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Valores éticos que explicitan la SABIDURÍA

Los textos sobre la sabiduría, que hemos analizado, son hermosos, motivadores, pero no pueden quedarse sólo en el nivel del deseo, del ideal, sino que deben tener una realización concreta en la vida de cada día, pues son fruto de convicciones profundas, que arraigan en la mente y en el corazón, y que al gobierno le corresponde promover y animar. El proceso de formación permanente, fruto de la interacción entre fe y obediencia, gobernantes y gobernadas, animadoras y animadas, proyecto personal y proyecto comunitario, comunidad y misión, debe dar como resultado el cultivo de algunos valores éticos que contribuyen a afianzar la identidad y a dar sentido al compromiso religioso, que quien gobierna debe estimular.


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Ser VERAZ “La verdad es buscar siempre la verdad” (Roman Rolland). La verdad no es una realidad estática sino dinámica. La verdad es más camino que meta. Colocamos la verdad como la primera piedra en la construcción de la identidad cristiana y religiosa. Sin verdad no hay ética, sin verdad los demás elementos de la vida no se sostienen. Sin verdad, sin veracidad, a la sociedad le falta lo indispensable para poder organizarse y funcionar. Las personas que viven en la verdad y de la verdad poseen la fuerza del prestigio moral. El prestigio moral es sinónimo de plena coherencia entre doctrina y conducta, entre teoría y praxis, entre pautas de pensamiento y pautas de comportamiento. Los auténticos criterios de moralidad se fundamentan sobre la verdad y la justicia y no sobre


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Ser JUSTO La justicia es otro valor fundamental y, juntamente con la verdad, constituyen la piedra angular de la convivencia humana. Sin justicia y verdad no hay ética y, cuando falla la ética elemental, nuestras sociedades resultan inhabitables. Cuando lo justo preside nuestra conducta no hacemos acepción de personas y actuamos con moderación, acierto y bondad. Ser justo hoy significa vivir radicalmente a favor de la dignidad de la persona humana, buscando su bien. La lucha contra la injusticia es una tarea concreta que podemos realizar cada día y en cada momento (Cfr.Constituciones, artículos 170 y 171)


“SÉ JUSTO ANTES DE SER GENEROSO; SÉ HUMANO ANTES DE SER JUSTO”. La justicia sin una gran dosis de humanidad, puede tornarse cruel. Ser humano antes de ser justo significa tener una gran capacidad de comprensión para saber aplicar adecuadamente en cada circunstancia la justicia.

LA IGLESIA Y CADA UNO DE SUS MIEMBROS NO PODEMOS SER NEUTRALES EN LA DEFENSA DE LA JUSTICIA

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Ser RESPONSABLE La responsabilidad es la conducta coherente con los valores de la verdad y la justicia. Además de veraces y justas estamos llamadas a ser responsables. Sin responsabilidad, la verdad y la justicia se desvanecen. La responsabilidad no se refiere únicamente a nuestra profesión, sino también a la vocación que con libertad hemos decidido seguir. La responsabilidad se extiende no solo a lo hecho, sino también a lo que se debería hacer.


TAMBIÉN SOMOS RESPONSABLES DE LO QUE DEJAMOS DE HACER.

La corresponsabilidad no significa transferencia de responsabilidades, sino adecuada repartición de las mismas en un clima de unidad. Sólo desde la unidad puede conseguirse la corresponsabilidad La corresponsabilidad se opone a la indiferencia, a la pasividad, al absentismo, a la pereza, a la indolencia, pero también al acaparamiento, a la marginación, al “ordeno y mando”, a la imposición, al exclusivismo; y a la vez exige interés por colaborar, actividad comunitaria y solidaria, capacidad para el diálogo, compartir, unión armónica compromiso grupal con los trabajos comunes.

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Ser DIALOGANTE Dialogar significa saber escuchar al otro con atención y ganas de aprender y decir lo justo en el momento oportuno. Dialogar es abrirse sinceramente el otro desde la escucha y desde la palabra. El que solo habla no dialoga y el que solo escucha, tampoco. Dialogar es saber compartir una palabra que enriquece siempre a los interlocutores. Y ¿cómo aprender a dialogar? Dialogando. En la medida en que acrecentamos nuestra capacidad de escucha atenta y de palabra ajustada, el diálogo brotará espontáneo y la intercomunicación personal se verá progresivamente enriquecida. Dialogar exige claridad, bondad, confianza y prudencia pedagógicas, es decir, capacidad de tener en cuenta las condiciones psicológicas y morales de quien escucha. “En el diálogo así ejercitado – decía el Papa Pablo VI en su Encíclica Eclessiam suam - se realiza la unión de la verdad y de la caridad, de la inteligencia y del amor”(ES 76).


El encuentro dialogal con otros es lo que nos hace personas. En el aislamiento no hay posibilidad ni de crecimiento ni de maduración personal. Si uno evita por sistema el encuentro continuo con otras personas, se empobrece psicológicamente y hasta se desencuentra consigo mismo.

“MUCHOS SE AFERRAN A SU PARECER, NO POR VERDADERO, SINO POR SUYO” (San Agustín).

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Ser SOLIDARIO “La solidaridad no es un sentimiento de vaga compasión o de superficial ternura hacia los males de tantas personas cercanas y lejanas; al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien de todos y cada uno, porque todos somos verdaderamente responsables de todos” (Juan Pablo II)

Ser solidario significa trabajar firmemente por el bien común, sintiéndonos complementarios unos de otros. La persona solidaria es la que hace causa común con toda acción noble que promueva la verdad y la justicia. La solidaridad es la expresión secular del amor cristiano. Ser solidario significa “solidificar” “reforzar” al débil desde una postura de generosidad.


Para ejercitarnos en la compasión y en la misericordiosa solidaridad, características de nuestra vocación dominicana, estamos llamadas a hacer crecer la cultura de la austeridad solidaria, contentándonos con un nivel digno de vida y entregando lo restante para que los más pobres de la tierra puedan vivir con dignidad. (Cfr. Constituciones, art. 156).

LA IGLESIA DEBE EVANGELIZAR HUMANIZANDO Y HUMANIZAR EVANGELIZANDO

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Estar abierto a la UTOPIA La utopía es la meta que uno quisiera conseguir. La utopía no es sinónimo de quimera, de ilusión. Estar abiertos a la utopía significa esperar una sociedad mejor: más veraz, justa y solidaria y trabajar por ella. Sin utopía no es posible trabajar por el Reino de Dios. La utopía supone un ejercicio de apertura, un llamado a la audacia. El Papa Francisco, en diversos encuentros con la vida religiosa ha insistido en la necesidad de apertura y flexibilidad. En la fiesta de la presentación de Jesús, DIA DE LA VIDA CONSAGRADA, dijo: “… en la vida consagrada “se vive el encuentro entre los jóvenes y los ancianos, entre observancia y profecía. ¡No las veamos como dos realidades que se contraponen! Dejemos más bien que el Espíritu Santo anime a ambas, y la señal de esto es la alegría: la alegría de observar, de caminar en una regla de vida; y la alegría de estar guiados por el Espíritu, jamás rígidos, jamás cerrados, siempre abiertos a la voz de Dios que nos habla, que abre, conduce, nos invita a caminar hacia el horizonte”


“Las personas consagradas son un signo de Dios en los diferentes ambientes de la vida, son levadura para el crecimiento de una sociedad más justa y fraterna, profecía del compartir con los pequeños y los pobres”. “La Iglesia y el mundo necesitan este testimonio del amor y de la misericordia de Dios. Por esto es necesario valorar con gratitud las experiencias de vida consagrada y profundizar en el conocimiento de los diferentes carismas y espiritualidad”. Y para poder dar pasos hacia esa utopía, dice el Santo Padre a las Superioras Mayores: “Sabed ejercer siempre la autoridad acompañando, comprendiendo, ayudando, amando, abrazando a todos y a todas, especialmente a las personas que se sienten solas, excluidas, áridas, las periferias del corazón humano. Mantengamos la mirada dirigida a la Cruz: allí se coloca toda la autoridad en la Iglesia, donde Aquel que es el Señor se hace Siervo hasta la entrega total de sí”. HAGAMOS ECO A LAS IDEAS QUE NOS HAN CUESTIONADO HASTA AHORA 5 minutos

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Valores éticos