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El Mito de la Caverna en Tiempos Modernos. (428 AC – 2011 DC)

Por Jorge Eduardo Grisales López Docente Lejos, muy lejos, estaba el Maestro Platón (su verdadero nombre era Aristocles) de imaginar que su alegoría sobre la situación del ser humano respecto del Conocimiento, plasmada genialmente en el Mito de la Caverna, trascendería por más de 24 Siglos, cuando en una tarde de sol radiante y en una chispa de genialidad suprema, explicaba a sus coterráneos la existencia; según él, de dos mundos: el mundo sensible, conocido a través de los sentidos y el mundo inteligible; alcanzable sólo mediante el uso exclusivo de la razón. El conocimiento de ambos mundos, según el Maestro Platón, es potestad sólo de los filósofos o de aquellos individuos capaces de sentir y razonar adecuadamente sobre las más importantes cuestiones de la vida cotidiana de los seres humanos. En este punto, podría fácilmente el lector manifestar que todos los seres humanos son filósofos porque sienten y razonan. El asunto acá es que el mundo que se conoce a través de los sentidos, no siempre es real, ya que éstos (los sentidos) pueden ser alterados y distorsionados a conveniencia y, 1


por lo tanto, una simple imagen o sonido u olfato para unos significa una cosa y para otros, una muy diferente. Si ello es así, entonces el mundo inteligible o de la razón, será también diferente para ambos ciudadanos. ¿Cuál es, en síntesis, el verdadero? Conviene una explicación sobre lo manifestado hasta ahora. En la Caverna del Maestro Platón, los prisioneros que desde su nacimiento están atados por cadenas, sólo pueden ver las sombras de diversos objetos que se proyectan en una pared y escuchar algunos sonidos o voces de seres que no pueden identificar. Debido a las circunstancias de su prisión se encuentran condenados a tomar únicamente por ciertas todas y cada una de las sombras proyectadas y de los sonidos que escuchan ya que están impedidos de conocer algo de lo que acontece a sus espaldas. Para ellos, en consecuencia, la única verdad son dichas sombras y sonidos y por lo tanto, ése es su real conocimiento de las cosas y su razonamiento se basa en dicha “realidad”. Los prisioneros conversan, debaten y filosofan sobre un mundo que suponen real, cuando el hecho cierto es que son sólo sombras y sonidos y apariencias de realidades muy diferentes si tan sólo pudieran ver de qué se tratan, si fueran capaces de romper las cadenas que los atan y con valentía traspasar el muro que los conduciría a la verdadera “realidad” o conocimiento para ahora sí, razonar y filosofar sobre ello. Transcurridos 24 siglos de aquella inspiración del Maestro Platón, muy seguramente el lector concordará con el autor de este artículo, en que existe en la actualidad; en la era digital y de las Tecnologías de Información y Comunicación, TIC´S, una nueva clase; muy grande por cierto, de prisioneros en otras cavernas más sofisticadas y de cadenas poderosas de romper, insospechadas en ese entonces por el Maestro Platón, quien debe recordarse, no conoció ni usó el internet, ni el Facebook, ni el Twitter ni otras redes sociales… digo,...por si acaso alguien duda o piensa que en ese entonces y momento histórico de la Grecia antigua, algo había de ello. Aunque pueda 2


sonar descabellado, según el filósofo Francés Michel Serres, las nuevas tecnologías son demasiado antiguas en sus objetivos y demasiado novedosas en sus realizaciones. Ahorita, en estos días de modernidad, el profesor y filósofo Argentino José Pablo Feinmann, manifiesta en su programa “Filosofía aquí y ahora”, que resulta bien difícil para el común de los mortales de hoy, romper las cadenas que los atan y les imposibilitan acercarse al verdadero “Conocimiento” y por tanto son conducidos a mansalva a “razonar” sobre hechos y situaciones distantes, de lejos, de la verdadera realidad. Los prisioneros actuales suponen de buena fe y llenos de convencimiento pleno y nítido de que sus planteamientos se fundamentan en bases sólidas, que sus dos mundos; el de los sentidos y el inteligible funcionan a la perfección. Pero se preguntará el lector ¿Y cuáles son estas cadenas? ¿En dónde están que no se ven?...¿Acaso es un delirio de algunos “iluminados” o de seudo filósofos en busca del estrellato publicitario? Conviene, para un mejor entendimiento de las características de las ataduras y cadenas de la modernidad en donde están prisioneros los mortales referidos, seguir al profesor José Pablo Feinmann acompañado de un trabajador cualquiera de una empresa cualquiera en cualquier lugar del mundo, que luego de un arduo día de trabajo, llega a su casa, cansado, con muchas o pocas preocupaciones para el día siguiente… lo recibe una esposa y si tiene suerte algo come, algo se dicen… los niños… las tareas de la escuela… el pago de los servicios públicos, la colegiatura… y así y así… allí están ambos, José Pablo y el trabajador, el primero analizando la situación y el segundo en el mundo de los “sentidos”, por ello siente cansancio… hambre… rabia… alegría… caricias… placer… llenura,… quizás hasta sueño…pero antes de dormir, claro está, debe sentarse o acostarse cómodamente frente al televisor o computador a recibir sin analgésicos ni calmante alguno, su dosis de droga y “grilletes” que los medios de comunicación avalados por el gobierno nacional le brindan de buena fe.. eso sí y que quede claro… de buena fe, de tal forma que queda allí pringado e indefenso mientras su mundo inteligible o de la razón le 3


es arrebatado, ya no le pertenece, porque otros, recuerden, de buena fe ... piensan y razonan por él… al individuo se le coloniza entonces su subjetividad y el mundo de la razón, no sólo no es de él, sino que ya viene dado y empaquetado y le es suministrado como inyección letal por el único mundo que le queda; el de los sentidos. Enfrente de sus ojos aparecen entonces sombras, imágenes y sonidos más nítidos que en la caverna de Platón y el trabajador es conducido a una gruta de virtualidad sin fronteras entre lo real, lo verdadero y la utopía y entre vericuetos y laberintos le embuten envidias, novelas, realities, odios, peleas, noticias, vuelos celestiales, rezos, misas, deportes, culitos inmensos y prodigiosos, operaciones financieras y clínicas, animales de la selva copulando, políticos explicando el mundo, asegurando que el desempleo bajó, que el Honorable Congreso patrio legisla para los más pobres, que la guerra está a punto de terminar, que el gobierno ganó, que no hay chuzadas, que sí, que no…que Chávez nos quiere, que Michael Jackson aún vive, que la gloria de Dios es inmensa, que Colombia será campeón mundial, que el próximo desafío en la lucha de las regiones será mejor que el anterior y así y así y así…hasta que el pobre trabajador, con su carga de imaginación y fantasía dada, se duerme y sueña… José Pablo Feinmann ya se había ido. El cuadro descrito se repite cada día y a toda hora una y otra vez, aquí y allá, con empleados, desempleados, comunidad gay, amas de casa, estudiantes, adolescentes, niños, abuelas y abuelos, todos ellos reciben su dosis de amnesia cerebral diaria; mañana, tarde y noche; unos sueñan, otros no… pero todos, sin excepción, han perdido la autonomía de su mundo inteligible, el de la razón, y son los nuevos prisioneros de una caverna moderna de zombis colonizados que el Maestro Platón no soñó, porque es de tal sutiliza que pocos la ven y la gran mayoría hasta agradece el favor de que piensen por ellos. En este punto del relato, ni siquiera René Descartes, el padre de la filosofía moderna y del racionalismo lógico tiene cabida, porque en el único mundo que les queda a aquellos prisioneros modernos; el de los sentidos, no hay lugar para la duda…algo así como.. ¿Será verdad lo que me dicen?... ¿Dónde está 4


la verdad de los hechos? ¿Quién tiene la razón?... estas cuestiones propias de la filosofía fueron tratadas por el señor René cuando en otra tarde, ésta si lluviosa, en el año 1637, Siglo XV, en su “Discurso del Método”, apagó el televisor cavernoso y oscurantista de la teología medieval y dijo solemnemente: “voy a dudar, yo voy a dudar…voy a dudar de todo lo que me dicen, no aguanto más que otros me digan las cosas,…pero y si dudo es porque pienso; y de lo que no puedo dudar es de mi duda, en consecuencia, y en otro destello de su genialidad, fue más allá y manifestó, también solemnemente: “Pienso… luego existo”. El autor quiere dejar planteada la siguiente inquietud: si a los prisioneros modernos, aquellos que acompañó el profesor José Pablo Feinmann les castraron para honra y beneplácito de algunos pocos, la posibilidad de pensar por sí mismos, entonces retomando a René Descartes cabe preguntarse: ¿Si ellos no piensan, entonces no existen? Probablemente existan pero sólo para uno de los mundos de Platón, el de los sentidos, para el otro, el de la razón, están fuera de circulación y la posibilidad de generar y acopiar conocimiento útil, está para ellos tan distante y alejada, como el de un náufrago solitario en la inmensidad de la mar. Retornando a la Grecia de la Caverna, allá en Siglo IV antes de Cristo, resulta que uno de los prisioneros pudo liberarse de las cadenas que le impedían ver la realidad y escapó subiendo tembloroso por un áspero y escarpado sendero hasta llegar a la superficie y ver el mundo, su verdadero color, olor, textura… vio extasiado el cosmos, las estrellas, sintió el calorcito rico del sol y lo asoció con la idea del bien, vio hombres y mujeres, …el mar, los ríos y se sintió libre y poseído de un maravilloso conocimiento que debía ser compartido de inmediato por sus compañeros de infortunio. Regresó a la caverna y entusiasmado contó su experiencia, les dijo que las sombras que ellos veían eran falsas, que los sonidos y olores no son lo que creen y los conminó a seguirle, a disfrutar de las bondades del conocimiento. Los pobres prisioneros le tomaron por loco, desquiciado, arribista y 5


deschavetado, se rieron de él y fue amenazado de muerte si continuaba enceguecido por el efecto nocivo de ese supuesto sol que lo atembó. Hoy en día, 24 siglos después de que el prisionero escapó de la caverna de Platón, algunos prisioneros de las actuales cavernas también han huido. Han sido capaces de atreverse a dudar, a cuestionar y a recuperar el mundo inteligible y aventurarse sin remedio en la búsqueda del conocimiento real, no el ficticio, dado y empaquetado cuando fueron víctimas de la violación a su intelecto y les fue colonizada su subjetividad. Cuando lo anterior ocurre, manifiesta José Pablo Feinmann, los fugitivos escapados están solos. Ahora son responsables de sí mismos y de sus ideas. Tendrán que afrontar los peligros que acarrea su “sabiduría y conocimiento”, incomprendidas por los demás. Muy probablemente se les considerará desquiciados

en

sus

juicios,

peligrosos

para

la

patria,

alterados

perniciosamente en sus apreciaciones y marginados de la sociedad del común, en donde el escarnio y la mofa por la evasión les costarán muy caro. ¿Qué hacer? ¿Escapar o quedarse en la tranquilidad del letargo? Para quienes escogen la primera alternativa; escapar, deben concordar entonces con el filósofo y profesor Francés Michel Serres, para quien las nuevas tecnologías son demasiado antiguas en sus objetivos y alcances y extraordinariamente novedosas en sus realizaciones. Tal como ocurrió con la escritura y la imprenta, ellas han afectado en forma inusitada y hasta impensable la mayor parte de las prácticas sociales. Para quienes escogen la segunda alternativa, quedarse en el letargo, deben recordar el siguiente poema atribuido erróneamente al filósofo Alemán Bertolt Brecht, aunque su verdadero autor es el Pastor Luterano Alemán, Martin Niemüller "Primero apresaron a los comunistas, y no dije nada porque yo no era un comunista. / Luego se llevaron a los judíos, y no dije nada porque yo no 6


era un judío. / Luego vinieron por los sindicalistas, y no dije nada porque yo no era ni obrero ni sindicalista. / Luego se llevaron a los católicos, y no dije nada porque yo era protestante. / Hoy vinieron por mí, pero ya es demasiado tarde." Como ejemplo de lo que le sucede a quien se escapa de las cavernas actuales, se menciona el caso del profesor Michel Serres apasionado por la educación, autor de un informe sobre la educación a distancia propuesto al gobierno francés en 1994. Aún no se ha cerrado en él la herida que le dejó la fría acogida de ese trabajo, particularmente por parte de la prensa que lo consideró utópico y salido de toda cordura. Sin embargo, la sucesión de acontecimientos con el advenimiento de Internet, vendrían a darle toda la razón. Frente a lo manifestado hasta ahora, parecería que es más sano y menos peligroso perder el mundo inteligible y simplemente dejar que otros piensen por uno, que razonen y conduzcan el mundo a placer y conveniencia, pero si ello ocurre, el ser humano desaprovechará el estado de gracia que provee el verdadero conocimiento y no podrá apreciar las bondades y bellezas intrínsecas que provee el mundo de la razón. Finalmente, cuando se le preguntó al profesor Serres sobre si el ser humano está listo para asimilar el cambio de la modernidad, éste manifestó lo siguiente: “No sé. Pero sí sé que tan sólo en cincuenta años pasamos de desplazarnos a caballo o a pie, a movernos en automóvil. Y eso que únicamente utilizamos el 20 o 25% de las funciones de nuestro cerebro. Así pues, ¡despertemos! “Por otra parte, se olvida una de las grandes leyes de la tecnología a la cual llamo yo la inversión de la ciencia. ¿Qué es la ciencia? La ciencia es lo que el padre enseña al hijo. ¿Qué es la tecnología? Es lo que el hijo enseña a su papá. No conozco hoy por hoy un adulto más o menos acomodado, reaccionario o apegado a las tradiciones, a quien un hijo no le haya enseñado a utilizar una videograbadora. Ello anula por consiguiente el problema de la asimilación. ¿Cómo un niño de once años puede enseñarle el funcionamiento 7


de un aparato supuestamente difícil de manejar a un adulto que ha salido de la Universidad? Hay que sacar conclusiones de lo anterior. La tecnología no es tan difícil como parece. “En términos de la evolución darwiniana, este fenómeno se llama la neotenia. Fue inventado por un biólogo holandés de comienzos de siglo, que decía que la evolución iba en el sentido de un rejuvenecimiento del embrión. El hombre no se parece a un chimpancé más viejo, sino a un embrión de chimpancé más joven” Bueno, amigo lector, quedan planteadas con este artículo algunas inquietudes que deben llevarlo a la reflexión sobre si se está adentro o fuera de la caverna y sobre cuál es su posición frente al mundo y su devenir. Recuerden que en la nueva Pirámide del Doctor Abraham Maslow, otro elemento satisfactor que el ser humano escapado de la caverna moderna demanda es el legado que le deja a las generaciones venideras. ¿Cuál es entonces su legado?

¿Qué le respondería usted al Maestro

Platón, está adentro o fuera de la caverna?

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el mito de la caverna