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Contenido:

Obra en portada: La lección II (encausto y chapopote/tela. 180X140 cm) por Laura Quintanilla. Ensayos: “La contemplación y la imagen en ‘La mujer más pequeña del mundo’ de Clarice Lispector” por Alma Lilia Oria Cerón y “La narrativa breve de Florencio M. del Castillo” por Shanik Sánchez. Reseñas literarias: “Descubrimientos de Dánivir Kent” por Eduardo Milán y “Abrir los cerrojos de La Luz Bajo Cerrojos” por Rodolfo Ochoa. Reportaje “El instante de Henri Cartier-Bresson” por Claudia Cárthaigh. Entrevista con el poeta, crítico y editor Ernesto Lumbreras. “Hay agua para todos” por Karla Sandomingo sobre la presentación del libro, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Llámenme Ismael del poeta mexicano Luis Armenta Malpica. Relatos: Mario Sánchez Carbajal, Alonso Guzmán, Yunuen Díaz, Janil Uc Tun, Rocío García Rey, Brisa López, Eloy Enrique Valdés, Juan Machín. Minificciones: Alberto Chimal. Poetas incluidos en esta edición: Geovani de la Rosa, Citlalli H Xochitiotzin Ortega, Marco Antonio Murillo, Anna Castel, Melissa Nungaray, Genkidama Ñu, Carlos Mendoza, Daniel Álvarez Gorozpe, Iván Pérez, Aldo Vicencio, Rebeca Alle Rivera, Ernesto Adair Zepeda y Aleqs Garrigóz. Obra plástica por Laura Quintanilla, Gabriela González y Carolina Latorre. Serie fotográfica ¿Por qué el Distrito Federal? por Karla Solorio.


Editorial

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Con este número empezamos a celebrar nuestro tercer aniversario que se habrá de cumplir el próximo 2 de mayo. Con cada nueva edición que lanzamos, se acrecienta nuestro compromiso con ustedes nuestros lectores y colaboradores, en seguir manteniendo la conjunción entre autores de trayectoria con los más jóvenes, siempre con la finalidad de llegar y presentarle al lector, textos y obras plásticas que tengan la calidad suficiente como para decirles, mejor, transmitirles una pluralidad de mensajes que el propio lector se encargará de traducir para beneficio propio. La tarea es mayor al ver el crecimiento que hemos tenido en redes sociales, y el aumento de visitas y lecturas de nuestros números, tanto en el blog como en la plataforma Issuu. A través de estos tres años les hemos dado espacios a jóvenes talentosos para que se sumaran como colaboradores por temporadas, o en otras ocasiones, fijos al equipo, sin otra razón más que la de brindarles un espacio libre para que puedan dar a conocer su trabajo, y que a su vez, ellos, con sus colaboraciones, alimenten el contenido de éstas páginas, siempre con el objetivo de tener ediciones más completas, con contenidos mucho más diversos. Dichas acciones las hemos venido realizando cada año, y éste no será la excepción, por ello, decidimos abrir las puertas de la revista a una persona más, para que se una al equipo. Esta vez, buscamos jóvenes de entre veinte y treinta y cinco años que aporten textos de crónica literaria o periodística en español. Los interesados deberán enviar, en archivo adjunto Word, su semblanza o CV y una muestra de trabajo (máximo cuartilla y media) al correo revistarusticamex@hotmail.com. De igual manera, para cualquier duda o que necesites información ampliada, puedes contactarte con nosotros por medio de nuestras redes sociales (o al mismo correo). Sin más que añadir, los invitamos a recorrer las páginas de esta decimoséptima edición.

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La contemplación y la imagen en ‘La mujer más pequeña del mundo’ de Clarice Lispector

Por Alma Lilia Oria Cerón «In kosi yasadabula ngamandla Ilensiba ezimnyama Ezahlatshelelwa ngameva1» Uno de los cuentos reunidos en el libro Lazos de familia (1960) es ”La mujer más pequeña del mundo”, en el cuál se habla de eso precisamente: La mujer más pequeña del mundo hallada por el explorador francés Marcel Prêtre en las profundidades del África Ecuatorial; región en la que la tribu Likuoalas se sitúa dado a que los Bantús los persiguen y los cazan con redes para comerlos. Estos pequeños individuos corresponden a un proceso evolutivo que al momento toman por sorpresa a Prête; es aún mayor su sorpresa al encontrar con Ella: «una mujer de cuarenta y cinco centímetros, madura, negra, callada. “Oscura como mono”, informaría él a la prensa, y que vivía en lo alto de un árbol con su pequeño concubino» (Lispector, 2009:87).

Es este el primer acercamiento que tiene Prête ante ese pequeño ser y es así cómo él llega al punto de la contemplación; que si se plantea desde una perspectiva filosófica encontraremos que «Contemplar viene originariamente de la palabra griega theoría, que significa ver. Contemplación es, pues, visión, es decir teoría. El sentido filosófico originario de teoría es el de contemplación, especulación, el resultado de la vida contemplativa o vida teórica. La teoría como contemplación constituye un tema central para Platón»2.

1. El Señor nos creó con su fuerza, tiene alas negras adornadas con espinas. 2. Cfr. José Luis Vázquez Borau.


Aunque la contemplación misma, o al menos en el sentido de la obra parte desde la idea de la contemplación y 5 admiración que Marcel tiene ante diminuto cuerpo denominado por él como Pequeña Flor -a falta de nombres

dentro de la tribu Likuoalas-.

«Fue entonces cuando el Explorador dijo tímidamente y con una delicadeza de sentimientos de los que su esposa jamás lo hubiera creído capaz: -Tú eres Pequeña Flor» (Lispector, 2009: 88).

Gesto al que respondió rascándose con cierta brutalidad animal: «En ese instante, Pequeña Flor se rascó donde una persona no se rasca. El explorador –como si estuviera recibiendo el más alto premio de castidad a que un hombre siempre muy idealista osa aspirar–, el explorador, tan experimentado, desvió los ojos» (Lispector, 2009:88). Cortando de tajo con la idea de la admiración y delimitando con este ‘sencillo’ acto la ruptura entre un hecho completamente civilizado a todo lo animal que Pequeña Flor simboliza: no sólo por la descripción que se otorga de ella, también su origen, que visto desde un punto de vista occidental, de África sólo viene la mano de obra y los recursos materiales importantes, y ya.

Sin embargo, Clarice va más allá. No deja el hilo narrativo ante una sola perspectiva o una sola imagen. La fotografía en la que es retratada La mujer más pequeña del mundo corre por los diarios en la edición dominical; en esta imagen se muestra casi en tamaño similar: 45cm. Tal como lo indica Eunice Miranda Tapia en su ensayo “Memoria cero: una mirada fotográfica”: «Se pueden mencionar dos tipos de imágenes fotográficas: las que reproducen una realidad –es decir, la imagen captada por la cámara es exactamente igual a la captada por la visión del fotógrafo–, y aquellas imágenes en las que el fotógrafo produce una nueva realidad a partir de la imaginación, es decir, crea y recrea la imagen.» (Miranda, 31: 2008).

Las posibilidades de lectura sobre la imagen son siete; en las que se ejemplifica de manera muy específica lo que Tapia menciona en el apartado ‘Percepción, mirada e imaginación. Los cambios de la mirada’, en el que se explica el doble sentido de una imagen desde la percepción física –sin ningún cambio entre el objeto y el observador, sin ninguna alteración– y la segunda posibilidad es la de una alteración a la imagen inicial partiendo desde factores propios del espectador quien en esta idea se vuelve creador. Percibir y recrear es una de las ideas que plantea Lispector en su cuento.


«Ese domingo, en un apartamento, una mujer al mirar en el diario abierto el retrato de Pequeña Flor, no quiso mirarlo por segunda vez porque, “me da pena”». (Lispector, 2009:89) La primer mirada que le da al periódico es siempre el morbo el que lo genera, la segunda vista es hasta cierto punto para justificar detrás de manías, lo que los impulsos generan en nosotros. Complementando a Tapia, se ejemplifica lo que propone en su tesis doctoral: La primera imagen pura, la segunda imagen con alteración creada por la imaginación, el morbo y demás sentimientos humanos.

La segunda lectura, la fotografía de Pequeña Flor, es la de una mujer con una perversa ternura ante aquel diminuto cuerpo «¡Quién sabe a qué oscuridades de amor puede llegar el cariño! (Lispector, 2009:89)». Una señora que sufría de nostalgia por las fechas, quizá, por la nostalgia de ver algo tan pequeño y tan especial que se vuelve una bondad peligrosa.

La tercera opción en la percepción de la imagen de la mujer más pequeña del mundo, es la de una niña de cinco años y aquí, hay dos factores a considerar: la encrucijada en la que se encuentra una niña en la que no conoces más del mundo a tan corta edad y el factor que es indudable: un niño de cinco años, muy a pesar de su corta edad, ya son mayores de 45 cm. «En aquella casa de adultos, hasta ahora esa niña había sido el más pequeño de los seres humanos […]. La existencia de Pequeña Flor llevó a la niña a sentir –con una vaguedad que sólo muchos años después, por motivos muy diferentes, había de concretarse en pensamiento-, la llevó a sentir, en una primera sabiduría, que “la desgracia no tiene límites” (Lispector, 2009:89)».

Con un hecho tan específico como éste; se ve la pérdida de identidad e inocencia. En contraposición se da la perspectiva igualmente de un niño, pero en esta ocasión, él la ve más como un instrumento de diversión que el reflejo de una idea plasmada por sí mismo. El pequeño infante ve en Pequeña Flor una diversión: «-¡Y uno podría jugar tanto con ella, uno la tendría de juguete, no! (Lispector, 2009:90)». Con lo que se da una idea de fragmentación entre el niño y la niña.

Una opción más en la lectura es la de una chica y su madre, quien plantea que la pequeña Likuoalas tiene una tristeza enorme; nuevamente se presenta la dicotomía entre los mundos: Civilizado☞animal:

«-Pero. Dijo la madre, dura, derrotada y orgullosa-, pero es una tristeza animal, no una tristeza humana.


-¡Oh, mamá! -dijo la muchacha muy desanimada (Lispector, 2009:89)». 7

En el siguiente párrafo, la idea de la inocencia ya no es la misma, ni siquiera el planteamiento infantil y tosco de los otros niños. Ahora todo cobra un nuevo sentido y Pequeña Flor trae consigo recuerdos de un pasado muy turbulento en la memoria de la madre, quien en su vida en el Orfanatorio: jugó, alimentó y cuidó a una compañerita muerta. «Consideró la ferocidad con que queremos jugar. Y el número de veces en que mataremos por amor. Entonces miró al hijo astuto como si mirase a un extraño peligroso (Lispector, 2009:90)».

Demostrando así que la barbarie es parte de un mundo civilizado. Sin importar si se trata o no de África Ecuatorial o Brasil… la barbarie y la animalidad están inmersas en nosotros por nuestra simple condición humana.

La última interpretación a la fotografía de Pequeña Flor es la de una familia en la que convergen las ideas patriarcales del macho informado y la madre sumisa, quien todo lo termina con un pequeño dramita: «-Apuesto a que si ella viviera aquí terminábamos en una pelea –dijo el padre sentado en el sillón, dándole la vuelta definitivamente a la página del diario-. En esta casa todo termina en pelea. -Tú, José, siempre pesimista- dijo la madre. […] -Tendrás que convertir en qué se trata de una cosa rara –dijo la madre, inesperadamente ofendida-; lo que pasa es que eres un insensible. (Lispector, 2009:89)».

Con estas lecturas y visiones ante la vida entendemos que la animalidad en un factor independiente de nosotros, dado a que en el momento en que todo esto pasaba en siete espacios independientes uno de otro y la vez convergente por la imagen del periódico, Pequeña Flor y el explorador Marcel Prête están inmersos en un momento de paz y ternura que nadie imaginaría posible en ambos; una por incapaz de “hablar” y el otro, incapaz de expresarse.

Bibliografía Cuentos reunidos de Clarice Lispector. (2002). “La mujer más pequeña del mundo” en Lazos de Familia, (1960), Alfaguara, España. 536pp. La contemplación. (S/A) José Luis Vázquez Borau. Consultado en línea: http://mercaba.org/DicPC/C/contemplacion.htm el [30/11/2013]. Memoria cero: Una mirada fotográfica. (2008). Eunice Miranda Tapia, UNAM, México. 114pp.


La narrativa breve de Florencio M. del Castillo

Por Shanik Sánchez

En 1847 un grupo de escritores que más tarde integrarían el Liceo Hidalgo (1849-1851) comenzó a reunirse en la casa de Florencio María del Castillo. De entre todos los autores que conformaron esta generación1, más de la mitad han sido olvidados en el mapa literario actual de México. Escasamente estudiados, apenas hace algunos años investigadores como Boris Rozen, Joaquín Antonio Peñalosa, Carlos Illades y Adriana Sandoval reunieron la producción de Francisco Zarco, Francisco González Boca Negra y Nicolás Pizarro, respectivamente. Pero la situación de Florencio María del Castillo, si bien Óscar Mata le ha dedicado dos estudios, pende de un hilo, pues desde el año de 1902 no contamos con ninguna recopilación disponible de sus novelas cortas y cuentos. A pesar de que Castillo perteneció a la primera época de este importante grupo2 y cultivó, además del periodismo, la narrativa breve: la novela corta y el cuento, géneros que para aquel entonces constituían una novedad literaria en México, la historia y la crítica de la literatura contemporáneas lo han relegado del panorama literario nacional, pasando por alto que los autores surgidos de esta generación, incluido Castillo, dieron vida a las publicaciones posteriores de los años cincuenta. Florencio María del Castillo (Ciudad de México, 1828-Veracruz, 1863) se inició como periodista y escritor en las páginas de El Monitor Republicano y en otras publicaciones periódicas de la época como El Álbum Mexicano.

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Como Francisco González Boca Negra, Luis G. Ortiz, Francisco Zarco, Manuel Orozco y Berra, Félix María Escalante, Juan Díaz Covarrubias, José María Roa Bárcena, Marcos Arróniz, José Tomás de Cuéllar, Hilarión Frías y Soto, Juan A. Mateos, Vicente Riva Palacio, Ignacio Manuel Altamirano y el propio Florencio María del Castillo. 2 Después de la Academia de Letrán, el Liceo Hidalgo se convirtió en el más importante centro de reunión de escritores mexicanos de la época. La importancia de esta asociación literaria radicó en que fue la primera con reconocimiento oficial, lo cual deja en claro un proyecto cultural ya manifiesto. Su denominación habría de identificarla con un nuevo movimiento de independencia tanto estético como ideológico.


Parte de su producción narrativa, anterior a 1857 y publicada por separado1, apareció reunida por primera vez en 9 este un solo volumen en 1849 bajo el título Horas de tristeza con prólogo de Guillermo Prieto. Al año siguiente,

mismo libro fue reeditado por M. Ituarte. La Tipografía del Comercio, a cargo de Joaquín Moreno, editó nuevamente esta antología en 1864. Dos años antes, la Imprenta de Vicente García Torres imprimió ¡Hasta el cielo! (1862). La novela más extensa de Florencio M. del Castillo, Hermana de los ángeles, fue publicada en 1854 por el Establecimiento Tipográfico de Andrés Boix y, en 1982, fue rescatada por Premiá junto con la SEP y el Consejo Nacional de Fomento Educativo para formar parte de la colección La Matraca. Aunque Hermana de los ángeles llegó con una edición a la segunda mitad del siglo XX, las demás novelas y cuentos de Florencio no corrieron con la misma suerte2. Casi diez años después de haber fallecido el escritor, la Imprenta en la calle Cerrada de Santa Teresa número 3 antologó sus Obras completas (1872) precedidas de algunos rasgos biográficos. En 1875, apareció en la Biblioteca de La Orquesta otra reimpresión de las Obras completas de Florencio M. del Castillo, editada por M.C. de Villegas. La última publicación de las Obras (1902) fue en la Biblioteca de autores mexicanos de la Imprenta de Victoriano Agüeros, precedida por un apunte biográfico. Algo parecido sucedió con la fama de Florencio M. del Castillo como escritor: mientras que sus contemporáneos, entre ellos Francisco Zarco, Marcos Arróniz, Ignacio Manuel Altamirano, Luis G. Ortiz y José Zorrilla, encomiaron la hechura de sus obras, un siglo después los críticos e historiadores de la literatura descalificaron precisamente lo que aquellos consideraban valioso en la narrativa de Castillo. En 1858 José Zorrilla escribió en México y los mexicanos: Novelista del género de Balzac; sus escritos son de agradabilísima lectura, porque los argumentos de sus novelas, impregnados de amor y de sentimiento, están desarrollados con una delicadeza que enamora, y saturados de fantástica poesía. Amigo de analizar los sentimientos y las pasiones del corazón humano, filosofa y moraliza sobre ellos con una extensión y detenimiento que no cansan, y sus digresiones y razonamientos contribuyen a dar gran claridad a la explanación de sus teorías analizadoras y de sus concepciones fantásticas y espirituales. Los caracteres de sus amantes están suave y delicadamente delineados; especialmente los de sus mujeres, cuyos retratos se complace en acabar y pulir con la paciencia

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Pues a partir de ese año, del Castillo dejó de lado la narrativa y empezó a escribir de lleno sobre política, afiliándose al Partido Liberal. 2

A excepción de Botón de rosa, que ha sido antologado en Cuentos románticos (UNAM, 1973), El cuento: siglos XIX y XX, de Manuel Payno a José Agustín (Promexa, 1985) y El cuento mexicano en el siglo XIX (Esfinge, 2013), entre otras recopilaciones.


y perfección de un miniaturista. Su lenguaje es claro y sencillo, aunque no siempre correcto; pero el estilo, la dicción y la forma de sus novelas llevan ese no sé qué que caracteriza las obras del talento con su sello particular. (143-144)

Once años más tarde, Ignacio Manuel Altamirano, en el Renacimiento, observó:

Después de Fernando Orozco hubo nuevo paréntesis hasta Florencio María del Castillo, el pobre mártir de Ulúa, cuya memoria nos es tan querida. Era casi nuestro hermano, y al nombrarle y al hablar de sus obras, se conmueve nuestra alma al recuerdo de aquellos días de la juventud que pasamos juntos, soñando y hablando como sueñan y hablan dos seres a quienes une la fraternidad del amor a la gloria, de la poesía y de la juventud y de la desgracia. Florencio del Castillo es, sin duda, el novelista de más sentimiento que ha tenido México, y como era además un pensador profundo, estaba llamado a crear aquí la novela social. Sus pequeñas y hermosísimas leyendas de amores, son la revelación de su genio y de su carácter. En esas leyendas no se sabe qué admirar más, si la belleza acabada de los tipos, o el estudio de los caracteres, o la exquisita ternura que rebosa de sus amores, siempre púdicos, siempre elevados, o bien el estilo elegante y fluido del diálogo; o la verdad de las descripciones, que son como fotografías de la vida en México. (500)

Por el contrario, casi un siglo después, en 1928, Carlos González Peña opinó en su Historia de la literatura mexicana:

Podría creerse por lo antes dicho que el ingenio de Florencio M. del Castillo sobrepuja al de los escasos novelistas de su época en dramaticidad e intención trascendente y hasta creerse —como lo creyeron los contemporáneos— que fue por aquel entonces nuestro mejor novelista. Nada más erróneo. Su instinto dramático ahógase en lamentaciones sensibleras. Todo lo idealiza sin medida. Es insufriblemente pedantesco en sus digresiones y metafisiqueos de mal gusto. Tan amante se muestra de las citas — reveladoras, por lo demás, de su semicultura revuelta e indigesta— que las menudea aún en diálogos, poniéndolos en boca de los personajes sin que éstos se enteren. Al contrario de Díaz Covarrubias, carece de vena novelesca; y su lenguaje, sembrado de barbarismos imperdonables e incorrecciones de toda especie, no tiene siquiera, como el del autor de La clase media, la virtud de la sencillez y de la espontaneidad que lo hagan tolerable a falta de otros literarios méritos. (168)


Y en 1973, J S. Brushwood, en México en su novela, continuó con esta misma línea:

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Quiero aclarar inmediatamente que del Castillo no fue buen novelista. Su psicología, aunque interesante para su época a menudo es desatinada y a veces pueril. Además, es pedante. Su narración es mala, la impaciencia que provoca el desarrollo del relato le hace saltarse la narración y decirle al lector, directamente, lo que ocurrió. Amontona tragedia sobre tragedia hasta el punto de volverse ridículamente inverosímil. Sus sombríos personajes no hacen más que sufrir. Derrama todas y cada una de las lágrimas de la desdicha y nos ofrece la más vulgar sensiblería allí donde una nobleza estoica y totalmente humana resultaría más inspiradora. Insiste en entrometerse para explicarle al lector lo que ya ha dicho con toda claridad. Este defecto es muy común en los novelistas románticos, pero del Castillo tal vez lo exagere más que nadie [...] Algunos de los defectos de del Castillo son comunes a los novelistas románticos, pero tiene también los suyos propios. Por razón de sus faltas y sus virtudes, no basta con llamarlo novelista romántico y dar por sentado que con ello se le ha descrito suficientemente. (162-163)

Con todo, en lo que tanto unos como otros concordaron es en dos puntos: que Hermana de los ángeles (1854) fue su mejor y más extensa producción y que Florencio M. del Castillo fue uno de los primeros especialistas en el género de la narrativa breve —la novela corta y el cuento—, junto con José María Roa Bárcena y Juan Díaz Covarrubias. Curiosamente, no se ha hecho hasta ahora ningún rescate ni investigación a profundidad de sus novelas, salvo dos tesis en la Universidad Nacional Autónoma de México; un artículo y un capítulo, ambos de Óscar Mata. Como Mariano Azuela en Cien años de novela mexicana afirma: “lo valioso de muchas novelas no se estima debidamente sino situándose en el medio y tiempo en que fueron escritos” (19-20). Éste es el caso de la narrativa de Florencio M. del Castillo, quien a mediados del siglo XIX llegó a ser el novelista más popular del país, tanto que se le denominó “El Balzac mexicano”. Si en opinión de Óscar Mata (“Florencio M. del Castillo: el traductor…”, 143), su vida encarna en más de un sentido el primer periodo del México independiente, lo mismo ocurre con sus novelas y cuentos. Como ya había mencionado, Florencio M. del Castillo nació en 1828 y murió en 1863, casi a lo largo de todo el periodo en que el romanticismo hizo presencia en México. Además, el primer romanticismo mexicano (18201860) coincidió con la etapa inicial de la novela corta en el país, que fue de 1832 a 1850. Podemos decir entonces que la vida y obra de Castillo se desarrollaron durante la segunda etapa del primer romanticismo mexicano, lo cual prefiguró tanto una sensibilidad y un estado del espíritu como un periodo histórico y un estilo literario. Así


lo demuestra su pertenencia a El Liceo Hidalgo en su primera etapa (1849-1851) y a El Círculo Juvenil de Letrán (1857-1858) que Ignacio Manuel Altamirano convocaba en su habitación en el Colegio de Letrán. Reparemos en que después de la Academia de Letrán, El Liceo Hidalgo fue la siguiente asociación literaria más importante en el siglo XIX mexicano, y como grupo generacional, sus integrantes, entre ellos Florencio M. del Castillo, representan el segundo romanticismo en México y la tercera generación de autores que escribió durante el periodo que separó las crisis de invasión americana y el movimiento de Reforma. La narrativa breve de Castillo fue escrita acorde con estas circunstancias político-sociales que delinearon el momento cultural del país. Durante el siglo XIX se pensó que la literatura debía difundir las verdades morales, por lo que cada escritor se erigía, al mismo tiempo, en educador, por eso en sus textos el evidente objetivo de lograr una fusión de lo útil con lo bello sin extenderse demasiado. Siguiendo con lo que apuntó Emmanuel Carballo en su Historia de las letras mexicanas en el siglo XIX: Los escritores, en este caso concreto los novelistas, se fijan tareas que deben cumplir en plazos breves. Sus obras son de contenido moralizante, educacional, de tesis. Se deben a un público no especializado al que tienen obligación de deleitar y enseñar [...] los narradores usan sus textos para influir ideas, para propagar normas de conducta. (50)

En efecto, durante 1835 y 1850, la novela corta, llamada en aquella cuarta y quinta décadas del siglo XIX “novelitas” o “leyendas”, se popularizó con rapidez. Florencio M. del Castillo optó por la narrativa sentimental, que lamentablemente, como advierte María del Carmen Millán en su Literatura mexicana, resulta hoy en día poco afortunada en nuestro medio al considerársele limitada en recursos, endeble en construcción, demasiado apegada a los patrones de moda, carente de verdadero valor artístico y que sus cultivadores adolecen generalmente de exageraciones y sensiblería (160). De ahí que las narraciones de Castillo, en cuyas historias intervienen pocos personajes y las situaciones se repiten de un título a otro con ligeras variantes, “pequen” de limitaciones técnicas y “poca originalidad”, sí, pero no sean simples curiosidades históricas, pues contribuyeron, por un lado, a dar un carácter más definido y sólido a lo que años más tarde conoceríamos como novela corta en México, y por otro, brindan un panorama no sólo de las letras, sino también de la sociedad mexicanas en aquella centuria; representan una fuente ineludible para comprender el devenir de la literatura nacional. En los cuentos y novelas sentimentales de Florencio M. del Castillo, dirigidos sobre todo a un público femenino, el narrador advierte el lamentable atraso educativo del país y deplora que las muchachas únicamente reciban instrucción religiosa (Óscar Mata, “Florencio M. del Castillo: el traductor…, 149). Incluso, cuando se publicó la ley de libertad de imprenta en 1855, los periodistas comenzaron a firmar sus escritos, y a partir de 1856 empezaron a aparecer artículos sobre la educación de la mujer, la religión, la defensa del débil y las ideas democráticas,


firmadas por Florencio M. del Castillo. Nuestro autor, entonces, estuvo comprometido con la gestación del Estado, 13 pero sobre todo con la creación de una cultura nacional mediante la educación de las señoritas, no sólo doméstica,

sino también superior. El lamentable nivel educativo de la sociedad mexicana hacía imperativa la consigna de educar deleitando, por eso el tono didáctico de sus textos. Baste recordar, en palabras de David Huerta (Prólogo a Cuentos románticos, XVII), que “el romanticismo fue la expresión fundamental de nuestro siglo XIX, movimiento que simultáneamente fundó la literatura mexicana y que consolidó una nación”. En este sentido, más allá de las constantes descalificaciones de las que ha sido objeto tanto el romanticismo mexicano como la propia obra de Florencio M. del Castillo, y que ponen en duda su originalidad y trascendencia en nuestra literatura, vale la pena que los lectores del siglo XXI se aproximen a estos para conocer y entender una visión del mundo distinta a la actual, pero que desde su carácter histórico-social contribuye a comprenderla con mayor cabalidad. He aquí la invitación a iniciar ese viaje a través de la narrativa breve de Florencio M. del Castillo, que reporta rasgos, motivos y circunstancias de la cultura nacional de aquel entonces.

Bibliografía:

Altamirano, Ignacio Manuel. La literatura nacional: revistas, ensayos, biografías y prólogos, Tomo III, edición y prólogo de José Luis Martínez, México: Porrúa (Colección de escritores mexicanos, 54), 1949. Altamirano, Ignacio Manuel. Obras completas XII. Escritos de literatura y arte 1, selección y notas de José Luis Martínez, México: SEP, 1988. Altamirano, Ignacio Manuel. Obras completas XIII. Escritos de literatura y arte 2, selección y notas de José Luis Martínez, México: SEP, 1988. Altamirano, Ignacio Manuel. El Renacimiento. Periódico literario. México, 1869. Edición facsimilar, presentación de Huberto Batis, México: UNAM, 1993. Altamirano, Ignacio Manuel. Revistas literarias de http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/literatura/revistas/indice.html

México

(1821-1867).

En

línea

Azuela, Mariano. Cien años de novela mexicana, México: Botas, 1947. Brushwood, John Stubbs. The Romantic Novel in Mexico, Columbia: University of Missouri, 1954. Brushwood, John Stubbs. Breve historia de la novela mexicana, México: De Andrea (Manuales Studium, 9), 1959. Brushwood, John Stubbs. México en su novela: una nación en busca de su identidad, traducción de Francisco GonzÁlez Aramburo, México: FCE (Tezontle), 1992. Carballo, Emmanuel (edición). Estudios sobre la novela mexicana, México: UNAM, Universidad de Colima (La crítica literaria en México), 1988.


Carballo, Emmanuel. Historia de las letras mexicanas en el siglo XIX, Guadalajara, Jalisco: Universidad de Guadalajara, 1991. González Peña, Carlos. Historia de la literatura mexicana. Desde los orígenes hasta nuestros días, México: Porrúa, 1990. Huerta, David (pról., sel. y notas). Cuentos románticos, México: UNAM (BEU, 98), 1993. Mata, Óscar. La novela corta mexicana en el siglo XIX, México: UNAM, UAM-A (Al siglo XIX, ida y regreso), 2003. Mata, Óscar. “Florencio M. del Castillo: el traductor de los dolores del pueblo”, Fuentes humanísticas, Núm. 30, 2005: 143154. Millán, María del Carmen. Literatura mexicana, México: Esfinge, 1991. Zorrilla, José. México y los mexicanos, selección, prólogo y notas de Pablo Mora, México: CONACULTA, 2000.


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Descubrimientos de Dánivir Kent Por Eduardo Milán

Descubrimiento del mundo a través del lenguaje. Pero, también, descubrimiento del lenguaje para decir el mundo. Y a medida en que ese aparecer de mundo y lenguaje se intercomunican se afianza el tratamiento posible de lenguaje y mundo. Siempre es mirarse hacer. En esto último la poesía de Dánivir Kent alcanza un grado raro de precisión: el de la lentitud necesaria que vuelve al poema un objeto de arte convincente. El presente de la poesía, ese tiempo que coincide o no con el momento en que se escribe en la actualidad —habría que re-cifrar ese presente de la poesía que, por cierto, ya no pertenece a la memoria de aquel presente anterior y futuro, siempre-presente en el que la temporalidad poética se jacta de estar en su sobrentendida permanencia— es el gran tema de este libro de Dánivir Kent. Un presente visto —el reflejo necesario en ese tiempo acuoso que se sabe fluir—, un presente tomado con distancia. La distancia, el mantener a blanco el territorio de lo escrito, es, en la poesía de Dánivir Kent, más que una propiedad de la escritura poética cuando se hace mundo: un instrumento de ese mundo que se aleja hacia la mirada. Desde hace mucho parece que viene a Kent esa convicción del lenguaje poético como un


acto de distancia ante el mundo, como si un pudor emanado del lenguaje clamara en silencio el deber de no dañar. Se sabe que el lenguaje es una fuerza aniquiladora y que una palabra fuera de precisión acaba con más cosas que las que en realidad muestra el poema. Pero la poesía que se escribe en este presente urgido sabe —o recuerda— muy poco de esto. La urgencia es la de escribir, la urgencia es la de decirlo todo aún con el conocimiento de que nunca, aunque se utilicen todas las palabras, se dice todo. Muy rara es la contención. Parece animal el gesto de la demora. Demorar la palabra antes de decirla, darle vuelta, darle ronda, darle rueda-rueda y, en la conciencia que se ve girar, tomar nota, apuntar en el blanco lo que se ha visto. Ese es un ejercicio que cada vez más resulta antiguo, del tiempo en el que había tiempo. Sin embargo, nada más necesario. Los bloques del texto apuntan a una temporalidad dicha pero, antes, pasada por la experiencia. La reiteración de los títulos habla de una continuidad de escritura: “Caducidad”, un bloque, “Apuntes a ciegas”, otro bloque, los textos sin nombre sobre el blanco, todo lo que abarca el amor. Pero bloques no de granito ni un cemento inmortal —el mármol volvió de la inmortalidad a la muerte, todo de ella— que señale una construcción a priori, mandada hacer. En la poesía de Dánivir Kent no está en juego más que la construcción lograda en el transcurso de la escritura: el programa, la serie, sólo pone a prueba la posibilidad. En todo caso bloques de hielo, bloques de, sin duda, arena para señalar la propia imposibilidad de duración de un poema que, en efecto, y desde siempre ocultado, se ignora cuánto durará. Saber todo esto desde el pique es, literalmente, cosa de poeta, la única cosa real del poeta. Todas las demás cosas son del mundo. Pero esa única cosa del poeta es lo que se tiene como saber propio. El-despliegue en el tiempo, en el casi arte de la poesía que se va perdiendo en el poema mientras el poema se hace ambicioso de escucha, es lo que hay. Aspirar a más es premio, cosa juzgada, territorio ajeno.

Caducidad, Dánivir Kent, La Zonámbula, 2014


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Abrir los cerrojos de La Luz Bajo Cerrojos

Por Rodolfo Ochoa

Más que acudir al bisturí de una teoría o un método expresaré las reflexiones que La luz bajo cerrojos, de Arturo Ipiéns (2013), dejó en un lector que se declara docto ignorante en cuanto a la ambigua y equivoca labor de etiquetar corrientes poéticas contemporáneas que, como observara en una charla Raúl Aceves, están contaminadas por gran cantidad de obras de muy distinta densidad y que, como lo precisara Luis Vicente de Aguinaga (2014), tienen un carácter ecléctico e interdisciplinario en cuanto existen “vasos comunicantes” con otras artes, aspecto este último consustancial en La Luz Bajo Cerrojos. Y para abrir los cerrojos y atisbar la luz acerrojada, ese periplo en busca de la belleza, de la amada, se hace acompañar de María Zambrano, su guía, que con su filosofía poética marca el sendero a seguir por esos caminos que “…parecen desfiladeros, “entre el mundo cercado y el cielo que nos sueña”. Las grietas y los filos son cortantes –aspas, astillas, hélices- y dejan en el corazón laceraciones que aunque se apagan, siguen vivas para alertarnos ante nuevos riesgos (Souza Jauffred, 2013)”.


La luz bajo cerrojos es un poema de amor, es un poema de aprendizaje, de conocimiento. Los ascensos y descensos del amante por acerrojar la belleza, la verdad, la felicidad. Sus gozos y sus caídas, porque La luz bajo cerrojos es una oración, un canto de un creyente sin dios que, sin embargo, busca la luz; es un poema de aprendizaje en el que el poeta aprende de la herida que no se cierra, porque en su abertura resplandece la luz que afanosamente busca. Y circular es el conocimiento y el amor buscado. Regresar al punto de partida una y otra vez jalonados por la esperanza hasta que ésta se acaba y que nos hace recordar aquella frase lapidaria de Dante: abandonad toda esperanza los que entráis aquí (Dante, 1922). En el canto preparatorio, en la antífona de entrada La luz bajo cerrojo, el poeta asume el abandono en que tendrá que realizar su búsqueda: sólo el agua, ese elemento primigenio, esa luz líquida. …PÁJARO DE MÚSICA INTOCABLE La primera parte, el primer acto de este poemario, “Granos de sal”, un grano de sal irrumpe como un “aerolito” en la vida del poeta y de Ana. Un grano de sal que escalda los labios, su memoria, que condimenta los alimentos y la vida: un grano de sal nos permite darle sentido a la vida, salir de nosotros mismos, de nuestra otredad: ¡Rápido sal de ti! Sal de la tierra antes que la desazón —grano a grano— te cubra un día el cuerpo y el alma. (Ipiéns, 2013, pág. 15)

Somos seres de encuentros y desencuentros, que en “…Pájaro de música intocable” son azarosos, inexplicables, cuando se dan “a espaldas del destino”. Encuentros que nos alejan, de tan cercanos: Sólo miré de lejos —tras el vidrio— estelas de ventisca: (Ipiéns, 2013, pág. 17)


Y en el encuentro amoroso, en ese misterio, “…Pájaro de música intocable” abreva arriesgadamente de nuestra 19 tradición poética castellana más antigua y se describe con palabras que en sí mismas son poesía y música y tapices

coloridos: boquella hamarella, yermanelas, aljamiadas, habib, …tradición que se renueva como el de la jarcha anónima del ¿siglo XI? Que fuera traducida por varios escritores como Stern (Stern S. , 1953): Mamma ayy habibi sujjamelo šaqrella. el collo albo la boquella hamrella.

¡Madre, qué amigo! Bajo la guedejuela rubita, el cuello albo y la boquita coloradita (Stern).

…Tu boquella hamarella frente a un páramo de ortigas, collo albo y la túnica sutil que se abriría siempre entre mis dedos (Ipiéns, 2013).

La tradición como cimiento de la modernidad. El lenguaje de “…Pájaro de música intocable” está construido con la arqueología lingüística de los latinos, los hebreos, los árabes… es la “babel de mirra y fuego” que conforma la arquitectura espiritual de Ana, es nuestra alma espiritual, es nuestra lengua. En la trama del poema “Rasgue la luz tensada un mediodía” se entrecruzan costuras que forman nuestra identidad cultural, nuestra tradición amorosa.

Las ansias de vivir, la ansiedad mecida “con canciones de cuna no aljamiadas” y “el dulcémele tocado en la penumbra/por la abuela”. La ansiedad que crece y nos desborda con cada nuevo vínculo:


Sólo al principio una luz Violenta, un giro de cuchilla (Ipiéns, 2013, pág. 22).

Este viaje cuyos caminos convergen en la memoria en “los vestíbulos del alba”, en el que se hace el primer descubrimiento una vez pasado el asombro: Eros “comunica a la luz con la sombra, al mundo sensible con las ideas (Paz, 1999)”; la luz, el alma, en inasible para nuestras ansias, no hay luz que apague esta sed de felicidad y de eternidad: Entro en tu soledad Sin romper el aroma Que te anuda a la tierra, Así ya no me olvido Que tu alma es un pájaro De música intocable.

Con este poema termina la primera parte del poemario, al que le sigue “…entre el fósforo y la sal” y “… la luz bajo cerrojos” que sobre las “Almohadas”, testigos involuntarios e inmutables de nuestros pensamientos y nuestras lágrimas, continua el viaje de nuestro poeta tratando de arrancarse los huesos y ponerlos a la “espalda” y encontrar un refugio para la intemperies que nos producen las pérdidas que hacen que nos enlutemos –que nos privemos de luz- y lleguemos a la sapiente conclusión de que: Fue sólo un deseo: poner el nombre de la luz bajo cerrojos.

Luz inacerrojable como estos poemas que torpemente reflexiono en la oscuridad de mi inteligencia en espera de que, otros lectores, inicien a su vez ese recorrido propuesto en los versos de La luz bajo cerrojos.


Bibliografía: Dante, A. (1922). La divina comedia. Buenos Aires: Centro Cultural "latium".

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Ipiéns, A. (2013). La luz bajo cerrojos. Guadalajara: La Zonambula. Paz, O. (1999). La llama doble. México: Seix Barral. Souza Jauffred, J. (2013). La luz bajo cerrojos. En A. Ipiéns, La luz bajo cerrojos (pág. 84). Guadalajara: La zonambula. Stern. (s.f.). Jarchas.Net. Recuperado el 2 de julio de 2014, de http://www.jarchas.net/jarcha-35.html Stern, S. (1953). Les chanson mozarabe. Palermo. Vicente de Aguinaga, L. (2014). Cada cosa se disgrega en palabras. Crítica.


El instante de Henri Cartier-Bresson

“La foto es como la palabra: una forma que en seguida quiere decir algo. Nada que hacer: tengo que ir al sentido, al menos a un sentido.” Roland Barthes. La Torre Eiffel.

Por Claudia Cárthaigh*

“Una imagen dice más que mil palabras”, esta popular frase le da un poder absoluto a la fotografía; sin embargo, implica una labor más profunda que la de presionar el obturador. Para que la imagen pueda comunicarse, contar una historia o reportar una noticia debe verse como una composición que sea capaz de conceptualizar palabras, gestos y hasta la hora del día sin perder fuerza al ser repetida una y otra vez con el paso del tiempo. La fotografía, que se puede enmarcar, hacer más grande y hasta colorear después, debe contener la imagen abstracta del momento que representa; en otras palabras, la foto es un medio con el cual el observador podrá crear una imagen en su mente y recreará el momento plasmado como si formara parte de él. Actualmente parece sencillo autoproclamarse fotógrafo gracias a los celulares que ponen todo tipo de tecnología en nuestra mano, pero un fotógrafo dedicado tiene una visión y sensibilidad única que hacen que su trabajo se perciba como un objeto verdaderamente artístico, significativo y perdurable.

En el Museo del Palacio de Bellas Artes actualmente se encuentra una exposición que refleja el largo camino y visiones de un fotógrafo excepcional, Henri Cartier-Bresson (1908-2004), esta retrospectiva estará hasta mayo 17 y contiene casi 400 obras que nos guían, como demostraciones de una línea temporal, por la evolución de este


artista. Cartier-Bresson es más conocido por sus portadas en la revista Life y por ser nombre clave en la historia del fotoperiodismo. Una de las virtudes de la

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exposición es que no se busca encuadrar a este fotógrafo bajo una misma visión y, en cambio, se valora y explota la idea de que tuvo diversos estilos conforme sus experiencias y educación lo fueron marcando. La mayor ventaja de acomodar los trabajos según sus influencias y años sirve para comprobar que, a pesar de experimentar diversas corrientes, fue un artista que nunca olvidó y siempre aplicó lo aprendido por lo que siguió creciendo hasta formar el sello personal que lo hace tan relevante.

Quizás el punto más importante para iniciar un estudio sobre Henri Cartier-Bresson es reconocer que su verdadera pasión era la pintura y sus primeros estudios se enfocaron en ello. Estudió con el artista cubista André Lhote que lo inició en la importancia de la composición geométrica para el ojo humano y las estimulaciones que se pueden provocar con ciertos trazos. A pesar de su entusiasmo por pintar Cartier-Bresson no se sentía satisfecho con los resultados y después de padecer una decepción amorosa y sobrevivir a sus estudios en Cambridge, viaja a África donde caza por diversión y como medio de sustento. Es aquí, y con una Box Brownie, que toma algunas fotografías para interactuar con el territorio ajeno en el que debía sobrevivir. Se podría decir que su primera lección fue el manejo cubista de la realidad y la segunda lección fue el aplicar las mismas técnicas con las que cazaba animales para capturar imágenes.

A su regreso a Francia se tomó más seriamente su acercamiento a la fotografía. De sus reuniones con los surrealistas aprendió la apreciación onírica y que se le puede buscar en la realidad gracias a las propias interpretaciones visuales de los espacios y los tamaños. Su adquisición de una Leica de 35 mm., le permitió encontrar la conexión necesaria con una cámara que pudiera servirle como extensión de su visión personal. La última pieza fue el descubrimiento de la imagen “Tres niños en el lago Tanganica” de Martin Munkácsi, que le reveló la importancia del instante y la relevancia de entender el mensaje del momento para poder captarlo con la justicia necesaria. Parte de su labor consistía en no alterar con su presencia el entorno que quería fotografiar, por


lo que pintó de negro su cámara y se integró a la realidad como un fantasma con un gusto exquisito por la humanidad. Como artista siempre mantuvo la idea de la naturalidad, no creía en alterar las imágenes para lograr una emoción; las fotografías con tono surrealista se debían más al ángulo en que las tomaba a que él intencionalmente se entrometiera para afectar la toma.

Probablemente el nombre de Henri Cartier-Bresson sea más recordado por su alianza periodística pero es importante reconocer lo que implicó su acercamiento a este medio. Por una parte, se acercó a la cinematografía al trabajar con el director Jean

Renoir y tuvo la oportunidad de

adentrarse en un medio que

extiende la importancia de las

imágenes y les da movimiento

para contar un relato pero Cartier-

Bresson prefirió la idea de

fotografiar la realidad sabiendo que

las escenas inmóviles eran

igual de importantes pues contaban

la Historia. El gran suceso fue

el cómo cubrió el evento de la

coronación de Jorge VI en

1937. Las fotos estaban enfocadas a

la gente que asistió al evento y

no al nuevo rey y su familia en el

proceso. Fue así como su estilo

se volvió popular e imitado; se

trataba

la

importancia de la sociedad en cada

evento histórico, un rostro o

una acción sutil podían ser el

recipiente

significado de los hechos. Con su

de

reconocer

del

verdadero

popularidad vino también la

tendencia

de

retratar

a

otros

personajes importantes como Truman Capote o Jean-Paul Sartre, aunque el fotógrafo siempre sintió una cierta presión al hacer retratos pues le parecían un estilo demasiado artificial.

Desde Gandhi hasta Fidel Castro, Cartier-Bresson recorrió el mundo para dar a conocer la noticia del momento y dejar un registro único de cada evento. En 1947 fundó, junto a Robert Capa, George Rodger, William Vandivert y David Seymour, la agencia Magnum Photos cuya mayor ventaja era que permitía a los fotógrafos mantener los derechos sobre su obra y estar al tanto de su uso. Con el poder y la seguridad al haberse consolidado, decide viajar tres años por Asia y a su regreso a Francia en 1952 escribe el libro El Momento Decisivo que daba parte sobre su obra eventualmente volviéndose uno de los libros definitivos para la


educación de nuevos fotógrafos. En los años sesenta Cartier-Bresson abandona Magnum Photos y decide regresar 25 a explorar su pasión de siempre, el dibujo. Sus últimos trabajos son autorretratos y algunas fotografías inspiradas

más en la contemplación casual pero siempre con la visión del cazador que logra captar el momento revelador. A pesar de volverse un personaje ermitaño al final de su vida aún recibió varios premios por su labor. En 2003 lleva a cabo un último proyecto para preservar sus trabajos, la Fundación Henri Cartier-Bresson que justamente permitió la exposición actual en Bellas Artes llamada La mirada del siglo XX, título que en su ambigüedad prueba la difícil tarea de encasillar a un artista como este.

*Fotografías de Claudia Cárthaigh. Nota: La información sobre Henri Cartier-Bresson fue recabada de diversas biografías y en la propia exposición

instalada en el Museo del Palacio de Bellas Artes.


Hay agua para todo1

Por Karla Sandomingo Feria Internacional del Libro Invitado especial: Argentina Stand Estado de México Noviembre, 2014

Uno abre la página primera, y de inmediato a los oídos entra el mar, el ritmo que es el mar y la letanía que es el mar, porque “distantes un ojo cerca de otro una muñeca de otra” (Señor, ten piedad) (Cristo), “un ojo/ cerca/ de otro” (ten piedad) “Y este/ filo/ rasgando” (Cristo, óyenos)6

Presentación del libro “Llámenme Ismael” (Fondo Editorial del Estado de México), del poeta y amigo Luis Armenta Malpica, ganador del Certamen Internacional Sor Juana Inés de la Cruz, 2014, convocado por el Estado de México. 1

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Los paréntesis no pertenecen al poema del autor.


“La mirada/ en un film” 27

Ya vamos avisando el agua de allá, cerca de aquella isla en Massachusetts, o aquella sábana que es como un mar, o el vaivén, las ballenas, el rezo, los recuerdos.

Alguien, en estas páginas primeras, quien nos canta, mientras comulga, aplasta con los dedos una hormiga y se despliega un jardín botánico. “Giran e implosionan”. Pareciera que él es más pequeño que los risperidonas, los haloperidolos, alonzapinas, aripiprazoles que “giran e implosionan”, y uno imagina una selva, un bosque, hojas, verdes todas, repleto de insectos violentos… Pero esa es una lectura mirando la superficie del mar, desde lejos. Imaginen ustedes a alguien que de pronto es como un niño, quiero imaginar un niño, frágil, al menos, pequeño, y está repentinamente solo, después de aplastar con los dedos una hormiga, después de haber comulgado, ante un jardín botánico:

risperidonas haloperidolos alonzapinas aripiprazoles que giran e implosionan al azar mientras una columna de insectos se abre paso unos encima de otros y sin piedad alguna. (mientras comulga…) Entonces el lector ingenuo –pobre de él- pero curioso, entra a la red, este nuevo exocerebro que nos resuelve todo con el Google, y comienza la búsqueda –como Ismael tras Moby Dick, esa ballena blanca- en la parte de las imágenes porque esas “plantas” -¿por qué Luis no puso filodendros, dicotiledóneas, crasuláceas-, esas plantas yo no las conozco. Imagino al personaje dentro de esa selva, pequeñísimo, mientras la pantalla abre paso a los frascos, etiquetas, pastillas blancas o naranjas… porque resulta que esas “plantas” que conforman el jardín, son en realidad químicos, mónadas –diría el filósofo racionalista y matemático alemán Wilhelm Leibniz, si pudiera-. Estos componentes


últimos de la realidad, estos átomos metafísicos indivisibles, que no fueron causados por nada anterior, estos químicos, pequeñísimas partículas de un jardín mental que disminuyen a quien los contempla con asombro, no son plantas, no son hojas: Risperidona, para la esquizofrenia; Haroperidol, antipsicótico, para trastornos psicóticos y afecciones mentales que dificultan distinguir entre las cosas o las ideas que son reales. La olanzapina, indicada para el tratamiento agudo y de mantenimiento de la esquizofrenia y de otras psicosis donde se destacan síntomas positivos como delirios. mientras una columna de insectos se abre paso alucinaciones, trastorno del pensamiento, “columna de insectos”… unos encima de otros y sin piedad alguna. Mientras comulga… Y esta es una lectura, puede ser errónea, como la primera, la selvática. Y luego el Aripiprazol, otro antipsicótico. […] mientras una columna de insectos se abre paso unos encima de otros y sin piedad alguna.

Qué clase de fragilidad es ahora la que, por delirio, por las mónadas, estas pequeñas partículas que entran a la boca, blancas y naranjas, se empequeñece todavía más la humanidad de quien un poco antes había comulgado, las pequeñas partículas, aplastado una hormiga y luego esta enorme ballena blanca que está por tirarle del barco que trae adentro. Imaginen ustedes el asombro, ahora mío, la pequeñez en la que me vi, cómplice, de Luis Armenta, de Viel Temperly, invitado especial de Luis Armenta, no solo de FIL (por ser argentino, Viel). Es complicado. Sin contar el erotismo, a veces tan claro, otras tan velado. “El sentido último del erotismo es la fusión, la supresión del límite. En su primer impulso, el erotismo no se significa menos por ello en la posición de un objeto del deseo”, dice George Bataille. Con la (indómita) luz media de los ojos


lejos del puerto una lengua británica y hospitalaria

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(el espigón más largo) como un ahogado

comulga.

Así que hay muchos niveles para bajar en este libro.

La profundidad máxima autorizada es de 60 o 65 metros cuando se bucea con aire comprimido. Pero tiene límites fisiológicos, y si se sobrepasan los 70 metros, el oxígeno se vuelve contra uno y puede perderse la vida. Es mejor usar nítrox, porque aumenta considerablemente el tiempo de inmersión sin necesidad de realizar paradas de descompresión, pero no es recomendable si no somos expertos.

Yo tuve narcosis por nitrógeno, por no haber usado helio. Yo tuve por descompresión, aeroembolia: los gases disueltos en la sangre, y los tejidos, forman burbujas que obstruyen el paso de la sangre produciendo dolor u otros síntomas. Los otros síntomas no se los voy a decir. Pero sí hay que andarse con cuidado con este libro.

La primera lectura es suficiente, la que es posible con norquel, en la superficie del agua, sin embargo, y es lo mejor de este poemario, hay más en este mapa de navegación, en este canto a las ballenas, de Viel, del que fue internado y que escribió en agonía “Hospital Británico”, y murió para nadar en esas aguas sin nítrox, ya sin helio; de Ismael, que fue llevado tras el Capitán para vengarlo de Moby Dick y vivió para contarlo. Hay más. Y hay agua para todos, para los que andan en las olas, que no conocen de estos nombres, de estas obras, para los que bucean en el fondo, que conocen bien las corrientes, de los tanques y niveles de profundidad, para los curiosos, que se arriesgan a perder la vida en este libro, como es mi caso. Comencemos.

Para comenzar (todo) de nuevo hay que decirlo: no existe Leviatán si nadamos (de crawl) por la locura.

El lector curioso va a buscar Leviatán porque lo ha visto mucho, en varios libros, pero ya no se confía de las aguas. Según la RAE:


leviatán. (Del lat. bíblico Leviathan, y este del hebr. liwyātān). 1. m. Monstruo marino fantástico. 2. m. Cosa de grandes dimensiones y difícil de controlar. Este Estado es un leviatán.

no existe Leviatán si nadamos (de crawl) por la locura.

Ya ahí hay una verdad, en la mera superficie del lenguaje: nadar de crol por la locura, imposible. No habrá leviatán. Pero hay otra verdad (y sigo pensando en el maravilloso erotismo de este libro). Dice Carolina Esses en un artículo publicado este mismo año, en la revista Eñe, de El Clarín: “Para leer Hospital Británico hay que perder la cabeza”, dirá Kamenzsain. Y para leer Crawl (1982) quizás haya que entrar en el ritmo del rezo. Pero del rezo con el cuerpo, como un nadador. Rezándole a un Dios que es Cristo pero que también es legionario, guardavida, cosaco, imagen en un paquete de cigarrillos, parte mínima de una comunidad que es siempre de hombres”.

En esa luz (que sobra) de la espuma, en la salivación (de los pacientes), salvación en azul lejos ya (del naufragio) él

comulga. Moby Dick, la ballena, la gran pastilla que se vuelca sobre Viel, las palabras que se le presentan fieras al poeta – que lo tragará, le engullirá una pierna, pero no lo sabe todavía, o lo salvará un cajón de muerto y podrá contar la historia de Ismael que es él mismo-, el naufragio de los pacientes, pero también ese monstruo del erotismo que puede uno mirar de soslayo –erotismo intenso, fuerte, que turba-, es quien va dictando –(quienes) van dictandolas olas de los versos; es el poeta, su propio naufragio –casi- en el mar de las palabras.


Supe desde el principio que este libro nació para ser mar, para respirar y ser un canto, una letanía, una plegaria, 31 un lamento. “La metáfora de la respiración del verso como la réplica de la respiración del nadador”, dice Carolina

Esses. Digo yo: este libro respira, nos ofrece un mapa de navegación o unos tanques para hundirnos a la zona abisal que tiene el poemario.

Pienso en las esquirlas del segundo apartado de Hospital Británico de Viel Temperly, y siento las esquirlas que repentinamente aparecen en Llámenme Ismael.

Viel, el nadador, el místico, el enfermo. Luis, el buceador, el místico, el loco.

Llámenme Ismael, créanme, no necesita de las esquirlas de Hospital Británico, tiene las propias; no necesita de la ballena Moby Dick, tiene su propia ballena. Cada poema –que parece más un poema largo- tiene su propio coletazo, sus cierres contundentes. Tiene su propia marea, va subiendo, va subiendo, a cada verso sube la intensidad, el oleaje.

Luis Armenta regresa el cuerpo de Cristo a nosotros y lo coloca junto al cuerpo de Viel, también restituido, junto a cosacos, marineros, junto a Ismael, su propio Ismael, junto al propio cuerpo del yo lírico.

Llámenme Ismael, pero en silencio. Mi nombre real es blanco de burlas y de arpones. Si lo hacen en silencio no me importa.

Así escucho a los ángeles. A Dios. A quien (pacientemente) aguardo con la quijada abierta. Aunque mi cuerpo es grande, de eslora y emociones y pese a que hago fila (en este embarcadero) hacia la noche (tartamuda) yo


comulgo.

Porque si dice el poema:

Lo vi dejar la ropa y su inocencia en ese cuarto (blanco) del Pabellón Rosetto.

Y el Pabellón Rossetto podría ser el de Viel, entonces

Lo vi doblar su nombre entre los labios. Lo vi doblar las manos y caer (y caer en ese mar insomne) de la vida sin mayor asidero que su propia zozobra,

puede ser el hombre, otro hombre, que pudo ser Viel, pero es el hombre que está en la página de este libro. Y puede haber otro Ismael, como un sobrino más que un cazador de ballenas, o también.

Porque hay más hombres:

Aunque prefiere las voces masculinas y templadas, tipo Britten él dijo: Jessye Norman.

Y mujeres de voz potentísima, todas las referencias musicales, como un soundtrack preciso y delicado.

La lectura nos permite llegar a puertos y zarpar de nuevo. (Anoten: páginas 29 y 31, esos dos poemas son conmovedores porque nos sacan del agua y nos hacen tocar la tierra que más parece lodo, arena recién mojada por el mar). O:


La gente que ha pasado

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por su cuerpo lleva un olor a cal en las heridas.

Yo me quedo con los poemas de la sobrina, de la página 39 (tomen nota) con su arpón como cetro, quien mantiene a bordo de la vida al poeta.

Para empezar de nuevo hay que decirlo (como si fuera un verso): no existe Moby-Dick.

Sólo soy Ismael

(yo es otro).

El desdoblamiento. La otredad.

Llegada la lectura a la mitad, la marea baja o uno se hunde en las aguas calmas, aparentemente calmas, de este mar. Comenzó fuerte, subió la marea, luego llegaron poemas cortos, como olas pequeñas en la noche, y luego nada o el silencio (o nada pero despacio que es de noche). Luego la tierra, los recuerdos. Recuerdo el sonido del libro, de los poemas, los versos, primero era el mar, luego silencio, luego música, una sinfonía. Regresa el Pabellón Rosetto que le da un tono al poema, como si la nostalgia existiera aun en el lector que no es lector de Viel: la fragmentación como si instrumentos, palabras, fueran autónomas. Llámenme Ismael tiene su propia fragmentación. De todas las voces, de todos los hombres y mujeres que hay en el libro, me quedo con los diálogos interiores, silenciosos, íntimos, privados, como adentro de una ballena, con la sobrina. Me quitan el aliento, me conmueven.


Es injusto hablar de Llámenme Ismael así, en medio de un mar de personas, de libros, de luces, de mareas de ruidos y después silencios, aquí, en medio de una feria internacional. Es injusto también para ustedes que haya sobrepasado las tres páginas a las que usualmente me limito para no cansar a los futuros lectores. Es injusto que se vayan sin Ismael. No se hagan eso. Les voy a confesar algo: solo con un libro de poemas, INRI, de Raúl Zurita, había leído poemas al hilo, casi llorando (bueno, llorando), y sin parar. Y ahora este libro, como ballena blanca, me devoró desde el primer verso, desde la primera palabra y me escupió cuando llegué a la última y supe que cada lector sentirá lo mismo y diremos juntos, recordando a Galileo, como el poeta lo cita: “todavía nos mueve”. Con ambos libros sentí deseos de haberlo escrito yo. Sentí deseos de lograr lo que él logra: ofrecer agua para todos, como lo hace con este poemario Luis Armenta Malpica. Yo quiero ser Ismael y escribir este libro y luego decirles: Llámenme Ismael.


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La lecci贸n I Encausto y chapopote/tela 140x180 cm


La melancolía y la casa

Por Mario Sánchez Carbajal

Como la muerte, como la enfermedad más rara por vital, como una bestia sin patas, de sangre helada, una animal elástico, se arrastró para pasar por debajo de las puertas, para sobrepasar de los diques, para reptar sobre los habitantes de la casa; se adhirió a las rejillas de las coladeras, a las tuberías y en las ventanas abiertas extendió un plástico que no dejaba pasar el aire de afuera. Poseía la densidad del miedo, procaz, descarada, se movía oscilando en la oscuridad del pecho de cada habitante, entre las costillas, en medio de las piernas. No mordió a nadie nunca pero amenazó todos los días con tirar la dentellada. Letal, como una gota de arsénico diaria, todas las mañanas se escondió en el fondo de las tazas para café en espera de la modorra de los habitantes. Por las noches, en plena oscuridad tiró cosas de la casa, se hicieron añicos los jarrones, reventaron las copas y los espejos de la vitrina; pero, cuando la luz vino, cuando a alguien se le ocurrió tocar el interruptor, encender un cerillo, hacer una chispa tronando los dedos, las luz reveló que nada se había roto, todo permanecía entero o, por lo menos, si no entero verdaderamente, sí sólo despedazado en la oscuridad. Penetraba los poros de las cosas, lo hacía, penetraba los poros de las cosas con el esfuerzo y el tesón de quien mastica carne dura, un pellejo grueso, de quien pica y pica una pared con un clavo para hacer el túnel del tiempo. Infatigable, deslavó las cortinas, una por una hasta que dejaron de opacar el sol y las mañanas resplandecieron hasta la ceguera. Los habitantes intentaron comerla, pero era tan insípida, tan desabrida que la escupían más espesa, más pegajosa. Se ocultó en un clóset y se dispuso a parir. Como nadie la había visto copular pensaron que había llegado preñada; pero los padres eran todos porque todos los habitantes de la casa la habían masticado, la habían tenido dentro y la habían cargado como a la perra más rancia, como a la más roñosa. Una tarde dio a penumbra, parió una camada de abismos. Los habitantes cayeron ahí, fueron tragados y llevados al túnel donde todo se conecta con todo a pesar de la oscuridad; donde todo está pegado a pesar de la distancia. Arriba, muy arriba ya, la casa fue limpiada por un aire recio que se llevó todas las cosas: quedaron las paredes limpias, despejadas, muy pulcros los pisos, bien pintados los techos y quedó también un olor a arsénico indeleble.


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Ba帽istas Encausto, chapopote y 贸leo/tela 100x120 cm


Claveles y napalm

Por Alonso Guzmán Perdóname, viejo amor, que el nuevo me parezca el primero. Wislawa Szymborska

1 Un día una mujer me amenazó con un cuchillo. Al fondo sonaba Bowie y cantaba del espacio. Pensé en una nave nodriza. En ninguna estrella. Entonces recuerdo que ella lloraba. Grité y se lanzó contra mí. Caí sobre la mesa y me levanté de un brinco. Los dos dimos, al mismo tiempo, el mismo alarido: “la coca” y la buscamos entre los envases de cerveza. Bowie cantaba sobre el espacio exterior y los dos gateábamos y nos metíamos el polvo regado en el suelo en una especie de comunión extraterreste, furiosos y chispeantes, algo así como el amor.

2 No interesaba su embarazo. Apenas se metía el sol y quería seguir bebiendo. Se puso frente a la puerta y me dijo que no saldría más. Rompí la botella de whisky en un aprendido y patético arranque dramático. En algún lugar de la selva de Uganda un gorila preñaba a la más joven de la camada. La tomaba por la cabeza y la penetraba con furia. Los testículos del gorila son más pequeños que los nuestros. Caminé por la sala, la atravesé con los ojos en algún lugar de África o de Central Park. La tomé por el cuello. Las pecas de su rostro se iluminaron de un rojo tridimensional. No soy tan hijo de puta, no lo soy, me repetí. Me encerré en la habitación. En algún lugar de Uganda un gorila se acurrucó entre la hierba.

3 Llegó a golpearme. No la culpo. Rompió mis lentes. Eran unos buenos lentes. Los usaba Elvis Costello. Palaniuk dijo que los agentes de la CIA los traían repletos de cianuro. Cuando los atrapaban, ¡bang! Una mordida a la punta


de la pata y morían al instante. Me dio un buen golpe, el suficiente para que se partieran en dos. Estábamos en un 39 pasillo repleto de bicicletas. Estambul, no sé, algo así. Le di una patada en el estómago y la aventé. Los colores

de las bicicletas estallaron ante mis ojos. Cayeron revolcadas, líquidas. Comenzó a llorar. Me hinqué a llorar. Mordí las puntas de mis Ray Ban.

4 Tuvimos sexo con otro hombre. Hice que la tocara. Lo hizo. Le metió los dedos. La cocaína es mi criptonita sexual, lo escribo así “criptonita sexual”. Me calienta pero no funciona. Algo como el sol en ciertas playas de baja california. En playa Las tortugas, el sol enorme lamiendo la espalda rugosa de la arena, el frío del pacífico, algo no funciona bien por ahí. Nos divertimos. Ella sonrió distinto, lo tomó de la mano. Se río de sus gracias. Tuvieron sexo. Yo bebía mientras los veía coger. La impotencia. El sol sobre Todos Santos. Le di una patada mientras él la penetraba. Se río, se carcajeo. Me reí, el otro hombre se río aún con la erección. “Cada pareja es distinta” dijo el otro zoquete. Algo no funciona bien por aquí, dije. Nos reímos.

5 La saqué de la casa a patadas. No había llegado a casa. Se quedó llorando a mitad de la noche. Se durmió sobre la ropa. Me quedé dormido al otro lado de la puerta. Me despertaron los golpes en la puerta. Había soñado que un robot gigante metía uno de sus misiles por mi trasero y lo hacía explotar. Sentía el olor de Napalm, o lo que mierda sea eso, en la nariz. Me levanté y abrí. Me recibió una buena patada en los huevos. Era su ex pareja. Lo había dejado por mí. Vaya broma, me dijo después. Apenas pude defenderme. Los vi marcharse. Al parecer, llegaron a la casa de él. Se besaron. La perdonó. Fueron felices un tiempo. Tenían buen sexo, me dijo. “Fui un estúpido”, le dije meses después y le platiqué mi sueño del robot y el olor. “Tus locuras mi amor”, me dijo mientras me abrazaba y juraba que lo había olvidado. Ella olía a claveles y Napalm, como huele el amor, supongo.

6 Una chica bebía conmigo y los otros. Mi mujer dormía en nuestra habitación. Quería follar. Le dije que no. Mi mujer… mi casa… esas cosas. Se puso a llorar. Dijo que nadie la quería. ¡Hey! Le dije, no digas eso. La besé. Mi mujer dormía. Nos metimos al baño. Afuera cantaban una canción de Morrisey. Me la chupó y cogimos. Su trasero era un continente primitivo. Traté de no hacer ruido. Salimos y la fiesta siguió. Mi mujer despertó para seguir bebiendo. Llegó más gente. Llegó el dealer. Platicamos como gente adulta, entre todos, de cosas políticas, de literatura, qué se yo. Al final, destrozados y solos, mi mujer me acarició el rostro y me dijo que le había


excitado escucharme jadear mientras penetraba a la otra. Tranquila, nena, dije, el amor no tiene que ser una canci贸n de Morrisey. Me escupi贸 y se qued贸 dormida.

7 El amor no tiene que ser una canci贸n de Morrisey, dije.


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Laberinto Encausto, chapopote y 贸leo/tela 100x120 cm


En un camión amarillo Por Yunuen Díaz

Digamos que si pudiera hacer girar la noche -me digo-, e intento tomarla de una orilla y darle vuelta, unos versos se me caen, como unos dados, amo los números pares, pero no, el boleto se me quedó entre los dedos y no era un dado y no era un número par; pensé que era un poema, pero no volaba, entonces volví a mi libro: disectaba, hordiaba, horlogateaba. Resentía en todo el cuerpo el dolor de ese verso que no quería salir, porque tanto frío, y la noche tan llena de tintas derramadas, todas las cartas que nunca le escribí dolían en la garganta, haberlo visto, saberlo, oler su desnudez en esas manos, porque todas las líneas de genes y de astros estaban ahí, pero yo sólo miraba desde el filo de sus dedos, sólo buscaba mi nombre y sonreía y me volvía a perder en aquel laberinto que yo quería enrollar entre mis dedos, que yo quería llevarme hasta mi vientre. Un hoyo de gusano, yo pensaba, donde tal vez sí: él y yo, brillando cuando todo lo demás se vuelva oscuro; él, pero yo no, porque él se casaría, y yo sería una gota de agua. Quise verlo a los ojos y enrollé sus dedos, digamos que si pudiera hacer girar la noche, yo lo llevaría en mis hombros como un pez brillante y sé por qué sería pez (Freud lo sabe), yo lo llevaría a nadar por las estrellas y lamería su trompa de delfín, nunca es demasiado pronto y siempre es casi demasiado tarde, hay demasiadas líneas en las manos; esta vez cantan los niños y yo me hago pequeña detrás de la maleta, sigo pensando “si la noche girara”, porque las ruedas no dejan de girar sobre el asfalto y yo no quiero llegar, y yo no quiero irme, y yo me quedo triste con Cortázar contándome sus penas, escuchando que todas las mujeres que amó se cansaron de él porque era un niño y yo me siento triste por Cortázar y por mí. Pienso: “si girara la noche, si fuera una luz de bengala y le diera vueltas, si yo pudiera desdoblarla y encontrarme con él en otra vida, donde podamos querernos: él y yo y todas sus amantes”, mejor que no –pienso-, y le agarro la bastilla a una sombra que confundí con un niño, y era Cortázar tirando de mi blusa y yo le beso la frente; sigo enrollando sueños, debo de ir aprisa, cualquier camino me llevaría al mismo sitio y la noche seguirá bajó mis pies quebrada, pero no entre mis dedos, en un verso azul y otro y una mano, la mano que yo debo olvidar, yo pensaba en girar la noche otra vez y vaciarle las estrellas en mi bolsa y salir corriendo muy muy lejos y agarrar un camión equivocado, el más equivocado y no mirar atrás, sino girar de nuevo como en una película de Duchamp. Pero sí no hay nada –pensaba, cómo tanto amor podía girar entre mis dedos, sólo eran un boleto y una mano, unas palabras que me dijo. Los ojos de Cortázar que besé para no sentir que me iba otra vez sola en un camión amarillo.


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Murmullos Encausto, chapopote y plumas/tela 150x150 cm


Te sientas Por Janil Uc Tun

Utial le xchowak tso’otsel pool ch’úupalo’.

La silla no te acomoda las nalgas. Mueves tu muslo derecho por arriba del izquierdo, en busca del ángulo correcto. Lo consigues. Procuras mantener las piernas cerradas, como si entre ellas hubiera una jaula que esconde a un pájaro. Como una red atrapa mariposas, la línea que dibuja y desdibuja el contorno de tu pierna envuelve el baile oculto de la tibia y el peroné. Te quedas quieta. Parpadeas. Lo haces de nuevo. Miras a tu alrededor. Ves a los extraños que están junto a ti, con los que hablas a veces, pero siguen siendo extraños. Estás apartada, todos ríen, hablan entre sí. Las gentes pasan de lado a lado. Nadie te nota. Tratas de ver a un punto fijo, quieres saber si afuera está nublado. Frunces las cejas. Empequeñeces la boca. Te frotas las manos, sientes frío. Estamos a 27° grados artificiales. El clima no es el de afuera. Te cierras el suéter. Cubres la piel que en un principio un vestido ligero transparentaba. El frío aumenta y un incesante movimiento de tu tobillo simula cirros imaginarios en aire. Entonces recuerdas que tienes un termo de café a tu izquierda, lo buscas y bebes sin dejar de ver a la ventana. Lo pones en el suelo y da un giro, como luchando con la gravedad que lo obliga a acostarse. Se derrama una gota negra, caliente y se expande como sangre coagulada. Te precipitas, pierdes la concentración. Tomas de tu bolsillo torpemente un pañuelo. Lo secas lo mejor que puedes y la paranoia de que todos te señalan te toma de los pies. Te arreglas el vestido, nadie te mira. Bajas la pierna y la acomodas nuevamente mientras la cremallera del suéter, como en la ejecución de un plan macabro, baja despegando los dientes de par en par hasta un punto medio, cercano a tu ombligo. Te acomodas de nuevo, parpadeas, y esta vez te quitas los lentes. Llevas el índice y el pulgar a tus ojos, miras alrededor. Estás agobiada. Me ves, me ves mirarte y me ves mirar el lugar donde recién tu café se había desparramado. Te yergues y miras de nuevo a la ventana. Tu muslo otra vez busca superponerse al otro. Entre tus piernas el ave se estremece. Miro al frente. Sonríes y tu pierna baja nuevamente al suelo dejando una breve brecha de oscuridad a la vista. El pájaro se ha liberado.


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Configuraci贸n C贸smica Encausto y chapopote/tela 150x180 cm


La otra mujer desnuda Por Rocío García Rey

Había comenzado a navegar por las páginas de La mujer desnuda, de Armonía Somers. Le atrapaba la prosa depurada, y hasta cierto punto difícil. Se trataba de uno de esos discursos que, ella creía, se adherían no sólo a la razón, también a la piel porque los anhelos de su propia escritura los hallaba en ese texto ajeno; texto recién adquirido. Imaginaba que el libro había sido transportado en un barco. Ella imaginaba…Imaginaba… Ella… Deseaba tener la madurez para escribir, al igual que Somers, un relato claro, conciso, potente. Quería escribir trozos de la noche que, desde hace tiempo, mezclada quedaba en su cama. “El día que Rebeca Linke cumplió los treinta años comenzó con lo que ella había imaginado siempre, a pesar de una secreta ilusión en contra: la nada. El error, pues, parecía radicar en haberse impuesto aquella medida de tiempo, respecto a un hecho en cierto modo considerado clave.”

Quizá porque ella, Rebeca Tilil, recién había cumplido siete años más que Rebeca Linke, también había imaginado la nada. La nada con forma de todo. Quiero decir de un grito, de una sola luz o una sola oscuridad. Para Rebeca Tilil, la nada tenía relación con el cuerpo, con su cuerpo. Cuerpo desnudo y harto de desear ser nombrado por un tacto ajeno. Un tacto de un hombre particular, aquel hombre cuyo nombre iniciaba con la letra J. El cuerpo de Rebeca Tilil no sangraba abiertamente, como el de Linke; se trataba de un cuerpo asfixiado, agobiado de tanto deseo contenido, acaso jadeos, acaso voluptuosos movimientos de cadera. En efecto, pese a ser una viuda de treinta y siete años, ella decía descubrir por primera vez el deseo. Decía, para sí, que era una forma diferente de asumir la pasión. Aquella pasión, según ella, debía acompañarse del adjetivo: madura. Ella quería decir de sí: “Soy una mujer abarcada por una pasión madura”. Aunque el significado de madurez quedara detenido en el diccionario de los sinsentidos. La madurez de una viuda a la que nadie le pediría un billete de viaje porque su viaje simple y sencillamente lo había instalado en su cama. Viaje volatizado cuando su sexo, a solas, comenzaba a humedecerse. Viaje de


absurdos recuerdos, de absurdos anhelos que pese a la subjetividad, la cortaban en plena madrugada hasta hacerla 47 sangrar de desesperación por no tener otra piel. Descubramos el telón: Se trataba de la piel, de la voz, de la lengua

de un hombre que hemos dicho tenía un nombre que empezaba con J ¿JorgeJuanJaimeJesúsJeremías? El nombre, los nombres se deshacen una vez escritos y vueltos anagramas. Por ello lo único que a ella le importaba era permanecer con el recuerdo intacto de la piel del hombre cuya piel, aroma, boca, sexo, estuvieron tres noches en la cama que ella confeccionó justo el día en que, como Fani Fink, también construía un ataúd para los tiempos de lúgubres orgasmos. Los hombres, los bosques/ Los hombres / los guardianes con gabardinas de silencio. Ella era también la mujer desnuda, y justo en el tiempo en que JorgeJuanJaimeJesúsJeremías nunca más llegó al territorio de ella, es decir a su cuerpo desnudo, Rebeca Tilil construyó una fragata con la ropa que apenas horas antes la cubría y en vez de viajar al bosque, como lo hizo Rebeca Linke, viajó al océano de la absoluta soledad. Al llegar a la isla sin nombre, se asombró de ver, tal como lo relataba Linke, a los mismos hombres dormidos. “Expresión plástica de la indiferencia”, le había dicho al oído, Linke. Comprendió, entonces, que su deseo debía estar situado en cuerpos ansiosos, vivos, aquellos cuerpos que, al menos por una ocasión, hubieran despertado para reconocer el bosque, los mares, los nombres, los cuerpos. Por ello, después del viaje decidió seguir con la lectura de Armonía Somers. Segura estaba de que, sin problema, podría descubrir las claves y anotar los anagramas precisos para hacer que Rebeca Linke cobrara vida y las dos juntas: Linke y Tilil tomaran su libertad. Esta vez no haría falta salir de ningún bosque porque desde hace treinta páginas estaban fuera y ahora desearían internarse por los mares para proclamarse mitad pasión, mitad muerte. Yan yan para desnudarse una frente a la otra. “Toma mi libertad”, se pedirían mutuamente y eso significaría en primer lugar abrazarse, sin necesidad de comer manzana alguna. Los besos y los jadeos aparecerían como el torrente contenido por el dique del atávico deseo; deseo atávico que les habían dicho deberían sentir únicamente por los hombres.


El sue単o de Alicia Encausto y chapopote/tela 120x120 cm


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Aquiles Por Brisa López

Hace tiempo mi marido no era un hombre, era un pez. Se llamaba Aquiles, “el de los pies aletados”. Vivía en el café, del lado derecho de la barra. Era rojo, profundamente rojo. Y era perfecto: no discutía, no gritaba, no mentía; es decir, no hablaba. Pero en cambio me miraba del otro lado del cristal con sus enormes ojos azules, danzaba para mí en cadentes círculos alrededor de la pecera y hasta lanzaba tiernos suspiros en pequeñas burbujas para que yo me llenara de ellas. Al igual que en la épica homérica, él era mi guerrero griego y yo su sacerdotisa troyana; “Briseyda, la de hermosas mejillas”... Éramos tan felices los dos y yo lo amaba, lo amaba con locura. Hasta que una mañana, apenas llegar al umbral de la puerta, adiviné la tragedia en los ojos de mi hermana. Un asiduo cliente del café se acercó a pagar su cuenta, nos miró compasivo y se marchó, como externando su pesar por el amor perdido. En menos de una hora volvió, en sus manos traía una bolsita de plástico con un pez azul en su interior. Como una manera de eternizar mi amor lo llamé Aquiles II. Sin embargo, este ejemplar se suicidó saltando pecera afuera en apenas unas horas. Yo misma fui por la tarde al acuario y compré un tercer pez, esta vez amarillo, un zebrasoma flavescens. Lo elegí entre muchos por la aclaración del vendedor que me hizo saber que, con los cuidados debidos, el espécimen podía alcanzar los 40 años. Sintiéndome incapaz de sobrevivir a la viudez por tercera ocasión, consideré que ese lapso de tiempo era suficiente para mí. Pero a las pocas semanas, mi lugar de residencia apuntaba hacia otros aires, lo que me hizo recapitular seriamente mi relación con Aquiles III. Realmente nunca nos compenetramos como yo esperaba. Jamás danzó para mí y ni siquiera dedicó a nuestro amor la más mínima burbuja. Así que mis remordimientos por entregarlo en mejores manos se desvanecieron. Sin más quebré aquella pecera y abrí mis brazos. Un cuarto esposo llegó, esta vez de carne y hueso. Fue en cierta forma, la conjugación de mis amores pasados. Intenso y rojo como Aquiles I, azulada calma como Aquiles II, vibrante rayo de sol como Aquiles III. Pero ahora ya no es más y así, en completa paz, mis placeres se han mudado a un nuevo objeto de amor. Aqui-les dejo mi “no hay quinto malo”. Mis nuevos lentes tigreados.


Alicia y las hadas Encausto y chapopote/tela 120x120 cm


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Blanco silencio que cae nuevamente

Por Eloy Enrique Valdés

El cielo agrisado arrecia otra vez chaparrón en las calles, las mismas se agitan con un hedor repentino, muestran desesperanza, tal vez una resignación a toda prueba que se transforma en canto y en baile, hay quien prefiere el enfrentamiento o escapar-se con balsas que no llegarían a la vuelta de la esquina. Sin saber nada de amarres, sin tierra a la vista, de repente la hambruna y otras nimiedades. Huyendo los unos y los otros de esta selva tropical matizada de rosa mierdosa... A esta altura de las cosas y los años, me atrevo a compartir con él las palabras que nunca dije o no tuve tiempo de expresar. Meruco y recortería, ¡vano empeño! Escribo en el mismo mes de noviembre cuando lo conocí, y de ahí parten mis días fastos y nefastos. ¡Hay que ver cómo dura la sequía! Incluso tuve tiempo para enajenarlo con mis manías y de verdad necesité a fondo un abrazo profundo, aquella caricia que nos confundiera en una sola muerte lunática e indescifrable. Le mostré los libros más queridos, el rincón de las plantas a contraluz y la música de cada ocasión en que la tristeza se vuelve como una trampa. Hoy con las fronteras interminables de la nevada, suelto mis ganas, necesito sentir-lo. Aunque solo fuera por esta vez, en que no puedo escapar del apartamento y los ventanales me envuelven como una manta. ¡Tanto frío! No vale la chimenea ni el ron encima de la alfombra. La tenue luz de la sala realza aquellos cuadros que no pude abandonar a la suerte de otras manos cuando me marché de la isla. La madera cede al fuego lento. Me siento sola, desvanecida si nadie me estruja el cuerpo aplastado por el espacio de la casa, por cada objeto inanimado, he aquí un instante conmovedor porque apenas quedarán recuerdos al día siguiente. Toda la nostalgia de aquel hombre que sigue, que falta con su tranquila sonrisa de mandarín. Si Holanda fuera cortada por los rayos de un sol que no está en ningún sitio, poder asomarme a la ventana para abrirla de par en par y sentir el calor anhelado en la cara, en el cuerpo que se arruga de tanto sudor como en Cuba. Tuve pánico a todo eso, por eso abandoné mi ciudad, tenía que multiplicar las distancias. Por más que ahora sienta el mismo deseo: si cayera un buen aguacero como aquellos de la isla que reservo en la memoria. Cansa continuar con los enigmas de los días que se arrastran sin definición, con historias que invento cuando siento el frío intenso, largo, pasmódico, aburrido y queda la angustia del ánima sola. Porque de esto último se trata, rodeada por muchos y ninguno, con espacios sucesivos que atraviesan los grandes ventanales. Desde luego no pretendo desnudarme al azar por el piso donde lo posible atraviesa la puerta.


En la que muchos cuerpos me poseen, lo destiñen todo cuando el teléfono suena y tengo que esperar la envestida. En la penumbra me froto las manos y escojo el mismo libro, el mismo poema: El tren camina hacia el norte. Un violento gorgoteo sacude toda mi cabeza, siembra en mí confusión. Afuera, neblina y frío; dentro lo mismo. Enardecido golpeo mi reflejo sobre el ventanal, decir adiós. ¡Paz! ¡Qué maravilla! Vuelvo al plano panorámico, el mismo rostro con vetas policromadas, algo de optimismo y una bolsa con un mango y un cucurucho de Baracoa. Bosquejo, extrapolo, rodeo los años. ¿Añorar qué? Hay una tierrita familiar, marcada, que me desorienta o arrastra hacia un falso lirismo. Chuta el cuerpo un chorro de química. Presbicia. Dientes retorcidos como cardo ni oruga cultivo y una carne sin consistencia color pistacho sentencia: no hay escapatoria. Profunda futilidad. Decir adiós. ¡Paz! ¡Maravilloso! Tañe el silbato, al frenar de golpe se estremecen los vagones, no encontré mejor ocasión para escabullirme. Ya no eres de aquí ni de allá, no llegas a ninguna parte. ¡Ah, cuánto jolgorio le auguro! Incluso sonrío: "Me siento bien". Así lo declaro constantemente. Todavía no tengo tarjeta de residencia, tampoco puedo regresar a la isla, amigos desparramados por el mundo y yo sin encontrar lo que vine a buscar fuera de Cuba. ¡Oh, admirable capricho de la fortuna! Sopla el viento clavado en el jambaje de la puerta. ¡Ningún riesgo es fatal! Incluso sonrío: "Me siento bien".


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Identidad Encausto y chapopote/tela 100x120 cm


Sueños de altura Por Juan Machín De pequeño, Juan quería ser astronauta. Una noche oscura, a fines de diciembre, su papá le señaló tres estrellas, especialmente brillantes, que formaban una fila apretada. Le dijo que para algunos esas estrellas eran los tres Reyes Magos; pero que para los antiguos griegos los tres astros formaban el cinturón de Orión. Le contó que Orión era un gigante muy fuerte, y tan hábil cazador que un día llegó a jactarse, nada menos, de que podía matar a todos los animales, auto-declarándose invencible. Como siempre que un mortal pecaba de un orgullo desmesurado, la famosa hybris griega, los dioses del Olimpo estaban prestos a castigarle. Así que, inmediatamente, le mandaron un simple y pequeño escorpión a picarle en el pie, para demostrarle, por la vía de los hechos, que se equivocaba. Ya derrotado y muerto, los dioses elevaron a Orión, en forma de constelación, a la bóveda celeste, lo mismo que al implacable y mortífero arácnido, como una lección perene de humildad para todo el género humano. Juan no quedó muy convencido con la historia de Orión, pero quedó fascinado con el cielo estrellado y, al poco tiempo de cumplir los 8 años, siguió por televisión el famoso viaje del Apolo 11 a la luna, y empezó a soñar con ser astronauta. En aquellos años, era inimaginable que un mexicano viajara por el espacio sideral, así que Juan, a los 10 años, comenzó a soñar con ser piloto aviador. Sin embargo, una miopía creciente y la falta de coordinación motriz, en plena adolescencia, le hicieron comprender que no podría ser piloto nunca. Sin embargo, su afición por el mundo de la aviación no decayó jamás y sólo cambió de sueño: algún día sería ingeniero aeronáutico. Ya en el último año de preparatoria, sus maestros le convencieron que no llegaría a ingeniero por su falta de talento para las matemáticas y la física, y alguno de ellos, compadecido de la frustración del pobre muchacho, le sugirió que tal vez podría llegar a ser controlador aéreo. Pasaron otros 4 años y Juan no dejó de soñar con esa posibilidad que uno de sus mentores, casi por lástima, había abierto para su futuro. Como muchas personas que tienen grandes sueños pero inician, realistamente, con metas más modestas, Juan (además de aficionarse al aeromodelismo) se capacitó como señalero.


Así, un buen día, terminado su entrenamiento, vestido con un mono naranja y un chaleco amarillo fosforescente, 55 de Juan se dirigió muy orgulloso a la terminal uno del aeropuerto internacional “Benito Juárez” de la ciudad

México. Sí, pensó Juan, el Benito Juárez que, en su tiempo, llegó a ser presidente y el hombre más poderoso de nuestro país, y que, según le enseñaron en la escuela, de niño no era sino un indio pobre que soñaba con ser presidente mientras cuidaba las ovejas de su tío. Así, Juan iniciaba su carrera como sencillo señalero, pero llegaría a ser un famoso y poderoso controlador aéreo, con una novia como Angelina Jolie o Pili. Juan se plantó, absolutamente seguro de sí mismo, frente al avión gigantesco que se dirigía hacia él. Comenzó a hacer las señas que había ensayado una y otra vez en su curso y no pudo dejar de asombrarse, al ver cómo la inmensa aeronave, con sus ensordecedores motores, avanzaba siguiendo fielmente sus precisas indicaciones. Un sentimiento de poderío, empezó a invadir el pecho de Juan; recordó sus sueños de niño de ser astronauta o piloto, ahora desechados por completo. Los consideró infantiles: el verdadero poder estaba en sus manos y las luces que guiaban al avión. El control indiscutible lo tenía él; en cambio, el piloto sólo era como una simple marioneta que seguía automáticamente sus movimientos. Pero, pensó Juan, cuando fuera controlador aéreo sería todavía más poderoso aún: gobernaría, desde su consola luminosa, a decenas, cientos de aviones en sus vuelos. Absorto en sus pensamientos, al volar una mosca por su nariz, Juan dio un par de manotazos al aire con la mano derecha, espantando al impertinente bicho. El avión que dirigía se estrelló, ineluctablemente, contra la sala de espera número 25. A pesar del destrozo colosal, los vidrios rotos, los gritos y el susto mayúsculo de muchísimas personas, esa fatídica tarde, por suerte, sólo murieron los sueños de Juan.


Laura Quintanilla nació en la Cd. de México en 1960. Hizo la Licenciatura en Diseño Gráfico en la EDINBA y Maestría en Artes Visuales, Pintura, en la Escuela Nacional de

Artes

Plásticas,

DEP,

UNAM. Ha

participado

en

varias

exposiciones individuales y colectivas, entre las primeras se pueden destacar: Edad de Niebla, Museo de Monterrey (1994), Gestación, instalación que representó al CNCA, D.F., Museo de Arte Contemporáneo de Aguascalientes (1996), La Rotación del sueño, Boudreau–Ruiz Gallery en Newport Cal. USA (2001), Memoria Abierta, Museo de la Ciudad, Querétaro, Qro. (2005), Margen de tiempo, Galería de la Ciudad, Aguascalientes, Ags. (2006), Andando el tiempo, UNAM, FES Cuautitlán, Edo. de México (2008), Introspección, Instituto de México en España, Madrid (2009), Color y magia de los Arcanos, Galería CORSICA. Puerto Vallarta (2011), El color de los secretos, Galería Oscar Román, México, D.F. (2011), Encuentro de 3 Pintores, Galería Ramón Alva de la Canal, Universidad Veracruzana (2013), Cuatro Colectivo, Galería Oscar Román, México, D.F. (2013) En sus muestras colectivas se distinguen: Figura a figura, Museo de Arte Moderno, México (1987), Arte y Artesanía en papel washi, Museo de Arte Moderno en Setagtaya, Japón (1992), ll Bienal de Pintura del Caribe y Centroamérica, Museo de Arte Moderno, Santo Domingo, Rep. Dom.(1994), Las Transgresiones del Cuerpo, Museo de Arte Contemporáneo Carrillo Gil, México, (1997), Rostros y Figuras, Colección del Museo of Latin American Art, los Ángeles. California (1998), Feria ARCO 98 en Madrid, España, con la Galería de Arte Mexicano (1998), VI, VIII y IX Bienal Rufino Tamayo, Museo de Arte Rufino Tamayo (1992, 96 y 98), V Salón de Arte Bancomer, Museo de Monterrey (1999), Feria de Arte Chicago 2000, en Chicago Ill. USA, con la Galería


de Arte Mexicano (2000), 34 Artistas Mexicanos, en el Centro Cultural de México en París, París Francia (2001), 57 Texturas, Tonalidades y Resonancias Latinoamericanas, Colección FEMSA, Museo Nacional de Arte, México,

D.F. (2001), MACO, Feria de Arte Contemporáneo de México, con la Galería Oscar Román (2006, 2005 y 2004), Memorias y Transiciones, Museo de Arte de Ciudad Juárez, Chihuahua, (2005), Arte Contemporáneo Mexicano, grupo de los 16, exposición itinerante, Singapur, Seúl, Corea y Hong Kong, China, Museo Nacional de Historia de Singapur, Centro Cultural Samsung Raemian, Universos Femeninos, Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán (2007), ART AL VENT V, Gata de Gorgos, España (2008), Lenguaje vital, Museo Arocena de Torreón, Coahuila (2009), Universos Femeninos, Col. Pago en Especie, Museo Chihuahuense de Arte Contemporáneo (2011), Images Hispano Américaines, video arte “Omphalo” ,Francia (2011), Del Surrealismo a la Vanguardia, Fundación Álica de Nayarit, Tepic (2012), Bienal Monterrey FEMSA, Obras ganadoras; I a IX Edición, en MACO, Monterrey y en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, D.F. (2012-2013), Acervos Artísticos de la Nación, Col. Pago en Especie, Galería de Palacio Nacional, D.F. (2012-2013), Naturaleza en extinción, Galería Oscar Román, D.F., (2014), Catrina FEST MX, Galería Oscar Román, D.F., (2014). En 1992 obtuvo el Primer Gran premio de adquisición de pintura de la Primera Bienal Monterrey, en 1995 el primer premio en el Certamen Nacional de Pintura, Los Ferrocarriles y la Pintura, Museo Nacional de los Ferrocarriles. En 1995, obtuvo la beca del FONCA para jóvenes creadores.


Hospital

TERAPIA Tras meses en la sala de espera, por fin se pudren y se caen sus piernas enfermas. Baja del sillón, paga y se va.

LEYENDA Si un cuarto se vacía, de inmediato lo llenan los gemidos de los pacientes que murieron en él, y de sus familiares, que hace tanto se fueron.

TERAPIA 2 —Sólo hay que sacar el cerebro, cambiarle la venda y volverlo a meter. Una vez cada 8 horas. —¿Y sí puedo yo solo, doctora?

NECRO 1 Las letras horribles del doctor Lovecraft sólo fingen ser de idioma humano: en cuanto puedan saltarán del recetario al cuerpo del paciente.

PEDANTE —No le hagas caso. Viene a nacer todos los días. Incluso ha venido dos veces el mismo día.


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NOTICIERO —Es mejor no pensar en ellos como seres humanos —dice el funcionario a las cámaras mientras el cunero sigue ardiendo.

NECRO 2 El doctor Lovecraft ve el ultrasonido. ¡Cómo se agita la criatura! —Con lo fuerte que viene no hará falta cesárea —sonríe.

RENCOR Cuando Florence Nightingale posee a alguna enfermera, y la conduce, y la lleva a esfuerzos ímprobos y amorosos, las demás se enojan: —Ya vino la muerta abnegada a ponernos en mal —dicen.

HIPSTER —Vine a Terapia Intensiva porque me dijeron que acá moría mi padre. —Ay, otro chistosito.

LEYENDA 2 La Llorona no sale de la sala de urgencias. O se tardan mucho en atender a sus pacientes, o todos somos sus hijos.


Reflejo II/Simbiosis Escritos de 1986 tinta china y grafito sobre papel 116 x 146 cm


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Reflejo/In memoriam Escritos de 1986 tinta china y acrĂ­lico oro sobre papel 116 x 75 cm


Embarcaci贸n L谩pices de colores sobre papel 27 x 21 cm


63

A tierra Collage sobre papel 22 x 18 cm


La casa que habito Tinta china, colores y collage sobre papel 78 x 107 cm


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México, DF. 21 de Julio 1981 gabriela.g.l@hotmail.com http://gabrielagl.wix.com/artista-visual

Licenciatura en Artes Plásticas y Visuales en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”. BECAS Y RECONOCIMIENTOS 2014 y 2013. Becaria del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico del FOCAEM. Jóvenes creadores. 2014. Seleccionada en la 4ta. Bienal Nacional de Artes Gráficas “Shinzaburo Takeda”. 2014 y 2011. Seleccionada en la V y VI Bienal Nacional de Artes Visuales de Yucatán. 2012 y 2013. Mención honorífica y Selección en el 2do y 3er Concurso de Artes Plásticas y Gráficas “Dr. Alfonso Pérez Romo”, Aguascalientes. 2013. Seleccionada en la Novena Bienal Puebla de los Ángeles. 2011. Becaria del FONCA. Programa Jóvenes Creadores 2010-2011. Gráfica. 2011. Mención honorífica en 8va Bienal Nacional de Pintura y Grabado Alfredo Zalce. 2010. 3er. Lugar en el Primer Concurso de Proyectos Culturales Venustiano Carranza. 2008. Litografía seleccionada en subasta de Arte a través del Claustro de Sor Juana. 2005. Seleccionada en la Segunda Bienal de Dibujo Silvya Pawa. 2000. 2do. Lugar en Dibujo. XXII Juegos Nacionales Culturales Ricardo Flores Magón. ACTIVIDADES PROFESIONALES 2014. Impartió Taller sabatino “Dibujo expandido”. Centro Nacional de las Artes. E.N.P.E.G “La Esmeralda”.


2014. Impartió Taller “Intervención de libro” como actividad paralela a la exposición “La palabra como dibujo”. Museo Universitario Leopoldo Flores. Toluca, Edo. De México. 2014 y 2013. Impartió Taller “Dibujo Experimental y Gráfica expandida”. Centro Nacional de las Artes. E.N.P.E.G “La Esmeralda”. 2013. Ilustraciones de Literatura infantil. Editorial Oxford University Press México. 2012 a 2014. Miembro del Proyecto “Murales: México, Arte y Tiempo. En colaboración con ARTAC, CONACULTA e INBA. 2008 a 2010. Impresora asistente en Taller de Litografía “Intaglio”. Museo Estación Indianilla C.C.

OTROS ESTUDIOS Dibujo: Estrategias de Interpretación y Procesos en el Dibujo contemporáneo. Museo de Arte Moderno. Grabado-Litografía en piedra y metal impartido por Francesco X Siqueiros. CNA. Dibujo y Pintura. Casa del Lago. Taller de Artes Plásticas Mariano Paredes. Técnicas y materiales para la Pintura/Dibujo anatómico. CNA. Pintura de Caballete. Academia de San Carlos. EXPOSICIONES INDIVIDUALES 2014. Arquitectura de la palabra. Galería de “La Esmeralda”. Centro Nacional de las Artes. México, D.F. 2014. Escrituras. Museo Huixquilucan. Estado de México. 2014. La palabra como Dibujo. Museo Universitario Leopoldo Flores. Toluca, Estado de México. 2011. Mapas de la memoria. Casa Frissac. México, D.F 2006. Imaginario. Galería Frida Kahlo, México, D.F. 2005. Laberintos. Galería de la Casa de Cultura José María Velasco, México, D.F. EXPOSICIONES COLECTIVAS 2014 Salón de Arte. Galería Dos Puntos y MCM. México, D.F. Aniversario Revista Diáspora. MARETA Restaurante. México, D.F. Juntando mundos. Galería La 77. México, D.F. Cuarta Bienal de Artes Gráficas. Sala Leopoldo Méndez. Universidad Autónoma de México / Museo de los Pintores Oaxaqueños. Oaxaca. Desnudo interior. Galería del Foro Cultural Goya. D.F. Cuerpo y espacio. Conceptos expandidos. Colectivo Tres. Casa Kan. D.F. De la figura a la abstracción. Galería de la Universidad de Guanajuato del Campus Celaya-Salvatierra. Guanajuato. Psicopatías de lo efímero. Galería Ártica. Aguascalientes. 100/100 “La toma de Zacatecas”. Casa Municipal de Cultura. Zacatecas. Día mundial del Arte. Galería de la Lotería Nacional. D.F. Bienal Nacional Yucatán. Centro de Artes Visuales. Mérida, Yucatán. 2013 Unidos por el Arte. Centro Libanés. D.F Premiación 3er Concurso de Artes Gráficas. Centro de las Artes y la Cultura. Aguascalientes. Gráfica y Pintura. Galería de la Escuela Superior Tepeji. Hidalgo. Elementos de la realidad. Galería San Francisco. Tlahuelilpan, Hidalgo.


El poder hoy. Que denuncia, que anuncia. Galería de Arte-Biblioteca de la Universidad Iberoamericana de Puebla. 67 Creación en movimiento. Biblioteca Vasconcelos. D.F. Celebración día mundial del Arte. C.C. del México Contemporáneo. D.F. 2012 Selección 2º Concurso de Artes Plásticas y Gráficas 2012. Galería Universitaria del Centro Cultural de Aguascalientes. Gráfica contemporánea. Creación en movimiento. C. C. del México Contemporáneo. D.F. Exposición Itinerante. Bienal Alfredo Zalce. Centro regional de las Artes. Cd. De Zamora, Michoacán y Galería de Cristal. Michoacán, Morelia. De gestos y otras líneas. Fundación Sebastián. D.F. Mapas de la memoria. Libro de artista. Feria del Libro. Madrid y Berlín. 2011 Bienal Alfredo Zalce. Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce. Expo- venta en Galería Mil Piedras Taller de Litografía. La Coruña, Galicia, España. Cruces expandidos. Complejo Cultural El Carmen. Tehuacán, Puebla. 2009 a 2002 Expresiones diversas. Universidad Estatal del Valle de Ecatepec. Con un toque de mujer. Arte expresión de las mujeres de V. Carranza. Diez propuestas gráficas. Galería de Arte Joaquín Clausell. Campeche. Precario, Intervención en un billar a través de Ouroborus. Lab.de Arte. Ventanas del lago. Casa del Lago Juan José Arreola. Lithos persiste. Espacio alternativo de la Esmeralda. Segunda Bienal de Dibujo Silvya Pawa. Instituto Cultural México-Israel. Ventanas abiertas. Casa del Lago Juan José Arreola. Caminos convergentes. Universidad del Tepeyac. Diversidades. Contraloría General del G. D. F. Mexicah Tiahuin o Tierra Mojada. Frente Zapatista de Liberación Nal. PUBLICACIONES Revista Colombiana “La Astilla en el Ojo”. Distopía. Revista Diáspora #3: “Escrituras”. Revista Unidiversidad de Puebla “Homenaje a Octavio Paz”. Revista Cultura de Veracruz # 79 y 80. Imagen de portada y proyecto: “La palabra como dibujo”. Revista La cruda “El Arte de la Aguja”. Revista Mexicanísimo. “Las nuevas tendencias del Arte Contemporáneo”/ Revista Generación “El circo” y “Homenaje a María Sabina”


Geovani de la Rosa

Autostop

km 23 de octubre

Mi voz está dañada por el tabaco, no puedo seguir cantando. Un niño delincuente me acecha en la esquina, me pide monedas y el celular; le digo que viajo a la velocidad de la luz. Somos luz y no bacterias esparciendo la geometría del rencor. Soy una luz para cantarles a los gatos, para invadir el mundo con latidos de mi corazón seco, para ir por mis hermanos y decirles que infelizmente me he vuelto loco, que tengo hambre e ímpetus abrumadores por una cascarita frente a la casa. El sol se apaga en la piel de la abuela, escupe su juventud, la belleza pueblerina de sus ojos, sus vestidos de tela barata que la convertían en mariposa. La luz es una invención de los científicos. Llevo constelaciones de corales en la palma de la mano, a navajazos las extirpo. Las devoro. Debo nutrir mi tristura atmosférica con la repulsión de la gente.

km 27 de diciembre

Es el día anterior a la muerte de la abuela. Lo sé porque soy un holograma en el que se refleja el deterioro de las entrañas, la pérdida de la conciencia y la preocupación de quienes se marchan sin despedirse.


Estaré como una estatua frente a su cama, congelado por su tísica existencia que se desborda en mi memoria. 69 de Estaré vigilando su último aliento y me invadirán escenas de la infancia: cuando ella me bañaba en un pozo

agua y su cuerpo era una casa ardiente, un suspiro recluido en la oscuridad. Sus manos fueron espíritus fugaces que me preparaban para el día de su marcha. Mi madre tratará de devolverle la vida soplándole con una servilleta, mi madre será lágrimas y cansancios. El abuelo será un perro atravesado por los fierros que mantienen a la casa en pie; querrá morirse también pero va a despedirla diciendo: eternamente te acompañaré mi lavandera del alma. Los demás guardarán silencio. Pasaré el día anterior a la muerte de la abuela tarareando today is the today for you to rise.

km 15 de enero

Me defiendo con las piedras que saco del mar. Estoy rodeado por faroles tenues y rock áspero que destruye las banquetas. Los perros callejeros me reconocen a distancia; los acompaño con un paquete de jamón y les platico sobre la chica que me ha puesto una bala en el alma, que nunca fue mía, que nunca visitará de mi mano la tumba de la abuela, que prefiere vivir entre algodones y un amor hipotecado que tarde o temprano se esfumará. Me defiendo con los cometas espinosos que caen en mi calle; soy un coleccionista de pirámides en miniatura, de animales de plástico, de libros escritos sobre la arena. Mi vida es un pedazo de vidrio clavado en el estómago. Mi vida es un quiste maligno malparido por mi madre. La gente tiene chicles y mocos estampados en los huesos. Les digo a los perros que hay una chica a la que quiero montar sobre la playa mientras la ciudad duerme. Me defiendo. Me muevo lentamente hacia la muerte.


Citlalli H Xochitiotzin Ortega

Nena Hay días que salir de la caverna de sábanas es una conquista como subir al Éverest o atravesar el canal de Panamá nadando.

Tomo el pretexto para lanzar las cobijas por el costado y aplaudo la proeza de aventarme al abismo, lavarme los dientes y acicalar el cuerpo con una ducha de jabón, agua, y una mueca de alivio en el ánima.

Me miro en el espejo y observo: más lejana a lo que pensé de mí hace años.

Tomo la absoluta resolución de disfrazarme de encuentro con mi pasado y escojo las prendas.

Me abro espacio desde la jungla de mi habitación al estudio y corro tras la dicha que suele jugar a esconderse,


me apresuro, 71

corro, tropiezo con algún hilo y desanimo, aprisa abro este libro, este inmenso libro.

Entonces vuelvo a comprender; escojo leer y amar, escojo parecerme al cielo, miro los ojos de mis hijas entre sus renglones, recuerdo mi mano de niña, las palabras leves de mis nietos llegando, siento su dulce palabra.

Y vuelvo. Retorno; finalmente el día deposita luz sagrada en mí propia casa. Acepto soy el crisantemo, la flor, el águila, la luz, siempre caricia, finalmente recuerdo quien soy.


Marco Antonio Murillo

Discurso sobre las ballenas

Destrozada a golpes por los colores de la tormenta, un pedazo de madera de junio emerge y extiende sobre el aire húmedo sus islas volcánicas, no quema este ancho mar, no quema la espuma que brota de la espalda, busca sin embargo el silbo el canto el olfato el atisbo y luego el incendio bajo las aguas: así es su amor, como cuando niños descubrimos lo poderosas que son las cosas del mar, amor que pesa en la nota que dejó hace días un ahogado y que ahora vuelve a su extraño país monocorde, amor, la muchacha del muelle, preñada la boca de historias y cuentos sobre grandes peces y mandrágoras, fue ella quien amó a todos extensamente en el lento flotar de diferentes luces y profundidades, fue ella quien habló de las ballenas, manchas de petróleo que se hunden y ensanchan las vocales del abismo en el océano, tierras sumergidas en una sola mirada; una ballena, dijo mientras se vestía, una ballena es todo el Mar de los Sargazos, nadie sabe dónde habitan o qué lentitud


gobierna el pesado canto que extiende el oído sobre la superficie, para quien la divisa, la ballena es una casa en medio del camino entre dos mares, la tierra y la lengua no son hogar, nido de pájaro en el mástil es este oficio de hundirnos en el olor de la marea; ahora que no escucho más, que no sueño los brazos de esa mujer de boca extensa, se que no existen las ballenas, se que esto que miro es sólo una enorme tabla del naufragio que es junio, pero en cambio existe ella y sus muelles, ella y su cuerpo y su costa preñada en la que anclábamos por sus historias, las ballenas no son casas en mitad del mar, ella sí: arpones, pedazos de un coral madreperla, mascarones de proa, maderas de raros barcos, collares, oscuras riquezas habían en su voz y sus labios como un húmedo y abierto almacén.

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Anna Castel

No, este texto no habla de religión

Con qué cinismo estudiaba tus movimientos qué gasto tan innecesario de energía (y fluidos) solo para "medianamente" terminar lo requerido cumplir el ritual en fin otra manera de comprender -la estancia compartidaEn aquel entonces -y quizás lo que me hacía falta era experimentar otros cul(t)osRespetaba la norma y seguía con el ímpetu citado en todas las fuentes que consulté, - ahora veo atrásMás que una reconquista dogmática experimenté hasta hace poco la conversión esencial y primera: La conquista en sí


75

Melissa Nungaray

Me piden que hable, no puedo decir, no me lo permiten. No entiendo mi lenguaje donde las aves intercambian sus picos, corrompen sus alas y muerden sus ojos, sigo pero siempre caigo en plumas volátiles de sangre estampadas en la piel, se unen en las venas. No puedo alejar lo que me hizo nacer en este siglo, no sé cómo volver a este cuerpo hay luces que me impiden entrar. Desecho las palabras de este organismo siguiendo el ciclo ancestral de la poesía que es la vida advirtiéndome de las horas que cantan el arte de las sombras. Tan apegada a la cueva que separa mis trozos de brazos que aún me quedan en la tierra. No puedo saber el principio de mis palabras, cansada y a la vez satisfecha de mis pasos alzo mi negra y oculta voz, y entierro mi cuerpo.


Genkidama Ñu

Pisándome las greñas & orinándomeencima

lo pierdo todo & eso que nada tuve nunca

* a los cuarenta & viviendo con mi madre no me atrevo a robar un banco

* se me aparece Cristo & me obliga a trabajar en una farmacia

lanzo chispas por los ojos: tenis blancos todos los días

* mis padres elefantes del treintaynueve me visten de gris & me prohíben mezclar refrescos

*


como si la paciencia & el golpe marcaran la pauta el dueño se desabrocha la camisa & proclama que el whisky mejora el rendimiento

* en silla de ruedas & enjaulado con tigres miento sobre la edad & meto la panza

* mi chico se llama Adán tiene prohibida la carne roja sobretodo de dinosaurio

* en NY me inyecté silicona en los pechos & me hice adicto a no leer la contraportada de los poemarios

* mientras mis amigos sueñan con automóviles que hablan las galletas de animalitos invaden el palacio

* el tren del alba apuesta su cargamento de pájaros exóticos & biblias & lo pierde todo

* una explosión de aleluyas atraviesa la carretera

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un triรกngulo visco se roba a mi chica un triรกngulo visco con cara de menso

* ando sin รกnimos & con el flotador mirando la caja de galletas bailar a la orilla de la piscina

* lo mismo pero en gerundio


79

Carlos Mendoza

Me voy Me voy de aquí y espero Que algo les pase a ustedes Lo pienso seriamente Con el cañón entre las encías O la jeringa con tres mililitros de aire presionando la aorta

Perderán el sentido, el significado, se volverán una broma, una grosería, una estupidez espero que por lo menos pierdan el ritmo y quede alguna señal molesta, una evidencia de que estuve aquí, algo que incomode a todos cuando me valla, una mancha entre sus cuerpos como la borradura de una letra o una coma, o un punto.


Daniel Álvarez Gorozpe

A los ojos

Soy un lector incansable, un rector imparable, un trago barato deshilachándose en el piso.

Neologista: hago notas con amigos cuando bebo. Marco mis libros, los enlisto, los renuevo con las notas de mis altos amigos.

Soy un lector endeudado, punto, conectado, dos puntos, por lo mismo.

Soy un lector bien sobrado, encumbrado: rebotado que dice, no más relecturas despertar tras un sueño intranquilo y decir: aquí empieza la literatura. Soy un lector de audiolibros, un retrato afinado, soy un lector retrachable en el karaoke invaluable.

Sé hacer planas, soy un lector ejemplar, no las hago. poesía es rimar sin saber cantar, así, larvar el destino insecto mosquetón moriré en pleno vicio, que diga, oficio, que diga soga, que diga plaza, que diga espejismo, que diga cama de domingo.


81

Iván Pérez

Días nublados para morras inglesas

Todo comenzó
con la imagen trilladísima
de un paraguas una gabardina
una morra de ojos grandes
y un Good morning sunshine!
en medio de un parque londinense

Y yo tan o quizás no tan Bob Dylan
con mis Ray-Ban imitación
y un Don’t think twice
it’s all right desafinado Si fuéramos 50 años
más viejos
Si fuéramos incluso 50 años 
menos indiferentes

Hoy hace frío aquí
no digo dentro

Hoy hace frío allá
en tu Londres imaginado
por mis deseos
de sueño soñarte soñarás
sueñas dormida
 duermes despierta Aquí hace menos frío 
Come in she said
I’ll give you shelter 
for the storm

Todo comenzó con la metáfora 
de un camino misterioso e incierto

(Qué dirían de ti los puristas)


Bajo la lluvia tarareas 
Singing in the rain 
girando el paraguas
cambiándolo de mano

There’s nothing under
the sunshine, sunshine

Y por mero capricho eclesiástico
“Poeta antirealista cambia
poemas por besos: pague ahora 
cultívese más tarde” Bajo el sol no hay nada nuevo
pero bajo la lluvia…
Bendita Precipitación

He escrito mis mejores
líneas para un día nublado
« Suprarealist poet doesn't
change anything for
an English kiss »


83

Aldo Vicencio

Jazz (Midnigth’s chaman)

afro-palabra: vagina con labios de trompeta

inaudible y estrecha

apresura el tiempo

do-re do-re re-do do-re semi-latina semi-negra redobla el tan-tan de los negro-latinos

los platillos tintinean su misterio -

deleite en escala

muÊrdela en su vuelta –


la junta de las barbas asiente irregulares sus teclados con pezones anchas sus caderas con cuerdas - tono bajo –

¡abajo sus labios, con blancas promesas baila!

le dices linda le dices bella - no escucha –

música sorda, baila

su rostro es un hola-adiós que se eleva en espiral

espíritu de ciudad que se desmorona -

Nueva Orleans es una tirana –

es un doble estar -

estar en el aire, estar en la sala –

y un doblegar sin moral

parda mariposa con piernas que nos estrecha y succiona, un súbito suspiro la corona - asciende la Virgen Negra – las tersas mejillas de su melodía dibujan mariposarios en ruinas inmisericorde lengua de chamana, aúlla sobre la luna


85

Rebeca Alle Rivera

Lecciones de cortesĂ­a

Demasiado amable para tu propio bien, esta silueta cobra mĂĄs que la renta, los intereses c a e n en sangre marchita inflando tu verga.

Los paisajes no llevan tu nombre, he dejado mis huellas; permitĂ­ retirar tus tierras desapareciendo cada grano de tu cosecha espalda.


Ernesto Adair Zepeda

El eco en la sangre a Melisa C C

Henos aquí, bebiendo el sol de la tarde en una gran copa; las manos como serpientes de leche ondean sobre la luna en que acariciamos nuestras alas de piedra de agua. A ti he de llamar hermana, fruto prodigo en este valle en reposo, límpida sangre de todo, cristal de lluvia y carne, eres tú la voz que semeja la mía, el eco animal de otros dioses cautelosos; mujer, escucha al horizonte que llora, pierde la sensación en el rostro a fuerza de gritarle a la tirana noche. Aún vuelan las mariposas cerca y hay niños que crecen en ellas, asoman a la ventana mientras llueve y les ven aletear; quien come esos frutos se hunde en un laberinto mineral tocado por su magia de ahuehuete. Cuando extiendas los brazos a cualquier patria, lejana, bandera de fuego, beso de nepente, será tu sombra el cobijo para los excéntricos que no sueñan, y serás, hermana, luciérnaga vagabunda atrapada en las longitudes del orbe


hasta el momento en que me encuentres sentado sobre los huesos bebiendo el ocaso.

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Aleqs Garrigóz

Figuración de estado comatoso

Hace tantos días —que han sido un solo día largo y negro— que estoy conectado a esta máquina que respira por mí, que emite agudos chillidos y rojas alarmas luminosas.

No es una comunión de amor este enlace a artefactos extraños, a la sonda que me extrae la orina, a las jeringas que irrigan en mis venas medicamentos, sustancias que no sé identificar.

Escucho nítidamente el llanto desesperado de mi madre, el flirteo telefónico de la enfermera, los pronósticos de los hombres de bata que no pueden salvarme, las palabras hipócritas del sacerdote que viene a hablarme del reino de Dios, en el que no creo. Quisiera por lo menos gritar que lo odio, que odio todo,


mover siquiera un dedo para apagarme la vida artificial. 89

Es necesario que alguien entienda que no soy un objeto, que aún tengo conciencia. Que dentro de mí un hombre en la negrura de sus ojos cerrados se ahoga en un mar de imposibilidad. Lo veo hundido en una inmensidad en la que nada y nada, sin salir a flote. Acaso me estoy volviendo loco y nadie se da cuenta. Tengo ideas extrañas, impresiones que no puedo expresar.

Un vegetal en estado de suspensión, eso soy.

Quiero morir. O más que querer, me atrevo a decir que lo necesito. ¡Alguien venga a matarme! En verdad. Por favor…

¿Por favor? ¿Qué favor podría hacer?


Serie Memorias de agua Mixta sobre papel 35x25 cm


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Carolina Latorre (Bogotá, Colombia).

Artista Plástica e Ilustradora Infantil, he trabajado en proyectos pedagógicos realizados con varias entidades y colectivos artísticos, con niños y niñas de diferentes localidades de Bogotá y fuera, pertenecientes a la secretaría de Educación, Bienestar familiar, comunidad en general, entre otros. Mis inquietudes en el arte me han llevado a explorar varias disciplinas artísticas fuera de las Artes Plásticas y visuales, como el arte dramático, la música, la poesía y la literatura, lo que me ha permitido acercarme al público infantil con varias herramientas y poderles transmitir el amor por la literatura, la narración y la creación plástica, de ellos también he recibido las mejores lecciones pues es un ir y venir de conocimiento que se va generando en cada experiencia. En mi obra plástica transmito el trabajo colectivo, la transformación y los movimientos sutiles que se generan en el entorno que lo afectan de manera positiva o negativa pero que finalmente repercuten en un todo. Formación Seminario Las Artes a la Canasta Familiar. Biblioteca Luis Ángel Arango 29,30 y primero de octubre 2014. Foro Arte y Cultura para la Paz de Colombia, Idartes y la Corporación Nacional de Teatro. 26,27,28 y 20 de Marzo de 2014. Bogotá Colombia. Beca Barrio Bienal ELEP (Escuela libre de experimentación plástica). Universidad Jorge Tadeo Lozano. Idartes. Bogotá, Colombia. 2012. Beca Barrio Bienal Programa Nuevas Herramientas para las Artes Visuales Universidad Nacional de Colombia. Bogotá-Colombia. 2008,2009. Ministerio de Cultura. Formación Arte Dramático, Programa Jóvenes Tejedores de Sociedad. Ministerio de Cultura. Bogotá, Colombia. 2004. Ministerio de Cultura. Formación Artes Visuales-Fotografía, Programa Jóvenes Tejedores de Sociedad Ministerio de Cultura. Bogotá, Colombia. 2004. Ministerio de Cultura. Formación Artes Plásticas-Pintura, Programa Jóvenes Tejedores de Sociedad Ministerio de Cultura. Bogotá,


Colombia. 2004. Técnico Diseño e Ilustración Publicitaria, Ce Crea Centro de Estudios Creativos. Bogotá, Colombia. 1999.

Exposiciones Individuales Una Vez tuve un Sueño. Exposición Ilustración Carolina Latorre. Fundación Rafael Pombo, 16 octubre al 31 de octubre de 2014. Madre Sie. Maloka Centro Interactivo de Ciencia y Tecnología Bogotá, Colombia. 2009 Contrastes 30 Obras Inéditas, Bogotá, Colombia. 2005. Y más de una veintena de exposiciones colectivas.

Distinciones y Premios Nominación al Premio XI Salón de Artistas Locales Barrio Bienal 2013. Beca Programa de Formación Artística Barrio Bienal Escuela Libre de Experimentación Plástica, Universidad Jorge Tadeo Lozano con el Instituto Distrital de Artes-IDARTES. Convocatoria de Artes Plásticas 2012 del Programa Distrital de Estímulos, Bogotá año 2012. Premio Segundo Lugar Concurso de Poesía Antología Proyecto Arte y letras Alcaldía de Engativá y Fundación Barajas. 2011. Beca Programa Nuevas Herramientas para la Creación en las Artes Visuales. Universidad Nacional de Colombia, Fundación Gilberto Álzate Avendaño y el IDRD. 2008-2009. Ganador Apoyo Proyecto Salón de Artistas Plásticos Engativá, 2009. Reconocimiento Artista latinoamericano del Mes de Junio Museum Of The Americas/ Carolina Jaramillo. Latin American world.2009. Quinta Clasificación Concorso di Pittura, Artisti con il Cuore, San Remo Italia/ Floriana Vittani, 2009. Mención de Honor Tesis de Grado, Ce CREA, Centro de Estudios Creativos 1999. Referencias y Publicaciones de Obra. Publicación de Poemas en Antología Proyecto Arte y letras, Alcaldía de Engativá y Fundación Barajas, 2011. Publicación Programa Barrio Bienal NHC, Nuevas Herramientas para las Artes Visuales. 2010.


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Revista Mantaraya Publicación Proyecto ganador publicación periódica para las artes plásticas y visuales, 2010. 2009-2011 Publicación Ilustraciones en la Revista Internacional Ciudad Nueva.

Contacto: Email: karolato@gmail.com carolinalatorrerojas@hotmail.com Página Web (artes plásticas): www.enbuscadeunespaciosintiempo.blogspot.com www.portafoliocarolinalatorre.blogspot.com Ilustración Infantil: www.estacionarioilustrado.blogspot.com Proyectos Pedagógicos: www.tallerenbuscadeunespaciosintiempo.blogspot.com www.lahormigueracreativa.blogspot.com


“Asimismo, sentí apremiante, como lo hace un chamán o un niño cuando juega solo o con otros infantes, construir para mis fines líricos una segunda lengua a partir de la lengua castellana. Algunos llamarán a esa necesidad estilo, voz, sintaxis o visión. Para mí, esa experiencia sensorial e intelectual sobre el decir y el callar del discurso poético es, a un mismo tiempo, estilo, voz, sintaxis y visión, pero también, juego,

respiración,

memoria,

corazonada,

sueño, inocencia, realidad bruta, composición, trabajo y otras cosas más regidas por un ritmo que deseo único e intransferible”.


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Ernesto Lumbreras

Nació en Ahualulco de Mercado, Jalisco, el 10 de junio de 1966. Poeta, crítico y editor. Ha sido director del Centro de las Artes de San Agustín (CASA) Etla, Oaxaca; coordinador de la colección literaria El Pez en el Agua, de Difusión Cultural de la UAM; editor de Aldus. Colaborador de Casa del Tiempo, Biblioteca de México, Brecha (Uruguay), Diario de Poesía, El Ángel, El Semanario Cultural de Novedades, La Fábrica, La Jornada Semanal, Periódico de Poesía, Revista de la Universidad de Guadalajara, Revista Universidad de México, Sábado, Siempre!, The Plum Review, Trópico de Cáncer, Viceversa, y Viceversa-Canadá. Becario del FONCA, 1989, 1994 y 1996; del Ministerio de Asuntos Sociales de España, 1993; y del Programa de Intercambio de Residencias Artísticas México-Canadá, 1998. Miembro del SNCA, 2004-2007. Premio de Poesía Jesús Amaya Topete 1988, Ameca, Jalisco. Premio Nacional de Poesía Ciudad de la Paz 1991 por Órdenes del colibrí al jardinero. Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 1992 por Espuela para demorar el viaje. Premio del Concurso de Poesía México: Tierra de Imágenes 1993 otorgado por el CONACULTA-INBA/Secretaría de Desarrollo Social. Premio de Testimonio Chihuahua 2007 por La ciudad imantada. Su poemario Espuela para demorar el viaje se incluye en la compilación Premio de Poesía Aguascalientes 30 años, 1988-1997, Joaquín Mortiz/Gob. del Edo. de Aguascalientes/INBA, 1997. Premio Internacional de Ensayo Siglo XXI.

Fuente: http://www.elem.mx/autor/datos/1597


I

¿Cuál fue su primer encuentro con lo poético, y a su vez, el descubrimiento del poema?

A poco menos de 50 metros de mi casa, en la esquina de la calle, había cantina que a partir de las 5 de la tarde no dejaba de tocar su rocola. El local no tenía nombre. Se lo conocía, simplemente, como la Cantina del Licenciado, pues su dueño y único empleado decía en su juventud —de manera reiterada y con cierta jactancia— que iba ser abogado. Ese lugar y los personajes que acudían allí creaban “un aparte” de la realidad. Las pocas veces que entré de niño, acompañando a los hijos del cantinero o, a buscar a mi padre, pude corroborar con todos los sentidos que esa zona de gritería, humos y ebriedad cancelaba el tiempo. Las metamorfosis que el alcohol fraguaba en los parroquianos, en sus rostros y su lenguaje, acentuaba también ese hechizo a un mismo tiempo monstruoso y jovial. Sin embargo, las voces y la música que emergían de las bocinas de la rocola eran otra cosa. Las canciones cantadas por Javier Solís, Cuco Sánchez o José Alfredo Jiménez se tornaban en una suerte de faros bienhechores que daban algo de esperanza a todos los inminentes naufragios reunidos en el bar de mi barrio. No obstante la desesperanza de muchas de sus letras, esas rancheras contenían ese aliento horaciano de “no morir del todo”, ese ímpetu de retornar a la vida después de nuestra propia combustión. En el poder de esas palabras notaba, con la poca conciencia de mis contados años, un furor armónico que manchaba el aire contaminado con una luz de otro mundo: “Grítenme piedras del campo / Cuándo habían visto en la vida / Querer como estoy queriendo / Llorar como estoy llorando / Morir como estoy muriendo.”

En uno de sus poemas dicta los siguientes versos: “No sé si mi escritura está en el sentido de la noche sin márgenes. Tampoco puedo afirmar que esta lámpara de carburo (camino dentro de un sueño de niebla) me conduzca hacia la desembocadura de un río”. Encontrar esa desembocadura -que no se sabe siquiera si existe o no, pero que sus palabras buscan dentro la niebla espesa que amplía la incertidumbre-, ¿es la razón por la que escribe? ¿Qué espera encontrar al llegar ahí?


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Esos versos pertenecen a un poema largo que se llama “Leído en la bitácora del encaminador de ánimas la noche anterior a mi funeral” reunido en el libro Numerosas bandas (Mantis Editores, 2009). Y efectivamente, ese fragmento que citas es una poética. De niño me encantaban los mapas, colgados en los muros de mi salón de clases. Con la lógica de la inocencia, al reparar en los grandes ríos, el Amazonas, el Nilo o el Mississippi, suponía que esos caudales nacían en el mar y, como el salmón, ascendían tierra adentro hasta llegar a las montañas. ¿Encontrar la desembocadura o el nacimiento de un río? La historia que magistralmente nos cuenta Claudia Magris respecto del nacimiento del Danubio es realmente poética: este río que cruza Europa y desemboca en el Mar Negro se origina del goteo de un grifo que nadie ha podido cerrar. El que busca encuentra, dice una conseja popular. Por supuesto, esa poética redactada en esas líneas tiene una carga romántica tal vez exagerada. Habría que matizarla con el elemento artesanal del oficio del poeta, de la disciplina y del estudio, del rigor y del ejercicio crítico. El misterio y la revelación, palabras tremendas para nuestro tiempo de laico pragmatismo y de sofisticado nihilismo, prevalecen todavía como asedio y posibilidad. El famoso verso de Bécquer “mientras haya un misterio para el hombre, / ¡siempre habrá poesía!”, con toda su grandilocuencia y cursilería sigue tan vigente no obstante que la ciencia parece ir desvelando a pasos agigantados las escritura de Dios. Sin embargo, no obstante el momento estelar que vive la civilización en materia de avances científicos y tecnológicos, vivimos dentro de un “sueño de niebla” que transcurre en una “noche sin márgenes” donde la injusticia y la crueldad son las constantes de “la convivencia” de nuestros pueblos.

¿Cuáles dirías que son los elementos esenciales de su poesía? Me confieso en pésimo lector de mis propios libros. ¿Cómo juzgarlos? ¿Cómo hacer clasificaciones? Comencé a publicar poemas a comienzos de la década de los ochenta, antes de cumplir los 20 años, edad a la que publiqué mi primer libro Escalar el humo reunido en el volumen colectivo Desmentir la noche (DBA de Jalisco, 1986) como parte de las publicaciones del taller literario fundado por Elías Nandino en Guadalajara. En esos poemas juveniles, no obstante las atmósferas y los personajes urbanos de varios de ellos, aparece dos elementos sustantivos de mi escritura: la naturaleza y sus metáforas por una parte y los rituales de la vida amorosa por otra. Aunque no me lo he propuesto, estoy seguro que podría reunir una antología de poesía sobre el amor, tomando muestras de la mayoría de mis seis libros hasta ahora publicados.


Contra toda injusticia respecto de mis dos primero libros, me gustaría asumir que mi “verdadero” primer libro es Espuela para demorar el viaje (Joaquín Mortiz, 1993). En esos poemas aparece algo inédito en mi conciencia del lenguaje. Me doy cuenta al escribir cada uno de esos poemas que las palabras no sólo nombran sino, y sobre todo, ocultan la realidad del mundo. Asimismo, sentí apremiante, como lo hace un chamán o un niño cuando juega solo o con otros infantes, construir para mis fines líricos una segunda lengua a partir de la lengua castellana. Algunos llamarán a esa necesidad estilo, voz, sintaxis o visión. Para mí, esa experiencia sensorial e intelectual sobre el decir y el callar del discurso poético es, a un mismo tiempo, estilo, voz, sintaxis y visión, pero también, juego, respiración, memoria, corazonada, sueño, inocencia, realidad bruta, composición, trabajo y otras cosas más regidas por un ritmo que deseo único e intransferible.

No es atípica la simpatía artística que ha tenido la pintura con la poesía a lo largo de la historia, por el contrario ha existido una correspondencia muy cercana entre ambas. En su caso, la relación –el puente poético, la conexión artística- que ha tenido con el arte plástico, ¿de dónde proviene? ¿Qué elementos sensibles recoge de la pintura y si ésta le ha ayudado a alimentar su poesía?

Con toda seguridad en asumirme como un artista visual frustrado desde el hacer. Durante mis estudios primarios el gran dolor de cabeza fueron los trabajos manuales. Todo un sufrimiento e imposibilidad. Muchos años después entendí que la belleza griega, armónica y simétrica, no era lo mío. El modelo romántico de la belleza bizarra, sin lugar a dudas, me hubiera dado mayores estímulos para consagran mis posibles dotes de pintor de pesadillas a lo Goya o de tempestades marinas a lo Turner. Por otra parte, el impulso verbal es posterior al impulso de manchar con puré de durazno nuestro babero durante esos primeros meses de vida. Nos seduce dejar huella de nuestro paso por la Tierra porque, a las palabras, se las lleva el viento… Llegué casi por casualidad a la crítica de arte. En el 2002 una amiga me dijo que el pintor Arturo Rivera quería que un poeta escribiera un texto para una monografía suya que la colección Círculo de Arte del Conaculta pretendía publicar. “Está harto de los críticos de arte”, confesó mi amiga y está buscando otro tipo de lectura sobre su obra. La invitación y el reto, realmente, eran para salir corriendo. Pero no, me entusiasmó el proyecto pues conocía la pintura del artista después de haber visitado una amplia exposición presentada en el MARCO de Monterrey hacía unos meses. Además, conocí al pintor y simpatizamos desde el primer encuentro. Esa es la


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historia de mi primera colaboración que dio lugar a El ojo del fulgor. La pintura de Arturo Rivera (Conaculta, 2003). A partir de entonces, no he dejado de escribir y publicar artículos y ensayos sobre arte, algunos de ellos reunidos en mis libros Coordenadas para una inminente catástrofe. Seis pintores mexicanos (FilodecaballosINBA, 2013) y La mano siniestra de José Clemente Orozco (Siglo XXI / UAS / Colegio de Sinaloa, 2015). La verdad, no podría identificar una posible conexión entre la poesía y la crítica de arte desde mi práctica. Es posible que, en algunos momentos, el discurso analógico de la poesía aparezca a la hora de comentar una pieza de arte; finalmente la lectura de símbolos o la recreación del fenómeno artístico también son consustanciales a la crítica. En otras palabras, el crítico como creador es una posibilidad sumamente atractiva. Lejos de toda actividad parasitaria, la labor crítica toma como pretexto la obra comentada y avanza por una terra incognita donde el grado cero de la escritura tiene el mismo nivel de extrañeza y complejidad que el experimentado a la hora de escribir un poema o una novela.

II

Otro de sus quehaceres literarios ha sido el ejercicio de la crítica, ¿por qué hacerla? ¿Necesidad o querer? Al mismo tiempo que comencé a publicar poemas, también, me di a la tarea de materializar mis lecturas —en decir, los necesarios consensos y disensos— en artículos y reseñas que se publicaron en algunos suplementos y revistas de Guadalajara. Aunque nunca he tenido una columna o sección para comentar libros, observo que es necesaria una lectura autorizada que convierta la cascada de libros de poemas en algo más que una inundación lírica. ¿Cómo distinguir la repetición de la diferencia? ¿La aventura de un viaje organizado por una agencia turística? ¿El mimetismo del prestigio literario? ¿El parricidio bravucón de la indagación radical? En el mejor de los casos, el crítico literario viene a quebrantar la homogeneidad de los discursos hegemónicos, a poner en entredicho a las autoridades y al canon. El crítico viene a establecer, también, una nueva relación entre el pasado y el presente literario. En ningún momento, sus juicios deben asumirse como juicios sumarios. En todo caso, son intervenciones al orden, casi siempre abruptas. Las antologías que he publicado en colaboración con Eduardo Milán y con Hernán Bravo Varela se han regido por esos planteamientos y expectativas.


¿En qué estado considera está la poesía mexicana actual? La muerte de Octavio Paz, antes de finalizar el milenio pasado, nos permitió pensar y ejercer la poesía sin la presencia benéfica y maléfica de una figura central en la lírica de la lengua española de la segunda mitad del siglo XX. Por supuesto, la posible presencia de Paz nunca se manifestó como parte de las funciones del ojo del Big Brother o de una sensibilidad colectiva que vigilara y permeara ¿inexorablemente? los discursos poéticos de las nuevas generaciones. Mi generación, ciertamente, mantuvo un diálogo con la tradición, con algunas discusiones y desmarcajes necesarios. Para empezar, concluimos una división maniquea entre puristas y coloquiales que describía un paisaje bastante limitado además de falso. Con la muerte de Paz, y luego la de Jaime Sabines y, años más tarde, las de Rubén Bonifaz Nuño, Tomás Segovia, Juan Gelman, José Emilio Pacheco y Gerardo Deniz, figuras pilares del canon actual de la poesía mexicana, el examen y el reposicionamiento de sus legados respectivos permite ahora mayor margen de maniobra para una lectura exenta del peso de sus figuras públicas y simbólicas. ¿Qué obran del pasado inmediato tendrán la relevancia de piezas fundamentales de nuestra lírica como La estación violenta, Tarumba, El manto y la corona, Anagnórisis, Citas y comentario, No me preguntes cómo pasa el tiempo? o Picos pardos? Sin temor al equívoco, si hablamos de presente, en esas llaves maestras el presente de la poesía mexicana es expresa con mayor furor, aventura y misterio. Y si hablamos de actualidad, aunque pareciera que me ando por las ramas, la moneda apenas está por lanzarse. En este nuevo escenario de muertes reales y resurrecciones aún más reales, las siguientes generaciones han tomado una distancia crítica de la tradición y han resuelto buscar figuras modélicas en otras latitudes, la poesía chilena, peruana, argentina, brasileña y norteamericana principalmente. Por supuesto, leer el presente tiene sus dificultades de objetividad amén de las ilusiones ópticas y de los fuegos fatuos. Habrá que decir, por otra parte, que en esta segunda década del segundo milenio, coinciden en el espacio y la temporalidad poética de México poetas como Dolores Castro (1923), Eduardo Lizalde (1929) y Juan Bañuelos (1932) al lado de autores como Claudina Domingo (1982), Luis Eduardo García (1984) y Christian Peña (1985). En ese arco de tiempo, la poesía mexicana realiza sus sumas y restas, y también, sus raíces cuadradas y sus ecuaciones de tercer grado.


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En esa misma línea: ¿a quién culpar con relación a la falta de lectores en México? ¿El lector debe buscar al autor o el autor debe buscar a toda costa llegar a la mayor cantidad de lectores posibles? ¿Ve necesario un mayor trabajo, incluso riesgos o, por parte de los editores u autores para que sus obras lleguen al lector? Es una pregunta que, desde la superficie, el gran culpable sería el sistema educativo. Sin embargo, el status quo que rige el concepto de civilización y de sociedad conspira con todas sus armas contra la poesía. El concepto de costo beneficio, de sentido lógico y pragmático, de cordura y sentido común se ven cuestionados por el lenguaje de la poesía, insumiso, paradójico e iconoclasta. A las 50 familias que gobiernan el mundo les viene de maravilla colocar al poeta y a la poesía en los extremos: en el rincón de los apestados y locos por un lado y, por el otro, en el pedestal de las esculturas de ornato de la urbe. Entre el poeta maldito y el poeta de la corte, los lectores de la poesía han abandonado “un barco que se hunde con las luces apagadas” (Huidobro dixit). Las plataformas digitales se han convertido en un medio muy importante para la transmisión de las diversas expresiones literarias en la actualidad, muchas personas no le auguran nada bueno al libro objeto en los próximos años, incluso, vaticinan su desaparición, ¿cuál es su opinión con relación a la nueva forma en que se está leyendo y escribiendo, no solamente la poesía, sino la literatura en general? Serán soportes complementarios, lo son, incluso desde hace unos años. Las cifras de los libros electrónicos no van más allá del 23% del mercador editorial. En el ámbito de la poesía el ciberespacio dio lugar a una sobrepoblación de poetas que publican y publican sin filtro alguno. Pareciera que el atractivo es publicarse aunque no se lean entre ellos. Los intentos de blog de crítica de poesía no han perdurado y es una lástima. ¿Cómo separar el grano de la paja? Para bien o para mal, las antologías de poesía impresas en papel continúan cumpliendo este rol. El último trabajo de importancia lo emprendió Juan Domingo Argüelles con su monumental Antología General de la Poesía Mexicana (2014). Valdría la pena llevar acabo algo parecido en la democrática red. Sería un servicio social para los poetas que allí publican y para sus eventuales lectores. ¿En qué nuevos proyectos está trabajando? Trabajo siempre en varias pistas. Por ahora visualizo un par de libro de poemas, una colección de ensayos sobre Ramón López Velarde y un libro que no acierto a descifrar en qué género o géneros se inscribe. ¿Importa? Por supuesto que no y eso es, posiblemente, mi estímulo más persuasivo a la hora de ir avanzando y decidir si utilizo la prosa narrativa o la ensayística, el poema dramático o el poema lírico, la crónica de viaje o la histórica.


Karla Solorio


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Karla Solorio Pรกgina web https://soloriokarla.wordpress.com/


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