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El Arte de Hacer Parte BOGOTÁ CIUDAD DE NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES CUENTOS ELABORADOS EN EL MARCO DEL PROCESO DE RENDICIÓN PÚBLICA DE CUENTAS,2011


BOGOTÁ CIUDAD DE NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES CUENTOS ELABORADOS EN EL MARCO DEL PROCESO DE RENDICIÓN PÚBLICA DE CUENTAS, 2011 Clara Eugenia López Obregón Alcaldesa Mayor de Bogotá (D) Inés Elvira Roldán Pardo Secretaría Distrital de Integración Social Maribel Monroy Delgado Subdirectora para la Infancia Gloria Mercedes Carrasco Ramirez Asesora Subdirección para la Infancia Elaborados por: José Ignacio Galeano Borda Norma Liliana Martin García Nancy Valderrama Castiblanco María del Pilar Méndez Ramos Emily Johana Quevedo Pinzón Aportes y ajustes a los documentos: Gloria Mercedes Carrasco Ramírez Margarita Montenegro Álvarez Astrid Cáceres Cárdenas Alejandro Baquero Sierra Gloria Ochoa Parra Maureen Rodríguez Pabón Equipo Técnico Subdirección para la Infancia Willer Giagrekudo Achanza Coordinador Jardín Infantil Huitoto Makade Tinikana Diagramación, Ilustración e Impresión: Procesos Digitales Ltda. www.procesosdigitales.com.co Convenio 3804 de 2011 Para el Fortalecimiento de la Política Pública de Infancia y Adolescencia y de la Atención Integral a la Primera Infancia. Bogotá 2011


—Ahora… es el momento ¡entra! —No, no soy capaz, que tal aquí me pase lo mismo que en los otros lugares —No tranquilo, confía en mí, eso no nos vuelve a pasar, tú ya sabes qué hacer, ellos y ellas te necesitan y hoy te están esperando más que nunca. —¿Estás seguro Ádimor? —Si Emiliano, confía en mí Luego de esta corta conversación, Ádimor decide halar el cordón del zapato izquierdo de Emiliano para animarlo a entrar al salón de clase. Emiliano es un maestro de artes que a diferencia de algunos, no le interesa buscar el quiebre, hacer disciplina, tomar la asistencia y molestar por el uniforme. Llega con su arte al corazón de quien lo pudiera necesitar, acompaña a sus estudiantes en las situaciones, a veces complejas y tristes, otras alegres y


curiosas que viven; siempre decidido a hacer de su arte parte de la vida de todos y todas. Ádimor era un extraño personaje que acompañaba desde hace algunos años todos los pensamientos de Emiliano. Emiliano respira hondo, se acomoda la chaqueta, se amarra muy bien los cordones de los zapatos y entra por la gran puerta corrediza del Colegio Divina Esperanza diciendo: —Buenos días, hombre. ¿Cómo está? ¿Qué tal el frío mañanero? —¿Qué hubo profe? ¿Se lavó? Es que eso de andar en moto en semejante lluvia es duro, ¿no profe? Emiliano le sonrió al vigilante y asintió con la cabeza. Mientras tanto Ádimor retorcía su sombrero empapado por el agua del charco que se deslizaba por la punta del zapato izquierdo de Emiliano. De repente, y mientras dejaba su moto en el parqueadero, Andrea una niña del curso 802 apareció ante él con sus ojos tristes, temblando y algo sudorosa. Con su cabeza a medio agachar le habló a su profesor con un afán nunca antes visto: —Necesito hablar con alguien y quiero que usted me escuche, profe. Emiliano no sabía qué hacer, por un lado debía ir a su primera clase con el 903 y por el otro, Ádimor le decía una y otra vez que tenía que escuchar de inmediato a Andrea. Mientras Andrea esperaba la respuesta de Emiliano, las manos le sudaban, entrelazaba sus dedos y los torcía una y otra vez de los nervios. El profe decide escucharla, ella quiere contarle pero no en ese lugar porque a ese parqueadero en la mañana, llegan todos los profesores y los pueden escuchar. Ádimor le sugiere a Emiliano ir al parque de los más pequeños, —tal vez ahí se sienta más segura— dice él. Andrea respiró profundo, soltó el aire lentamente y dijo: —profe, tengo un retraso. Emiliano no supo qué decir, el tiempo se congeló por un instante, hasta que le salieron unas palabras de su boca: -Debes hacerte una prueba de embarazo. Andrea abrió la mano lentamente y le mostró al profesor un papel que tenía escrita la palabra positivo. Entre sollozos la niña escuchó las palabras de su profesor: —¿Y el papá ya sabe? —No, profe. No sabe, es… Diego. —¿El muchacho de 903? -No profe, él no, ¡qué le pasa! el de once. Andrea comenzó a limpiar las lágrimas de sus ojos, una y otra vez. Se pasó las manos por su cara mientras Emiliano le decía que debían hablar con sus padres y la orientadora para poderle ayudar. Aunque Andrea se negó por temor a lo que pudiera pasar, decide confiar en Emiliano y hacer lo acordado. Los dos se encuentran después del almuerzo para hablar con Luz Marina, la orientadora.


Ádimor colgándose desde una de las tiras de la maleta, le recuerda a Emiliano que los niños y las niñas de 903 lo estaban esperando para la clase, sale corriendo y se estrella preciso con la nariz del Coordinador Rigoberto: —¡Emiliano!, debería estar en clase. Recuerde que la puntualidad es importante y usted está en periodo de prueba. —Voy para allá, Don Rigo. Estaba resolviendo un asunto importante. Y sigue su carrera hacia el 903, se acerca agitado a la puerta y la intenta abrir pero no puede. Está cerrada, él golpea y nadie responde pero se escuchan voces que gritaban el nombre de dos compañeros del grupo. En ese justo instante, Ádimor se escurre por debajo de la puerta y mira todo lo que está pasando, afanado la trepa y le abre a Emiliano. Él se encuentra en medio de un combate entre Diego del 1102 y Elías del 903. Entre puños y patadas, Emiliano saca unas naranjas de su bolsillo y comienza a hacer malabares y a cantar una melodía extraña, la pelea comienza a detenerse. Diego decide salir del salón y Emiliano sale detrás. -¿Qué pasó, hombre?, ¿Qué hace usted peleando en el salón de noveno, viejo?, Es más, ¿qué hace peleando? —No profe, pues que ese man se nos infiltró, viene de un grupo armado, tiene un pasado negro y gente así no tiene cabida en este colegio, ¡no lo podemos permitir¡ Emiliano estaba desconcertado, Diego se fue y el profe decidió entrar al salón. Elías estaba sobresaltado, temeroso pero con rabia en sus ojos. Todos, hasta Elías, se sentaron a esperar la reacción del maestro, quien no se decidía a hablar sobre lo sucedido, en cambio sigue leyendo el libro que habían iniciado en la sesión anterior. Al terminar, Emiliano busca a Elías quien le esquiva la mirada —¿Qué pasó, Elías? —No profe, estoy cansando del rechazo, no puedo más. Elías se coge la cabeza desesperado y camina de un lado a otro. —Pero Elías yo le puedo ayudar, dígame que le pasa. —No profe usted se entera de mi pasado y va a pensar lo mismo que todo el mundo. —No, Elías. Cuénteme tranquilo. Elías decide contarle. Se sientan en la banquita del parque y hablan mientras transcurre el tiempo del descanso: –Vengo de lo más profundo del Caquetá… yo sólo tenía 10 años cuando a mi casa llegaron unos ruidos estruendosos, que a mi mamá inmediatamente la angustiaron. Nos movimos rápido pero torpes. Mis dos hermanas se escondieron, pero yo no alcancé. De ese momento, de lo único que me acuerdo es del mal olor del trapo con el que me cubrieron la cara y me llevaron. No las volví a ver. Desde entonces sólo vi odio, guerra, armas, pero sobretodo un profundo dolor por la vida que me tocó vivir. Ahora estoy aquí quiero vivir otras cosas, pero la


gente que me rodea no me deja. Quiero divertirme, pero a veces las fuerzas de luchar se me agotan cuando soy rechazado por tantas personas por mi historia. Emiliano no podía disimular su cara de tristeza e impotencia por no saber qué decir, ni que hacer mientras agachaba la cabeza. Por su rostro escurría una lágrima que cayó justo en el sombrero de Ádimor, quien en esta ocasión se encontraba parado en su carné de profesor y quien con una mirada intensa de luz blanca, iluminó sus ojos e hizo evocar a Emiliano aquello que le hacía sentir el arte, todo aquello que podía expresar mientras pintaba o entonaba una canción. Ahí comprendió que el arte podría ser una posibilidad para Elías Tapias. La idea de Elías expresándose con el arte quedó latiendo en el corazón de Emiliano. Mientras aquella ocurrencia seguía viva, el profesor sintió que alguien le halaba la camiseta por la espalda. En esta ocasión no era Ádimor, era Andrea decidida a ir a hablar con Luz Marina. Emiliano y Andrea atravesaron el colegio, subieron la escalera y caminaron hasta el fondo, donde se encontraba la oficina de Luz Marina, ella los recibió con una gran sonrisa en su rostro y los invitó a sentarse. Hablaron acerca del tema, Andrea empezó a contarle sobre sus sentimientos y angustias, situación que le dio a Luz Marina la entrada para tranquilizarla un poco. Le contó cómo funcionaban los talleres en desarrollo humano, derechos sexuales y reproductivos en los que podía participar . —¿Recuerdas los talleres que iniciaron la semana pasada? Andrea asintió con la cabeza, pasó un instante de silencio y la orientadora continúo: —Además, es importante empezar a pensar en los controles para el estado de salud de tu bebé y del tuyo, como por ejemplo el peso, la alimentación saludable, las vitaminas. —Eso me preocupa— dijo Andrea —yo no sé nada de eso, yo como, ¡pero nunca pensando en estas cosas! A lo cual la orientadora respondió: —No te preocupes, también puedes acudir al apoyo alimentario que requieres para mejorar o mantener tú estado nutricional y, por supuesto, el de tu bebé. Ciclos de formación intersectoriales con la Secretaría de Educación del Distrito, la Secretaría Distrital de Integración Social y la Secretaría Distrital de Salud. Se trata de unos bonos canjeables por alimentos. Tienen el propósito de apoyar económicamente y complementariamente la adquisición autónoma y responsable de alimentos por parte de las personas y/o familias, a los cuales no les es posible acceder ordinariamente con sus ingresos, y de los cuales requieren para mejorar o mantener su estado nutricional.


Andrea más tranquila, le dice a Luz Marina — Ahora ¿qué sigue? Ella le dice que la va a remitir al hospital de la localidad para que inicie sus controles. Mientras Andrea le contaba sus preocupaciones a Luz Marina y sus voces se alejaban, Emiliano se puso a ojear algunas hojas informativas que encontró en el revistero de la oficina. Allí había una muy especial que hablaba sobre actividades deportivas y artísticas que son pensadas especialmente


para la población desmovilizada y la comunidad receptora de dicha población. Ádimor sale del bolsillo del profesor, le hala la oreja y le dice: —Eso es lo que estamos buscando. —¿Qué? —¡Ay! Para Elías. —¡Ahhh claro! Emiliano sale de la oficina, como siempre, corriendo por los pasillos en busca de Elías. Lo ve en la mitad del patio de recreo, pateando una lata, pensativo y cabizbajo. El profesor le sigue el juego y mientras intercambian pases, le dice al muchacho que lo invita a un taller después del colegio. Él acepta con una condición: —El profe me acompaña y… ¡le hago de una! —Listo, listo, cuenta con eso. — ¿Pero de qué se trata profe? —Allá te enterarás A la salida del colegio Ádimor se asoma por el bolsillo de Emiliano y le dice: —Te lo dije, eres especial y este es tu lugar-. Emiliano sintió que estas palabras lo impulsaban a seguir haciendo su arte pero sobretodo a escuchar y a comprender particularidades y realidades de sus estudiantes. Emiliano le sonrió y de un golpecito en el sombrero, de nuevo a su bolsillo lo mandó. Durante varios meses los jóvenes de este colegio seguían buscando a Emiliano, su mágico profesor de arte, quien los escuchaba, los divertía con sus clases y los ayudaba a buscar soluciones y no a seguir hundidos en los problemas. Este acercamiento especial de los estudiantes a Emiliano, despertó la curiosidad de algunos maestros, a otros algo de malestar porque no sabían qué era aquello que hacía Emiliano para que los niños, las niñas y los jóvenes del colegio amaran sus clases, sus palabras y sus consejos. Sin duda otros sintieron gran admiración. Eso lo asustaba tanto, que pensó que le iba a ocurrir lo mismo que en los otros colegios. Es un programa a cargo de la Secretaría de Gobierno en el que se desarrollan campeonatos deportivos y procesos de formación artística, propiciando encuentros entre la población en proceso de reintegración, sus núcleos familiares y comunidades receptoras.


—¿Si ves Ádimor? De aquí también nos toca irnos, por eso no quería venir. ¡Tú me obligaste! … Y sacándolo de su bolsillo lo mandó a volar. Ádimor muy furioso regresa rápidamente, se trepa a su nariz, se posa entre sus ojos y le dice: —Co-bar-de, algo se te tiene que ocurrir, no puedes salir de todas partes huyendo. Ambos se marchan en silencio a casa de Emiliano, entre los dos piensan toda la noche en algo para hacer y se ingenian un concurso de arte para estudiantes y profesores que les permitiera poner a flor de piel su máxima expresividad, creatividad y sensibilidad. Esa misma noche crean los afiches y las pancartas invitando a todo el mundo a participar. Semanas después, todo estaba listo para el día tan esperado por el colegio, el concurso de arte. Llegado el día, en el patio central del colegio, todos y todas: niños y niñas desde transición a grado once junto con los maestros y maestras de todas las áreas comenzaban a pintar. Pero a Emiliano algo lo inquietaba. En medio de tanta gente, se veía un espacio vacío, en blanco, solitario, recordó que allí debería estar Alicia la niña de sexto que pintaba los unicornios más hermosos que había visto en su vida y quien le había demostrado entusiasmo y ganas de participar. El maestro preocupado por la ausencia, decide buscar a Eduardo, uno de sus compañeros de curso y preguntarle: —¿Has visto a Alicia? —No. Hoy es jueves, debe estar trabajando en la plaza con su mamá — ¿Trabajando? ¿Y haciendo qué? —Vendiendo tomates a la entrada de la plaza. Mi mamá la ha visto y ella me cuenta Ante esta situación Emiliano se agarra consternado su cabeza, suspira profundo y le pide a Ádimor que vaya a buscarla, él revolotea por toda la plaza hasta que la encuentra, poco a poco se va acercando y escucha la conversación entre Alicia y su mamá: —¡Pero mamá! hoy iba a pintar un unicornio en mi colegio y lo iban a ver todos los niños y niñas y además los profesores… hoy es el día del concurso de arte, —dice la niña bajando su cabeza, entre sollozos


—Alicia, entienda que no tenemos plata para mandarla al colegio todos los días, recuerde que el jueves es el día que más se vende y así podemos reunir lo del transporte. Ádimor, sabe que para eso hay una solución, decide entonces hacerse gigante. Bueno gigante, gigante no. Tal vez, tan grande como Emiliano y parecerse a él. Cuando Alicia lo ve, salta de la felicidad y dice: -Profe, vino por mí. Quiero ir a pintar, ¿ya se acabó el concurso? La mamá de Alicia se puso tan roja como los tomates que estaba vendiendo, que no pudo ni mirar al profesor, Ádimor disfrazado de Emiliano, le dijo: -No se preocupe mi señora, para eso hay solución, en el colegio hay unos subsidios de transporte que pueden ayudar a Alicia para que vaya al colegio sin tener que venir a trabajar. Es más, le propongo que como a ella le gusta tanto el arte, en la jornada contraria, podría participar de algunos de los programas que ofrece la ciudad para que los niños y las niñas potencien eso que tanto les gusta, así usted también estará tranquila porque ella podrá dedicarse a las cosas que le corresponden y no tendrá que volver a trabajar . La mamá no tenía palabras para negarse ni para nada, ella también estaba sorprendida de ese episodio tan repentino. Ádimor tomó de la mano a Alicia y salieron de prisa para alcanzar a participar en el concurso. A lo lejos, Emiliano ve una imagen saltarina y unos cabellos que se mueven, era Alicia quien venía corriendo directo hacia él y que, de un salto, se lanzó a sus brazos con gran ternura y emoción, después de haber vivido un momento mágico que la trajo de nuevo al colegio. Rápidamente se ubica en ese lugar vacío, toma su pincel, lo unta de pintura naranja y hace el primer trazo. Por un momento Ádimor y Emiliano levantan su mirada y la emoción de ver a todos en el piso dejando volar su imaginación, les produjo la mayor alegría de sus vidas y a la vez, el mayor cansancio, pues nunca antes sus días habían sido tan intensos y movidos como los que habían vivido en el Colegio Divina Esperanza.

La SDIS ofrece en la ciudad un servicio de atención integral a niños, niñas y adolescentes en condición de explotación laboral a través de los Centro Amar. La garantía del derecho fundamental a la educación se inscribe en los principios constitucionales de gratuidad, obligatoriedad entre los 5 y los 15 años de edad, adecuado cubrimiento del servicio y de las condiciones necesarias para el acceso y la permanencia en el sistema educativo. Bajo este marco el programa distrital acceso y permanencia a la educación para todos y todas incluye los recursos destinados a garantizar el servicio educativo y otros dedicados a combatir la inasistencia, la deserción y el abandono escolar mediante la prestación de servicios de recreación, cultura, útiles, subsidios y transporte escolar, estrategias que son transversales en el Plan Sectorial de Educación y que apuntan a un eje común que es la gratuidad.


A medida que cada uno iba terminando, escogía un espacio del colegio donde quería poner su dibujo, el profesor fascinado por lo que estaba viendo, al pasar por cada uno de estos lugares, observaba las expresiones de todos y todas. Emiliano se detuvo en la de Diego quien pintó un gran mural de grafitti art con un personaje bailando break dance. Se dirigió después al pasillo de los laboratorios donde encontró el dibujo de Elías, quien dibujó un hermoso paisaje naturalista, el atardecer llanero en colores naranjas y ocres y al lado en contraste, está él con sus patines de velocidad y su trusa, listo para la carrera en la que iba a participar dentro de las actividades deportivas a las que lo invitó su profesor de arte. Más adelante, al final del pasillo, que conducía al salón de música, el dibujo de una muñequita de colores pastel que se encontraba de espalda, con sus manos una sobre otra y con un sombrero grande de color verde, de los cuales se desprendían unos cabellos crespos de color café, era la muñeca que Andrea había dibujado para el cuarto de su hija. Y al final, justo en el centro del patio, el mural más grande con un dibujo de muchos colores, con un unicornio saltando libremente por una ciudad acompañado de un personaje extraño con muchas puntas que brillaban… ese era el de Alicia. Emiliano sonrió y después de un suspiro profundo pensó: siempre habrá algo que se pueda hacer bien, pero sobretodo siempre habrá algo que se pueda hacer para ellos y ellas y esto es el mejor premio del concurso. El concurso fue tan exitoso que el rector promovió esta idea, cada año se hacía un concurso similar. Por su parte el evento también promovió en los demás maestros una fascinación por el trabajo de Emiliano, empezaron a acercarse a él para hablar de las situaciones de los chicos, para crear lazos de amistad, pero sobre todo, para seguir creando estrategias distintas y con sentido en las que los estudiantes hagan de sus sueños, posibles y hermosas realidades, como la de Emiliano con Ádimor. Se acabó noviembre, y con él, las jornadas escolares. Emiliano iba de salida y al bajar la escalera que conducía a la puerta corrediza del colegio, vio a Andrea, se le veía feliz junto a Diego, quien días antes le había contado a Emiliano que aunque fue una experiencia difícil tuvieron la fortuna de ser apoyados y comprendidos por sus padres y por su colegio, ese día le pidieron que fuera el padrino de la linda bebita que nacería a finales de Diciembre. Emiliano no pudo contener la emocion y enseguida los abrazó mientras sus ojos se inundaban de lágrimas de felicidad. Ese dia cuando llegaron a su casa Ádimor y Emiliano, se fueron a dormir con una satisfacción inmensa de todo lo que habian hecho por los niños y las niñas durante esos meses, Ádimor le dijo a Emiliano – Este trabajo es un reto que nunca termina y esa es la magia del arte en la vida – Gracias Ádimor, por ayudarme a creer-, le contestó Emilino Y con una enorme sonrisa en sus rostros los dos se durmieron esperando el nuevo día.


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