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Cuarenta años para regresar a la tierra prometida.

Son las 7:30 de la mañana. Jorge Beltrán acaba de llegar de ordeñar sus dos vacas. Su caminar, corta la espesa neblina del pueblo de Ubalá, que hace parte de la provincia del Guavio, al nororiente de Bogotá. En esta zona se encuentra una de las represas hidroeléctricas más importantes de Latinoamérica y es un corredor bastante montañoso, que conecta los departamentos de Boyacá, Casanare, Meta y Cundinamarca. Un punto estratégico para tener el control de los llanos y el altiplano Cundiboyacence. El 24 de abril de 1997, Jorge tuvo que salir huyendo de su casa, acusado por los Paramilitares de colaborarle a los frentes 53 y 54 de las FARC. “Yo vivía en el caserío de Laguna Azul – a dos horas en bus del casco urbano del municipio de Ubalá- en la vereda Chorro Blanco, a esa solo se puede llegar en caballo o caminando. Mi casa quedaba a una hora en caballo. Solo bajábamos hasta el caserío por algunos víveres, no muchos, porque gracias a Dios en las 4 fanegadas en las que vivía, se cultivaba y se daba de todo. Había papa, batata, maíz, legumbres, lulo, tomate de árbol,


mejor dicho, se daba la mitad de lo que usted ve en un “líchigo” (minimercado)” Afortunadamente, para los habitantes de la zona, las montañas que enmarcan la represa del Guavio, son grandes afluentes hídricos, lo que garantiza que la tierra sea muy fértil y aporte los nutrientes suficientes para cualquier tipo de cultivo. Sin echar de menos “las ayuditas delos desechos de las vaquitas y los caballitos - dice Jorge - en la finquita teníamos, a demás de los cultivos, tres bestias para transportarnos y seis o siete cabezas de ganado y en promedio diez o doce gallinas ponedoras, con todo y todo, los animalitos nos socorrían de la leche y los huevos; y con el maíz hacíamos el pan para el mes. Eso si, nos tocaba tantearlo para que nos alcanzara, pero no nos faltaba el desayunito y prácticamente gratis”. Una vaca lechera, dependiendo de la raza, puede oscilar entre los $950.000 y los $3’000.000, y produce 3 o 4 LTS diarios aproximadamente. Mientras que una gallina ponedora puede tener un costo cercanoa los $40.000, y produce un huevo todos los días por un año. “cuando ya los animalitos cumplían cierto tiempo les sacábamos crías y los vendíamos para no perder por ningún lado, eso si no venia algún familiar de lejos o se presentaba un evento de trascendencia. Porque, claro, tocaba echar mano de los pollos o los terneros, o si había marrano se hacía marranada. Es que uno en el campo, sabe lo que es comer, si le falta solo es ir a donde el vecino y hacer el tal trueque”.


EL TORMENTO

“Mi tormento fue más bien rapidito. Primero empezaron los rumores por las calles de la inspección; un tal Pérez era de las autodefensas y venía de los llanos con órdenes de tomar el control de la represa, para esos días; por esos lados ya habían patrullado algunos pelotones de la guerrilla. El problema era que ellos, los guerrilleros, no andaban en camuflados andaban como uno” Las botas pantaneras embarradas y mojadas, un machete amarrado a la pretina del pantalón, la camisa sucia abierta hasta el pecho, en las mañana y en las noches abrigados por una ruana, sus caras bañadas en sudor y sucias de tierra. Típico de la zona centro del país. “Cuando pasaban así vestidos uno no sospechaba, si pasaban a pedir algo de tomar, se les brinda un vaso de chicha, guarapo o masato con un pancito del amasijo del mes, como es costumbre con cualquier vecino. Tiempo


después uno se enteraba que eran guerrilleros, por que los mataban o los capturaban, pero uno siempre los ayudaba confiado de que eran personas de bien, como lo es uno. Así enseñe yo a mis cinco chinitos, a no negarle un sorbo de líquido a una persona o un pedazo de pan. No ve que uno en la vida no sabe cuando pueda necesitar lo mismo. La vida uno no sabe con qué lo va a sorprender.” “El tal Pérez empezó a preguntar por todos los que vivíamos en las veredas más alejadas del municipio. Porque era de entender que por esas veredas era donde más se movían los guerrilleros. Al tipo yo nunca lo vi, pero decían que ya había empezando a reclutar jovencitos de la provincia. El tipo se movía mas que todo por los municipios de Gacheta y Ubalá y los guerrilleros por los municipios de Gachalá y Junín – estos 4 municipios esta ubicados en los cuatro puntos cardinales de la provincia, al norte la jurisdicción de Gacheta; al oriente, Ubalá; al sur, Gachalá y al suroccidente Junín- El hombre hizo una investigación de cada uno para saber cuántos hijos tenia, cuantas tierras, cuantas reses, cuantos marranos, todo de la vida de uno y lo más importante, con quien era que uno hablaba. Si mataban a un guerrillero se tenían que morir todos los que le habían dado así sea un pedazo de comida- Jorge fue uno de los casi doscientos campesinos desplazados, conocidos, del municipio- y por eso es que a mí me toco salir corriendo de Laguna Azul.” “En Febrero de 1997 empecé a escuchar los rumores de que Pérez iba a tomar el control de la inspección y que iba a empezar la limpieza, pero yo no le pare bolas, por esos lados nunca habíamos escuchado de conflicto, ni de paramilitares, ni guerrilleros. Todo era muy tranquilo. Yo seguí con mi vida normal. No me olvide de mis principios ni de mi solidaridad. En marzo fue que empezó la matazón, empezaron a matar a todos los animales. Al vecino, de apellido Bejarano, empezaron a matarle las gallinas como no se fue le mataron las vacas, después los caballos hasta


que un día llegaron a la casa. En ese momento fue cuando creí en todo lo que decían en el caserío y si empezaban conmigo, no iba a dudar en salir corriendo. Efectivamente a principios de Abril me mataron las doce gallinas que tenia, al día siguiente mande a mi esposa y mis hijos a donde mi suegra, ella tiene una casa junto al Batallón de Ubalá – En esa época, el Batallón de ingeniería N0 13 General Antonio Baraya, que inicio sus operaciones en la provincia del Guavio desde 1991- allá estarían todos más seguros, pero yo tenía miedo de dejarlo todo y de irme sin un peso en el bolsillo. El 20 de abril amanecieron todas mis vacas descabezadas y ordenaditas enfrente de la casa ahí mismo me toco empacar lo poco que tenia y salir rumbo a Bogotá.” La travesía

“A mi familia la deje en Ubalá, mi esposa y mis dos hijos baroncitos se quedaron haciendo jornales para ayudar con los gastos de la casa. Ya en un pueblo o una ciudad es


muy difícil conseguir lo de la comida. Ya no teníamos nada. Mis hijos más pequeñitos tenían que ir a la escuela. Lo único que se me ocurrió para darle sustento a mi familia, fue irme a la ciudad a buscar plata para darles una nueva vida. Fue un momento muy duro. Imagínese usted, levantarse un día, no tener para comer, no tener un techo, a penas la plata de ida para Bogotá. Eso no se lo deseo a nadie.” “Yo tenía un amigo que vivía en Bogotá. Lo conocí por que el tenia un camioncito en el que llevaba los víveres hasta el caserío. Yo le vendía cuajada. Por eso nos hicimos buenos amigos, cuando llegue a Bogotá lo busque a él para pedirle ayuda, el me contacto con un tendero en la plaza de paloquemao. Ahí me dieron trabajo de cotero. Mi amigo me dio posada hasta que conseguí un mejor trabajo. Dure trabajando en la plaza solo un mes por que uno de mis hermanos me ayudo a entrar a una fábrica de tejidos, no me pagaban mucho pero con eso me alcazaba para vivir en una pieza con todos los servicios públicos y para venir a ver a mis chinitos una vez al mes, me tocaba prácticamente disfrazarme. Un mes con barba, otro solo con bigote, a veces calvo, a veces bien peinado, con ropa sucia y a veces con ropa nueva. Así viví ocho años, trabajando y ahorrando. En esos ocho años mis hijos terminaron el colegio y empezaron a trabajar de jornaleros. Gracias a Dios son buenos jóvenes y tienen la maña de ahorrar. Me demore ocho años en volver a Ubalá. Cuando volví, lo que mis chinitos y yo habíamos ahorrado, nos alcanzaba para comprar un finquita chiquita, apenas para tener unas 3 vaquitas. Entre todos completamos trece millones pero eso sí con cada gota de sudor que nos toco. No había pa un pantalón, ni pa un par de zapatos. Eso es sacrificio.”


El regreso

“cuando volví a Ubalá, en el 2005, ya las cosas se habían calmado. La fuerza pública había retomado el control de la zona y ya no se escuchaba tanto el tema de paramilitares y guerrilleros. Pero uno de todas formas sigue con miedo. Yo desde ese 24 de abril, no he vuelto a Laguna Azul. Esos grupos son como las brujas, de que las hay las hay. Después de tener la finquita, me dedique a trabajar para ponerla bien bonita. Otra vez me toco jornalear y seguir ahorrando hasta comprar una gallinita y otra, con el tiempo ya no eran gallinas si no vaquitas. A punta de trabajo y ahorros me demore cinco años en volver a capitalizar, con el lotecito y con los animalitos “Las tierras en Laguna Azul prefiero perderlas. Por más que esté el ejército y todo eso es mejor ahorrarse problemas, Y ahora con eso de que hay bandas que asesinan a los que reclaman tierras, es mejor quedarse quieto.- a pesar de que la nueva ley de víctimas y restitución de tierras, cobija despojo de tierras posteriores a 1991 y dice que se deberá brindar garantías a quien solicite sus tierras, la gran mayoría de desplazados del país vive atemorizado y siente que no hay las garantías suficientes para reclamar sus tierras- yo aquí en Ubalá estoy bien, aunque me demore once años en recuperarme de la tragedia lo que he conseguido, lo eh conseguido con mucho esfuerzo y


dedicación. Después de comprar los animalitos y de las crías que me dieron estoy construyendo mi casita de nuevo y pude tomar en arriendo un local. Ya llevo dos años con una tiendita, no es mucho lo que se vende pero queda para el arriendo y para el mercado, que acá si toca comprar.” La pérdida económica de Jorge esta cerca de los $45`000.000 y en quince años, solo ha logrado recuperar $17’000.000 con un esfuerzo enorme y con el trabajo de sus propios hijos. Si con los nuevos diálogos de paz se dieran las garantías, para que los 4’000.000 desplazados que hay en Colombia, Según el diario El país, retornen a sus tierras e inicien su vida de nuevo, a estos colombianos les tomaría cerca de 40 años recuperar su capital. Teniendo en cuenta que deberían empezar su proceso de recuperación un mes después de vivir su tragedia. En 20 años pasaran 5 presidentes de la república diferentes. ¿Estarán dispuestos a contribuir con la recuperación del país, que puede tardar cerca de 20 años? Esa pregunta solo se podrá responder teniendo la certeza de que con los diálogos de paz se ofrecerán garantías para que las víctimas del conflicto reconstruyan sus vidas. Mientras estas garantías no se den, Colombia seguirá viviendo un alto índice de desplazamiento forzado y por consiguiente un alto índice de desempleo y pobreza.


Cuarenta años de regreso a casa