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CARMEN CARMONA MERCADO

LA RANA Y EL LOBO


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Érase una vez un grupo de ranas que croaban alegremente en su charca. Una de ellas siempre estaba riendo y metiÊndose con los demås. Esa rana se llamaba Gustavo y era muy graciosa. Era de color verde y


tenía una mancha de color verde oscuro en el ojo izquierdo. Siempre sonreía y enseñaba sus deslumbrantes dientes. Era divertida pero cuando se metía con los demás no tenía ni pizca de gracia. Vivía en una preciosa charca que estaba llena de renacuajos era de un precioso color. Al tener tanta variedad de tonos, resaltaban sus hojas verdes y su agua cristalina. Siempre que Gustavo se despertaba, veía ese bonito lugar en el que divertirse y jugar. nciano amigo del jefe de la charca. - No sabes croar –dijo la rana Gustavo– en vez de una rana pareces una rata con gases. Eso no le sentó nada bien al anciano y habló con el jefe para quedar en un acuerdo. - Gustavo se va de la charca un día, y si


sigue así se va dos semanas. El jefe cedió y lo expulsaron un día. La rana se fue muy orgullosa y con la cabeza bien alta pero sus padres se avergonzaban por tener un hijo así. La rana se fue a otra charca y allí pasó todo el día. Por la noche volvió a casa y se durmió en un instante en su hoja.

A la mañana siguiente no se pudo contener al ir al colegio y escuchar decir al profesor “Ranín Orpedo” y dijo: -¡El que se tira un...! Y antes de terminar la frase le tiró el borrador a la cabeza y lo envió a hablar con el jefe de la charca.


- Te vas a ir dos semanas expulsado de la charca –dijo el jefe. Y así fue; la rana se marchó. Ya hacía dos días y no podía volver a casa. Se alimentaba de poca cosa y apenas dejaba de mirar entre las hojas a sus compañeros felices jugando. Hubo un momento en el que se arrepintió pero pensó que dos semanas se le pasarían volando. Los días eran tranquilos pero al cuarto día se le ocurrió salir de paseo. Al ir a buscar otra charca se metió en un bosque y se encontró con un lobo, pero antes de poder salir corriendo… ¡¡¡ZAS!!! El lobo abrió la boca como una cueva de grande y unos enormes colmillos le salían de unas gigantescas encías.


- ¡Socorro!- gritó Gustavo. - Te voy a comer así que no te sirve de nada chillar. - ¡Espera!- replicó Gustavo- tengo una idea. Tras pensarlo un poco el lobo llegó a la conclusión de que por escucharlo no perdía nada. -Venga dime que se te ha ocurrido. -Te hago una carrera – dijo Gustavo-. -¿Una carrera?- dijo el lobo con cara de extrañeza. -Sí, una carrera desde la charca hasta la montaña. - Si gano te como, y si pierdo te hago un favor. -Vale.


Y así es como lo hicieron. Pero el lobo, al empezar la carrera no se dio cuenta de que la rana se le había enganchado a la cola. Así, como el lobo empezaba a correr la rana se le enganchaba al rabo y cuando estaba llegando saltaba muy lejos y llegaba antes que el lobo. Al final el lobo se dio por vencido y le tuvo que hacer un favor…


Al día siguiente apareció con el lobo en la charca y advirtió que si no le dejaban entrar mandaría al lobo a comérselos a todos. Al final aprendió la lección, pero sigue diciendo lo de “Ranín Orpedo”.

FIN.


La rana y el lobo  

Fábula literaria por Carmen Carmona

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