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Contenido: Arte en portada, Barraca 1 (70 x120 cm. Cemento, pigmentos y cera sobre lienzo sellado), y obra plástica por Juan Martín Ramírez Carbajal (México). En entrevista: Alejandro Zenker. Collage “Vicisitudes del ángel” por Norberto Luis Romero. Ensayo: “El suicidado por la sociedad” de May Bernard. Crónica: “Piquetes de alacrán” por Ligia Donají.

Reseña literaria por Ricardo Esquer.

Teatro mínimo por Don Gellver.

Relatos: Raquel Castro, Gabriela Vidal, Carlos Vega, Gabriela Espino, Lauffant Croir.

Minificciones: Enrique Pilozo, El Seis, Paola Lizeth Chávez Reyna, Poesía: Héctor Hernández Montecinos, David Soules, Daniel Pommers, Evelyn de Lezcano, Ángel Gaona, Miriam R. Krugüer, Jessika Reyes, Javier Febo Santiago, Víctor Hugo Galván Ceballos, Irán Infante, y Daufen Bach.

Galería fotográfica por Karim de Alba.


Editorial

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[… ]Ya sólo tú me habitas, tú, sin nombre, furiosa substancia, avidez subterránea, delirante. Golpean mi pecho tus fantasmas, despiertas a mi tacto, hielas mi frente, abres mis ojos. Percibo el mundo y te toco, substancia intocable, unidad de mi alma y de mi cuerpo, y contemplo el combate que combato y mis bodas de tierra […].

Octavio Paz Son tiempos de Gelman de Pacheco de los poetas de la voz desde el silencio

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El suicidado por la sociedad Por May Bernard

¿Cuántos humanos sumergidos en la fragilidad, la pobreza, el aislamiento y la locura serían capaces de afirmar aún que “todos los días sucede lo mismo, existen cosas tan bellas que, a pesar de todo, hay que tratar de hacerlas”? Seguramente sólo uno: Vincent Willem Van Gogh, el pintor de lo invisible, el loco del cabello rojo.

Nacido el 30 de marzo de 1953, Van Gogh es uno de los principales exponentes del post-impresionismo; pero describirlo con datos duros resultaría un atentado, un insulto en contra del hombre constituido, dulcemente, por pequeñas emociones y por el instinto del pobre. Sí, Vincent, el esquizofrénico que en vida lograra vender tan sólo una obra; pero, a diferencia de otros grandes en la historia del arte, no mide el éxito de sus creaciones en simples finanzas… Van Gogh pinta desenfrenadamente para no enloquecer y para ser. Su único bálsamo en medio de la locura fue mantenerse ocupado: leer, pintar, escribir… produciendo incansablemente, siempre en la búsqueda de plasmar “aquello que el ojo no puede ver”, la esencia del obrero y la del propio campo, ese “algo” que anima el universo y le hace funcionar, su obra tiene siempre un doble carácter: la materialidad y la metafísica. Curioso que el hallazgo de ese “algo” representara la víspera del punto final a su historia en este plano material, ese 27 de julio de 1980, día en que se pegó un tiro en el pecho en pleno campo para morir 2 días después, justo luego de registrar en una última carta su gran descubrimiento… “¡Eso es Dios!”. Podemos adjudicar esta búsqueda tan vehemente a la influencia que tuvo en su mente y alma el paso como pastor protestante y como misionero a los 26 años de edad, seguramente quedó acuñada en él la necesidad de encontrar en el arte lo hallado anteriormente en la teología… “Mis pensamientos en estado de exaltación desembocan, más bien, en las preocupaciones de la eternidad”. No obstante, su pasión por el arte y el color fue siempre más grande, es fácil saberlo cuando, incluso sus naturalezas muertas, son apasionadas y coléricas, llenas de compasión, violencia y ternura, superando cualquier escuela, evitando cualquier encasillamiento.


Vincent, el loco del sombrero de paja, el mismo que atacara a Gauguin la Nochebuena de 1988, arrojando un vaso 5 contra su amigo en medio de un ataque de ansiedad, el mismo que lo buscara la mañana siguiente para lastimarlo

con una navaja y al verse descubierto huyera corriendo; ese, que en el mismo día tiñera de rojo su “linda habitación amarilla” al cortarse la oreja, quien se encargara cuidadosamente de lavar la oreja cortada para colocarla en un sobre y acudir al prostíbulo más cercano para regalarla a una mujer como prueba desesperada de esa incesable necesidad de entregarse, de entregar un amor enorme que había tenido que tragarse día tras día pues nadie le interesaba recibirlo. Detallista hasta el extremo, tal como lo muestran sus cartas, donde no sólo describe de manera precisa cada avance que logra obtener en sus croquis, dibujos y pinturas; también propone marcos que puedan favorecerles, así como también análisis de museografía que funcionen en cuanto su obra pueda y merezca ser expuesta. Planeando así el día de “lograr algo serio”, contradice dicho anhelo al rechazar cualquier crítica que le adule, tal como hace con el propio Gauguin enamorado de sus girasoles, o con Issacson cuando le describe como “violentamente brillante”; reafirmándose siempre como un creador eternamente perfectible, en busca todo el tiempo de dar un paso más, un pintor que “preferiría, si pudiera, no vender jamás”.

La contradicción de su nobleza, sus crisis de ansiedad y sus periodos de psicosis se quedan vivas en el color y movimiento de sus obras (movimiento a veces tan intenso que parece quedarse quieto), así como también causan eco en la sociedad de su tiempo donde vive amenazado, obstinado en que su violencia de vuelva luz… inadmisible, tanto así que, al llegar a estar interno en el hospicio, la comunidad firma un pliego petitorio exigiendo se le impida la salida para pintar… “el arte de ser arte resulta a veces incomprensible para los humanos”. No en vano Antonin Artaud le llama “El suicidado de la sociedad”, pues resulta increíble que ese corazón del que asombraba la capacidad de “seguir amando” fuese tan distinto que asustara, tan sólo por no encajar su sol resplandeciente con el gris profundo de la vida de un loco. Él, quien pintara apasionadamente bajo el cielo de Arles, con su sol tan intenso que lo quema todo, incluso la razón, a quien la sociedad acorraló hasta refugiarse en sus libros, en sus lienzos y en sus cartas… no tuvo otra opción que aceptar su enfermedad en completo aislamiento; jurando que no pedía nada, que no necesitaba nada más que alimentarse y pintar para seguir viviendo. El loco del cabello rojo que informara a su hermano como una predicción “el mal tiempo me detendrá demasiado pronto”.

Sangre-Complemento

Al igual que sus libros y sus pinturas, la vida de Vincent no puede contarse sin la presencia de Theo, su hermano, hombre de personalidad tan opuesta a la suya que le complementa. En medio de una locura que lo desgasta sin


piedad, Theo funge como refugio más que como proveedor, es en las cartas que le escribe es donde parece 6 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ disiparse tanta soledad, el papel se vuelve puente, medio entre Vincent y la única persona en el mundo que le amó

por encima de todo y a pesar de todo. Theo, el menor de los Van Gogh, hombre de negocios, comerciante de arte, centrado y brillante, consciente de la realidad de su hermano, asume el reto de ser su todo, su único amigo, su cómplice en todo sentido; no es casualidad que muera seis meses después que Vincent y que sus restos descansen juntos también… inseparables como son la luz y el color mismos.

Vincent y su incesable deseo de crear, Theo y su infinito amor de hermano, no cabe duda que aquella carta tenía razón “dando dinero a los artistas, tú mismo eres artista”; Theo es cocreador en la obra de Vincent e, incluso, un poco en la del mismo Gauguin, durante el tiempo en que éste compartiera gastos y habitación con su hermano… “necesito, entonces, tan sólo 150 francos y lo mismo para Gauguin”.

En aquellas interminables cartas Vincent le expresa su pasión por la literatura, le confiesa sus temores, la utopía de convertir el propio hospicio en un taller de pintores tan sólo porque habría comida para todos y no pasarían carencias para poder trabajar regularmente. Al tiempo que le habla de su urgencia por lograr algo que sea “vendible”, le manifiesta lo interminable de su búsqueda… “Prefiero guardar mi trabajo para nosotros que tener que mezclarme ahora en la lucha por el dinero”; siempre tan contradictorio, le aflige la idea de generar gastos a su hermano, pero se niega a mostrar su obra hasta no encontrarla satisfactoria.

Busca también, escribir palabras que puedan tranquilizar a Theo y, hundido en la más profunda soledad, afirma “En cuanto a mí, estoy contento de seguir tal como soy… felizmente para mí, se bien qué quiero y soy absolutamente indiferente hacia la crítica, te ruego que no te inquietes porque si lo haces, me causarías una inquietud más”; al ser llevado al hospicio luego de la terrible crisis en que se cortara la oreja, su única preocupación era que el médico en turno escribiera una carta a Theo para tranquilizarlo y no permitir que ello interfiriera con sus planes de boda… “Tengo que volver al hospital, pero dentro de poco saldré del todo… que nadie se inquiete”.

Curioso que este momento fuese un sisma tan grande, al tiempo que un médico escribía una nota reconfortante, Gauguin escribía una carta espantosamente clara al mismo Theo; por increíble que parezca, es este el punto en que la bondad de Vincent parecía quebrantarse, sólo el amor de hermanos pudo más que su eterna capacidad de comprender y perdonar, causándole la peor de las molestias por haber robado la paz en el corazón de Theo. Expresa en sus cartas mil inconformidades con la vida de Gauguin, pero, una vez más, su corazón gigante le traiciona “¿Cómo puede decir Gauguin que me molesta su presencia cuando me paso el tiempo preguntando por él?”, cuestiona la vida de su amigo al no comprender que siga queriendo recorrer el mundo y conocer mujeres luego de tener ya una buena esposa e hijos… “un tesoro tan preciado debería cuidarse, pero Gauguin se deja


arrastrar por la imaginación de manera irresponsable”. Sin embargo, al final del día confirma que ambos están un poco locos pero son “suficientemente artistas para contrarrestarlo”.

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Igual que las hojas de un árbol, todo le abandonó en sus horribles inviernos, excepto Theo, en una increíble relación de lealtad que Vincent valora más que a nada… “Siempre has vivido como un pobre por alimentarme, pero prometo que devolveré ese dinero o entregaré el alma”. Theo fue mucho más que su puente con el mundo.

Arte-Antídoto

Podemos hablar de Vincent como una esencia-arte y como el arte de una esencia, esa belleza que se empeña en florecer aún en medio del desierto. Incluso en el hospicio, se niega a dejar de crear, de producir, pinta todo cuanto puede ver: su pipa, sus zapatos, su propia habitación… “Estoy decidido a no tener más armas que mi pincel y mi pluma”.

Interno o en libertad, es el arte su única cura, recorriendo las calles con su caballete y sus pinturas a cuestas es como libra una batalla contra sí mismo y contra la incomprensión del colectivo. Viviendo de nada más que pan y café, pues empleaba casi todos los recursos aportados por su hermano en pinturas, telas y demás objetos cómplices de su inspiración, se identifica como un hombre cuya esencia es la de un pobre, y así fue desde un principio, desde sus inicios como misionero cuando se internara en el corazón de la pobreza en las minas de carbón de Borinage , ahí donde inició su trabajo como artista, al tiempo que empezaron sus largos ayunos intoxicado de tabaco, alcohol e insomnio… “el mal de producir pinturas me robará la vida y me parecerá no haber vivido”. Un alma que se confiesa obsesionada con la pintura, convencido que “algún día” todo esto valdría la pena, dispuesto a pagar “el precio del color”; seguro que los problemas que presentaba su obra estaban dentro de él, por tanto, podría superarlos con nada más que trabajo. Una esencia que se “alivia” con saber que a su hermano le va bien, pero camina siempre en la busca de una cura total a sus males, cura que no puede encontrarse en un lugar distinto a un lienzo, la luz y el color… “yo no dibujo con carbón por ser material incoloro”. Calma sus alucinaciones con colores, con creaciones… lo sublime del arte parece ahuyentar la locura, la ansiedad se traduce en dinamismo de trazo, llevándolo a crear “pinturas cambiantes, de esas que si las miras mucho el tiempo parecen enriquecerse”, como él mismo describe sus Girasoles, rechazando halagos por ser estos signo de haberse definido o detenido y no pretende verse “debilitado”.

Incomprendido por no buscar lo mismo que otros grandes, rechazado por resultar distinto, aislado por temor a un alma limpia; descorazonado mil veces por mujeres que se negaron a devolverle “lo robado”, debió pintar en el


lugar vacío un nuevo corazón cada vez, uno rojo como sus cielos y vibrante como sus trazos, uno con la misma 8 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ capacidad de amar que le impidiera “odiar por más tiempo del que toma a una mano sentirse herida al permanecer

en el fuego”, un corazón que repitiera al arte y a la vida aquella frase que acuñara para la única mujer que aceptara compartir su hogar por un tiempo… “Donde tu vayas, yo voy”… ella no cumplió, el arte sí, y le valió la eternidad que alcanza tan sólo un espíritu puro que no teme imprimirse en un lienzo para dar vida al mundo, no como un recuerdo, sino como vida que anhela ser.


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Piquetes de alacrán Por Ligia Donají Una hora más y serían las cuatro. En Huamantla nos habían contado sobre la prueba del alacrán: la cosa era probar el pulque de los tinacales y guardar el líquido que quedaba al final de la palangana para aventarlo con fuerza al suelo; si el alacrán se formaba, el pulque era bueno, si no, podías seguir probando pulque hasta formar el bicho en el piso. Eso fue lo que nos movió hacia Altzayanca, la gana de ver alacranes sueltos. El pueblo era chico y sabíamos que no tardaba en aparecer un tinacal, pero apretamos el paso porque la oscuridad en esa zona cae antes de lo esperado, como manto negro que se deposita sobre los ojos sin aviso. Cruzamos el puente para toparnos con una subida prolongada donde había niños y perros salpicando el camino: los primeros salían de la escuela, los segundos pasaban el rato sorteando la vigilia con ojos chinos de cansancio. La casa de la que nos dieron referencias estaba al fondo de un terreno, a media cuesta; llamamos con un tímido ¡buenas! desde la entrada, para captar la atención de las personas que atareadas, iban y venían por el enorme patio sembrado de esqueletos de viejos carros, perolas e instrumentos variopintos de metal un tanto oxidado. Las que nos atendieron fueron mujeres de manos afanosas y rostros serios que no dejaron de ser amables aún en su silencio, invitándonos a pasar con las mochilas y la tilichería que cargábamos. Compramos primero dos litros porque el pulque de prueba me pareció ácido y el sabor que mi paladar recordaba era más bien dulce. Nos miramos animándonos a preguntar por el aguamiel y nos dijeron que ése era el primero que Sebastián terminaba en la repartición. El mencionado Sebastián llegó como implorado y luego de amarrar su burro en la entrada, nos saludó y confirmó lo dicho por las mujeres de la casa: el aguamiel se había agotado. El hombre tenía un rostro amable, lo que nos animó a preguntarle si ellos hacían la prueba del alacrán; fue cuando Pedro se dejó venir desde la camioneta que reparaba a cierta distancia. Enjuto y de ojos algo felinos, nos miraba de una forma distinta a Sebastián, que con una sonrisita tímida y torcida, decidió esconder los ojos tras el sombrero de paja que lo coronaba, para negar a lo que le preguntamos. El mentado bicho se forma porque el pulque es alterado con nopalillo que espesa la bebida, nos dijeron, pero eso es poco legal entre tlachiqueros.


Nosotros vertíamos el líquido de las botellas de plástico ya sin etiquetas a los vasos desechables con mayor 10 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ velocidad, porque ya nos acomodábamos en la plática dando pequeños tragos que se seguían cada vez más de

cerca, porque aún no entendíamos nada de los tremendos embrujos del líquido que bebíamos. Sentados sobre una derruida batea de camioneta, el grupo que formábamos los cuatro a media serranía, parecía una cuadrilla de viejos camaradas rememorando aventuras comunes. Un sol albino convidaba su borrosa redondez en el blanco lácteo de los cielos nublados. Con un airecillo gélido despeinándonos los cabellos, tuve la imperiosa necesidad de preguntar por brujas y nahuales, Sebastián se atrincheró de nuevo en su sombrero para contestar que eso no existe.

La mecánica de miradas se repitió: Pedro miró a su hermano entrecerrando los ojos para luego mirarnos a nosotros, directo, sin emitir sonido alguno. Como permanecían en su silencio hosco, mencioné las bolas de fuego jugando en lo alto del cerro del Borrego allá en Río Blanco, en esa etapa donde mi abuelo gustaba de salir a dar sus caminatas al filo del amanecer, cuando hasta los mismos cerros dormían.

Les conté de los perros negros de talla descomunal que a media noche se paseaban como león enjaulado frente a la casa de alguna muchacha casadera, para esperar a que ésta se asomara y quedara prendada de la mirada del sobrehumano animal; de las totolas paradas en la orilla de las azoteas en las madrugadas de hielo, oteando en el aire la hora más pesada del sueño, para robarse a los recién nacidos, todo contado de viva voz por mis abuelo cuando yo era una niña tripona que vivía con ellos y contemplaba catarinas en el baldío vecino.

Creo que la emoción que me atrapa en un tiempo irreal y me hace hablar vivaz y emocionada cada vez que cuento esto, convenció a Sebastián que la nuestra era curiosidad genuina y aún con cierto recato contó de la vez que desde lo alto de un maizal, una especie de mujer pequeña envuelta en lumbre de la cintura a los pies se aventó y le pasó rozando.

Yo sentía que el corazón me retumbaba; apuré el contenido para digerir mejor la anécdota y miré que Alfonso me observaba y brindaba desde su lugar, empuñando la botella de plástico a la altura de su sonriente rostro.

Luego algo sucedió: jamás vimos al alacrán formarse sobre la tierra y acercarse, pero es un hecho que nos picó: No recuerdo haber atravesado el puente para ir al parque a cambiar el billete y pagar los otros litros que compramos para seguir platicando, ni recuerdo si subir la cuesta de regreso al centro del pueblo resultó difícil. Alfonso me cuenta que volvió solo a casa de los hermanos por las mochilas y que durante todo el trayecto, él que evita a los canes cuando los ve, esa tarde se agachaba para tomar a los perros que encontraba a su paso por las quijadas para saludarlos de cerquita.


Siempre que recreamos la anécdota, nos reímos de cómo el cartel del museo del títere se convirtió en la confusa 11 laguna de embriaguez, en poderoso catalejo que buscaba en la lejanía mi figura tambaleante desde casa de los

hermanos tlachiqueros.

Mientras, yo vendía churros y gomitas en el puesto de lámina del parque, cumpliendo mi fantasía de la infancia de mercar en una feria de pueblo, ésa donde habita la niña que se volvió araña por desobedecer a sus padres. Vigilada por encargo de Alfonso por el vendedor del puesto, que por fortuna acostumbraba lidiar con borrachos locales, me hice íntima de la esposa del comerciante que me aconsejaba denunciar a Alfonso con el DIF, por su abandono a mí y a dos hijos inexistentes en ese pueblo tan lejano y extraño a nosotros.

Cuando la figura del ausente Alfonso se recortó contra el horizonte, la pirotecnia del pulque en mi cabeza había cesado.

No sé por qué pensé que si no salíamos del pueblo antes del anochecer, el sol se llevaría con él las memorias de la historia.

Pardeaba apenas la tarde. Nos reencontramos en el parque mayor como lo hacen los que tienen que hablar de cosas importantes: escogimos una banca y nos repartimos las mochilas para salir de Atlzayanca, aún desorientados y dulces, llenos hasta los pensamientos de piquetes de alacrán.


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Un libro para despertar ojos poéticos

Por Ricardo Esquer

En Cosmogonías, los poemas de Raúl Bañuelos y las fotografías de Julieta Marón construyen un espacio poético a partir de las relaciones entre imágenes y palabras. Esta relación puede ser muy diversa, pero en su complejidad conserva una sencillez que constituye su principal virtud. Los 78 textos y fotografías de esta obra producen imágenes visuales y verbales de cómo la poesía se puede ver aunque no se muestre y se puede escuchar aunque no se la pronuncie. Estas imágenes despiertan nuestros ojos poéticos, abiertos a lo posible además de lo evidente a primera vista. La calidad de materiales e impresión denota un gasto importante – más por su relevancia para la cultura literaria que por el monto– del gobierno de Jalisco, pero poco trabajo de revisión de textos en su Dirección de Publicaciones, dados los descuidos de la edición: puntuación, mayúsculas e interlineado arbitrarios; el mismo texto en dos fotografías distintas, donde el poema repetido usurpa el lugar de otro que no conocemos por culpa de un corrector de estilo negligente; dejo al lector la tarea de encontrar estas joyas. La poesía verbal de Bañuelos y la visual de Marón, pero también la labor editorial jalisciense, merecen una atención más seria. Sin embargo lo anterior se olvida al leer el libro, de principio a fin o al azar, gracias al encuentro con la poesía. Cosmogonías plantea y logra crear los universos anunciados en el título, a partir de la complementariedad entre texto e imagen, pero también de la autonomía de cada uno. En el primer caso, la relación dialógica lanza hacia


adelante la producción de sentido, en un desbordamiento de los límites de cada expresión, verbal o visual. En el 14 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ segundo caso, esta producción gira en torno del campo particular de la palabra o la imagen, sin que uno recurra

al otro para alcanzar su propia altura, porque el vuelo genera su ámbito con medios propios. En esto consiste el encuentro con la poesía. De cualquier modo, como exceso de sentido provocado por la complementariedad o como autonomía expresiva conquistada a fuerza de coherencia interna, hay en estas páginas desplazamientos semánticos entre palabras e imágenes y viceversa, o de cada una de ellas hacia sí mismas, que las intensifican. De esos desplazamientos resulta un viaje que comienza con el traslado de las cosas a sus imágenes verbales o visuales y continúa de una fotografía a un poema en particular o hacia donde lo conduzcan las relaciones que el lector pueda establecer con un universo de expresiones similares. Esto también propicia que las resonancias entre versos y panoramas dialoguen con las resonancias entre esta obra y otras de una tradición, a menudo despreciada por cierta tendencia al solipsismo, de colaboración entre las artes y ejemplificada por las vanguardias del siglo pasado, en su afán de mostrar que la poesía resulta de nuestra participación activa en un juego sutil, porque responde a reglas humanas y no de la naturaleza. De la naturaleza humana: abstracciones, simbolismos, espiritualidad. En esa línea, Raúl Bañuelos y Julieta Marón colaboran entre sí desde la poesía y la fotografía respectivamente, porque la especialización no les impide el diálogo. Entre nosotros, por mencionar sólo un caso, puede mencionarse el libro recientemente publicado con textos de José Emilio Pacheco y cuadros de Francisco Toledo. Así, la palabra y el ojo se acompañan en su travesía, tal y como lo han hecho casi siempre, si consideramos la especialización de los lenguajes verbales y visuales como una conquista reciente. Por lo tanto, este libro rescata un acompañamiento básico en nuestra cultura, para alcanzar sus fines particulares. Uno de ellos consiste en expresar el diálogo entre la mirada y la voz como un viaje que las conduce a nuevas versiones de sí mismas, en el ámbito de lo posible, que supone un horizonte de libertad. La lectura de esta obra como un libro de viajes permite lecturas múltiples del paisaje. Constituye un agradable pretexto, pero nada más que eso, para discurrir sobre nuestra condición pasajera expresada con imágenes de fugacidad: los colores de un arco iris sobre un río “se miran con las manos”, unas manos provisionales, mientras dura su aparición sobre su curso. También hay un paisaje fragmentario, presentado en partículas de un recorrido entre imágenes de sitios predominantemente áridos unidos por imágenes de cuerpos de agua: ríos, lagos, playas. En el conjunto abundan las imágenes de un viaje que, está dicho, nos lleva de una imagen a otra sin pagar su cuota en la caseta de lo racional, en alas emotivas o simbólicas. Y todo porque hubo un encuentro con la poesía en las luminosas páginas de este libro único, de grata lectura.


Raúl Bañuelos (texto), Julieta Marón (fotografías), Cosmogonías. El paisaje canta su silencio, Jalisco, Dirección de Publicaciones del Gobierno de Jalisco, 2013.

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Una oferta imposible de rechazar

Por: Raquel Castro

Apenas me había sentado a ver la tele cuando tocaron de nuevo a la puerta. Era la sexta vez ese día: un vendedor de enciclopedias, dos de recipientes de plástico para la comida, uno de pan y una testigo de Jehová, habían sido responsables de las cinco anteriores. Pensé en ignorar el timbre, pero sonó de nuevo, con más urgencia, y temí que se tratara, por fin, de la noticia que esperaba desde hacía años (que una abuela millonaria apareciera de la nada, sólo para morir y heredarme su fortuna). Me levanté del sillón, caminé a la puerta y por quinta vez en el día lamenté no tener una cámara de circuito cerrado, o por lo menos un visillo. Abrí para encontrarme con una desilusión: no había telegrama, ni mensajero, ni abogado de importante firma internacional. En cambio, había un tipo de aspecto insignificante, con un portafolios en la mano. Otro vendedor. Iba a cerrarle la puerta pero no me dio tiempo: como buen vendedor metió el pie entre la puerta y el vano de la misma. Sonrió, triunfante. Me resigné. Lo dejé entrar. —Tengo una oferta que no podrá rechazar —dijo, exactamente con las mismas palabras y en el mismo tono que mis cinco visitantes anteriores. No le creí, por supuesto. Se dio cuenta. —Permítame demostrárselo —insistió. Suspiré y le señalé la sala. La rutina se la saben ellos de memoria, pero de tanto que la repiten, también nosotros, los tentativos clientes, la conocemos: pasan a la sala, sacan algo del portafolios, hablan sin parar de lo maravilloso que es el producto en cuestión y en el primer momento en que se detienen para respirar les decimos que no nos interesa. Lo saben, por eso es que intentan decir tanto como se pueda antes de esa infausta pausa. Y es por ese


intento de no callar que tantos vendedores han muerto asfixiados antes de concretar una venta. Riesgos de la 18 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ profesión, supongo.

Mi visitante, pues, se sentó y puso el portafolios sobre sus rodillas. Me senté enfrente de él. Me miró. Lo miré. Me di cuenta de que estaba nervioso: le temblaban las piernas y le castañeaban los dientes. Supuse que era nuevo en el negocio, así que decidí ayudarle. —Aquí es donde abre el portafolios y me enseña la mercancía —le acoté. Me miró con preocupación. —Sí, lo sé… Digo, gracias, pero sí sé… lo que pasa es que…

Ya dije que ese día era la sexta visita; pero creo que es importante añadir que esas visitas se acumulaban a las doce del día anterior, las cuatro del fin de semana, y las diez, en promedio, de cada día de los doce años precedentes (desde que me mudé a este edificio). Esto lo digo para acreditarme: soy un cliente con experiencia, si bien casi nunca compro lo que me vienen a ofrecer. Así que, con toda naturalidad, seguí ayudándole. —¿Vende algo embarazoso? ¡No se preocupe, hombre! ¿Qué es? ¿Condones de colores? ¿Pruebas de embarazo? ¿Pastillas para adelgazar? ¿Alguna pomada milagrosa? A todo lo que decía, mi visitante decía que no con la cabeza. Comencé a intrigarme. —¿Revistas de cienciología? ¿Drogas de diseño? ¿Órganos para transplante? Más negativas. —¿Cadáveres para experimentos? ¿Diarios de exnazis encubiertos por gobiernos sudamericanos? A todo me decía que no. Mi imaginación tiene un límite, así que me di por vencido. —Bueno, si no me dice creo que nunca podremos hacer negocios —casi le grité, ya exasperado. Eso lo hizo decidirse a hablar. Carraspeó para aclararse la garganta, se secó el sudor de la frente con un pañuelito que traía en la bolsa del saco y suspiró antes de comenzar. —Bueno… —comenzó, titubeante. Ya para este momento yo habría pagado lo que fuera, no por comprar su producto, sino por enterarme de qué podía ser. Le urgí a que continuara. —Vendo almas.


Lo dijo rápido y tan quedito que pensé que no lo había entendido. 19

—¿Qué? —Que vendo almas —insistió, con más seguridad. —¿Por qué? —fue lo único que se me ocurrió preguntar. —Pues porque tenemos muchas. —¿Tenemos? ¿Quiénes? El vendedor bajó su portafolios al piso y lanzó un suspiro capaz de romper corazones. —¿Es que no se ha dado cuenta? —imploró, mostrándome sus pies. La verdad es que no me había percatado. Nunca me fijo en esos detalles: los zapatos, el peinado. ¿Cómo quería que notara que, en vez de zapatos, tenía un par de pezuñas? De acuerdo, la cola puntiaguda era un poco más llamativa, pero yo estaba tan ocupado tratando de adivinar… Me hizo una seña de que mi descuido no tenía importancia y me explicó, ya más tranquilo, que era un representante de la empresa multinivel Jelco (se pronuncia jelco), que se dedicaba a la venta de almas. —Antes se llamaba Infierno y nos dedicábamos a comprarlas. Pero algo pasó con la oferta y la demanda, ¿sabe? De pronto teníamos miles, millones de almas almacenadas –perdone la redundancia– y nos dimos cuenta de que nuestras ganancias no habían… digamos… aumentado… bueno… que comprar almas no es buen negocio. Asentí con la cabeza. —Entonces hicimos una junta… bueno, empezó como un mitin… nos rebelamos contra la mesa directiva y decidimos volvernos una especie de cooperativa… lo primero es que tenemos que vender las almas, ¿sabe? Para recuperar la liquidez y poder invertir en otros mercados… Volví a asentir con la cabeza. La verdad es que tenía un par de minutos sin hacerle caso: más bien me estaba dedicando a contar el número de veces que repetía eso de ‘¿sabe?’. Cuando perdí la cuenta, lo interrumpí: —Si a ustedes no les sirven las almas, ¿yo para qué podría quererlas? El vendedor volvió a secarse el sudor de la frente. Abrió, ahora sí, su portafolios, y me mostró unas láminas con dibujos en el estilo de el Greco. La primera ilustración mostraba a un anciano vestido de médico junto a la cama de un moribundo.


—A nosotros no nos sirven porque en Jelco no hacen nada útil, ¿sabe? Pero creemos firmemente que pueden ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ tener20muchísimas aplicaciones. Por ejemplo, vea ésta: como sirvientes y mayordomos. ¿Se imagina tener al doctor

Fausto como médico de cabecera, sin costo alguno, y sin importar la hora de la emergencia? Miré la segunda lámina: había una hermosa mujer bailando frente a un grupo de oficinistas. —Sus fiestas serán el acontecimiento social de la temporada si cuenta con Mata Hari como… este… animadora, ¿sabe? —No sabía que Mata Hari vendió su alma al diablo —confesé. —¡Uff! Le sorprendería saber cuántas y cuáles son las almas que tenemos en stock —respondió, más seguro de sí, al darse cuenta de que tenía toda mi atención. Cambió el dibujo para mostrarme otro, donde había un hombre recitándole a una dama a punto de desmayarse de emoción. —¿Qué le parecería tener de maestro de declamación a Paco Stanley? —¿Quién era Paco Stanley? —le pregunté. Me sonaba vagamente familiar el nombre, pero hasta ahí. Negó con la cabeza, como si el dato no importara. Supongo que en verdad no importaba. Le dije que me interesaban, sobre todo, las almas utilizables en fiestas y reuniones sociales. Le dio gusto: —Precisamente ahorita tenemos una promoción. Compra usted diez almas y le regalamos el libro Mil y un usos de almas para fiestas y reuniones sociales. Me enseñó el libro: traía datos curiosos, recetas sencillas, métodos para entrenar almas como meseras, bartenders y encargadas de guardarropa; y hasta la forma de convertirlas en globos de figuritas en caso de fiestas infantiles. —Y si compra hoy mismo este paquete, le damos como regalo extra un alma célebre a su elección: Marilyn Monroe, María Félix, Elvis Presley, Michael Jackson… Una vez que firman el contrato disponemos de las almas en el momento en que sea necesario… Nada más que la de Michael es tiempo compartido, porque es de las más solicitadas… Para no hacerla demasiado larga, diré que compré dos paquetes para fiesta, un kit de oficina y el especial de casa y jardín. No acepté suscribirme ‘por una módica suma’ para ser parte de Jelco multinivel: no confío en las empresas-pirámides. La verdad es que las almas, ya desembaladas, no son tan impresionantes como en los grabados; pero no están nada mal. Sobre todo porque con ayuda del libro Tips místicos de casa y jardín pude entrenar como mayordomo a los despojos espirituales de cierto excampeón mundial de lucha libre. No come, no duerme, no se queja y, sobre


todo, abre la puerta cada vez que suena el timbre, por lo que hace meses que no tengo que enfrentarme a los vendedores de puerta en puerta.

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Es una lástima que, para pagar lo que compré, tuve que empeñarle al vendedor mi propia alma a noventa y nueve años. Pero quizá para cuando se cumpla el plazo la compañía haya quedado en bancarrota, las almas se hayan sindicalizado, o me den una prórroga a cambio del alma de mis hijos y nietos. Ya veremos.


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ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ

Cuete 70 x 80 cm Encaústica sobre madera


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Casas Por: Gabriela Vidal

En el colectivo, intentaba dormir. Era un viaje demasiado corto para esa tarea. Tampoco podía leer: se mareaba y sentía ganas de vomitar. Pensaba en el paisaje como si el paisaje necesitara ser pensado: todo llano, con alguna siembra muy baja, alambrado la mayor parte del terreno y un cielo tímido en el horizonte. Los cielos no son tímidos, pensó y echó una risa. Tímido en la medida que nunca será azul. Cielo pálido. El paisaje no necesitaba ser pensado, pero no había otra cosa qué pensar. Al llegar al pueblito compró algunos jazmines. A su padre no le interesaban otras flores que no fueran sus rosales, los que hubo siempre en las tantas casas de la infancia. Leyó por ahí que una persona tiene dos casas en toda su vida por más mudanzas que haya vivido: una, la de la infancia; dos, su tumba. Ella podría contradecir aquel mandato: recuerda al menos tres casas de la infancia y si lo decide, si fuera algo de vida o muerte, diría que la casa de su infancia siempre fue la casa de su abuela. No sólo porque nació allí sino también porque nunca hubo otra tan "de la infancia" como ésa. Tenía árboles, siestas interminables, gallinas al fondo, galletitas de agua con jamón cocido cortado a máquina, yogur de vainilla, arroz con pollo, flores, una tía soltera. Era la primera vez que venía sola. La primera vez que vino lo hizo con sus hermanos, fue en agosto, a los pocos días de su muerte. No había llegado al momento de morir, tampoco al momento de despedir, ni siquiera al último momento de dejar descansar bajo un puñado de tierra. Llegó dos días después en un vuelo vía Chile que la traía de México. Entonces, apareció allí "de visita" en aquella, la última casa de su padre. Luego, volvió, otra vez con sus hermanos, y ya no hacía frío. Era diciembre y el aire pesaba como si fuera a desplomarse encima de uno. Y no volvió más hasta hoy que es otoño. Una sóla vez armó un altar de muertos. Compró papel crepé naranja y envolvió de punta a punta la mesa. Pegó con cinta para que no se soltaran los bordes. Puso servilletas con motivos de calaveritas, las extendió como si fuera un mantel. Puso tres cervezas: dos belgas de marca rara y una Guinnes, la clásica. Debió poner comida salada, alguna salsa picante, algún mole... porque la costumbre lo decía, pero sus muertos (extranjeros como ella) nunca habían probado el mole ni la salsa picante. Se le ocurrió que, aunque nunca las hubieran comido, las


calaveritas de azúcar debían estar en su altar de muertos. Consiguió de las de chocolate y de las blancas. Las hizo ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ durar24todo lo que pudo porque cada vez que se le antojaba algo dulce iba por ellas.

Y puso las fotos: de su padre y de su abuela. Estaban acompañados de personas que aún vivían. A su abuela la abrazaban su hermana y una prima. A su padre, lo rodeaban tías y primos. No sabía si existía alguna maldición que caería sobre los vivos por estar en un altar de muertos... Buscó en Google algún tipo de respuesta y como no la encontró, decidió seguir adelante. El tiempo, cinco años después, demostró que la maldición era un cuento chino: todos están vivitos y coleando, salvo los muertos que ya estaban bien muertos. El cementerio era un parque enorme con árboles y bancas para descansar. En algún momento, se acababan los senderos y uno empezaba a caminar por el verde. Debajo, estaban los muertos. Sus primeros pasos fueron seguros: tomó el camino principal, giró a la derecha, avanzó confiada de estar reconociendo aquel sitio. Una mujer joven tejía sentada en una banca. Una pareja con dos niños habían montado un picnic, con mate, galletitas, jugo. Los niños correteaban cada vez más lejos de sus padres. Y por fin llegó: Renato González, 19531999. Ése no era. Echó un vistazo y sintió la angustia de ver todo lo mismo: campo, rostros, nombres y fechas; pero no el nombre de su padre. Avanzó unos pasos... Juana Rivero, 1967-2011. Pedro J. Humberto, 1945-2001. Los nombres se amontonaban y no aparecía el suyo. Se arrepintió de no haber comprado una botella de agua. Le dieron ganas de orinar. Tal vez, pensó, si volvía, compraba la botella de agua fresca, iba al baño y empezaba de nuevo, tal vez así, si arrancaba desde el principio, todo se acomodaría en su memoria. Y lo hizo con la esperanza de encontrar a alguien para preguntar por la tumba que estaba buscando. Compró la botella de agua, fue al baño, se lavó la cara como si así pudiera refrescar ideas, salió, en la recepción donde debía haber alguien no encontró más que una silla vacía, era domingo; no importa, se sentía segura, iba a encontrar la tumba de su papá aunque eso le llevara toda la tarde. Volvió por el sendero principal y giró a la derecha, estaba segura que ésa era la dirección correcta. La mujer joven que tejía en la banca ya no estaba, pero sí las agujas y el hilo. La imagen la perturbó un momento, se desvió del camino para acercarse. Caminó esquivando nombres y rostros que no quiso ver. Comprobó que sí, había un tejido abandonado de hilos de color rojo. Miró hacia todos lados y no había rastros de la mujer. Sintió un escalofrío. Era una especie de miedo que no tenía ninguna lógica, ella lo conocía. Lo había sentido de niña, durante las noches, cuando pensaba que si dormía muy profundo podía morir. Se pasaba el tiempo luchando contra el sueño hasta que veía la luz por la ventana y entonces, recién entonces, se dejaba ir. Como si la muerte no fuera posible en el medio de la luz. La muerte era un asunto de la oscuridad. Estaba perdida otra vez. En aquel momento se le ocurrió un disparate: ¿y si había algún famoso en aquel


cementerio parque de las afueras de la ciudad de Córdoba? Como si fuera el Highgate, de Londres, y estuviera 25 buscando la tumba de Karl Marx, dicen que está allí, a ella no le constaba porque nunca puso un pie en Londres.

O el Peré-Lachaise, de París, y fuera tras la última casa de Jim Morrison, ésta sí la vio cuando hizo lo que todo el mundo a los 25: cargar una mochila de ropa y partir. Olvidó a su padre. Iba a la caza de algún muertito famoso, pero amontonó puros desconocidos. Estaba perdida entre fantasmas o semi-fantasmas: tenían nombre y caras y nada más. Vio rostros más jóvenes que ella, como el de esa chica que había vivido 20 años aunque hoy tendría 60. Calculó lo que había hecho ella hasta los 20: terminar la escuela, empezar la universidad, tener un novio, viajar a la Patagonia y a Brasil y... muy poquito, pensó. No alcanza para pensar en una vida. Como si en la vida hubiera que hacer otras cosas que vienen después, quizás una década después, como aquello de tener un hijo y hacer viajes más largos, tal vez, armar una huerta, escribir algo decente, construir una casa, curar enfermos, apagar incendios, enseñar lo que se ha aprendido... Al lado de la chica más joven que ella, se encontraba la tumba de un señor que había vivido como cien años. Un suertudo que respondía al nombre de Octavio. Lo despedían su esposa, sus nietos, sus hijos, sus amigos, sus... tenía tantos "sus" que agotaba. Y pensó que cien años es mucho tiempo. 20, poco. 100, una barbaridad. Debía haber un número de vida que represente el equilibrio. El suyo sería el 60. No tenía reloj, pero se daba cuenta de que la tarde estaba pasando: cuando llegó todo era sol y ahora las sombras de los árboles cubrían todo el parque. La familia que estaba de picnic se estaba yendo. Los niños no dejaban de correr y la madre hacía esfuerzos para llamarlos sin gritar. “Peeeedro”, elevaba su voz. “Samueeeel”, más fuerte. Y miraba como disculpándose. A ella no le importaba que gritara, estaba preocupada porque era tarde y estaban próximos a cerrar. Se acercó a la madre pero ella cómo podría ayudarla, qué sabía aquella mujer de su papá. El suyo ahí estaba. Tan quieto, tan muerto y ante una hija tan buena: "Qué raro, a mí nunca se me perdió". Los niños aparecieron y la familia se fue. A ella sí se le perdían los muertos. Su papá, tan esquivo, ocultándose por ahí. El cementerio estaba vacío. El tiempo pasaba, pero sólo para ella. El aire se ponía más fresco y ella decidió claudicar. Su padre no estaba por ningún lado. Parecía que había abandonado su última casa. ¿Quién dijo aquello de las dos casas? No podía recordarlo pero seguramente fue un poeta. Su padre también podía desmentirlo: a él su último hogar no le importaba. Como ella, que usurpó la casa de su abuela para dar cuenta de una infancia feliz. Volvió por el camino angosto de la derecha. Aún tenía los jazmines. Pensó que debía dejarlos en algún lugar, pero dónde. Entonces leyó lo más triste que había leído en su vida: "Elena Santini. 13 de agosto del 2011-23 de diciembre del 2011". Tal vez el asunto era más simple: siempre hubo un hogar, solamente uno, y fue un vientre y de ahí en más, todo fue una búsqueda absurda para tratar repetir aquella primera experiencia. De camino a la recepción, vio un cortejo fúnebre que estaba haciendo su entrada. Los autos negros, sin rostros a


la vista, y muchas flores. Se concentró en la imagen y por momentos parecía ser parte de una película que ya ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ había26visto varias veces. La tenía memorizada como un ritual que no pertenecía a la vida misma, sino a un cuento

bien filmado. Faltaba la música e imaginó que sonaba “La flauta mágica”, porque era triste, nada más. Ahora la silla vacía estaba ocupada por una señorita amable que le decía que ya no había tiempo para volver, pero que podía venir al día siguiente porque la parcela de su padre estaba justo en el lugar donde ella la había estado buscando: por el sendero ancho, luego a la derecha, sólo unos pasos y ahí, cerca de la banca, justo ahí. No la había visto. La señorita la miró con cierta sospecha. “¿Cómo que no la vio?” No entiende. No la vio por distraída. Pero a la señorita no le alcanzaba esa respuesta y no cambiaba la cara de duda. “¿Cree que estoy loca?”, dijo. Se despidió diciendo que volvería mañana y corrió para alcanzar el último colectivo de la tarde. Al día siguiente no volvió. Una semana después, tampoco. Pasó algún tiempo hasta que se atrevió a volver y descubrir sin dificultad la tumba de su padre. Siempre estuvo allí. También aquel domingo de otoño. De vuelta a casa, en aquel entonces, pensó que su padre se había perdido entre fantasmas. Ahora sabe que fue ella la que no pudo encontrar el camino. Fue ella la que se perdió entre fantasmas aunque todo sucediera a plena luz del día.


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De arquitecturas 160 x 120 cm Temple p煤trido y 贸leo sobre madera


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La bella y el suburbano Por: Carlos Vega

"¿Me permites ocupar mi asiento?", le dijo, señalando el espacio libre junto a la ventanilla del tren suburbano. Él se puso de pie con la torpeza del que tiene dos días sin dormir, agobiado por las deudas que no podía pagar con lo que su pincel producía y aun no era capaz de conseguir un buen empleo, ni siquiera uno malo. Le dio el paso mientras pensaba en eso y, habiéndose sentado la mujer, él también tomó asiento. Con los lentes oscuros y de costado, como listo para dormitar, pudo verla a detalle. Era una pelirroja, de ojos ámbar. Hizo un esfuerzo por recordar el momento en el que pasó junto a él y calculó un metro sesenta. Leía un libro y al momento de verla se le escapó una sonrisa, una de esas que hacen notar lo carnoso de sus labios y los hoyuelos de las comisuras. Hubiera deseado congelar el momento, observarla a detalle, con calma, pero fingirse dormido no le serviría por siempre, ni tampoco sus lentes cuando ella lo notara, como suelen percibir las mujeres cuando se les observa. Cerró los ojos para aliviar en lo posible el ardor que sentía, quitándose los lentes, llevándose las manos a la cara, frotando sus ojos por encima de los párpados. Dejó escapar un bostezo silencioso pero marcado antes de volver a colocarse los lentes y girar la cabeza hacia la chica que, por primera vez, separó la vista del libro. Y si el perfil de la dama llamó su atención bien podía perderse contemplando aquel rostro que de frente le recordaba a aquella cantante americana cuyo nombre lo abandonaba de momento. ¿Amos? Si, Tori Amos, cuando joven. La misma piel, pálida y sin marcas, la misma delgadez apenas suavizada por la juventud. Ella seguía mirándolo, pero comenzaba a notarse un dejo de impaciencia en su mirada y supo lo que debía hacer. —Me llamo Edmundo— Dijo, extendiendo su mano—. —Julieta—Respondió, sonriendo—. ¿Cansado? —Un poco. No he dormido bien. ¿Qué lees? Julieta le mostró la portada sin decir palabra. El jardín del profeta, de Gibran. Edmundo apenas y pudo soltar un leve "ah", como si no conociera al poeta, pero lo conocía. Lo conocía más de lo que hubiera deseado.


Pero Julieta no era "Ella". No había razón para comportarse de ese modo. Dejó el libro sobre su amplia falda y 29 señaló el tomo de cuero que Edmundo tenía en su regazo. Como Julieta, decidió mostrar sin palabras el contenido

de su cuaderno de dibujo, con sus hojas porosas y amarillentas con manchas de carboncillo. La joven lo miró, como preguntando y él asintió a la pregunta que no se había hecho, o si, pero solo con verlo. Paso con sus uñas esmaltadas las hojas y observó los paisajes, los niños dormidos en los asientos de un tren como aquel, el detalle de una escultura que creyó reconocer, frente a su escuela. Julieta elevó la vista hasta encontrarse con los ojos de Edmundo y le sonrió de un modo que lo hizo sentir feliz, como hacía tiempo no se sentía. y -pensó- solo por ese momento, su desempleo no importaba. No estaba seguro de qué estaba sucediendo, si aquella mujer que se comunicaba con él con tan pocas palabras era una musa o solo una mujer bella, y lo cierto es que no le importaba demasiado. En ese justo instante no había diferencia. Julieta acarició la superficie de uno de los dibujos a carboncillo y lo emborrono con las yemas de sus dedos. Edmundo reconoció el dibujo: era "Ella". Su mejor carboncillo, según él, pero no le importó. Si hay un destino, acababa de jugar una de sus manos en aquel accidente. ¿O acaso no era tal? La mano de Julieta se posó en la rodilla del pintor, que no podía evitar sentirse en el séptimo cielo. La presión en su rodilla se hizo mayor, antes de volverse un golpeteo suave pero constante. Edmundo despertó mientras el tren comenzaba a detenerse, a poca distancia de la próxima estación. Miro a la pelirroja, murmurando algo que no pudo entender, seguramente sobre la estación. Se puso de pie de nuevo, dejando el paso libre al pasillo, salió y murmuró un "gracias" que adivinó más por sus labios que por el sonido. Volvió a su asiento y escuchó los altavoces del vagón. Debía haber hecho su escala dos estaciones atrás. Bajó del tren y esperó. Ya llegaría el que lo llevara de regreso, y sospechaba que esa sensación de felicidad le duraría un buen tiempo.


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Visitando a Cordelia 120 x 150 cm Temple de goma y encaústica sobre madera


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Porque yo no soy yo Por: Gabriela Espino

Aquél lugar era completamente distinto a como lo imaginaba, aunque las películas me habían predispuesto a que los hospitales psiquiátricos eran terribles, llenos de personas sucias e histéricas en batas que dejaban a la vista hasta lo más íntimo de su anatomía. En cambio, este innovador sitio parecía más un balneario que una casa de tormentos.

La razón de mi visita era Ana; la ojiazul que había sido mi compañera durante la infancia. Era de las pocas amistades que habían sobrevivido al paso del tiempo, pero éste nos había tratado distinto. Mientras yo me encontraba a punto de terminar el postgrado en lenguas anglosajonas, ella había dejado de estudiar a los dieciocho, víctima de una enfermedad que deformaba su percepción de la realidad. Afortunadamente logró llevar una vida normal hasta que su esposo falleció. Entró en crisis; se soñaba cayendo a través de un túnel que parecía no tener final y juraba que al despertar su cabello olía a hachís. Estaba segura de sentir a su marido echándole humo en el rostro antes de que cayera dormida, como acostumbraba hacer para molestarla.

Temerosa de que su condición empeorara, se ingresó voluntariamente en el hospital. Llevaba ya más de un año recluida. Allí la gente paseaba en ropa de calle. «Solamente los pacientes del ala oeste podemos llevar una vida relativamente normal. Somos los únicos conscientes de nuestra situación» me había comentado Ana durante las primeras llamadas telefónicas, y parecía cierto. Los pacientes no vestían como tales.

Al llegar a la puerta que daba al jardín me identifiqué con la enfermera. Preguntó mi nombre, el de la persona a la que iba a visitar y nuestro parentesco. Anotó mis datos, pidió una identificación que tendría que recoger cuando me marchara y en cuestión de segundos dos hombres fornidos me acompañaban hasta el patio. Abrieron la reja, indicándome que era necesario tocar el timbre que estaba a la derecha de la misma para que volvieran por mí.


Asentí y salí a la parte trasera del edificio, llena de sillas y mesas coronadas con sombrillas blancas. En ellas había 32 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ tableros de ajedrez y algunos libros, al parecer a la disposición de quien deseara darles uso, pero una llamó

especialmente mi atención. En ella había tres personas que me resultaron en extremo familiares; una mujer rolliza y adormilada se sentaba en la silla central, a su izquierda se encontraba un hombre que no dejaba de tamborilear la madera, viendo su reloj de manera casi obsesiva. La tercera figura pertenecía a una chica pelirroja y muy delgada, que enseguida notó mi mirada y sonrió. Sintiéndome descubierto, dirigí mis pasos a la mesa y sin pensarlo exclamé “¡Feliz no cumpleaños!”. El trío rió. Ante la aprobación, tomé una silla desocupada y me acomodé entre ellos. “Me temo que será difícil hacer el cambio de sillas con tan poco espacio” dijo finalmente la muchacha. Asentí con una sonrisa en los labios. Aunque nunca antes había tratado con gente como ellos, conocía el libro recién referido casi tan bien como la mujer. No sería difícil seguirles el juego en lo que le informaban a Ana que tenía visita. “Podemos tener una fiesta de té sin necesidad de cambiarnos de lugares. No creo que ninguno de nosotros haya insultado al Tiempo. Las seis de la tarde llegarán y pasarán.” comenté, recibiendo casi de manera automática un gesto aprobatorio por parte de la joven. No dejaba de sonreírme con ternura, al contrario del hombre del reloj, que mantenía un gesto duro en los labios y la vista fija en algún punto lejano. Sólo la desviaba para verificar la hora. “Quizás una historia haga que el tiempo pase más rápido” replicó la otra mujer, un poco más despabilada. Aunque su voz sonaba tranquila, sus labios sugerían lo contrario. “O tal vez bailando… pero ¿qué importa el tiempo? ¡Esto es una fiesta!” dije, sin recato alguno, jalando a la risueña muchacha del brazo. Ella no opuso resistencia y cuando menos lo imaginé, estaba haciendo los pasos más ridículos que jamás hubiese visto. La pelirroja reía y hacía lo mismo. Quizás, después de todo, no era tan malo perder la cabeza.

Los dos restantes nos miraban fijamente. No se unían a nosotros ni intentaban detenernos. Si no fueran internos del hospital, habría estado seguro de que nos juzgaban.

Al girar a la chica vi a una conocida rubia acercándose a la mesa y de inmediato dejé de bailar.


“¿Qué estás haciendo, Antonio?” me preguntó Ana, visiblemente escandalizada. Me sentí un completo idiota cuando vi que uno de los encargados venía detrás de mi amiga y se dirigía a los tres supuestos dementes33de la mesa, diciéndoles “su hija estaba tomando un baño. En unos minutos vendrá”.


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Hildegarda y el huevo 90 x 90 Cemento, pigmentos puros, cascarón de huevo, óleo y temple de goma sobre lienzo sellado


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David Zärg y LauffantCroir JeffryM. Matos Suárez (2014)

Por: Lauffant Croir

La noche de 1978, herrumbrada por un prisma de cúspides silenciosas sobre iluminaciones inconexas, David Zärg palpitaba entre las páginas del tercer volumen de la obra L'trissaeLupelle, que en aquel momento se le atribuía a LauffantCroir, antiguo residente de Raab, cuando dio cuenta de un hallazgo asombroso y escalofriante. Minucioso y atento matemático, David Zärg, se ubicaba en el cuarto nivel de la Bibliothèque Georges de Rhamde la Université de Genève aturdido por lo que acababa de presenciar. Hacía algunos doscientos años que no se lograba conjeturar el acertijo de los tomos de la obra L'trissaeLupelle que contaba con cuatro tomos aparecidos esporádicamente que datan de tiempos y lugares distintos, el tomo I data del 1409, el tomo II data del 1498, el tomo III data del 1701 y el tomo IV que data del 1867; pero que sus respectivos contenidos no relegaban del marco que abarcaba la obra como un todo. Zärg reconocía, desde una convicción racional, cuando comenzó a leer el primer tomo, que, aun comprendiendo un todo, los cuatro tomos debían poseer alguna discontinuidad en la conjugación de uno a otro o alguna colisión de épocas en alguno de los personajes. Se propuso entonces, en 1973, inmiscuirse en cada oración de cada tomo inter conectando lo que él juzgaba como posibles descuidos, desaciertos. Hubo terminado en 1977 de examinar meticulosamente los cuatro extensos y exhaustivos tomos de la obra (adjetivos que no apartan su caracter de exquisitez); para retomar su intuición inicial y dilacerarla. Zärg aceptó fríamente que no había logrado adjudicar alguna aberración en la concomitancia de la obra entera con excepción de algunos detalles de insignificante magnitud como para que estuvieran sujetos a consideración.

Había pasado un año de incertidumbre entre los intentos de desconocer el desconcierto provocado por el resultado de su pesquisa, cuando Zärg percibe en el anaquel ubicado en la pared posterior a su escritorio, donde en la primera fila se ubicaban los cuatro tomos, una inscripción disímil que se mostraba cuando se conjugaban los lomos de cada tomo de la obra en orden descendente (orden en que se encontraban ubicados en la fila). La inscripción dictaba de la siguiente manera: A harmadikkötetfeltárja (el tercer volumen revela) Inmediatamente Zärg se dirige al anaquel y toma el tercer volumen (que en la cronología de la inscripción y la


fila es el tomo II) y comienza a hojearlo. Pero en esta ocasión un oscuro temple coronaba la condición inicial de 36 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ ese deseo insaciable de acertar lo que se oculta tras uno de los misterios más grandes de la historia de Europa.

Había perdido el sentido del tiempo mientras, atento e incógnito, se paseaba entre las hojas marchitas del antiguo libro; de la página enumerada como 138 a la página enumerada como 976 hubo de concretarse con desdén su más ansiado non plus ultra. Figuraban entre esas páginas dos acontecimientos que Zärg había pasado por alto y que ahora estremecieron su raciocinio: hurgando en la víspera Kälaán (festividad importante en la obra que conmemora el nacimiento de Kripos, salvador de Viennea, donde toma lugar la misma) me he encontrado estupefacto ante las revelaciones de ''De RevolutionibusOrbiumCelestium…'.' El segundo acontecimiento tomaba lugar en una de las regiones de Viennea algunos 7 años después del primer acontecimiento y dictaba de la siguiente manera: ''…Arthur Eddington afirmando en la oscuridad del sol…'' (sucesos que un matemático de su época nunca pasaría por alto, lo cual le asombró taciturnamente)

Zärg reconoció que ambos acontecimientos ocurrieron en tiempos póstumos a la concepción del tomo en el cual se relataban. De manera que un escritor que haya presenciado, o conociera sobre la Teoría heliocéntrica de Nicolás Copérnico y la afirmación de la Teoría de la Relatividad General de Albert Einstein, debía ser uno que hubiese vivido en un tiempo distinto al que enmarcaba la obra y a la vez en cuatro tiempos distintos que abarcaban los tomos. En ese instante Zärg, envilecido, reconoció y dio con el hallazgo escalofriante que coronaba su logro; un autor que viviera en cuatro tiempos, épocas distintas y, además, fuera del tiempo que encerraba la obra como un todo, debía ser a szerző. Junto a este hallazgo que ubicaba a David Zärg como el responsable de descifrar el enigma que encerraban los tomos de la obra L'trissaeLupelle, se encontraba la conjetura de la estratagema en la que caminaba, de que a szerzőlo había escrito y creado a él (lo suficientemente genio como para darse cuenta de ello), el universo en el que oscilaba y cada mundo que encerraba cada tomo respectivamente; porque era cada uno y todos los autores. El destino del matemático que resolvió uno de los acertijos más importantes y enigmáticos de la historia europea se encontraba en la pluma del a szerző, del escritor… ése que en este instante coloca al mismo un intervalo, quizás infinito, de incertidumbre.


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Salvando la grieta 120 x 80 cm EncaĂşstica pigmentos puros y barnices sobre madera


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El joven artista visual Juan Martín Ramírez Carbajal, trabaja intensamente en la producción pictórica figurativa y abstracta. Sus obras han sido expuestas en varias exposiciones colectivas incluyendo Galerías, Museos y espacios de la Universidad de Colima y de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Colima. Juan Martín es uno de los estudiantes más destacados de la Licenciatura en Artes Visuales del Instituto Universitario de Bellas Artes, en la que cursa actualmente el sexto semestre. Juan ha combinado sus estudios universitarios con talleres y cursos impartidos por grandes artistas, como Emi Winter, Octavio Vásquez y Eliseo Mijangos entre otros.

Juan fue seleccionado como ganador de la beca FECA en 2012 y ha participado activamente en programas culturales organizados por la Secretaria de Cultura, en ciclos de conferencia y en debates sobre temas artísticos al interior de la Universidad de Colima.

Como artista emergente, Juan está en camino de convertirse en un honorable representante de la producción cultural del Estado de Colima y de México.

Dra.

Patricia

Ayala

García.

Profesora-

Investigadora de la Universidad de Colima. Estudió dos maestrías y un doctorado en la Universidad de Columbia de la ciudad de Nueva York. Trabaja para la Universidad de Colima desde 1995. Ex becaria FECA, FONCA, Fulbright, INBA y PADID. Asesora científica de la revista internacional Artseduca.


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Self made

Por Enrique Pilozo

Camilo sólo existía en la mente del creativo, su presencia sobre el blanco papel nunca se concretaría. Sólo era una idea fugaz, un fragmento de la imaginación del artista. Pero, una noche, mientras el artista dormía plácidamente, Camilo tomó la inesperada decisión de nacer. Silenciosamente cogió los lápices y comenzó a auto dibujarse los brazos. Con sus brazos listos creó sus piernas y con la ayuda de sus pies dibujó su estómago. Con deleite sonreía mientras dibujaba su nariz con la diestra, mientras que con la mano izquierda adornaba su cabeza con un gigantesco sombrero de copa. Por un momento se detuvo a pensar en la infinidad de posibilidades que su propia creatividad le brindaría.


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¡La amo!, gritó un bardo Por El Seis

Ella ha estado desnuda ante mi excelsa presencia, me ha mostrado las naves de su cuerpo, y no he subido nunca, para iniciar el viaje de la fogosidad “eterna”. Mi ser, presa de convulsiones eróticas, ha tenido que “reprimirse”, calmar las palpitaciones con “bálsamo de vodka”, y no es porque no me embelese, por el contrario: creo que la amo. Lo que sucede (bien lo sé), sus labios son de otro, sus sonrisas no le pertenecen, y hasta el conjunto de su rostro tiene dueño. Lo que ella desea (con obsesión) es tenerme entre sus brazos de miel, sólo para devórame, para engullirme… Sé muy bien que tiene un plan en específico, pues… le atrae, le fascina, le encanta, le hechiza, y hasta le alucina mi cara de loco… Es como una meta que ella se echó a cuestas, “será mío este esquizofrénico, para que me haga el amor a diario”, con esas características que otorga la locura a ciertos hombres de fina y suprema belleza…


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Sobre vida Por Paola Lizeth Chávez Reyna

Desde el hilo despabilado en mi camisa hasta aquellos cabellos que no se han de aplacar, yo no sé a dónde me lleve esto, si daré vuelta en la siguiente esquina o seguiré por la misma calle, esta manía de completar y dejar a medias aleatoriamente, de ver gris lo que debería ser blanco o negro y que me guste, será que jugar con la existencia de este modo me llevará al sendero que vislumbré al nacer o en cada paso me rebelo a él, viviendo.


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Ángel desposeído


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Nacimiento del รกngel


44

ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ

Mutilación del ángel


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Castraci贸n del 谩ngel


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ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ

Final del ángel


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*Norberto Luis Romero (Lanús, Buenos Aires, 28 de julio de 1949) es un escritor, novelista, cuentista, cineasta y artista plástico hispano-argentino. Su obra, publicada por editoriales de prestigio como Valdemar de Madrid, Laertes de Barcelona y Green Integer de Estados Unidos, ha sido extensamente divulgada y traducida al inglés, alemán, francés e italiano. En diversos idiomas, Romero tiene publicados alrededor de 150 relatos en papel en revistas literarias, así como unos cincuenta relatos en Internet. Este autor aparece mencionado en la Historia natural de los cuentos de miedo como representante destacado del género fantástico en el ámbito hispanoamericano: Romero «recrea en gran estilo inquietudes cotidianas, a veces kafkianas, claustrofóbicas (en El momento del unicornio, 1996), y a veces grotescamente desaforadas ("El banquete del señorito")». El crítico Miguel Baquero ha señalado como principal virtud del hispano-argentino: «Desde su primera novela, Signos de descomposición, [...] se ha mostrado como un verdadero maestro a la hora de establecer un ritmo "in crescendo" en las narraciones, a la hora de mantener el pulso con una firmeza asombrosa en progresión continua hasta el clímax final». Baquero ha señalado asimismo como uno de sus grandes méritos «la forma en que sabe crear los escenarios de sus novelas: unos ambientes decadentes en los que se da la mano lo más refinado y lo más sórdido de la sociedad, los salones más lujosos y, a unos metros, las cloacas humanas más inmundas, las damiselas vestidas con miriñaques y los monstruos circenses». Su libro de relatos Canción de cuna para una mosca doméstica recibió el "Premio Tiflos de Cuentos" en 1995. En 1998 recibió el "Antonio Machado" de narraciones breves. También le fueron concedidos los premios "Hucha de Plata", en su convocatoria de 1994, y el "Ciudad de Huelva" de 1996.

*Texto tomado de Wikipedia


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MARY ONE (Divertimento neo-clásico en un acto mínimo)

Por doN gellveR

Mary One fue inspirada lentamente y con tremendo placer en Chelsea, ciudad de Nueva York durante todo el invierno de 1.996 “Agua que no has de beber, déjala correr...”

—Alcohólicos Anónimos, Delirium Tremen Enciclopedia

ESCENARIO Vecindario de Michael Jackson Heights Ghetto Ciudad de Nueva York

ÉPOCA Un atardecer cualquiera al final del siglo XX

TIEMPO DE LA ACCIÓN Trece minutos (aprox.)

DRAMATIS PERSONAE


MARÍA: Newyokumbian de 25 años. MARY: Neoyorquina de 25 años. VOZ MASCULINA EN OFF: Newyokumbian de 33 años

LA ESCENA

La acción transcurre en un apartamento. Al fondo (izquierdo o derecho) una cocina. Una mesa, acompañada de dos sillas, ocupará los dos extremos y el centro. Al inicio la mesa y la cocina son diagonales, al final verticales. NEWYOKUMBIAN Término nuevo creado para identificar a los inmigrantes nacidos en Tropikumbia que viven en Nueva York o a los nacidos en Nueva York con raíces en Tropikumbia. TROPIKUMBIA También conocido como: “El Paraíso con armas” es una cuasi-democrática República Tamalera de donde la música “Kumbia” es originaria MICHAEL JACKSON HEIGHTS GHETTO Vecindario en la ciudad de Nueva York donde los Newyokumbians viven como lo hacen en Tropikumbia pero sin nostalgia FILOSOFÍA POSTNEOKITSCH Definida por su creador como: “La sublimación del mal gusto, la vulgaridad y la cursilería, en el inconsciente colectivo,

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hasta la depuración de la originalidad.” 50

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OSCURIDAD TOTAL. MÚSICA: “NUNCA DIGAS”. MARÍA (CANTANDO): “DE ESTA AGUA NO BEBERÉ DIJISTE OTRA VEZ Y ME DEJASTE CORRER, AÚN MURIENDO DE SED...

SI JUEGAS CON EL AGUA RECUERDA CÓMO MUERE EL PEZ Y QUE MIS BESOS SON EL OASIS PARA EL DESIERTO DE TU SED...

POR ESO, NUNCA DIGAS: DE TI NO ME ENAMORARÉ PORQUE EL AGUA SE EVAPORA, SE ENFRÍA Y VUELVE A CAER...”

LUCES TENUES. LA MESA EN UN EXTREMO. MARÍA EN LA COCINA, DE ESPALDAS AL PÚBLICO.

MARY EN EL CENTRO, DE FRENTE AL PÚBLICO. TRAE UNA MALETA Y UN CARRITO DE MERCADO LLENO DE CABLES Y ELECTRODOMÉSTICOS: TV, VCR, FAX, LAP TOP, BEEPERS, CELULAR, WALKMAN, ESTÉREO, CAFETERA, TOSTADORA, MICROONDAS, CONTROLES REMOTOS, ETC.

MARÍA MIRANDO AL PÚBLICO.

MARÍA: Hi, this is Mary...please leave a message after the beep. Thank you. Hola, soy María, por favor deje su mensaje después de la señal. Gracias.


SEÑAL O BEEP.

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MARY (VOZ PREGRABADA): “YO SOY MARY, LLAMO POR EL AVISO CLASIFICADO PARA COMPARTIR EL APARTAMENTO. POR FAVOR DEVUÉLVEME LA LLAMADA PARA HACER UNA CITA. MI NÚMERO FIGURA EN EL DIRECTORIO TELEFÓNICO”.

MARY COMIENZA A DESEMPACAR LOS ELECTRODOMÉSTICOS. DISTRIBUYE, CONECTA E INSTALA, ARMANDO UNA TELARAÑA DE CABLES.

MARY: Como ya tú ves, así soy yo. Directa, inteligente, curiosa, muy curiosa, pero muy directa. MARÍA: Eso es lo que más valor tiene para mí, porque tú no me conoces. MARY: Con los detalles conozco a las otras personas y construyo la confianza. Y te lo digo bien directo, no sé otra forma de hacerlo, así soy yo... MARÍA: Creo que soy, no conociéndome bien, muy poco misteriosa, no doy vueltas y contesto las preguntas de forma directa, no me gusta irme por los laditos... MARY: Tampoco me gustan las personas que hablan con frases de conclusión: “tu puedes confiar en mí, yo hablo la verdad. Confía en mí, yo soy como Dios. ¿Verdad que tu confías en mí?”. MARÍA: Nunca digo confía en mí... ¿Ves la diferencia? MARY: En algo yo si quiero igualdad y es en ciertos valores. MARÍA: En eso estamos de acuerdo. MARY: Necesito que esos valores sean algo que yo comparta con la persona con quien convivo. MARÍA: Ahora en estos tiempos, las relaciones requieren una comunicación directa. MARY:


Las relaciones aunque sean de gozo y bien casuales dependen de cierto nivel de confianza y no es fácil para mí, 52 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ en términos de confianza, porque no sabría cómo hacerlo si no existe comunicación.

MARÍA: Y es difícil... Es bien difícil preguntar. MARY: Y es más difícil preguntar dos veces en vez de una. MARÍA: Y más difícil todavía preguntar tres o cuatro y tener que insistir. MARY: Me siento bien incomoda. MARÍA: Si quieres hacemos un contrato. MARY: Yo sólo hago contratos con América. MARÍA: Lo más parecido a la democracia es la mayoría.

EXPLOSIÓN POR CORTO CIRCUITO. OSCURIDAD TOTAL.

MARÍA (VOZ PREGRABADA): HOLA, YO SOY MARÍA... PARA HABLAR ESPAÑOL PRESIONE EL NÚMERO UNO... MARY (VOZ PREGRABADA): HI, THIS IS MARY... TO SPEAK ENGLISH PRESS NUMBER TWO... NEWYOKUMBIAN (VOZ EN OFF): FOR SPEAK IN SPANGLISH PRESS WHAT...? HOLA MARY ONE AND MARY TWO, SOY YO... PLEASE, RECUÉRDENME QUE NO SE HAN OLVIDADO DE MÍ. ¿VAMOS A IR A LA FIESTA TROPIKAL...? CALL ME AT (212) 560-7542

LUCES PLENAS. MÚSICA: “NUNCA DIGAS”. LA MESA EN EL CENTRO. MARY, EN LA COCINA, SIRVE DOS PLATOS Y LOS LLEVA A LA MESA. EN UNO DE ELLOS HAY UN LIBRO Y EN EL OTRO UN REVOLVER. MARÍA ESTÁ SENTADA DE PERFIL AL PÚBLICO.


MARY LE OFRECE EL PLATO DEL LIBRO A MARÍA Y SE SIENTA DE FRENTE AL PÚBLICO. MARÍA TOMA EL LIBRO, LO ABRE Y LEE. MARY TOMA EL REVOLVER, SE LEVANTA Y DISPARA TRES VECES SOBRE MARÍA.

OSCURIDAD TOTAL. MARY (CANTANDO “NUNCA DIGAS”): “SI TE MUEVES EN EL AGUA, Y LO HACES COMO UN PEZ, NO BESES UN ANZUELO PORQUE PUEDES FALLECER Y A LOS MUERTOS, A LOS MUERTOS... NO LES DA SED...”

MARÍA Y MARY (CANTANDO EN CORO): “POR ESO NUNCA DIGAS: DE TI NO ME ENAMORARÉ PORQUE EL AGUA SE EVAPORA, SE ENFRÍA Y VUELVE A CAER...”

SEMIPENUMBRA. MARY LE ENSEÑA A MARIA A BAILAR “KUMBIA CON ESTRUCTURA”.

MARÍA: ¿Has pensado? MARY: ¿He pensado en qué o en quién? MARÍA: No contestes una pregunta con otra pregunta. MARY: ¿Por qué no? ¿Hay una regla que dice que uno no puede contestar una pregunta con otra pregunta? MARÍA: No, claro que no. MARY:

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Bueno, entonces no me digas que no lo haga... 54 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ MARÍA:

La venganza es un placer que no necesita ser compartido. MARY: ¿Y qué te importa a ti si he pensado o no?, ¿por qué tu me haces esa pregunta?, ¿con qué intención?

SUSPENDEN EL BAILE.

MARÍA: La CIA descubrió que a los bebés no los trae la cigüeña de París. MARY: Esta música es adictiva. A ustedes lo único que les hace falta es estructura. MARÍA: Para enamorarme me envió un ramo de flores diario. MARY: Eso es Tráfico de Sentimientos, delito federal. Cuando una está enamorada nunca sospecha nada real. MARÍA: Mi primera segunda vez le dije que era virgen... Les encanta el engaño. MARY: Yo le dije que no era la primera vez. Les fascina la experiencia. MARÍA: Pero me dejé llevar por el amor y olvidé que Dios existe, que el Sida mata y le pregunté la edad. MARY: ¡Que interesante! MARÍA: ¡Interesantísimo, Lo hacía como uno de cuarenta! MARY: El amor es un vicio teórico-práctico. MARÍA: Mi papá dice que una enamorada comete cualquier disparate como una adolescente. MARY: El mío dice que una puede hacer lo que le dé la gana, pero sin tropicalismos.

TIMBRE DE TELÉFONO NEOYORQUINO. EL CONTESTADOR SE ACCIONA.


NEWYOKUMBIAN (VOZ EN OFF):

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HOLA MUÑECAS. LLAMO POR LO DEL AVISO CLASIFICADO EN LA SECCIÓN DE CORAZÓN A CORAZÓN... SOY UN NEWYOCUMBIAN POSTNEOKITSCH, 33 AÑOS PERO LUZCO MÁS JOVEN, OJOS CARMELITO FELIZ, PIEL TRIGUEÑA Y LOZANA COMO NALGA DE BEBÉ, CARA DE FACILITO, SIGNO ZODIACAL LEO, PERO TE GARANTIZO UNAS EMBESTIDAS DE TAURO. SEGÚN LA ENCUESTA ANUAL DE “LAS FRÍGIDAS Y YO MAGAZÍN” HE SIDO CONSIDERADO COMO EL MEJOR AMANTE DE NUEVA YORK Y SUS ALREDEDORES... MARY: Eso se llama Fatalismo Vital NEWYOKUMBIAN (VOZ EN OFF): NO CARIÑO, ESO SE LLAMA VITALISMO FATAL.

OSCURIDAD TOTAL.

MARÍA: No te entiendo. MARY: Nosotras no necesitamos entendernos. MARÍA: Entiendo.

LUCES PLENAS. MÚSICA: “NUNCA DIGAS”. LA MESA EN EL OTRO EXTREMO. MARY, EN LA COCINA, SIRVE DOS PLATOS Y LOS LLEVA A LA MESA. EN UN PLATO HAY UN LIBRO Y EN EL OTRO UN REVOLVER. MARÍA ESTÁ SENTADA DE PERFIL AL PÚBLICO. MARY LE OFRECE EL PLATO DEL LIBRO A MARÍA Y SE SIENTA DE FRENTE AL PÚBLICO. MARÍA TOMA EL LIBRO, LO ABRE Y LEE. MARY TOMA EL REVOLVER, SE LEVANTA Y DISPARA TRES VECES SOBRE MARÍA. MARÍA SE INCORPORA, BAILA Y CONTINUA LEYENDO.

OSCURIDAD TOTAL.


MARIA Y MARY (CANTANDO EN CORO): 56 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ “POR ESO NUNCA DIGAS:

DE TI NO ME ENAMORARÉ PORQUE EL AGUA SE EVAPORA, SE ENFRÍA Y VUELVE A CAER...”

SEMIPENUMBRA.

MARÍA SALE CON UNA MALETA PEQUEÑA Y EL CARRITO DE MERCADO LLENO DE LIBROS.

MARY Es un mal entendido MARÍA: Yo no entiendo bien lo que es el mal entendido y yo soy una mujer que necesita entender, ése es mi lema, de lo contrario se afecta mi habilidad de confiar y necesito confiar para convivir con alguien. MARY: ¿A dónde vas? MARÍA: A mi cuasi-democrática República Tamalera de Tropikumbia. Éste no es un país para vivir. En verano es un horno microondas, en invierno una nevera y yo no puedo vivir de primavera en otoño... MARY: Llévame contigo, estoy que me muero de las ganas de vivir. MARÍA: ¿Para acumular derrotas? Es mejor acumular canas y arrugas. MARY: Ahora sí te entiendo perfectamente. MARÍA: Creía que eso te lo había dicho la otra vez. MARY: La otra vez estaba muy ofuscada y cuando estoy emotiva hablo de lo que pienso y no creo que estar emotiva afecte mi sentido de la realidad. MARÍA: Ahora te pregunto de una forma bien directa. ¿Me puedes responder de una forma bien directa? MARY: Voy a tratar.


MARÍA: ¿Estás emotiva?

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MARY: ¿Por qué lo dices? MARÍA: Porque yo me conozco.

MARÍA Y MERY SE ABRAZAN, SE DAN LA ESPALDA Y CAMINAN TRES PASOS. MARY DESENFUNDA EL REVOLVER. MARÍA EL CONTROL REMOTO. TIMBRE DE TELÉFONO NEOYORQUINO. MARÍA DISPARA PRIMERO. MARY QUEDA CONGELADA.

LUCES PLENAS.

MARÍA RESPONDE EL TELÉFONO.

MARÍA: ¿Alo? Sí, soy yo... No, ya no vivo aquí. MARÍA CUELGA EL TELÉFONO, COGE LA MALETA Y SE VA.

OSCURIDAD TOTAL.

EL CONTESTADOR SE ACCIONA.

MARY (VOZ EN OFF): HI, THIS IS MARY ONE ENTERPRISES. ESCUCHE DETENIDAMENTE NUESTRAS OPCIONES Y MARQUE EL NÚMERO DESEADO. SI DESEA ENVIAR FLORES, POR FAVOR MARQUE EL NÚMERO UNO. SI DESEA ENVIAR UN FAX, POR FAVOR MARQUE EL NÚMERO DOS. SI DESEA NUESTRA DIRECCIÓN, JURISDICCIÓN Y HORARIO, POR FAVOR MARQUE EL NÚMERO TRES. SI DESEA OTROS SERVICIOS, POR FAVOR MARQUE EL NÚMERO CUATRO. SI DESEA HABLAR CON UN REPRESENTANTE, POR FAVOR MARQUE EL NÚMERO CINCO. SI DESEA SUSPENDER ESTA LLAMADA, POR FAVOR MARQUE EL NÚMERO SEIS. SI DESEA ESCUCHAR DE NUEVO ESTE


MENSAJE, POR FAVOR MARQUE EL NÚMERO SIETE. SI DESEA INFORMACIÓN SOBRE NUESTROS 58 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ SERVICIOS EN OTRO IDIOMA, POR FAVOR MARQUE A SU CONSULADO...

MARÍA (CANTANDO “NUNCA DIGAS”): “SI BESAS UN ANZUELO EN EL DESIERTO DE TU SED RECUERDA ESTE OASIS DEL QUE NO QUISISTE BEBER...

POR ESO, NUNCA DIGAS: DE TI NO ME ENAMORARÉ PORQUE EL AGUA SE EVAPORA, SE ENFRÍA Y VUELVE A CAER...”.

Copyright by doN gellveR New York City Winter’96


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Oriundo de Guadalajara, Karim tuvo sus primeros pininos en la fotografía desde los 15 años con una cámara fotográfica de plástico, objeto que pronto se convirtió en una aliada de vida. Sin embargo, por motivos familiares, abandonó las cámaras por cerca de tres años, hasta un concurso en el FICG (Festival Internacional de cine en Guadalajara), donde obtuvo uno de los primeros lugares. Desde ese momento se dedicó a estudiar fotografía en escuelas y con compañías independientes. Se decidió a ser fotógrafo "estático" al encontrar en los acetatos de negativos un amor incomprensible. Con la llegada de las cámaras digitales, les abrió las puertas y combinó la fotografía digital con la pasión

de

modificar

cámaras análogas. Hasta la fecha a expuesto en diversos lugares de Guadalajara, se ha dedicado como fotógrafo de cine, instructor de fotografía en la Secretaría de Cultura, como maestro de fotografía de estudio y básico, así como trabajado en diversas empresas de moda, conciertos, catálogos y turismo.

Su trabajo lo puedes encontrar en www.karimdealba.deviantart.com Email: estereoscopio@live.com.mx


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Héctor Hernández Montecinos

La voz la lengua viva que repasa mis oídos es un cuerpo que escucha sus fisuras más internas en la piel que es la que resuena al tocar las palabras con el lápiz las que producen un sonido que en el papel se imprime por lo que habría que leer como ciegos*

crearle un mundo a mi dolor porque con eso lo convierto en escritura rodear a la herida de ficciones para que también se ficcionalice que la herida de mi yo se contraponga al no yo y a todas las no heridas y llegue de rebote a alguna verdad como la de poder encontrarme con mi doble

imagino el miedo cuando tengan que enfrentarse el autor y su homónimo insertos en la obra

la obra está en un constante presente por lo que cualquier palabra que se escriba la convierte en una forma de pasado. El comienzo de la escritura representa el fin de la escritura (la palabra escrita como imagen: onomatopeya gráfica). Todo fuera de sí: las palabras, la página, el autor, el libro, la obra. Un paso de lo irreal a lo real y siempre queriéndose imponer su dimensión primera pero eso es imposible y he allí su fracaso. Se pasa de no poder hacer nada a poder hacerlo todo (y viceversa). *


mientras ésta se rebela y rechaza a uno de los dos convirtiéndolo en una ilusión que se deshace ni dios ni el hombre ni el autor han muerto sino que se han escondido en su propia creación para permanecer fuera de sí y poder existir para siempre

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David Soules

Nuncio errante (A la muerte de Juan Gelman) Mensajes de duelo en la nación del desvalido, la sordidez de la palabra entumecida y su sabor, a hiel, a lúgubre futuro o a veces a cuerpo destazado por el silencio, y yo habiéndome visto cubierto por tu canto quisiera poner algo de mí sobre tu frente marchita, quisiera hablar una vez más contigo a solas de momentos, de arrebatos circunscritos a ti, a vos, a lo que hiciste y lo que no al cambiar el mundo.

La noche llega hacia tu signo y se detiene en el regazo, de la madre, del Dios en el que alguna vez creímos siendo apenas unos niños y jugamos al encontrarlo en el vacío de la ciudad.

No quedan más que voces de olvido. No quedan más ojos de cielo que al mirarlos nos regalen un instante de su paz.


Contigo murió el desvelo, el remanente de lo dicho, contigo los azulejos, los adoquines, contigo la eternidad de lo que fue y de lo que es.

La carta que te escribo es inherente a un nuevo tiempo, es despertar de lo moderno y no soñar con que nos vamos renovando.

El verso existe y no por complejo sino por débil.

Su pertinencia no es ocaso de lo humano, y eso, querido Juan, tú nos lo enseñaste.

Somos vestigio de la carne, dijeron los poetas, y no arrabales de la ausencia del sentido, no somos dueños de la duda impertinente ni somos ángeles cayendo en alborada.

Somos sinceros si la mano a los que no tienen la fuerza les tendemos, seres de hueso en un sepulcro en el que fuimos condenados al nacer.

Te ruego, Juan, sigas presente incluso al vernos arrancarnos los ojos, que tu partida no sea en vano y tu poesía nos cobije ante la, sé, gélida muerte, ante el suspiro de los siglos que se apagan.

Ya vamos detrás de tu féretro para decir adiós, amigo, y que la noche nos abrigue o llene el hueco de las almas que tocaste.

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Daniel Pommers

LA SERPIENTE QUE DUERME ADENTRO Veintiuna, así le dicen a ese demonio. se conocen de borracheras crecidas, sin atasco, de una ebriedad rica, del quitasol, del tacto brisa a lo broquel

son dos descifrando el plaf, el mareo fresco.

son dos que buscan compañía. son dos barrigas de serpiente conversando, afuera, repentinas; se piden maullidos, se hablan. así son serpientes y se ungieron entre nadie. cuando encuentran sentencia se amanecen, se mueven a otra estrella, se desgarran; porque hay rabias maleficios de gente larva, de chispas obsesas, de muertos del recaudo, de criaturas que viven en pesadillas.

en ellos hay ondas diseñadas perfectamente como pisadas de un embrujo. en ellos hay grietas, hay rostro, hay hurto pacífico de memorias que van corriendo descalzas por la cocina, los sofás, en la terraza donde se miran como lo hacen los niños al nacer con su memoria de Dios y del origen de sus familias. son dos porque sus serpientes vienen ya guardadas, son inmediatas a una sonrisa / sin ropas o navajas.

son con bocas hacha, como ciudades como casa de todos; aunque sean en el estómago de otro cuerpo son recompensa.


en ellos hay seres de luz, imperios de mares sinnĂşmero son juntos viviendo del rastreo cerril, de maretas asesinas, de botellas, de vino, de un poco de langosta, de champĂĄn, de ascensores, de telĂŠfonos, de una multitud que brilla y se despierta en la madrugada.

son dos, y toda la noche se abre borracha frente a ellos.

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Evelyn de Lezcano

En las noches oscuras (A Gastón Bachelard) En las noches oscuras se incendian restos de un sol que regresa a la tierra.

Esas noches en lunas reflejan sueños claros de los que hablan Profetas.

Noches de sol y lunas selladas al ocaso radiante de algunas estrellas,

pronuncian sonidos, música, inocencia lanzadas al espacio por si alguien las encuentra.


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Ángel Gaona

Interrogantes ¿Qué fue primero la poesía o el sexo?, o planteado de otra manera, ¿la poesía antecede al sexo? ¿El arte de la seducción es más eficaz, si se vale de la poesía? Dicen que la culminación suprema del sexo cinematográfico es fumar después de hacerlo, al estilo Humphrey Bogart. Y si te pones profundo, entiendes, que donde confluyen el sexo y el amor, nacen los caudales de la poesía. O insulso y superficial: La poesía amorosa mejora la actividad sexual, Sabines dixit. Cómo sea que fuere, el sexo y la poesía son asuntos prioritarios, sin ellos la vida no sería lo que es, lo que ha sido.

Apartado lingüístico:

Sexo Oral. Si nos atenemos a su definición literal, resulta paradójico que en el cunnilingus, la actividad mamatoria te obligue a permanecer callado. Mientras que, a las felatrices se les ha enseñado desde niñas que no deben hablar con la boca llena.

P.D. Extrema: Y del sesenta y nueve ya mejor ni hablamos.


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Miriam R. Krüger Vivir, morir

Vivir como si fuera a morir Jugar con las palabras Como si fuera mi última poesía Intentar dejar mi marca Antes de partir Sentir el calor de la pasión Como si fuera la última hoguera Ver un amanecer sin sentir La esperanza de un nuevo día Ver un atardecer Como el momento del adiós Regalar un beso Que no sea el sello de una promesa Decir te amo, te espero Porque quizás no habrá otra oportunidad Escribir, Desnudar el alma No importa el que dirán Sonreír Dar las gracias Sentir Vibrar Hundirme en mis pasiones Experimentar sin remordimiento


Expresarme sin vergĂźenza Vivir como si fuera a morir Cerrar los ojos No saber si los volverĂŠ a abrir.

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Jessika Reyes

Las piezas A Oscar López Rivera y a Norberto González Claudio (Prisioneros políticos puertorriqueños) “Nacimos de muchas madres, pero aquí sólo hay hermanos”. Rubén Blades

Mi palabra es acción que reclama justicia para mi cuerpo prisionero. Ver un compatriota sin alas es mutilar también mi idea es aprisionar la palabra.

Sentir en ellos el golpe a la Patria es herir la lucha es fortalecer mi esperanza; es abrazar la memoria fragmentada y unir el rompecabezas colocando piezas que necesitaba.

Abro los ojos a la respuesta romper primero la cárcel sin rejas;


juntar la fuerza y liberar la conciencia.

Hablo por tu boca que es la mía sedienta de liberación; hambrienta de una nueva Nación.

Es mi palabra el instrumento para fundir gritos que anuncien su llegada. Son sus cuerpos exiliados piezas de la memoria que nunca deben ser olvidadas. Cantos de libertades tronchadas. Justicia agotada, lenta, inhumana. Justicia corrupta, ciega, puta, inmadura.

No más presos por amar. No más presos por soñar. No más presos por querer la misma justicia: ágil, rápida, humana, vidente, madura, honesta, puta.

Las piezas que necesito para terminar este rompepoemas están encarceladas. Son ellas el símbolo de una isla marcada.

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Javier Febo Santiago

Materia El espacio se estrecha En el seno de tu boca

La burbuja de saliva Que el libido creó Explotará y se hará la lluvia

El espacio se dilata Acostado en la hierba de tu sexo

La cápsula vacía En mi frasco Es el placebo de tu adiós

El espacio se encarceló Pero con barrotes de sueños

El ataúd con medio cuerpo Ha quedado abierto Esperando el resto del mundo


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Víctor Hugo Galván Ceballos

Pensamiento II

Salí por la tarde buscándote O tal vez buscándome Entre dos vidas Plasmada, azulada, un latido con sabor a ti

Ayer fue hoy Hoy fue ayer Y aún así…

Para ti soy nada

Nada te abraza Nada te ama

Y con una sola mirada, arrebatas todo Perdido en el satinado mar Que te vio desnuda.


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Irán Infante

Soy la copa que derrama tu ausencia devoras el caos de mi frente para tallar en tu labios a Dios muerto

Mis ojos son la noche posada en tus pezones-abismos

Busco en tu vientre-viento la palabra hecha sombra lamo el hueso del cosmos ardo en tu catedral-insomnio soy la Nada perpetua

Soy la oscuridad del tiempo manecilla que abre tu pecho-escorpión inhalo los fantasmas de tus adioses envuelto en pesadillas he cruzado el horror de tus muertes


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Daufen Bach

A recordarte en las madrugadas

.................mi rodilla en tus muslos .................tiene algo de súplica muda, .................una exclamación .................que se funde a las llamas de tus ojos .................y acaricia el contorno de tus labios...

.................fin de tarde, .................amanece el sol en tu habitación, .................te echas sobre mi cuerpo .................y desacatas mi seguridad.

...............................................sonrío.

...............................................tu cuerpo desliza .................por las palmas de mis manos.

Traducción del portugués al español por Patricia Lara


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*Alejandro Zenker. México, D.F. (1955). Editor, traductor y fotógrafo. Director general de Solar, Servicios Editoriales y Ediciones del Ermitaño, y director del Instituto del Libro y la Lectura (ILLAC). Coordinador general de la Red Independiente de Proyectos Artísticos y Culturales (RIPAC), de la Red Internacional de Editores y Proyectos Alternativos (RIEPA) y de Artistas Visuales del Erotismo (AVE). Entre muchos otros cargos y actividades fue fundador y presidente de la Asociación de Traductores Profesionales (ATP) y miembro del Consejo de la Federación Internacional de Traductores, en cuyo marco presidió el Comité para los Centros Regionales y fundó el Centro Regional de los Países del Norte de América (México, Estados Unidos y Canadá). Ocupó el cargo de Secretario general de la Sociedad Iberoamericana de Estudios sobre la Traducción (SIET). Fue director general del Instituto Superior de Intérpretes y Traductores, creador de las primeras licenciaturas en traducción e interpretación en México, y miembro de la mesa directiva de la Asociación Mexicana de Lingüística Aplicada (AMLA). Fue miembro fundador y secretario general de la Asociación de Editores Mexicanos Independientes (AEMI). Es director de la colección Minimalia y de la revista Quehacer Editorial. Promotor y director del Pabellón Tecnológico de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara en el 2001, ha sido entusiasta difusor del uso de las nuevas tecnologías en el medio editorial. Estudió pedagogía en Alemania y traducción en El Colegio de México. Fue becario en Alemania del DAAD. Ha publicado gran cantidad de artículos sobre traducción y quehacer editorial e impartido conferencias a nivel nacional e internacional. En el terreno artístico se ha desempeñado como fotógrafo y participado en numerosas exposiciones. Ha retratado a infinidad de escritores y artistas. Sus fotos ilustran ya más de veinte libros en los que alternan con el texto de reconocidos escritores en el marco del proyecto “La escritura y el deseo”. También ha hecho un ejercicio sistemático de exploración de la sensualidad y el erotismo por medio de su proyecto “Morfosintaxis del desnudo”.

*Semblanza tomada de la página web del autor (http://alejandrozenker.com/blog/). Ediciones del Ermitaño http://www.edicionesdelermitano.com/portal/


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Desde tu perspectiva como editor, ¿qué rumbo está tomando el libro como objeto? ¿Hacia dónde va? He tenido la oportunidad de seguir muy de cerca la evolución que hemos estado viviendo a lo largo de medio siglo por mis propias circunstancias. Mi padre fue encuadernador, de manera que nací entre libros. En su taller se hacía uso del tipo móvil para componer los textos que se plasmaban en las tapas y lomos de los libros. Siempre viví rodeado de ellos y nunca me imaginé alejado de su constante presencia. Sin embargo, pertenezco a una generación muy peculiar. Tuve el inusual privilegio de atestiguar en muy corto tiempo casi toda la evolución del libro. Desde el tipo móvil, pasando por el linotipo, hasta llegar en materia tipográfica a la composer, la fotocomponedora y luego la PC y los programas de tipografía y diseño. Paralelamente, hice uso de prensas planas, luego del offset y, finalmente, de las impresoras digitales, con las que sigo trabajando. El cambio ha sido una constante. Desde los años ochenta visualizaba que la evolución del libro seguiría caminos insospechados. Cuando comencé a hablar de la inevitable y deseable migración del libro hacia el soporte electrónico, muchos me veían como se ve a un desquiciado. Finalmente, los hechos me han ido dando la razón. Hoy estamos presenciando una acelerada transformación radical del mundo del libro. Estoy convencido de que el libro, tal como lo conocemos hoy, desaparecerá. Migrará a diversos soportes cuyos inicios apenas vislumbramos. Pero no sólo cambiará el soporte: también la manera de escribir, de crear y de apropiarse de los contenidos. El libro con el que hasta ahora hemos convivido puede migrar fácilmente a ese nuevo soporte, el electrónico. Pero los contenidos ideados desde sus orígenes para ese mundo electrónico, con toda su riqueza multimedia, no podrían regresar al mundo plano de lo analógico. Estoy convencido, pues, de que el libro, tal como lo hemos conocido hasta ahora, está condenado a vivir en museos. Será un proceso relativamente corto que culminará cuando las actuales generaciones de inmigrantes digitales acaben por desaparecer y sean desplazadas por los nativos digitales. Eso sucederá, matemáticamente, por allá del 2060. Es previsible, sin embargo, que ciertas expresiones del libro con soporte en papel subsistan como lienzos para los creativos. Me refiero en particular al libro de artista, que no sólo seguirá entre nosotros, sino que vivirá un crecimiento paulatino mientras haya artistas que lo cultiven.


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¿Con el libro digital cambiará de alguna manera la propia creación del autor; es decir, la extensión de la obra, los temas, el estilo? Autores y lectores están cambiando en este proceso. No es lo mismo concebir el libro como un discurso lineal que trazas básicamente a partir de la palabra, que fraguarlo con la incorporación de los numerosos otros recursos que de que hoy disponemos, como el video, el sonido, la interactividad y la vinculación social del proceso de apropiación de conocimientos, por ejemplo. Cada vez hay más autores que ya piensan desde un inicio en esos otros elementos como parte sustancial de su creación. De igual manera, los nuevos lectores los presuponen y lo buscan en las obras. Nos encontramos en los inicios de este proceso de transformación. Falta mucho camino por recorrer. Sin embargo, podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que la manera de concebir, de crear contenidos, está cambiando, y que también lo está haciendo el lector.

Hace unos años se decía que la entrada de las tecnologías afectaría la lectura. Luego de unos años se dijo que éstas se sumaban a la causa. En tu experiencia, ¿las ventajas que ofrece el libro digital son suficientes para que los lectores asiduos abandonen los libros en papel? Uno de los problemas para responder a esta pregunta radica precisamente en la manera misma de concebir escritura y lectura. Los nuevos “libros” serán distintos a los que hoy conocemos. De hecho, hay una discusión que gira en torno al concepto mismo de “libro”. De entrada, la migración del libro en soporte de papel hacia el soporte electrónico está arrojando datos muy interesantes. Quienes han migrado, leen hoy en día más, mucho más, que quienes siguen haciendo uso de los libros tradicionales. Por un lado, se debe a que adquirir libros electrónicos es mucho más fácil cuando tienes la tecnología en la mano que ir a una librería. El libro electrónico lo consigues haciendo unos cuantos clics sin moverte del lugar donde te encuentres, lo que es una maravilla en una ciudad como la de México, donde ir a una librería puede significar horas de desplazamiento. Además, el universo bibliodiverso que encuentras en los dispositivos electrónicos es infinitamente más amplio que el que hallas en las cada vez menos librerías tradicionales o en las bibliotecas mal surtidas que subsisten. Pero también hay otros elementos que enriquecen la lectura, así sea de textos lineales. La capacidad de crecer el tamaño del texto a tu gusto, de enriquecer tu lectura consultando en paralelo otras fuentes, como diccionarios y


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enciclopedias en línea, de intercambiar opiniones con otros lectores. Pero la lectura en los nuevos dispositivos electrónicos no sólo es privativa de las nuevas generaciones. Por primera vez, muchas personas adultas están pudiendo volver a la lectura simplemente porque no es lo mismo leer un libro con un texto compuesto en una tipografía minúscula, digamos de diez puntos, que poder crecerla al tamaño que tus ojos cansados requieran, y que pude ser de catorce, dieciocho o más puntos. Adicionalmente, los nuevos dispositivos incorporan la capacidad de que el texto te sea leído por la máquina. Eso ha abierto el mundo de la lectura a personas con discapacidades visuales. En fin, las ventajas del libro electrónico superan ya ampliamente sus posibles carencias, que no son en general sino objeciones derivadas de prejuicios o de la incapacidad de adaptación al nuevo medio.

¿Qué acciones están tomando las editoriales en la actualidad para enfrentar las facilidades que ofrecen los dispositivos electrónicos para la lectura? En general, las editoriales están hoy inmersas en un amplio proceso de cambio. Prácticamente todos los contenidos están siendo migrados hacia soportes electrónicos. Si bien la adopción de las nuevas tecnologías es mínima en algunos países, donde aún sólo se lee entre 1 y 3% de obras en medios electrónicos, en Estados Unidos e Inglaterra, por ejemplo, bordean el 30% o más. Pero hay que comprender que estamos viviendo un gran reacomodo en lo que respecta a la generación de contenidos. Las grandes editoriales están siendo absorbidas por nuevos contendientes en el mercado de la industria editorial, e infinidad de nuevos proyectos están surgiendo. En unos cuantos años, el mercado será totalmente distinto al que hoy conocemos. Ya hoy en día el fenómeno de la autoedición, es decir, del autor que se brinca al editor y publica por su propia cuenta, está contribuyendo a redefinir el mapa de la edición en el mundo. En redes sociales el medio editorial ha encontrado un punto de empuje bastante favorecedor para su promoción directa; sin embargo ¿qué tanto influye ésta en la adquisición del libro objeto? ¿Es más productiva para el libro digital? Cada vez cambia más la manera de acercarse a la lectura. Si bien hoy el lector promedio se sigue guiando por las grandes campañas publicitarias, es decir, por el mainstream, cada vez más personas buscan la recomendación no


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del “crítico”, no de la lista de los bestsellers, no de la publicidad, sino de otros lectores comunes y corrientes. En eso radica parte del valor mediático de las redes sociales en lo que respecta a la lectura. Ya no guiarte por la publicidad, sino preguntarle a otros mortales comunes y corrientes qué han leído y qué recomiendan es lo que está contribuyendo a que el lector contemporáneo descubra y tenga acceso a una mayor bibliodiversidad.

Desde el punto de vista económico, ¿el porcentaje de ganancias que obtienen con la publicación de obras digitales, tanto para las editoriales como para los autores, será menor? Y si es así, ¿cuál es el impacto a futuro que tendrá en ambas partes? La publicación para medios electrónicos está cambiado radicalmente el mercado. Una parte de los costos está desapareciendo, como lo es la impresión, el papel, la cartulina y la encuadernación, entre otros. Producir libros es, desde ese punto de vista, mucho más barato. El concepto de “tiraje” desaparece por lo tanto. Publicas un libro y, teóricamente, puedes vender uno o millones de ejemplares siendo tu costo de producción el mismo en uno u otro caso. Eso está moviendo poco a poco también el modelo de negocio. Sigue prevaleciendo el modelo anterior, es decir, donde el autor recibe un porcentaje moderado de regalías, generalmente menor a 10%. Pero ya los autores tienen la posibilidad de publicar por su cuenta, en cuyo caso su participación en las ganancias crece exponencialmente. Muchos nuevos autores ya no recurren a las editoriales tradicionales, y esa tendencia irá previsiblemente en aumento. Aún es muy pronto para predecir qué modelo se impondrá, pues el medio editorial sigue cambiando. Ahora bien, hablando de Latinoamérica, muchas áreas poblacionales se encuentran desprotegidas respecto a la adquisición de tecnologías, pero si lo vemos en México, la lectura va en picada, y esto podría derivarse de los costos del libro objeto. ¿Cuál crees que sería la verdadera estrategia para llevar mayor promoción lectora a esta población vulnerable? Hay que tomar en cuenta que estas son tecnologías en proceso de evolución. Está sucediendo algo similar a lo que pasó con la televisión. En un principio, los televisores eran muy caros y la señal llegaba a pocos lugares. Eso fue cambiando poco a poco, hasta que se generalizó. Hoy llegas a comunidades remotas y pobres que carecen de


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alimentos suficientes, mas no de un televisor. La red de conexión a internet está creciendo rápidamente, y la conciencia de que se trata de una necesidad vital para la evolución de un país ya nadie la discute. Los gobiernos mismos están impulsando la digitalización y, por tanto, la conectividad. Los dispositivos se están abaratando cada vez más. En India y China han desarrollado tabletas con costos de adquisición menores a los cincuenta dólares. En la pasada CES (Feria Internacional de Electrónica de Consumo) presentaron gran número de dispositivos a precios menores a los 300 dólares, y se espera el pronto lanzamiento de nuevas tabletas con costos inferiores a los 100 dólares. En pocos años, el costo de los dispositivos será muy menor y estarán al alcance de casi cualquier persona. Hoy, por ejemplo, en países como Estados Unidos, encuentras a menesterosos que tienen teléfonos celulares. La conectividad y los aparatos no serán problema. El negocio estará básicamente en los contenidos. ¿Qué tipo de lecturas prefieres en digital y cuáles otras aún no se despegan del libro objeto? No soy realmente un referente común. Precisamente por mi trabajo como editor y al haber sido promotor de las nuevas tecnologías en el terreno de la edición en México, decidí adoptar años atrás la lectura sobre dispositivos electrónicos. Cancelé mis suscripciones a periódicos y revistas y comencé a leer exclusivamente haciendo uso de mi iPad. Hoy en día lo sigo haciendo. Libros, revistas y periódicos. E infinidad de aplicaciones. Por mi trabajo sigo leyendo pruebas impresas sobre papel. Pero fuera de eso soy un convencido de la enorme superioridad de la experiencia lectora en los nuevos dispositivos electrónicos gracias a los cuales encuentro la diversidad bibliográfica que, para mí, es imprescindible. Gracias por aceptar la entrevista.

Alejandro Zenker | Director General Solar, Servicios Editoriales, S.A. de C.V. Ediciones del Ermitaño | división editorial www.solareditores.com | alejandro.zenker@solareditores.com


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Visiten la revista literaria española Los sábados, las prostitutas madrugan mucho para estar dispuestas. http://www.revistaliteraria.es/

http://puertaabiertachilemexico.wordpress.com/ Visita a la Agrupación Puerta Abierta Chile México


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Revista cultural (Colima) http://colimarte.blogspot.mx/

Editorial Río Negro (Perú) http://www.librosperuanos.com/editoriales/detalle/872/Rio-Negro

Revista Chile-Argentina http://revistalairademorfeo.net/index/

Monolito XI  

Monolito XI te presenta en entrevista Alejandro Zenker, editor, traductor y fotógrafo. Director general de Solar, Servicios Editoriales y Ed...

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