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Las dos conviven, se coquetean y muchas veces se tocan sin herirse. Se gestan de manera independiente. Cada una demanda sus momentos. La forma es fondo, esta sentencia para mi funciona.

Dentro de tu experimentación artística también se encuentran algunas pequeñas esculturas, ¿cómo es que nace la necesidad de extender tu práctica de creación? Las tres dimensiones. No es fácil visualizar el espacio. Formado siempre en dos dimensiones, me enfrontó a una realidad completamente distinta. Al principio me sentí torpe, inusitadamente mediocre. Modelar en barro me devolvió la sensación del tacto, recordé el poema del Golem de Borges. Creo que ha sido una experiencia muy rica, con resultados afortunados, hay algunas piezas que me gustan mucho, otras, sólo son testimonio del encuentro. En un futuro volveré a la cerámica.

Cuando el arte de uno mismo comienza a recorrer fronteras, como ha sucedido contigo, ¿cuál es la mejor manera de seguir creciendo y no perderse en esa primera fama? Me gusta tu entusiasta pregunta, fama ninguna, flama mucha. El mejor crecimiento en la creación no es vertical, a mí me gusta el pensar en la espiral, ascendente y descendente. La salud creativa tiene que ver en cómo te alimentas, la sensibilidad siempre se refina, el día a día es lo difícil. Mantener un estado de consciencia y un entusiasmo es la clave porque el mundo exterior es atroz, inhabitable.

Para los que inician en el gusto de la pintura y las artes plásticas, ¿qué les recomiendas? Paciencia, constancia y aferrarse a su talento y para descubrirlo tienen que mirar a través de los que ya miraron, si es que deciden seguir una vida creativa. Si sólo quieren el disfrute de la contemplación, para empezar, leer una Historia de la pintura e intentar delante de los cuadros, mirarlos con la intensión de entablar un dialogo. El dialogo puede ser emocional o intelectual, con el tiempo la fusión de ellos pueda convertirse en lo que llamamos una experiencia estética.

Nárranos acerca del proceso, desde el momento de inspiración hasta culminar la obra “La casa amarilla”, que ilustrara la portada del primer número de la revista Monolito. La casa amarilla es una acuarela sobre papel de algodón de 300 gramos que realice por encargo en la ciudad de los Álamos, New México, en los Estados Unidos. Es una vista panorámica, de la ciudad de Santa Fe, capital de New México. La historia de la ciudad de Santa Fe es emblemática. Es una de las primeras ciudades fundadas en esos territorios. Fue una provincia de la Nueva España instituida en 1598 por el explorador español Juan de Oñate. En su origen era poblada por nativos americanos. Tuvo su periodo colonial y un pequeño periodo del México Independiente. Hasta la pérdida del territorio en 1848 cuando los Estados Unidos declararon haber ganado de manera oficial Nuevo México a través del Tratado de Guadalupe Hidalgo. En la ciudad desde su inicio conviven tres culturas y existen todavía vestigios de lo que se llamó el Camino Real o camino de la plata. Partiendo de la ciudad de México, atravesaba todo el territorio pasando por las Cruces, Alburquerque, Santa Fe y Taos. En esta ciudad, Santa Fe, las casas son de adobe y ha llegado a convertirse en un estilo, existen pocas líneas rectas, todo es redondeado y de colores castaños, casas de una planta con patio interior.

Monolito VI  

Revista literaria Monolito. Sexto número.