Page 4

La conjunción pasional entre fondo y forma introducidos por un preclaro Miguel Hernández, derribaron 4 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ algunos postulados preestablecidos, pero no sin antes haber pasado por los tirones de orejas propinados por su amigo y maestro, ese Neruda irreverente y singular que había revolucionado y elevado, casi en solitario, la importancia de la imagen en la poesía: “Abandonado como lo muelles en el alba…”, una exactitud en la transmisión del sentimiento que se acerca más al álgebra que al fotograma, sencillamente no hay nada más abandonado que un muelle en el alba. M. Hernández, ya había reconocido en Neruda que para escribir así hacía falta “una imaginación muy trabajada, no muy trabajosa” (en Poesía y prosa de guerra). Pero no nos asustemos, al menos todavía; esos grandes maestros a los que ofrecemos nuestra admiración, cariño, simpatía y tanto nos han enseñado y enseñan, no estuvieron tampoco exentos de mediocridades, a veces casi inaceptables. Para eso no hay más que leerlos por orden cronológico, aunque, por otro lado, siempre advierten fuertes dosis de genialidad a todo lo largo de sus trayectorias. Es importante observar con insistencia este exasperante relativismo del momento, el mismo que ha condenado a la lírica y la ha sumergido en los cajones de la nostalgia, adjetivándola de “asunto ya superado”, mientras que ha situado a la forma y a la belleza en la cumbre del buen gusto literario, aunque en la mayoría de los casos la emparienta con la tristeza. Entendiéndose que no debiera haber contradicción alguna entre una cosa y la otra, las prácticas literarias vienen demostrando lo contrario, siendo presas de un dualismo irreflexivo, a veces más que abominable. Hasta el punto, de que como ya dijera alguna vez el mismo que suscribe en algún otro lugar, nos recuerda a aquel pasaje de Cervantes en “El Licenciado Vidriera”, cuando viendo a una madre acompañando a su hija no muy agraciada físicamente, le decía: “Hace usted bien en empedrarla señora, porque se pueda pasear”. Así, buscando en los anchos márgenes que ofrece el campo de la poesía, muchos autores sucumben también a los encantos de la singularidad del surrealismo, llevándose sus expresiones más allá de los más comunes de los mortales, y si bien todo es aceptable, incluso encomiable, tampoco es de imaginar que la literatura se fuese llenando de meta-poetas, y que ésta se aprisionase en las más exquisitas élites de la cultura. En tanto la demonizada lírica se adormece y se llena de polvo, como bien advirtiese Gustavo Adolfo Bécquer refiriéndose al arpa, esa que yacía del rincón en el ángulo oscuro. Otros, en cambio, se apresuran a la poesía social, cual oportunidad de denunciar directamente los abusos de los poderosos. Eso está bien, es un noble ejercicio. Pero no se pasen por alto los delicados márgenes que la sostienen, porque a menudo nos llevan al panfleto. Es más difícil de lo que parece. Tampoco se subestime desde estas posiciones a los interioristas, ni a los aparentemente infantiles. Pudiera no haber todavía mejor labor social que elevar a los corazones, cuando nos llevan a esa ternura que olvidamos a menudo involucrados todos en la rutina de la vida, y nos alejamos inconscientemente de lo que es real, humano y sin embargo nos avergüenza. Es también de señalar los grandes problemas y las fronteras que no se deben traspasar desde estos estilos, para que sigan siendo arte. Cosas como el amarillismo literario, la domesticidad y el simplismo. Son asuntos en los que fácilmente caemos sin darnos cuenta. Sin ánimo de que esto sea un ladrillo: Es preciso puntualizar que no lo ha escrito ningún doctor en letras, más bien uno que ha vivido más del esfuerzo de las manos y de las costillas que de su cerebro. Uno que tiene más que aprender que enseñar. Uno que nunca supo vivir de la poesía, pero se desvive por seguir viviendo con la poesía. No es intención del artículo atemorizar a nadie para que deje de escribir, todo lo contrario, porque es así como únicamente se aprende -el que suscribe lo dejó durante un tiempo y ahora se arrepiente-. Se trata más bien de hacer un ejercicio de reflexión, una vez asumido que se quieren alcanzar determinados objetivos en el mundo de la Poesía, y únicamente para aquellos que lo hayan asumido. Dicho de otro modo; son sólo algunas cosas a tener en cuenta si queremos entregar lo mejor de nosotros mismo a quienes estén dispuestos a leernos. Y también, como no, aportar una más de tantísimas opiniones como cualquiera de las que pueden caber en un asunto como este.

Por Casiano Cerrillo Domínguez

Monolito VI  

Revista literaria Monolito. Sexto número.