Issuu on Google+

Sexaway y compañía

Juan Taler


Entrecortados Sexaway Me necesito conmigo No me sale olvidarte El amor es mirar Un perrito Si (pero no) Bendita noche Balances Miedo a no sentir (miedo) Tan fácil que asusta Amorgasmia Poludeces urbanas El único que pido

Relatos El amor y otras mascotas Luli Automac Curriculum

Ensayos? Enamorarse

Guiones Siberianos En el andén


Sexaway Inventaste una palabra Que significa mil cosas sólo para nosotros: Sexaway Hoy toca Sexaway Dejás el auto donde quedamos y trasbordás al mio Paramos en el sushi bar de las 30 piezas Y los traguitos para enamorados en la barra Shot de lo que sea. Shot para dos Tenés el vestidito que elegí una tarde de lluvia en Punta del este Te pregunto si tenés la Victoria Secret salmón que te compré en el freeshop del aeropuerto de aquel viaje al que no te animaste Tus labios se abren un poquito y tus dientes asoman Tus ojos brillan. Tu cabeza apenas dice no. Ni Victoria, ni derrota, ni nada, mentís. Jamás saldrías sin bombacha, y eso que te lo pedí tantas veces. Sonreís Esas piernas eternas, el vestidito q las deja ver, y esa sonrisa. Y te ponés colorada y me aguantás la mirada Y enseguida cerrás los ojos y te acercás con la boca apenas abierta. Jugamos a no besarnos Pero no podemos evitar intercambiar Tu saliva a caipi con maracuyá Por la mía a Bombay con tónica Mi mano en tu pierna Tu lengua recorriendo mi boca Tengo un cohete en el pantalón (gracias Andrés) Y vos estás tan mojada (gracias de nuevo) Se supone que vinimos acá para que no nos vean, Pero los dos queremos que nos descubran y explote todo. De una puta vez


Tenemos las 30 piezas, el auto y tres horas en una cama Y el champagne que escondiste de tus hijos antes de salir. Es tanto y es tan poco… No sabemos si empezar por comer, hacernos el amor, o simplemente besarnos En cada sexaway arrancamos distinto y en todos terminamos bien Bien es una palabra corta para las tres horas de sexaway Alucinante es grasa. Buenísimo es de pendejos de zona norte. Como éramos nosotros la primera vez que te crucé Y supe que algún día te iba a tener en una cama. Toda para mi, cada hueco, cada lugar, cada caricia Cada gemido, cada gota, cada interminable parte de vos. Hace tanto... Cuanto tiempo se puede guardar un deseo? Cuánto tiempo se puede guardar un deseo… Cuando a una mujer la esperás tanto No tiene comparación con ninguna otra cogida Ni con ninguna otra mujer Hoy voy a poner algunas piezas en tu espalda Y te lo voy a hacer mientras devoro sashimis Y vos vas a preferir que te lo haga mientras comés rolls Nadie podría imaginar lo puta que sos conmigo Ni lo que podés hacer con la boca llena de Chandon Ni lo que se viene cuando te ponés el broche en el pelo. Ni lo que disfrutás ver que esa puta del espejo sos vos. Te sonrojás por fuera y te empapás por dentro. Una cursi catarata de placer baña mis huevos Porque decidiste subir por algunos aplausos. Aunque sea uno. Ya llegarán mas. Después tu cigarrillo Y después tu cabeza en mi pecho Un ratito, como para no acostumbrarte Como con miedo a ya no poder volver atrás Disfruto verte dormir, mientras acaricio tu cabeza, tu espalda Tu cola divina, tus piernas eternas.


Nos despertamos entre palitos chinos, Copas a medio llenar ropa tirada y la Victoria que nunca encontrás (aunque hayas ganado la guerra) La angustia de volver a tu casa Y que nadie sospeche lo que todos saben Igual valió la pena Te dejo en tu auto y te sigo a pocos metros No me alejo hasta que te veo entrar Ya soñaste. Ahora te deseo que duermas bien. Después del sexaway nada es como es Ni va a volver a ser.

San Isidro, 2012


Me necesito conmigo Desde que me desperté no estoy En ningún lado. En el espejo sí, Pero no me encuentro de este lado Desde que me desperté no estoy Y si estoy, estoy anestesiado Probaría con un martillo o un cuchillo A ver si siento algo Desde que me desperté no están Las causas para levantarse Los miedos para quedarse en cama Los sabores los olores los colores No queda nada de mi Y sin embargo Los colectivos pasan Las horas pasan La gente pasa Y lo que no queda de mi Va a la oficina Hace deportes Conversa con la gente Cobra un sueldo Me necesito conmigo Y no me encuentro por ningún lado


Sí (pero no) A veces siento que la vida Te pasa a media cuadra La tenés ahí nomás Pero te da fiaca, pánico, miedo, Caminar esos cincuenta metros Amanece pero no Te dieron ganas pero no Lo hubieras hecho pero no Lo pensaste pero no Me lo confesarías pero no Me elegirías, pero no Mejor no, para que? Por ahí te dicen sí ¿Y que vas a hacer si la vida se te llena de si? Y si te retan? Y si se enojan? Y si pateás el tablero? Y si te mirás adentro? Y si no querés volver al no? Que cagada, no? Y si sos otra? Y si el cuerpo no te duele mas? Y el alma menos? Y si probás? O no.


Balances De este lado una colt cuarenta y cinco, doce balas, un blister con decena de clonazepán, dos botellas de vodka y una de tequila a medias cuatro hornallas de gas, en definitiva un arsenal para alguien que no quiere estar mas Del otro lado casi cincuenta años, El cuerpo mas o menos bien Mi hijo menor y sus quince años Mi hijo mayor y sus dieciocho Ex, y su odio en cada célula, a cada segundo Nueva, y su hobby por ser infeliz lejos de mi Sin mirar el celular por miedo al exmarido que no es ex, aparezca sin que nadie lo llame, Y la mate de dolor y aburrimiento todos los dias un poco Y en el medio yo, preguntándome que hacer Mirándome al espejo, evaluando opciones La serenidad de las pastillas y el vodka Un cuerpo en una cama como dormido, pero para siempre Lo escandaloso de la colt Manchas rojas por todos lados, probablemente velatorio a cajón cerrado El olor del gas que no se va a ir por un tiempo El cuerpo hinchado, el verde de la piel cianótica Muchas opciones. Está bueno. Como vidrieras de un shopping para irse para siempre. La seguridad de que todo pasa Y será primero un gran dolor para algunos Un escándalo para otros Algún cargo de conciencia que rápidamente desaparecerá Y en poco tiempo una anécdota y una serie de justificaciones Y todo el mundo feliz y en paz, Como si les hubieran extirpado un tumor. Y una enorme sensación de paz para mi Merecida después de tanta presión Sobre los hombros los huevos el bolsillo


No despertar mañana Que buen programa Zafar de otro puto domingo No desesperar porque caiga algún laburo No esperar una carta documento de Ex No intentar explicarme una vez mas como hice todo tan mal No estar mañana Puedo imaginarlo con detalle. La cadena de llamados a parientes y amigos (pocos). Los que suspendan el golf por el velorio y los que no. Los que putearán porque me suicido en fin de semana La paz de no estar La sensación de irme rapidamente La duda sobre quienes llorarán y quienes murmurarán Mi cuerpo duro pero menos tenso que nunca Las dudas de lo que pudo haber sido No conocer a los hijos de Juan No ver a Marcos en la facultad No escuchar a Ex quitándose cualquier responsabilidad No escuchar a Nueva repitiéndose que debería haberla esperado un mes mas Que ya se estaba preparando para la felicidad, Y que la felicidad era yo y mis abrazos y mis polvos y mis malhumores Y los langostinos frente al mar, y coger mirando la montaña, Y roncar dormida y reir despierta, a mi lado. Pero por lo visto mañana amanecerá y estaré vivo. Porque ni hay amagos de infarto ni de colesterol. Ni siquiera un pico de presión en los peores momentos. Ni huevos para la Colt Porque hay contratos que cumplir Y cuentas que solo yo puedo seguir pagando Y preguntas que no quiero que se hagan los chicos Ni amigos que se pregunten si no podrían haber hecho algo Ni Nueva pensando que la oportunidad de su vida se fue. Mañana voy a despertarme, voy a pensar en vos, Voy a recordar que no te tengo, y me voy a querer matar. Simplemente un día mas comiéndome mi propia cabeza.


Bendita noche Bendita noche, cuidame, De la pesadilla de no tenerla mañana De que al despertar no se acuerde de lo que pasó esta noche, dentro tuyo, dentro de ella, dentro mio Bendita noche, cuidame Quiero dormirme en vos y no despertar Sinó me asegurás de mil maneras Que voy a tener su cuerpo enredado En el mío, con las primeras luces Bendita noche, escuchame Si ella no va a estar mañana teneme siempre adentro no me despiertes ni me dejes salir porque va a ser tarde para todo y temprano para nada


No me sale olvidarte Sin ningún resultado, intento olvidarme de Tus piernas largas largas largas La línea interminable de tu espalda El pelo detrás de tu oreja El lunar de tu cola (solo se ve de muy cerca) Y tu cola, toda. Con o sin mis regalos. Los vasos vacíos, tus marlboros La nuca que acuno después de hacerlo Tu risa por mis boludeces El broche en tu pelo Y tu pelo entre mis piernas Y como no puedo, intento entonces olvidarme de Tus dientes brillando La tranquilidad con que andás desnuda Los besos profundos en la 48 Tus labios abiertos (los 4) Tu hobby por mis líquidos Mis dedos mojados de vos Tus orgamos callados los ojos cerrados Las caricias en tu torre Tu calentura de a poquito El celular que vibra y espero que seas vos Y hago un último intento sin suerte con... Tus ojos quién sabe donde. Tu mano exactamente ahí Los dientes que muerden sin dejar marcas Los curiosos usos que le das al hielo La parte de vos que todavía no probamos El tiempo que no pasa Los 25 años en "pause" Descubrirte bailando entre la gente Los tipos mirando y yo sabiendo que sos mía La facilidad para el sincericidio Tu gusto por esconderme El deporte de quererme


Los riesgos que corremos Los miedos que se van yendo Nuestros cepillos de dientes en el mismo lugar. Lo que siento cuando te aparecĂŠs en mi vida Por casualidad, o no. El olor a Angie. Inolvidable.


El amor es mirar El amor es Mirar mil veces el teléfono A ver si aparece un mensaje tuyo Mirar mil veces el espejo Tratando de descubrir que parte de mi no te gustó Mirar mil veces atrás Viendo si estás a tiempo de cambiar algo Mirar mil veces adelante suponiendo que aquella rubia sos vos Mirar mil veces a ninguna parte para no ver que no estàs El amor es mirar y no ver nada Y no arrancarte los ojos, aunque te mueras de ganas, El amor es no arrancarte los ojos para poder seguir mirando el puto paso del tiempo el puto espejo el puto celular para poder seguir buscando, arriba de la cama, abajo de la mesa de luz, en el jardín el puto error por el que me dejaste


Un perrito Llega un momento en que el dolor es tan fuerte que se convierte en placer. Y los lexo no alcanzan pero te duermen un rato hecho un ovillo como un perrito Y el calor que no recibís de afuera te lo generás vos mismo Y está bueno sentir que te querés morir pero que si no querés no te morís nada y que la podés seguir peleando y que el amor siempre vuelve y que un clavo saca otro clavo y que lo importante es la salud y que dios existe y tantas mentiras que te decís mientras estás hecho un ovillo en el fondo de la cama como un perrito que se da calor a sí mismo esperando de una puta vez que los lexo hagan efecto


Miedo a no sentir (miedo) Me hacés sentir que el mayor miedo Que puede tener un miedoso Es perderle el miedo al miedo Mientras el miedoso tenga miedo No va a sentir el dolor del desamor Porque por miedo no va a enamorarse No va a sentir miedo a perder Porque por miedo no va a arriesgarse a ganar Es súper práctico que tengas miedo Que me tengas miedo Que le tengas miedo a mi amor Y es súper normal Que tu miedo le gane a mi amor Como la billetera le gana al galán Y es súper terrorífico Saber que te vas a pasar la vida Teniendo pánico de perder el miedo Porque o perdés el miedo, O te perdés la vida.


Tan fácil que asusta Compartimos el mismo vaso Sentados codo a codo en la barra Tu mano en mi pierna Y viceversa Mis ojos en los tuyos Y viceversa Vemos la película. Abrazados Te abrís para tenerme adentro Me endurezco para que me sientas mas Compartimos saliva durante media hora de besos sin edad Y esa es la vida juntos Tan fácil que te asusta Y disparás Y me sacás de adentro, Pero no te cerrás Y no ves la película Pero me abrazás en la oscuridad Que ya no asusta Y tratás de no besarme Y en la despedida lleno tu boca como nunca jamás Y es tan fácil irte Es no darte vuelta Es abrir esa puerta y nada mas Y volver a empezar


Amorgasmia Me dijiste el sexo es lo de menos y no puedo sacarte de la cama Me dijiste el sexo es secundario y no me dejás salir de tu cuerpo Tengo un mapa de los lugares que hay q rozar Mi gps indica q zonas hay que pasar de largo para que te pongas todavía mas caliente Sé exactamente como debo entrar (y salir) de los tres orificios que me ofrecés diariamente Se qué debo escribir para que te mojes sin tenerme cerca Aprendí a besarte para que mueras por meter tus manos dentro de mi pantalón Encontré el lugar entre aquí y aquí que tanto te enloquece Pero no tengo la mas puta idea de que sentís por mi Puedo hacerte gemir pero no logro que llores por mi Puedo lograr que explotes pero no que me extrañes. No puedo sacarle orgasmos a tu corazón. Tu sangre está en la periferia.


Poludeces urbanas 1 Silencios ensordecedores Quietud inquieta Supositorios de administración oral Minúsculos gigantes Ceguera en cinemascope Orgasmos programados (los martes) No hay nada mas real que una sensación Soy un gruyere acomplejado por sus agujeros Personas finamente gasificadas Soy un truco al que se le acabaron los magos Y Bush ganó dos veces Y Gino Renni por suerte es argentino Y Tinelli es lo mas visto porque es inevitable emocionarse viendo Bailando por un sueño La gente llora para no llorar (no se olviden de Silvia Suller) Soy una mecha que no lleva a ninguna bomba Y vos tan sola que te están cogiendo El destino es el ratito después de morir Me parece que este año el amor no sale campeón


El único que pido. Otra noche que ya dejó de serlo Y ahora es un amanecer con ruido a pajaritos Y yo sigo pensando en vos mirando el techo Otra noche intentando borrar la cinta Intentando pensar que sos tan tan tan pelotuda que no vale la pena seguir sintiendo que sos tan tan tan única Otra noche que perdí intentando convencerme de que vos perdiste mas que yo, Y de tan perdido que estoy me encuentro justo donde no estás vos, O sea en el peor lugar de la tierra Otra noche dia pajaritos que amanezco queriendo volver a creer en reyes magos que puedan dejarte en la puerta diciendo acá estoy Acá estoy aunque sea para que puedas dormir esta noche Acá estoy para que puedas recuperar media hora la sonrisa Acá estoy para que se te vaya el sabor amargo de la boca y recuperes el gusto a mi saliva, a mis fluidos mas profundos Otra puta noche que no sirvió para dormir Otra puta noche donde no hay ruidos ni está tu cabeza roja en mi hombro ni está la cabecera roja de la cama donde pegaba tu cabeza roja cuando me pedías bestia bestia Otra puta noche que ya es de día y sigo esperando que entres por esa puerta como un milagro Como un primer y último milagro El único que pido.


Relatos


El amor y otras mascotas Dedicado a la dama de hierro

El amor es como un perrito. Lo criás, va creciendo, te acompaña, vas y venís de aquí para allá con él, los dos moviendo la cola. Pero a veces le dejás el amor a la persona equivocada, y cuando lo vas a buscar, esa lo perdió, o directamente ya no está ni siquiera esa persona. Y entonces ponés carteles, tu teléfono y la recompensa. Pero nadie llama, o cuando te muestran el amor que encontraron, no es el que estabas buscando, el tuyo, el que se te perdió a vos, el que vos cuidaste. Y seguís buscando y esperando y no pasa nada, por mas carteles que pongas y recompensas que ofrezcas. Y te resignás a haberlo perdido, tenés la certeza de que no vas a encontrarlo nunca mas. Y pasa el tiempo, que no cura un carajo pero va tapando, muy de a poco el agujero que se te hizo en el pecho, desde el que creció un elefante que te va asfixiando. Cada tanto se te da por empezar a buscarlo de nuevo al amor, pero no. Te parece que es aquel que pasa por la esquina, y corrés hasta ahí porque se parece pero no, no es tu amor. Lo buscás en Europa, en el trabajo, en la playa o en Nueva York, pero no. De lejos era, pero no, no es el mismo. Y así va pasando la vida, y la mayoría de la gente no se vuelve a encontrar nunca con su amor perdido. Muchos se resignan, y dejan de buscarlo. Pero algunos tienen mas culo que cabeza y un día cualquiera, pongámosle, en Rosario, solo por buscar un lugar al azar, en el fondo de un par de ojos marrones ves algo que te parece que es el amor que estabas buscando, y mirás con mas detalle, y... Y mientras te concentrás en el fondo de esos ojos, las manos se buscan, se tocan como dos ciegos que se reconocen y empezás a sentir que debajo de esa piel también puede estar el amor que perdiste. Pero volvés a concentrarte en sus ojos, porque querés estar seguro que sí, que es, allá, al fondo. Y no lo podés creer porque tanto que lo buscaste y aparentemente lo venís a encontrar cuando ya te


habías resignado a no verlo nunca mas. Y sonreís y apretás las manos que apretan las tuyas y sonreís de nuevo y le silbás a eso que ves en el fondo de ese par de ojos que son indescriptibles, porque son el lugar donde volviste a encontrar el amor. Y desde el fondo de esos ojos el amor mueve la cola y te mira a vos. Y para las orejas. Y no lo podés creer. Y seguramente él tampoco Y el elefante que tenías en el pecho desaparece en un segundo. El amor está distinto, pero es el tuyo. Es mas alto, o mas rubio, o mas delgado, pero es el tuyo. Le silbás de nuevo y el amor empieza a correr hacia vos desde el fondo de los ojos marrones. Y cuando está llegando abrís los brazos, y te salta encima. Te lame toda la cara, te besa, te hace fiestas, se enrosca en tus piernas, y pasa todo lo que pasa cuando volvés a encontrarte con el amor perdido, y para contar eso que se siente todavía no se inventaron las palabras adecuadas, así que no sigo escribiendo.


Luli

La vió por primera vez cuando esperaba que su hijo saliera de la fiesta, en casa de un viejo amigo. Esperaba en el auto, rogando para que el dueño de casa no lo invitara a pasar. Hacía un frio tremendo y él no llevaba suficiente abrigo. Pero las señales desde el porche de entrada fueron efusivas y no tuvo mas remedio que apagar la radio, cerrar el auto, subir el cuello del abrigo y entrar. Recibió el abrazo de este viejo amigo, ya mas bien un viejo conocido y se apoyó sobre la mesada de la cocina. Aceptó el scoch y la catarata de recuerdos que no le interesaban recordar. Instaló en su cara esa mueca extraña que lo hacía lucir interesado, simpático y hasta buen mozo, todo en una sola vez. Trataba de mantener la atención en las anécdotas que juraba recordar al detalle mientras tomaba sorbos cortos del whiskie, mas pretencioso que bueno. Entonces entró ella. La hija de su amigo. La amiga de su hijo. Y todo lo que soñaba de una mujer se materializó en un instante. Fueron apenas unos segundos: “te presento a Luli, mi hija”. “Luli, el es Martín, jugábamos al rugby juntos”. “Hola Luli”, “Hola Martín”. Luli tendría, a lo sumo, dieciséis años. Martín exactamente el triple. Desde ese dia Martín maldijo a la vida por haberle puesto delante al amor de su vida tres décadas tarde. Imaginó una nueva vida con Luli. Imaginó nuevos viajes, nuevos jardines, nuevo perro, nuevos hijos. Planeó, con meticulosidad de relojero, itinerarios por países que jamás recorrerían juntos. Organizó situaciones, palabras y caricias que nunca pondría en práctica. En todas las situaciones estaba Luli. Menos en la cama. Lo de Martín era un amor puro y desinteresado como nunca antes había sentido. En su imaginación, no la ponía en la cama ni por falta de ganas, ni por respeto. Ni por Luli ni por su viejo conocido. Lo hacía para mantener distinto ese amor que tomaba formas que no había sentido nunca.


Durante largo tiempo Martín se descubrió sintiendo a Luli tan cercana, a pesar de llevar casi un año sin verla. Se dijo a si mismo que un amor así sólo se da en las novelas y que había dos conclusiones posibles para el mismo. La mas audaz, la casi imposible sería presentarse en la casa de Luli y decirle algo mas o menos así: “Me alcanzaron quince segundos para quererte como a nadie en la vida y espero de todo corazón que a vos te haya pasado lo mismo”. Y que ella dijera “Pensé que no volvería a verte nunca. Tengo un bolso listo escondido debajo de mi cama desde hace tiempo…Esperame, ya bajo”. La otra posibilidad sería volver a casa, saludar a quienes se cruzaran, besar a su mujer, aflojarse la corbata y prender la tele. Fue lo que hizo. Llegó a su casa, saludó a sus hijos, besó a su mujer, prendió la tele, puso el volumen al máximo, subió a su cuarto y se pegó un tiro. Luli se enteró en el colegio, pocos minutos después que el hijo de Martín. Era la hora de la salida. Guardó sus cuadernos en la mochila. En todos estaba escrito el nombre Martín. En birome, en lápiz, con fibrón. En colores y en blanco y negro. Ocupando toda la hoja, o repetido muchas veces en el mismo renglón. Llegó a su casa, saludó a su madre, prendió la tele al máximo y con una resignación como nunca volvería a sentir en su vida, sacó el bolso de debajo de la cama y guardó cada prenda en el lugar correspondiente.


Automac Alguien tiene la teoría de que las casualidades son como las hojas secas. Andan sin ton ni son, pero a veces el viento las acumula a todas juntas en un mismo lugar. A estos dos pareciera que les pasó eso. Por un lado ella. Ella. Rubio hembrón sanisidrense de 20 años y metro ochenta, egresada de liceo francés, novio catolicón con voz de locutor. Catolicona ella también, por lo menos de la boca para afuera y de la bombacha para adentro. Hija única, malcriada, gran pileta, gran jardín, grandes presiones y expectativas familiares. Futura traductora, relacionista pública o decoradora. Pero nó. Terminó en Veterinarias. Por causas que desconocemos pero vienen bien a la presente historia. Por otro lado él. El. Rubio. Y punto. En el límite de sanisidrense, por colegio y club. Flaco, alumno regular, mal bailarín y peor cantante, medio día arriba de un caballo en el club. Convencido de que alguna vez sería publicista, director de cine y/o escritor. Pero terminó en Veterinarias, un poco por los caballos, y otro poco porque le parecía que si se dedicaba al cine o a la publicidad, su vida sería un kilombo de polleras tras otro. La vida se encargaría de demostrarle que un veterinario podría tener también este tipo de kilombos. Ella ingresa a la facultad en el 82. El había entrado en el 81. Ella tenía su grupo de amigos, y él otro diferente. Ella cursaba de día, él de noche. A las casualidades las junta el viento y a ellos los juntó por el 83. Desde entonces inseparables: Cada uno con su historia, pero hacían todo juntos: ir o venir de la facu, contarse sus historias, ir a casamientos de amigos, reírse, asustarse, preparar los finales, ella en general aprobándolos, y él, no. Cada uno seguía con su respectivo noviecito o noviecita, pero de tanto ir el apunte al borde de la pileta, pasaron un metrito mas allá de una típica amistad. Y se quedaron con ganas de más. Pero ella no tenía el sí fácil y él era un cagón, y además presentía un futuro lleno de mujeres por conocer, que no se quería perder. Salud Pública o Bromato los separó, aparentemente, para siempre. Sin la facultad se quedaron sin excusas para verse y ninguno de los dos pensó en que el otro podría estar pensando en el otro. O no, pero queda lindo escribirlo en este momento. Ella agarró un abogado de Córdoba con moto y todo, y el agarró su moto, y todas las mujeres que pudo. Pero ella no dejó nunca de llamarlo para su cumpleaños y él no dejó ni un solo año de olvidarse del de ella. Todos los primeros de Agosto, él atendía el teléfono, esperando su voz. Le gustaba escucharla, y de paso tirarle los galgos. Ella siempre


se reía, decía que sí, y después que no. Como en las épocas del estudio al borde de la pileta. En el medio se casaron, tuvieron dos hijos cada uno, y la vida ya no los cruzó, casi por un cuarto de siglo. Salvo por esa clásica llamada del primero de Agosto. Pero hubo un primer día de Agosto de hace pocos años, en que ella no llamó. Y él pensó: debe estar muy mal para olvidarse de mi cumpleaños. Y así era. La fue a ver y ella lloraba y él lloró después que se fue porque le daba tristeza verla tan mal. Luego pensó en lo irreparable del destino, en que ella merecía sin duda una vida mejor, y tantas otras cosas que se piensan con la candidez de suponer que no van a pasar nunca. Ojo que a él no le iba mejor, pero esa es otra historia, que ayuda a ésta historia. A las casualidades las junta la vida como a las hojas las junta el viento (sacar esta frase si alguna vez quiero ganar un concurso literario). Y la casualidad fue que veinticinco años después de haberla conocido, él fue a un asado con amigos al que no iba a ir, y ella no fue a ese asado del que ni siquiera se enteró nunca. Pero las casualidades son tan tercas que juntan a la gente que ni siquiera está en el mismo lugar. En ese asado al que no iba a ir, él se enteró a través de una amiga de ella que ya no es su amiga, que ella se había separado, y él se acordó que se había separado también. Gracias a Dios por Facebook, porque él había perdido hacía tiempo su teléfono (por eso no la llamó ese primero de Agosto, en que ella tampoco lo llamó a él) Le puso un mensajito tímido, que ella enseguida contestó: “Tengo muchas ganas de verte”. Y él sintió que un cuarto de siglo después del primer hola, detrás del sí no iba a venir un no. Un cuarto de siglo y un par de días después de la primera vez que la vió, volvió a estacionar frente a la misma casa, pero distinta, y apareció ella, también distinta. La vió mal y pensó que ella lo vería igual o peor. Luego pensó que los dos se merecían una vida mejor, y que la podían compartir. Caminaron, miraron el río, se sonrieron, él hasta la abrazo. Ella le dio un beso chiquito, como si le dejara una seña por lo que podría venir. De a poco se fueron reconociendo, como dos cachorros separados al nacer. Se vieron y se volvieron a ver, y fueron sintiendo que no querían dejar de verse ni cuando estuvieran a oscuras. Una noche él la pasó a buscar y ella dijo que estaba antojada con un Cuarto de Libra con papas y gaseosa grande. El dinamitó sus sueños de sushi y encaró para el Automac. Cuando llegó a la ventanilla, desde un parlante se escuchó el típico “le tomo su pedido”. Y él contestó “dos cuartos de siglo con papas y gaseosas grandes” Ella lo besó y pensó: -con razón diste cinco veces farmacología. El la miró y se sintió un pelotudo. El pelotudo con mas suerte del mundo. Septiembre, 2012.


Curriculum

No soy rico, ni millonario, ni como quieran llamarle. Mas bien vivo al dia y tengo mis pequeñas deudas, casi controladas. Tampoco soy un prototipo del tipo lindo. Soy acaso no demasiado alto, tirando a petizón, morrudo, sano. Mi poronga no es particularmente larga, por lo menos para lo que son las cifras que se tiran por los medios. Diría que en comparación con lo que he visto por ahí, en vestuarios o películas, es francamente corta. Sin embargo, tuve siempre tremendo éxito con las mujeres. Lo que es mas meritorio tomando en cuenta lo que comento en el 1er párrafo de este aviso. Si construyera un currículo histórico, diría que dejé al 80 % de las mujeres, en tanto que ellas me dejaron en aproximadamente un 5 un 10 %, pongámosle, sin entrar en detalles. Y entre un 5 un 10 mas menos, dejamos de interesarnos mutuamente. Pero si vamos a los números fui un ganador nato. Y eso que no cuento aquellas que me pretendieron y no les di bola. Calculo unas 20, 25 mínimo, que si saco los bagallo bagallo que no se las garcha ni un ciego con sífilis, rescato mínimo quince por ciento, por lo cual si prorrateamos, debo haber dejado yo a las minas en el 90 y pico por ciento de los casos, y ellas menos de un diego. Lo que deja matemáticamente e indiscutiblemente claro que tuve un gran éxito (repito: arriba de un 90 %) con las minas. De todas maneras esto no es para discutir si lo tuve o no, ya que eso queda claro, sino el porque del éxito. Y ahí ya entramos al reino de las sutilezas, porque a cada una le gustó, o le fascinó, según el caso, alguna cualidad diferente de mi persona, mi cuerpo o mi intelecto. Más de una comento de mi largas y delgadas piernas, creo que con ternura incluso. Tengo en ellas huellas (varices) de mi vida aventurera, que incluyo semanas acampando en enero en Gesell, incluyendo las travesías a pie por los médanos, casi prohibitivas para niños menores de 12 años si no iban acompañados de sus padres. Recuerdo esos atardeceres, donde llegábamos cansados a la orilla del mar bravo, agreste, lejano, y previo dejar chancletas, gorrito, remera, sapolán y riñonera a


resguardo del bañero, corría a mojarme prácticamente hasta la cintura entre olas salvajes. Pero lo que mas recuerdo es la mirada lasciva de las mujeres sobre mi cuerpo esmirriado, húmedo, empapado, palpitante, tiritante, que me observaban haciéndose las distraídas entre mates, facturas y radiolandia. Incluso una con la que me di cuenta que estaba recaliente conmigo pero decidí no empezar una relación porque yo tenía micro al otro dia, se me acerco, meneándose cual sirena, y me dijo en un susurro: “esa ola casi se lo lleva. ¿Porque no espera para meterse que venga el bañero, que fue hasta el baño? Mire que nos va a dar un disgusto a todos” Después se fue, oronda, revoleando ese culo que me ofrecía, y se reía, de lejos, con el marido, pobre cornudo. Otra vez me acuerdo también que estaba terminando de pagar un Citroen que después lo tuve que dejar en un baldío porque estaba jodido de papeles. La cuestión es que venia con el Citroen a cualquier velocidad y se cruza un Renault bastante nuevito, y la boluda boludeando, como corresponde, meta celular y bla bla bla. Pasó en verde casi amarillo, y yo en rojo casi verde, y tire a frenar y casi freno solo pero frené contra la parte de atrás del Renault. Fue el ruido de las gomas, el golpe seco y los pedazos de chapa y plástico a cincuenta metros a la redonda. Logro desenganchar lo que quedaba de la puerta y bajo. El Renault había quedado como a diez metros del topetazo. Me acerco desde atrás y por la ventanilla veo un par de pechos impresionantes. Un culito en un marco de tela eran. Me apoyo en la puerta, subo la mirada hasta la cara de la mina, que empezaba a recuperarse del golpe, y veo que estaba terrible. Buenísima. Le agarro la mano. Le pregunto si está bien, como se llama, y me dice que si, que se llama Bárbara (era obvio) y que agarrara al hijo de puta que la había chocado antes que se escapara. Mire el Citro, que todavía estaba a nombre del dueño anterior, inubicable, y le dije “tarde piaste, se escapó a la mierda. Dejame que te lleve al médico” “Bueno, gracias, señor”, me dijo, picara, lasciva, caliente. “Tuteame”, le conteste como para ir ganando tiempo”. Esperá que veo si este atorrante dejó algo en el auto”, mentí, y fui hasta el citro a buscar la riñonera. Saqué las llaves, le limpié el volante y la manija de mi puerta, por las huellas dactilares (grande, Columbo), y le desatornillé la bocha de la palanca de cambios porque la había comprado en Warnes la semana anterior. Volví al Renault, abri la puerta del conductor, la ayude a salir, la tomé de la cintura, incluso de un poco más abajo también, y la ayude a ir hasta el otro lado. “Sacá la manito que puedo sola”, me dijo, como inaugurando una confianza solapada. Después de algunos altercados


con la caja de cambios (el Citro era 2 CV, y yo desconocía el uso del pedal de embrague), llegamos a una sala de primeros auxilios. Esperamos como dos horas a que la atendieran, pero yo me di cuenta que moría por mi porque cada tanto me ponía su mano en mi hombro y me decía “vaya nomas, ya me siento bien, no se preocupe”: probándome, buscando confirmar que realmente me preocupaba por ella. Y que me preocuparía por ella, por nuestros hijos, nuestro hogar y nuestros nietos hasta el último dia. Y yo para tranquilizarla le decía “De aquí no me mueve nadie”. Y ella sonreía, como resignada. La cosa no duro mucho porque apareció un testigo del choque, pero sinó, daba para una historia de película.

Podría seguir de relato en relato y no quiero aburrirlas. Pero creo que queda claro el porqué soy un ganador. Para mas datos, me gusta el cine de autor, y casi no me gustan las películas pochocleras, salvo Rambo, Allien, La Guerra de las Galaxias, las de Charles Bronson, las de Franchella, las de los súper agentes, todo lo que filmo Steve Martin y Goldie Haw, y bastante las de Lando Busanca. En música tengo un amplio espectro, y me luzco con la bossanova, el tango y la cumbia sin mayores inconvenientes. Si sale marcha (tengo especial afinidad con las pendejas), sale marcha.


Ensayos?


Enamorarse

Aristóteles opina que las dos grandes fuerzas que impulsan al ser humano, son las sensaciones y las emociones. Las sensaciones son el presente, y tienen que ver con la supervivencia, el dia a dia: sentimos frío, y nos abrigamos, sentimos mucho calor, y nos refrescamos. El hambre y la sed son saciadas justamente porque sentimos hambre y sed. Sinó, no reaccionaríamos a esas necesidades primarias, y moriríamos, tarde o temprano. Las emociones, en cambio, tienen que ver más quizás con el futuro. Ambición, cariño, miedo. Sin miedo, a todos los hombres se los hubiera devorado un dinosaurio. Sin cariño, la madre no protegería a sus crías, o no las preferiría para amamantar por encima de otras crías de otras hembras, por ejemplo. Sin ambición, el hombre no hubiera caminado días y noches buscando lugares más confortables para vivir. El enamoramiento, opino yo, es la sinergia y la combinación más perfecta de las fuerzas más impactantes para nuestra especie. Enamorarse es sentimiento y emoción combinadas perfectamente. Enamorarse es sentir y emocionarse por algún se humano más que por cualquier otro de todos los que pueblan la tierra. Y enamorarse mutuamente, requiere además que las probabilidades se den entre millones, y cerca nuestro viva esa persona con la que en algún momento de nuestra vida nos cruzamos, y por obra del azar más grande, mutuamente nos enamoramos. Enamorarse es darle la oportunidad al cuerpo de expresarse a través de las sensaciones, de cada sentido. Vemos a nuestro amor y nuestro cuerpo reacciona como ante ninguna otra persona, paisaje o pintura que pudiera ver. Escuchamos a nuestro amor y no queremos volver a sentir el silencio. La música que escuchamos junto a nuestro amor, será para siempre eso: la canción que escuchaste alguna vez con él, o con ella. La que no vas a poder escuchar sin sentir algo horrible en el pecho, cuando ya no estén juntos.


Tocar a nuestro amor es el acto más placentero. Ser acariciados, acariciar, besarse, meternos en el cuerpo de otro, hacernos espacio para que el otro entre en nosotros, físicamente, es inigualable e inexplicable cuando sucede entre dos enamorados. No importa la belleza o fealdad objetiva de esas caras, de esos cuerpos. Para esos amantes, no hay nada más lindo y perfecto que el otro mientras estén enamorados. Enamorarse es permitirnos sentir cada emoción multiplicada por mil. El cariño se multiplica a la infinita potencia y se transforma en amor. Nuestro cuerpo tiembla y hasta la razón se nubla. El 95 % de nuestro cerebro, que se inclina normalmente hacia lo inconsciente y emocional, encuentra su campo de expresión más fértil cuando estamos enamorados. La sensación de que esa persona está llegando a donde estamos, la sensación de que el mensaje que llegó al celular es de esa persona, la sensación de que esa persona que duerme con la cabeza apoyada en tu hombro es ESA PERSONA, que elegiste entre millones y te eligió a su vez a vos, es única, indescriptible, irrepetible. Pero desgraciadamente, es poco probable que dos personas se enamoren mutuamente al mismo nivel y por el mismo período de tiempo. Probablemente, ese conjunto de sensaciones y emociones sea un poco más fuerte y/o más duradera en uno de los miembros de la pareja, lo que la expone, la hace vulnerable y sufriente. El amor que tenés adentro, que dejó de ser mutuo, porque el otro ya se desenamoró, se transforma en un monstruo incontrolable, que no te deja dormir, te saca las ganas de comer, y la alegría de vivir. Si el combustible para el amor es poner sin reparos todo el cuerpo, toda la mente, y toda el alma, en ese proyecto, desenamorarse es desarmar todo eso, y matarlo como se pueda, para que deje de dolernos. De golpe, en algo que estaba perfecto, como por ejemplo tu hígado, detectan un tumor, que no solo afecta al hígado sino todo al resto de tu cuerpo. Aún no se inventaron drogas contra este dolor: solo paliativos: alcohol, drogas, otros hombres y mujeres de repuesto para pasar el tiempo, horas, minutos y segundos que se empeñan en no pasar nunca. Cada mañana te despertás soñando con no seguir amando, sólo para comprobar que esa persona no durmió con vos, pero te dejó tu amor por ella adentro de la


cama. Ese amor va a acompañarte como una sombra todo el día. No hay antitranspirante ni repelente que lo aleje. Ni siquiera sirve intentar autoconvencerte de que quién te abandonó es malo/a, tonto/a, loco/a, o que nunca te mereció. Si realmente seguís enamorado, tu parte emocional rechaza cualquier razón válida para ya no querer. Es la trampa del corazón, su dominio sobre el cerebro. Y así andás por la vida, generalmente mucho tiempo. Y cuando comprobás que no podés matar ese amor, tomás la decisión extrema: te suicidas emocionalmente. Matás la capacidad para sentir amor por otro, anestesiás la capacidad de enamorarte. Matando tu capacidad de amar, por ahí alejás un poco los fantasmas de la persona que no te podés sacar de adentro. Y así lográs, en algún momento, volver a estar en pareja. Sólo eso, volver a estar en pareja, que es muy distinto que enamorarte.

Hay mucho escrito sobre cómo encontrar al amor de tu vida. Se necesita con suma urgencia un libro que explique cómo esconderlo en algún rincón de la desmemoria. Me conformo con eso.


Guiones:


Siberianos

Escena 1 Interior de departamento kischt. Un cachorro siberiano durmiendo sobre una alfombra. Dos manos de mujer lo toman y lo levantan. Lo pone en una caja. Las manos llevan la caja, que luego es apoyada en el piso. Se ven un par de pies con zapatos con taco, filmados desde atrás, a la altura del piso. Se ve venir una puerta. Se escucha el portazo. Escena 2 Pasillo de edificio. Hasta aquí la filmación transcurre en interiores algo lúgubres, poco luminosos. Se ve a la mujer que se aleja por el pasillo, con un bolso en la mano, y la caja bajo el otro brazo. Viste blusa rosa y un pantaloncito corto, adeherente, floreado. Escena 3: Interior de un taxi, circulando un día soleado. En el asiento delantero conductor y bolso. En el trasero, mujer de unos 35años, bien llevada y caja de cartón a su lado. Asoma la cabeza de una cachorrita. Ella la mira, tiene puestos anteojos negros. Sonrie con tristeza. Baja una lágrima por debajo del anteojo. La cámara filma la perrita. Voz en off ” Mi primer recuerdo es en una caja. No logro acordarme donde vivía antes, pero cuando salí de la caja tenía un jardín, y pasto. Antes no”. Escena 4: Taxi que frena en la puerta de un chalecito. La mujer baja con la caja., la mete en el jardín de adelante, enrejado, y saca de adentro la perrita. Dos hombres con ropa de trabajo entran bultos a la casa. Quedan dos o tres paquetes afuera. Los hombres se van. La mujer se agacha para recoger los últimos bultos. Escena 5: Calle de barrio. Casas bajas, árboles. Un camión de mudanzas, tipo Cosflet, que se va. Inicia voz de hombre en off, que estará presente como relator durante todo el corto. “La vi por primera vez el mismo día que se mudó, frente a mi casa. Estuve lento. Yo la espiaba por entre las tablas de la persiana. Le habían quedado un par de bultos en la vereda y no me ofrecí a ayudarla. Mas bien me quedé mirándola.


Cada vez que se agachaba para levantar esos paquetes, con los shorcitos, yo volaba. Tenía unas piernas alucinantes. Largas, fibrosas, bien torneadas. Escena 6 Hombre (Raul) saliendo de la casa, mirando de reojo la casa de enfrente. Viste traje, aunque poco elegante. Gastado. Voz en off “Por un par de días no la vi. Me extrañó, viviendo enfrente...Bueno, yo tampoco estaba todo el día al pedo.” Escena 7: Raul trabajando en oficina de atención a clientes. Rotosa, màquina de escribir, PC vieja, bien de organismo público sin reconvertir. Voz en off de Raul “ Trabajaba de cajero en el Registro Automotor de San Martín, de 8 a 17, 17.10. Me las ingeniaba para estar antes de las cinco siempre en casa. Y en vista de los nuevos acontecimientos, mas que nunca” Escena 8 Vuelve a imagen de la escena 6, saliendo de traje de la casa, mirando de reojo a la mujer, que ahora está regando, con la perrita dándole vueltas alrededor. Ella lo ignora. Escena 9: Estación de tren, tren en movimiento, Raul corriendo desesperadamente. Voz en Of.f. “Ese día, por primera vez en 10 años, casi pierdo el tren. Fue una señal que no supe ver.” Escena 10: Atardecer soleado, calle, cuadra de la acción. El hombre, con la misma ropa de la escena anterior, vuelve casi trotando, maletincito en mano, ve a la mujer en shorcitos, regando, con la perrita alrededor, que se aleja. Se escucha la voz de ella (Miriam) sensual, “Serafina, cuchi, cuchi, Serafina, vení!!” La perra se acerca, ella se agacha de manera sugerente, la levanta, la besa y se la apoya en los pechos. Escena 11. Interior, cuarto, apenas iluminado. Raul en la cama. Mira el techo. Se mueve un poco aunque no es muy claro lo que hace. Se escucha la voz en off de Miriam (“Serafina, cuchi, cuchi, Serafina”...) mientras la cámara toma la cara de Raul, que jadea Escena 12


Día, exterior, soleado. La cámara toma de cerca de la perrita, que mira a la cámara y después la cámara gira y enfoca la persiana, desde la perspectiva de la perrita: voz en off de mujer, que no es Miriam:”todas las mañanas salía a pasear temprano. El señor de la casa de enfrente nos espiaba desde atrás de la persiana. Yo a veces le ladraba, por joder, nomás”. Escena 13: Exterior, vereda. Mañana soleada, mujer regando. Perrita correteando por ahí. Voz en off “El sábado a la mañana ella estaba regando. La perrita iba y venía atada a un palo. Se me ocurrió regar a mi también, cosa que no había hecho nunca en los últimos diez años, desde que mi madre había muerto en esa misma casa. Me costó encontrar la manguera.” Hombre sale a su jardín, revisa dentro de un galponcito, tira cosas afuera freneticamente hasta que aparece con una manguera en la mano y un regador. Mira con decepción. La mujer ya no está. Intenta conectar la manguera a la canilla. Finalmente lo logra, aunque se nota la falta de experiencia. Abre la canilla, va hasta la punta y conecta el regador, que lo empapa. Voz en off “Regué igual, por pelotudo. Y en memoria de mi madre, que tantas veces me lo había pedido, sin suerte.” Escena 14 Interior, cuarto, luz artificial, Raul se está cambiando. Empapado. Mira mientras tanto por las hendijas de la persiana, para ver si sale la vecina. Salen ambas: vecina y perrita. Escena 15: Exterior, vereda, día, soleado. La cámara toma a la perrita, de cerca. La perrita mira la cámara. Voz en off de la perrita. “el señor de enfrente era torpe, y poco atractivo. Pero parecía inofensivo. Decidí visitarlo”. La perrita baja de la vereda a la calle, indecisa. Escena 16: Exterior, día soleado, filmada desde interior de auto en movimiento, que transita por la calle donde trascurre la historia. Por el parabrisas se ve cruzar de golpe una perrita siberiana. El auto clava los frenos. La perra termina de cruzar, asustada. Escena 17: Interior, oscuro. Raul mira hacia fuera por entre las hendijas de la persiana, en pantaloncito y chancletas, el torso descubierto. Ve venir a la perra, escucha el auto, enseguida la frenada y con desesperación y luego alivio, ve que la perra llega a su vereda indemne. La ve entrar a su jardín delantero. Escena 18: Interior del cuarto.


Raul corre por el cuarto, cambiándose el pantaloncito por un vaquero mas decente. Se pone una camisa que va abrochándose de camino a la puerta y al salir ve que la perrita está de nuevo enfrente, investigando cacas ajenas. Raul: Serafina, chicho, chicho, ... La perra le presta atención. Va y viene pero al llegar al cordón se frena, como si el recuerdo del taxi hubiera quedado muy presente. De pronto sale Miriam. Al verla, Raul enmudece, queda como paralizado. Miriam: “hola”. Raul: “hola, que linda cachorra, ¿es pura, no? Miriam: “Si, siberiana” le contestó ella con una sonrisa, antes de cerrar la puerta. Escena 19: Repite escena 11. Escena 20: Exterior, día soleado, vereda. Raul camina hasta el centro comercial a comprar cigarrillos. Pasa por una veterinaria y ve varios cachorritos. Al lado se paran dos chicas lindísimas, también a mirar los perritos. Tienen unos 14 años, con pechitos redonditos, paraditos. La mas cercana a Raul no tiene corpiño. El los espía , de reojo. La chica lo mira, sonriente, y le dice “hay, señor, no son lindísimos?” El transpira, serio, no contesta y vuelve rápido a la casa. Escena 21 Exterior, día soleado, vereda, Raul llegando a su casa Ve un papel asomando de su buzón. Se dispone a tirarlo, pero primero lo lee con poco interés: Raul: “Vendo cachorros siberianos, con y sin pedigree”. Mira a lo lejos, hacia arriba, como un héroe Voz en off: “¿y si tuviera mi propio perro? ¿y si lo sacara a pasear? ¿y si todas las mujeres se agacharan a mis pies, tocando mi perrito y mirándome con lascivia diciendo, “es divino”? Me transformaría seguramente en una máquina de coger.” Escena 22 Interior, cocina, mesa, silla, aparador. Raul con cara de susto. Busca una botella, llena de tierra. La etiqueta dice grapa. La abre. La apoya sobre la mesa. Duda. Se levanta. Busca un vaso. Lo llena. Lo toma de un trago y con la nariz tapada. Pone cara de asco. Cierra los ojos y los abre muy grande. Hace una mueca. Vuelve a llenar el vaso. Traga con el mismo sistema. Lo apoya con fuerza sobre la mesa. Escena 23 Exterior, calle, día soleado.


Raul camina vacilante por la vereda, con el brazo un poco estirado, folleto en mano. La boca entreabierta en una sonrisa estúpida. Llega a una casa. Golpea una puerta. Aparece un fisicoculturista, con cara de pocos amigos, pelado, con un aro en la nariz y tatuajes en cuello y brazos. Raul estira el brazo y le muestra el volante. El grandote entra y vuelve con un cachorro siberiano. Raul le da $ 2.000 que saca hechos un rollito del bolsillo. El grandote cierra la puerta. Raul queda vacilando con el perrito en la mano. Parece despertarse cuando el perrito le muerde un dedo. Vuelve para su casa caminando triunfante. Escena 24: Exterior, calle, día soleado. Raul dobla la esquina de su cuadra. Ve a Miriam que está regando, y lo mira con poco interés. Se va a cercando a la puerta de su casa, Miriam vuelve a mirarlo y descubre el perrito. Su cara se transforma. Aparece una espléndida sonrisa, larga la manguera, llama a Serafina, y trota hacia Raul con los brazos abiertos pegando brincos, las tetas acompañando el movimiento. Raul frena ante tanta efusividad y recibe el abrazo cariñoso de Miriam, que le dice “Hay que cochita mas hermosa”, tres o cuatro veces. Serafina le lame la pantorrilla por lo bajo. Raul alcanzó a articular : “la tuya también es muy linda”. Miriam: ¿cómo vamos a llamarle? Raul la mira y le dice “¿qué te parece Conquistador?” Miriam: tiene cara de corajudo. Me gusta Corajudo. Raul y Miriam al unísono, sonrientes, anhelantes: “Coco”. Serafina lanza un ladrido feliz y ambos se miran y asienten con la cabeza. Ponen el perrito en el suelo. Comienza a jugar con Serafina. Miriam mira a la parejita embelesada y toma del brazo a Raul, apoyando la cabeza en el hombro. Lo mira, candorosa y a la vez sugerente. Raul se acomoda un huevo, disimuladamente. Escena 25 Exterior, día soleado, parque, ritmo de videoclip. Los dos pasean, sonríen, los perritos se corren, se muerden, ruedan, se duermen, ellos vuelven a sonreir, todo muy romántico, uno de los cachorros caga, Miriam se acerca con una bolsa, se agacha, sugerente, Raul toma la caca con una palita, la mete dentro de la bolsa que sostiene Miriam, mirándola también de manera sugerente. Caminan tomados de la mano, Raul revoléa la bolsa con caca como si fuera un llavero...Los cachorritos se alejan corriendo, Miriam y Raul se sientan en un banco de plaza. Se miran, ella se seca el sudor del cuello, una gota se pierde en el nacimiento de los pechos, Raul cierra los ojos e imagina que ella le toma la mano y se la mete por debajo de la blusa, sobre los pechos, mientras Miriam lo mira con lujuria. Raul abre los ojos. Cruza las piernas, incómodo, el banco es el mismo, pero la ropa es otra y los perros vuelven corriendo, pero ya son adultos. Serafina hace pis, y Coco huele el pis, y luego huele la cola de Serafina, que se queda quieta, expectante.


Escena 26 Exterior, puerta de las casas, día soleado. Raul sale a la calle con Coco. Mira, ve la calle desierta y mira desconcertado y desanimado. Duda, y luego cruza y toca el timbre. Lo atiende Miriam, abanicándose con una revista caras. Miriam: Que calor insoportable. Tenía una remerita liviana, aparentemente sin corpiño. Y un shorcito medio floreado. Miriam: La perra está rara, y con este calor, me dio fiaca sacarla, me dijo. En esos segundos nos distrajimos y Coco se mandó para adentro, como una flecha. Raul desde la puerta: “Coco, Coco, vení para acá”. Miriam: “Chicho, chicho, vení”, poco convincente mientras entra a buscarlo. Raul entra porque Miriam lo tiene tomado de la mano. Escena 27 Interior, pareja mira desde el living, por un ventanal, al jardín. día soleado. Miriam mira hacia el jardín sin soltar la mano de Raul. Se pone el dedo índice delante de los labios, indicándole silencio, sin soltar su mano, que cada vez aprieta mas. Quedan absortos mirando el jardín a través del vidrio. Los perros van y vienen, oliéndose. La perra hace pis, y el perro lo huele. Se le acerca, le apoya una pata en la cara, o en el cuello. La perra se queda quieta. Miriam aprieta el cuerpo contra el de Raul. Coco huele primero, y lame después, la vulva de Serafina, que entrecierra los ojos, mirando distraídamente hacia el ventanal, y encuentra los ojos de Raul, La cámara va y viene entre la situación de los perros, que va evolucionando hasta que Coco se sube a Serafina y la monta con vigor. Miriam entrecierra los ojos y se apoya sobre Raul, dándole la espalda, apretando fuerte sus glúteos contra la pelvis de raul. Le toma los brazos y se rodea con ellos, apoyando las manos de Raul en los pechos, sin dejar de mirar los perros. Raul la deja hacer, excitado pero confundido. Coco acelera sus movimientos y Miriam comienza a jadear apretándose contra Raul. Pocos segundos después, el perro baja de la perra, y Miriam se deja caer sobre el sillón relajada y satisfecha. Raul permanece parado, inmóvil, con un lamparón en el pantalón. Escena 28: Interior, cuarto de Raul, semipenumbra. El perro duerme a los pies de la cama. Raul se masturba, haciendo flashback con Miriam refregándose contra el y los perros apareándose. Escena 29: Día, exterior, vereda. Miriam cruza a la casa de Raul. El la ve llegar escondido detrás de la persiana. Suena el timbre. Raul se tira desodorante en las axilas. Se hace un buche rápido con enjuague bucal. Va para la puerta. Frena. Retrocede.


Vuelve al baño. Se abre un poco el pantalón y hecha desodorante. Va hasta la puerta y abre. Miriam, sonriente: hola, divinura. Raul cree que se dirige a él, y sonríe, pero siente el roce de Coco que aparece, pasa por su lado y se restrega contra el cuerpo de Miriam, que se agacha, lo rodea con los brazos y lo acaricia. Miriam: hola Raul, ¿cómo dormiste? Raul. Bien, muy bien ¿y vos? Miriam: mas o menos. Los mosquitos, el calor...dejé las sábanas empapadas. Raul:.... Miriam: ¿me puedo llevar a Coco? ...Dicen que el segundo servicio es él mas importante. Me lo llevo y te espero en un ratito, así me baño y ordeno un poco. Raul: Si, como no, llevalo. Yo voy en un ratito. Miriam le sonríe, le toma el antebrazo, se lo suelta, y dice: ¿vamos Coco? Serafina te está esperando, y vuelve a sonreírle a Raul, cómplice. Le hace un saludito con la mano y cruza trotando, dando saltitos. Coco la sigue, tranquilo. Entran a la casa. Escena 30: Interior de la casa de Coco. Cocina. Coco parado, tomando un vaso de grapa, sin taparse la nariz. Luego otro. Transpira. Se moja la cara y la nuca, piensa. Mira la puerta, serio y decidido. Abre y sale. Escena 31: Exterior, día, soleado. Raul camina por la vereda, casi trota, como poseído. Llega a una farmacia. Entra. Escena 32: Interior de farmacia. Adentro Raul, una señora con dos nenes adolescentes y la farmacéutica. Los chicos lo miran, curiosos. Farmacéutica: hola, ¿qué necesita? Raul: duda, se sonroja: aspirinas. La farmacéutica le da las aspirinas: ¿algo mas? Raul ve que los chicos cuchichean mientras miran el expendedor de preservativos. Si, pastillas expectorantes. La mujer que está con los chicos lo mira y le dice: y también, con estos cambios de clima, estamos todos igual. Raul no contesta. Farmacéutica: ¿algo mas? Raul: carbón activado, si, carbón activado. La mujer que está con los chicos le dice: ¿ud. también está con diarrea?. Raul la mira y le dice, todo colorado: no, no, por las dudas. La mujer lo mira y los chicos lanzan una risotada. Raul paga y sale de la farmacia.


Escena 33: Raul camina por la calle, alejándose de la farmacia. La mamá de los chicos le grita desde la farmacia, “señor, señor, se olvidó la bolsita” Raul, sigue caminando y dice en voz baja: metétela en el culo la bolsita. Llega a un maxikiosco. Ve que no hay nadie. Un joven empleado mira la tele a sus espaldas. No le presta demasiada atención. Se acerca al mostrador, y ve el dispenser de preservativos. Ve también que al lado de la tele hay un estante con galletitas dulces. El empleado gira y lo mira, sin hablarle. Raul: ¿qué galletitas tenés?. Dame unas Manón. El chico gira para tomar las galletitas, y Raul rapidamente toma dos cajas de preservativos y las esconde en un bolsillo. Se pone todo colorado. Paga las Manón y se va. Escena 34: Interior, baño, sobre el tocador una caja de forros abierta, y un envoltorio vacío. Filmado sobre el espejo, Raul lee las instrucciones en voz alta. Raul: Apoye el preservativo sobre el glande, sobre el lado lubricado, y estírelo hacia atrás sobre el pene erecto. Raul mira hacia abajo. Dice: el pene erecto. Deja el preservativo sobre el lavatorio, y la cámara filma su cara, con los ojos cerrados y la boca apenas abierta, repitiendo: Serafina, Cuchi, Cuchi, Serafina, que perrito mas lindo, cuchi, cuchi. Abre los ojos de golpe y de un manotazo toma el forro, pero comienza a jadear como acabándose. Escena 35: Interior, baño. Raul sentado en el inodoro, exhausto.. La cámara filma el lavatorio, hay tres forros abiertos y estirados, pero limpios. Escena 36: Exterior, soleado, vereda. Raul cruza la calle como un autómata. Está por tocar el timbre. Escucha un ruido extraño. Se acerca a la ventana del living pero no alcanza a ver nada. Avanza por el costado de la casa, y mira hacia el jardín. La ve a Serafina, atada a un palo, que también lo ve y mueve la cola. Estira el cuerpo por encima del portón del jardín y la ve a Miriam desnuda, pasándose una sustancia pegajosa por el cuerpo, que Coco lame con dedicación. Miriam se pasa la sustancia por la entrepierna y luego se pone en cuatro patas. Coco avanza y Raul retrocede pasmado y silencioso. Escena 37: Interior, cocina. Raul está tirado en el piso, la botella de grapa está tirada al lado, vacía. Raul intenta pararse, sin suerte. Se agarra de la mesada, se contorsiona hasta que logra erguirse a medias. Toma impulso y se para, riéndose borracho. Avanza


apoyándose en una silla, en la mesa, en lo que va quedándole a mano. Abre un cajón de la mesada. Saca un cuchillo grande. Lo levanta tomado como un asesino, dice “Moreira...” y lo clava en la mesa. Se ríe. Lo desclava y lo guarda en el cajón. Al cerrarlo se aprieta el dedo. “La puta que lo parió”, se queja. Sigue avanzando y abre la puerta. Escena 38: Día soleado, vereda. Raul cruza la calle, sigiloso. Intenta escuchar algún ruido extraño. No oye nada. Toca el timbre. Un minuto después abre la puerta Miriam, con cara de dormida, el pelo desordenado, en bata. Miriam: hola, Raul, me quedé dormidita. Raul: ... Miriam: ¿te sentís bien? Raul:... Miriam: ¿venís a buscar el perro? ¿no lo querés dejar un rato mas? Me quedó dormida y no vi si la volvió a servir... Raul: Me lo tengo que llevar a bañar. Miriam: ¿cómo? Raul: lo voy a bañar bien bañado... Miriam:...bueno, llevalo. Coco, Coco... Coco aparece por la puerta, con la lengua afuera. Raul le acaricia la cabeza, que está toda pegajosa. Se da vuelta sin saludar y dice: vamos, Coco. Escena 39: Interior, living. Raul está sentado hacia delante, abandonado, mirando al perro que duerme despatarrado en un rincón. Está serio, triste. Suena el timbre. Raul da un respingo. Coco ni se inmuta. Escena 40: Puerta de calle. Raul abre. Está Miriam, espléndida. El pelo mojado, una blusa sugerente, arreglada y pintada. Miriam: Hola. Raul: hola. Miriam: hace mucho que quiero decirte algo y no me animo. Raul: ¿qué? Miriam: no, no, aguantate la curiosidad un rato mas. . Te espero a cenar. ¿vienen?. Raul, aparentemente desganado: ¿a que hora? Miriam: vengan temprano, así tenemos tiempo. Raul: ¿tiempo para que? Miriam, intrigante y sonriente: vengan temprano. Escena 41:


Puerta de calle, en lo de Miriam. Atardece. Dedo que se posa en el timbre. La cámara toma de atrás a Coco y a Raul. Abre Miriam, sonriente. Le da un beso en la mejilla a Raul y le acaricia la cabeza a Coco. Aparece Serafina, con un moñito pegado en la cabeza. Raul: con una media sonrisa: acá estamos. Coco entra detrás de Serafina. Miriam: bienvenidos, pero que descortés, ¿no trajiste nada para tomar? Raul: en casa tengo una Coca Cola. Miriam: ¿cómo Coca Cola? ¿para que se inventó el champagne? Raul: me hago una escapada a lo de los coreanos, si querés. Miriam: dale, dale, no tardes. Escena 42: Raul camina sonriente, hacia el almacén de los coreanos. Ve que están bajando la cortina de metal. Corre casi cien metros y le hace señas al coreano que está detrás del vidrio de la puerta ya cerrada. El coreano le hace señas de que ya no atiende, y se señala el reloj. Raul junta las manos como rezando y le hace señas de descorchar una botella. El coreano junta los dedos de la mano derecha y mueve la mano de arriba a abajo repetidamente en señal de “no entiendo”. Raul, vuelve a hacer el gesto de destapar una botella, y de servir en dos copas. Desde detrás del vidrio el coreano repite el gesto de no entender, y llama a otro coreano. Ambos miran a Raul que detrás del vidrio destapa la botella, sirve, y toma de una copa. Los coreanos se rien y mueven la cabeza negativamente. Raul hace señas de que esperen un segundo. Piensa. Les hace un ademán para que le presten atención y comienza a mover la pelvis de atrás hacia delante repetidas veces, mientras estira los brazos hacia delante como si sostuviera algo o alguien. Los coreanos se miran y sonríen. Asienten. Abren el vidrio. Uno de ellos dice: ¿sidra? Raul: no, champagne. El coreano se va para adentro y vuelve con una botella de champagne. Dice: noventa pesos. Raul: ¿cuánto? Coreano: noventa pesos. Flia. Raul toma la botella y le da cien. Coreano: ¿no cambio? Raul le hace señas de que no.. Coreano: no monedas, calamelos. Escena 43: Exterior, calle, anochece. Raul llega a la casa de Miriam. La luz del porche está prendida. Toca timbre, y se arregla el pelo mientras espera que lo atiendan. Espera unos segundos. Nadie


abre. Insiste. Espera. Va por el costado de la casa. No ve nada. Está en penumbras. Espía por la ventana y ve que la casa está sin muebles. Cruza a su casa. Serafina está atada a un palo. Mueve la cola. Raul, grita, histérico: hija de puta!!. Escena 44: Exterior, jardín, día soleado. La cámara toma a la perra. Voz en off de la perra: “como era previsible, nos dejaron de garpe. Pero nos acostumbramos...Estamos bien, muy bien”. Raul está muy pegote con Coquito”. La cámara toma a Raul rodeado de perritos, que levanta a uno del suelo y lo besa. Voz en off de la perra “es igualito al padre”. Fin.


En el andén

Toda la situación está tomada desde la misma posición, con la cámara en el extremo de un andén, que sólo se permite un mínimo movimiento dentro de un ángulo de no mas de 30 grados, y acercamientos con el zoom. Escena 1 Cámara tomando de cerca una pieza metálica. No se entiende que es, pero la pieza comienza a desplazarse frente a la cámara fija que está muy cerca. Escena 2 El objeto se va alejando hasta que se deja ver un tren que se va yendo de la estación, sumergiéndose en la oscuridad del fondo. Cámara fija instalada en el extremo opuesto del andén sigue tomando hasta que el tren se pierde y deja de escucharse su ruido característico. Escena 3 Andén de tren vacío. Exterior, noche, bruma, poco iluminado, la luz concentrada alrededor de algunos focos que funcionan, bañan el andén como en franjas de luces y de sombras. De fondo se escucha música bailantera, de radio a transistores berreta. Escena 4 Se escucha una carraspera brusca, de hombre y luego el ruido de un encendedor. La poca luz del encendedor, mas un mínimo de luz ambiente permite adivinar la figura de un hombre, recostado a un costado de la pared de la entrada del baño de la estación. Sale del cono de sombra que provoca la pared y se ve su silueta mas claramente. Escena 5 El hombre se adelanta un par de metros, con el cigarrillo en la boca. El cuello de la campera de cuerina negra está girado hacia arriba. Tiene las manos en los bolsillos. Mira hacia los costados de soslayo, en ángulo hacia abajo. Escena 6 Toma nuevamente al cuerpo completo, manos en los bolsillos. El hombre presta repentinamente atención a la otra punta del andén. Escena 8


Vuelve hacia atrás, y se refugia detrás de la pared. No parece tener miedo, sino mas bien preparándose para el ataque. Abre el cierre de la campera e introduce su mano derecha, en diagonal hacia el cinturón. Escena 9 El ángulo de la cámara permite adivinar una figura humana en el otro extremo del andén. Según el zoom aplicado, se observa al hombre escondido, o el cuerpo que se adivina acercándose lentamente, como bamboleándose, allá en el fondo. Escena 10 A medida que la persona se acerca, todavía de lejos, se llega anotar que es un cuerpo viejo, encorvado, de andar lento y cansino. De un brazo cuelga algo, como una bolsa que le quita escuadra al cuerpo, volcado un poco hacia el otro lado, como haciendo contrapeso. Se observa que la vestimenta es mucha, y tiene una pollera amplia que cae bastante por debajo de las rodillas. Tiene un amplio pañuelo en la cabeza, que le hace sombra sobre la cara. En la mano libre parece traer un abrigo colgado. Escena 11 Cambia el zoom y toma mas en detalle al hombre escondido detrás de la pared, que se asoma con sigilo hasta el borde de la pared para observar el lento acercamiento de la vieja. Vuelve hacia atrás. De fondo sigue escuchándose la radio con la música bailantera. Escena 12 La vieja sigue acercándose al punto donde está la pared con el hombre detrás. Frena, cansada. Apoya la bolsa en el piso y acomoda la prenda que lleva en la otra mano. Vuelve a levantar la bolsa con dificultad, y sigue acercándose. Escena 13 El hombre se pega contra la pared, desapareciendo en la sombra, instantes antes de que la vieja le pase por delante. Escena 14 Zoom hacia delante, acercamiento a la cara de la vieja, que no alcanza a distinguirse, un poco porque camina agachada, y otro poco por la sombra del gran pañuelo que le cubre el pelo. Camina mirando el piso, lenta. De golpe escucha un leve ruido y gira su cabeza rapidamente hacia la sombra de la pared. Escena 15 El zoom se acerca tanto que se pierde contra la ropa de la vieja y frente a la cámara se observan movimientos bruscos que no alcanzan a entenderse. Hay ruidos de forcejeos y un grito, mas bien un lamento que enseguida termina.


Escena 16 La cámara reduce el zoom y amplía el campo visual. Se ve un bulto, ambos cuerpos confundidos en el piso. Uno de ello comienza a levantarse pero no se percibe cual, por el cono de sombra. Cuando se acerca a la luz vemos a la vieja, que guarda algo que brilla en su bolsa. Esta más alta, como si hubiera perdido la lumbalgia. La cámara se acerca y se ve que revisa apurada un pequeño guardatutto de hombre. Saca una billetera, revisa otros papeles, encuentra unos caramelos y luego tira el guardatutto. Guarda la billetera en la bolsa. Pela un caramelo con delicadeza y se lo mete en la boca. Se acerca a la baranda, esquivando el cuerpo exánime. Apoya una mano en la baranda y salta ágilmente hacia fuera de la estación. Como un chico. Escena 16 Andén vacío, de las sombras asoman los pies del cuerpo muerto. Aparece un perro. Huele los pies. Sale trotando hacia el fondo del andén. Suena la música bailantera. Fin


Sexaway y companía