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Magia en la ciudad La Instituci贸n IV Parte

Sandra Gonz谩lez- Besada G贸mez


4 ª Parte. << Los hombres lobo son los seres más pasionales que jamás han existido >>. Anónimo.

I

-Están cerca, tenemos que irnos, es muy peligroso.- Dictamina Lorelaine Ross, esposa de Roger y antigua rehikim. Cuando la Transformación, comenzó a hacer efecto por primera vez, ella se lo contó a la Institución, que la echó a la calle. Ahora vive en la manada, y es líder de la Oposición lobuna, algo así como un partido político que nunca lucha, siempre huye. -Debemos combatirlos, no somos cobardes, ¡Somos hombres lobo!- Replica George Harris, el jovencísimo líder de la manada lobuna de Isla Sur. Todos los lobos lanzan un grito al aire, en respuesta a su jefe. Lorelaine, iracunda, abandona el consejo pegando un fuerte portazo. George continúa:- ¡Lobos, luchemos, solo son simples humanos!, ¡A por ellos!- Alza el martillo y da un golpe seco en la mesa:- ¡Se cierra la sesión!- La gente se levanta de las sillas y salen, en tropel, de la sala. Cuando voy a salir, George me llama:- Jennifer, no te vayas.- No les he revelado mi verdadero nombre porque no quiero que descubran mi pasado ni mi identidad. Sé por el tono que emplea que va a ser una larga conversación, por lo que tomo asiento de nuevo. 20 minutos más tarde, y tras haberse despedido de todos los que faltaban, George se acerca y se sienta a mi lado. -Sabes que es muy peligroso, ¿Verdad? -Sí, lo sé. -Prometí a tu madre que te cuidaría. Y eso pienso hacer. -¿Mara?, ¿Mi madre?, ¿Era una mujer loba? -No exactamente. Cuando escapó con Sofía, con Jonathan y contigo, unos lobos la atacaron.


Fuimos nosotros, pero no os atacamos. Os trasladamos hasta aquí para ayudaros. Encontramos una esencia extraña en Mara, como si fuera un vampiro. -¿Vampiro? Pero... -Tenía una toxina infectada en la sangre. La volvió loca, quiso matarnos a todos. Por eso os entregamos a Jonathan y a ti a casas de acogida. Tuvimos que detenerla. -¿Cómo que detenerla? -Tuvimos que matarla. Lo siento, Jennifer. -Pero... ¡No me lo puedo creer!- Comienzo a llorar lentamente- George me toma de las manos y las empapo de lágrimas. -Tranquila, lo siento, ¿Vale?- Asiento y él me abraza. Aspiro su colonia y hundo la cabeza en su hombro. Con los dedos, recoge mis lágrimas e intento serenarme:- Por favor, relájate. Sé sincera: ¿Estás llorando solo por esto?Niego: -No, no estoy llorando solo por esto.- Con la cabeza me indica que continúe:Antes de Convertirme, Jonathan, mi medio hermano me gustaba muchísimo. Estaba muy enamorada, pero cuando me transformé por primera vez, él huyó. No quiso ayudarme. Ahora seguro que me odia por escapar, no quería hacerle daño, por eso me fui. Querrá matarme. -¿Va a luchar? -Sí, es un narahim. En esta guerra, rehikim, reftirim y narahim lucharán contra los hombres lobo. Pero tenemos una gran ventaja: contamos con una narahim muy buena en nuestras filas. -¿Ah sí?, ¿Y quién es? - << Como bien sabes, hace 5 años, antes de Convertirme, durante un breve tiempo, fui una narahim. Seré una loba, peor aun conservo las habilidades del pasado. Soy una excelente cazadora >> -. La cara de George muestra sorpresa. -Tengo 1 idea. Narahim, probemos tu potencial. Yo me transformo y tú lucharás en tu forma humana. A ver quien es mejor.- Sé que me está retando, pero no quiero hacerle daño-No será peligroso...


-Tranquila, los hombres lobo nos curamos rápido, y los líderes con experiencia como yo, más aun. Toma.- Me tiende una larga espada. Su tacto me recuerda a Jonathan, a Ann y a Rorohim. Rechazo las lágrimas y aprieto los dientes. George se quita la camiseta, dejando al descubierto su pecho desnudo. Antes de transformarse, George me desafía:- Cuidado, pequeña. Tengo 23 años, pero no soy el líder por mi cara bonita. Buena suerte.- Y me guiña un ojo, antes de convertirse. Cierro los ojos para evitar verlo, la transformación siempre resulta dolorosa. Al abrirlos, un lobo de preciosos ojos ambarinos y pelaje gris me sonríe. Muestra los colmillos y doy un paso al frente. -Es la hora.- Pronuncio solemnemente. George y yo comenzamos a andar en círculos, vigilándonos mutuamente los pasos. George toma carrerilla y se abalanza sobre mí. Levanto la espada, que le roza la columna. Hago una finta hacia la izquierda, pero él adivina la estrategia y cae delante de mí. Recupera la forma humana, mientras nuestras respiraciones se entrecruzan. Sonreímos y él replica: -Vaya, gran cazadora, esto se te da muy bien.- Sus labios están muy cerca de los míos, cierro los ojos y cuando los abro, George me besa con pasión. Sus ambarinos ojos brillan cuando nos separamos. -Ya lo sé. Y ahora, si no te importa, ¿Podrías salir de encima? -Por supuesto.- De un habilidoso salto, se levanta se aleja un poco y me tiende una mano. La agarro con firmeza, para alzarme. Me sacudo el polvo e, irónicamente, hago una reverencia frente a George: -Si mi señor no me requiere para otros asuntos... -Puede marcharse, señorita Jennifer.- Abandona el tono sarcástico para continuar.- Adiós, hasta mañana.- Ya no sé que hacer. Si lucho, será contra Jonathan. Si no combato, no podré ayudar a mi gente, los hombres lobo.


II

-Ya lo he decidido. Voy a combatir. Aunque me juegue la vida. -Yo iré contigo. No quiero que luches sola.- Replica George. Me toma de la mano y la aprieta fuertemente. Le sonrío y él me guiña un ojo.- ¿Podrás enfrentarte a volver a verle? -Sí, Jonathan luchará y no pienso permitir que mate a mis amigos. Además, se me ha ocurrido una idea. -Genial. Aunque, antes, acompáñame.- Me guía hasta llegar al pasillo. Allí hay un cuadro con un bonito paisaje. A la derecha, una frase en latín: << Lupus latinus >>. Está escrita en relieve, por lo que George la presiona con los dedos. La pared desaparece, mostrando una puerta blindada, que conduce a un largo, pero estrecho pasillo, iluminado con antorchas. George coge una, situada a la derecha y comienza a andar hasta la pared del final. Hay un espacio vacío para colocar la tea. La encaja en el agujero, que activa una trampilla y nos hace caer. Descendemos rápidamente por un gran tobogán, hasta toparnos con una colchoneta negra. Mareada por el turbulento trayecto, me tambaleo por la habitación. George, silenciosamente, me agarra por la cintura para detener mi mareo. -¿Dónde estamos?- Pregunto, cuando mi cabeza deja de dar vueltas. -En la sala de entrenamientos. Vamos a practicar las técnicas más frecuentes en los hombres lobo. -Vale... Aunque, antes, ¿Me vas a dejar que te cuente la idea que s eme ha ocurrido?- Él sonríe, no sin aceptar con resignación. -De acuerdo.... -Verás...


III

-Así ella.- Indica George, apuntándome con el dedo.- Se infiltrará en la Institución, fingiendo que la hemos secuestrado y que ha logrado escapar. ¿Entendido? -Sí. Entendido.- Responde a coro la manada. -Bien. Podéis iros.- La gente abandona la sala. George y yo esperamos a que la habitación se vacíe, para entrar en la sala de entrenamientos. Hemos acudido a ese lugar millones de veces desde que George me llevó allí por primera vez. Hemos ensayado mil y una técnicas para que todo salga bien. Y ahora, según las previsiones, a menos de una semana para que la Institución llegue a Isla Sur, tengo practicadas y repracticadas las técnicas del combate. Sé que lo que estoy haciendo no está bien, mas la sangre que corre por mis venas no me deja opción. No quiero enfrentarme al pasado, llevo mucho tiempo huyendo de él. Volver a ver a Jonathan, a Ann y a todos mis amigos va a dolerme, lo sé. Debo enfrentarme a mis miedos y ya está. -Ven aquí, Rebeca Jennifer Rorohim Clate.- El tono que George emplea no augura nada bueno. Está furioso y cabreado. -¿Ocurre algo?- Tengo un terrible presentimiento. ¿Desde cuándo sabe mi nombre completo? Yo nunca se lo he mencionado. -Sí, ocurre algo. ¿Por qué nunca me lo dijiste? Me mentiste. Eres hija de Rorohim. ¿POR QUÉ ME LO HAS OCULTADO?- Cuanto más se enfurece, más se acerca hasta mí. -No podía... No me hubieras aceptado en la manada sabiendo quien era.Contesto, asustada ante la reacción de George. -Tienes razón. Te he dejado entrar, pero ahora: ¡QUEDAS EXPULSADA DE LA MANADA! -Pero... ¡No puedes hacer eso! -Sí que puedo, y lo pienso hacer. Ni se te ocurra regresar a la manada. Te quería y lo has estropeado. Adiós, Rebeca Jennifer Rorohim Clate.


IV

Un ejército de sombras encapuchadas me persigue por el bosque. A cada paso que doy, las hojas sueltan un polvillo dorado. Corro entre el intricado laberinto que forman los árboles. En mi forma lobuna, mis sentidos se agudizan: la vista alcanza lejos y oigo las pisadas del hombre 2 quilómetros atrás. La sangre inunda al aire, que azota bruscamente las ramas de los árboles. Noto un fuerte dolor en el pecho. Me dirijo a un camino de la derecha, que conduce a una muralla de arbustos. Me escondo detrás y me tumbo boca arriba. Recupero la forma humana y me toco el pecho con la mano: está empapado de sangre. Intento detener la hemorragia, pero no puedo. Sé que me voy a morir, por lo que no resisto. Caigo a un profundo vacío sin fin...

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-¡Aaaah!- Salgo disparada como un resorte de la alfombra de flores en la que estoy tumbada.- Uf, solo era una pesadilla.- Me levanto y me sacudo las hojas que se han adherido a mi piel. Para mi sorpresa, descubro una mochila de reluciente color verde. La abro y encuentro una tableta de chocolate, ya derretido; un botellín de agua y provisiones, para aguantar por lo menos 1 semana. Al fondo hay un arrugado sobre. Es una carta y me está dirigida a mí. La envía George y por el tono, parece urgente: << Rebeca Jennifer Rorohim Clate: Tenemos un problema grave. La Institución ya ha llegado. Hace 2 días que te marchaste y ellos llegaron el mismo día que te escapaste. Son muchísimos, una cantidad superior a la que había previsto. Te necesito, quiero que nos ayudes. La mochila es para que vuelvas a Isla Sur. Sigue el río, te guiará a casa. Esperando que vuelvas. George, líder de la manada de Isla Sur. P.D: Su cuando llegues, la guerra ha comenzado, improvisa. Si sucede lo contrario, sigue le plan. Infíltrate entre ellos, no se lo esperará. >>


¡Me necesitan! Aunque me haya expulsado y me odie. Ahora sé lo que tengo que hacer. Guardo la carta en la mochila y me la cuelgo a la espalda. Detrás de mí hay un frondoso roble, muy alto. Trepo hasta la copa y miro a mi alrededor: árboles y más árboles se amontonan hasta alcanzar una enorme masa verdosa. Hacia el final se encuentra en límite del bosque. Si me doy prisa, lo alcanzaré hacia el anochecer. Bajo rápidamente para encaminar mis pasos hacia allí. Observo alegres y n el aire con su feliz piar. Dulces flores silvestres trazan bajo mis pies una compleja alfombra de preciosas flores. Tras muchas e incontables horas, llego al final del bosque. Me tumbo e a la sombra de un gran sauce llorón situado al lado del río que me ha guiado desde que partí del medio del bosque. Diviso un valle y, tras las picudas montañas del fondo, una larga humareda negra. Me asalta el pánico y echo a correr en dirección al pueblo. Quizá puedan proporcionarme información. Llego jadeante y me paro a tomar aire. A la entrada hay una posada llamada << La mejor cerveza >> Entro y unas campanitas resuenan al abrir la puerta. En el mostrador hay una mujer de cabello pelirrojo y grandes ojos verdes. Su cara, salpicada de pecas, enrojece debido a la fuerte discusión que está sosteniendo con una joven de cabello oscuro: -¡Por última vez, márchese de esta posada!- En cuanto la furibunda muchacha se va, enfada reconozco a la mujer que me cuidó y me curó cuando estaba herida. Exclamo contenta: -¡Vanesa!- Me acerco corriendo al mostrador, mientras la nombrada sale, gritando mi nombre: -¡Rebeca!- Corremos hasta abrazarnos. Las lágrimas corren abundantemente por nuestras mejillas. Estoy liberando todo el sentimiento contenido: la huida de la manada, la supervivencia en el bosque y el reenc uentro con Vanesa. Durante 1 microsegundo, la última imagen que tengo de ella, pálida y lívida, afanada en buscarme, contrasta con la de la residencia: el cambio de humor y el cuchillo que Jonathan le enseñó. Era real, todas mis aventuras lo demuestran. Parecía como si el cuchillo la intimidara, no era ella misma. Ahora lo entiendo, no era una imaginación mía, Jonathan le mostró la navaja a Vanesa

y

ella

se

asustó.

Recordando

todo

esto,

le

pregunto:


-Vane, ¿Qué te ocurrió?- Al ver su cara de sorpresa, planteo la cuestión de otra manera:- Cuando vinieron a buscarme, tu humor cambió, ¿Por qué? -Ah... En ese momento sentí como dentro de mí surgía un espíritu: supongo que alguien me poseyó, o eso creo... Después de todo aquello, me despidieron por no haber logrado devolverte al internado. -Lo siento mucho, de verdad.- Ahora me estoy arrepintiendo de haberlo hecho. -No lo sientas. Gracias a ello conocí a Nathan, mi marido. -¿Te has casado?, ¿Cuándo?- Una fina voz me contesta. -Hace 2 meses. Estamos esperando un bebé. -Nath, ven aquí.- Vane lo toma de la mano y con el otro brazo lo abraza por la cadera. -¡Enhorabuena!- Me acerco a los dos y los felicito. Han cambiado mucho las cosas desde que, hace11meses abandonara la residencia para no regresar. Dejar el internado me ha servido para ayudar a valerme por mí misma. Vane y Nathan tienen una sonrisa en los labios y eso me despierta: -¿Qué haces aquí? Creí que te habías escapado. -Eso he hecho.- Comienzo a relatarles mis aventuras.

V

Tras contarles mis experiencias, Nathan y Vanesa dejan de respirar. El miedo se apodera de mí, comenzando así a zarandearlos bruscamente. No se mueven, están pálidos, pero una fuerte y musculada mano me detiene. -No lo hagas. Están en trance. Tranquila.- Su voz me es ligeramente familiar, así que me doy la vuelta para averiguar de quién se trata. Ojos ambarinos resplandecientes y cabello gris, reconocería esa cara en cualquier parte. -¡¿George?!- Me quedo completamente parada y sorprendida.- ¿Qué haces aquí?- La sonrisa se perfila en su cara y sus dientes iluminan la sala. -Buscarte, ¿No te alegras de verme?- Sin que se lo espere, me abalanzo sobre él. -Muchísimo. George, tuve miedo. Estaba asustada.


-Pues ahora ya no tienes nada que temer.- Hundo la cara en su pelo, que desprende un fantástico aroma. Me besa los labios y el cuello, pero hay algo que no termina de encajar: el rostro de George se confunde con el de un joven, rubio, de ojos castaños. George es más mayor y no consigo identificar al otro muchacho. George contempla mi cara de despiste y para:- ¿Rebeca?- Utiliza un tono serio, nada natural en él. -La manada. ¿Cómo están?- De pronto, George se tensa y el tono entristece. -Rebeca, después de tu expulsión estuve pensando... La Institución llegó 2 horas después de que te marcharas. La guerra ya había comenzado para cuando me di cuenta de que no debías haberte marchado. -¿Qué quieres decir con eso? Me estás asustando. -Toda la manada ha muerto. Lorelaine Ross es la única que ha logado salvarse, y que se ha ocultado en el bosque. En estos precisos instantes, la Institución ya debe de saber que está escondida, por lo que ya habrán comenzado a buscarla. -¿Y qué podemos hacer? -Ayudarla. Tenemos que llegar a Isla Sur cuanto antes. Es de máxima prioridad. -¿Cómo podemos lograrlo? -Transformémonos en lobos. Es la única solución. Nos vemos mañana a las 17:00 aquí mismo, ¿Vale?- Asiento, él me acaricia suavemente la mejilla y se va. Resuenan las campanillas, dejando un montón de dudas en mi corazón: ¿Qué pasará?, ¿Moriremos o viviremos?, ¿Qué nos espera en Isla Sur? Con todo mi interior repleto de preguntas, me tumbo en el sofá de la habitación que he alquilado, para despertarme con un objetivo: salvar a los lobos, aunque me cueste la vida.


VI

Llevo una bolsa colgada al hombro que contiene algunas de mis principales pertenencias: ropa de cambio, las provisiones que George me entregó y una libreta muy especial, el diario de Transformaciones. Desde que me convertí en loba

por

primera

vez,

he

ido

apuntando

todos

mis

periodos

de

transformaciones, para detectar si había alguna anomalía al respecto. Bajo, cabalgando las escaleras y me reúno con George. Este me está esperando, sentado en un sillón de color azul. Tiene la sonrisa pintada en los labios y sus ojos ambarinos emiten destellos. Dejo el dinero del alquiler de la habitación sobre el mostrador, agarro a George de la mano y salimos de la posada. 20 metros más adelantes se encuentra la linde del bosque. Sus hojas y ramas se mueven, agitadas por el viento que las agita como un huracán. Aunque en ese momento es George quien atrae mi atención. Se quita la camiseta y me entrega su bolsa de equipaje. Se acerca y me besa en la frente, como señal de despedida. -Adiós. Recuerda, junto al roble.- Coge una manzana de la bolsa para comérsela. Las nubes que antes tapaban el anochecer muestran la luna que ya ha salido. Está llena, por lo que le cuerpo de George comienza rápidamente a transformarse. La ropa desaparece hecha jirones, y su cuerpo se cubre de una pelambrera grisácea. Emite un gemido, antes de alzarse sobre las patas traseras y aullarle a la luna. Echo a correr hasta unos 500 metros más allá. Hay un frondoso roble, cubierto con paja. Cojo un pedazo de chocolate, bebo un sorbo de agua y escondo las mochilas en el hueco del árbol. Ni me molesto en hacer frente a la Transformación, llega sola. Comienzan a dolerme los huesos y siento como si me ardiera la piel. Tengo ganas de llorar, peor las reprimo. Sé que es una especie de efecto secundario de las Transformaciones. El ardor cesa, pero aumenta el dolor. Aúllo a la luna y la respuesta llega inmediatamente: otro aullido se escucha cerca. En la oscuridad dos puntitos ambarinos resplandecen. Es George. Nos acercamos tocarnos con el hocico. Es una muestra de cariño muy íntima, aunque mi mente no ha dejado de pensar en Jonathan. Ese joven de cabello rubio y ojos marrones me ha robado


el corazón. Con un gesto, George me indica que lo siga corriendo. Sus pies despegan, como balas del suelo y, en pocos segundos, está ya muy lejos. Lo persigo entre los árboles, buscando el rastro de Lorelaine: manzanas de caramelo. Horas más tarde, el campamento donde vivía la manada se vislumbra ante nuestros ojos. Aunque nada es como antes: regueros de sangre por todas partes, las tiendas de campaña destrozadas y un extraño, pero a la vez familiar olor en el aire: muerte, muerte que se infiltra en todos los poros de mi piel. El sol hace su estelar aparición por lo que retornamos al bosque. El pelaje lobuno desaparece, y en su lugar, nos quedamos sin camiseta. George se acerca a un pino, para sacar de sus raíces una camiseta sin mangas. Me la pongo, y continuamos nuestro camino. Llevamos tanto tiempo andando que me da la sensación de que ha transcurrido un año completo. Por fin distingo un pequeño río junto a un eucalipto, que emite humedad por todas sus ramas. Nos tumbamos al cobijo del árbol y cierro los ojos para descansar. Necesito relajarme y dejarme llevar, por lo que me abandono al sueño.

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Las pesadillas se suceden una tras otra, durante un interminable periodo de tiempo. Las lágrimas se desbordan de mis ojos, incontrolables. La sangre está presente en todos mis pensamientos. Hasta que me despierto, los gritos afloran de mi garganta, incesantes. Cuando abro los ojos, el astro solar está ya en lo alto, por lo que deduzco que deben de ser las 15:30. George está arrodillado junto a una hoguera y tiene un extraño pájaro tostándose al fuego. Lo observo con atención, está de espaldas a mí y ni siquiera se ha dado cuenta de mi presencia. Carraspeo levemente y él gira la cabeza: -Estás despierta.- Noto cierto alivio en su voz, como si se alegrara por verme despierta. -Hola a ti también.- Es tono es sarcástico, como si estuviera regañándole. -Lo siento.- Alza los brazos en símbolo de perdón, yo se lo acepto.- Hola, ¿Qué tal?


-Bien. Lo único que recuerdo es que tras llegar aquí. Me tumbé y me dormí. Solo me acuerdo de ello. -Según lo que cuentas te has perdido más de la mitad de los acontecimientos. Una verdadera pena, pues me he encontrado con una loba hace 2 días. -¿Con quién?- pregunto avivada por la curiosidad. -Lorelaine Ross.

VII

El nombre me hace elevarme del suelo. Como una bala, un resorte. -¿La has localizado?- Él asiente, no del todo convencido. Se muerde el labio, dubitativo. Un gesto que no me acaba de aclarar las cosas.- George, ¿Dónde está?- Agacha la cabeza, como si se avergonzase, mientras noto como su rostro enrojece. -La he perdido. 2 días atrás paró aquí a descansar. La invité a tomar algo, mientras yo me echaba una siesta. Al despertarme, Lorelaine ya no estaba. -Por Lupus... Tenemos que localizarla.- Decidida, me doy al vuelta y comienzo a andar con paso firme hacia el interior del bosque. George me agarra fuertemente de la mano, intentando detenerme. -Rebeca; Lorelaine dijo que si al despertarme no al encontraba, que la buscara en Isla Sur, en las cuevas del mar. Ya he averiguado a lo que se refería. Las cuevas del mar son los denominados acantilados que hay justo al lado de nuestros campamentos. Antes de huir, la Institución se instaló en el poblado para apropiarse de todo, las casas, las tiendas, los locales, todo. Usando únicamente la violencia. Hay que ayudarla o la matarán. -Vale. Recojamos las cosas y partamos. Ha llegado la hora.- Decido convencida.


VIII

El calor se transmite por todo mi cuerpo. La adrenalina se mezcla con la rapidez. Las patas se hunden en el suelo, y la luna guía mi destino. Los árboles se suceden en el bosque, unos tras otros, alzando sus hojas contra el viento. Sobre el desfiladero, contemplamos el gran edificio construido sobre el poblado. Torres de vigilancia y cámaras de seguridad. Imposible pasar. El amanecer se perfila entre las montañas, la Transformación está llegando a su fin. Volvemos a la oscuridad del bosque, mientras mi cuerpo termina por retornar a su forma humana. Nos sentamos al cobijo de un pino para trazar un plan. -Esto es lo que haremos. Ellos supongo que seguirán buscándome, ¿Verdad?George asiente y yo continúo.- Me plantaré en ese edificio diciendo que me han secuestrado y que he logrado escapar. Tú aprovecharás para colarte ahí y buscar a Lorelaine. Este árbol será el punto de encuentro. Si no la hallas en 1 hora, vuelve. Ya encontraré una manera de salir, ¿Vale? -Vale. Solo una pregunta, ¿Cómo vas a simular que acabas de huir de un secuestro? -Lo haremos así...

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Ataviada con ropa oscura, me deslizo entre la maleza. Tengo frío, pues la vestimenta tiene sendos agujeros en la camiseta y en el pantalón. Hay guardias apostados patrullando la zona. Le hago una señal a George, y me pongo en pie. Avanzo temerosa, hiriéndome los pies descalzos. Hay 2 hombres que se quedan asombrados al verme surgir de la sombra. -Por... favor... ayú...denme...- Pronuncio con una fingida voz temblorosa, tropezando continuamente. -Tranquila joven. ¿Estás bien?, ¿Cómo te llamas?- cabello rubio y grandes ojos marrones. Siento un gran vacío en el estómago. Ha pasado largo tiempo... -¿Jonathan?, ¿Eres tú de verdad?


-Por Sofried... ¿Rebeca?- Todo en él es arrepentimiento. -Sí. Jonathan, ¿Podrías ayudarme? -Claro, ven, apóyate en mí.- Me acerco y coloco mis brazos sobre Jonathan y su compañero. Apretando los dientes, llegamos hasta el edifico. No tengo mucho tiempo, y el volver a ver a Jonathan ah trastocado completamente mis planes. ¿Puedo contar con él o debo ocultarle lo que planeo.

IX

No sé cuanto tiempo llevo prisionera en este lugar, y los únicos recuerdos que tengo son los de la noche anterior: << Jonathan le indica a su compañero que nos deje solos. Sentados en sendos butacones, en una habitación semejante a la biblioteca de la Universidad de Wellington, me relata con todo detalle todo lo que le ocurrió desde que huí, convertida en loba. Alertó a la Institución, lo que provocó la guerra con los hombres lobo. >> En resumen, que yo hice que destruyeran a mi propio pueblo. La tristeza se adueña de mi corazón. He culpado a la Institución, ha sido en vano. Nunca debí haber huido, he hecho daño a mucha gente. Instalaron este edificio para vigilar cada movimiento. <<Intento contarle lo que me ocurre, pero él me lo impide. Tras decirle que ayudo a los hombres lobo, me arresta y me encierra en una celda. Llevo aquí desde entonces. >> El estómago, vacío desde anoche, cuando me trajeron un vaso de agua y un pedazo de pan, me ruge a más no poder. Mi corazón supura soledad por todo el cuerpo. Jonathan antes me comprendía, su sonrisa iluminaba los pasillos. Ahora, su rostro es una máscara de pura soledad, es un soldado, ha perdido esa preciosa sonrisa que antaño lo caracterizaba. El tintineo de la bandeja de comida atrae toda mi habitación. Anoche, un joven con el rostro surcado de cicatrices me trajo la escasa comida que me ofrecieron. Hoy, es otro militar quien la trae. No lo reconozco, hasta que pronuncia con voz sombría: -Aquí tienes. Que lo disfrutes.- Sus ojos muestran traición, mi propia traición. Intento detenerlo:


-Jonathan espera, por favor. ¿Podemos hablar? -No hay nada de lo que hablar. Nos traicionaste a la Institución, a tus amigos, sobre todo a mí. -Lo siento de verdad. ¿No has visto lo que me ha sucedido? En menos de 1 año he descubierto mis orígenes, he sufrido transformaciones... ¡SOY UNA MUJER LOBA! -Tenías elección, si nos hubieras contado lo que te ocurrió lo hubiéramos entendido. Podías haberte quedado con nosotros. -No, no podía. Soy una loba, ¿Crees que a la Institución le apetecería tener a una mujer loba en sus filas? -Eres la única throrohim con vida que tenemos. Te necesitamos. -Y los lobos también. No te das cuenta, pero ¡Has destrozado a toda la manada! -Soy diferente. -Yo también. George me comprende y vendrá a salvarme. -¿George? -Líder de la manada que habéis destruido. Muchas gracias. Mátame, no me importa. -No voy a matarte.- Con el rabillo del ojo, observo la puerta de la celda. Está abierta. Se me ha ocurrido una idea. Me acerco despacio a él y le rozo la mejilla con la punta de los dedos. Emite un gemido y me abraza. Localizo un cuchillo y se lo robo despacio del bolsillo izquierdo. Me besa lentamente y aprovecho para guardarlo en el pantalón. -Cierra los ojos.- Él me obedece. Preparo la pierna y le doy una patada en el estómago. Lo empujo hacia la pared, su cabeza choca. Un reguero de sangre emerge de ella.- Lo siento.- Salgo corriendo de la prisión y me dirijo a la salida. El viento me refresca la cara. De pronto recuerdo ¡George! Miro el reloj, ha pasado 1 día completo. Vuelvo al punto de partida, donde no hay nadie. ¿Y si no ha logrado salir? Debo volver adentro. No hay alternativa. Eso s í, esta vez no permitiré que me atrapen. Ya encontraré una manera.


X Un tarje de guarda de seguridad. Ese es el único disfraz que he encontrado. En el bolsillo derecho del pantalón hay una nota que dice: <<Rebe, ponte este traje. Búscame en la bodega, sino, en la biblioteca. He encontrado a Lorelaine, date prisa, no aguantaremos mucho. Te quiere George. >> Termino de colocarme el traje, me guardo la nota en el bolsillo y echo a andar hacia la bodega. Llego a un punto muerto: hay 5 caminos. Diviso unas escaleras y me dirijo hacia ellas. Bajo, a trompicones, para toparme de bruces con una puerta blindada. Intento abrirla, pero como es de suponer, está cerrada. De pronto, una bombilla se enciende literalmente sobre mi cabeza. Capto un reflejo de la pared. Son las horquillas que llevo puestas. Puedo utilizarlas para abrir la puerta. Saco una para introducirlas en la cerradura. Comienzo a girarla, hasta que se oye un crujido que abre la puerta. Me deslizo en la negrura que encierra la bodega. Está muy oscuro, demasiado, tengo que andar a tientas. Hurgo en los bolsillos de la chaqueta, hasta que hallo una caja de cerillas. En el suelo encuentro un largo palo. Arranco un trozo de la camisa que llevo puesta. Ato el retazo de tela al palo, formando una improvisada antorcha. Enciendo una cerilla y la prendo sobre la antorcha, provocando iluminación en el lugar. Avanzo despacio, hasta tocar con los pies un duro bulto. Le pego patadas e intento adivinar qué es. Acerco el fuego al bulto, y para mi sorpresa, descubro que una persona humana. Me arrodillo delante. ¡Es George! -Por favor, vamos despierta. No te mueras.- Un hilillo de sangre resbala por la comisura de sus labios. Deslizo mis dedos por sus labios y siento como las lágrimas resbalan por mis mejillas. Todo ha sido por mi culpa, y lo lamento tanto. Aparto la vista para evitar mirarle a los ojos. La tristeza me juega una mala pasada: por un momento creo vislumbrar brillo en sus ojos. Una pizca de verdad. Lástima que sea producto de mi imaginación. Soledad que se extiende por todo mi cuerpo. De pronto, una mano humana roza mi rostro inundado en lágrimas. Me las enjuga y con la otra mano me hace girar la cabeza. Ojos ambarinos que me sonríen, juguetones, en la oscuridad. -Shh... Tranquila, estoy bien...


-¿Ge...or...ge...? -Sí.- Me abalanzo sobre él y lloro de alegría. -Lo hemos conseguido. -Sí... Lorelaine no sobrevivió... -Oh... Lo lamento... Nosotros estamos vivos y es lo importante. Tenemos que salir de aquí. George, ¿Qué sucedería si firmáramos un Tratado de paz con al Institución? -Bueno... Ellos se irían y la guerra terminaría... ¿Qué se te ha ocurrido?- Me pongo en pie y alzo a George. -Vamos.- Salimos del sótano y echamos a correr hacia la biblioteca. Entramos bruscamente interrumpiendo a los engalanados señores que estaban discutiendo. Se quedan clavados en el sitio con sus miradas mostrando perplejidad. -¡A por ellos!- Grita un hombre de canoso cabello, cuerpo encorvado y con furia en los ojos. Agarro fuertemente la mano de George y pronuncio con firmeza: -¡ALTO! Deténgannos si quieren, pero George y yo hemos venido para dialogar con ustedes, no para luchar. Somos los únicos representantes lobunos. Ustedes han exterminado a toda la manada. Aquí el señor George Harris, líder de la manda de Isla Sur quisiera decir unas palabras.- Todos se detiene y nos escuchan atentamente. George carraspea y comienza: -Por favor señores. ¿No ven que es una masacre lobuna?, ¿Por qué nos odian tanto? No les hemos hecho anda, y si hemos infringido alguna regla o principio, les pedimos disculpas. Queremos la paz, ¿Ustedes no? - Me quedo con al boca abierta. ¡Ese es el líder que yo quería ver! Los señores se reúnen y discuten en voz baja. Capto fragmentos de la conversación: -Llevan razón, es lo mejor... -Tenemos que hacer algo... -Estoy de acuerdo... Tras un interminable rato oyéndolos discutir, un hombre joven, de unos 30 años, se acerca hacia nosotros. Nos coloca una mano sobre las nuestras, mientras pronuncia. -Está decidido. Firmaremos un acuerdo de paz entre los lobos y la Institución.


XI <<1 año más tarde>>. <<La mayor parte del territorio lobuno de Isla Sur ya ha sido reconstruido. Contemplé con orgullo como miembros lobunos que habían sido convertidos hacía poco, ya iban encontrando la estabilidad. George y yo nos hemos dividido el trabajo de líderes. Hemos ayudado a construir de nuevo el poblado. La decisión que ocupa mi mente es muy importante: me quedo con George o vuelvo a casa. No me llevo “de perlas” con mi hermano, pero debo aprender a convivir con él. >> Reflexiono sobre todo esto, mientras le escribo una carta a George, explicándole las razones por las que me marcho. En ese momento, oigo una dulce voz que entra en la habitación. -Hola. -Hola. ¿Qué estás haciendo? -Escribir una carta. -¿Para quién? -Para ti. Toma.- Se la entrego. George la lee, cada línea lo desconcierta un poco más. -¿Cómo que te vas? No puedes irte.- Me agarra de las manos y siento que el corazón se me parte en pedazos. No puedo llorar, no quiero hacer esto más difícil. -George, estar contigo ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida. Tengo que volver, aprenderé a vivir en Wellington. Jonathan vivirá conmigo, ahora que hemos firmado la paz, todo será más fácil. -¿No puedo hacer nada por que te quedes? -Creo que no.- George se arrodilla delante de mí. Siento como el corazón me late como un caballo desbocado. -¿Y si te pregunto si quieres ser mi novia de verdad? Sin guerras, los dos juntos, sin complicaciones. ¿Te quedarías? -¡Por supuesto! << ¿Quién iba a imaginarse que acabaría viviendo con el hombre al que amo y que detuvimos una masacre que iba a ir a más, y que todo eso lo hicieron dos jóvenes de 21 y 28 años? Eso es lo mejor de todo >>.


Epílogo

<<Hace 21 años>>. << Rorohim camina nervioso por las calles de Aldrish. Acaba de conseguir una nueva familia. Su nueva mujer, Mara, y sus hijos, Sofía y Jonathan acaban de tener una hermanita. Es preciosa, de ojos marrones y rizado cabello moreno. 1 hora antes, el bebé agitaba sus pequeñas manitas frente a su nuevo padre. Él no tiene remordimientos, cree que hizo lo correcto. Anda por las calles hasta llegar a la gran mansión en la que reside. Abre con las llaves y el silencio inunda la casa. Es mala señal. Irrumpe corriendo y sube al piso de arriba. Esta vacío, no hay nadie. La ropa está en los armarios, señal de que han huido muy aprisa. Rorohim sonríe para sí. Sabe que no llegarán muy lejos. Una mujer y tres críos. Van a morir. No les queda mucho tiempo más. >>

<<En ese mismo momento, en los bosques de Aldrish>>. <<Mara resopla unas gordas gotas de sudor que se deslizan por su frente. Está cansada. Agotada y le cuesta mucho respirar. Sujeta con delicadeza

a la

recién nacida Jennifer, mientras Jonathan y Sofía avanzan pesarosos sobre el musgoso suelo del sotobosque. Llevan horas caminando y aun no han encontrado ningún refugio. Cree que se va a morir, al igual que sus hijos. 2 horas más tarde y tras duros esfuerzos realizados, descubren una vieja cueva, repleta de humedad y frío. Se tumban allí e, inmediatamente, se quedan todos dormidos, todos excepto Mara. Tiene mucho sobre lo que reflexionar, el parto la ha dejado muy débil. De pronto, un fuerte dolor la invade por dentro. La sangre empapa el suelo. ¿Es su impresión o está rompiendo agua de nuevo? Es imposible. No esperaba más niños. Sabe que si otro bebé sale de su interior se llamará Harry. ¿Son gemelos?


Magia en la ciudad la institución 1er libro 4ª parte  

Parte IV del trabajo de Sandra

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