible elaboradas por los autores de proyecto. Ramage 2007.

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Algunas experiencias recientes

Tabla 4.6. Tabla de estrategias de dise単o sostenible elaboradas por los autores de proyecto. Ramage 2007.

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Algunas experiencias recientes

Tabla 4.7. Tabla de estrategias de dise単o sostenible elaboradas por los autores de proyecto. Ramage 2007.

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Algunas experiencias recientes Se trató, como puede deducirse del resumen que se acompaña en las figuras adjuntas, de una de las primeras experiencias con bóvedas tabicadas en apostar por una combinación de estrategias para favorecer la eficacia energética de producción y de producto, combinando, por ejemplo, éstas bóvedas con cubiertas verdes. Las bóvedas tabicadas demostraron ser un sistema idóneo desde el punto de vista del coste energético en la zona (Ramage 2007, véase el cuadro 01 del anexo III) y a la vez capaces de procurar, combinando su forma con el acabado de cubierta, un excelente nivel de confort interior, empleando exclusivamente estrategias pasivas. Vivienda de cero emisiones de CO 2 en Kent. Otro ejemplo de gran interés es el de la vivienda de cero emisiones de CO 2 en Kent, Reino Unido. Se trata de una vivienda aislada, de dos plantas, en la que se combinan diferentes tipos de estructura: una bóveda tabicada de tres roscas con forma de catenaria invertida 2 y una estructura de madera ligera. La función fundamental de la bóveda de fábrica es, en este caso, formar la envolvente principal, sobre la que se ha instalado una cubierta verde. Michael Ramage, su diseñador, ha optado por un modelo formal en el que se da prioridad a la optimización de la estructura de fábrica frente a la disposición del espacio interior: en este caso la bóveda, de tres roscas, adopta una forma de catenaria invertida continua, sustituyendo a los muros hasta llegar a la cimentación del edificio. No hay, por lo tanto, muros como tales, sino tan sólo una bóveda en toda la envolvente, cuya forma condiciona, como es lógico, la del edificio. Existen otras muchas propuestas recientes semejantes, en lo formal, a la vivienda de cero emisiones de CO 2 en Kent, si bien no todas han sido construidas con bóvedas tabicadas. Uno de los ejemplos más claros es el de la vivienda Laureana, construida con una bóveda de termoarcilla sobre encofrado. Es notable la similitud en forma, dimensiones e intenciones entre ambos edificios. La forma de catenaria invertida que se ha escogido es óptima para una estructura de fábrica, tal como se ha estudiado en el apartado 2.4. de la presente tesis, ya que permite cubrir grandes luces con esbeltas secciones de fábrica.

Figuras 4.6 a, b y c. Bóveda principal y vista exterior de la Vivienda de cero emisiones de CO 2 Vivienda Laureana. Vista exterior. Ramage 2009.

2. El profesor Rabasco ha estudiado con detalle los ensayos con catenarias invertidas, muchas construidas con obra de fábrica. “El nuevo Ctesiphonte” recoge las experiencias realizadas durante los años 50 del siglo pasado, claras inspiradoras de las que se muestran aquí (Rabasco 2005).

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Algunas experiencias recientes Tanto en este como en otros casos semejantes, sin embargo, la elección de una forma de este tipo, idónea en lo estructural, genera algunos problemas de distribución de espacios (bajo las bóvedas-muro inclinado aparecen zonas de baja altura y difícil solución) que no todas las propuestas arquitectónicas resuelven correctamente. Una mala solución de estos problemas puede generar problemas en el funcionamiento energético pasivo del edificio (excesivo volumen de aire a calentar, por ejemplo): la solución es óptima desde el punto de vista estructural, pero no desde el punto de vista del comportamiento energético. En el proceso de construcción de la bóveda se empleó un sistema de guías de madera de gran complejidad, cuya intención principal era la de garantizar la idoneidad de la geometría de la bóveda. Tal como puede observarse en las imágenes, esas mismas guías sirvieron después para alojar el aislamiento previsto o para entestar en ellas las particiones de madera, diseñadas de forma modular. Las tres roscas se colocaron al modo tradicional; la primera al aire, con un mortero rápido, y las siguientes sentadas sobre ella, matando las juntas con una rosca oblicua. En las zonas vistas (los bordes de la construcción, fundamentalmente) la solución se suplementó con otra rosca de acabado. En las zonas centrales, sobre la bóveda tabicada se instaló una solución al exterior compuesta por una impermeabilización, un aislamiento y una cubierta verde convencionales. También se empleó en este edificio la técnica tabicada en la construcción de otras unidades menores, principalmente en las escaleras de acceso a la planta primera. En este caso se emplearon también bóvedas de tres roscas, construidas igualmente al aire, con mortero rápido. El peldañeado de las mismas, como puede apreciarse en las imágenes, también se realizó con fábrica Figuras 4.7 a, b y c. Vivienda de cero emisiones de CO 2 . Cubierta verde. Construcción de la bóveda principal y de una escalera de distribución interior. Ramage 2009.

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Exploración topológica y construcción tabicada

4.3. EXPLORACIÓN TOPOLÓGICA Y CONSTRUCCIÓN TABICADA. La topología, rama de la matemática que estudia la organización superficies y su continuidad, es una herramienta fundamental para analizar las posibilidades de construcción de estructuras mediante sistemas de piezas. Los ejemplos a los que antes se ha hecho referencia suelen desarrollar modelos basados en sólidos seriados 3 , mediante los cuales pueden generarse diferentes tipos de superficies con diversas capacidades portantes. Muchas conforman láminas de curvaturas simples o múltiples, sirviéndose de sus características formales para garantizar su capacidad resistente. Un buen número de estudios actuales exploran de las relaciones entre topología y construcción de estructuras. El reciente MorphoEcologies (Hensen, M. y Menges, A., 2006), editado por la Architectural Association, ofrece un completo mosaico de las actuales investigaciones sobre esta materia en el ámbito del proyecto de arquitectura. También es posible encontrar múltiples referencias en los trabajos de arquitectos del Massachussets Institute of Technology como Axel Kilian o Neri Oxman. Los estudios más conocidos experimentan con sistemas de barras, a la manera de las cúpulas geodésicas construidas por ingenieros como Bauersfeld en la Alemania de los años 20. Otros, los que más interesan a esta investigación, trabajan con sistemas de piezas apiladas, de mayor o menor complejidad. Los estudios topológicos sobre estos últimos sistemas de piezas tratan con los mismos problemas que encontramos en las obras de fábrica: por un lado, con el diseño individual de las piezas y el tratamiento de las juntas; por otro, con el diseño global del sistema. Tanto formal como materialmente, como es lógico. En ocasiones se estudia también el equilibrio en fase de montaje, aunque lo habitual es que se sólo se trate la estabilidad del sistema completo. Los mismos problemas, como se ha dicho, que encontramos en las obras de fábrica. 3. Debe tenerse en cuenta que “las diferentes formas de una figura dibujadas en una superficie elástica estirada o comprimida son equivalentes en topología”. (Diccionario de la Lengua Española, RAE 1992)

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Exploración topológica y construcción tabicada Figuras 4.8 a y b. Algunas de las exploraciones formales siguientes están basadas en sistemas de piezas idénticas en topología. Hensen 2006, 94.

4.3.1. Diseño y topología. Lo habitual en el diseño de elementos de este tipo es partir, en la medida de lo posible, de piezas idénticas. También es común emplear piezas generadas por series a partir de una determinada secuencia. En algunos sistemas, con la ayuda del diseño mediante programas informáticos, estas piezas pueden ser todas diferentes entre sí, aunque habitualmente se emplean piezas iguales desde el punto de vista de la topología (3) . También se trabaja, en otros sistemas, con juegos de piezas limitados. Los elementos básicos (barras –figura 4.27- o bloques, en lo que nos afecta) que tratan los estudios antes mencionados adoptan formas diversas y están construidos, o proyectados, con todo tipo de materiales. Interesan a esta tesis los casos en los que la exploración topológica persigue generar sistemas abovedados, con bloques a compresión. Habitualmente las piezas que componen el sistema son curvas, o al menos lo es su adición. El ejemplo que ilustra la página siguiente es en esencia una suma de elementos de sección exterior elíptica e interior circular, cuya superposición, respetando las líneas de contacto entre cada sólido, genera una curva determinada. La forma de las piezas puede regularse, como es lógico, para que el sistema cierre adoptando casi cualquier forma; de cúpula, de superficie de doble curvatura, etc.

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Exploración topológica y construcción tabicada

Figuras 4.9 a y b. Construcción de la cúpula geodésica del Teatro Unión, en Saarbrücken, Alemania, 1922-23. Un estudio basado en elementos de sección elíptica. Addis 2007, 483 y Killian 2006, 74.

La relación entre sólidos se produce, en topología, a través de juntas de contacto de diferentes tipos, a las que es posible asignar distintas propiedades. En ocasiones son simplemente superficies planas, a la manera de lechos de cantería, con juntas en seco; en esos casos tan sólo es preciso, para garantizar que el sistema es estable, asignar a la junta valores de rozamiento. En otros casos el contacto entre piezas no existe o es mínimo, apenas una línea o un punto, por lo que puede ser necesaria la presencia de un relleno o tratamiento para la junta (volviendo al ejemplo de la imagen de esta página, la zona oscura de relleno entre sólidos) para favorecer la continuidad de las tensiones. En este caso, es preciso asignar, como es lógico, otros valores al material de la junta, que puede considerarse, en realidad, una pieza complementaria tan importante como la principal. Con frecuencia, y de cara a facilitar el montaje, suelen asignarse a estos materiales de junta valores de sistemas de relleno (morteros, gomas, etc.) dada su capacidad de adaptarse a cualquier forma. La holgura de estas juntas (teóricamente inexistente en las uniones en seco, lo que puede dar problemas puntuales en las zonas de contacto) es otro valor importante a tener en cuenta. Un sistema de juntas que permita grandes holguras posibilita, en ocasiones, piezas principales más homogéneas, permitiendo asumir más fácilmente la curvatura diseñada. También existen algunos estudios mixtos, en los que se combinan los sistemas de barras con los rellenos de piezas. Estos estudios son cercanos a las propuestas de fábrica armada de las que se habla en el capítulo correspondiente. El proceso de montaje aprovecha el armado – alambrado como apoyo provisional de las piezas durante el montaje, empleando diferentes sistemas de colocación. Las experiencias descritas en el apartado dedicado la cerámica armada han inspirado muchos de estos ejemplos.

La importancia del montaje. Los estudios sobre topología mencionados no siempre tienen en cuenta el proceso de montaje a la hora de diseñar los sistemas de piezas. Los que sí lo hacen, sin embargo, resultan de muchísimo interés, ya que desarrollan para ello metodologías específicas de montaje.

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Exploración topológica y construcción tabicada

El criterio de estas metodologías de montaje suele ser semejante al detallado en el apartado dedicado a la construcción de sistemas tabicados (los detalles de esta metodología de montaje están descritos en el apartado 2.3. Construcción de bóvedas tabicadas). La idea es garantizar permanentemente la estabilidad del conjunto en construcción sin necesidad de cimbrados, haciendo simplemente que cada elemento esté siempre contenido en un arco completo y estable. Los estudios de topología aprovechan la potencia de las aplicaciones informáticas empleadas para generarlos para diseñar también las infinitas posiciones de montaje seguras que tiene el sistema; así, siempre es posible saber qué pieza es exactamente la que debe colocarse en cada momento, de forma segura.

Algunas conclusiones. Los estudios sobre topología pueden ofrecer (o posibilitar intercambios de) informaciones de muchísimo interés para la construcción tabicada. Por un lado, en lo que se refiere a la forma general de la estructura a construir, ya que habitualmente las formas generadas en topología son respuestas estructurales directas al problema que plantea un determinado esquema de cargas. Por otro, en lo que toca al diseño individual de cada pieza, ya que sus propiedades, el tratamiento formal o material de los lechos o juntas, etc. pueden asimilarse fácilmente a las tratadas en topología. Por otro, por la cercanía entre los estudios sobre montaje al aire de estas piezas y la de las bóvedas. Y, en general, por la potencia de las herramientas informáticas empleadas en topología, previstas en general para situaciones mucho más complejas –o mejor, más variadas- pero perfectamente capaces de manejarse con las bóvedas tabicadas. Pero es que las bóvedas tabicadas no son, en realidad, nada distinto: un juego de topología, en el que los bloques son de material cerámico, tienen forma de paralelepípedos, están dispuestos en hojas sucesivas y se traban con juntas de mortero.

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Figuras 4.10 a y b. Diferentes modelos generan curvatura mediante sistemas de junta seca, como este puzzle. Kilian 2006, 95 y 1.


Centro de Interpretación. Mapungubwe, Sudáfrica Figura 4.11. Proyecto del Centro de Interpretación de Mapungubwe. Sudáfrica. Ochsendorf 2009.

4.3.2. Algunas experiencias recientes. Una de las experiencias más interesantes realizadas en este ámbito en los últimos años ha sido el Centro de Interpretación de Mapungubwe National Park, en Sudáfrica. Se trata de un proyecto del arquitecto Peter Rich, diseñado con apoyo del equipo formado por Michael Ramage (Universidad de Cambridge), John Ochsendorf y Matthew Hodge (MIT) y Anne Fitchett (Universidad de Witwatersrand) El Centro de Interpretación de Mapungubwe National Park es un conjunto de edificios situados en el parque del mismo nombre, cuyo paisaje ha sido declarado patrimonio de la humanidad. El diseño del edificio y los sistemas de construcción debían ser acordes a la filosofía del parque, muy implicado en temas de sostenibilidad y en las mejoras sociales que éstas pueden generar. El centro se proyectó, por ello, con materiales esencialmente naturales y con una arquitectura de mano de obra, de acuerdo con los acuerdos alcanzados con el programa Poverty Relief Program. El edificio es una suma de distintos volúmenes, tal como se aprecia en la imagen 4.11. Se han previsto diferentes usos para ellos; muy resumidamente, existe un espacio principal, destinado a museo, y varias salas anejas de menores dimensiones, destinadas a almacenes, instalaciones, etc., unidos todos entre sí por una red de corredores. Dos de estos volúmenes están rematados en forma de cúpula; dos edificios más están cubiertos con bóvedas cuasibaídas sobre planta cuadrada; y también lo está un también un quinto volumen, de mayor tamaño y planta rectangular. El sistema de construcción priorizó, como se ha comentado, materiales y sistemas naturales: la cimentación combina hormigón armado, hormigón en masa y mampostería; la estructura es de muros de fábrica de bloque de tierra estabilizada, combinada con contrafuertes de hormigón armado y cubriciones de fábrica tabicada. El terminado de las estructuras de cubierta se realizó, en algunas zonas, mediante un recubrimiento de piedra caliza.

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Centro de Interpretación. Mapungubwe, Sudáfrica

Figura 4.12. Proyecto del Centro de Interpretación de Mapungubwe. Sudáfrica. Renderizado de la solución estructural de la zona central. Ochsendorf 2009.

La estructura de fábrica. Los requisitos medioambientales y sociales antes mencionados hicieron pensar al equipo director del proyecto que el empleo de sistemas de bloque de tierra estabilizado y cubrición tabicada, ocasionalmente reforzados por hormigón, era una buena opción. El bloque de tierra se empleó en diversos tipos de muro, algunos estructurales y otros sólo de cerramiento. El hormigón se limitó a los contrafuertes y a algunas cimentaciones. Para la estructura tabicada de cubiertas, de tres roscas, se empleó un bloque estabilizado, muy compacto, de 30x15x3,5 cm. El diseño de la estructura se realizó mediante diferentes programas de cálculo. La prioridad, en este sentido, fue emplear materiales que trabajaran sólo a compresión en el mayor número posible de casos. La forma elegida es la óptima de entre las posibles, y por ello, en ocasiones, adopta curvas de gran complejidad. Los autores del proyecto describen sus prioridades de diseño en estos términos: “The new Mapungubwe Interpretive Centre uses the Mediterranean tradition of timbrel vaulting, a 600-year-old construction system that uses thin bricks to create lightweight and durable buildings. In particular, the load-bearing masonry is used to construct roof vaults achieving high structural strength with minimal material. We replaced the traditional use of fired-clay bricks with less energy-intensive stabilized earth tiles, which have a well-established tradition in sustainable practice. At Mapungubwe a hand-press is used to locally manufacture tiles of sufficient strength for structural vaults. We designed the shells to have low stresses of about 1.5 MPa acting in compression only, because the soil-cement tiles can only withstand about 5 MPa. We use real-time lower-bound equilibrium analysis based on interactive graphic statics […] to find the form of the vaults”. (Ochsendorf 2009) 4. 4. El nuevo Centro de Interpretación de Mapungubwe utiliza la tradición mediterránea de bóveda tabicada, un sistema de construcción de 600 años de antigüedad que utiliza pequeños ladrillos para crear edificios ligeros y duraderos. En particular, la obra de fábrica resistente se utiliza para la construcción de las bóvedas del techo, logrando alta resistencia estructural con el mínimo material posible. Hemos sustituido la tradicional utilización de ladrillos de arcilla cocida por bloques de tierra estabilizada de menor consumo energético, un sistema que tiene ya una tradición bien establecida en el terreno de la construcción sostenible. En Mapungubwe se ha empleado una prensa manual para fabricar in situ bloques de suficiente resistencia para las bóvedas estructurales. Hemos diseñado las láminas en condiciones de baja solicitación, de alrededor de 1,5 MPa, y sólo a la compresión, ya quelos bloques de tierra estabilizada sólo pueden soportar alrededor de 5 MPa. Para diseñar las bóvedas […] usamos sistemas analíticos de equilibrio en tiempo real basados en programas de estática gráfica interactiva.

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Centro de Interpretación. Mapungubwe, Sudáfrica Prácticamente en ningún caso se han adoptado formas geométricas simples, sino el resultado de una “respuesta estructural directa al problema que plantean las cargas”, en algunos casos muy complejos desde el punto de vista formal. Esto ha originado ciertos problemas de construcción, que se analizan más adelante. La descripción de la definición geométrica de la estructura que realizan los autores del proyecto abunda en esta concepción ideal de la respuesta al problema: “The resulting form is neither geometrically nor mathematically defined, but is instead a direct structural response to the loading. This is crucial to being able to build without steel reinforcing, as the structurally efficient shape leads to a compression-only solution with no bending, and therefore requires no tensile reinforcing. Using the dead and live loads to develop the initial structural geometry, we then apply reasonable asymmetric loads to determine the thickness and degree of curvature for the vaults such that we can always find a line of thrust that fits within the masonry. The areas of high internal force are checked against the allowable stress for the tiles to make sure there is a sufficient margin of safety. The three-dimensional thrust surfaces are based on two dimensional thrust lines cut through the high apex which are then aggregated in the perpendicular direction to span across the lower edge vaults. We check for buckling using Heyman’s approximation of span to thickness for a sphere, on the conservative basis that the Mapungubwe vaults have more curvature than a sphere. The static equilibrium of these surfaces is then checked with recently developed thrust network analysis […]. The project incorporates ten free-form masonry vaults, ranging in span from 5 meters to 20 meters, and a similar number of regular barrel vaults and domes”. (Ochsendorf 2009) 5.

Veamos algunos ejemplos. En el caso de las bóvedas cuasibaídas que se aprecian en la figura, las estructuras de fábrica de cubierta debían apoyarse en contrafuertes de hormigón situados en las esquinas de la planta. Entre contrafuerte y contrafuerte se diseñaron arcos con forma de catenaria invertida, sobre los que se asentaría la bóveda. Pues bien, desde el arranque de esos arcos hasta la clave de la bóveda se produce un juego de curva y contracurva, óptimo y lógico desde el punto de vista del diseño de la estructura, pero de compleja ejecución: véanse las notas dedicadas al encuentro entre la cúpula del Pines Calyx con su lucernario, y las figuras correspondientes. No son bóvedas baídas, entonces, por dos motivos: por un lado su forma general no es de media naranja, sino de catenaria espacial invertida (como, por otra parte, es lógico); por otro, porque el encuentro con los arcos de arranque se produce según ese juego de curva y contracurva que hemos mencionado. No existe, entonces, una zona de pechinas, y es no es posible reglar las superficies a construir para emplear sistemas giratorios de replanteo como los empleados por Luis Moya en la Parroquia de Santa María Madre de la Iglesia o como el descrito en el capítulo dedicado a la construcción de la cúpula San Juan de la Penitencia. 5. La forma resultante no se ha definido ni geométrica ni matemáticamente, sino como respuesta estructural directa a las cargas. Esto es crucial para poder construir sin acero de refuerzo, ya que una forma estructuralmente eficiente conduce a una solución exclusivamente de compresión, y no requiere por lo tanto refuerzos para tracción. Tras usar cargas fijas y variables para desarrollar la geometría estructural inicial, aplicamos cargas asimétricas razonables para determinar el espesor y el ángulo de curvatura de las bóvedas, de tal manera que siempre podemos encontrar una línea de empujes que se inscribe dentro de la fábrica […]. Las zonas de más solicitadas se contrastan luego con la tensión admisible de los bloques para comprobar que existe un margen suficiente de seguridad. Las superficies de empuje tridimensionales se basan en líneas de dos dimensiones que atraviesan el vértice de la bóveda, agregadas después en la dirección perpendicular para extenderse a lo largo del borde inferior bóvedas. También comprobamos la estructura a pandeo utilizando la aproximación de Heyman para el espesor de una esfera, conscientes de que este es un supuesto conservador: las bóvedas de Mapungubwe tienen más curvatura que una esfera. El equilibrio estático de estas superficies se comprobó también con procedimientos de cálculo de empujes desarrollados recientemente […] El proyecto incorpora diez bóvedas de fábrica de formas variables, cubriendo luces de 5 metros a 20 metros, y un número similar de cúpulas y bóvedas de cañón.

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Centro de Interpretación. Mapungubwe, Sudáfrica Para acometer la construcción de estas bóvedas es necesaria la organización de una compleja red de cimbras y líneas de replanteo, tal como puede verse en las figuras 4.13 a y b. En las dos últimas pueden apreciarse el curvado y contracurvado de las láminas de fábrica apoyadas sobre las cimbras de madera, y también la dificultad en la ejecución de los entrepaños, ya que las piezas deben seguir una directriz curva también en dirección normal a las cerchas. La intención final era la de intentar evitar, en lo posible, la formación de aristas. Aún así, se asumieron algunas en zonas como el arco central de unión de las dos bóvedas (véase la comparación entre el modelo previsto en el renderizado del estudio estructural en la imagen 4.12 y el arco realmente construido en la imagen 4.13 a) o los arcos de borde (idem entre la imagen 4.12 y el arco realmente construido en la imagen 4.13 b). Figuras 4.13 a y b. Proyecto del Centro de Interpretación de Mapungubwe. Sudáfrica. Proceso de construcción de las bóvedas de la zona central. Ochsendorf 2009.

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Centro de Interpretación. Mapungubwe, Sudáfrica Figuras 4.14 a, b y c. Proyecto del Centro de Interpretación de Mapungubwe. Sudáfrica. Proceso de construcción de las bóvedas de la zona central. Ochsendorf 2009.

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Centro de Interpretación. Mapungubwe, Sudáfrica Figuras 4.15 a, b y c. Proyecto del Centro de Interpretación de Mapungubwe. Sudáfrica. Proceso de construcción de las bóvedas de la zona central. Ochsendorf 2009.

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Centro de Interpretación. Mapungubwe, Sudáfrica Figuras 4.16 a, b y c. Proyecto del Centro de Interpretación de Mapungubwe. Sudáfrica. Proceso de construcción de las cúpulas laterales. Ochsendorf 2009.

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Centro de Interpretación. Mapungubwe, Sudáfrica Figuras 4.17 a, b y c. Proyecto del Centro de Interpretación de Mapungubwe. Sudáfrica. Proceso de construcción de bóvedas y cúpulas rebajadas. Ochsendorf 2009.

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Centro de Interpretación. Mapungubwe, Sudáfrica El resto de las construcciones tabicadas es de diseño formal más sencillo. Las estructuras en forma de cúpula de los edificios laterales son mucho menos complejas, simples medias naranjas ligeramente apuntadas (siguiendo también, aproximadamente, una catenaria espacial invertida) cuyos empujes laterales recoge un pequeño zuncho de hormigón armado, a la manera del diseño empleado, a mayor escala, en el edificio del Pines Calyx. Su puesta en obra es también mucho más simple; el cimbrado es radial, es posible emplear guías simples y cuerdas para el replanteo, etc. Aunque no siendo estrictamente una media naranja no es posible emplear el sistema al hilo, sin cimbras ni camones, que Truñó detallaba para estas construcciones (Truñó, A. 2004, p. 142 y siguientes). En algunas zonas se diseñaron también bóvedas muy rebajadas, que descansaban sobre zunchos lineales de hormigón atados por tirantes de acero. Es un sistema muy empleado, similar a los descritos en algunas experiencias de E. Dieste o C. González-Lobo, que puede encontrarse en un buen número de construcciones en España. En los capítulos dedicados a ambos autores se han realizado algunas reflexiones sobre estos sistemas. En todos los casos la intención de los autores del proyecto ha sido, con respecto al diseño de la estructura, la misma: emplear formas que trabajan exclusivamente a compresión. Su declaración de intenciones es la siguiente: “Compression-only form-finding for thin-shell masonry can result in new geometries that do not require high technology or extensive machinery to construct. New developments in structural analysis allow a return to traditional craft construction for contemporary design ”. (Ochsendorf 2009) 6 . Sobre las ventajas de los sistemas tabicados. Más interesantes que las notas sobre el diseño estructural, al que los autores dedican buena parte de sus reflexiones, son las que hablan sobre la idoneidad de los sistemas tabicados en un contexto semejante. De modo general, los autores describen su proyecto y resumen las ventajas de los sistemas tabicados en los siguientes términos: “Tile vaults have advantages for construction in developing areas. Learning the technique is straightforward; good results come quickly. The design of the centre draws from indigenous forms and ordering principles that are adapted to meet contemporary physical needs and aspirations. The diaphanous vaults establish a rhythm that speaks of the geological formations and of the earliest regional dwellings”. (Ochsendorf 2009) 7 .

Es decir; en opinión de los autores, los sistemas tabicados son idóneos para la zona de Mapungubwe tanto constructiva como arquitectónicamente. Y esto es así porque, opinan, son de fácil construcción, el aprendizaje de la técnica es relativamente sencillo (comentaremos esto con detalle más adelante) y su empleo en cubiertas permite, con un sistema óptimo desde un punto de vista energético, conseguir soluciones formales que se adaptan a casi cualquier requisito, sean las tradiciones de la zona u otros condicionantes cualesquiera: 6. La búsqueda de formas que trabajan exclusivamente a compresión para cáscaras de fábrica puede dar como resultado nuevas geometrías que no requieren alta tecnología o compleja maquinaria para su construcción. Nuevos desarrollos en el análisis estructural nos permiten retornar a una construcción artesanal de diseño contemporáneo. 7. Las bóvedas tabicadas tienen ventajas para la construcción en las zonas en desarrollo. El aprendizaje de la técnica es sencillo, y los buenos resultados llegan rápidamente. El diseño del centro se basa, en cualquier caso, en las formas indígenas, y emplea sus principios para satisfacer las necesidades contemporáneas. La bóveda diáfana, por ejemplo, establece un ritmo que habla de las formaciones geológicas y de las primeras viviendas regionales.

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Centro de Interpretación. Mapungubwe, Sudáfrica Figura 4.18. Proyecto del Centro de Interpretación de Mapungubwe. Sudáfrica. Vista de las bóvedas de la zona central. Ochsendorf 2009.

“These forms are contrasted with the cairn-like forms that contain the multiple vaults of the exhibition space. Within the buildings the cavernous spaces are reminiscent of archaeological sites in southern Africa. Natural light reflects off cooling pools to create dappled patterns on the earthen ceilings. Exterior undulations contain ponds for cooling the air that naturally ventilates the space”. (Ochsendorf 2009) 8 .

La versatilidad formal de las estructuras de cubierta, fácilmente combinable con otros sistemas de fábrica habituales, (como los muros de acumulación, de los que también se habla en la comunicación; masas de alta inercia térmica que enfrían el interior de las construcciones de forma pasiva durante el día, irradiando durante la noche el calor acumulado) permite a los autores del proyecto diversos juegos formales, tales como alojar láminas de agua en los pliegues de las mismas. Veamos una a una, estudiada ya la estructura, estas ventajas en el estudio de los autores: energía y ecología, trabajo y desarrollo local y economía y producción. Energía y ecología. El argumento fundamental de los autores del proyecto en esta cuestión es, en realidad, la escasa cantidad de material necesarios, la posibilidad de encontrarlos en emplazamientos cercanos y su posible reciclaje posterior. También, como es lógico, el bajo impacto energético de los productos empleados. El estudio realizado ha sido sumamente completo en este aspecto: “The Centre represents a significant step forward in structure and material for sustainable construction in southern Africa. The improvements offer material and financial savings, waste reduction, and local employment with transferable outputs and skills for future projects. We introduce the structural masonry of tile vaults to South Africa, and for the first time we combine tile vaulting with locally made stabilized earth tiles that have low embodied energy.

8. Estas formas contrastan con las formas de piedras apiladas de las múltiples bóvedas del espacio de exposiciones. Dentro de los edificios, los espacios cavernosos remiten a las excavaciones arqueológicas de África del sur. La luz natural se refleja en las piscinas de refrigeración para crear patrones veteados sobre los tejados de tierra. Las ondulaciones exteriores contienen estanques para enfriar el aire, con lo que se ventila naturalmente el espacio.

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Centro de Interpretación. Mapungubwe, Sudáfrica We design and share programs to determine the optimal vault geometry, ensuring thin, safe, un-reinforced shells using low strength tiles. No steel reinforcing simplifies construction, lowers cost and reduces embodied energy. The vaults are built with minimal support, saving time, money and resources on formwork. […] Primary building components come from local quarries that will be reclaimed. Transport is minimized. Construction is planned without fuelpowered machinery, relying entirely on labour-intensive methods. Materials used in construction are integrated in the final building. […] natural light and natural ventilation ensure that operating energy will be minimal. (Ochsendorf 2009) 9 . Figura 4.19. Proyecto del Centro de Interpretación de Mapungubwe. Sudáfrica. Pruebas de ejecución de algunas bóvedas. Ochsendorf 2009.

Los argumentos se apoyan sobre diferentes datos y cálculos, de los que se habla en el capítulo dedicado al impacto ambiental de los sistemas tabicados. No obstante, la objeción principal a este punto es a la resistencia del bloque empleado; sin duda la tierra estabilizada es un producto de menor impacto y consumo energético en la zona, y también sin duda es suficientemente resistente (ya que las bóvedas han sido dimensionadas pensando en su resistencia), pero ¿es un buen producto de construcción en un sentido amplio?

9. El Centro representa un importante paso adelante para la construcción sostenible en el sur de África. Las mejoras realizadas permiten ahorrar costes, materiales, reducir los residuos y generar empleo local, aportando a la vez conocimientos y competencias que pueden volver a utilizarse en futuros proyectos. Al introducir estas estructuras de fábrica en Sudáfrica, conseguimos combinar por primera vez los sistemas tabicados con bloques de tierra estabilizada de bajo consumo de energía. Al emplear diferentes programas para determinar la geometría óptima de las bóvedas, aseguramos un diseño esbelto empleando piezas de bajas resistencias. El hecho de no emplear acero simplifica la construcción, disminuye el coste y reduce el consumo de energía. Las bóvedas están construidas, además, sobre un mínimo de encofrado, lo que ahorra tiempo, dinero y recursos. […] Los materiales primarios de construcción provienen de canteras locales recuperadas, con lo que el transporte es mínimo. Se prevé la construcción sin emplear maquinaria de gasóleo, empleando exclusivamente métodos intensivos de mano de obra. Los materiales utilizados provisionalmente en la construcción se integran en el edificio definitivo. […] La luz y ventilación natural garantizan que la energía de funcionamiento será mínima.

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Centro de Interpretación. Mapungubwe, Sudáfrica Figura 4.20. Proyecto del Centro de Interpretación de Mapungubwe. Sudáfrica. Fabricación de piezas de tierra compactada. Ochsendorf 2009.

Trabajo y desarrollo local. También resulta sumamente interesante en este trabajo todo lo referido a la inserción de la técnica tabicada en una trama social, en principio, completamente ajena a sistemas de este tipo. Hay que tener en cuenta que muchas experiencias semejantes realizadas en otras zonas (véanse las experiencias ya citadas de Fathy, Baker o González Lobo) parten de tradiciones locales, simplemente recuperándolas tratando de algún modo de modificarlas o mejoradas: no es el caso en Sudáfrica, dónde no existen sistemas tradicionales parecidos. En este caso, la enseñanza de las técnicas de fabricación de las piezas, montaje de elementos de replanteo, colocación de las mismas, etc. parece haber sido fácil. “El aprendizaje de la técnica es sencillo, y los buenos resultados llegan rápidamente” 4 . No me ha sido posible encontrar demasiados detalles acerca de los procesos de enseñanza de la técnica. Sí, en cambio, acerca de las ventajas sociales de su implantación en un área como Mapungubwe, con altos niveles de pobreza. “Local communities supply the construction workforce. The site is an area of high unemployment with depleted skills, a legacy of the former apartheid government. The introduction of stabilized earth manufacture using a manual press is suitable for establishing entrepreneurs with start-up costs in the micro-credit bracket. Moreover, constructing the vaults will aid in entrenching good building practice”. (Ochsendorf 2009) 10 .

Conviene no olvidar, sin embargo, que no estamos hablando de arquitectura de cooperación en un sentido estricto. Ni por la intención del proyecto, un centro de interpretación de la naturaleza, ni por el sistema de gestión económica de las obras. Además, la continuidad de las técnicas empleadas en este proyecto para otras acciones de carácter social (viviendas, hospitales, etc.) se fía a iniciativas posteriores. Es evidente que implantar el sistema como arquitectura de cooperación no era, desde un principio, la intención de los autores del proyecto. Sin embargo, sí estudian la posibilidad de que la técnica se implante como modo de simplificar la construcción en la zona. Y, por ende, de mejora de las condiciones sociales y ambientales. 10. Las comunidades locales suministraron la mano de obra de construcción. La zona tiene un alto índice de desempleo, una herencia del antiguo gobierno del apartheid. Los sistemas de tierra estabilizada mediante prensa manual son adecuados para pequeños empresarios, cuyos gastos iniciales pueden apoyarse en micro-créditos. Además, la construcción de las bóvedas puede ser una ayuda a la hora de afianzar una buena práctica de construcción.

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Centro de Interpretación. Mapungubwe, Sudáfrica Economía y producción. El estudio incluye también un pequeño análisis de costes, realizado teniendo en cuenta los condicionantes de la zona. Se ha hecho, además, una comparativa con la opción estructural más habitual, el hormigón armado. “The tile vaults are 30% cheaper than reinforced concrete. If we include their socio-economic benefits (standard practice in employment creation), the economic performance is even greater. A high ratio of project cost is retained locally, an important factor in a country with a dual economy. The reliance on local labour improves livelihoods and provides a skilled base for future projects”. (Ochsendorf 2009) 11 .

También se estudió la importancia económica de emplear materiales locales y de reducir el empleo de acero, caro en la zona debido a la alta demanda. El empleo de esos materiales trajo consigo la recuperación de algunas pequeñas industrias locales, un punto difícil de cuantificar económicamente: “In designing the vaults we were faced with typical constraints of budget and construction time, but also unusual constraints of minimizing steel (which is both expensive and scarce due in part to South Africa’s building boom), making use of local materials and putting people to work under a poverty relief program. These limits led to a design incorporating tile vaults made with no reinforcing and needing minimal formwork for construction. Making 200,000 pressed soil-cement tiles locally has put a dozen people to work for a year”. (Ochsendorf 2009) 12 . Figura 4.21. Proyecto del Centro de Interpretación de Mapungubwe. Sudáfrica. Personal en el proceso de construcción. Ochsendorf 2009.

11. Las piezas de tierra estabilizada empleadas son un 30% más baratas que el hormigón armado. Si se incluyen además los beneficios socio-económicos (una práctica estándar en la creación de empleo), el rendimiento económico es aún mayor. Una alta proporción del coste del proyecto se mantiene a nivel local, un factor importante en un país con una economía dual. El empleo de mano de obra local mejora las condiciones de vida en la zona y proporciona mano de obra cualificada para futuros proyectos. 12. Al diseñar las bóvedas nos enfrentamos con las limitaciones típicas de presupuesto y plazo de construcción, y también con las de de reducir al mínimo la cantidad de acero empleada (ya que es caro y escaso en Sudáfrica debido al auge del sector de la construcción), haciendo uso de materiales locales y empleando gran cantidad de personal de la zona con un programa de ayuda a la pobreza. Estos límites condujeron al empleo de un sistema de bóvedas sin refuerzo y sin apenas necesidad de encofrados para su construcción. La manufactura local de 200000 bloques de tierra estabilizada con cemento supuso el trabajo de una docena de personas durante un año.

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Introducción

5. TRADICIÓN, INDUSTRIA Y CONSTRUCCIÓN EN LA INDIA CENTRAL. 5.1. Introducción 5.2. Trabajo y sociedad 5.3. La vivienda en Anantapur. Tipologías 5.4. Los materiales de construcción. La tradición viva 5.4.1. 5.4.2. 5.4.3. 5.4.4.

Adobe y ladrillo manufacturados Adobe y ladrillo. Productos industriales El horno de ladrillo Materiales pétreos

5.5. Los procesos de construcción 5.5.1. 5.5.2. 5.5.3. 5.5.4. 5.5.5. 5.5.6. 5.5.7.

El ritual del replanteo Movimiento de tierras y cimentaciones Fábricas y estructuras Cubiertas Carpinterías Solados Acabados

5.6. Construcción y religión. Los Shilpa Shastras 5.7. Conclusiones. Cambio y tradición


Introducci贸n


Introducción

5.1. INTRODUCCIÓN. Durante el siglo XX se ha venido produciendo un abandono progresivo las llamadas arquitecturas populares en favor de modelos arquitectónicos más o menos globales. En paralelo a este cambio se ha producido también un creciente interés por la arquitectura popular desde el mundo académico. Fernando Vela Cossio describe este fenómeno (refiriéndose a la arquitectura popular en España) en los siguientes términos: “En la segunda mitad del siglo, sobre todo desde finales de los cincuenta y en los sesenta, ha ido creciendo el interés hacia este tipo de producción arquitectónica por parte de los antropólogos, y sobre todo de los arqueólogos, que han debido intuir cómo de modo inexorable esta clase de edificios iban camino de convertirse en un área de investigación susceptible de ser investigada casi exclusivamente con métodos estratigráficos. Así puede decirse que sucede hoy, de manera que, en los albores del siglo XXI, los escasos vestigios de aquello que pueda ser llamado, no sin cierto optimismo, arquitectura popular, no pasan de constituir una especie de marco escenográfico de la nueva economía de mercado de un campo español en el que cada día encontramos menos campesinos.”(Vela Cossio 2002, 13)

Estos fenómenos complementarios –el abandono de las tradiciones y el interés académico por ellas– parecen tener en la actualidad un marcado carácter global. En cada región, no obstante, los cambios (y los estudios) se producen de maneras distintas, debido a innumerables factores de carácter cultural, económico o industrial. Todavía es posible encontrar arquitecturas populares vivas en muchos lugares del mundo; en muchos otros éstas han desaparecido completamente, y en otros más se han contaminado, reciclado o mezclado entre sí de todas las formas posibles. El interés académico ha conseguido añadir además la variable de su recuperación, de la cual existen estupendos ejemplos en lugares muy diversos.

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Introducción En la provincia India de Anantapur, objeto de este estudio, es posible encontrar en pocos kilómetros prácticamente todas estas arquitecturas. La India moderna se desligó hace ya tiempo de su arquitectura popular 1 ; el mundo rural sigue, en vastas regiones, fuertemente aferrado a ella. Los cambios, no obstante, empiezan a afectar a gran velocidad también a los modos de vida en el mundo rural, y en consecuencia a su arquitectura. En Anantapur se está viviendo, en la actualidad, un proceso de abandono de la arquitectura popular; mientras en algunas zonas éstas siguen vivas, en otras se ha generado una particular mezcla de cambio y tradición. Esta situación hace posible comprender cuáles son las vías por las que se han insertado estas novedades en la tradición, cómo y por qué ha sucedido esto, cómo ha evolucionado la tradición a consecuencia de ello, y cuales son las ventajas y cuales los inconvenientes, si se puede hablar en estos términos, de este modelo de integración. El problema y su escala. Estas arquitecturas mezcladas son el resultado de la introducción de nuevos modos sociales e industriales en regiones ajenas al desarrollo de los mismos. La adaptación de algunas de estas innovaciones a las particularidades de cada zona ha generado, y sigue generando, numerosos problemas, ya que las condiciones en las que se producen estos injertos sociales, industriales o tecnológicos no siempre son las más adecuadas. Los problemas que pueden detectarse como consecuencia de este proceso se estudian en un buen número de ensayos. En líneas generales hay dos modos de entender estos problemas, claramente imbricados: A) La desaparición de los modos de vida locales está haciendo desaparecer las tradiciones asociadas. En palabras de F. Vela: “Las arquitecturas primitivas y populares, que podemos agrupar en la categoría de no históricas, se encuentran detenidas en el estadio cultural de las mismas sociedades cazadoras-recolectoras y campesinas que las concibieron. Esta es [..] una de las razones que impiden su conservación como elementos vivos, pues cuando desaparece la estructura general que soporta su existencia –básicamente las formas de vida tradicionales desde el punto de vista económico y social– se convierten en objetos arqueológicos sin contexto y por lo tanto vacíos de contenido, con lo que no es posible establecer una relación coherente entre lo que sucede y las razones por las que esto sucede.” (Vela 2002)

Esta vía de estudio pone el énfasis en el hecho de que las arquitecturas populares funcionan, por lo general, de un modo óptimo en lo relativo a su integración en el entorno. Habría un componente homeostático en esa integración que se pierde, como es obvio, con la introducción de nuevos modelos. B) Otros estudios se centran en los problemas más inmediatos, derivados de la inserción de los nuevos modos: en muchas de las zonas receptoras de novedades tecnológicas no existe una infraestructura industrial mínima (imprescindible en el nuevo esquema de procesos) ni tecnología o de mano de obra especializada (organizada según otros cánones) y, sin embargo, levanta edificios siguiendo nuevos modelos tecnológicos, o mezclando estos modelos con elementos tradicionales. Estos problemas no son, desde luego, nuevos; lo que sí es nuevo es su escala. La generalización de la tecnología de la construcción es sin duda una de las revoluciones de mayor importancia, debido a su velocidad y entidad, en la historia del sector. Y es, probablemente, el elemento más definitorio del momento histórico en que nos encontramos.

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1. Y, en consecuencia, empezó a interesarse por ella. En la actualidad es posible encontrar todo tipo de estudios reivindicativos sobre arquitectura popular. Los de mayor interés se citan en estas páginas.


Introducción La india moderna y la reivindicación de la tradición. La India es, a día de hoy, paradigma de estos cambios. Las tradiciones de construcción mencionadas perviven en algunas zonas rurales, pero están desapareciendo en las regiones industriales. El censo de 1971 registraba que el 73% de las construcciones existentes estaba construido con tierra: 67 millones de casas, habitadas por 374 millones de personas. En la actualidad este número ha descendido (aunque es difícil cuantificar este extremo, ya que el censo asocia ahora en su recuento construcción en tierra e infravivienda) y, aunque el descenso es debido en gran parte a la emigración a las grandes ciudades, también el abandono de la tradición empieza a ser una realidad en el mundo rural. Frente a este proceso se levantan cada vez más voces reivindicando la protección de la tradición. Existe en la India un movimiento a favor de la recuperación de la arquitectura tradicional en todo semejante al vivido en occidente en los últimos años 2 . Hay, sin embargo, dos grandes diferencias con occidente. La primera es que en la India se ha empezado a tomar conciencia de la importancia de la vivienda popular (y los modos de vida a ella asociados) mucho antes de su desaparición como tradición viva. La segunda y no menos importante es la velocidad, absolutamente vertiginosa, a la que se están produciendo los cambios mencionados. En ese contexto, la importancia de Anantapur, la región objeto de este estudio, es fundamental. Allí sigue siendo necesario, debido a diversos factores (dificultades de transporte, el hecho de que se trate de una zona empobrecida) extraer del medio todo lo necesario para construir una vivienda. Además, muchas de las tradiciones que perviven son previas y ajenas a la colonización inglesa, escasamente interesada en la zona. Es cierto que no hay sistemas artesanales que requieran una habilidad excepcional (aunque, al tratarse de uno de los lugares más pobres del país, parece posible que los artesanos nunca ejercieran aquí, y que eso haya anulado la posibilidad de que se creara una tradición) y que los modelos que se construyen son, en lo relativo a su concepción y decoración, poco espectaculares en comparación con sus vecinos de provincias cercanas. Pero eso no puede restar importancia a la arquitectura popular de Anantapur, que debe formar parte, con pleno derecho, de la actual reivindicación de las tradiciones de la arquitectura y construcción Hindúes. Este capítulo pretende registrar el estado del sector de la construcción en las mencionadas zonas rurales de Anantapur, una de las regiones menos desarrolladas de la India central, entre los años 2003 y 2007. Se trata de un registro de gran interés, dada la peculiar mezcla de antiguas tradiciones de construcción, vigentes todavía en estas fechas, y las nuevas técnicas cada vez más presentes. El énfasis se ha puesto, obviamente, en las antiguas tradiciones que se mantienen vivas, sobre todo en las más susceptibles de abandono, pero también en el modo en que éstas desaparecen o evolucionan para combinarse con las novedades industriales. 2. En los últimos tiempos han surgido varias asociaciones relacionadas con la arquitectura popular, desde la sección India de INTBAU a The Nabha Foundation, que organizan publicaciones o congresos con el apoyo de diversas universidades, y es posible encontrar un muchos textos que estudian las tradiciones de construcción hindúes. Aunque los textos generales sobre arte hindú (Whitman 1970, Sivaramamurti 1975, Metcalf 2003) se refieren siempre la espectacular arquitectura de los templos, muchos manuales sobre vivienda y asentamientos tradicionales (Schonauer 1981, Sacriste 1986, Oliver 2003) incluyen descripciones de los modelos de construcción de las viviendas hindúes, de las que destacan frecuentemente la influencia de la religión en la distribución. También existe un buen número de textos específicos que estudian en detalle zonas u oficios concretos (Mahud 1988, Kulbhushan 2001, Pramar 2005).

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Trabajo y sociedad. Vida en la India Central

5.2. TRABAJO Y SOCIEDAD. VIDA EN LA INDIA CENTRAL. La India es hoy un país de contrastes. El rápido desarrollo de las grandes ciudades industriales, al calor de la actual estabilidad política y los bajos costes de producción, convive con los antiguos modos de vida de las zonas rurales. Los cambios que origina el desarrollo industrial se están extendiendo con rapidez, y afectan ya, en diferente medida, a mucha de la superficie del país. El sector de la construcción Hindú es, como en otros países desarrollados, motor de la economía nacional. En las grandes ciudades (Delhi, Mumbai o Bangalore) se percibe una evidente tecnificación de la construcción, en todo semejante a la vivida en occidente en los últimos años. Los ingenieros Hindúes, altamente cualificados, manejan personal capacitado y materiales muy sofisticados. En las zonas rurales, sin embargo, se mantienen vigentes todavía antiguos esquemas sociales, antiguos procedimientos de trabajo. En muchas localidades se construye aún empleando adobes, madera y paja, los mismos materiales que empleaban los constructores siglos atrás. El área de trabajo de la Fundación Vicente Ferrer, asentada desde hace décadas en las provincias más pobres del estado de Andrha Pradesh, ha permanecido hasta hace muy poco ajena a los cambios generados por el actual desarrollo de la industria Hindú. La provincia de Anantapur, sede de la Fundación, es un territorio sumamente árido. Las altas temperaturas durante el verano o la violencia ocasional del monzón dificultan la agricultura y la ganadería. Los habitantes de la zona son por ello, en una parte importante, Dálits, personas sin techo, expulsados en otro tiempo de zonas más cómodas. Intocables. La sociedad Hindú se ha regido durante siglos por el conocido y muy rígido sistema de castas. Aunque abolido desde hace décadas, este sistema pervive en muchas zonas rurales; su análisis, sumamente complejo, excede los límites de este trabajo. Un gran número de ensayos estudian y documentan las particularidades del sistema de castas (Pavlov 1975), que es siempre un capítulo fundamental en cualquier Historia de la India (Whitman 1970 o Metcalf 2003).

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Trabajo y sociedad. Vida en la India Central El sistema de castas. En la provincia de Anantapur, el sistema de castas (que está desapareciendo de muchos aspectos de la organización social, sobre todo lo relativo al acceso a los servicios públicos) sigue estando fuertemente arraigado en lo tocante a la organización del trabajo. La influencia de este sistema en los mercados de trabajo ha sido objeto de varios estudios; tal vez el más detallado sea The creation of employement in segmented labour markets: a general problem and its implications in India (Rodgers 1993), en el que el autor analiza las peculiaridades del mercado de trabajo Indio, obligado a someterse, de forma muchas veces ilegal, al sistema de castas. El estudio, realizado a principios de la década de los 90 del pasado siglo para un contexto más general, sigue siendo esencialmente válido para las provincias menos industrializadas del estado de Andrha Pradesh. En lo que afecta a las relaciones entre industria y tradición en Anantapur, el sistema de castas conlleva, de forma muy simplificada, dos reglas fundamentales: 1.- La casta de un individuo viene determinada por su nacimiento. No es posible cambiar de casta en vida, sean cuales sean los méritos conseguidos. (Existen algunas excepciones a esta regla – condecoraciones de guerra, etc. – pero son demasiado particulares y no afectan a este estudio). 2.- La casta a la que pertenece un individuo condiciona su posición en la sociedad a todos los niveles, incluyendo el rango de trabajos que puede desarrollar. Estas dos reglas tienen consecuencias, en lo relativo al trabajo, difíciles de asumir para la mentalidad occidental. Las principales son las siguientes: 1.- El individuo que desempeña una tarea (o, en el sector de la construcción, el que ejecuta una unidad concreta) no es quien tiene más capacidad para ello, sino quien pertenece a la casta facultada para desempeñarla. No es la habilidad de un trabajador lo que le capacita para desempeñar una función; es sólo su posición social la que le permite acceder a ello. 2.- Un trabajador facultado para realizar un trabajo concreto sólo hará ese trabajo. Difícilmente desarrollará trabajos de un nivel que considere inferior, ni tan siquiera puntualmente. Esto genera numerosas dificultades en el desarrollo de la producción, además de evidentes retrasos en los plazos de ejecución. 3.- No es posible el ascenso en el organigrama laboral (ya que implicaría un cambio en la escala social) o sólo lo es en ámbitos muy limitados. Un trabajador que demuestre una destreza excepcional en su trabajo conseguirá por ello el reconocimiento de sus superiores, y tal vez compensaciones económicas, pero nunca accederá al estamento superior. Un albañil o un carpintero, por mucho que destaquen en su habilidad, nunca desempeñarán labores de control de producción, por ejemplo. Estos esquemas están cambiando, probablemente por la influencia de los esquemas de producción de las zonas industriales. También está cambiando la forma en que la sociedad India entiende el sistema de castas; por lo general, la percepción del trabajador medio en Anantapur es que siguen existiendo, aunque van pareciéndose más cada vez a las clases sociales a la europea: son para él, digamos, más permeables. Eso sí, lo son desde el nivel en el que el trabajador se encuentra y sólo hacia arriba, nunca desde él hacia abajo.

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Figura 5.1. La regíon de Anantapur en el estado Indio de Andrhra Pradesh.


Trabajo y sociedad. Vida en la India Central Otras estructuras sociales en el trabajo. Paralelamente al sistema de castas existen otros esquemas de organización social que afectan también a la organización del trabajo. Los más importantes son los que atañan al sexo y la edad del trabajador. Son las mujeres y los niños (de las castas más bajas) los que realizan los trabajos más duros, y los peor pagados por ello. Las mujeres representan hoy el 80% del personal que trabaja en las obras de la provincia de Anantapur, un porcentaje que ha crecido exponencialmente estos últimos años debido al masivo éxodo masculino a zonas industriales. Desempeñan en todos los casos la labor del peón, realizando sin excepción aquellos trabajos que precisan un mayor esfuerzo físico. Su sueldo es de 1500 rupias al mes, aproximadamente 25 euros, frente a las 2500 de los hombres. Los niños trabajan ayudando o sustituyendo a sus familiares, en ocasiones en tareas muy duras. Trabajan largas jornadas, pero nunca cobran legalmente un sueldo, ya que la explotación infantil está prohibida. La tradición y el trabajo. En lo estrictamente relativo al sector de la construcción, y más allá de las muchas implicaciones que tiene el sistema de castas, la organización del trabajo en la India hunde sus raíces en antiguas y complejas tradiciones. Muchas de ellas se estudian detalladamente en A Social History of Indian Architecture (Pramar 2005). Tal vez la que condiciona de forma más directa la construcción sea la manera en que se contrataba el trabajo. En el autor describe así el modo en que los oficios tradicionales conseguían y gestionaban sus encargos: “Carpenters, blacksmiths, potters, are throughout India itinerant workers who have to wander to find clients or be near to them to await their call […] A carpenter always worked to order […] He never produced articles in advance and stocked them in his dwelling or shop in the expectation that clients would come to buy.” (Pramar 2005, 14) 3 . Pramar describe un esquema de relaciones laborales en el que los trabajadores en oficios relacionados con la construcción, casi siempre itinerantes, no disponían de talleres o almacenes propios; contaban apenas con su habilidad, adquirida generalmente en el entorno familiar, y con la herramienta, que formaba parte de su atuendo. No trabajaban si no era para un encargo concreto. El cliente se acercaba a la plaza pública a solicitarlos, y contrataba su trabajo. El material corría siempre por cuenta del cliente. El trabajador no acopiaba materiales elaborados; producía ladrillos o carpinterías sólo cuando eran estrictamente necesarios. Cuando dejaban de serlo, la producción paraba. En las provincias menos industrializadas del estado de Andrha Pradesh este antiguo esquema de producción pervive. En edificios autoconstruidos, todavía muy comunes, el usuario fabrica su propio ladrillo y busca, tal como se ha indicado, los oficios especializados que necesita puntualmente (fontaneros, carpinteros). También existen ya empresas constructoras, más o menos especializadas, pero casi todas ellas todavía funcionan a la manera antigua en muchos aspectos. 3. “Carpinteros, herreros, alfareros, los trabajadores de la India eran ambulantes, y tenían que desplazarse para encontrar clientes, o estar cerca de ellos a la espera de su llamada [...] Un carpintero siempre trabajaba bajo pedido [...] nunca producía artículos por adelantado y los almacenaba en su casa o tienda a la espera de que los clientes vinieran a comprar”.

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Trabajo y sociedad. Vida en la India Central Es cierto que, debido a la influencia de las grandes ciudades, ciertas pautas de su sistema de gestión podrían considerarse occidentales (reciben el encargo del cliente y gestionan la construcción, evitando el trato directo de éste y el trabajador, los sistemas de pago y cobro son semejantes) pero, sobre todo en obras pequeñas, siguen contratando trabajadores de manera puntual, sus fábricas casi nunca acopian material y apenas emplean elementos prefabricados. Lo habitual es fabricar en obra sólo los ladrillos necesarios, construir in situ las carpinterías de madera, despiezar y escuadrar en el tajo las baldosas de piedra. Planificación y producción. La principal herencia de estas tradiciones afecta, en la actualidad, no sólo a la organización del trabajo sino también a su planificación. La idea de planificación de la producción resulta extraña a la cultura de la construcción tradicional India. El orden de ejecución de una unidad en obra es lo único que marca su prioridad en el esquema de producción; la pieza que se coloca en primer lugar condiciona la posición y el tamaño de la siguiente, que a la vez condiciona a la siguiente, etc. Por lo general no se tiene en cuenta una partida hasta que está terminada la partida anterior, de manera que un constructor (que siga el modo de funcionamiento tradicional) sólo pensará en una unidad cuando esté lista la unidad previa. Por ejemplo: no se construye un hueco en un muro para una ventana de cierta medida; es la ventana la que debe adaptarse al hueco existente. Resulta tentador relacionar esta forma de concebir la construcción se encuentre en el pensamiento Hindú, en el que conceptos como no acción o equilibrio tienen tanto peso. No modificar un hueco en un muro, instalando una carpintería que se adapte a él, es respetarlo; es este mismo respeto por lo ya construido lo que da lugar a otras muchas soluciones tradicionales. La más conocida tal vez sea a la de los sistemas de cubierta por aproximación de hiladas. A. K. Coomraswamy estudia en The Transformation of Nature in Art (Coomaraswamy 1934) las raíces del arte Hindú y su relación con el pensamiento en la India, dando especial importancia a lo relacionado con la construcción. Muchas de las tradiciones de construcción que estudia participan de esta particular idea de equilibrio 4 . Esta especie de regla no escrita tiene algunas implicaciones importantes también en lo que se refiere a la producción. La principal es que la mayor parte de los trabajos se hacen en obra, incluyendo aquellos que, siguiendo una lógica industrial, sería más razonable llevar a cabo en un taller. También condiciona la planificación de los trabajos: continuando con el ejemplo de la carpintería, normalmente un carpintero se negará a empezar una obra (ni tan siquiera para preparar el taller o los materiales) hasta que no estén rematados los huecos en que debe trabajar. 4. Pueden ser interesantes, a modo de ejemplo, las consideraciones de Coomaraswamy sobre las construcciones por aproximación de hiladas: “The shikhara of the northern Indian temple has a tapering curvilinear form which is traditionally constructed according to a system known as corbelling, in which each layer of stones projects slightly inwards beyond the layer below it, the successive layers gradually tapering upwards to be closed off by a single large capstone.” (Los shikhara del templo del norte de India tiene una afilada forma curvilínea que se construía tradicionalmente con un sistema conocido como de aproximación de hiladas, en la que cada capa de piedras se proyectaba ligeramente hacia el interior un poco más allá de la capa inferior: así, las capas sucesivas se unían gradualmente hacia arriba y se cerraban con solo una gran clave final). (Coomaraswamy 1934, 5)

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Trabajo y sociedad. Vida en la India Central Las relaciones entre la organización de una sociedad y los procedimientos de trabajo que desarrolla son sumamente complejas, máxime en el sector de la construcción, con tradiciones tan arraigadas. En los capítulos siguientes se pretende no sólo describir cómo se construye una determinada unidad de obra, antigua o moderna, desde el punto de vista técnico, sino también estudiar el modo en que una sociedad articula sus recursos humanos y materiales para conseguirlo.

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La vivienda en Anantapur. Tipologías.

5.3. LA VIVIENDA EN ANANTAPUR. TIPOLOGÍAS. La variedad tipológica de la vivienda tradicional Hindú ha propiciado un gran número de estudios (Sacriste 1986, Bhatt 2001 o Rahman 2001, entre los más detallados) que analizan la diversidad de formas y sistemas constructivos que conviven en un territorio tan amplio. La provincia de Anantapur, debido probablemente a la extrema pobreza de sus habitantes y la sencillez de las viviendas que habitan, ha permanecido habitualmente ajena a esos estudios, salvo modernas excepciones (Pramar 2005). La vivienda tradicional en Anantapur es extremadamente sencilla, tanto en su concepción como en su ejecución. Por lo general se ajusta, con matices locales, a un modelo de construcción presente en la mayor parte de las comunidades rurales de la India, al que se designa genéricamente como kachcha. El término kachcha se emplea para definir aquellas viviendas levantadas con materiales precarios, baratos y accesibles (barro, madera y caña, principalmente) construidas las más de las veces por el propio usuario empleando técnicas sencillas. El término pukka, por el contrario, designa la vivienda diseñada para durar, construida por especialistas empleando materiales más elaborados; piedra o ladrillo cocido. Tanto el esquema de distribución interior de la vivienda tradicional en Anantapur como su situación en el poblado o las técnicas empleadas en su construcción se asemejan en gran medida a las antiguas viviendas de la comunidad Bhil, cuyos asentamientos principales se encuentran en el cercano estado de Madhya Pradesh: pequeñas casas de una planta, construidas con diversas técnicas, aisladas y agrupadas en pequeños poblados. Las viviendas más antiguas y sencillas, de planta rectangular, constan de una única estancia, que funciona como zona de estar durante el día y como dormitorio familiar de noche. Se trata de un esquema muy común en la India. Los motivos de esta organización se estudian detalladamente en A Social History of Indian Architecture (Pramar 2005):

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La vivienda en Anantapur. Tipologías. “Indian homes are never designed for privacy –because the need for it is never felt. An outcome of this is that the internal spaces of an Indian dwelling are not used exclusively for a specific function. There are no separated bedrooms, dining rooms or reception rooms –all spaces are used flexibly depending upon the circumstances. A space may be used for sleeping, daily chores, or for socializing. This kind of space has been aptly called polyvalent by Guy T. Petherbridge while writing about [Indian] Islamic dwellings.” 5 (Pramar 2005, 9)

En verano se adosa un porche o veranda a la entrada, y en algunos casos se habilita un lavadero en la parte trasera. Muchas de las viviendas que se construyen en la actualidad, empleando técnicas modernas o tradicionales, respetan este esquema, aunque empieza a ser común separar la zona de estar de la de dormitorio, e incluso construir zonas de aseo en el interior de la vivienda. En lo que se refiere a su relación con el entorno, las viviendas se construyen siempre aisladas, separadas entre cincuenta y cien metros. Generalmente se agrupan en pequeñas poblaciones, grupos de no más de cincuenta casas junto a una carretera, aunque también es posible encontrarlas totalmente aisladas; en esto también se asemejan a las poblaciones de la comunidad Bhil. Las viviendas no respetan una organización ni una orientación concreta. En zonas de bosque se construyen adaptándose a la situación de los árboles de mayor tamaño; en zonas áridas, sobre pequeños montículos en el terreno, intentando evitar las riadas del monzón. No hay modelo de trama urbana alguno. Tampoco existen espacios de vida en común, más allá de los interiores de vivienda y los patios familiares. Pramar describe el esquema en los siguientes términos: “All the dwellings in a Bhil village are scattered at a considerable distance from each other without any overall pattern or sense of coordination between them. Thus, there are no village lanes, and no house groupings, and no specified space for civic gatherings. […] The reasons behind this kind of scattered settlement have been rarely examined. T.B. Naike believes it is so because of fear of the neighbour being a witch, […] fear of infection, fear of fire –all of which seem to be unlikely reasons. […] it is important because it has wide implications. Bhil society gives gives great personal freedom to its members, both male and female, and along with it permits pre-marital sexual activities […] but married brides, now sexually restricted, cannot be constantly kept under watch. […] The whole social and architectural arrangement derives its peculiar character from the severity individualistic nuclear family and sexual laxity.” 6 (Pramar 2005, 17-18) 5. “Las casas de los hindúes no están diseñadas para la privacidad, porque esta necesidad nunca se siente. Como resultado de esto, los espacios interiores de una vivienda India no se utilizan exclusivamente para una función específica: no hay habitaciones separadas, comedores o salas de recepción, y todos los espacios son utilizados de forma flexible dependiendo de las circunstancias. Un espacio puede ser usado para dormir, para realizar tareas diarias o para socializar. Este tipo de espacio ha sido acertadamente denominado polivalente por Guy T. Petherbridge en sus trabajos acerca de las viviendas islámicas [Indias]” 6. "Todas las viviendas en un pueblo Bhil se encuentran dispersas a una considerable distancia unas de otras sin ningún patrón general o sentido de la coordinación entre ellas. Por lo tanto, no hay carriles en las aldeas, ni agrupaciones de casas, y tampoco un espacio específico para reuniones cívicas. [...] Las razones detrás de este tipo de asentamiento disperso rara vez se han examinado. T.B. Naike cree que es así por varios motivos: el miedo a que el vecino sea un brujo [...] el miedo a las infecciones, el miedo al fuego, etc., todas las cuales parecen ser razones poco probables. [...] Esto es importante porque tiene muchas implicaciones. La sociedad Bhil da gran libertad personal a sus miembros, tanto hombres como mujeres, y permite actividades sexuales pre-maritales [...] pero las mujeres casadas, y por tanto restringidas sexualmente, no pueden tenerse constantemente bajo vigilancia. [...] El acuerdo social y arquitectónico de todo toma su carácter peculiar de la gran individualidad de la familia nuclear y de la laxitud sexual".

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La vivienda en Anantapur. Tipologías.

Figuras 5.2 a 5.4. Manuales cobre construcción tradicional. Pramar 2005, 201.

La vivienda tradicional. Notas generales sobre construcción. No existe en Anantapur, en lo que se refiere a los procedimientos de construcción, un modelo de vivienda canónico. Lo habitual es encontrar mezclas diversas de los ejemplos que aparecen en las imágenes 5.5 a 5.8., combinados con mejor o peor suerte. El modelo tradicional más común correspondería con la imagen 5.4.; una vivienda de un solo espacio, con la cubierta a dos aguas. El modelo de la imagen 5.7., construido en piedra, sólo es habitual en zona cercanas a canteras (lo contrario daría idea de que sus poseedores puedan pertenecer a una casta superior). En la actualidad las construcciones se acercan más a los modelos que reflejan las imágenes 5.5. y 5.6.; cubiertas planas y fábricas de adobe o ladrillo cocido, en función de las posibilidades del propietario. En muchos casos se adosan verandas, fijas o provisionales, tal como ilustra la figura 5.9. El estudio que se presenta en los capítulos 4 y 5 del presente trabajo se ha basado en este modelo. El funcionamiento constructivo de la vivienda es, por lo general, muy sencillo. Los anchos muros de fábrica, asentados en cimentaciones de mampostería de piedra que elevan la plataforma principal del edificio unos 30 cm., funcionan como estructura y como cerramiento, apenas atravesados por los pequeños huecos de puertas y ventanas. Éstos se forman con dinteles de piedra o con pequeños arcos escarzanos de ladrillo, muy rebajados. En las fábricas se abren también huecos en altura para facilitar la ventilación cruzada de las salas, tal como se aprecia en las imágenes 3.8 y 3.10. Sobre la fábrica apoyan las cubiertas, planas o inclinadas, que proveen impermeabilización y aislamiento razonables. A las fachadas se les da una capa de terminación de barro, cal o pinturas; los interiores se terminan de igual modo, con suelos de tierra compactada o de piedra (imágenes 3.5, 3.8 y 3.9.). El material más empleado en la construcción de muros es el adobe, pero es posible encontrar ejemplos de antiguas viviendas construidas con ladrillo cocido y, en zonas cercanas a canteras, algunas en mampostería o sillarejo (pukka). Algunos manuales de construcción tradicional han estudiado los materiales empleados en viviendas semejantes en otras zonas del país (Bhatt 2001 o Rahman 2001), en muchas de las cuales se construyen muros de tapial. Este sistema es poco habitual actualmente en Anantapur, aunque se conserva un gran número de viviendas construidas con tapial. Las cubiertas inclinadas suelen ser a una o dos aguas. Su estructura, de par y picadero en el primer caso y de par e hilera (con puentes o tirantes ocasionales) en el segundo, se construye con bambú y caña, y se cubre con atados de paja. También se construyen cubiertas planas, cada vez más comunes. La estructura es igualmente de madera y caña, y sobre ella se tiende una mezcla de paja, barro y betún o aceites.

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La vivienda en Anantapur. Tipologías.

Figuras 5.5 a 5.8. Ejemplos de vivienda tradicional. Pukka. Figura 5.8. Ejemplo de vivienda tradicional. Kachcha.

Como es obvio, todos estos sistemas son óptimos en lo relativo a eficiencia de producción, de mantenimiento, etc. El tamiz del tiempo ha generado en Anantapur tradiciones que, como en otros muchos lugares del mundo, extraen del entorno y de las habilidades artesanales de los trabajadores lo necesario para crear viviendas perfectamente adaptadas que cubren, con el mínimo aporte de energía posible, las necesidades básicas de sus habitantes. Mantenimiento y tradición. El mantenimiento de estos edificios implica un cierto esfuerzo por parte del propietario, ya que la vivienda no se construía para durar 7 . Tradicionalmente se recubría toda la fachada, de forma semanal, con una capa de arcilla. Las cubiertas planas también se reforzaban semanalmente en época de lluvias, y la caña y la paja de las inclinadas se cambiaba dos veces al año, antes y después del monzón. 7. Pramar realiza un estudio detallado de las características principales de los asentamientos en la zona: “[…] The settlement was always of a very temporary nature and the kind of dwellings that were constructed were never made to last. A common method was to use wattle coated with mud for the walls and timber and thatch for the roof.” (El acuerdo fue siempre de carácter muy temporal y el tipo de viviendas que se construyeron nunca se hicieron para durar. Un método común era utilizar cañas cubiertas de barro para las paredes y techo de paja y madera para el techo). (Pramar 2005, 17-18)

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La vivienda en Anantapur. Tipologías. Debe tenerse en cuenta que la vivienda tradicional no se construye para durar. Se emplean materiales de escasa entidad, que en muchas ocasiones instala el propio usuario de la vivienda con, como es evidente, distinta fortuna. Son los mismos materiales y sistemas que se emplean en las infraviviendas de los arrabales de las grandes ciudades; probablemente sea éste uno de los motivos del desprestigio entre la población de este tipo de construcción. En la actualidad la Fundación Vicente Ferrer construye casas para las familias más pobres de la zona, intentando respetar, en lo posible, los modos de construcción tradicional. Pero muchas familias no aceptarían las viviendas de la Fundación si fueran un simple cuarto de adobe y paja que debieran casi rehacer tras cada monzón. Los sistemas de construcción moderna tienen, a ojos de la población, una dignidad de la que la tradición carece. Cambiar esta percepción está en manos de ingenieros y constructores Hindúes, cada vez más conscientes de las ventajas de sus tradiciones.

Figuras 5.9 a 5.12. Ejemplos de vivienda tradicional. Veranda, zona de cocinas, ventilaciones y protecciones de huecos.

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Los materiales de construcción

5.4. LOS MATERIALES DE CONSTRUCCIÓN. LA TRADICIÓN VIVA. La mayoría de las viviendas nuevas en la provincia de Anantapur se construye con materiales fabricados de modo tradicional. Al menos en lo que se refiere a la obra de fábrica: toda la zona está salpicada de pequeñas instalaciones para la fabricación de adobes, o de hornos de madera para cocer ladrillo. Sin embargo, hay materiales y sistemas que están siendo sustituidos por nuevas técnicas. Es el caso de las cubiertas de madera y caña, cada vez más difíciles de encontrar en obras de nueva construcción, o de los tradicionales revocos de barro 8 . A continuación se acompaña una descripción de los materiales tradicionales que más comúnmente se emplean en las obras de construcción a día de hoy.

5.4.1.- Adobe y ladrillo manufacturados. Uno de los materiales más utilizados en la construcción de viviendas es el ladrillo de adobe, llamado en Anantapur Table Mould Mud Brick; literalmente, ladrillo de barro en mesa de molde. Se emplea sobre todo para autoconstrucción, ya que resulta muy económico. Es una pieza tosca, con un acabado bastante irregular, semejante al adobe empleado en España. Son corrientes todo tipo imperfecciones (caliches, oclusiones, etc.) en masa, y también irregularidades formales en el exterior (estas últimas debidas al tipo de moldeo al que se somete la pieza). Se fabrica manualmente, siguiendo reglas tradicionales. Habitualmente está fabricado con un 40% de mixture (término empleado en la zona para definir un producto formado a su vez por un 70% de barro y un 30 % de excremento animal) y un 60% de arena. Se emplean siempre materiales arcillosos localizados en una zona cercana al lugar en el que se va a construir. 8. Muchos de los materiales y sistemas que se están perdiendo perviven, de un modo inercial, en unidades paralelas: es posible, por ejemplo, encontrar el tipo de atado de madera y cañas de la cubierta tradicional en los actuales andamios o encofrados.

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Los materiales de construcción Sus dimensiones más corrientes son 22x10x7 cm., medidas que respetan el criterio de relación dimensional empleado desde antiguo en la zona. Allí, llagas y tendeles son casi siempre de unos dos centímetros, lógicos si tenemos en cuenta las irregularidades en caras y aristas de las piezas que se emplean. Las dimensiones citadas se mantienen vigentes pese a la evidente incomodidad que genera al colocar piezas colocadas a sardinel, un formato de colocación no demasiado común en la zona, por otra parte. El proceso de fabricación habitual es el siguiente. Preparación del material. Lo habitual es que el proceso comience por localizar en una zona cercana al tajo dos zonas de terreno diferente; una de arcilla y otra de arena suelta, de río. Ambas limpias, en la medida de lo posible. Para encontrar el terreno ideal es corriente que se sigan consejos tradicionales sobre textura y color de las tierras, algunos muy poco científicos (coloración, olor e incluso sabor del terreno) pero que suelen resultar válidos en la mayor parte de los casos. En las obras de la Fundación Vicente Ferrer se emplean los criterios establecidos en varios manuales de construcción tradicional (Van Lengen 1982), con resultados casi siempre similares a los que se obtienen con los métodos tradicionales Indios de selección. Una vez elegidas las tierras, tanto éstas como los excrementos secos de animales que se van a emplear en el proceso se transportan hasta un lugar común, generalmente la zona de la que se extrae la tierra arcillosa, y se almacenan allí, cubiertos por lonas para conservar su humedad. Es habitual que el mismo día del transporte de materiales se preparen las mezclas para la jornada siguiente. En la misma zona de acopio se prepara la arena de río, que no debe contener agua ni impurezas, y se pasa por un tamiz para eliminar terrones o piedras, limpiándose después a mano para intentar eliminar los restos orgánicos que pudiera tener. En una zona cercana se crea la mixture, mezclando la tierra arcillosa y los excrementos secos de animales en una proporción, como se ha comentado, del 70 y 30 % respectivamente. No se emplea paja. Terminada la preparación, en la zona elegida se excava un pozo de poca profundidad y radio variable. En muchos casos construye aprovechando la zona de tierra arcillosa limpia. En grandes instalaciones se hacen de unos 6m. de diámetro y 0,5 m. de profundidad. En él se vierten manualmente los materiales ya preparados, normalmente un 60 % de arena y un 40 % de mixture. La mezcla se riega abundantemente y se deja reposar doce horas. Amasado. El amasado se realiza en la jornada siguiente. Se sigue haciendo de forma manual, aunque cada vez es más común el empleo de maquinaria. Pasadas las doce horas mencionadas, se amasa la mezcla, pisándola y empleando varas de madera. En instalaciones de gran tamaño se emplean mezcladoras mecánicas. La maquina se hunde, por su propio peso, hasta el fondo del pozo; su motor, de 2 CV de potencia, hace rodar sus aspas lentamente sobre la mezcla. La máquina es dirigida por un operario que se encarga de que ésta pase por todas las zonas del pick y que comprueba, con sus pisadas, la homogeneidad de la mezcla. Tras un proceso de amasado de entre 4 y 8 horas, en función del volumen amasado y del sistema empleado, se considera que el material está ya mezclado de forma homogénea. La parte que se prevé no emplear inmediatamente se protege mediante lonas; el resto está preparado para comenzar a moldear las piezas.

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Los materiales de construcción Moldeo. Una vez preparada la mezcla definitiva, se toma una parte de ésta para introducirla en un molde de mesa como al que puede verse en la imagen. Éste consta de dos partes: una caja (metálica en instalaciones semiindustriales, en cuya parte inferior aparece el sello que quedará marcado en la pieza; de madera en casos de autoconstrucción), y una tapa de madera, que servirá para transportar el ladrillo recién moldeado. El operario, que ha vertido previamente agua en el molde para facilitar el desmoldado posterior, amasa y golpea la mezcla sobre una pequeña cama de arena fina tendida en la mesa. Hecho esto, arroja con fuerza la mezcla dentro del molde y la comprime con sus manos, rellenando completamente el hueco. El desmoldado se hace simplemente tirando de las asas del molde, y depositando la pieza sobre la tabla de transporte. En grandes instalaciones el molde se coloca en unas esperas metálicas que encajan en sus asas; de éste modo, el desmoldado es automático y más preciso.

Figuras 5.13. a 5.15. Depósitos de barro para fabricación de ladrillos. Figuras 5.16. a 5.19. Trabajo del barro. La mezcla se prepara intercalando mixture y arena de río. Figuras 5.20. y 5.21. Elaboración de los ladrillos de barro en molde.

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Los materiales de construcción

Figuras 5.22. a 5.24. Moldes para la fabricación de ladrillo manual. Figuras 5.25. a 5.28. Transporte y secado de las piezas.

Secado. Las piezas se desmoldan y quedan sobre el soporte de madera. Sin retirarlas del soporte, se transportan de tres en tres (una pieza sobre la cabeza y una sobre cada hombro) a la zona de secado, una explanada cercana al tajo sobre terreno seco cubierto de paja. El secado se realiza en dos fases. En la primera, las piezas colocadas en hileras se cubren con una capa de arena y paja, y se las deja secar durante 48 horas. Pasado este plazo se apilan en pequeños grupos de cinco o seis hiladas, posición en la que permanecen otros 5 días. Terminado el secado, las piezas se transportan a obra y se colocan directamente en la fábrica correspondiente.

5.4.2.- Adobe y ladrillo. Productos industriales. En las instalaciones industriales más sencillas se fabrica una pieza llamada Wire Cut Mud Brick, literalmente ladrillo de barro cortado por alambre. Se fabrica con un 50% de mixture y un 50% de arena. Para su elaboración se utilizan maquinas mezcladoras, extrusoras e hilos metálicos para cortar las piezas. El acabado de las piezas es más preciso que en las manuales, aunque exteriormente también existen irregularidades en la tabla debido al movimiento de los hilos durante el corte. En el interior hay menos oquedades debido a la extrusión a la que se somete a la pieza en la fase de moldeo. Sus dimensiones son idénticas a las del Table Molde Brick: 22x 10x 7 cm. Su tiempo de almacenaje para secado y almacenado es mayor. También se diferencia del ladrillo manual en la ausencia de sellos o distintivos. Pero sólo es más barato en zonas cercanas a las plantas de fabricación; la dificultad y el coste del transporte hacen que este sistema no siempre sea competitivo. Materiales. Se emplean los mismos materiales que en el Table Molde brick. El proceso de selección es semejante, aunque en este caso se aportan los materiales desde graveras cercanas. La mezcla se prepara en seco, al contrario que en el caso anterior, y siguiendo un proceso sumamente simple.

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Los materiales de construcción

Figuras 5.29. a 5.31. Instalaciones para la fabricación de Wire Cut Brick. Figuras 5.32. y 5.33. Corte y transporte de las piezas a la zona de secado.

Se vierten en una zona de terreno cercana a la planta capas de 30 cm. de espesor de adobe y de arena alternativamente, humedeciéndolas con agua cada dos capas. Se deja reposar el material durante 12 horas, transcurridas las cuales un operario rompe con un pico la montaña de material. Tras él, otros mezclan el producto resultante con azadas, y lo introducen en cestos de mimbre. Los cestos se llevan hasta una cinta transportadora, que conduce el material hasta el interior de la fábrica. Moldeo. La cinta transportadora vierte el material en la máquina extrusora, en la que se humedece ligeramente la mezcla. Ésta entra, ya húmeda, por unos rodillos que la dirigen a una vasija de almacenado, de forma troncopiramidal, que deja caer lentamente el material en un tornillo sin fin, movido por poleas. Este proceso hace que la masa se haga más homogénea, a la vez que elimina el aire ocluido. Tras esta fase de amasado la mezcla llega a la boquilla de la extrusora. Empujada por un rudimentario sistema de rodillos, la mezcla adopta la forma de la boquilla al salir al exterior de la maquinaria, donde es recogida por un operario. Éste tiene una mesa móvil con dos posiciones, de corte y de recogida. Una vez que sale una tira, la recoge y mueve la mesa para cortarlas. En la plataforma de la mesa, un sistema de topes marca exactamente la línea de corte de dos ladrillos. El operario impulsa una palanca que tiene dos hilos de alambre contra la mesa y corta la tira, consiguiendo dos piezas cerámicas de una vez. A renglón seguido, un segundo operario recoge esas piezas y las coloca sobre un tablero untado con desencofrante, que evita que la pieza se adhiera el material a la superficie. El tablero se coloca sobre un carro para transportar las piezas hasta el secadero.

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Los materiales de construcción Secado. Las piezas cerámicas se llevan a la zona de secado, generalmente naves techadas y con paredes pero sin ventanas cerradas, lo que permite mantener en el interior una ventilación considerable. Los pares de piezas que se han cortado a la vez se separan y se colocan sobre el suelo en hileras, para proceder al secado. Las piezas están seis días en esa posición y luego se apilan al fondo de la nave, donde permanecen once días más. Con este proceso se consigue un secado relativamente uniforme, mucho más cuidado, en cualquier caso, que el del ladrillo hecho a mano.

5.4.3.- El horno de ladrillo. Es habitual emplear ambas piezas, Wire Cut Mud Brick,y Table Molde Brick, sin cocer. Su coste es menor así, y vienen siendo empleadas de ese modo desde hace siglos. Desde los años ochenta del siglo pasado, sin embargo, se utiliza cada vez más el ladrillo cocido, fundamentalmente por su mayor durabilidad. Normalmente se habla del ladrillo cocido como ladrillo High Quality, de alta calidad, pese a sus evidentes defectos. La cocción de las piezas se realiza por métodos tradicionales, en hornos de distintos tamaños. El ladrillo que se cuece en estos hornos es, pese a estar más cuidado que el ladrillo crudo, un producto todavía muy irregular y mal acabado. No alcanza los requisitos exigibles a las cerámicas empleadas en las zonas industriales de la India, ni siquiera a las de baja calidad. No debe olvidarse que sigue siendo un material producido por métodos artesanales o semiartesanales. La cocción mejora, como es lógico, algunas propiedades de las piezas (durabilidad, etc) pero genera también algunos problemas: hace, por ejemplo, que se produzcan diferencias notables (de hasta 2 cm. en longitud) en el tamaño de las piezas, cosa que no sucedía con los adobes. Los defectos del ladrillo son los lógicos en una fabricación basada en un material de aporte irregular, en el que sigue existiendo un componente orgánico, y una cocción poco controlada y a bajas temperaturas; las medias no superan los 370 grados en la fase de cocción. El horno más sencillo es, como puede apreciarse en la imagen, una simple pila de ladrillo crudo cercana a la zona en la que se realizó el secado. Las piezas se disponen de modo que en el interior queden varias tiras rellenas de madera y carbón, a las que más tarde se prende fuego. La superficie de cierre, de un pie de espesor, está formada por piezas cocidas previamente, elegidas, como es lógico, entre las menos afortunadas de las últimas cocciones. Los hornos más elaborados son instalaciones fijas, cercanas a la planta de fabricación de piezas. Normalmente están construidos con fábrica de un pie y medio de ladrillo cerámico revestido de mortero. El ladrillo empleado para construirlo es del mismo tipo que va a ser cocido en el interior del horno. No se utiliza ladrillo refractario. Tampoco el cemento empleado en el mortero de revestimiento lo es, ni incluye aluminato cálcico u otros aditivos; se utiliza exclusivamente cemento de 53 grados. La mayor parte de los hornos visitados tiene grandes grietas, en muchos casos debidas a los problemas con los materiales de cierre comentados. En algunas zonas se ha derruido parte del muro de ladrillo, lo que hace muy difícil controlar la temperatura en el interior del horno.

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Los materiales de construcción Estos hornos constan de cuatro zonas: zona de entrada de material, zona de combustión, zona de cocción y zona de extracción de humos. La entrada de materiales se realiza tanto desde la parte superior como desde los laterales cortos del horno. La de combustión se sitúa en el lado largo del horno, en cuyo costado hay cuatro compuertas-chimenea, Firing Places, para introducir y quemar madera. En la zona central, donde se encuentra acopiado el ladrillo, se produce la cocción. Esta zona se distribuye en dos o cuatro salas, a cada una de las cuales corresponden normalmente dos compuertas de combustión. En el centro de la zona de cocción existe una zona de extracción de humos, con una chimenea común para cada dos salas. También en este caso se emplean restos de madera como combustible. El control de tiempos y temperatura de cocción está basado en la experiencia; es fundamental la correcta colocación de las piezas, entre las que se dejan huecos para que pase el calor, y la regulación del combustible. Cada hora se comprueba si hay suficiente madera, y se introduce más si es necesario. También se controla el tiro de las chimeneas.

Figuras 5.34. y 5.35. Distintos tipos de horno para ladrillo cerámico. Figuras 5.36. a 5.38. Acarreo de piezas al horno tradicional. Tapado del horno. Figuras 5.39 a 5.42. Chimeneas de combustión.

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Los materiales de construcción

Fase de cocción. Una vez que se han introducido las piezas en las salas de cocción del horno (lo usual es que sean unas 17.000 piezas por sala), se introduce el combustible en las Firings Places. La fase de cocción empieza sin cerrar aún los huecos por donde se ha introducido el ladrillo. Se añade el combustible preciso para mantener una temperatura constante de aproximadamente 300 grados. En este primer paso, que tiene una duración de 12 horas, se cuece el 50% de los ladrillos que hay en cada una de las cámaras. Transcurridas 12 horas desde el comienzo de la combustión, se cubren las zonas de entrada de materiales con barro (o lonas, si fuera necesario en caso de lluvia). En este momento se cuece el 50% restante de las piezas, prácticamente sin aporte ya de combustible, debido a la inercia térmica de las piezas cercanas y a los gases contenidos. Durante esta segunda cocción, que dura 24 horas y en la que se alcanza una temperatura máxima de 370 grados, es necesario cuidar el mantenimiento del barro utilizado para cerrar totalmente el horno, ya que el excesivo calor y la mala calidad de los materiales empleados producen numerosos escapes de gases en zonas no deseadas. Fase de enfriamiento. Transcurridas las mencionadas 24 horas empieza la fase de enfriamiento. En esta fase se deja reposar el material en el horno 24 horas más. Terminado el reposo, se vuelven a abrir las zonas de entradas de los materiales, y se quitan el barro y las lonas, en caso de que hubiera sido necesario utilizarlas. Una vez descubiertas las piezas, se dejan enfriar al aire 12 horas antes de retirarlas del interior del horno. Transcurrido este tiempo, el ladrillo se extrae manualmente y se envía a obra o se almacena para su venta.

5.4.4.- Materiales pétreos. En la provincia de Anantapur existen abundantes canteras de las que se extraen varios tipos de piedra, por lo general de buena calidad. En construcción se emplean sobre todo el granito gris y la Cuddapha, una piedra laminar y oscura similar a la pizarra. Como se ha comentado en el capítulo dedicado a las tipologías de vivienda, el uso de piedra para la construcción de viviendas es símbolo, al igual que sucede con el ladrillo cocido, de la pertenencia de su poseedor a una casta reconocida. La Fundación Vicente Ferrer emplea piedra y ladrillo cocido en sus construcciones no tanto por sus características técnicas como por su carácter simbólico, con la intención de dignificar e igualar a sus habitantes.

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Figuras 5.43. y 5.44. Retirada y almacenaje del ladrillo. Trabajo de mujeres y niños.


Los materiales de construcci贸n

Figuras 5.45. a 5.47. Vista general de la cantera. Maza y puntas empleadas en el despiece. Figuras 5.48. a 5.50. Replanteo e inserci贸n de las puntas. Figuras 5.51. a 5.54. Rotura y movimiento del bloque. Figuras 5.55. a 5.58. Sillares y cargaderos obtenidos al finalizar el proceso.

La cantera. El trabajo en la cantera es, en general, semejante al que se realiza en las instalaciones europeas tradicionales. Con la diferencia de que todos los procesos, transporte de grandes piezas incluido, se realizan de forma estrictamente manual. Los bloques se dividen con macetas y puntas de acero, y se extraen con palancas del mismo material. El transporte de los bloques de mayor tama帽o, se hace sobre rollizos de madera. Las piezas que ofrecen un mejor corte se destinan a cargaderos o dinteles; las rotas o irregulares se despiezan en mampuestos. Diariamente se recoge de forma manual el resto de todas estas operaciones, y se recicla como 谩rido de machaqueo para hormigones.

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Los materiales de construcción

De la cantera salen bloques de tamaños cómodos para el transporte (en el caso del granito son habituales piezas de unos 1,50 x 0,30 x 0,15 m.), pero el material nunca se acaba o refina allí. Todo el trabajo de la piedra se realiza en obra, incluyendo el despiece de bloques para sillería o la preparación de bordes y superficies. Además de este aspecto, tal vez lo más particular de las canteras en Anantapur sea el empleo de mano de obra infantil para trabajos de extraordinaria dureza. Como se ha comentado, la explotación de los niños para estas labores es muy común en la India. La Fundación Vicente Ferrer denuncia continuamente estos abusos. Usos. El granito se utiliza con cierta frecuencia en los dinteles de las viviendas construidas en ladrillo, y también para la formación de muros de mampostería en las cimentaciones. En la figura 5.57. se muestran las piezas de dintel antes de ser cortadas a medida y colocadas, y en la 5.62. los mampuestos empleados en cimentación. Como se ha comentado, los restos del granito y otras piedras se utilizan además como árido grueso en la elaboración del hormigón. Básicamente se usan dos tamaños, de 5-10 mm y de 10-20 mm. Las baldosas de Cuddapha, cada día más apreciada por su calidad y belleza, también se extraen de forma manual, dado su carácter de material laminar. No obstante, cada vez se traen con más frecuencia piezas de zonas industrializadas, donde existen ya serrerías de piedra en algunas instalaciones; esto permite emplear piezas de 3 cm. de espesor en lugar de los cinco a ocho tradicionales.

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Figuras 5.59. a 5.62. Obtención de los mampuestos a partir de un bloque de tamaño medio. Figuras 5.63. a 5.65. Recogida de áridos en la cantera. Figuras 5.66. a 5.69. Instalaciones de machaqueo.


Los materiales de construcción

Figuras 5.70. y 5.71. Láminas de piedra Cuddapha. Otros materiales empleados los solados. Figuras 5.72. y 5.73. Solados de exterior e interior.

La Cuddapha se utiliza para solados y chapados exteriores. Se pueden obtener piezas de gran tamaño, como la que se muestra en la figura 5.70. En los solados interiores de las viviendas también se emplea la Cuddapha, combinada con distintas piedras naturales, generalmente calizas, más porosas y de tamaño más modesto. Son de distintos colores y se trabajan en formas muy variadas, como se puede observar en la figura 5.72. Toda la piedra se trabaja en obra. Es habitual que calizas, granitos o Cuddapha lleguen al tajo sin apenas preparación previa, y que en la misma zona de trabajo, uno o varios oficiales, por lo general los mismos que van a colocar después las piezas, las refinen hasta conseguir la forma deseada. Esto se hace no solamente con la mampostería o la sillería (escasa, lo corriente es encontrar ejemplos de un sillarejo poco trabajado) sino también con las piezas de solado o chapado.

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Los procesos de construcción

5.5. LOS PROCESOS DE CONSTRUCCIÓN. Se estudian a continuación los procesos de construcción de viviendas; como sucedía en el capítulo dedicado a los materiales de construcción, el énfasis se ha puesto en los aspectos tradicionales que permanecen vivos en la construcción actual. También se estudian algunas unidades que, aún siendo contemporáneas, se ejecutan según modelos de producción antiguos: es el caso de las relacionadas con el hormigón armado, en las que las cadenas humanas de hormigonado o de los encofrados de forjado parten de modos de hacer tradicionales. El estudio se ha realizado, principalmente, sobre las obras que levanta la Fundación Vicente Ferrer. Los procedimientos de construcción que se emplean en estas obras son los mismos que en cualquier otra de la provincia de Anantapur. Los modelos de vivienda son también los más comunes. Se ha partido, para el estudio, de las viviendas para personal médico por ser, de entre los modelos comunes, uno de los más elaborados, lo que hará posible incluir la descripción de todas las unidades principales. Se han incluido ejemplos extraídos de obras de mayor tamaño sólo para completar algunas explicaciones. Las viviendas de personal médico. Uno de los principales campos de actuación de la Fundación Vicente Ferrer es la sanidad. En 2005 la Fundación Vicente Ferrer construyó cuatro hospitales generales (dotados de las mejores instalaciones sanitarias de la región, donde se proporciona cobertura sanitaria a la población sin recursos), un centro de planificación familiar en Anantapur y otras instalaciones (pozos, canalizaciones de aguas, etc.) para evitar infecciones. La FVF cuenta con un personal sanitario fijo formado actualmente por unos 30 médicos, 100 enfermeras y 700 trabajadoras de la salud que forman una tupida red de asistencia rural.

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Los procesos de construcción Figura 5.74. La planta de las viviendas para el personal médico. La distribución, a la occidental, incluye zonas de descanso y aseo diferenciadas.

Encontrar médicos que estén dispuestos a trabajar con la FVF es una tarea difícil. Hay que intentar proporcionarles ciertas facilidades para que su vida fuera del duro entorno del hospital sea lo más agradable posible. Para ello, la FVF construye unas viviendas especialmente habilitadas para el personal médico, con agua caliente sanitaria y otras comodidades. Son viviendas un tanto occidentalizadas (en lo referido a distribución e instalaciones, principalmente) aunque en todo semejantes, por lo demás, a las viviendas que se construyen actualmente en la zona. Las viviendas, de planta rectangular y una sola altura, respetan, en lo esencial, la distribución de las viviendas tradicionales de la zona. Un porche o Verandha da paso directo a una zona de recepción, en la que existe además un pequeño sector destinado a sala de estar. En una estancia aneja se sitúa el salón-comedor, con acceso desde el exterior del edificio y desde la citada zona de recepción. Al lado de este último se localiza la zona de cocina, que comunica igualmente con el exterior y con el comedor. Cada vivienda dispone de uno o dos dormitorios y un baño. Los grupos de viviendas comparten una zona ajardinada y de ocio común. Las superficies construidas por vivienda son de, aproximadamente, 110 m². El esquema de distribución más elaborado es el que muestra la figura 5.74.

5.5.1.- El ritual del replanteo. Las viviendas (excepto en lo que se refiere a la FVF) se construyen las más de las veces sin proyecto de ningún tipo. Lo habitual es que en estas condiciones, e incluso aunque exista algo parecido a un proyecto de ejecución, la ubicación de la vivienda en la parcela se elija inmediatamente antes de comenzar la construcción. Normalmente se escoge una zona en un pequeño alto, aunque lo más llana posible, y cercana a algún árbol de gran porte. La vivienda se marca evitando talar árbol alguno, ya que son un bien muy preciado en la zona. Cuando son muchos los árboles a salvar, la distribución de las viviendas a lo largo de la parcela resulta a menudo asimétrica y tiene, para el visitante, una apariencia caótica. Replanteo. Realizado un primer desbroce y limpieza del terreno, las obras comienzan con el replanteo de la cimentación de las viviendas. El replanteo es, para la cultura de la construcción India, un momento fundamental, ya que es entonces cuando se realizan los rituales para bendecir los trabajos.

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Los procesos de construcción En rigor, lo que se realiza es un replanteo común, en el que, empleando cinta métrica y sistemas de triangulación, se marcan los puntos que forman el polígono que contiene el edificio, casi siempre un sencillo rectángulo –referenciado a la parcela, cuando es necesario, nuevamente por triangulación–. También son comunes los métodos de marcado: se clavan estacas o redondos de acero en el terreno, se tiran cuerdas para fijar el replanteo y se bajan con yeso las líneas trazadas, que delimitan el futuro vaciado para la solera de la vivienda. Como se ha comentado, la mayor parte de las viviendas que construye la FVF emplea una estructura que mezcla el hormigón armado con las fábricas resistentes. Este sistema es habitual ya Anantapur, dónde se siguen construyendo también viviendas con estructuras exclusivamente de fábrica. En obras de este tipo, el replanteo es exclusivamente el de la fábrica, coincidente, como se verá con las distribuciones. En estructuras de hormigón armado el replanteo incluye el marcado de muros, pilares y zapatas (figuras 5.75 a 5.77). El marcado se realiza a ejes de muros y pilares, nunca a caras de los mismos. Los elementos marcados se prolongan hasta los dos o tres metros de la futura fachada del edificio. Allí se construyen unas camillas provisionales de fábrica de ladrillo, que permitirán conservar los ejes una vez comenzada la excavación. Sobre ellas se marca el eje al que sirven de referencia.

Figuras 5.75 a 5.77. Medición y replanteo con cinta métrica. Figuras 5.78 a 5.80. Construcción de las camillas de ladrillo. Marcado del eje de pilares. Figuras 5.81 y 5.82. Ritual de replanteo de las viviendas. Ofrendas utilizadas para el ritual.

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Los procesos de construcción Uno de los aspectos singulares de los procesos de construcción en Anantapur es el eterno reciclaje de los materiales que se emplean en la construcción. Las camillas de fábrica, una vez finalizado el replanteo, se demolerán, y el ladrillo empleado en su construcción se reciclará en el edificio que se está construyendo, o tal vez en otros edificios. Este reciclaje es continuo; en obras de nueva construcción es común recoger adobes o ladrillos cocidos de edificios cercanos en ruinas antas de empezar los trabajos de elaboración de nuevos adobes. El constructor recuenta entonces el material del que dispone y decide moldear o cocer un determinado número de piezas. El ritual. Terminado el proceso de marcado y replanteo de la vivienda, llamado Bhoomipuja (un término de difícil traducción, algo así como el acto previo a la ofrenda), se realiza la Puja, un ritual mágico-religioso para bendecir los trabajos 9 . La Bhoomipuja o replanteo es, desde la óptica tradicional, simplemente una preparación para el ritual. Resulta sorprendente que los trazos del replanteo no tengan, para muchos de los trabajadores, un sentido práctico, sino casi exclusivamente mágico. Incluso en los casos de autoconstrucción, en los que el replanteo ha sido realizado por el futuro usuario, la traza sobre el terreno tiene más de rito que de procedimiento técnico. Las marcas o triangulaciones que se han comentado se realizan siguiendo una suerte de guión cuyo sentido real no siempre se comprende. Es necesario el ritual, la Puja, para que las líneas cobren sentido y representen ya elementos reales del edificio. La Puja es un ritual en el que los responsables de las obras realizan ofrendas a los dioses antes de empezar con la construcción. En muchos sentidos es similar al resto de rituales realizados en la India con otros muchos motivos (bodas, nacimientos, etc.): se invoca al Dios correspondiente y se le realizan ofrendas, cuyos restos conservarán los interesados mientras deseen su protección. En el caso de las obras de construcción las ofrendas se realizan a la Diosa Tierra, ya que es ella la que proporciona materiales y asiento para el edificio. A la ceremonia acuden los trabajadores y los propietarios de la vivienda (en muchos casos la misma persona) y, de haberlos, constructores e ingenieros. El proceso habitual es el siguiente: se escoge una zona próxima al futuro acceso a la vivienda sobre las trazas del replanteo y se marca la tierra con los colores de la Diosa, (amarillo y rojo); tras ello se recitan los salmos tradicionales, en los que se pide protección para todos los participantes en el proceso de ejecución, y se ofrecen diversos frutos y flores. Lo corriente es romper los frutos y verter su contenido, conservando restos y cáscaras. Todos los objetos utilizados en el ritual, incluyendo estos restos y las piedras o pequeñas herramientas empleadas, son recogidos por trabajadores y propietarios, que los portan durante toda la obra a modo de talismán. También es costumbre bendecir, incluyéndolos en el ritual, pequeños objetos útiles: plomadas, niveles, etc. La tradición dice que una vez finalizado este rito el espíritu festivo acompañará a los trabajadores durante la construcción de la obra. La Puja no es, por lo tanto, un ritual que solicite protección para la vivienda una vez construida, sino que busca proteger a los trabajadores durante el proceso. Los accidentes en la construcción o las equivocaciones en el montaje se achacan a errores durante la Puja. El ritual se sigue realizando en la actualidad incluso en las obras de zonas industriales; en las figuras 5.81 y 5.82, los ingenieros locales realizan ofrendas durante el ritual.

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9. En las referencias bibliográficas localizadas, referidas casi siempre a la generalidad del estado de Andrha Pradesh, la Puja se celebra de un modo más elaborado, haciendo referencia dioses mayores y protegiendo no la ejecución de la vivienda, sino s sus ocupantes en el futuro: “Building a house in Andrha Pradesh today involves religious observances that commence with the election of the site […] The pundit, a Hindu priest, enjoins the family in prayers at the site. There he marks the positions of the corner poles, and coconuts are broken in a ritual intended to ensure the safety of the building. The householders dig the hole for the centre post and the coconut milk is poured into it. Nine coloured bean seeds, signifying the planets, are buried in the hole, invoking the protection of Vishnu, lord of the universe. Evil spirits are warded off with bunches of sacred mango leaves tied to the top of the house post, so that they protect the dwelling and ensure the prosperity of its occupants.” (Construir una casa en Andhra Pradesh hoy conlleva respetar las prácticas religiosas de la zona, que comienzan con la elección del sitio [...] El experto, un sacerdote hindú, reza con la familia en el sitio elegido. Allí se marca la posición de los postes de las esquinas, y se ofrecen cocos y otros frutos en un ritual destinado a garantizar la seguridad del edificio. Los jefes de familia cavan las cimentaciones y la leche de coco se vierte en ella. Nueve de semillas de frijol de colores, que representan los planetas, se entierran en el agujero, invocando la protección de Vishnu, el Señor del universo. Los espíritus malos se alejan mediante racimos de hojas de mango sagrado, atados a la parte superior de la casa, con la intención de proteger la vivienda y garantizar la prosperidad de sus ocupantes) (Oliver 2003, 183)


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5.5.2.- Movimiento de tierras y cimentaciones. Aunque empieza a ser habitual que las viviendas que se levantan en la zona incluyan una estructura de hormigón, lo más común, sobre todo en los casos de autoconstrucción, es que la estructura sea de muros de carga de fábrica de ladrillo de un pie de espesor, paralelos, distantes unos tres metros entre sí. Es un modelo sumamente simple, pero también lo es cuando se le añade (casi superpone) la estructura de hormigón mencionada, ya que ésta apenas modifica de facto el esquema inicial: aunque posibilita ampliar ligeramente la luz libre hasta los 4 metros, los muros no desaparecen, y siguen construyéndose paralelos y de un pie de espesor, ya que siguen siendo portantes. A la vista de las garantías que, como se verá, ofrecen los hormigones empleados no parece que confiar en los muros, al menos parcialmente, sea una mala idea. Las estructuras de hormigón no se conciben en Anantapur como elementos autónomos, pese a que cuentan con todos los elementos (zapatas, pilares, losas) de una estructura habitual. Su empleo supone, para los habitantes y constructores de la zona, una mejora de la construcción, sobre todo en lo relativo a su durabilidad. Las estructuras de hormigón no se entienden como un sistema distinto, sino como una suerte de complemento de la estructura de fábrica tradicional. La intención de este apartado no es la de ilustrar el modo de ejecutar estas estructuras, por lo demás bastante convencional en muchos aspectos, sino la de poner de relieve la pervivencia de esquemas de trabajo antiguos en sistemas de construcción modernos. Muchas de las viviendas que se construyen en la actualidad en Anantapur emplean el esquema estructural de hormigón y fábrica antes mencionado; aunque este sistema no tiene nada que ver, obviamente, con la tradición de la zona, las estructuras de hormigón armado que se construyen no dejan de tener interés desde un punto de vista histórico. Y no solamente en lo que toca al acercamiento al primer hormigón armado (se emplean hormigones con resistencias a compresión extraordinariamente bajas; elementos con escasas cuantías de armado; losas muy esbeltas, o soluciones de ferralla descartadas en la propia normativa India, sino también en lo referido a la organización del trabajo. Los procedimientos de hormigonado de elementos de gran tamaño, en espectaculares cadenas humanas, o la asignación de antiguos oficios a tajos nuevos remiten a modelos de trabajo enraizados en la tradición. Registrar esos modelos es el objeto último de este capítulo. Se estudian en este apartado el movimiento de tierras y las cimentaciones de hormigón y piedra. Las unidades no específicas de una estructura tradicional de hormigón (muros de mampostería, fundamentalmente) se construyen de forma similar en viviendas sin este sistema. Movimiento de tierras. El movimiento de tierras, generalmente de pequeña escala, no aporta datos de especial interés. Se realiza únicamente con medios manuales, empleándose para ello pala y punzón metálico. La profundidad de excavación habitual es de unos 0,80 m. para los muros de mampostería y de 1,50 m. para el fondo de zapatas. Es habitual encontrar rocas graníticas de gran tamaño en la excavación; si no pueden romperse manualmente con el punzón se procede a hormigonar directamente sobre la roca.

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Figuras 5.83 y 5.84. Excavación manual y replanteo en la excavación de zapata aislada.

Cimentación Las cimentaciones constan, por lo general, de zapatas de hormigón armado y muros de mampostería sobre los que, en ocasiones, se hormigonan vigas de atado que sirven como apoyo de los muros de partición y cerramiento. Este sistema es heredero de la tradición de la zona, donde las fuertes lluvias del monzón son capaces de arrastrar viviendas mal asentadas en pocos minutos. La función del sistema de zapatas, vigas y muros de arranque es no solo la de garantizar un apoyo correcto del edificio en el terreno sino, además, la de crear una plataforma semienterrada en el terreno que eleve ligeramente el piso y contenga el empuje del agua. Hay que tener en cuenta que, en años normales, el monzón modifica sustancialmente el nivel del terreno en algunas zonas; el sistema de cimentación y refuerzo perimetral antes mencionado contiene el desgaste del terreno bajo el edificio. El aspecto más singular de la ejecución de las cimentaciones es el hecho de que sean en muchos casos los albañiles-canteros (tradicionalmente encargados del muro de mampostería) quienes preparen la cimentación de hormigón, tanto en lo relativo a su encofrado como a su armado y hormigonado. El reciclaje de los oficios se produce siguiendo criterios de especialización que no responden exactamente a la lógica de producción habitual. Lo óptimo, en un esquema industrial tipo, sería que los encargados del hormigón estructural lo fueran para todo el edificio, máxime en construcciones tan pequeñas. Hay que tener en cuenta que el encargado de encofrar, armar y hormigonar la losa de cubierta será el carpintero, que tradicionalmente montaba la cubierta de caña y barro. Las formas de trabajo de carpinteros y canteros son radicalmente opuestas. La tradición parece imponer que ciertas zonas del edificio sean patrimonio de oficios concretos. La forma de trabajar del albañil-cantero se manifiesta en infinidad de detalles menores. Para trabajar el acero corrugado de un armado de cimentación, emplea un cincel (más bien una suerte de escafilador) y una maceta para golpear y cortar la barra sobre un bloque de piedra, según muestra la imagen. El carpintero, por el contrario, lo hará en la cubierta con sierras u otros sistemas. La reubicación de los oficios tiene así un interés no sólo antropológico y de producción, sino además técnico, ya que algunos de estos detalles tienen consecuencias para producto que se obtiene.

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Figuras 5.85 a 5.87. Herramienta para el doblado de redondos. Figuras 5.88 a 5.90. Armado de la cimentación. Figuras 5.91 a 5.93. Elaboración y montaje de separadores. Figuras 5.94 a 5.96. Montaje de la armadura del pilar.

Por lo demás, las zapatas de hormigón armado son en todo semejantes a las construidas en cualquier lugar de la India industrial; normalmente con forma acampanada, se asientan sobre una base de hormigón de limpieza, de dosificación 1:5:10, de unos 10cm. Sobre esta base se marcan el eje y los límites del pilar correspondiente; se pretende situar el arranque del pilar con precisión ya que su armado, de una planta, se colocará entero. Terminado el marcado se procede a la colocación del armado de las zapatas, que se prepara manualmente en obra (figuras 5.85 a 5.90). Los armados raramente se calculan de forma específica para las viviendas, de modo que se emplean armados tipo; en el caso de las parrillas de cimentación, el armado suele ser de redondos de acero corrugado de 12 mm. cada 15 cm. en ambas direcciones, terminadas en patilla de 15cm. y unidos con alambre. Las parrillas, de dimensiones aproximadas 1.00 x 1.00m., se colocan sobre separadores de unos 4 x 4 x 2,5 cm., fabricados en obra (en ocasiones son de piedra labrada, aunque lo más usual es que se realicen con mortero, tal como ilustra la figura 5.91)

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Los procesos de construcción Sobre la armadura de cimentación se coloca directamente el armado del pilar. No se crea ningún sistema de esperas, pese a que el pilar va hormigonarse posteriormente en varios tramos. La armadura se coloca entera, de una sola pieza, evitando así enanos y solapes. El montaje se realiza entre varios operarios, que sujetan la armadura en diferentes puntos; en el nivel del terreno, dos camones de madera sujetan la base; a media altura se colocan otros en forma de puntales. La armadura dispuesta para los pilares ha de ser sujetada por los operarios hasta que se comprueba que el apeo es correcto y el conjunto no vence lateralmente. Los puntales se mantienen hasta que se hormigona el primer tramo del pilar, normalmente hasta el nivel del terreno. Terminado el montaje del acero se lleva a cabo el hormigonado, como casi siempre de forma manual. En el apartado dedicado a losas y forjados se ha detallado el procedimiento de cadena humana empleado. El hormigón que se utiliza es generalmente de dosificación 1:2:4, hecho en obra. La consistencia suele ser seca. El vibrado se ejecuta mediante picado con barra. Al finalizar el hormigonado un operario da la forma acampanada a la zapata con una paleta.

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Figuras 5.97 a 5.99. Hormigonado de la zapata. Vertido de hormigón. Figuras 5.100 a 5.102. Hormigonado de la zapata. Apeo del pilar. Figuras 5.103 a 5.106. Hormigonado de la zapata. Acampanado. Figuras 5.107 a 5.110. Encofrado del primer tramo de pilar.


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Figuras 5.111 y 5.112. Pilar hormigonado y en fase de curado.

Fraguado el hormigón de la zapata se procede a encofrar el arranque del pilar hasta el nivel del suelo (figuras 5.111 y 5.112). La sección del pilar es de 23 x 23cm. Se arman habitualmente con 8 redondos de 12mm. y cercos de 10 mm. cada 30 cm. La dosificación del hormigón empleado es de 1:2:4. Las chapas de encofrado, habitualmente metálicas, se unen entre sí mediante tuercas y tornillos. Debido a las altas temperaturas y a la baja humedad ambiente de la zona es necesario emplear sistemas que garanticen la humedad suficiente para el curado. El procedimiento más utilizado es el tapado con sacos, tal como se aprecia en la figura, que deben mantenerse permanentemente húmedos. El muro de mampostería. Terminadas las zapatas se procede a la excavación de las zanjas para los muretes de mampostería, que se construyen con el fin de levantar un frente de contención de aguas que evite que la vivienda sufra inundaciones durante el monzón; pueden tener entre 60 cm. y un metro de profundidad. Estos muretes se crean bajo cada partición existente en la vivienda, de modo que cada muro de fábrica apoya en uno de ellos, o en las vigas riostras que en algunas ocasiones se interponen entre ambos. Por ello, en este momento es necesario realizar un replanteo completo de la distribución sobre el terreno. En algunas obras la Puja (ver apartado 5.5.1) se realiza en este momento. Lo cierto es que en obras sin estructura de hormigón, el primer replanteo es también, como es lógico, el de la distribución completa. La Puja tiene, desde esta óptica, un sentido de pregunta, de búsqueda de aprobación de la diosa a la distribución planteada. El murete de mampostería se ejecuta de un modo sumamente sencillo. El vaciado se realiza hasta el nivel inferior de la zapata; una vez terminado, se dispone una base con grava gruesa o de hormigón de limpieza, de un espesor de 10 cm. aproximadamente. En caso de ser de hormigón, la dosificación es de 1:5:10. Esta base se apisona antes de ejecutar el muro de mampostería. Los mampuestos, de piedra granítica de la zona, son labrados habitualmente en obra. La labra se realiza normalmente a maza y martillo, como es lógico, aunque el cantero maneja también escafiladores, punteros y distintos tipos de cincel. Es habitual que la piedra llegue a obra en grandes tamaños, por lo que el proceso para conseguir mampuestos manejables suele requerir una persona rompiéndola de forma permanente. Los mampuestos se toman en la actualidad con un mortero de cemento de dosificación 1:6, o se colocan en seco a la manera tradicional.

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En algunos casos, este muro servirá como base para el apoyo de las vigas que atan la cimentación y que contendrán, por encima del nivel del terreno, la solera de tierra compactada (en caso de que estas no existan la contención la realizan los muretes de mampostería). Su función no es sólo la de contención ya comentada; además forma parte de la trama que mejora el comportamiento del edificio ante el sismo, otro de los problemas que condicionan la construcción en la zona. Las vigas de atado de cimentación se arman también con redondos de acero de diámetro 12mm. y cercos del mismo diámetro cada 15 cm. La armadura pasa de negativo a positivo mediante el doblado de una sola pieza (figura 5.123). El acero es caro en la zona y la mano de obra resulta muy barata, lo que justifica este hecho; un peón puede cobrar alrededor de 1 euro por día, mientras que un kg. de acero cuesta 0,40 euros.

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Figuras 5.113 a 5.115. Excavación y base de grava gruesa y hormigón pobre bajo la mampostería. Figuras 5.116 a 5.118. Ejecución del muro de mampostería. Figuras 5.119 a 5.121. Armado de la viga de atado. Encofrado de de la viga de atado. Figuras 5.122 a 5.124. Hormigonado de de la viga de atado. Armado de refuerzo continuo.


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5.5.3. Fábricas. La ejecución de las fábricas de cerramiento y partición está sujeta también a los particulares modos de organizar el trabajo en la zona. En este caso, lo que resulta extraño no es tanto el proceso de ejecución como su relación con el resto de elementos del edificio. Como se ha comentado, el orden de ejecución de una unidad en obra es lo único que marca su prioridad en el esquema de producción; la pieza que se coloca en primer lugar condiciona la posición y el tamaño de la siguiente, que a la vez condiciona a la siguiente, etc. En lo relativo a las fábricas existe un ejemplo claro de este esquema de pensamiento: por lo general no se construye un hueco en un muro para una ventana de cierta medida, sino que es la ventana la que debe adaptarse al hueco existente. Es posible que el origen de esta forma de organizar el trabajo esté en el sistema tradicional de autoconstrucción de fábricas y contratación de carpinterías de madera. La fábrica, frecuentemente realizada por el usuario, se cuida poco; la carpintería es de pago y se hace más tarde, debe adaptarse a lo que hay. En el caso concreto de los huecos de puerta o ventana hay que tener en cuenta, además, que la construcción de una vivienda supone un gran esfuerzo económico para las familias, de modo que es posible que pasen años desde que se terminan las fábricas hasta que la familia vuelva a reunir lo suficiente para poder instalar sus carpinterías. No tendría sentido crear huecos específicos para carpinterías que no se sabe cuando llegarán a montarse. La ejecución de las fábricas es, como se ha dicho, poco cuidada. No hay tradición de ladrillo visto en la zona, y los revocos suelen ser gruesos e irregulares. Cerramientos y particiones se ejecutan con un espesor de un pie (23cm. aproximadamente) variando según constructor y zona el tipo de aparejo empleado; los más comunes son el inglés y el flamenco. En casos de autoconstrucción el aparejo es absolutamente irregular. Normalmente se emplea el adobe o ladrillo cerámico estudiado en el apartado de materiales, tanto en su variante manual como en la mecánica. Los cerramientos de adobe se reciben con mixture, una mezcla de barro y excrementos; los de cerámica, con mortero de cemento de dosificación 1:6, que suele realizarse manualmente. El proceso arranca con un replanteo de la fábrica, que se realiza sentando en seco sobre el soporte la hilada de arranque. En los muros más cuidados se colocan miras rectas en cada esquina y cada 4 m. en tramos rectos; entre ellas se tiran cuerdas para marcar el plano de la fábrica. El ladrillo se humedece antes de su empleo, y se coloca con un movimiento similar al restregón. Las fábricas se levantan por hiladas horizontales en toda la extensión de la obra, realizándose la trabazón mediante enjarjes. Los dinteles se forman con grandes piezas de piedra o con pequeños arcos escarzanos de ladrillo, muy rebajados. Terminada la fábrica, ésta se riega abundantemente para evitar que el ladrillo absorba un exceso de agua del mortero de rejuntado. Este hecho podría producir una reacción de hidratación insuficiente del cemento, lo que implicaría una resistencia menor de la esperada. Además de los huecos de luz y paso, los muros dejan en su parte superior otros huecos, los llamados Ventilators, de 20-30cm de alto por 80-100cm de largo. Éstos permiten la ventilación de las dependencias interiores, creando una corriente que renueva permanentemente el aire. El sistema se completa con las verandas exteriores y los voladizos sobre huecos de ventana, que minoran la posibilidad de entrada de luz y calor a la vivienda

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Figuras 5.125 a 5.127. Detalle de los materiales utilizados. Figuras 5.128. a 5.130. Ejecución de la fábrica. Figuras 5.131. a 5.133. Detalle de los ventilators, huecos para la ventilación natural.

Pilares de hormigón y muros de fábrica. Sobre la cimentación se levantan los pilares de hormigón. Como se ha comentado, la estructura de hormigón se concibe como una suerte de refuerzo de la de fábrica; por este motivo el albañil que levanta los muros encofra generalmente los pilares con ladrillo y los hormigona y vibra al tiempo que el muro va creciendo, en tramos de unos 50 cm. En viviendas de cierto tamaño empieza a ser común construir los pilares de forma previa a la fábrica, empleando para ello encofrados metálicos reciclados, traídos en muchas ocasiones desde zonas industriales. El procedimiento de armado, encofrado y hormigonado es, por lo demás, el habitual. Los pilares, generalmente de 23 x 23cm, se arman generalmente con 4 redondos de acero corrugado de diámetro 12mm, con estribos de acero corrugado de 6mm de diámetro cada 20cm, unidos con alambre. El pilar se encofra con madera, chapa reciclada o fábrica y aploma.

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Figuras 5.134. a 5.136. Ejecución de los pilares de hormigón.

El hormigonado se realiza, cuando el volumen previsto lo justifica, con el procedimiento tradicional de cadena que se detalla en el apartado dedicado a las losas, y el hormigón se vibra con el procedimiento de picado con aguja. Los encofrados necesarios se retiran a las doce horas, transcurridas las cuales los pilares se cubren con sacos de tela, tal como ilustra la figura, y se riegan con frecuencia para garantizar un curado aceptable. Las temperaturas máximas en Anantapur, de hasta 50 grados, justifican estos cuidados pese a que el agua es un bien muy preciado en la región, sobre todo durante la estación seca. En caso de que los pilares hayan sido encofrados con fábrica de ladrillo no se instala ningún tipo de separación entre ambos elementos; cuando se emplea encofrado metálico la superficie del hormigón se descarna para facilitar la unión entre hormigón y fábrica. Se pretende con ello que funcionen conjuntamente. En ocasiones, la trama de refuerzo de la fábrica que supone la estructura de hormigón se completa con una viga dintel, heredera de los dinteles de madera del esquema tradicional. Esta viga sirve no sólo como dintel para los huecos de puertas y ventanas sino también como arranque de los huecos de ventilación que se dejan en la parte superior de la fábrica.

5.5.4. Cubiertas Las cubiertas de madera, a excepción de los modelos más simples, son construidas por el carpintero. El de la carpintería es un oficio de importancia en toda la India, y también en Anantapur. Tradicionalmente, una vivienda era construida por el propio usuario en todo lo relativo a las fábricas (incluida la elaboración de las piezas), solados o revocos; pero las unidades de carpintería, cubiertas incluidas, eran contratadas s un especialista. Esta forma de organizar la producción ha sido estudiada por V.S. Pramar, quien propone además algunos motivos para la escasa presencia de sistemas abovedados en la zona: “A joint family could easily erect the mud walls and the only expert required was the carpenter for the roof. […] A wooden house […] required finely cut timber in large quantities and the assistance of a carpenter at all stages of construction. […] It was the roofing which could not be made of mud –as it was in the Middle East, using vaults and domes– because of the heavy rains of the monsoon” 10 . (Pramar 2005, pp. 210-211). 10. Una familia extensa podría levantar fácilmente las paredes de barro; el único experto requerido sería el carpintero para el techo. [...] Una casa de madera [...] requiere de madera cortada en grandes cantidades y la ayuda de un carpintero en todas las etapas de la construcción. [...] Los techos no podían construirse con barro, como en el Oriente Medio, con bóvedas y cúpulas, a causa de las fuertes lluvias de los monzones.

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Los procesos de construcción Aunque existen sistemas de cubierta que puede construir el propio usuario, lo normal es que estos den problemas si no se han ejecutado correctamente. Es un trabajo para un especialista; la cubierta era patrimonio del carpintero, y lo sigue siendo en el reparto actual de tajos. Las cubiertas tradicionales de madera son muy variadas en Anantapur. Existen sistemas muy simples basados en tramas de caña y atados de paja, y otros mucho más desarrollados, de madera cortada al hilo, con pares, correas, parecillos, etc. Entre ambos extremos pueden encontrarse infinidad de variantes de mayor o menor calidad. A continuación se describen los más habituales. Cubiertas planas. Existen diversos formatos tradicionales de cubierta plana. El más común consta de una estructura de rollizos de madera (coníferas, pero también bambú), de entre 5 cm. y 10 cm. de diámetro, dispuestos paralelamente cada 25 a 30 cm. Los rollizos asientan sobre un durmiente, compuesto por dos o tres redondos semejantes, recibidos en el muro. Todas las uniones se realizan mediante cuerda de esparto. Sobre ellos se tiende una trama de caña tejida, que se cubre con atados de paja, y una capa de impermeabilización de unos 5 cm. compuesta por una mezcla de arcilla y aceites. El sistema permite cubrir luces de unos tres metros, la distancia habitual entre muros de carga. Las cubiertas son relativamente ligeras, con una capacidad para soportar cargas muy limitada y en absoluto impermeables; por todo ello se disponen sistemas de evacuación rápida de aguas en cubierta, con pendientes del 10% y frecuentes rebosaderos. La cubierta requiere un mantenimiento cuidadoso; tradicionalmente es obligado renovar el barro de acabado al menos en dos ocasiones al año, antes y después del monzón. En la imagen se pueden apreciar algunos ejemplos de verandas en las que se ha empleado un sistema similar. Es difícil poder observar estos sistemas en el interior de una vivienda, ya que los techos se pintan y revocan continuamente.

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Figuras 5.137. a 5.139. Verandas de estructura semejante a las cubiertas planas. Figuras 5.140. a 5.142. Cubiertas inclinadas de caña terminadas en atados de paja.


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Figuras 5.143. y 5.144. Cubiertas de madera acabadas en teja.

Cubiertas inclinadas. Las cubiertas inclinadas, al menos las más sencillas, son muy similares en su estructura a las planas ya mencionadas. Suelen ser a un agua; si lo son a dos o más es porque existe un muro central sobre el que descargan los pares (existen vigas a modo de hilera, e incluso tirantes, en modelos más evolucionados). La estructura de base es idéntica (rollizos de madera de entre 5 cm. y 10 cm. de diámetro, dispuestos paralelamente cada 25 a 30 cm.). Los pares descansan igualmente sobre un durmiente, compuesto por dos o tres redondos recibidos en el muro. También aquí las uniones se realizan mediante cuerda de esparto. Sobre la estructura se tiende una trama de caña tejida cubierta por atados de paja, que funciona como sistema de aislamiento y de impermeabilización. Como es obvio, también estas cubiertas requieren un mantenimiento similar al de las planas, con refuerzos de los atados de paja antes y después del monzón. Como se ha comentado, existen cubiertas de madera mucho más complejas y cuidadas, aunque por lo general éstas se encuentran en las viviendas de las ciudades. En estos casos la madera se corta al hilo, las uniones se cajean con detalle y los sistemas estructurales van desde el par y picadero mencionado al par y tirante, con correas y jabalcones y cuadrales ocasionales. Existen diversos estudios sobre estas cubiertas, que exceden los límites de este estudio; en HaveliWooden Houses and Mansions of Gujarat, (Pramar 1989) el autor analiza con detalle sistemas, materiales y procedimientos de ejecución. La tradición en las cubiertas de hormigón. Terminados el muro de fábrica y los pilares de hormigón se procede a la ejecución de la losa de la cubierta. Como en casos anteriores, el análisis de este elemento, extremadamente simple, tiene interés en lo relativo a los procesos empleados para construirlo. Se trata de una unidad que, al contrario de lo que cabría esperar, realiza esencialmente el carpintero, empleando técnicas similares a las que utiliza al construir cubiertas, planas o inclinadas, de madera. Como se ha mencionado en la introducción, la cubierta era patrimonio del carpintero, y lo sigue siendo en el reparto actual de tajos. En la mentalidad de trabajo de la zona, él es el único capacitado (desde la óptica que se ha estudiado en el capítulo 2, Trabajo y sociedad) para cubrir los huecos dejados en la fábrica. El carpintero se responsabiliza hoy de la mayor parte de las unidades que incluye una estructura de cubierta de hormigón; encofrado, armado, hormigonado y desencofrado, construye los andamiajes necesarios para hormigonar y aplica los tratamientos de acabado, si hay alguno previsto. Muchas de estas unidades, sobre todo las de armado y hormigonado, no son propias de la carpintería y se resienten, como es lógico, de la reinterpretación que de ellas realiza el carpintero.

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Los encofrados de madera son muy simples, como lo eran antiguamente las cubiertas. Para montar el encofrado el carpintero emplea piezas y técnicas heredadas de la tradición. Las uniones combinan maclas, ataduras y clavos de madera y acero; los puntales, por ejemplo, se acodalan con piezas en Y (imagen 5.148), imitando la relación par-hilera tradicional. Para encofrar se emplea madera poco trabajada, en rollizos de unos 8 cm. de diámetro (o a gema en piezas de mayores), generalmente bambú, o distintas coníferas similares al pino. El tablero puede ser de madera o metálico de reciclaje. El armado más habitual de la losa está formado por una trama de redondos de acero corrugado de 12 mm. cada 15 cm. colocados en las caras superior e inferior de la misma.

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Figuras 5.145. a 5.148. Encofrado y andamiaje empleados para el hormigonado de la losa. Figuras 5.149. a 5.151. Armado de losa y viga. Figuras 5.152. a 5.154. Hormigonado de la losa. Figuras 5.155. a 5.158. Maestras para el llenado de agua de curado de la losa.


Los procesos de construcción El acero se trabaja de un modo distinto del mencionado en las cimentaciones; se corta, por ejemplo, con sierras de distintos tipos y no con el cincel mencionado en el capítulo de cimentaciones. El hormigonado se realiza por el procedimiento tradicional de cadena humana. Lo habitual es que se disponga una cadena de mujeres similar a la que se observa en las figuras 5.152 a 5.154 (son ellas, como se ha dicho, las que hacen los trabajos más duros) desde la zona en la que se fabrica el hormigón hasta el punto de vertido. El hormigón se transporta en cuencos de esparto o chapa, que las mujeres pasan de mano en mano. La rapidez en el transporte es fundamental, dadas las altas temperaturas de la zona. Tras el vertido, una segunda cadena lleva los cuencos vacíos de vuelta a la zona de fabricación, donde vuelve a cargarse de hormigón y reinician el ciclo. El procedimiento es heredero del empleado para verter barro en las cubiertas o en muros de tapial. Existen infinidad de pequeñas reglas relacionadas con este procedimiento. Las mujeres que forman la cadena de hormigón deben ser el doble que las de la cadena de retorno; los turnos se organizan en tres grupos, de manera que todas pasan dos turnos en la cadena de hormigonado y uno, de teórico descanso, en la de retorno; las mujeres de edad y las embarazadas tienen derecho a permanecer en la cadena de retorno, etc. Son reglas sencillas que se llevan a rajatabla; algunos de los cánticos que entonan las mujeres durante el trabajo hablan de los problemas de convivencia que genera no respetarlas. Terminado el fraguado del hormigón se procede al curado de la losa de cubierta. Para ello se realizan pequeños diques de contención con mortero y fábrica, con lo que se consigue un acuartelado interior que se rellena con agua; este sistema facilita que la losa se mantenga con una humedad constante. El tiempo de curado es de diez a catorce días, durante los cuales se mantiene el encofrado completamente apuntalado. Pasado este tiempo se procede al desencofrado.

5.5.5.- Carpinterías. La carpintería es un elemento de gran importancia en la construcción India. Da idea de ello la tradición que recoge E. Sacriste refiriéndose a la aldea Moslen: “Vale la pena destacar la puerta de entrada, resaltada por un marco de piedra y por la riqueza propia de la misma, totalmente tallada. […] Cuando esta población emigra, lo único que se lleva de su casa es dicha puerta de acceso, aunque es probable que haga lo mismo con el marco, complemento importante de aquella” (Sacriste 1968, p. 18)

Sin llegar a este extremo, en la provincia de Anantapur la carpintería sigue siendo un elemento fundamental, ya que su calidad (y de modo específico la de la puerta de entrada) da la medida de la categoría social de los individuos que la habitan. Al contrario que en otras provincias, en Anantapur no es tan importante su decoración (que suele ser relativamente simple; el trabajo de la madera no tiene aquí la espectacularidad de otras zonas cercanas) como su firmeza y dimensiones. La puerta es un elemento vistoso, para impresionar al invitado, y de encargo, ya que el dueño de una vivienda la exhibe para mostrar que pudo permitirse su compra, realizada muchas veces por encima de las posibilidades de la economía familiar. Las carpinterías son siempre de madera, tanto en el exterior como en interiores. Normalmente el carpintero emplea para fabricarlas frondosas y coníferas de muy distintos tipos; la variedad de maderas que se emplean para la construcción en la India se estudia en diversos manuales sobre el tema (Pramar 2006).

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Los procesos de construcción Lo habitual es que se monten puertas y ventanas lisas o con cuarterones, de dos hojas, con un fijo superior de ventilación, con cerco y generalmente sin vidriería –reservada a construcciones climatizadas; hospitales, etc.– pero sí con una rejilla –antiguamente madera calada, hoy de acero– y una mosquitera que se pintan, como la carpintería, una vez colocadas. La madera suele cortarse y dejarse a secar antes de empezar con la construcción; las mejores escuadrías se reservan para estructuras, puertas y ventanas, y las más irregulares, para encofrados y andamios. Tradicionalmente era el futuro usuario de la vivienda quien cortaba la madera. Como se detalla en el capítulo dedicado a Trabajo y sociedad, el carpintero aportaba sólo la mano de obra necesaria para trabajarla. La madera se acopiaba cerca de la obra para que ésta estuviese ya seca llegado el momento de su colocación. En Anantapur hay fuertes cambios de humedad, con lo que el momento ideal para empezar la recolección es el inicio de la estación seca. Como ya se ha dicho, toda la carpintería se fabrica a medida en obra, ajustándose a los huecos dejados por el ladrillo. El carpintero no tiene un taller en la ciudad, ni tampoco lo instala al llegar al tajo: es habitual que llegue sólo con sus herramientas y trabaje la madera directamente sobre el suelo. Emplea útiles muy sencillos; azuelas para el escuadrado, pequeñas sierras de mano para el corte, cepillos y escofinas para el desbastado, formones y mazas de madera para las cajas, etc. Las uniones más delicadas se hacen con diversas escopleaduras; las más simples, con clavos de acero y madera. En la actualidad empieza a ser común que se preparen los cercos antes de ejecutar la fábrica. Los cercos, a modo de premarco, se reciben en la fábrica según esta va creciendo. Esto supone un cambio radical de mentalidad; que sea la fábrica la que se someta al hueco es contrario a la lógica habitual. Sin embargo, y aunque pueda parecer que este cambio acercaría los modos de construcción a los modelos industriales que conocemos, no es así. Las hojas de la carpintería se siguen fabricando en obra, y a medida, en la mayor parte de los casos. Este es un ejemplo claro de adaptación parcial en el que queda claro que los nuevos modos se aceptan, en ocasiones, sin comprenderse realmente.

Figuras 5.159. y 5.160. Trabajo de la madera. Figuras 5.161. a 5.163. Recibido de cercos y huecos de ventana.

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Los procesos de construcción

5.5.6. Solados. Los solados de las viviendas más humildes se construyen con una simple solera de grava y arcilla compactada, que quedaba contenida en el recinto que cierra el murete de mampostería. Este sistema – ampliamente estudiado y reivindicado en la India, ya que tiene, entre otras muchas virtudes, la de permitir el aprovechamiento de la inercia térmica del terreno– requiere cierto mantenimiento, como es lógico: el suelo de la vivienda se rastrillaba, rellenaba de tierra y compactaba dos veces al año. En la actualidad es habitual que sobre esa capa de grava y tierra compactada se coloque un solado de piedra, al que antiguamente accedían sólo las familias pudientes. Los suelos de arcilla son construidos por el propio usuario. Los de piedra, sobre todo los más elaborados de interior, por un solador. Este es oficio especializado en la India, casi tanto como el de carpintero. El trabajo de la piedra para solados, su replanteo, talla y colocación, requieren habilidad y experiencia (al contrario de lo que sucedía con el mampuesto colocado en el murete, que generalmente construye el usuario). Existe entre el carpintero y el solador una gran diferencia: la carpintería es indispensable para la construcción de cualquier edificio, ya que éste debe necesariamente contar con cubierta, puertas y ventanas. Los solados de piedra no son en rigor necesarios; una vivienda solada en piedra es un pequeño lujo. El solador (que por lo demás funciona de modo similar al carpintero: raramente aporta el material, lo prepara en obra, no dispone de taller, trabaja sobre el suelo, etc.) no tiene conciencia de estar creando un elemento funcional sino decorativo, que pone de manifiesto la clase social a la que pertenece su propietario. La ejecución de una solera tradicional comprende el vertido de varias capas de tierra y grava compactada (lo normal son tres capas de 10 cm. de árido de 40mm., aproximadamente), y una capa más de 5 cm. de arcilla de acabado. En caso de que se desee solar la vivienda con piedra, esta última capa se sustituye por un hormigón pobre realizado con grava media. El compactado se realiza manualmente, mediante pisones de madera. Para los solados se emplean las piedras naturales mencionadas en el capítulo de materiales, fundamentalmente Cuddapha (laminar, de color gris oscuro, similar a la pizarra, generalmente en piezas de gran formato) y calizas de distintos tonos. Las piezas de solado se tallan y escuadran a mano en el tajo. En obra se reciben placas de piedra de tamaño variable, de unos 0,80 x 0,80 m. como máximo. El oficial hace un primer despiece de las baldosas, buscando aprovechar al máximo el material, y talla piezas de unos 0,25 x 0,25 cm. Tras esto, decide una medida para la pieza acabada, que se replantea sobre las placas. Con un pequeño cincel, de apenas 10 cm. (que en algunos casos tiene un mango de madera sobre el que se golpea, de modo que resulta más parecido al escoplo de un carpintero) y un martillo talla las piezas, creando primero un octógono al cortar a 45º las esquinas y rebajando luego el sobrante. La precisión de la baldosa terminada, como puede observarse en las imágenes, es espectacular. Las piezas, de unos 3 cm. de espesor, se reciben sobre una cama de mortero de cal o de cemento, de dosificación 1:8. La baldosa se sienta con una maza y se rejunta con una lechada. En algunos casos se lleva a cabo un pulido a máquina, pero por lo general la piedra, apomazada desde la cantera, se deja en crudo.

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Los procesos de construcción

Figuras 5.164. y 5.165. Trabajo de las piezas de solado. La piedra llega al tajo sin un desbaste definitivo de borde, lo que posibilita su ajuste a la medida del espacio disponible. Figuras 5.166 a 5.168. Material y herramienta para emplastecido y pintura.

5.5.7. Acabados. El acabado tradicional de las viviendas realizadas en adobe era un tendido de barro que, tal como se detalla en el Capítulo 3, implicaba ciertos cuidados por parte del usuario; tradicionalmente se recubría toda la fachada, de forma semanal, con una capa de arcilla, y se blanqueaba con cal o pinturas. Actualmente, en las viviendas de ladrillo cocido todos los paramentos, verticales y horizontales, interiores y exteriores, se revocan y pintan para evitar en lo posible estos problemas de mantenimiento. Los mismos revocos (hoy día enfoscados con mortero de cemento, sumamente rígidos) se dan también sobre viviendas construidas en adobe, con los malos resultados (agrietamientos, frecuentes desconchones) previsibles. Es habitual pintar con mucho colorido las fachadas y realizar murales sobre ellas, con motivos naturales o religiosos; en las obras realizadas en los campus de la Fundación Vicente Ferrer son comunes las ilustraciones ensalzando su labor. Los revocos, de cal antiguamente y de mortero de cemento y arena en la actualidad, se dan, en algunas ocasiones, directamente con las manos, aunque es corriente emplear diversas llanas y dar al paramento un acabado liso, generalmente a buena vista. Las técnicas de aplicación son las comunes, aunque es habitual que, sobre la superficie revocada en basto, se proceda a dar, tanto en el interior como en el exterior de la vivienda, un emplastecido de cemento blanco, aplicado con una pequeña espátula.

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Los procesos de construcción Sobre el revoco terminado se aplican diferentes pinturas, con base de cal y colorantes naturales, en muchas ocasiones de origen orgánico. Si la pintura no es blanca, el operario mezcla con las manos los pigmentos previstos en obra. Hoy día se emplea también pintura plástica, más estable y duradera. La pintura se aplica con una brocha común, casi nunca con rodillo, o directamente con las manos, empleando la misma técnica que se usa en los revocos.

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Construcción y religión. Los shilpa Shastras

5.6. CONSTRUCCIÓN Y RELIGIÓN. LOS SHILPA SHASTRAS.

11. Esta es una nota sobre algunas tradiciones de construcción en la India Central. Muchas de las consideraciones que siguen son generales, y por lo tanto no pueden aplicarse a determinados contextos históricos, sociales, etc. Discúlpese esta generalidad en favor de una más fácil comprensión de los argumentos expuestos. Donde sea necesario se hará referencia a la especificidad de determinados datos o planteamientos.

Los Shilpa Shastras, manuales sagrados sobre arte y arquitectura, resumen la especial mezcla de técnica y magia que caracteriza la arquitectura India. El estudio de estos manuales permite comprender técnicas y sistemas de construcción, así como procedimientos de organización de la producción. En adelante se estudian estos sistemas de organización de la producción en la industria de la construcción India y su relación con las raíces tradicionales que representan los Shastras. Las antiguas tradiciones artísticas de la India Central 11 fueron transmitidas oralmente desde tiempos védicos, y sólo comenzaron a manuscribirse con la llegada del hinduismo. Los registros escritos que conservamos se agrupan bajo el nombre de Shilpa Shastras, un conocido corpus de textos sobre arte y arquitectura Hindú. Los Shastras están lejos de ser un conjunto coherente de manuales; se trata, en realidad, de un grupo poco homogéneo de textos sagrados en los que se establecen las diversas reglas (las más de ellas relativas a cuestiones iconográficas y de actitud frente al objeto) necesarias para crear de acuerdo con los ideales divinos. Los Shastras eran manuales de carácter sagrado, dictados de la divinidad, accesibles sólo para los sthapatis o sacerdotes. Existe consenso entre los estudiosos actuales en considerar que habrían sido fijados colectivamente en los siglos X-XI por copistas y adaptadores sobre la base de la tradición oral transmitida durante siglos por los sthapatis. Su lectura permite comprender la especial mezcla de técnica y magia, muy difíciles de desligar todavía hoy en ciertas regiones, que caracteriza la arquitectura India. La historia del arte ha estudiado con detalle estos Shilpa Shastras, y ha recurrido a ellos para apoyar determinados modelos de justificación teórica del arte hindú. Hoy día es posible encontrar un buen número de ensayos que estudian iconografías y estilos pictóricos o escultóricos de raíz hindú desde las claves que proporcionan los Shastras.

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Construcción y religión. Los shilpa Shastras La dimensión mágica de los Shastras también ha sido estudiada en profundidad desde la antropología. De modo similar a como sucede en cierta tradición europea, los Shastras asocian magia y arte a través de reglas relacionales. En el caso de la arquitectura, por ejemplo, establecen un sistema de proporciones entre partes del edificio; el respeto de este sistema relacional técnico-mágico garantizaría a usuarios y constructores la bondad de proceso y resultado. Los detalles técnicos descritos en los Shastras también han sido objeto de algunos estudios. En lo que se refiere a la construcción arquitectónica, los Shastras establecen criterios para diseñar y construir templos y otros edificios. El conocido capítulo del Manasara dedicado a las columnas es buen ejemplo de ello: las reglas relacionales antes mencionadas se aplican en este caso al estudio de la altura de una columna y su base. Algunos preceptos contenidos en los Shilpa Shastras, sin embargo, no parecen demasiado razonables desde un punto de vista técnico. En este punto existe, en general, cierto consenso en torno a la lectura que hacía George Michell en 1977: “From the language in which these works are written and the fragmentary nature of much of the information they contain, it appears that the known Shastras are much more likely to be theoretical writings of the theologians […] than the manuals of architectural and artistic practice compiled by builders and craftsmen. […] The lack of technical information in the Shastras reveals their true function as a collection of rules which attempt to facilitate the translation of theological concepts into architectural forms.” (Michell 1977, p. 78) 12 .

Estudios recientes han revisado, confirmándola en lo esencial, esta lectura. V.S. Pramar afirmaba recientemente: “G. Michell has made a small mistake here. It was not the Brahman who wrote the treatise on architecture but a learned craftsman who raised himself to Brahmanhood by incorporating theological material into his text” (Pramar 2005, p. 05) 13 . El hecho es que es difícil encontrar correspondencias entre lo descrito en los Shastras y los templos que conservamos: “One would expect that it would be easy to discover at least one medieval temple built according to these Shilpa prescriptions. But it is not the case. Stella Kramrisch, reputed scholar of ancient Indian texts and temples, has, despite a serious quest, been unable to furnish a single example where text and temple match each other in their actual dimensions and proportions” (Pramar 2005, p. 03) 14 .

Así, los estudios sobre la historia de las construcciones Indias se han centrado, por lo general, en el análisis histórico y arqueológico de los numerosísimos restos de templos de todo tipo. Solo las fastuosas construcciones de origen Mughal han sido objeto de estudios rigurosos en lo que se refiere a procedimientos de construcción, organización, funcionamiento y diseño estructural. No así las construcciones Hindúes, cuyos códigos son, en lo esencial, ajenos a las tradiciones de raíz árabe. 12. A partir de la lengua en que están escritas estas obras y la naturaleza fragmentaria de la mayor parte de la información que contienen, parece que los Shastras conocidos tienen muchas más probabilidades de ser escritos teóricos de los teólogos [...] que manuales de arquitectura y práctica artística compilados por constructores y artesanos. [...] La falta de información técnica de los Shastras revela su verdadera función como conjunto de normas que tratan de facilitar la traducción de conceptos teológicos en formas arquitectónicas. 13. G. Michell ha cometido aquí un pequeño error. No eran los Brahmanes los que escribían los tratados de arquitectura, sino artesanos autodidactas que accedían a la condición de Brahmanes incorporando material teológico a sus textos. 14. Puede pensarse que sería fácil de descubrir, al menos, un templo medieval construido de acuerdo con estas recetas Shilpa. Pero no es el caso. Stella Kramrisch, reputada estudiosa de los antiguos textos y templos de la India, ha sido, a pesar de su rigurosa investigación, incapaz de proporcionar un solo ejemplo en el que texto y templo coincidan en dimensiones y proporciones.

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Construcción y religión. Los shilpa Shastras Shastras, ciencia y técnica. La realidad es, como se ha dicho, que pocos Shastras contienen indicaciones exactas sobre detalles o procedimientos técnicos o científicos. Muchas veces estas indicaciones son simples descripciones de ritos religiosos, de los que es preciso extractar un trasfondo técnico que no siempre es evidente. En lo que se refiere a la construcción de edificios, los Shilpa Shastras no proporcionan demasiada información sobre procedimientos de cálculo, si es que se empleaba alguno, o sobre sistemas de ejecución. Las escasas notas existentes sobre el diseño de elementos estructurales, por ejemplo, son poco elaboradas. El capítulo del Manasara dedicado a las columnas afirma que la relación entre la altura de una columna y su base puede ser del doble, una vez y tres cuartos, una vez y media y una vez y cuarto, a la vez que contempla la posibilidad de columnas de sección cuadrada, octogonal, de dieciséis lados o circular (y detalla minuciosamente los nombres y atributos de cada una de ellas), pero en ningún momento relaciona estas posibilidades formales con el material con el que se construyen las columnas, con las cargas previstas, las luces que cubren las vigas que descargan sobre él, etc. Tampoco las descripciones de los procesos de construcción que proporcionan los Shastras ofrecen detalles completos. El Shilpa Prakasha 15 dedica algunas slokas –líneas- a la descripción del proceso de ejecución de las bóvedas de aproximación de hiladas. La mayor parte de las indicaciones son razonables, pero resulta poco menos que imposible construir una estructura exclusivamente con ellas. “The first corbel layer should be made with great care. The next upper layer above that wall should be in the same form, increased by one half part of its depth. […] Inside the hall the entire part is in the shape of a rounded moulding. On the opposite side (on the front part) the stone remains as it is (uncut, flat)” (Boner 2005, p. 175) “Having taken the (interior) width of the hall, it should be divided into five. Leaving aside the two middle parts, the remaining parts are determined for the corbel” (Boner 2005, p. 179) “The roof part is constructed with bonded stones oversailing one another. Above one stone half of the next is joined. These stones of equal shape are oversailing one another by one half part. On the side of every stone holes are made according to rules” (Boner 2005, p. 337) “In those holes copper cramps with two points are fixed. Thus the whole temple becomes extremely solid. […] Only by joining this roof the temple becomes strong. The top part consists of strong bondings. […] On the outer part it should be carved deep” (Boner 2005, p. 339) 16 .

15. Muchos de estos textos todavía están siendo estudiados y contrastados. Al corpus principal de los Shastras más conocidos se han añadido otros textos, generalmente menores, cuya autenticidad todavía se estudia y debate. Es el caso del Shilpa Prakasha; las ilustraciones que acompañan a la reciente reedición de la traducción de Alice Boner han sido puestas en duda por algunos estudios (Donaldson, 1981). 16. La primera capa en ménsula debe hacerse con sumo cuidado. La siguiente capa superior por encima de la pared que debe hacerse en la misma forma, aumentando en la mitad de su profundidad. [...] En el interior, la sala debe tener forma de moldura redondeada. En el lado opuesto (en la parte delantera) la piedra se mantiene sin tratar (no cortada, plana). (Boner 2005, p. 175). Una vez tomado el ancho (interior) de la sala, éste debe ser dividido en cinco. Dejando de lado las dos partes centrales, las restantes se determinan para la ménsula. (Boner 2005, p. 179). El techo se construye con piedras en ménsula, depositadas unas sobre otras. Sobre una piedra se solapa la mitad de la siguiente. Estas piedras, todas de igual forma, sobresalen unas sobre otras en su mitad. En el lateral de cada piedra se practican agujeros de acuerdo a las normas (Boner 2005, p. 337). En estos agujeros se insertan grapas de cobre fijas a dos puntos. Así, el templo se convierte en un conjunto muy sólido. [...] Sólo por unirse a este techo el templo se hace fuerte. En la parte superior se sitúan fuertes uniones. [...] En la parte exterior debe ser tallada profundamente (Boner 2005, p. 339).

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Construcción y religión. Los shilpa Shastras

Figura 5.169. Notas del autor sobre algunas láminas del Shilpa Prakasa.

Los Shastras ofrecen también escasa información sobre la organización del trabajo en la construcción. El segundo capítulo del Manasara, por ejemplo, está dedicado a las habilidades del arquitecto y de los oficios que intervienen en el proceso: responsables de medición y replanteo, carpinteros, albañiles, etc. Se ofrecen en él detalles acerca del trabajo que debe desempeñar cada uno, así como sobre su importancia. No se dan, en cambio, datos acerca de sus relaciones: los detalles de la organización del trabajo artesanal son ajenos a la vocación religiosa de los Shastras, objetos sagrados que en ningún caso podrían describir de manera explícita un esquema de producción: It is impossible to build houses without the aid of these four descriptions of artisans: therefore, let the enlightened twice-born (the Brahmins) gratify them in every respect. Woe to those who dwell in a house not built according to the proportions of symmetry.” (P. 15) 17 .

Los textos sagrados y la organización del trabajo. La organización del trabajo en la India rural hunde sus raíces en el conocido y muy rígido sistema de castas. Abolido desde hace décadas, este sistema pervive en muchas zonas rurales; su análisis, sumamente complejo, excede los límites de este trabajo. Un gran número de ensayos estudian y documentan las particularidades del sistema de castas (Pavlov 1975), que es siempre un capítulo fundamental en cualquier Historia de la India (Metcalf 2003). En la provincia de Anantapur, el sistema de castas (que está desapareciendo de muchos aspectos de la organización social, sobre todo lo relativo al acceso a los servicios públicos) sigue estando fuertemente arraigado en lo tocante a la organización del trabajo. 17. Es imposible construir casas sin la ayuda de estas cuatro descripciones de los artesanos: por lo tanto, dejad que el ilustrado dos veces nacido (el brahmán) los satisfaga en todos los aspectos. ¡Ay de los que moran en una casa no construida de acuerdo con las proporciones de simetría!

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Construcción y religión. Los shilpa Shastras En lo que afecta a las relaciones entre industria y tradición, conviene tener en cuenta que la casta de un individuo viene determinada por su nacimiento. No es posible cambiar de casta en vida, sean cuales sean los méritos conseguidos. La casta a la que pertenece un individuo condiciona su posición en la sociedad a todos los niveles, incluyendo el rango de trabajos que puede desarrollar. Como consecuencia, el individuo que desempeña una tarea (o, en el sector de la construcción, el que ejecuta una unidad concreta) no es quien tiene más capacidad para ello, sino quien pertenece a la casta facultada para desempeñarla. No es la habilidad de un trabajador lo que le capacita para desempeñar una función; es sólo su posición social la que le permite acceder a ello. Los pasajes contenidos en los Shastras dibujan un esquema de organización del trabajo muy particular, íntimamente relacionado con el sistema de castas. En su History of Architecture and Ancient Building Materials in India (Tech Books International. New Delhi, 2003), Satish Chandra analiza los conocimientos técnicos que poseían estos oficios y el modo en el que los transmitían de unas generaciones a otras. “There was a gap between the theory and practice amongst the artisans. This deficiency was very distinct and has attracted the attention of many people. Thomas Williamson […] wrote in 1810: ‘Some of the Rauz, or bricklayers, in India, are very clever, so far as relates to mere practical operations; but they have not the smallest idea of planning from paper, or in paper’ […] This being the living bread there was no documentation of the material and technique. The science passed through the hereditary. This is the reason why the knowledge about the materials and their application technique […] is successively disappearing” (Chandra 2003, p.176) 18 .

En A Social History of Indian Architecture (Pramar 2005) el autor estudia el modo en que los oficios tradicionales conseguían y gestionaban sus encargos: “Carpenters, blacksmiths, potters, are throughout India itinerant workers who have to wander to find clients or be near to them to await their call […] A carpenter always worked to order […] He never produced articles in advance and stocked them in his dwelling or shop in the expectation that clients would come to buy.” (Pramar 2005, p.14) 19 .

Ambos describen un esquema de funcionamiento en el que los trabajadores en oficios relacionados con la construcción, casi siempre itinerantes, no disponían de talleres o almacenes propios; contaban apenas con su habilidad, adquirida generalmente en el entorno familiar, y con la herramienta, que formaba parte de su atuendo. No trabajaban si no era para un encargo concreto. El cliente se acercaba a la plaza pública a solicitarlos, y contrataba su trabajo. El material corría siempre por cuenta del cliente. El trabajador no acopiaba materiales elaborados; producía ladrillos o carpinterías sólo cuando eran estrictamente necesarios. Cuando dejaban de serlo, la producción paraba. 18. Existía una brecha entre teoría y práctica entre los artesanos. Esta deficiencia era muy notable, y ha atraído la atención de muchas personas. Thomas Williamson [...] escribió en 1810: «Algunos de los Rauz, o albañiles, en la India, son muy inteligentes en lo que se refiere a la mera práctica de operaciones, pero que no tienen la menor idea de cómo trabajar sobre y desde planos o escritos. [...] Por ello, no existe documentación sobre materiales o técnicas. La ciencia pasa a través de la herencia. Esta es la razón por la que el conocimiento sobre los materiales y su aplicación técnica [...] está en vías de desaparición. 19. Carpinteros, herreros, alfareros, son en toda la India son trabajadores itinerantes que tienen que recorrer grandes distancias para encontrar clientes o para estar cerca de ellos a la espera de su llamada. [...] Un carpintero siempre trabaja por encargo. [...] Nunca produce artículos por adelantado y los almacena en su vivienda o negocio a la espera de que los clientes vengan a comprarlos.

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Construcción y religión. Los shilpa Shastras Este esquema de producción pervive en muchas zonas rurales de estados como Karnataka o Andrha Pradesh. En edificios autoconstruidos, todavía muy comunes, el usuario fabrica su propio ladrillo y busca, tal como se ha indicado, los oficios especializados que necesita puntualmente (fontaneros, carpinteros, etc.). Es cierto que, debido a la industrialización creciente de las grandes ciudades cercanas, ciertas pautas del sistema de gestión de obras mayores ha cambiado (existen constructoras que reciben el encargo del cliente y gestionan la construcción, evitando el trato directo de éste y el trabajador) pero, en la mayor parte de las zonas rurales a las que nos referimos, las fábricas casi nunca acopian material: lo habitual es fabricar en obra sólo los ladrillos necesarios, construir in situ las carpinterías de madera, despiezar y escuadrar en el tajo las baldosas de piedra. Equilibrio y producción. A través de la observación directa del trabajo en las construcciones tradicionales de las zonas rurales de la India central es sencillo percibir que varias de las ideas principales de los Shastras están presentes en los esquemas de organización del trabajo: se trata, entre otras, de ideas como equilibrio, entendido como respeto a las esencias de la naturaleza, o no acción. Ambos son conceptos, como es sabido, centrales en toda la literatura tradicional de raíz Hindú, heredados tanto de las tradiciones budistas como de las raíces védicas. El tantra, una tradición ancestral que se remonta a las civilizaciones neolíticas en el valle del Indo, es en esencia un método para alcanzar la verdad a través de estas vías. La relación entre estos conceptos y la tradición arquitectónica hindú ha sido estudiada casi siempre en clave estructural. En muchas ocasiones se ha puesto en relación la idea hindú de equilibrio/respeto a la naturaleza con el sistema de construcción abovedada mediante aproximación de hiladas, ya que éste es un sistema que permite colocar nuevas piezas respetando el estado de las piezas previas. Un sistema que no altera, en lo esencial, el orden sobre el que se asienta. A. K. Coomraswamy estudió estos y otros detalles en The Transformation of Nature in Art (Coomaraswamy 1934): “The shikhara of the northern Indian temple has a tapering curvilinear form which is traditionally constructed according to a system known as corbelling, in which each layer of stones projects slightly inwards beyond the layer below it, the successive layers gradually tapering upwards to be closed off by a single large […] capstone.” (Coomaraswamy, A. K. 1934, p.05) 20 .

No es habitual, sin embargo, relacionar estos conceptos (respeto, equilibrio) con la organización tradicional de la producción en las construcciones Indias. Pero resulta evidente, a través, como se ha dicho, de la observación directa de la construcción tradicional en las zonas rurales, que los procesos de ejecución están fuertemente condicionados por estas ideas. Veamos como. 20. El shikhara de los templos del norte de la India está rematado con una forma curvilínea que se construye tradicionalmente en ménsula, en la que cada capa de piedras se proyecta ligeramente hacia el interior, sobre la capa situada bajo él, con las sucesivas capas disminuyendo gradualmente hasta cerrarse con una sola gran pieza de culminación.

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Construcción y religión. Los shilpa Shastras

Figuras 5.170 y 5.171. Carpinteros en el siglo XIX y en la actualidad. (Anand 1981, p. 12 y fotografía del autor)

En cualquier construcción levantada al modo tradicional, el orden de ejecución de una unidad en obra es lo único que marca su prioridad en el esquema de producción. La pieza que se coloca en primer lugar condiciona la posición y el tamaño de la siguiente, que a la vez condiciona a la siguiente, etc. Por lo general no se tiene en cuenta una partida hasta que está terminada la partida anterior, de manera que un constructor que siga el modo de funcionamiento tradicional sólo pensará en una unidad cuando esté lista la unidad previa. Por ejemplo: no se construye un hueco en un muro para una ventana de cierta medida; es la ventana la que debe adaptarse al hueco existente. No modificar un hueco en un muro, instalando una carpintería que se adapte a él, es respetarlo. Este mismo respeto por lo ya construido es lo que da lugar a otras muchas soluciones tradicionales, la más conocida de las cuales es, sin duda, la ya citada estructura de cubierta mediante aproximación de hiladas. Las raíces de esta actitud ante el objeto artístico están en los Shastras, y también en otros textos antiguos 21 . Esta regla tiene algunas implicaciones importantes también en lo que se refiere a la producción. La principal es que la mayor parte de los trabajos se hacen en obra, incluyendo aquellos que, siguiendo una lógica industrial, sería más razonable llevar a cabo en un taller. Esto justifica el esquema de producción descrito en el segundo apartado de la presente comunicación, según el cual los oficios relacionados con la construcción trabajaban a demanda, y eran por ello casi siempre itinerantes, no disponiendo de talleres o almacenes propios. También condiciona la planificación de los trabajos: continuando con el ejemplo de la carpintería, normalmente un carpintero se negará a empezar una obra (ni tan siquiera para preparar el taller improvisado, o los materiales) hasta que no estén rematados los huecos en que debe trabajar. Esta actitud responde a un razonamiento arraigado en las tradiciones antes mencionadas. La idea de planificación de la producción al modo occidental resulta, por todo ello, extraña a la cultura de la construcción tradicional India. Lo cual no quiere decir que no haya una cultura de la planificación; la hay, por supuesto, pero responde a problemas diferentes.

21. La filosofía india clásica consideraba que el objetivo ideal es la reintegración del ser en la totalidad, en la divinidad en suma, a través del nirvana (literalmente, el acto de apagar la llama). Esa búsqueda del ideal ha de ser necesariamente equilibrada en tanto que es diferente para cada ser: “El propio señor creador estableció la variedad y diferenciación de todos los objetos de los sentidos, propiedades y formas. Por la autoridad de los vedas formó en el mismo principio el nombre y la forma de las criaturas […] De esta manera hizo las criaturas con las cualidades adecuadas a su propósito” (Doniger 1975, p.47).

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Construcción y religión. Los shilpa Shastras Figura 5.173 a 5.175. Láminas del Shilpa Prakasa. (Boner 2005, lam. XXXV)

Es importante resaltar que son las ideas antes mencionadas las que generan estos esquemas de organización de trabajo, y no al contrario. En las construcciones industrializadas de hoy es posible encontrar todo tipo de elementos prefabricados, perfectamente asimilados desde hace mucho tiempo por los estupendos constructores locales. En estos casos son estos elementos prefabricados los que, sencillamente, deciden el orden en el proceso de producción. El cerco de un hueco de ventana, por seguir con el ejemplo anterior, forzará la ejecución de la fábrica, como sucede, por otra parte, en otros modelos de construcción.

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Construcción y religión. Los shilpa Shastras

Construcción y religión. Figuras 5.176 a, b, c, d, e, f y g. Láminas del Shilpa Prakasa. (Boner 2005, lam. 0)

La India es un país de contrastes. El rápido desarrollo de las grandes ciudades industriales, al calor de la actual estabilidad política, convive con los antiguos modos de vida de las zonas rurales. Los cambios que origina el desarrollo industrial se están extendiendo con rapidez, y afectan ya, en diferente medida, a mucha de la superficie del país. El sector de la construcción Indio es, como en otros países desarrollados, motor de la economía nacional. En las grandes ciudades se percibe una evidente tecnificación de la construcción. Los ingenieros Indios, altamente cualificados, manejan personal capacitado y materiales muy sofisticados. En las zonas rurales, sin embargo, se mantienen vigentes todavía antiguos esquemas sociales, antiguos procedimientos de trabajo. En muchas localidades se construye aún empleando adobes, madera y paja, los mismos materiales que empleaban los constructores siglos atrás. A. K. Coomaraswamy afirmaba: “The problem of the ‘spiritual East’ versus the ‘material West’ is very easily mistaken […]. The real clash is of traditional with antitraditional concepts and cultures” (Moore 1988, p.03) 22 . No hay nada superfluo en los objetos artísticos indios, ni en los procesos necesarios para su consecución. Todo: detalle, decoración, forma, procesos, es esencial y funcional. En el caso de la organización de los procesos descrita antes debe tenerse en cuenta que el objetivo final de la producción no coincide con los habituales en contextos occidentales. Jan Brouwer realiza una serie de observaciones sobre el enfoque de la producción alfarera de los Visvakarmas que pueden extrapolarse a la construcción tradicional:

22. El problema del “oriente espiritual oriental” frente al “occidente material” es fácilmente mal interpretado [...]. El verdadero enfrentamiento es el de conceptos y culturas tradicionales y antitradicionales.

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Construcción y religión. Los shilpa Shastras

“Thus, the artisans, particularly the Visvakarmas, perceive A) production and consumption as belonging to a single discourse, B) division of labours as metaphysical aspect of the ritual domain, C) cash not as a means of connection, but as a means of disconnection, thus strengthening the ritual domain, D) profit being made during production and thus a leftover of ritual, E) investments and decisions as cultural abstractions”. (Brouwer 1999, p. 29) Thus, for the artisans A) money terminates a relationship, B) a loan needs not always be repaired, C) profit is made during the manufacturing process or at the time of purchasing new materials, D) the eye for detail […] is placed outside the world and E) the survival strategy is linked with the unfinished product. […] Not so long ago […] Bloch and Parry wrote that ‘anthropologists, historians and sociologists have commonly fallen into the trap of attributing to money in general what is in fact an specific set of meanings which derive from our own European culture’.” (Brouwer 1999, p. 35) 23 .

Figuras 5.177 a, b, c y d. Láminas del Shilpa Prakasa. (Boner 2005, lam. I)

23. Así, los artesanos, en particular la Visvakarmas, perciben A) la producción y el consumo como pertenecientes a un único discurso, B) la división del trabajo como metafísica aspecto del ritual de dominio, C) en efectivo y no como un medio de conexión, sino como un medio de desconexión, fortaleciendo así el ritual de dominio, D) los beneficios que se están realizando durante la producción y, por tanto, los restos de un ritual, E) las inversiones y las decisiones culturales abstracciones. Por lo tanto, para los artesanos A) termina una relación de dinero, B) un préstamo no siempre necesita ser reparado, C) de beneficio se realiza durante el proceso de fabricación o en el momento de la compra de nuevos materiales, D), el ojo para el detalle [...] se coloca fuera del mundo y E) la estrategia de supervivencia está vinculada con el producto inacabado. [...] No hace mucho tiempo [...] Bloch y Parry escribió que "los antropólogos, historiadores y sociólogos han caído frecuentemente en la trampa de atribuir al dinero, en general, lo que es en realidad un conjunto de significados que se derivan de nuestra propia cultura europea.

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Construcción y religión. Los shilpa Shastras En este contexto, los textos sagrados siguen teniendo una vigencia especial. Es evidente que muchos rituales se practican de una forma inercial, tal vez sin ser completamente comprendidos 24 . Pero no es menos cierto que los rituales originales, empleados en exclusiva por los sacerdotes, nunca han sido de dominio público. Las prácticas rituales que sobreviven (pujas, etc.), las técnicas que se emplean o la organización del trabajo en que éstas se apoyan pueden no tener en cuenta el detalle de ciertos Shastras, pueden no comprender correctamente sus indicaciones, pero respetan en lo esencial lo explicitado en los textos sagrados. Lo hacen, eso sí, en temas que son fundamentales para el arte Hindú pero que por lo general escapan, como se ha dicho, a un acercamiento académico habitual, al acercamiento canónico occidental.

24. “It is important to note that the kind of Dhyana mantra advocated by the shilpa shastras […] had by the end of the eighteen century become an empty ideal, seldom practised even in the ritualistic manner by the workmen. The faiths from which the intrincate woodwork […] arose were the result of willed practice, from which the vibrations of the nerves become skill in the hands. The fusion of will and action, in the surrender to sustained effort of the hands […] was the process which itself brought awareness by awakening dormant energies” (Singh 1980, P. 10). (Es importante resaltar que el tipo de mantra Dhyana propugnado por los Shilpa shastras [...] se había convertido a finales del siglo XVIII en un ideal vacío, rara vez puesto en práctica incluso en los rituales de los trabajadores. Las creencias que afloraban en los elaborados trabajos de madera [...] eran el resultado de la práctica voluntariosa, desde la cual la vibración de los nervios se convierte en habilidad en las manos. La fusión de la voluntad y la acción, en la entrega de un esfuerzo sostenido de la mano [...] es el proceso que a su vez trajo la conciencia de despertar las energías latentes).

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Conclusiones. Cambio y tradición

5.7. CONCLUSIONES. CAMBIO Y TRADICIÓN. Los actuales estudios sobre cambios en la tradición (sean estos realizados desde la antropología, la sociología, etc.) parecen estar de acuerdo en que, frente a la creciente tendencia a la homogeneización de la que se ha hablado en los capítulos previos, estaría surgiendo un movimiento de reacción por parte de las culturas afectadas, la mayor parte de las cuales parecen muy poco dispuestas a una homogeneización total, y reivindican por ello lenguajes, costumbres o religiones propias. En el mundo de la cultura sin espacio (Alsayyad 2003, 43) convivirían la homogeneidad global y determinadas especificidades de las culturas locales, reivindicadas en ocasiones incluso por encima de su importancia real. De acuerdo con estos estudios, existirían ámbitos (tecnología o comunicaciones) en los que los cambios que se producen en la actualidad parecen conducir a una cierta igualación, mientras que en otros (el lenguaje o la religión antes mencionados) ayudarían a poner de manifiesto la diferencia. ¿Qué sucede, en este marco, con la arquitectura popular y las técnicas tradicionales de construcción? ¿Se asocian a lo tradicional y se incluyen en las reivindicaciones de diferencias locales a la manera de los dialectos, las vestimentas, los ritos? O, por el contrario, ¿son generalmente aceptadas e incluidas en la igualación, como parece suceder con el resto de la homogeneización tecnológica? La respuesta es diferente, como es obvio, en lugares diferentes. A favor de la igualación, de la mundialización de la arquitectura y las nuevas técnicas de construcción hay multitud de factores, casi todos de orden estrictamente práctico. Las posibilidades de mecanización, la organización del trabajo y la economía de obra favorecen la implantación de los nuevos sistemas, en tanto que éstos pueden parecer, en algunos entornos, más óptimos. También están a favor de la igualación las nuevas posibilidades arquitectónicas que la tecnología de la construcción ofrece, la seguridad de las nuevas construcciones e incluso los factores estéticos y de moda, campo estricto de los estudios culturales.

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Conclusiones. Cambio y tradición A favor de la diferencia deberían tenerse en cuenta las profundas raíces de la arquitectura popular y las tradiciones de construcción. Los oficios, sistemas, modos a los que las nuevas tecnologías desplazan son tan antiguos y específicos como los lenguajes o los ritos. ¿Hay motivos para que la arquitectura popular y las técnicas tradicionales de construcción sean consideradas parte de las raíces de un pueblo? Fontana argumentó que la construcción de una identidad regional se cimenta contra terceros (Fontana 1995); opina que un rasgo identitario no existe en realidad por sí mismo, sino por oposición a otros, presuntamente antitéticos. Manuel Castells ha desarrollado recientemente esa idea, estableciendo tres modos de construcción de una identidad asociados a posiciones sociales distintas y a distintos modos de enfrentamiento a las convenciones (Castells 1998). Las tradiciones de construcción de cada zona son rasgos propios, sin duda, pero las nuevas tecnologías de la construcción, y sus industrias asociadas, no son su opuesto. No existe conciencia de que exista un centro emisor de la tecnología de la construcción contra el que reaccionar. Industria y tecnología son elementos transversales, y esto hace que las diferentes culturas sean mucho más permeables a ella. Los mecanismos de introducción. Con respecto a los mecanismos de introducción de estos cambios existen distintas vías de análisis. De un lado están los estudios que ponen el acento en la importancia que tienen en este proceso las instituciones y los instrumentos de poder establecidos en los países afectados. De otro, aquellos que defienden que, a través de los distintos medios de comunicación actuales, esta colonización ha empezado a producirse en el ámbito de lo individual. A) Un buen número de estudios (Said 1990) defienden que la idea de oriente (y, en general, de cualquier región no perteneciente al occidente oficial) que se tiene desde el pensamiento occidental no es libre. Para Said, lo que conocemos como oriente no es sino una proyección, una construcción casi literaria, preelaborada desde antiguo y, desde luego, falsa. Los estudios que realizan los eruditos occidentales –según los cuales, oriente es un campo del conocimiento definido por ellos, sobre el que sólo ellos tienen derecho al análisis y que sólo a ellos interesa; un círculo cerrado sin posibilidad de escapatoria– no tienen, en realidad, el ánimo de conocer al otro, sino la intención de confirmar su propia visión previa. Said opinaba que el problema, tras el aparente final del periodo colonial, es que quien proyecta con más fuerza esta visión sobre las sociedades orientales son sus propios gobernantes, que han asumido su papel de culturizadores al modo occidental. La tarea de las élites de estas regiones, máxime tras la implantación de la economía de mercado, parece ser la de promover cierta modernización. Said critica alguna de estas políticas modernizadoras, que considera, en algunos casos, innecesarias, y analiza los modos en los que se injertan, a través de ellas, distintos elementos occidentales. En el sector de la construcción existe una lectura evidente asociada a esta idea: la Normativa que afecta al sector, y que los gobiernos imponen, está basada (cuando no traducida directamente) en normas procedentes de países con desarrollos tecnológicos diferentes. Los procesos de desarrollo de las normativas locales no suelen tener en cuenta los procedimientos tradicionales, ni para preservarlos ni para adaptarlos.

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Conclusiones. Cambio y tradición B.- Otros estudios (Castells 1998) reflexionan largamente sobre las vías de introducción de los modos globales en contextos no occidentales. La facilidad actual para el transporte y para el intercambio de información aparece como principal motivo de estos cambios, muy por encima de la labor gubernamental. Para algunos de estos estudios, lo occidental se introduce directamente en el individuo –se inocula casi– sin mediación de instituciones oficiales, bien sea mediante desplazamientos migratorios a paises ricos, bien mediante el trabajo en fábricas occidentales instaladas en países orientales, bien mediante televisión, conexiones a internet, etc. Esta capacidad de lo occidental para introducirse directamente en el ámbito de lo individual es la que proporcionaría a este fenómeno la velocidad que denuncian los analistas. Desde la Historia, y en particular desde la Historia de la Arquitectura y la Historia de la Construcción, es necesario documentar, comprender y glosar estas arquitecturas populares y las antiguas técnicas empleadas en su construcción, estudiando su nacimiento y evolución, pero también su desaparición. Conocer una arquitectura o un procedimiento es saber dónde, cuándo, cómo y por qué surge y evoluciona de una u otra manera, pero también dónde, cuándo, cómo y por qué acaba. Es frecuente que un estudio aporte todo tipo de datos para documentar el momento en el que se empleó por primera vez una determinada técnica o se construyó una determinada arquitectura; vivimos, sin embargo, un tiempo en el que los finales, las muertes de estas formas, técnicas, procedimientos, materiales, son tal vez más numerosos que los nuevos nacimientos. Es necesario comprender y registrar estas técnicas desaparecidas o a punto de hacerlo; su final (o su reconversión) y los motivos que lo han causado son parte de esa historia.

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Conclusiones

6. EXPERIENCIAS. 6.1. Introducción 6.2. Viabilidad e idoneidad de la construcción tabicada en Anantapur 6.2.1. 6.2.2. 6.2.3. 6.2.4.

Algunas notas sobre los problemas de sismo Climatología La disponibilidad de materiales Idoneidad técnica

6.3. Sobre la enseñanza de la construcción tabicada 6.3.1. Algunas notas sobre la enseñanza 6.3.2. Problemas para una implantación 6.3.3. Seguimiento 6.4. Experiencias 6.4.1. 6.4.2. 6.4.3. 6.4.4. 6.4.5.

Modelos y maquetas Unidades de pequeño tamaño Proyectos de vivienda Soluciones de fábrica armada y prefabricada Algunas conclusiones


Conclusiones


Conclusiones

6.1. INTRODUCCIÓN. En el presente capítulo se resumen las experiencias realizadas con construcción tabicada en la provincia India de Anantapur. Se ofrecen resúmenes de los estudios iniciales sobre los condicionantes locales, del proceso de aprendizaje de la técnica y de las construcciones ejecutadas y proyectadas. Todos los ensayos, resúmenes y notas relacionadas con este capítulo se encuentran en el anejo 3 de la presente tesis. Es necesario destacar que la intención de estas pruebas, ensayos y construcciones no ha sido nunca la de levantar un edificio concreto, sino la de mostrar y emplear una técnica, la de la construcción de bóvedas tabicadas, con la voluntad de que ésta sea recogida por los oficios locales. Es evidente que todos los problemas que se describen en el apartado 6.3.2., por ejemplo, podrían haberse soslayado forzando simplemente a que un determinado edificio se construyera con estas bóvedas, pero la intención de esta tesis era precisamente la de conocer cuáles eran las dificultades que es necesario enfrentar para insertar una técnica de este tipo. Como en el caso del capítulo 5, la investigación realizada ha sido posible gracias a la generosidad de la Fundación Vicente Ferrer, con la que colaboro en diferentes frentes desde el año 2003 y que ha apoyado sin reservas este trabajo. La mayor parte de las construcciones a las que se refieren las páginas siguientes son obras gestionadas por esta ONG en Anantapur. He contado además con la inestimable ayuda de varios alumnos de Arquitectura y Arquitectura Técnica de la Universidad SEK, actualmente IE Universidad, que han cursado bajo mi supervisión su periodo de prácticas en la sede que la Fundación posee en Anantapur. Los alumnos han participado activamente en esta investigación tomando gran cantidad de datos, con los que han elaborado sus Proyectos de Fin de Carrera. Muchos de esos datos forman también parte del presente trabajo.

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Viabilidad e idoneidad técnica de la construcción tabicada en Anantapur

6.2. VIABILIDAD E IDONEIDAD TÉCNICA DE LA CONSTRUCCIÓN TABICADA EN LA PROVINCIA INDIA DE ANANTAPUR. Las primeras comprobaciones sobre viabilidad e idoneidad técnica de la construcción tabicada se realizaron sobre los aspectos técnicos más conflictivos en este tipo de construcciones. Se estudiaron primero posibles problemas de sismo y de suministro de materiales; inicialmente, sólo para comprobar que este tipo de construcción era factible; más tarde –en el caso de los materiales- para comprobar que, además, era idónea.

6.2.1. Algunas notas sobre los problemas de sismo.

Figura 6.1. Mapa oficial de zonas sísmicas en India. Arya 2000, 1270.

La India es una zona conflictiva en lo que se refiere a seísmos: casi un 50 % del territorio está expuesto a terremotos y movimientos de intensidad. El subcontinente (como con frecuencia llaman al país sus habitantes) es de hecho una placa tectónica independiente, que se desplaza hacia el norte unos 5 cm. anuales, empujando a la gran placa asiática. Como consecuencia de esto, son frecuentes los movimientos de intensidad media o alta en el norte del país, y también, aunque en menor medida, en algunas zonas costeras. En amplias regiones del norte de la India son obligatorios, para construir, estudios sobre condiciones de riesgo sísmico elevado; los tratados sobre este particular, firmados por los excelentes ingenieros Indios (Arya 2000, Hashmi 2008) son frecuentes, y también lo son los congresos y convenciones sobre construcción en zonas sísmicas. El mapa adjunto da una idea bastante clara a este respecto. La provincia de Anantapur está situada entre Hyderabad y Bangalore, en una zona en la que el riesgo de sismo es, según el mapa del Departamento Meteorológico de la India, el más bajo de los posibles 1 (zona azul en la figura 6.1). Anantapur no es especialmente sensible en este sentido: para comparar la situación con la de España puede verse el mapa del Global Seismic Hazard Asessement Program.

1. El riego en esta zona se asocia a una lectura de aceleración horizontal máxima de 0,10 (es decir: la aceleración horizontal experimentada por una estructura será, como máximo, del 10% de la aceleración de la gravedad). Un valor alto pero que probablemente sea mucho menor: la normativa India no contempla valores más bajos, ya que tiene que manejar números muy elevados, de hasta 0,40. En la meseta española, la aceleración ronda el 0,04; en el sur de Extremadura, y en gran parte de Andalucía, Murcia y Valencia, el 0,09; en lugares muy concretos de Granada, la zona más conflictiva, el 0,25.

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Viabilidad e idoneidad técnica de la construcción tabicada en Anantapur

Como puede observarse, se trata de valores medios, semejantes a los que pueden darse en muchas regiones del mediterráneo occidental. No parece que los problemas de sismo obliguen en Anantapur a estructuras excesivamente rígidas, como las que se dan en las regiones del norte, ni que la construcción de estructuras cubiertas con bóvedas de fábrica pueda resultar problemática. Los ejemplos del cercano Gol Gumbaz (S. XVII, una de las mayores cúpulas de fábrica del mundo, con 39 m. de luz) o de la arquitectura de Hyderabad, la capital del estado de Andhra (al que pertenece Anantapur), son, con todo, la mejor prueba de la fiabilidad de este tipo de estructuras en la zona. Aún así es comprensible, dado que la mayor parte de las grandes ciudades se encuentra en la franja superior-central de la India, que en el país exista gran preocupación (técnica, pero también normativa) por todo lo relacionado con los problemas de sismo. Sobre la relación entre sismo y bóvedas tabicadas no existen estudios específicos, como se ha referido en el apartado 2.4, aunque siendo las bóvedas tabicadas, como son, estructuras de fábrica, debemos suponer que su comportamiento ante problemas de sismo será semejante al de otras estructuras de este tipo. Sobre sismo y obra de fábrica sí existen infinidad de trabajos (y referencias normativas) que recomiendan, en general, diseños constructivos con estructuras flexibles en suelos firmes y estructuras más rígidas en suelos blandos, y dan importancia a cuestiones tales como la correcta traba de las fábricas, los encadenados y a la posibilidad de emplear armaduras, así como a la calidad de los materiales de la fábrica (y en especial a las resistencias tanto a tracción como a compresión de los morteros, que deben ser compatibles con los bloques), siempre con la intención de lograr cierta homogeneidad en el elemento estructural. Una bóveda tabicada podría considerarse, en este sentido, una cierta mejora con respecto a una bóveda de rosca habitual. El hecho de que las hojas de la bóveda estén necesariamente trabadas a matajunta hace que desaparezca la junta vertical, lo que modifica, en cierto modo, la posibilidad de fallo por deslizamiento. Algunos autores (Cejka 1978) han estudiado el empleo de dovelas planas, quebradas, etc. en relación con el fallo por deslizamiento: según estos autores, estas juntas quebradas pueden evitar una descarga parcial de arcos y bóvedas, anulando así posibles asientos y desplazamientos durante el sismo (Huerta 2004, 122).

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Figura 6.2. Mapa global de riesgo sísmico. GSHAP 2009.


Viabilidad e idoneidad técnica de la construcción tabicada en Anantapur La correcta traba del ladrillo en una bóveda tabicada puede ayudar a anular este problema de descarga parcial, aunque no hay que despreciar el fenómeno del deshojado de la bóveda. Como ilustran las imágenes 6.3 a, b y c, una buena relación entre mortero y ladrillo puede hacernos suponer que llegaremos a encontrarnos, en el caso de movimientos bruscos o grandes deslizamientos, con el supuesto de la imagen 6.3 b, algo parecido a una junta quebrada semejante a las estudiadas por Cejka; un sistema que claramente mejora una bóveda de rosca similar. Sin embargo, si los morteros no son compatibles con los bloques, puede llegar a suceder que las tres hojas funcionen separadamente, al menos en una zona (imagen 6.3 c) lo que da lugar al deshojado antes mencionado. En la actualidad el MIT pretende construir algunas bóvedas de este tipo en Pakistan, en una región con riesgo sísmico muy alto, para lo que está ensayando con modelos de bóvedas tabicadas ante movimientos y deformaciones límite. Sus investigaciones demuestran que una construcción correcta (buena traba, buena relación ladrillo-mortero para garantizar la homogeneidad del sistema) puede mejorar el comportamiento de las bóvedas tabicadas en estos supuestos. Sismo y terrenos en Anantapur. Figuras 6.3 a, b y c. Sección de una bóveda tabicada de tres roscas. Algunos supuestos de reorganización de las juntas en caso de movimientos bruscos o grandes desplazamientos de los apoyos. Figuras 6.4 a, b, c y d. Ensayo de una bóveda tabicada de una sola rosca. Se ha desplazado artificialmente la línea de arranque para forzar el colapso de la estructura.

Asociado al problema de sismo estudiamos también, inicialmente, el terreno en la región de Anantapur. Por lo general se trata de arcillas compactas, bajo las cuales asoman, en determinadas zonas, rocas graníticas que en sólo en algunos casos muy puntuales condicionan el diseño de la estructura o dificultan la construcción de las cimentaciones de hormigón (véase el apartado 5.5.2). Concluimos, así, que construir sistemas abovedados en Anantapur era seguro, y que no chocaba con posibles malas combinaciones entre el riesgo de sismo y la rigidez del terreno.

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Viabilidad e idoneidad técnica de la construcción tabicada en Anantapur

6.2.2. Climatología. También estudiamos la climatología de la zona, con la intención de comprobar que una estructura abovedada de fábrica ligera puede ser allí segura y durable. Estudiamos regímenes de temperatura, vientos, lluvias, etc. Los fuertes monzones que azotan anualmente la India suponían la mayor complicación: cubrir cubiertas con bóvedas de fábrica podría resultar, en estas condiciones, poco práctico, ya que estas cubiertas tal vez necesitarían mucho mantenimiento. De lo contrario, en el caso de que las fuertes lluvias del monzón degradasen los morteros de acabado, las filtraciones podrían originar problemas en la estructura de fábrica. Este problema parecía importante, al menos para emplear este tipo de soluciones al exterior. El monzón llega a la provincia de Anantapur (y, en general, a los estados de Karnataka y Andhra Pradesh) de forma anual entre Junio y Octubre, aproximadamente. Con todo, Anantapur es, como se ha dicho en el apartado 5.2., una zona árida, con un régimen pluviométrico entre bajo y moderado. No existen datos precisos de la pluviometría en Anantapur, aunque pueden estimarse semejantes a los de Bangalore, una provincia limítrofe, (y algo más húmeda). Allí se registran unos 750mm. anuales, unos datos bajos en comparación con los de las zonas costeras del sur (en Cochín el régimen de lluvias es intenso, con registros de 2000 mm. anuales) o en los valles del centro y del norte (Bombay supera ampliamente los 2500 mm. anuales, con lluvias concentradas en uno o dos meses del verano). Como puede observarse, se trata de valores moderados 2 . Nuestro temor principal, sin embargo, no eran estos valores medios, sino las puntas de lluvia intensa, concentradas en pocas horas. Pronto comprobamos que en Anantapur estos fenómenos no son frecuentes, y que no se dan con la intensidad de las regiones del sur. Con todo, decidimos, como se explica en el apartado 6.4., que las primeras unidades construidas con esta técnica fueran modelos, o pequeños elementos de un edificio (verandas, etc.) con la intención de comprobar de forma práctica el comportamiento de este tipo de estructuras en las condiciones climatológicas de la zona. Tras estas experiencias concluimos que las bóvedas tabicadas eran seguras en este sentido y no requerían excesivo mantenimiento.

6.2.3. La disponibilidad de materiales. El otro problema fundamental que se nos planteó inicialmente fue el de la disponibilidad de materiales apropiados para una bóveda de este tipo, ya que ni el ladrillo más frecuente ni los morteros que se empleaban en Anantapur parecían los idóneos para una obra de este tipo. En un principio estudiamos únicamente la disponibilidad de materiales (como se comenta en el apartado 6.3 las primeras experiencias pretendía tan sólo resolver problemas puntuales). Más tarde realizamos las evaluaciones de idoneidad técnica que se detallan en el apartado 6.2.3. El ladrillo cerámico. Por lo que se refiere al ladrillo, el tradicional de barro cocido empleado en Anantapur (y en grandes áreas del centro y sur de la India) es un producto elaborado de forma manual y cocido de manera poco fiable. Como se ha descrito en el apartado 5.4 y se detalla en los ensayos del anejo I, se trata de una pieza excesivamente grande (principalmente por su canto, 22x10x7 cm.) pesada (más de 2,5 kg. en ocasiones), poco resistente (entre 5 y 10 N/mm 2 ) e irregular (en sus dimensiones, en su composición, en su cocción). 2. En España los valores van desde los 1700 mm. anuales de San Sebastián hasta los 100 mm. anuales de Lanzarote, pasando por los 400 de Madrid o los 600 de Barcelona.

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Viabilidad e idoneidad técnica de la construcción tabicada en Anantapur

Figuras 6.5 a, b y c. Diferentes productos cerámicos que pueden encontrarse en Anantapur. Ladrillo común, ladrillo hueco y baldosa hidráulica decorada.

Por todo ello, era claramente imposible utilizarla para la construcción de bóvedas ligeras al aire. Conviene recordar, como se ha detallado en el apartado 5.4, que en Anantapur el ladrillo se fabrica –por lo general- en la zona arcillosa más cercana a la obra, sean cuales sean sus características geológicas y químicas, sin una limpieza previa o control de las arcillas: de ahí, y de la irregular cocción a la que se someten estas piezas, viene la gran mayoría de los problemas antes mencionados. Sin embargo, es posible encontrar en Anantapur otros productos comerciales más adecuados, fabricados con cierto rigor 3 mediante procedimientos manuales o industriales. Existe en el mercado una gran variedad de piezas de cerámica prensada, desde el simple bloque 22x10x3 hasta la pequeña baldosa con decoración grabada (una suerte de baldosín catalán, muy popular en toda la India) de diversas medidas (el espesor más habitual es de 1,5 cm.). También es posible encontrar ladrillo de tejar de buena calidad, muy semejante al local ya detallado pero fabricado en zonas de arcillas limpias, unos 40 km. al norte de la ciudad, que se suministra en piezas de 22x10x7, 22x10x5 y 22x10x3,5 cm. aproximadamente. No tan fácil, aunque también posible, es encontrar ladrillos huecos (en testa, un aligerado muy basto pero que mejora las características de las piezas en relación con su empleo en bóvedas de este tipo) como los que pueden verse en la imagen, de 20x9x3,5, más habituales en la zona de Bangalore. Para la construcción de bóvedas tabicadas hemos empleado los mencionados ladrillos prensados y huecos de 22x10x3,5 y 20x9x3,5: son razonablemente resistentes y ligeros, y, salvo excepciones puntuales, cumplen lo establecido en el apartado 2.2 de la presente tesis, y en especial con lo relativo a la solidez de sus cantos. Los ensayos de pegado que se detallan en el apartado 2.2.3 y en la figura 2.2. han sido realizados con éxito, empleando los morteros que se detallan en el punto siguiente. Sucede, como es lógico, que son mucho más caros que los ladrillos manuales de barro producidos in situ: mientras los ladrillos producidos según el proceso descrito en 5.4 se venden por 1 rupia la unidad (unos 0,015 € al cambio actual) los ladrillos prensados y huecos de 3,5 cm. de canto antes mencionados varían entre las 6 y las 9 rupias (cerca de los 10 céntimos de euro).

3. Ninguno de los productos cerámicos estudiados en Anantapur hasta la fecha cuenta con certificación de ningún tipo, ni tan siquiera con ensayos realizados por el fabricante o con fichas de características técnicas. En un principio, para construir unidades de pequeño tamaño, nos limitamos a realizar simples ensayos organolépticos. Posteriormente realizamos también los ensayos físicos, mecánicos y químicos detallados en el anejo 1.

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Viabilidad e idoneidad técnica de la construcción tabicada en Anantapur Ligantes. En la construcción vernácula de la región de Anantapur se emplean de forma habitual diversos ligantes. El más común es la cal (la mayor parte de los morteros tradicionales son de cal y arcilla, y hoy todavía es posible encontrar algunos hornos tradicionales de cal en funcionamiento) pero también hay zonas, muchas menos, en las que se emplean yesos. En la actualidad estos productos apenas se utilizan en la construcción industrializada: el cemento procedente de las grandes fábricas de Karnataka, al sur de Anantapur, es la base de morteros para todo tipo de fábricas, revestimientos, etc. La variedad comercial de estos productos es amplia. El cemento más habitual es el gris de 53 grados (detallado en el anejo 1) pero es posible encontrar también cementos rápidos de buena calidad para la primera hoja (el más popular es un cemento blanco RHD – Rapid Hardening Properties, es decir, de rápido endurecimento, nuevamente detallado en el anejo 1). No se comercializan yesos de ningún tipo, salvo bajo pedido; como se ha dicho en el capítulo 5, tanto los morteros para fábricas como para revestimientos, sean interiores o exteriores, tienen como base cementos o cales. En diversas ocasiones probamos a emplear los escasos yesos locales, procedentes de las localidades de Bukkaya y Bathalapalli, pero resultaban lentos para el pegado de una primera rosca, y además su fabricación manual no ofrecía garantías. Los fabricantes son por lo general pequeños comerciantes locales, que los producen sin excesivo control: en numerosas construcciones de la zona pueden observarse defectos procedentes, al menos en apariencia, de una alta expansividad. Para la construcción las primeras roscas de bóvedas tabicadas hemos empleado siempre cementos rápidos, principalmente el citado blanco RHD. Es un producto fiable, permite una colocación razonable (el tiempo de fijado de un ladrillo hueco de 1,3 kg. es de unos 11 segundos en la prueba detallada en el apartado 2.3) y no genera problemas de fisuraciones por retracción, expansividad, etc. (véase el apartado 2.2. o Truñó 2004). Para las segundas roscas se han empleado diferentes morteros de cemento (el gris de 53 grados antes citado) y arena de río, en relación 1:6 en la mayoría de los casos.

6.2.4. Idoneidad técnica. Estudiadas ya las posibilidades de construcción de bóvedas de este tipo en Anantapur, decidimos estudiar también, como es lógico, su idoneidad, tanto desde el punto de vista del coste económico como del impacto ambiental del sistema. Como se ha estudiado en los puntos 2.5 y 4.2 no es posible evaluar la idoneidad de un sistema de construcción de un modo general, sino de una unidad o un proyecto concretos: realizamos, sin embargo, algunas estimaciones útiles, basadas inicialmente en datos teóricos españoles, que se resumen a continuación. Coste económico. Desde el punto de vista del coste económico de la construcción de bóvedas tabicadas realizamos diversas estimaciones basadas en las bases de datos existentes, sobre las que modificamos tanto el coste real de las unidades como la mano de obra necesaria. El cuadro 6.1 resume esas estimaciones. Se han insertado los costes estimados a Junio de 2008, y se ha aumentado la repercusión de la mano de obra en un 50%, de acuerdo con los datos obtenidos en los ensayos que se detallan en el apartado 6.3. El cuadro es semejante al 2.4 para facilitar la comparación.

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Viabilidad e idoneidad técnica de la construcción tabicada en Anantapur m2 Bóveda tabicada, dos tableros. Bóveda tabicada, de ladrillo 22x10x3,5 cm, dos tableros. Ud m3 kg Ud h h % %

Descomposición Pasta de yeso de construcción Cemento rápido Ladrillo cerámico 22x10x3,5 Oficial 1ª construcción Peón ordinario construcción Medios auxiliares Costes indirectos

1000,17

Rend. p.s. (INR) Precio partida (INR) 0,000 -0,00 40,000 6,00 240,00 85,000 7,00 595,00 4,500 20,00 90,00 2,250 12,00 27,00 2,000 952,00 19,04 3,000 971,04 29,13 Total: 1000,17

Tabla 6.1. Precio descompuesto de una bóveda tabicada empleando rendimientos y precios locales.

Un coste por metro cuadrado de 1000 INR (unos 15 € al cambio actual), semejante al de las losas de 12 cm. de canto que se emplean para las pequeñas verandas pero menor que el de las losas de canto 25 cm.: las primeras suelen valorarse en 800 INR/m 2 , las segundas pueden alcanzar las 3000 INR/m 2 . Es evidente que hay otros muchos elementos que pueden intervenir: vigas de borde, tirantes, etc. pero para evaluarlas es preciso estudiar casos concretos, tal como se hace en el apartado 6.4. Los detalles sobre el incremento del tiempo dedicado a la construcción que supuso el empleo de mano de obra sin cualificación específica se ofrecen en el apartado 6.3. Impacto ambiental. También evaluamos de modo general el impacto ambiental que podría producir la construcción de bóvedas tabicadas. En los primeros estudios el análisis se hizo únicamente de un modo general, por los mismos motivos que se han dado para ello en el punto anterior. Los estudios específicos se detallan en el apartado 6.4. Dado que no contábamos con una base de datos sobre los diferentes impactos ambientales que provocan los materiales de construcción empleados en la zona, decidimos emplear la base de datos del Instituto de Tecnología de la Construcción de Cataluña (ITeC), BEDEC PR PCT. Realizamos, como suele hacerse en este tipo de estudios, un resumen de materiales locales básicos que guardaran características, tanto en sus materias primas como procesos de producción, similares a los materiales que deseábamos emplear, para poder así establecer los impactos de unidades concretas. Realizamos, además, algunas correcciones, como la de la energía requerida para transportar los materiales empleados desde las fábricas hasta la zona de construcción, o el reciclaje de materiales de molde y encofrado. Se estudiaron diferentes valores: consumo energético de producción de materiales y puesta en obra, cantidades de CO 2 emitidas en ambos procesos, y residuos de producción y obra. En la tabla 6.2. puede verse un análisis de este tipo. Los valores son generales: como se estudiará en el apartado 6.4., realizamos posteriormente un estudio semejante para varias de las unidades que construimos en la zona, en las que las unidades ya estaban determinadas, las distancias a los centros de producción eran conocidas, etc. Sin embargo, estas primeras estimaciones eran sumamente importantes, ya que permitían valorar, con cierta precisión, si el sistema podía ser interesante desde la óptica del impacto ambiental y la eficiencia energética de los procesos de construcción.

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Viabilidad e idoneidad técnica de la construcción tabicada en Anantapur De forma muy resumida, una comparativa rápida entre dos unidades menores puede darnos una idea. Una losa de escalera (o de veranda, o de elementos menores, en general) como las estudiadas puede construirse con los parámetros de impacto que refleja la tabla 6.2. Un sistema semejante de hormigón armado, la solución más común en la zona, podría construirse con los datos de las tablas 6.3 y 6.4. Bóveda tabicada, de ladrillo 22x10x3,5 cm, dos tableros. Consumo Componentes constitutivos de materiales agua árido cemento cerámica Componentes constitutivos de maquinaria eléctrica Total Residuo Separación selectiva por códigos CER (Catálogo Europeo de Residuos) específicos Residuo de obra 170101 (hormigón)

Peso Kg

Coste energético Emisión CO2 MJ kwh Kg

235,7 3,36 25,54 6,38 200,42

582,73 0,02 3,83 24,12 554,76

161,87 0,0056 1,06 6,7 154,1

47,61 9,74E-04 0,2 5,32 42,09

235,7

0,18 0,18 582,91 Peso (Kg)

0,049 0,049 161,92

0,026 0,026 47,64 Volumen (m3)

14,88 14,27

0,011 0,0076

1,6

8,00E-04

12,67 0,61

0,0068 0,003

0,014

1,50E-05

0,053

4,78E-05

0,54

0,0029

0,053 1,6

4,78E-05 8,00E-04

12,67 0,54 0,014

0,0068 0,0029 1,50E-05

14,27

0,0076

0,61

0,003

inertes

170102 (ladrillos) inertes Residuo de embalaje 150102 (envases de no peligrosos plástico) no especiales 150101 (envases de no peligrosos papel y cartón) no especiales 150103 (envases de no peligrosos madera) no especiales Separación selectiva según límites RD 105/2008 150101 (envases de papel y cartón) 170101 (hormigón) 170103 (tejas y materiales cerámicos) 170201 (madera) 170203 (plástico) Separación selectiva mínima por tipo de residuo Inertes no peligrosos (no especiales)

Tabla 6.2. Impacto ambiental asociado a la producción de bóvedas tabicadas de doble rosca. Base de datos del Instituto de Tecnología de la Construcción de Cataluña (ITeC).

270


Viabilidad e idoneidad técnica de la construcción tabicada en Anantapur m3 Hormigón para vigas y losas de consistencia plástica y tamaño máximo del árido 20 mm, Consumo

Peso

Coste energético MJ

Kg Componentes de materiales agua árido cemento Total

2.466,53 165,75 2.045,78 255 2.466,53

1.271,25 0,99 306,87 963,39 1.271,25

kwh

Emisión CO2 Kg

353,13 0,28 85,24 267,61 353,13

228,83 0,048 16,37 212,41 228,83

Kg Armadura para vigas, losas y tensores de estructura AP500 S de acero en barras corrugadas B500S Consumo

Peso Kg

Componentes constitutivos de materiales acero acero recocido Total

1,07 1,05 0,022 1,07

37,69 36,75 0,94 37,69

Coste energético MJ kwh 641,2 178,1 604,0 167,8 756,0 210,0

Tabicada 2 roscas (+10%) Losa 12 cm. Losa 15 cm. Tablas 6.3 a, b y c. Impacto ambiental asociado a la producción de hormigón y acero para construcción de losas. Comparativo con una bóveda tabicada. Base de datos del Instituto de Tecnología de la Construcción de Cataluña (ITeC).

Coste energético Emisión CO2 MJ kwh Kg 10,47 10,21 0,26 10,47

3,04 2,96 0,075 3,04

Emisión CO2 kg 52,4 63,8 79,8

Como puede comprobarse fácilmente, los valores son semejantes. En los primeros ejemplos que estudiamos (apartado 6.3), la bóveda de dos roscas, que supone un coste energético de 582,91 MJ por metro cuadrado, iba a sustituir a una losa de hormigón de 12 o 15 cm., según las luces a cubrir. Un metro cuadrado de una losa de hormigón de ese tipo, con un armado como el previsto (unos 100 kg/m 3 ; el coste energético total por metro cúbico sería de unos 1271,25+ 37,69x100=5040 MJ) supondría unos 604 MJ por metro cuadrado para losas de 12 y 756 para losas de 15 cm. Estos valores no son comparables con el de la bóveda, ya que esta es necesariamente curva: para una relación luz-flecha de 1/5, la prevista en ese caso, tendríamos 1,10x582,91 MJ= 641,19 MJ. Es decir, un valor medio, semejante a los de la obra de hormigón. Por lo que se refiere a las emisiones de CO 2 y residuos, los números también son semejantes, aunque la balanza se inclina del lado de la obra de fábrica: 52,40 kg. para las bóvedas tabicadas, y entre 63,84 y 79,8 kg. para la solución de hormigón. Es evidente que quedan muchos datos fuera: no se ha supuesto encofrado, ya que en ocasiones este tipo de pequeñas losas se fabrican sobre el terreno y son izadas más tarde; pero también es cierto que las bóvedas necesitan un acabado, al menos superior, de mortero, y que necesariamente apoyan sobre muros o vigas de borde de hormigón que deben contener determinados empujes (por lo que su sección o su armado será probablemente mayor) etc. Pero, de forma aproximada, las bóvedas tabicadas parecen ser un sistema factible y que puede, además, ayudar a solucionar uno de los problemas de la construcción en Anantapur: la escasez de madera de encofrado, muy preciada en la zona.

271


Sobre la enseñanza de la técnica de construcción tabicada

6.3. SOBRE LA ENSEÑANZA DE LA TÉCNICA DE CONSTRUCCIÓN TABICADA. Se resumen a continuación algunas de las iniciativas desarrolladas en relación con la enseñanza de la técnica tabicada en Anantapur. En el primer apartado se realiza una descripción general de las experiencias realizadas en cuanto a la enseñanza de la técnica, incluyendo una breve descripción de las primeras iniciativas y de la metodología empleada. En la segunda parte se resumen los problemas encontrados en el desarrollo e implantación de algunas de estas unidades. En la tercera, algunas notas del seguimiento realizado sobre unidades de construcción tabicada realizadas fuera ya del control de técnicos responsables.

6.3.1. Algunas notas sobre la enseñanza. Las primeras experiencias. Nuestras primeras experiencias con bóvedas tabicadas en Anantapur no tenían la intención, al menos en un principio, de implantar una técnica. Tan sólo pretendíamos solucionar un problema puntual: debido a un error de diseño, los parasoles de hormigón armado de dos viviendas (originalmente losas planas de 0,6x1 m. y de 9 cm. de espesor) no habían podido ser terminados, aunque sí se habían construido ya unas fuertes vigas laterales, previstas inicialmente para el apoyo del parasol. El principal problema era que el material de encofrado, armado y hormigonado había sido ya desplazado a otra zona, por lo que resultaba complicado construir unos nuevos parasoles de hormigón. Revisamos entonces el armado de las vigas mencionadas (con la intención de comprobar si iban a ser capaces de resistir pequeños empujes laterales) y propusimos construir una bóveda al aire, de dos roscas, con el procedimiento descrito en el capítulo 2 de la presente tesis. Inicialmente nos pareció que, aunque la solución parecía factible y útil, su construcción iba a ser imposible, ya que la técnica, pensábamos, sólo podía ponerse en práctica por oficiales cualificados que conocieran ya el sistema.

273


Sobre la enseñanza de la técnica de construcción tabicada Aún así, propusimos la solución y esbozamos unos posibles detalles, así como una pequeña descripción del sistema y del proceso de construcción, poniendo el énfasis en el empleo de ladrillo ligero y mortero rápido. Para nuestra sorpresa, a los pocos días los parasoles habían sido construidos sin dificultad aparente por albañiles locales, que nunca habían trabajado con un sistema semejante, y que sólo habían contado con aquellas notas y con las indicaciones del equipo de obra encargado entonces de aquellas construcciones, en el que no había ningún especialista en el tema. Algún tiempo después, y con la intención de mejorar (en lo relativo a economía, coste energético, etc., tal como se ha detallado en el apartado 6.2.) algunas de las soluciones empleadas en las viviendas tipo construidas por RDT en Anantapur, decidimos explorar la posibilidad de emplear el sistema de una forma más continuada. Estudiamos las condiciones sísmicas, climatológicas, los materiales disponibles (véase el apartado 6.2) y proyectamos desde un principio algunos elementos menores para ser construidos con esta técnica: parasoles, tableros de escalera, recrecidos y pequeñas verandas, tal como se detalla en el apartado 6.4. de la presente tesis. Las primeras unidades propuestas fueron unas sencillas zancas de escalera en el arranque de unas viviendas. Para mejorar la enseñanza de la técnica de construcción tabicada creamos un pequeño manual descriptivo de proceso, ampliando el primero que diseñamos (en esencia, este manual definitivo, muy apoyado en Moya 1993, es la descripción contenida en el apartado 2.3. de la presente tesis), que hicimos traducir al tegulu, la lengua local, basado en la construcción de una pequeña escalera de dos tramos realizada como experiencia docente en la Universidad SEK. Los responsables de construcción (arquitectos técnicos españoles, que habían estado presentes en el montaje de la escalera y conocían la técnica, pero que no poseían las habilidades manuales necesarias) mostraron este material a ingenieros y trabajadores locales. Inicialmente pensamos que sería necesario desplazar hasta Anantapur a un oficial conocedor del oficio para asesorar a los oficiales en problemas con los morteros o la colocación de las piezas pero, después de algunas pruebas, se demostró que no era necesario; los oficiales construyeron sin aparente dificultad las pequeñas zancas de escalera previstas. En este caso realizamos un seguimiento completo de las enseñanzas impartidas y de la construcción de estas bóvedas. Al proceso de aprendizaje teórico se dedicaron pocas horas –apenas una explicación y una demostración de 30 a 45 minutos-. De las cuatro primeras bóvedas que intentamos construir (cuatro pequeños tramos de aproximadamente 1,20 x 0,90 m. en planta, para salvar diferencias de altura de apenas 80 cm., sin cimbra alguna, con dos roscas y una capa de mortero de 3 cm. de acabado superior) tres se construyeron sin problemas por un oficial y su ayudante en aproximadamente 5 horas de media; la cuarta, situada en un emplazamiento diferente de las anteriores, no pudo hacerse debido a problemas con los materiales. Los tiempos invertidos en le experiencia se resumen en el cuadro siguiente. Stair Stair Stair Stair

01 02 03 04

Repl./roza 0,5 h 0,5 h 0,5 h 0,5 h

1ª rosca 3,5 h 3,0 h 3,0 h --

2ª rosca 1,0 h 1,0 h 0,5 h --

274

Mortero 0,5 h 0,5 h 0,5 h --

Total 5,5 h 5,0 h 4,5 h --

Tabla 6.4. Estimación de rendimientos en la construcción de la estructura de fábrica de una escalera de dos roscas.


Sobre la enseñanza de la técnica de construcción tabicada

Figura 6.6. Algunos de los medios auxiliares y materiales empleados en las primeras experiencias no eran los idóneos.

Según se ha especificado en el apartado 2.5 de la presente tesis, un oficial razonablemente experimentado hubiera dedicado entre 2 y 3 horas a un metro cuadrado, para lo que habría necesitado de la ayuda de un peón o ayudante durante 1,5 horas, aproximadamente. Sin embargo, hay que tener en cuenta varios factores de distorsión para entender correctamente estos valores. Primero, que era la primera experiencia para todos los oficiales en este tipo de construcción; con todo, la mejora de rendimiento entre la primera y la tercera bóveda es notable, y apunta hacia un rendimiento razonable una vez dominada la técnica. Segundo, que los materiales de los que disponíamos no eran idóneos, y por este motivo los rendimientos de los trabajadores tampoco podían serlo. Aunque el ladrillo que se empleó era razonablemente ligero, el mortero que se utilizó para la primera rosca es mucho más lento (y difícil de trabajar) que los disponibles en España. Además, la herramienta con la que se construyó la unidad tampoco era idónea: en la zona no se emplean gavetas para pastas y morteros, sino cuencos metálicos muy rebajados, a modo de platos, en los que resulta difícil apartar una zona de agua, o de material en seco. Y tercero y fundamental: no necesitábamos ni pretendíamos compararnos con los rendimientos del sistema español. Los ritmos de trabajo en la zona son otros, tal como se ha detallado en el apartado 5.5. de la presente tesis. Las bóvedas competían únicamente con las losas de hormigón que se construyen habitualmente en Anantapur para este tipo de unidades: en ese sentido, el sistema demostró ser económica y técnicamente competitivo, como se detalla en el apartado 6.2. Metodología completa. Experiencias sobre modelos y maquetas. Las siguientes experiencias sobre la enseñanza del sistema fueron mucho más completas, y se realizaron sobre diferentes modelos y maquetas. Se han construido modelos con diversas intenciones: ensayar diferentes materiales, comprobar propiedades constructivas de los mismos, comprobar la viabilidad del sistema, etc. Uno de los modelos más repetidos es el que se diseñó para reproducir la vivienda de doble bóveda que se detalla en el apartado 6.5. Sobre este modelo se han hecho diversas pruebas, y se han practicado algunos cambios. Su construcción se empleó también para el aprendizaje de algunos detalles menores de la técnica tabicada: el trabajo del mortero, la colocación del ladrillo, etc. En algunos casos, esos modelos, construidos directamente por técnicos, sirvieron como enseñanza de la técnica de construcción tabicada. En otros, siendo modelos construidos en España, se pudo traer aquí a ingenieros y oficiales para que conocieran en vivo la técnica, y se complementó con un montaje en video, basado en la construcción de la pequeña escalera de dos tramos antes citada. Este aprendizaje, mucho más elaborado y práctico, demostró ser mucho más efectivo que el anterior. Las unidades construidas con la técnica tabicada posteriores a estos modelos (algunas verandas de mayor tamaño, unos 2,80-3,00 x 0,60 m., con dos roscas y una capa de mortero de 3 cm. de acabado superior: el enfoscado inferior no se incluyó en la valoración) se construyeron de forma mucho más efectiva. En este caso se estudiaron 3 unidades:

Tabla 6.5. Estimación de rendimientos en la construcción de la estructura de fábrica de una veranda de dos roscas.

Verandah 01 Verandah 02 Verandah 03

Replanteo 1,0 h 0,5 h 0,5 h

275

1ª rosca 5,0 h 5,0 h 4,5 h

2ª rosca 1,5 h 1,0 h 1,5 h

Mortero 0,5 h 0,5 h 0,5 h

Total 7,5 h 7,0 h 7,0 h


Sobre la enseñanza de la técnica de construcción tabicada

Figura 6.7 a, b, c y d. La enseñanza de la técnica de construcción al aire no supuso excesivas dificultades, si bien es cierto que sólo se han ensayado y construido formas sencillas, muchas de las cuales no necesitaban de cintreles o camones. La construcción de estructuras más complejas ha sido ensayada por Ochsendorf (figuras 4.14 a 4.17) quien no ha encontrado dificultades en la enseñanza de la técnica.

La formación de técnicos. Algunas conclusiones. En consecuencia: resulta evidente que la técnica puede enseñarse de forma sencilla. Experiencias similares han obtenido conclusiones semejantes: “Tile vaults have advantages for construction in developing areas. Learning the technique is straightforward; good results come quickly” (Ochsendorf 2009) 4 .

Hay que resaltar que tan importante como la enseñanza a los trabajadores ha sido mostrar a los técnicos Indios las posibilidades del sistema. Para la formación de estos ingenieros empleamos simplemente algunos documentos de carácter técnico, en los que se ofrecían suficientes detalles sobre el funcionamiento estructural del sistema y sus peculiaridades constructivas (Ochsendorf 2005). Nuestra intención era que pudieran ejercer una labor de control sobre este tipo de unidades, ya que, como se verá en el apartado 6.3.3., es relativamente fácil que el oficial pervierta el sistema de construcción, introduciendo distorsiones que pueden resultar peligrosas. 4. Las bóvedas tabicadas tienen ventajas para la construcción en las zonas en desarrollo. El aprendizaje de la técnica es sencillo, y los buenos resultados llegan rápidamente. (Ochsendorf 2009)

276


Sobre la enseñanza de la técnica de construcción tabicada

6.3.2. Problemas para una implantación. Muchas de las experiencias detalladas con anterioridad, todas en elementos menores, fueron sencillas de realizar, y tan sólo chocaron con algunos problemas menores en cuestiones tales como los materiales (los problemas están descritos en el apartado 6.2.) o el montaje, del que se dan detalles más adelante. Pensamos por ello que la técnica podía ser implantada sin dificultad, y empleada sin mayores problemas en unidades mayores. Sin embargo, pronto nos dimos cuenta de que existían ciertas reticencias al empleo de esta técnica en unidades de gran tamaño. Costó más tiempo comprender que los motivos no eran, o no sólo, de orden técnico, sino también de organización del trabajo. Los problemas que encontramos para la implantación de la técnica de construcción tabicada se resumen a continuación. Trataremos dos puntos: los problemas técnicos y los problemas culturales y de organización del trabajo. Problemas técnicos. El aprendizaje de la técnica de construcción tabicada fue, como se ha dicho en el punto anterior, razonablemente rápido, y no presentó excesivos problemas. Sin embargo, si hubo algunos errores menores que conviene tener en cuenta para futuras experiencias. Los oficiales Indios fueron siempre capaces de sentar las piezas según nuestras indicaciones, pero percibimos que, cuando el técnico no se encontraba en el tajo, el oficial no tenía siempre claro qué pieza debía montar en cada momento. Como se ha detallado en el apartado 2.3 y se aprecia en la figura 2.5 b, el orden de colocación de ladrillos o rasillas es fundamental para la estabilidad de la primera rosca durante su ejecución. Cuando el mortero no es suficientemente rápido, y este era el caso, es necesario formar una suerte de triángulo cuyos lados rectos descansen en los muros testero y de apoyo. De este modo cada rasilla colocada descargará provisionalmente no sólo sobre las piezas sobre las que apoya directamente sino, además, sobre todas las de las hiladas anteriores. Los oficiales Indios solían, sin embargo, intentar terminar hiladas completas, algo que no siempre es posible y que, como se ha detallado en el apartado 2.3, en determinadas ocasiones puede ocasionar problemas. Otro problema que detectamos en las primeras experiencias es que el oficial no siempre asume con rapidez la idea de que es la curvatura del tablero lo que proporciona resistencia a la estructura, y tiene tendencia a pensar que un tablero recto puede ser tan resistente como uno curvo. En ocasiones, algunos oficiales han intentado a construir tableros planos (apoyados, además, y no acodados) para verandas o parasoles. Es fundamental, por ello, insistir en la relación entre curvatura y resistencia en estructuras de este tipo. Estos problemas, y otros menores, no lo son si están controlados por técnicos competentes. El trazado de las curvas siempre se ha realizado por técnicos conocedores del sistema, o por ingenieros Indios que previamente habían sido introducidos en la técnica de construcción tabicada. Encontramos otro problema en algunas reticencias de los técnicos Indios. La ausencia de armaduras en una estructura de fábrica para cubrir un gran un espacio les resultaba difícil de asumir, por más que hubieran visto y probado los ejemplos que se han detallado antes, y proponían emplear sistemas de fábrica armada, o directamente de hormigón, como el que ilustra la figura 6.8., pese a que implican mucha más madera para el encofrado.

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Sobre la enseñanza de la técnica de construcción tabicada Figura 6.8. Encofrado para una estructura abovedada, proyectada en fábrica ligera y construida finalmente en hormigón armado. Puede observarse la gran cantidad de madera de encofrado empleada.

Su argumento era siempre el del riesgo de sismo, que causa, en el norte, grandes problemas: casi todos los temas tratados en el apartado 6.2. (monzones, ausencia de materiales disponibles) les parecían fácilmente resolubles, pero no así el del sismo. Resolvimos construir algunos modelos (véase el apartado 6.4.) para estudiar su comportamiento, y realizar un seguimiento de las unidades de menor tamaño ya construidas. En algunos casos nos vimos obligados a emplear sistemas de fábrica armada, para los que contábamos con el precedente de los trabajos de Laurie Baker en Kerala. Problemas culturales. Los problemas de orden cultural, y sobre todo los relativos a la organización del trabajo, demostraron ser los más difíciles de entender y de resolver. La organización de la trama social India, sumamente compleja, se ha detallado en el apartado 5.2. de la presente tesis. El problema más grave de entre los que encontramos fue el de la organización de los tajos de obra. La sociedad India está dividida según el conocido sistema de castas, pero también por una compleja estratificación de los oficios. En esencia, la casta a la que pertenece un individuo condiciona su posición en la sociedad a todos los niveles, incluyendo el rango de trabajos que puede desarrollar. El individuo que desempeña una tarea (o, en el sector de la construcción, el que ejecuta una unidad concreta) no es quien tiene más capacidad para ello, sino quien pertenece a la casta facultada para desempeñarla. No es la habilidad de un trabajador lo que le capacita para desempeñar una función; es sólo su posición social la que le permite acceder a ello. Así, un oficio determinado (esto es, en realidad: un trabajador concreto, o una familia) posee un tajo. Su casta, su herencia, le permite desarrollar ese trabajo concreto, y no otro: ese trabajador, facultado para realizar un trabajo determinado, sólo hará ese trabajo: difícilmente desarrollará trabajos de otro nivel, que creerá inferior (aunque sean idénticos en nuestra consideración) ni tan siquiera puntualmente.

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Sobre la enseñanza de la técnica de construcción tabicada Figuras 6.9 a, b y c. Estructuras abovedadas en Orissa o en el Gol Gumbaz, todas de tradición árabe. Templos adintelados de la tradición Hindú (el de Suchindram, en este caso).

El tajo de la cubierta pertenece, en la tradición de construcción organizada (la autoconstrucción se ha tratado también en el capítulo 5) al carpintero, o más bien a los actuales herederos del carpintero. Las cubiertas tradicionales eran de madera, y aunque en la actualidad muchas de las estructuras sean de hormigón armado, son los herederos de estos trabajadores los que se arrogan el derecho de construir en exclusividad ese tipo de elementos. Baste decir que eran también ellos los que construían las antiguas cubiertas de piedra, y no los canteros o albañiles locales, que se limitaban por lo general a arranques y basamentos. Además, la unidad más compleja de las losas de hormigón habituales en el sistema de construcción actual en Anantapur es el encofrado, una unidad propia, también en otros lugares, del carpintero. En nuestras primeras iniciativas habíamos intentado enseñar las técnicas de construcción de bóvedas tabicadas, como se ha dicho, a los brick-masons, los albañiles de ladrillo locales, en la lógica de que el aprendizaje sería más sencillo si los trabajadores estaban ya acostumbrados a trabajar con obra de fábrica. Pues bien, topamos con los primeros problemas serios al intentar cubrir espacios de cierto tamaño, ya que el derecho de construir este tipo de elementos pertenecía a otro grupo, el de los carpinteros. El problema no es siquiera que estos negaran a los albañiles la posibilidad de trabajar en ese tajo, es que el albañil lo consideraba no ya una intrusión por su parte, sino incluso un demérito. Las construcciones realizadas hasta la fecha no suponían un problema porque, en realidad, nunca habían entrado en otro ámbito que no fuera el de la albañilería: escaleras, parasoles y pequeñas verandas habían sido construidas desde siempre por este oficio. Nos costó mucho comprender este problema, ya que no perteneced al ámbito de la técnica o de la historia sino de la antropología social y cultural. Son los estudios sobre antropología estructural los que tratan problemas “descubiertos con ocasión del estudio de fenómenos sociales que no necesariamente son más simples (como tan a menudo se tiende a suponer) que aquellos que tienen por teatro la sociedad del espectador, pero que –en razón de las grandes diferencias que presentan con estos últimos- ponen de manifiesto ciertas propiedades general de la vida social que el antropólogo toma como objeto de estudio” (Levi-Strauss 1987, 360). Sólo desde este ámbito, y tras la cuidadosa toma de datos resumida en el capítulo 5, pudimos comprender problemas de esta índole y proponer, en la medida de nuestras posibilidades, algunas soluciones.

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Sobre la enseñanza de la técnica de construcción tabicada La solución más rápida era la de intentar que fueran los mismos carpinteros los que construyeran estas bóvedas. Trabajaban ya el hormigón y el acero corrugado, además de la madera, ¿por qué no la fábrica? Esta idea fue propuesta por el prof. Santiago Huerta (consciente de lo fácil que resulta aprender la técnica tabicada siempre que se pretenda construir unidades rectas y sencillas) y se intentado implantar en los últimos años. Ensayamos esta opción primero en algunos parasoles y verandas (esa es una unidad compartida, que pueden construir tanto uno como otro oficio): los trabajadores eran mucho más lentos que sus compañeros albañiles colocando el ladrillo, con un rendimiento que hacía que el sistema no fuera competitivo. Pensamos entonces en la que ha sido la solución finalmente empleada: prefabricar algunas de éstas bóvedas, de forma semejante a las experiencias de Eduardo Sacriste o Carlos González Lobo. Contábamos, además, con un referente local: los trabajadores Indios fabrican sobre el suelo pequeños tableros planos de mortero, armados con una fina malla de acero, para parasoles de pequeño tamaño, estanterías, etc. Con la técnica descrita en el apartado 6.4., muy semejante a la empleada para estos pequeños tableros, conseguimos que los carpinteros fabricaran y montaran costillas de bóveda, que empleamos en diferentes elementos constructivos. El último problema de carácter cultural que encontramos es el de la percepción hindú sobre la construcción abovedada. Los sistemas de construcción hindú son siempre adintelados, ya que están muy condicionados por su concepción religiosa de la idea de equilibrio (véase el apartado 5.6.). El empleo de estructuras abovedadas, o de arcos de cualquier tipo, se asocia a la construcción árabe: como se ha dicho, la ciudad de Hyderabad o el palacio del Gol Gumbaz, grandes construcciones árabes, son los edificios clásicos abovedados más cercanos. Y lo árabe, sea por antiguos problemas de casta o por enfrentamientos políticos recientes, genera hoy un cierto rechazo en la zona de Anantapur. Construir, así, edificios con una estructura abovedada completa, sobre todo si ésta se manifiesta al exterior, es casi tomar partido religioso, algo que la Fundación Vicente Ferrer no desea, como es lógico.

6.3.3. Seguimiento. Algunos de los oficiales a los que se enseñó esta técnica la emplearon después por iniciativa propia, a veces en construcciones de la Fundación Vicente Ferrer, y otras en construcciones ajenas. En algunos casos hemos podido seguir el recorrido de esta técnica. Por lo general las pequeñas construcciones que hemos encontrado son correctas; en algunos casos, sin embargo, hemos encontrado algunos problemas interesantes de reseñar. Figuras 6.10 a y b. Mala construcción de una bóveda, con mortero de cemento convencional, fuertemente inserta en una roza pero apoyada directamente sobre el terreno.

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Sobre la enseñanza de la técnica de construcción tabicada En algunos casos hemos encontrado elementos tabicados construidos con materiales poco convencionales. Aunque por lo general sí se ha empleado siempre un ladrillo ligero, en ocasiones éste se ha tomado con un mortero de cemento común, por lo que era imposible construir la estructura al aire y era necesario emplear todo tipo de elementos de apoyo, pequeños puntales casi siempre. Este sistema funciona, pero, como se verá en el apartado 6.4., no es óptimo desde un punto de vista de producción ni de impacto ambiental. Lo ideal, para una construcción de este tipo, sería emplear alguna cimbra que forzara a una forma correcta. En otros casos hemos encontrado relaciones poco razonables con otros materiales y elementos. A veces las bóvedas se han apoyado directamente en el terreno, sin cimentación alguna, con la intención, como en la imagen, de que funcionaran insertándolas fuertemente en las fábricas costeras, en este caso de bloque de cemento. Es evidente que el sistema no puede funcionar de ésta manera. También detectamos el problema mencionado en las primeras experiencias de enseñanza: el trabajador no cree que sea la curvatura del tablero lo que proporciona resistencia a la estructura, y tiene tendencia a construir tableros planos.

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Experiencias y proyectos

6.4. EXPERIENCIAS Y PROYECTOS. En el presente apartado se resumen algunas de las experiencias realizadas o proyectadas con sistemas abovedados ligeros en la provincia India de Anantapur. Se ha dividido, para simplificar la exposición, en cuatro apartados: modelos y maquetas, construcciones de pequeño tamaño, proyectos de viviendas completas y soluciones mixtas de fábrica prefabricada o armada. Un resumen completo de medición de todas estas unidades se ofrece en el cuadro que abre el anejo 3 de la presente tesis.

6.4.1. Modelos y maquetas. Se han construido en Anantapur –y en ocasiones también en España, con intención de trasladar hasta la India la experiencia, como se ha descrito en el apartado 6.3.- diferentes modelos y maquetas. Nuestro deseo, con estas construcciones, era triple: por un lado, el de ensayar materiales; por otro, el de mostrar las posibilidades de la técnica de construcción tabicada a técnicos y mano de obra locales; y por último, el de emplear esos modelos como muestras para comprobar el comportamiento de este tipo de construcción en la zona. Estos modelos permanecen en Anantapur y su evolución está siendo registrada por alumnos que viajan a la zona como cooperantes. Casi todos se construyeron en el Campus I, la sede principal de la Fundación Vicente Ferrer, con lo que el acceso su acceso es sencillo. Hemos habilitado un pequeño protocolo de comprobación, que incluye registro fotográfico, control de estado, medición de fisuras cuando las ha habido, medición de temperaturas interior y exterior, etc. con la intención de conocer la evolución de cada modelo, algo que también se ha hecho con muchos de los elementos construidos como parte de diferentes edificios. Hasta la fecha, todos los datos registrados permiten afirmar que los problemas que se estudiaron en un principio y que se han resumido en el apartado 6.2. (de sismo, monzón, materiales, etc.) no han afectado a ninguno de los modelos, que permanecen, por regla general, en perfecto estado. Los detalles de este tipo de controles se encuentran en el anexo 3 de la presente tesis.

283


Experiencias y proyectos Modelos de pequeño tamaño. Hemos construido numerosos modelos de pequeño tamaño. En ocasiones se ha tratado sólo de maquetas como la que aparecen en las imágenes 2.10 a, b, c, d, e y f, construidas con pequeñas piezas (por lo general, el baldosín de barro compactado descrito en el apartado 6.2.). El caso más frecuente, con todo, ha sido el de las maquetas de bóvedas escarzanas rectas, como las que se aprecian en las imágenes adjuntas. La intención de estos pequeños modelos era tanto la de ensayar una pieza que pudiera integrarse en elementos mayores (formando el relleno de forjados de vigueta, véase 6.4.3) como la de dar confianza al oficial para construir elementos de mayor tamaño, tal y como se ha descrito en el apartado 6.3. En este caso se trata de una bóveda escarzana de una hoja, apoyada en muros de fábrica, que cubre un hueco de apenas 65 cm. (el entrevigado previsto para un forjado de vigueta entonces en proyecto). Como puede observarse, la maqueta se cubrió con tierra arcillosa y una capa de mortero, la solución que habíamos previsto para el forjado, inspirada en algunas soluciones tradicionales en la zona, sin ningún impermeabilizante. No se pretendió en ninguno de estos modelos realizar una buena cubierta (como tampoco una buena cimentación) para que estuvieran muy expuestos a las acciones del clima, especialmente a las fuertes lluvias y escorrentías del monzón. Figuras 6.11 a, b, c, d, e, f, g y h. Construcción de un modelo de bóveda tabicada con baldosas. La luz es de 65 cm., la misma que quería emplearse en la construcción de una cubierta completa con vigueta y entrevigado tabicado.

284


Experiencias y proyectos Modelos de gran escala.

Figuras 6.12 a, b y c. Construcción de un modelo de bóveda tabicada, correspondiente al proyecto de vivienda de doble crujía detallado en el apartado 6.4.3.

Los modelos de mayor escala están siendo también de gran importancia. Los más interesantes han sido las recreaciones a escala 1:1 (salvo por cuestiones de luz de las bóvedas) de un tipo vivienda, la de doble crujía abovedada, que tenemos intención de construir en la zona. Se han realizado varios ensayos, de entre los que se adjunta a continuación una breve descripción del más detallado. La vivienda, como se detalla en el apartado 6.4.3., se ha diseñado organizada en dos grandes crujías, de unos 3 metros de anchura cada una, cubiertas ambas con bóvedas escarzanas rectas, de dos roscas. Las bóvedas apoyan en una solución de vigas de borde resuelta mediante fábrica armada (véase el apartado 6.4.4.) unidas con tensores cada 3 metros, aproximadamente. Como se verá, esta es una solución óptima desde el punto de vista de la economía energética y de producción. El modelo se limitó a reproducir las soluciones previstas para la vivienda en una superficie total de unos 6 metros cuadrados. Sobre este estructura de fábrica se ensayaron (como en casi todos los modelos) diferentes soluciones de cubierta. En la actualidad estamos estudiando diferentes posibilidades, que incluyen el empleo de una segunda hoja de fábrica sobre costillas para generar una simple cámara de aire entre ambas, con diferentes geometrías de cubierta para el acabado, o el montaje de una solución de cubierta verde (al modo de las que plantean edificios como el Pines Calyx, véanse las imágenes 4.1. a y b y 4.7. a), siempre con la intención de mejorar el comportamiento del edificio ante los problemas de la climatología de la zona.

285


Experiencias y proyectos

Figuras 6.13 a y b. Construcción de verandas cortas de vivienda, de unos 60 cm. de anchura y longitud variable. La misma construcción en la actualidad, transcurridos cuatro años. Figura 6.14. Esquema de estructura de parasol de hormigón habitual.

6.4.2. Unidades de pequeño tamaño. Todas las unidades construidas en Anantapur, con la excepción de algunos modelos, han sido elementos de pequeño tamaño. Se han construido diferentes parasoles, verandas, recrecidos y tableros de escalera. El listado completo de las unidades de este tipo construidas hasta la fecha se acompaña en el anejo 3. A continuación se resumen las experiencias realizadas con parasoles y verandas, que han sido no sólo los casos más comunes, sino, además, aquellos en los que la lógica de la construcción tabicada ha tenido, en nuestra opinión, una mejor aplicación. Los parasoles y verandas son habituales en Anantapur. Las temperaturas, como ya se ha dicho, pueden alcanzar los 45 grados, y las zonas de sombra no siempre son accesibles. Verandas y parasoles funcionan además como protecciones frente a las fuertes lluvias del monzón, protegiendo interiores y carpinterías. Lo más habitual en las construcciones tradicionales era que se emplearan soluciones de madera para las verandas (véase la imagen 5.8) o losas de unos 60x60 cm. de cudappha, una piedra local, para los parasoles (véase la imagen 5.12). En las construcciones realizadas actualmente se emplean losas de hormigón de espesor variable para ambos casos, e incluso soluciones de perfilería metálica en las zonas cercanas a localidades con industrias de este tipo (las más próximas a Bangalore, básicamente). Estas losas suelen estas ancladas a las vigas corridas de cargadero de ventana que suelen incorporar las construcciones, tal como puede apreciarse en las imágenes 5.131 a 5.133. En ocasiones es el alero del edificio el que realiza esta función, pero no es lo habitual, ya que entre este y la ventana suele existir un pequeño hueco para la ventilación (fundamental en estas construcciones); lo más común es emplear un pequeño alero de protección de ese hueco y un parasol mayor sobre las ventanas, como se observa en el detalle adjunto. En algunas construcciones hemos sustituido ese tipo de parasol por una pequeña bóveda tabicada. Los motivos del empleo de esta técnica en estas unidades se ha detallado en el apartado 6.3.: en los primeros casos realizamos un rápido análisis sobre la pertinencia, desde el punto de vista de la economía energética y de producción, de emplear la construcción tabicada en estos elementos; en todos los casos las bóvedas tabicadas resultaban óptimas, mejorando los resultados del sistema de hormigón. El resumen de estos análisis se encuentra en el anejo 3.

286


Experiencias y proyectos La propuesta más común fue la de partir de las vigas de hormigón descritas para apoyar allí la bóveda. Por lo general se dejó un lecho para el apoyo de las piezas en el hormigonado de la viga, como puede apreciarse en el detalle adjunto, lo que permitía un más fácil montaje. Se han construido bóvedas de una y dos roscas, siempre cubiertas con una pequeña capa de mortero de cemento de acabado. En ocasiones se empleó una capa de compresión muy poco armada (con una malla de acero 20x20x4 mm., en casi todos los casos) como complemento, debido a las ya mencionadas reticencias de los ingenieros Indios. También se empleó un sistema similar en las llamadas verandas cortas (sunshade verandah es el nombre habitual en la zona). Las que aparecen en las imágenes, construidas en 2003, son las de mayor tamaño, unos 4,5 metros de luz y una relación luz flecha de 1/6. En ellas se empleó una bóveda de una sola rosca y se añadió una capa de compresión de 5 cm armada con la malla descrita. La construcción de un elemento de este tamaño al aire, sin más referencias que la traza en el muro, nos suscitaba algunas dudas sobre si la habilidad de los oficiales sería suficiente para conseguir una geometría adecuada, por lo que empleamos algunas pequeñas cimbras y camones. El resultado fue más que correcto; en la actualidad, estas verandas siguen en perfecto estado, y no han sufrido más deterioros por el paso del tiempo que otros elementos de la vivienda. En otros casos, como los que ilustran las imágenes de esta página, se han construido otras unidades de pequeño tamaño: escaleras o recrecidos. La mayor parte de las escaleras levantadas eran de acceso a la plataforma principal de la vivienda, construidas cuando era necesario respetar el paso de aguas bajo ellas (de lo contrario se hacen directamente con el mismo relleno que se emplea en las plataformas, como es lógico). En estas unidades la construcción tabicada es menos indicada (económica y energéticamente) que la tradicional, dada la necesidad de construir una cimentación específica para garantizar un buen apoyo en el terreno.

Figuras 6.15 a, b, c y d. Construcción de una pequeña escalera de acceso a plataforma de planta baja.

287


Experiencias y proyectos

6.4.3. Proyectos de vivienda. Se diseñaron diferentes tipos de vivienda, a la manera de los edificios descritos en los capítulos 3 y 4 de la presente tesis, siempre adaptados a las necesidades y a los medios disponibles en Anantapur (como se ha dicho, algunos de los modelos detallados en el apartado 6.4.2. eran ensayos para una vivienda cubierta por completo con bóvedas de este tipo, inspirados en algunos de esos ejemplos). Se detallan a continuación las viviendas de doble crujía abovedada, que demostraron ser idóneas tanto por su eficiencia ambiental y de producción como por ser las más similares a la vivienda tipo que construye la Fundación Vicente Ferrer en la región. Las mayor parte de estas viviendas se proyectó en Bukkaya, una pequeña localidad situada a unos 60 km. al oeste de Anantapur. Junto con el proyecto se realizaron diferentes estudios de detalle, tanto de coste de producción como de impacto ambiental; en todos los casos se tuvo en cuenta la disponibilidad de mano de obra cualificada, la distancia de la localidad a los suministros, etc. Los resultados de estos estudios se detallan en el anejo 3. Figuras 6.16 a, b, c y d. Croquis de trabajo para la construcción de una vivienda de dos crujías, cubierta con bóvedas tabicadas, sobre vigas de fábrica armada, atirantadas, con costillas y tablero sobre ellas. Se aprecia como en las zonas de veranda y tendederos el tablero principal, de dos roscas, se prolonga hasta los pilares de apoyo

288


Experiencias y proyectos El diseño. El proceso de diseño de la vivienda fue sumamente sencillo. Se estudiaron comparativamente varios tipos de vivienda (la práctica totalidad de los expuestos en los capítulos 3 y 4 de la presente tesis), con la intención de comprobar cual era la solución idónea, desde tres puntos de vista: el comportamiento de la estructura -según lo descrito en el apartado 2.4.- su coste económico –según lo descrito en el apartado 2.5.- y su impacto ambiental -según lo descrito en el apartado 4.2.-, siempre teniendo en cuenta los condicionantes locales. En el anejo 2 se ofrecen los resultados de los estudios sobre coste económico e impacto ambiental de cada solución estudiada en los capítulos 3 y 4, empleando datos genéricos; en el anejo 3 se estudian esos mismos edificios con los datos de la zona de Anantapur. Mediante esos datos es fácil comprender que son las viviendas de bóveda escarzana atirantada las que resultan más interesantes para el formato que deseábamos construir. Otras sistemas, en apariencia óptimos, fueron desechadas por diferentes motivos. Soluciones como las propuestas por Michael Ramage en la Vivienda de cero emisiones en Kent (véase el apartado 4.2.2.), son modelos formales en los que se da prioridad a la optimización de la estructura de fábrica frente a la disposición del espacio interior. En nuestro caso eso no tendría sentido, pues emplear una bóveda con forma de catenaria invertida (que en el proyecto de Ramage sustituye a los cerramientos hasta llegar a la cimentación del edificio, evitando construir muros como tales, sino tan sólo una bóveda en toda la envolvente) condicionaría, como es lógico, todo el edificio, forzándolo a ocupar una gran superficie (desaprovechada, por su baja altura, en su mayor parte) o a tener al menos dos alturas para poder aprovechar el espacio generado. Como se ha dicho en el apartado 5.3., la tradición de construcción de viviendas en Anantapur obliga, o poco menos (en virtud de las tradiciones de diseño y construcción) a levantar edificios de una sola planta. Una segunda planta tendría también, como es lógico, repercusiones negativas desde el punto de vista económico. Tampoco son posibles las soluciones adosadas sin tirantes y con contrafuertes, si bien las más lógicas desde el punto de vista tanto del coste económico como del impacto ambiental. El modelo, en este caso, son las Viviendas en Usera, construidas por Luis Moya (véase el apartado 3.2.3.) también con dos plantas, aunque en este caso este problema puede soslayarse sin dificultad. Como se ha dicho en el apartado 5.3., la vivienda tradicional es aislada y, por lo general, se sitúa de forma aparentemente dispersa (sin más criterio que el de respetar árboles cercanos y evitar las zonas bajas y, en consecuencia, las escorrentías durante el monzón). Nuevamente son importantes aquí las tradiciones de diseño y construcción. Los detalles sobre este tipo de disposición se encuentran en Pramar 2005, 15. A estos criterios de diseño se añadieron los que obligan las singularidades propias de la zona. Se incluyeron una veranda principal (como es habitual, de medio frente) parasoles de ventana (corridos, aprovechando la viga de borde de apoyo de la bóveda) ventilaciones cruzadas (sobre los huecos de ventana, en ocasiones comunicando con la cámara de ventilación del bajo cubierta), etc. Esta adaptación permitía, en realidad, diferentes acabados formales (cubiertas planas, a dos aguas, o curvas como la del ejemplo que ilustra la página siguiente), así como diferentes soluciones de muro de cerramiento, acabado de cubierta, etc. Los modelos que construimos (véase el apartado 6.3.2.) tuvieron la intención de comprobar la pertinencia de cada una de estas posibilidades.

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Experiencias y proyectos

290


Experiencias y proyectos

Figura 6.17. Perspectiva seccionada de uno de los proyectos de vivienda de doble crujĂ­a. Dibujos de Juan Antonio RodrĂ­guez.

291


Experiencias y proyectos La estructura. Decidido el diseño general, la estructura de las viviendas se proyectó según los procedimientos especificados en el apartado 2.4.3. Se decidió que las bóvedas a construir fueran cilíndricas (y no de sección antifunicular) ya que éstas son más sencillas de trasladar a una realidad constructiva concreta; además, para una relación flecha/luz como la que estábamos manejando (entre 1/6 y 1/12, de forma aproximada) apenas existe diferencia entre ambas formas, como puede comprobarse con facilidad. Los cálculos realizados para la bóveda fueron entonces de simple comprobación geométrica, y de revisión de las condiciones de compatibilidad y de cedencia del material. Los datos de estas comprobaciones se adjuntan en el anejo 3. El diseño de las estructuras de apoyo (vigas de borde y central), para las que se pensó emplear hormigón o fábrica armada, estaba condicionado por el valor del empuje de las bóvedas, por lo que no pudo realizarse hasta que no contamos con estas estimaciones. Estas vigas (pueden apreciarse algunos estudios en los croquis 6.16 a, b, c y d) se diseñaron para alojar una bóveda de doble rosca, con su tirante correspondiente, y para permitir a la vez la sujeción de un tablero de acabado. Un tablero que, apoyado sobre la bóveda en las costillas que pueden verse en la perspectiva 6.17., tan sólo genera un empuje despreciable sobre la pieza.

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Figuras 6.18 a y b. Modelo de estructura invertida y comparación de la forma de una catenaria cerrada con un círculo. Figura 6.19. Vista de la bóveda, la hoja de cierre y la viga de borde. Dibujos de Juan Antonio Rodríguez.


Experiencias y proyectos Figura 6.20. Esquema de acciones sobre la viga de borde proyectada.

Obviamente el trazado de la viga en planta es sencillo (una pieza lineal sometida a una carga uniformemente repartida –la bóvedacontrarrestada por reacciones puntuales cada 2 metros –los tirantes); la dificultad estribaba en el diseño de la sección, pues era necesario tener en cuenta los empujes de la bóveda (F1), el contrarresto de los tirantes (F2), el peso propio del voladizo de parasol de la viga de borde (F3) y la posición del muro. Es imposible plantear un único sistema de equilibrio, por lo que se estudiaron diferentes casos, siempre con la condición de garantizar que la resultante del sistema (R) se condujera al terreno a través del tercio central del muro diseñado: cubierta descargada, grandes cargas centradas sobre la cubierta, grandes cargas excéntricas sobre la cubierta, cargas concentradas en el voladizo, etc. El pequeño análisis vectorial que se detalla en la figura 6.19 es una síntesis de todos los factores que intervienen. El resumen de todos estos cálculos y las conclusiones sobre el dimensionado y armado de la viga se encuentra en el anejo 3; la conclusión, de forma muy resumida, de los cálculos realizados era que era necesario levantar ligeramente la posición del tirante para compensar la tendencia al vuelco que genera el peso del parasol. El coste económico. Definida ya la estructura (aparentemente razonable desde el punto de vista de su bajo coste, en base a los ejemplos semejantes estudiados en los capítulos 3 y 4 y en el anejo 2) estudiamos los costes definitivos de la tipología elegida, elaborando un presupuesto completo de la misma. Interesaba principalmente conocer la partida de la cubierta, ya que los sistemas murarios son variables, como se ha mencionado en capítulo 5, y su importancia en el esquema de vivienda era menor, ya que habíamos decidido emplear tirantes y no emplear los muros para contener empuje alguno. La solución se comparó con las losas construidas habitualmente en la zona, como es lógico, y también con algunas de las opciones combinadas con fábrica armada o prefabricada que se resumen en el apartado 6.4.3. De los análisis sobre el coste se desprenden algunos datos de interés. Como se ha dicho en el apartado 6.2.4., el sistema es competitivo con los de hormigón. De hecho, para luces medias (unos 3,5 metros en la zona) la solución avanzada en los detalles 6.16. y 6.17 permite mejorar en un 20% el coste de una losa de 22 cm.

293


Experiencias y proyectos Aún más: la solución de cubierta mejora sensiblemente, a igualdad de coste, con un sistema de fábrica. El hormigón en losa se valora en unas 1500 INR por metro cuadrado, a lo que es necesario añadir un pendienteado posterior y un acabado con mortero hidrófugo (el total de la solución ronda las 2000 INR por metro cuadrado. Esta es una solución muy poco interesante desde el punto de vista del aislamiento térmico de la cubierta, algo fundamental en la zona. Las bóvedas propuestas (el precio aproximado de las de dos roscas es, como se detalla en la tabla 6.1., de 1000 INR) pueden combinarse con una segunda hoja, tal como se aprecia en los detalles, apoyarse en una viga de borde y atirantarse por un total de 1800 INR. El coste es prácticamente idéntico (no podemos establecer si los valores del cuadro 6.1. son completamente precisos, ya que los rendimientos que se estimaron en él se estudiaron sobre unidades mucho menores). La realidad es que el hormigón no es mucho más caro que la solución de fábrica: lo que realmente encarece el sistema son los materiales (en relación con la mano de obra) y el encofrado de la losa. Si en España la mano de obra supone un 30 % del total de la unidad, en Anantapur apenas representa el 5 %. El encofrado de una losa puede representar hasta un 15-20% del total de la unidad en España (de forma aproximada, unos 20 € sobre 85 € por metro cuadrado) mientras que en Anantapur la repercusión sube hasta el 30%. m²

Forjado de losa maciza.

85,61

Forjado de losa maciza, horizontal, canto 24 cm; HA-25/B/20/IIa fabricado en central y vertido con cubilote; acero UNE-EN 10080 B 500 S, cuantía 22 kg/m²; encofrado de madera; altura libre de planta de hasta 3 m. Sin incluir repercusión de soportes.

Ud m²

Descomposición Montaje y desmontaje de sistema de encofrado continuo para forjado de losa maciza de hormigón armado, hasta 3 m de altura libre de planta, compuesto de: puntales, sopandas metálicas y superficie encofrante de madera tratada reforzada con varillas y perfiles.

kg

Acero en barras corrugadas, UNE-EN 10080 B 500 S, elaborado en taller y colocado en obra, diámetros varios.

Hormigón HA-25/B/20/IIa, fabricado en central vertido con cubilote.

h

Rend. 1,1

p.s. Precio partida 17,78 19,56

22

0,91

20,02

0,24

63,64

15,27

Oficial 1ª construcción.

0,608

17,6

10,7

h

Ayudante construcción.

0,608

16,45

10

h

Peón ordinario construcción.

0,304

15,95

4,85

%

Medios auxiliares

2

81,49

1,63

%

Costes indirectos

3

83,12

2,49

Total:

85,61

Tabla 6.6. Análisis general del coste de una losa maciza de hormigón, de 24 cm. de canto, en España. Precios en euros. Tomado de la base de precios CYPE.

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Experiencias y proyectos m²

Forjado de losa maciza.

1938,83

Forjado de losa maciza, horizontal, canto 24 cm; acero B 500 S, cuantía 22 kg/m²; encofrado de madera; altura libre de planta de hasta 3 m. Sin incluir repercusión de soportes. Ud m²

kg m³

Descomposición Rend. 1,1 Montaje y desmontaje de sistema de encofrado continuo para forjado de losa maciza de hormigón armado, hasta 3 m de altura libre de planta, compuesto de: puntales, sopandas y superficie encofrante de madera. Acero en barras corrugadas, UNE-EN 10080 B 500 S, 22 elaborado en taller y colocado en obra, diámetros varios. Hormigón HA-25/B/20/IIa, fabricado en central vertido 0,24 con cubilote.

p.s. 536,3

Precio partida 589,9

30,5

670,5

2260,6

542,6

h

Oficial 1ª construcción.

1

20,0

20,0

h

Ayudante construcción.

1

15,0

15,0

h

Peón ordinario construcción.

0,5

15,0

7,5

%

Medios auxiliares

2

1845,5

36,9

%

Costes indirectos

3

1882,4

56,5

Total:

1938,83

Tabla 6.7. Análisis general del coste de una losa maciza de hormigón, de 24 cm. de canto, en Anantapur. Precios en INR. Elaborado con rendimientos tomados in situ y los precios de obra habituales para la Fundación Vicente Ferrer en 2007.

m 2 solución abovedada doble crujía con doble hoja Repercusión viga de hormigón de borde

360,0

Repercusión tirantes de acero

60,0

Repercusión bóveda tabicada doble rosca

990,0

Repercusión costillas de fábrica

115,0

Repercusión segunda hoja y capa de compresión

295,0

Total:

1820,0

Tabla 6.8. Repercusiones de las diferentes unidades de las que se compone la cubierta de doble crujía y doble hoja propuesta en el presente capítulo. Precios en INR. Elaborado con precios de obra para la Fundación Vicente Ferrer en 2007.

En resumidas cuentas, cualquier unidad de fábrica, y muy en particular una bóveda tabicada, en la que la mano de obra necesaria es mucho más importante que los materiales (desde el punto de vista del coste) tiene muchos puntos a favor en construcción en cooperación al desarrollo. La solución planteada en este apartado compite con la losa, mejorando además las propiedades del edificio, tal como puede verse en los descompuestos que contiene el anejo 3, resumidos en la tabla 6.8. Debe tenerse en cuenta, además, que en el coste de la unidad está incluido también el de los parasoles de ventanas, que se construyen conjuntamente con la viga según el diseño proyectado.

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Experiencias y proyectos El impacto ambiental. Por lo que se refiere al estudio de impacto ambiental, el trabajo comparativo realizado, muy semejante al detallado en el apartado 6.2.4., incluyó también las vigas de borde, los tensores y la segunda hoja. Nuevamente jugó a favor de la solución de fábrica el hecho de que el encofrado sea una solución sumamente costosa en Anantapur desde el punto de vista ambiental (algo difícil de valorar, ya que también en este caso empleamos la base de datos del Instituto de Tecnología de la Construcción de Cataluña (ITeC), BEDEC PR PCT). Las correcciones realizadas a la energía requerida para transportar los materiales empleados desde las zonas de producción hasta la zona de construcción se ajustaron a la localización prevista. También en este caso se estudiaron el consumo energético de producción de materiales y puesta en obra, las cantidades de CO 2 emitidas en ambos procesos, y los residuos de producción y obra. Los resultados se han resumido en los cuadros siguientes. Ambas soluciones, de hormigón y de fábrica, son muy similares en lo que se refiere a consumo energético, pero debe tenerse en cuenta que la solución de fábrica es de doble hoja (lo que aumenta lógicamente, casi duplicándolo, su coste energético y sus emisiones de CO 2 , hasta el punto de resultar similar al de la solución de hormigón) mientras que la de hormigón, simple y masiva, es a todas luces menos lógica, desde el punto de vista del comportamiento térmico de la construcción terminada. Algunas consideraciones. El ladrillo supone una fuerte carga de energía, debido en gran parte a la necesaria para la cocción. Sin embargo, como se ha comentado en el apartado 6.2., estamos ensayando la posibilidad de sustituir al menos una de las roscas, la segunda, por bloques de menor consumo, tipo BTC. Además, el combustible empleado en ese caso, residuos menores de maderas arbustivas, es razonablemente ecológico 5 .

m 2 solución abovedada doble crujía doble hoja Repercusión viga de hormigón de borde

Tablas 6.9 y 6.10. Impacto ambiental asociado a la producción de una losa de 14 cm. y a la solución de doble crujía y doble hoja de bóveda tabicada planteada en el presente capítulo. Base de datos del Instituto de Tecnología de la Construcción de Cataluña (ITeC).

Coste energético MJ

kwh

Emisiones CO 2

580

162

47

Repercusión tirantes de acero

58

16

10

Repercusión bóveda tabicada doble rosca

74

20

6

Repercusión costillas de fábrica

116

32

9

Repercusión segunda hoja y capa de compresión

290

81

24

1118

311

180

Total:

m 2 solución losa de hormigón de 24 cm. de canto

Coste energético MJ

kwh

Emisiones CO 2

Repercusión hormigón en masa

305

85

55

Repercusión acero corrugado

829

230

67

Repercusión encofrado de madera

190

54

6

1324

369

128

Total:

5. Otros estudios ofrecen estimaciones similares: “Los valores [del banco BEDEC] podrían considerablemente debido al proceso de fabricación del ladrillo […] común en la zona de estudio, pues el combustible empleado es biomasa (leña) cuyo valor en los análisis del ciclo de vida (ACV) es neutro, y no gas natural como se ha considerado en este análisis” (Arguello 2008, 33).

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Experiencias y proyectos

Figuras 6.21 a y b. Pequeñas bóvedas prefabricadas para parasoles, verandas y aligerados de forjado.

6.4.4. Soluciones tabicadas armada y prefabricada. Dado que la construcción de bóvedas tabicadas al aire chocaba con los problemas descritos en el apartado 6.3.2, exploramos también la posibilidad de utilizar otros sistemas de estructuras ligeras de fábrica. Ensayamos diferentes tabicados prefabricados, combinados por lo general con hormigón o con elementos de fábrica armada. Los referentes, en estos ejemplos, fueron los trabajos de Carlos González Lobo y Eladio Dieste, detallados en los apartados 3.3.4 y 3.3.5 de la presente tesis. En la mayor parte de los casos, las iniciativas con bóvedas prefabricadas y armadas fueron simples traslaciones de las ya descritas en los apartados 6.4.2 y 6.4.3. Las verandas y parasoles de pequeño tamaño construidos con la técnica tabicada se prefabricaron in situ en esta ocasión mediante un sistema de moldes (“lomos”) sobre el terreno, semejante al descrito en los capítulos dedicados a Eduardo Sacriste y a Carlos González Lobo, tal como puede verse en las imágenes 6.21 a y b. Los detalles constructivos son muy similares a los de una solución tabicada al aire convencional (y de hecho se emplearon sobre vigas de apoyo semejantes a las descritas en el apartado 6.4.2) y también lo son los costes de producción y energéticos, como puede apreciarse en los resúmenes contenidos en el anejo 3. Por lo que se refiere a las soluciones de vivienda, ensayamos estos sistemas prefabricados combinados con diferentes elementos de hormigón y de fábrica armada. En los casos más sencillos se instalaron bóvedas prefabricadas sobre sistemas unidireccionales convencionales, tal y como puede verse en los ejemplos. Las viguetas de hormigón prefabricado habituales (poco comunes en la zona) alojaban sobre sus cantos, en estos casos, las piezas prefabricadas de las imágenes 6.21 a y b, o directamente pequeños tableros planos. Sobre el conjunto se vertió en algunos casos una capa de hormigón (con lo que el sistema resultante era muy semejante al habitual en España, actuando la fábrica abovedada como aligeramiento) y en otros casos una solución local (véase 5.3) con tierra arcillosa vertida sobre la estructura y una capa de mortero de acabado. En las imágenes 6.22 a y b pueden verse algunos ejemplos. El listado de construcciones levantadas con estos sistemas se ofrece en el anejo 3. También se ensayaron diferentes soluciones combinadas con vigas, o con costillas, de fábrica armada. Los modelos a seguir fueron, en este caso, los trabajos de Eladio Dieste o José María Churtichaga. La intención fue en todos los casos sustituir la vigueta de hormigón por piezas de fábrica armada de diferentes formas, y hacer descansar sobre ellas los sistemas de aligerado prefabricado antes descritos. Los croquis y las fotografías incluidos como imágenes 6.23 a, b, c, d y e son muestra de ello.

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Experiencias y proyectos

Cabe hacer dos reflexiones, a favor y en contra, de los sistemas armados y prefabricados. Con ello las dificultades de las que se habla en el apartado 6.3.2 fueron menores, ya que los carpinteros de la zona de Anantapur sí están acostumbrados a construir con soluciones de prefabricación in situ semejantes (los tableros de hormigón ligero ya mencionados, por ejemplo). También fueron menores las reticencias de los ingenieros: si la fábrica incluía un armado, aunque fuera mínimo (y el de montaje lo era, un redondo longitudinal de 4, pensado sólo para mover las placas que pueden verse en las imágenes 6.21 a y b), la estructura sería suficientemente segura: contaban con la experiencia reciente de Laurie Baker en Kerala, una zona con problemas sísmicos de cierta gravedad. La combinación de prefabricados y armados es, además, mucho más flexible, y permite cubrir espacios de forma más abierta. Sin embargo, como es lógico, las ventajas de la obra de fábrica sin armar desde el punto de vista de la economía y del impacto ambiental del sistema desaparecen al incluir los grandes armados (no los menores ya mencionados) necesarios para cubrir luces de cierta magnitud. En el caso del impacto ambiental los valores, detallados en el anejo 3, son en todos los casos más altos que los de las soluciones de fábrica u hormigón, ya que los materiales principales son acero y fábrica, que necesitan de altos aportes energéticos en su fabricación.

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Figuras 6.22 a y b. Forjados unidireccionales con aligerados con bóvedas prefabricadas.

Figuras 6.23 a, b, c, d y e. Construcción de un modelo de vigueta armada. Croquis de algunas de las soluciones de combinación armadoprefabricado ensayadas.


Experiencias y proyectos Figura 6.25. Ensayo informal de un modelo de vigueta armada en la sede de la Fundación Vicente Ferrer.

6.4.5. Algunas conclusiones. Muchas voces reclaman hoy una industria de la construcción más respetuosa con el medio ambiente, y proponen el uso de materiales sostenibles y de soluciones de diseño que permitan reducir el consumo de energía de los edificios. Desde hace ya algunos años es habitual la defensa y recuperación de algunas técnicas de la construcción tradicional, no por sus virtudes estéticas, sino por sus valores prácticos. La arquitectura vernácula ofrece un amplio catálogo de soluciones sostenibles. Entre las más estudiadas y conocidas está la construcción tradicional con base en la arcilla, sean tapiales, tierra compactada o fábricas de ladrillo cocido. Las investigaciones sobre este tipo de construcción se mueven hoy en un terreno híbrido entre la recuperación de las antiguas tradiciones abandonadas y la tecnología punta, dos extremos que se unen en la investigación contemporánea. En cooperación al desarrollo, el empleo de sistemas de construcción tradicionales y sostenibles tiene una enorme importancia, ya que su uso ayuda a poner en valor estos sistemas. La arquitectura de cooperación debe ser la punta de lanza de la recuperación de las tradiciones y de las nuevas tecnologías, que la industria irá adoptando después: “The NGO’s have an important role to play in the diffusion of rural technologies. When transferring rural technologies, unlike NGO’s, the private sector is interested mainly in profitable technologies […] NGO’s, having greater manoeuvrability can experience with new designs and mould new models which ultimately become suitable” [02]. (Bhalla 1994, 142) [02] Las ONGs tienen un papel importante en la difusión de la tecnología rural. En la transferencia de tecnologías rurales, al contrario que las ONGs, el sector privado está interesado principalmente en tecnologías de las que pueda obtener un beneficio rápido. […] Las ONGs, teniendo mucha más maniobrabilidad, pueden ensayar nuevos diseños y […] nuevos modelos que finalmente resulten adecuados”. (Bhalla 1994, 142)

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Experiencias y proyectos La bóveda tabicada como tecnología para la cooperación. La bóveda tabicada, un sistema propio de la arquitectura vernácula mediterránea, ha demostrado, en los ensayos y construcciones realizados en la provincia india de Anantapur, ser una tecnología idónea para su empleo en cooperación. Y no sólo por su seguridad, por su facilidad de montaje y por su coste razonable sino también, de forma muy destacada, por su bajo impacto ambiental y por su fácil transferencia. Sobre su seguridad (estructural y constructiva) no había grandes dudas. Las comprobaciones realizadas han demostrado que el sistema funciona, y que, en las condiciones establecidas, las construcciones abovedadas de este tipo son seguras. También aporta argumentos a favor de este sistema el hecho de que la mayor parte de los edificios detallados en los capítulos 3 y 4, algunos construidos hace 75 años, están actualmente en uso, y no presentan problemas de patología. De entre los muchos visitados para la redacción de esta tesis, tan sólo las Escuelas de Arte de la Habana presentaban algunos problemas, pero eran debidos al vandalismo que sufre actualmente el edificio (algunas de sus naves están prácticamente abandonadas) y no a errores de construcción o a falta de mantenimiento. Por lo que se refiere al impacto ambiental de la construcción tabicada (en determinadas zonas, como es lógico) tampoco había demasiadas dudas, ya que existen numerosos estudios sobre consumo de energía y obra de fábrica. Máxime cuando, como en Anantapur, la fábrica sustituye a otras soluciones que precisan de abundante madera, habitualmente escasa en las zonas que hemos estudiado: la construcción de bóvedas ligeras de este tipo minimiza, o elimina casi por completo, la necesidad de encofrado, reduciendo el consumo de madera. Es más difícil hacer consideraciones generales sobre el coste de la solución. Si los valores sobre seguridad o eficiencia comentados antes pueden considerarse globales (salvo ajustes: por cuestión de problemas de sismo, o de disponibilidad de materiales, por ejemplo), en lo que toca a los costes, son muchas las variables: conocimiento de la técnica, coste de la mano de obra, coste de los materiales, etc. En general puede afirmarse que las soluciones ensayadas en Anantapur han sido muy competitivas (comparadas, en precio final, con las que emplea la pequeña industria de la zona) siempre que las condiciones fueran las idóneas y el conocimiento de la técnica por parte de los trabajadores era lo suficientemente avanzado. Sin duda, el factor que más influye en la competitividad de este sistema es la mano de obra. Podemos suponer que, en condiciones semejantes, esta solución será competitiva también en otras zonas. Las sorpresas han llegado en lo tocante a las posibilidades de transferencia de la técnica tabicada. La facilidad de montaje del sistema era conocida por nosotros, pero, pese a que algunos trabajos apuntaban ya en ese sentido, no lo era tanto que su aprendizaje pudiera ser rápido y eficaz. Y así ha sido en Anantapur. Los trabajadores han aprendido con relativa rapidez la técnica, que sólo ha chocado, como se ha detallado en el apartado 6.3.2, con el particular esquema de producción de la India central (la cubierta es una unidad que tradicionalmente construyen los carpinteros: emplear albañiles ha generado algunos problemas menores). También ha sido ejemplar el interés de los principales ingenieros e industriales de la zona (pese a algunos problemas que se han detallado y que pueden resolverse con facilidad) lo que hace pensar que puede llegar a producirse una transferencia real de esta tecnología.

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Experiencias y proyectos Las bóvedas tabicadas son un sistema válido para la construcción en cooperación al desarrollo en la provincia de Anantapur. Y pueden transferirse, pese a su aparente complejidad, de un modo sencillo. La investigación, ahora, debe avanzar en dos direcciones: por un lado, en el empleo de nuevos materiales, incluyendo el ya citado bloque de tierra compactada; y, por otro, en el diseño de nuevas soluciones, constructivas y arquitectónicas, en el ámbito de la obra de fábrica. Soluciones que puedan no sólo mejorar los sistemas ligeros actuales, sino, además, facilitar su integración con las variadas tradiciones locales.

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Conclusiones

7. CONCLUSIONES. 7.1. Conclusiones del estudio. 7.2. L铆neas de investigaci贸n futuras.


Conclusiones


Conclusiones

7. CONCLUSIONES GENERALES. 7.1. CONCLUSIONES DEL ESTUDIO. La principal conclusión de esta tesis es que las bóvedas tabicadas son factibles y útiles en cooperación al desarrollo, tanto para construir estructuras menores como para cubrir grandes superficies. En general, la construcción de bóvedas tabicadas puede ser de interés no sólo en el marco de la arquitectura de cooperación, sino también en otros muchos ámbitos de la construcción arquitectónica. La técnica tabicada puede resultar competitiva, hoy, en todo tipo de construcciones, desde las de la arquitectura de alta tecnología (que requiere de soluciones, como son estas bóvedas, de gran adaptabilidad formal) a los edificios de pequeña escala. Sus virtudes no residen, o no tan sólo, en sus valores estéticos o en su carácter histórico, sino también en sus ventajas prácticas, sean estas constructivas, económicas, energéticas o ambientales. A continuación se enumeran las conclusiones específicas de la presente tesis: 1) La construcción de bóvedas tabicadas es técnicamente factible, siempre que se cuente con los materiales y la mano de obra adecuados, que no son, como se piensa con frecuencia, difíciles de conseguir. 2) La construcción de bóvedas tabicadas es estructuralmente segura, como acreditan los trabajos publicados al respecto y las numerosas construcciones realizadas con esta técnica 3) La construcción de bóvedas tabicadas es competitiva en lo referente a costes, consumo energético e impacto ambiental, e incluso puede ser idónea en determinadas localizaciones. Las bóvedas tabicadas han sido empleadas desde antiguo y con cierta frecuencia en situaciones de carestía de recursos materiales y abundancia de mano de obra (algo ciertamente común en arquitectura 305


Conclusiones de cooperación). Su empleo recurrente en este tipo de contextos es un buen argumento en apoyo este sistema a la hora de construir o diseñar proyectos para zonas en necesidad. 4) De entre las tipologías constructivas estudiadas, las estructuras de bóvedas tabicadas escarzanas rectas y atirantadas –algunos de cuyos ejemplos se detallan en el capítulo 3- son las que resultan idóneas tanto desde el punto de vista de su factibilidad técnica como del de su economía de producción, y son por ello mucho más lógicas, desde la óptica de la arquitectura de cooperación al desarrollo, que algunas de las propuestas recientes recogidas en el capítulo 4. 5) La construcción de bóvedas tabicadas es factible y segura, desde un punto de vista técnico, en obras de cooperación en la provincia India de Anantapur, la zona que ha sido objeto de este estudio. La construcción de bóvedas tabicadas puede ser igualmente factible y segura en otras muchas regiones en las que las condiciones (climatológicas, sísmicas, etc.) y los recursos (materiales, humanos, etc.) sean similares. 6) El sistema de construcción de bóvedas tabicadas ha demostrado ser competitivo, en lo que se refiere a economía de producción, con los empleados actualmente en obras de cooperación en la provincia India de Anantapur, la zona que ha sido objeto de este estudio. El sistema permite, además, mejorar el consumo de energía de los procesos de producción y posibilita una mayor eficacia energética de los productos construidos. Esto es consecuencia, fundamentalmente, de una característica de estas bóvedas: el escaso material (tanto auxiliar –encofrados, etc.- como definitivo –ladrillo y morteros-) necesario para conseguir cubrir un espacio. El sistema de construcción al aire de bóvedas tabicadas puede ser igualmente óptimo en otras regiones necesitadas de este tipo de construcciones, en las que condiciones (climatológicas, sísmicas, etc.) y los recursos (materiales, humanos, etc.) sean similares. 7) La técnica de construcción tabicada ha sido aprendida correctamente por los trabajadores de Anantapur. El proceso de aprendizaje no ha supuesto más complicaciones de las que pueden estimarse razonables en un caso como éste, en el que no existían tradiciones de construcción semejantes, ni referentes cercanos de ningún tipo. 8) La construcción de bóvedas tabicadas sencillas ha sido posible en Anantapur en trabajos de pequeña escala: parasoles, entrevigados, tableros de escalera, recrecidos o pequeñas verandas. En todos los casos, las estructuras construidas han demostrado ser factibles y seguras, y funcionan sin problemas ni patologías de importancia desde su construcción, de la que en algunos casos han transcurrido ya más de 5 años. 9) El empleo en Anantapur del sistema de bóvedas tabicadas en construcciones de gran escala (como cobertura de edificios completos, por ejemplo) ha chocado con problemas que no han sido, en ningún caso, de orden estrictamente técnico, sino relacionados con detalles de carácter cultural, social y de organización del trabajo. Han sido estos los motivos de que, en este tipo de construcciones, los sistemas abovedados ligeros hayan podido emplearse sólo combinados con estructuras de hormigón, o, en algunos casos, con sistemas de fábrica armada.

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Conclusiones Estudios futuros deberán tener en cuenta, por ello, no sólo las posibilidades técnicas de estos sistemas, sino también la trama social y de organización del trabajo de la zona en que se pretenda insertarse, ya que es ésta la que, al menos en el caso estudiado, condiciona con más fuerza las posibilidades que una técnica tiene de funcionar en un determinado contexto.

7.2. Líneas de investigación futuras. Quedan abiertas las siguientes líneas de investigación: 1) Ampliación del estudio a la construcción de bóvedas tabicadas con otros materiales, como el bloque de tierra compactada, cuyo coste energético permita mejorar el del conjunto de la construcción de estas bóvedas sin comprometer ni la seguridad de la estructura ni la eficacia energética de los productos construidos. 2) Desarrollo de herramientas de replanteo digital, de bajo coste y fácil acceso, que faciliten la construcción mediante la técnica tabicada y que ayuden a garantizar una homogeneidad formal (y, por definición de estos sistemas, estructural) suficiente en las construcciones realizadas por trabajadores sin cualificar. Estas herramientas servirían también para, llegado el caso, construir formas más complejas. 3) Ampliación del estudio a la construcción de viviendas en la región de Anantapur, cubiertas completamente con bóvedas tabicadas y con otros sistemas estructurales de fábrica ligera afines. Toma de datos in situ del funcionamiento de las mismas desde el punto de vista de la higrotermia, del comportamiento estructural, etc. con vistas a contrastar su idoneidad, en estos ámbitos, desde un punto de vista experimental. 4) Ampliación del estudio a otras zonas, dentro del ámbito de arquitectura para la cooperación al desarrollo, en las que las condiciones (climatológicas, sísmicas, etc.) y los recursos (materiales, humanos, etc.) sean similares. Trazado de un mapa de regiones en las que esta técnica pueda ser de aplicación.

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Conclusiones


Bibliografía

BIBLIOGRAFÍA. Bibliografía citada. Bibliografía consultada.


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Resumen reducido