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Contenido: I Los 4 grandes Texto de apertura Josué Solís Hernández Textos sobre Octavio Paz Sergio Astorga, Ricardo Esquer, Elvira Hernández Carballido, Jeremías Marquines, Dante Vázquez. Textos sobre José Revueltas Argentina Casanova, Tania Jasso, Diego Gutiérrez, David Soules, Sergio Astorga. Textos sobre Efraín Huerta Georgina Mexía-Amador, Alma Lilia Oria Cerón, José Luis Herrera Arciniega, Cristina Arreola Márquez. Textos sobre Julio Cortázar Gabriela Vidal, Alma Karla Sandoval, Eduardo Sangarcía, Martha Alicia González Castro. II Obra plástica Cristina Sandor (obra en portada: Autorretrato, oleo hoja de oro-tela 50 x 40 cm). Maritza Morillas. Xólotl Polo. Poemas mixtos Manuela Cesaratto, Stephan Enríquez, Araminta Solizabet Gálvez. Galería fotográfica Mayra Espinosa.


Editorial

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El día 2 de mayo del 2012 nació la revista literaria Monolito. La idea fundamental para crear este proyecto fue y sigue siendo- conjuntar escritores y artistas plásticos de calidad, tanto jóvenes como con trayectoria, en un mismo espacio. Creemos que un escritor, pintor, escultor o fotógrafo debe crear un nombre a partir y debido a la calidad de su obra y no al revés; es decir, alimentar el nombre y la figura del autor primero para después presentar la obra, pues hecho de esta forma (al agregar adjetivos superlativos como “el grandísimo escritor tal”, “el gran poeta tal”, “el inmenso artista tal”, etcétera), el lector entra a la lectura de la obra predispuesto a encontrar la “obra maestra”, y si no la encuentra, si no le gusta por la razón que sea, pensará que no es culpa del autor sino de él por no entender lo leído. Así, de esta forma, se pierde una considerable cantidad de lectores potenciales. Dejemos que la obra hable, que la obra engrandezca al autor, que lo inmortalice. El Monolito cree en la pluralidad de voces y expresiones artísticas; en el talento del escritor, poeta, artista plástico o fotógrafo de todas las latitudes. La calidad de autores y artistas en México es inmenso, por ello, no basta con sentarse a esperar a que ellos lleguen, en ocasiones, hay que ir a ellos; decirles, “bien vale la pena que tu obra se conozca más”: la exposición que creemos ya es mucha, en el terreno de la cultura, nunca es suficiente, siempre hay espacios, infinidad de espacios vacíos de arte por llenar. El Monolito entiende que hay un compromiso con el autor y el lector: lograr entablar la conversación entre ellos, ponerlos frente a frente para que comience el diálogo poético. Lo único que esperamos es que hayamos conseguido crear tales vínculos, puentes, entre lector y autor. Agradecemos a todos los autores que han colaborado en alguno de nuestros números anteriores, también, a los que vienen a sumarse al especial por el segundo aniversario y futuros números. A los lectores, el agradecimiento es mayor, con sus visitas (más de 350 mil) y lecturas a la revista, han logrado sostenernos; consiguieron que pasáramos de 12 páginas (primer número) a 102 páginas (Monolito XII).

Blog: http://revistaliterariamonolito.blogspot.mx/ Canal en Youtube: https://www.youtube.com/user/MonolitoEdiciones?feature=watch Facebook: https://www.facebook.com/RevistaLiterariaMonolito Twitter: https://twitter.com/RevistaMonolito ¿Quieres colaborar? Manda tus obras a revistarusticamex@hotmail.com Cada uno de los textos e imágenes aquí presentados, son responsabilidad y propiedad de los autores. Registros en trámite.


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Sergio Astorga


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Las hojas caídas del paraíso

La vida es caprichosa. La muerte, en cambio, no pide demasiado. Y aunque siempre valdremos más los vivos, por una sola razón; la cantidad de muertos en la historia del mundo es más o menos inconmensurable, y esa condición los coloca por encima de todos los demás. Hasta el paraíso está poblado de muertos. La Humanidad sostiene su mayúscula inicial con la memoria, que comienza con eme, de Muerte. Nosotros los vivos –en este tornillo sin fin que es el presente—estamos condenados a morir; y es quizá esa muerte prometida la fuente de nuestra dicha fugaz. Lo que no quita lo caprichoso de la vida, y lo intrincado, lo paranoicamente intrincado de su proceder. Hace trece años, en los portales de Colima, me tomé un café con Rubén Martínez y Nelson Simón. Fue la única ocasión. No sé quién de los tres recordará mejor aquella tarde, quizá sea yo. Tenía 17 años y en mi afán de hacerme notar, ante dos personas que me parecían enormidades, aproveché la primera ocasión que me vino para decir que yo no tenía prisa por convertirme en escritor. Que sabía muy bien, como que existía la palabra destino, que aquello terminaría por sucederme tarde que temprano, pero que no llevaba ninguna urgencia. “Si García Márquez escribió su primer cuento a los 18 años, dije, tengo por lo menos un año de colchón”. Mis interlocutores estallaron en carcajadas. Nueve años más tarde, sería Álvaro Mutis, el mejor amigo de Gabo, quien me aconsejaría que considerara muy bien que –si el tiempo no existe—nadie tiene tiempo, no tenemos tiempo, y más valdría no dejar las cosas para después –ya que no hay después—. No fuera a ser que en menos de un chistar amaneciera yo viejo y atacado de san vito, como él; u olvidadizo y cagado en los pantalones, como otros. No fuera a ser que la mejor línea de nuestro discurso se perdiera en el antojo de un vasito de coñac. O peor aún, que un día amaneciéramos muertos, simplemente muertos, pero conscientes de que no hicimos lo suficiente, y que esa terrible conciencia fuera nuestro infierno. Para entonces ya había visto yo en la FIL, sentados en una misma mesa, a Carlos Fuentes, a Gabriel García Márquez y a José Saramago. Había pasado junto a ellos. Había hecho contacto visual con Fuentes, pero nada tenía yo que decirle y pasé de largo, nervioso y frustrado. Hace un año, 2013, perdido en el cementerio de Montparnasse, París, en uno de los patios circulares, di con la tumba de Fuentes y esta vez sí que le hablé. Le dije muchas cosas. Pero noté que su placa de mármol solo tenía grabado el año de nacimiento, no el de su muerte. Fuentes, enterrado ahí, no había terminado de morir. En aquel funesto paseo


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también encontré la tumba de Cortázar, llena de flores y besos y pequeñas piedrecillas en guisa de ofrendas a Rayuela. Hallé la tumba de Baudelaire, sepultado en el mismo sitio que su madre y su padrastro. No lloré, pero me llené de angustia. En septiembre de ese mismo año murió Mutis. Yo estaba de paso por Colima y tuve noticia de su partida por las páginas del Diario. Hacía mucho que don Álvaro ya no escribía ni siquiera postales. Estaba encerrado en su tristeza, en su delirio, en su terremoto interior. Supe entonces que no tardaría en morirse Gabo, igual que mueren los periquitos australianos, nomás de sentirse solos. No tardaría en llegarle el turno a José Emilio Pacheco, como le llegó también a Saramago un día, y a Bolaño y a Borges y a Rulfo y a Revueltas y a Arreola y a Castellanos y a Mistral y a Paz y a Sábato y a Benedetti... Durante la semana santa de este 2014 realicé la tarea de contar muertos por violencia para la ONG “Menos días aquí”, y un caso llamó mi atención: En Morelia dos grupos de policías se agarraron a balazos; hubo dos muertos. Uno de ellos quedó tirado sobre la calle Escritor Humanista. Esto sucedió un día después de la muerte de Gabriel García Márquez, y me di cuenta de que el realismo mágico no había terminado de agonizar. Dos días más tarde moriría Emmanuel Carballo, y su muerte me llevaría al recuerdo de una de sus charlas en la Facultad de Letras de la Ucol. Estamos en medio del torbellino de la muerte, pensé. Ahora sí que como dijo Pedro Páramo: “Todos escogen el mismo camino. Todos se van.” Alguien entre tanto periodista dijo que la literatura latinoamericana había quedado huérfana. Queda como su padrastro Mario Vargas Llosa, pero un “buendía” también se va morir. Como se morirán Juan Villoro y Jorge Volpi. Como se morirán Víctor Manuel Cárdenas y Gloria Vergara. Como se morirán Eduardo Galeano y Homero Aridjis. Como se morirán Elena Poniatowska y Nicanor Parra y todos los poetas del mundo sentirán la asfixia y quizá mueran también y en una misma expiración. Como se morirán Rubén Martínez y Nelson Simón. Como me moriré yo, quizá mucho antes de terminar de escribir la última línea de mi primer discurso. Mientras tanto, lo que realmente nos queda es este realismo irónico, este realismo trágico: La terrible conciencia de sabernos vivos, sin tiempo y con mucho por hacer.

Josué Solís Hernández


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Designios “Con la lengua cortada y los ojos abiertos el ruiseñor en la muralla” Octavio Paz

Al mismo tiempo todo continua quieto. Se busca la salida. Se encienden las luces del regreso. No sabemos nada cuando hablamos. La ciudad se despierta en el horror del que se pierde entre voces distintas a la nuestra. Tu cuerpo es el soporte de mis signos. Los sonidos que todavía no estallan están inscritos, descritos. Se multiplican los rojos cuando comienzo a escribir tus muslos. Como si fueran brazas la letras se clavan, se entierran y se abren como una herida hija del seso y de la evaporación al estar juntos. En tu nombre de mujer un peso grave se abre como granada. Abierta, con tu boca vuelves a escribir tu arquitectura. Tus labios brillan y una daga resplandeciente vuelven a clavarse en pensamiento. Todo signo es el mismo cuando te nombra, cuando te llama.

Sergio Astorga


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Poesía vital

En la feria de los centenarios promovida por el Estado mexicano, este año, pródigo en nombres notables, les toca turno a varios escritores. Entre los miembros de nuestro panteón literario encontramos a José Revueltas, Efraín Huerta y Octavio Paz, cada uno con obras que en su momento serán recordadas. Los días que corren le corresponden al tercero, uno de los escritores más importantes en nuestra lengua, tanto por su obra poética como ensayística, además de traductor y editor de revistas que congregaron a algunas de las mejores plumas de la segunda mitad del siglo pasado. Y que mantuvo una lucidez y una actitud crítica poco frecuentes en nuestra vida cultural. Dos de sus ensayos más conocidos dejan verla: “El ogro filantrópico” y “La otra voz”, uno dedicado a la política y el otro a la poesía, dos de sus grandes pasiones que lo acompañaron a lo largo y ancho de su existencia. Paz se refiere al primero, publicado en Vuelta en agosto de 1978, como “un puñado de reflexiones” sobre la realidad política de ese momento, cuando se implementaba la reforma política que abrió la puerta a la participación democrática de las oposiciones en los procesos electorales. Desde entonces, ante la posibilidad de una alternancia en el poder, el poeta decía que el PRI sólo podía encontrar una rivalidad seria en Acción Nacional; las izquierdas carecían de arraigo en el electorado, nunca hubo unidad entre sus grupos y mucho menos libertad para pensar fuera de sus murallas ideológicas. Con más pena que gloria, el PAN ya entró y salió de Los Pinos, mientras que el PRD se ha mantenido en el gobierno de la capital nacional. Con y sin alianzas estratégicas, ambos han gobernado en estados y municipios. Hay una participación social más amplia en la vida nacional que en aquel tiempo, pero los partidos conservan la indigencia de ideas y la mentalidad patrimonialista señalada por Paz al caracterizar a nuestra casta política gobernante o en esos partidos que, con el tiempo, se han convertido en las tetas más vastas de nuestra prodigalidad republicana. Otras cosas han cambiado el signo de la relación entre el Estado fuerte y la sociedad débil de hace 36 años. Sin embargo, las fortalezas adquiridas por las mayorías siguen resultando insuficientes para hablar de un equilibrio de fuerzas. El crimen organizado, personaje ausente en la reflexión paciana, aunque ya activo en aquella hora, ha usado la corrupción para crecer y llevar su desafío al grado de la ingobernabilidad en algunas regiones. Por su parte, sectores con un peso específico nada despreciable en el cuerpo social ya no expresan su descontento sólo con abstencionismo y escepticismo; maestros o autodefensas, han pasado de las demandas a la adopción de medidas más adecuadas para ellos que cualquier reforma o la captura de algunos cabecillas criminales. En este ambiente donde denunciar ya no basta para que se cumplan las leyes y la desobediencia parece cada vez más un


callejón que desemboca en más violencia, la crítica ya no protege sólo contra las ortodoxias ideológicas sino 10 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ contra la desesperación, el ofuscamiento y otras formas de abandono que, finalmente, enmascaran la obediencia

a la voz del amo. No obstante, Paz esperaba que la reforma de 1977 iniciara un proceso que a largo plazo nos llevara a la verdadera democracia. La función de los intelectuales, escritores y artistas consistiría en nutrir la crítica desde sus trincheras. Nuestro autor también habló del asunto en otros ensayos; el segundo de los mencionados lo desarrolla y culmina una reflexión que, según avisa en el libro al que da título, publicado en 1990, inició en 1941. En esta “profesión de fe” en la poesía, ésta nos recuerda las realidades que la modernidad reprimió o negó, pasiones y visiones amenazadas por el capitalismo, única vía tras la demolición del muro berlinés. Antídoto contra el mercado y la técnica, nuevos peligros que enfrenta el arte, la poesía enseña a reconocer diferencias y descubrir semejanzas, pues relaciona realidades contrarias o disímbolas. En esta perspectiva, si la modernidad fundó la tradición crítica que la hizo posible, la poesía moderna resulta profunda y paradójicamente antimoderna. Su cuestionamiento alcanza el origen de la Edad Moderna, cuando la humanidad occidental despertó de un sueño de obediencia a las jerarquías y las tradiciones para adoptar otro de libertad, igualdad y fraternidad, formidables impugnadores de toda aquella basura. De ellas, la clave se encuentra en la fraternidad, puente entre las otras dos. Voz de la tradición crítica, la poesía se define como espejo de la fraternidad cósmica y, por tanto, se opone a la destrucción de la naturaleza y de nosotros con ella. Por eso, concluye Paz, los creadores del nuevo pensamiento político deben oír la voz otra, la poesía que así ha unido su destino al de la especie humana, definiéndose claramente como actitud vital, irrenunciable para nuestro espíritu.

Ricardo Esquer


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Si Elena le escribiera a Paz Octavio:

Así, sin adjetivos ni superlativos, sin evocar tu apellido, porque nunca me diste Paz, ni yo a ti. Pero sin despreciar ese apellido, porque fortalece la fama y el reconocimiento que jamás te envidié. Sin maldecirlo, porque tu nombre completo sigue unido a la belleza de tu poesía, que siempre compartiste y que te ha hecho eterno, esa eternidad que siempre da la literatura y nos vuelve inmortales. Me enamoré de ti todavía niña pero sintiéndome toda una mujer, pero ya mi historia pronosticaba irreverencias, rebeldías y destinos crueles, mucho antes de unir nuestras pasiones. Desde pequeña fui irreverente y soñadora, ese partícula revoltosa que asustaba a la buena sociedad o que provocaba, como dijo mi amigo Emanuel Carballo, que cuando se hablara de mí se hiciera en voz baja porque fui siempre una “dinametera”, prendía chispas en toda discusión, delaté mis pesadillas en cada escrito, te amé y te odié, te perdoné y te maldije. Pese a ese destino, decidimos unirnos aquella tarde en que nos conocimos cuando yo estudiaba la preparatoria y tú ya eras pasantes de Derecho. Al día siguiente me regalaste unas camelias y me obsequiaste el primer poema dedicado a mí con tu puño y letra, con tus vocales redondas y tus consonantes sensibles. Nos enamoramos, yo ya sabía que eras un gran poeta, tú no sabías ni creías en la magia que yo podía hacer también con las palabras. Pero en esa época me importaba más caminar de tu mano, dar vueltas al ex convento de Santa Teresa, charlar y hasta soñar que tendríamos un hijo varón al que llamaríamos “Felipe”. Decidimos casarnos en 1937 y escapé contigo a España, donde palpamos la imaginación y la creatividad, la pasión y el don de la palabra. Desde ese momento nuestro amor por la literatura fue más fuerte que nuestro propio amor, nos amamos y nos odiamos, competimos y nos reconocimos como diferentes, como hijo del patriarcado te molestaba mi natural sensibilidad y calidad literaria porque simplemente era tu mujer y una mujer; la competencia y el amor nos unieron y nos enfrentaron, nos inspiraros pero nos hicieron también demasiado daño. Siempre lo he dicho viví contra ti, estudié contra ti, hablé contra ti, tuve amantes contra ti, escribí contra ti y defendí a los indios contra ti. Escribí de política contra ti, en fin, todo, todo, todo lo que fui y soy fue contra ti. En la vida no tienes más que un enemigo y con eso basta. Y mi enemigo fue Octavio Paz, tú. Lo demostramos nosotros y lo advirtieron todas las personas que nos conocieron y las que no nos conocieron, las que ahora escriben de nosotros, obsesionados con explicarnos y delatarnos. Fuimos un matrimonio consensuado sin acuerdos, me obligaste libremente a casarme contigo y yo como capricho consciente quise ser tu mujer. De ti,


el mejor poeta de todos los tiempos, pero finalmente hombre, macho, celoso, egoísta, sensible, de mirada transparente que me enamoraba y que me asustaba.

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En 1939 nació nuestra hija, siempre en medio de nuestras locuras y bajezas, del amor odio que nos unía y nos separaba, cuidada muy de cerca por mí, cuidada desde muy lejos por ti. Dicen que fui tu musa y tu anti-musa, tu personaje negado y tu no-personaje presente, tu inspiración y tu negación, tu ángel maldita de inspiración así como tus demonios que iluminaron tus discursos poéticos. Te enamoraste de mi belleza pero también de mi perversión. ¿Recuerdas cuando me recitabas: “tus ojos son los ojos fijos del tigre y un minuto, después son los ojos húmedos del perro. Patria de sangre, única tierra que conozco y me conoce, única patria en la que creo, única puerta al infinito?”. Quienes analizan tu poesía encuentra en tu versos mi presencia ausente, creen descubrir lo que nunca me dijiste pero siempre sentiste, están seguros de delatar tus pasiones por mi belleza de mi alma y tu perdición por la fealdad de mis odios. Juran que soy la presencia femenina que evocas con la palabra, represento la cultura que más has amado pero que nunca comprendiste y por eso la encerraste en una laberinto de la soledad, como lo hiciste conmigo. Alardean que he sido la calcinada que ardió tranquilamente en la lluvia de tus versos. Presumen que he sido la reseca que te sembró de palabras y frases con emoción eterna. Sospechan que fui la aridez rencorosa que bajaba la guardia los días que te amaba y quedaba totalmente desarmada los minutos en que te aborrecía con todo mi corazón. En tus poemas fui la mujer en reposo telúrico y planetario. Por eso en tu gran y magnífico poema “Blanco” no te quedó más que delatarte y confesar: “Caes de tu cuerpo a tu sombra no allá sino en mis ojos, en un caer inmóvil de cascada de cielo y suelo se juntan, caes de tu sombra a tu nombre intocable horizonte, te precipitas en tus semejanzas, yo soy tu lejanía, caes de tu nombre a tu cuerpo, el más allá de tu mirada… tú te repartes como el lenguaje espacio dios”. ¿Recuerdas? Uno de los primeros poemas que ya publicaste y que me dedicaste fue “Bajo tu clara sombra”, teníamos un año de casado, fue en 1938, y se me doblaban las piernas cuando lo recitabas en esas noches solamente nuestras, me enamoraba más de tu mirada aunque la tuvieras clavada en esa hoja donde imprimías tus bellas palabras, y como si rezara, me atrevía a musitar tu ritmo: “Un cuerpo, un cuerpo solo, un sólo cuerpo, un cuerpo como día derramado y noche devorada; la luz de unos cabellos que no apaciguan nunca la sombra de mi tacto; una garganta, un vientre que amanece como el mar que se enciende cuando toca la frente de la aurora; unos tobillos, puentes del verano; unos muslos nocturnos que se hunden en la música verde de la tarde…”. No sabes cuántas mujeres me siguen envidiando cuando adivinan, sospechan, comprueban y suponen que “Piedra de sol” tiene mucho que ver con tu mirada que me espiaba, con tus manos que me memorizaron y tu aliento que escribió cada palabra: “Voy por tu cuerpo como por el mundo, tu vientre es una plaza soleada, tus pechos dos iglesias donde oficia la sangre sus misterios paralelos, mis miradas te cubren como yedra, eres una ciudad que el mar asedia, una muralla que la luz divide en dos mitades de color durazno, un paraje de sal, rocas y pájaros bajo la ley del mediodía absorto, vestida del color de mis deseos como mi pensamiento vas desnuda, voy por tus ojos como por el agua, los tigres beben sueño de esos ojos, el colibrí se quema en esas llamas, voy por tu frente como


por la luna, como la nube por tu pensamiento, voy por tu vientre como por tus sueños, tu falda de maíz ondula y 14 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ canta, tu falda de cristal, tu falda de agua, tus labios, tus cabellos, tus miradas, toda la noche llueves, todo el día

abres mi pecho con tus dedos de agua, cierras mis ojos con tu boca de agua, sobre mis huesos llueves, en mi pecho hunde raíces de agua un árbol líquido, voy por tu talle como por un río, voy por tu cuerpo como por un bosque, como por un sendero en la montaña que en un abismo brusco se termina voy por tus pensamientos afilados y a la salida de tu blanca frente mi sombra despeñada se destroza…”. ¿Y después? ¿Qué pasó después, Octavio? De 1937 a 1959 conjugamos el verbo amar en pasado y en silencio pero unificamos el verbo odiar en todos los tiempos y en voz muy alta. Rivalidad o envida, simbiosis absurda, diferencias leales, escándalos y sosiego, la nada y todo en contra. Siempre te compadecieron por casarte conmigo y yo quedé maldecida porque al decir mi nombre siempre me respondían: “Ah, la mujer de Paz”. Representamos a la pareja mexicana de intelectuales presta para chocar y coincidir. Estuvimos cubiertos de inteligencia, talento, éxito y celos. Una vez agradeciste en tu poesía que yo existiera, pero en tus blasfemias siempre preferiste maldecir el día en que llegué a tu vida, solamente ese día. Dicen que no soportabas que me consideraran la pionera del realismo mágico en la literatura mexicana pero fuiste tú mismo quien llevó mi novela “Recuerdos del porvenir” a la editorial para que la publicaran. Dicen que me vengué de ti al escribir “Testimonios de Mariana”, novela que durante mucho tiempo negué que tuviera algo que ver con nosotros, pero cada página delataba que no podías ser otro que mi personaje llamado Augusto. La novela causó escándalos, suposiciones y molestia. Yo misma tuve que escribirle a mi querido amigo Emanuel Carballo y con mi estilo y desfachatez irónica le dije: “Augusto dice que Mariana lo persigue, y la famosa Mariana ya está muerte. Tú dices que persigo a Paz. Seguramente te lo dijo él. ¿Podrías decirme cómo lo persigo? ¿Escribiéndolo? La novela no es un pleito privado ¡Es una novela!.. Yo ignoro las vidas y milagros de Octavio Paz. Si los ignoraba cuando estuve casada con él, pues ahora mucho más, entre él y sus amigos lo cubren con espeso velo de misterio imposible de penetrar. Creo que ya hablé bastante de Mariana…”. Luego vino el 68, las declaraciones, las renuncias, la furia, las acusaciones, las culpas y los castigos. Me exiliaron, huí, escapé, me fugué, me corrieron de mi propio país, me cerraron todas las puertas y dicen que fuiste tú quien puso los candados. Viví mucho tiempo en Francia, caminé por los barrios parisinos extrañando el olor de mi país, olvidada y enterrada en vida. Regresé anciana, tú ya eras nuestro primer gran don Premio Nobel de Literatura. Y lo que es la muerte, nunca más volvimos a vernos ni a hablarnos, pero te moriste en abril de 1998 y yo cuatro meses después. Ahora en el infierno leo tus poemas que sigues escribiéndome y en el cielo extrañas nuestro odio amor que te sigo ofreciendo por simple “revoltosa dinametera”, mientras que en el limbo se escucha como un rezo, para salvar nuestras almas: “Busco sin encontrar, escribo a solas, no hay nadie, cae el día, cae el año, caigo al instante, caigo al fondo, invisible camino sobre espejos que repiten mi imagen destrozada…”.

Elvira Hernández Carballido


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Una introducción a Octavio Paz Alberto Ruy Sánchez Fondo de Cultura Económica, México, 2014.

La poesía de Octavio Paz, como la de cualquier gran poeta que se precie, sólo se necesita a sí misma, como creación fascinante debe ser lectura obligada para las nuevas y no tan nuevas generaciones, la poesía de los poetas es la edificante, la que conmueve, la que transforma, pero no así los biografismos producto del panegirismo y el comercio literario, que a manera de “la vida de los santos”, pretenden hacer de la contradictoria y accidentada humanidad de un poeta un mito viviente, por encima de su propia poesía.

Más allá de supuestos protagonismos históricos, la figura de Octavio Paz puede verse de dos simples maneras: como el poeta de una obra vasta y poco leída por el “gran público”, y como el divulgador cultural que fue, a través de acuciosos ensayos que ahora tampoco parecen ser muy leídos, pues según un estudio de opinión del Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE), de 2013, en el terreno literario “los mexicanos leen 2.8 libros por año, donde domina la novela, pero en el cual la obra más leída es la Biblia”. Un ejercicio interesante de análisis de opinión pública, ahora que se están celebrando los cien años de su natalicio, sería conocer qué tanto es leída su obra en nuestro país, y también, ya de paso, la de otros poetas. Quizá el resultado arroje que Paz es el más conocido de los poetas mexicanos pero, quizá también, el menos leído en comparación a Sabines, Chumacero, Pellicer o Bonifaz, por decir algo.

¿Hay necesidad de hacer de Paz un mito de la poesía en México? Tal parece que no. Sin embargo, los años antes y después de su muerte, sus “amigos y aliados”, como el mismo les nombró, se han ocupado de forma obsesiva en construir, casi de manera matemática, una imagen del poeta de doble plano: el plano de lo común y el de lo extraordinario. El plano de lo común, recae en el ámbito personal, muy adaptado y retocado, donde se testimonian una serie muy escogida de vicisitudes terrenas, constantemente alteradas. El otro plano corresponde a lo extraordinario: la del hombre que “todo lo que experimenta es una señal codificada que impulsa su propio crecimiento, su ascensión hacia la madurez de la obra y el poeta”, (Pág.73, de Una introducción a Octavio Paz, Alberto Ruy Sánchez). Es el registro de su personalidad colectiva, la del “hombre público”, “el intelectual que era”: “el poeta apasionado, activo, beligerante, lleno de experiencias fundamentales y de la cultura que había absorbido y vivido…” (Pág. 87, ídem).


17 La “escrupulosa obsesión” de Octavio Paz por la perfección no se limitó solo a su poesía: la insistente necesidad

de reinventarse, cada vez “más perfecto”, alcanzó también a su biografía. “Escribir es inventarse, y al inventarse, descubrirse. Escribir es recobrarse”, nos dice en el texto “Preliminar” de su “Obra Poética I”, pág. 17. ¿Por qué tendría Paz qué cuadrar su biografía? Al respecto, Armando González Torres, en un ensayo titulado “Octavio Paz: La ausencia beligerante. El peso del patriarca”, escribe: “Paz estaba muy consciente de su papel estelar en la tradición literaria moderna y sabía que sus actitudes y expresiones tendrían una resonancia en la posteridad. Por eso, el interés personal en la construcción de su figura pública y la obsesión por resaltar la congruencia y continuidad de su obra y actitudes, por establecer su lugar en el panteón literario moderno y, en fin, por configurar al personaje, independiente y libertario, que, con más cabalidad, encarnó a partir de los años setenta”.

De lo afirmado en este párrafo por González Torres, se acentúa, desde el mismo subtítulo con el que designa su trabajo, el tono manifiestamente exaltado y extraordinario: “El peso del patriarca”. En lo escrito por este ensayista clarea, sin ninguna duda, la intención de elevar a Paz a un nivel más allá de lo simple humano, la inflexión de la voz es casi del orden teológico, pues para González Torres, el poeta de ¿Águila o sol? no es un simple individuo sino un verdadero praedestinatio. Predestinado es el adjetivo que se le aplica a aquel cuyo destino ya está escrito. De esta forma, se entiende que la persona predestinada tiene su final definido desde el momento de su nacimiento por obra de una divinidad o de algún tipo de fuerza mayor. González Torres ve pues, en Paz, a un ser con un destino establecido, como los santos o los héroes míticos pero que, además, él ya conoce y que sólo debe cumplir: “sabía que sus actitudes y expresiones tendrían una resonancia en la posteridad. Por eso, el interés personal en la construcción de su figura pública…”.

Textos como el de González Torres donde se exaltan desmedidamente las tipologías de Octavio Paz como representación objetivada de un epos, abundan entre sus apóstoles que se afanan por instaurar a nivel social una imagen mítica del poeta a partir de un elaborado guión biobibliográfico establecido y supervisado en vida por el propio Paz, pero transubstanciado a una narración de orden mitológico, donde además abunda la desmesura: “Conozco pocos casos, en un medio cultural que se pretende riguroso, donde se hayan producido comentarios tan serviles como en el caso de Paz”, dice Jorge Aguilar Mora, en la introducción a La divina pareja, Historia y mito en Octavio Paz, México, Era, 1978.

Esta misma propensión mito-biográfica está presente, pero a un nivel más estilizado en el libro: Una introducción a Octavio Paz, de Alberto Ruy Sánchez. Editado originalmente por la desaparecida casa editora Joaquín Mortiz en 1990, año en que le conceden el nobel a Octavio Paz, y reeditado en el 2013 por el Fondo de Cultura Económica, a propósito de los cien años de su natalicio.


Este libro, expresa el autor en una innecesaria Advertencia, pues más bien supone un preámbulo explicativo: 18 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ “surge de la necesidad expresada por mucha gente (ya dijimos que no sabemos qué tanta es leída la obra de Paz)

de horizontes diversos de tener una visión global pero muy breve de la obra y la vida de Octavio Paz. Es un ejercicio de síntesis, el perfil apenas de una vida compleja y una biografía que son vastas y apasionantes”. Dice también, de esta edición, que “es una forma breve de compartir el privilegio de haber conocido su obra iluminada por su presencia”. Después de esta exaltación, Ruy Sánchez explica que ha dividido “el cauce de esta muy sintética vida intelectual de Octavio Paz en cinco círculos vitales que siguen una cronología”. Volvemos a ver en esta exposición de motivos, el propósito de transponer el umbral del tiempo ordinario para instaurar en su lugar un tiempo mítico que se ajuste al plan sobredimensionador de la figura del poeta; para lograr su objetivo, el ensayista invoca, a nivel simbólico, el mito de los cuatro elementos que en el pensamiento antiguo son el sustento de toda la vida; de esta manera designará cada capítulo como: Circulo de tierra, Círculo de aire, Círculo de fuego y Círculo de agua. A cada uno corresponden periodos de 29, 14, 11, y 19 años de la vida del poeta, más otros tres breves capítulos a los que denomina: La semilla, En la espiral y Coda. Pero además, esta disposición también lleva implícita la imagen de las cinco eras del tiempo mítico azteca, pues si a los cuatro capítulos de los elementos se le agrega el llamado: En la espiral, que cubre un periodo de ocho años, se completa la estructura míticosimbólica sobre la que Ruy Sánchez monta la cronotopía de Octavio Paz.

Como ha quedado manifiesto, la disposición de los capítulos de Una introducción a Octavio Paz, no es un hecho fortuito, “como algunos simplistas lo quisieran”, corresponde al principio de la instauración del mito Paz, a partir de un libro que, a decir del propio autor: “ha servido tanto a alumnos y profesores como a cualquier persona interesada en conocer algunas claves de la obra de Octavio Paz”, aunque también, como lo expresa Pedro Serrano en su esclarecedor ensayo: El caracol y la pirámide, el ocultamiento de la personalidad en los ensayos de Paz: “no dice nada que no pueda ser leído en los propios escritos de Paz, aunque lo dice de manera más breve”. “Su Introducción es una respetuosa repetición literal, aunque resumida, del original”.

En efecto, muy pocas cosas hay en esta Introducción que no haya escrito antes Paz, salvo por alguna que otra exaltada acotación teológica, además de algunos comentarios que funcionan como justificadores de “un misterio”: “Observar y tratar de comprender la alquimia transformadora de la vida y obra de un poeta es siempre una aventura y una búsqueda. Es reconocer que hay un misterio, es avanzar en los indicios para resolverlo pero es también aceptar que siempre permanece una parte del misterio”, (Pág. 23). ¿Cuál es ese misterio del que habla Ruy Sánchez?, no queda del todo claro, pues no hay misterio en una vida tan pública como la de Paz, en todo caso, lo que sí hay, es la intención de convertirla en un forzado y misterioso mito, “una especie de tercera realidad”.


Antes que nadie, Octavio Paz escribió su propia biografía en distintos momentos y en diversos textos que, luego, 19 tras una selección y montaje hecho por Guillermo Sheridan, Gustavo Jiménez Aguirre, Anthony Stanton y

Christopher Domínguez Michael, fue titulada: Octavio Paz por él mismo, y publicada en el Periódico Reforma, el 6 de abril de 1994. Este “montaje” constituyó un intento por conformar una autobiografía que aparecería luego integrada al corpus de su obra poética; en ella el poeta trazó y dejó instituida la génesis de su historia oficial, Paz no dejó nada al azar. Allí están, como dice Ruy Sánchez: “los ingredientes familiares, sociales, políticos que combinados con el fuego transformador de su persona…” (pág. 22), constituyen la invención de su personalidad literaria, las demás cosas que no tuvieron utilidad para dimensionar su figura las desechó, y otras las metamorfoseó hasta ajustarlas a las exigencias de su propia invención. La invención de un súper yo tendiente a parecer históricamente protagónico, siempre en la primera línea de los sucesos que recrea epopéyicamente, aunque su desempeño allí no haya sido del todo una verdad objetivada, o en todo caso, como él mismo lo afirma, sienta que haya llegado tarde a la gran Historia: “Gente de las afueras, moradores de los suburbios de la historia, los latinoamericanos somos los comensales no invitados que se han colado por la puerta trasera de Occidente, los intrusos que han llegado a la función de la modernidad cuando las luces están a punto de apagarse”. (Posdata, México, Siglo XXI, 1970, p. 13). Un ejemplo de este “fuego transformador de su persona”, de “la alquimia transformadora de la vida” que menciona Ruy Sánchez en su libro, lo aporta Pedro Serrano en El caracol y la pirámide, el ocultamiento de la personalidad en los ensayos de Paz, en el capítulo tercero que denomina: Ocultamiento de Elena Garro. Serrano cita dos relatos de un mismo hecho vividos lo mismo por Paz que por Elena Garro en España, mientras estaban en el congreso de intelectuales antifascistas celebrado en Valencia, y a donde Paz llegó, según afirma Serrano, por la invitación que le hizo llegar Elena Garro, mención que el poeta y sus críticos han borrado de su biografía. Ruy Sánchez en su Introducción sólo menciona este hecho de paso de la siguiente manera: “En el momento de casarse, ella iba a cumplir dieciocho años y él tenía veintitrés. Inmediatamente se fueron a España. Porque estando en Yucatán, Octavio Paz había recibido una invitación para asistir a un congreso de intelectuales antifascistas que debería celebrarse en Valencia”. (Pág. 46).

Cito ahora los dos textos de un mismo suceso relatado, el primero por Octavio Paz donde Elena Garro ha sido borrada, y la realidad arreglada a la exigencia narcisista del poeta, y el segundo, de la propia Elena; aquí, más que en ninguna otra parte, queda manifiesta “la alquimia transformadora” que menciona Ruy en su libro: “Un domingo fui con dos amigos, los poetas Manuel Altolaguirre y Arturo Serrano Plaja, a un lugar cercano a Valencia y tuvimos que regresar a pie ya que perdimos el último autobús. Ya era de noche, caminábamos por la carretera y de pronto el cielo se incendió con los disparos de la artillería antiaérea. Los aviones que no podían penetrar en Valencia debido al fuego de las baterías republicanas arrojaban sus bombas en los alrededores de la ciudad, precisamente por donde nosotros estábamos. El pueblo al que llegamos estaba iluminado por los disparos.


Lo atravesamos cantando la Internacional para mantenernos con valor y para animar a los habitantes, y después ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ nos 20 refugiamos en una huerta. Los campesinos nos fueron a ver y cuando supieron que yo era mexicano se

conmovieron. México ayudaba a la república y algunos de aquellos campesinos eran anarquistas. En pleno bombardeo regresaron a sus casas a buscar comida y nos trajeron un poco de pan, un melón, queso y vino. Haber comido con los campesinos bajo las bombas…, yo esto no lo puedo olvidar”. (Rita Guibert, Siete voces, México, Novaro, 1974, p. 279). “Lo que sigue es la narración del mismo acontecimiento, hecha ahora por Elena Garro”: “Un domingo, Serrano Plaja y Manolo Altolaguirre quisieron ir a nadar. A Paz le pareció magnífico. Nos fuimos al Salar en un autobús que salió retrasado. El pasaje de canales, acequias, huertas, arrozales y además la playa, nos deslumbró. Vimos que la tarde caía con precipitación. Era necesario apresurarse para alcanzar el autobús y echamos a andar por la carretera rumbo a Valencia. “Es el sistema de riego de los árabes”, explicó Serrano Plaja. Paz temía perder el autobús, y yo creía que no existía: “Te equivocas, el Estado se ocupa de que esté a la hora”, dijo Serrano. “Cuando el Estado ordena sólo desordena”, respondí y Manolo estuvo de acuerdo conmigo y él y yo nos adelantamos para poder hablar sin ser “ortodoxos y objetivos”. De pronto, sin previo aviso, apareció una flotilla de “Junkers” que se dirigía a Valencia. El cielo a lo lejos se abrió como un enorme abanico de chorros de luz que se movían como echando aire. La barrera era infranqueable. Sin embargo, flotillas de “Junkers” venían una tras otra y la carretera se llenó de campesinos que corrían en dirección opuesta a la de Valencia. —Vienen en un portaaviones —dijo Serrano Plaja y Manolito y yo echamos a correr con los campesinos. Paz corrió tras de nosotros, me alcanzó, me sujetó por un brazo y ordenó: “¡Nosotros vamos a Valencia!” Manolito se sublevó: “Chico, es absurdo avanzar hacia donde caen las bombas.” Los aviones que no lograban cruzar la barrera antiaérea soltaban su carga explosiva muy cerca de nosotros y lo lógico era alejarse, como hacían los campesinos. Empavorecida, me solté de la mano de Paz y corrí a campo traviesa y empecé a hundirme en el lodo: me había metido en un arrozal. Surgieron una viejecita y un viejecito que me sacaron de la carretera y me llevaron a su casa, situada al borde de la carretera y todos nos reunimos en su huerto. “¡Échate bocabajo y no cierres la boca. Las bombas desplazan aire y pueden estallar los pulmones! ¡Detente la nuca con las manos, la sacudida puede desnucarte!”, ordenaba Serrano Plaja, tendido bocabajo sosteniéndome la nuca. —¡Qué buenos sois! ¡Qué buenos! —repetía Manolito a los dos viejecitos, que, de pie, observaban el fragor de la batalla. —Ya pasó todo, ya pasó todo, pequeña —repetían ellos. Muy tarde se fueron los aviones. Nos sentamos en el huerto oscuro, al amparo de las ramas bajas de los árboles. El viejecito nos obsequió melones y rebanadas de un pan muy blanco, envuelto en una servilleta también muy blanca. Allí, en la oscuridad del huerto, descubrí que los dos viejecitos eran dos santos que se habían aparecido para consolarnos y cobijarnos del peligro, y ante la frase repetida de Manolo: “¡Qué buenos sois, qué buenos!” recordé los Evangelios y los milagros. Ya sin miedo


echamos a andar hacia Valencia, y sucedió otro milagro: nos recogió un automóvil que nos llevó a la ciudad oscura. Manolito perdió su bañador”.

21 (Elena Garro, “A mí me ha ocurrido todo al revés.” Cuadernos

hispanoamericanos, n. 346, abril, 1979). “Debido a que la relación entre vida y obra en el poeta moderno ha sido cuidadosamente borrada por los propios poetas, las pistas falsas con las que construye su autoridad son seguidas ciegamente por sus críticos. Estos vericuetos han logrado pasar desapercibidos, ocultados por rotundas afirmaciones intelectuales cuyo carácter estratégico no se reconoce”. La cita es del mismo Serrano, y para concluir con esta parte, considero que le hace un noble homenaje al libro escrito por Ruy Sánchez.

Neurosis y reescritura

¿Por qué Octavio Paz quería componer su biografía en forma de relato mítico para que coincidiera perfectamente con la construcción de su personalidad literaria, y convertirse, de acuerdo a palabras de Ruy Sánchez, en el “hombre singular que fue”? Una posible respuesta puede estar en la interpretación que hace Jacques Lacan de uno de los cinco casos emblemáticos de Freud denominado El hombre de las ratas, que se encuentra referido en el Seminario 0 con el título: El mito individual del neurótico (El Hombre de las Ratas), Poesía y verdad en la neurosis. “El mito –explica Lacan-, es precisamente lo que puede ser definido como otorgando una fórmula discursiva a esa cosa que no puede transmitirse al definir a la verdad, ya que la definición de la verdad sólo se apoya sobre sí misma, y la palabra progresa por sí misma, y es en el dominio de la verdad, donde ella se constituye. No puede ser apresada ni apresar ese movimiento de acceso a la verdad como una verdad objetiva, sólo puede expresarla en forma mítica”. “Nosotros podemos encontrar en la propia vivencia del neurótico todo tipo de manifestaciones que propiamente hablando forman parte de ese esquema, y en las que se puede decir que se trata de un mito”. Ahora veremos cómo encaja con Octavio Paz lo formulado por Lacan. El nobel mexicano decidió comenzar su autobiografía como relato mítico de su constelación familiar, aquí Paz describe la importancia y función que cada miembro de su familia formada por la madre Josefina Lozano, la tía Amalia Paz, el abuelo Irineo Paz, y el padre tendrán, en ese orden, en la estructura síquica del poeta. De la madre, Paz dice pocas cosas, las referencias más abundantes se encuentran en ese “retrato mítico” que hace en Pasado en claro, y en que, a decir de Ruy Sánchez, “describe también el ambiente de la familia y la casona del abuelo Irineo: “Mi madre, niña de mil años,/ huérfana del mundo, huérfana de mí,/ abnegada, feroz, obtusa,


providente,/ jilguera, perra, hormiga, jabalina,/ carta de amor con faltas de lenguaje,/ mi madre: pan que yo 22 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ cortaba/ con su propio cuchillo cada día”. Sobre este poema, Jacobo Sefaní tiene una interpretación en su ensayo

“Desde las grietas de la infancia: un fragmento de Pasado en claro de Octavio Paz”, al que remito a quien desee abundar más. De la tía Amalia Paz, la hermana solterona del padre de poeta, dice Ruy Sánchez que fue la que inició al niño “a la literatura y sus poderes…”. De ella escribe el poeta en dicho texto: Virgen somnílocua, una tía/ me enseñó a ver con los ojos cerrados,/ ver hacia adentro y a través del muro”. El abuelo Irineo Paz Flores, fue un prominente intelectual liberal… explica Sefani, también funge como maestro, “de él aprende a desafiar la adversidad, el cariño y agradecimiento del yo se expresa con un doble de la frase”: “que descanse en paz”: “Esto que digo es tierra/ sobre tu nombre derramada: blanda te sea”.

En cambio, el tratamiento que le da al padre es distinto, más que recriminación, hay rencor, enfrentamiento, rivalidad que ni la muerte resuelve: “Del vómito a la sed,/ atado al potro del alcohol,/ mi padre iba y venía entre las llamas./ Por los durmientes y los rieles/ de una estación de moscas y de polvo/ una tarde juntamos sus pedazos./ Yo nunca pude hablar con él./ Lo encuentro ahora en sueños, esa borrosa patria de los muertos./ Hablamos siempre de otras cosas”.

Ahora volvamos a los paralelismos de la constelación familiar del Hombre de las ratas y la de Paz. El padre del Hombre de las ratas, dice Lacan: “ha sido suboficial en el inicio de su carrera, ha sido un personaje muy importante en lo concerniente a la autoridad, pero algo irrisorio, una cierta desvalorización acompaña permanentemente al sujeto en la estima de sus contemporáneos… Existe también otro elemento del mito familiar que no carece de importancia. El padre ha tenido, en el transcurso de su carrera militar, lo que en términos púdicos podrían llamarse dificultades, pero dificultades bastante serias. Lo que ha hecho, nada menos, ha sido dilapidar los fondos que debía cuidar como obligación de sus funciones, los fondos del regimiento, los ha dilapidado debido a su pasión por el juego, y su honor pudo salvarse, incluso su vida, por lo menos en el sentido de su carrera y de la figuración social, gracias a la intervención de un amigo que le prestó la suma que se debía devolver, figura del amigo salvador en este episodio del que siempre se habla como de algo verdaderamente importante y significativo en el pasado del padre”. La imagen del “amigo”, al que hace referencia Lacan, puede ser sustituida en el caso de Paz, por la del abuelo Irineo, es por su intervención que la familia Paz Lozano logra salvar el honor, el decoro y la figuración social de la que hay una dilapidación por parte del padre, “figuración social” que, además, tanto estimaría el poeta.

El padre del poeta, dice Ruy Sánchez, estudió derecho e hizo una tesis sobre la libertad de imprenta. Fue agente del ministerio público y gerente de la imprenta familiar que sería quemada y saqueada durante la Revolución mexicana (ha sido un personaje muy importante en lo concerniente a la autoridad, pero algo irrisorio, una cierta desvalorización acompaña permanentemente al sujeto en la estima de sus contemporáneos). También tuvo una


incursión en lo militar: “él y otros intelectuales progresistas se unieron al movimiento encabezado por Emiliano 23 Zapata”, pero se autodesterró (no se explica por qué en este libro) desde 1916 a 1920, a los Estados Unidos;

cuando regresa al país, su imagen y autoridad estaban deterioradas por el alcoholismo que sufría. Muere el 8 de marzo de 1936 arrastrado por un tren que despedazó su cuerpo, a los 52 años de vida: “Del vómito a la sed,/ atado al potro del alcohol,/ mi padre iba y venía entre las llamas./ Por los durmientes y los rieles/ de una estación de moscas y de polvo/ una tarde juntamos sus pedazos”. “El alcoholismo de su padre era como un fantasma amenazante sobre la madre”. “La madre y el niño vivieron casi solos, como si el padre trabajara en otra ciudad”. “Estaba todo el tiempo fuera”, escribe Ruy Sánchez. La angustia por el alcoholismo del padre y la sensación de abandono: “Yo nunca pude hablar con él”, dice Paz, sumado a los descuidos de una madre, pudieran ser, de acuerdo a lo planteado por Lacan, “el elemento mórbido, que desarrolló el elemento fantasmático, la gran aprensión obsesiva del sujeto” por la reconstrucción de un yo mítico, (Tal vez el yo es ilusorio: no soy el que fui hace un instante –y saberlo me ata a ese desconocido que fui. Preliminar Obra Poética I), un yo en el que “se anula la tragedia y la amargura” y se resuelve la angustia provocada por el desencadenamiento de una crisis. Hay una grieta entre la historia del padre y la madre que Paz busca llenar con las figuras del abuelo y la tía, desde ahí construye ese argumento fantasmático que aparece como un pequeño drama y al que le otorga carácter mítico, ante la imposibilidad de unir ambos planos; por lo demás, siguiendo a Lacan: “él es exactamente lo que se denomina la manifestación del mito individual del neurótico”. Sobre las ruinas del que fue, Paz construirá como sujeto desdoblado un yo ilusorio, “un sustituto sobre el cual deben dirigirse todas las amenazas mortales”: “El yo debe desaparecer o aparecer bajo una máscara impersonal”, (carta de Paz a Pere Ginferrer, 1967, citada por Jacobo Semafí en: “Desde las grietas de la infancia, un fragmento de Pasado en claro de Octavio Paz”…) “Fiel al autor de unos poemas de los cuales yo, la persona real, no he sido sino el primer lector”. (Citado por Jorge Aguilar Mora en: “Diálogo con los hijos del Limo de Octavio Paz”, en “Octavio Paz, la dimensión estética del ensayo”, coordinador: Héctor Jaimes, Siglo XXI, 2004). “En esta forma muy especial de desdoblamiento narcisístico reside el drama personal del neurótico, y en relación a él adquieren todo su valor las diferentes formaciones y estructuras míticas…”.

Hay un momento particular, en la experiencia de Paz, donde quedó la marca de ese instante en el que se escinde la personalidad natural del individuo y nace la del poeta: “Una tarde, al salir corriendo del colegio, me detuve de pronto; me sentí en el centro del mundo. Alcé los ojos y vi, entre dos nubes, un cielo azul abierto, indescifrable, infinito. No supe qué decir: conocí el entusiasmo y, tal vez, la poesía” (Octavio Paz por él mismo 1914-1924). En la vivencia neurótica, explica Lacan, “el sujeto tiene siempre, con respecto a sí mismo, esta relación, por una parte, anticipada de su propia realización, lo que lo excluye de sí mismo, por una dialéctica de dos cuya estructura es perfectamente concebible, que lo rechaza en el plano de una insuficiencia, de una profunda grieta, de un desgarramiento original, de una derelicción, para usar un término heideggeriano, enteramente constitutivos de su


condición humana, a través de lo cual su vida se integra en la dialéctica; y muy específicamente lo que se 24 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ manifiesta en todas las relaciones imaginarias”. (Seminario 0). “El mito puede ser considerado como una forma

de, o la forma, el molde de subjetivar lo real”. (“Algunas puntuaciones sobre la noción de mito en Lacan”, Laura Amelia Guiñazú, Felipa Triolo Moya).

Por último, con el fin de visibilizar aún más el origen de la obsesión mito-constructiva de Paz, es necesario volver a lo que explica Lacan y sobreponer algunos episodios de la constelación familiar de Paz: “En el caso de los neuróticos, en la forma más clara, es muy frecuente que el personaje del padre, por algún episodio de la vida real, sea un personaje desdoblado, ya sea porque el padre murió tempranamente, o porque un padrastro lo reemplazó (“la madre y el niño se refugiaron en la casona del abuelo Irineo”, quien funge como guía, el abuelo le enseña “a sonreír en la caída”.) y con el cual el sujeto se encuentra en relación mucho más fraternal, en el sentido en que ella se desarrollará en el plano de esa virilidad celosa (“Don Ireneo, mi abuelo, es la figura masculina de mayor impacto en mi primera edad”. Octavio Paz por él mismo 1914- 1924) que constituye la dimensión de la relación agresiva en la relación narcisista, o bien, tratándose del personaje de la madre (“perra’, en su connotación de rabiosa, mala madre, obstina o ruin”, Sefamí.) que las circunstancias de la vida permitan el ingreso en el grupo familiar de otra madre, (la tía Amalia: “Virgen somnílocua, una tía/ me enseñó a ver con los ojos cerrados,/ ver hacia adentro y a través del muro”… “Era inteligente y delirante, solícita y perversa”) o bien porque se introduzca de manera simbólica esa relación mortal (“la muerte es madre de las formas... y los años y los muertos y las sílabas son cuentos distintos de la misma cuenta”. Pasado en claro) y al mismo tiempo la encarne en la historia del sujeto en una forma que le suministra un soporte histórico totalmente real (“¿Hay salidas de la historia que no sean la muerte?”), para culminar en la creación del cuarteto mítico”. Este cuarteto: madre, tía, abuelo, padre: “se reencuentra efectivamente encarnado y reintegrable en la historia del sujeto”, en “la leyenda de su tradición familiar” que tal vez puede definirse con la fórmula de una cierta transformación mítica, de la que emerge finalmente la autobiografía del poeta y su obsesión por sobreponerse una máscara ideal que borrara los rasgos repulsivos del tiempo y la realidad.

A cien años de su natalicio, la obra y la vida de Octavio Paz deben verse simple y llanamente como lo que son: la obra de un hombre complejo pero hombre al fin, sin máscara: curioso, ambicioso, brillante, apasionado, neurótico, rencoroso, reflexivo, que tuvo como oficio escribir versos. La obra de Paz es una obra que se nutrió de su propia vida y de sus circunstancias, (“el poema se nutre del ser que le dio vida”) por eso le sobrepasa, es una obra en la que se reintegra la historia y al sujeto encarnado. Al leer su poesía se revela el hombre simplemente que fue, la poesía no sabe mentir.

Jeremías Marquines


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ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ

Céfiro azul Dante Vázquez Mi nena linda, inquieta y creativa, quisiera entregarte Luna y estrellas en cálidos versos y prosas bellas para que siempre te sientas luz viva. Imaginarte andando a la deriva, sollozando ausente íntimas querellas, bebiéndote tristezas a botellas, me parte las tripas y desmotiva. Pero debes domar internos potros, sola, para ser mar ingobernable de luciérnagas: en ti misma y otros. A pesar de la distancia infranqueable entre tú y yo, entre yo y tú, entre nosotros, dejemos que la noche celeste hable: Nombras el árbol, niña. Y el árbol crece, lento y pleno, anegando los aires, verde deslumbramiento, hasta volvernos verde la mirada. Nombras el cielo, niña. Y el cielo azul, la nube blanca, la luz de la mañana, se meten en el pecho hasta volverlo cielo y transparencia. Nombras el agua, niña. Y el agua brota, no sé dónde, baña la tierra negra, reverdece la flor, brilla en las hojas


y en húmedos vapores nos convierte. 27

No dices nada, niña. Y nace del silencio la vida en una ola de música amarilla; su dorada marea nos alza a plenitudes, nos vuelve a ser nosotros, extraviados. ¡Niña que me levanta y resucita! ¡Ola sin fin, sin límites, eterna!

Niña Octavio Paz


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Cien velas

Cien velas de rebeldía por cada año transcurrido pájaro de Papasquiaro con dos alas izquierdas sobreviniendo la vida purgando condenas aprisionado, enjaulado, por militancia social en la jaula negra palacio negro con muros de agua transcurriendo los días terrenales con el luto humano en algún valle de lágrimas donde los errores, los motivos de Caín nos mandan a dormir en tierra en el apando donde Polonio, Alvino y algún Carajo proporcionan aquel material de los sueños donde el Dios de la tierra no hace más que inspirar revoluciones, motines, insurrecciones revueltas y más revueltas Gracias Revueltas

Tania Jasso


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El indigenismo en la palabra Aunque se dice que José Revueltas no escribió novelas indigenistas hay en su obra imágenes plagadas de simbolismo náhuatl-judeo-cristiano, donde los personajes aparecen con características, descritos con tal precisión que evocan a animales, con esas semejanzas y esas formas que los definen ante los ojos del lector como indios, pero los presenta con el aparente desprecio de la sociedad que los rechaza pero haciéndonos viles si coincidimos con ese desprecio y repulsión que consigue arrancarnos, creándolos como monstruos ante nuestros ojos (La Chunca, de Dormir en tierra). Los cuentos y las novelas de Revueltas se construyen de metáforas en la realidad que describen en la que el desdén por lo indio como por lo comunista, por lo social, por esa gente que no tiene nada pero es al mismo tiempo la que somos los mexicanos. Su forma de yuxtaponer a los personajes con distintas características refleja una forma de sincretismo religioso, pero en realidad es algo más complejo por no sólo se refiere a las cuestiones místicas de alguna religión, sino que incluye y considera aspectos políticos y humanísticos. Existenciales. Revueltas es uno de los grandes de la literatura mexicana, poco conocido en el extranjero por no ser parte de las industrias comerciales que han rodeado a muchos otros escritores, sin embargo admirado y conocido por escritores jóvenes y otros que creen en la literatura como una forma de tocar la realidad y transformarla. Logra la concatenación de personajes que se les ve en un ambiente que no les corresponde, y eso los ridiculiza pero al mismo tiempo los sacraliza, tal como ocurre cuando Revueltas señala: En medio de la selva (el reparto de los peces tiene lugar en los alrededores de Acayucan, Ver.), entre los hombres desnudos y las mujeres casi animales, resulta fantásico oír el nombre de la socialista alemana. Rosa de Luxemburgo. Nuestra señora de Catemaco. Ambas debían ser en efecto figuras solamente celestiales.1 Logrando así la fusión de elementos socialistas y cristianos, estos a su vez con su carga gentil y pagana.

1

José Revueltas, Las cenizas, México, Ediciones Era, SA., 1981. 352.


No es que Revueltas exponga una realidad contradictoria, es que es capaz de ver esas contradicciones inverosímiles de la vida cotidiana, esas condiciones que trascienden lo real hasta parecer fantasía, pero es31parte de una realidad inverosímil que es la de México. En su obra, José Revueltas no sólo se expone una visión política de la realidad social, va más allá de lo que se ha entendido como indigenismo como forma de expresión y el folclorismo que le antecede, o el populismo de otros narradores mexicanos como Mariano Azuela. En sus cuentos, como un reflejo de la realidad, José Revueltas simplemente narra lo que en la realidad era cotidiano, la actitud antiproletaria de parte de las autoridades gubernamentales emanadas de la Revolución Mexicana. Pueden leerse pasajes en los que mezcla la realidad que ha visto, lo que ha vivido, con la ficción que cobra forma sin exageraciones solo vista con desde la óptica de un narrador omnipresente que a veces es cómplice y otras juez implacable de los personajes. La constante es la disyuntiva americana, la razón frente al instinto, lo civilizado frente a lo bárbaro, el mestizo frente al indio; los morenos y torvos frente a los blancos y finos; discusión en la que se enfrascan también las motivaciones sociales, étnicas, morales, económicas y políticas que se polarizan en uno y otro bando. La lejanía cobra un nuevo significado, no es la palabra que se trasmuta en distancia, es algo más profundo lo que le da José Revueltas a las palabras, es lo inalcanzable, es lo que no se puede ser porque no se nació con ello. Así lo evidencia cuando dice: (...) los indios siguieron con la mirada el curso de la moneda, pero sin moverse. (...) estaba muy lejos para ellos, muy lejos, al otro lado de lo que eran, inalcanzable.2 Lo que hace diferentes a los hombres de sus cuentos no es el color de la piel, ni siquiera la forma de hablar, es como piensan, es esa cosmovisión del mundo que no sujeta ni aprecia, que no retiene más allá de lo que puede disfrutar el individuo, que no atesora en la abundancia sino en la utilidad instantánea. De ahí que sea incomprensible la persistencia de que el indio atesore la tierra, que prefiera la que menos valor tiene para que nadie desee lo que él tiene que es poco menos que nada. La ruindad humana no es la que vemos en la carencia, sino en la abundancia de desprecio por la humanidad, en la incapacidad de poseer algo más que bienes materiales que representan todo lo que un ser humano posee incapaz de darle a la palabra algún valor. La construcción la plantea José Revueltas no con fines moralistas sino como una realidad inherente a los hombres de ese México en el que cohabitan los indios cuya idiosincrasia los hace diferentes sí, pero porque aún conservan esa herencia precortesiana como todo lo mágico, lo divino, lo místico con lo que es visto lo náhuatl, con cierto dejo de melancolía y nostalgia por algo que se ha perdido aunque nunca se conoció. Que es al mismo tiempo de eso que habla en su obra que han perdido los indios y que ni ellos mismos saben de qué se trata.

2

José Revueltas, Las cenizas, México, Ediciones Era, SA., 1981. Pg. 599.


Hay en los cuentos una constante reminiscencia a la herencia materna, a la carne morena y profunda 3 que en el 32 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ cuento es todo lo indígena, lo indio, la tierra, el apego a las costumbres, al sincretismo religioso y a la existencia

misma La constante comparación con los objetos y con los animales concede esas características que tienen, no como defectos sino como cualidades inherentes a su raza para la cual el cuchillo tiene tanta importancia como los dioses mismos. La obra se preña de metáforas, de reminiscencias populares, de mitos, de creencias como la de los nahuales, de eufemismos, y de temores que tienen un origen ligado a la vida de los aztecas y de otros grupos que poblaron este país del que somos parte y que no podemos negar. Más que un indigenismo en la obra de Revueltas, hay una vuelta a mirar lo que se es, a hacernos sentir parte animales, parte objetos, porque en algún momento lo hemos sido.

Argentina Casanova

BIBLIOGRAFÍA 

Rodríguez Chicharro, César “El indigenismo de José Revueltas” en Estudios de Literatura Mexicana, UNAM, Ciudad de México, 1983: 234-275

3

Revueltas José, Obras Literaria t II, México, Empresas Editoriales, SA, 1967 pg 220.

Revueltas José, Las cenizas, México, Ediciones Era, SA., 1981. Pg. 599

José Revueltas, Obras Literaria t II, México, Empresas Editoriales, SA, 1967 pg 220.


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ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ

Del corredor no pasas “Sobre el cuerpo de Adán descendió el primer zopilote, uno de cuello atroz y alas ruidosas, como las de una cucaracha gigante”. José Revueltas.

Era a la edad de seis años cuando mi abuelo me mandaba a la tienda por caguamas, eso cuando tenía ambos pies, los dedos completos y aún no le daba la diabetes. Me cuenta mi padre, que a la edad de ocho años, en 1942, venía mi abuelo desde algún pueblito de Hidalgo, que lo traía su padre, que venían en camión rumbo a la capital, a la colonia Bondojo a vivir de la venta de pollos, también dice que él mismo (mi abuelo) era quien los mataba, el que desplumaba a las pobres criaturas que después de ser asesinadas quedan amarillas, casi como el color de la hepatitis, para luego dedicarse a rellenar almohadas y a la venta misma de las plumas por tres décadas de vida.

Fue entonces, al ver terminada su pequeña mina de oro, cuando se aventura ahora a vender frutas y legumbres, a establecer su “negocito” que le duraría bastante tiempo, porque de eso yo si me acuerdo, yo llegaba de la escuela y me metía a su changarro a saludarlo, me mandaba a “La China” por caguamas, me daba dinero y yo iba por ellas, también fumaba, fumaba puros, aunque eso sí me lo contaron, porque yo nunca lo vi prender ni un triste cerillo. Nunca tuvo estudios, sabe sumar y restar, pero no más. Ahora que es un anciano, que usa silla de ruedas y que casi no habla, es el perfecto estereotipo del triste viejo campesino urbano; yo no me atrevo a mirarlo a los ojos, le tengo miedo a su tristeza, si acaso lo miro de reojo y al bigote, siempre con la cabeza baja, su cara es el molde que le dio forma a la cara de mi padre, a las de mis tíos y de paso a la mía y a las de mis primos, todos con la misma cara de pelado, del que dio paso a una identidad errónea, a la maldición de la maceta, a ser aves de corral condenados a vivir dentro de una jaula para perico verde.

De mi abuela yo casi no sé nada, sé que se casó muy joven, que venía de Puebla, recién me he enterado de los supuestos engaños de mi abuelo, pero la verdad es que nadie cree eso, se podría decir que desde que le amputaron


el pie a mi abuelo, nadie la toma en serio, o al menos eso es lo que dice ella, es igual de melancólica que su 35 esposo, aunque ya ni se hablen, ni duerman en la misma cama, se han hecho muy aparte el uno de otro ahora que

son viejos, yo solo los veo juntos en fotos, uno me recuerda a Adán y el otro a una Eva metamorfoseada en Lilith, ambos desterrados del mismo edén, ambos con la cabeza agachada: Lilith con las manos en el pecho y expresión de enojo, y Adán, siempre con su mirada cansada.

Yo siento que mi madre casi no quiere a mi abuela, dice que siempre está de malas, que es imposible hablarle o darle los “Buenos días”, sin embargo, en mis recuerdos, persiste la imagen de dos mujeres charlando, la más vieja quejándose egoístamente, pidiendo que la lleven de regreso a su tierra, chingando a mi tío de que la lleven en el taxi a la central de autobuses, siempre lamentándose, yo la noto cuando sale de su cuarto únicamente para usar el baño, todo el tiempo con una mueca en los labios.

Yo prefería a mi otra abuela, la madre de mi madre, aunque no hayan convivido mucho la una con la otra en otro tiempo, ahora son como uña y mugre, pero ese no es el caso, me ha contado que su madre, mi bisabuela, llegó a subirse a una carrosa tirada por caballos, antes de que la ciudad de México se llenara de autos, porque autos ya había, también cuenta que ella (la madre de mi madre) viajó una vez en tren, rumbo a Veracruz. Hubo un tiempo en el que mi abuela tuvo que cuidar de mi bisabuela, pobrecita, es una viejecita de quién sabe cuántos años, sus hijos ya no sabían qué hacer con ella, es por eso que se la habían enjaretado a mi abuela, nunca quería comer, si acaso tomaba té o café y pan, pero siempre batallando con la comida, luego vinieron mis tíos por ella, después de dos años para llevársela a otra hermana, decían.

Cada que llego con mi abuela, me invita a tomar asiento y me sirve uno o dos platos de sopa, disculpándose de que no hay dinero, siempre pensando en su pobre casa, a ella, también le ha dado la diabetes, todo por hacer corajes, se los ha hecho pasar uno de mis tíos. “Del corredor no pasa, naciste para maceta”, se dice que el mexicano siempre anda pensando en jodidez, que el que no se sirve en la misma salsa de sus defectos no es humilde, todos somos de la misma estirpe, somos la sentencia de un montón de pelados, héroes agachados que buscan volver a donde según ellos pertenecen.

Diego Gutiérrez


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Los monos de arcilla I Los monos de arcilla se rascan / en silencio / incansables las partes blandas / y eructan y bailan alegres / y se deleitan en su materia sin fin / de equidades / de cópulas viejas / arcaicas / heridas / o muertas de tanto morir [Y no desearlo.] El mundo y su estética / claro-marxista (y no claroscura) parece bastarles. Pero algo en lo dentro / muy dentro / les niega el derecho de coexistir / o coexistirse /perteneciéndose unos a otros /incluso el amor / con tintes de miedo insoluto / incluso ese miedo sobre sí mismo / vertido mil veces en su interior. Son monos a medias / y hechos de sueños irrepetibles / se manosean / en lo fantástico /en lo simbólico nunca en el cuerpo / bajo la piel / siempre buscando lo más profundo. Y así transcurren. Antes del tiempo.

II Los hombres son monos / si lo deseasen / y viceversa. Porque acaecen…


Artríticos / de voz / hasta los huesos. 38

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Con ellos comparto / la intromisión del género / y la genética en esta vida. Con ellos el tránsito de asistir / al teatro en que dios (cualquier dios auténtico y entrañable) nos desvanece / en la sociedad. “Entes sociables.” –No Definidos. “Entes homínidos.” –Execrables. Todos tautólogos del sonido /todos eufónicos cuando intento / comunicarlos.

III No / en ti y en mí no pasa nada. ¿Qué te sucede, Mercedes? Ya no me mires, gacha. Los hombres conocen, como los monos, a la palabra. Y la utilizan / y la dominan / y la compactan dejándola luego / salir de sí /para no encontrarse. Así nosotros / vamos revueltos / hasta la médula. Así nos vemos y nos leemos / con paludismo anecdótico yendo y viniendo / indis-tinta-mente / de lo innombrable. Así aprendemos / que lo imposible / sólo acontece como cultivos /en tus novelas.

IV Después de ocurrir / y no ocurrir / sobreviniéndonos al tema del Alma…


Es lo monstruoso lo antónimo y febril / es lo inocente / lo más perverso. ¿Me vas a romper los güevos, Meche? ¿Qué vas a hacer con tu ruptura / si soy yo el fracturado?

V Queriendo intervenir / indiferente en lo inaudito del caos / tu intento de aroma / sublevado / es mi cuerpo irrepetible / sistémico /a veces un poco distante – inexistente – inenarrable. Acróbata / o cíclico / encierro en tres palabras (las inefables) que van de dentro / hacia afuera / en el cielo no antes descrito / y nunca antes dicho / jamás impertérrito / ausente de / significado.

VI Así es tu mito / adjetivo / en el orden inverso del universo / del cosmos / de lo humano / mutilando sin respiro / sus propias emociones. Y terminamos por sublevarnos / todos en la deshonra del individuo / En lo instintivo de no haber sido / ni serlo ahora / breviarios de carne.

VII Así los monos mueren / en su agonía. “Porque el Carajo es la puta más casta al hablar de ti.”

[-]

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In Memoriam. 40 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ Señor, José Revueltas.

David Soules


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Revuelta Para José Revueltas en su centenario.

Cuánta vergüenza hay entre los hombres. Cuánta indiferencia entre los huesos de los que fueron devorados. Ni una ronda de flores, ni un discurso pueden ocultar la sangre. No cabe en el encierro la fértil luz, la pólvora de pensamiento. Tu martirio es solitario, y en tu aliento, a quema boca, tu sudor es un ejemplo sin futuro. No hubo paloma en proletario y tu cáustica mirada derrite los muros del agua. Tu violencia metódica se amarra en la traición acéfala de todos. Tu uña activa se clavará en el lábaro patrio y un voluntario silencio ¡cubrirá! el apando de la sed. ¡Volverá! el aborto malquerido y las deudas fajaran el funeral de los perfiles vencedores. Desde la piedra en blanco se labra el luto humano


se derrama cautiva la p贸lvora para que unidos de las manos volvamos a dormir en tierra volvamos a dormir en tierra volvamos a dormir en tierra.

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Sergio Astorga


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Los poemínimos de Efraín Huerta En la obra de Efraín Huerta se encuentran temáticas diversas: el amor, el erotismo, la crítica social, la poesía política simpatizante con el comunismo y la ciudad de México. Una de sus obras terminales fueron los poemínimos, y aunque Carlos Monsiváis observa que éstos difieren de sus obras anteriores: “[los poemínimos] son acertijos graciosos, jaikáis humorísticos que contrastan con el desbordamiento erótico, urbano y político del resto de su obra”4, encuentro en ellos los mismos temas que en su poesía anterior. Esta observación está respaldada por lo que señala al respecto Heriberto Yepez: “podemos tomar los poemínimos como una síntesis posible de toda la poética huertiana y no, como a veces se pretende, como una curiosidad o un pasatiempo dentro de su obra ‘mayor’”.5

En apariencia inclasificables, los poemínimos han sido sujetos insistentemente a taxonomías poéticas, a la vez que han sido definidos desde lo que no son. Tanto Monsiváis, en la cita anterior, como el mismo Huerta en sus palabras preliminares a Estampida de poemínimos (Premiá, 1980), definen la primera impresión del poemínimo como la de algo gracioso, un chiste; Huerta retoma las palabras de su hija Raquel y de Octavio Paz para ejemplificarlo: Mi hija Raquel (8 años), al leer algunos declaró lo siguiente ‘Son cosas para reír’. Poco después, en la casa de un famoso pintor, Octavio Paz (58 años) los definió de esta manera: ‘Son chistes’. Me alegró en extremo que, separados por medio siglo de experiencia y cultura, Raquelito y Octavio hubieran coincidido.6

Una vez establecido el efecto de la primera lectura de un poemínimo, Huerta advierte sobre lo que no es: un hai kú (a diferencia de lo que sugiere Monsiváis. Si recordamos los haikúes de Tablada, por ejemplo, encontramos 4

La poesía: siglos XIX y XX. Presentación, selección y notas de José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis, p. 542. Mi cursiva. 5 Heriberto Yépez, “Los poemínimos: fragmentación, apropiación & pop” en El alba en llamas. Presentación de Raquel Huerta Nava, p. 121. 6 Efraín Huerta, Estampida de poemínimos, p. 10.


en ellos la brillantez en la imagen, la música de las palabras, más que la invención o la parodia lingüísticas); ni es 45 un epigrama, ni un aforismo ni un dogma. Más que un género establecido, la particularidad del poemínimo radica

en su carácter transformacional, como el mismo Huerta apunta: “dislocar y trastocar”.

En efecto, la primera impresión del poemínimo (que observó Huerta en su hija Raquel y en Paz), apunta al trastocamiento de la frase de que se vale el poeta para crearlo. Sin embargo, la chispa de humor que surge de él no es, en opinión de Yépez, la finalidad del artificio, o mejor dicho, la apuesta estética de Huerta, sino demostrar a partir de él la estructura fragmentaria del lenguaje. Las fuentes de las que abreva Huerta para estos trastocamientos poéticos, están tanto en el habla popular, en los refranes, como en citas cultas y fragmentos literarios. A partir de ellos, Huerta juega con la referencia intertextual a distintos niveles culturales al igual que con las formas: hay algunos poemínimos que hacen guiños a la minificción (¿o hacer una comparación con este género resulta igual de infructuoso que decir haikú?), mientras que otros están dispuestos tipográficamente en la página para resaltar el elemento que logra la parodia.

A continuación, dos ejemplos de ello:

La hermana menor

Es instintiva y activa Neill Se llama Raquel, Raquelito, Rocco, Rocolón Y encuentra lo inencontrable en las alfombras: Animalitos que llama julios, relojes, Minotauros, peces, a papá y a mamá Convertiditos en tortugas. Se burla de nosotros de un hilo. Esta hermana menor es activa Instintiva niña que parece niño Y un corazón de seda en el pechito.

DDF

Dispense Usted


Las molestias 46

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Que le Ocasiona Esta Obra Poética

Lo primero que observamos es que ambos poemínimos difieren en su estructura. En el primero, tenemos versos largos compuestos por enumeraciones absurdas (al respecto, Yépez apunta a la estética del absurdismo, que trastoca el orden natural del lenguaje), cuyo centro es la figura de su hija Raquel (de nuevo Raquel, aunque esta vez vertida en el poema como protagonista de lo que calificó como “cosas para reír”). En este lenguaje absurdo aparecen tres diminutivos que lo acentúan: animalitos, convertiditos (el más bizarro y cursi) y pechito, como si el poeta hubiera recreado de alguna forma el siempre ignoto y deslumbrante discurso infantil. Por otra parte, el poemínimo titulado “DDF” es un ejemplo de la técnica de artificio semántico que caracteriza estos poemas: la apropiación de una frase (en este caso, institucional) transformada en un objeto artístico; como indica Yepez “[Huerta] le da una forma artística que lo convierte en un objeto de descomposición crítico y, de paso, de atractivo visual.”7 A diferencia de “La hermana menor”, en “DDF” vemos también un cambio de disposición tipográfica: la verticalidad del texto, la fragmentación de las palabras (pues no alcanzan siquiera a ser cláusulas o imágenes) y un intencionado énfasis en el término con que se logra la parodia, al separarlo del edificio tipográfico que lo antecede. Con este recurso, dice Yépez, no sólo se acentúa el remate cómico, sino que deshace la estructura poética y evidencia la fragmentación del lenguaje: dado el carácter intercambiable del lenguaje oral, o en este caso, institucional, el término que sostiene su peso semántico puede ser reemplazado por otro. Yépez señala: Se puede tomar un enunciado ya hecho (como las frases célebres que Huerta rehace para volverlas tontas u obscenas) y transformarlas (¿no nos invita el refrán mismo a recomponerlo? ¿No es acaso el consabido sonido del refrán el peor enemigo de sí mismo?).8 Esta disposición en la página, la cual emparenta los poemínimos con los caligramas de Apollinaire, atiende a una necesidad de que sea ésta una poesía también visual. Una poesía visual-fragmental, con lo que se logra una “unidad de impresión” (como diría Egar Allan Poe sobre el cuento) a nivel poético, lingüístico y visual, en la que

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Heriberto Yépez, op. cit., p. 122. Ibidem, p. 129.


cabe la intertextualidad (el poemínimo no funciona sin ella) y el soplo humorístico que emana de la punch line con que remata visual (aunque no en todos los casos) y estéticamente el poema. Veamos otros ejemplos:

Lección

El que escribe al último Escribe mejor

Yo apenas empiezo

Distancia

Del Dicho Al Lecho Hay Mucho Trecho

Pueblo

Quiubo tú Todavía Víboras? Yo creía Que ya Morongas

Tótem

Siempre Amé

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Con la 48

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Furia Silenciosa De un Cocodrilo Aletargado

En el poemínimo “Lección” se recontextualiza el dicho original hacia el ámbito de la escritura, en una especie de ejercicio autorreferencial. Esto último se acentúa con la intervención del “yo” después del silencio, pausa tanto tipográfica como semántica, pues es esa oración la que aporta el nuevo significado al dicho ya transformado. El siguiente, “Distancia”, intercambia una de las piezas que forman el refrán pero conserva la rima con trecho: el elemento irruptor, intercambiable, es lecho. Término intruso éste en el refrán, pero no en la poesía de Huerta: como ya había apuntado antes, los temas que lo obsesionan convergen en los poemínimos, y el erotismo desenfadado, gráfico y ansioso es uno de ellos (por ejemplo, el “Manifiesto nalgaísta”). Vemos también en este poemínimo que la fragmentación vuelve a recaer en la palabra, no en la frase. En “Pueblo” vemos un magnífico cuadro de lenguaje popular, recubierto vivazmente de humor negro, pues el hablante expresa su deseo, un tanto mórbido, de que el interpelado se encontrase muerto. El contexto es un saludo, y los términos de vida y muerte resultan evidentes por cierto parecido morfo-fonético con víboras y morongas. La fragmentación del verso es mixto, pues en algunos aparece una palabra suelta y en otros, dos; al igual que en “DDF”, el verso decisivo aparece resaltado tipográficamente. Por último, “Tótem” es un poemínimo que no remite a una referencia existente y concreta, como otros. En él la figura central del cocodrilo es el símbolo del poeta, su nahual, su tótem, como puede verse en el material gráfico que recogió Mónica Mansour para la estupenda biografía visual titulada Efraín Huerta: Abosluto Amor. En numerosas imágenes de esta obra, Huerta se metamorfosea en el cocodrilo: a veces está pensativo, a veces desborda humor, en otras persigue a las mujeres o simplemente abre sus fauces para devorar. El cocodrilo es, sobre todo, la concretización de un estado de ánimo y una postura ante la vida que deriva de él, como la segunda hipótesis en este párrafo lo señala:

COCODRILISMO. Sobre esto hay dos versiones, la primera contada por testigos y actores: Otaola y Otto-Raúl González. En 1949 se inauguró en San Felipe Torres Mochas, Guanajuato una primaria que lleva el nombre de Margarita Paz Paredes. Ella invitó a varios amigos a la ceremonia. Contaron cuentos de cocodrilos. Huerta dijo: “es que todos llevamos dentro un cocodrilo”. Así nació el


cocodrilismo, “escuela lírica y social que en mucho se opone al existencialismo, extraordinaria 49

escuela de optimismo y alegría.

La segunda hipótesis no tiene nada de alegre ni de optimista: la realidad se ha vuelto insoportable, la única manera de resistirla es meterse bajo la dura piel del cocodrilo: animal que soporta, persevera y no se esconde: sigue allí, bostezando, o a lo mejor riéndose de nosotros, quién puede saberlo. Cocodrilismo: refutar el dolor con el humor. Así pues, nada tiene de extraño que en la producción de Huerta los poemínimos correspondan a la etapa final de su vida en que sobrevivió ocho operaciones y se rehízo de los horrores del cáncer. Sin embargo, perdió la voz […] ya no nos habla de la muerte, sino desde la muerte.9 El mismo Huerta confesaría también lo siguiente: “Recordar el hambre, la miseria. Y por eso, para no sufrir, me convertí en un cocodrilo de piel muy dura.”10 Así, en el poemínimo “Totem”, el amor, esa obsesión en Huerta está filtrado por el dolor y la contradicción, como lo demuestra este oxímoron: “la furia silenciosa”. Amar con este ímpetu en sordina como un “cocodrilo aletargado” remite a lo imposible y a la confrontación de sentimientos opuestos. De aquí deriva quizá enfrentar el dolor con el humor, y aunque sea necesario ver bajo la perspectiva de Yépez el aporte estético y formal de los poemínimos (como lo hace, creo, y de forma muy convincente), no hay que olvidar del todo que son creaciones con una muy buena dosis de humor. Humor que busca contrarrestar el sufrimiento físico (la pérdida de la voz) y mental, intelectual de Huerta: la imposibilidad del amor, de desbordar sus cauces, o la pérdida de ideales revolucionarios, como en el siguiente poemínimo:

Bueno pues Pues un Buen día Total Me cansé De masticar los martillos Y beber Las hoces

Con estos elementos, ¿cómo leer los poemínimos de Huerta? En síntesis, creo que al leerlos enfrentamos distintos experimentos formales y distintos estados de ánimo. No creo que haya que descartar el humor, como en un

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Fragmento del suplemento de 1982 al esquema de 1967, del volumen dedicado a Efraín Huerta de la colección Voz Viva de México en Efraín Huerta: Absoluto Amor, prólogo de José Emilio Pacheco y presentación de Mónica Mansour, p. 132. 10 Ibidem, p. 180.


principio él mismo lo señaló al referir la anécdota de Raquel y Paz, pues al trastocar las frases hechas de dominio 50 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ popular, las citas literarias de autores como Jorge Manrique o las institucionales, como “DDF”, es inevitable que

el lector deje escapar una risa. Ya sea demostrar la fragmentación del lenguaje, su carácter intercambiable, o la inestabilidad de la unidad poética (el verso), es el chispazo de ingenio lo que ilumina al poemínimo. Sin embargo, el cocodrilo aletargado late en el fondo, y vierte toda la materia que lo ha obsesionado en estas mini-formas.

Yépez señala también que los poemínimos son aportes de la poesía mexicana a la posmodernidad pues, entre otras cosas, toman ejemplos del habla coloquial y al transformarlos los eleva a la categoría de arte. Fernández de Lizardi y Guillermo Prieto, en sus respectivos contextos también lo hicieron, pero yo agregaría que lo posmoderno en Huerta radica también en la parodia y la recontextualización de las frases que usa, la forma visual que les otorga y la fragmentación del verso y del lenguaje. Su pequeñez, aunque lúcida y compleja, no sería tampoco suficiente razón para calificar los poemínimos de posmodernos (ahí están el hai kú, el aforismo). Y en cuanto a clasificarlos, pienso que el poemínimo es simplemente un poemínimo, emparentado, sí, con géneros breves tanto en verso como en prosa, pero no creo necesaria una taxonomía en la cual embutirlo. Es más, hemos visto que el poemínimo no es homogéneo en su estructura, ni en sus formas poética y visual, ni en su temática o en su extensión. El poemínimo es, mejor dicho, la expresión de un poeta que, sabiéndose dueño del lenguaje, de la poesía, nos dejó estas pequeñas chispas de luz a la vez que miraba con profundo dolor su existencia.

Georgina Mexía-Amador

Bibliografía

Blanco, José Joaquín, Crónica literaria: un siglo de escritores mexicanos. México: Cal y Arena, 1996. Efraín Huerta: Absoluto Amor (1914-1982). Prólogo de José Emilio Pacheco y presentación de Mónica Mansour. Guanajuato: Editorial del Gobierno del Estado de Guanajuato, 1984. Huerta, Efraín, Estampida de poemínimos. México: Premiá editores, 1980. (Libros del bicho no. 18) La poesía: siglos XIX y XX. Presentación, selección y notas de José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis. México: Promexa, 1992. Yépez, Heriberto. “Los poemínimos: fragmentación, apropiación & pop” en Efraín Huerta: El alba en llamas. Presentación de Raquel Huerta Nava. México: CONACULTA, 2002, pp. 118-135.


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Éste es un amor Reproche a escribanos y críticos

Ya lo saben sus ojos y ya lo sabe el espléndido metal de sus muslos, ya lo saben las fotografías y las calles y ya lo saben las palabras -y las palabras y las calles y las fotografías ya saben que lo saben y que ella y yo lo sabemos y que hemos de morirnos toda la vida para no rompernos el alma y no llorar de amor.

Éste es un amor

Cuando amas, o crees amar, y te preguntan por tu poeta favorito, y estudias Letras, y tienes una gran dicotomía entre la crítica, la creación y todo esto se remonta a un plano mayor que sólo “¿Qué más?, ¿qué más pueden decirme de este texto?” con un tono de prepotencia y pereza; con una alegoría mayor a lo que su voz puede llegar.

Cuando odias y no tienes razones aparentes de odiar, cuando estás en contra de lo que vives día a día, cuando funcionas en ese engranaje de imágenes paralelas y a su vez, yuxtapuestas; imágenes alternas y rítmicas, medulares, fundamentales, y por un segundo, de esperanza; es cuando te encuentras muda. En mi caso, fue cuando Huerta llegó, y leerlo, vivirlo y sufrirlo se volvió la rutina, se convirtió en sombra y tormento y las lágrimas fluían como tenía tiempo que no lo lograba así las palabras.

Huerta no es sólo el poeta multifacético, cabrón y visceral, ni simplemente el poeta de ciudad, el crítico de cine y el crítico a la escena cultural de México, a los poetas de ocho sonetos al día. Toparme con Huerta, porque así fue el encontrarme con él; leerlo por error en antologías, medio grabarme sus líneas con temor a que un día las repitiera como lo hacen los poetas de ahora: “Mi gran fuente de inspiración es…”.


Desde las entrañas, parte el amor, como si habláramos de energías y cuestiones universales que van más allá a los 53 entendimientos poéticos, biológicos y lógicos. ¿Cómo puedes amar las palabras? Si nada tienen, y nada dejan.

¿Cómo puedes amar una línea? Si no la inhalas. ¿Cómo te atreves a decir, que tú, eres parte de eso que está en tinta por millares de libros? Y que tú, entiendes el proceso de creación personal de R o C.

Peor aún, ¿cómo te atreves a decir que tú y H escriben similar? ¿Que tú y P, se entienden? (Que a ese no le guardo un lugar especial en mi escritorio, o mi librero), pero aún así…; cómo es que tú, intelectualoide, pensador de créditos, exámenes finales y barbas sucias, te pones a recitar del amor, del dolor, de la mujer de brazos abiertos, de un tiempo de incertidumbre entre día, noche y olvido. De hojas amargas y desolaciones. ¿Cómo lo haces, si ni siquiera puedes sorprenderte ya de lo que hay a tu alrededor?

Porque un nombre en común, te une; una historia, atribuye pensamientos de igualdad y hasta cierto punto, paz. Cierra los ojos, tú, pequeño ser de letras e imágenes, de protesta, de adjetivos baratos y repetitivos, y figuras retóricas que no identificas al inicio de la imagen. Al inicio de tu historia.

Cierra los ojos y deja de leer eso que llamas innovación, deja de creer en esos años de historia literaria, sumérgete en el alba, en la ciudad que alberga perros, miseria y la famosa melancolía de los poetas; ama larga y estrechamente el amparo del cielo. Deja atrás la pose mediocre, los besos en los que ni tú crees. Ahora mírame, siénteme redondear un mundo de sílabas; sé uno de esos hombres del alba: los profesionales del desprecio.

Soy, Efraín Huerta.

Alma Lilia Oria Cerón


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A decir verdad… A principios de este año encabecé mi, aproximadamente, vigésimoquinto cambio de casa, que me da el promedio de un hogar distinto por poco más de cada dos años de los que he vivido. El saldo continúa siendo, en materia de libros, que a pesar de estar llegándose el segundo semestre de 2014, no acierto a ordenar los varios cientos de volúmenes que he ido reuniendo a lo largo de muchos años. No es sólo eso, sino también la convicción de que los libros son mercancía que viaja. Por lo mismo, sé que si bien he logrado conservar volúmenes invaluables dentro de mi trayectoria de lector, otros muchos se han ido. Respetables cantidades han sido donadas a más de tres bibliotecas; otros, fueron prestados a personas inteligentes que quisieron comprobar aquello de que “tarugo el que presta un libro, pero más tarugo el que lo devuelve”; y sí, seguramente más de un libro me ha sido vilmente sustraído, con más alevosía que en la circunstancia anterior. Apunto esto porque, puesto a buscar libros de la autoría de Efraín Huerta, agoto mi empeño porque se han escondido de un modo muy travieso. No aparecen, tal vez ocultos detrás de algún montón indescifrable o, simplemente, desvanecidos. Además, es fácil inferir que más de uno ha seguido su destino de viajar. Por algún lado andarán. Al menos encuentro una antología de poesía mexicana preparada por el eminente Juan Domingo Argüelles, y ahí leo varios de los mejores poemas de Huerta, en una fuente más confiable que varias de las páginas que, supongo por masoquismo, localizo en una consulta rápida por la Internet. Compruebo que debo colocar entre mis pendientes la tarea de rehacer mi biblioteca huertiana, que si bien no era demasiado extensa, al menos era tangible. Mucho más que poemas aislados, quién sabe si bien transcritos, de los que hallo en la red. Limitado, por lo pronto, en mi recuperación de Efraín Huerta, registro un recuerdo, uno –no el único, aclaro- de palabras de este poeta. Casualmente, no se trataba de un poema, sino de un escrito en prosa. No puedo decir en qué año lo leí, más allá de calcular que pudo ser a finales de los años setenta o principios de los ochenta en el siglo pasado. Por eso es importante la perseverancia de este registro: no hay olvido posible. Lo que son las cosas: leí primero la poesía de Thelma Nava, segunda esposa de Efraín Huerta, que la de este último. Gracias a un librito, editado a finales de los años setenta por el entonces Departamento del Distrito Federal, con forros de un furioso color rojo, en que Griselda Álvarez –la primera gobernadora que hubo en nuestro país, en su natal Colima- conjuntó textos de un puñado de poetas mujeres de la más elevada calidad literaria: desde Margarita Paz Paredes a Rosario Castellanos, entre otras… Y Thelma Nava. Su poesía cinceló parte de mi educación sentimental al ir arribando a mi pretendida mayoría de edad, hace tiempo.


Claro: después llegué a Efraín Huerta. Nunca suficientemente leído, pero sí lo necesario para saber que muchas 56 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ de sus palabras e intenciones se le quedan a uno. ¿Y cómo no va a ser así con el que elevó el efecto de los chistes

al piso de una poesía mayor, como ocurre con sus poemínimos? ¿Y cómo no va a ocurrir así con alguien que ideó las siguientes líneas en “Los hombres del alba”, que “Son los que tienen en vez de corazón/ un perro enloquecido…?”. Y todo lo demás. Lo que me toca rehacer. No por la triada de centenarios natalicios de los ilustres Paz, Revueltas y Huerta, sino porque Huerta es poeta que hay que releer y leer, para regresar del pasado propio y saber que su escritura continuará en el futuro. Aunque no pretendía hablar de eso, sino del recuerdo que adelantaba y que tiene que ver con el oficio periodístico de Huerta. Sé, por las enciclopedias y porque mi padre me lo ha dicho, que Efraín Huerta hizo crítica de cine por muchos años en El Fígaro, un semanario del D.F., hace mucho tiempo desaparecido, en el que yo mismo logré mis primeras publicaciones, por allá de 1977. No me tocó leerlo en El Fígaro, pero sí lo leí en su colaboración semanal en El Gallo Ilustrado, suplemento del periódico capitalino El Día. De alguna colaboración cuya fecha no lograría precisar, recuerdo una afirmación vehemente de Efraín Huerta, contra la frase “A decir verdad…”. En mi obligada paráfrasis, Huerta criticaba algún texto donde se utilizaba esa frase, pues argumentaba que nadie, en la vida real, hablaba así. Nadie dice, pues, “A decir verdad…”, que es más bien una mero conectivo –yo lo llamaría así ahora-, y que está de sobra en cualquier texto que pretenda tener cierto valor. Con ello me explico el porqué de la difícil sencillez y contundencia de la lírica huertiana, para la cotidiana existencia, la sufrida, la auténtica... Por eso, cuando llego a utilizar –me imagino que he cometido el exceso- la frase “A decir verdad…”, ineluctablemente sé que en mi memoria suena la voz, la palabra, de Efraín Huerta. El poeta.

José Luis Herrera Arciniega


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I. Homenaje Poemínimos en honor de Efraín Huerta

Quién fuera un poeta de segunda en este sexual mundo tercermundista sin dios de roca sin cocodrilo aletargado y poeta


II. Poes-triño 59

Mí ni ma men te ins pi ra do

Cristina Arreola Márquez


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Apuntes para una identidad Aquel único instante de gloria "Tu nuera y los nietos te extrañarán- iba diciéndole- te mirarán a la cara y creerán que no eres tú. Se les afigurará que te ha comido el coyote cuando te vean con esa cara tan llena de boquetes por tanto tiro de gracia como te dieron" ("Diles que no me maten", Juan Rulfo)-

Xochimilco El origen de todo es el agua. Hacia ella me dirigía ese día de junio del 2006 en la ciudad de México. El Distrito Federal era un caos, no el de siempre, uno peor. Acababa de haber elecciones y una fuerte denuncia de fraude sembraba broncas en esta gente acostumbrada a lo que hasta el día de hoy llaman "el mal gobierno". Iba al agua porque no había ido antes y tenía curiosidad. El agua estuvo siempre en la ciudad de México. Cuando la llamaban Tenochitlán, llegaron los conquistadores a esta tierra de canales y, según cuenta la leyenda, pensaron que era más bonita que la mismísima Venecia. Hoy, el agua sigue almacenada en los canales, pero sólo en la zona de Xochimilco (muy al sur), ahí mismo donde nació y lucha por sobrevivir, el axolotle. El animal raro. No es un pez. No es una lagartija, no un cructáceo, no un insecto, no un molusco. Debería desarrollarse y salir del agua, usar sus patas, definirse por ser mamífero, pero insiste con poner huevos. El animal adolescente. No va a desarrollarse porque no va a crecer nunca. Morirá a los quince. Sorpendió a Julio Cortázar, allá en un museo de París, y entonces tuvo que sacarse la “alimaña-cuento”11 de

11

“Un cuentista eficaz puede escribir relatos literalmente válidos, pero si alguna vez ha pasado por la experiencia de librarse de un cuento como quien se quita de encima una alimaña, sabrá de la diferencia que hay entre la posesión y cocina literaria, y a su vez un buen lector de cuentos distinguirá indefiniblemente entre lo que viene de un territorio indefinible y ominoso, y el productor de un mero metier. Quizás el rasgo diferencial más penetrante _lo he señalado ya en otra parte_ sea la tensión interna de la trama narrativa”. Julio Cortázar en “Del cuento breve y sus alrededores”, ensayo publicado en “Último round” (Editorial S. XXI, México, 1969).


encima y nos dio, a la humanidad toda, ese relato titulado “Axolotl”12, y nos inquietó y nos conmovió desde unos “ojos de oro” que miran desde detrás de un vidrio. Me sorprende. Alguien dice que vio uno cruzar raúdo las 61 aguas y yo, desde la trajinera (estas embarcaciones coloridas y folclóricas) que elegí para este paseo, intento ver, pero sólo alcanzo oscuridad. Busco algo con forma de renacuajo: no consigo ver más que agua. Suena un mariachi cada vez más fuerte. El axolotl que alguien dijo que vio, huyó. Pienso en su enorme capacidad de supervivencia. Los mariachis están pegados a mi trajinera y llenan con su música. Alguien me convida un taco. Me dice que si no le pongo salsa picante (“de la roja”, aclara) no voy a disfrutarlo. Obedezco. Me enchilo apenas la tortilla se posa sobre mi lengua. No puedo dejar de pensar en el animal extraño y de pronto, me sorprende una enorme tristeza. Dice el narrador “cortazariano”: “Detrás de estas caras aztecas inexpresivas y sin embargo de una crueldad implacable, ¿qué imagen esperaba su hora?”, mientras pasa sus tardes observando a los axolotles en el museo de París. Dicen, por aquí por Xochimilco, que llega a vivir hasta quince años aunque por estos días se encuentre en peligro de extinción. Y es que Xochimilco forma parte de la enorme ciudad y sus aguas están tan contaminadas como el cielo defeño. El axolotl lucha por su vida. Se están yendo, no por voluntad propia. “Ahora sé que no hubo nada de extraño”, continúa Cortázar-narrador, “que eso tenía que ocurrir. Cada mañana al inclinarme sobre el acuario el reconocimiento era mayor. Sufrían, cada fibra de mi cuerpo alcanzaba ese sufrimiento amordazado, esa tortura rígida en el fondo del agua. Espiaban algo, un remoto señorío aniquilado, un tiempo de libertad en que el mundo había sido de los axolotl”. El axolotl fantástico de Cortázar sufre el aniquilamiento de una raza, hace miles de años, en un mundo que no es este. El axolotl de Xochimilco sufre en su intento por permanecer en las aguas. ¿Cuántos aniquilamientos puede soportar la vida de un axolotl? Son sus últimas chances, las del animal raro. En el cuento de Cortázar, toma la oportunidad y se transforma en el observador. Él, la bestia de la pecera, pasa a ser el hombre que mira con obsesión a través de un vidrio. Y él, el narrador cortazariano, queda atrapado en el agua, para siempre. He aquí la metamorfosis. Joseph Campbell se refiere a "la continua recurrencia del nacimiento"13 que le sirve a los héroes para "nulificar las inevitables recurrencias de la muerte". Repetir incansablemente la experiencia del primer hecho traumático en la vida, el del nacimiento, como tabla de salvación ante el sin sentido de la muerte. Campbell analiza la vida del héroe para encontrar un patrón narrativo y entender cómo funcionan en el imaginario, es decir, si bien toma personajes de la mitología de Oriente y Occidente, héroes bíblicos y/o legendarios como objetos de estudio, también nos ubica como lectores, espectadores, oyentes... de esos mitos que admiramos, rechazamos, adoramos... que inocorporamos para nuestro propio relato de vida.

12

1956, “Final de Juego”, editorial Los Presentes (México).

13

1949, “El héroe de las mil caras”, publicado por primera vez en Estados Unidos.


62

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La Pampa Cuando Roberto Bolaño escribió “El gaucho insufrible”14, el cuento que luego dará nombre a uno de sus libros póstumos, resucitó a Borges. No voy a tomar aquí la versión de “Facundo. Civilización y barbarie”15 que evoca el escritor chileno en este cuento (ni a Sarmiento aunque nobleza obliga mencionarlo en estas líneas), sino que voy a hablar sobre otro matiz de la conexión Borges-Bolaño. El que se remite a los héroes. El gaucho Pereda tiene dos hijos. Uno fuera del país, el otro es un escritor que suele llevar a su padre a las tertulias literarias. “Cuando hablaban de literatura, francamente se aburría. Para él, los mejores escritores de Argentina eran Borges y su hijo, y todo lo que se añadiera al respecto sobraba”, dice el narrador de “El gaucho...”. Cuando estalla la crisis del 2001 en Argentina, Pereda participa activamente de los cacerolazos y después de la renuncia de tres presidentes, decide ir a vivir al campo. En el camino, observa por la ventana que la pampa está plagada de conejos. En Capitán Jourdan, se baja para tomar rumbo hacia su estancia, llamada “Álamo Negro”. Mientras está sentado en la estación recuerda el cuento “El Sur”16, de Borges, y sus ojos se llenan de lágrimas: "Oyó voces, alguien rasgaba una guitarra, que la afinaba sin decidirse jamás a cantar una canción determinada, tal como lo había leído en Borges. Por un instante pensó que su destino, que su jodido destino americano sería semejante al de Dalhmann, y no le pareció justo, en parte porque había contraído deudas en el pueblo y en parte porque no estaba preparado para morir, aunque bien sabía Pereda que uno nunca está preparado para ese trance". Ahora todo es distinto en la llanura: hay conejos que alimentan a los gauchos y éstos no están dispuestos a morir por el honor. Un día recibe una carta de su hijo escritor donde le indica que debe ir a Buenos Aires para firmar los papeles de la venta de la casa. Pereda decide buscar a su hijo en el café donde se reúnen los escritores y allí lo encuentra. Junto a él, hay un hombre que unta las narices en cocaína. Pereda lo mira fijo y este reacciona con furia. Pereda saca su cuchillo y lo pincha en la ingle. Dice el narrador: “Más tarde recordará la cara de sorpresa del escritor, la cara espantada y como de reproche, y sus palabras que buscaban una explicación (¿Qué hiciste, pelotudo?), sin saber todavía que la fiebre y la naúsea no tienen explicación.” En el acto, Pereda desaparece y decide volver a la pampa. En “El sur”, de Borges, Johannes Dahlmann, el protagonista, es retado a duelo en una cantina. Sin querer, se enfrenta a una situación de la que sabe no saldrá vivo. Allí los hombres son capaces de jugarse la vida por honor, 14

2003, “El gaucho insufrible” publicado en el libro póstumo de Roberto Bolaño del mismo título, ediciones Anagrama,. La muerte del escritor se produjo en ese mismo año, el 15 de julio.

15

1845, publicado mientras Domingo Faustino Sarmiento pasaba su exilio en Chile. Sus primeras tiradas se hicieron a través de la sección Folletín del diario chileno “El Progreso”. Su inmediato éxito hizo que se publicara en un volumen entero.

16

1944, en el libro “Artificios”, la segunda parte de “Ficciones”.


y aunque Dahlmann no pertenezca a ese lugar, no puede ir contra su destino porque eso sería un acto de cobardía. 63 “Sintió que si él, entonces, hubiera podido elegir o soñar su muerte, ésta es la muerte que hubiera elegido o

soñado”, dice el final del cuento. La Pampa de Borges no es la misma que dibuja Bolaño. Pero hay un punto en común: lo heroico. "El héroe es el hombre de la sumisión alcanzada por sí mismo. Pero sumisión ¿a qué?", se pregunta Campbell. Y la respuesta es la muerte. Aunque no es la muerte como el fin de los días, sino como un nuevo nacimiento. "Así resulta que la paz es una trampa, la guerra es una trampa, el cambio es una trampa, la permanencia es una trampa. Cuando llegue nuestro día por la victoria de la muerte, la muerte cerrará el círculo".

Teothihuacán Estoy en la calzada de los Muertos. No es la primera vez que llego a este lugar, lo hago cada vez que alguien llega de visita desde Argentina. Se supone que por aquí desfilaban los hombres condenados a ser sacrificados para beneplácito de los dioses y luego, los correspondientes cadáveres, de regreso. A mi derecha, imponente, la Pirámide del Sol, al frente, más alta y ancha, la de la Luna. La gente cree que arriba, en la cima, llegarán a sentir algo sobrenatural. Piensan que un dios los abrazará con su viento cálido o un presagio divino llegará hasta ellos para indicarles un cambio de destino, una anagnórisis en términos griegos, una epifanía, según Shakespeare. Creen y trepan. Otros, somos simples turistas. “Como sueño era curioso porque estaba lleno de olores y él nunca soñaba olores. Primero un olor a pantano, ya que a la izquierda de la calzada empezaban las marismas, los tembladerales de donde no volvía nadie. Pero el olor cesó, y en cambio vino una fragancia compuesta y oscura como la noche en que se movía huyendo de los aztecas. Y todo era tan natural, tenía que huir de los azteas que andaban a caza de hombre, y su única probabilidad era la de esconderse en lo más denso de la selva, cuidando de no apartarse de la estrecha calzada que sólo ellos, los motecas, conocían” (“La noche boca arriba”, del libro “Final de Juego”, Julio Cortázar). Un hombre huye por estas tierras hoy secas del valle de México. No podrá ir muy lejos porque estamos en época de “guerra florida” y son semanas en las que los hombres salen a cazar hombres para mantener contentos a sus divinidades. Si hay hambruna, es necesario contentar a los dioses pero también es bueno “recortar” la población para que lo poco que hay alcance para todos. “Hay quienes sostienen esta teoría en relación a los sacrificios humanos”, cuenta el guía. Y uno piensa en los olores del cuento de Cortázar: “ese incienzo dulzón de la guerra florida”, “una bocanada del olor que más temía”, “el olor a humedad, a piedra rezumante de filtraciones”, “vino una taza de maravilloso caldo de oro oliendo a puerro, a apio, a perejil” y entonces, el hombre vuelve al sueño aunque nosotros, lectores, todavía no sabemos cuál es el sueño y cuál, la vida.


Un motociclista sufre un accidente en plena avenida. Es llevado al hospital. Allí, sueña que es un “moteca” 64 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ (cultura de la que sólo se conoce su existencia en el cuento de Cortázar) y que está por ser sacrificado en un campo

de ceremonias como éste, Teotihuacan. El cuento avanza a pasos firmes entre lo onírico y lo que está sucediendo y uno pretende conocer y entender, pero al final, la vuelta fantástica del escritor nos dice la verdad: el “moteca” ha estado soñando con el motociclista, no al revés, y en estos momentos, está a punto de ser sacrificado a los dioses. Otra vez, la sensación es de tristeza. No por la muerte del moteca. No por el sueño mal soñado. Ni siquiera por lo que otros llamarían pesadilla. La tristeza es por el final de este hombre que soñó a futuro. Vaya paradoja. Sueña hacia ese lugar donde no va a llegar nunca. Porque si muriera de viejo, tranquilo entre las piedras frescas de alguna construcción prehispánica, tal vez nunca hubiera soñado con el futuro. Y entonces, no me produciría tanta tristeza. Termina el cuento: “Alcanzó a cerrar otra vez los párpados, aunque ahora sabía que no iba a despertarse, que estaba despierto, que el sueño maravilloso había sido el otro, absurdo como todos los sueños; un sueño en el que había andado por extrañas avenidas de una ciudad asombrosa, con luces verdes y rojas que ardían sin llamas ni humo, con un enorme insecto de metal que zumbaba bajo sus piernas. En la infinita mentira de ese sueño también lo habían alzado del suelo, también alguien se le había acercado con un cuchillo en la mano, a él tendido boca arriba, a él boca arriba con los ojos cerrados entre las hogueras”. El moteca no tiene escapatoria ante la muerte. La efímera ilusión de ser el otro, el de la motocicleta, ya se ha desvanecido. Se despierta en el peor de los sueños sin más remedio que morir, porque es lo que le toca en ese marco de guerra florida y es lo que merecen los vencidos. Como también le toca a Johannes Dahlmann enfrentar su destino heroico en “El Sur”. El hombre, que se había salvado de una convalescencia en el hospital, busca paz en el interior, pero encuentra la muerte absurda y aún así, él cree que ése destino de sangre es mejor que otro. Héroes a la fuerza, pero héroes al fin. ¿Qué determina esta característica? Las circunstancias de la muerte. Mientras otros mueren en un hospital, hay hombres que pierden su vida desángrandose en una llanura desierta, en una piedra de sacrificios o en un paredón de fusilamiento. Hombres que, según Campbell, aman su destino. Lo abrazan porque no importan ya “los contenidos lógico y emocional de nuestra importancia provisional en el mundo del espacio y del tiempo”, sino que sobrepesa por todo lo demás el destino. Inevitablemente, la muerte.

Desierto Otro autor se impone en estas líneas y es Juan Rulfo. La muerte atraviesa de punta a punta los cuentos de “El


llano en llamas”17. (Y no voy a citar “Pedro Páramo”18, su novela, porque me gustaría quedarme en el territorio 65 del cuento). El contexto que atraviesa esos cuentos es el de la Revolución Mexicana. Voy a citar dos ejemplos:

“No oyes ladrar a los perro”19 y “Diles que no me maten”20. En el primero, la acción transcurre en boca de dos personajes, el padre y el hijo herido. Es el mayor quien debe cargar con el cuerpo ensangrentado del otro. Al llegar a un pueblo, llamado Tonaya, el hijo muere. “Al llegar al primer tejabán, se recostó sobre el pretil de la acera y soltó el cuerpo, flojo, como si lo hubieran descoyuntado”, reza la última línea. En “Diles que no me maten”, un hombre espera su fusilamiento. Mientras, manda a su hijo a pedir por él. Durante la noche, recuerda otra muerte, la de su compadre y al día siguiente, aparece el coronel que debe ejecutarlo y que es hijo del compadre. Es una historia de venganza. Un hijo vengando la muerte de su padre. “Diles que no me maten, Justino, anda, vete a decirles eso, que por caridad, así diles, diles que lo hagan por caridad”, comienza implorando Juvencio Nava, el hombre que espera su fusilamiento. Antes de morir, le darán licor “para que no le duelan tanto los disparos”, dice el coronel encargado de fusilarlo. También el licor habrá servido para darle valor y transformarlo, aún en contra de su voluntad, en héroe, si es que los héroes son capaces de actos excepcionales, como matar (a su compadre, es decir, al padre del coronel) y morir (no en una cama de hospital, eso no tiene nada de excepcional, sino en un paredón de fusilamiento). Muertes que no son apacibles. La sangre atraviesa a los héroes, es inevitable. ¿Por qué? Todos ellos son productos de un contexto. Hay desorden en el mundo de Johannes, del moteca, del gaucho Pereda, de Juvencino e, incluso, me atrevería decir que hay desorden en el mundo del axolotl (si nos remitimos a Cortázar y pensamos en esos ojos aztecas que fueron aniquilados y aún pensando en el animal que agoniza en su extinción, insisto: ¿cuántos aniquilamientos puede soportar una criatura?). Ante esta falta de orden, a la que hace referencia Beatriz Sarlo en su texto “Borges, un escritor en las orillas”21, el hombre recurre a la violencia y ésta hace sobresalir, al menos, dos virtudes: la resignación y el coraje. No puede haber orden ni ley en el mundo de las “guerras floridas” por lo que el moteca, después de haber perdido su última ilusión de vida en manos del sueño, se resigna a la muerte. Detrás del folclórico cuadro de la Revolución Mexicana, hay un mundo sin derechos ni garantías individuales en el que la vida vale poco y nada, y donde los 17

1953, “El llano en llamas”, de Juan Rulfo, fue publicado en Fondo de Cultura Económica (México)

18

1955, “Pedro Páramo”, de Juan Rulfo, fue publicado en Fondo de Cultura Económica (México).

19

1953, cuento del libro “El llano en llamas”, de Juan Rulfo (F.C.E., México).

20

1953, cuento del libro “El llano en llamas”, de Juan Rulfo (F.C.E., México).

21

1955, publicado originariamente por Ariel, Buenos Aires. Actualmente, disponbile en la web: www.procempa.com.br.


hombres tienen rienda suelta para desatar sus venganzas personales. Ni hablar de la llanura de Borges que, 66 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ destrozada por las guerras contra España y luego, por las guerras civiles que buscan desesperadamente un orden

al que no llegan sino después de mucho tiempo, no encuentran más posibilidad de justicia que no sea a través del duelo. Son paisajes de muerte. De muerte heroica. Pensemos en casos no tan evidentes, como el de Pereda o el axolotl. A Pereda le estalla la crisis del 2001 en las narices. No está preparado para eso. No él. Un abogado, viudo, padre de dos hijos, lector promedio, admirador de Borges. No él. Un buen ciudadano, que paga sus impuestos, que trabaja honradamente. No él. No imagino a Pereda en plaza de Mayo al momento en que los soldados dispusieron, tristemente y una vez más, el uso de la picana eléctrica contra los manifestantes22, como tampoco lo imagino aplaudiendo los saqueos a los supermercados23. Sí participó de los “cacerolazos” (eso está en el cuento), otra razón para ubicarlo en un mundo que, de un momento a otro, ha dejado de ser civilizado. En el caso del axolotl quisiera volver a la pregunta inicial: ¿cuántos aniquilamientos puede soportar una criatura? Y puedo arriesgar una respuesta: todos aquellos que le permitan un volver a nacer. El axolotl era, en el principio de los tiempos, un dios, el dios Xólotl, que ante un peligro de muerte decide esconderse, primero en los maizales, metamorfoseándose con su entorno. Cuando sopló el viento, quedó expuesto y debió volver a huir, esta vez, se escondió entre los magueyes, transformándose en maguey; pero allí también fue encontrado. Finalmente, se mete al agua y se transforma en un axolotl. Y aún puedo citar un nuevo nacimiento, el de Cortázar: “Sólo una cosa era extraña: seguir pensando como antes, saber. Darme cuenta de eso fue en el primer momento como el horror del enterrado vivo que despierta a su destino... enterrado vivo en un axolotl, condenado a moverme lúcidamente entre criaturas insensibles”.

Ciudad de Córdoba El 26 de diciembre del 2011 pisé suelo cordobés y no eran vacaciones. Me volvía después de una década y un año de vivir en México. ¿Por qué es importante hablar de estos cuentos desde mis propios desarraigos? Son dos: el primero, hace ya 13 años cuando dejé Argentina para radicar en México; el segundo, hace año y medio, cuando decidí volver. La respuesta obvia es que estamos hablando de identidad y estas son las circunstancias que componen la mía. Pero hay otra respuesta que puedo esbozar tratando de definir un sentimiento de tristeza que tiene que ver con el acto de añorar la tierra, eso que quedó atrás. Añora Pereda La Pampa de Dalhmann. Ésta, la que le toca a él, está llena de conejos y los hombres ya no arriesgan 22

“Hubo torturas en la Plaza de Mayo”, por Miguel Bonasso, diario Página/12, diciembre del 2001.

23

“Hubo saqueos y violencia en el conourbano”. Diario La Nación, diciembre del 2001.


la vida por coraje. Añora el axolotl un pasado azteca donde eran ellos los amos y señores del mundo. Añora 67 Bolaño una tierra que se le escapa como eterno viajero que ha decidido ser: nacido en Chile, radicado en México,

re-instalado en Barcelona. Añora Cortázar, el siempre exiliado Cortázar. Añora Rulfo, tal vez, él sólo añore un tiempo de paz que es el mismo que extraña, hace más de un siglo, todo el pueblo mexicano. Añora Borges un pasado de gloria en la que los caballeros de su familia usaban uniforme militar. Borges amaba los duelos. Cuenta Ricardo Piglia24 en su programa de televisión sobre Borges, que, en cierta oportunidad, recurrió al gran escritor argentino para que haga una selección de cuentos de Joseph Conrad 25. “Borges se entusiasmó”, dice Piglia, y comenzó a contar el favorito de sus cuentos de Conrad, “El duelo”, que relata la historia de dos soldados del mismo bando que se odian y se viven retando a duelo en medio de la guerra. Y dijo Piglia: “Me empezó a contar duelos. Nos olvidamos de Conrad... Una vez Julio César estaba por iniciar una batalla y el general enemigo le dijo, “bueno en vez de que muera tanta gente, ¿por qué no nos batimos a duelo nosotros dos?”, “bueno, pero yo le mando a un gladiador”, contestó el otro... Estuvo cuatro horas contándome duelos... Este es extraordinario: pasaba en un pueblo de la provincia de Buenos Aires, donde había un guapo, Soto, y resulta que al pueblo llega un circo pobre, y había un domador de leones, que ponía la cabeza dentro del león, se convirtió en el héroe del pueblo, y también se llamaba Soto. Pobre, cada vez que iban a la cantina, él original Soto decía: “¡Aquí sobra un Soto!”. Al finalizar, Piglia concluye diciendo que una cosa fundamental en los duelos es lo que él llamaría “la ficción del nombre”, porque eso está en la zona del culto al coraje, porque es el nombre del otro lo que importa, lo que hace que el duelo se produzca. “Alguien ha construido una leyenda de que es un hombre valiente y alguien lo busca porque cree que es más valiente que él”, explica. “Dalhmann (“El Sur”), el pobre bibliotecario, imagina su muerte en un almacén de la pampa y sale a pelear cuando lo nombran, el nombre tiene que ver con la virilidad, con la cultura”, remata. Los Dalhmann, los Pereda, los motecas, los Juvencinos, los aztecas que se esconden tras los ojos de un axolotl... los nombres de esos hombres son aquellos que enfrentan la muerte con ojos de valor o de resignación. Los nombres que son coraje. Sangre. Muerte. Honor. No buscan la sangre a la manera de los grandes guerreros, sino que la muerte los alcanza (como al moteca) o les llega en el más pacífico de los mundos: Dalhmann va hacia el Sur que empieza del otro lado de Rivadavia porque

24

“Borges por Piglia, clases magistrales”, emitido por la TV Pública durante el mes de septiembre del 2013.

25

Jósef Teodor Konrad Konzerniowski, conocido como Jospeh Conrad, nació en Berdyczow, en ese entonces Polonia, hoy Ucrania, en 1857, y murió en Inglaterra, en 1924. Considerado uno de lo mejores novelistas de lengua inglesa, pese a que no habló ese idioma hasta después de los 20 años.


sabe que "quien atraviesa esa calle entra a un mundo más antiguo y más firme". 68

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Dalhmann busca con la mirada: "la nueva edificación, la ventana de rejas, el llamador, el arco de la puerta, el zaguán, el íntimo patio". Encuentra en el recuerdo de un gato (como Pereda va a encontrar años después en la lectura de este cuento, "El Sur", antes de llegar a La Pampa) la tranquilidad que tanto busca: "Entró. Ahí estaba el gato dormido. Pidió una taza de café, la endulzó lentamente, la probó (ese placer le había sido vedado en la clínica) y pensó, mientras alisaba el negro pelaje, que aquel contacto era ilusiorio y que estaban como separados por un cristal, porque el hombre vive en el tiempo, en la sucesión, y el mágico animal, en la actualidad, en la eternidad del instante". A Pereda la lectura de "El Sur", de Borges, lo hace llorar. Se emociona por lo que, presiente, ya no encontrará en La Pampa. Pero va a refugiarse en los libros y, como un Quijote, tendrá su momento heroico y absurdo, frente al muchacho de las narices empastadas de cocaína. Y después de ese momento, ¿cómo volver al mundo? ¿Para decir qué? ¿Enseñar qué cosa que no haya sido mostrada anteriormente y que no ha sido vista por nadie pese a los esfuerzos del héroe? Estos héroes no buscan la sangre a la manera de los vencedores porque están tratando de salvar su pellejo. Ante el inminente desenlace no queda más remedio que la resignación. Porque Juvencino, en el paredón de fusilamiento, no es Pancho Villa ni Emiliano Zapata, apenas se parece a la sombra de un hombre empequeñecido que ruega y se resigna, porque no puede hacer otra cosa. No buscan la muerte, intentan sobrevivir, aunque sea en la belleza de un cuento. Puedo imaginar al hombre atrapado en el axolotl al final del relato de Cortázar. Puedo imaginarlo en su soledad absoluta dentro de una pecera que intenta mantenerlo con vida. Puedo imaginar su desconsuelo. Y sus palabras finales: "...creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los axolotl". Como si sólo la ficción de las letras pudiera darle a estos héroes (resignados a su destino) un lugar de privilegio en nuestro imaginario: ellos han logrado trascender al resto de los mortales. Y es que en sus vidas simples, casi tan normales (y mediocres) como las de todos, hubo un enorme e irrepetible instante de gloria: el de la muerte.

Gabriela Vidal


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Desnuda en un jardín con flores violentas

Me contó una historia mientras nos llevaban. Aquel golpe en su rostro me dolía más a mí. Por fortuna no iba en el camión junto con todas las jóvenes. Ya no había espacio. Durante las marchas gritaba mucho. Organizaba las filas y resistió al gas lacrimógeno como ninguna. La seguí mientras se limpiaba la frente. Entonces se dio cuenta de que le tomé varias fotos y se me acercó un tanto molesta: "Hay otros en verdad valientes que deberías tomar". Le sonreí. Me correspondió. Esa noche hubo toque de queda. No dormimos. Nos contamos la vida en mi hotel. Le dije la verdad, que soy reportero gráfico independiente. Ella dijo ser colombiana, pero no le creí. Su acento era raro. Explicó que porque había vivido en cuatro países. Como ninguno de los dos nacimos en Honduras, recibíamos trato preferencial en los pocos restaurantes que seguían abiertos. La ciudad era cada vez más parecida a lo que fue Birmania donde logré colarme junto con unos amigos franceses. Salir de aquello fue una aventura que me dejó una larga cicatriz en la ceja. En contraste, el rostro de Laura era el de una reina de concurso. También sus medidas. Me costó entender que alguien así conociera a tantos maestros de la Universidad Pedagógica donde nos reuníamos y a casi todas las mujeres organizadas con cacerolas y banderas. Las feministas eran su tribu. Me miraban con recelo, pero me las gané trabajando. Hacía falta cada vez más ayuda. Yo les dije que con refresco de cola se quita el ardor en la cara por el gas. Me extrañó que no lo supieran. No me separé de Laura por simple interés. Su fuerza era hechizante y también esa fragilidad que, sospechaba, no era a prueba de balas ni toletazos. Sabíamos que nos podían detener en cualquier momento. Una vez me habló de algo así como de ser "turistas del desastre", que lo había aprendido en una novela de Pérez-Reverte. Morir le interesaba, pero no tanto como atestiguar la represión. "Todos nosotros somos la única alternativa del continente. Si nos matan o torturan será porque tenía que ser así". Su fatalismo me incomodaba, por eso le hacía bromas y asunto arreglado, volvíamos a las reuniones o a las calles donde la gente comía y cantaba en los campamentos. Nos agarraron el 22 de septiembre. Ella gritó, empujó y la respuesta fue un puñetazo. Entre dos militares tuvieron que subirla al camión. A mí me encañonaron antes de las patadas, sólo eso. El labio inferior de mi amiga se había


desflorado. Luego se limpió como pudo la barbilla. Le quedó sucio el hombro. No se quejaba de los golpes. 71

Tampoco lloraba ni hablaba del miedo. Esto fue lo que contó:

Soñé que bailaba con Cortázar, Héctor, te lo juro. Era un blues indescifrable en cierto salón parisino. El tiempo se detenía mientras él me apretaba contra su cuerpo. Olía a whisky y yo tenía el cabello más largo, con flores, como esas modelos de Klimt. Mi vestido era verde, también los zapatos con listones cruzados en mis pantorrillas. De pronto se abrió el techo y al compás de la música brotaban las estrellas. Cortázar no abría los ojos. Pero algo me hizo entender que cada luz era como una de sus emociones. Sentí temor porque entonces él comenzó a explicar que ese tipo de cosas sólo les pasan a las magas o a los hombres que no pueden seguir callando cuando una noche así se colma. También dijo, arrastrando las erres, que si por un momento, uno solo, nos volviéramos acordes, si pudiéramos hacer del corazón el verdadero instrumento para soportar la superficie plana de la vida, la que no posee grietas donde se escapa lo fantástico, la que es bárbara; que si tan solo el jazz pudiera convencer a las flores de todos los jardines olvidados o violentos que es por ese instante que viven las palabras como notas o tonos hasta hace dos segundos imposibles, como improvisación pura y recreación del tiempo, si tan sólo eso sucediera, la humanidad tendría futuro. Porque nada ocurre si el silencio nos derrota y es que nunca nos heredaron una noche como ésta. Somos, tal vez, los grandes desheredados de la música y nos vamos a morir luchando en contra de justicias insólitas, como tú. Entonces me derrumbé, Cortázar no volvió a despegar los labios. Al último afirmó que más nos vale ser los Che Guevaras del lenguaje, pero fue un recuerdo tardío. Yo quise esta acción, este final, a lado de alguien como tú. No me vi madre, no me vi esposa, no me vi catedrática, periodista o simplemente presentadora de televisión con implantes. Me vi así, sudada, sangrando. Cortázar no lo hubiera entendido. Y es que al final del sueño anunció que mañana, o sea hoy, todo terminaría. Él fue quien rompió nuestro abrazo y de repente se apagó la noche, tanto, como la habitación donde dormíamos. Luego desperté. Laura no pudo seguir hablándome. Un soldado gritó que nos iban a matar si volvía escuchar voces. Nos llevaron a un estadio donde desnudaban a todos y así, sin ropa, los pasaban a lo que tal vez eran los vestidores de algún equipo. Ahí estaban los instrumentos de tortura: desde macanas y cables para quemar el cuerpo, hasta los penes mojados de los militares. Se oía el subir y bajar de cremalleras. Ella entró. No la volví a ver.

Alma Karla Sandoval


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Manuscrito hallado en un libro de Cortázar

Parece que nunca dejarás de perseguirme, de hacerme la vida imposible. Tantos años ya desde entonces y mírame, tras las rejas por culpa tuya, por los recuerdos, el dolor, las humillaciones. Este lugar huele tan mal y estoy tan confundido que no puedo pensar, no puedo entender por qué ha pasado todo esto, por qué me dirijo a ti, Adriana, desde esta celda que comparto con dos hombres que ya duermen. Sin embargo, siento que no tengo opción, debo escribir esto aunque jamás lo leas, tengo que contártelo con la esperanza de hallarle así un sentido, entender cómo es que sigues haciéndome infeliz. Tú, que no creías en Cortázar, que asegurabas que cosas como las que él narraban no ocurrían en la vida real. Esta tarde me dirigía en autobús a cenar en casa de mamá y para matar las casi dos horas que dura el recorrido iba leyendo un libro de Cortázar que había comprado el día anterior (Alguien que anda por ahí, se llama; a ti que te gustan los vampiros, a ti que eres una vampiresa, quizá te interese leerlo porque hay un cuento muy bueno sobre el tema: Reunión con un círculo rojo. Pero qué digo, si tú no crees en Cortázar, ni en la literatura, ni en nada). Cuando terminé el último de los cuentos aparté la vista del libro para reflexionar sobre lo leído, sobre la magia terrible de este hombre que de golpe nos sumerge en el infierno y entonces lo vi: enorme y delgadísimo, de pie en el parabús de López Matos y Manuel Acuña con el largo brazo estirado, pidiendo la parada (así es, Adriana; en ese momento no pensaba en ti, ya me había olvidado, de ti, de Gonzalo, de aquel verano horrible en que lo supe todo). Algo encorvado a causa de la altura del transporte, insuficiente para contener su humanidad enhiesta, Julio Cortázar (por supuesto que no era Julio Cortázar, el argentino, el muerto, sino alguien que se le parecía bastante cuando los buenos tiempos de la barba y el rostro de Dorian Gray. Aclaro esto antes de que deseches el resto de mi historia por fantástica, tú que sólo crees en Su Alteza Real La Realidad y mandas al carajo todo lo que tenga que ver con la magia y la fantasía y después ya no hay lugar ni para Dios en tu universo tan cartesiano, tan cuadrado), Julio Cortázar pagó su boleto, volteó hacia el fondo del autobús y mientras andaba por el pasillo reparó en mí, me escrutó con su mirada de gato esfinge, sonrió y para mi sorpresa vino a saludarme, dejándome anonadado porque no esperaba que Cortázar, o su doble (él, tan obsesionado con el tema del doble… pero a ti qué te puede importar, no sé para qué incluyo este paréntesis), me tratara como si me conociera. Si ver subir al autobús a un hombre del todo idéntico a otro que está muerto y uno de cuyos libros tienes en la mano es


una situación extraña, que este venga hacia ti y te salude es ya una cosa extrañísima, casi cortazariana (el término 74 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ existe, no creas que yo lo invento; quizá en el futuro hasta lo incluyan en el diccionario como incluyen la palabra

cartesiano, que utilicé antes para describir tu universo, o como la palabra cantinflesco, que quién diablos iba a imaginarse que entraría al diccionario y que a lo mejor te sirve para describir esta narración disparatada e incongruente. Quizá dentro de algunos años, si acaso abrieses un diccionario, podrías encontrarte con la siguiente definición:

cortazariano, na. adj. Perteneciente o relativo a Julio Cortázar o a su obra. Aquella famosa afirmación cortazariana || 2. Característico de este escritor argentino o de su obra. Un ambiente muy cortazariano. || 3. Partidario de las obras de Cortázar. U. t. c. s. Un acérrimo cortazariano.).

Tras este suceso quedé muy confundido, sin saber qué decir, pues me venían a la cabeza necedades al estilo de: “mucho gusto, señor Cortázar; sepa usted que soy un admirador de su obra, no tiene idea de lo feliz que me hace la noticia de su resurrección”, o “buen día, don Julio, no esperaba encontrármelo aquí, en un camión suburbano. Perdone que no esté vestido para lo ocasión” (no me preguntes por qué de pronto me avergonzaba de mis ropas y mucho menos por qué pensaba en decírselo a Cortázar, como si para un encuentro casual en un autobús tuviese uno que vestir de etiqueta; simplemente fue lo que se me ocurrió en ese momento, tú sabes lo irracionales que son mis pensamientos).

Antes de que dijera nada, él habló; después de estrechar mi mano (sí, Adriana, todo lo anterior lo pensé durante los cinco segundos en los que el doble de Cortázar estrechó mi mano; si hubieras terminado de leer Las armas secretas en lugar de arrojármelo a la cara diciendo que cosas así no suceden en la vida real, habrías leído El perseguidor y sabrías que es posible vivir cuartos de hora de minuto y medio), después de estrechar mi mano me invitó a pasar a la parte trasera del autobús porque le era imposible sentarse en otro lugar que no fuera aquel situado al fondo del pasillo. Obedecí sin pensar siquiera, superado por la situación. No bien tomamos asiento dijo: “¿Y qué dices, viejo amigo, cómo te trata la vida?”. “Muy bien, señor Cortázar, sepa usted que me gustan mucho sus cuentos, soy un gran admirador de su obra”, respondí. Entonces, mirándome con una mezcla de sorna y sorpresa en la mirada (más o menos lo que asomará en tus ojos si llegas a leer esto), exclamó: “¿De qué carajo hablas, no me digas que no me has reconocido? Debe ser por la barba que me confundes, pero soy yo, Reyes, el de la universidad, ¿te acuerdas?”. Yo no me acordaba porque no conocía a ningún Reyes, seguramente me estaba confundiendo con otra persona (piensa en la ironía, Adriana, yo creía que él era Cortázar y él creía que yo no era yo sino otro; ambos éramos dobles, piensa). Sin embargo, me miraba de tal manera (imagínate: con los ojos de Cortázar) que sentí que no podía decirle la verdad, que no podía decepcionarle diciéndole que yo no era otro sino yo. “Claro, Reyes, ya recuerdo. ¿Cómo estás?”. Después preguntó por la salud de los viejos y de Clara, mi hermana contesté que todos


bien, de maravilla, como siempre (tú sabes que soy hijo único y lo que le ocurrió a papá); y el resto del trayecto nos lo pasamos recordando anécdotas y chascarrillos de los buenos tiempos en la Universidad. Él hablaba,75reía, preguntaba: “te acuerdas” y yo sólo respondía que sí, que me acordaba, nos reíamos y él con sus manazas (imagínate: manos de Cortázar) me palmeaba la espalda, diciendo a cada rato: “tú siempre tan callado, tan bien portado; anda, ahora recuerda tú una buena pifia”, y no tenía más remedio que contarle las cosas que había hecho (las cosas que hicimos Gonzalo, tú y yo) en la universidad. (Ojalá hubieras visto a Reyes frunciendo el ceño y enrulándose la barba, haciendo esfuerzos por recordar: de pronto los ojos le brillaban y exclamaba “por supuesto, ya me acuerdo, que tiempos aquellos ¿verdad?”).

Vi pasar el nodo Colón, Plaza Patria, La Basílica. Parecía que Reyes no iba a bajarse nunca y me había resignado a dejar atrás la calle donde me bajaría para seguirlo acompañando hasta quién sabe dónde, quizá hasta la misma terminal. Sin embargo, cuando entrábamos a la colonia donde mamá, él miró por la ventana y dijo “me bajo en la próxima”. Suspiré con alivio porque parecía no haberse percatado del engaño.

Es aquí donde apareces tú, Adriana, donde haces acto de presencia para echar a perder algo que podía ya considerarse una amistad de años (él recordó nuestras anécdotas y yo recordé las suyas, imagínate). Antes de levantarse, mientras se despedía con un fuerte apretón de manos, exclamó: “salúdame a Adrianita, dile que después voy a verle”. Entonces a mí me ardió la sangre porque el pasado regresó como una ola, volví a ver el rostro de Gonzalo y de todos esos infelices de la universidad que cuando me veían andar por la calle me gritaban que te saludara y que esperaras su visita y yo, el muy idiota, respondía que sí, que te decía, y peor aún, te decía, sin saber que esos malditos se burlaban de mí en mis propias narices; de mí, que creía que me amabas, que te creía buena y no una vampiresa. No pude contenerme y Alguien que anda por ahí le reventó en la cara (igualito que Las armas secretas en la mía, pero con más fuerza) y me le dejé ir encima, golpeándolo, diciéndole que era un desgraciado, que no podía creer que él, mi amigo, me hubiera hecho esa cochinada, que lo iba a matar a él y a ti, a Gonzalo y a todos los demás.

Entonces sólo hubo gritos, imprecaciones, golpes y muchas manos salidas de quién sabe dónde, deteniéndome, jalándome los cabellos, inmovilizándome mientras el hombrón se ponía en pie y me miraba anonadado, limpiándose con el dorso de la mano la sangre de la herida que Alguien que anda por ahí le había hecho en los labios. Yo seguía como loco, exigiendo que me soltaran, que me dejaran matar a ese desgraciado hasta que el chofer detuvo el autobús y con su tonelaje sobre mi espalda consiguió inmovilizarme. Llegaron los policías y me bajaron a rastras mientras yo buscaba furioso a Reyes sin encontrarlo por ninguna parte.

Lo demás ya no tiene importancia. Parece que Reyes no se presentó a denunciar, seguramente mañana me sueltan. Estoy confundido, confundido y apenado a la vez, con ganas de buscar mañana a Reyes y disculparme, decirle la


verdad, decirle que yo no soy el otro sino yo y la Adriana a la que se refería era otra y no tú; que hubo un 76 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ malentendido, que olvidemos todo y seamos amigos de nuevo para entonces decirle que es idéntico a Julio

Cortázar, enseñarle algunas fotos y prestarle algunos libros (Las armas secretas con la dedicatoria: “Para Adriana, mi hermosísima Cronopio” o Alguien que anda por ahí, en cuyas hojas de guarda escribo todo esto). Eso haré mañana, voy a buscarlo, le contaré la verdad y seremos amigos; cuando volvamos a encontrarnos exclamará: “¿Te acuerdas de aquella vez que me rompiste la cara en el bus?” mientras nos palmeamos la espalda y reímos felices, porque no estarás tú para engatusarlo y echar a perder nuestra amistad, como pudriste la de Gonzalo y la de tantos otros.

Eduardo Sangarcía


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Tertulia de sábanas y alcohol “Este instante durísimo en que una muchacha grita, gesticula y sueña por una virtud que nunca fue la suya” La muchacha ebria Efraín Huerta.

Y estaban frente a mi espejo, riéndose, posando como si todo fuera un juego. Mi rostro fue sustituido. Ya no tengo ojos, ni nariz, apenas y un cuerpo. Ahora soy un ejército de seres minúsculos que sonríen por donde quiera que vayan.

Un intento de mano golpea la superficie de cristal. Un vapor dibuja los placeres solitarios en una noche donde los gemidos simulan ser la monarquía de un encuentro. Caí en brazos de un desconocido mientras adquiría otra forma y suplicaba ser otra con gemidos.

¿Broma del inconsciente? Tal vez. Stravinsky sonaba en el reproductor, soundtrack a mi renacimiento frente al coito como bautizo y el músico como sacerdote que vigila el cumplimiento a la moral mientras se desborda la humanidad. Me paseo en el aire, verde e indefinible. Estoy por llegar al clímax. Sus dedos crean una espiral en mis adentros, pero un estiramiento me distrae y termino riendo. Por suerte un fama me sostiene antes de desmayarme de rabia, melancolía falsa y me amarga la noche con sus constantes quejas de que no hay suficiente fuerza en las piernas para montarme en el macho en turno.

Y siguen ahí riéndose, apenas y logro identificar a esos minúsculos rivales de los fama, buscando sonreír aunque la incomodidad corporal persista. Sorbo un poco de cerveza para seguir en el acto. Sigo extraviada y mis ojos no alcanzan a percibir en alta definición Un rostro horrible me sonríe como perro y no me irrita como normalmente lo haría, sino que sigo sumergida en el desempeño del placer.


Estoy confundida, entre el sudor de dos soledades enredándose, no soy la misma. Mientras su fuerza masculina 79 entra en mí, cierro los ojos y una serie de recuerdos ajenos se recrean en mi mente: soy un globo sonriendo, voy

hacia el hotel y está llenísimo. Ningún taxi me quiere recoger y me imagino la belleza de la ciudad.

El paisaje me conmueve, intento contener el llanto y el instinto me da instrucciones para no llorar. Un pato cubierto de hormigas me cobija del dolor. Resisto, resisto y la indicación funciona. Es curioso que una metamorfosis se presente justo cuando estoy a mitad del acto con una manifestación humana de testosterona. Debe ser el estímulo.

Me siento distinta, una letra c se tatúa en mi frente, puedo sentir el cosquilleo de su trazo. Estoy recitando mi poema favorito, La muchacha ebria de Efraín Huerta. Un camión me atropella mientras saltan estas líneas:

Sino la noche de la muchacha ebria cuyos gritos de rabia y melancolía me hirieron como el llanto purísimo como las náuseas y el rencor, como el abandono y la voz de las mendigas.

Estoy muerta. Resucito y soy un cronopio. Abro los ojos y mi esencia está divida en varias partes que circulan en la habitación. No puedo levantarme, de reojo me miro al espejo y sigo bebiendo compulsivamente. De cronopio pasé a ser una muchacha ebria.

Marta Alicia González Castro


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“Ver es un privilegio y el privilegio mayor es ver cosas nunca vistas: obras de arte”.

Octavio Paz


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Retrato III (Oleo hoja de oro-tela 55 x 45 cm)


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Retrato V (Oleo-tela)


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Estudio Abstracto II (TĂŠcnica mixta 40 x 120 cm)


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Composición V (díptico) (Tinta china sobre papel, 56 x 21, 56 x 56 cm)


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Columns (Day) (Tinta sobre papel 53 x 75 cm)


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Cristina Sandor nació en Arad, Rumania a 15 de Diciembre de 1978. Actualmente radica en el estado de Durango, México.

Desde 2010 es miembro fundador en el Colectivo Durango, A.C. Desde 2009 es miembro en el Proyecto XILOGRAFÍA Matriz Estilística, Timisoara, Rumania. 2005 -Certificada en museografía general (Centro para Formación, Educación Permanente y Administración en la Cultura, Bucarest, Rumania). Desde 2005 es miembro en la Asociación de Artistas Profesionistas de Rumania. 2002-2003 -Estudios Superiores Especializados, Universidad de Oeste de Timişoara, título en Artes Gráficas, Rumania. 1997-2002 - Facultad de Artes Plásticas, Universidad de Oeste de Timişoara, licenciatura en Artes, Rumania. EXPOSICIONES INDIVIDUALES (SELECCIÓN): 2010-“Inventario: Abstracciones”, Grafica y Pintura, Museo de Arte Moderno Ángel Zarraga, Durango, México. 2008 - “Lo Sagrado y lo Profano”, Pintura y Grafica, en el patio del Congreso del Estado de Durango. 2005 “Entre el Cielo y la Tierra”, Grafica, Museo de Arte Guillermo Ceniceros, Durango, México. EXPOSICIONES COLECTIVAS (SELECCIÓN) 2013- “Konfrontation VI” exposición de grabado en relieve Xilograbado Matriz – Estilística, Klagenfurt, Austria, curadora Renate Freimuller. -Selección en el proyecto “El Milenio Visto por el Arte”, Grupo Milenio, Cd. De México, curadora Avelina Lésper. 2012- Bienal Nacional de Artes Visuales Miradas 2012 Tijuana, México. -Segunda Bienal Regional de Pintura y Grabado “Ángel Zarraga 2012”, Durango, Dgo, México (Tercer lugar). 2011 - Colectivo Durango en San Luis Potosí, Germán Gedovius Gallery, México - XI Bienal Internacional de Grabado “Joseph Ribera” Xátiva, España. 2010 - Proyecto XILOGRAFÍA Matriz Estilística IV, Durango, México. 2009 - El MACAY, Anfitrión de la Plástica Nacional “15 Años Promoviendo el Arte”, Mérida, Yucatán, México. 2008 - 6ta Bienal Internacional de Dibujo Pilsen, República Checa. 2006 - Exposición de Arte Moderno de Artistas Rumanos, Museo de Arte Koga Machikado, Japón. 2005 - Exposición Internacional / Invitaciónal de Grabado en Taiwan, Taipéi, Taiwán - Varna 2005, Bienal Internacional de Grabado, Bulgaria. 2004 - “Mediafactory” Festival y Taller Internacional de Arte Contemporaneo, Pécs, Hungría. - “Cărbunari“, Salón Internacional de Grabado en Miniatura, Baia Mare, Rumania. - Ural Print Triennial UFA, Russia Federation.


2003 -Bienal Internacional de Grabado en Miniatura, Cluj-Napoca, Rumana. 2002 -Anual Nacional de Artes Visuales, Timişoara, Rumania. - “22 Mini Print Internaciónal Cadaqués", España. - “Bienal Internacional de Arte en Miniatura”, Czestochowa, Polonia.

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PREMIOS Y BECAS - Becaria del PECDA 2012-2013 (Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico) en la Categoría Artes Visuales, en Creadores con Trayectoria. - Tercer lugar en la Segunda Bienal Regional de Pintura & Grabado “Angel Zarraga 2012”, Durango, Dgo., México. 2005 -Premio Especial para Artista Joven - Arad Biennale - Bienal Internacional de Arte Contemporáneo, Rumanía.

Página web: http://cristinasandor.blogspot.com

Contacto: cristina_sandor1978@yahoo.com cristina.sandor@gmail.com


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Cuatro grandes

Paz se plasmaron en tus letras mustias metáforas de la vida que acontece. Cortázar entre grandes subsiste tu esencia melancólica poesía que enamora. Tan solo en tus trazos se marca el paso del tiempo persistente suceso que existe en la memoria. Huerta que sembraste tan solo con tus letras dejando en el surco caminos transitados. Que se trazan sobre el firmamento poetizando la esencia versos que vuelan como gaviotas al viento.

Manuela Cesaratto


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“Apenas miro unos cuantos dibujos que me gustan siento que yo también, qué diablos, al final no es para tanto, cuestión de insistir y de técnica, tampoco ellos sabían el comienzo y mirá lo que les empezó a salir, pasa que uno está deformado por otras actividades, pierde el tiempo con las palabras o las ideas, sobre todo con las palabras […] ya otros han dicho que la mano aprende por su cuenta si se le deja, y entonces en una de esas agarra el aparato y cuando te das cuenta tenés las señoritas de Avignon en mucho mejor, hay que darle su chance al azar y a la paciencia…”

Julio Cortázar


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Rostros del último milenio (óleo tela)


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Ind贸mita cepa (贸leo tela 150x110cm)


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Delirante mugido (óleo tela 120x150cm)


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Templo del Sรกbalo (90x120cm)


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Y en las cuencas los ojos de la esperanza (óleo tela 90 x 110 cm)


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*Maritza Morillas (18 mayo 1969) Ciudad de México, México. Su obra la desarrolla tanto en óleo como en esmalte. Sus pinturas al óleo se caracterizan por imágenes relacionadas con la muerte. En torno a esa temática, ha abordado cuestiones sociales tales como las pandemias de la industria alimentaria o las muertas de Ciudad Juárez. A ese respecto, es reconocida por su serie Caro-Data-Vernibus, elaborada entre los años 2000-2004. Respecto a la técnica del esmalte industrial, la artista utiliza como soporte trastes de peltre (jarras, platos, azucareras, cucharas, etcétera) con los que logra una interacción entre la obra artística y una pieza de uso cotidiano de forma tal que cada elemento preserve su esencia. Estas piezas de arteobjeto constituyen una parte muy original de su obra, y sumamente colorida. Formación Profesional Licenciatura en Artes Visuales. Escuela Nacional de Artes Plásticas. U.N.A.M. Exposiciones Individuales 2009 2008 2007

Agonía Fundación Arturo Herrera Cabañas, Pachuca, Hidalgo. Incandescencias Galería Medellín174, Ciudad de México. Sirenas, Hijas de Aqueloo Café Gandhi, Ciudad de México. Utopía Negativa Café La Selva, Ciudad de México. Agonía de la Conciencia Museo Casa León Trosky, Ciudad de México, Estación metro Pino Suárez, Ciudad de México. Insectos Café del Juez y el Diablo, Ciudad de México. CaroDAtaVERnibus Estación metro Pino Suárez, Ciudad de México. Exposiciones Colectivas 2011 XVI Encuentro Internacional XII Iberoamericano de Mujeres en el Arte, Palacio de Bellas Artes, Ciudad de México. Esmalte Vítreo Esencia del color, Casa de la Cultura Juchitán, Oaxaca. Mujeres Trabajando, Galería Medellín 174, El Amor no anda en burro, Galería Chico Zapote, Ciudad de México. Arta de lo mismo, La serie en serio, Instituto Veracruzano de Cultura, Facultad de Artes Plásticas, Universidad Veracruzana. Volverse Otro, Museo de la Máscara San Luis Potosí, S.L.P. Esmalte Vítreo Escencia del color, Banco Nacional de México, Ciudad de México. 2010. Arta de lo mismo. La serie en serio, Galería Medellín 174, Ciudad de México. Arte y Género, FES Cuautitlán; Arte de Género, Centro Cultural Futurama, México. Selección para el 1er Premio Internacional de Esmalte Bagués-Masriera, Barcelona, España; SOFA CHICAGO 2010(International Sculpture Objects & Functional Art Fair) Chicago USA; A 100 Años de la UNAM, una visión contemporánea, Museo Universitario de Ciencia y Artes (MUCA), Ciudad de México. 2009 De Centenario en Centanario y Lupita Avanzando, in memoriam José Gustavo Manrique Zermeño XIII Bienal Guadalupana, Centro Cultural San Ángel, Ciudad de México. Promethean Images Fireworks Gallery, New York, N.Y., U.S.A. Ha participado en diversas exposiciones individuales y colectivas durante su carrera, entre ellas el XVI Encuentro Internacional y el XII Iberoamericano de Mujeres en el Arte (2011), y las exposiciones Mail Art Show, Homenage


a René Magritte en el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago (2006), Juntas y Revueltas (2006)3 y Coóperate 98 Pascual: ESCRIBA ELLa TÍTULO AQUÍ de una Cooperativa (2008) el Museo de la Ciudad de México y Volverse Otro (2011) Bong! colección en el Museo de la Máscara de San Luis Potosí, 4entre otras muestras en Estados Unidos, América Latina y México. *Biografía tomada de http://maritzamorillas.blogspot.mx/ y http://www.arteinformado.com/documentos/artistas/39960/Curriculum.pdf http://es.wikipedia.org/wiki/Maritza_Morillas


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Disipación ¿Encontraría a Maga? Me espera una búsqueda incesante, tan intensa como el destino del poeta que recitaba a menudo: “¿Palabras? Sí, de aire, y en el aire perdidas.” Musa de voluntad endeble, musa indecisa que jamás supo elegir entre irse o quedarse, ¿realmente escogiste perderte entre las sombras? ¡No logro concebirlo! ¿Serías capaz de abandonar tus libros de Paz y de Cortázar, de Huerta y de Revueltas, tus colecciones de poetas franceses, de los románticos ingleses o de la Generación del 27? ¿Serías capaz de dejarme infinitas melancolías? ¡Oh, querida Maga, juro que te encontraré por más que deba vender mis huesos carcomidos, mis ojos desollados o mi tan perpetua inmodestia!

Stephan Enríquez


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“Todo acto de creación es un acto de amor”

José Revueltas


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The border (AcrĂ­lico sobre lona 160 x 160 cm)


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Corazones hablando (Acrílico 308 x 196 cm)


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Tú y yo (Acrílico 130 x 130 cm)


104 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ

Pasándose de la línea (acrílico 175 x 200 cm)


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Miradas divergentes (AcrĂ­lico sobre lona 130 x 130 cm)


106 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ

Dejando esa línea (Acrílico sobre lona 163x90cm)


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XÓLOTL POLO Nace el 19 de febrero de 1964 en la capital de la república mexicana. Xolotl L. Polo, es hijo de Netzahualcoyotl Lozano Ramírez y de la Sra. Susana Polo Vergara. Hace sus estudios de Primaria y Enseñanza Media en varias ciudades de la república de México, donde también estudia el idioma inglés. Posteriormente inicia la instrucción Preparatoria en el “Tecnológico de Monterrey Campus Morelos” en la Ciudad Cuernavaca. Al término de ésta, en el año de 1984, ingresa a la “Universidad Iberoamericana”, en la carrera de Diseño Gráfico. En 1988 realiza su primera exposición individual titulada Xolotl L. Polo, en el Instituto Regional de Bellas Artes de Cuernavaca, Morelos. Actividad que hasta la fecha desarrolla profesionalmente. En el año de 1994 a 1998 realiza ininterrumpidamente dieciséis exposiciones individuales consolidando la técnica y su propuesta visual. Es un periodo de consolidación de estilo. De 1983 a 1985, motivado por el hacer creativo, crea la empresa de fábrica de ropa "Palma de Polo" en donde es diseñador de ropa. Además de 1985 a 1995 asimila los fundamentos académicos de la pintura durante su tránsito por el estudio de su único maestro, Netzahualcoyotl Lozano. 1984 realiza la escenografía para la obra musical "Don quijote de la Mancha" en el teatro del Instituto de Educación colegio Morelos A.C. Desde un principio, su inclinación a las artes plásticas, fue enérgicamente activa y decide integrarse íntegramente a la pintura, obteniendo logros importantes que le han merecido de premios y demás menciones. En 1998 le es entregado su primer premio, una Mención al Mérito en el I Salón Estatal de la Acuarela 1998, y desde entonces es constante el reconocimiento de su obra como en México España y USA. Como Presidente de la SAMAC (Sociedad de acuarelista del estado de Morelos A.C.) organizó y fortificó la estructura.


Desde 1998, Xolotl L. Polo, trabaja con convicción y confianza para llevar a la tela y al papel propuestas visuales de acuerdo a nuestro tiempo. 108 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ “Mi labor artística se da por una necesidad interior y en el marco de un desarrollo visual de forma natural. Los temas por los que he pasado se han sucedido de forma natural desde los dibujos de mujeres indígenas hasta la obra actual en que el protagonista es el pasado. Me inspiro directamente de este y en el ambiguo lenguaje de signos y modelos romántico poético atemporales y míticos, éstos tienen la intención de incitar a la discusión sobre la manera como definimos la historia, y la manera como la visualizamos”. PREMIOS Primer Lugar 1er Encuentro de Pintores de América 2006. Asociación de la Plástica de Garza García, A. C. Nuevo León México. Primer Lugar VIII Salón Estatal de la Acuarela 2005. El Instituto de Cultura de Morelia, y la SAMAC. Cuernavaca, Mor. Primer Lugar. New Tendencies International Artsil Gallery 2004. La Coruña, España. Primer Lugar, V Salón Estatal de la Acuarela 2002. El Instituto de Cultura de Morelia., y la SAMAC. Cuernavaca, Mor. Primer Lugar, lll Salón Estatal de la Acuarela 2000. El Instituto de Cultura de Morelia., y la SAMAC. Cuernavaca, Mor. Segundo Lugar LATINOAMERICA 2006. 3a. Exposición Jurada Nacional de las Artes Visuales. Fundarte. TORONTO CANADA. Excellence Winners HerStory Exhibition 2004. Manhattan arts international. New York, NY. USA. Mención Honorífica IV Bienal del Pacífico de Pintura y Grabado Paul Gauguin 2005 Instituto Guerrerense de la Cultura. Mención Honorífica 5ta Bienal Puebla de los Ángeles ARTES VISUALES 2005. Mención Honorífica, Vl Salón Estatal de la Acuarela 2003. El Instituto de Cultura de Morelia, y la SAMAC. Mor. Mención al Mérito I Salón Estatal de la Acuarela 1998. El Instituto de Cultura de Morelia, y la SAMAC. Cuernavaca, Mor. Seleccionado The International Art Contest 2005. The International Art Contest. Australia. Seleccionado II Muestra Internacional de Arte Digital ORILLA#05 2005. Museo de Arte Contemp. Argentina. Seleccionado Segunda Bienal del Pacifico 2002. Pinacoteca Universidad, Guerrero. Seleccionado II Salón Estatal de la Acuarela 1999. El Instituto de Cultura de Morelos, y la SAMAC., Mor. Acuarela del Mes, Instituto Mexiquense de Cultura y el Museo de la Acuarela. Toluca, Edo de México.2001.

EXPOSICIONES INDIVIDUALES 2005 Abril “Xolotl L. Polo” Galería Ars. 28 de abril al 10 de mayo. Madrid, España. 1998 Junio - Julio “Expresiones alla Prima” Gobierno de la Ciudad de México, Centro Cultural Tlalpan. México D.F. Mayo Xolotl I. Polo Centro Cultural Universitario, UAEM. Cuernavaca, Morelos. México. 1997 Marzo - Abril “Descubriendo Guerrero”. Galería La plasita. Mc Allen. Texas USA. Abril - Mayo “Bodegón y paisaje”. Instituto Tecnológico de Zacatepec, Morelos. México. 1996 Dic - enero “Uso y Abuso de la Recurrencia”. Galería Ixcateopan. Acapulco Guerrero. México. Noviembre “Zapata y la Revolución Mexicana”, Galería Casa Borda. Taxco, Guerrero. México. 1995 Diciembre “Xolotl 95” Perfiles. Sheraton Acapulco Resort, Gobierno del Estado de Guerrero. México.


1988 Enero “Xolotl L. Polo” Galería Casa Azul. INBA y el Instituto Regional de Bellas Artes de, Morelos. México. 10 9

Ha realizado más de 30 exposiciones colectivas.

Contacto con el artista:

Página web: http://www.xolotlpolo.com.mx Facebook: https://www.facebook.com/Xolotl.Polo.Artist?fref=ts


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Fértiles en letras

Son Cortázar, Octavio, Huerta y Revueltas de las letras bastiones poderosos alma e imaginación volando sueltas ofreciendo su magia dadivosos. La eternidad conserva sus escritos sellados como piedras en la historia, versos, cuentos, metáforas y mitos dan cuenta de su paso y de su gloria. Se cumple de su vida un centenario de haber nacido fértiles en letras construyendo su mundo literario con símbolos, anáforas y metras sellando el tiempo como campanario de obras grandiosas, célebres y petras.

Araminta Solizabet Gálvez García


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Paranoicos De todos Los Matices ¡Uníos!

Efraín Huerta


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Sergio Astorga


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114 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ

Monolito especial por segundo aniversario (los 4 grandes)  

Revista literaria Monolito especial por segundo aniversario, dedicado a 4 grandes: Octavio Paz, José Revueltas, Efraín Huerta y Julio Cortáz...

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