Page 1

Una reflexión sobre el informe ¡Basta Ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad, desde David Rieff y Juan Cepeda Juan Matías Sanguineti La memoria, según ellos, debía hacerse en medio de la guerra, para detenerla, denunciarla, reclamar, transformar y construir la paz.1

Introducción En el presente trabajo nos proponemos pensar el informe ¡Basta Ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad desde el libro de David Rieff Contra la memoria2 y desde La no memoria de Juan Cepeda3. ¡Basta Ya! es un informe escrito por el Grupo de Memoria Histórica (GMH) que da cumplimiento al mandato legal de elaborar un relato sobre el origen y la evolución de los actores armados del conflicto colombiano. Da cuenta de más de 50 años del conflicto, revela la magnitud y ferocidad de la guerra, así como las graves consecuencias sobre la población civil. El título adoptado hace referencia a una sociedad agobiada por su pasado, pero esperanzada en su porvenir. El libro Contra la Memoria de David Rieff es fruto de su experiencia en Bosnia, Ruanda, Kosovo, Israel-Palestina e Irak. Esta experiencia lo lleva a sostener que la rememoración y la memoria enardecen las guerras. A lo largo de su libro, Rieff especifica su tesis, la argumenta con acontecimientos históricos y contempla posibles objeciones, siendo los conceptos centrales que tratará los de “justicia”, “paz”, “olvido” y “memoria histórica”. La no memoria en Cepeda es la negación de aquella memoria que atormenta la existencia presente, posibilitando el asumirla desde otro horizonte, con otra actitud, favoreciendo la vivencia y la convivencia.

Relación entre el informe y la postura de Rieff Nuestro trabajo en esta parte consistirá en pensar el ¡Basta Ya! desde la postura de Rieff. Tanto el objetivo de Rieff como el del GMH es la paz, pero consideran que ella se logra por vías diferentes, sea por el olvido en el caso de Rieff, o la memoria en el caso del GMH. Según Rieff, la opinión ortodoxa abraza el precepto demostrablemente falso de George Santayana, el cual establece que aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo. Según está opinión, recordar sería ser responsable, sea ante la verdad, la historia o las tradiciones; mientras que el olvido sería una caída en la cobardía moral y el nihilismo cívico, y por si fuera poco, sería la autodestrucción colectiva e individual. Frente a esta postura, Rieff objeta que puede que la memoria colectiva de un caso de mal radical de nada sirva para proteger a la sociedad de los casos posteriores de mal radical. Nos recuerda que a pesar de todas las palabras sobre el “nunca más” en el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial, también habrían sucedido otras atrocidades, como en la de los jemeres rojos en Camboya o la del movimiento en pro del poder hutu en Ruanda. Así mismo, considera que no estaría claro el 1

GMH. ¡Basta ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Bogotá: Imprenta Nacional, 2013. P. 26 Rieff, David. Contra la memoria. Trad. de Aurelio Major, Debate, Colombia, 2012. 3 Cepeda, Juan. La no memoria. Ponencia leída en la Mesa 2. Memoria utopía y pensamiento latinoamericano. XV Congreso Internacional de Filosofía Latinoamericana, Viernes, 5 de julio de 2013. 2

1|Página


qué hacer con esos recuerdos, pero específica que la justicia podría, a lo sumo, establecer los hechos, determinar a los culpables, y a veces, ofrecer a los parientes de los asesinados algún alivio, pero ello son sus límites. En efecto, ¿qué hacer con el recuerdo cuando ya se encuentren muertos los culpables, las víctimas y sus familiares? Al respecto, afirmamos que, aunque un “nunca más” no garantice la no repetición, sí puede ayudarla. Así mismo, en el caso que Rieff menciona se trataría de un “nunca más” externo a la memoria de Ruanda o Camboya, por lo que se puede presumir que tendría menos efecto que en el caso del informe del GMH. Pues en este informe se trata de un “basta ya” interno que interpela directamente a Colombia y que se hace en el transcurso del conflicto. Sobre qué hacer con la memoria, en el caso de Colombia, el conflicto todavía es presente, y en muchos casos, sus responsables están vivos, así como sus víctimas o familiares; por lo que Rieff estaría de acuerdo con hacer justicia por medio de la memoria del conflicto, siempre que ayudase a la paz y no fomentara el rencor. Precisamente, el objetivo del GMH es hacer justicia con el recuerdo, desplegando una mirada que comprenda el sufrimiento de las víctimas como el resultado de actores y procesos socio-políticos identificables, frente a los cuales sería preciso reaccionar. Pues considera que la contemplación pasiva de su sufrimiento sería importante pero no suficiente. Pero el informe también pretende ser un elemento para la superación del conflicto. Contra esto, Rieff no tendría nada que objetar, pero consideraría el problema del cómo esta memoria aportaría a la superación. Por lo que ahora haremos una breve aproximación a la justificación de cada capítulo del informe, entendiéndolos como instancias de una memoria con vistas a la superación del conflicto. En el primer capítulo, Una guerra prolongada y degradada. Dimensiones y modalidades de violencia, el GMH esclarece las dimensiones de lo que pasó, cuándo y dónde, cómo sucedió, quiénes lo hicieron y quiénes lo padecieron. Esta memoria es necesaria para hacer justicia, pues, las modalidades de violencia de los actores armados tienen el objetivo –muchas vecesde ocultar a sus responsables. Así mismo, esta memoria sirve para rechazar la naturalización de la guerra y proponer romper con su justificación. En el segundo capítulo, Los orígenes, las dinámicas y el crecimiento del conflicto armado, hay una síntesis de la evolución del conflicto armado, identificando factores determinantes en su origen, sus transformaciones y su continuidad. Estos factores serían, principalmente, los problemas de la tierra y la precariedad de la democracia, pero también se contemplan: el problema de la corrupción y la propagación del narcotráfico; las influencias y presiones del contexto internacional; la fragmentación institucional y territorial del Estado; los resultados parciales de los procesos de paz; y las reformas democráticas. Tal memoria es necesaria en vistas a la superación, pues los cambios a hacer en el presente deben tener en cuenta esta memoria, para que los cambios propuestos sean eficaces, precisos y no se reduzca a modificaciones superficiales. En el tercer capítulo, Guerra y justicia en la sociedad colombiana, se muestran los avances, limitaciones y contradicciones de la justicia para afrontar la guerra. Se señalan los costos que para la democracia significó la legalización de las formas de justicia privada, la instrumentalización del sistema judicial con fines bélicos y la introducción de organismos militares tanto en procesos judiciales adelantados contra civiles, como en el juzgamiento de graves violaciones presuntamente cometidas por miembros de la Fuerza Pública. Esta memoria es necesaria para visibilizar las limitaciones que hacen a la superación del conflicto. En el capítulo cuarto, Los impactos y los daños causados por el conflicto armado en Colombia, se exponen y analizan los principales daños que el GMH identificó y evidenció en los casos emblemáticos durante su investigación comprendida entre el 2007 y el 2012. En primer lugar, se identifican y reflexiona sobre los daños emocionales, psicológicos, morales, políticos y 2|Página


socioculturales. En segundo lugar, se analizan los impactos causados por las distintas modalidades de violencia. En tercer lugar, se trabaja sobre la violencia sexual. En cuarto lugar, se hace referencia a los impactos causados por la impunidad de los crímenes, la falta de atención integral a las víctimas y la falta de reconocimiento social de los daños que se les causaron. Documentar la violencia desde la memoria permitiría comprender que el sufrimiento de las victimas revela la crueldad de los perpetradores, devela el mal y los quiebres éticos de esta sociedad, incluidos los gobernantes y los ciudadanos. Así mismo, esta memoria serviría para esclarecer de qué se trata el conflicto, qué tan preciada es la paz; sirve para lograr una conciencia de lo que significa la violencia en Colombia, y por tanto, su cese. El capítulo quinto, Memorias: la voz de los sobrevivientes, documenta aquello que las personas afectadas por la violencia consideran importante recordar, lo que según ellos pasó y cuáles fueron sus causas. Serían memorias que aportarían datos, describirían sucesos, entornos y dinámicas socio-políticas que permitirían caracterizar los impactos de las violencias y proporcionarían elementos para interpretar los motivos y las lógicas del conflicto, así como para comprender quiénes fueron las víctimas. A modo de conclusión, el GMH recomienda una serie de políticas públicas, con el objetivo de contribuir y orientar la toma de decisiones pertinentes para fomentar una sociedad democrática y una paz duradera. La duración prolongada del conflicto habría configurado prácticas culturales y políticas que a su vez habrían facilitado su reproducción. Lo cual haría que se imponga la necesidad de reconocimiento y responsabilidad como dos fundamentos de todo esfuerzo de políticas públicas. El GMH considera que para ello sería necesario transformar la estructura institucional diseñada en tiempos de guerra y lograr construir una institucionalidad propicia a los objetivos de paz. En este sentido, este capítulo contiene propuestas específicas orientadas a la realización de los derechos a la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición, bases para la superación del conflicto. Aquí, la memoria es la base que contribuye y orienta las recomendaciones para la toma de decisiones. A continuación consideraremos otros argumentos de Rieff para pensar el informe del GMH. Rieff señala que la memoria colectiva es siempre construida por seres humanos y con fines humanos, sean buenos o malos. Estaría más cerca del mito que de la historia, pues cuando las sociedades intentasen reconstruir su pasado, lo deformarían. Por ello, considera que Nietzsche tenía razón, no hay hechos, solo interpretaciones. Al respecto, se puede considerar que la memoria que propone el GMH no es una memoria colectiva, sino más bien crítica e histórica, a la cual Rieff no presenta esta objeción. Así mismo, el informe se presenta como una interpretación, apartándose por convicción y por mandato legal, de la idea de una memoria oficial del conflicto armado. No querría erigirse como un conjunto de verdades cerradas, más bien, querría ser un elemento de reflexión para un debate social y político abierto. Pues considera que Colombia tendría pendiente construir una memoria legítima, en la cual se incorporen las diferencias, los contradictores, sus posturas y sus responsabilidades. En tal sentido, afirmamos que aunque esta memoria sea una interpretación abierta, ello no implica que no pueda aportar a la solución del conflicto. Por otro lado, Rieff considera la postura de la psiquiatra Janet Baird, ella afirma que los recuerdos traumáticos de los individuos y los recuerdo históricos de los grupos, más que un remontarse al pasado, conservan la cualidad del “ahora”. Baird añade que, en referencia a la memoria colectiva, la tensión social parece resucitar a los actores de entonces en el ahora. Lo cual, afirma Rieff, podría tener un efecto muy peligroso desde el punto de vista político. Como ejemplo, menciona la narración de Conor Cruise, quien escribió que durante un periodo desgraciado del conflicto en Irlanda del Norte hubo momentos en que parecía que habría un acuerdo, pero cuando la gente de uno u otro bando recordaba alguna de las grandes canciones militares del martirio, toda esperanza se desvanecía de repente. Aquí Rieff se está refiriendo a 3|Página


la memoria colectiva y no a la historia académica hecha por historiadores, a la cual no presenta objeción y él consideraría que ¡Basta Ya! es una memoria académica. Sin embargo, ello no implica que ésta pueda funcionar como un elemento conformador de la memoria colectiva en Colombia, la cual siempre selectiva, con fines políticos, interesada y peligrosa. Desde otra perspectiva, Rieff objeta contra la posibilidad de la noción de “memoria colectiva”. Afirma que esta memoria no solo es imperfecta, sino también, imposible. No se podría conjurar el verbo “recordar” en plural, a menos que nos refiramos a los que presenciaron el hecho, pues recordaríamos en cuanto individuos, no en cuento colectividades. Así mismo, sería absurdo referirse a la culpa colectiva de un pueblo a causa de la Shoá, o del genocidio en Ruanda, del mismo modo en que nos referimos a la culpa individual. De nuevo, esta crítica se dirige contra la noción de memoria colectiva, y consideramos que el informe no puede entrar en esta categoría. Más bien, sería el trabajo de historiadores con una lectura crítica y con hondura política. Con respecto al olvido, Rieff deja en claro que no sostiene categóricamente que el olvido deba ocurrir después de un gran crimen o cuando sus perpetradores anden sueltos, pues habría periodos en los que las relaciones entre los estados pueden mejorar y los resentimientos eliminarse si el Estado que ha cometido un crimen reconoce su culpabilidad. El problema sería determinar si en el caso del conflicto armado colombiano olvidar sería conveniente para la paz. Para responder a esta pregunta desde la postura de Rieff podemos tomar su consideración sobre la investigación emprendida por la Comisión de la Verdad y la Reconciliación en Sudáfrica y en Chile. Afirma que tal memoria fue eficaz porque todos los afectados habían cometido un crimen o eran víctimas de uno. Pero que, aunque la catarsis fue importante, tanto en lo personal como para respaldar los acuerdos de paz, la prioridad de dicha comisión fue la de recopilar los hechos necesarios para establecer un registro incuestionable de hechos. Ello habría sido necesario porque las dictaduras como la del apartheid en Sudáfrica o la de Pinochet en Chile se esfuerzan por cometer sus crímenes en la clandestinidad, y como los nazis, en borrar sus huellas. Paralelamente, las modalidades de violencia en Colombia, en muchos casos, tienen el objetivo de ocultar a sus actores. Así mismo, el GMH no solo se propone una contemplación pasiva de las víctimas, sino también, el proporcionar un elemento para la superación del conflicto. Por lo cual, podemos pensar que Rieff estaría a favor de la memoria del GMH así como lo está con respecto a la memoria de Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Sudáfrica y en Chile. Con respecto a la amnistía, Rieff considera que no se debe desestimar el poder de la disculpa, aunque ella sea injusta. Según los activistas en pro de los derechos humanos, los llamamientos a la justicia y el fin de la impunidad, no generan efecto negativos perdurables. Pero Rieff menciona a los acuerdos de Paz de Dayton que terminaron con la guerra de Bosnia. Aunque habrían permitido al principal arquitecto de la muerte de Yugoslavia quedar impune, para quienes habrían sido testigos del horror de la guerra, toda paz, no importa cuán injusta, a la incesante muerte, sufrimiento y humillación, sería preferible a la continuación de la masacre. También menciona el caso de Pinochet: cuando el general Pinochet dejó el cargo en 1990, despejando el camino para que su país volviera a la democracia, nadie creyó que se hubiera hecho justicia. Pero la exigencia de la democracia era más apremiante que la exigencia de justicia. Al respecto, el GMH considera que para el caso colombiano, se debe garantizar el derecho a la justicia. Afirma que contra la impunidad y a favor de la reparación de las víctimas, uno de los deberes del Estado es el de prevenir e investigar las violaciones a los derechos humanos para asignar responsabilidades y adoptar medidas respecto de sus autores. Así mismo, considera que el derecho a la justicia de las víctimas sería un componente de la reparación integral para las garantías de no repetición. Si una amnistía injusta o la realización de la justicia constituirían una política de paz más efectiva y rápida para con el conflicto en Colombia, es un debate que depende de los valores que se adopten y del precio que se esté 4|Página


dispuesto a pagar por la paz. Pero en todo caso, una opinión a favor de cualquiera de estas opciones no puede ser definitiva, pues versa sobre resultados en el futuro de ciertas políticas, resultados que son siempre inciertos. Por otro lado, Rieff afirma que la rememoración no solo se fortalece con las penas, sino que también se sustenta con el sentimiento de victimismo. No habría nada más socialmente incontrolable y más peligroso políticamente que un pueblo que se tiene a sí mismo por víctima, pues en la mente de los perpetradores, todo gran crimen cometido en el siglo XX habría sido un acto en legítima defensa. Los turcos creían que los armenios eran la quinta columna rusa; Stalin creía que los kulaks estaban subvirtiendo su programa de colectivización agrícola; y los nazis creyeron que los judíos eran el equivalente moral de un microbio mortífero responsable de la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial. Al respecto, podemos conceder que conformar un sentimiento de victimismo es peligroso, pero también podemos afirmar que la memoria del GMH no se propone consolidar un sentimiento de victimismo, ni mucho menos. Sin embargo, la memoria del GMH puede ser tomada como un elemento de conformación de la memoria colectiva y conformar un sentimiento de victimismo en cualquiera de sus víctimas o actores; pero tal consecuencia es imprevisible. Con respecto al recuerdo y la justicia, Rieff afirma que, a pesar de que recordar constituya un acto de justicia, ello no implica que recordar también pueda cometer una injusticia con el presente, condenándonos a sentir el dolor de nuestra heridas históricas y la amargura de nuestro resentimiento histórico, mucho más allá de donde debimos dejarlos atrás. Al respecto, podemos afirmar que no se debe dejar atrás a la memoria del conflicto en Colombia, pues éste todavía es presente. Más aún si esta memoria ayudase a su superación, pues en primera instancia, para superarlo, se debe saber de qué se trata. Con respecto al perdón, Rieff se pregunta ¿si nos fuese posible olvidar en alguna medida, no estaríamos en mejores condiciones para el perdón? Además, el olvido sobrevendría tarde o temprano y solería ser mejor temprano que tarde. Él considera que se debería establecer un deber de olvidar, el cual sería posible si fuese visto como un imperativo al igual que lo es la memoria en nuestra época. Al respecto, podemos afirmar que si olvidamos, si no hay recuerdo de lo sucedido, no tendríamos nada que perdonar, pues solo a partir de allí el perdón es posible.

Relación entre la no memoria y el informe En esta parte de nuestro trabajo, pensaremos el informe desde La no memoria de Cepeda. La no memoria en Cepeda es la negación de aquella memoria que atormenta la existencia presente, posibilitando el asumirla desde otro horizonte, con otra actitud, favoreciendo la vivencia y la convivencia. Así mismo, la no memoria cuestionaría con qué memoria se recuerda a las víctimas, hasta dónde vale la pena seguir recordando la victimización, y si en verdad han sido históricos los hechos que se evocan de esa determinada memoria –pues podrían ser una invención política y cultural. En contraposición al olvido, Cepeda afirma que no se identifican, pues el olvido es un proceso natural; mientras que la no memoria sería un proceso psicosocial y volitivo, que no implicaría un desprecio de la memoria, menos aún, un rechazo al recuerdo. Ahora bien, la no memoria solo sería posible socialmente desde la memoria, pues debe haber una memoria que negar, siendo siempre motivada por la capacidad de libertad del ser humano. Cepeda está pensando en la negación que el europeo habría impuesto sobre nosotros, al afirmarse como superiores y cuestionando nuestra humanidad, desde la colonización. Según Cepeda, cuando hemos sido negados, correspondería negar esa historia, aquella imposición violenta de lo que no hemos sido.

5|Página


Relacionando el informe del GMH con la no memoria, podemos afirmar que no hay una memoria que negar en el caso del conflicto armado en Colombia. En los términos de Cepeda, lo que el informe haría es negar la negación de la memoria. Esto porque la naturaleza del conflicto armado en Colombia oculta el conflicto, obstaculizando y negado la conformación de una memoria. Según el GMH, las modalidades de la violencia y las amenazas contra la denuncia hacen al ocultamiento de sus responsables y de los actos mismos. Así mismo, el carácter invasivo de la violencia y su larga duración habrían actuado paradójicamente en detrimento del reconocimiento de las particularidades de sus actores y sus lógicas específicas. En forma complementaria al ocultamiento, el GMH considera que en los hechos se requiere la condición de ser parte directamente afectada, interesada, para que el tema de las responsabilidades frente al conflicto desencadene en una acción colectiva. Por ello, aunque el conflicto armado en el país haya cobrado millares de víctimas, representaría para muchos conciudadanos un asunto ajeno a su entorno y a sus intereses. Lo cual haría que la violencia quede marginada de la esfera pública, viviéndose en medio de profundas y dolorosas soledades. Colombia apenas comenzaría a esclarecer las dimensiones de su propia tragedia, y pocos tendrían una consciencia clara de sus alcances, consecuencias y causas. Muchos seguirían viendo la violencia como una expresión de delincuencia o de bandolerismo y no como una manifestación de problemas de fondo del orden político y social. En contraste, el GMH niega este intento de invisibilización, niega el silenciamiento de las víctimas, la justificación de la violencia y la naturalización de la guerra. Lo cual hace que esta memoria funcione como instrumento de denuncia, como expresión de rebeldía frente a la impunidad y como negación frente a una negación de la conformación de una memoria. Por otro lado, Cepeda considera que la historia no sería más que la historia de nuestras afirmaciones, pero ellas implican negaciones como residuo de lo afirmado, pues, al afirmar, siempre queda por fuera lo negado. Así sucedería con las afirmaciones de ciertos grupos sociales, en donde los grupos negados solo serían visibilizados cuando ejerzan una resistencia contra su maltrato, su negación. En este sentido, la no memoria recuperaría lo que ha sido negado, pues, al negar la memoria impuesta por la colonización, recuperaríamos y develaríamos nuestro ser. En relación con el informe, del mismo modo en que la no memoria visibiliza a los grupos negados, la memoria del informe visibiliza a los grupos sociales que han sido negados, a las víctimas del conflicto. Lo cual hace a la recuperación de lo que se le ha negado, su dignidad y sus derechos. Cepeda también considera qué implica la negación en la filosofía de no en relación a la historia. En la evolución de la ciencia, la filosofía y los saberes populares, las negaciones son las que habrían hecho superar el estado anterior. La experiencia nueva diría no a la experiencia anterior, sin la cual no se trataría de una experiencia nueva. Por lo que ésta busca trascender la experiencia anterior, superarla -esto sería, negarla. La negación nunca sería anulación, abolición total de lo anterior, y más que un cerrarse, sería un abrirse a la posibilidad de que lo otro que devenga, como una actitud de conciliación para con lo otro que deviene como fruto de lo negado. Por ello, negarse a la negación sería un absolutismo de creencias, considerando que la verdad ya estaría ganada de antemano. En términos de Cepeda y en relación con las implicancias de la negación, podemos afirmar que la memoria del informe niega la experiencia pasada, pues niega la naturalización del conflicto armado. Así mismo, la memoria del informe abre la posibilidad a que lo otro, la paz, devenga. Lo cual no quiere decir que no tenga en consideración al conflicto, sino que es a partir de su 6|Página


memoria que niega el conflicto. La memoria le sirve como herramienta superadora y orientadora para proponer ciertas recomendaciones de política pública que promuevan la paz frente a la guerra. Lo cual posibilita una nueva experiencia y un futuro distinto.

Conclusiones El informe del GMH aclara que la confrontación armada en Colombia discurre en paralelo con la creciente confrontación de memorias y reclamos públicos de justicia. Aquí la memoria no sería la experiencia de un posconflicto, sino que sería un acto explícito de denuncia, una respuesta militante a la cotidianidad de la guerra y al silencio que se quiso imponer sobre muchas víctimas. De este modo, se habría convertido en un instrumento para asumir, confrontar y ventilar el conflicto en la escena pública. El GMH propone una lectura del conflicto en clave política, la cual pretende ser un elemento para transformación y eventual superación. Así mismo, considera indispensable desplegar una mirada que sobrepase la contemplación del sufrimiento de las víctimas y que lo comprenda como resultante de actores, procesos sociales y políticos identificables, frente a los cuales es preciso reaccionar. Pues la apremiante presencia de la violencia habría llevado a subestimar los problemas políticos y sociales que subyacen a su origen. Consideramos que Rieff no objetaría en contra la memoria de este informe, pues no objeta contra la memoria de los historiadores, sino contra la memoria colectiva. Así mismo, aclara que no prescribe categóricamente el olvido cuando los perpetradores anden sueltos, y sus víctimas y familiares estén vivos; sería necesario hacer justicia siempre que conlleve la paz y no la guerra. En el caso de conflicto en Colombia, la violencia es todavía presente y el GMH considera pertinente hacer justicia para lograr una paz duradera. Si una amnistía injusta o la realización de la justicia constituirían una política de paz más efectiva y rápida para con el conflicto en Colombia, es un debate que depende de los valores que se adopten y del precio que se esté dispuesto a pagar por la paz. Pero en todo caso, una opinión a favor de cualquiera de estas opciones no puede ser definitiva, pues versa sobre resultados en el futuro de ciertas políticas, resultados que son siempre inciertos. Relacionando el informe del GMH con la no memoria, podemos afirmar que no hay una memoria que negar en el caso del conflicto armado en Colombia. En los términos de Cepeda, lo que el informe haría es negar la negación de la memoria. Esto porque la naturaleza del conflicto armado en Colombia oculta el conflicto, obstaculizando y negado la conformación de una memoria. Así mismo, afirmamos que, en términos de Cepeda, la memoria del informe niega la experiencia pasada, pues niega la naturalización del conflicto armado; lo cual abre la posibilidad a que lo otro, la paz, devenga.

7|Página


Bibliografía •

Cepeda, Juan. La no memoria. Ponencia leída en la Mesa 2. Memoria utopía y pensamiento latinoamericano. XV Congreso Internacional de Filosofía Latinoamericana. Viernes, 5 de julio de 2013.

GMH. ¡Basta ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Bogotá: Imprenta Nacional, 2013.

Rieff, David. Contra la memoria. Trad. de Aurelio Major, Debate, Colombia, 2012.

8|Página

Sanguineti, reflexión sobre le informe del gmh  
Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you